"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí
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lunes, 3 de agosto de 2020

EL BOLSILLO DEL CORAZÓN

Por Pedro Martínez Pírez

La muerte el pasado viernes del Historiador de la Ciudad de La Habana, Eusebio Leal Spengler, ha tenido un enorme impacto en Cuba y amplia repercusión en el mundo.

Desde los presidentes de España, Nicaragua y Venezuela hasta la directora general de la UNESCO, la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, han llegado condolencias por la pérdida de un destacadísimo intelectual cubano que consagró su vida a salvar el patrimonio de La Habana y de toda Cuba.

En Quito, la capital ecuatoriana, la Fundación Guayasamín perdió con la muerte de Eusebio Leal a la cuarta personalidad cubana nombrada como Miembro de Honor por el Pintor de Iberoamérica, Oswaldo Guayasamín.

En esta nota quiero recordar que el 8 de enero de 1993 y luego de un profundo proceso de restauración de una residencia construída en el siglo XVIII, fue inaugurada en el Centro Histórico de La Habana la Casa Museo Oswaldo Guayasamín, acto al que asistieron el Comandante Fidel Castro, el pintor ecuatoriano y el Historiador de la Ciudad.

En cada visita a Cuba Oswaldo Guayasamín se reunía con el líder histórico de la Revolución, a quien le hizo cuatro retratos, el último de ellos con motivo del setenta cumpleaños de Fidel Castro.

Nunca olvidaré el momento en que, en una casa de protocolo ubicada en el reparto Cubanacán, en La Habana, cuando Guayasamín le preguntó al Comandante su impresión de ese cuarto retrato, conocido como el Fidel de las Manos, el entonces Presidente de Cuba le dijo al pintor que primero que él opinaría sobre la obra de arte el Historiador de la Ciudad. Y con el talento y la pasión que lo caracterizaron siempre, Eusebio Leal habló aquel mediodía de finales de noviembre de 1995, en presencia también de otro gran amigo de Guayasamín, ya también fallecido, Antonio Núñez Jiménez.

El deterioro de su salud le impidió a Eusebio Leal asistir al acto por el Centenario de Guayasamín, el 6 de julio del pasado año, en la sede de la Casa Museo que lleva su nombre en el Centro Histórico de La Habana. Pero envió un hermoso mensaje que quiero ahora recordar.

"Amigos de Oswaldo: Crucé las puertas de esta casa acompañando a Guayasamín", escribió Leal. "Buscábamos entonces un lugar propicio para su idea de tener un Estudio en La Habana. La casa estaba en ruinas, y por extraño que parezca, en el interior de este bello patio, se reparaban viejos automóviles. El Maestro dijo: esta es la casa. Y a partir de ese momento comenzó a andar un proyecto que tendría como principal promotor a Fidel".

Y agrega el mensaje de Eusebio: "Concluída la obra, él acompañó a Oswaldo en el acto inaugural. Algunos de los presentes lo recordarán todavía. Hoy, a cien años de su nacimiento", concluyó Leal, "cumplimos el compromiso con él: la luz de la casa está encendida, incluso en la noche oscura, porque el Maestro siempre estará en Cuba.

Hermoso mensaje de Eusebio Leal, a quien siempre recordamos en Radio Habana Cuba, donde inició en la década de los años ochenta del pasado siglo, el programa ANDAR LA HABANA –después llevado a la televisión cubana--, y quien nos acompañó en varias ocasiones en los actos de presentación de los calendarios de bolsillo de la emisora, ilustrados con obras de Guayasamín. Y fue Eusebio Leal quien acuñó para la siempre la frase de que esos pequeños almanaques se llevan en el bolsillo izquierdo, que es el bolsillo del corazón.

La Habana, 3 de agosto de 2020.

viernes, 31 de julio de 2020

Falleció este viernes Eusebio Leal Splenger

En este artículo: Eusebio Leal, La Habana, Muerte
31 julio 2020 


Eusebio Leal. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

En horas de la mañana de este viernes falleció el compañero Eusebio Leal Spengler, víctima de una penosa enfermedad.

En las próximas horas nuestro pueblo será informado sobre la organización de los funerales.

Eusebio Leal Spengler, nació en La Ciudad de La Habana, el 11 de septiembre de 1942. Fue Doctor en Ciencias Históricas

jueves, 25 de enero de 2018

Eusebio Leal: Este país tiene grandes héroes pero un solo apóstol (VIDEO)

Por: Gabriela Roig Rosell, Juan Ariel Toledo Guerra



El próximo 28 de enero se cumplirá el aniversario 165 del natalicio del Apóstol de la independencia, fecha en la cual será inaugurada oficialmente su única estatua ecuestre en Cuba, réplica de la original enclavada en el Parque Central de Nueva York y obra de la artista estadounidense Anna Hyatt Huntintong.

Por esa razón, la Mesa Redonda de este miércoles De Nueva York a La Habana: el nuevo monumento a Martí, tuvo como invitado al Dr. Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana, para conocer más detalles sobre la estatua que desde el pasado octubre custodia las calles de la ciudad natal del Héroe, en el parque 13 de marzo, Avenida de las Misiones de La Habana Vieja.

Cuenta Eusebio Leal que Anna Hyatt y su esposo Archer Milton Huntintong habían auspiciado una de las colecciones de arte más importante de los Estados Unidos. También habían donado a Cuba en 1956 el conjunto escultórico conocido como El relevo, que se encuentra en las confluencias de Ayestarán y 20 de mayo.

A los 82 años, Anna Hyatt acepta el reto de esculpir esta obra monumental y única. Algunos investigadores sustentan la hipótesis de que Hyatt se inspiró en un cuadro de Esteban Valderrama que reproduce la caída en combate de Martí en Dos Ríos. No obstante, Eusebio destacó que el lienzo en cuestión no existe en la actualidad.

Hace 22 años que Leal Spengler vio por primera vez la estatua en Nueva York, y desde entonces comenzó una intensa labor para replicar la estatua en nuestro país.

Durante ese viaje conoció que en octubre de 1959, la escultura estuvo a punto de inaugurarse en territorio norteño, pero el estado de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos no lo permitió.

Agregó que hasta 1965 y después de varias luchas entre emigrados patriotas residentes en ese país y los que trataban de apoderarse de ella de manera ilícita, se logra colocar en el Parque Central de Nueva York.

Después, Hyatt recibe la medalla de dicha ciudad y a partir de ahí, el empeño de la colocación corre por su parte en aras de situarla en el mejor lugar posible, entre Bolívar y San Martín, el Libertador y el Protector de los pueblos libres.

Desde entonces, Eusebio contempló la posibilidad de traerla a Cuba. Luego, comenzaron las gestiones con amigos e instituciones, como la Biblioteca Pública de Nueva York, hasta indagar en los fondos de la Universidad de Minnesota donde está el expediente con el legado de Hyatt.

Resaltó que tuvo que comprobarse quién sería el heredero de los derechos intelectuales de la obra, pero el matrimonio no tuvo hijos.

Eventualmente aparecieron negativas en el camino pues el gobierno de Estados Unidos tenía que aprobar el procedimiento y no había forma de acceder. Los diferentes alcaldes de Nueva York tampoco colaboraron.

Posteriormente existía el obstáculo económico, “¿cómo podría Cuba financiarlo si no existían relaciones diplomáticas con Estados Unidos?” Por otra parte, la misión de Cuba en la Gran Manzana era una misión sitiada y no podía permitirse una colecta con ese fin, además, “¿con quién y para quién?”

Tampoco estaban las condiciones tecnológicas para poder realizar la reproducción sin tocar la escultura, condición que más tarde impondría la ciudad.

Finalmente las condiciones se hicieron propicias con el restablecimiento de las relaciones entre ambos países y ya podía hacerse un escaneo total de la escultura y hacer una copia absolutamente igual que la original, como si fuera realizado un calco a la cera.

El presidente Raúl Castro autorizó a Eusebio Leal a hablar directamente con el alcalde de la urbe Bill de Blasio que manifestó agrado con la idea. Asimismo se lo planteó al expresidente Barack Obama en su visita a La Habana Vieja y al exsecretario de Estado John Kerry.

Abierto ese camino, hacía falta una parte en Estados Unidos que fuera el rostro en instituciones para hacer la colecta. Holly Block, fallecida recientemente, entonces directora del museo del Bronx, se ofreció para la tarea. Aunque muchas instituciones aportaron sumas para eso, no alcanzó puesto que eran necesarios 2 millones de dólares para hacerlo.

Una dama mexicana, que llevaba en el alma al Maestro donó la suma necesaria para completar lo que se requería. También se apeló entonces a la emigración patriótica cubana, “pensando que Cuba tiene, tuvo y tendrá amigos allí, la estancia de Martí 15 años lo prueba”.

Dos pueblos hermanados históricamente


“En todo el proceso de la estatua fue muy importante la cooperación de instituciones norteamericanas que apoyaron resueltamente. Google por ejemplo realizó un programa especial con una entrevista que se transmitió y fue vista por millones de personas”, resaltó Eusebio.

Igual que en 1959, cuando la emigración patriótica se opuso a los que no querían la existencia del monumento en el Parque Central, hoy la historia se repite entre los que apoyan y los que se oponen a las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

El historiador de la ciudad de La Habana recordó la emoción con que Fidel le dio el título de Henry Reeve al contingente de médicos internacionalistas, en honor al general norteamericano que luchó en las guerras de independencia porque “siempre hay que separar el necesario sentimiento antimperialista de todo cubano y la relación entre los gobiernos de la relación entre ambos pueblos.

En el acto de inauguración estarán presentes muchos norteamericanos y entre ellos algunos descendientes de Carmen Miyares. “Contribuyeron los norteamericanos que podemos llamar amigos, que emularon la generosidad de Anna porque ella no tenía necesidad ninguna de recibir nada a esa altura de su vida, más que el homenaje de un pueblo que conocía solo por referencias y al cuál admiraba”, destacó Eusebio.
Morir por la Patria es vivir

Este monumento refleja al Maestro con gran singularidad en el acto sublime de morir, fiel contraste con el Martí orador y pensador, que se acostumbra a plasmar en las diferentes manifestaciones artísticas.

Pero como demuestran sus pensamientos, reflejados en la Fragua Martiana y en la Plaza de la Revolución, el Apóstol creía en la utilidad de morir por una causa, de modo que la estatua acertadamente muestre a Martí con una gran serenidad y una gran confianza en el destino de su pueblo.

Eusebio resaltó que Martí fue el primero en concebir que una Revolución no podía ser conducida sin antes tener una teoría revolucionaria. “Es por eso que crea un Partido político para dirigir una guerra de liberación nacional, con un proceso singularísimo y nuevo, en el cual el dirigente político, aparecía proclamado desde los humildes tabaqueros de Tampa, o los más sencillos trabajadores, hasta los intelectuales, y todos los personajes que creyeron en su liderazgo”.

Gonzalo de Quesada, amigo y albacea de Martí, y quien fuera el consultante principal para ubicar la estatua, señaló la belleza de la obra, que en su inscripción lleva unas palabras claves: “Apóstol de la independencia de Cuba y paladín de la libertad humana”.

Los trabajadores cubanos y particularmente negros a los que impartió clases le comenzaron a llamar apóstol, -el que lleva la palabra o transmite una enseñanza-, “por lo que sería inútil intentar quitarle ese título, como quitarle a Bolívar el del Libertador, o a Juárez el del Benemérito”

“Apóstol no está reñido con la palabra héroe, aunque hay que decir que este país tiene muchos héroes pero un solo apóstol, como dijera Fidel en La historia me absolverá”, comentó Eusebio Leal.

Confluencia de simbolismos


Muchos elementos se combinan en torno al bello monumento, dándole un carácter especial: la contribución patriótica de los emigrados, la cercanía con Gómez y el Camilo de los versos de Bonifacio Byrne, la mirada al mar apuntando hacia el adversario, pero sobre todo, la representación en el Museo de la Revolución de la inmensa obra de los continuadores de la generación de libertadores.

El historiador señaló que gracias a la espera coincidieron el aniversario 165 del natalicio de José Martí y el 150 del grito de independencia en La Demajagua. “La presencia del presidente Raúl Castro en Santa Ifigenia ante Mariana y Céspedes, fue el preludio de este bello homenaje a la historia de la Patria”.

Resalta la cercanía de la Iglesia del Ángel, donde en la misma pila bautismal del Padre Varela, fue bautizado Martí, el poderoso continuador de sus ideas de libertad y emancipación, y quien tuvo la casualidad de nacer el año de su muerte.

Así, luego de la inauguración, el público podrá apreciar el monumento sin cintas de protección. Este momento estará marcado por el izaje de una gran bandera cubana con una estrella que será punto brillante resplandeciente desde cualquier ángulo.

“Cuando uno entre por La Habana va a ver la gran explanada. Para esta ocasión se trabaja en la limpieza del monumento de Gómez, la restauración de todo el pavimento de la rotonda, el cenotafio de los estudiantes de Medicina asesinados en 1871 y las lápidas del Castillo de la Punta, de manera que todo este conjunto contribuya a tener una ciudad de la que nos sintamos orgullosos”.

Una ciudad que resplandece y honra su historia


Niños cubanos observan la estatua de Martí en el parque 13 de Marzo en La Habana. Foto: René Pérez Massola/ Trabajadores.

De los 500 años de La Habana, 165 le corresponden a la vida de José Martí. “Esta ciudad con su cementerio con 70 generales del Ejército Libertador, sus calles donde es imposible no encontrar una lápida, un recuerdo o una memoria, es la ciudad de la milicia gloriosa, de los macheteros, de los alfabetizadores”.

“Hay que luchar para que resplandezca. No tenemos lo que necesitamos para la resurrección de la ciudad pero sí debemos hacer todo lo posible para que logre representar ante el mundo lo que ella significa”, afirmó Eusebio Leal.

El historiador también anunció que el 24 de febrero quedarán terminados los grandes salones del Capitolio Nacional, “una obra admirable arquitectónicamente, pero también de profunda historia”, mientras ya ha sido abierta al público la cripta del mambí desconocido.

En septiembre será inaugurada una escuela donde radicaba el Colegio de Mendive, lugar clave para la formación del joven Martí y de una importancia enorme.

Eusebio también se refirió a otra obra realizada por un gran escultor norteamericano: el monumento a Calixto García. “El mar sentenció a varios edificios y le hizo un daño enorme. Específicamente a esta obra le afectó muy fuerte su base.”

La escultura, fiel alegato a la soberanía, al contar con los documentos cincelados sobre el granito de lo que significó la ocupación norteamericana y la prohibición de la entrada de los mambises a Santiago de Cuba, se ubicará en la segunda rotonda de 5ta avenida tal como fue proyectada y diseñada.
Leal a las letras y a Cuba

En la culminación del programa televisivo se abordó especialmente el tema de la 27º Feria Internacional del Libro de La Habana, que en esta ocasión está dedicada al Dr. Eusebio Leal Spengler por su gran contribución a las letras cubanas a pesar de su acostumbrada modestia.

“Le agradezco al Ministerio de Cultura y al Instituto Cubano del Libro con profundo sentimiento porque fui gratamente sorprendido con esta noticia. Se publicarán algunas obras que modestamente escribí. No soy un escritor, lo que he dicho en conferencias, discursos, clases, es un análisis de Cuba y su historia”, expresó Eusebio.

A este gran hombre, el libro que más le ha aportado es El diario perdido de Carlos Manuel de Céspedes. “A partir de entonces me he convertido en un cespediano” Y no podía ser menos para este excelente patriota que si volviera a nacer volvería a elegir ser simplemente cubano.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Discurso de Eusebio Leal en el cementerio Santa Ifigenia


El culto a la historia, a las mujeres y hombres ilustres, es oficio y deber del Estado, y el nuestro como ciudadanos de un país libre (Texto del discurso)




Foto: MIGUEL RUBIERA JUSTIZ/ACN

La Habana, 11 oct (ACN) Discurso de Eusebio Leal Spengler, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en el acto político y ceremonia militar de inhumación de los restos de Carlos Manuel de Céspedes y Mariana Grajales, en el cementerio Santa Ifigenia, Santiago de Cuba, el 10 de octubre de 2017, “Año 59 de la Revolución”. (Versiones Taquigráficas – Consejo de Estado)

General Presidente,
Santiagueros,
Orientales,
Cubanos todos:

Asistimos a un acto, por su naturaleza, trascendental; un acontecimiento de los que suelen ocurrir o podemos presenciar una vez en nuestras vidas. Quizás hemos tenido el extraño privilegio de asistir en dos oportunidades a ceremonias de grandes significaciones para Cuba, para nuestra América y también para el mundo.

Hoy, 10 de octubre, cuando apenas se desdibujaban en el cielo las nubes de la noche y se levantaba el sol por el oriente, teniendo como retablo de este camposanto de recordación las montañas de la Sierra, evocamos el día y la hora en que el Padre de la Patria dio inicio al magno movimiento, a la única y sola Revolución que ha existido en nuestra tierra, la que él comenzó y la que hoy continuamos.

Para poder comprender la magnitud del acto tendríamos que explicar antes que el cementerio ha sufrido una hermosa y bella remodelación, y lo que entonces surgió de la voluntad pública, los distintos mausoleos y panteones de los mártires y héroes de la patria, ellos y ellas, han sido hoy colocados en lugar preferente, marcando, como si fuera el dedo de la historia, un discurso comprensible para todos, al mismo tiempo que sentamos las bases para la enseñanza de la historia y del sentimiento patriótico y nacional. Y es que el culto a la historia y el culto a las mujeres y a los hombres ilustres es el oficio y el deber del Estado, y es el nuestro como ciudadanos de un país libre.

Céspedes nació en San Salvador de Bayamo el 18 de abril de 1819, en el seno de una familia opulenta. Su raíz estaba allá en una pequeña y noble localidad cerca de Sevilla: Carrión de los Céspedes. De ahí una gran parte de ellos partieron a Cuba, primero a Puerto Príncipe, el Camagüey, y luego se asentaron en Bayamo. Fue parte de esa pirámide que, formando el poder real de la tierra, desarrolló aquella latitud de Cuba y la llegó a convertir en el centro de un episodio tan importante como el que hoy recordamos, el Oriente de Cuba.

Cursó sus estudios en el seno de los monasterios que existían entonces e impartían clases, de Santo Domingo y San Francisco, en Bayamo, y más tarde en La Habana, en el Real Colegio Seminario, también abierto entonces a la formación de hombres para el siglo, y en la Real Universidad. Su vocación fue estudiar leyes, el contacto con la tierra, el ejercicio continuo de su físico.

Pequeño de estatura, fuerte e inquieto de carácter, lo cual le llevó rápidamente a tener avidez por el conocimiento, la cultura universal, las lenguas antiguas y modernas, el conocimiento de los clásicos de la literatura, de la filosofía y del pensamiento. Con esta preparación partió a Europa y se formó en la Universidad de Barcelona, donde recibió su licenciatura en Derecho, y posteriormente haría un recorrido que lo llevó hasta Constantinopla, recorriendo una parte de aquella Europa que tanto impresionó a su talento y a su ingenio inquieto, sobre todo, porque había ocurrido la gran revolución de 1848.

Ya esta última, con otras características de aquella otra a la cual Simón Bolívar consideraba el acontecimiento más grande de todos los tiempos, la gran Revolución Francesa, que partió la historia en dos: antes y después. Su eco en la América y en el Oriente fue la revolución haitiana. El pueblo haitiano realizó una epopeya notable, y esa gran revolución haitiana se expresó sobre Cuba y particularmente sobre Santiago; sirvió de acicate a la inquietud de una miríada de esclavos en toda la isla, e iluminó los primeros movimientos encabezados por aquellos, y muchos fueron los que sufrieron el martirio y la persecución por seguir las ideas de liberación que Haití había proyectado sobre el mundo americano: la primera república en esta latitud del mundo.

De regreso a su tierra, lógicamente, con tan amplia experiencia, se sintió inconforme con el estado de las cosas, participó de las ideas más avanzadas de lo que se llamaba entonces el pensamiento liberal, y de esta manera, en la medida en que ese pensamiento iba siendo radicalizado, iban tomándose contra él sucesivas represalias. Enviado a Baracoa, enviado a Manzanillo en destierro interior, retenido en Santiago a bordo de las ruinas del navío del Rey soberano que había combatido en Trafalgar y era ahora una cárcel política, y finalmente, en la conspiración que, vertebrándose ya en el centro y en el oriente de Cuba, les llevó a la ciudad de Las Tunas, a un pequeño sitio, a una finca discreta llamada San Miguel del Rompe, donde se reunieron en la convención, llamada en lenguaje masónico la Convención de Tirsán. En ella apareció su liderazgo nítidamente. Mientras que otros propugnaban por esperar una nueva zafra, reunidos allí hacendados cuyo desarrollo en las ideas políticas y revolucionarias los llevaba como clase al borde del precipicio, él proclama la necesidad de levantarse. Y también había llegado a una conclusión: no debíamos esperar más esfuerzo que el nuestro. ¡Las armas las tienen ellos!, exclamaría en otra ocasión.
De esa manera, apurados los acontecimientos, ante la inminencia del descubrimiento de la conspiración, o quizás anticipándose voluntariamente por el significado de la fecha, decidió, en la madrugada del 10 de Octubre, reunir allí a los que en Demajagua, su ingenio cerca de Manzanillo, a la vista del golfo de Guacanayabo y ante el impresionable retablo de la Sierra, le escucharon pronunciar su histórico llamado al pueblo cubano, a la nación y al mundo, ofreciendo con la libertad de Cuba una mano generosa a todos los pueblos y hombres de la Tierra, al mismo tiempo que proclamaba, en un país donde faltarían tantos años para la abolición de la esclavitud, la libertad de los suyos propios, desentendiéndose del pasado, haciendo un rompimiento con sus posesiones territoriales, con su posición privilegiada, con su condición de amo y señor, para transformarse en libertador.

El 10 de octubre fue el comienzo, y unas horas después en Yara, lanzado el guante al rostro del adversario, la causa tomó el nombre de aquel sitio y se le llamó entonces Grito de Yara.

El 20 de octubre estaban sobre Bayamo. Capitulada la ciudad que fue su cuna, se establece allí la primera capital de la revolución y el primer ayuntamiento libre, en el cual participan, a piel de igualdad, cubanos, españoles honorables y también negros libres. De esa manera va a hacerse la composición social que él quiere, lo que él tan inmensamente desea.

Bayamo no fue sostenible. Poco después, y apresurando como en una filmación la historia, deben abandonarla ante el avance de las columnas militares españolas. La decisión de dar fuego a la ciudad comienza con sus bienes propios y con los de los otros que se dispusieron a hacerlo.

El fuego de Bayamo, percibido en el horizonte por el Conde de Valmaseda, da a él el recuerdo de la voluntad numantina del pueblo cubano: ¡Libres sí, esclavos no; independientes sí, sujetos no!

Había nacido, con aquella desobediencia política, un movimiento revolucionario, y al incendio sucedió el éxodo. Había nacido el Ejército Libertador.

El ejército había probado sus armas y, al pie de las gradas de la iglesia de Bayamo, Pedro Figueredo, su compañero de infancia, general también de la revolución, dio letra al himno que poco antes había compuesto, absolutamente permeado por la letra y los acordes del más subversivo que recorría entonces la tierra: La Marsellesa.

De esa manera avanzó la revolución hasta llegar a la consolidación de la idea con el levantamiento del Camagüey y de Las Villas. Y con representación de estos tres territorios se reúnen en la ciudad de Guáimaro, donde la Asamblea Constituyente lo elige primer Presidente de la República de Cuba en Armas.

Todos cedieron, es la verdad, pero él cedió más: era del criterio de que la revolución debía ser sostenida con una mano firme y que era más importante una victoria que un discurso político, que era más importante avanzar y triunfar que cientos de miles de hombres en Oriente, si no éramos capaces de avanzar hacia los confines de Cuba.

Sabía perfectamente que a partir de ese momento quedaba sujeto administrativamente a la Cámara de Representantes y que ella podía sancionar sus propias determinaciones.

De esta manera, el hombre del 10 de Octubre, tal y como lo considera José Martí en su brillante análisis de las personalidades de Céspedes y Agramonte, enfrentará serenamente su destino, un destino que llevó a aquel gobierno peregrino a andar por los montes, mientras que el ejército combatía en los distintos puntos de los frentes abiertos por un adversario temible, un adversario que defendería como un tigre a su último cachorro.

Todo siguió así, hasta que el 27 de octubre las contradicciones estallaron, era el año 1873. Antes, el 11 de mayo, una noticia le había sorprendido y le había descorazonado. Con la muerte de Ignacio Agramonte en Jimaguayú, se derrumbaba el Sucre de esta historia, el que podía continuarlo con un avanzado pensamiento civil, moral y alta competencia militar. La muerte de Agramonte descabeza la continuidad, y de esa forma se prepara Céspedes para su propio destino.

El 27 de octubre de 1873 es depuesto en un lugar llamado Bijagual, un sitio que hoy está cubierto por las aguas de una presa realizada por la Revolución Cubana, una presa que lleva su nombre, como si las aguas de aquel inmenso lago pudiesen borrar el agravio que significó para Cuba no la pérdida de un presidente, sino el descabezamiento de un líder; la caja de Pandora se había abierto, la desunión finalmente los perdería.

Peregrino detrás de la Cámara, viviendo ya en absoluta pobreza, despojado de todo bien material, algunos que le ven en aquellos días finales de su vida lo consideran un anciano.

El “viejo Presidente” sube con sus ropas raídas el camino del monte y llega finalmente a San Lorenzo, no lejos de aquí, al final, entre aquellas montañas (Señala), está el sitio. Una traición llevó hasta aquel lugar a los que le perseguían y buscaban en él la prenda preciosa, pues jamás habría podido ser entregado vivo. “Seis balas tiene mi revólver, cinco para ellos y una para mí”.

Allí, el 27 de febrero de 1874, a media mañana, se sintió la presencia del enemigo en los montes. Poco pudo hacer el prefecto, ni tampoco los que se encontraban en el sitio, ni su hijo que había salido a realizar gestiones próximas. Pronto, cerca de la charca donde solía bañarse todas las mañanas, su caballo Telémaco, herido de muerte, cayó sobre aquel sitio. Poco después descargas y el sonido estentóreo de un arma pequeña que disparaba una y otra vez, haciéndose distantes los disparos hasta escucharse el último. Le faltaban 51 días para cumplir 55 años.

Por la independencia de Cuba murieron más de 20 miembros de su familia. El primero, su amado hijo Oscar, sacrificado por su negativa de entregarlo a cambio de la deposición de sus ideas, y por último el golpe mortal, poco antes ya de su muerte, cuando se conoce de la aprehensión de los expedicionarios del Virginius, traídos a Santiago, recluidos en el Castillo del Morro, fusilados en las paredes del matadero de esta ciudad, y entre ellos su hermano, el general Pedro Céspedes, exgobernador de Oriente, y su sobrino, hijo de Manuel de Quesada, hermano de Ana, su esposa querida.

El 25 de marzo aquí, en un día tormentoso del año 1879, cuando apenas se escuchaban los ecos de la Protesta de Baraguá, algunos patriotas, incluyendo dos exesclavos suyos y alguien que había marcado el sitio de la fosa común, abrieron el lugar y encontraron los restos inconfundibles. Uno de ellos exclamó, al ver el cráneo levantado: “¡Es él!” Llevado a un nicho anónimo, fue conservado hasta el día en que Cuba podía rendirle el tributo, y el tributo fue ofrecido por don Emilio Bacardí Moreau y por su esposa doña Elvira Cape, que tanto hicieron por Santiago de Cuba, al convocar una cuestación pública para levantar el monumento que hoy, exaltado, ha sido colocado en este sitio. Esto ocurrió en el año 1910.

Como Vidas paralelas de Plutarco, fue la historia de la gran mujer cuyos restos han sido conducidos hoy también a su digno sepulcro: Mariana Grajales Coello, nacida en julio de 1815, en el seno de una familia de libres, hija de ascendientes dominicanos, viene al mundo en Santiago de Cuba. Su educación: la que le era permitida a las muchachas de su raza y de su condición social en aquella etapa. Joven contrae matrimonio con Fructuoso Regüeiferos y pronta fue su viudez; con sus hijos de esa unión y con los de Marcos Maceo posteriormente, traerá 14 al mundo. De esos 14 hijos una murió poco después y otro murió un poco más tarde.

De esa manera, cuando se produce el alzamiento en Majaguabo, en San Luis, el 12 de octubre de 1868, en la finca de nueve caballerías que tenía allí Marcos Maceo y su familia, Mariana se va a convertir en la protagonista principal de esta escena. Habiendo criado a sus hijos en el rigor de sus costumbres, en la fiereza de sus tradiciones y el dominio que tenía de la educación y del que debía imponerse a un grupo numeroso de jóvenes varones, toma la trascendental decisión de convocarlos a todos aquel día, después de que un destacamento patriótico tocó a sus puertas pidiendo comida, armas y, desde luego, hombres. A ese llamamiento saldrían tres de sus hijos, entre ellos el primogénito de su matrimonio con Marcos: José Antonio de la Caridad Maceo y Grajales. Se dice que allí -y así está en el hermoso monumento en La Habana a Antonio Maceo, en el altorrelieve que lo preside-, tomó de la pared de la sala un crucifijo y dijo a todos: “De rodillas todos, padres e hijos, delante de Cristo, que fue el primer hombre liberal que vino al mundo, juremos libertar la patria o morir por ella”. Todos salieron a la lucha. El primero en caer en ella fue su esposo Marcos, y cuentan, si no fue de las heridas inmediatamente, otros afirman que en un hospital sus últimas palabras fueron: “He cumplido con Mariana”.

De sus hijos, en esa gran contienda de 10 años, cuatro mueren en la lucha, además de su esposo, ya citado, y cuando vuelve la demanda, más allá de la Protesta, en lo que es llamada Guerra Chiquita, tres de ellos están altamente comprometidos, esperando la llegada de Antonio, entre ellos el joven Rafael y también, desde luego, José Marcelino. Son apresados finalmente y, en altamar, incumpliendo lo pactado, trasladados prisioneros y llevados a las cárceles militares en el sur de España y finalmente al presidio de Chafarinas, donde muere Rafael, general de brigada del Ejército Libertador. Ese fallecimiento le fue ocultado a ella para no agregar a sus tantos sufrimientos uno más.

Después de la Protesta y de su salida de Cuba, vivirá en Kingston, Jamaica, y su casa se convirtió, como en Costa Rica la de Antonio y sus compañeros, en un centro de peregrinación de los cubanos. Allí la visita José Martí, por vez primera en 1892. Confiesa que la vio dos veces y que se impresionó por el carácter, la bondad, el brillo refulgente de los ojos y cómo al contársele cosas de Cuba se levantaba del sillón y vagaba por el hogar recordando los días de gloria, quizás rodeada de la memoria de todo lo que en esa lucha había perdido y por el deseo fervoroso de que se volviera una vez más a luchar y a combatir.

En esa visita de Kingston, Martí hace una hermosa semblanza de ella, semblanza que va a repetir luego de que se conozca su fallecimiento el 27 de noviembre de 1893. Cuando deposita simbólicamente una corona a nombre de Patria, el periódico unitario que él había fundado para su partido, para dirigir la revolución militar y política de Cuba, coloca en la cinta de la corona esta palabra: “Madre.” Y ese concepto y esa expresión de Madre es abarcadora. Ella tenía 78 años, era el Alma Mater, el alma de la madre; era la Mater Patria, la Madre de la Patria.

En 1923 se promoverá el regreso de sus restos a Cuba. Ya entonces quedaba en el pasado la última y gloriosa hazaña. Ella no vivió para ver la muerte de José ni tampoco la muerte de Antonio, caído en el apogeo de su gloria a los 51 años en el occidente de Cuba, a las puertas de La Habana, marcando en esa simbólica balanza, entre el sepulcro de José Martí, – nacido en el corazón de La Habana, hijo de español y española -, y allá en La Habana el sepulcro de Antonio Maceo, jamás encontrado, en el Cacahual, lugar de peregrinación de la gloria militar y combativa, junto a los del hijo de Máximo Gómez, Francisco Gómez Toro, su ayudante, sacrificado por no abandonar el cuerpo de su jefe y padrino.

De esta manera, cuando volvieron a la patria los hijos de Mariana, solo volvieron cuatro, tres varones y una hembra. Esa hembra, Dominga, será la que vaya en el buque de la república, Baire, a buscar sus restos en 1923, y son depositados entonces en este cementerio de Santa Ifigenia, velados antes en el Ayuntamiento de Santiago, en medio de una gran solemnidad y de una multitud nunca antes vista.

Esta historia nos lleva directamente a la última piedra extraída de este sitio en que testigos graníticos evocan un cataclismo de la naturaleza. Una piedra enorme fue colocada, en aquel suceso inimaginable, sobre lo alto de una prominente elevación y otras muchas quedaron en el campo. De ellas una fue escogida y fue colocada en ese sitio, y en su interior usted, General Presidente, depositó un día los restos de su amado hermano, líder y conductor de la Revolución Cubana, Fidel. En esa urna y en esa piedra de granito está la voluntad de este pueblo de continuar esta historia.

Él dijo y afirmó categóricamente en su alegato, dicho cerca de aquí, en el hospital convertido en sala de tribunal, que José Martí era el autor intelectual del asalto. Por eso allí, tras de él, en impresionante retablo, están los compañeros que se atrevieron a abrir la enorme brecha en aquel muro de una sociedad, al parecer, impenetrable. Fue su talento, su voluntad de renunciar, como Céspedes, a todos los bienes temporales. No nació precisamente de una condición de pobre, necesitado y rencoroso de una sociedad más altiva, no; nació en finca prominente, tuvo estudios distinguidos, tuvo a su vez todos los atributos del talento, la oratoria, la figura y, sin embargo, todo esto lo subordinó al ideal de continuar el camino de los padres de la Patria.
Esa piedra es la continuación de la única revolución en la que hemos vivido, la revolución iniciada por Céspedes el 10 de octubre de 1868 y que continuamos hoy, bajo su dirección (Señala a Raúl). Tres veces ha llevado usted la urna: la primera vez conteniendo las cenizas de su amada esposa Vilma, en el Segundo Frente, heroína de la Revolución, autora intelectual de la unidad de la mujer cubana.

Usted, Teresita, al depositar hoy los de Mariana, lleva en sus manos no solamente los restos de esa heroína, sino también el espíritu de Vilma que fue su mentora.

Ya en 1965, en la escalinata de la Universidad, ante especulaciones sobre las razones de los próceres, Fidel afirma categóricamente, en frases definitorias: “Nosotros entonces habríamos sido como ellos. Ellos hoy habrían sido como nosotros”. Esa conjunción dialéctica la explicará luego en tres lecciones históricas magistrales: la primera, el 10 de octubre de 1968 en Demajagua, en ese lugar conmemora el primer centenario de la lucha por la independencia. La segunda, el 11 de mayo en Jimaguayú, en 1973, en que define la forma del análisis histórico y da continuación perfecta a lo que es la perla más preciosa de su última y grande aspiración, la que tuvo Céspedes, la que tuvo Martí: la de la unidad nacional en torno a la idea. Y, finalmente, el gran discurso del 15 de marzo de 1978, bajo los Mangos de Baraguá, donde jura continuar la obra de aquel Titán que a los 33 años sorprendió a su adversario por su juventud, por su apolínea figura y por su voluntad de servicio.

El próximo año se cumplirá el 150 aniversario del 10 de Octubre; el próximo año es de gran celebración para Cuba. El llamamiento de la Academia de la Historia, del Instituto de Historia, de la Unión de Historiadores de Cuba, de los maestros cubanos, es solemne en este día: conmemorar dignamente cada acontecimiento, desempolvar cada documento, dar brillo al mármol de las tumbas y de los mausoleos que, como en Santa Ifigenia, heroína del panteón griego y cristiano, aparezca al fondo un bosque de banderas cubanas sobre la tumba de cada mártir, de cada heroína, de cada héroe, que florezcan y crezcan las palmas bellas de Cuba.

En este día tan hermoso agradecemos a todos los que han cumplido y los que han trabajado abnegadamente día y noche para que esta inolvidable mañana sea posible.

Y ahora detengámonos un momento en la tumba del iniciador y veamos allí la escultura hermosa de Cuba que en su bella figura levanta un laurel para extenderlo al pie de su retrato: Padre, un día te trajeron a Santiago con ropas raídas, ensangrentado y desecho; eras joven, pero habías envejecido en el dolor, en el sufrimiento, en la ingratitud, pero jamás te abandonó la esperanza. Tú rechazaste una vez, con palabras gentiles, a las mujeres cubanas la ofrenda de la espada que hoy se ha colocado al lado de tu urna, pero dijiste a ellas que no querías legar a tus hijos ningún bien material, sino tus ideas, tu voluntad y que ella, la espada, sería una posesión futura de la nación libre. Esto se ha cumplido.

Cuando te trajeron desecho, tus zapatos estaban cosidos con alambre. Nada podía identificar lo que latía en aquel cuerpo con los ojos grandes y abiertos como los del Che.

Muchas gracias (Aplausos).

domingo, 30 de abril de 2017

Visita directora general de la UNESCO centro histórico habanero


La directora general de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), Irina Bokova, realizó este sábado una visita al centro histórico de la capital cubana, acompañada por el Doctor Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana.


Eusebio Leal le entrega a Irina Bokova la medalla conmemorativa Casa Marqués de Arco.Fotos: René Pérez Massola

Durante el recorrido, previsto en el programa oficial de su estancia en la Isla para participar de las celebraciones por el Día Internacional del Jazz, la titular de la organización recibió la medalla conmemorativa Casa Marqués de Arcos, en el museo polifuncional de igual nombre, ubicado en la Plaza de la Catedral.

Leal refirió que esa insignia es la segunda de su tipo otorgada de las 25 en proyección y explicó que ellas se acuñan cuando se concluye una obra de restauración importante.

De acuerdo con el historiador, se trata de “una pieza creada a través de la colecta para fundir plata antigua con bronces viejos y demostrar que la restauración es una contribución de todos”.

La política búlgara, la primera mujer de Europa oriental en asumir su cargo, expresó que es un honor para la UNESCO recibir ese reconocimiento y agradeció el recorrido, el cual catalogó como un regalo.

Bokova visitó, además, otros sitios relevantes como la Plaza de Armas, el Palacio del Segundo Cabo, las obras de conservación de la muralla marítima, la Universidad San Gerónimo de La Habana y el Museo de la Orfebrería.

Por su significado para el país natal de la funcionaria, Eusebio le mostró con especial interés una piedra perteneciente a la muralla de la antigua capital de Bulgaria, colocada en 1981 en el Palacio de los Capitanes Generales, “como símbolo de que el patrimonio mundial debe alcanzar a todas las latitudes”.

Antes de despedirse, la diplomática felicitó la labor de la Oficina del Historiador y como muestra de respeto, le entregó a Leal un presente a nombre de su organización.

La estancia de Bokova en la Mayor de las Antillas, desde este viernes, coincide con el aniversario 70 del ingreso de Cuba a la UNESCO. Su agenda también incluye un encuentro con el ministro cubano de cultura, Abel Prieto, así como la asistencia al Concierto Global por el Día Internacional del Jazz mañana domingo en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.



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jueves, 12 de enero de 2017

Entregan Premio Nacional de Ciencias Sociales a Eusebio Leal Spengler



Entrevista a Eusebio Leal realizada por el periodista Randy Alonso para la Mesa Redonda. Foto: Roberto Garaycoa

El Premio Nacional de Ciencias Sociales de este año ha sido concedido al Dr. Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana.

Un jurado presidido por Ana Andrea Cairo Ballester e integrado además por, Aisnara Perera Díaz, Juan Jesús Guanche Pérez, María Isabel Domínguez García y Lidia Turner Martí, entregaron el reconocimiento a Eusebio Leal por «su entendimiento de las Ciencias Sociales y las Humanidades con un carácter integral, en el que se articulan los impactos sociales, culturales y económicos y su aporte a la transformación humana y a la consolidación de la identidad nacional».

El tribunal igualmente tuvo en consideración el minucioso trabajo del Historiador «en la conservación y revitalización social de La Habana como ciudad, junto a su multiplicación al resto de las ciudades del país», así como su «labor pedagógica, no solo a través de una amplia docencia, sino también por su difusión a través de la radio y la televisión y el intercambio personal».

Eusebio Leal (La Habana, 1942) ha dedicado la mayor parte de su vida a salvaguardar los valores patrimoniales de La Habana, a recuperar los baluartes arquitectónicos de la ciudad y a realizar un trabajo de notable impacto a favor de la permanencia y solidez de la identidad nacional en sus expresiones más raigales, una obra que ha calado hondo en los habitantes de diversas regiones de la capital cubana como el conocido Centro Histórico.

Su amplia labor intelectual se recoge asimismo en varios libros publicados, en conferencias en diversos países y universidades del mundo y especialmente en la revitalización tanto arquitectónica como cultural de numerosos sitios de alto valor de la capital cubana y de otras provincias de la Isla.
Lea entrevista realizada recientemente en la Mesa Redonda al Dr. Eusebio Leal Spengler

miércoles, 14 de septiembre de 2016

El historiador cubano Eusebio Leal recibe título Honoris Causa


La UH otorgó el reconocimiento al autor del proyecto de restauración y desarrollo de Habana Vieja. 

CULTURA Redacción IPS Cuba 14 septiembre, 2016

El historiador de La Ciudad de La Habana, Eusebio Leal, recibe el título de Doctor Honoris Causa, de manos del Rector de la Universidad de La Habana, Gustavo Cobreiro Suarez, en una ceremonia realizada en el Aula Magna de la casa de altos estudios. Foto: Jorge Luis Baños_IPS 

La Habana, 14 sep.- La Universidad de La Habana (UH) entregó la víspera el título de Doctor Honoris Causa en Humanidades al Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal Spengler, considerado el principal el artífice del programa integral de restauración del Centro Histórico capitalino.

En una ceremonia en el Aula Magna de la casa de altos estudios, el rector Gustavo Cobreiro leyó la resolución que otorga la condición académica.

El texto reconoció la amplia labor historiográfica de Leal y su mérito como guía y ejecutor del proyecto de restauración y conservación que llevó al Centro Histórico de La Habana a ser declarado Patrimonio de la Humanidad, el 14 de diciembre de 1982, por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

El historiador y escritor Eduardo Torres Cuevas consideró que la producción historiográfica de Leal resulta obligada para el análisis inteligente y profundo de los más variados componentes de la nación, historia, ciencia, cultura y cubanidad.

Por su parte, Eusebio recordó a su madre, su predecesor Emilio Roig de Leuchsenring (1889-1964) y antepasados que lucharon por la independencia de Cuba. Dijo palabras de agradecimiento a los profesores que moldearon su carácter y la voluntad que le hizo llegar hasta aquí, y a su amplia red de colaboradores.

Para salvar a Cuba, el laureado recomendó “levantar la frente y aceptar que llevamos en ella la estrella solitaria que en su día imaginaron sobre el triángulo equilátero de la bandera los padres fundadores, aunque recorriendo a veces necesarios extravíos, pagaran un precio de sangre por su acierto o sus equivocaciones, para luego coincidir, en definitiva, en el acto magnifico de fundar una nación”.

Perfil

El intelectual, político, ensayista e investigador fue designado desde 1967 director del Museo de la Ciudad de La Habana. Tuvo a su cargo la restauración del Palacio de los Capitanes Generales, antigua Casa de Gobierno y hoy sede del Museo.

A partir de 1981 asumió la conducción de las inversiones de las obras de restauración del Centro Histórico de La Habana y su Sistema de Fortificaciones.

De formación autodidacta, Leal comenzó a trabajar a los 16 años en el gobierno municipal donde alcanzó el nivel de sexto grado.

Con posterioridad, como otros jóvenes interesados por la Historia, fue acogido por Roig de Leuchsenring y orientado por él en su vocación.

Sin haber obtenido oficialmente más nivel escolar, pero tras un intenso estudio individual, venció los exámenes de suficiencia académica en la Facultad de Filosofía e Historia de la UH, que le permitieron cursar la Licenciatura en Historia de 1974 a 1979.

Admirado por muchos, criticado por otros, Leal es considerado por algunos de sus seguidores como un ejemplo de perseverancia y modestia, de directivo que gusta de tocar las obras y tareas con sus propias manos.

Alejado del trabajo durante varios meses por serios problemas de salud que lo llevaron hasta el quirófano, el historiador hoy desanda de nuevo las calles de Habana Vieja, escudriñando edificios, saludando a los transeúntes y asistiendo a celebraciones como el homenaje realizado en agosto pasado por el 90 cumpleaños del expresidente Fidel Castro.

“Es una persona que conoce mucho La Habana y ha ayudado a darle una mejor cara a una parte de la ciudad muy deteriorada”, expresó al conocer la noticia Indira Simón, licenciada en Educación Preescolar.

Para Alejandro Santana, de 25 años, además de ser uno de los mejores oradores cubanos, Leal se ha tomado muy a pecho las mejoras para mostrarle al mundo la mejor imagen de La Habana y convertirla en una zona icónica, pese al mal estado en que se encuentran todavía muchas edificaciones.

Valoró que lo fundamental del programa de restauración “es que no se ha dedicado solo a las construcciones y servicios para el turismo, sino que ha trabajado para beneficiar también a los pobladores desfavorecidos y de la tercera edad”.

“Para mí, él va a ser difícil de sustituir”, comentó.

Proyecto único

Leal creó alrededor de la Oficina del Historiador de la Ciudad (OHC) un sistema de instituciones que tributan a la obra restauradora, incluidas una escuela para la formación de jóvenes en oficios necesarios en la restauración y que prácticamente habían desaparecido.

“Gracias a él y lo que ha conseguido hacer por Habana Vieja, esta ha llegado a ser declarada Patrimonio de la Humanidad, algo que contribuyó a que la capital cubana fuera escogida como Ciudad Maravilla (condición obtenida por votación por Internet convocada por la fundación New Seven Wonders)”, declaró la adolescente Indiomi Peng.

A través del longevo programa televisivo Andar La Habana, Leal ha acercado a cubanas y cubanos de todas las edades a las riquezas arquitectónicas y patrimoniales de la ciudad, la historia de espacio e inmuebles, las tradiciones y las intimidades de las labores de restauración.

Con la aprobación en 1992 de un decreto ley extraordinario, se le confirieron poderes extraordinarios para la creación de empresas que le permitieran a la OHC obtener ingresos necesarios para la restauración.

Surgieron así, por ejemplo, la compañía Habaguanex y la agencia de viajes San Cristóbal, cuyo crecimiento paulatino posibilitó dar valor de uso turístico a numerosas edificaciones venidas a menos para explotarlas con fines turísticos y seguir generando ingresos para el rescate de inmuebles y obras de impacto social.

Reportes de medios alternativos indican que esas entidades dejaron de subordinarse a Leal y la OCH pasará al sistema de empresas operadas por las fuerzas armadas. (2016)

martes, 30 de agosto de 2016

Eusebio Leal: un patriota cubano

Por: Thays Roque Arce
Fotos: Alexis Rodríguez


Como si le hubieran esperando toda la vida para oírle hablar, este jueves se reunieron en el Salón de Mayo del Pabellón Cuba una multitud de personas para escuchar la voz y las palabras de Eusebio Leal Spengler.

El Historiador de la Ciudad de La Habana fue el último entrevistado del espacio “Encuentro con…” en la temporada de verano. Su interlocutora, la periodista Magda Resik, visiblemente emocionada por su invitado y la reacción de los presentes, expresó:

“Mientras más veo cuánto se quiere a Eusebio Leal, más orgullosa me siento de los años de trabajo que he vivido a su lado y que viviré”.

La charla comenzó por la ausencia momentánea de Leal en los últimos meses, y que ha generado preocupación en algunos. “¿Cuándo las dolencias del cuerpo lo tensionaron, qué bellezas del espíritu a su alrededor lo hicieron recuperar la fuerza?”, preguntó Resik.

El Historiador explicó que prefirió la incomunicación ante los rumores para evitar, precisamente, las especulaciones: “En medio de ellas surgieron momentos inefables de afecto, de personas muy queridas”. Regresar fue necesario entonces, “sobre todo cuando uno tiene responsabilidades y está acostumbrado a llevarlas al detalle: la lámpara que quedó encendida a las doce del día, el árbol que agoniza, la piedra que no se puso, todo eso es para mí una motivación diaria”.

“Ahora lo importante es volver a las esencias de los problemas de los que me he preocupado durante años. Y comenzar, como si comenzará de nuevo, que es lo más importante. Siempre comenzar de nuevo, cada día”, sentenció Leal.


Sobre la primera vez que se enamoró de La Habana, el Historiador de la Ciudad recordó los años en que la visitó siendo un niño, y aquellos en los que le tocó trabajar transitando sus calles a partir de agosto de 1959.

Cuenta que, de pequeño, entrar en esa parte de la ciudad, era como descubrir un mundo mágico, “en el cual influía la lancha de Regla que era próxima, los vendedores de frituras, los puestos… Me llamaron mucho la atención las proporciones desmesuradas. Cuando volví mayor, más consciente, esas proporciones me fascinaron. La Habana Vieja era la dimensión”.

Durante ese primer trabajo itinerante como inspector del Ayuntamiento de La Habana, un joven Leal conoció desde las casas de alta alcurnia, los palacios, hasta los barrios más distantes y pequeños, y todo eso le permitió descubrir las bellezas de La Habana toda: “por eso rechazo mucho la idea de estar encerrado en La Habana Vieja como si esa fuera mi única preocupación”.

“Un hombre que tanto ha querido a La Habana, ¿cómo la sueña para nosotros, cómo debiéramos ser para que La Habana sea?”, indagó Resik. “Es un sueño mío, pero compartido con todos los que la quieren, la quisieron y la querrán. Se habla todo el tiempo del velo de decadencia que cubre la ciudad, pero cuando este se rompe deja ver la maravilla, sea en lo que hemos defendido rabiosamente como la línea del Malecón, o en la Casa de las Tejas Verdes”, expresó el Historiador.



“No tenemos idea del valor del suelo. Vivimos en una isla que es pequeña. Siempre esperamos a orillas del mar lo que ha de venir, pero también el espacio que ocupamos es fundamental. Por eso luchamos tanto por defender las cosas, de ahí que es tan importante detener la expropiación sistemática de las personas, sin que por eso me proponga coartar la libertad de los cubanos. Mucho se ha luchado para alcanzar esos espacios”, afirmó.

El Historiador citó el esfuerzo de crear la Plaza Vieja, “un ideal de ciudad”. Hoy el espacio acoge en los anteriores hogares de los vecinos, sólo negocios y emprendimientos particulares. Ante esto, Leal reconoció que está bien que las personas, ante una necesidad, tomen decisiones, pero de no detenerse esa práctica, ante el dinero brutal que la respalda, “lo perderíamos todo”.

En su siguiente pregunta, Magda se refirió a la responsabilidad ciudadana, un llamado constante del Historiador ante el maltrato de monumentos y espacios públicos. Desde la televisión y la radio se ha escuchado su voz hacia el compromiso con el entorno urbano, la arquitectura y el patrimonio cubano.




El también director de la Red de Oficinas del Historiador y Conservador de la Ciudad, reconoció que esa conciencia estaba antes representada en la figura pública, luego en las escuelas, y finalmente ha llegado a esa institución fundamental que es la familia. Pero lo que realmente necesitamos es “conocernos a nosotros mismos, saber quiénes somos”, y para saber hay que indagar no sólo en el pasado de la familia sino también del país.

“Saber quiénes somos y de donde venimos es un ejercicio de conocimiento”; solo así podremos sentir que “tenemos raíces en el suelo, y a partir de ese reconocimiento de nosotros mismos, es posible pensar en el patrimonio común”.

El Dr. Leal llamó a que no se puede vivir pensando que el pasado fue mejor. Tal como existe el límite de aquello que le pertenece a otros, también existe el límite de los que nos pertenece a todos: un parque, un jardín, una estatua o un monumento.

En sus palabras recordó el constante debate de la apropiación libre y desmedida de los símbolos nacionales, como es el caso de la bandera. “No estoy de acuerdo con eso”, enfatizó. “No estoy de acuerdo con que la bandera cubana sea un delantal”. Dicho esto, el público presente arrancó en aplausos y ovaciones. El Historiador hacía un llamado a una práctica que hemos tendido a imitar de países industrializados: la mercantilización de nuestros símbolos patrios: “Como voy a pensar que es la misma bandera que reverencian los niños en las escuelas, que cubre el féretro de un intelectual o un soldado, que el deportista levanta cuando alcanza para su patria y su familia un gran logro. No podemos imitar lo que está mal hecho (…) Por esa vulgarización comienza un deterioro de los valores”.

“Cuando hablamos del patrimonio, sea material o intangible, mientras se es más conservador se es más vanguardista. Es en lo único. Hay que tratar de preservar”, afirmó Leal Spengler.


No faltaron las preguntas esenciales, los poemas y las anécdotas, las risas que desbordan algunos de sus comentarios jocosos. Eusebio Leal es un hombre excepcionalmente corriente, amante de la historia y de sus grandes hombres y mujeres, alumno de Emilio Roig de Leuchsenring y como él, develador de misterios, como cuando encontró el diario perdido del Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes, y descubrió en sus páginas al verdadero héroe, al ser humano.

“En usted representamos mucho de lo que un patriota cubano debería ser”, confesó Magda Resik. “¿Pero qué es ser patriota?”. El Historiador, con su sencillez habitual, respondió: “Es una carga muy pesada arriba de cada uno, porque la cubanía es un sentimiento que puede sentirse en cualquier ángulo de la tierra donde uno enfoca el lar patrio, el lugar donde nació. Una cosa es nuestro país, una tierra, una isla. Lo segundo es el concepto Patria, un poema por el cual tanto se luchó; y lo tercero, una nación, el estado de derecho, los símbolos nacionales, la vida en común, respetándole a cada cual su espacio pero unidos por una convención, un sentimiento de ser una nación”.

“Debemos admitir esa cubanía en sus luces y en sus sombras, en sus defectos y virtudes. El concepto de Patria no admite naufragio ni olvido. Es como la relación del ser humano con la madre, que lo excede todo. El vínculo misterioso que también tenemos con nuestra Patria. Por eso es muy importante la memoria. Cuando se siente amor hacia las piedras mohosas del Valle de Viñales, el Cauto precioso, la filiación hacia lo que es indudablemente nuestro, entonces la Patria es una realidad”, finalizó.


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