"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí
Mostrando entradas con la etiqueta America Latina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta America Latina. Mostrar todas las entradas

sábado, 2 de septiembre de 2017

PANAMÁ.- El bicentenario del nacimiento de Justo Arosemena

Por Marco A. Gandásegui, hijo, profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA

Justo Arosemena nos dejó tres interrogantes que deben ser resueltas por los panameños en el siglo XXI. En primer lugar, la cuestión de la nación. En segundo lugar, la cuestión social. ¿Somos un país productivo o un país de tránsito? La tercera pregunta, la cuestión geo-política. ¿Puede América Nuestra unirse para constituir un ente capaz de enfrentar los retos de un sistema mundo capitalista en expansión?

Justo Arosemena (1818-1895) nació en una época de turbulenia a escala mundial, especialmente, en la América hispana. Las guerras de independencia (1808-1824) y la construcción de las nuevas repúblicas absorbieron sus inquietudes intelectuales de joven. Sus propuestas liberales (libre comercio, industrialización y descentralización) – a mediados del siglo XIX - se enfrentaron a los intereses conservadores. Estos anhelaban, por lo contrario, reconstruir las estructuras sociales y económicas remanentes de la colonia.

En 1846 Arosemena analizó el interés de Gran Bretaña, Francia y EEUU en la empresa de la ruta interoceánica. Afirmó en esa temprana fecha que la nación del Norte era a la que más le convenía una fácil comunicación por el Istmo. Su entusiasmo por la reactivación de la actividad transitista del Istmo de Panamá, no lo hizo perder de vista el peligro que significaba para el país la actitud prepotente de la creciente presencia de EEUU en el istmo. El 17 de noviembre de 1850, manifestó que “las producciones de la prensa extranjera en Panamá toman cada día un tono y una dirección más alarmante... Llegan en sus groseros y desmedidos ataques al punto de entristecer profundamente a todo ciudadano patriota, que tenga en algo la dignidad de su país”.

A pesar del compromiso de Arosemena con “Colombia”, el historiador panameño, Ricaurte Soler, llega a una conclusión temeraria: “Los escritos de Arosemena constituyen la más lograda teorización, desde perspectivas democrático liberales, sobre los fundamentos históricos, geográficos y políticos que acreditan la existencia de la comunidad nacional panameña”.

En efecto Soler ‘nacionaliza’ a Justo Arosemena. Lo convierte en un nacionalista panameño, “padre de la nacionalidad”. Pero hasta el día de hoy las clases dominantes no lo consideran un héroe. No pueden porque en el siglo XIX Arosemena preveía la necesidad de definir una política clara y precisa a favor del país en lo relativo a la explotación de la posición geográfica. Ceder el Istmo a potencias extranjeras, según Arosemena, traería como consecuencia la pérdida de toda posibilidad de desarrollo. Este pensamiento se aplica a 1903 y aún en el siglo XXI. No podemos ceder la posición geográfica a terceros para que lo desarrollen en beneficio propio. El país exige una política que garantice el desarrollo nacional.

Arosemena también era consciente de que las ventajas de la posición geográfica no podían reemplazar la producción agrícola y manufacturera. No lo colocaba en una posición contraria a la consolidación de la unión nueva granadina. Sí lo convertía en el primer pensador panameño que identificaba las proyecciones del istmo de Panamá. En ese sentido, Soler recoge muy bien la propuesta federal de Arosemena.

Queda abierta la pregunta si el pensamiento de Arosemena conducía hacia la creación de una entidad republicana independiente de Colombia, tal como lo afirma la historiografía liberal y las obras de Ricaurte Soler. Una profundización en torno a esta cuestión nos obliga a examinar con mucho más cuidado la historia del Istmo del siglo XIX. Las investigaciones de Arosemena nos abrirían los horizontes necesarios para explorar esta cuestión. Asimismo, dilucidar con mayor precisión las decisiones tomadas por liberales y conservadores a principios del siglo XX que dieron a luz una nueva República.

Aún más importante, nos permite acercarnos a las respuestas a las tres preguntas de Justo Arosemena. En primer lugar, la cuestión de la nación. ¿Heredamos una nación en 1903 o construimos una nación a lo largo de un tortuoso y largo siglo XX? En segundo lugar, la cuestión social. ¿Somos un país productivo o un país de tránsito? Vivimos de nuestra producción o de las rentas de la posición geográfica. No podemos ser uno o el otro. Tenemos que ser productivos y saber administrar la faja angosta de tierra que separa los océanos más grandes de la tierra. La tercera pregunta, la cuestión geo-política. ¿Puede América Nuestra unirse para constituir un ente capaz de enfrentar los retos de un mundo capitalista en expansión? Pruebas hay al canto. Pero nosotros mismos saboteamos la visión de Justo Arosemena.

domingo, 3 de abril de 2016

El revanchismo conservador amenaza a América Latina

Emir Sader, La Jornada

Hablábamos de restauración conservadora, pero la expresión es un tanto fría para designar el proceso real con que la derecha latinoamericana amenaza a nuestros países. No se trata de un proceso frío de sustitución de un modelo económico por otro, porque detrás de ese cambio hay unos profundos en las relaciones de clase, con sentimientos y rencores.

Los gobiernos progresistas de América Latina cometieron el pecado de lesionar intereses de las élites dominantes. En Brasil, el editor jefe de O Globo –un tal Alí Kamel– alcanzó a escribir un libro para acusar a los que han adoptado la política de cuotas para negros en las universidades públicas de haber introducido (sic) el racismo en Brasil. Los negros estaban quietos, según él, a lo mejor resignados por su condición, en un país conocido por su democracia racial, por una miscegenación consentida, cuando la política de cuotas despertó en ellos sentimientos malos. El libro se llama No somos racistas y acusa a los que han impulsado políticas de cuotas de haber metido el racismo en Brasil.

Sentimientos similares se mantuvieron en sectores de las élites tradicionales cuando vieron que sus privilegios dejaban de serlo para volverse derechos de todos. Sectores de clase media no quieren derechos, prefieren privilegios, que los incluyan solamente a ellos.

Los gobiernos progresistas han promovido los derechos de la gran masa que siempre había estado rezagada, discriminada, excluida. Es una experiencia inolvidable para ellos y traumática para los que los querían siempre abajo. Se fueron acumulando rencores, conforme esa masa fue eligiendo y religiendo los gobiernos que atendían sus reivindicaciones.

Ahora, cuando la derecha ve posibilidades de retornar al gobierno –vía elecciones, como en Argentina, o con alguna forma de golpe blanco, como en Brasil y en Venezuela–, sus designios se van volviendo claros. No se trata solamente de adecuaciones económicas, sino de virajes fundamentales hacia economías de mercado, abiertas al libre comercio, de vuelta a estados mínimos y a recortes duros de empleos y de los derechos sociales de la gran mayoría.

Se trata de una verdadera revancha social, porque las correlaciones de fuerza entre las clases han cambiado mucho, en favor de las capas populares. Las élites y la derecha no perdonan haber cedido espacios para los derechos de la masa de la población. Macri ataca directamente las políticas sociales del gobierno de Cristina Fernández, con el pretexto de equilibrar las finanzas públicas y combatir la inflación.

En Brasil, el programa esbozado por los políticos más corruptos del país –Michel Temer, Eduardo Cunha, Renan Calheiros, vicepresidente y presidentes de la Cámara y del Senado, respectivamente, todos del PMDB– representaría un durísimo ajuste fiscal, con recortes sustanciales en las políticas sociales introducidas por el gobierno Lula y profundizadas por el gobierno de Dilma Rousseff. Además del ataque entreguista a Petrobras y al Presal.

Hablar simplemente de restauración parece algo plácido respecto de la violencia del contenido social de las medidas que buscan poner en práctica, así como de la represión que necesariamente las acompaña.

La lucha por la defensa de la democracia y de los gobiernos progresistas no es así solamente una guerra política y electoral. Es una inmensa batalla social, de defensa de la gran masa de la población, cuyos derechos están en juego bajo la feroz revancha de clases que la derecha lleva a cabo para recobrar el poder.

- See more at: http://mamvas.blogspot.mx/2016/04/el-revanchismo-conservador-amenaza.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed:+blogspot/KwAmj+(Jaque+al+Neoliberalismo)#sthash.rD0Vu5Ox.dpuf
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...