"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí
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viernes, 4 de agosto de 2017

Cuba: ¿satisface su Conceptualización?



La complejidad de una tarea de tal naturaleza, exige su enriquecimiento constante de acuerdo con el pulso de diversos componentes del pueblo

Leí y volví a leer el documento “Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista” (1) que en su Introducción contempla un conjunto de importantes fortalezas y oportunidades con las cuales cuenta nuestro país para avanzar en la construcción de la irreversibilidad de su Socialismo (2), así como el “Capítulo 1: Los principios que sustentan el modelo y sus principales transformaciones”. Al respecto, comparto mi ángulo de mira de manera crítico-revolucionaria (3) (4).

Reconozco que entre nuestras fortalezas y oportunidades se encuentran la unidad del pueblo cubano y el ejemplar legado histórico del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz (5), particularmente su Concepto de Revolución (6) y la convicción de que sí se puede alcanzar la victoria con nuestros propios esfuerzos, principios e ideales (7).

También, el respaldo mayoritario del pueblo a nuestro Partido dirigente, al Estado y a sus líderes, con reconocidos prestigio, honestidad y autoridad. Puntualmente, deviene baluarte la máxima del Compañero Raúl Castro según la cual “únicamente el Partido Comunista, como institución que agrupa a la vanguardia revolucionaria y garantía segura de la unidad de los cubanos en todos los tiempos, puede ser el digno heredero de la confianza depositada por el pueblo en su líder” (8).

Asimismo, la firmeza de los valores esenciales arraigados en la mayoría de cubanos/as, entre los que sobresalen el humanismo, el patriotismo, el antimperialismo, la dignidad, la responsabilidad y la honradez; la elevada vocación solidaria e internacionalista, así como una cultura cimentada en las mejores tradiciones éticas y espirituales de nuestra Historia —entre otras, susceptibles de ser enriquecidas (9).

No obstante, si bien es cierto que “Actualizar el Modelo Económico y Social Cubano es imprescindible y posible a partir de nuestras fortalezas y potencialidades, preservando y consolidando nuestro socialismo”, no deja de ser verdad que el texto definitivo de la Conceptualización del mismo Modelo debió igualmente hacerse acompañar de las debilidades y amenazas que exhibe nuestro proceso revolucionario cuya erradicación y/o disminución se convierte en Luz para el porvenir en la Mayor de las Antillas.

Razonemos: ¿Será de poca monta que recientemente el propio Raúl se refirió a los errores de los dirigentes, dejándonos como magisterio “No tratemos de tapar el sol con un dedo. Errores son errores, y son errores nuestros, y si vamos a medir por la jerarquía entre nosotros, son errores míos en primer lugar, porque soy parte de esa decisión [acerca del sector no estatal]. Esa es la realidad”? (10). He aquí, como botón de muestra, un elemento a tener presente para enaltecer el Socialismo cubano (11).

Además, encuentro tino en el contenido del “Capítulo 1: Los principios que sustentan el modelo y sus principales transformaciones” que de modo actualizado “expone y fundamenta los objetivos estratégicos de este, los principios en que se sustenta y las principales transformaciones requeridas en correspondencia con las condiciones contemporáneas” —aunque estamos lejos de la Rosa sin espinas.

Asumo como correcto que entre los “Principios de nuestro socialismo que sustentan el Modelo” conste ante todo que el ser humano es el objetivo principal y sujeto protagónico del quehacer revolucionario con dignidad, igualdad y libertad plenas, siendo también portador de la cultura e identidad nacionales, y de valores como el amor a la Patria y a la Humanidad, el heroísmo, el patriotismo, el antimperialismo, la solidaridad y el internacionalismo; sin desatender que entre los “valores esenciales de nuestra ideología” consta asimismo “[…] el respeto a los demás y al medio ambiente”.

No debo menos que ponderar el principio del papel dirigente del Partido Comunista de Cuba, único y vanguardia organizada de la nación. En este orden de ideas, hemos de andar envueltos en las doctrinas de nuestro Héroe Nacional José Martí y su Discípulo sin par Fidel Castro convencidos de que la pretensión del “Norte revuelto y brutal” y sus acólitos del patio No es tanto que haya pluripartidismo en Cuba y Sí que desaparezca nuestro histórico Partido, precisamente porque él es garantía del abrazo del grueso de cubanas y cubanos con el proyecto revolucionario de los humildes, por los humildes y para los humildes —reitero una vez más (12).

Aplaudo asimismo que entre nuestros postulados aparezca explicitada la democracia socialista, fundamentada en la activa participación de los ciudadanos/as en el ejercicio del poder soberano, expresada de forma directa o indirecta a través de los órganos representativos, como son las asambleas del Poder Popular y demás órganos del Estado y del Gobierno que de ellas se derivan, los delegados de circunscripción, los Consejos Populares y la sociedad civil con un activo papel.

Al respecto, me permito volver a significar: “¡Desaparezca la posibilidad de que alguien insertado en la vida política desconozca quién es/qué hace/cómo le rinde cuentas su representante elegido/a para integrar la Asamblea Nacional!” (13). Ello tributa al control popular como un contenido fundamental de la participación democrática del pueblo en el gobierno de la sociedad, el respeto a la legalidad, el enfrentamiento y prevención de violaciones e incumplimientos de lo establecido.

Por demás, a cuanto acabo de examinar le incorporo, entre otras primacías, que igualmente contamos con el principio del reconocimiento moral y jurídico de la igualdad de derechos y deberes de la ciudadanía y de las garantías para hacerlos efectivos con equidad, inclusión, justicia social, participación política, superación de las brechas sociales, respeto a la diversidad y el enfrentamiento a toda forma de discriminación por color de la piel, género, identidad de género, orientación sexual, discapacidad, origen territorial y nacional, creencia religiosa, edad y cualquier otra distinción lesiva a la dignidad humana —sin soslayar el respeto a los demás.

(Defiendo la idea según la cual la persona de piel oscura, no tiene derecho a despreciar a la de piel clara; el sujeto religioso, no tiene derecho a despreciar a quien no lo sea; la mujer, no tiene derecho a despreciar al hombre; el individuo homosexual, no tiene derecho a despreciar al heterosexual —a pesar de que por mucho tiempo esos segmentos sociales hayan sido objeto de discriminación. Es decir, a contrapelo de la lucha contra los opresores del ser humano, nadie tiene derecho a despreciar la otredad —reconocimiento a quien sea diferente: ver artículo 30 de la vigente Declaración Universal de los DDHH (14)).

Entonces, doy por hecho que mis modestas propuestas realizadas un año atrás al documento de marras (15) asoman en el consenso formulado en su última versión. Y, al margen de la satisfacción que experimento con esta Conceptualización en Cuba, considero/sugiero tener presente que la complejidad de una tarea de tal naturaleza exige su enriquecimiento constante de acuerdo con el pulso de diversos componentes del pueblo. ¡Amén!



Referencias:















domingo, 10 de julio de 2016

Cuba: Economía, propiedad, gestión y democracia


¿Quiénes deberían elegir y revocar a los directivos/as de las empresas de propiedad social? ¿Los colectivos laborales, dueños de los medios de producción y propietario común en su condición de pueblo? ¿El Estado que representa al propietario/a y ejerce el papel rector en la economía?

Este, entre otros posibles, es un asunto políticamente concreto en el debate sobre el socialismo, que no es nuevo ni se agotará en el futuro cercano, pero vive un momento singular al estar sobre la mesa la “conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista” que el Partido Comunista de Cuba propone a la Nación.

Si bien los “lineamientos” pretenden responder a la pregunta de qué cambios hacer, la “conceptualización” del modelo pretende responder desde qué referentes se encaminan las soluciones. Si los “lineamientos” describen las formas de solucionar los problemas, la “conceptualización” plantea las esencias de estas soluciones.

Las esencias, puestas ahora a escrutinio público, permiten abrir una pregunta fundamental: ¿desde qué comprensión del socialismo se traza la ruta?

La “conceptualización” se posiciona en la compresión de construcción del socialismo, la que ha implicado, como práctica histórica, la consagración de un tipo de orden social con prevalencia del Estado, un modelo de llegada, una estructura productiva y política poco movible. Un orden histórico donde la abstracción de la propiedad social socialista de todo el pueblo se diluye en formas de representación y posesión que niegan esa condición en general, y la condición de dueña de la clase trabajadora en particular.

Esta comprensión refiere la “coexistencia” de varias formas de propiedad, al tiempo que mide el carácter del modelo por el porcentaje de propiedad socialista prevaleciente, no por el contenido liberador u opresor de las relaciones sociales de producción que generan las diferentes formas de gestión. Se obvia que toda propiedad implica tipos de posesión en el modo de gestión.

La “conceptualización” confiere condición de propietarios comunes a la ciudadanía bajo formas no estatales de producción, visión que obvia el carácter de conflicto de esta “coexistencia”, dada la apropiación del trabajo ajeno y la enajenación de unas, y los procesos socializadores del poder y los bienes de otras. De igual manera, obvia el aprendizaje histórico de que un tipo de relación social de producción, con sus formas de propiedad concomitantes, tiende a vencer a la otra. Por tanto, tal “coexistencia” es una ilusión con fecha de caducidad.

Frente a la comprensión que implica la construcción del socialismo se contrapone la de transición socialista. Esta apunta a un proceso, no a una estructura social fija, un período de contradicciones donde conviven de manera conflictiva relaciones sociales de producción, debido a su contenido antagónico.

Es transición hacia un orden social que no reproduce las estructuras de explotación y exclusión que median entre quienes crean con su trabajo bienes y servicios, y su disfrute tanto de los beneficios materiales como de la gestión de los asuntos públicos. Orden social donde el ser humano, productor/a y ciudadano/a, alcance su plenitud creadora. Transición de carácter socialista porque el modo de transitar entraña políticas socializadoras del poder, la producción y el saber. 

Ambas visiones bifurcan el camino, convierten en distintas las rutas políticas a trazar para el orden social cubano. Tómese como concreción práctica de esta diferencia el tema de la propiedad: ¿cómo se resolvería este desde ambas visiones?

En el caso de la construcción del socialismo, la propiedad social socialista asume la forma de propiedad estatal, donde el Estado actúa como representante del dueño, que es el pueblo. Desde esta comprensión, el poder económico del pueblo se garantiza en la nominalización misma de la propiedad, al tiempo que se reduce la socialización a la distribución de bienes que resultan del proceso productivo y no a la gestión directa de la propiedad por parte de la clase trabajadora.

Visto desde la perspectiva de la transición socialista, se potencian las condiciones necesarias para que el dueño/a participe de manera creciente en la gestión de su propiedad. Dueño/a que elije, controla y revoca a sus representantes en el sistema productivo. Desde esta visión, el rol de servidor público del Estado se concreta en facilitar el proceso de socialización del poder para la gestión de la propiedad. Es decir, el asunto sería planteado en términos de propiedad y gestión socialista como par indivisible.

Volvamos a la pregunta de inicio ¿quiénes deberían elegir a los directivos/as de las empresas de propiedad social?

En el estructura cubana actual, la jerarquía en materia de decisión política sobre la producción, cuenta con tres actores fundamentales: el Estado (burocracia política), directivos/as del sistema empresarial (burocracia económica), y los/as trabajadores (clase trabajadora). El Estado designa y revoca a los directivos/as, al tiempo que la clase trabajadora cumple las orientaciones. De igual manera, en su rol de representante del dueño/a, también es de facto poseedor con la capacidad de conceder esa posesión a otros actores en forma de usufructo, arrendamiento, asociación mixta, etc.

La propuesta de “conceptualización” permite ahondar en el debate sobre estas visiones del socialismo y concretar las salidas políticas de cada una de ellas. Veamos algunos ejemplos.

Al rescatar las diferencias entre ambas comprensión se abren tres posibilidades: a) el Estado designa y revoca a los representantes del propietario para que administre la economía (socialismo de Estado); b) el Estado y los colectivos laborales en cada unidad productiva negocian quiénes serán los directivos/as y comparten el control sobre ellos (cogestión); c) los colectivos laborales eligen y revocan a los directivos/as (autogestión).

En cualquier modelo la representación sería necesaria. Lo distinto es quiénes eligen a los/as representantes, y en consecuencia, a qué intereses responden estos/as, ¿a los de arriba o a los de abajo? ¿A la burocracia, al capital o los trabajadores/as?

Este rango de posibilidades debe aplicarse a otro énfasis que aparece en la “conceptualización”, el que remarca que el Estado, en su condición de representante del dueño/a, decide y controla las utilidades de las empresas de propiedad socialista. Añádase como posibilidad que, a) rinde cuenta al dueño/a; b) administra las utilidades en consulta permanente con este/a; c) cumple los mandatos que para este fin defina el dueño/a.

Ante la propuesta de una sociedad socialista próspera, alcanzable a partir del trabajo, la productividad, la eficiencia y el ahorro, añádasele, con la participación creciente en la gestión política de la producción por parte de los trabajadores/as, como modo inalienable de ejercer su condición de dueño/a de los medios de producción.

Ante el otorgamiento de especial relevancia a la formación de valores en los ámbitos de la actividad económica y social, añádasele, la formación para la práctica política de los productores/as, con base en el bien individual, colectivo y social.

Ante la propuesta de desplegar iniciativas en función del desarrollo socialista que complementa la transformación del sistema empresarial de propiedad de todo el pueblo, con métodos de dirección participativos, sustitúyase por métodos de control directo de los trabajadores/as en la gestión de las empresas.

Ante la propuesta donde los trabajadores/as cumplen los planes, políticas y directivas definidas por el Estado, sustitúyase por la creación de las condiciones para la elaboración conjunta de las mismas.

Añádase como política del modelo la priorización de las formas de propiedad y gestión que aseguren la socialización del poder para la gestión económica, social y política por parte de la clase trabajadora. En las formas de propiedad y gestión planteadas, priorícese las cooperativas. Añádanse a las mismas la cogestión y la autogestión como pilares de la socialización.

La cogestión busca asegurar la participación de los trabajadores/as en la gestión económica, en igualdad de condiciones con el capital y la burocracia. Se organiza desde el puesto de trabajo, pasando por la fábrica y empresa, hasta los más altos niveles de política económica. No es un planteamiento meramente económico, sino esencialmente político, pues busca llevar a la actividad económica en general los mismos planteamientos con los cuales ha de funcionar el sistema democrático en la sociedad. Apunta a sacar al ser humano de su reducida función instrumental de simple fuerza de trabajo, potenciando el derecho a la iniciativa y a la creatividad.

La autogestión constituye una fórmula que supera la cogestión pues con ella se remueven todas las mediaciones entre el trabajador/a y el disfrute de sus beneficios. Con la autogestión el carácter de propietario del pueblo en general, y de la clase trabajadora en particular, se realiza a plenitud, entendiendo que el propietario, en la práctica, es quien posee los amplios poderes de disposición que acompañan a la propiedad. Desde esta perspectiva la política económica se estructura de abajo hacia arriba, en los espacios de integración micro, meso y macro sociales.

Todo este debate nos coloca delante de un asunto vital: la democratización económica. Las relaciones sociales de producción del capital y del socialismo estadocéntrico tienen pies de barro en este terreno. La transición socialista tiene en él un contenido determinante.

Parte importante de lo que podrá encaminar la transición socialista como superadora del domino del capital está en la democratización de los procesos económicos. Al igual que sucede con la democratización política, no implica la eliminación del poder, de la autoridad, de las normas y los límites, sino la ampliación de sus bases y la transformación de sus formas jerárquicas, profesionales y excluyentes. Tampoco implica el desconocimiento de las líneas de decisión dentro del mundo económico, sino su legitimación democrática.

La democratización económica es el modo de transición socialista a la gestión directa de los productores/as que son dueños/as, sin mediaciones de ninguna índole, rompiendo las dinastías económicas del capital y las representaciones sin control desde abajo del modelo estatista de construcción del socialismo.


Doctor en Ciencias Históricas por la Universidad de La Habana. Miembro del Equipo de Educación Popular del Centro Memorial Luther Martin King Jr. de Marianao, La Habana.
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