"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí
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lunes, 4 de julio de 2022

Mi Hemingway personal

Por Gabriel García Márquez

Lo reconocí de pronto, paseando con su esposa, Mary Welsh, por el bulevar de Saint Michel, en París, un día de la lluviosa primavera de 1957. Caminaba por la acera opuesta en dirección del jardín de Luxemburgo, y llevaba unos pantalones de vaquero muy usados, una camisa de cuadros escoceses y una gorra de pelotero. Lo único que no parecía suyo eran los lentes de armadura metálica, redondos y minúsculos, que le daban un aire de abuelo prematuro. Había cumplido cincuenta y nueve años, y era enorme y demasiado visible, pero no daba la impresión de fortaleza brutal que sin duda él hubiera deseado, porque tenía las caderas estrechas y las piernas un poco escuálidas sobre sus bastos. Parecía tan vivo entre los puestos de libros usados y el torrente juvenil de la Sorbona que era imposible imaginarse que le faltaban apenas cuatro años para morir.

Por una fracción de segundo —como me ha ocurrido siempre— me encontré dividido entre mis dos oficios rivales. No sabía si hacerle una entrevista de prensa o solo atravesar la avenida para expresarle mi admiración sin reserva. Para ambos propósitos, sin embargo, había el mismo inconveniente grande: yo hablaba desde entonces el mismo inglés rudimentario que seguí hablando siempre, y no estaba muy seguro de su español de torero. De modo que no hice ninguna de las dos cosas que hubieran podido estropear aquel instante, sino que me puse las manos en bocina, como Tarzán en la selva, y grité de una acera a la otra: «Maeeeestro». Ernest Hemingway comprendió que no podía haber otro maestro entre la muchedumbre de estudiantes, y se volvió con la mano en alto, y me gritó en castellano con una voz un tanto pueril: «Adioooós, amigo». Fue la única vez que lo vi.

Yo era entonces un periodista de veintiocho años, con una novela publicada y un premio literario en Colombia, pero estaba varado y sin rumbo en París. Mis dos maestros mayores eran los dos novelistas norteamericanos que parecían tener menos cosas en común. Había leído todo lo que ellos habían publicado hasta entonces, pero no como lecturas complementarias, sino todo lo contrario: como dos formas distintas y casi excluyentes de concebir la literatura. Uno de ellos era William Faulkner, a quien nunca vi con estos ojos y a quien solo puedo imaginarme como el granjero en mangas de camisa que se rascaba el brazo junto a dos perritos blancos, en el retrato célebre que le hizo Cartier Bresson. El otro era aquel hombre efímero que acababa de decirme adiós desde la otra acera, y me había dejado la impresión de que algo había ocurrido en mi vida, y que había ocurrido para siempre.

No sé quién dijo que los novelistas leemos las novelas de los otros solo para averiguar cómo están escritas. Creo que es cierto. No nos conformamos con los secretos expuestos en el frente de la página, sino que la volteamos al revés, para descifrar las costuras. De algún modo imposible de explicar desarmamos el libro en sus piezas esenciales y lo volvemos a armar cuando ya conocemos los misterios de su relojería personal. Esa tentativa es descorazonadora en los libros de Faulkner, porque este no parecía tener un sistema orgánico para escribir, sino que andaba a ciegas por su universo bíblico como un tropel de cabras sueltas en una cristalería. Cuando se logra desmontar una página suya, uno tiene la impresión de que le sobran resortes y tornillos y que será imposible devolverla otra vez a su estado original. Hemingway, en cambio, con menos inspiración, con menos pasión y menos locura, pero con un rigor lúcido, dejaba sus tornillos a la vista por el lado de fuera, como en los vagones de ferrocarril. Tal vez por eso Faulkner es un escritor que tuvo mucho que ver con mi alma, pero Hemingway es el que más ha tenido que ver con mi oficio.

No solo por sus libros, sino por su asombroso conocimiento del aspecto artesanal de la ciencia de escribir. En la entrevista histórica que le hizo el periodista George Plimpton para Paris Review enseñó para siempre —contra el concepto romántico de la creación— que la comodidad económica y la buena salud son convenientes para escribir, que una de las dificultades mayores es la de organizar bien las palabras, que es bueno releer los propios libros cuando cuesta trabajo escribir para recordar que siempre fue difícil, que se puede escribir en cualquier parte siempre que no haya visitas ni teléfono, y que no es cierto que el periodismo acabe con el escritor, como tanto se ha dicho, sino todo lo contrario, a condición de que se abandone a tiempo. «Una vez que escribir se ha convertido en el vicio principal y el mayor placer —dijo—, solo la muerte puede ponerle fin.» Con todo, su lección fue el descubrimiento de que el trabajo de cada día solo debe interrumpirse cuando ya se sabe cómo se va a empezar al día siguiente. No creo que se haya dado jamás un consejo más útil para escribir. Es, ni más ni menos, el remedio absoluto contra el fantasma más temido de los escritores: la agonía matinal frente a la página en blanco.

Toda la obra de Hemingway demuestra que su aliento era genial, pero de corta duración. Y es comprensible. Una tensión interna como la suya, sometida a un dominio técnico tan severo, es insostenible dentro del ámbito vasto y azaroso de una novela. Era una condición personal, y el error suyo fue haber intentado rebasar sus límites espléndidos. Es por eso que todo lo superfluo se nota más en él que en otros escritores. Sus novelas parecen cuentos desmedidos a los que les sobran demasiadas cosas. En cambio, lo mejor que tienen sus cuentos es la impresión que causan de que algo les quedó faltando, y es eso precisamente lo que les confiere su misterio y su belleza. Jorge Luis Borges, que es uno de los grandes escritores de nuestro tiempo, tiene los mismos límites, pero ha tenido la inteligencia de no rebasarlos.

Un solo disparo de Francis Macomber contra el león ensaña tanto como una lección de cacería, pero también como un resumen de la ciencia de escribir. En algún cuento suyo escribió que un toro de lidia, después de pasar rozando el pecho del torero, se volvió «como un gato doblando una esquina». Creo, con toda humildad, que esa observación es una de las tonterías geniales que solo son posibles en los escritores más lúcidos. La obra de Hemingway está llena de esos hallazgos simples y deslumbrantes, que demuestran hasta qué punto se ciñó a su propia definición de que la escritura literaria —como el iceberg— solo tiene validez si está sustentada debajo del agua por los siete octavos de su volumen.

Esa conciencia técnica será sin duda la causa de que Hemingway no pase a la gloria por ninguna de sus novelas, sino por sus cuentos más estrictos. Hablando de Por quién doblan las campanas, él mismo dijo que no tenía un plan preconcebido para componer el libro, sino que lo inventaba cada día a medida que lo iba escribiendo. No tenía que decirlo: se nota. En cambio, sus cuentos de inspiración instantánea son invulnerables. Como aquellos tres que escribió en la tarde de un 16 de mayo en una pensión de Madrid, cuando una nevada obligó a cancelar la corrida de toros de la feria de San Isidro. Esos cuentos —según él mismo le contó a George Plimpton— fueron «Los asesinos», «Diez indios» y «Hoy es viernes», y los tres son magistrales.

Dentro de esa línea, para mi gusto, el cuento donde mejor se condensan sus virtudes es uno de los más cortos: «Gato bajo la lluvia». Sin embargo, aunque parezca una burla de su destino, me parece que su obra más hermosa y humana es la menos lograda: Al otro lado del río y entre los árboles. Es, como él mismo reveló, algo que comenzó por ser un cuento y se extravió por los manglares de la novela. Es difícil entender tantas grietas estructurales y tantos errores de mecánica literaria en un técnico tan sabio, y unos diálogos tan artificiales y aun tan artificiosos en uno de los más brillantes orfebres de diálogos de la historia de las letras. Cuando el libro se publicó, en 1950, la crítica fue feroz. Porque no fue certera. Hemingway se sintió herido donde más le dolía, y se defendió desde La Habana con un telegrama pasional que no pareció digno de un autor de su tamaño. No solo era su mejor novela, sino también la más suya, pues había sido escrita en los albores de un otoño incierto, con las nostalgias irreparables de los años vividos y la premonición nostálgica de los pocos años que le quedaban por vivir. En ninguno de sus libros dejó tanto de sí mismo ni consiguió plasmar con tanta belleza y tanta ternura el sentimiento esencial de su obra y de su vida: la inutilidad de la victoria. La muerte de su protagonista, de apariencia tan apacible y natural, era la prefiguración cifrada de su propio suicidio.

Cuando se convive por tanto tiempo con la obra de un escritor entrañable, uno termina sin remedio por revolver su ficción con su realidad. He pasado muchas horas de muchos días leyendo en aquel café de la place de Saint Michel que él consideraba bueno para escribir, porque le parecía simpático, caliente, limpio y amable, y siempre he esperado encontrar otra vez a la muchacha que él vio entrar una tarde de vientos helados, que era muy bella y diáfana, con el pelo cortado en diagonal, como un ala de cuervo. «Eres mía y París es mío», escribió para ella, con ese inexorable poder de apropiación que tuvo su literatura. Todo lo que describió, todo instante que fue suyo, le sigue pertenecido para siempre. No puedo pasar por el número 112 de la calle del Odeón, en París, sin verlo a él conversando con Sylvia Beach en una librería que ya no es la misma, ganando tiempo hasta que fueran las seis de la tarde por si acaso llegaba James Joyce. En las praderas de Kenia, con solo mirarlas una vez, se hizo dueño de sus búfalos y sus leones, y de los secretos más intrincados del arte de cazar. Se hizo dueño de toreros y boxeadores, de artistas y pistoleros que solo existieron por un instante, mientras fueron suyos. Italia, España, Cuba, medio mundo está lleno de los sitios de los cuales se apropió con solo mencionarlos. En Cojímar, un pueblecito cerca de La Habana donde vivía el pescador solitario de El viejo y el mar, hay un templete conmemorativo de su hazaña con un busto de Hemingway pintado con barniz de oro. En Finca Vigía, su refugio cubano donde vivió hasta muy poco antes de morir, la casa está intacta entre los árboles sombríos, con sus libros disímiles, sus trofeos de caza, su atril de escribir, sus enormes zapatos de muerto, las incontables chucherías de la vida y del mundo entero que fueron suyas hasta su muerte, y que siguen viviendo sin él con el alma que les infundió por la sola magia de su dominio. Hace unos años entré en el automóvil de Fidel Castro —que es un empecinado lector de literatura— y vi en el asiento un pequeño libro empastado en cuero rojo. «Es el maestro Hemingway», me dijo. En realidad, Hemingway sigue estando donde uno menos se lo imagina —veinte años después de muerto—, tan persistente y a la vez tan efímero como aquella mañana, desde la acera opuesta del bulevar de Saint Michel.

© Gabriel García Márquez: Mi Hemingway personal. Texto introductorio a la colección de Cuentos de Ernest Hemingway, publicada por editorial Lumen en 2007.

miércoles, 3 de enero de 2018

La soledad multitudinaria de García Márquez

Por ÁLVARO SANTANA-ACUÑA , New York Times


CreditCristóbal Schmal


Gabriel García Márquez cometía faltas de ortografía al escribir sus obras. La causa era que cuando escribía, como confesó en un fax desenfadado a Carmen Balcells, su agente literaria, “yo le ovedesco más a la inspirasión que a la gramática”. Además de sus combates contra las reglas del lenguaje, en el archivo del escritor —que desde 2014 está en el Harry Ransom Center de Austin, Texas— descubrimos sus rituales de escritura y sus dudas creativas. Desde hace unas semanas, casi la mitad del archivo —27.500 imágenes que recorren más de cinco décadas de escritura— está disponible de manera gratuita en internet.

En el archivo en línea hay información inédita sobre sus éxitos literarios, sus obsesiones creativas y su círculo de amigos y colegas; además de nuevos detalles sobre el padre de familia, el protagonista de la política latinoamericana y el artista abrumado por la fama planetaria. Los documentos del archivo, como explico en mi próximo libro, Ascent to Glory: How One Hundred Years of Solitude Became a Global Classic, ayudan a desmontar varios mitos en torno a García Márquez, algunos cuidadosamente alimentados por él mismo.

Dos mitos que se han construido sobre el escritor se refieren a su genialidad y al origen legendario de sus obras. Al igual que a otros creadores de obras famosas, a García Márquez se le suele considerar un genio solitario tocado por el relámpago de la inspiración. Se sigue repitiendo que, tras ocurrírsele el comienzo de Cien años de soledadmientras conducía desde Ciudad de México hacia Acapulco, el autor abandonó su trabajo de inmediato y se encerró a escribir en su estudio durante 18 meses hasta que acabó la novela. Mientras tanto, su mujer se endeudó con los comerciantes del barrio para alimentar a la familia. Su archivo nos descubre que consiguió un crédito para dedicarse solo a su novela y que no la escribió de un tirón durante un año y medio, sino en 12 meses, con interrupciones. Tampoco escribió sobre la soledad en soledad, sino en compañía multitudinaria.

La clave del proceso creativo de García Márquez estaba en la edición. Era un excelente y obsesivo corrector de su propia escritura.

García Márquez se rodeó de amigos y colegas mientras escribía el libro que lo hizo famoso. Algunos le ayudaron como asistentes de investigación para documentarse sobre múltiples temas, como las técnicas de alquimia empleadas por José Arcadio Buendía, las propiedades curativas de las plantas que usaba Úrsula Iguarán y la historia de varias guerras en Colombia y América Latina mencionadas en las aventuras del coronel Aureliano Buendía.

El manuscrito de Cien años de soledad fue muy comentado, revisado y mejorado antes de su publicación. Casi a diario, en la casa de García Márquez y su esposa se reunían de noche el poeta Álvaro Mutis, su mujer y el matrimonio de la actriz María Luisa Elío y el cineasta Jomi García Ascot (a esta pareja tan providencial les dedicó la novela). García Márquez les leía en voz alta o les hablaba de lo escrito ese día y todos le daban ideas sobre cómo podía avanzar la historia de los Buendía. Cada sábado, mientras duró la redacción, el autor discutía las páginas escritas durante la semana con el crítico literario Emmanuel Carballo, quien le aconsejaba sobre la trama y los personajes. Y compartió la novela en preparación con escritores influyentes. A Carlos Fuentes, por ejemplo, le envió a París las primeras ochenta páginas del libro. Fuentes incluso publicó una reseña elogiosa de Cien años de soledad cuando a García Márquez le faltaban aún tres meses para terminarla.

Es poco conocido que, un año antes de su lanzamiento en Buenos Aires, García Márquez sacó los capítulos más arriesgados del libro en distintas publicaciones de Europa y América. El escritor quería saber qué pensaban los lectores comunes, críticos literarios, lectores cultos y otros escritores e introducir cambios que mejorasen el texto final, como acabó haciendo.

De García Márquez no puede decirse que escribía sin tropiezos frases acabadas. Los usuarios del archivo descubrirán que la clave de su proceso creativo estaba en la edición. Era un excelente y obsesivo corrector de su propia escritura, como Balzac. En el punto donde la mayoría de los escritores se detienen satisfechos con su manuscrito, García Márquez buscaba darle al suyo otra vuelta de tuerca, a menudo con ayuda de su círculo de amistades.Continue reading the main storyFoto

Una página del borrador de "Crónica de una muerte anunciada" que muestra algunas revisiones hechas por García Márquez. CreditCentro Harry Ransom

Como perfeccionista nato, no dudaba en tachar páginas y párrafos completos e incluso pulir el texto palabra por palabra. En Cien años de soledad, por ejemplo, la frase “una copa de la azucarada substancia color de ámbar”, se convirtió en “una copa de la substancia color ámbar”, luego en “una copa de la substancia ambarina” y finalmente en “una copa de la sustancia ambarina”.

A simple vista, estos cambios pueden parecer irrelevantes. Sin embargo, el autor aprendió que la magia de la literatura reside en la capacidad para cautivar a los lectores a través de los pequeños detalles. “Un escritor es aquel que escribe una línea y hace que el lector quiera leer la que sigue”, le confesó a su amigo Guillermo Ángulo. Para lograrlo, García Márquez podía comprimir las palabras, introducir un dato clave o añadir un giro poético o sensorial al lenguaje. Por ejemplo, Santiago Nasar, el protagonista de Crónica de una muerte anunciada, se apellidaba Aragonés, y al comienzo de la novela se levantaba “a las cinco de la madrugada” y no a “las 5:30 de la mañana”, como en el texto final.

La comparación de los manuscritos a lo largo de los años muestra un cambio decisivo en la creatividad del autor; conforme envejecía, su talento para editar sus obras decayó. Sus problemas de memoria fueron la principal causa. Él nunca quiso crear historias que no estuviesen enraizadas en vivencias personales, y para escribirlas necesitaba de su memoria, que lo fue abandonando, como revelan los persistentes signos de interrogación en las sucesivas versiones de sus manuscritos. Por esta razón dejó sin terminar el segundo volumen de su autobiografía —de la que una selección puede consultarse en línea— y la novela En agosto nos vemos, que solo puede consultarse en sala.

García Márquez, descubrimos, ocultaba otra obsesión: lo que escribían sobre él y sus obras. Antes de publicar Cien años de soledad trabajó en agencias de publicidad y aprendió que un escritor debe vender exquisitamente su imagen pública a los lectores, algo que le preocupó durante décadas. Mientras que en público decía ser impermeable a la crítica, en privado coleccionó compulsivamente durante más de 50 años recortes de prensa de más de 20 países y en más de 10 lenguas. En los 21 álbumes de recortes disponibles en línea, atesoró desde reseñas de sus obras publicadas en The New York Times hasta en El Día, un periódico de las islas Canarias. Guardó incluso numerosas reseñas negativas (pero perspicaces), como la de un crítico colombiano que calificó Cien años de soledad de “saga prosaica [de] literatura escapista”.

La otra mitad del archivo solo puede consultarse en el Harry Ransom Center e incluye la correspondencia del escritor —que muestra los contactos menguantes con Julio Cortázar y José Donoso, y ningún rastro de su malograda amistad con Mario Vargas Llosa, tras el puñetazo que el Nobel peruano le propinó en un cine de México—, los contratos de edición, las cándidas cartas de fans de todo el mundo, una carta de rechazo de The New Yorker de 1981 —al editor no le gustó el final de “El rastro de tu sangre en la nieve”— y hasta la carta astral de García Márquez, que una alarmada Balcells encargó cuando supo que su representado nació en 1927 y no en 1928, como se pensaba.


El texto mecanografiado de "Cien años de soledad" con algunas correcciones a un año de su publicación, en 1967. CreditHarry Ransom Center

Entre los grandes méritos del archivo está el confirmar que convertirse en uno de los escritores más exitosos del último siglo fue un trabajo arduo. “Es necesario despedazar muchas cuartillas para que finalmente uno pueda llevar al editor unas pocas páginas”, dijo García Márquez en una entrevista cuando tenía 28 años, poco después de publicar La hojarasca, su primera novela. “Quien no tenga vocación auténtica de escritor se desalienta”.

El éxito, sin embargo, no depende solo del trabajo duro. Detrás del infatigable artesano de la palabra había un talentoso creador de mitos sobre cómo escribió las historias en sus libros y un artista inserto en un excepcional círculo de amigos y colegas. Sin esos mitos y sin ese entorno personal, Cien años soledad y García Márquez podían haber acabado en el cementerio de los libros y escritores olvidados.

Álvaro Santana-Acuña es profesor de sociología en el Whitman College y autor del libro en preparación “Ascent to Glory: How 'One Hundred Years of Solitude' Became a Global Classic”.

martes, 12 de diciembre de 2017

El archivo de Gabo: online y gratuito



García Márquez. Foto: Centro Harry Ransom.


12 diciembre, 2017 


Unas 27,000 páginas e imágenes escaneadas del archivo del escritor colombiano Gabriel García Márquez ya pueden consultarse online y de forma gratuita.

El Centro Harry Ransom de la Universidad de Texas digitalizó alrededor de la mitad de la colección, que adquirieron en 2014 por 2,2 millones dólares, explica The New York Times.



Gabo y Fidel en 1988. Foto: Centro Harry Ransom.

El archivo del Premio Nobel de Literatura de 1982 se encuentra en inglés y en español e incluye una colección de pasaportes, fotografías, cuadernos, álbumes de recortes, guiones y artículos personales nunca vistos.

Hay más de 2,000 piezas de correspondencia, manuscritos originales de diez libros, borradores del discurso de agradecimiento por el Nobel y más de 40 álbumes fotográficos.

La colección tiene además máquinas de escribir Smith Corona y computadoras y recortes de periódicos de América Latina y del mundo, relacionados con su vida de escritor.

“A menudo, los albaceas tienen una visión restrictiva de su propiedad intelectual, creyendo que el uso académico amenaza o disminuye los intereses comerciales. Agradecemos a la familia de Gabo por liberar su archivo y reconocer este trabajo como otra forma de servicio a sus lectores de todas partes”, dijo Steve Enniss, director del Centro Harry Ransom.

Los documentos muestran varias fotos relacionadas con Cuba y Fidel Castro, quien tuvo una gran amistad con García Márquez. El Gabo fue un asiduo visitante de la Isla y mantuvo estrecha relación con la Revolución cubana.

Gabo y Fidel. Foto: Centro Harry Ransom.


García Márquez junto a Raúl Castro y Vilma Espín. Foto: Centro Harry Ransom.

Entre las piezas más valiosas hay borradores y materiales relacionados con las obras más famosas del Gabo, como Cien años de soledad.

Álvaro Santana Acuña, un sociólogo del Whitman College que trabaja en un libro sobre la historia de la popular novela, dijo que la información ayuda a enfrentar algunos de los mitos alrededor de esta y de su escritura, añade el Times.

Por la correspondencia consultada se supo que el escritor colombiano mandaba fragmentos a amigos y críticos literarios y que antes de la salida del libro completo, un tercio de los capítulos fue publicado en periódicos del mundo.

“Publicó los capítulos más importantes para asegurarse de que sabía lo que pensaban las diferentes audiencias: los lectores comunes, los críticos literarios, la intelligentsia“, dijo Santana Acuña.


Fidel y Gabo. Foto: Centro Harry Ransom.

Gabriel García Márquez con Mercedes Barcha, Fidel Castro y hombres y mujeres no identificados. Foto: Centro Harry Ransom.

Sin embargo, para acceder a ciertas partes del archivo aún hay que viajar a Texas para la consulta. Por ejemplo, la colección digital no tiene ninguno de los diez borradores de En agosto nos vemos, la última novela del colombiano, aún inédita y que los familiares del escritor dijeron no tienen planes de publicar.

El diario estadounidense explica que un capítulo si fue compartido por diario español La Vanguardia en 2014, después de la muerte del Gabo.


Gabriel García Márquez con Roberto Matta y Fidel Castro. Foto: Centro Harry Ransom.

“Es la historia de una mujer cuya madre murió en una isla del Caribe. Y entonces, ella va todos los 16 de agosto, que es el aniversario de la muerte de la madre, a visitar la tumba. Ella está casada con un director de una conservatorio de música y llevan un matrimonio feliz, pero se vuelve una rutina que se quiebra el día de esa visita a la isla: ella le es infiel al marido”, dijo la periodista Patricia Lara Salive, quien consultó la obra directamente en el archivo.

También puede consultarse en línea un borrador de 32 páginas de lo iba a ser el segundo volumen de las memorias del escritor. En este se cuenta su vida después de mudarse a París y posteriormente a Ciudad de México.


Gabo de niño. Foto: Centro Harry Ransom.

domingo, 30 de julio de 2017

A medio siglo de Cien años de soledad



Foto: AFP.

Las letras hispanas conmemoran con justicia el cincuentenario de la publicación de Cien años de soledad. El entonces joven periodista Gabriel García Márquez había escrito en aquel momento otros textos narrativos. Pero el éxito súbito, inmediato, fulgurante de Cien años… lo sorprendió tanto como a sus editores. Las reimpresiones se sucedían a ritmo impresionante. Macondo, lugar mítico, se convirtió en referente familiar aun para aquellos que no habían leído la novela. Algunos lo asociaron a la noción del subdesarrollo. Como suele suceder con fenómenos de tan vasto alcance, varios factores intervinieron en tan sonado acontecimiento. Había aparecido un escritor de garra que estaba renovando los códigos literarios. Otros, sus pariguales en la historia literaria, tuvieron que atravesar un camino lleno de obstáculos. El contexto histórico favoreció la sorprendente acogida.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, el imperio extendió su poderío. Se desencadenó la Guerra Fría y se aceleró el proceso de descolonización. Tanto había sido el horror que las capas medias que conformaban una parte significativa del potencial público lector, ansiaban un mundo de paz, se distanciaban del círculo cerrado de su entorno inmediato y colocaban la mirada en otros horizontes. El mundo se había vuelto más pequeño y, sin embargo, contenía muchos territorios aún inexplorados. La literatura europea, que había marcado pautas por varios siglos, mostraba señales de cansancio. Fue la etapa del auge de los viajes submarinos y del descubrimiento de testimonios de civilizaciones perdidas. Comenzaba a renovarse el interés por América Latina.

En esas circunstancias, del lado de acá del planeta ocurrió lo inusitado. Un puñado de guerrilleros, armados con recursos propios, derribó una dictadura sostenida por un ejército profesional y respaldada por el Gobierno de Estados Unidos. En medio de los festejos del Año Nuevo, la noticia recorrió el mundo. Lo insólito se había convertido en realidad posible. El triunfo de la Revolución Cubana y el pensamiento renovador, ajeno a presiones dogmáticas que dimanó desde la Isla, fueron factor decisivo, a no dudarlo, para un cambio de época.

En ese contexto, Cien años de soledad propone una lectura metafórica de la historia de América. No hay que buscar en la novela, desde luego, un recuento documentado, atenido al orden severo de los calendarios. Aislado en un sitio inaccesible, Macondo es una síntesis poética del drama que ha atravesado Colombia, pero que también atañe a la América toda. En el comienzo, estuvo la utopía. El fundador, José Arcadio Buendía —el significado de su nombre está cargado de sentido— marchó con sus seguidores, abriendo trochas en la selva hasta el sitio donde había de asentarse la aldea. Distribuyó las viviendas de modo que todos se beneficiaran en igualdad de condiciones, de las bondades del sol y la brisa. Arribaron gitanos, portadores de una antiquísima sabiduría. José Arcadio Buendía abandonó sus deberes. Al margen del tiempo histórico, se dejó tentar por la alquimia y por la búsqueda de la piedra filosofal. De la historia de América se percibían chispazos, señales inconexas carentes de sentido: un galeón español inexplicablemente clavado en plena tierra o un vago recuerdo de los ataques del pirata Francis Drake.

Con la interminable guerra entre liberales y conservadores, el tiempo real irrumpe en el tiempo mítico. García Márquez vivió el renacer de esa contienda cuando asistió en Bogotá al asesinato, a la luz del día y en plena calle, del dirigente Jorge Eliécer Gaitán. No se conocían en aquellos días, pero llevado por otros motivos, también estaba allí Fidel Castro. El crimen desató la insurrección en la capital de Colombia, con su saldo de muerte y destrucción. Volvieron los combates, mientras los políticos liberales negociaban espacios de poder con el gobierno. Dando un salto atrás en el tiempo, las empresas bananeras norteamericanas se habían introducido en Macondo.

A pesar del interés de estos temas, el éxito de García Márquez se debió a su capacidad de contar. Desde la oración inicial —el clásico imán— los acontecimientos se suceden sin dejar al lector un instante de respiro. Con similar rango, se intercalan lo grande y lo pequeño. La historia mayor transcurre casi siempre en el trasfondo. Su portador es el coronel Aureliano Buendía, hijo del fundador de la estirpe. Pero los hechos se reflejan en la sutil transformación de los valores que van marcando la continuidad de una familia y de un pueblo, así como el desgaste de una memoria diluida en el polvo, en la pérdida de sentido de los objetos, sobreviviente apenas en la implacable lucidez de Úrsula, centenaria y ciega.

En su obsesión extemporánea por la alquimia y la piedra filosofal, José Arcadio Buendía procuraba alcanzar el conocimiento. Luego, sobrevino la tentación del progreso. Con el ferrocarril, entró la bananera con todas sus secuelas.

Toda obra literaria se va haciendo a partir de una tradición bien asimilada, porque nada se construye sobre la nada. Gabriel García Márquez asimiló creativamente la nuestra, desde aquella narrativa de la tierra, fuente de una poética del inmenso espacio de nuestra América, con sus pampas y sus selvas. Encontró en la Comala de Juan Rulfo otro espacio mítico. No desconoció la confrontación entre civilización y barbarie, abierta por el clásico Facundo de Sarmiento. Conoció en Carpentier la coexistencia de tiempos históricos diversos.

Con tantas fuentes nutricias y con su experiencia de vida, creció una poética singular, atravesada por los grandes temas universales del tiempo y el espacio en que vivimos, de la soledad y de la idea de la muerte que nos acompañan. En ese diálogo entre lo local y lo universal, con la pericia de un narrador dueño de las artes de la seducción, García Márquez impuso a los lectores de acá y de allá el reconocimiento de una realidad, ajena a la progresiva homogeneización del mundo.

(Tomado de Juventud Rebelde)

lunes, 6 de marzo de 2017

EL GABO EN LA MEMORIA DE LOS CUBANOS

Por Pedro Martínez Pírez

Este lunes, cuando en Colombia, Cuba y el resto del mundo se celebra el 90 cumpleaños de Gabriel García Marquez, Premio Nobel de Literatura 1982, yo lo recuerdo en Barcelona en la casa de su agente literaria en España doña Carmen Balcells, diciéndome que tomaba el famoso PPG de Cuba desde que los científicos cubanos inventaron este producto natural para el tratamiento del colesterol.

Yo realizaba entonces mi primera visita a España en mayo de 1991 enviado por el Instituto Cubano de Radio y Televisión para participar en un programa en vivo de hora y media de duración titulado A DEBAT, de la Corporación Catalana de Radio y Televisión, en el cual debatiría sobre Cuba con el estadounidense de origen polaco Mark Falcoff integrante de la ultraconservadora Fundación Heritage.

Y una de las frases que utlicé en el debate frente al reaccionario Mark Falcoff en la televisión catalana fue precisamente la del gran escritor y periodista colombiano Gabriel García Marquez, quien aseguró que la mayor violación de los derechos humanos cometida en el último siglo en América es el bloqueo económico de los Estados Unidos contra Cuba.

Y es que García Márquez figura en muchos momentos de la historia de la Revolución Cubana y fue ampliamente conocida su profunda amistad con Fidel Castro.

Cuando el 16 de junio de 1959 se funda Prensa Latina dirigida por el argentino Jorge Ricardo Masetti, García Marquez figura en el núcleo inicial de periodistas de esa agencia noticiosa, junto otros destacados periodistas, entre ellos el también argentino Rodolfo Walsh y el uruguayo Carlos Maria Gutiérrez. Fue García Marquez corresponsal de Prensa Latina en Colombia y Nueva York, y años después fueron conocidas sus gestiones a favor de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.

En La Habana, donde en febrero pasado fue develada una escultura del cubano José Villa Soberón que retrata al laureado escritor nacido en Aracataca, Magdalena, el 6 de marzo de 1927, con una rosa en la mano y vestido con el traje con el que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1982, García Márquez estuvo en muchas ocasiones y en una de ellas fue pintado por el maestro ecuatoriano Oswaldo Guayasamín.

Y Garcia Márquez contribuyó en forma decisiva para que el 15 de diciembre de 1985 fuera inaugurada la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, a 35 kilómetros de La Habana, una institución que ha graduado a muchos profesionales que en la actualidad son destacados cineastas de Nuestra América.

Pero yo no puedo evitar recordar hoy a Gabriel García Marquez sentado en un sillón en la casa de su amiga y representante literaria Carmen Balcells en Barcelona asegurándome con una amplia sonrisa dibujada en su rostro que cuando Cuba por el bloqueo yanqui careció de colorantes para cubrir las tabletas de PPG, éllas había consumido al natural.

También por muestras solidarias como esa celebramos en Cuba el 90 cumpleaños del Gabo.

martes, 27 de septiembre de 2016

Homenaje de Raúl al Gabo

El General de Ejército rindió sentido tributo al escritor colombiano Gabriel García Marquez, minutos después de concluir la ceremonia oficial de la firma del Acuerdo Final para la Paz

Yaima Puig Meneses 
27 de Septiembre del 2016 4:11:19 CDT

CARTAGENA DE INDIAS, Colombia.— A Gabriel García Márquez, “el gran ausente este día”, rindió sentido tributo el Presidente cubano, minutos después de concluir la ceremonia oficial de la firma del Acuerdo Final para la Paz.

“Este es un modesto homenaje que quisimos rendirle al Gabo, porque en los viajes que hizo a Cuba, conversaba mucho con Fidel y conmigo sobre la paz en Colombia”, declaró el General de Ejército. Recordó ante la prensa también, cuánto insistía y volvía a insistir ese entrañable amigo, sobre la necesidad de concretar un hecho como el sucedido este lunes.

Junto a la delegación cubana que asistió a esta histórica jornada, llegó Raúl al claustro de La Merced, de la Universidad de Cartagena, donde realizó un minuto de silencio, para acto seguido depositar una ofrenda floral ante el busto de bronce que recuerda al escritor de la insigne novela Cien años de Soledad, y a cuyos pies reposan parte de sus cenizas.

“Y mientras presenciaba el acto, pensaba en él”, confesó el mandatario cubano.

“Por eso, antes de partir a Cuba, quisimos hacer este homenaje; por él y por todos los caídos, de un lado y del otro”. “¡Qué viva la paz!”, dijo emocionado, consciente de que es precisamente lo que más necesita este mundo.

Transmito mi respeto, mi saludo y mi felicitación —dijo— a todo el pueblo colombiano y “le deseamos que tengan éxito en los pasos que quedan por delante”.

domingo, 25 de octubre de 2015

The Archive of Gabriel García Márquez



El archivo del autor ganador del Premio Nobel Gabriel García Márquez (1927–2014) se inaugurará y estará disponible para investigación a partir del 1º de Octubre, en el Harry Ransom Center de la Universidad de Texas en Austin, una biblioteca y a la vez museo dedicado a la investigación de las humanidades.

Estarán disponibles documentos de referencia en ingles and español, así como una selección de material digitalizadodel archivo.

"Este archivo fortalece la colección de clase mundial en las humanidades que alberga UT (Universidad de Texas), no solo ofrece oportunidades de investigación a nuestros estudiantes y ciudadanos en Texas, al mismo tiempo atraerá una comunidad internacional de investigadores a Austin," dijo el presidente de UT, Gregory L. Fenves.

Más de 75 cajas de documentos conforman el archivo del autor colombiano, periodista, guionista y figura clave en la historia y política de América Latina. Los investigadores tendrán acceso a los borradores manuscritos de trabajos publicados e inéditos, correspondencia, 43 álbumes fotográficos, 22 cuadernos de recortes, material de investigación, cuadernos de notas, recortes de periódicos, guiones para películas, entre otros.

El archivo de García Márquez también contiene material digital como archivos en discos duros de computadores, los cuales serán procesados y estarán disponibles en el futuro. Otros materiales en el archivo, más destacadamente fotografías, recibirán tratamientos de conservación, restauración y preservación, a cargo de los conservadores–restauradores del Ransom Center, facilitando en acceso a dichos materiales.

"Con la instauración del archivo de Gabriel García Márquez, Gabo es ahora parte de la historia," dijo el director del Ransom Center, Stephen Enniss. "Como un personaje de una de sus novelas, ha entrado en un lugar sin tiempo. En algún lugar entre estos papeles, Florentino Ariza aún espera afuera de la casa de su primer amor. En algún lugar, un coronel espera pacientemente por el correo semanal. Un archivo no tiene tiempo, y en los años venideros, los materiales que el Ransom Center ha coleccionado darán, a quienes son pacientes, revelaciones sobre el arte de Gabriel García Márquez."

El Ransom Center ya está complementando el archivo, por medio de la adquisición de materiales adicionales que darán luces acerca de las actividades personales como profesionales del autor. Una reciente adquisición incluye 48 cartas escritas por García Márquez y envíadas al escritor colombiano Plinio Apuleyo Mendoza entre 1961 y 1971. Las cartas revelan algunas opiniones de García Márquez sobre su vida y trabajo, incluyendo las dificultades y logros con la escritura.

Otras adiciones a la colección incluyen una copia mecanografiada con tinta al carbón de la novela "El Coronel no Tiene Quien le Escriba", notas escritas a mano en tarjetas personalizadas, cartas mecanografiadas, y una copia de "El General en su Laberinto" con más de una docena de enmendaduras de la mano del autor.

"Los archivos son entes orgánicos que evolucionan y crecen," dice Enniss. "Hay implícita una responsabilidad de continuar añadiendo material sucesivamente, que complemente y extienda el archivo. La inauguración del archivo de García Márquez en el campus de UT Austin no es fin de esta historia, es tan solo el comienzo."

Además de García Márquez, otros laureados con el premio Nobel hacen parte de las colecciones del Ransom Center, tales como Samuel Beckett, J. M. Coetzee, T. S. Eliot, Ernest Hemingway, Doris Lessing, George Bernard Shaw, Isaac Bashevis Singer, John Steinbeck y W. B. Yeats.

Como complemento al archivo está en la universidad el LLILAS Benson Latin American Studies and Collections, una colaboración entre el instituto Teresa Lozano Long Institute of Latin American Studies y la colección Nettie Lee Benson Latin American Collection. LLILAS es reconocido como uno de los programas más sólidos en el país enfocados en el estudios Latinoamericanos, y la Benson Collection es reconocida en el mundo como una de las principales bibliotecas enfocadas en estudios sobre Latinoamérica y la población hispana de los Estados Unidos.

"García Márquez es una imponente figura del siglo XX, un novelista profundamente influyente y una figura clave del periodismo, la política y cultura, dentro y fuera de América Latina," comenta Charles Hale, director de LLILAS Benson Latin American Studies and Collections. "Con este archivo en el Ransom Center y la inmensa gama de material complementario con la que cuenta Benson Latin American Collection, Austin consolida su estatus como el destino principal para la investigación e intercambio académico sobre su vida y obra."

LLILAS Benson Latin American Studies and Collections y el Ransom Center conmemorarán la inauguración del archivo con el simposio "Gabriel García Márquez: Vida y Legado" durante Oct. 28–30 en Austin.

Académicos internacionales, periodistas, cineastas y colegas de García Márques, hablarán sobre su influencia global en los campos del periodismo, el cine y la literatura. Se han agotado las inscripciones al simposio, pero será transmitido en vivo por webcast en español y en inglés, en el link: hrc.utexas.edu.

Los paneles incluyen temas como "Gabo el Cuentista," "Gabo Global," "Gabo el Periodista" y "Guionista de Cine y Musa." Nos acompañarán panelistas de Colombia, Mexico y Estados Unidos.

El autor Salman Rushdie dará el discurso de apertura el 28 de octubre. La periodista y autora Elena Poniatowska tendrá a cargo la clausura el 30 de octubre.

Una selección de materiales del archivo de García Márquez estará en exposición en el lobby del Ransom Center hasta el 1º de noviembre. Los investigadores podrán acceder al archivo en la Sala de Lectura y Consulta del Ransom Center. Anualmente el Ransom Center provee más de 50 becas, para apoyar visitas de corto plazo que requieran un uso substancial de las colecciones.

sábado, 24 de octubre de 2015

La amistad entre García Márquez y Fidel, al descubierto en archivo

Publicado el 10/24/15 • en el tema EEUU 


THECLINIC.-CL – El líder cubano aparece con frecuencia en los cuatro álbumes titulados “La Habana”, con fotos de los dos en ambientes familiares: relajándose en un yate o asando una cabra. En otro álbum, llamado “Fidel – Birán”, se documenta la visita que Castro y García Márquez hicieron en 1996 a la pequeña localidad en la que nacieron el expresidente cubano en 1926 y el actual mandatario, Raúl Castro, cinco años después.

Por su amistad con Fidel Castro, a Gabriel García Márquez le vetaron la entrada a Estados Unidos durante años. Ahora, con la apertura del archivo personal del nobel colombiano, precisamente en Texas, quedaron al descubierto sus momentos más íntimos con el revolucionario cubano.

“De Fidel hay muchísimo”, explicó a Efe Daniela Lozano, una de las archiveras del Centro Harry Ransom de la Universidad de Texas en Austin, que durante el último año ha catalogado los manuscritos, cartas, fotografías y demás objetos del archivo que esta institución adquirió a la familia de García Márquez.

El líder cubano aparece con frecuencia en los cuatro álbumes titulados “La Habana”, con fotos de los dos en ambientes familiares: relajándose en un yate o asando una cabra.

En otro álbum, llamado “Fidel – Birán”, se documenta la visita que Castro y García Márquez hicieron en 1996 a la pequeña localidad en la que nacieron el expresidente cubano en 1926 y el actual mandatario, Raúl Castro, cinco años después.

Castro también aparece en el álbum titulado “Amigos”, junto a otras fotografías de García Márquez con Woody Allen, Carmen Balcells, Luis Buñuel, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Graham Greene, Milan Kundera o Pablo Neruda; y en el álbum “Gabo con presidentes”, departiendo con Bill Clinton o Mijail Gorbachov.

“La figura de García Márquez como amigo de Fidel es algo sobre lo que se ha escrito mucho, pero no se ha profundizado”, afirmó a Efe Gabriela Polit, profesora del Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Texas, al afirmar que los archivos “hay que verlos con calma” y que “pueden dar lindas sorpresas”.

García Márquez formó parte del grupo de periodistas que fundó la agencia de noticias cubana Prensa Latina poco después del triunfo de la revolución, en 1959.

Empezó en Bogotá, y en 1961 abrió las oficinas de la agencia en Nueva York, momento en el que el FBI, dirigido por Edgar Hoover, empezó a seguir todos los pasos del escritor colombiano por su afiliación a la Cuba de Fidel Castro.

El propio Hoover firmó la orden el 8 de febrero de 1961 de que “en caso (de) que (García Márquez) entre a Estados Unidos por cualquier motivo, el FBI debe ser avisado de inmediato”, según una investigación reciente publicada por The Washington Post.

Años más tarde, ya instalado en Ciudad de México, Estados Unidos le negó el visado de entrada al país por su cercanía con Castro. Un veto que levantó Bill Clinton, reconocido admirador del nobel colombiano, después de ser elegido presidente.

“García Márquez escribió una novela -‘Cien años de soledad’- que terminó siendo la novela favorita de Bill Clinton, que hizo que todas las exclusiones que él sufrió para entrar en Estados Unidos se eliminasen para poder invitarlo a la Casa Blanca y hacerse amigo suyo”, relató a Efe César Salgado, profesor puertorriqueño de la Universidad de Texas.

El archivo personal de García Márquez no solo contiene un rico material gráfico con el líder revolucionario, sino también libretas con anotaciones inéditas sobre sus viajes a Cuba, además de un discurso y tres artículos mecanografiados por el propio Castro.

“Él tenía la facilidad de hablarle al oído a los poderosos. Por alguna razón desarrolló esa habilidad particularmente con Fidel”, dijo Salgado, al constatar que el escritor intercedió para ayudar a disidentes a salir de la isla o con la fundación de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de Los Baños.

El propio Castro, en 2008, calificó una visita de García Márquez y su esposa, Mercedes Barcha, como las “horas más agradables” desde que enfermó en 2006 y tuvo que delegar todos sus cargos.

En entrevistas y artículos, Gabo alabó siempre la “inteligencia política” de su amigo, su “instinto” y su “curiosidad infinita”, al tiempo que lo acompañó a discursos, fiestas y eventos.

Los momentos más íntimos de esa relación, que traspasó la camaradería y se convirtió en una amistad a prueba de fuego, quedaron desde esta semana al descubierto con la apertura de su archivo personal en Texas.

lunes, 7 de septiembre de 2015

FBI espió a García Márquez durante 24 años por su apoyo a la revolucion cubana

Lunes, 7 septiembre, 2015, 10:00



El escritor colombiano y premio Nobel de literatura (1982), Gabriel García Márquez, fue espiado durante 24 años por el FBI, reveló este sábado el diario estadounidense The Washington Post.

Según indicó la publicación, el espionaje inició en 1961, por orden del entonces director del organismo estadounidense, Edgar Hoover.

Para esa época “Gabo”, contaba con 33 años de edad y acababa de llegar a Nueva York y tenía entre sus fines trabajar para la agencia Prensa Latina. Algo que según el FBI podía traducirse como “ayudar a establecer un servicio de noticias del Gobierno cubano”.

La agencia federal publicó un total de 137 páginas de sus archivos relacionados con García Marquez, sin embargo, aún quedan 133 páginas cuyo contenido se desconoce.

Según el mismo FBI, más de nueve personas fungieron como “informantes confidenciales” que además vigilaban las actividades del Gabo, quien vivía en el país del norte con su esposa Mercedes Barcha y su hijo.

Gabriel García Márquez falleció en abril de 2014. Durante su vida logró consolidarse como el padre del Realismo Mágico y uno de los mayores exponentes de la literatura latinoamericana.

En su trayectoria destacó su amistad con el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro.

El espionaje a artistas y literatos no es una novedad en Estados Unidos. Escritores como James Baldwin (activista por los derechos civiles de los afroamericanos), Langston Hughes, Richard Wright, Amiri Baraka y Claude McKay forman parte de la lista de quienes también han sido víctimas de intromisiones.

Rodrigo García, hijo del Nobel y actualmente cineasta, señaló que su familia no tenían pistas de que su padre fuera objeto de una investigación por parte del FBI, aunque la noticia no le sorprende. “Considerando el hecho de que este colombiano estaba en Nueva York para abrir una agencia de prensa cubana, hubiera sido inusual que no lo espiaran”, expresó.

Telesur

martes, 11 de agosto de 2015

Cenizas de Gabo reposarán en Cartagena, anuncia Gobernación de Bolívar

Juan Carlos Gossaín informó que llegarán el 12 de diciembre al Claustro La Merced, de esa ciudad.

Por: CULTURA Y ENTRETENIMIENTO | 11:20 a.m. | 11 de agosto de 2015 


Foto: Reuters

El nobel colombiano falleció el 17 de abril del año pasado a sus 87 años.


Las cenizas del nobel de literatura colombiano Gabriel García Márquez reposarán desde el 12 de diciembre en el Claustro La Merced de la Universidad de Cartagena, anunció la Gobernación de Bolívar.

"Es un honor que la familia García Barcha haya confiado en la sugerencia del #BolívarGanador, teniendo esa deferencia con la ciudad que inspiró gran parte de su obra", informa Juan Carlos Gossaín, gobernador de ese departamento, en el perfil oficial de Facebook de esa entidad.

Desde el día del fallecimiento del autor de 'Cien años de soledad', el 17 de abril de 2014, la familia prefirió guardar silencio del destino que tendrían las cenizas del autor, quien murió en su residencia de la capital mexicana.

Cartagena fue siempre una de las ciudades del mundo que García Márquez llevaba en su corazón, en donde tenía una residencia de descanso y en la que solía verse con sus amigos más cercanos, pues era visitado también por grandes personalidades como el expresidente estadounidense Bill Clinton, pero además fue el lugar en donde fijó la sede de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano.

Para su biógrafo, Conrado Zuluaga, esta ciudad era donde tenía su casa, sus amigos y el que las cenizas de Gabo (Aracataca, 1927- México DF, 2014) regresen a Cartagena es una buena noticia. "Resulta una cierta paradoja que ahora quedará al lado de sus personajes”, anotó.

“Cartagena es un punto claro de inflexión en la obra de García Márquez no solamente porque allí se inicia su carrera periodística con las columnas que empieza a publicar en El Universal, sino porque después va a ser el escenario de varias de sus novelas, como ‘El amor en los tiempos del cólera’, ‘Del amor y otros demonios’. Y siempre hay una especie de remanente en el fondo de su obra que tiene algo que ver siempre con Cartagena”, le comentó Zuluaga a EL TIEMPO.

Por su parte, su amigo, el poeta Juan Gustavo Cobo Borda, destacó que “es siempre justo que las cenizas vuelvan al lugar donde fueran engendradas” y resaltó el “gran valor simbólico” que las cenizas de García Márquez vuelvan a Cartagena de Indias, una ciudad tan presente en su vida y su obra.

“No solo en el periodismo, sino también en las vivencias, en lo existencial de ver amanecer en el puerto de Cartagena, en el mercado, de compartir las calles, de oír a Gustavo Ibarra hablándole de Sófocles, de escuchar a Héctor Rojas Herazo en sus tumultuosos y glandulares poemas, y sobre todo de comenzar a redactar su gran saga del Caribe, su gran saga de los puertos, su gran saga del interior, un poco de esas tierras donde se daban los famosos lazos genealógicos entre todas las gentes y un hijo que desaparecía era inmediatamente sustituido por otro hijo con el mismo nombre”, comentó Cobo Borda a este diario.

El poeta aprovecha para describir todas esas pequeñas influencias de las que bebió nuestro nobel cataquero en La Heroica, que sin duda fueron dibujando el marco del realismo mágico, que lo llevó a ocupar un lugar destacado en la historia de la literatura universal.

“Yo creo que cuando Gabriel García Márquez respiró los aires del Caribe y se vio enmarcado entre castillos y fuertes y plazas, y también de inverosímiles narradores populares y músicos que llegaban y alegraban con sus cantos y sus acordeones, él sintió que estaba en el corazón de su mundo y ese es el que palpitó con él, durante muchos días, muchas redacciones, con apenas algún ventilador de aspas, y muchas discusiones interminables en las lecturas, en los debates, y en la alegría de compartir adolescencia, irreverencia y, en alguna forma, la búsqueda incansable de la belleza mediante la palabra escrita, pensada y vivificada con la sangre de quien hoy es y será un lugar de peregrinaje, un ícono y una suerte de iglesia laica para ir a rendirle homenaje”, agrega Cobo Borda.

El próximo 10 diciembre, dos días antes de que las cenizas del autor de ‘El otoño del patriarca’ regresen a su país natal, se cumplirán 33 años de la inolvidable ceremonia en Estocolmo, cuando, en medio de tonadas de acordeones, de mariposas amarillas y rodeado de sus amigos más queridos, Gabo recibió el Premio Nobel de Literatura.

domingo, 29 de marzo de 2015

Cuento corto de García Márquez

Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.

Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar.

El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado.

Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle con el objetivo de distraer su atención.

De repente se encontró con una revista, en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba.

Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo: " como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie".

Entonces calculó que al pequeño le llevaría 10 días componer el mapa, pero no fue así. 

Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente.

"Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo".

Al principio el padre no creyó en el niño! 

Pensó que sería imposible que, a su edad hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño.

Para su sorpresa, el mapa estaba completo.

Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares.

¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?

De esta manera, el padre preguntó con asombro a su hijo: 

Hijito, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lo lograste? 

Papá, respondió el niño; yo no sabía como era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre.

Así que di vuelta los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía como era.

"Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta a la hoja y vi que había arreglado al mundo".

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ 


MORALEJA

PARA ARREGLAR EL MUNDO
HAY QUE EMPEZAR POR ARREGLAR AL HOMBRE!!!!!!!!!!

miércoles, 17 de septiembre de 2014

“Cuba no requiere verticalidad, ni machismo entre los machos”: Senel Paz

Por Rosa Miriam Elizalde

Gabriel García Márquez dijo alguna vez que Senel Paz era el mejor guionista de diálogos en español. Senel se lo toma como un piropo del Nobel, pero no se posible soslayar que su cuento El lobo, el bosque y el hombre nuevo (Premio Juan Rulfo, 1990) es un clásico de la Literatura cubana y un referente literario universal, con decenas de traducciones y versiones para al cine –la célebre Fresa y chocolate-, el teatro, la pintura y hasta el musical. Ahora mismo, tiene un éxito arrollador en Buenos Aires una adaptación para las tablas, mientras él escribe en La Habana un guión para una nueva película y sigue la saga de los personajes de sus cuentos y novelas, siempre en la adolescencia o la primera juventud, siempre bregando contra el hombre unidimensional y la intolerancia.

- Eres el gran rompedor de barreras literarias de tu generación. Lo dice uno de los críticos más importantes de Cuba, Francisco López Sacha.

-Sacha es sin duda un gran crítico literario, pero con los amigos se entusiasma demasiado, por eso todos aspiramos a que despida nuestro duelo cuando llegue el día. Yo escribo por inspiración y necesidad, no me preocupa por el lugar que me toque en el panorama literario, que ni importa ni es posible determinar por uno mismo.

- ¿Por qué ese título, El lobo, el bosque y el hombre nuevo, que cuesta recordar?

- Titular no está entre mis habilidades. Pero no me parece un mal título, solo difícil de recordar y malo para vender. La pista está en comenzar por el animal. Fresa y chocolate es bueno para vender, pero me gusta menos como título. Siempre fue provisional, hasta que se me ocurriera uno mejor, lo cual nunca ocurrió.

- Ni en el cuento ni en la película famosos sabemos a qué lugar se fue Diego, el homosexual. ¿Regresó?, ¿regresará?, ¿de dónde?

- Si supieras que no sé. Debe ser España o a México. La semana pasada conocí Buenos Aires y me pareció una ciudad ideal para Diego. En cuanto vuelva a mí, me dirá dónde anduvo. Mucha gente me pide que escriba una segunda parte de la historia.

- ¿Por qué?

- Piensan en algo así como un regreso en el que juzgaría adónde ha ido a parar el país quince o veinte años después de su salida, y eso a mí me suena a comisionado de la ONU en tareas de inspección. Más bien lo siento próximo a contarme con ironía su vida sexual y a hablarme de la soledad y la vejez.

- Según Diego sabemos qué necesita la Revolución cubana. Según Senel, ¿qué es lo que no necesita?

- No necesita la verticalidad, el machismo entre los machos, la retórica, los periódicos tal como los hacemos hoy, el temor a los jóvenes.

- ¿Qué es eso del machismo entre machos?

- Sólo nos quejamos del machismo como la relación abusiva del hombre hacia la mujer, pero existe una relación machista entre los hombres que es muy peligrosa sobre todo cuando se entrevera con la política. Es la permanente confrontación y comparación de las bolas, la idea de que las tuyas tienen que ser más grandes y dominantes que las de los demás.

- Parece un chiste.

- Pero es algo grave, explica por qué Cuba da consejos y hace críticas a terceros pero no las admite, no escucha. También explica la verticalidad, que un funcionario (un político) no haga suyo lo que le propone uno de abajo. Si hablamos de una ley de cine, pongamos por caso, tiene que proponerla el funcionario, no el cineasta. Ya sabemos que en Cuba pueden ser machistas los hombres, las mujeres y los gays.

- ¿Le ha hecho bien o mal el cine a tu literatura?

- Se han hecho bien mutuamente. Para mí son como una pareja de baile: se entrelazan, se complementan, se funden, pero también se separan y cada cual sigue siendo quien es.

- ¿Por qué has escrito más guiones de películas que novelas?

- Tal vez porque los guiones se escriben más rápido, se pagan mejor y son una novela que se vive pero no se escribe. De todos modos, en lo que a mi obra se refiere --es decir, las películas basadas en mis personajes-- creo que terminaré invirtiendo la relación. Cualquier género o lenguaje que me permita crear personajes e historias me viene bien. Me muero por hacerlo en el teatro.

- ¿Te ayudan a entender la realidad o es la única manera de soportarla?

- Todo arte ayuda un poco a entender la realidad y también a soportarla. La realidad es demasiado dura como para que podamos vivir sin fantasías, desde la religión al arte, los bares y el amor.

- Según Stendhal, "he puesto mi felicidad en estar triste". ¿Dónde la has puesto tú?

- Me siento cómodo en la melancolía y el silencio. La melancolía es dulce y creativa y permite escuchar música. Como provengo del campo, también pongo mi felicidad en el silencio, en los grandes espacios abiertos, en las nubes y en los árboles. Soy un gran observador de nubes.

- Dijiste alguna vez que “Cuba es una isla con banda sonora”…

- Porque siempre está sonando música en alguna parte, bien desde un aparato o porque alguien toca o porque la imaginamos. Hablamos cantando, nos movemos bailando, al compás de un ritmo que nuestro oído capta y que está en alguna parte, cuando menos en el recuerdo. El cine nos ha habituado a que las escenas están acompañadas de música o de silencios igualmente elaborados.

- ¿Y cuál es la clave oculta de tu obra?

- Las claves son como las contraseñas, las más importantes uno las olvida, pero ahí están.

- ¿Qué está pasando en la literatura cubana hoy?

- Nos estamos levantando.

- ¿Y en el cine?

- Nos estamos hundiendo.

- ¿Cómo enfrenta la cultura cubana los cambios que se están produciendo en la Isla?

- Con impaciencia, con muchas ganas de participar y con poca participación efectiva. Tiene que ver con aquello de las bolas de que hablamos. A veces parece que lo mejor que hoy puede hacer un artista por la cultura es orar para que nuestros funcionarios tengan buenas ideas… o sobarle las bolas, lo que cada cual prefiera. Pero lo que uno quiere es actuar, participar.

- Entonces, ¿cuáles son los cambios más importantes en los últimos años?

- Los climáticos. La isla se está calentando.

- ¿Qué relación has tenido últimamente con la literatura mexicana?

- Un descubrimiento, un reencuentro y una noticia. El descubrimiento, Juan Antonio Parra; el reencuentro, Francisco Hinojosa; la noticia, lo que dicen los amigos de la última novela de Gonzalo Celorio.

- ¿Dónde te agarró la muerte de Gabriel García Márquez?

- En Ciudad de México. Primero como presagio. Salí a caminar por esas calles del Centro en las que venden libros viejos y veía muchos títulos de Gabo y eso me dejo la certeza, la inquietud, de que su muerte estaba próxima. Y así fue: dos días después llegó la noticia. Estaba en la ciudad que murió.

- ¿Quién era Gabo para Senel Paz?

- Gabo fue para mí inspiración como escritor, como hombre y como maestro. Debo aclarar que yo no alcancé la categoría de amigo de Gabo, solo tuve muchas oportunidades de estar cerca de él, de auxiliarle en trabajos y de disfrutar de su simpatía Si lo hubiera admirado menos, tal vez hubiera podido conquistar su amistad. Fue mi culpa que no sucediera.
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