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lunes, 11 de septiembre de 2017

La Sociedad Europea de Física desmonta la versión de EEUU y explica que el 11-S fue una demolición controlada

Científicos europeos han concluído que las torres gemelas fueron derribadas por una demolición controlada y no por el impacto de los aviones, que eran maniobrados por drones para crear un falso secuestro. ¿Hasta donde llegará Estados Unidos en el engaño y la mentira? Sabemos que George Bush mintió con las armas de destrucción masiva y con todo, pero esperábamos otra cosa del gobierno de Obama, y no el servilismo que ha dado al imperio financiero en sus ocho años de gobierno

La European Physical Society es una organización sin ánimo de lucro cuyo propósito es promover la física y la labor de los físicos en Europa. Fue creada en 1968 y entre sus miembros se incluyen las sociedades nacionales de física de 41 países, y unos 3200 miembros individuales. Esta asociación científica acaba de publicar en su revista, European Physics News, un artículo firmado por un grupo de científicos, ingenieros y arquitectos -Steven Jones, Robert Korol, Anthony Szamboti y Ted Walter-, donde se asegura que el derrumbe de los tres edificios del World Trade Center en los atentados del 11S fue un caso de demolición controlada.

El artículo de estos científicos señala que en agosto de 2002, el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST), una institución del gobierno de EEUU, inició lo que se convertiría en una investigación de seis años sobre el derrumbe el 11 de Septiembre de 2001 de las dos Torres Gemelas o World Trade Center (WTC) y el menos conocido colapso del Edificio 7 del WTC, que no fue alcanzado por ningún avión.

El NIST condujo las investigaciones en base a una premisa: que las caídas de las Torres Gemelas y del WTC 7 eran los únicos casos conocidos de total colapso estructural de rascacielos a causa del fuego. Ciertamente, nunca antes del 11-S se había producido un colapso total de un rascacielos con estructura de acero, con la excepción del terremoto de México de 1985, que produjo la caída de un edificio de 21 plantas, aunque los defectos en su construcción explican probablemente tal caída.

Los expertos norteamericanos del NIST señalaron tras varios años de investigación y de posponer sus conclusiones que el fuego causado por la explosión del combustible de los aviones había provocado el colapso de los edificios. Sin embargo, quince años después del evento, un creciente número de físicos, arquitectos e ingenieros rechazan esta explicación.

En primer lugar los edificios con una estructura de acero han soportado grandes incendios sin caer por cuatro principales razones:
  1. Los incendios no generan temperaturas lo bastante elevadas como para calentar las grandes estructuras hasta el punto de hacerlas colapsar, además de no durar lo suficiente para ello. Según los datos, en el caso del WTC, el factor de seguridad era de 3 o mayor, lo que requeriría un calor de 660ºC al menos para provocar el derrumbe.
  2. La mayor parte de los rascacielos tienen sistemas de supresión de incendios como rociadores de agua, que impiden a aquellos liberar la suficiente energía como para calentar el acero hasta un punto crítico.
  3. Las partes estructurales están protegidas por materiales resistentes al fuego, que están diseñados para impedir a éste alcanzar temperaturas lo suficientemente altas para producir un colapso.
  4. Los rascacielos con estructura de acero son sistemas altamente resistentes. De este modo, si se produce un fallo localizado, esto no lleva al colapso de toda la estructura. A lo largo de la historia, se conocen tres rascacielos que sufrieron colapsos parciales debido a incendios, pero ninguno de ellos llevó a un colapso total del edificio. Otro número incontable de rascacielos han sufrido incendios enormes y de larga duración sin sufrir siquiera colapsos parciales. Los grandes edificios están también preparados para resistir terremotos y huracanes. El acero es tanto fuerte y resistente como dúctil y esto le permite, a diferencia del cemento, resistir las grandes presiones.Las Torres Gemelas habían sido diseñadas específicamente para resistir el impacto de un gran avión de pasajeros, como explicó el principal ingeniero de su estructura, John Skilling, en una entrevista con el Seattle Times tras el atentado con bomba contra el WTC en 1993. “Nuestros análisis indicaron que el principal problema sería que todo el combustible del avión entraría en el edificio y se produciría así un horrendo incendio. Mucha gente moriría”, dijo. “Sin embargo, la estructura del edificio continuaría allí”. Por contra, las Torres Gemelas sufrieron un total colapso, y no una de ellas, sino las dos y con muy poco tiempo de diferencia.
Skilling afirmó que el único mecanismo que podría derribar las Torres Gemelas era una explosión interna controlada. Estas explosiones cortarían las columnas de acero en una área lo suficientemente amplia como para causar el derrumbe del edificio. Esta técnica requiere la destrucción, en primer lugar, de las columnas centrales para hacer que el edificio se derrumbe hacia abajo y hacia su interior, un fenómeno llamado “implosión”.

El colapso del Edificio 7 del WTC -que no fue alcanzado por ningún avión- reviste un especial interés porque tiene todos los signos de una implosión. El edificio de 32 metros (8 pisos) se derrumbó totalmente en 2,25 segundos de caída libre. Su caída fue de una forma simétrica. Su marco de acero se destruyó casi totalmente y se depositó en la base del edificio. El NIST concluyó, sin embargo, que el colapso fue causado por incendios. El NIST ignoró todas las evidencias que refutaban sus conclusiones, ya determinadas de antemano. Ellos negaron también la caída libre del edificio. Sólo después de ser desafiados por físicos como David Chandler y Steven Jones, que midieron la caída en vídeo, el NIST reconoció que se había producido una caída libre en 2,25 segundos.

En lo que se refiere a las Torres Gemelas, numerosos científicos preguntaron al NIST cuál era la causa de que, según su teoría, las partes bajas de los edificios no hubieran frenado o ralentizado la caída de las superiores, donde se había producido el incendio que, según el NIST, había producido el colapso. Su respuesta fue que era “incapaz de proporcionar una explicación plena sobre el colapso total de los dos edificios”. Sus computadores no fueron capaces de replicar una caída igual en base a los datos de la teoría del NIST.

El NIST afirmó que la presencia bien documentada de metal derretido de color naranja que se ve saliendo de las torres en los siete minutos antes de su colapso era aluminio del avión combinado con material orgánico, pero, sin embargo, los experimentos han demostrado que el metal derretido naranja emana de una “reacción de termita” que se utiliza para debilitar una estructura antes de una voladura.
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domingo, 16 de julio de 2017

Ex agente de la CIA: “La Torre 7 del WTC la demolimos nosotros”

Publicado en julio 16, 2017 por INTERNACIONAL 


Persisten las dudas sobre lo ocurrido en Nueva York el 11 de septiembre de 2001, con la publicación en EE.UU. de supuestas confesiones de un exagente de la CIA.

“Fue una demolición controlada con explosivos típica. Usamos materiales compuestos con nanotermita de calidad extra para uso militar. Lo difícil era meter en el edificio miles de kilos de explosivos, mechas y sistemas de encendido sin provocar inquietud”, explica un testigo citado el jueves por el portal Your News Wire.

La página afirma que Malcom Howard, de 79 años de edad, fue agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, en inglés) durante 36 años y en la actualidad ha sido dado de alta de un hospital de Nueva Jersey (noreste de EE.UU.), tras lo cual se habría decidido a confesar su participación en el atentado de bandera falsa que sirvió de justificación a las invasiones por EE.UU. de Afganistán, semanas después, y de Irak, en 2003.

La Torre 7 que se derrumbó el 11-S lo hizo unas 7 horas después de caer a su vez las Torres 2 y 1 (Sur y Norte), en apariencia por el impacto en ellas dos de sendos aviones civiles secuestrados, según el FBI (Buró Federal de Investigaciones, en inglés), por 15 terroristas de Arabia Saudí y 4 de Emiratos Árabes Unidos (EAU), Egipto y El Líbano de la banda takfirí Al-Qaeda.

De acuerdo con el relato de Howard, su equipo (de cuatro hombres) tenía asignada la tarea de demoler la Torre 7 camuflando el hecho de que se trataba de una demolición, algo que les facilitó la situación, según él, de que “prácticamente todas y cada una de las oficinas de la Torre 7 estaban alquiladas por la CIA, el Servicio Secreto o el Ejército”.

Tras la acción de los explosivos, los restos del edificio, de 47 plantas, fueron derribados por el servicio de bomberos sin que nadie resultara dañado, lo que celebraron los agentes, preocupados aun así por que todo hubiera salido “demasiado redondo”, pudiendo levantar sospechas, en particular después de que la cadena paraestatal británica BBC diera la noticiadel derrumbe de la Torre 7 veintitrés minutos antes de que ocurriera.

Ese mismo día, de hecho, apuntó ya que en la caída de las torres debían haber sido empleados explosivos el actual presidente de EE.UU., Donald Trump, entonces constructor con décadas de experiencia con torres de gran altura en la misma Nueva York (noreste).

El autor de las confesiones dice haber aceptado entonces participar en la demolición y haber permanecido en silencio porque, “cuando eres un patriota, no pones en cuestión los motivos de la CIA ni de la Casa Blanca. Asumes que el propósito global obedece a un bien superior”.

hispantv

domingo, 11 de septiembre de 2016

11/S: Larry Silverstein, el arrendatario del edificio WTC7, consultó con aseguradoras sobre la demolición del inmueble horas antes de su caída en el 11-S

Por Greg Grisham


En un reportaje de la cadena estadounidense FOX es inesperadamente revelada, por las declaraciones de un oficial entrevistado, que “Silverstein había telefoneado a su compañía de seguros para ver si se autorizaría la demolición controlada del edificio". Pocas horas después los 47 plantas del WTC7 desplomaron simétricamente en un plazo de 7 segundos en un clásico ejemplo de demolición controlada.

Es un resumen traducido del artículo escrito por Joseph Paul Watson de Prisión Planet.com del 23 de Abril, 2010.

Larry Silverstein se hizo “famoso” por decir en 2001 ante cámara “decidimos tirarlo para evitar perder más vidas” así originando la controversia "Pull It”, (Hoy nada más buscar “Pull It” en Google produce ¡millones de resultados! dedicados a esta declaración de Silverstein que hasta hoy sigue negando haberlo dicho. Pero ahora, se revela que efectivamente oficiales estaban considerando la posibilidad de dinamitar el inmueble…

¿Cómo es de esperar demoler el edificio cuando dicho proceso se lleva semanas o incluso meses para configurar correctamente, incluso sin el caos del 11-S? ¿Cómo podrían colocar correctamente explosivos en tan corto plazo dentro de un edificio en llamas que ya había sido evacuado? - ¿A menos que los explosivos ya estaban en su lugar? Esta nueva revelación es asombrosa y debería ser investigado inmediatamente.

Es en este reportaje de FOX News, irónicamente dedicado a ridiculizar al anterior gobernador del estado de Minnessota, Jesse Ventura, por sus esfuerzos con el movimiento por la verdad sobre el 11-S. Son las declaraciones del anterior Fiscal de Washington D.C:, Jeffrey Scott Shapiro, que inesperadamente revela que el arrendatario del World Trade Center, Larry Silverstein, estaba hablando por teléfono a su compañía de seguros para intentar convencerlos de que el edificio debería ser derribado por demolición controlada. (Recordemos que Silverstein recogió cerca de US $ 500 millones de dólares en seguros como resultado del colapso del edificio 7, una estructura de 47 pisos que no fue impactado por un avión, pero se derrumbó en siete segundos el 11 de septiembre.) Afirma Jeffrey Scott Shapiro, "Yo estaba trabajando como periodista para Gannett News en la Zona Cero ese día, y recuerdo muy bien lo que he visto y oído."

"Poco antes de que el edificio se derrumbó, varios oficiales de la policía de Nueva York y los trabajadores de Con Edison me dijeron que Larry Silverstein estaba hablando por teléfono con su compañía de seguros para ver si se autorizaría a la demolición controlada del edificio. Decían que su fundación ya estaba inestable y se esperaba su caída".

En febrero de 2002, Silverstein Properties ganó 861 millones de dólares para riesgos industriales asegurados para reconstruir en el sitio del WTC 7.. La inversión estimada por Silverstein Properties fue de 386 millones de dólares. El resultado refleja una ganancia de casi $500 millones, debido al argumento de que era un acontecimiento accidental imprevisto.

"La demolición controlada redujo al mínimo los daños causados por el colapso inminente del edificio y salvó vidas. Muchos agentes del orden, bomberos y periodistas fueron informados de esta posible opción. No era ningún secreto. No hubo ninguna conspiración", escribe Shapiro.

Sin embargo, obviamente al tanto de cómo afectaría a su reclamación de seguro, Larry Silverstein rotundamente niega que hubo un plan para demoler el edificio WTC7 intencionalmente.

Esta metedura de pata de Shapiro debería preocupar a no solamente Larry Silverstein por poner en duda el pago del seguro masivo que recibió sobre la base de que el colapso fue accidental sino a todo el tinglado de beneficiarios de la versión oficial del 11-S.

En su famosa metedura de pata en 2001 Silverstein dijo, "Recuerdo que recibí una llamada del comandante del cuerpo de bomberos, diciéndome que no estaban seguros de que iban a ser capaces de contener el fuego, y me dijo: 'Hemos tenido esa pérdida terrible de vidas, tal vez lo más inteligente que hacer es tirarlo. Y ellos hicieron esa decisión de retirarse y vimos el colapso del edificio “…

Recordemos que varias agencias de noticias, incluyendo la BBC, la CNN y la FOX, informaron en directo de que el edificio WTC7 se había derrumbado 20 minutos antes de que sucediera.

Imágenes transmitidas 20 minutos antes del colapso del edificiomuestran la reportera de la BBC Jane Standley hablando sobre el colapso del WTC 7, mientras el edificio todavía seguía de pie. Otra emisión de la BBC muestra a los periodistas discutiendo el derrumbamiento del edificio 26 minutos antes de que sucediera.

El aspecto más reprobable de este artículo es la revelación involuntaria de Shapiro que Larry Silverstein estaba hablando por teléfono a su compañía de seguros presionando para que el edificio sea demolido, que es precisamente lo que sucedió más tarde en el día, y como testigos innumerables, así como los videos de evidencia física y material de archivo comprueban, el colapso del WTC 7 no pudo haber sido otra cosa que una demolición controlada…

El testimonio de Shapiro, con la intención de desacreditar las cuestiones que rodean la historia oficial detrás de 9 / 11, sólo ha logrado recaudar más preguntas, ya que contradice completamente la insistencia de Larry Silverstein de que nunca se consideró la deliberada demolición del WTC 7 con explosivos.


*Greg Grisham

investigar11s.org
Haciendo lo que los periodi$tas y ON€ españoles cobran por no hacer

11-S; una farsa que ya no se sustenta: Los Al Saud deben responder




A 15 años de los atentados del 11-S, donde murieron 3 mil personas en las Torres Gemelas y el Pentágono, ha comenzado a develarse la real implicancia de Arabia Saudí en estos hechos.

Hasta ahora la versión de las administraciones estadounidenses, desde el año 2001 a la fecha, tanto con George W. Bush como las de Barack Obama ha sido el de descartar la participación de la Monarquía Wahabita en el financiamiento y apoyo al grupo de terroristas que ejecutaron los atentados del 11 de septiembre. Esto, a pesar de todas las líneas investigativas y pruebas que mostraban que la Casa al Saud está involucrada. ¿Por qué negarse a investigar a fondo, denunciar y sancionar a aquel país que aparece como cómplice en la muerte de miles de sus ciudadanos? La “Pista Interior” en el seno de los gobiernos estadounidenses, que permitiría hilar la madeja, que reúne al establishment político y empresarial norteamericano con el complejo militar-industrial y una clase política, capaz de todo con tal de no ver afectados sus intereses nacionales e internacionales, ha comenzado a salir a la superficie y su negación ya resulta imposible.

Alea Jacta Est: “Los dados Están Echados”

El seguir negando lo que congresistas como Bob Graham o la candidata Presidencial por el Partido Verde, Jill Stein han exigido investigar – con relación a una investigación del Congreso estadounidense y 28 páginas que estuvieron bajo absoluto secreto desde el año 2002 a la fecha, suscitó interrogantes sobre la relación entre Arabia Saudí y Estados Unidos, al revelar hechos “respecto a que los autores del atentado del 2001, durante su estancia en Estados Unidos estuvieron en contacto, recibieron apoyo o asistencia de personas relacionadas con el gobierno de Riad” haciendo referencia a que de los 19 involucrados en estos hechos, quince de ellos eran de origen saudí e incluso el único preso por la causa del 11 de septiembre del 2001 Zacarías Moussauoi, de origen saudí – y extrañamente detenido un mes antes de los atentados y vinculado con posterioridad - ha señalado a su abogado defensor que dos príncipes sauditas fueron los financistas de los atentados.

Para la Sra. Stein el sacar a la luz todo lo que se sabe “permitirá no seguir estafando a la nación. Bajo nuestra administración – señala Stein – una nueva comisión tendría acceso a las considerables investigaciones independientes que han surgido en los últimos quince años. Queremos crear una Comisión independiente, no una dominada por miembros con interés en proteger la reputación y la carrera de la comunidad diplomática y de inteligencia”. Las declaraciones de la Sra. Stein se unen a las de políticos como las del Senador Bob Graham quien, como miembro de la Comisión Investigadora del Senado sobre los atentados señaló que “el documento que desclasifica 30 nombres de saudíes involucrados en los atentados – denominado archivo 17 - ofrece pistas que podrían renovar los llamados de legisladores para aprobar una ley que permita a los miembros de las familias de las víctimas demandar al Gobierno de Arabia Saudí por tener vínculos con esos atentados". El Informe Final de esta Comisión señala que no se excluía la participación de entidades benéficas, vinculadas con el gobierno saudí, desviaran fondos para la agrupación terrorista Al Qaeda.

Si bien es cierto la investigación está abierta a que los miembros del Congreso revisen la información, está prohibido que estén acompañados o saquen notas o fotografías. Esta confidencialidad, según el ex congresista republicano Porter Goss se debe “a las estrechas relaciones del ex mandatario George W. Bush con los saudíes”. Relaciones, no sólo políticas, sino también económicas y empresariales, incluso con miembros de la familia Bin Laden, que incluían a personajes como el ex Secretario de Defensa Donald Rumsfeld y el ex vicepresidente Dick Cheney. Negocios multimillonarios que involucran a empresas como Carlyle Group – donde aparecen nombres que han estado vinculados a Bush padre e hijo, Militares del pentágono y Congresistas – y The Bin Laden Group que hicieorn millonarios contratos tras la Guerra del Golfo del año 1991 y han participado con empresas filiales en la “reconstrucción” de Kuwait, Irak y la propia Afganistán.

Claramente, se requiere indagar por aquellos que estén alejados de los circuitos de poder y de complicidad. Dar a conocer lo que se investiga, pues si esto no es así se avala la tesis que estamos ante un encubrimiento de la actividad criminal de un país aliado de Washington, en común unión con políticos, militares y empresarios estadounidenses. En función de intereses que suelen denominarse de “seguridad nacional” y que con toda racionalidad podemos pensar que los atentados del 11 de septiembre del año 2001 fueron actos de bandera falsa, una gran impostura como lo sostiene el analista Thierry Meyssan en un libro publicado a pocos meses de los atentados del 11 de septiembre. Un atentado destinado a servir de base para desencadenar una guerra de alcance global y que explicaría las acciones desatadas por el ex presidente George W. Bush a partir de octubre del año 2001, primero contra Afganistán, luego contra Irak en el marco de la “Guerra Contra el Terror” que ha resultado ser una farsa monumental y las guerras de agresión contra Libia, Siria y la política de presión contra Irán y Rusia.

Para el ex piloto de la CIA y de la DEA, Phillip Marshall quien escribió un par de libros sobre los hechos del 11 de septiembre del 2001, uno de ellos “El Gran Engaño” sostiene la teoría que dichos atentados fueron actos deliberados destinados a justificar una política de guerra preventiva contra Irak, pero teniendo como objetivo posterior a Siria e Irán. Marshall aseguró que “los 3 mil muertos en Nueva York sirvieron de excusa para provocar los cambios que han ocurrido desde el 11 de septiembre. Era necesario un ataque estilo Pearl Harbor en Estados Unidos”. Este ex piloto de agencias de gobierno estadounidense fue encontrado, en febrero del año 2013 muerto, junto a su mujer y sus dos hijas adolescentes. Las autoridades calificaron estas muertes como suicidio.

A la par de recibir los beneficios de la explotación del petróleo saudí, Estados Unidos ha permitido a Riad tejer una red de ampliación de su doctrina religiosa a través de escuela coránicas - madrasas – en una expansión del wahabismo haciendo fluir generosamente los dineros provenientes del petróleo, no importando si esa decisión de expansionismo político-religioso creaba criaturas como Al Qaeda y el Actual Estado Islámico de Irak y el Levante – Daesh en Árabe – y con ello toda una ramificación de actividades terroristas, incluso en suelo estadounidense. Ha podido más el dinero de las ventas de armas del complejo militar industrial estadounidense a Riad, que sólo bajo las administraciones de Barack Obama han significado acuerdos de ventas por 115 mil millones de dólares. No afectar los activos saudíes en bancos norteamericanos, que superan los 800.000 millones de dólares y que la Monarquía Wahabita amenazó con retirar si la investigación que los compromete, respecto a los atentados del 11 de septiembre, continuaba.

Tiene más valor los intereses geopolíticos que Washington y sus aliados occidentales manejan en Oriente Medio junto a la Casa al Saud, devenida en Gendarme de esos intereses y a su vez en activa agresora de los pueblos como Yemen, Bahréin, Siria e Irak. Las reservas de petróleo y los jugosos contratos que empresas estadounidenses e inglesas tienen con la compañía Aramco Service Company. Todo ello, para Washington tiene mayor valor que la muerte de sus ciudadanos, si el objetivo es la sobrevivencia de un sistema político, económico y de dominio que incluso requiere de estos mecanismos, para pretender seguir en su papel de potencia hegemónica.

El hedor ya no se Puede Ocultar

Los temores saudíes respecto a que la investigación que los compromete hará saltar por los aires el encubrimiento que hasta ahora se mantiene con el aval de los gobiernos estadounidenses, se está haciendo realidad. Efectivamente, el Congreso estadounidense aprobó este viernes 9 de septiembre, una legislación, la llamada Ley de Justicia Contra Los Patrocinadores del terrorismo - JASTA por sus siglas en inglés - acción que permitirá a las familias de los fallecidos en los atentados de septiembre del año 2001 demandar a Arabia Saudita, visto que 15 de los 19 involucrados eran de origen saudí, lo que alcanzaría también a miembros de la casa real wahabita, como cómplices de estos crímenes. Para el congresista republicano Peter King el aprobar esta ley “representa un hecho relevante, un gran día para Estados Unidos y los familiares de las víctimas”. Si bien este paso adquiere enorme relevancia lo más probable es que Obama vete la aprobación de esta ley, tal como se comprometió con la Monarquía Wahabita. Si esto es así se generará un proceso de pugna entre el ejecutivo y el Congreso que seguirá tensionando la relación entre Washington y Riad.

Recordemos que Barack Obama, en el mes de abril del año 2016, cuando las noticias e informes sobre la participación de Arabia Saudita en los atentados del 11 de septiembre arreciaban, viajó a Arabia Saudí, para reafirmar su compromiso con el régimen wahabí, en varios aspectos. Entre ellos, tranquilizar a la Casa Al Saud., tal como ha sido prometido en su oportunidad a la entidad sionista, que Estados Unidos seguirá apoyando a Riad en el plano político, diplomático y militar en su pugna contra la creciente influencia de la República Islámica de Irán, considerada por ambos gobiernos como un enemigo de temer.

Igualmente, Obama se comprometió – en lo que quedaba de su mandato - a no dejar avanzar la posibilidad que el Congreso estadounidense apruebe una investigación que responsabilice a las autoridades saudíes de los atentados del 11 de septiembre del año 2011 en tierras norteamericanas, Prima, en esta promesa de Obama, el hecho que la Monarquía saudí señaló que si esa decisión se concretaba retiraría sus fondos de inversión en bancos Estadounidenses, convertidos en los nuevos paraísos fiscales tras el estallido mediático de los Panamá Papers, lo que generó la alarma del establishment político, empresarial y financiero de ese país. Un antiguo aforismo consigna “no se puede ocultar el sol con un dedo” y menos aún, por más productos que camuflen un olor nauseabundo, se puede ocultar la estrecha alianza entre los servicios de inteligencia de Estado Unidos y Arabia Saudita, sus gobiernos y clase política. Una alianza tejida en 71 años de relaciones, donde Estados Unidos, devenido en padre putativo de la Casa al Saud ha engendrado un monstruo que no tiene control, donde la propia concepción de dominio wahabita lleva en su seno la consolidación de una doctrina basada en el terror.

No es extraño entonces que la relación incestuosa entre Washington y Riad tenga ramificaciones, que derivan en la creación de grupos como Al Qaeda, cuyo origen se encuentra en la decisión de Washington de combatir a la ex Unión Soviética en Afganistán, en el campo de la que se denominaba Guerra Fría. Luego, en la consolidación del Nuevo Orden Mundial, donde la hegemonía estadounidense se asienta para, posteriormente, comenzar el desarrollo, financiamiento y apoyo militar para crear grupos como Daesh, Frente al Nusra, Boko Haram, Fath al Sham que han servido para desarrollar la estrategia del leading from behind estadounidense. Ello, con el proyecto de balcanizar y fragmentar naciones en pos de objetivos políticos, económicos y militares, entre Washington, sus socios occidentales y la triada conformada por Ankara- Tel Aviv y Riad.

Los propios documentos estadounidenses revelan la estrecha conexión entre el terrorismo y la Casa al Saud. Un despacho estadounidense - el denominado documento nº 242073 - enviado por la Secretaria de Estado dirigido, en ese entonces por Hillary Clinton, a sus Embajadas de Riad, Abu Dhabi, Doha, Kuwait e Islamabad, el año 2010, y dado a conocer, junto a otros 1.100 cables, por diverso medios de comunicación en el mundo, confirmó lo que era un secreto a voces y que sustenta la acusación contra la Casa al Saud como principales financistas del terror takfirí en el Magreb, Medio Oriente y Asia Central: “los donantes de Arabia Saudita constituyen la fuente más significativa de financiación de los grupos terroristas suníes en todo el mundo…aunque Arabia Saudita se toma muy en serio la amenaza del terrorismo interno, ha sido un continuo reto convencer a los funcionarios de ese país, para que aborden el financiamiento terrorista que emana de Arabia Saudita como prioridad estratégica. Este país continúa siendo una base de apoyo crítico para Al Qaeda, Los talibán, Lashkar e Tayba y otros grupos terroristas, que probablemente recaudan millones de dólares anualmente de fuentes saudíes, a menudo durante el hach y ramadán”. Situación que se conocía y que se sustentaba en los informes del año 2001 tras los atentados en Washington y Nueva York.

A 15 años de los atentados del 11 de septiembre, la verdad sale a la luz, ya no se puede ocultar. Se desentraña la relación criminal entre Washington y Riad, devenido en el principal impulsor del terrorismo a nivel global. Queda al descubierto que el derribo de las Torres Gemelas, el ataque – que aún genera interrogantes respecto a su ejecución - contra el Pentágono – y la caída, derribo o acto heroico de uno de los aviones secuestrados – el llamado Vuelo 93 – son hechos que permanecen en una nebulosa difícil de despejar pues involucran a los gobiernos de Washington y Riad.

Dan cuenta de relaciones que explican no sólo una férrea alianza política y militar, sino también la complicidad en guerras de agresión, la desestabilización del Magreb, de Oriente Medio y Asia Central, el cerco contra la República Islámica de Irán y la Federación Rusa y, sobre todo, la complicidad en operaciones que involucran a ciudadanos estadounidenses. Mientras ello no se aclare, mientras no aflore la verdad, seguirá rondando en el aire la responsabilidad de los gobiernos de Estado Unidos y la Monarquía wahabita en la muerte de 3 mil persona un 11 de septiembre del año 2001. Quince años de una historia truculenta, que aún tiene mucho que decirnos y donde a la par de Estados Unidos, la Casa al Saud debe responder y la ciudadanos estadounidenses exigir la verdad frente a una farsa, que ya no se sustenta.

Pablo Jofré Leal
Periodista y escritor chileno. Analista internacional, Master en Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en temas principalmente de Latinoamérica, Oriente Medio y el Magreb. Es colaborador de varias cadenas de noticias internacionales. Creador de página WEB de análisis internacional ANÁLISIS GLOCAL www.analisisglocal.cl

11-S: ¿Derrumbaron las Torres Gemelas con artefacto nuclear?

Editado por Pedro Manuel Otero – RHC - 11 de Septiembre de 2016




El elevado número de afectados por los ataques del 11-S en EE.UU., muestra que las Torres Gemelas fueron destruidas por un dispositivo nuclear, opina un analista.

Así ha asegurado este miércoles un académico de la Universidad de Minnesota de EE.UU., James Fetzer, en una entrevista concedida a la cadena Press TV, después de que un nuevo informe muestra que al menos 400.000 personas han sido diagnosticadas con varios problemas de salud provocados por la combustión de materiales tóxicos en los atentados terroristas en el año 2001.

De acuerdo con este informe, emitido esta misma jornada por la revista Newsweek, un total de 5441 de las 75.000 personas inscritas en el los Centros para el Control de Enfermedades y el Programa de Salud del Centro Mundial de Comercio (WTC, en inglés), han sido diagnosticadas con cánceres ligados a los ataques del 11-S.

Las indicaciones “incluyen que los edificios estaban soplando aparte en todas las direcciones, y que estaban siendo convertidos en millones de yardas cúbicas de polvo muy fino, otro rasgo de la firma de un evento nuclear", ha asegurado el analista, James Fetzer.

"Tenemos evidencias de que una significativa población —con algunas estimaciones hasta unos 700.000 personas— ha sido afectados por enfermedades médicas asociadas con la exposición a la radiación ionizante”, ha explicado Fetzer.

El académico llegó a afirmar que el ataque fue de hecho una demolición controlada usando "mini o micro armas nucleares" para destruir completamente las Torres Gemelas.

Para apoyar su teoría, el analista ha puesto en relieve que debido a la altura de las torres, debería hacerse grandes pilas de escombros, pero "en realidad estaban destruidos o incluso por debajo del nivel del suelo."

Según distintos reportes, las personas que asistían en las tareas de rescate ahora padecen varios tipos de cáncer, entre ellos, pulmonar, pancreático, de tiroides, leucemia y mieloma múltiple causados por los incendios.

El 11 de septiembre de 2001 un grupo de terroristas logró hacerse con el control de varios aviones y los lanzaron contra las Torres Gemelas de Nueva York y el edificio del Pentágono. El cuarto aparato se estrelló en el estado de Pensilvania. Los atentados se saldaron con alrededor de 3000 muertos.


(Tomado de HispanTv)
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