"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí
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viernes, 21 de septiembre de 2018

El FBI quiere mandar un mensaje a Cuba: estamos vigilando. Comentario HHC

POR NORA GÁMEZ TORRES Y JAY WEAVER, Nuevo Herald


Cuando agentes del FBI comenzaron a llamar recientemente a las puertas de exiliados cubanos en Miami y Nueva York que apoyan la normalización de las relaciones con Cuba, se desencadenó una ola de especulaciones sobre por qué la agencia federal estaría desplegando una campaña que muchos atribuyeron a remanentes de la Guerra Fría.

¿Intentaban los agentes recopilar información sobre los exiliados cubanos que apoyan el diálogo con el país comunista? ¿Buscaban inteligencia sobre posibles “espías” cubanos que podrían haberlos contactado? ¿O estaría esto relacionado con los misteriosos ataques contra los funcionarios de Estados Unidos en La Habana y que han enfermado a 26 personas?

Ninguna de estas teorías es correcta, de acuerdo con fuentes familiarizadas con los esfuerzos del FBI. Las visitas no estaban relacionadas con una investigación o una amenaza particular, ni siquiera con la política hacia Cuba del presidente Donald Trump, sino que tenían otro propósito: enviar un mensaje claro a Cuba de que el FBI todavía está vigilando a los espías cubanos infiltrados en el país y que la agencia no solo está prestando atención a las amenazas provenientes de Rusia, dijeron las fuentes, que no están autorizados para hablar públicamente sobre el tema.

El FBI no tiene como blanco a los exiliados cubanos, sino que está utilizando la publicidad en torno a las visitas a activistas que abogan por mejores relaciones con Cuba — quienes podrían tener contactos con diplomáticos cubanos— para llevar el mensaje al gobierno cubano.

“Son contactos de rutina, nosotros hacemos eso todo el tiempo”, dijo un oficial de una agencia policial de EEUU. “No estamos presionando una agenda de la administración Trump”.

La iniciativa del FBI, que se alimenta de la teatralidad de la época de Castro, tiene como objetivo poner en guardia a los posibles espías cubanos que podrían operar bajo una cobertura oficial en Estados Unidos.

Por ejemplo, el recientemente designado presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, viajará a EEUU al frente de una amplia delegación oficial a la Asamblea General de las Naciones Unidas, programada para fin de mes en Nueva York.

El Departamento de Estado ha otorgado 18 visas para la delegación, en la que, como acostumbra el gobierno cubano, es probable que viajen agentes de inteligencia.

Se espera que Díaz-Canel se reúna con empresarios estadounidenses y miembros de la comunidad cubanoamericana cercanos al gobierno de La Habana o que favorecen la política de “engagement” propuesta por el gobierno de Barack Obama.

Varios de los activistas que fueron contactados por el FBI recibieron la invitación para asistir a la reunión con la delegación cubana a la ONU, programada para el 28 de septiembre en Nueva York.

Las visitas del FBI fueron reportadas primero por el New York Times. Pero activistas citados por la publicación sugerían que la agencia federal los estaba señalando por sus opiniones políticas a favor de la normalización de las relaciones con Cuba y en contra de la retórica más dura del presidente Donald Trump.

El Nuevo Herald contactó a dos de activistas contactadas por el FBI, pero una de ellas no quiso ser citada.

“Llevo 20 años trabajando el tema de Cuba, por la normalización. Jamás en todo es tiempo me había llamado el FBI”, dijo Elena Freyre a el Nuevo Herald. “Si el motivo es político, están rompiendo con sus propias leyes. El FBI debe tener cosas más importantes que hacer que andar persiguiendo a abuelas cubanas para ver con quién están hablando”.

Según Freyre, agentes del FBI se presentaron a su antiguo trabajo y le dejaron un mensaje de voz en su celular. “Nunca les respondí. No tengo ni las mínimas intenciones de hablar con ellos”, aseguró.

Varios activistas contactados por el FBI en Miami dijeron al New York Times y al Herald que los agentes se identificaron como miembros de una iniciativa con el nombre de “Abdala”, una obra de teatro del escritor y líder independentista cubano José Martí.

El Nuevo Herald supo que el grupo, dedicado a temas relacionados con Cuba, no es nuevo y lleva años operando.

Oficialmente, el FBI emitió una declaración sobre el alcance de sus actividades en modo general pero declinó comentar sobre amenazas reales provenientes del espionaje cubano.

“En el curso de nuestras funciones, el FBI interactúa abierta y regularmente con los miembros de las comunidades a las que servimos para generar confianza mutua en la lucha contra la posible actividad delictiva y las posibles amenazas para el pueblo estadounidense”, dijo el comunicado. “El FBI siempre ha confiado en la cooperación del pueblo estadounidense para mantener a nuestro país a salvo, y mantener líneas abiertas de comunicación ayuda al FBI a ser más receptivo a las preocupaciones de la comunidad”.

Algunos de los exiliados cubanos contactados por el FBI se reunieron con la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) en Miami a principios de este mes. Pensando que las visitas del FBI eran de naturaleza política, la ACLU sugirió que presentaran una solicitud bajo la Ley de Libertad de Información para obtener los expedientes que el FBI podría tener sobre ellos.

Otros activistas en Miami especularon que el FBI podría estar respondiendo a una petición del Congreso para dedicarle más atención a la posible presencia de espías cubanos en EEUU. Un nombre salió a relucir, el del senador demócrata Bob Menéndez, cuyos esfuerzos lograron que el FBI incluyera a Joanne Chesimard — juzgada por matar a un policía en New Jersey y exiliada en Cuba — en la lista de los terroristas más buscados.

Pero la oficina del senador cubanoamericano negó que este tuviera que ver con la campaña del FBI. Ellos estaban tan sorprendidos por la historia como los demás.

Es difícil conocer el tamaño de la actividad de espionaje del gobierno cubano en Estados Unidos. Según estimados del excapitán y desertor del Ministerio del Interior Cubano, Enrique García, Cuba podría tener más de 3,000 agentes de inteligencia operando en los Estados Unidos—incluidos los llamados “ilegales”— cultivados durante casi seis décadas. A ellos podrían sumarse cerca de 1,600 “agentes de influencia”.

Pero estas proyecciones están basadas en los niveles de “relaciones de inteligencia” mantenidas en 1989, cuando desertó García, y los recursos destinados para el espionaje en EEUU podrían haber variado.

Tras casos notorios en las dos décadas anteriores—la Red Avispa (1998), la analista de la Agencia de Inteligencia de Defensa, Ana Belén Montes (2001); los profesores Carlos y Elsa Álvarez (2006) y los esposos Walter y Gwendolyn Myers (2009) — el tema no ha arrojado nuevos titulares.

Pero las agencias de seguridad continúan identificando a los servicios de inteligencia de Cuba como una amenaza a la seguridad de EEUU, aún cuando las dos naciones restablecieron relaciones diplomáticas.

En el 2014, el FBI hizo público un informe advirtiendo que los servicios de espionaje cubanos tenían como objetivo captar simpatizantes dentro de la academia estadounidense.

En el 2016, el entonces director nacional de los servicios de inteligencia James Clapper dijo que los servicios de inteligencia de “Rusia y China representan la mayor amenaza, seguidos por Irán y Cuba, a menor escala”. Al comparecer ante el Senado, Clapper dijo que la inteligencia cubana “continúa viendo a Estados Unidos como una amenaza primaria”.

Siga a Nora Gámez Torres en Twitter: @ngameztorres

Comentario HHC: De risa una explicación tan infantil al saberse denunciados los del FBI y demuestran que están en penumbras son cómplices de las agresiones a Cuba.

sábado, 15 de septiembre de 2018

Regresa la Guerra Fría: El FBI intimida a emigrados favorables a las relaciones con Cuba



El FBI contactó a al menos cinco cubanoamericanos favorables a las relaciones con su país de origen. Foto: RT

La Guerra Fría está de vuelta, al menos en el cálido estado de Florida. Agentes del FBI están tocando las puertas de emigrados cubanos que apoyan la mejoría de las relaciones entre La Habana y Washington como parte de una campaña que los propios contactados califican de “intimidatoria”.

“Me parece que el propósito es intimidación. Esa es mi opinión, ya que en ningún momento fueron claros ni transparentes en cuanto a los propósitos o razones”, asegura a Cubadebate Elena Freyre, de 70 años, una de las personas que los agentes federales contactaron para sondear su relación con Cuba.

Miembros del FBI visitaron el antiguo trabajo de Freyre la semana pasada y no la encontraron. Más tarde le dejaron un mensaje de voz.

Al menos cinco cubanoamericanos fueron visitados por el FBI con propósitos similares, de acuerdo con un artículo del diario New York Times y una confirmación independiente de Cubadebate.

“Aquellos de nosotros que queremos y defendemos nuestro país no nos dejaremos intimidar. Sobre todo porque nadie está haciendo nada indebido ni en contra de ninguna ley ni ningún país”, añade Freyre, quien preside ForNorm, una organización a favor de la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

La visita a Julio V. Ruiz

Las personas contactadas tienen rasgos en común. Forman parte de un grupo de emigrados que llegaron a Estados Unidos siendo niños y luego buscaron retomar los nexos con su país de origen, a pesar de la política de agresión de las administraciones norteamericanas.

El Dr. Julio V. Ruiz, un psiquiátra retirado de 71 años y residente en Miami, participó en los diálogos de 1978 que marcaron un punto de inflexión en las relaciones de la mayor de las Antillas con su emigración y se ha mantenido activo en la defensa de las relaciones con su país de origen.

El jueves de la semana pasada, dos agentes del FBI se presentaron en su casa.

“Estuvieron tocando en mi puerta por 15 minutos”, cuenta a Cubadebate V. Ruiz. “Yo no abría porque normalmente a esa hora 1:30 p.m. solo te tocan los Testigos de Jehová haciendo proselitismo. Mi calle es cerrada y hay solo seis casas”.

Cuando abrió se trataba de “un muchacho y una muchacha en sus 30’s, que ni siquiera preguntaron al yo abrir si era Julio V. Ruiz. Simplemente comenzaron diciendo que estaban haciendo una entrevista”.

“Al yo decirles que no estaba interesado en entrevistas, se identificaron como Agentes del FBI enseñando sus dos carnet con una placa dorada adentro”, añade.

De acuerdo con V. Ruiz, el un muchacho era origen cubano, por su acento en español, mientras su compañera parecía ser de origen puertorriqueño. “A todas estas quisieron hablar en Español, siendo yo bilingüe”.

Los oficiales hicieron varias preguntas durante cerca de media hora: ¿Cómo yo veía las relaciones entre Estados Unidos y Cuba? ¿Como creía que se podrían mejorar? ¿Qué creía que iba a responder Cuba en caso de que las relaciones empeoraran?

Pero la situación se puso más extraña cuando los agentes se interesaron en si V. Ruiz había tenido contacto con alguien del “gobierno cubano” o de la Embajada cubana en Washington.

“Les dije que yo conocía personalmente al Embajador y al actual Cónsul”,señaló.


V. Ruiz (centro), junto al Embajador cubano en Washington (derecha), en una foto pública de la red social Facebook.

A V. Ruiz le pareció extraña la pregunta, ya que no es ilegal hablar con diplomáticos de cualquier país en Estados Unidos. “Aquí la Primera Enmienda de la Constitución es muy importante”.

“Es un poco extraño tener al FBI haciendo preguntas sobre eso”, coincide Elena Freyre. “Varios de nosotros estamos trabajando con los abogados de la ACLU (Sociedad American de Libertades Civiles) para proteger nuestros derechos”.

“En Estados Unidos no es un delito ser pro-normalización, pro-diálogo con Cuba”, dijo Howard Simon, director ejecutivo de la ACLU.

V. Ruiz señaló que los abogados recomiendan en ningún caso conversar con los agentes federales, por sus posibles implicaciones. “Si el presidente Trump no quiere y rehúsa hablar con ellos, por recomendación de su equipo de abogados, imagínate nosotros”.

“Los honorarios de un buen abogado aquí son una pequeña fortuna para algunos”, añadió.

El regreso de la Guerra Fría

A pesar del cambio en el ambiente anticubano de la Florida en los últimos años, algunos de los emigrados que mantienen una posición abiertamente favorable a las relaciones con La Habana todavía son objeto de escarnio por parte de elementos de ultraderecha.

Pero la intimidación por de agentes gubernamentales resulta una escalada que hace levantar viejas alarmas de la Guerra Fría.

“Creo que el momento no es casual; es parte de esta atmósfera de hostilidades que lamentablemente ha surgido de nuevo”, señaló Elena Freyre. “Hacía muchísimos años que este tipo de manipulación no sucedía”.

V. Ruiz recuerda cuando lo visitaron en casa de sus padres en 1998 por haber llamado a la entonces Oficina de Intereses de Cuba en Washington.

“¿Por qué se está recrudeciendo ahora?”, se preguntó. “Porque el Partido Republicano controla. La extrema derecha cubana es republicana. Tienen personas claves en el gobierno como Mauricio Claver-Carone, Marco Rubio, y toda la comparsa cubana”.

V Ruiz considera que la situación será aún peor los próximos dos años.

Otra Fuerza de Tarea contra Cuba


Folleto entregado por el FBI a una de las personas contactadas. Foto: Cubadebate

Uno de los acápites más insólitos de la visita del FBI a V. Ruiz fue la mención de que los agentes eran miembros de una “Fuerza de Tarea Nacional” que investiga temas relacionados con Cuba.

Aunque Cubadebate no pudo confirmarlo, conoció reportes de que otras personas, sin ser de origen cubano, han sido contactadas en Nueva York y Washington para indagar sobre sus vínculos con La Habana.

Según el New York Times, los agentes dejaron folletos sobre el “proceso de elicitación”.

La elicitación es un término asociado a la psicología que se refiere al traspaso de información de forma fluida de un ser humano a otro por medio del lenguaje, pero que también se utiliza en temas de inteligencia.

“Como parte de sus deberes, el FBI regularmente y de forma abierta interactúa con miembros de las comunidades que sirve para desarrollar una confianza mutua respecto a combatir posibles actividades criminales o amenazas al público estadounidense”, señaló la agencia en un comunicado ante la petición de información del diario neoyorquino.

Sin embargo, no especificaron en qué forma afecta la seguridad nacional el hecho de que emigrados cubanos favorezcan una mejoría de las relaciones con su país de origen ni que mantengan contacto con diplomáticos debidamente acreditados en Estados Unidos.

sábado, 17 de marzo de 2018

Ex "número 2" del FBI McCabe acusa de represalia a Trump tras ser despedido

Por Sarah N. Lynch

WASHINGTON (Reuters) - El ex “número dos” del FBI, Andrew McCabe, afirmó que fue cesado en la noche del viernes por ser un testigo crucial en el caso que investiga si el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está intentando obstruir las pesquisas sobre Rusia.

El fiscal general, Jeff Sessions, dijo en un comunicado que considera justificado despedir a McCabe después de que el órgano supervisor interno del Departamento de Justicia descubrió que filtró información a periodistas y engañó a los investigadores sobre sus acciones.

“El FBI espera que todos los empleados se adhieran a los más altos estándares de honestidad, integridad y responsabilidad”, señaló Sessions.

No obstante, McCabe, que jugó un papel crucial en las investigaciones del FBI sobre Hillary Clinton y la interferencia rusa en la elección estadounidense de 2016, negó las acusaciones y aseguró que se trata de una represalia del gobierno de Trump.

En un largo comunicado, McCabe indicó que cree que se ha convertido en un objetivo político porque corroboró los reclamos del exdirector del FBI James Comey de que Trump intentó presionarle para que pusiera fin a la pesquisa sobre Rusia. El mandatario despidió a Comey el año pasado y reconoció en una entrevista televisiva que lo hizo por “esta cosa sobre Rusia”.

La salida de McCabe se produjo dos días antes de su 50 cumpleaños, cuando podría jubilarse de la Oficina Federal de Investigaciones con su pensión completa, y nueves meses después del de Comey.

“Estoy siendo apartado y tratado así por el papel que jugué, las acciones que adopté y los hechos de los que fui testigo tras el despido de James Comey”, dijo McCabe en su comunicado. “Este ataque contra mi credibilidad forma parte de un esfuerzo más grande (...) para manchar al FBI, a las fuerzas de seguridad y a los profesionales de la inteligencia en general”.

En la madrugada del sábado, Trump escribió en Twitter: “Andrew McCabe DESPEDIDO, un gran día para los hombres y mujeres que trabajan duro en el FBI - Un gran día para la Democracia. El mojigato James Comey era su jefe e hizo que McCabe pareciera un niño del coro. ¡Sabía todo sobre las mentiras y la corrupción que había a los niveles más altos del FBI!”.


Reporte de Sarah N. Lynch y Will Dunham; reporte adicional de Makini Brice y Rich McKay; editado en español por Carlos Serrano

martes, 27 de febrero de 2018

Ex asesor de Trump se declara culpable y acuerda cooperar con la investigación de Mueller


Ami Goodman
27 febrero, 2018
Democracy Now



Rick Gates, el ex subgerente de campaña del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se declaró culpable de dos cargos y ahora está cooperando con la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre los vínculos con Rusia.

Los cargos se refieren al trabajo que Gates llevó a cabo en Ucrania con el exgerente de campaña de Trump Paul Manafort, antes de unirse a la campaña de Trump. 

También se han presentado nuevos cargos contra Manafort, relacionados con el financiamiento en secreto de acciones de lobby para el gobierno de Ucrania.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Desclasificado: el FBI perdió las huellas dactilares del rifle que mató a Kennedy

Publicado: 18 dic 2017 17:37 GMT

Archivos desclasificados revelan que, quince años después del asesinato del presidente Kennedy, el FBI extravió las impresiones de las huellas dactilares encontradas en el rifle usado para el magnicidio.

Foto con fecha del 22 de noviembre de 1963 de Lee Harvey Oswald, acusado de asesinar a John F. Kennedy, durante una conferencia de prensa después de su arresto en Dallas
AFP
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El FBI perdió las muestras de huellas dactilares que los detectives encontraron en el rifle hallado en el Depósito de Libros Escolares de Texas después de que el presidente Kennedy fuera asesinado en Dallas el 22 de noviembre de 1963, informa la página web del rotativo The Dallas Morning News citando nuevos archivos desclasificados.

En el momento de la investigación el mismo año del asesinato, los agentes del FBI y expertos invitados concluyeron que la huella de la palma de una mano extraída del cañón del rifle pertenecía a Lee Harvey Oswald.

Pero 15 años después, en julio de 1978, la agencia reveló que las huellas dactilares habían desaparecido en sus vastos archivos.

Durante décadas, el debate se ha centrado no solo en si Oswald actuó solo, sino en si el FBI y la CIA podrían haberlo detenido antes de que cometiera el magnicidio. Los documentos más recientes proporcionan una nueva prueba de que Oswald estaba en su punto de mira, ya que un memorando de la CIA de 1975 calificado como "alto secreto" muestra que Oswald estaba en una "lista de vigilancia" de personas cuyo correo fue interceptado entre el 9 de noviembre de 1959 y el 3 de mayo de 1960, y nuevamente desde el 7 de agosto de 1961 hasta el 28 de mayo de 1962.

La misma lista de vigilancia incluía a Francis Gary Powers, el piloto del avión espía U-2 derribado el 1 de mayo de 1960 en el cielo de la URSS, cuando volvía a Estados Unidos tras ser canjeado por un espía soviético. La CIA también abrió la correspondencia de Earl Browder, el jefe del Partido Comunista de los Estados Unidos, del dramaturgo Edward Albee, del famoso novelista John Steinbeck, y de una de las hijas de David Rockefeller, el presidente de Chase Manhattan Bank.

Otra revelación proviene de un memorando que data de julio de 1978 y fue cursado a un abogado en plantilla del Comité Selecto de la Cámara de Representantes sobre Asesinatos, un órgano creado en 1976 para investigar los asesinatos de John Kennedy y Martin Luther King. Según ese documento el FBI no pudo localizar las huellas dactilares originales obtenidas del rifle del francotirador encontrado en el sexto piso del depósito de libros escolares de Texas.


New JFK files reveal Oswald was on CIA’s mail ‘watch list,’ FBI misplaced his fingerprints https://www.thestar.com/news/world/2017/12/15/new-jfk-files-reveal-oswald-was-on-cias-mail-watch-list-fbi-misplaced-his-fingerprints.html … via @torontostar



Los documentos sugieren que la Policía de Dallas envió las huellas dactilares originales al FBI, pero esas impresiones nunca fueron devueltas.

Un documento firmado por Jack Moriarty reza que George Foster, que dirigía la Unidad de Investigaciones del Congreso del FBI, afirmó que no conocía el paradero de las huellas, pero aseguró que la política de la Oficina era devolver los originales a la fuente.

El memorándum agrega que Foster admitió que encontrar las copias supondría un "gigantesco esfuerzo de investigación".

viernes, 27 de octubre de 2017

El FBI sabía que se preparaba atentado contra el asesino de Kennedy

Publicado en octubre 27, 2017 



El Buró Federal de Investigaciones fue notificado de que se preparaba un atentado contra Lee Harvey Oswald, asesino del 35º presidente de EEUU, John F. Kennedy, según se desprende de un documento desclasificado del año 1963.

La víspera, fueron publicados en EEUU cerca de 3.000 documentos sobre el asesinato de Kennedy: la base de datos que consta de 2.891 materiales es accesible en la página de los Archivos Nacionales de EEUU.

Un mensaje del 24 de noviembre de 1963 reza: “anoche en un despacho en Dallas recibimos una llamada de una persona que confesó con voz tranquila ser miembro del comité organizado para asesinar a Oswald”.

Después de la llamada, el FBI notificó al jefe de la policía local que a su vez prometió garantizarle la necesaria protección a Oswald.

“No obstante, no lo hizo”, señala el mensaje.

El trigésimo quinto presidente de EEUU, John Kennedy, fue asesinado el 22 de noviembre de 1963 en Dallas mientras realizaba una gira por el estado de Texas.

Tres investigaciones oficiales concluyeron que Lee Harvey Oswald, un empleado del almacén Texas School Book Depository en la Plaza Dealey, fue el asesino.

Sin embargo el caso de Oswald nunca fue juzgado ya que fue asesinado mientras trasladado por la policía.

La Ley de Archivos de JFK, adoptada en 1992, ordenó a la Administración Nacional de Archivos y Registros (NARA, por sus siglas en inglés) establecer una colección con todos los documentos relacionados con el magnicidio de Kennedy, cometido en noviembre de 1963.

En virtud de esa ley, la NARA debe hacer pública toda la colección al cumplirse exactamente 25 años de la entrada en vigor de la norma, plazo que se cumplió este jueves 26 de octubre, a menos que el presidente en funciones considere que publicar tal información puede afectar la seguridad nacional o situaciones relacionadas con la política exterior.

Sputnik Novosti

sábado, 21 de octubre de 2017

Trump permitirá que se abran los archivos clasificados sobre el asesinato de Kennedy

Publicado: 21 oct 2017 13:08 GMT | Última actualización: 21 oct 2017 13:09 GMT

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado en su cuenta de Twitter que permitirá la apertura de los archivos largamente clasificados sobre el asesinato de John F. Kennedy.


Subject to the receipt of further information, I will be allowing, as President, the long blocked and classified JFK FILES to be opened.

El 26 de este mes vence el plazo para decidir qué hacer con más de 3.000 expedientes clasificados de la CIA y del FBI sobre el atentado perpetrado contra el presidente demócrata en 1963, que forman parte de los Archivos Nacionales. 

Este plazo de publicación de los archivos fue establecido por el Congreso bajo una ley firmada por el presidente George Bush en 1992, para tratar de calmar las teorías de conspiración en torno al asesinato de Kennedy.

viernes, 9 de junio de 2017

Declaraciones del ex jefe del FBI complican futuro de Trump

Posted by heraldocubano

Por Arthur González.

Muy complicadas las declaraciones del ex jefe del FBI, James Comey, ante el comite del Senado. El tema bien peliagudo y pudieran decir el futuro del Presidente Donald Trump. Les pongo a disposición de mis amigos para que cada cual saque sus propias conclusion.
Texto completo: Declaración de James Comey ante el Comité de Inteligencia del Senado acerca de contactos con Trump.


8 de junio, 2017. Declaración para el Acta. Comité Senatorial de Inteligencia.

James B. Comey . 8 de junio de 2017

Presidente Burr, principal miembro de la oposición Warner, miembros del Comité. Gracias por invitarme a comparecer ante ustedes hoy. Se me pidió que testificara hoy para describir ante ustedes mis interacciones con el presidente electo y el presidente Trump en temas que yo entiendo que son de interés para ustedes.

No he incluido todos los detalles de mis conversaciones con el presidente, pero, según lo que recuerdo, he tratado de incluir información que pueda ser pertinente para el Comité.

Sesión de información del 6 de enero

Me encontré por primera vez con el entonces presidente electo Trump el viernes 6 de enero en una sala de conferencias de la Torre Trump en Nueva York. Estuve allí con otros líderes de la comunidad de Inteligencia (CI) para informarle a él y a su nuevo equipo de seguridad nacional de los hallazgos de una evaluación de la CI acerca de los esfuerzos rusos para interferir en las elecciones.

Al concluir esa exposición, permanecí solo con el presidente electo para informarle sobre algunos aspectos personalmente confidenciales de la información reunida durante la evaluación.

El liderazgo de la CI consideró importante, por diversas razones, alertar al presidente entrante de la existencia de este material, aunque fuera salaz y no verificado.

Entre esas razones estaban:

(1) sabíamos que los medios estaban a punto de publicar el material y creíamos que la CI no debía mantener en la ignorancia al presidente acerca del conocimiento del material y su inminente publicación; y (2) en la medida en que hubo algún esfuerzo para comprometer a un presidente entrante, podríamos contener cualquier esfuerzo de ese tipo con una sesión defensiva de información.

El Director de Inteligencia Nacional me pidió que yo personalmente hiciera esta parte del briefing porque yo iba a mantener mi puesto y porque el material implicaba las responsabilidades de contrainteligencia del FBI.

También acordamos que lo haría yo solo para minimizar un posible embarazo para el presidente electo. Aunque estuvimos de acuerdo en que tenía sentido que yo hiciera el briefing, los altos funcionarios del FBI y yo estábamos preocupados de que briefing pudiera crear una situación en la que un nuevo presidente tomara posesión sin saber si el FBI estaba conduciendo una investigación de contrainteligencia de su conducta personal.

Es importante entender que las investigaciones de contrainteligencia del FBI son diferentes al más conocido trabajo investigativo criminal.

El objetivo del Buró en una investigación de contrainteligencia es entender los métodos técnicos y humanos que potencias hostiles extranjeras están utilizando para influir a Estados Unidos o robar nuestros secretos. El FBI utiliza ese entendimiento para interrumpir esos esfuerzos.

A veces la interrupción toma la formada alertar a una persona que es un objetivo de reclutamiento o influencia por parte de la potencia extranjera. A veces se trata de fortalecer un sistema informático que está siendo atacado. A veces implica convertir a la persona reclutada en un agente doble, o dar a conocer públicamente el comportamiento con sanciones o expulsiones de oficiales de inteligencia con sede ​​en embajadas. En ocasiones, el procesamiento criminal se utiliza para interrumpir las actividades de inteligencia.

Debido a que la naturaleza de la nación extranjera hostil es bien conocida, las investigaciones de contrainteligencia tienden a centrarse en individuos que el FBI sospecha de ser agentes voluntarios o involuntarios de esa potencia extranjera.

Cuando el FBI desarrolla razones para creer que un estadounidense ha sido objeto de reclutamiento por parte de una potencia extranjera o actúa encubiertamente como un agente de la potencia extranjera, el FBI “iniciará una investigación” acerca de ese estadounidense y usará las autoridades legales para tratar de conocer más acerca de la naturaleza de cualquier relación con la potencia extranjera para que pueda ser interrumpida.

En ese contexto, antes de la reunión del 6 de enero, discutí con la dirección del FBI si debía estar preparado para asegurar al presidente electo Trump que no lo estábamos investigando personalmente. Eso era cierto; no teníamos un caso abierto de contrainteligencia contra él. Estuvimos de acuerdo en que debía hacerlo si las circunstancias lojustificaban. Durante nuestra reunión individual en la Torre Trump, basándome en la reacción del presidente electo Trump a la sesión informativa y sin que él hiciera la pregunta directamente, ofrecí esa garantía.

Me sentí obligado a documentar mi primera conversación con el presidente electo en un memorando. Para asegurar la exactitud, comencé a transcribirla en un ordenador portátil en un vehículo del FBI frente a la Torre Trump en el momento que salí de la reunión.

La creación de documentos escritos inmediatamente después de conversaciones individuales con el señor Trump fue mi práctica desde ese punto en adelante. Esto no había sido mi práctica en el pasado.

Hablé solo dos veces en persona con el presidente Obama (y nunca por teléfono) – una vez en 2015 para discutir cuestiones de política de aplicación de la ley y una segunda vez, brevemente, cuando él se despidió a finales de 2016.

En ninguna de estas circunstancias puse por escrito las discusiones. Puedo recordar nueve conversaciones personales con el presidente Trump en cuatro meses, tres en persona y seis en el teléfono.

Cena del 27 de enero

El presidente y yo cenamos el viernes 27 de enero a las 6:30 pm en la Sala Verde de la Casa Blanca. Me había llamado a la hora de almuerzo ese día y me invitó a cenar esa noche, diciendo que iba a invitar a toda mi familia, pero decidió tenerme solo esta vez, y que la familia viniera la próxima vez. Por la conversación, no me quedaba claro quién más estaría en la cena, aunque asumí que habría otros.

Resultó que éramos solo nosotros dos, sentados a una pequeña mesa ovalen el centro de la Sala Verde. Dos camareros de la Marina nos sirvieron, y solo entraban en la habitación para servir comida y bebidas.

El presidente empezó preguntándome si quería permanecer como director del FBI, lo cual me pareció extraño, porque él ya me había dicho dos veces en conversaciones anteriores que esperaba que permaneciera y yo le había asegurado que tenía la intención deshacerlo. Dijo que mucha gente quería mi puesto y, dado el maltrato que había recibido durante el año anterior, él entendería si yo quería irme.

Mi instinto me dijo que la reunión a solas y la excusa de que esta era nuestra primera discusión acerca de mi cargo significaba que la cena fue, al menos en parte, un esfuerzo para que yo le pidiera permanecer en mi cargo y crear algún tipo de relación de patronazgo.

Eso me preocupó mucho, dada la posición tradicionalmente independiente del FBI del Poder Ejecutivo. Le respondí que me encantaba mi trabajo y tenía la intención de quedarme y cumplir mi mandato de diez años como director. Y luego, porque la situación me hizo sentir incómodo, añadí que no era “confiable” en la manera en que los políticos usan esa palabra, pero siempre podía contar conmigo para decirle la verdad. Añadí que no estaba políticamente a favor de nadie y no se podía contar conmigo en el sentido político tradicional, una postura que dije servía mejor a los intereses del presidente.

Al cabo de unos instantes, el presidente dijo: “Necesito lealtad. Espero lealtad”. No me moví, ni hablé, ni cambié mi expresión facial de alguna manera durante el silencio incómodo que siguió. Simplemente nos miramos en silencio.

La conversación siguió adelante, pero volvió al tema al finalizar nuestra cena. En un punto, le expliqué por qué era tan importante que el FBI y el Departamento de Justicia sean independientes de la Casa Blanca.

Dije que era una paradoja: a lo largo de la historia, algunos presidentes han decidido que debido a que había “problemas” con el Departamento de Justicia, debían tratar de mantener cerca al Departamento. Pero hacer imprecisos esos límites en última instancia empeora los problemas, al socavar la confianza del público en las instituciones y su trabajo.

Al final de nuestra cena, el presidente volvió al tema de mi cargo, diciendo que estaba muy contento de que quisiera quedarme, agregando que él había oído grandes cosas acerca de mí de parte de Jim Mattis,Jeff Sessions, y muchos otros. Entonces me dijo: “Necesito lealtad”.

Le respondí: “Siempre obtendrá de mí la honestidad”. Hizo una pausa y luego dijo: “Eso es lo que quiero, lealtad honesta”.

Hice una pausa y luego dije: “Usted tendrá eso de mí”.

Como escribí en el memorando que creé inmediatamente después de la cena, es posible que entendiéramos la frase “lealtad honesta” de manera diferente, pero decidí que no sería productivo llevarlo más allá. El término –lealtad honesta– había ayudado a poner fin a una conversación muy incómoda y mis explicaciones habían dejado claro lo que él debía esperar.

Durante la cena, el presidente regresó al material salaz de que yo le había informado el 6 de enero y, como lo había hecho anteriormente, expresó su repugnancia por las acusaciones y las negó rotundamente.

Dijo que estaba considerando pedirme que investigara el presunto
incidente para demostrar que no sucedió.

Le respondí que debía pensarlo cuidadosamente, porque podría crear una idea de que lo estábamos investigando personalmente, lo que no estábamos haciendo, y porque era muy difícil probar una negación. Dijo que pensaría en ello y me pidió que lo pensara. Como era mi práctica para las conversaciones con el presidente Trump, escribí un memorando detallado sobre la cena inmediatamente después y lo compartí con el equipo de dirección del FBI.

Reunión en la Oficina Oval, 14 de febrero

El 14 de febrero, fui a la Oficina Oval para una sesión informativa programada al presidente acerca del contraterrorismo. Se sentó detrás del escritorio y un grupo de nosotros estábamos sentados en un semicírculo de seis sillas al otro lado del escritorio.

El vicepresidente, el director adjunto de la CIA, el director del Centro Nacional de Lucha contra el Terrorismo (NCTC), el secretario de Seguridad Nacional, el fiscal general y yo estábamos en el semicírculo de sillas. Yo me encontraba exactamente frente al presidente, sentado entre el director adjunto de la CIA y el director de NCTC. Había unos cuantos más en la sala, sentados detrás de nosotros en sofás y sillas.

El Presidente dio por terminado el briefing agradeciendo al grupo y diciéndoles que quería hablar a solas conmigo. Me quedé en mi silla.

Cuando los participantes comenzaron a salir de la Oficina Oval, el fiscal general se mantuvo junto a mi silla, pero el presidente le dio las gracias dijo que solo quería hablar conmigo. La última persona que se marchó fue Jared Kushner, quien también se quedó a mi lado e intercambió algunas bromas conmigo. El presidente lo excusó, diciendo que quería hablar conmigo.

Cuando se cerró la puerta junto al reloj de pie y nos quedamos solos, el presidente comenzó diciendo: “Quiero hablar de Mike Flynn”. Flynn había dimitido el día anterior.

El presidente comenzó diciendo que Flynn no había hecho nada malo al hablar con los rusos, pero tuvo que salir de él porque había engañado al vicepresidente.

Añadió que tenía otras preocupaciones acerca de Flynn, que no especificó a continuación.

El presidente hizo entonces una larga serie de comentarios acerca del problema con filtraciones de información clasificada, una preocupación que compartí y comparto.

Después de hablar unos minutos acerca de filtraciones, Reince Priebus se asomó a la puerta junto al reloj de pie y pude ver a un grupo de personas esperando detrás de él. El presidente le hizo una seña para que cerrara la puerta, diciendo que pronto terminaría. La puerta se cerró.

El presidente volvió al tema de Mike Flynn, diciendo: “Es un buen tipoy ha pasado por mucho”. Repitió que Flynn no había hecho nada malo en sus llamadas con los rusos, pero que había engañado al vicepresidente.

Entonces dijo: “Espero que usted pueda ver claro y pasar esto por alto, pasar a Flynn por alto. Él es un buen chico”. (De hecho, tuve una experiencia positiva al tratar con Mike Flynn cuando era colega como director de la Agencia de Inteligencia de Defensa al principio de yo ocupar mi puesto en el FBI. Yo no dije que “pasaría esto por alto”.

El presidente volvió brevemente al problema de las filtraciones. Entonces me levanté y salí por la puerta junto al reloj de pie, atravesando el gran grupo de personas que esperaba allí, incluyendo al señor Priebus y al vicepresidente.

Inmediatamente preparé un memorando no clasificado de la conversación acerca de Flynn y discutí el asunto con la dirección del FBI.

Según entendí, el presidente pedía que abandonáramos cualquier investigación de Flynn en relación con declaraciones falsas acerca de sus conversaciones con el embajador ruso en diciembre.

No entendí que el presidente estuviera hablando de una investigación más amplia acerca de Rusia o de posibles vínculos con su campaña. Podría estar equivocado, pero consideré que estaba enfocado en lo que acababa de suceder con la salida de Flynn y la controversia en torno a su versión de las llamadas telefónicas. Sin embargo, era muy preocupante, dado el
papel del FBI como una agencia independiente de investigación.

El equipo del FBI estaba de acuerdo conmigo en que era importante no infectar al equipo de investigación con la solicitud del presidente, que no teníamos la intención de cumplir.

También concluimos que, dado que se trataba de una conversación en solitario conmigo, no había nada que corroborara mi versión.

Llegamos a la conclusión de que tenía poco sentido comunicarlo a las Sesiones del Fiscal General, quien esperábamos que se recusaría a sí mismo de participar en investigaciones relacionadas con Rusia. (Lo hizo dos semanas más tarde).

El fiscal general adjunto fue designado entonces como interino por parte de un fiscal federal, que tampoco pasaría mucho tiempo en el cargo.

Después de discutir el asunto, decidimos mantenerlo muy en secreto, decidiendo averiguar qué hacer con el asunto a medida que nuestra investigación progresara. La investigación avanzó a toda velocidad, sin que ninguno de los miembros del equipo de investigación –o los abogados del Departamento de Justicia que los apoyaban– conocieran dela solicitud del presidente.

Poco tiempo después, conversé con el fiscal general Sessions en persona para transmitirle las preocupaciones del presidente acerca delas filtraciones. Aproveché la oportunidad para implorar al fiscal general que evitara cualquier comunicación directa futura entre el presidente y yo.

Le dije que lo que acababa de ocurrir –que le pidiera que renunciara mientras que el director del FBI, que se subordina al fiscal general, permaneciera– era inapropiado y nunca debería suceder.

No respondió. Por las razones discutidas arriba, no mencioné que el presidente abordó la investigación potencial del FBI acerca del general Flynn.

Llamada telefónica, 30 de marzo

En la mañana del 30 de marzo, el Presidente me llamó al FBI. Él describió la investigación de Rusia como “una nube” que estaba deteriorando su capacidad de actuar en nombre del país.

Dijo que no tenía nada que ver con Rusia, que no había estado involucrado con prostitutas en Rusia, y que siempre había asumido que le estaban grabando cuando estuvo en Rusia.

Me preguntó qué podíamos hacer para “disipar la nube”. Respondí que estábamos investigando el asunto tan rápido como podíamos, y que sería muy beneficioso, si no encontrábamos nada, que hubiéramos hecho el trabajo bien. Estuvo de acuerdo, pero luego hizo hincapié en los problemas que esto le estaba acusando.

A continuación, el presidente preguntó por qué había habido una audiencia en el Congreso acerca de Rusia la semana anterior –en la que yo, como había ordenado el Departamento de Justicia, confirmé la investigación acerca de una posible coordinación entre Rusia y la campaña Trump.

Expliqué las exigencias de la dirección de ambos partidos en el Congreso en cuanto a más información, y que el senador Grassley incluso había detenido la confirmación del fiscal general adjunto hasta que le informamos en detalle acerca de la investigación.

Le expliqué que habíamos informado a los dirigentes del Congreso acerca de qué personas exactamente estábamos investigando y que les habíamos dicho a los líderes del Congreso que no estábamos investigando personalmente al Presidente Trump.

Le recordé al presidente que previamente le había dicho eso. Él me dijo repetidamente: “Tenemos que hacer público ese hecho”. (No le dije al presidente que el FBI y el Departamento de Justicia habían sido reticentes a hacer declaraciones públicas de que no teníamos un caso abierto contra el presidente Trump por un número de razones, principalmente porque nos obligaría a corregir la declaración si eso cambiara.)

El presidente continuó diciendo que si hubiera algunos asociados “satélites” suyos que hubieran hecho algo mal sería bueno descubrirlo, pero que él no había hecho nada malo y esperaba encontrar una manera de aclarar de que no lo estábamos investigando.

En un giro abrupto, cambió la conversación en cuanto al subdirector del FBI, Andrew McCabe, diciendo que no había planteado “la cosa de McCabe” porque yo había dicho que McCabe era un hombre honorable, aunque McAuliffe estaba cerca de los Clinton y le había dado (creo que se refería a la esposa del subdirector McCabe) dinero para la campaña.

Aunque no entendía por qué el Presidente estaba planteando esto, repetí que el señor McCabe era una persona honorable.

Él terminó subrayando lo de “la nube” que estaba interfiriendo con su capacidad de hacer tratos para el país y dijo que esperaba que yo pudiera encontrar una forma de decir que él no estaba bajo
investigación. Le dije que vería lo que podíamos hacer y qué haríamos nuestro trabajo de investigación lo más rápido posible.

Inmediatamente después de esa conversación, llamé al fiscal general adjunto interino Dana Boente (para entonces el fiscal general Sessions se había recusado a sí mismo en cuanto a todos los asuntos relacionados con Rusia), para informarle acerca del meollo de la llamada del presidente, y le dije que esperaría su orientación.

No recibí respuesta de él antes de que el presidente volviera a llamarme dos semanas más tarde.

Llamada telefónica, 11 de abril

En la mañana del 11 de abril, el Presidente me llamó y me preguntó qué había hecho acerca de su petición de que yo “dijera públicamente” de que él personalmente no estaba bajo investigación.

Le respondí que había pasado su solicitud al fiscal general adjunto interino, pero que no había recibido respuesta. Él respondió que “la nube” estaba interponiéndose en su capacidad para hacer su trabajo. Dijo que quizás él haría que su gente su comunicara con el fiscal general adjunto interino.

Dije que era la mejor manera en que su petición debía ser manejada. Dije que el asesor legal de la Casa Blanca debería ponerse en contacto con la dirección del Departamento de Justicia para hacerla solicitud, que era el canal tradicional.
Dijo que lo haría y añadió: “Porque he sido muy leal con usted, muy
leal; tuvimos aquella cosa que usted sabe”.

No le respondí ni le pregunté qué quería decir con “aquella cosa”. Sólo le dije que la manera de manejar el asunto era que el asesor legal de la Casa Blanca llamara al fiscal general adjunto interino. Dijo que eso era lo que él haría y colgó.

Esta fue la última vez que hablé con el presidente Trump

jueves, 8 de junio de 2017

Ocho revelaciones demoledoras de la declaración de James Comey

"Me dijo que mucha gente quería mi puesto". Rescontrucción de las nueve conversaciones en cuatro meses entre Trump y el despedido director del FBI




Donald Trump, a la izquierda, y James Comey, exdirector del FBI. MICHAEL REYNOLDS/SHAWN THEW (EFE) / ATLAS


Los siete folios que ocupa la declaración en el Senado del exdirector del FBI James Comey, confirman algunas se las filtraciones más incendiarias de la trama rusa y arroja luz sobre otros episodios turbios. Entre enero y abril de 2017, Donald Trump y Comey mantuvieron tres conversaciones en persona y seis al teléfono (en los tres años que coincidió con Barack Obama, solo habló con él a solas dos veces). El 9 de mayo Trump cesa a Comey. Estas son las ocho revelaciones más polémicas:

1- “Necesito lealtad, espero lealtad”. Esto es lo que el presidente de Estados Unidos le dijo a Comey durante una cena el 27 de enero en la Casa Blanca. El director del FBI, que cuenta que ya se sentía preocupado por las intenciones de Trump sobre la independencia de la agencia, relata que reaccionó así a esas palabras: “No me moví, ni hablé ni cambié mi expresión durante el extraño silencio que vino después. Simplemente miramos el uno al otro en silencio”. Comey dice que le respondió: “Siempre obtendrá de mí sinceridad”. Trump añadió: "Eso quiero, lealtad sincera", según Comey, algo que el exdirector del FBI concedió y que, pensó, ambos entendían de forma diferente.

2- “Espero que puedas dejar ir a Flynn, es un buen tipo”. Esta petición de Trump, que también había salido publicada en prensa, queda confirmada en las notas de Comey. Sucedió en un encuentro entre los dos en el Despacho Oval el 14 de febrero. “Trump volvió al asunto de Flynn diciendo. ‘Es un bien tipo y ha pasado por mucho’. Repitió que no había hecho nada malo en sus llamadas con los rusos, pero mintió al vicepresidente. Entonces dijo: "Espero que encuentres la forma de dejar pasar esto, de dejar ir a Flynn, es un buen tipo. Espero que puedas dejar pasar esto". Yo solo respondí 'es un buen tipo’”, relata el exdirector del FBI. No obstante, hubo otro momento de la conversación en la que Trump “añadió que tenía otras inquietudes sobre Flynn, que no quiso especificar”. "No entendí", dice Comey, que Trump le reclamara cerrar el caso, sino dar carpetazo al capítulo de Flynn.

3- “Decidimos no informar al fiscal general, Sessions”. La reunión con Trump dejó muy preocupado a Comey, según su declaración, pero el equipo directivo del FBI acordó callar, ya que, concluyeron: “era importante no contaminar al equipo de investigación con la petición del presidente”, que no pretendían cumplir. “También concluimos que, dado que era una conversación entre dos, no había nada con lo que corroborar mi versión y que tenía poco sentido informar al fiscal general [Jeff] Sessions, quien veíamos probable que se recusara en las investigaciones relacionadas con Rusia”, cuenta el exdirector del FBI. Sessions se inhibió del caso a primeros de marzo, cuando se destaparon sus conversaciones con el embajador ruso en Washington, Sergey Kislyak.

4- “Me dijo que mucha gente quería mi puesto”. En su relato de la cena del 27 de enero, Comey destaca unas palabras de Trump que parecen sembrar dudas sobre su continuidad en el puesto como jefe de los federales. Es la misma conversación en la que le había pedido lealtad. “El presidente empezó preguntándome si quería seguir como director del FBI, lo que vi extraño porque ya me había dicho en dos conversaciones previas que esperara que continuase y yo le había asegurado que pretendía hacerlo”, cuenta Comey en su declaración, y añade: “Me dijo que mucha gente quería mi puesto y que, dado los ataques [recibidos durante la investigación a los correos de Clinton] durante el año anterior, entendería si quisiera marcharme”.

5- “Imploré al fiscal general que impidiera en el futuro cualquier comunicación directa entre el presidente y yo”. Poco después de su encuentro, el 14 de febrero, a solas con Trump en el Despacho Oval, Comey le comunicó a Sessions que se sentía incómodo con sus reuniones individuales con el presidente y que le gustaría que no se repitieran. “Usé la oportunidad para implorar al fiscal general que impidiera en el futuro cualquier comunicación directa entre el presidente y yo”, dice Comey en su testimonio. También le dijo a Sessions que era “inapropiado” y que “nunca debería ocurrir” que Trump, como sucedió en el encuentro del 14 de febrero, le pidiera al fiscal general que se marchara del Despacho Oval para poder hablar a solas con el director del FBI. Comey le recordó a Sessions que el FBI depende del Departamento de Justicia y que no se debe romper esa jerarquía.

6- “Me preguntó qué hacer para despejar esa nube [la trama rusa]”. El 30 de marzo, Trump llamó por teléfono a Comey. Le comunicó que la investigación sobre una presunta conexión de su entorno con Rusia es “una nube” que opaca su presidencia y le preguntó qué puede hacer el FBI para “despejar la nube”. Trump reveló su frustración por el hecho de que Comey le dijera a él en persona que no estaba siendo investigado pero que esa información no se hubiera difundido públicamente. “Tenemos que sacar afuera ese hecho”, le dijo el presidente. El director del FBI respondió que vería qué podía hacer y que llevarían a cabo la investigación de forma “correcta” y lo más rápido posible. El presidente le llamó de nuevo el 11 de abril para preguntarle sobre esa petición.

7- "Me dijo que no ha estado con prostitutas en Rusia”. En la llamada del 30 de marzo, como ya ha asegurado públicamente después, Trump le dice a Comey que él no ha cometido ninguna irregularidad en sus contactos con Rusia pero que no puede poner la mano en el fuego por gente de su entorno. “Dijo que si había algunos “satélites” asociados de él que habían hecho algo incorrecto, estaría bien descubrirlo, pero que él no había hecho nada malo”, explica Comey. En esa misma conversación, Trump niega el contenido de un supuesto informe de un exagente británico que apunta a que el republicano podría ser objeto de chantaje de Rusia por unos presuntos episodios sexuales en Moscú. Las agencias de inteligencia estadounidenses han cuestionado la credibilidad de ese informe. “Él dijo que no tiene nada que ver con Rusia, que no ha estado involucrado con prostitutas en Rusia y que siempre asumió que podría ser grabado cuando estuvo en Rusia”, explica Comey.

8- “He sido muy leal a ti, muy leal; tuvimos esa cosa, ya sabes”. Trump pronunció una frase misteriosa la última vez que habló con Comey. Fue en la llamada del 11 de abril, casi un mes antes de ser despedido. Tras decirle al director del FBI que seguiría su recomendación sobre cómo comunicarse con el Departamento de Justicia, el presidente agregó: “Porque he sido muy leal a ti, muy leal; tuvimos esa cosa, ya sabes”. Comey asegura que él no contestó ni le preguntó a qué se refería con “esa cosa”. Es imposible saberlo, pero algunas de las posibilidades son que Trump se refiriera a la cena del 27 de enero en que exigió lealtad a Comey o al encuentro del 14 de febrero en que le reclamó que cerrara la investigación a Flynn.
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