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viernes, 25 de noviembre de 2016

Plácido Domingo cumple su ilusión de cantar a Cuba, que ya adoró a sus padres




El cantante español Plácido Domingo (d) habla este jueves 24 de noviembre de 2016, durante una rueda de prensa en La Habana (Cuba). El tenor español ofrecerá un concierto el próximo sábado en el Gran Teatro de La Habana "Alicia Alonso". Alejandro Ernesto EFE

EFE
SARA GÓMEZ ARMAS, Nuevo Herald

Casi tres décadas después de ser invitado por la bailarina Alicia Alonso a actuar en Cuba, Plácido Domingo ofrecerá el sábado su primer concierto en la isla, con el que cumple su “gran ilusión” de cantar para el público cubano que en la década de los cincuenta adoraba las zarzuelas de sus padres.

“Mis padres fueron queridísimos por el público cubano. Hubo una gran entrega hacia ellos. Sobre todo a mi madre, que cantó aquí en muchísimas ocasiones”, señaló hoy en conferencia de prensa el cantante lírico español, de 75 años.

Sus progenitores, Plácido Domingo y Pepita Embil, decidieron en 1949 mudarse con toda su familia a México para fundar una compañía de zarzuela con la que cosecharon éxitos por los escenarios de Latinoamérica y en la que el pequeño Plácido inició su andadura como cantante.


“Hasta hoy yo solo había estado en La Habana una vez. Dos días, con 8 años, con mi tía y mi hermana, en el barco Marqués de Comillas, desde España de camino a México”, rememoró hoy el tenor y barítono sobre esa nueva vida que su familia inició allá.

Domingo confiesa que desde ese momento siempre tuvo “una gran ilusión y esperanza” de regresar a Cuba, algo que no se ha podido hacer realidad hasta hoy, 67 años después, para un concierto único el próximo sábado en el Gran Teatro de La Habana “Alicia Alonso”.

“En este viaje he pensado que ya no tengo ni 30 ni 40 años, ya bien saben mi edad. Estamos llegando al momento en que era indispensable venir porque ya no sé cuánto tiempo más cantaré”, confesó.

El cantante madrileño debutará en Cuba acompañado de la soprano puertorriqueña Ana María Martín y de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, dirigida en esta ocasión por el estadounidense Eugene Kohn.

“Mi condición para venir aquí era hacerlo con Ana María porque ella nació en Puerto Rico, pero su padre era cubano. (…) Es una extraordinaria soprano y una artista increíble y cuando está libre, que cada vez es menos, siempre la invito a cantar a los conciertos”, explicó Domingo.

No han salido a la venta entradas para disfrutar en vivo de ese espectáculo, ya que al teatro, con capacidad para más de 1.500 personas, solo se accederá por invitación; pero a cambio se colocarán en las afueras del recinto pantallas gigantes para seguir en directo el concierto con asientos para unas 2.000 personas.

“Yo quiero cantar a toda La Habana”, señalo Plácido Domingo, quien inicialmente barajó el emblemático Malecón o la Plaza San Francisco de La Habana Vieja para su actuación “para el público cubano”, opciones al aire libre que finalmente se desecharon por si las inclemencias del tiempo echaban a perder el acontecimiento.

Para suplir las décadas de ausencia en escenario cubano, Domingo advirtió que ya está pensando en un próximo concierto en Cuba si el público queda el sábado “satisfecho y contento”.

Para la cita del sábado, el cantante madrileño ofrecerá un repertorio “muy llamativo”, que incluye selecciones de óperas que lleva cantando medio siglo, de las zarzuelas que popularizó su madre en el continente y canciones cubanas, entre ellas obras de los compositores Gonzalo Roig y del “maestro” Ernesto Lecuona.

Aunque su debut oficial será el sábado, Domingo contó que mientras daba un paseo hoy por La Habana Vieja, casco histórico de la capital cubana, apareció la “gran artista” Omara Portuondo, con quien cantó “Cuando se quiere de veras”, su primera canción interpretada sobre tierra cubana.

Plácido Domingo dirige actualmente las Óperas de Washington y de Los Ángeles, después de haber labrado una sólida carrera de medio siglo en la que ha interpretado más de 150 roles en óperas y zarzuelas, además de triunfar en el grupo de “Los Tres Tenores” junto al italiano Luciano Pavarotti, ya fallecido, y al español José Carreras.

martes, 22 de noviembre de 2016

Mi vida es el escenario

Un concierto muy esperado y único ofrecerá el extraordinario intérprete a los cubanos este sábado 26, a las 8:30 p.m., en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, el cual podrá ser disfrutado también a través de pantallas que se ubicarán en las afueras del coliseo de Prado

José Luis Estrada Betancourt 
22 de Noviembre del 2016 0:59:27 CDT

Todavía la gente habla con admiración de aquel gesto altruista del inmenso Plácido Domingo cuando tuvo lugar el siniestro terremoto en México (1985, el mayor en la historia de ese país) justo cuando él debía cantar en Chicago, que lo llevó no solo a ofrecer conciertos benéficos durante un año, sino que por su empeño hasta se creó un modelo de casas que porta su nombre. Esa experiencia lo marcó de un modo tan fuerte, que expresó: «...tenemos que pensar mejor la vida, tratar de ser más generosos y menos egoístas. Vivir también y aceptar cosas. ¡Le damos una importancia a lo que no lo tiene!».

Y es exactamente esa generosidad probada la que ha hecho posible que el venidero sábado 26 de noviembre, a las 8:30 p.m., el ahora impresionante intérprete ofrezca un concierto único en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, organizado por el Ministerio de Cultura, el Instituto Cubano de la Música y el Consejo Nacional de Artes Escénicas.

La Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, dirigida por el estadounidense Eugene Kohn, tomará parte de este espectáculo que también podrá apreciarse en grandes pantallas situadas para tan especial ocasión en los alrededores del coliseo de Prado. Según ha trascendido, se trata de un concierto en el que intervendrá la soprano puertorriqueña Ana María Martínez. Tal vez sea esta esa oportunidad soñada en que el actual director general de la Ópera Nacional de Washington y de la Ópera de Los Ángeles, California, interprete canciones, boleros, fragmentos de zarzuelas... nacidas en esta tierra, pero a los que él ha regalado su sello inconfundible: Siboney, Quiéreme mucho, María La O, Canto Karabalí, Damisela encantadora, Nosotros, Capullito de alelí, Guantanamera..., todas ellas recogidas en los espectaculares ocho discos que conforman The latin album collection (uno de ellos, Siempre en mi corazón, dedicado íntegramente a nuestro Ernesto Lecuona).

En todo caso, el primer encuentro del público cubano, que lo admira profundamente, con este artista fuera de serie que ha hecho suyos exigentes roles de más de 150 óperas, será un acontecimiento que se recordará por largo tiempo. Con una carrera difícil de igualar, Plácido tiene el don de emocionar y enamorar a las audiencias. Por suerte lo ha hecho por muchos años, porque su vida nunca ha estado al margen de los escenarios y, afirma, no puede siquiera imaginársela de otro modo.

Galardonado varias veces con el Premio Grammy y nombrado Persona del Año de la Academia Latina de Grabación en 2010, el también director de orquesta y productor nació en Madrid, España, el 21 de enero de 1941, del matrimonio de los cantantes de zarzuelas Pepita Embil y Plácido Domingo. Quien debutara como barítono en 1959, interpretando a Pascual en la obra Marina, en el teatro Degollado de la ciudad de Guadalajara, México, a sus 75 años cumplidos admite que «lógicamente me voy cansando más. La ópera es el espectáculo más completo pero también el más cansado. Ensayamos tantas horas, con dos, tres o cuatro semanas de antelación según sea la producción. Y además usando la voz cada día. Creo que ha llegado el momento de buscar un equilibrio en mi agenda, quizá pensando en cantar más conciertos y menos funciones de ópera. Y según la energía que me quede, quizá algún día, de aquí a unos años, tenga que pensar en dejar la ópera. Mi vida es el escenario, y en un concierto actúo, me implico e intento hacer un personaje. En todo caso, algo me inventaré para seguir estando en el escenario el día que tenga que dejar de cantar ópera como tal. A día de hoy tengo contratos hasta el 2019. Iremos viendo de aquí a entonces cómo van las cosas y cómo responde mi voz».

La verdad total es que su voz continúa siendo impactante. «Yo he tenido suerte —ha explicado en entrevistas. Más o menos aprendí a cantar bien, y mi trabajo me costó. Hay una cantidad enorme de colegas míos tenores que empezaron ya con un registro agudo más natural, mientras que yo estuve mucho tiempo trabajando medio tono. Eso me ha llevado a trabajar de una forma más saludable, quizá, de modo que he durado más».

Pero Domingo insiste en que quizá el secreto se halle «en la pasión con la que vivo mi dedicación a los escenarios. Es algo continuo, una necesidad constante de dar algo al público. Hay trabajos muy creativos, como escritor o compositor, que obligan a pasar el tiempo en casa. En mi caso, sin embargo, como en el de tantos artistas, nuestra vida es un encuentro continuado con el público, cada dos o tres días. La energía genera energía y cuanta más actividad tengo, más actividad necesito tener».

Lo mejor es que Plácido se siente el mismo. «Trabajo con la misma pasión, con la misma intensidad y sobre todo con la misma honestidad», afirma quien profesa un respeto enorme por su público, ese que empezó a verlo aún más cercano a partir del mítico concierto que protagonizara junto a Pavarotti y Carreras en Caracalla, hace más de un cuarto de siglo. De aquel momento memorable recuerda:

«Fue algo extraordinario. En primer lugar porque supuso darle la bienvenida de nuevo a los escenarios a José (Carreras) que venía afortunadamente de superar su enfermedad. Y por otro lado, fue un concierto con unas dimensiones inéditas, que inauguró un mercado nuevo para la ópera, sin lugar a duda».
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