"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí
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martes, 12 de mayo de 2020

ROQUE DALTON: DOS PATRIAS TENGO YO, CUBA Y LA MÍA

Por Pedro Martínez Pírez

Fotos y edición/J M Zavaleta


Imagen que contiene firmar, colgando, amarillo, señal

Descripción generada automáticamenteEstuve hace cinco años, el 14 de mayo de 2015, cuando en el edificio enclavado en el número 162 de la Calle J, en El Vedado, el poeta y ensayista cubano Roberto Fernández Retamar, Presidente entonces de la Casa de las Américas, y Aída Cañas, compañera de Roque Dalton, y madre de sus tres hijos, develaron una placa que identifica el lugar donde vivió el gran poeta salvadoreño.

La placa fue elaborada en los talleres de la Oficina del Historiador de la Ciudad, que dirige desde hace muchos años Eusebio Leal Spengler, y en ella puede leerse un texto de inspiración martiana de Roque Dalton: Dos Patrias tengo yo, Cuba y la mía.

Al acto, efectuado en la fecha en que Roque Dalton cumpliría 80 años de edad, asistieron también Miguel Barnet, entonces Presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la poeta cubana Nancy Morejón y el salvadoreño Alfredo Elías, quien en esos momentos era el Cónsul de su país en Cuba.

La ceremonia fue breve, pero muy emotiva y de mucho contenido, pues en sus palabras Roberto Fernández Retamar, fallecido en julio del pasado año en La Habana, denunció el asesinato de Roque Dalton, todavía impune, así como la desaparición de los restos del gran poeta, escritor y periodista salvadoreño.

Yo había visitado en numerosas ocasiones el apartamento donde en ese edificio vivieron Roque Dalton, Aída Cañas y sus hijos Roquito, Juan José y Jorge.

En una ocasión fue para entrevistar a una famosa guerrillera salvadoreña, Mélida Anaya Montes, conocida como la Comandante Ana María, quien años después, en abril de 1983, fue asesinada, en un crimen muy parecido al que se cometió con Roque Dalton, por sicarios de su propia organización político militar.

En otra ocasión llevé al apartamento de Aída Cañas a un médico ecuatoriano, Galo Alvear, quien estuvo durante tres años como médico internacionalista, con el seudónimo de “Mario”, en la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional.

En ese encuentro, que fue una verdadera sorpresa para Aída y para el propio Galo, los entrevisté a los dos para un programa de Radio Habana Cuba, que transmitimos unos meses antes del triunfo electoral de Mauricio Funes, en marzo de 2009.

La candidatura del periodista salvadoreño Mauricio Funes, quien contó con el decisivo apoyo del FMLN, tenía muy ilusionados tanto a la viuda de Roque como al médico internacionalista ecuatoriano.

Durante el diálogo a tres voces Aída recordó que su apartamento se convirtió siempre, en vida de Roque Dalton, en lugar de reunión de intelectuales y artistas cubanos, entre los cuales mencionó el cantautor Silvio Rodríguez, quien dedicó a Roque y a Roquito, su hijo mayor caído en la guerrilla salvadoreña, su famosa canción “Unicornio Azul”.

Galo recordó cuando, en medio de los combates y cargando una especie de hospital en su mochila, con frecuencia resbalaba y caía, y los jóvenes guerrilleros salvadoreños reían, pero inmediatamente después de su caída lo socorrían para que pudiera seguir la marcha junto a ellos.

Fue un programa de radio bien hermoso el que logré con los valiosos testimonios de Aída Cañas y Galo Alvear, quienes a partir de ese momento forjaron una amistad que se prolonga hasta hoy.

Galo, quien siempre fue un admirador del poeta Roque Dalton, presidió en su provincia de Guayas, en Ecuador, la Coordinadora de Solidaridad y Amistad con Cuba, y en una ocasión me entregó como donativo para Radio Habana Cuba una gigantografía con el texto de la carta que el presidente Eloy Alfaro envió a María Cristina, la Reina Regente de España, pidiendo la independencia de Cuba.

Esa gigantografía con la histórica carta del Viejo Luchador ecuatoriano, fechada en Guayaquil el 19 de diciembre de 1895, figura en el Salón Principal de Radio Habana Cuba, como parte de una galería colmada de símbolos históricos de la Patria Grande.

Y fue también Radio Habana Cuba un centro periodístico donde en la década de los años sesenta laboró el poeta salvadoreño Roque Dalton, con otros periodistas e intelectuales de Cuba, y otras naciones de América.



En su orden, Pedro Martínez Pírez, Alfredo Elías, José Alfredo Pineda Dubón y Roberto Vizcaíno, en estudio “Orlando Castellanos” de Radio Habana Cuba, 2016

Y en homenaje a Roque Dalton, inauguramos un estudio con su nombre, su fotografía y copia de su contrato con Radio Habana Cuba, durante una transmisión en vivo realizada en abril de 2016, en ocasión del aniversario 55 de la emisora.

En esa transmisión, de la cual conservamos una grabación en nuestros archivos, participaron los salvadoreños José Alfredo Pineda Dubón, oyente fundador de Radio Habana Cuba, José Mario Zavaleta, corresponsal de la emisora en El Salvador, el entonces Cónsul en Cuba, Alfredo Elías, así como el abogado cubano Roberto Vizcaíno, quien como dirigente estudiantil había conocido y fue amigo del notable poeta revolucionario Roque Dalton.

Imagen que contiene texto, hecho de madera, verde, pantalla

Descripción generada automáticamenteContrato y foto en estudio “Roque Dalton”, de Radio Habana Cuba

Y en ese estudio “Roque Dalton” entrevisté yo a uno de los  hijos del poeta, Jorge, un cineasta formado en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, enclavada en la actual provincia de Artemisa. Jorge quedó gratamente sorprendido al conocer el Estudio de grabación que lleva el nombre de su padre, y en la entrevista agradeció a Radio Habana Cuba por recordar y enaltecer la figura de su progenitor.

Otro de sus hijos, Juan José, quien como su hermano mayor fue guerrillero, también se formó en Cuba, pero como periodista, y en la actualidad labora en el diario “ContraPunto”, en el Pulgarcito de América. Juan José me acaba de escribir desde El Salvador y en su mensaje expresa textualmente: “Mi padre amaba a Cuba, como nosotros… Esa es la sangre que corre en nuestras venas y está en nuestra ADN”.

Desde hace diez años Juan José y Jorge, en nombre de la familia,  formularon una denuncia ante la Fiscalía General de El Salvador señalando como los asesinos de Roque Dalton a los ex guerrilleros Joaquín Villalobos y Jorge Meléndez.

Nuestra familia ha insistido e insistirá, reiteran los hijos del poeta, en el hecho de que el asesinato de Roque Dalton, perpetrado el 10 de mayo de 1975, ha permanecido en la impunidad jurídica. Por lo tanto sus victimarios, en primera instancia, y el Estado en su conjunto, nos deben la sagrada verdad jurídica y la sagrada justicia sobre este caso tan doloroso para El Salvador y para toda la humanidad.

Ochenta y cinco años cumpliría este 14 de mayo el poeta Roque Dalton, a quien numerosos intelectuales y artistas de América y Europa han rendido homenaje, entre ellos los cubanos Roberto Fernández Retamar, Miguel Barnet y Silvio Rodríguez, los uruguayos Mario Benedetti, Eduardo Galeano y Daniel Viglietti, los argentinos Néstor Cohan y Julio Cortázar, el mexicano Paco Ignacio Taibo II, la estadounidense Margaret Randall, el nicaragüense Ernesto Cardenal, y el francés Regis Debray.

Es increíble que a 45 años de su asesinato, cumplidos el pasado 10 de mayo, no solamente el crimen se mantenga impune, sino que los asesinos no han revelado donde están sus restos.

En su orden, Nadia Batista, Aída Cañas, Pedro Martínez Pírez y Domingo Santacruz, en casa de Roque, 2011

Yo, que he visitado tantas veces su casa, que soy amigo de su compañera Aída y de sus hijos Juan José y Jorge, que fui el autor intelectual y material de bautizar uno de los estudios de grabación de Radio Habana Cuba con su nombre, finalizo esta evocación con un poema del propio Roque Dalton, titulado “Sobre dolores de cabeza”:

Es bello ser comunista,
aunque cause muchos dolores de cabeza.
Y es que el dolor de cabeza de los comunistas
se supone histórico, es decir
que no cede ante las tabletas analgésicas
sino sólo ante la realización del Paraíso en la tierra.
Así es la cosa.

Bajo el capitalismo nos duele la cabeza
y nos arrancan la cabeza.
En la lucha por la Revolución la cabeza es una bomba de retardo.

En la construcción socialista
planificamos el dolor de cabeza
lo cual no lo hace escasear, sino todo lo contrario.

El comunismo será, entre otras cosas,
una aspirina del tamaño del sol.

Prohibido olvidar a Roque Dalton García, el hombre grande de un país pequeño, el genio de la poesía que se quedó para siempre entre nosotros, en El Salvador, en Cuba y en toda Nuestra América, para deshonra de sus asesinos.

La Habana, 14 de mayo de 2020

lunes, 20 de marzo de 2017

GUATEMALA.- Otto René Castillo: Su ejemplo y nuestra responsabilidad

@elsocca


Por Roque Dalton

Nació en Quezaltenango, Guatemala, en 1936. El derrocamiento de la dictadura de Ubico y el inicio de la etapa democrática cayeron como una ola sobre la niñez del futuro poeta, y llenaron de estímulos político-sociales su vida circundante, sus años de la primera educación, su adolescencia.

En 1954 ya era presidente de la Asociación de Estudiantes de Post-primaria y uno de los activistas juveniles más destacados del Partido Guatemalteco del Trabajo.

A los 18 años de edad se establece en El Salvador. Ingresa a la Universidad después de un tiempo de dedicarse a diversos oficios para ganarse la vida: sereno de un parque de automóviles, pintor de brocha gorda, vendedor de libros. Simultáneamente escribe con gran intensidad poemas que pese a ser obras de primera juventud, llaman la atención en los círculos culturales de El Salvador y le abren las puertas de la gran prensa salvadoreña, sobre todo después de la obtención del Premio Centroamericano de Poesía de la Universidad, en 1955.

Su poesía se nutrió del dolor de su pueblo y de su indoblegable esperanza y fue un ardiente llamado y un homenaje a los sectores más explotados de Guatemala: las masas indígenas. Sus poemas a Atanasio Tzul son un ejemplo concreto de tal actitud.

Su actividad política y literaria en El Salvador fue sumamente importante. Desde el seno del Círculo Literario Universitario fue un trabajador inagotable en favor de la unificación de criterios de los artistas y escritores jóvenes de aquella época, y, asimismo, un divulgador de los poetas que más influyeron en el punto de partida de lo que luego se llamará la "generación comprometida" (Nazim Hikmet, Miguel Hernández, César Vallejo, Pablo Neruda, etc.)

Su labor poética trascendió las fronteras salvadoreñas y resonaba en Europa (la FMJD le otorgó, desde Budapest, el Premio Internacional de Poesía en 1957). Volvió a Guatemala donde obtuvo el “Premio Autonomía de la Universidad” en 1956,

Extrovertido, vital, de personalidad fuerte y simpática, no fue, sin embargo, una figura exenta de los errores y las debilidades de los jóvenes centroamericanos de su época. Su afán de vivir intensa y apasionadamente la vida, le cobró su precio frente a la severidad de sus camaradas mayores en edad y experiencia y le significó conflictos, desgarramientos, problemas. Por el contrario, los jóvenes le aceptaron siempre en su rica totalidad humana, necesariamente contradictoria con el medio. Quizás el motivo más importante de citar en este aspecto de su personalidad sea el de salvarlo del riesgo, que puede propiciarle su muerte admirable, de pasar a la historia como un santón, como uno de esos personajes planos a que nos tiene acostumbrados el apologismo póstumo.

En 1957, Otto René Castillo regresa a Guatemala, poniendo fin a su fructífero exilio salvadoreño. Sigue estudios de Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad de San Carlos donde recibe el premio "Filadelfo Salazar" al mejor estudiante y obtiene por su aprovechamiento una beca para hacer estudios en la RDA. En 1959 inicia sus estudios de Letras en Leipzig. En 1962 abandona la primera carrera para ingresar en la Brigada Joris Ivens, grupo de cineastas que serían los cuadros de un vasto plan para la filmación de materiales sobre la lucha de liberación de los pueblos latinoamericanos, dirigidos por el famoso cineasta holandés. Al terminar sus cursos, regresó al país en 1964. De nuevo se inicia la turbulenta mezcla de militancia política y de actividad cultural. En esta etapa dirige el Teatro de la Municipalidad de Guatemala. Cuando fue capturado en 1965, el régimen militar lo envía de nuevo al exilio. Las organizaciones revolucionarias guatemaltecas le imponen entonces una responsabilidad: pasa a ser representante de Guatemala en el Comité Organizador del Festival Mundial de la Juventud que se iba a celebrar en la capital de Argelia.

Con este cargo el poeta nuevamente recorre Alemania, Austria, Hungría, Chipre, Argelia y Cuba. Sus jefes hablan emocionadamente de su aporte material y humano, su entrega al trabajo, su espíritu jovial ante el sacrificio. Herido en combate fue capturado por las fuerzas del gobierno. Junto a Nora Paiz fue conducido a la base militar de Zacapa y después de haber sido torturado y mutilado, fue quemado vivo. Sus propios verdugos han testimoniado su entereza y su coraje ante el tormento y la muerte.

La obra poética de sus últimos años de vida fue recogida en el volumen Vámonos Patria a caminar, cuyos originales había corregido el autor en la cárcel en 1965, reeditado póstumamente en 1968, en México, con prólogo de César Montes.

En el año de 1964 había publicado en Guatemala Tecún Umán. Posteriormente un familiar del poeta en Alemania, hizo llegar a quien escribe estas líneas una extensa colección de su obra inédita, en la que aún trabajaba hasta poco antes de su muerte. En la confección de la Antología de su obra que publicó Casa de las Américas en La Habana bajo el título de Poemas, se han utilizado principalmente materiales incluidos en Vámonos Patria a caminar y en las colecciones inéditas.

Murió antes de llevar su poesía a la más alta depuración estilística pues lo mataron a los 31 años de edad. Sin embargo, su obra, de la cual el libro publicado en Cuba es solamente una parte representativa, quedará como un espléndido testimonio de pasión, confeccionado en el lenguaje necesario para conmover a los hombres de este tiempo en que él, tanto como los precursores y los adelantados de siempre, pasó como una ráfaga de fuerza y de autenticidad.

Otto René Castillo inicia su actividad pública en la época final de la etapa democrática guatemalteca (1944-1954), y en el seno del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), en un período complejo y contradictorio.


En la época de profunda desmoralización que siguió a la derrota de Guatemala, ciertas connotaciones del viejo espíritu militante en las cuales se había insistido tanto que habían llegado a tomar un tinte ridículo, sirvieron a muchos jóvenes guatemaltecos para aferrarse con las mandíbulas apretadas y los puños en los bolsillos, a la esperanza íntima en el triunfo final. La prueba que dio Otto René Castillo entonces fue de verdad importante: estuvo entre los que superaron la derrota.

De ese alto nivel de problemas cae a la soleada caverna que era la vida en la capital salvadoreña. Osorio repartía cheques, tierras, premios de la Lotería entre sus amigos, sobornaba a las fuerzas vivas y mantenía un clima represivo limitado. Los estudiantes universitarios se solidarizaban con los revolucionarios guatemaltecos y denunciaban el enriquecimiento ilícito de los grandes jerarcas. Fue a este medio al que llegó Otto René Castillo con su joven experiencia guatemalteca. El gobierno del Coronel Lemus que sustituyó el desprestigiado régimen Osorista en 1956 y que sabía que había pasado la época de las vacas gordas se inaugura con medidas tendientes a atraerse el favor popular: el reingreso de los exiliados, la permisión de organización a la clase obrera, la derogatoria de las leyes fascistas, las grandes promesas.

En tales condiciones se abrieron perspectivas amplias para el trabajo cultural a nivel público. Se fundaron diversas organizaciones de escritores y artistas jóvenes, entre ellas el "Circulo Literario Universitario" que hizo las veces de un organismo universitario de difusión cultural, pero que tuvo la función primordial de nuclear, de organizar, a los creadores jóvenes universitarios. Los poetas salvadoreños, y Otto René Castillo muy descollantemente entre ellos, invadieron las páginas de los diarios locales y las revistas, dieron conferencias y recitales polemizaron sobre diversos temas, plantearon mesas redondas, protestaron y, marginalmente, hicieron una vida entre militante y bohemia.

Sin embargo, bajo aquella febril actividad, existían preocupaciones de fondo. El tema de discusión principal bien pronto fue el de la responsabilidad social del escritor y del artista en las condiciones de los países atrasados y explotados de la América Central. Miguel Angel Asturias, el poeta guatemalteco, aportó una frase "El poeta es una conducta moral". Sobre esta frase se improvisó un pequeño pero sólido edificio de principios ético-estéticos: el poeta es una conducta moral, debe escribir como piensa y vivir como escribe.

Otto René Castillo fue uno de los principales animadores de aquel espíritu. Fuera de aquella frase de Asturias, los jóvenes que rodeaban a Otto René Castillo preferían aceptar que muy poco debían a las generaciones anteriores y que en el terreno político-cultural, la juventud centroamericana era una juventud sin guías, sin maestros ejemplares.

En aquel ambiente sobrecargado de inocencia, de buenas intenciones, de desconciertos, de verbosidad, de subdesarrollo, Otto René Castillo participaba como un nuevo tipo de salvadoreño y un nuevo tipo de guatemalteco, un nuevo tipo de compatriota y un nuevo tipo de extranjero.

Su regreso a Guatemala es la oportunidad del recuento, del nacimiento del espíritu autocrítico, cara a cara con su raíz original.

La "promoción cultural" a la que perteneciera en Guatemala, tuvo una serie de características que la singularizan entre todas las otras en el transcurso del siglo. En lo político, esta generación careció de las ataduras de grupo propias de las generaciones anteriores. Otra característica de esa promoción guatemalteca estuvo deparada por las condiciones materiales en que sus miembros tuvieron que desarrollar la labor creadora inicial. Su obra literaria se comenzó a escribir en la adversidad, en el exilio o en el país.

En lo estrictamente literario y cultural, su vuelta a la patria significó el reencuentro con los viejos amigos, con los escritores que de alguna manera había admirado. Se inscribe en la Facultad de Derecho y formó parte de Lanzas y letras.

Lanzas y letras, muy pronto sobrepasó los limites que sus fundadores se habían planteado. Revista concebida originalmente como órgano cultural estudiantil, sus páginas fueron de inmediato invadidas por todas las voces del presente nacional y mundial. La labor de esta publicación fue importantísima en esa etapa y trascendió hasta los países vecinos de América Central. Otto René Castillo no llegó a ver sino algunos de los primeros números de la revista, pues se le otorgó a través de la Asociación de Estudiantes Universitarios de Guatemala, la beca para estudiar en Alemania.

Desde un momento determinado de su vida literaria y política es un ejemplo ascendente de ruptura con los diversos niveles de la tradición. Primeramente había introducido en la poesía y en la visión político-cultural un nuevo enfoque del tema vernáculamente enfrentado: el del indígena explotado. En una zona tan profundamente marcada su planteamiento en este terreno involucraba un re-examen total de nuestras nacionalidades a partir de las raíces culturales ancestrales y llegó a ser uno de los principales impulsores. Las circunstancias ya descritas de la Guatemala de 1958-59 lo alientan para un nuevo tipo de ruptura: por ella da el viaje a Europa. Va a Alemania y con cierto candor acrítico que lo hace asimilarse un tanto líricamente a la complejidad de la vida en la RDA. Aunque también es un poco el heredero de la tradición inaugurada por el Popol Vuh que llega a las vecindades de Goethe y de Bach. Sería unos años más tarde que se daría otra instancia de ruptura para el joven poeta. Después de haber terminado sus estudios de idioma alemán, había ingresado a la Facultad de Letras en Leipzig donde se distinguió como un joven brillante, el mejor alumno extranjero
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