"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí
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jueves, 24 de junio de 2021

¿QUIÉN FUE EL ESPÍA SOVIÉTICO TRAIDOR, QUE REVELÓ SECRETOS SOBRE DESPLEGUE DE MISILES EN CUBA , LO CUAL GENERÓ LA CRISIS DE OCTUBRE DE 1962?

 Por Jorge Rodríguez Hernández

El film El ESPÍA , trasmitido recientemente por el Canal Cubavisión en el espacio Solo la verdad, conducido por el periodista Jorge Legañoa Alonso, motivó a escribir la siguiente reseña.

El coronel Oleg Penkovsky, desertor en plaza, pasó secretos a Estados Unidos y Gran Bretaña, desde abril de 1961 hasta agosto de 1962, sobre el despliegue de misiles  en Cuba, lo cual generó la Crisis de Octubre de este último año y ayudó al presidente estadounidense Jhon F. Kennedy a conocer las intenciones soviéticas y su capacidad de reacción.

Oleg Penkovsky , quien pasó el mayor número de secretos soviéticos a la CIA y al M16 sobre el referido tema, era hijo de un oficial zarista que luchó contra los bolcheviques en la Guerra Civil Rusa (1917-1920), y desde su graduación como oficial en 1939, tras cursar estudios en la Academia de Artillería, hasta finales de los años 50 del pasado siglo XX, fue promovido a diferentes responsabilidades militares, y adquirió conocimientos en diplomacia militar y en estrategia de inteligencia.

En un curso realizado en la Academia Frunze, aprendió a hablar perfectamente el inglés; realizó estudios de cohetería, y fue agregado en la embajada soviética en Turquía y la India.

Oleg Penkovsky advirtió que el anti-bolcheviquismo de su padre sería siempre una traba para la línea que él mismo diseñó para su carrera. De ahí que decidió desertar.

Una noche de agosto de 1960, se dirigió a dos turistas estadounidenses y les pidió si podían entregar una carta en la embajada de Estados Unidos en Moscú. Una vez comprobada la firma por la CIA y analizada la importancia de Oleg Penkovsky en el mundo de la inteligencia, intentaron ponerse en contacto con él a través de un agente con no mucha experiencia, ante lo cual Penkovsky decidió entonces ponerse en contacto con los británicos.

Cuando decidió desertar, Oleg Penkovsky estaba destinado en el GRU, la inteligencia militar, y se encargaba de las relaciones entre hombres de negocios occidentales y el Comité Estatal de Coordinación del Trabajo de Investigación Científica. El Servicio Secreto de Inteligencia inglés M16 conocía de Penkovsky a través de un hombre de negocios canadiense .

Fue así como Richard Helms, director de operaciones clandestinas de la CIA, decidió que los estadounidenses y británicos explotaran la información de Oleg Penkovsky, quien en abril de 1961 entregó una carta a Greville Wynne, un hombre de negocios británico. Algunos días más tarde, Penkovsky llegó a Londres al frente de una delegación soviética.

Un equipo conjunto CIA-M16 se dirigió a contactar con Penkovsky, quien en aquella primera reunión informó a ambos servicios de inteligencia que el líder soviético  Nikita Khrushchev se disponía a desplegar misiles nucleares en Cuba, con el fin de defender el país caribeño en el caso de un intento de invasión por parte de Estados Unidos.

´´Corteza de hierro´´ fue el nombre dado al material traído a Londres por el traidor Oleg Penkovsky, quien aceptó el ofrecimiento de desertar a occidente por parte de la CIA y el M16, quienes lo fotografiaron vestido de uniforme británico y estadounidense con los grados de coronel.

Oleg Penkovsky contó de apoyo para su labor con la oficial Janet Anne Chisholn, esposa de Roderich Chisholn, un oficial del M16 bajo cobertura diplomática en la Embajada Británica. Janet, quien antes de casarse fue secretaria en el M16, aprovechaba sus paseos diarios por el parque para recibir información y documentos por parte de Penkovsky.

La KGB soviética descubrió a Oleg Penkovsky, pues la CIA se volvió cada vez más ambiciosa y le pidió al desertor información ´´altamente clasificada´´, por lo que el 2 de noviembre de 1962, un agente de la CIA en la embajada de Estados Unidos en Moscú recibió una ´´llamada silenciosa´´, la cual indicaba que alguien había dejado información valiosa en uno de los buzones de seguridad.

Cuando el citado agente de la CIA, quien estaba bajo inmunidad diplomática, se disponía a recoger la información, fue detenido por la KGB y fue expulsado de la Unión Soviética.

Con respecto a Greville Wynne, el hombre de negocios británico, fue detenido por el espionaje húngaro y enviado a Lubyanka, cuartel general de la KGB:

Esto último ocurrió el propio 2 de noviembre de 1962, pero desde el 22 de octubre  Oleg Penkovsky ya estaba detenido, cuyo caso se hizo público en mayo de 1963, y el mismo reveló que Greville Wynne era su correo con occidente.

Oleg Penkovsky fue sentenciado a muerte y ejecutado el 17 de mayo de 1963 en Lubyanka, sede de la KGB, mientras que Greville Wynne fue sentenciado a tres años de prisión y cinco en un campo de trabajo, y finalmente fue intercambiado en abril de 1964 por el espía Gordon Lansdale y por Peter y Helen Croger.

Bibliografía consultada

Eric Frattini: KGB: Historia de la compañía , Editorial Edaf, 2005, Colección Los servicios secretos.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Crisis de octubre en la historia no contada de Estados Unidos


El teniente coronel Rubén Jiménez explicó en la Mesa Redonda de este miércoles, durante la presentación del sexto capítulo de la serie de Oliver Stone, La historia no contada de los Estados Unidos, que la Dirección de la Revolución y el gobierno de la URSS firmaron el acuerdo sobre la colaboración militar en la defensa del territorio nacional de Cuba. Fotos: Roberto Garaicoa

Por Yailin Orta Rivera, especial para la Mesa Redonda

En medio de la creciente escalada norteamericana, el 29 de mayo de 1962 llegó a Cuba una delegación soviética, que traía la encomienda de proponer a la Isla la instalación de cohetes con carga nuclear a fin de garantizar que los norteamericanos no invadieran el territorio y aumentar la posibilidad de defensa de la Unión Soviética.

El teniente coronel Rubén Jiménez explicó en la Mesa Redonda de este miércoles, durante la presentación del sexto capítulo de la serie de Oliver Stone, La historia no contada de los Estados Unidos, que la Dirección de la Revolución y el gobierno de la URSS firmaron el acuerdo sobre la colaboración militar en la defensa del territorio nacional de Cuba.

Se detuvo en que la posición del gobierno soviético era trasladar los cohetes a Cuba de manera secreta y darlo a conocer cuando estuvieran emplazados. Alegaban que no se podía decir porque EE.UU. no permitiría su traslado debido al poderío que tenía en el Atlántico.

Fidel, en cambio, planteaba que si no estábamos haciendo nada fuera de la legalidad internacional, ni nada amoral, por qué teníamos que hacerlo de manera encubierta. Nunca Cuba se opuso a hacer público el acuerdo militar cubano–soviético como acto soberano entre dos estados.

Aunque la parte soviética insistió en mantener la operación en secreto, esto fue imposible de lograr debido a su envergadura y al sobrevuelo sistemático de la aviación de exploración norteamericana sobre Cuba.

El experto detalló que hubo tres regimientos de cohetes de alcance medio: dos se ubicaron al norte en la zona de Pinar del Río, y el tercero estuvo al norte de las Villas. Esos cohetes tenían un alcance de 2 100 kilómetros.

El 18 de octubre, la Unión Soviética planteó que todo el armamento era estrictamente defensivo y que Estados Unidos no tenía que preocuparse. No obstante, la administración de Kennedy lo asumió como pretexto para desencadenar la crisis en octubre de ese año e imponer un bloqueo militar estricto.

En esos días ocurrieron dos incidentes: el primero fue con un submarino con armas nucleares que estuvo acosado por barcos americanos. “Llevaban varios días persiguiéndolo, y el 25 de julio comenzaron a tirarle cargas que no podían destruirlo pero que le indicaban que debía emerger. Una de esas cargas explota en la cubierta, lo zarandea y le ocasiona determinados daños. Estaban a una determinada profundidad y el capitán del submarino, en medio de su furia, mandó a buscar a un oficial para que armara el torpedo nuclear, porque preveía ascender y combatir.

“A esa profundidad no podía comunicarse con el mando superior en Moscú. Pero después se calmó, buscó al Jefe del Estado Mayor y le consultó esta decisión, y el Jefe de la Brigada de Submarinos no lo autorizó. Luego analizaron qué hacer y decidieron emerger, porque tenían prácticamente descargadas las baterías de acumuladores”.

El teniente coronel Jiménez especificó que el torpedo nuclear poseía las dos terceras partes de la carga de la bomba que destruyó a Hiroshima, y en ese contexto podía hundir a varios de los barcos norteamericanos que lo acosaban, pero no llegaba a ningún territorio.

El otro mayor momento de tensión se vivió cuando desde Banes se le disparó un cohete a uno de los aviones norteamericanos que sobrevolaban de forma rasante el territorio cubano.

“La orden la dio el Jefe del Grupo de combate, porque la situación había llegado a un punto tal, que la noche anterior dijeron que debían irradiar el espacio y localizar los aviones norteamericanos.

“Al mayor, después de derribar el avión, inicialmente lo arrestaron, a él y al instructor. Los llevaron para el Estado Mayor del Regimiento. Estuvieron varios días retenidos, hasta que Fidel habló en la noche del 1ro. de noviembre y reconoció que eso tenía una connotación positiva. Se incorporaron entonces al grupo de combate y concluyeron su misión. Luego al mayor lo ascendieron a teniente coronel, lo condecoraron con la Estrella Roja y fue coronel jefe de brigada de cohetes antiaéreos.

“El jefe de la división cuando recibió la información del derribo del avión buscó al jefe de cuadro y le dijo que preparara una orden de arresto y una condecoración, porque todo dependería de cuál sería la reacción”.

En este diálogo, el periodista y moderador Reinaldo Taladrid se interesó por los detalles de la solución de la crisis, a lo que Rubén Jiménez respondió que el acuerdo lo tomaron Estados Unidos y Rusia sin la participación de Cuba. La dirección de nuestro país conoció por radio de la decisión, ante lo que Fidel planteó los cinco puntos, muchos de los cuales todavía tienen total vigencia:

-Cese del bloqueo económico y de todas las medidas de presión comercial y económica que ejerce Estados Unidos en todas partes del mundo contra nuestro país.

-Cese de todas las actividades subversivas, lanzamiento y desembarco de armas y explosivos por aire y por mar, organización de invasiones mercenarias, filtración de espías y saboteadores, acciones todas que se llevan a cabo desde el territorio de Estados Unidos y de algunos países cómplices.

-Cese de los ataques piratas.

-Cese de todas las violaciones de nuestro espacio aéreo y naval por aviones y navíos de guerra norteamericanos.

-Retirada de la Base Naval de Guantánamo y devolución del territorio cubano ocupado por Estados Unidos.


El experto detalló que hubo tres regimientos de cohetes de alcance medio: dos se ubicaron al norte en la zona de Pinar del Río, y el tercero estuvo al norte de las Villas. Esos cohetes tenían un alcance de 2 100 kilómetros.


El teniente coronel Jiménez especificó que el torpedo nuclear poseía las dos terceras partes de la carga de la bomba que destruyó a Hiroshima, y en ese contexto podía hundir a varios de los barcos norteamericanos que lo acosaban, pero no llegaba a ningún territorio.


En este diálogo, el periodista y moderador Reinaldo Taladrid se interesó por los detalles de la solución de la crisis, a lo que Rubén Jiménez respondió que el acuerdo lo tomaron Estados Unidos y Rusia sin la participación de Cuba.

domingo, 25 de octubre de 2015

La Crisis de Octubre de l962. Algunos aspectos de interés (primera y segunda parte )

La Crisis de Octubre de l962 fue la primera vez, y, por suerte, la última hasta ahora, en que la humanidad se vio al borde de la guerra nuclear




Líneas de alcance de los cohetes R-12 y R-14 emplazados en Cuba. (Mapa 1) 

¿POR QUÉ SE TRAJERON LOS COHETES NUCLEARES SOVIÉTICOS A CUBA?

Cuentan que a principios de los años 50, cuando se iniciaba la carrera de las armas nucleares, al científico Albert Einstein, padre de la teoría de la relatividad, le hicieron en una entrevista la pregunta siguiente: “¿Con qué armas usted considera que se desarrollará la Tercera Guerra Mundial?” La respuesta fue rápida: “No creo que nadie pueda predecir eso, pero estoy seguro de que la cuarta será con el hacha de piedra”.

Sin embargo, la Crisis de Octubre de l962 fue la primera vez, y, por suerte, la última hasta ahora, en que la humanidad se vio al borde de la guerra nuclear, a punto de regresar al hacha de piedra, por lo que este suceso histórico continúa atrayendo el interés, medio siglo después, ya que aquellos días “estremecieron al mundo” en el sentido literal de la palabra.

Las primeras explosiones nucleares fueron realizadas por Estados Unidos en 1945, contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Naga­saki, las únicas efectuadas en situación de combate en la historia. La Unión Soviética de­tonó su primera bomba nuclear en 1949, comenzando así la carrera por el desarrollo de las armas nucleares, en la que Estados Unidos salía con cuatro años de ventaja y con una industria sobre la que no había caído una sola bomba durante la pasada guerra, mientras que la Unión Soviética había sufrido colosales pérdidas durante la misma.

Para el año 1962 la correlación existente de los medios portadores de armas nucleares que podían alcanzar el territorio del contrario era de 5 a 1 a favor de Estados Unidos. Pero la desventaja era mucho mayor si tenemos en cuenta las armas nucleares (cabezas de combate de co­hetes y bombas de aviación), pues mientras los soviéticos poseían algo más de 300 que llegaban a territorio norteamericano, estos contaban con unas 5 000 que podían impactar en la URSS, para una superioridad de 17:1.

Por entonces, hacía tres años que había triunfado la Revolución Cubana; durante los cuales el gobierno norteamericano trató de derrocar al gobierno revolucionario en diversas formas sin lograrlo, incluyendo la derrota sufrida por la invasión mercenaria en Playa Girón, en abril de 1961. Por cierto, esa derrota resultó sumamente humillante para el nuevo presidente de los Estados Unidos, J. F. Ken­nedy, al decir de su hermano y de algunos de sus asesores directos. Por esto, a fines de 1961 se organizó la Operación “Mangosta”, la que debía aportar el pretexto para realizar una nue­va invasión a Cuba, esta vez con las fuerzas armadas norteamericanas.

Ese objetivo fue siendo conocido por aquellos meses por los gobiernos soviético y cubano, de una forma más o menos segura. Al considerar los dirigentes soviéticos que Cuba no sería capaz de resistir la agresión militar directa de Estados Unidos, surgió la proposición de emplazar en la Isla un contingente de tropas soviéticas con cohetes nucleares de alcance medio que fueran capaces de alcanzar el territorio de Estados Unidos, considerando que esa sería la única forma de impedir la agresión, ya que en estas condiciones la misma ya no sería contra la pequeña Cuba, sino una confrontación directa con la Unión Soviética. Con­si­deraron además, que el traslado de los cohetes debía ser realizado en el más estricto secreto, dando a conocer su presencia en la Isla solamente cuando estuvieran emplazados y listos para el combate. Al hacer este planteamiento tenían en cuenta que Estados Unidos, a través de la OTAN, ya tenían emplazados en Europa cohetes de alcance medio nucleares que llegaban al territorio soviético, por lo que concluían que puestos ante el hecho consumado, los norteamericanos tendrían que aceptar la presencia de los cohetes en Cuba, al igual que ellos habían tenido que aceptar sus cohetes en Turquía, Italia e Inglaterra.


Esta proposición fue analizada los días 21 y 24 de mayo de 1962 en Moscú, por los máximos dirigentes del Partido soviético y por la jefatura de sus Fuerzas Armadas. En la segunda reunión fue aprobada la proposición presentada, quedando pendiente a la aprobación de la parte cubana; para hacer la proposición a los dirigentes de la Isla fue enviada con urgencia una comisión de alto nivel. La comisión llegó a La Habana el 29 de mayo y esa misma noche expuso el objetivo de su viaje al Primer Ministro, comandante Fidel Castro, quien ha expresado que en ese momento entendió que ellos estaban interesados en instalar los proyectiles, pues eso habría significado un cambio en la correlación de fuerzas y una mejoría en la posición militar de la Unión Soviética y de todo el campo socialista. El dirigente cubano hizo algunas preguntas y planteó que necesitaba reunir a la dirección del país para informar y tomar una decisión.

“A mí, personalmente, no me gustaba la presencia de esa base militar soviética en Cu­ba, por una razón de imagen de Cuba, de imagen de la Revolución Cubana. Pero no lo analizamos como una cuestión de gusto o no, sino desde el punto de vista ético y moral (...): si deseábamos que los soviéticos nos apoyaran en caso de una agresión, sería inmoral oponernos a la presencia de esas armas en nuestro país, puesto que ellas fortalecían también a la Unión Soviética (…) Por eso dimos una respuesta positiva”. [1]

Desde entonces se ha discutido cuál fue la causa verdadera del traslado de los cohetes soviéticos a Cuba: la defensa de la Revolución Cubana o el deseo de los dirigentes soviéticos de compensar la desventaja que tenían en armamentos nucleares con los Estados Uni­dos. Solo habría que agregar, sobre la base de los conocimientos actuales, que los dirigentes soviéticos conocían con bastante exactitud su inferioridad en aquella época y que con los cohetes que se decidió emplazar en Cuba esa inferioridad casi no se alteraba en la práctica.

LA COMPOSICIÓN DE LA AGRUPACIÓN DE TROPAS SOVIÉTICAS EN CUBA

El 10 de junio se realizó en Moscú una nueva reunión al más alto nivel, en la que se aprobó definitivamente el traslado de los cohetes nucleares a Cuba. El 13 de junio, el ministro de De­fen­sa de la URSS firmó las directivas para los jefes superiores de las tropas que participarían en la operación. En ellas se planteaban las misiones, la composición numérica, los tipos de ar­ma­mento y otras medidas, especificándose que todo sería ejecutado en total secreto. La composición prevista inicialmente para la Agru­pación de Tropas Soviéticas en Cuba fue la siguiente:

Tropas Coheteriles Estratégicas: Una división equipada con cohetes nucleares de alcance me­dio e intermedio. La división estaba compuesta por cinco regimientos, tres con cohetes de alcance medio del tipo R-12 (SS-4 según la denominación de la OTAN) y dos con cohetes de alcance intermedio R-14 (SS-5). Cada regimiento contaba con ocho rampas de lanzamiento y 12 cohetes, para un total de 40 rampas y 60 cohetes.

El alcance de los R-12 era de hasta 2 100 km. La potencia de una carga nuclear se mide por la cantidad de explosivo convencional que provoca una explosión equivalente, por esto, si una carga nuclear tiene una potencia de 100 kilotones, ello indica que es equivalente a cien mil toneladas de explosivo convencional. La potencia de la carga nuclear de un R-12 era de un megatón (equivalente a la detonación de un millón de toneladas de explosivos convencionales); si tenemos en cuenta que la bomba de Hiroshima tenía una potencia de 13,5 kilotones, vemos que la carga de un R-12 era 77 veces más poderosa. Por su parte, los cohetes R-14 llegaban hasta 4 500 km, mientras que la potencia de su carga nuclear era de 1,65 megatones, es decir, 127 veces más potente que la de Hiroshima. Con los cohetes R-12 y R-14 emplazados en Cuba se podrían batir blancos en casi todo el territorio continental de los Estados Unidos (ver mapa 1).

Fuerza Aérea: Sus unidades fundamentales eran un escuadrón de bombarderos ligeros IL-28 y dos regimientos de cohetes alados de corto alcance. Los bombarderos estaban equipados para transportar una bomba nuclear de seis kilotones (0,45 de la bomba de Hiroshima) cada uno, hasta la distancia aproximada de 1 000 km.

Los dos regimientos de cohetes alados poseían en total 16 rampas de lanzamiento y 80 cohetes del tipo FKR-1. Su alcance era de hasta 150 km y podían llevar cargas convencionales o nucleares con potencias de cinco a 12 kilotones (0,4-0,9 de la de Hiroshima). Para cada cohete se llevarían una carga convencional y una nuclear.

Tropas de la Defensa Antiaérea: Integradas por dos divisiones de cohetes antiaéreos y un regimiento de aviones cazainterceptores.

Las dos divisiones contaban con 24 grupos de lanzamiento de cohetes antiaéreos SA-75, los que eran efectivos hasta 34 km de distancia, con alturas de hasta 27 km. El regimiento aéreo de caza contaba con 40 aviones MIG-21, con características de primera línea.

Tropas Terrestres: Compuestas por cuatro regimientos de infantería motorizada, tres de los cuales estaban reforzados con grupos de cohetes tácticos de corto alcance, del tipo “Luna”. Cada regimiento tenía 2 500 hombres y contaba con tanques, carros blindados, artillería, morteros y cohetes dirigidos antitanque, entre otros medios. Los cohetes “Luna” se utilizaban contra blancos terrestres, su alcance era de hasta 55 km. Se enviarían a Cuba 36 cohetes de este tipo, 24 con cargas convencionales y 12 con cargas nucleares de tres kilotones (0,23 de la de Hiroshima).

Marina de Guerra: Compuesta por una escuadra de buques de superficie integrada por dos cruceros y cuatro destructores; una división con siete submarinos de ataque, cada uno con tres cohetes alados R-13 de 540 km de alcance y cabeza de combate nuclear; una brigada de cuatro submarinos regulares, cada uno con un torpedo de carga nuclear y los restantes convencionales; una brigada de 12 lanchas coheteras, cada una con dos cohetes de carga convencional y 40 km de alcance; un regimiento de bombarderos ligeros IL-28 equipados con minas y torpedos y un regimiento de cohetes alados de defensa costera, con cuatro grupos de lanzamiento de cohetes del tipo “Sopka”, para ser utilizados contra blancos navales de superficie; su alcance era de 80 km y llevaban cargas de combate convencionales.

Se previó iniciar el traslado de la Agrupación a fines de la primera quincena de julio y debía estar en disposición combativa en la Isla para fines de octubre.

A fines del mes de septiembre se decidió no enviar la escuadra de buques de superficie y la brigada de submarinos de ataque.

LA UBICACIÓN DE LAS UNIDADES SOVIÉTICAS QUE LLEGABAN

A medida que arribaban, a partir de finales de julio, las unidades de la Agrupación de Tropas Soviéticas (ATS) iban ocupando los lugares que les correspondían en el orden combativo previsto. Aunque los medios de la división de cohetes estratégicos aún no habían llegado, se trabajaba intensamente en la preparación de sus emplazamientos, los que habían sido seleccionados para dos regimientos de cohetes de alcance medio al norte de Santa Cruz de los Pinos-San Cristóbal-Candelaria, provincia de Pinar del Río, y un regimiento en Sitiecito-Calabazar de Sagua, provincia de Las Villas, mientras que los dos regimientos de cohetes de alcance intermedio se ubicarían en la zona de Guanajay (meseta del Esperón), provincia de Pinar del Río, y en Remedios-Zulueta, provincia de Las Villas.

En la gráfica de la página 4 se aprecian las ubicaciones previstas para los regimientos de infantería motorizada, en la zona de Artemisa, entre Managua y Santiago de Las Vegas, en las zonas de Remedios y Holguín, en las provincias de Pinar del Río, La Habana, Las Villas y Oriente. La base principal de los medios de la Marina de Guerra se encontraba en la bahía del Mariel. La jefatura y el estado mayor de la ATS fueron ubicados en los alrededores de la ciudad de La Habana. El almacén central de las cargas nu-cleares fue planificado en un polvorín subterráneo que estaba no lejos del poblado de Bejucal, a unos 20 km al sur de La Habana. Los dos regimientos de cohetes alados, del tipo FKR-1, se dislocaron en la Base Granma, cerca del Mariel, y en la zona de Mayarí Arriba, Sierra Cristal.

Los bombarderos ligeros IL-28 serían ensamblados en la Base Aérea de San Julián, provincia de Pinar del Río, operando posteriormente desde esa base y desde la Base Aérea de Holguín, en la provincia de Oriente. Por su parte, el regimiento de aviación de caza, equipado con los MIG-21, se basificaría en la Base Aérea de Santa Clara, desde donde se podrían dirigir hacia las regiones occidental u oriental del país, en dependencia de las necesidades, mientras que la Base Aérea de San Antonio, en la provincia de La Habana, permanecía como base principal de la aviación cubana.


El presidente estadounidense J.F Kennedy se dirige a la nación el 22 de octubre de 1962. Foto: Archivo


SORPRENDIDOS IN FRAGANTI

De acuerdo con un análisis, presentado por la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos a principios de octubre, había unidades de cohetes antiaéreos en las provincias de Orien­te, Las Villas, La Habana y Pinar del Río. En Oriente y Las Villas existían bases aéreas y gran­des unidades importantes de las fuerzas cubanas, en La Habana, estaba la base aérea más importante, además de otros grandes objetivos militares y civiles, pe­ro en la provincia de Pinar del Río no había na­da importante conocido y precisamente allí es­taban varios de los emplazamientos antiaéreos detectados. ¿Qué hacían en aquel lugar?

Según informes recibidos, en la parte central de la provincia de Pinar del Río había un área grande restringida que era controlada por personal militar soviético y cubano, además de que los cubanos que vivían allí habían sido evacuados. Las informaciones sobre el personal militar soviético en Cuba indicaban una mayor concentración de este en el extremo occidental de la Isla, mostrando mayor interés en Pinar del Río que en otras provincias. Era significativo que si con centro en el área restringida indicada se trazaba un círculo de 2 000 km de radio, alcance considerado de los cohetes SS-4, el territorio abarcado incluía las ciudades de Filadelfia, Pitts­burg, San Luis, Oklahoma, Dallas, San Antonio, el Ca­nal de Panamá y los campos petroleros de Mara­caibo, en Venezuela.

9 de octubre: El presidente Kennedy aprobó el vuelo de un avión U-2 sobre Cuba, con el propósito de obtener evidencias acerca de la sospechada construcción de emplazamientos para cohetes de alcance medio en el área restringida, de que se tenían noticias en la provincia de Pi­nar del Río. Durante la mayor parte del mes de septiembre y principios de octubre reinó el mal tiempo en Cuba, con muchas nubes sobre la Isla, lo que impedía o hacía poco eficiente la toma de fotografías aéreas del territorio; incluso este vuelo, ya aprobado, fue suspendido durante varios días por las condiciones del tiempo.

14 de octubre: Era domingo y reinaba el buen tiempo sobre Cuba; resultaba la oportunidad que esperaban los norteamericanos desde hacía cinco días. En las primeras horas de la mañana un avión U-2 fotografió, en una trayectoria de vuelo desde el sur hacia el norte, la franja del territorio occidental de la

Isla que pasaba sobre la localidad de San Cristóbal, en la provincia de Pinar del Río. Las 928 fotografías obtenidas so­bre territorio cubano durante seis minutos brindarían la primera evidencia segura de la presencia de cohetes de alcance medio en Cuba.

Lunes 15 de octubre: Un equipo de interpretación identificó en los alrededores de San Cris­tóbal varios objetos similares a los componentes de los emplazamientos de los cohetes de alcance medio SS-4 (R-12 para los soviéticos).

Tarde en la noche Ray Cline, subdirector de Inteligencia de la CIA, llamó por teléfono a McGeorge Bundy, consejero especial del presidente Kennedy para

Asuntos de la Seguridad Nacional, informándole que habían sido descubiertos cohetes de alcance medio en Cuba. Bundy decidió esperar a la mañana para alertar al Presidente.

Mientras tanto, en Cuba, el jefe del aseguramiento técnico-nuclear, al haber concluido las comprobaciones de la técnica que tenía confiada con resultados positivos, informó al jefe de la Agrupación de Tropas Soviéticas que las municiones nucleares estaban verificadas y listas para ser empleadas si surgía la necesidad.

Así estaban las cosas aquel lunes apacible.

Martes 16 de octubre: El presidente Kennedy recibió las fotos en la mañana. Entonces formó un grupo asesor de alto nivel, que fue conocido como el

Comité Ejecutivo del Consejo Nacional de Seguridad (ExCom, por sus siglas en inglés), para analizar la situación y proponer medidas.

La primera reunión del Comité fue esa ma­ñana. Kennedy explicó la situación creada y so­licitó a los presentes que abandonaran cualquier otra tarea. Al principio, el sentimiento ge­neral fue de que había que emprender alguna acción, no obstante, una pequeña minoría estimaba que los cohetes en Cuba no alteraban el equilibrio de fuerzas, por lo que toda acción era innecesaria. Mas la mayoría pensaba que el único camino posible era un ataque aéreo sorpresivo contra las bases de los cohetes.

Durante esa primera reunión no se tomaron acuerdos, pero se plantearon algunas de las ideas esenciales que discutirían en la se­mana. Entonces en el

Comité casi existía consenso a favor de una acción militar, pero sus integrantes desconocían que, cuando dicha acción podía ser inminente, ya había en

Cuba decenas de cargas nucleares para los cohetes tácticos, destinadas a rechazar un desembarco en la Isla, por lo que cualquier acción drástica de las fuerzas norteamericanas hubiera elevado demasiado el riesgo del inicio de una guerra nuclear general.

Desde aquel día comenzó a organizarse el Comando Unificado del Atlántico, órgano prin­cipal de mando para la dirección de las acciones militares futuras, al cual estarían subordinadas todas las fuerzas terrestres, navales y aéreas comprometidas.

Al mismo tiempo, al puerto de Mariel llegaba la motonave Omsk, en su segundo viaje, transportando seis cohetes R-12 para el regimiento de Santa Cruz de los Pinos-San Cris­tóbal, con lo que se completaban los 36 cohetes del tipo R-12 destinados a la división coheteril estratégica.

Durante el resto de la semana el Comité Eje­cutivo analizó las distintas variantes que po­drían ser aplicadas, hasta que el sábado 20 de octubre recomendó el bloqueo naval de la Isla, denominándolo “cuarentena”, de modo que fue­ra más aceptable para la opinión internacional, lo que fue aprobado por el presidente Kennedy; entonces se decidió que este se dirigiera a la na­ción y al mundo en la tarde del lunes 22.

Por entonces, el regimiento de cohetes R-12 emplazado en la región central de Cuba estaba listo para el combate, mientras que los dos regimientos ubicados en la zona de San Cristóbal continuaban preparándose. Además, una serie de barcos soviéticos se dirigían al Caribe, entre ellos el Alexandrovsk, con las cargas nucleares para los proyectiles R-14 y las 40 restantes para los cohetes alados tácticos, así como otros cuatro buques con los 24 cohetes R-14.

LA INTERVENCIÓN DEL SEÑOR PRESIDENTE

Lunes 22 de octubre de 1962: Cuando en horas de la mañana se anunció que Kennedy hablaría a las 7:00 p.m., para dar a conocer acontecimientos extraordinarios a la población de Estados Unidos, y teniendo en cuenta una serie de movimientos militares que se habían de­tectado en el sur de Estados Unidos, el Co­mandante Fidel Castro apreció que eso estaba relacionado con Cuba y con los cohetes soviéticos. Da­das esas circunstancias, ordenó poner en Si­tuación de Alerta a las FAR a las 3:50 p.m., y a las 5:35 p.m., decretó la Alarma de Combate pa­ra toda la nación, casi hora y media antes de que hablara Kennedy.

A las siete de la tarde, el presidente Kennedy inició su intervención:

“Conciudadanos, buenas noches. El Go­bier­no (…) ha mantenido una estrecha vigilancia sobre las actividades militares soviéticas en la isla de Cuba.

Durante la última semana se han obtenido pruebas inequívocas de que se están instalando bases de cohetes ofensivos en aquella Isla esclavizada. El objeto de estas bases no puede ser otro que el de montar una fuerza de ataque nuc­lear contra el hemisferio occidental”.[1]

Vease que desde el inicio pone a los cohetes la etiqueta de “ofensivos”, y los define como “una fuerza de ataque nuclear contra el hemisferio occidental”, como si los pérfidos soviéticos y cubanos quisieran reducir a polvo y cenizas a Costa Rica, Paraguay o Ecuador, entre otros.
“(...) Esta urgente transformación de Cuba en una base estratégica (…) constituye una evidente amenaza a la paz y a la seguridad de todos los americanos, en flagrante y deliberada violación (…) de las tradiciones de esta nación y de este hemisferio (…), de la Carta de las Naciones Unidas y de mis propias y públicas advertencias a los soviéticos”.

Veamos el párrafo anterior por partes.

—“de las tradiciones de esta nación”—. ¿A cuáles se referiría? A los viejos vicios de intervenir militarmente al considerar afectados sus intereses, de lo que eran aventajados testigos Mé­xi­co, Haití, República Dominicana, Nica­ra­gua, Cuba, etc., algunos incluso más de una vez. A las tradiciones de imponer Enmiendas Platt o a las de la política del Gran Garrote…

—“y de este hemisferio”—. Sería a las tradiciones de sumisión, de golpes de Estado, de corrupción galopante, de rendirles culto de ro­dillas a los dioses del Norte. ¿A cuáles de las tradiciones tendría en mente?
—“de la Carta de las Naciones Unidas”— . In­vocaba esa Carta cuando la iban a violar, haciendo caso omiso de dicha Carta... Cuando iban a implantar una medida de guerra en tiempo de paz, pues el bloqueo es un método de la guerra, por lo que solo puede ser legal en tiempo de guerra. El derecho internacional moderno no reconoce ningún “bloqueo pacífico”.

En otra parte de su intervención el señor Presidente planteaba: “...y nuestra historia, a diferencia de la soviética (…), demuestra que no tenemos el menor deseo de dominar o conquistar a cualquier otra nación, o de imponer a su pueblo nuestro sistema”.

¡Sorprendentes planteamientos! ¿Qué había pasado en Guatemala en 1954?, ¿qué estaba co­menzando a pasar en Vietnam?, ¿qué estaba pasando con Cuba desde hacía casi cuatro años?

En base a semejantes declaraciones, y a otras que harían demasiado extenso este trabajo, el señor Presidente resolvía, entre otras co­sas, las siguientes: “...se inicia una estricta cuarentena de todo equipo militar ofensivo con destino a Cuba. Todos los buques (…) serán obligados a regresar si se descubre que llevan armamentos ofensivos”.

Era una medida de fuerza, como la que solo podría haber aprobado el Consejo de Seguridad de la ONU en determinadas condiciones. ¡Pero es que ningún Estado puede ha­cer eso! Ningún Estado puede detener los barcos de otro. ¿Dónde lo harían? ¿En aguas norteamericanas? ¡No! ¡En alta mar, es decir, en aguas internacionales!

Y hacia el final de su discurso el señor Pre­sidente manifestaba: “Por último, quiero decir unas palabras al pueblo cautivo de Cuba (...) Os hablo como amigo (...) Pero nuestro país no quiere causaros sufrimientos ni imponeros ningún sistema político (...)”.

El Presidente mencionó que le hablaba al pueblo como amigo. ¡¿Qué clase de amigo?! ¿Sería amistosa la invasión de Playa Girón, lo de pintar los aviones como los cubanos para bombardear, sería muy amistoso?, ¿sería amistoso lo del bloqueo?

Lo que sí estaba claro era que el gobierno nor­teamericano no quería causarle ningún su­fri­miento al pueblo cubano, todo lo sucedido du­rante los últimos años no era más que un mal entendido. Y sobre todo, no querían imponer ningún sistema político. ¡Qué va!

En conclusión, que dos grandes potencias y el mundo en su conjunto estaban a medio paso de la catástrofe nuclear.

El discurso del Presidente fue brusco, persiguiendo el objetivo de crear la impresión, en los estadounidenses y en la opinión pública mundial, de que los cohetes soviéticos en Cuba re­presentaban en sí una amenaza mortal para Es­tados Unidos y otros Estados latinoamericanos, ya que a rusos y cubanos les hormigueaban los dedos por comenzar a oprimir los botones de lanzamiento.

LA REACCIÓN DE LOS “CAUTIVOS”

Martes 23 de octubre: Desde la tarde anterior, en Cuba se desarrollaba la movilización de los “cautivos”, para defenderse de sus posibles “li­beradores”.

Al amanecer ya estaban en completa disposición combativa muchas unidades cu­banas y soviéticas. El regimiento de la región central podía efectuar el lanzamiento de los cohetes 2:30 horas después de recibir la orden, pero las cargas nucleares se mantenían en el almacén central, a más de 300 km, por lo que se requería un plazo real de 20 horas para el lanzamiento. El regimiento de Candelaria-San Cris­tóbal y uno de los grupos de combate del de San­ta

Cruz de los Pinos-San Cristóbal, estaban casi listos, con sus rampas en diferentes plazos para el lanzamiento, en dependencia de sus condiciones concretas. Ambos regimientos estaban a 80-100 km del almacén central de cargas nucleares.

Mientras tanto, al puerto de Isabela de Sa­gua llegaba la motonave Alexandrovsk con las cargas nucleares de los cohetes R-14 y las 40 que faltaban para los cohetes alados tácticos FKR. Por la noche comenzó la descarga de las últimas. En aquellos momentos, la Agru­pa­ción de Tropas Soviéticas en Cuba ya contaba con alrededor de 43 000 hombres.

El Comité Ejecutivo se reunió en la Casa Blanca. Se discutió lo que se haría si uno de los aviones U-2 era derribado; se convino en que sería destruida la base de cohetes antiaéreos que hubiera disparado. Al finalizar la reunión, Kennedy aprobó la realización de vuelos de reconocimiento a baja altura sobre

Cuba para obtener más fotos, y más detalladas, de los emplazamientos de los cohetes soviéticos.
A partir de las 11:30 de la mañana se realizaron los primeros vuelos sobre las posiciones soviéticas y cubanas; se efectuarían dos veces al día, en la mañana y en la tarde, por varios aviones de forma más o menos simultánea sobre distintas regiones de la Isla. El Gobierno soviético solicitó al cubano que no se disparara contra ellos para no empeorar la situación.

Al llamado de la Revolución el pueblo respondió con valentía y firmeza. Nunca antes se había sentido tan cercano el peligro de la agresión militar directa; sin embargo, el país se preparó tranquilamente para enfrentar y resistir a pie firme el bloqueo total, los golpes aéreos limitados o masivos y la invasión.

Don­de­quiera ha­bía gente armada. Por toda la costa se abrieron trincheras, se emplazaron cañones, tanques y otros armamentos, mientras que por carreteras y caminos se desplazaban interminables co­lum­nas de tropas que se dirigían hacia todas partes. En las ciudades había mítines masivos y se organizaban nuevas unidades de milicianos; en los edificios habían colocado telas y carteles con consignas y llamados: ¡Patria o Muerte!, ¡Vence­re­mos!,

¡Cuba sí, yanquis no!, ¡Todos a las ar­mas! y otros.

En la Isla no existía pánico alguno, funcionaban la televisión y la radio, eran editados periódicos y revistas. A pesar de la alarmante situación y del peligro inminente, en el país reinaban el orden y la tranquilidad. En distintos puntos de La Habana y otras ciudades estaban emplazadas baterías de armas antiaéreas. En aquellos días no se interrumpió la vida cultural y social del país, al contrario, se desarrollaba una elevada actividad. Funcionaban los cines, clubes, círculos sociales, playas, teatros e instalaciones de­portivas. La gente reía, cantaba, bailaba, se burlaba del enemigo, engendraba hi­jos, en fin, disfrutaba de la vida, aunque podría decirse que esta transcurría por el filo de una navaja. El heroísmo era multitudinario. Tenía gran éxito el Ba­llet Nacional de Cuba, encabezado por Alicia Alonso, que realizó funciones en las trincheras. En tales momentos críticos, el pueblo mostró su tradicional fervor patriótico. En las ciudades te­nían lugar enormes manifestaciones, el pueblo enjuiciaba la agresión norteamericana y el país se convirtió en un gran campamento militar.

A las 7:06 p.m., el presidente Kennedy fir­mó la “Proclamación 3504”, en la que se de­claraba que la “cuarentena” de Cuba se establecería a partir de las 2:00 p.m. del 24 de octubre (hora de Greenwich).



*Teniente coronel (r) y fundador de las Tropas Coheteriles Antiaéreas
[1] Kennedy, Robert: Trece días (La crisis de Cuba) Editorial Plaza & Janes, p. 53. Las citas siguientes del discurso del presidente Kennedy también fueron tomadas de esta obra.
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