"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí
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lunes, 16 de marzo de 2015

Banco Mundial considera a Cuba mayor inversor en educación

La Habana, 16 mar (PL) Un informe del Banco Mundial el primer puesto en cuanto a la inversión en el sistema educativo para el período 2009-2013.

El reporte de este fin de semana añade que con cerca del 13 por ciento (12,9 por ciento) del Producto Interno Bruto PIB invertido en este sector, ningún otro país del mundo, incluidos los más desarrollados, iguala a la isla.

Significa que La Habana transformó su política social en modelo para las naciones en vía de desarrollo. Timor Leste y Dinamarca completan el podio mundial, con un 11,3 por ciento y un 8,7 por ciento del PIB, respectivamente, dedicado a la educación.

Señala el documento que Estados Unidos invierte apenas 5,4 por ciento, dos veces menos que Cuba, y Canadá 5,5 por ciento.

En Europa, Francia dedica 5,9 por ciento de su presupuesto nacional a la educación, Alemania 5,1 por ciento, Reino Unido 6,2 por ciento, Italia 4,5 por ciento y España cinco por ciento.

Referente a América Latina, el reporte señala que Bolivia ocupa el segundo puesto detrás de Cuba, con 7,6 por ciento, Brasil asigna el 5,8 por ciento de su PIB a este sector, mientras que México y Argentina le destinan respectivamente 5,2 por ciento y 5,8 por ciento.

No es la primera vez que el Banco Mundial elogia a Cuba en este sector. En otro informe publicado en 2014, el organismo internacional recuerda que la isla dispone del mejor sistema educativo de América Latina y del Caribe.

Para esa oportunidad señaló que la única nación con los parámetros elevados, el fuerte talento académico, las remuneraciones altas o al menos adecuadas es Cuba.

La educación -como la salud, la cultura o el deporte- siempre aparecen como prioridad en Cuba, insistió el informe.

Luego de apuntar que los resultados en ese sentido son excepcionales, recordó el reporte que la isla posee una tasa de alfabetización del 99,8 por ciento.

Por tanto, argumentó, Cuba exhibe la tasa de analfabetismo más baja del subcontinente latinoamericano, según la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura Unesco.

Subrayó que Cuba cuenta con la tasa de escolarización más elevada de América Latina con 99,7 por ciento de los alumnos con educación gratuita.

Otro informe de la Unesco sobre la educación en 13 países de América Latina clasifica a Cuba en el primer puesto en todas las asignaturas y subraya que un alumno cubano dispone como promedio de dos veces más conocimientos y competencias que un alumno latinoamericano.


HHC:  Tabla del Banco Mundial 

http://data.worldbank.org/indicator/SE.XPD.TOTL.GD.ZS/countries?order=wbapi_data_value_2010%20wbapi_data_value%20wbapi_data_value-first&sort=desc&display=default



jueves, 29 de enero de 2015

El Banco Mundial en el banquillo de los acusados

Nathalie Janne d’Othée
CADTM

Traducido del francés para Rebelión por Caty R.

A principios de diciembre del año pasado, el CADTM invitó a varias organizaciones a reunirse con Najib Akesbi, profesor e investigador marroquí actualmente en pleitos contra el Banco Mundial. El asunto merece atención, ya que era la primera vez que el Banco Mundial aceptaba una citación a comparecer… para finalmente invocar su inmunidad. El proceso, aunque no llegó a buen término, sin embargo suscitó algunas cuestiones en cuanto a la credibilidad y la rendición de cuentas de la institución financiera internacional.

El proceso era sobre una investigación denominada «Ruralstruc» llevada a cabo por el Banco Mundial. A finales de 2005 Najib Akesbi fue contactado por un investigador del IRAD francés, puesto a disposición del Banco Mundial para coordinar el programa de investigación en cuestión. Akesbi aceptó y se comprometió con sus colegas Mohamed Mahdi y Driss Benatya porque dicho programa se adaptaba al campo de investigación en el que se ocupan desde hace muchos años. El Instituto Agronómico y Veterinario Hassan II de Rabat, donde trabajan los investigadores, aceptó llevar a cabo la primera fase de la investigación, que elaboraba el marco en el cual se analizarían los datos de la segunda fase. Los resultados de esta primera fase fueron interesantes e incluso dieron lugar a una publicación en 2008. Para la segunda fase, el Banco Mundial llamó a una oficina de investigación marroquí para la fase operativa de recogida de tierra y análisis de los datos. Dicha oficina, por su parte, firmó un contrato de consultoría con los investigadores que habían trabajado en la primera fase. Los investigadores enseguida se dieron cuenta de que los datos recogidos no eran fiables debido a numerosas carencias en la fase de recolección de los datos y su tratamiento. Pidieron acceso a la base de datos con el fin de recuperar lo que se pudiera, pero se lo negaron. Tras repetir la petición, por añadidura les rescindieron el contrato. Y, más grave todavía, paralelamente los socios del Banco Mundial ordenaron a la oficina de investigación que modificara arbitrariamente los datos (es decir, que los falsificara) y los incluyera en el informe final a espaldas –y contra la voluntad- de los investigadores marroquíes.

Mohamed Mahdi, Driss Benatya y Najib Akesbi

Frente a esos actos tan graves, los investigadores acudieron a las instancias de «mediación y ética» del Banco Mundial, sin resultados. Después interpelaron a los otros socios del proyecto, entre ellos el CIRAD, la AFD y el FIDA, sin ningún resultado. Finalmente se dirigieron a los responsables políticos marroquíes (Gobierno, Parlamento) pero tampoco obtuvieron respuesta. Por lo tanto, en último recurso, Najib Akesbi y sus colegas optaron por los tribunales. La demanda es por «delito de falsedad; falsificación y uso de documentos falsos y usurpación de bienes y nombres», basándose en el hecho de que el Banco Mundial publicó un estudio donde ellos fueron «usurpados» y donde algunos resultados están falsificados (1).

¿A quién rinde cuentas el Banco Mundial?

En primer lugar, y puesto que se sitúa en el marco de un proceso, se plantea una cuestión puramente jurídica: ¿Se puede juzgar al Banco Mundial? Cuando optaron por el proceso, los investigadores marroquíes y sus asesores jurídicos en primer lugar debieron evaluar la posibilidad, o no, de enjuiciar al Banco Mundial. Desde su creación solo una demanda por acoso de una empleada del Banco Mundial en Estados Unidos se ha conocido hasta ahora y el resto fue rechazado por la jurisdicción competente. Las actuaciones judiciales tenían, por el contrario, la mención siguiente: «Estamos convencidos de que los miembros del Banco Mundial han tenido la intención de suprimir la inmunidad del Banco solo para las acciones dirigidas a sus actividades externas y los contratos y no para las acciones provocadas por sus funcionarios» (2). Eso significaría, pues, que las acciones externas del Banco Mundial podrían someterse a juicio. Por otra parte, los demandantes se basan en una investigación efectuada por el CADTM que concluye que se puede juzgar al Banco Mundial según el artículo 7, sección 3 de sus propios estatutos: «Únicamente se podrá entablar acción judicial contra el Banco ante un tribunal que tenga jurisdicción en los territorios de un Estado miembro en donde el Banco posea una sucursal donde haya nombrado un agente para recibir requerimientos o notificaciones de requerimientos, o donde haya emitido o garantizado acciones ». Dado que el Banco Mundial posee una oficina en Rabat, está claro que se le puede enjuiciar. Después de dar muchas largas, la oficina del Banco Mundial de Rabat finalmente aceptó comparecer ante la justicia marroquí, lo que supone una primicia mundial. Pero ante el tribunal, sus abogados continuaron apelando a la inmunidad diplomática, invocando esta vez no los estatutos del Banco, sino «el acuerdo de sede», firmado con las autoridades marroquíes en 1998…

De hecho, detrás de esta cuestión puramente jurídica se plantea la cuestión más amplia de la rendición de cuentas de la institución. ¿A quién rinde cuentas el Banco Mundial? El Bélgica, la financiación del Banco Mundial está garantizada por el presupuesto de cooperación al desarrollo, mientras que el poder de decisión corresponde al SPF Finances. Bélgica suministra además una financiación estructural, que por lo tanto no está vinculada a los proyectos específicos, sino al funcionamiento global de la institución.

Una financiación global, una gestión híbrida, se juntan todos los elementos para que el control belga de los presupuestos asignados al Banco Mundial sea difícil. Ahora bien, las prácticas del Banco Mundial a menudo van en contra de las orientaciones defendidas por la cooperación belga.

Implicaciones en el ámbito de la agricultura
Con el fin de evitar un juicio de intenciones, Najib Akesbi y sus colegas consideraron que esa no era la cuestión, pero los que falsificaron los datos de su informe debían explicar por qué cometieron un acto tan grave. Pero en cualquier caso está bien para sacar a la luz ese tipo de prácticas de la institución el enfoque que les ha empujado hasta el proceso. En efecto, el Banco mundial tiene una influencia considerable en las políticas, en especial las agrícolas, que llevan a cabo los gobiernos del Sur. Y el Banco Mundial promueve esencialmente la liberalización, la apertura de los mercados, en resumen todo para el mercado y los negocios. Una posición que a menudo va contra los derechos económicos y sociales de las poblaciones de los países que deben seguir sus recomendaciones. Durante una mesa redonda sobre la coherencia de las políticas para el derecho a la alimentación organizada en 2013 en el Parlamento Federal, las ONG ya sacaron a la luz la separación que existe entre la política belga en materia de apoyo a la agricultura familiar y la seguridad alimentaria (3), así como las prácticas del Banco Mundial, que consisten en alentar el acaparamiento de tierras. Las ONG también señalaron la falta de control por parte de los responsables políticos belgas de las políticas que lleva a cabo el Banco Mundial (4).

Recientemente, la campaña Nuestras tierras, nuestro negocio, lanzada por el Oakland Institute y seguida por numerosas organizaciones en todo el mundo (5), ha señalado el papel nefasto del nuevo programa Benchmarking the Business of Agriculture sobre el derecho a la alimentación de las poblaciones. Basado en el modelo del «Doing Business», está destinado a proporcionar a los inversores extranjeros un índice del grado de apertura del sector agrícola de los diversos países. Ese índice permitirá en particular conocer el nivel de facilidad con el cual un inversor puede adquirir las tierras en el país, favoreciendo así la suavización de las medidas administrativas y, como consecuencia directa, el acaparamiento de tierras. Ya se han realizado algunos estudios pilotos dirigidos al establecimiento de ese índice en una decena de países, entre ellos Marruecos. Imaginemos, pues, que los estudios en los que se basan esos índices pudieran estar mutilados como en el caso de los datos recogidos por la oficina de investigación en el programa «Ruralstruc». Las consecuencias podrían ser considerables.

El concepto de asociación del Banco Mundial

Finalmente, el lugar de los investigadores del Sur en las investigaciones producidas por el Banco Mundial es igualmente discutible a la vista de las reacciones de la institución frente a las objeciones de Najib Akesbi y sus colegas. Más allá de las cuestiones jurídicas de la propiedad intelectual, es el concepto de asociación que defiende el Banco Mundial lo que se cuestiona. Cuando los investigadores del Norte y del Sur colaboran, este asunto demuestra que en última instancia solo la opinión de los primeros parece tomarse en cuenta. Ironía de la historia o pura hipocresía, la web del CIRAD, que llevaba la coordinación del proyecto, recuerda que el trabajo de investigación en el marco de «Ruralstruc» se efectuó con un «enfoque innovador» de «asociación con siete equipos nacionales que recoge, analiza los datos y participa en el debate de los resultados del programa en su país y a nivel internacional» (6).

Notas

(1) Para más información sobre los detalles del asunto de los investigadores marroquíes contra el Banco Mundial, ver la web del CADTM.

(2) Mendaro v. World Bank, US Court of Appeals, D.C Cir., Sept. 27, 1983 (717 F.2d 610).

(3) Ver Note stratégique pour le secteur de l’agriculture et de la sécurité alimentaire, octubre 2010.

(4) Ver el dossier elaborado con ocasión de la tabla redonda sobre el papel del Parlamento en la coherencia de las políticas para el derecho a la alimentación, organizado el 10 de junio de 2013 en el Parlamento Federal por la Coalición contra el Hambre (CNCD 11.11.11y 11.11.11).

(5) Para la implicación de las organizaciones belgas francófonas, ver la web de la Plataforma Soberanía Alimentaria.

(6) Descripción del proyecto Ruralstruc en la web del CIRAD.

Fuente: http://cadtm.org/La-Banque-mondiale-sur-le-banc-des

sábado, 6 de diciembre de 2014

Economista: "El sistema del dólar explotará pronto"


El mundo no tiene espacio para nuevos activos en dólares ni verá imprimir nuevos dólares, con lo que pronto una explosión hará saltar por los aires por completo el sistema de Bretton Woods, sostiene un economista ruso.

Mijaíl Jazin, economista y presidente de la consultoría Neokon, recuerda que el dólar fue declarado principal moneda mundial en la Conferencia Monetaria y Financiera de la ONU en la ciudad estadounidense de Bretton Woods en 1944. Y este sistema, que está regulado por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, sigue existiendo, pero no prosperará, asegura el experto al periódico 'Komsomólskaya Pravda'. 

El sentido de este sistema consiste en ampliar la zona del dólar: la Reserva Federal imprime nuevos dólares y la emisión crea ingresos adicionales que se pueden redistribuir. Sin embargo, la ampliación ha alcanzado su techo: durante la crisis de los 2000 en EE.UU. creció cuatro veces la base monetaria (es decir, la cantidad de dinero en efectivo) y ya no hay recursos para imprimir más. Por eso EE.UU. cerró su programa de flexibilización cuantitativa, lo que ya provoca problemas, entre ellos la caída de la demanda privada, explica Jazin. 

"Hoy el modelo de Bretton Woods ya ha llegado a su fin natural", afirma el economista. Todos los activos del mundo ya están cotizados en dólar, ya no hay nuevos activos en esta moneda y es imposible emitir nuevos dólares. "En esta situación, tiendo a creer que va a suceder pronto una explosión que romperá por completo el sistema basado en el dólar de Bretton Woods", advierte Jazin. Se atreve a ponerle fecha: un año o año y medio. 



domingo, 23 de noviembre de 2014

Corea del Sur: el milagro desenmascarado

Por Eric Toussaint

El pretendido éxito de Corea del Sur se obtuvo gracias a una política opuesta al modelo propuesto por el Banco Mundial. Lejos de una acumulación virtuosa fundada en los beneficios del libre mercado, su desarrollo económico fue posible por « una enorme acumulación primitiva basada en los métodos más coercitivos para construir la “virtud” a la fuerza » (J-P. Peemans). Corea del Sur alcanzó los resultados que conocemos bajo el yugo de un régimen dictatorial particularmente represivo, protegido por los Estados Unidos en el marco de su lucha contra los regímenes llamados “socialistas”. Adoptó un modelo productivista muy poco respetuoso del ambiente. La vía coreana no es ni recomendable ni repetible. Pero vale la pena estudiarla.

Según el Banco Mundial, el caso de Corea del Sur constituye un éxito indiscutible. Si nos remitimos a la versión del Banco, las autoridades del país habrían recurrido eficazmente al empréstito externo, atrayendo las inversiones extranjeras e invirtiéndolas para poner en práctica un modelo de desarrollo exitoso, basado en la sustitución de exportaciones. El modelo de industrialización por sustitución de exportaciones constituye la alternativa del Banco Mundial (y de otros) al modelo de industrialización por sustitución de importaciones (que implica fabricar en el país los productos que se importaban). Corea, en vez de producir lo que importaba, habría adaptado sus actividades productivas a la demanda del mercado mundial, logrando al mismo tiempo favorecer a la industria que proporcionaba un alto porcentaje de valor agregado. Habría reemplazado la exportación de productos apenas transformados (o de materia prima) por mercaderías cuya elaboración requería una tecnología avanzada. Según el Banco, el Estado coreano habría intervenido modestamente para apoyar la iniciativa privada y garantizar el libre juego de las fuerzas del mercado. En realidad, la vía coreana a la industrialización y el crecimiento sostenido contradice con toda claridad la versión del Banco.

Aclaro de entrada que de ninguna manera considero que Corea sea un modelo a seguir, y ello por razones éticas, económicas y sociales. Corea del Sur alcanzó los resultados que conocemos bajo el yugo de un régimen dictatorial particularmente represivo, protegido por los Estados Unidos en el marco de su lucha contra los regímenes llamados “socialistas”. Adoptó un modelo productivista muy poco respetuoso del ambiente. La vía coreana no es ni recomendable ni repetible. Pero vale la pena estudiarla.

El pretendido éxito coreano se obtuvo gracias a varios factores. Los principales son: una fuerte intervención del Estado (que dirigió el proceso con mano de hierro); un apoyo financiero (en forma de donaciones) y técnico muy importante de los Estados Unidos; la realización desde el comienzo de una reforma agraria radical; la aplicación de un modelo de industrialización por sustitución de importaciones durante 25 años, que se fue convirtiendo progresivamente en sustitución de exportaciones (paso que no habría sido posible sin el paso anterior); la política permanente de represión del movimiento obrero (prohibición de los sindicatos); la sobreexplotación de campesinos y obreros; el control del Estado sobre el sector bancario; la aplicación de una planificación autoritaria; un control estricto del cambio y de los movimientos de capitales; la fijación estatal de precios para una amplia gama de productos, la benevolencia de los Estados Unidos, que toleraron a Corea lo que prohibían a otros países. El Estado coreano también realizó un gran esfuerzo en educación, lo que le permitió ofrecer a las empresas una mano de obra muy calificada.

Agreguemos que, paradójicamente, la pobreza en recursos naturales favoreció el desarrollo de Corea del Sur, pues el país se salvó de la codicia de las transnacionales y de los Estados Unidos. Éstos consideraron a Corea como una zona estratégica desde el punto de vista militar frente al bloque “comunista”, no como una fuente esencial de materias primas (como es el caso de Venezuela, de México o de los países del golfo Pérsico). Si Corea hubiera tenido importantes reservas de petróleo o de otras materias primas estratégicas, habría sido considerada como una zona de aprovisionamiento y no hubiera gozado del mismo margen de maniobra para conseguir dotarse de un poderoso aparato industrial. Los Estados Unidos no están inclinados a favorecer deliberadamente la emergencia de un poderoso competidor que tenga a la vez grandes reservas naturales y una industria diversificada.

El marco político y geoestratégico

Un acuerdo estadounidense-nipón firmado en 1905 definió las respectivas zonas de influencia de ambas potencias en el este asiático. Los Estados Unidos se adjudicaron las Filipinas, que habían conquistado en 1902. Taiwán (anexada en 1895) y Corea correspondieron a los nipones. En 1910, Japón anexó Corea, la convirtió en un granero agrícola y después en una especie de anexo para todo servicio de la industria japonesa. Cuando el imperio nipón fue derrotado en la segunda guerra mundial, abandonó en Corea unas instalaciones modernas en materia de transportes y de electricidad, una industria relativamente importante que iba desde el textil hasta el armamento, pasando por la química y la construcción mecánica, así como un sistema bancario completo. Pero en Corea la industria no constituía un conjunto coherente, pues había sido montada para responder a las necesidades de Japón. La industrialización estaba concentrada principalmente en el norte (en la futura Corea del Norte) mientras que el sur era esencialmente agrícola. La burguesía estaba poco desarrollada pues la dominación japonesa le dejaba muy poco espacio. En comparación con Argentina, en la misma época, Corea era un país netamente desfavorecido en términos de desarrollo industrial.

En virtud de los acuerdos de Yalta, de febrero de 1945, entre los Estados Unidos, el Reino Unido y la URSS, en particular la parte que fijaba las condiciones de la entrada de la Unión Soviético en la guerra contra Japón, las tropas soviéticas y las estadounidenses ocuparían Corea. Los soviéticos fueron los primeros en llegar, en agosto de 1945, y fueron recibidas como libertadores por un amplio movimiento de liberación antijaponés, organizado en una red de comités populares, que constituyeron la base del aparato del nuevo Estado. Éste emprendió de inmediato una serie de reformas nacionales, democráticas y anticapitalistas. Entre las medidas que encontraron un profundo eco popular figuraba una reforma agraria radical. La ulterior evolución del régimen de Corea del Norte, su degeneración burocrática y autoritaria no deben hacernos olvidar los adelantos económicos iniciales.

Al Sur de la península, las cosas se desarrollaron de otro modo. Cuando sus tropas no habían aún llegado a Corea, Washington tomó la decisión unilateral (sin concertarla con Moscú) de acordar con los japoneses que presentaran su capitulación a las tropas americanas, al sur del paralelo 38 |1|. Esto significó, de hecho, la partición de Corea en dos sectores, lo cual no estaba previsto en los acuerdos de Yalta. Las tropas estadounidenses no desembarcaron hasta el 8 de septiembre de 1945, y dos días después de la proclamación en Seúl (que se encuentra al sur del paralelo 38), por una asamblea nacional de los comités populares antijaponeses, de la República Popular de Corea. Antes de la llegada de los estadounidenses, este nuevo poder ya había desarmado a los japoneses, liberado a los prisioneros políticos y detenido a los colaboradores. Pero cuando los nacionalistas se presentaron ante el estado mayor americano para proponerle colaboración, la respuesta fue un rechazo rotundo. El 9 de septiembre tomó posesión el Gobierno Militar de los Estados Unidos en Corea (U.S. Military Government in Korea, USAMGIK), que constituiría la autoridad principal hasta junio de 1948. En febrero de 1946, el estado mayor americano estableció un gobierno civil coreano, bajo la tutela del gobierno militar de Estados Unidos en Corea. Dicho gobierno civil estaba presidido por Syngman Rhee, un político de derecha que había retornado a Corea en octubre de 1945, después de haber pasado en Estados Unidos 39 de los 41 años precedentes. Washington había decidido poner al frente del gobierno al Partido Democrático Coreano (KDP), un partido anticomunista formado legalmente durante la ocupación japonesa, como fuerza política coreana representante de los intereses de la clase acomodada. Pronto el KDP sufrió un apresurado cambio de fachada y pasó a llamarse Partido Liberal. Junto a Syngman Rhee se encontraban ex colaboradores de los ocupantes japoneses, y el aparato del nuevo Estado conservó en gran parte los cuadros de los tiempos de la colonia, especialmente en lo relativo a las fuerzas de represión. Se creó una CIA coreana, con el significativo nombre de KCIA (Korean Central Intelligence Agency).

El régimen instaurado por los Estados Unidos fue muy impopular. En 1946 y en 1948 la protesta adquirió la forma de levantamientos populares, que fueron duramente reprimidos. El Consejo General de los Sindicatos Coreanos (GCKTU), dirigido por militantes del Partido Comunista, contaba con varios centenares de miles de miembros, y estaba a la cabeza de los manifestantes. Sufrió frontalmente la represión y finalmente fue prohibido en 1948, pero la represión continuó después de esa fecha. La Comisión de las Naciones Unidas para Corea señalaba en agosto de 1949 que en los ocho meses anteriores al 30 de abril de 1949, 89.710 personas habían sido detenidas en virtud del «Decreto para la protección de la paz nacional». Las pérdidas en vidas humanas se cifran en millares, o en decenas de millares. Muchos líderes históricos de la lucha contra los japoneses que no tenían relación con los comunistas fueron asesinados por el régimen de Syngman Rhee.

Cuando en 1948 la partición del país fue institucionalizada, con la creación de la República de Corea al sur del paralelo 38, la gran mayoría de las fuerzas políticas del país se opuso. Al estallar la guerra de Corea, en 1950, el rápido avance de las tropas norcoreanas sólo se debió parcialmente a factores militares. En parte fue la consecuencia lógica de la falta de apoyo popular efectivo al régimen de Syngman Rhee. Según la historia oficial del ejército americano de la guerra de Corea, el ejército surcoreano «se desintegró» |2|. Se produjeron deserciones masivas.

La guerra asoló el país durante tres años y puso al mundo al borde de la tercera guerra mundial. El ejército estadounidense intervino masivamente, con el apoyo de sus aliados occidentales: 300.000 soldados con mandato de las Naciones Unidas |3| combatieron al lado del ejército surcoreano. Se enfrentaron al ejército norcoreano y a un importante contingente chino (entre 500.000 y 800.000 hombres, según las fuentes). El balance en vidas humanas: 3 millones de muertos en la población coreana. En el curso de la guerra, el régimen de Syngman Rhee recurrió a una feroz represión contra la izquierda surcoreana. Algunas fuentes mencionan la cifra de 100.000 ejecuciones o asesinatos de militantes opuestos al régimen |4|. El armisticio del 27 de julio de 1953 dejó a las tropas de ambos bandos prácticamente en el punto de partida, a ambos lados del paralelo 38.

Burguesía coreana bajo tutela del Estado
Dejado en posesión de una industria atrasada y de un sistema financiero que había estado en manos de los japoneses |5|, el gobierno de Syngman Rhee se sirvió de ellos, con la bendición del gobierno militar estadounidense en Corea (USAMGIK), para recompensar y consolidar la lealtad del estrato de propietarios que constituía su clientela política. Los nuevos industriales prosperaron, no gracias a sus propias inversiones, pues casi no disponían de capitales propios, sino gracias a los ingresos del impuesto y, sobre todo, a los subsidios estadounidenses, que la dictadura les redistribuía con largueza. Una política rigurosamente proteccionista los puso, por otra parte, al abrigo de la competencia exterior. Más tarde, la dictadura de Park Chung Hee (1961-1979) crearía los conglomerados industriales y financieros, los chaebols.

Primera conclusión: la burguesía coreana se desarrolló a la sombra del Estado. Éste la tutelaba y protegía.

La ayuda financiera externa proveniente de los Estados Unidos

Un hecho totalmente ocultado por el Banco Mundial: Corea no recurrió en absoluto al empréstito externo durante los primeros 17 años posteriores a la segunda guerra mundial, y luego sólo se endeudó moderadamente. Entre 1945 y 1961, Corea no se endeudó ni recibió inversiones extranjeras. Según los criterios del Banco y del pensamiento neoclásico, tal situación constituye una anomalía.

En cambio, durante el mismo período, recibió en forma de donaciones de los Estados Unidos más de 3.100 millones de dólares |6|. Esta suma representa toda la aportación exterior recibida. El monto es considerable: es más del doble de lo que el trío Bélgica-Luxemburgo-Países Bajos recibió durante el Plan Marshall, un tercio más de lo que recibió Francia, un 10 % más que el Reino Unido. Las donaciones recibidas por Corea entre 1945 y 1961 son superiores al total de los préstamos otorgados por el Banco Mundial al conjunto de los países en desarrollo que han logrado su independencia (excluidas las colonias).

A partir de 1962, Corea se endeudó, pero modestamente. Entre 1962 y 1966, las donaciones de los Estados Unidos constituían aún el 70 % del total de capitales ingresados al país, representando los préstamos el 28 % y las inversiones extranjeras el 2 %. Fue a partir de 1967 que los ingresos de capitales tomaron principalmente la forma de préstamos de bancos extranjeros, en su mayoría japoneses. Y las inversiones extranjeras no fueron importantes hasta finales de los años ochenta, cuando Corea ya había logrado su industrialización.

Segunda conclusión: La industrialización inicial de Corea no dependió, en absoluto, de los préstamos externos ni de las inversiones extranjeras.

Reforma agraria y acción coercitiva del Estado sobre los campesinos
Al acabar la segunda guerra mundial, la parte sur de Corea era aún un país fundamentalmente agrario. La población rural representaba el 75 % de la población total, hasta el comienzo de los años cincuenta. Las autoridades militares de ocupación estadounidenses procedieron entonces a una reforma agraria radical para contrarrestar la propaganda comunista |7|. Los latifundios expropiados, sin indemnización a los japoneses |8| pero con indemnización a los terratenientes coreanos, fueron desmantelados y la masa de campesinos se encontró propietaria de modestas parcelas de tierra |9|(la propiedad no podía ser superior a 3 hectáreas por familia!) |10|. El Estado intervino de forma activa y coercitiva. La renta que los campesinos antes pagaban a los grandes propietarios fue reemplazada por impuestos que debían abonar al Estado. De hecho, éste metió la mano en los excedentes agrícolas que antes se apropiaban los terratenientes. También, el Estado impuso a los campesinos un volumen mínimo de producción para ciertos productos, que debía ser entregado a los organismos estatales a un precio fijado por las autoridades. El precio era muy bajo, a menudo inferior al precio de coste |11|. Se calcula que «el precio de compra del arroz, hasta 1961, no permitía a los campesinos cubrir el conjunto de los costes de producción, que permanecieron muy inferiores al precio de mercado hasta 1970. Hasta 1975, las oficinas de comercialización públicas controlaban por lo menos el 50 % de las cantidades de arroz puestas en el mercado, cantidad que llegaba al 90% para la cebada» |12| En resumen, a cambio del acceso a la propiedad de la tierra, el campesino coreano liberado, de los grandes latifundios tuvo que trabajar para el Estado.

Tercera conclusión: El Estado intervino de manera despótica imponiendo una reforma agraria radical basada particularmente en la expropiación, sin indemnización a los terratenientes japoneses. La reforma agraria se emprendió para minar el terreno a los comunistas. Los campesinos se encontraron sometidos a una presión muy fuerte por el Estado.

Utilización de los excedentes agrícolas en beneficio de las ciudades y de la industrialización
El Estado, que fijaba los precios de compra (al campesino) y de venta (al consumidor), proveía alimentos a precios subvencionados (bajos, comenzando por el arroz) a los sectores sociales que consideraba estratégicos, como la enorme burocracia estatal. Por otra parte, poner el tazón de arroz al alcance de la población urbana, en particular el naciente proletariado industrial, le permitía mantener los costes salariales a un nivel límite. Además, invertía los impuestos y contribuciones pagados por el campesino en la infraestructura de comunicaciones, en la electricidad y la industria

Como dice Jean-Philippe Peemans, a propósito del esfuerzo impuesto al campesino, «No se trata, de ninguna manera, en absoluto, de una acumulación virtuosa basada en las virtudes del mercado, sino de una enorme acumulación primitiva basada en los métodos más coercitivos para construir la “virtud” a la fuerza.» |13|

Cuarta conclusión : El Estado no permitió el libre juego de las fuerzas del mercado para fijar los precios, los fijaba por decreto.

Quinta conclusión: El Estado impuso una pesada carga fiscal sobre el campesino. Los neoliberales denuncian habitualmente la «pasión impositiva» del Estado. Corea del Sur es un buen ejemplo.

Utilización de la ayuda financiera externa

Dos fuentes principales alimentaron los cofres del Estado coreano: los impuestos y contribuciones (fundamentalmente provenientes del campesino) y la ayuda exterior ofrecida por los Estados Unidos. Hay que precisar que, hasta 1961, una parte de ésta consistía en excedentes agrícolas estadounidenses (representaba alrededor del 40 % de la ayuda), y no ingresaba, es evidente, en las arcas del Estado. El resto, al contado, se empleaba en el pago de los bienes importados de los Estados Unidos, una parte de los cuales estaba constituida por material de equipamiento para la industrialización del país. El 71 % de las inversiones efectuadas por el Estado se financiaron, hasta 1961, con la ayuda estadounidense |14|. Es así mismo importante tener en cuenta una ayuda militar, nada despreciable, que representaba más de 1.500 millones de dólares |15|. Una gran parte de la misma sirvió para la construcción de carreteras, puentes y otras obras de infraestructura que se requerían para la producción industrial. Por último, hay que añadir los pedidos del cuerpo expedicionario estadounidense en Vietnam. A principios de los años 1970, éstos representaban el 20 % de las exportaciones coreanas.

Sexta conclusión: Corea del Sur se benefició de una ayuda exterior masiva proveniente de los Estados Unidos. Sólo unos pocos países han recibido un tratamiento similar: Taiwán y Israel.

Industrialización por sustitución de importaciones
El desarrollo industrial de los años cincuenta se organizó esencialmente en torno a la producción de bienes de sustitución de importaciones, con el fin de satisfacer las necesidades del mercado interno, en particular de los sectores agroalimentario y textil, que entre los dos representaban en el año 1955 el 55 % de la producción industrial. Ésta estaba centrada en la transformación del algodón y en la elaboración de azúcar y de harina de arroz. El sector manufacturero no representaba entonces, 1955, más que el 10 % del PNB.

Séptima conclusión: Corea aplicó una política de industrialización por sustitución de importaciones en los años cincuenta, que reforzaría en la década siguiente.

La política económica de la dictadura militar de Park Chung Hee (1961-1979) |16|

La dictadura corrupta de Singman Rhee fue derrocada por la sublevación urbana iniciada en abril de 1960 por los estudiantes. En el seno de las masas urbanas movilizadas bajo la consigna central «unificación pacífica de toda Corea», lanzada y llevada adelante por los estudiantes en 1960, se desarrolló una profunda corriente de centralización política.

El freno a la movilización lo puso el golpe de Estado del general Park Chung Hee, que implantó una dictadura militar, la que reforzó aún más la intervención estatal en la economía. El nuevo régimen nacionalizó el sistema financiero, desde los principales bancos hasta la más pequeña compañía de seguros, y lo convirtió en el brazo secular de su intervencionismo económico.

A partir de 1962, la financiación exterior evolucionó progresivamente, pero las donaciones siguieron siendo su fuente principal hasta 1966. Los Estados Unidos presionaron a Corea para que reanudara las relaciones económicas con Japón, el cual firmó un acuerdo por diez años (1965-1975) que preveía una ayuda económica de 500 millones de dólares, de los cuales, 300 millones como donaciones.

Corea contrató su primer préstamo con el Banco Mundial en 1962, y firmó un primer acuerdo con el FMI en 1965 (bajo la presión de los Estados Unidos). La voluntad de colaboración de Corea con el Banco se basaba en objetivos más políticos que económicos. Posteriormente, Mahn-Je Kim, viceprimer ministro y ministro de Planificación Económica bajo la dictadura de Chun Doo Hwan en los años ochenta |17|, y luego presidente de una empresa siderúrgica (POSCO), se congratuló de las buenas relaciones con el Banco Mundial y pintó un balance positivo del régimen militar. Escribió sin tapujos que el Banco había ayudado al dictador Park a ganar apoyos tanto en el plano nacional como en el internacional: «Semejante reconocimiento por el Banco -la principal autoridad entre los organismos internacionales de desarrollo- tuvo una influencia positiva sobre las relaciones internacionales de Corea, pero aún más en el nivel nacional. En efecto, este reconocimiento ha justificado plenamente la existencia de un gobierno dictatorial ante la opinión pública coreana, dado que estaba al servicio del desarrollo económico» |18|. No se puede ser más claro sobre la complicidad del Banco Mundial con la dictadura.

El general Park Chung Hee trató de ganar autonomía respecto a Washington en materia de política económica. El recurso a los préstamos del Banco Mundial a partir de 1962, y luego, desde 1967, sobre todo de bancos extranjeros privados, era parte de esa voluntad de disminuir progresivamente la dependencia de Corea de la financiación proveniente de los Estados Unidos. Esto convenía también a Washington, que a partir de 1963 empezó a tomar medidas para limitar la salida de dólares.

Octava conclusión: El Banco Mundial apoyó la dictadura de Park Chung Hee, quien utilizó este sostén con fines internos y externos para consolidar su posición.

Park Chung Hee aplicó una política de industrialización acelerada bajo la dirección de una planificación autoritaria. El primer plan quinquenal se lanzó en 1962. Corea aplicó un proteccionismo estricto tanto sobre su producción agrícola (prohibición de importar arroz) como sobre la industrial. A mediados de la década de los sesenta, el país ya estaba dotado de una industria ligera que satisfacía el mercado interno y ganaba cuotas de mercado en el exterior. Se trataba esencialmente de artículos elaborados por una industria que empleaba mucha mano de obra de bajo coste, que transformaba o montaba bienes importados. La dictadura quería modificar radicalmente la situación consolidando la industrialización. Reforzó en primer lugar el modelo de sustitución de importaciones y Corea intentó producir ella misma lo que importaba. A tal efecto, a partir de finales de los años sesenta se dotó de una industria pesada de producción de acero y de bienes de equipamiento (máquinas herramienta, cadenas de montaje, turbinas) así como de una industria petroquímica. El régimen de Park no se detuvo allí, pretendía también orientar la producción a la exportación.

El Estado favoreció el desarrollo de chaebols, amplios conglomerados creados a partir de un número limitado de sociedades privadas, seleccionadas por Park, para constituir la punta de lanza de la nueva industria. Estos chaebols son conocidos hoy en el mundo entero: Samsung, Hyundai, Lucky Goldstar, Daewoo |19|, Kia, etc. Los chaebols se beneficiaron, año tras año, de aportaciones financieras del Estado, considerables y a menudo gratuitas. Los préstamos que el régimen o sus bancos contraían (a tipos de mercado), en general con bancos estadounidenses antes de que Japón ocupara el primer lugar en los años setenta, sirvieron para brindar a loschaebols fuentes de capitales casi inagotables, a tasas de interés que desafiaban toda competencia, incluso a veces a fondo perdido. A todo esto se sumaron las subvenciones directas del Estado. Éste, de hecho, asumió el control de la economía por intermedio de una Oficina de planificación. Y dirigió con mano de hierro todas las opciones de desarrollo tomadas por loschaebols.

Los planes quinquenales se sucedieron. En el primero (1962-1966) se dio prioridad al desarrollo energético, los abonos, el textil, el cemento. En el segundo (1967-1971) se puso el acento en las fibras sintéticas, la petroquímica, el equipamiento eléctrico. El tercero (1972-1976) se centró en la siderurgia, el equipamiento del transporte, los electrodomésticos, la construcción naval.

Novena conclusión: El Estado planificó con mano de hierro el desarrollo económico del país. En cierto modo, creó la clase capitalista coreana.

Las reticencias del Banco Mundial

Al principio, el Banco Mundial consideró que la voluntad de Corea de dotarse de una industria pesada era prematura |20| e intentó disuadir al gobierno, sin éxito. Ante la insistencia de Seúl y preocupado por mantener una influencia en el país, cambió de estrategia y apoyó la política de industrialización por sustitución de importaciones |21|

La argumentación de los coreanos era la siguiente: 1) Debemos dotarnos de una industria pesada (metalurgia, petroquímica) y fabricar los bienes de equipamiento a fin de alimentar nosotros mismos nuestra industria liviana, reducir las importaciones y mejorar nuestra balanza de pagos. 2) En el mercado mundial, los países competidores pueden ganar con rapidez cuotas de mercado, pues están en condiciones de producir las mismas mercaderías que nosotros a menor coste empleando mano de obra más barata que la nuestra. Por ello, es necesario que nos dotemos de una industria pesada para diversificar nuestras exportaciones con productos de mayor valor agregado, incorporando más componentes elaborados en el país. Los otros países tendrán mucha dificultad en competir con nosotros en ese campo. 3) Aparte del desarrollo de la industria pesada, haremos un gran esfuerzo en materia de tecnología y aumentaremos de manera creciente la inversión en educación superior e investigación. 4) Al principio, nuestra industria pesada no será competitiva frente a los competidores extranjeros que tengan acceso a nuestro mercado interior; en consecuencia, debemos proteger nuestra industria naciente y cerraremos las fronteras a la competencia exterior. 5) El Estado debe utilizar el dinero público para financiar y controlar todo esto.

A mediados de los años setenta, cuando Corea lograba dotarse de una potente industria pesada, el Banco Mundial volvió a poner en duda la estrategia seguida. Consideraba que el país era demasiado ambicioso y sugirió que redujera el esfuerzo en ese sector |22|. Las autoridades coreanas no siguieron sus recomendaciones. El ejemplo más espectacular de esta política fue el programa de desarrollo de la industria pesada entre 1977 y 1979. Durante dos años, el Estado le dedicó el 80 % de todas sus inversiones. Su financiación fue asegurada por un colosal crecimiento del endeudamiento de la economía, tanto del Estado como de la banca y las empresas privadas, así como por la congelación de todos los fondos de pensiones y la utilización forzada de una parte del ahorro privado |23|.

Mahn-Je Kim describió en lenguaje diplomático, no sin cierta ironía, la actitud de los economistas del Banco: «Hay que señalar la flexibilidad de los economistas del Banco Mundial. Eran típicos economistas neoclásicos que ponían por delante la supremacía del mercado y en gran medida contribuyeron a convencer a los representantes del poder coreano de la pertinencia de la economía de mercado. En general, no eran economistas dogmáticos y sabían cómo hacer coincidir la doctrina con las exigencias del mundo real» |24|. Mahn-Je Kim se refería al período que llega hasta principios de los años ochenta.

Décima conclusión: Corea del Sur se negó a seguir las recomendaciones del Banco Mundial.

Transformaciones sociales de 1960 a 1980

En el curso de la dictadura de Park Chung Hee, la sociedad surcoreana cambió profundamente. La población urbana pasó de 28 % en 1960, a 55 %, en 1980. La capital, Seúl, duplicó su población entre 1960 y 1970, que pasó de 3 a 6 millones de habitantes, y en 1980 rozaba los 9 millones. La estructura de la población activa se modificó radicalmente. En 1960, el 63 % trabajaba en la agricultura, el 11 % en la industria y la minería, y el 26 % en servicios. Veinte años después, las proporciones cambiaron de la siguiente manera: 34 % en la agricultura, 23 % en la industria y la minería y 43 % en servicios. En 1963 el país contaba con 600.000 trabajadores industriales, en 1973 éstos eran 1,4 millones y en 1980 superaban los 3 millones, la mitad de los cuales eran obreros calificados. Estaban sometidos a un grado extremo de explotación: en 1980, el coste salarial de un obrero coreano representaba un décimo del de un obrero alemán, la mitad del de un mexicano, un 60 % del de un brasileño. Uno de los ingredientes del milagro coreano fue la sobreexplotación de la mano de obra industrial. La semana laboral de un obrero coreano era en 1980 la más larga de todo el mundo. No había salario mínimo legal.

Después de la derrota del Consejo General de Sindicatos Coreanos (GCKTU), los asalariados carecieron de un verdadero sindicato. El régimen de Syngman Rhee había creado en 1946, con el apoyo de los Estados Unidos (y de la central sindical estadounidense AFL-CIO), la Federación Coreana de Sindicatos (FKTU), que fue la única central sindical legal del país hasta los años noventa. La FKTU era una simple correa de transmisión de la dictadura y de la patronal. La clase obrera estaba casi totalmente amordazada, al menos hasta los años ochenta. Además de la clase obrera fabril, otros actores sociales se afirmaron. En 1980 había 100.000 ingenieros y 130.000 técnicos. La población de la enseñanza superior eclosionó: había cerca de un millón de estudiantes en 1980.

Decimoprimera conclusión: La estructura social entre 1960 y 1980 cambió profundamente acercándose a la de los países industrializados.

Decimosegunda conclusión: La dictadura impidió a la clase obrera organizarse en sindicatos y la reprimió con dureza. Uno de los ingredientes del milagro coreano fue la sobreexplotación de los trabajadores.

De la dictadura de Park Chung Hee a la de Chun Doo Hwan

A lo largo de toda la dictadura de Park, a pesar de la represión, estallaron grandes movimientos de protesta en los que los estudiantes desempeñaron un papel de primer plano. Es el caso, en particular, de las grandes manifestaciones de 1965 contra la firma del tratado de paz con Japón, y en 1972 contra la promulgación de la ley marcial y la nueva constitución que permitía al dictador seguir en el poder hasta su muerte.

Las manifestaciones de estudiantes de octubre de 1979 desencadenaron una crisis del régimen que se saldó con el asesinato de Park Chung Hee. Una gran manifestación de estudiantes en la ciudad industrial de Pusan, el día 16 de octubre, derivó en un enfrentamiento con la policía al día siguiente. El gobierno proclamó de inmediato el estado de excepción en la ciudad y envió una división de infantería. A pesar de esta medida, las manifestaciones se propagaron a otras ciudades, como Masan, también industrial y sede de muchas empresas exportadoras. Numerosos obreros se sumaron a las acciones en la calle y Park declaró el estado de sitio también en Masan. Durante los cuatro días de enfrentamiento fueron detenidas 4.207 personas. Las manifestaciones se extendieron a la capital, Seúl |25|. El 26 de octubre, el dictador fue abatido por los disparos de su colaborador más próximo, Kim Jae Kyu, director de la KCIA, la Agencia Central de Informaciones de Corea, que había juzgado que desembarazándose de Park sería posible controlar la situación.

Al día siguiente de la muerte de Park, el ejército estaba dividido: un sector insinuaba la perspectiva de cierta «liberalización» del régimen, pero la movilización proseguía. A principios de diciembre de 1979, la mayor parte de los presos políticos (algunos purgaban largas penas de prisión) fueron liberados. El 12 de diciembre, golpe de teatro: el mayor-general Chun Doo Hwan intentó con éxito un putsch en el seno del ejército, hizo arrestar a su principal rival, el general Ching, y tomó el control total del ejército. La movilización proseguía. El 14 de abril de 1980, Chun Doo Hwan, que conservaba sus funciones de jefe del ejército, fue nombrado director de la KCIA por el jefe del Estado. Y la movilización proseguía. El retorno a la dictadura militar abierta tuvo lugar el 18 de mayo de 1980. Se desencadenó una brutal represión: todos los jefes de la oposición fueron arrestados, lo que provocó grandes estallidos sociales cuyo punto culminante fue la insurrección urbana de Kwangju.

Inmediatamente después de la promulgación de una nueva ley marcial, el 18 de mayo de 1980, varios miles de estudiantes de la universidad de Chonam en Kwangju salieron a la calle. El gobierno envió regimientos de paracaidistas, que asesinaron a manifestantes, entre ellos a chicas jóvenes, con las bayonetas. Al día siguiente, más de 50.000 personas se enfrentaron con el ejército, muriendo 260 de ellas en el curso de los combates. Después de cuatro días de lucha encarnizada, el número de insurgentes llegó a los 200.000, en una ciudad de alrededor de 750.000 habitantes, y, finalmente, tomaron el control de la ciudad. Los amotinados, enfurecidos porque las emisoras de radio no informaban sobre su lucha, debido a la censura impuesta por la ley marcial, las incendiaron. Se apoderaron de las armas abandonadas por el ejército en su repliegue y organizaron comités de control y de administración de la ciudad. El 23 de mayo, toda la provincia de Cholla, en el sur del país, estaba en manos de los estudiantes y de la población sublevada.

Los estudiantes de Kwangju se apoderaron de autobuses y camiones y, armas en mano, se dirigieron a las otras ciudades, una tras otra, propagando el movimiento. Mientras nuevas tropas gubernamentales se aproximaban a Kwangju, los insurrectos constituyeron un comité de crisis a fin de negociar con las autoridades encargadas de imponer la ley marcial. Exigían que presentaran excusas al pueblo de Kwangju por las atrocidades cometidas, que pagaran indemnizaciones por los heridos y muertos, que no tomaran represalias, que los jefes militares no hicieran avanzar las tropas hasta que se llegara a un acuerdo. A pesar de estas negociaciones, unos 170.000 hombres tomaron por asalto la ciudad al alba del día 27 de mayo y la ocuparon. Varios centenares de estudiantes y vecinos de la ciudad murieron en el combate |26|.

La represión, que se efectuó con la bendición del ejército estadounidense y de Washington |27|, alcanzó, en los meses siguientes, a todo el país. Según un informe oficial con fecha del 9 de febrero de 1981, más de 57.000 personas fueron apresadas con ocasión de la «Campaña de purificación social» puesta en marcha en el verano de 1980. Cerca de 39.000 de ellas fueron enviadas a campos militares para una «purificación física y psicológica» |28|. En febrero de 1981, el dictador Chun Doo Hwan fue recibido en la Casa Blanca por el nuevo presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan |29|.
Washington permitió la masacre de 1980

Las fuerzas armadas de la República de Corea estaban colocadas bajo el mando conjunto coreano-estadounidense, éste a su vez bajo el control del comandante en jefe de las fuerzas US en Corea del Sur. Sólo escapaban a esta regla el comando de la guarnición de la capital y un sector de los paracaidistas, que estaban bajo la autoridad directa del presidente. El grueso del ejército coreano no podía ser movilizado sin la autorización del comandante en jefe de las fuerzas estadounidenses. En el momento de la sublevación Kwangju, en mayo de 1980, las tropas de la guarnición de la capital estaban ocupadas en mantener el orden en Seúl, y las unidades de paracaidistas se habían enviado a Kwangju. Si ocurrían nuevos alzamientos -de amplitud igual o superior- el gobierno carecía de fuerzas de reserva bajo su autoridad directa.

Por esta razón, el gobierno estadounidense, en respuesta al pedido del gobierno surcoreano, rápidamente puso a su disposición una parte de las tropas que estaban bajo la autoridad del mando conjunto. Sólo así fue posible el envío a Kwangju, el 19 de mayo, de la 31ª división. En el momento del asalto final, cuatro regimientos -7.800 hombres- fueron retirados del mando conjunto para ser enviados a Kwangju. Además, el portaaviones estadounidense Coral Sea, que navegaba hacia Oriente Medio, recibió órdenes de cambiar de rumbo y dirigirse a la península coreana.

Cuando los estudiantes de Kwanju enviaron un mensaje desesperado al presidente demócrata Jimmy Carter |30| para pedirle que interviniera en defensa de sus derechos, los Estados Unidos ignoraron el pedido con el pretexto de que «no había sido transmitido por los canales oficiales». ¿Cuáles son los canales oficiales en el caso de una ciudad sitiada? The Washington Post del 1º de junio de 1980 informó que un importante funcionario estadounidense había declarado: «No se trata de una cuestión de derechos humanos. Es una cuestión que afecta al interés nacional de los Estados Unidos en la realización y el mantenimiento de la estabilidad en el Noreste de Asia». Conviene señalar que también el gobierno japonés se alineó con Chun Woo Hwan contra el pueblo surcoreano.

Decimotercera conclusión: Un potente movimiento social antidictatorial encabezado por los estudiantes se enfrentó a la dictadura. Después del asesinato de Park (octubre de 1979) y un breve intervalo democrático, se implantó una nueva dictadura feroz, que desencadenó una sangrienta represión en mayo de 1980, con el apoyo de Washington y de Tokio.

La política económica del dictador Chun Doo Hwan


Después del asesinato del dictador Park Chung Hee y la instauración de la dictadura del general Chun Doo Hwan, la orientación económica no cambió esencialmente. Corea del Sur, que se había endeudado mucho en el curso de los años 70 con los bancos extranjeros, en su mayor parte japoneses, sufrió con más dureza que los otros PED el choque del alza brusca de las tasas de interés, pues sus deudas eran a interés variable. En 1983, Corea del Sur ocupaba el cuarto lugar en la lista de los países más endeudados en valores absolutos (43.000 millones de dólares), sólo superada por Brasil (98.000 millones), México (93.000 millones) y Argentina (45.000 millones), pero una vez más su situación geoestratégica le valió un trato diferente al de los demás países en desarrollo. Japón acudió en su ayuda otorgándole 3.000 millones de dólares, en concepto de reparaciones de guerra, que Corea utilizó para cumplir el reembolso de la deuda con los banqueros japoneses. Esto le permitió salvarse de tener que apelar al FMI y plegarse a sus condiciones draconianas |31|. Por su parte, el gobierno japonés evitó de este modo la quiebra de algunos de sus bancos y obtuvo de Corea del Sur mayores facilidades de inversión.

Decimocuarta conclusión: Al contrario de la versión del Banco Mundial, el recurso masivo al endeudamiento externo con bancos privados casi le costó muy caro a Corea del Sur. Si no hubiera ocupado un lugar de primera importancia geoestratégica para los Estados Unidos y Japón, habría podido correr la misma suerte que Argentina, Brasil y México, países que tuvieron que someterse a las condiciones del FMI. Como veremos, Corea pudo seguir una vía parcialmente independiente de desarrollo hasta los años 90.

El país también fue afectado por el segundo shock petrolero de 1979 (aumento del precio del petróleo provocado por la revolución iraní y el derrocamiento del sha), pero encajó el golpe. Mantuvo el control autoritario de la economía: el gobierno impuso a la industria qué productos podía fabricar. Decidió reestructurar la industria de fabricación de vehículos de transporte y encomendó a dos chaebols la producción de automóviles. El Banco Mundial se opuso a esta orientación y recomendó a Corea que abandonara la producción de vehículos terminados y se concentrara en la fabricación de repuestos destinados a la exportación. El Banco argumentó que los automóviles coreanos no se venderían.

Las autoridades coreanas no dieron el brazo a torcer. Resultado: a mediados de los años ochenta, la compañía coreana Hyundai (controlada al 100 % por capital coreano privado con el apoyo del poder público) consiguió exportar sus coches a los Estados Unidos y conquistar una cuota substancial de mercado!

Por entonces, el Banco había abandonado definitivamente las concesiones con respecto al modelo de industrialización por sustitución de importaciones. En 1981, bajo el gobierno de Reagan, los últimos economistas favorables a una intervención del Estado fueron reemplazados por neoliberales puros y duros, con Anne Krueger como economista jefe. Ésta había escrito, unos años antes, un libro sobre Corea para demostrar la superioridad de la sustitución de exportaciones sobre la sustitución de importaciones |32|. La voluntad de Seúl de producir automóviles para la exportación se inscribe en una maniobra agresiva de sustitución de exportaciones y, en principio, tendría que haber sido apoyada por el Banco. Esto no fue así, porque la decisión de Seúl amenazaba la industria automotriz estadounidense. El límite de la gran flexibilidad de los economistas del Banco se alcanza rápidamente cuando los intereses de los Estados Unidos están en juego.

Decimoquinta conclusión: El régimen de Chun Doo Hwan se negó, una vez más, a seguir las recomendaciones del Banco Mundial y ganó la apuesta. El Banco mantuvo, de todos modos, su apoyo a la dictadura pues quería, a toda costa, tratar de mantener la influencia. Por su parte, los Estados Unidos comenzaron a desconfiar del apetito de las empresas surcoreanas.

Hacia el fin de la dictadura de Chun Doo Hwan (1980-1987)

En 1979-1980, en numerosas empresas, los obreros intentaron formar sindicatos. Debían ser nuevos sindicatos, «independientes», desafiando abiertamente la política colaboracionista de la dirección de la FKTU, al estar obligados por ley a afiliarse a ella. Después de la represión desencadenada por Chun Doo Hwan, un centenar de secciones locales de la FKTU se disolvieron, 191 administrativos sindicales fueron despedidos, y algunos enviados a los campos. En este movimiento de creación de sindicatos independientes, el motor fueron jóvenes, obreros o estudiantes contestatarios, que decidieron proseguir en las fábricas la lucha política iniciada en la universidad.

El movimiento de estudiantes comenzó a recuperarse en 1983-1984 y vivió un momento de radicalización y de profundización política. Entre principios de año y mayo de 1986, 166.000 estudiantes participaron en las manifestaciones |33|. La importancia del movimiento en las universidades |34| quedó reflejada en el hecho de que los estudiantes constituyeron la gran mayoría de presos políticos (800 estudiantes sobre 1.300 detenidos). En las fábricas, los obreros reanudaron el combate a partir de 1985. Por primera vez estalló una huelga importante en unchaebol, la empresa Daewood Motors, que fue coronada por el éxito, y se creó un nuevo sindicato independiente.

El 12 de febrero de 1986, el Nuevo Partido Democrático de Corea (NKDP) lanzó una campaña de petición en Seúl para cambiar la constitución (el objetivo era permitir la elección por sufragio directo del presidente, en vez de hacerlo por un colegio electoral). En los meses siguientes, una serie de formaciones movilizaron decenas de miles de personas en las grandes ciudades del país. Los estudiantes participaron de forma autónoma en el movimiento democrático detrás de consignas radicales, tales como «Abajo la dictadura militar», «Contra la presencia en el país de 40.000 soldados US» y «Por una constitución popular».

El 29 de noviembre de ese año, el régimen hizo invadir la ciudad de Seúl por 50.000 policías a fin de impedir una concentración del NKDP. Aplicó la fuerza del Estado contra la oposición, pero esta política fracasó porque había un mar de fondo transversal a todas las capas de la sociedad, que estaba de acuerdo con las reivindicaciones democráticas. Las negociaciones entre la dictadura y la oposición sobre los procedimientos electorales no llegaron a ningún resultado. El gobierno estaba debilitado por las secuelas políticas del asesinato de un estudiante en una comisaría. En esta situación, todas las fuerzas opositoras, entre ellas una nueva coalición surgida de la escisión del NKDP, convocaron una manifestación el día 10 de junio. La víspera, la policía interrogó a 3.000 personas, puso en residencia vigilada a 140 dirigentes de la oposición, desplegó decenas de miles de agentes policiales. No sirvió de nada, el 10 de junio y los días siguientes la protesta se extendió por todo el país, los enfrentamientos masivos alcanzaron un nivel tal que el régimen comenzó a ceder: se conquistó la elección presidencial directa |35|. Esa vez, Washington tuvo que presionar a la dictadura para que soltara lastre.

En las fábricas, el movimiento no se limitó a la perspectiva de las urnas. Los trabajadores surcoreanos se precipitaron en la brecha abierta por la victoria del movimiento de masas de junio de 1987, cuya punta de lanza fueron los estudiantes. En el invierno de 1987, Corea del Sur fue conmovida por una ola de huelgas sin precedente. Entre el 17 de julio y el 25 de agosto se contabilizaron 1.064 conflictos laborales |36|, en tanto que la media anual de la década precedente estaba en unos 200 conflictos |37|. Todos los sectores de la economía se vieron afectados, incluidos los chaebols (24.000 obreros de los astilleros de Hyundai, 15.000 mineros del carbón, etc.). Las luchas estuvieron marcadas por una fuerte combatividad: ocupación de empresas, incluso de los locales de la dirección, bloqueo de las vías férreas y ocupación de estaciones, rechazo de la táctica patronal del lock-out... Los conflictos terminaron con significativos aumentos salariales y el reconocimiento de los sindicatos independientes y democráticos, que en 1988 llegaron a ser 2.799, y en 1989 más de 7.000. En enero de 1990 se fundó el Congreso de Sindicatos Coreanos, que unos años más tarde se convertiría en la Confederación de Sindicatos Coreanos (KCTU). De todos modos, hasta los años 2000, la creación de una confederación sindical era una acción ilegal.

En el plano político, en 1988 se organizaron por primera vez en el país elecciones por sufragio universal. Pero la oposición estaba dividida y presentó tres candidatos, «los tres Kim»: Kim Youngsam, Kim Daejun y Kim Jongpil. Resultó electo el general Roh Taewoo, candidato apoyado por el presidente saliente, y que había estado a su lado en el putsch de 1979 y en la masacre de Kwangju, en mayo de 1980.

Decimosexta conclusión: Presionado de todos lados por los movimientos de protesta, en una situación de crecimiento de la fuerza de una clase obrera joven y combativa, la dictadura soltó lastre ante la oposición y organizó las primeras elecciones libres. Washington acabó presionando. Ante la división de la oposición, el candidato de la dictadura ganó las elecciones, pero las luchas se desarrollaron en las fábricas.

El giro de los años 90

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Las falacias teóricas del Banco Mundial

Eric Toussaint

El Banco Mundial pretende que para progresar, los PED [1] deben recurrir al endeudamiento externo y atraer las inversiones extranjeras. Este endeudamiento sirve principalmente para comprar bienes de equipamiento y de consumo a los países más industrializados. Los hechos han demostrado día tras día, durante décadas, que esto no funciona. Los modelos que han influenciado la visión del Banco Mundial conducen naturalmente a los PED a una fuerte dependencia de los aportes externos de capitales, en general en forma de préstamos, con la ilusión de alcanzar un nivel de desarrollo autosostenido. Los proveedores de fondos públicos —gobiernos de los países industrializados y el Banco, en particular— consideran los préstamos como un poderoso medio de influencia sobre los países que se endeudan. Las acciones del Banco no se resumen en una sucesión de errores o de malas jugadas. Al contrario, son parte de una visión coherente, teorizada, sistematizada, que se enseña doctamente en la mayoría de las universidades. Centenares de libros de economía del desarrollo la destilan. El Banco ha producido toda una ideología del desarrollo. Cuando los hechos la desmienten, el Banco no la vuelve a considerar. Al contrario, intenta deformar la realidad para continuar protegiendo el dogma.

En el curso de los primeros diez años de su existencia, el Banco generó muy pocas reflexiones sobre el tipo de política económica que debía mantener con los países en desarrollo. Se explica por varias razones: porque 1) esto no formaba parte aún de sus prioridades. En 1957, la mayoría de los préstamos del Banco (52,7 %) se concedían a países industrializados; [2] 2) la matriz teórica de los economistas y dirigentes del Banco era de inspiración neoclásica, teoría que no atribuye un lugar específico a los PED; [3] 3) hasta 1960, cuando se creó la Asociación Internacional de Desarrollo (AID), no se había dotado de un instrumento específico para prestar dinero a bajo interés a los países en desarrollo.

El Banco trabajó poco la teoría, pero ello no le impidió criticar a los otros. Así, en 1949 criticó un informe de la comisión de las Naciones Unidas para el empleo y la economía que defendía la inversión pública en la industria pesada de los PED. El Banco objetó que los poderes públicos de los PED ya tienen bastante que hacer con la realización de buenas infraestructuras y que deben dejar la responsabilidad de la industria pesada a la iniciativa privada local y extranjera.

Según Mason y Asher, historiadores del Banco Mundial, su orientación partía del postulado de que los sectores público y privado deben desempeñar papeles diferentes. El sector público debe asegurar el desarrollo planificado de una infraestructura adecuada: ferrocarril, carreteras, centrales eléctricas, instalaciones portuarias y medios de comunicación en general. Al sector privado le corresponde la agricultura, la industria, el comercio y los servicios personales y financieros, puesto que se da por sentado que en todos estos ámbitos la iniciativa privada obtiene mejores resultados que el sector público. [4] En realidad, hay que ceder al sector privado todo lo que puede producir un beneficio. En cambio, las infraestructuras son actividades del sector público porque la cuestión es socializar los costes, en beneficio del sector privado. En resumen, El Banco Mundial recomienda la privatización de los beneficios, combinada con la socialización de los costes de lo que no es directamente rentable.

Una visión del mundo conservadora y etnocéntrica

La visión del Banco está marcada por diversos prejuicios conservadores. En los informes y discursos de sus primeros quince años de existencia, se refería regularmente a regiones atrasadas y subdesarrolladas, lo que ya es todo un programa. Sobre las causas del subdesarrollo, el Banco adoptó un enfoque etnocéntrico. Se puede leer en el octavo informe anual de Banco: «Las razones de que ciertas regiones del mundo no estén desarrolladas son numerosas y complejas. Muchas culturas, por ejemplo, conceden poco lugar al progreso material y, de hecho, algunas lo consideran incompatible con unos objetivos más deseables para la sociedad y para el individuo.» [5] La falta de deseo o de voluntad de progreso material y de modernización de la sociedad es presentada como una de las causas del atraso. El profundo respeto de los hindúes por las vacas resulta así un resumen que permite comprender el retraso de la India. A propósito de África, Eugene Black, presidente del Banco, declaró en 1961: «Aún a día de hoy la mayoría de los doscientos y pico millones de habitantes de África apenas comienzan a formar parte de la sociedad mundial.» [6] El carácter reaccionario de la visión del Banco Mundial no ha desaparecido del todo con el correr de los años. En el Informe sobre el Desarrollo en el Mundode 1987 manifiesta: «En Principios de economía política (1848), John Stuart Mill evoca las ventajas que resultan del “comercio exterior”. Aunque haya pasado más de un siglo, sus observaciones siguen siendo tan válidas hoy como en 1848. Hablando de las ventajas indirectas del comercio, Mill dice: “... un pueblo puede estar en un estado letárgico, indolente, inculto, con todas sus aspiraciones satisfechas, adormecido, y no puede poner en acción todas sus fuerzas productivas por la falta de un objeto que desee. La aventura del comercio exterior, al hacerle conocer nuevos objetos u ofrecerle la tentación de adquirir objetos que hasta entonces no pensaba poder procurarse [...] alienta a quienes se contentaban con un poco de comodidad y un poco de trabajo a trabajar duro para satisfacer sus nuevos gustos, incluso a ahorrar y acumular capital.”» [7] El retorno al poder de los neoconservadores, con Bush en el gobierno desde 2001, ha fortalecido su carácter profundamente materialista y reaccionario. La nominación de Paul Wolfowitz, uno de los principales neocons, a la presidencia del Banco (2001-2008), había consolidado esta orientación.

Lo que resulta sorprendente en los documentos del Banco y en la literatura en boga en materia de desarrollo, de los años 50 a los años 70 es el espacio dedicado a la planificación del crecimiento y del desarrollo (tanto en las economías industrializadas como en los PED). Hasta finales de los años 70, la presencia de la planificación se puede atribuir a varios elementos: 1) la voluntad de planificación —el planismo— surgida en el curso de la prolongada depresión de los años 30 como respuesta al caos provocado por el laissez-faire; 2) la necesidad de organizar la reconstrucción de Europa y Japón; 3) era el período de los treinta gloriosos, caracterizado por un crecimiento económico sostenido, que había que dirigir y planificar; 4) los éxitos, comprobados o supuestos, de la planificación soviética, que ejercían una indudable atracción real hasta sobre los enemigos declarados del llamado bloque comunista. La planificación es un tema que fue totalmente ignorado a partir del comienzo de los años 80, con el retorno de la ideología y las políticas neoliberales.

Otra preocupación, muy presente al principio, pero que fue olvidada a partir de los años 80, era la decisión tomada por una serie de países latinoamericanos de recurrir a la sustitución de importaciones y la posibilidad (vista como una amenaza por la mayoría de los dirigentes de los países más industrializados) de que otros países, de reciente independencia, siguieran la misma vía.

Pasemos revista a varias aportaciones de economistas que tuvieron una influencia directa sobre el Banco y en el seno de éste.

El modelo HOS (Heckscher-Olin-Samuelson)


La teoría de las ventajas comparativas de Ricardo fue reforzada en los años 30 por el análisis de los economistas suecos Heckscher y Olin, al cual se incorporó más tarde Samuelson (cuya síntesis se conoce como modelo HOS). Este modelo habla de «dotación en factores de producción» (trabajo, tierra y capital) y sostiene que todos los países tienen interés en especializarse en la producción y la exportación de bienes que utilicen con mayor intensidad el factor de producción más abundante en ellos —que también es el más barato—. Gracias al librecambio, se operará la equiparación de la remuneración de los factores en todo los países que lo practiquen (el factor abundante —exportado— se hace escaso y por lo tanto se encarece; el factor escaso —importado— abunda y en consecuencia se abarata). La especialización establecerá una distribución óptima de los factores en un mercado mundial homogeneizado. Según esta óptica, la búsqueda de la máxima integración del mercado mundial sería una apuesta ganadora y un juego de suma positiva para todos los participantes. Diversas investigaciones efectuadas más tarde, especialmente por Paul Krugman, [8] para verificar la pertinencia del modelo HOS han demostrado que éste no se ajusta a la realidad.

Las cinco etapas del crecimiento económico según Walt W. Rostow


En 1960, Rostow [9] enumeró cinco etapas del desarrollo en su libro Las etapas del crecimiento económico, un manifiesto no comunista. [10] Para él, todas las sociedades se pueden clasificar en alguna de las cinco categorías, y deben seguir este itinerario.

La primera etapa es la sociedad tradicional, caracterizada por el predominio de la actividad agrícola. El progreso técnico es nulo, casi no hay crecimiento del producto y no se prevé un cambio de mentalidad.

Luego, la etapa previa al despegue, que ve nacer el desarrollo de los intercambios y de las técnicas, una evolución de las mentalidades que rompe con el fatalismo y un aumento del ahorro. Ha sido, de hecho, la evolución de las sociedades europeas entre el siglo xv y principios del siglo xviii .

La tercera es la del despegue (take-off), una etapa crucial que corresponde a un salto cualitativo, con un aumento significativo del ahorro y de la inversión, así como al paso a un crecimiento acumulativo. [11]

La cuarta etapa es calificada de «marcha hacia la madurez»: el progreso técnico se impone en todas las actividades y la producción se diversifica.

En fin, la era del consumo de masas, que coincide con la quinta y ultima etapa. [12]

Según Rostow, en el nivel del despegue, la aportación de capitales exteriores (bajo forma de inversiones extranjeras o de crédito) es indispensable.

Este modelo se caracteriza por un esquematismo caricaturesco. Presenta el estado de desarrollo alcanzado por Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial a la vez como objetivo a alcanzar y como modelo a reproducir. Asimismo, considera que el modelo de despegue de Inglaterra, donde se sucedieron la revolución agrícola y la revolución industrial, debe reproducirse en otras partes. Esto significa no tener en cuenta la historia concreta vivida por los demás países. No hay nada que demuestre que cada país tenga que pasar por las cinco etapas descritas.

Insuficiencia del ahorro y necesidad de recurrir a la financiación externa


Según el enfoque neoclásico, el ahorro es un requisito previo a la inversión y es insuficiente en los PED. De donde la insuficiencia del ahorro es un factor fundamental que explica el bloqueo del desarrollo. Paul Samuelson se basa, en Economics, [13] 14 en la historia del endeudamiento de Estados Unidos en los siglos xix y xx para determinar cuatro etapas diferentes, que conducen a la prosperidad: nación endeudada, joven y emprendedora (de la guerra revolucionaria de 1776 a la guerra civil de 1865); nación endeudada madura (de 1873 a 1914); nueva nación acreedora (de la primera guerra mundial a la segunda); nación acreedora madura (años 60). Samuelson y sus émulos aplicaron al centenar de países que constituyen el Tercer Mundo, desde la última postguerra, el modelo de desarrollo de Estados Unidos desde finales del siglo xviii hasta la Segunda Guerra Mundial, como si todos estos países tuvieran que imitar, lisa y llanamente, la experiencia estadounidense. [14]

En lo que respecta a la necesidad de recurrir al aporte de capitales extranjeros (en forma de préstamos o de inversiones), uno de los socios de Samuelson, Paul Rosenstein-Rodan, emplea la siguiente fórmula: «Los capitales extranjeros reforzarán la formación del capital nacional, es decir, serán íntegramente invertidos; la inversión generará un aumento de la producción. La principal función del ingreso de capitales extranjeros es ayudar a que la tasa de formación del capital nacional alcance un valor que pueda mantenerse sin ayuda exterior suplementaria.» [15] Esta afirmación es refutada por la realidad: no es verdad que los capitales extranjeros refuerzan la formación de capital nacional y son invertidos en su totalidad. Una gran parte de estos capitales se van rápidamente del país al que se dirigieron temporalmente (fuga de capitales, repatriación de los beneficios).

Otro error monumental: Rosenstein-Rodan, director adjunto (assistant director) del departamento económico del Banco Mundial entre 1946 y 1952, hizo predicciones sobre la fecha en la que una serie de países alcanzarían un crecimiento autosostenido. Vaticinó que Colombia llegaría a ese estadio en 1965, Yugoslavia en 1966, Argentina y México entre 1965 y 1975, India a principio de los años 70, Pakistán 3 o 4 años más tarde, Filipinas después de 1975. ¡Majaderías!

Destaquemos que esta definición de crecimiento autosostenido es utilizada con frecuencia por el Banco Mundial. En 1964, Dragoslav Avramovic, por entonces director del departamento económico del Banco, emitió la siguiente definición: «Se define el crecimiento autosostenido como el que implica una tasa de crecimiento de los ingresos del orden del 5 % anual, financiado por fondos gestionados dentro de las fronteras, así como por capitales extranjeros...» [16]

La planificación del desarrollo vista por el Banco Mundial y el establishment universitario estadounidense conduce a una impostura pseudocientífica, basada en ecuaciones matemáticas que tratan de dar legitimidad y credibilidad a la voluntad de hacer que los PED dependan del recurso a la financiación exterior. Veamos un ejemplo, formulado muy doctamente por Max Millikan y Walt Rostow en 1957: «Si la tasa inicial de inversión local de un país representa el 5 % del producto nacional, si los capitales extranjeros ingresan a una tasa constante equivalente a un tercio del nivel inicial de la inversión local, si el 25 % de todo ingreso suplementario es ahorrado y reinvertido, si la ratio capital/producto es 3 y si la tasa de interés de la deuda externa y los dividendos repatriados son equivalentes al 6 % anual, el país estará en condiciones de prescindir del préstamo neto externo después de catorce años, y podrá mantener una tasa de crecimiento del 3 % sobre la base de sus propios ingresos.» [17] ¡Otra necedad!

El modelo de doble déficit de Chenery y Strout


A mediados de los años 60, el economista Hollis Chenery, que unos años más tarde sería economista jefe y vicepresidente del Banco, [18] elaboró con su colega Alan Strout un nuevo modelo llamado «modelo de doble déficit», [19] partiendo de dos condiciones previas: primero, un ahorro interno insuficiente, y después una insuficiencia de divisas. Charles Oman y Ganeshan Wignarja resumen este modelo con los siguientes términos: «Por definición, las hipótesis del modelo de doble déficit son: que mientras en las etapas iniciales del crecimiento industrial un ahorro insuficiente puede constituir la principal limitación de la tasa de formación del capital nacional, una vez que la industrialización está bien encaminada, la limitación principal puede no ser ya el ahorro interno en sí mismo, sino la disponibilidad de divisas requeridas para importar bienes de equipamiento, bienes intermedios y quizás incluso materias primas empleadas como insumos industriales. El déficit de divisas puede así superar el déficit de ahorro como principal limitación del desarrollo.» [20] Para resolver este doble déficit, proponen una respuesta simple: pedir un préstamo de divisas o aumentar las exportaciones.

El modelo Chenery-Strout es muy matemático. Era lo que se estilaba. Tiene la ventaja, para sus partidarios, de otorgar credibilidad y apariencia de rigor científico a una política que sobre todo pretende incitar a los PED a recurrir masivamente al empréstito exterior y a las inversiones extranjeras, por un parte, y por otra a hacer depender su desarrollo de las exportaciones. El modelo fue objeto de muchas críticas en su momento. Citaremos la opinión de Keith Griffin y Jean Luc Enos, quienes afirman que el recurso a los aportes externos limitará el ahorro local: «Mientras el coste de la ayuda (por ejemplo, los intereses del préstamo externo) sea inferior al crecimiento marginal del capital y de la producción, a un país le convendrá endeudarse todo lo posible y a sustituir el ahorro local por el préstamo externo. En otras palabras, dado un objetivo a alcanzar en términos de tasas de crecimiento, la ayuda exterior permitirá un aumento del consumo y limitará el ahorro local a la diferencia entre la inversión deseada y el monto de la ayuda exterior disponible. En consecuencia, el fundamento de los modelos del tipo Chenery-Strout es endeble en la medida en que, en teoría, se debería encontrar una relación inversa entre la ayuda exterior y el ahorro interno.» [21]

La voluntad de incitar a los PED a recurrir a la ayuda exterior como medio de tener influencia sobre ellos

La política de ayuda bilateral y la del Banco están relacionadas con los objetivos políticos que persigue Estados Unidos en materia de asuntos exteriores.

Para Hollis Chenery: «El objetivo principal de la ayuda exterior, así como de otros instrumentos de política exterior, es producir a escala mundial el tipo de ambiente político y económico en el que Estados Unidos pueda perseguir en las mejores condiciones sus propios fines sociales.» [22]

En un libro titulado Las naciones emergentes: su crecimiento y Estados Unidos, Max Millikan [23] y Donald Blackmer, ambos colegas de Walt Rostow, describen con claridad, en 1961, ciertos objetivos de la política exterior estadounidense: «Es del interés de Estados Unidos ver emerger del proceso de transición unas naciones dotadas de ciertas características. En primer lugar, deben ser capaces de mantener su independencia, especialmente frente a poderes hostiles o potencialmente hostiles con respecto a Estados Unidos. [...] En cuarto lugar, deben aceptar el principio de sociedad abierta, en la cual sus miembros estén invitados a intercambiar ideas, mercaderías, valores y experiencias con el resto del mundo; esto implica que sus gobiernos deben estar dispuestos a comprometerse en disposiciones de control social, policial y económico necesarias para el funcionamiento de una comunidad internacional interdependiente», [24] bajo el liderazgo de Estados Unidos, naturalmente.

Más adelante, en el libro, señalan explícitamente cómo la ayuda se utiliza como instrumento para orientar la política de los países ayudados: «Para que la ayuda en capitales alcance una potencia óptima de incentivo con el fin de persuadir a los países subdesarrollados de que sigan una vía compatible con los intereses de Estados Unidos y del mundo libre, las sumas ofrecidas tienen que ser suficientemente importantes y las condiciones suficientemente flexibles para persuadir a los países receptores de que el juego vale la pena. Esto significa que debemos invertir unos recursos sustancialmente más importantes que hasta ahora en nuestros programas de desarrollo económico.» [25] (El subrayado es del autor.)

Veremos más adelante que el volumen de los préstamos a los PED aumentó a un ritmo creciente en el curso de los años 60 y 70, como consecuencia de una política deliberada de Estados Unidos, de otros gobiernos de países más industrializados y de las instituciones de Bretton Woods destinada a influenciar las políticas del Sur.

Privilegiar las exportaciones


Chenery y Strout afirman en una de sus principales contribuciones que el recurso a la sustitución de importaciones constituye un medio admisible para reducir el déficit de divisas. [26] Después cambiaron de opinión, en un momento en el que la aplicación de políticas de sustitución de importaciones por algunos PED se convertía en uno de los principales temas de las críticas formuladas por el Banco, el FMI, la OCDE y los gobiernos de los más importantes países industrializados.

Es así como otros trabajos de economistas directamente asociados al Banco se dedicaron a valorar las tasas efectivas de protección de las economías y los sesgos resultantes en términos de utilización de recursos productivos y de rentabilidad de las inversiones. Preconizaban una orientación de las estrategias hacia las exportaciones, el abandono de las tarifas proteccionistas y, en general, una política más basada en los mecanismos de mercado para la fijación de precios. Bela Balassa, Jagdish Bhagwati y Anne Krueger [27] 28 sistematizaron este enfoque y sus análisis marcaron la evolución de las instituciones internacionales, constituyendo el zócalo teórico de las medidas de apertura comercial propugnadas en las décadas de los años 80 y 90. Anne Krueger [28]escribió: «Un régimen de promoción de exportaciones puede liberar la economía del país del yugo del subempleo keynesiano, pues, al contrario del régimen de sustitución de importaciones, puede disponer de una demanda efectiva virtualmente infinita para sus productos en los mercados internacionales, y por lo tanto siempre puede tender al pleno empleo, a menos que haya una recesión mundial. Una economía pequeña orientada a la exportación será capaz de vender cualquier cantidad de bienes que produzca; en otras palabras, la capacidad de oferta del país será la única limitación.» [29] Siempre el mismo cuento.

Trickle-Down effect o el efecto derrame 


El efecto escurrimiento o derrame es una metáfora trivial que ha guiado la actividad del Banco Mundial desde el principio. La idea es muy simple: los resultados positivos del crecimiento se derraman, beneficiando en primer término a los más ricos, pero al final llegan también a los más pobres. Así, éstos tienen interés en que el crecimiento sea lo más fuerte posible, pues de ello dependen las gotas de riqueza que les lleguen. En efecto, si el crecimiento es débil, los ricos retienen una parte mayor que cuando el crecimiento es fuerte.

¿Cuales son las consecuencias para la conducta del Banco? Hay que favorecer a cualquier precio el crecimiento para que la escorrentía llegue a los más pobres. Toda política que frene el crecimiento en nombre de la redistribución de la riqueza (aunque sea parcial) o en nombre de la defensa del ambiente reduce el efecto derrame y causa un perjuicio a los pobres. La actitud de los dirigentes del Banco se guía en la práctica por esta metáfora, cualquiera que sea el discurso, más sofisticado, de algunos expertos. Los historiadores del Banco dedican una veintena de páginas a las discusiones sobre el trickle down [30] y reconocen que «esta creencia ha justificado unos esfuerzos duraderos para persuadir a los deudores de las ventajas de la disciplina, del sacrificio, de la confianza en el mercado y por ende de la necesidad de no caer en las tentaciones políticas». [31] Afirman que esta creencia ha caído en desgracia progresivamente, a partir de los años 70, por los violentos ataques de una impresionante cantidad de investigaciones sobre el tema, tanto en Estados Unidos como en los PED. [32] Pero revelan que en la práctica no se ha cambiado gran cosa, [33]sobre todo desde que en 1982 el trickle down recuperó su posición en el Banco. Evidentemente, el trickle down es inseparable de la cuestión de la desigualdad, que ahora abordamos.

La cuestión de la desigualdad en la distribución de la riqueza


A partir de 1973, el problema de la desigualdad en la distribución de los ingresos en los PED, como factor que influye sobre las posibilidades de desarrollo, comenzó a ser estudiado por el Banco.[34] El equipo económico dirigido por Hollis Chenery se dedicó a ello con un cierto brío. El libro más importante que el Banco dedicó al tema fue coordinado por el propio Chenery y se titulóRedistribución y crecimiento. [35] Se publicó en 1974. Chenery era consciente de que el tipo de crecimiento inducido por la política de préstamos del Banco generaba un aumento de la desigualdad. La preocupación del Banco fue expresada en muchas ocasiones de forma muy clara por Robert McNamara: si no se reduce la desigualdad, se asistirá a repetidas explosiones sociales y éstas perjudicarán los intereses del mundo libre, cuyo liderazgo ha asumido Estados Unidos.

Chenery no compartía el punto de vista expresado por Simon Kuznets [36] en los años 50, según el cual después de una fase necesaria de aumento de la desigualdad durante el despegue económico, ésta es posteriormente resorbida. La necesidad de ver crecer la desigualdad estaba muy arraigada en el Banco, como lo prueban las palabras de su presidente, Eugene Black, en abril de 1961: «La desigualdad de la renta depende necesariamente del crecimiento económico [que] da la posibilidad a la gente de escapar de una existencia en la pobreza.» [37] Sin embargo, los estudios empíricos realizados por el Banco en la época de Chenery desmienten las afirmaciones de Kuznets [38] .

De todos modos, después de la salida de Chenery en 1982 y su reemplazo por Anne Krueger, el Banco abandonó por completo la preocupación por el aumento o el mantenimiento de la desigualdad, a tal punto que se decidió no publicar más datos sobre el tema en el Informe anual sobre el desarrollo en el mundo. Anne Krueger, como veremos luego, no vaciló en retomar la curva de Kuznets por su cuenta, haciendo del aumento de la desigualdad una condición del comienzo del crecimiento ya que el ahorro de los ricos es capaz de alimentar las inversiones. Hubo que esperar la llegada de François Bourguignon como economista jefe, en el año 2003, para asistir a una reactivación del interés del Banco en esta cuestión. [39] En el 2006, en el informe del Banco Mundial sobre el desarrollo en el mundo titulado Equidad y desarrollo se vuelve a hablar de la desigualdad como freno del desarrollo. [40] Su enfoque es considerado, en el mejor de los casos, como de buen marketing por James Wolfensohn (presidente del Banco entre 1996 y 2005) y por su sucesor, Paul Wolfowitz.

Citas


[1] El vocabulario para designar a aquellos países a los que el Banco Mundial destina sus préstamos para el desarrollo ha evolucionado en el tiempo: en un principio se empleó el término “regiones atrasadas”, después se pasó a “países subdesarrollados” para llegar al término “países en desarrollo” donde algunos de ellos son denominados “países emergentes”.

[2] «El período durante el cual el Banco tenía una opinión sólida de la naturaleza del proceso de desarrollo, aunque poco hizo para alcanzarlo, se extendió, grosso modo , hasta el fin de los años 50, y coincidió con una fase de los préstamos del Banco en la que la mayoría de éstos se dirigían aún a los países desarrollados (en 1957, el 52,7 % de su financiación iba aún a estos países).» Nicholas Stern y Francisco Ferreira, The World Bank as “intellectual actor”, 1997», in Devesh Kapur, John P. Lewis y Richard Webb, The World Bank, Its First Half Century, 1997, vol. 2, p. 533.

[3] «Los instrumentos de análisis neoclásico se aplican en general, sin ninguna especificación, a las cuestiones que plantea el subdesarrollo. El subdesarrollo o el bloqueo del desarrollo no son objeto de un análisis sistemático en la teoría neoclásica», Gérard Azoulay, Les théories du développement, Presses Universitaires de Rennes, 2002, p. 38.

[4] Nicholas Stern y Francisco Ferreira, op. cit., ibid.

[5] Edward S. Mason y Robert E. Asher, The World Bank since Bretton Woods, The Brookings Institution, Washington D.C., 1973, pp. 458-459.

[6] World Bank (BIRD), 8th Annual Report 1952-1953, Washington D.C., 1953, p. 9.

[7] Eugene Black, «Tale of Two Continents», Ferdinand Phinizy Lectures, delivered at the University of Georgia, April 12, 1961, in Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 1, p. 145. Eugene Black presidió el Banco de 1949 a 1962.

[8] Banco Mundial, Informe sobre el desarrollo en el mundo 1986, Washington D.C., 1987, p. 4.

[9] La verificación del predominio de los intercambios entre economías dotadas de factores similares (intercambio de productos similares entre las economías más industrializadas) fue realizada por los trabajos de P. Krugman y E. Helpman durante los años 80.

[10] Walt W. Rostow es un economista influyente y también consejero político de primer orden. Fue asesor de Robert McNamara durante la guerra de Vietnam. Se encuentran en la red algunas de las notas que remitiera a McNamara sobre la estrategia política y militar a seguir con respecto a Vietnam del Norte y sus aliados en 1964. Una nota titulada «Dispositivo militar y señales políticas», del 16 de noviembre de 1964, es particularmente interesante (http://www.mtholyoke.edu/acad/intrel/pentagon3/doc232.htm). Es importante señalarla para enfocar la relación entre política económica y estrategia militar.

[11] Walt W. Rostow, Las etapas del crecimiento económico. Un manifiesto no comunista, Fondo de Cultura Económica, México, 1961.

[12] Señalemos que, según Rostow, Argentina ya había alcanzado la fase de despegue antes de 1914.

[13] Siempre según Rostow, Estados Unidos llegó definitivamente a la etapa del consumo de masas justo después de la Segunda Guerra Mundial, seguido por Europa occidental y Japón. En cuanto a la URSS, técnicamente estaba preparada para alcanzarla pero debía aplicar un ajuste previo.

[14] Paul Samuelson, Economics, McGraw Hill, Nueva York, 1980, 11ª edición, pp. 617-618.

[15] Cheryl Payer, Lent and Lost. Foreign Credit and Third World Development, Zed Books, Londres, 1991, pp. 33-34.

[16] Paul Rosenstein-Rodan, «International Aid for Underdeveloped Countries», Review of Economics and Statistics, 1961, vol.43, p. 107.

[17] Max Millikan y Walt W. Rostow, A Proposal: Keys to An effective Foreign Policy, Harper, Nueva York, 1957, p. 158.

[18] Hollis Chenery fue en 1970 asesor del presidente del Banco, Robert McNamara. En 1972 McNamara creó para él el cargo de vicepresidente vinculado al de economista jefe. Más tarde entró en la tradición. Ejerció las funciones de economista jefe y vicepresidente del Banco de 1972 a 1982. Es, hasta hoy, el economista que ha permanecido más tiempo como economista jefe; sus predecesores y sucesores se mantuvieron en el cargo entre 3 y seis años. Fuente: Nicholas Stern y Francisco Ferreira, op. cit., in Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 2, p. 538.

[19] Hollis B. Chenery y Alan Strout, «Foreign Assistance and Economic Development», American Economic Review nº 56, 1966, pp. 680-733.

[20] Charles Oman y Ganeshan Wignarja, The Postwar Evolution of Development Thinking, OCDE, 1991, citado por Stéphanie Treillet, L’Économie du développement, Nathan, París, 2002, p. 53.

[21] Keith B. Griffin y Jean Luc Enos, «Foreign Assistance: Objectives and Consequences», Economic Development and Cultural Change, nº 18, 1970, pp. 319-320.

[22] Hollis B. Chenery, «Objectives and Criteria of Foreign Assistance», in The United States and the Developing Economies, ed. G. Ranis, W.W. Norton, Nueva York, 1964, p. 81.

[23] Max Millikan había sido miembro del Office of Strategic Services (OSS) y luego de la Central Intelligence Agency (CIA), su sucesora, y era director del CENIS (Center for Internacional Affairs) del Massachussets Institute of Technology, directamente relacionado con el Departamento de Estado.

[24] Max Millikan y Donald Blackmer, The Emerging Nations: Their Growth and United States Policy, Little, Brown and Company, Boston, ed. 1961, pp. x-xi.

[25] Ibid ., pp. 118-119.

[26] Hollis B. Chenery y Alan Strout, op. cit., pp. 682, 697-700.

[27] Bela Balassa, Development Strategies in Some Developing Countries: A Comparative Study, John Hopkins University Press for the World Bank, Baltimore, 1971; Jagdish Bhagwati, Anatomy and Consequences of Exchange Control Regime, Ballinger for the National Bureau of Economic Research, Cambridge, 1978; Anne Krueger, Foreign Trade Regimes and Economic Development: Liberalization Attempts and Consequences, National Bureau of Economic Research, Nueva York, 1978.

[28] A nne Krueger fue economista jefe y vicepresidenta del Banco desde 1982 (cuando Chenery fue destituido por Ronald Reagan, quien acogió en el Banco a los partidarios de su orientación neoliberal) hasta 1987.

[29] A nne Krueger, Trade and Development: Export Promotion vs. Import Substitution, citado por Stéphanie Treillet, op. cit., p. 37.

[30] Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 1, pp. 215-233.

[31] Ibid. , p. 218.

[32] Ver en particular James P. Grant, «Development: The End of Trickle-Down», Foreign Policy, vol. 12 (otoño de 1973), pp. 43-65.

[33] Refiriéndose al período 1974-1981, dicen: «De las inversiones destinadas directamente a los pobres, la atención del Banco comenzó a dirigirse a un fortalecimiento de los beneficios indirectos destinados a ellos por el aumento del empleo en las ciudades. En efecto, esta estrategia recurrió al enfoque del derrame.», en Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 1, p. 264.

[34] A propósito del giro operado en 1981-1982, escribían: «La reducción de la pobreza dependerá en adelante del crecimiento y del efecto derrame.», in Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 1, p. 336.

[35] Hollis B. Chenery et al., Redistribution with Growth, Oxford University Press for the World Bank and the Institute of Development Studies, Londres, 1974.

[36] Simon Kuztnets, «Economic Growth and Income Inequality», American Economic Review, nº 49, marzo de 1955, pp. 1-28.

[37] Citado por Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 1, p. 171.

[38] Más recientemente, en su libro Le capital au XXIe siècle, Le Seuil, 2013, Thomas Piketty presentaba una crítica muy interesante a la curva de Kuznets. Piketty recuerdo que en un inicio, el propio Kuznets dudaba de lo bien fundada que podía estar su curva, lo que no le impidió hacer una teoría con una larga vida.

[39] François Bourguignon, «The Poverty-Growth-Inequality Triangle», trabajo presentado en el Indian Council for Research on International Economic Relations, Nueva Delhi, 4 de febrero de 2004.

[40] Banco Mundial, Informe sobre el desarrollo en el mundo 2006, Equité et développement, Washington D.C., 2005.

http://siteresources.worldbank.org/INTWDR2006/Resources/477383-1127230817535/WDR2006overview-fr.pdf

Fuente: http://cadtm.org/Las-ideas-del-Banco-en-materia-de
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