"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí
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domingo, 27 de mayo de 2018

El reconocido psicólogo cubano Manuel Calviño comparte su receta de la felicidad (VIDEO)

Publicado: 26 may 2018 15:06 GMT

"Por qué esperar al psicólogo si con ciertos conocimientos pueden abordarse muchas situaciones de la vida", asegura Manuel Calviño, uno de los psicólogos cubanos más conocidos. Su programa televisivo 'Vale la pena' ya muchos años ayuda a miles de personas. ¿Por qué la credibilidad es la base de todo? ¿Cómo es la mentalidad cubana? ¿Por qué más humano es tratar de preservar lo que tienes, aunque no te satisfaga, que salir en búsqueda de lo que no tienes? Véalo en Entrevista, de RT.


En esta edición del programa 'Entrevista', Manuel Calviño, —uno de los psicólogos cubanos más conocidos y presentador del programa televisivo 'Vale la pena'— entre otras cosas comparte su 'receta' de la felicidad.

Afirma que "hay que querer mucho lo que se hace" para poder querer "lo que no se hace". El psicólogo remarca que también se necesita "querer mucho lo que se tiene".

En otro de sus consejos sostiene: "Mira a la vida como la vida es". Anota que la vida contiene muchos sucesos "que tú puedes cambiar, pero que no puedes cambiar a tu antojo". Continúa que uno no debe resignarse ante ese hecho, sino entrar en la corriente porque "solo estando en la corriente tú puedes moverte en una u otra dirección".

Indica que en la vida hay que "dejarse querer", abarcar lo positivo de la vida en vez de pensar y enfocarse en cosas negativas. Al final de su entrevista, Manuel Calviño argumenta que "quien tiene la experiencia de la felicidad inmediatamente sabe cómo salir y buscarla".

miércoles, 14 de diciembre de 2016

¿El dinero o el amor? Un estudio mundial descubre la fuente de la felicidad


Un estudio compara en qué modo afectan a la sociedad y cómo mejoran su calidad de vida la solución de problemas de salud, afectivos, económicos y laborales.


Imagen ilustrativapixabay.com

Un estudio realizado por la universidad London School of Economics (LSE) de Londres (Reino Unido) entre 20.000 encuestados de todo el mundo concluye que lo más importante para ser feliz son las relaciones sociales y la salud física y mental, por encima de los factores económicos, siendo la salud mental el mayor indicador de la felicidad individual, informa NDTV.

En el estudio, en el que se empleó un medidor de porcentaje de felicidad y miseria de cada persona, se comprobó que tener pareja aumentaba en un 0,6% el nivel de felicidad, mientras que una separación o la muerte de la pareja tenía el mismo impacto a la inversa.

Asimismo, la depresión o los desórdenes de ansiedad reducen la felicidad en un 0,7%.

Acabar con estos problemas de salud mental ayuda a reducir el nivel de infelicidad en un 20%, en comparación con el 5% que tan solo se obtiene al acabar con la pobreza.

"El Estado siempre se ha ocupado de los problemas de pobreza, desempleo, educación y de salud, pero también son igual de importantes los problemas de violencia doméstica, alcoholismo, depresión, aislamiento juvenil, ansiedad y otros muchos", señala el coautor del estudio, Richard Layard.

"La felicidad se ve muy influenciada por los valores de una sociedad. Por ejemplo, la felicidad es mayor en sociedades donde la gente confía en los demás, al igual que la libertad", que son dos barómetros que se pueden emplear para ver cuán feliz es la gente, según Layard. "Nadie que aspire a la felicidad puede querer un Estado totalitario", apunta.

viernes, 1 de mayo de 2015

Los 10 países más felices del mundo

Por Katia Hetter

No solo son las actividades divertidas las que hacen a los lugareños y a los turistas felices, según el tercer Informe Mundial de la Felicidad, publicado por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas el 23 de abril.

Las personas que viven en los países más felices tienen una mayor esperanza de vida y más apoyo social, experimentan más generosidad, tienen más libertad para tomar decisiones en la vida, perciben menos corrupción y tienen un mayor producto interno bruto per cápita, según demuestra el informe.

El diminuto país de Bután –un país muy feliz y famoso por medir la "felicidad nacional bruta" de su gente– se lleva el crédito por enfocar la atención del mundo sobre la felicidad: su primer ministro le propuso a las Naciones Unidas la idea del Día Mundial de la Felicidad en el 2011.

Cuando en el 2012, las Naciones Unidas declararon el 20 de marzo como el Día Internacional de la Felicidad, reconocieron la relevancia de la "felicidad y el bienestar como metas universales y aspiraciones en las vidas de los seres humanos alrededor del mundo". Esta fecha feliz oficialmente designada celebró su cuarto año el mes pasado.

A través del informe de la felicidad, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible espera motivar a los gobiernos en todos los niveles a medir y mejorar la felicidad de su gente.

"No existe una única clave para la felicidad", dijo Jeffrey Sachs, director de la red y profesor de economía de la Universidad de Columbia. "A todos estos países les va bien en diferentes áreas. ¿Será su riqueza? Eso es bueno, pero eso solo es una pequeña parte de la historia. Confiar en la sociedad, tener un gobierno que tenga bajos índices de corrupción, una sociedad donde la gente es generosa y está dispuesta a colaborar... todos estos son aspectos importantes para alcanzar la felicidad".

Incluso si no vives en uno de los 10 países más felices del mundo, una visita a estos lugares felices te dará una idea de lo que los lugareños disfrutan todos los días.

Estos son los 10 lugares más felices de la Tierra que encabezan la lista, según el Informe Mundial de la Felicidad.

1.- Suiza

Suiza le arrebató el primer lugar a Dinamarca en el 2015, pasando del tercer lugar al primero en la lista de países más felices del mundo de este año.

Berna, la capital de Suiza, tiene las calles empedradas y su arquitectura medieval hace evidente por qué la antigua ciudad fue designada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Desde su fundación, en el siglo XII, la ciudad se ha extendido de forma usualmente limpia y ordenada. Además, el precioso río Aare ofrece natación y navegación dentro de la ciudad.

¿Buscas salir de la capital? Reserva un viaje a Lucerna, donde puedes tomar un paseo en barco por el lago, subir en el teleférico panorámico, disfrutar de las vistas sobre el nuevo teleférico aéreo Dragon Ride y viajar en el ferrocarril de cremallera más empinado del mundo. Reserva el "Golden Round Trip" y disfruta de los cuatro recorridos —y vistas impresionantes de los Alpes— en un mismo día. (El ferrocarril abre nuevamente a mediados de mayo).

No importa a donde vayas, sin duda podrás probar una gran cantidad de delicioso chocolate.

2.- Islandia

La naturaleza y la cultura se combinan para hacer de Islandia un lugar verdaderamente feliz, tan placentero que el pequeño país saltó del noveno lugar al segundo este año.

Explora el Sur de Islandia, donde se recuerdan muchos de los antiguos cuentos —llamadas sagas— que documentan la historia del siglo X y XI de Islandia. A dos horas en auto desde la ciudad capital de Reykjavik, Islandia del Sur es el hogar del glaciar Vatnajökull, de la cascada Skógafoss de 60 metros (197 pies) y de increíbles mariscos frescos (aunque probablemente podrías obviar el tiburón fermentado...) No importa qué lugar visites, es probable que encuentres una piscina geotérmica o balneario de aguas termales para que sumerjas tus huesos cansados después de un largo día de exploración. Cuando regreses a la capital, toma en cuenta que el reconocido Festival Anual de Arte de Reikiavik se llevará a cabo del 17 de mayo al 7 de junio.

3.- Dinamarca

No importa que Dinamarca haya perdido el primer lugar este año y que ahora sea el tercer país más feliz del mundo.

Al ver todas las cosas por las que los daneses tienen que estar felices, no notarás la ligera caída mientras disfrutas del jazz en el Festival de Jazz de Copenhague en julio, cuando pasas el tiempo con los hipsters en el puente de Queen Louise, cuando haces un recorrido por los canales o cuando juegas vóleibol de playa frente al Royal Danish Playhouse.

¿Prefieres escuchar tu música en el bosque? Dirígete al Smuk Fest ("El hermoso festival"), un festival de rock/pop que se lleva cabo en los bosques de Skanderborg en agosto.

A cualquier lugar que vayas, disfruta de la tradición danesa de "hygge", a veces también es simplemente traducida como la necesidad de "intimidad". En realidad es un sentido complejo de intimidad, comunidad y satisfacción que por lo general sucede con amigos y familiares; eso lo convierte en un país feliz.

4.- Noruega

El sol nunca se pone en algunas partes de Noruega durante los meses de verano, y la zona de Cabo Norte es uno de los mejores lugares para jugar cuando el sol brilla las 24 horas. A los visitantes les encanta el golf, caminar e incluso correr un maratón durante los meses en que prevalece el sol de medianoche.

Si te dejas llevar por tus papilas gustativas para viajar, dirígete a la capital noruega de Oslo, un paraíso gastronómico donde la guía de alimentos Michelin ha otorgado cinco estrellas entre cuatro restaurantes: Ylajali, Statholdergaarden y Fauna (una estrella cada uno) y Maeemo (dos estrellas).

5.- Canadá

Canadá combina el estilo europeo, la sensibilidad y la historia con las vastas maravillas naturales de América del Norte.

Dentro de la provincia francófona de Quebec, un recorrido por la ciudad histórica del Viejo Quebec es un placer para cualquier francófilo. Fundada a principios del siglo XVII, es la única ciudad de América del Norte ubicada al norte de México, en la que aún existen fortificaciones. El distrito histórico fue designado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

A pocos minutos del centro de la ciudad de Quebec se encuentra la Isla de Orleans, una pequeña isla donde la labranza y la agricultura siguen siendo una forma de vida. Si lo que buscas es lanaturaleza, a menos de una hora de la ciudad de Quebec, podrías ir de excursión a lo largo delParque nacional de Jacques-Cartier, lugar en el que se encuentra el glaciar Vallée de la Jacques-Cartier.

6.- Finlandia

Ver a la extraña foca anillada del Saimaa es un feliz acontecimiento, ya que esta se adaptó al agua dulce luego de que la Era de Hielo provocara que el lago que es su hogar, quedara aislado del mar. Solo existen unos 300 ejemplares y los puedes encontrar en el lago Saimaa, al este de Finlandia.

Pero es posible que tengas más suerte para ver al cisne cantor blanco, el ave nacional de Finlandia, cuya llegada anuncia el inicio de la primavera.

Para una experiencia más urbana, visita la Plaza del Mercado de Helsinki y Museo de Arte Contemporáneo Kiasma. Aún puedes ver animales en la ciudad capital: a mediados de mayo, luego del largo invierno, a las vacas las llevarán a pastar a los campos en Viikki, un vecindario de Helsinki. Los lugareños siempre se reúnen para celebrar este muuy importante evento.

7.- Países Bajos (Holanda)

Aunque nada se iguala a los tulipanes de Holanda y son más impresionantes en Keukenhof (conocido como el Jardín de Europa), hay muchos lugares hermosos en todo el país para caminar, andar en bicicleta y darle la bienvenida a la primavera, así como a su característica flor.

Para una celebración más majestuosa, toma en cuenta que el reino celebra su bicentenario este año con muchas festividades.

8.- Suecia

En un país que es muy aficionado a las celebraciones, a los suecos les gusta celebrar más que nada el Midsommar (solsticio de verano), el día más largo del año. Es un día de fiesta nacional que se caracteriza por la comida tradicional y bailes alrededor de un palo de mayo.

¿No puedes llegar a las fiestas del Midsommar? Aún hay mucho por hacer. A tan solo 20 minutos de la ciudad capital de Estocolmo, el archipiélago de Estocolmo cuenta con unas 30.000 islas y ofrece incontables oportunidades para divertirte. Natación, senderismo, ciclismo, pesca, paseos a caballo... todo está a tu alcance si reservas un viaje en bote (algunos viajes en bote incluyen alimentos y recorridos por muchas de las islas).

9.- Nueva Zelanda

Siendo nuevo en la lista de los 10 países más felices, Nueva Zelanda tiene muchas razones para celebrar. Aunque siempre ha sido un lugar atractivo para explorar, el hecho de que Peter Jackson escogiera el país para rodar la trilogía de las películas El Señor de los Anillos le ha dado a Nueva Zelanda más popularidad de la que el dinero puede comprar.

La ciudad capital de Wellington se ha beneficiado del crecimiento de la industria cinematográfica y, como resultado, ha desarrollado una animada y creativa escena gastronómica.

Además, muchas de las maravillas naturales del país han atraído la atención internacional, entre ellas el Monte Ngauruhoe, con una altura de 2.291 metros (7.516 pies), el cual sirvió para representar el ficticio Monte del Destino. Este forma parte del Parque Nacional de Tongariro, denominado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

10.- Australia

La Gran Barrera de Coral, la colección de arrecifes de coral más grande del mundo, es un fenómeno natural que no te debes perder. Los australianos han denunciado ferozmente las amenazas causadas por el hombre en contra de su existencia (y nadie está contento con eso).

Una vez que hayas tenido la oportunidad de explorar ese reino submarino mágico, dirígete al estado de Tasmania, una isla a 240 kilómetros (149 millas) de la costa continental. La naturaleza salvaje de Tasmania, designada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, cuenta con uno de los últimos bosques lluviosos templados que quedan en el mundo.

Para ver el desierto de cerca, haz una caminata para recorrer la asombrosa Ruta Overland de 65 kilómetros (40 millas) de largo. Los excursionistas tardan unos seis días en recorrerla (quienes tienen que reservar con anticipación), pero quienes viajan durante el día pueden hacer recorridos cortos, partiendo del Centro de visitantes de Cradle Mountain y del lago Dove.

CNN Español

sábado, 22 de marzo de 2014

Economistas revelan cuánto hay que ganar para ser completamente feliz

Economistas revelan el "punto de la felicidad" de los ingresos de las personas, confirmando el concepto de que a partir de un cierto nivel, el dinero deja de hacer felices a las personas.

A pesar de numerosos estudios sobre la relación entre el ingreso o PIB y la satisfacción con la vida, los profesores Eugenio Proto (Reino Unido) y Aldo Rustichini (EE.UU.) decidieron minimizar los efectos de los factores no económicos en los resultados de dichos estudios y —rechazando los modelos de análisis de sus predecesores— desarrollaron su propio método para determinar el "punto de felicidad". 

Los investigadores dividieron en 50 grupos todos los países en términos de PIB per cápita: desde los más pobres hasta los más ricos. 

Además, a fin de evitar errores estadísticos, los economistas utilizaron únicamente los datos de la encuesta mundial de valores (World Values Survey, en inglés), ya que muchos cuestionarios sociológicos, diferencia en la percepción cultural y lingüística varían bastante de país a país. 

Tras analizar la información obtenida, los economistas llegaron a la conclusión de que el llamado "punto de felicidad" se alcanza con unos ingresos de unos 33.000 de dólares al año. Si uno llega este nivel de ingresos, sus exigencias de recursos monetarios ya crecen drásticamente, pero aumentar también los ingresos a ese grado se vuelve mucho más difícil. 

Сomo consecuencia, las expectativas no cumplidas privan a los individuos de la alegría del crecimiento de sus ingresos, concluyeron los investigadores. 

Así, la investigación reciente una vez más ha demostrado la paradoja de Easterlin, declarada en 1974 por este economista estadounidense, que llegó a la conclusión de que a partir de cierto nivel de ingresos el dinero adicional ya no trae la felicidad.



lunes, 17 de febrero de 2014

La Felicidad Nacional Bruta, principal principio político del reino de Bután

Es el octavo país del mundo en el ránking de bienestar subjetivo, no tiene paro y la sanidad y la educación son gratuitas

En el reino de Bután, situado en el tramo oriental de la cordillera del Himalaya, entre India y Tibet, el principal principio político es el de la Felicidad Nacional Bruta, un criterio que ha situado a este país en el octavo lugar en el ranking mundial de bienestar subjetivo. Es el primer país del mundo que implementa en un 100% la agricultura ecológica y en el que desde 2004 está prohibida la venta de tabaco. Su Carta Magna ordena que el 60% del territorio nacional sea dedicado a bosques, si bien llega al 72% la superficie forestal del territorio. Aunque su renta per cápita es muy baja, no hay paro y tanto la sanidad como la educación son gratuitas. Es un país que ha sabido compaginar la modernidad con la preservación de su cultura. Por Vicente Goyanes Villaescusa (*)

Su Santidad Padtul Rimpoché con Vicente Goyanoes y su esposa. Foto: Goyanes/T21

Retirado de mi actividad profesional destino mi tiempo libre al hermoso arte de escribir novelas en las que intento converjan misticismo, ciencia y filosofía. Hará unos 6 años, iniciada ya la redacción de un texto ambientado en el budismo tántrico de Bután, decidí visitar este pequeño Reino para conocer de primera mano sus tradiciones religiosas, monasterios y las costumbres y creencias de ese pueblo himalayo.

Comenzaré con lo sucedido durante el vuelo en el pequeño avión de la aerolínea butanesa Drukair, la única compañía autorizada por el gobierno para transportar pasaje y bienes desde y hacia Bután.

En los asientos inmediatamente posteriores a los nuestros dos monjes budistas hablan y ríen. Uno de ellos, el superior, grueso y bonachón, insiste y acaba por entablar conversación con mi mujer.

Enseguida el más joven nos informa que su maestro, Su Santidad Padtul Rimpoché, es la quinta encarnación de una línea de abades del monasterio Kurjey Lhakhang, -se construyó en el lugar donde el Gurú Padmasambhava dejó la impronta de su cuerpo en la piedra por el año 746-. Inmediatamente, el Rimpoché, entre sonrisas, nos invita a visitar su cenobio y permanecer durante el tiempo que deseemos.

Aún no me he recuperado de mi asombro por esta conversación tan surrealista cuando, ya en tierra, el Rimpoché insiste en fotografiarse con nosotros para asombro de todos los butaneses presentes.

Tras las despedidas y tan pronto nos deja, se nos acerca un fotógrafo de National Geographic que ha llegado en nuestro mismo vuelo y nos pregunta muy sorprendido que cómo tenemos semejante trato familiar con Su Santidad.

-Es el tercer Rimpoché más importante de Bután. Parecería que ya os conociese de muy antiguo- nos comenta con una sonrisa pícara - ¿Quizá de una encarnación anterior?

-¿Cómo dice? ¡Qué idea tan extraña…! Respondo cada vez más atónito

-No lo crea. ¿Por qué no se lo pregunta directamente?

Me doy la vuelta buscándolo, pero su Santidad ya está desapareciendo por la puerta de los VIPs rodeado de varios funcionarios y multitud de devotos.


Turismo limitado y controlado

Finalizados los trámites de aduana, nos espera el señor Dorji, responsable de la agencia de viajes que gestionó en su día nuestros permisos de entrada al país. Conviene decir aquí que este pequeño reino himalayo sólo permite la entrada a un número limitado de turistas cuyo viaje organizado previamente con un agente local seguirá un itinerario flexible pero pactado previamente y con un desembolso diario igual o superior a 150 euros por persona y día (lo que incluye el costo de los guías, vehículos, comidas y alojamiento).

-Pretendemos conservar nuestras tradiciones y cultura- se justifica Dorji el agente- por eso restringimos mucho el turismo, incluso hay varias regiones del país donde el acceso a los extranjeros está prácticamente vetado. Además, así financiamos necesidades sociales básicas. Y al llegar al aparcamiento del aeropuerto, una agradable sorpresa: para todos los desplazamientos dispondremos de un todo-terreno completamente nuevo de gama alta, un guía y un chofer.

Llegados al Hostal oficial, situado en las afueras de la Capital, vemos colgado en un lugar de honor la foto de un joven fastuosamente vestido.

-Es nuestro Soberano Jigme Khesar Namgyel Wangchuk. Su padre abdicó por voluntad propia en Diciembre del 2006, pero Su Majestad actual no tomó posesión hasta el 6 de Noviembre del 2008 a las 08.31h. El instante más auspicioso según los cálculos astrológicos.

-¿Interesante, pero están ustedes en un régimen absolutista?

-En absoluto. Celebramos elecciones democráticas en 2008. Desde entonces somos una Monarquía parlamentaria como la de ustedes, con un partido gobernante, el Partido Democrático del Pueblo de Bután- me dicen con orgullo

-Y si me permiten- interviene el hospedero- a finales del añoi 2003 el propio Rey, al frente de su guardia y apoyado por efectivos hindúes expulsó de nuestro territorio a grupos separatistas. Eran maoístas que campaban a sus anchas por la frontera sur. Desde entonces todos lo tenemos por un héroe. ¿Sabe?

-Bután ocupa un lugar geoestratégico muy delicado en la región por su vecindad con China, India, Nepal y el cercano Bangla Desh- apostilla el agente.

Una vez en Thimphu, la capital, situada a 2.300 metros de altitud, con sus 74.000 habitantes (el 10% de todo el Reino) vemos que los transeúntes visten en su gran mayoría la ropa tradicional (Kira y gho). En cuanto a sus edificaciones tanto públicas como privadas están invariablemente construidas en estilo butanés tradicional, el único permitido en el Reino. Y mientras la recorremos en un santiamén comprobamos que no hay semáforos y solo un agente dirigiendo el tráfico.

-El nombre local de Bután es Drug Yul, “la tierra del dragón del trueno”, nos explican mientras callejeamos. Es por la creencia de que los truenos de las muchas tormentas que nos azotan durante los monzones invernales son los rugidos de dragones celestes. Por cierto, conviene que se acuesten temprano. Hay que reservar fuerzas para la jornada de mañana, nos aconseja Dorji.

¡Y vaya si tenía razón! A 3.000 metros de altitud y envuelto en la bruma, el mundialmente famoso monasterio de Taktshang el “Nido del Tigre”, visto desde la base de la montaña, aparece colgado en un reborde rocoso solo accesible por escarpados senderos de montaña.

-Este es el lugar más sagrado de Bután porque, según la leyenda, en el siglo VIII fue allí donde Padmasambhava, el segundo Buda, llegó volando a caballo de una tigresa. Este sabio es muy venerado por introducir el budismo tántrico Vajrayana en el Tibet y aquí en Bután, enseñando técnicas meditativas apoyadas en visualizaciones, experiencias psíquicas, ritos y el desarrollo de poderes paranormales

Al pie del sendero un lugareño alquila caballerías para facilitar el ascenso. Trato de acercarme, pero Dorji me detiene. “No haga eso. Ascender con esfuerzo le concederá una mejora muy grande en su karma. Este es un lugar muy sagrado. No desperdicie esta oportunidad”.

Una hora después, casi agotados y sin fuerzas, somos rebasados fácilmente por un amplio grupo de colegiales y sus profesores, que no parece en absoluto les pesen los pies. En esos momentos recordé a Indurain y sus épicas galopadas ascendiendo al Tourmalet. “Vicente, tienes que regular como aconsejaba el campeón” me digo “si no regulas, no llegarás”. Y a los pocos metros me lo repetí para darme ánimos.

Por fin llegamos a una especie de cafetería cercana a la meta. Y nos detenemos a recuperar el aliento. Hay refrescos, pero yo pido una bebida local para ir probando. Me sirven un té con mantequilla. ¡Delicioso!

En el banco de al lado un hombre de avanzada edad oye lo que le pregunto a nuestro agente y decide presentarse y participar.

Estadio Nacional en estilo butanés. Foto: Goyanes/T21

Felicidad Nacional Bruta

-Mi nombre es Thinley. Ocupé un alto cargo en el Gobierno de Su Majestad Jigme Singye Wangchuck el anterior monarca. Despachaba a diario con él. ¿Me permiten ofrecerles algunos datos?

Al oírlo, nuestro agente se hace inmediatamente a un lado.

-El nuestro es un Reino de confesión budista y esta filosofía lo impregna todo. Así, nuestro principal criterio político es la “Felicidad Nacional Bruta”. En los años 70 modernizamos el país sin perder ninguna de nuestras tradiciones. Está en nuestra política el conservar el medioambiente, le llamamos crecimiento sostenible. Somos el primer país del mundo que implementa en un 100% la agricultura ecológica y desde 2004 está prohibida la venta de tabaco. Es más, nuestra Carta Magna ordena que el 60% del territorio nacional sea dedicado a bosques y puedo decirles que actualmente superamos esa cifra llegando al 72%. Compaginamos criterios de modernidad con la preservación de nuestra cultura.

Trato de preguntar detalles sobre eso de la “felicidad bruta”, pero el hombre, embalado en sus explicaciones, continúa su perorata

-Permítanme que insista. Nuestros regidores tratan de mantener prioritariamente los niveles de bienestar de los ciudadanos. Nuestros criterios de buen gobierno están por encima del PIB y otros parámetros económicos de los demás países. En resumen, aunque nuestra renta per cápita es muy baja, aquí no hay paro y tanto la sanidad como la educación son gratuitas.

Por fin se detiene cuando le pido un momento para ir a buscar más té butanés

-¿De donde son ustedes? ¿Qué les parece nuestro país?

Le explico que vine solo en parte para hacer turismo. Que estoy escribiendo una novela y quiero contrastar datos y ser fidedigno en mis descripciones.

Finalmente ascendemos el último tramo hasta llegar al santuario. Antes de entrar, nuestro agente se coloca unos enormes puños de tela blanca superpuestos a las mangas de su gho y una amplia banda cruzando su pecho y espalda. Es su uniforme de gala y respeto hacia este lugar sagrado. En el interior reina la oscuridad y el silencio. En el altar central, Padmasambhava, y a ambos lados diversas deidades policromadas. En el centro del pequeño templo mujeres y dos hombres del pueblo haciendo postraciones. Se ponen en pie, luego se arrodillan, para finalmente echarse hacia adelante en el piso. Y volver a repetirlo una y otra vez. Nuestro agente se une a ellos y nos invita a participar. No hay discriminación.

A la vuelta, bajando, nos explica:

-Casi el 80% de los butaneses practican el budismo, en el oeste seguimos la escuela Drukpa Kagyu, la oficial del Estado y en el este la Nygmapa que practica el Dzogchen.

Y mientras descendemos, el anciano funcionario necesita detenerse para descansar. Pero no se despide, quedamos para almorzar y que nos siga informando.

De regreso en Thymphu, ya de noche, me sorprende ver muchos niños, algunos de corta edad, jugando libremente en las plazas por las que vamos cruzando. ¿Se deberá al casi inexistente índice de delincuencia de que disfruta este país?

Al siguiente día, una vez con el Señor Thinley sentados a la mesa en un restaurante típico y ante un Eue Chum, el arroz rojizo con sabor a nuez, aprovecho para interrogarle sobre eso de la Felicidad Nacional Bruta.

-Fue acuñado por el anterior monarca en 1972. Un hombre muy espiritual y con gran sentido común. Se trata de un criterio totalmente acorde con los valores del budismo, un parámetro único que nos sitúa en el 8º lugar en el ranking mundial en cuanto a niveles de bienestar subjetivo, es decir satisfacción con la vida que uno lleva (A.G.White, Universidad de Leicester). ¿Y saben donde queda España? en el 46. ¿Y Japón con su altísimos índices económicos? en el 90. Nuestra Constitución en su artículo 9.2 dice: “El Estados se esforzará en promover las condiciones que permitan la consecución de la felicidad interior bruta.” Seguramente coincidirán conmigo en que todos nacemos queriendo ser felices. Así, el objetivo prioritario de nuestra economía es lograr el bienestar social de los ciudadanos muy por encima de los bienes materiales.

-¿Y de donde provienen sus recursos económicos aparte del turismo? Aquí no he visto industria alguna.

-En Bután disponemos de un recurso inagotable, el agua de las nieves y los glaciares; la energía hidroeléctrica que vendemos a la India.

En días sucesivos nos llevan al Punakha Dzong, un típico monasterio-fortaleza de enormes dimensiones construido en 1637 y sede del gobierno hasta 1955. Situado en un entorno de gran paz y serenidad, es la residencia de invierno de la escuela budista Kagyu, la oficial del Estado. Estos monasterio-fortaleza albergaron durante siglos no sólo a los monjes, sino a todo el aparato administrativo y judicial de cada región. Tras sus altos muros encontramos un dédalo de calles que dan acceso a los dormitorios de los monjes, cocinas, almacenes, despachos, bibliotecas y en el centro una gran torre central que alberga en su planta baja el templo principal.

Y cada vez que nos desplazamos para visitar un nuevo lugar cruzamos por aldeas y campos de arroz. Bután es un país predominantemente rural, de gente pacífica y amigable. Las casas, solidamente construidas, muestran en el vértice del tejado una bandera blanca con inscripciones sagradas. Y en los pasos de montaña entre valles, postes con banderolas de oración. Vemos vacas y otros animales caminando sueltos al borde de la carretera. Nos llama la atención que entre los campos de cultivo no hay lindes ni cierres que los separen. Y más arriba, a media altura de las laderas, la naturaleza prístina hasta las cumbres nevadas. Se lo hago notar a Dorji, que me aclara:

-Una de las ventajas que supuso el permanecer aislados y con una geografía casi imposible es que ahora disfrutamos de uno de los ecosistemas más conservados del mundo. Hasta 1970 no se permitió la entrada de extranjeros, y no fue hasta 1973 que llegó la radio y en 1999 la televisión. Bután es uno de los 10 países con más biodiversidad del planeta. Los veranos son templados y los inviernos muy fríos, hasta se nos congela el agua en las cañerías.

Las carreteras son otro elemento a mencionar. Dado que no hay túneles ni viaductos, todas las calzadas bordean interminablemente cada loma, cada meandro de un río, haciendo que los vehículo se desplacen a una media de 25 Km/h Si usted quiere cruzar Bután de oeste a este (su tamaño es aproximado al de Cataluña) tardará 2 días en taxi.

Danza de Drametse, Patrimonio de la Humanidad. Foto: Goyanes/T21 Santuario de la felicidad

Y nos detenemos a visitar Chimi Lhakhang el santuario de la fertilidad, edificado en 1499 por el lama Drukpa, “El loco divino”. Con su “rayo energético” o “falo volador” venció a una diablesa y acabó por ser tan popular que su emblema es representado en algunas casas para proteger a sus inquilinos del mal de ojo.

En una siguiente ocasión que nos desplazamos para conocer el país, vemos a multitud de hombres practicando el tiro con arco.

-Es el deporte nacional, pero sabiendo de la capacidad futbolística española, nuestra primera visita de hoy será al estadio nacional de fútbol, bromea Dorji.

-Y no crean que… Nuestra selección comenzó en 1983. Y cuando nuestros “Dragones Amarillos” participaron en la Copa Surasiática, solo en semifinales fuimos derrotados por la potente selección India, y eso únicamente durante la prórroga.

Y efectivamente, una vez en el interior del recinto, presenciamos los inicios de un partido.

Me fijo en las modernas instalaciones. Y como no podía ser menos, tanto el palco real como las tribunas están construidos en estilo butanés tradicional. Me fijo en la bandera nacional ondeando sobre las instalaciones: Un dragón volador, rugiendo y sujetando 4 grandes bolas con sus garras.

¿Por qué será que me suena…? Y me viene a la imaginación Songoku y la serie mítica “Las bolas del Dragón” que hizo soñar a varias generaciones de niños? ¿Será este su origen?

Medicina holística

Y por fin llega el momento de una de las visitas más esperadas por mi, el Hospital de Medicina Tradicional Butanesa o Sowa Rigpa. Vemos una cola de más de 30 personas esperando a ser atendidas. Nuestro Agente Dorji arregla para lograrme una entrevista con uno de los doctores que me recibe entre dos consultas.

-La nuestra es una medicina holística, con procedimientos en parte heredados de la medicina china y tibetana. Consideramos al hombre un todo cuerpo-mente-espíritu. Curamos con remedios vegetales.

-¿Y qué sucede si le ingresan un paciente con una pierna rota? Le pregunto no sin cierta maledicencia.
-Lo remitimos de inmediato al hospital de medicina occidental. Y ellos, a su vez, nos envían los casos donde nuestros tratamientos con yerbas son más eficaces y no invasivos. No hay antagonismos en absoluto. En nuestros valles al pie de los himalayas crece una amplísima variedad de plantas medicinales, más de 300.

Festivales religiosos

Mención aparte merecen los festivales, siempre religiosos, que se celebran a lo largo del año. Me gustaría citar aquí la Danza de Máscaras y Tambores de Drametse, catalogada en 2005 por la UNESCO Patrimonio inmaterial de la Humanidad. Su origen, celestial como casi todo en Bután, se remonta a muchos siglos atrás cuando un santo fue ascendido temporalmente al cielo de Padmasambhava para aprender los pasos exactos de esta danza sagrada. Sus 16 monjes danzantes portan máscaras de madera representando animales y seres mitológicos (figura 9).

-Ejecutada con gran exactitud genera una inmensa cantidad de energía tántrica que bendice al mundo. Pero esta danza milagrosa aporta muchísimo más a los que la contemplen. Les enseña a reconocer a los demonios que les visitarán durante el bardo una vez muertos.

-¿El qué?

-Su tránsito por la muerte hasta la siguiente encarnación. ¿Nunca oyó hablar del bardo Todol, el libro tibetano de los muertos? Si en esos momentos ya conoces a estos seres fantasmagóricos no los temerás y te ayudarán.

Ya regresando y aún en pleno vuelo, medito sobre todo lo que hemos contemplado. Para los occidentales, cuya mente está entrenada a resolverlo todo de forma racional, una vez estás allí comienzas por tacharlo todo de ignorancia y superstición, pero si abandonas tus pre-juicios y comienzas a mirar mas allá de anécdotas y del pintoresquismo, su realidad te sorprende. Este pequeño reino es un ejemplo para el mundo de cómo son perfectamente viables otras fórmulas de convivencia, desarrollo sostenible y vida feliz.

Por cierto, si alguna vez te animas a conocer el Reino de Bután, te aconsejo ir justo antes de los monzones estivales, cuando los dafnes en flor impregnan el ambiente con su fragancia y la naturaleza se muestra en todo su esplendor.




(*) Vicente Goyanes (Cuenca 1943) es Doctor en Medicina, investigador y profesor universitario en España y USA ahora retirado. Fue miembro de la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias y de la Academia de Ciencias de Nueva York. Es autor de la novela budista “Monasterio Cuántico ”, cuya preparación le llevó a conocer personalmente el reino de Bután.

martes, 24 de diciembre de 2013

La Filosofía del Sumak kawsay o Buen Vivir

Por Manuel Antonio Piedra

Entrevista realizada a Alberto Acosta

¿Qué es para Ud. una Filosofía de vida?

La Filosofía de vida es una forma de asumir los retos que plantea la vida, así de fácil y así de complejo. Esto se cristaliza en una ideología. Es decir en la forma de asumir el compromiso que tiene cada ser humano consigo mismo, con la humanidad y con la Naturaleza, como parte intrínseca de ella. Dentro de este contexto, todos tenemos algo que decir y algo que hacer.

¿Qué es para Ud. el Sumak kawsay?

El sumak kawsay o Buen Vivir es una propuesta que surge desde la visión de los marginados de los últimos 500 años. Se plantea como una oportunidad para construir otra sociedad, a partir del reconocimiento de los diversos valores culturales existentes en el mundo y del respeto a la Naturaleza. Esta concepción desnuda los errores y las limitaciones de las diversas teorías del llamado desarrollo. Desde diversos ángulos, no sólo desde el mundo andino, aparecen respuestas a las demandas no satisfechas por las visiones tradicionales del desarrollo.

Se ha llegado a una conclusión, no solo en Ecuador sino en varias partes del mundo, el estilo de vida actual, que pregonan y practican los países ricos y al que aspiran los países pobres, es un estilo de vida insustentable, inviable en el mediano y largo plazo.

Cada vez vemos como con creciente fuerza aparecen problemas que están poniendo en riesgo la vida misma del ser humano en el planeta: los cambios climáticos y el calentamiento global son apenas una muestra de que no podemos seguir por la misma senda que provoca estos destrozos ambientales.

En ese contexto, creemos que hay que replantearse el estilo de vida misma. Ese es el meollo del asunto. No podemos seguir por la vía del progreso tradicional, entendido un proceso de acumulación permanente de bienes materiales. El objetivo no puede ser tener siempre cada vez más bienes materiales. En realidad no interesa cuantas cosas una persona pueda producir en su vida, sino cómo las cosas a las cuales tiene acceso esa persona van a mejorar sus condiciones de vida. Esto conduce, por cierto, a una redistribución de esas cosas acumuladas en pocas manos.

Esto implica un cambio filosófico fundamental. Se pone en entredicho aquella idea del progreso que se difundió con mucha fuerza desde hace más de dos siglos, a través de la cual se creía que el ser humano está obligado a dominar y controlar a la Naturaleza. Ya vemos que eso es imposible.

Desde esa perspectiva se propone el Buen Vivir (sumak kawsay en kichwa; suma qamaña en aymara), sintonizando esta propuesta con otras propuestas más o menos similares provenientes de diversos sectores y regiones del planeta. El concepto del Buen Vivir no solo tiene un anclaje histórico en el mundo indígena, se sustenta también en algunos principios filosóficos universales: aristotélicos, marxistas, ecológicos, feministas, cooperativistas, humanistas...

Para entender lo que implica el Buen Vivir, que no puede ser simplistamente asociado al “bienestar occidental”, hay que empezar por recuperar la cosmovisión de los pueblos y nacionalidades indígenas. Eso, de plano, no significa negar la posibilidad para propiciar la modernización de la sociedad, particularmente con la incorporación en la lógica del Buen Vivir de muchos y valiosos avances tecnológicos de la humanidad. Es más, una de las tareas fundamentales recae en el diálogo permanente y constructivo de saberes y conocimientos ancestrales con lo más avanzado del pensamiento universal, en un proceso de continuada descolonización del pensamiento.

El Buen Vivir, en definitiva, es la búsqueda de la vida en armonía del ser humano consigo mismo, con sus congéneres y con la Naturaleza. Buscar esas armonías no implica desconocer los conflictos sociales, las diferencias sociales y económicas, tampoco negar que estamos en un sistema que es ante todo depredador, como el capitalista. Por lo tanto, a diferencia del mundo del consumismo y de la competencia extrema, lo que se pretende es construir sociedades en donde lo individual y lo colectivo coexistan en armonía con la Naturaleza, donde la racionalidad económica se reconcilie con la ética y el sentido común. La economía tiene que reencontrase con la Naturaleza.

¿En las condiciones actuales, cómo ir más allá de un Buen Vivir que en cierto sentido se resume en el acceso a servicios básicos, un ambiente sano, etc. y en este caso, cómo proyectar a Ecuador a una vida de este tipo?

El Buen Vivir no se resume en satisfacer las necesidades básicas y garantizar un ambiente sano, simplemente. Para empezar no se trata de emular los estilos de vida consumistas de los países ricos. Países por lo demás maldesarrollados en muchos ámbitos, como demuestra el gran sociólogo José María Tortosa. Lo que se propone con el Buen Vivir es organizar la vida de otra manera, a partir de otros principios, como son la solidaridad, el respeto, la reciprocidad, la equidad, la igualdad, la libertad... En definitiva son otras formas de entender y organizar la vida. Ese es el gran reto que tenemos entre manos y que paulatinamente se transforma en el reto del mundo entero. La idea del Buen Vivir, de la vida en armonía, tendrá que ser asumida por el mundo entero sino no queremos poner en riesgo la vida del ser humano en el planeta.

Entonces, por qué no centrarnos en la búsqueda del buen vivir y evitar perder el tiempo en confrontaciones como las que se dan actualmente en los sectores políticos que detentan el poder.

Ante todo, los conflictos y las confrontaciones son inherentes a una sociedad inequitativa, injusta desde sus raíces. Si tenemos un grupo muy reducido de la población que aglutina la mayor parte de los beneficios de la economía, como resultado de un modelo que no es sustentable ni económica ni ambientalmente, se van a dar confrontaciones y enfrentamientos. Ese no es el problema de fondo.

El problema es que muchas de esas confrontaciones pueden ser estériles cuando no están dentro de una propuesta estratégica de acción. Confrontaciones verbales sin políticas y acciones concretas no ayudan a procesar un cambio de la modalidad de acumulación y del patrón de distribución de la riqueza. Si dicho patrón no es afectado, los ricos seguirán siendo cada vez más ricos. Los pobres pueden en algunos casos mejorar sus condiciones de vida gracias a una serie de ejercicios clientelares del Estado, pero seguirán marginados y dependientes. Si no se cambia el modelo de acumulación extractivista y se afecta la excesiva concentración de la riqueza no se cambiará la realidad. Los discursos no son suficientes. Se requieren acciones. Y muchas de esas acciones hacen falta todavía en el Ecuador.

¿Bajo las actuales condiciones políticas, qué posibilidades existen de llegar a un Estado de bienestar?

Aclaremos que con el Buen Vivir no se pretende construir un Estado de bienestar. La preocupación central no es solo acumular para entonces distribuir. Para entender lo que implica el Buen Vivir, que no puede ser simplistamente asociado al “bienestar occidental”, hay que empezar por recuperar la cosmovisión de los pueblos y nacionalidades indígenas de Ecuador y Bolivia. En esas sociedades indígenas, sin tratar de idealizar lo que allí sucede, no existe, por ejemplo, el concepto de acumulador de desarrollo, ni de pobreza en los términos convencionales.

En su opinión, ¿hay una alternativa a este tipo de civilización en la que vivimos actualmente?

Dentro del sistema capitalista definitivamente no hay alternativa. Se pueden resolver algunos problemas, pero las grandes inequidades económicas, sociales y ambientales son en esencia propias de este sistema. Los valores fundamentales del capitalismo se nutren de la desigualdad, de la inequidad, de la explotación de la mano de obra y de la Naturaleza. Entonces, mientras no se supere este sistema será imposible resolver los problemas de fondo.

Sin embargo, es no nos puede llevar a cruzarnos de brazos y esperar que el capitalismo colapse para recién entonces ponernos a trabajar. El reto, ahora y no mañana, es comenzar a producir cambios desde dentro del mismo capitalismo.

No vamos a salir del capitalismo de la noche a la mañana. No lo vamos a superar por decreto. La tarea es introducir los cambios necesarios y posibles, incluso creando las condiciones para que estos cambios sean cada vez más radicales, pero conscientes que las grandes transformaciones se lograran cuando se supere el sistema capitalista.

El camino será largo. Pero habrá que transitarlo. Y para lograrlo hay que desatar un verdadero proceso de democratización en todos los ámbitos de la vida del ser humano. Siempre más democracia, nunca menos. Es fundamental entender que si el proceso de construcción no es democrático, el resultado tampoco lo será. Si se aplica un estilo de política autoritario, el resultado tendrá rasgos autoritarios.

Dentro de esta perspectiva ¿Por qué el desarrollo sustentable es una trampa del capitalismo?

La idea del desarrollo sustentable se asienta en un concepto básico, que intrínsecamente es cuestionable. No se puede asumir el desarrollo como un proceso permanente de acumulación material de bienes. Tener cada vez más bienes materiales, como símbolo de progreso y bienestar, es un espejismo inalcanzable para todos los habitantes del planeta. Es más, cada vez es mayor la brecha entre los que tienen todo y les sobra todo, pero quieren siempre más, y los que ansían conseguir aunque sea la migajas de ese todo.

En la actualidad ya es ampliamente aceptado que ese concepto del desarrollo no tiene futuro. Se habla de postdesarrollo. Esto no debe conducirnos a bajar la guardia, menos aún a tolerar que un grupo reducido de la población mundial, que no llega al 20 por ciento, siga acumulando y destrozando las bases de la vía, mientras el resto frena sus aspiraciones de mejorar su calidad de vida para no afectar los equilibrios ecológicos y sociales globales.

No tenemos y no podemos en realidad aspirar a tener el estilo de vida de los países más ricos. Pero si tenemos la obligación de mejorar las condiciones de vida, sobre todo, de los amplios segmentos de la población empobrecidos. Y en los países ricos es cada vez más imperiosa una revisión estructural de sus estilos de vida; ya no cuenta tanto la eficiencia como la suficiencia.

Con el Buen Vivir se pretende buscar opciones de vida digna y sustentable, que no representen la reedición caricaturizada del estilo de vida occidental y menos aún sostener estructuras signadas por una masiva inequidad económica, social y ambiental.

La gran mayoría de la población, condenada sistémicamente a la exclusión e incluso a la pobreza, no reflexiona sobre estas cuestiones. Por el contrario, sin preguntarse si es o no posible y conveniente, bombardeada con masivos mensajes que predisponen al consumo, aspira permanentemente a vivir con los niveles de vida que tienen esos grupos acomodados a nivel mundial y nacional. Parecería que a los pobres se les hubiese incorporado en la cabeza un chip consumista de aspiraciones elevadas, pero que no puede cumplirlas por carecer de los recursos para financiarlas o porque, si esto se produjera masivamente, se ahondarían los problemas ambientales globales… El gran reto de la humanidad es cómo procesamos una nueva forma de organizar la vida, reconociendo los límites naturales y asegurando una sustantiva y sustentable mejoría de las condiciones de vida los grupos empobrecidos.

¿Este tipo de mentalidad se debe en gran medida a modelos culturales impuestos por las grandes potencias?

No me atrevería a cargar las culpas en términos maximalistas. Sin embargo, la cultura actual es un producto del sistema capitalista. Este sistema, esta civilización, tal como lo entendía el economista austríaco Joseph Schumpeter, es un sistema de valores sustentado en la desigualdad y en la explotación. En el esquema neoliberal, que es una fase extrema del capitalismo, este sistema se ha convertido en la civilización de la desigualdad por excelencia.

No hay duda, en estas décadas neoliberales la cultura del individuo individualizado -como productor y consumidor- se ha extendido con mucha fuerza. No interesa solo desarmar las políticas neoliberales, algo indispensable por lo demás. Es urgente dar paso a una suerte de revolución cultural para reducir los efectos perversos del individualismo extremo y del consumismo depredador.

¿Cómo combinar los logros del “eurocentrismo” con saberes propios de nuestra cultura “ancestral”?

El gran reto en este momento es cómo aprovechar todos los conocimientos disponibles. No podemos cerrarnos a los avances de la ciencia. Como pocas veces en la historia de la humanidad la información y los avances tecnológicos han alcanzado niveles inimaginables hace solo pocas décadas. Hay que tener la capacidad para saber discernir cuál es la información relevante. El actual bombardeo mediático no es necesariamente positivo. La sobresaturación de determinada información, controlada y mediatizada por determinados grupos e intereses de poder transnacional o nacional, hace mucha de esa información inservible. La relativamente excesiva información oculta, consciente o inconscientemente, aquellas informaciones que realmente contribuirían a la liberación del ser humano.

El mundo se asemeja cada vez más a una suerte de medioevo tecnocrático. Reducidos grupos humanos concentran la riqueza y los avances tecnológicos manteniendo crecientes exclusiones sociales, en medio de insospechadas tensiones políticas y sociales, así como con un marcado deterioro ecológico.

Sin negar para nada los veloces avances tecnológicos alcanzados en las últimas décadas y que nos seguirán sorprendiendo día a día, hay que tener presente que no toda la humanidad accede por igual al mundo de la informática, por ejemplo. Todavía la mitad o más de habitantes del planeta, al empezar el nuevo milenio, no tenían contacto con un teléfono, no se diga con el internet. Y, de conformidad con estimaciones de especialistas, realizadas al finalizar el siglo XX apenas una de cada dos personas tendrá acceso a la interconexión digital.

Esta constatación, sin minimizar el papel de las tecnologías de punta y su masiva difusión, nos remite al valor que tiene el papel y el lápiz como herramientas de liberación. Esto, adicionalmente, nos dice que muchos de los retos futuros siguen siendo los mismos de antaño y que la posibilidad de una Edad Media de alta tecnología, pero excluyente en extremo, es una posibilidad amenazadora en ciernes o quizás ya en pleno proceso de construcción...

Pero como todavía hay personas conscientes y críticas, hay como confiar en un futuro humano, de convivencia armónica con la Naturaleza. Hay como seguir bregando para que la humanidad no tenga que incursionar a través de esa pesadilla tecnológica totalitaria. Para lograrlo requerimos otros niveles de organización plural de las sociedades mundiales desde donde se podrá plantear con mayor claridad y profundidad soluciones globales. Y en ese campo el Buen Vivir es también una propuesta para toda la humanidad.


http://www.revistasophia.com/

viernes, 24 de febrero de 2012

Cuándo y cómo abandonar esas metas que en realidad nos hacen infelices .

Hace algunos años me encontraba —como algunos de ustedes al leer esto— en el límite, sobrecargada de trabajo y profundamente infeliz con todo eso.
Era una joven profesora de psicología que buscaba un puesto permanente en una facultad, con dos hijos pequeños y un esposo cuyo trabajo lo mantenía alejado de casa por varios días seguidos. Hacía ejercicios una vez por semana, si era una buena semana, rara vez veía a mis amigos o familia extendida, y no podía recordar la última vez que había leído un libro que jo fuera sobre esta`ística. Era demasiado. Tenía que ceder en algo. Y lo hice. Renuncié a mi trabajo, sin saber exactamente qué iba a hacer después. Fue la decisión más difícil de mi vida, pero también una de las mejores.
Como psicóloga que estudia la motivación, paso mucho tiempo tratando de averiguar por qué la gente se da por vencida demasiado pronto cuando se trata de alcanzar una meta. Pero la verdad es que muchos de nosotros sufrimos exactamente de lo contrario: no sabemos cuándo, o cómo, rendirnos. Asumimos demasiados proyectos y compromisos, y terminamos produciendo 10 trabajos mediocres en lugar de uno o dos estelares.
Sin duda, renunciar a un empleo puede no ser una opción para muchos, pero la mayoría de nosotros nos involucramos en un montón de proyectos periféricos que pueden no valer la pena.
Entonces, ¿por qué es tan difícil tirar la toalla, incluso cuando en cierto nivel sabemos que deberíamos? Por un lado, es vergonzoso admitir frente a los demás que no damos abasto o que nos hemos equivocado. A nadie le gusta ser considerado un 'desertor'. Por otra parte, renunciar significa contemplar lo que hemos tirado al agua; es decir, todo el tiempo y la energía que depositamos en alcanzar una meta y que nunca recuperaremos.
Por supuesto, cuando nos damos cuenta de que probablemente no tendremos éxito, o que el éxito no compensa la infelicidad que un proyecto nos provoca, no deberían importarnos esos costos. Si su trabajo, su posgrado o su novela sin acabar se ha llevado algunos de los mejores años de su vida, no tiene sentido dedicarles todavía más tiempo. Eso sólo lo hará más miserable.
Dicho esto, sigue siendo difícil decir adiós. Por eso, he aquí un simple plan de acción para romper lazos.
Para comenzar
-Identifique la meta a abandonar. Puede que sea obvio, pero la mayoría de las veces no lo será, por lo que tendrá que pensar seriamente en sus prioridades. ¿Qué es lo que más le importa? E igual de importante, ¿qué le hace sentirse efectivo y pleno? Todo lo que no, puede que tenga que desecharlo.
-Tenga confianza. Tiene que saber que está renunciando a un objetivo por las razones correctas, así que hágase las siguientes preguntas:
(a) ¿Qué necesito para alcanzar este objetivo y cómo podría conseguir lo que necesito? Considere todo. Si alcanzar esa meta exige más tiempo y esfuerzo de los que puede dedicar sin sacrificar otros objetivos importantes, puede que tenga que abandonarla. (Tal vez no pueda trabajar 50 horas a la semana, dedicarles tiempo a sus hijos y escribir un guión al mismo tiempo, y está bien).
(b) ¿Acaso me costará demasiado alcanzar este objetivo? ¿Me hará infeliz? A veces el problema no es el poco tiempo o la falta de energía, sino que realmente no le gusta lo que está haciendo tanto como pensaba. Resulta que el proceso le parece aburrido, frustrante o ingrato. Las circunstancias cambian, y está bien que sus objetivos también cambien.
Una vez que haya tomado la decisión de que renunciar a algo es correcta
-Deje de vivir en el pasado. Cuando lo invadan pensamientos de pesar por todo lo que invirtió y que no rindió frutos, piense en todo lo que ganó a cambio y siga adelante. (Ejemplo: si se siente culpable por renunciar a la novela que estaba escribiendo, recuerde lo bien que se siente tener más tiempo para sus hijos los fines de semana).
-Reemplace el objetivo con uno que funcione para usted. Para mantenerse en movimiento y sentirse satisfecho con su elección, piense un poco en lo que será su próximo objetivo. Si no tiene tiempo para escribir una novela de 600 páginas, ¿hay alguna otra forma en que podría expresar sus pensamientos y poner en uso su creatividad con el tiempo del que dispone, como un blog?
A veces, aprender cuándo abandonar un proyecto es esencial para su bienestar, y en definitiva también para su éxito personal y profesional. Cuando uno puede renunciar a una meta que no está funcionando, libera recursos valiosos que necesita para sacar el máximo provecho de los objetivos que sí perseguirá, aquellos que realmente valen la pena.

jueves, 16 de junio de 2011

El dinero no puede comprar el bienestar personal

Por Amalia Rodríguez Gómez.

La libertad y la autonomía resultan más importantes que la economía, revela un estudio realizado en 63 países. Investigadores de la Universidad Victoria de Wellington, en Nueva Zelanda, han comprobado que la libertad y la autonomía de una persona conducen al bienestar, en mayor medida que el dinero. El estudio, publicado por la Asociación Americana de Psicología, recoge la información aportada por 420.599 personas de 63 países distintos. Tras someterse a diversas pruebas y analizar su nivel de bienestar a partir de indicadores como la salud psicológica, la ansiedad y el estrés, las respuestas de los encuestados indicaron que cuanto más individualista es una sociedad, sus habitantes gozan de mayor bienestar, independientemente del nivel de ingresos que éstos tengan.
El dinero no compra la felicidad. La idea de este tradicional dicho popular resume parte de las conclusiones de un estudio realizado por un grupo de investigadores de la Universidad Victoria de Wellington, en Nueva Zelanda, en el que se ha constatado que la libertad y la autonomía de un individuo son más importantes que la posesión de dinero a la hora de alcanzar el bienestar.

Precisamente ésta fue la hipótesis de la que partieron para comenzar a investigar los psicólogos Ronald Fischer y Diana Boer, autores del estudio.

En un comunicado emitido por la Asociación Americana de Psicología (APA), los científicos aclaran que mientras una gran cantidad de trabajos de investigación se han dedicado a definir los indicadores de la felicidad y la satisfacción vital en todo el mundo, ellos prefirieron plantearse la siguiente pregunta: “¿Qué es más importante para gozar del bienestar, proveer a la gente con dinero u ofrecerle posibilidades de elegir y autonomía?”.

El estudio, publicado en la revista Journal of Personality and Social Psychology, de la APA, recopila información de 63 países, e incluye a una muestra total de 420.599 personas.

En concreto, los investigadores examinaron los niveles nacionales de bienestar y, para hacerlo, midieron la salud psicológica, la ansiedad y el estrés de los participantes.

A raíz de estas pruebas, descubrieron que el individualismo es un indicador más fuerte que la riqueza, así como que un mayor grado de individualismo está asociado directamente con un bienestar mayor. Por tanto, “la riqueza puede influir en el bienestar sólo a través de su efecto en el individualismo”, concluyen los psicólogos.

 En este sentido, los investigadores se sienten satisfechos de su aportación: “Nuestros resultados proporcionan nuevos conocimientos sobre el nivel de bienestar de la sociedad", afirman.

Pruebas psicológicas

Para constatar que el dinero no determina el grado de bienestar de una sociedad y confirmar que la libertad personal sí puede, en cambio, conducir a ello, Fischer y Boer realizaron tres pruebas psicológicas diferentes.
Por un lado, hicieron el cuestionario de salud general, que mide cuatro síntomas de estrés (síntomas somáticos, ansiedad e insomnio, disfunción social y depresión severa); sometieron a los encuestados al Inventario de Rasgos de Ansiedad (STAI, del inglés Spielberger -Trait Anxiety Inventory), para comprobar cómo se sentían en un momento determinado; y por último, aplicaron el test Maslach burnout inventory (MIB), cuestionario que prueba el agotamiento emocional, la despersonalización y la falta de realización personal.

Según los responsables de la investigación, “el análisis de la combinación de los resultados de los diferentes estudios fue algo inusual, ya que las variables clave fueron recogidas de distintas fuentes y no existe ningún estudio anterior que incluya las dos variables que estábamos considerando, es decir, la riqueza y el individualismo”.

"En los tres estudios, observamos un hallazgo muy coherente y sólido relacionado con que los valores individualistas de la sociedad son los que mejor predicen el bienestar", señalan los psicólogos de la Universidad Victoria de Wellington. "Además, si la riqueza es un indicador significativo, su influencia desaparece cuando aparece el individualismo".

Como conclusión, los investigadores señalan que “el dinero lleva a la autonomía, pero no aporta el bienestar o la felicidad".

martes, 12 de abril de 2011

¿Se considera feliz? Los estadísticos no se lo creen

Por Carl Bialik
Los gobiernos, los académicos y los encuestadores han salido en busca de la felicidad.
El primer ministro británico, David Cameron, lanzó una iniciativa para medir el estado de ánimo nacional de una manera que no es capturada por las estadísticas económicas tradicionales. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, y legisladores alemanes estudian iniciativas similares. Investigadores del gobierno de Estados Unidos y encuestadores de Gallup les preguntan a cientos de miles de ciudadanos todos los años cuán satisfechos están con sus vidas.
Pero en los intentos de los estadísticos para medir la felicidad abunda la incertidumbre. En todo el mundo, las personas tienden a describirse como felices aunque expresan muchas quejas específicas y dudas respecto de sus vidas o sus gobiernos. Algunos economistas dicen que aunque se diseñara una prueba confiable sobre la felicidad, sería arriesgado implementar una política determinada sobre una estadística tan amplia. En lugar de ello, sugieren, la felicidad se ve reflejada en forma más confiable en cosas que son medibles, tales como los ingresos, la salud y las condiciones de vida.
Simon Chapple, economista de la división de políticas sociales de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), tiene dudas sobre si es posible medir cómo las políticas públicas afectan la felicidad. "Este es un ámbito académico que está en permanente cambio", señala.
Pero otros economistas creen que hay poco que perder. Richard Layard, economista de la London School of Economics, defiende que se haga un seguimiento de la felicidad "como un indicador básico del progreso de una sociedad". Que la felicidad sea algo subjetivo no es un problema, a su juicio. "Las cosas más importantes en la vida son subjetivas", insiste.
El intento del Reino Unido para medir el estado de ánimo nacional muestra lo incipiente que es este tipo de investigación. Por instrucciones de Cameron, la Oficina Nacional de Estadísticas del país investiga cómo evaluar el bienestar pidiendo información a través de Facebook y Twitter, y en más de 100 reuniones públicas realizadas a lo largo del país. La agencia también publicó en su página web una encuesta en la que pregunta cuál sería la mejor forma para que el gobierno evalúe el estado de ánimo de la gente. Un mensaje de Twitter reciente preguntaba: ¿Le gusta cantar y bailar? ¿Puede la música afectar el bienestar del Reino Unido?
Las reuniones terminan en abril y la agencia espera emitir una primera serie de indicadores sobre el bienestar, incluyendo autoevaluaciones sobre la felicidad y medidas más objetivas, a fines de 2011.
Los investigadores británicos esperan producir una medida que pueda ser comparable con las de otros países. Pero no están seguros de si las diferencias nacionales reflejan variaciones reales en la felicidad o diferencias lingüísticas y culturales. Hacen notar, por ejemplo, que los países latinoamericanos habitualmente muestran niveles superiores de felicidad, lo que no debería sorprender basándose en variables como los ingresos; mientras, los asiáticos obtienen calificaciones menores.
Algunos escépticos señalan otro problema potencial: las personas están, en general, bastante contentas o al menos eso dicen cuando se les pregunta. Por ejemplo, desde 2005, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos realizan una encuesta telefónica enorme en la que preguntan: "En general, ¿está satisfecho con su vida?". Cada año, al menos 92% de los sondeados responden que se sienten satisfechos o muy satisfechos. Eso podría ser algo bueno para el estado anímico nacional, pero no ayuda tanto a los investigadores que están indagando qué cambios en las políticas públicas mejorarían el bienestar.
Puesto que hacer preguntas muy amplias acerca de la felicidad no parece calibrar bien los cambios en el estado de ánimo de las personas, Gallup considera que cuando hace preguntas específicas sobre el gozo, el estrés y las preocupaciones aparece un cuadro más complicado.
Joseph Stiglitz, el economista de la Universidad de Columbia que ha asesorado a Sarkozy sobre las mediciones de la felicidad, afirma que los gobiernos y otros investigadores tendrían mejores resultados si recopilaran e hicieran el seguimiento de un conjunto de datos, tanto objetivos como subjetivos. "Uno no aspira a tener sólo una cifra", señala.
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