"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

sábado, 23 de mayo de 2026

La historia detrás del derribo de las avionetas de «Hermanos al Rescate» por Cuba





Las aeronaves pertenecían a un grupo liderado por José Basulto, un veterano agente de la CIA involucrado en muchas acciones paramilitares desde 1959, incluida la invasión de Bahía de Cochinos y una serie de intentos de asesinato a Fidel Castro. Foto Razones de Cuba

20 de mayo de 2026 12:25

El derribo del 24 de febrero de 1996. Ese día, la Fuerza Aérea Cubana derribó dos aviones (modelo Cessna 337 –conocido como O-2 en su versión militar–, utilizado por la Fuerza Aérea de Estados Unidos durante la guerra en Vietnam y después en El Salvador, como era concretamente el caso con estos dos). Eran pilotados por miembros de un violento grupo anticubano. Las avionetas estaban dentro del espacio aéreo cubano.

Las avionetas y sus pilotos

Las aeronaves pertenecían a un grupo liderado por José Basulto, un veterano agente de la CIA involucrado en muchas acciones paramilitares desde 1959, incluida la invasión de Bahía de Cochinos y una serie de intentos de asesinato a Fidel Castro. En los 20 meses que precedieron al incidente, este grupo había penetrado el espacio aéreo cubano en 25 ocasiones, cada una de ellas denunciada por el gobierno cubano.

Gestiones diplomáticas previas de Cuba

Después de muchas gestiones diplomáticas, el gobierno de Estados Unidos quiso parecer receptivo. Inició una investigación acerca de esos vuelos, solicitando la ayuda de Cuba en la entrega de detalles de provocaciones previas, acusando recibo de los mismos y agradeciéndole por ello. El 24 de febrero de 1996 tales procedimientos administrativos no habían sido completados, pero más tarde a Basulto le fue retirada su licencia de piloto por parte de la Administración Federal de Aviación (FAA) y no puede volar más (al menos legalmente).

Provocaciones antes del derribo

Los provocadores habían anunciado descaradamente que iban a continuar realizando vuelos ilegales dentro del espacio aéreo cubano e incluso proclamaron que la Isla —que estaba en ese momento sufriendo su peor crisis (peor, en términos económicos, que la Gran Depresión, de acuerdo a un informe de Naciones Unidas)— no era capaz de responder a sus incursiones ilegales. En enero de 1996, Basulto llevó con él un equipo de televisión de la NBC desde Miami que filmó y transmitió cómo ellos sobrevolaban el centro de la ciudad de La Habana lanzando propaganda y otros materiales.

Advertencia de Cuba

Cuba hizo pública su decisión de no tolerar más tales provocaciones, envió las notificaciones apropiadas a quienes correspondía, incluyendo el gobierno de Estados Unidos, el Departamento de Estado y la FAA, que a su vez advirtió a Basulto y su grupo que debían abstenerse de tales vuelos.

Negación de una conspiración cubana para provocar una guerra

La supuesta "conspiración" fue en sí misma una estupidez monumental, incomprensible para cualquier mente racional. La hipótesis de que el Gobierno cubano había decidido provocar una guerra total con Estados Unidos, una confrontación militar que hubiera resultado en un terrible golpe para toda la nación y su pueblo, carece de motivación lógica. ¿Cuál podría haber sido la motivación de Cuba para provocar un evento de ese tipo precisamente en 1996, el momento de más riesgo para la supervivencia del país, sin aliados ni amigos en un mundo y un hemisferio bajo el control total de Estados Unidos?

La verdadera actuación de Cuba

Cuba hizo exactamente lo contrario. Denunció una y otra vez cada provocación a la FAA y a la Organización Internacional de Aviación Civil (OACI) —la institución vinculada a Naciones Unidas que se encarga de estos asuntos— y envió decenas de notas diplomáticas al Departamento de Estado. Pero Cuba fue más allá. Hizo su mayor esfuerzo para llegar al más alto nivel de la administración norteamericana, la Casa Blanca, tratando de prevenir más incidentes.

Fuente mencionada

El número de enero de 1998 de la revista The New Yorker dedicado a Cuba con motivo de la visita del Papa incluyó un artículo serio en el que se puede encontrar un recuento bastante objetivo de esos esfuerzos de Cuba. (Carl Nagin, "Annals of Diplomacy: Backfire", The New Yorker, January 26, 1998)

Conclusión sobre la verdadera conspiración

Sí, hubo una conspiración para provocar la tragedia del 24 de febrero de 1996. Pero fue un trabajo total y exclusivo de los mismos grupos de Miami que han desencadenado una campaña terrorista de medio siglo contra Cuba, la misma cuadrilla que más tarde secuestraría a Elián González, un niño de seis años. Hechos de los cuales ellos siempre han salido impunes.

(Texto original de Ricardo Alarcón de Quesada, adaptado para su publicación en Razones de Cuba)

*Ricardo Alarcón de Quesada (1937-2022) fue un escritor, diplomático y político cubano, doctor en Filosofía y Letras. Entre 1993 y 2013 fue presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba, máximo órgano legislativo del país. Fue una de las principales figuras de la política y la diplomacia cubana siendo ministro de Relaciones Exteriores entre 1992 y 1993, Presidente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en febrero de 1990 y julio de 1991, fue además Vicepresidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas así como Presidente del Consejo de Administración del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Cuba: meditando sobre el derribo de las aeronaves de Hermanos al Rescate

 Por Manuel David Orrio del Rosario

mdorrio54@gmail.com

La Habana, 26/05/23.- Cualquiera diría que el modelo de propaganda de la agenda del Partido Comunista y el gobierno cubanos está en estado de alerta, tras conocerse que el general de ejército Raúl Castro Ruz fue acusado en Estados Unidos de ser el máximo responsable del derribo en el mar, un 24 de febrero de 1996, de dos avionetas de la organización miamense Hermanos al Rescate (HAR), con saldo de cuatro personas muertas. Junto a él, fueron acusados   ex - pilotos de caza que participaron en los hechos.

De inicio, solidarias declaraciones; acto en la habanera Tribuna Antimperialista "José Martí" - en apoyo al  general -,  se reportó que con asistencia de 250 mil personas; la prensa criolla, ni se diga, muy activa promoviendo al discurso oficial, incluyendo artículos y presencia del Héroe de la República de Cuba Gerardo Hernández Curbelo en el programa televisivo Mesa Redonda, pero ¿dando espacio a la diversidad ciudadana?; además, aparecen agentes de opinión en las redes sociales, verdadero campo de batalla de lo que podría llamarse opinión pública, en este complejo escenario criollo, signado por una crisis casi humanitaria. Crisis que, en buena medida, es  a causa de las medidas coercitivas unilaterales de Estados Unidos contra Cuba -vulgo bloqueo -, cuyo severo daño ni se discute. No obstante, ¿dónde queda el tan denostado inmovilismo en emprender reformas económicas de cierta profundidad - al estilo chino o vietnamita -, estancamiento que es objeto de picota pública por los mejores economistas del país?

"Discrepancia no es oposición", dijo Raúl Castro en un lejano 1994; por tanto, ¿discrepar es "pecado"? ¿Buscar la verdad - ajena a ciertas propagandas - es "herejía"? "La verdad es siempre revolucionaria", dijo Antonio Gramsci. José Martí, por su parte, apuntó que "la prensa no es aprobación bondadosa ni ira insultante; es examen, estudio, proposición, consejo".

 Por ello, se pregunta este periodista: ¿será posible emprender un análisis desprejuiciado de lo que significó ese 24 de febrero para Cuba, ahora que alrededor de un 70% de los cubanos residentes se conecta a Internet, en mayor o menor medida ?; ¿ahora  que el llamado acceso a las corrientes de información  no tiene precedentes en este "hervorio caribeño de las ninfas de telúricas cinturas"? Si la denominada prensa oficialista parece no tomar en cuenta esas realidades, allá con su credibilidad. No este periodista; por tanto, manos a la obra, en este intento de esclarecer.

Hechos y normas internacionales

Diatribas aparte entre partidarios y opositores del proyecto socialista cubano - matices incluidos -, lo primero a observar es que las polémicas sobre los derribos se centran, en mayoría, no a partir de informaciones contrastadas,  ni de consultar informes y evidencias hallables en Internet, cuyo reporte más importante parece que sólo fue publicado por el diario digital opositor El Toque, tratándose de un medio de origen cubano. Las polémicas de marras se ensarzan en lo que pudiera llamarse una "controversia territorial". A tales efectos , puede hacerse abstracción de las graves culpas de HAR en que se produjera el incidente, lo cual fue reconocido por los gobiernos de Estados Unidos y Cuba, en mayor o menor medida, en los más importantes informes. De suyo se desprenden esas graves culpas..

Tras los derribos, se privó de su licencia de piloto a José Basulto, presidente de HAR, lo cual significó, si no la desaparición del grupo, sí la pérdida de su capacidad operativa. No vale desde Cuba lo de "nunca es tarde, si la dicha es buena", porque cuatro cadáveres fueron a dar al fondo del mar, y se verá que "no hubo dicha". Pero  por el lado de Washington, sí es importante señalar una grave responsabilidad por haber actuado burocráticamente - para ser benigno - ante las fundadas protestas del gobierno criollo, por las que en su momento fueron reiteradas violaciones del espacio aéreo cubano;  ello fue debidamente registrado por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI). O sea, es algo que, a estas alturas, no admite discusión. Tanto la Administración Federal de Aviación (FAA) como otras entidades estadounidenses, fueron también responsables de la tragedia, dada su burocrática o intencionada pasividad.

¿Cuál es la "controversia territorial"?  Por un lado, los partidarios del socialismo "a la cubana" sostienen y aportan datos y argumentos respecto a que los derribos de las aeronaves estarían justificados como respuesta a lo ocurrido el 24 de febrero, muertos incluidos, por cuanto los abatimientos habrían sido sobre aguas cubanas; o sea, "respuesta viril y erecta" a las violaciones. Sus opuestos afirman que tales derribos se produjeron en aguas internacionales y que, por tanto, se cometió un "asesinato en los aires", a contrapelo del Derecho Internacional.

Según parece, "ni tirios ni troyanos" se han tomado la molestia de consultar el informe de la OACI que sirvió de base a la Resolución 1067/1996  del Consejo de Seguridad de la ONU, y menos dicha providencia, de texto desfavorable para Cuba; fue votada a favor por 13 de los 15 miembros del órgano, con las abstenciones de Rusia y China. Tomar nota: dos cercanos aliados de Cuba no votaron en contra, prefirieron abstenerse ¿Por qué?

Dicha Resolución expresó, entre otros acápites, que "Condena el uso de armas contra las aeronaves civiles en vuelo, que es incompatible con las consideraciones elementales de humanidad, con las reglas del derecho internacional consuetudinario codificadas en el artículo 3 bis del Convenio de Chicago y con las normas y prácticas recomendadas enunciadas en los anexos del Convenio, e insta a Cuba a unirse a los demás Estados respetando las obligaciones que se derivan de estas disposiciones". Si bien Cuba no fue sancionada, sí fue condenada.

El artículo 3 bis

. Más claro, ni el agua: el  nudo del problema no es si las aeronaves fueron derribadas en cielo cubano o internacional, sino  que se emplearon armas contra "aeronaves civiles en vuelo", lo que provocó la condena del Consejo de Seguridad de la ONU.

Merece explicación el artículo 3 bis del Convenio de Chicago, que es la "Constitución" de la aviación civil mundial. Aquel estipula que  todo Estado debe abstenerse de recurrir al uso de las armas en contra de aeronaves civiles en vuelo; establece un procedimiento de seguridad, el cual norma que  durante una interceptación, no debe ponerse en peligro la vida de los ocupantes ni la seguridad de la aeronave. Asimismo, toda aeronave civil que sobrevuele ilegalmente un territorio debe acatar la orden de aterrizar en un aeropuerto designado.

 Dicho artículo tuvo por origen el derribo por un caza soviético de una aeronave surcoreana que volaba de Nueva York a Seúl, el 1 de septiembre de 1983. La tragedia se desencadenó por un error de navegación. Por razones que se atribuyeron a un fallo en la programación del piloto automático, el avión se desvió más de 500 km de su ruta y penetró en un espacio aéreo soviético altamente restringido sobre la península de Kamchatka y la isla de Sajalín. En ese momento, Estados Unidos tenía un avión espía RC-135 en la misma zona, lo que llevó a los controladores soviéticos a confundir el Boeing 747 comercial con el avión norteamericano. A pesar de que un piloto soviético reportó haber visto luces de navegación propias de un avión civil, la orden fue tajante. Murieron 269 personas.

 Más allá del rechazo  al Informe de la OACI, y de la Resolución del Consejo de Seguridad, por parte del entonces Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ricardo Alarcón de Quesada, y de Bruno Rodríguez Parrilla, entonces Embajador de Cuba en Naciones Unidas, aduciendo presiones norteamericanas para lograr la condena de Cuba, el hecho cierto: el empleo de armas contra aeronaves civiles está prohibido, se deben respetar los procedimientos de seguridad e interceptación previstos, lo cual no consta que hayan hecho  los Migs actuantes ese día, de acuerdo con el mencionado informe, ni de que se haya ordenado a las aeronaves derribadas seguir  instrucciones de abandonar el espacio aéreo o aterrizar en un aeropuerto criollo. El Informe de la  OACI abunda en esos  tópicos, con evidencias tanto de Estados Unidos como de Cuba, como son las transcripciones de los diálogos de los pilotos cubanos con su base aérea.

El Informe  sobre el 24 de febrero apuntó en una de sus conclusiones que "La regla del derecho internacional consuetudinario de que los Estados deben abstenerse de recurrir al uso de las armas en contra de las aeronaves civiles en vuelo, codificada en el Artículo 3 bis del Convenio de Chicago, y las disposiciones de la OACI relativas a la interceptación de aeronaves civiles, se aplican independientemente de que la aeronave en cuestión esté o no dentro del espacio aéreo territorial del Estado de que se trate".

Apunte marginal: el artículo 3 bis del Convenio de Chicago entró en vigor el 1 de octubre de 1998, tras un proceso de ratificaciones, que a la altura del 24 de febrero de 1996 ya tenía un buen número de países ratificantes, pero no Estados Unidos ni Cuba, la cual lo ratificó el 28 de septiembre de 1998, dos días antes de entrar en vigor el artículo. Por éso, la Resolución 1067/1996 se refirió al derecho internacional consuetudinario como norma para la evaluación y condena de los derribos. Por tanto, sería irrelevante si derribar las aeronaves ocurrió en espacio cubano o internacional; el punto es que se emplearon armas, con resultados mortales.

Sin embargo, no se pierda de vista que la discusión sobre dónde se produjeron los derribos, pudiera contener elementos de  distracción: desviar la atención sobre el prohibido uso de armas, o sobre las reiteradas violaciones de HAR del espacio aéreo criollo.

Por la pasión con que en Cuba se defiende al general de ejército Raúl Castro, y considerando que fue acusado de ser el máximo responsable de derribos y muertes, no hará juicios este periodista, más en un escenario de creciente agresividad de las políticas estadounidenses contra Cuba. El Informe de la OACI señala que en determinado momento, el entonces jefe de la Defensa Antiaérea y Fuerza Aérea Revolucionaria (DAAFAR) recibió instrucciones de impedir las violaciones y, de ser necesario, derribar. Pero como ese informe fue cuestionado por Alarcón y Rodríguez Parrilla, diz que por las presiones de Estados Unidos para lograr la condena de Cuba, mejor sea Fidel Castro quien haga las aclaraciones pertinentes, en la revista Time : " Lo discutimos con Raúl (hermano de Castro y jefe de las Fuerzas de Defensa Aérea) y el Estado Mayor Conjunto. Acordamos que lo que sucedió el 9 y 13 de enero no podía volver a ocurrir. Dimos la orden al jefe de la Fuerza Aérea. El sábado, (los aviones de Hermanos al Rescate) vinieron dos veces. La base aérea de San Antonio estaba en alerta máxima. En la tercera pasada, despegaron e hicieron su trabajo. Derribaron los aviones. Son profesionales. Hicieron lo que creen que es correcto. Son personas en quienes confiamos, pero yo asumo la responsabilidad por lo sucedido" (1).

A falta de Fidel, por ley de la vida, se infiere la decisión estadounidense de acusar a Raúl Castro y a los pilotos que participaron en los derribos, como parte de una política que no excluiría una acción militar contra Cuba, o contra el general de ejército, al estilo secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores. Sí, el riesgo es real, aunque el Senado norteamericano, de mayoría republicana, no es partidario de esas acciones; para éste, mientras no se solucione la crisis en Irán - que se observa estancada -, emprender una aventura en  Cuba compromete las capacidades del ejército de aquel país, si bien  se sabe que de Donald Trump se puede esperar lo peor, más si el Congreso le dejó manos libres para actuar sin información previa o autorización de ese órgano para una operación contra Cuba, del tipo que sea; más si el presidente está presionado por una eventual derrota republicana en las elecciones de medio término de noviembre, lo cual le obligaría a gobernar sin   mayoría congresual en sus dos últimos años de mandato. Trump necesita actuar, necesita un escenario en que los votantes le apoyen, como ha sido  tradicional cuando la nación está en guerra, aunque no en el caso de Irán, en que encuestas realizadas en mayo de 2026 revelan que 60% de los votantes se oponen a esa guerra, lo cual también pudiera ser válido para el caso de Cuba. No obstante, al presente momento, es evidente el despliegue de una preparación mediática que busca justificar ante la opinión pública estadounidense una acción militar contra la mayor de las Antillas, lo cual  ha ocurrido como práctica estadounidense para lograr apoyo interno a  operaciones bélicas, desde la guerra hispano - cubano - americana de 1898.

De las consecuencias

¿Por qué no se siguieron los procedimientos de aviso e interceptación de las aeronaves derribadas, según consta en el informe de la OACI - fundado sobre fuentes estadounidenses y cubanas -,  y que en medida extrema incluyen disparos de advertencia, pero no derribos? ¿Qué consecuencias hubo para Cuba? Pues la aprobación de la Ley Helms-Burton y el consiguiente agravamiento del bloqueo estadounidense, incluyendo la activación por Trump del título III de dicha ley, que permite  a ciudadanos y empresas de Estados Unidos demandar en tribunales estadounidenses a cualquier persona o entidad que se beneficie de propiedades expropiadas por el gobierno cubano tras la Revolución de 1959. O sea, ese título  busca disuadir la inversión extranjera en Cuba, creando un riesgo legal concreto para las empresas, ya que las penalizaciones pueden ser muy severas, lo cual implica lo que pudiera llamarse "miedo a invertir", con lógicas consecuencias: un serio agravamiento de la situación económica criolla, cuyo extremo es el cerco energético decretado por Trump contra Cuba.

No ha observado este periodista que la prensa cubana haya establecido una relación causa - efecto entre el derribo de las avionetas y la aprobación de la Helms-Burton; si lo ha hecho, no le consta. Pero es indudable que dicha relación existe; se sabe que el entonces presidente Clinton se opuso seriamente a ese proyecto de ley, incluyendo su decisión de vetar, caso de aprobarse, además de tener ese proyecto pocas posibilidades de ser aprobado; fue el derribo de las aeronaves lo que forzó la votación favorable y su firma por Clinton el 12 de marzo de 1996, si bien logró que la activación del título III estuviera a reserva de una decisión presidencial cada seis meses; dicha activación fue pospuesta por sucesivas administraciones... hasta Trump. Tales son los hechos, y los hechos son tercos.

¿Se evaluó en su momento por el gobierno cubano que el derribo de las aeronaves podía provocar la aprobación de la ley y traer relevantes consecuencias, que un gesto "viril y erecto" como los abatimientos podía significar algo muy grave para Cuba? Es incógnita de archivos, y es no investigar por la prensa criolla, se supone "perro guardián" del sagrado principio de rendición de cuentas de elegidos a electores. Entretanto, Cuba sufre...

Imagen de portada: Cessna 337, el modelo de aeronave que fue derribado el 24-2-1996. Cubaperiodistas.

Notas y enlaces

1.- Traducción del autor.  Entrevista a Fidel Castro por la revista Time

https://time.com/archive/6728689/interview-fidels-defense/

 


Informe especial de PL: La verdad sobre Cuba




Una de las avionetas empleadas por la organización Hermanos al Rescate para violar el espacio aéreo soberano de Cuba.

21 de mayo de 2026 Hora: 10:10

 
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El Archivo Nacional de Seguridad publicó varios registros sobre el escenario que llevó en 1996 al derribo por Cuba de dos avionetas que violaron su espacio aéreo en apego a la defensa de su soberanía tras múltiples advertencias a Estados Unidos.

No es casual que la historia reflote en tiempos en que la escalada de tensiones acrecentada entre Estados Unidos y Cuba busca el chivo expiatorio, el pretexto de encontrar culpables para llevar a cabo una agresión militar contra el país caribeño, distante a unos 145 kilómetros de sus costas.

Uno de los archivos desclasificados contiene un correo electrónico de la Administración Federal de Aviación (FAA) en el cual uno de sus funcionarios hizo referencia a las “continuas provocaciones al Gobierno cubano” por parte de los violatorios sobrevuelos de la organización Hermanos al Rescate (BTTR), con base en Miami. Hablaba de la preocupación ante un “escenario de peor caso” y en el que “más vale que la FAA tenga todo en perfecto orden”.

Correos electrónicos, memorandos y comunicaciones de la FAA dejaron constancia de las inquietudes entre funcionarios de alto perfil de la Administración del entonces presidente William Clinton en relación con las repetidas incursiones en el espacio aéreo cubano, que podrían terminar en los derribos de las dos avionetas de BTTR el 24 de febrero de 1996, un suceso que pudo evitarse de haberse atendido las alertas de Cuba.

Justo entre 1994 y 1996, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba y las autoridades de aviación civil documentaron más de 25 violaciones graves y deliberadas del espacio aéreo cubano por la organización Hermanos al Rescate.

Cada una de estas violaciones fue denunciada formalmente y por escrito ante el Departamento de Estado de los Estados Unidos, la FAA y la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI).

Constancia de violaciones

Entre las violaciones documentadas y denunciadas por La Habana se relacionan la del 13 de julio de 1995, cuando dos avionetas entraron en zona prohibida al norte de la capital, sobrevolaron la ciudad a muy baja altura y lanzaron propaganda en apoyo a una flotilla de barcos anticubanos que había salido de Miami y penetrado aguas jurisdiccionales del país caribeño.

Menos de dos meses después, el 2 de septiembre, cinco aeronaves Cessna y cinco helicópteros volaron en apoyo a otra flotilla frente a Varadero (Matanzas); los días 9 y 13 de enero de 1996 fueron tres avionetas las que violaron el espacio aéreo al norte de las playas de Guanabo y Santa María del Mar y lanzaron propaganda subversiva en varios puntos del litoral.

Por los canales pertinentes, según la información de fuentes diplomáticas, se exigió repetidamente que el Gobierno estadounidense revocara las licencias de vuelo de estos pilotos, decomisara las aeronaves y pusiera fin a las actividades ilegales que partían desde su territorio, pero todas estas gestiones fueron ignoradas.

En el periódico Trabajadores, el 15 de enero de 1996, Cuba publicó una ‘Información a la población’, en la que realizaba una advertencia pública y oficial: cualquier aeronave que volara sobre su espacio aéreo sin autorización sería interceptada y, de ser necesario, neutralizada.

Al día siguiente (16 de enero), se envió esa información en la Nota Diplomática No. 45 al Gobierno de Estados Unidos, precisaron las fuentes.

Según consta, el día del incidente, el Gobierno de los Estados Unidos tenía conocimiento previo de los vuelos, incluso instruyó a sus centros de control para documentarlos desde el 23 de febrero.

El Centro de Control de Tráfico Aéreo de La Habana advirtió formalmente a las avionetas sobre las zonas de peligro activadas al norte de la capital; sin embargo, los pilotos respondieron que, aun siendo conscientes de la prohibición, continuarían su ruta.

Las aeronaves con matrículas N2456S y N5485S fueron interceptadas y derribadas entre cinco y ocho millas náuticas al norte de Playa Baracoa, situándose plenamente dentro de sus aguas territoriales y espacio aéreo soberano, lo cual fue respaldado por la recuperación de restos (maletines y cartas náuticas) a 9,3 millas de la costa el día 25 de febrero, de acuerdo con una recopilación de datos públicos y reportes periodísticos compartido con Prensa Latina.

Fundamentos legales de respuesta cubana

El Artículo 51 de la Carta de la ONU plantea que todo Estado tiene el derecho inherente a defender su integridad territorial y la seguridad de su población ante un ataque armado. Las incursiones aéreas no autorizadas y hostiles constituyen un ataque armado en forma de acto de fuerza.

El Convenio de Chicago sobre Aviación Civil Internacional en su Artículo 3, aunque prohíbe el uso de armas contra aeronaves civiles, establece una excepción crucial y es cuando un aparato civil se utiliza para fines incompatibles con su estatus, como espionaje, sabotaje o agresión, lo cual le hace perder tal protección.

Las avionetas Cessna de Hermanos al Rescate, empleadas para violaciones al espacio aéreo, lanzamiento de propaganda, espionaje y preparación de sabotajes; habían perdido todo carácter de “aeronave civil” al momento que violaron el espacio aéreo nacional y distribuyeron propaganda con la finalidad de incitar a la subversión interna.

Por otra parte, la soberanía aérea es un principio indiscutible del derecho internacional. Cuba, como Estado soberano, tiene el derecho pleno de regular y controlar su espacio aéreo y de tomar las medidas necesarias para defenderlo, incluyendo la intercepción y neutralización de intrusos hostiles.

Las autoridades cubanas advirtieron en su momento que las avionetas ingresaron a un espacio y no se trataba de simples “errores de navegación”, sino de la última de una larga serie de agresiones premeditadas que ponían en riesgo vidas humanas y la seguridad nacional.

Pudo evitarse

Investigadores de I-TEAM del canal CBS4 de Miami, en un reportaje divulgado en noviembre de 2009, mostraron documentos clasificados que evidencian que esta tragedia podría haberse evitado si alguien en el gobierno de Estados Unidos hubiese tomado medidas concretas.

Funcionarios de alto rango en la Administración estadounidense sabían que un derribo no solo era posible, sino probable, por ejemplo, uno de los entrevistados, el asesor principal sobre Cuba para el presidente Clinton, Richard Nuccio, admitió que después de la implementación de la política migratoria, las acciones de Hermanos al Rescate se tornaron más provocadoras y más políticas.

Sin embargo, las autoridades estadounidenses aprobaron los planes de vuelo y permitieron la salida de Hermanos al Rescate, a pesar de saber que esos planes de vuelo eran falsos.

No ocuparon las aeronaves, como podían haberlo hecho según sus propias leyes, por estas violaciones reconocidas por el Departamento de Estado y por la FAA, ni buscaron una orden de la corte contra aquellos vuelos, en correspondencia con sus propios procedimientos para haberlos abortado desde julio de 1995.

Tampoco establecieron procesos criminales contra los involucrados en estas transgresiones; solo tres meses después del incidente del 24 de febrero se dignaron a adoptar una limitación de la licencia como piloto por varios meses.

El 18 de abril de 1998, el presidente Fidel Castro Ruz al referirse a los sucesos de 1996, señaló haber redactado y hecho llegar un mensaje confidencial a Clinton a través del escritor Gabriel García Márquez.

Su intención era ponerlo al tanto de una serie de planes terroristas organizados y financiados desde territorio estadounidense por la desaparecida Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA).

El texto detallaba el uso de mercenarios centroamericanos para colocar explosivos en centros turísticos y, de manera más alarmante, la existencia de planes diabólicos para hacer estallar aviones de líneas aéreas cubanas o de otros países mediante dispositivos programables de difícil detección.

Las agencias de inteligencia de Estados Unidos poseían información fidedigna para abortar estas operaciones.

Proceso ante la ONU

Cuba presentó ante la ONU y la OACI datos de radar, transcripciones de las comunicaciones y coordenadas precisas que demostraban que el derribo ocurrió dentro de sus aguas territoriales. La versión estadounidense, que alegaba aguas internacionales, se basó en datos contradictorios y estuvo influenciada políticamente.

La estación de radar de la Marina en Cayo Hueso, la más cercana y vinculada al incidente, borró sus registros apenas 15 días después del suceso, coincidiendo con el inicio de la investigación internacional, indican las reseñas.

Cuba entregó sus grabaciones originales y equipos de grabación a la OACI el 30 de marzo. En contraste, Estados Unidos solo permitió a los investigadores “escuchar” una cinta en mayo que presentaba una omisión de los seis minutos iniciales respecto a la transcripción autorizada que la propia misión de Washington había distribuido a la prensa en febrero.

Esos minutos borrados contenían datos cruciales sobre la ubicación inicial de las avionetas y su penetración en el espacio cubano.

Al propio tiempo, la reconstrucción oficial de la OACI se apoyó en testimonios del barco Majesty of the Seas y de un supuesto pesquero llamado Tri-Liner. Sin embargo, el jefe del equipo de investigación admitió que nunca entrevistaron a la tripulación del Tri-Liner ni visitaron esa embarcación, cuya existencia misma quedó en duda para la delegación cubana.

La resolución, aprobada por consenso de todos los miembros de la OACI, reafirmó que cada país debe tomar las medidas apropiadas para evitar el uso de naves civiles registradas en su territorio en actividades incompatibles con las reglas de la aviación civil internacional.

Por estos días el odio anda suelto. El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, ha sido claro: Estados Unidos “construye, día tras día, un expediente fraudulento para justificar la eventual agresión militar” a su país.



Autor: teleSUR - PL

Fuente: Prensa Latina

viernes, 6 de marzo de 2026

Cuba, el "caso Tablada" y la cultura jurídica



Por Manuel David Orrio del Rosario




La Habana, 26/03/06.- Facebook, que al día de hoy viene a ser como el "Ágora de Cuba" y plantea serios retos al agotado modelo de prensa criollo (dixit Ricardo Ronquillo, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba), es el espacio en que la opinión pública conoció de un hecho que desató una justa indignación.No no sólo simples ciudadanos se expresaron, sino además un conjunto de personas de reconocido prestigio.

Se trata de la no renovación del contrato del destacado arquitecto Dr. Abel Tablada de la Torre como Profesor Titular de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Tecnológica de la La Habana "José Antonio Echeverría" (CUJAE), lo cual motivó no sólo una protesta casi viral en Facebook, sino también una firme pero respetuosa carta del Consejo de la Federación de Estudiantes Universitaria (FEU) en dicha facultad, dirigida a la rectora del centro, en la cual se apunta la posibilidad de que el cese de Tablada se deba a motivos extraacadèmicos y se reclama la rectificación de la medida.













Carta de la FEU de la Facultad de Arquitectura de la CUJAE a la rectora. Captura de Facebook .


La FEU es la entidad representativa de los estudiantes universitarios, y su historia y tradiciones se inserta en lo mejor y más digno de la Historia de Cuba ¿Por qué esa reacción? Pues porque el motivo aducido - según dicha carta -, para la eufemística no renovación del contrato de Tablada, es nada menos que opiniones vertidas por él en la red social acerca de temas que nada tienen que ver con su actuar como docente y sí mucho con sus derechos como ciudadano. Eufemístico cese, porque a nadie escapa que se trata de una expulsión.

Siempre de acuerdo con fuentes diversas, se trata de dos posts,en los cuales el profesor expresó opiniones críticas sobre la gestión de la empresa telefónica cubana y el estado lamentable en que se encuentra la enseñanza superior, particularmente en la CUJAE, tanto a causa de las medidas coercitivas unilaterales de Estados Unidos contra Cuba - firme opositor, Tablada -, como a resultas de una política económica que desde años atrás está en la picota pública y es objeto de numerosas críticas por parte de los más destacados economistas criollos.

El arquitecto, también Dr. en Ciencias Técnicas, ha evitado como norma referirse en Facebook a su situación, pero la misma trascendió y casi se viralizó por la difusión de otros, lo cual dio lugar al intento de manipular su estado en contra del proyecto socialista cubano, lo que Tablada rechazó elegantemente: "se está reclamando por vías internas". Y no se hable más...

Sin embargo, mientras debates van y vienen, mientras quizás investigaciones y reuniones a tal nivel vayan y vengan, parece perderse de vista la gravedad de los hechos, en los que los derechos ciudadanos del profesor Tablada, su fuero de opinar sobre cuanto sea en el marco de la Constitución y las leyes, esos derechos conquistados por Cuba a sangre, fuego y una ejemplar resistencia, no sólo están siendo violados, sino que hasta podrían ser constitutivos de un delito contra la libertad de pensamiento, conciencia y de expresión, previsto en el artículo 384.1 del Código Penal vigente.

Dicho artículo estipula que "Quien impida a otra persona el ejercicio del derecho de libertad de pensamiento, conciencia y expresión, ejercitado conforme a lo dispuesto en la Constitución de la República y las leyes, es sancionado con privación de libertad de seis meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas, o ambas...Si el delito se comete por un funcionario público, con abuso de su cargo, la sanción es de privación de libertad de seis meses a dos años o multa de doscientas a quinientas cuotas, o ambas".

Aunque ha de ser la fiscalía la que determine si el delito se integra, o no, por la sucesión de los acontecimientos existen serios motivos para pensar, desde la ciudadanía, que sí se integra. Y es por tanto como, a juicio de este periodista, debe tratarse este problema, porque su mera existencia sienta un peligroso precedente que podría potenciar el que hechos de idèntica o similar naturaleza que han tenido lugar a lo largo de los años se repitan, no sólo en la educación superior, sino a nivel de toda la sociedad, so pretexto de una real o supuesta "defensa de la Revolución "; en este último caso, más de una vez, para encubrir oscuras pretensiones burocráticas, entendida la burocracia como "clase en sí y para sí ", al decir de Carlos Marx.

"Discrepancia no es oposición", afirmó Raúl Castro en una entrevista concedida al colega y amigo Luis Báez (epd) en un lejano septiembre de 1994. No obstante, importa señalar que en este enojoso hecho de la virtual expulsión de Tablada de la CUJAE aparece, tanto desde las autoridades del centro, como hasta desde el mismo arquitecto, una inquietante falta de cultura ciudadana y jurídica, así como un hasta ahora inmovilismo de la prensa criolla, que sólo en el caso de OnCuba - hasta ahora, pero acreditada como prensa extranjera-, ha publicado el hecho, lo cual atenta contra la credibilidad de dicha prensa, que no sólo no parece haber investigado,sino que está fallando en la promoción de esa tan necesaria cultura ciudadana y jurídica.

Así, se explica por qué el modelo de prensa criollo se reconoce como agotado y por qué las redes sociales han devenido la segunda fuente de información para el cubano de a pie, de acuerdo con una investigación presentada al último congreso de los periodistas de Cuba.

Que no se pierda de vista, por tanto, que la virtual expulsión del Dr. Abel Tablada de su cargo universitario, es también un atentado contra lo mejor de la cubanidad y, al decir del cantautor Silvio Rodríguez, un motivo para afirmar: “Me preocupa que la revolución (o lo que usa su nombre) acabe siendo contrarrevolucionaria y que lo que se le enfrente parezca o acabe siendo revolucionario”.

Imagen de portada: Dr. Abel Ernesto Tablada de la Torre. Captura de Facebook .

jueves, 29 de enero de 2026

Presencia de José Martí en Fidel Castro

 


enero 29, 2026
9:15 am



Cuando a quien esto escribe se le dio la tarea de seleccionar y prologar, para reunirlos en un libro, textos de Fidel Castro que mostraran lo enunciado en el título del presente artículo, tuvo claro que el volumen (publicado en 1983 con créditos institucionales del Centro de Estudios Martianos) debía titularse José Martí, el autor intelectual, y que la búsqueda de los textos comenzaría por La historia me absolverá, donde el guía de los sucesos del 26 de Julio de 1953 plasmó aquella definición de su inspirador.

La revisión del histórico alegato evidenció que la presencia de Martí en él no se agota en la feliz definición citada, que se ha enriquecido con el tiempo, en correspondencia con el hecho de que, lejos de limitarse al asalto de dos cuarteles, la brújula de Martí seguiría ofreciendo orientación para la etapa revolucionaria iniciada en 1953.

Ese legado radicaba en las tareas que las circunstancias le impidieron a la revolución martiana consumar y, por tanto, aún eran metas por cumplir. Librar a Cuba de la tiranía que la enlutaba era indispensable para la plena independencia, la liberación nacional, condición para que las transformaciones necesarias fueran factibles. Urgía erradicar el neocolonialismo con que, tras la intervención de 1898, los Estados Unidos despojaron a al Ejército Libertador Cubano de la victoria que había probado merecer contra España.

Era preciso derrocar a la tiranía y romper la coyunda estadounidense para acometer otras batallas que darían continuidad al proyecto martiano. Una de ellas era luchar contra las injusticias sociales en una república neocolonial donde agentes vernáculos servirían a la potencia interventora en la materialización de un peligro advertido por Martí mientras organizaba la guerra necesaria.

Sabía que se luchaba “por la patria, ingrata acaso, que abandonan al sacrificio de los humildes los que mañana querrán, astutos, sentarse sobre ellos” (III, 305).* En su afán de sembrar la conciencia necesaria para que eso no ocurriera, lo advirtió con cruda claridad en el Patria del 24 de octubre de 1894, precisamente en un artículo que desde el título, “Los pobres de la tierra”, corroboraba con quiénes echaba su suerte, como había expresado en Versos sencillos.

Los males que él había querido impedir llegaron hasta 1958, y contra ellos se lanzó la lucha armada que en 1953 rindió tributo al centenario del héroe que la inspiró. La República neocolonial aunó la injerencia estadounidense y los privilegios de castas que Martí repudió en la testamentaria carta póstuma que el día antes de morir en combate le escribió a su amigo mexicano Manuel Mercado (IV, 167-170).

A poco tiempo de haber comenzado la guerra contra el Ejército español, sostuvo que entendía como su deber no solo estar dispuesto a dar la vida por su país, sino también “impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”. Tal era su determinación, que añadió: “Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”.

Esa decisión recuerda lo escrito por Fidel Castro a Celia Sánchez en la Sierra Maestra el 5 de junio de 1958, al ver un hogar campesino destruido por bombas que tenían la inscripción de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos y habían sido lanzadas por aviones de la tiranía batistiana: “me he jurado que los americanos [los estadounidenses] van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero”.




Bajo el yugo imperialista que apoyó a la tiranía, Cuba afrontaría los males de la dependencia política y económica. Y con esa coyunda vendría todo lo esperable de un poder extranjero auxiliado por lacayos dispuestos a tener “un amo, yanqui o español, que les mantenga, o les cree, en premio de su oficio de celestinos, la posición de prohombres, desdeñosos de la masa pujante—la masa mestiza, hábil y conmovedora, del país,—la masa inteligente y creadora de blancos y negros”.

La opresión capitalizada por tales “prohombres” y su amo imperial le impondría las peores condiciones de vida a la inmensa mayoría del pueblo, especialmente, pero no solo, en las áreas rurales. Las penurias sufridas por las grandes masas incluirían explotación, torturas y asesinatos, despojos de todo derecho, enfermedades, desnutrición, ignorancia.

Contra semejante escenario había enfilado Martí sus previsiones, los ideales con que organizó la guerra, y se levantaría la acción revolucionaria desatada en 1953. Las transformaciones que se desplegaron en 1959 —Reforma Agraria, Reforma Urbana, nacionalización de recursos fundamentales, planes masivos en salud pública y en educación— sustentaban un espíritu popular, verdaderamente democrático.

Para ilustrar la lealtad de esas transformaciones al legado martiano basta lo hecho desde la Campaña Nacional de Alfabetización. Quien en 1884 sostuvo: “Ser culto es el único modo de ser libre”, no defendía un concepto de cultura elitista de índole burguesa. En 1883 escribió: “De todos los problemas que pasan hoy por capitales, solo lo es uno: y de tan tremendo modo que todo tiempo y celo fueran pocos para conjurarlo: la ignorancia de las clases que tienen de su lado la justicia” (V, 101).

En La historia me absolverá Fidel Castro defendió a los humildes y, al hacerlo, abrazó los ideales martianos. Su concepción de pueblo “si de lucha se trata”, remitió a las necesidades y la pujanza de los más desfavorecidos, y abrazó de hecho lo postulado por Martí el 24 de enero de 1880 en el Steck Hall neoyorquino. Al pasar balance sobre las luchas de Cuba hasta entonces, y valorar lo que se hacía en ese momento, lo hizo con una avanzada perspectiva popular: “Ignoran los déspotas que el pueblo, la masa adolorida, es el verdadero jefe de las revoluciones” (IV, 193).

Las lacras afianzadas en Cuba durante la colonia y prolongadas en la República neocolonial incluían la discriminación racial. Potenciada por la esclavitud, perduró pese a la participación de patriotas de todos los colores en las luchas independentistas, y al ejemplo de guías en los que descolló Martí. Alabando la obra de Carlos Manuel de Céspedes, sostuvo que “no fue más grande cuando proclamó a su patria libre, sino cuando reunió a sus siervos, y los llamó a sus brazos como hermanos” (IV, 359).

También en esa esfera su pensamiento fue revolucionario. En “Nuestra América” (1891) señaló: “No hay odio de razas, porque no hay razas” (VI, 22). Se adelantó así en más de un siglo a las luces del descubrimiento del mapa del genoma humano, que ratificó la inexistencia de razas en la especie humana y probó la falsedad de prejuicios afincados en intereses económicos y en conceptos que, trasladados de la zoología al ámbito sociológico, sirvieron de pretextos para legitimar la esclavitud de “razas” a las que, en beneficio de “razas superiores”, incluso se les negaba que tuvieran alma.

Por distintos caminos, principalmente intereses de dominación, llegaban a Cuba —ojalá ya hubieran dejado por completo de llegar— criterios que en distintas partes del mundo han avalado masacres y formas de apartheid, expresiones supremacistas asociadas al fascismo. Hoy siguen vivas en sociedades como la estadounidense, donde perduran hasta rezagos del monstruoso Ku Klux Klan. Martí refutó radicalmente la discriminación racial —rótulo que de hecho asume la falacia de las razas—, y así como esa lacra llegó con sus secuelas a la República mediatizada, la Revolución la combatió desde la lucha programada en La historia me absolverá, y sigue combatiéndola.

Otra mácula contraria a la justicia social es la corrupción. Martí luchaba por fundar en Cuba una República moral en la que el país se arrancara de sus costumbres las malas costumbres de la colonia, y la Revolución Cubana siguió actuando contra todas las formas de corrupción, que son un grave peligro para el país.

Lo advirtió El Líder en su discurso del 17 de noviembre de 2005, que —junto con la eficiente política informativa que aún sigue reclamándose— debe ser pauta cotidiana para el afán revolucionario, que necesariamente ha de ser popular, antimperialista, defensor de la equidad, y honrado. No es un dato menor que, empezando por su guía mayor, la Revolución heredara el sentido ético de la existencia que Martí abonó con su propio ejemplo personal.

Es natural que programas concebidos para expresar y defender ideas compartidas tengan similitudes textuales. El cierre que da título al alegato citado —La historia me absolverá—, mueve a recordar cómo finalizó Martí su discurso del 17 de febrero de 1892, conocido como “Oración de Tampa y Cayo Hueso”. Resumiendo sus pasos entre compatriotas emigrados en esas localidades —donde “hemos juntado a tiempo nuestras fuerzas”—, exclamó: “¡[…] la historia no has ha de declarar culpables!”.

Pero las mayores semejanzas entre programas revolucionarios se dan en los hechos, en las tareas e ideales que los vinculan. En una de sus anotaciones dispersas, Martí escribió: “Toda tentativa de comparar, generalizar o razonar sobre textos, debe ser abandonada, so pena de sustituir una mera imitación verbal del raciocinio a un esfuerzo real de la mente”, y añadió “Solo el trabajo directo fructifica” (XXII, 35).

A menudo la presencia de los textos de Martí en los de Fidel revela una apropiación que incluye la lealtad al sentido verbal, y lo desborda. La historia me absolverá es una prueba extraordinaria, no la única, de que frecuentemente el mensaje martiano se expresa en el de su discípulo como asimilación profunda y orgánica.

Ejemplo de ello es la síntesis hecha a partir de lo que el 15 de diciembre de 1893 le escribió Martí a Antonio Maceo: “Yo no trabajo por mi fama, puesto que toda la del mundo cabe en un grano de maíz, ni por bien alguno de esta vida triste, que no tiene ya para mí satisfacción mayor que el salir de ella: trabajo para poner en vías de felicidad a los hombres que hoy viven sin ella” (III, 459).

Con el fin de dar autonomía a la idea que desea citar, Fidel la concentra en un aforismo, para lo cual lo dispondría una forma de expresión que Martí dominaba con soberana maestría literaria: “Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”. Sin detenernos en la sustitución de fama por gloria, concepto que expresa una grandeza verdadera y mayor, observemos que ese aforismo viene de una idea de Martí, pero, como realización textual, es obra de quien, fiel al Maestro, abrazó esa idea como norma de vida.

Mucho más cabría decir sobre cómo vio a Martí el continuador que, al conmemorarse el centenario de la Guerra de 1868 dijo que esa gesta “engendró numerosos líderes de extracción popular” e “inspiró a quien fue sin duda el más genial y el más universal de los políticos cubanos, a José Martí”, y también lo llamó “el más grande pensador político y revolucionario de este continente”. Años después, en “Unas palabras a modo de introducción” escritas para el primer volumen de la edición crítica de sus Obras completas, expresó: “Martí es y será guía eterno de nuestro pueblo. Su legado no caducará jamás”.

No hay espacio para más en un artículo que, animado por el aniversario 173 del nacimiento de Martí y el centenario de El Líder que abrazó sus enseñanzas, solo pretende recordar sucintamente la relación histórica entre ambos. Habría que profundizar en su pertenencia a una estirpe revolucionaria en que sobresalen como continuadores de Simón Bolívar, historia que señala los nexos que unen a Venezuela y Cuba. Mientras, probablemente con un toque de aldeanismo —similar de algún modo al rechazado por Martí en “Nuestra América”— nos preguntábamos quién sería el continuador de Fidel, tal vez no nos percatábamos de que ese lugar ya lo ocupaba Hugo Chávez.

Ese solo hecho requeriría —la merece— una valoración amplia y profunda, no un comentario presuroso. Pero hoy apúntese que tanto al Comandante cubano como al de Venezuela, quien con orgullo se proclamó su hijo y discípulo, y lo fue, se les debe rendir, entre otras formas de homenaje, una plena y lúcida lealtad al Concepto de Revolución que, trazado por el primero, exige “Cambiar todo lo que debe ser cambiado”, Y a eso —para ser fieles a los dos— se debe añadir: No cambiar ni un punto menos, pero tampoco más.

* Las citas provienen de las Obras completas de José Martí publicadas en La Habana entre 1963 y 1966, y con varias reimpresiones. Los números romanos indican los tomos; los arábigos, las páginas. La carta a Manuel Mercado se revisó por José Martí: Epistolario, 1993, V, 250-252.

Imagen. / Roberto Chile.
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