"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí
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martes, 29 de marzo de 2016

Mapa: Cómo la fractura hidráulica pone a 7 millones de estadounidenses en peligro

Publicado: 29 mar 2016 02:34 GMT

El Servicio Geológico de EE.UU. ha publicado mapas con las áreas susceptibles de sufrir terremotos de origen natural o provocados por la fractura hidráulica.

Jim UrquharReuters

Los terremotos artificiales a menudo asociados con la extracción de petróleo por fractura hidráulica o 'fracking' han puesto en riesgo a 7 millones de estadounidenses, ha señalado este lunes un informe del US Geological Survey (Servicio Geológico de EE.UU., USGS).

La investigación incluye mapas que indican las partes del país que se encuentran en mayor riesgo de sufrir terremotos fuertes, tanto naturales como provocados artificialmente. Según estos mapas, estados como Oklahoma, Kansas, Texas, Colorado, Nuevo México y Arkansas son más vulnerables a los peligrosos temblores artificiales. Por otra parte, los terremotos que se producen de forma natural son más propensos a suceder en el estado de California y en partes del oeste de Nevada.

Unos 7 millones de personas viven en zonas de riesgo de terremotos artificiales, concluye el estudio. Los mapas anteriores no tenían en cuenta los temblores provocados por la actividad humana, pero el último informe presume que en el futuro ocurrirán más temblores de esta índole.
usgs.gov

El peligro potencial de la fractura hidráulica

La preocupación por los terremotos causados por el ser humano se ha incrementado con la generalización de la fractura hidráulica. El proceso consiste en inyectar una combinación altamente presurizada de agua, arena y productos químicos en las capas de roca con el fin de liberar el gas enterrado en el suelo. Sin embargo, el agua residual sobrante se deposita en pozos subterráneos, que pueden estar localizados cerca o en las líneas de falla que pueden aumentar el riesgo de terremotos.

El nuevo estudio está dirigido al Gobierno "para que tome decisiones más informadas, así como al personal de respuesta de emergencia para que evalúe la vulnerabilidad y proporcione información de seguridad a quienes están en peligro potencial", ha señalado el USGS. "Los ingenieros pueden utilizar este material para evaluar la seguridad sísmica de edificios, puentes, tuberías y otras estructuras importantes", reza el informe.

En abril de 2015 un equipo de investigadores de la Universidad Metodista del Sur de Dallas declaró ante la Cámara del estado que los 27 terremotos que habían sacudido el noroeste de la ciudad de Fort Worth (Texas) entre noviembre de 2013 y enero de 2014 estaban vinculados con la fractura hidráulica. 

Otros problemas de la fractura hidráulica

Hay además otros casos que reflejan efectos nocivos de la extracción de petróleo de esquisto. En mayo de 2015 investigadores de la Universidad de Oregón y de la Universidad de Cincinnati (EE.UU.) concluyeron que la fractura hidráulica tiene graves efectos en la salud humana (aumenta el riesgo de enfermedades respiratorias y de cáncer) y en el medioambiente de las zonas en las que se lleva a cabo debido a la liberación de hidrocarburos aromáticos policíclicos. 

Otro estudio realizado por investigadores de la Universidad Johns Hopkins descubrió que los hogares ubicados en zonas rurales cercanas a los puntos de fractura hidráulica tienen una concentración de radón, un gas radiactivo de origen natural, un 39% más alta que los ubicados en zonas urbanas sin fractura. El radón es la segunda causa de cáncer de pulmón en el mundo, después del tabaco.

jueves, 15 de octubre de 2015

Economista de Saxo Bank revela cómo cambiará el precio del crudo durante los 3 próximos años

Publicado: 15 oct 2015 21:10 GMT


Saxo Bank / Francois Lenoir / Reuters

El precio promedio del petróleo durante los próximos tres años será de alrededor de 50 dólares por barril, opina el economista principal de Saxo Bank, Steen Jakobsen. El financista considera que la economía rusa y el mercado petrolero mundial se mueven hacia la estabilización.

"La buena noticia para Rusia y para la industria petrolera es que los precios en el mercado petrolero mundial por primera vez en muchos años se estabilizarán a un nivel relativamente alto, en comparación con lo que podría haber sido", explicó a RT el economista.

Jacobsen subrayó que, según un estudio realizado por la Agencia Internacional de la Energía, la producción de petróleo en los países que no forman parte de la OPEP se reducirá a 500 barriles por día. El economista cree que esto se debe a las altas inversiones en la producción de petróleo realizadas en el pasado. Al mismo tiempo, a lo largo de 2016 la demanda global de crudo aumentará en 1,5 millones de barriles por día.

"De hecho, la Agencia Internacional de la Energía espera que la oferta y la demanda de petróleo se habrá equilibrado en el segundo trimestre de 2016. Aunque yo creo que esto ya sucederá en el cuarto trimestre de este año, porque la demanda mundial crecerá más rápido de lo esperado", aseveró.

domingo, 4 de octubre de 2015

Predicen un crecimiento brusco del precio del petróleo

Publicado: 4 oct 2015 08:03 GMT


Una plataforma de perforación de Lukoil en el mar Báltico / RIA Novosti/Igor Zarembo

El vicepresidente de Lukoil, la mayor compañía petrolera de Rusia, cree que el año que viene se verá una tendencia de crecimiento en el mercado del petróleo, aunque la alta volatilidad no desaparecerá.

En 2016 el precio del petróleo podría aumentar hasta los 100 dólares por barril, afirmó Leonid Fedún, el vicepresidente de Lukoil, durante un foro económico celebrado en la ciudad rusa de Sochi, informa RIA Novosti.

"Creo que el mercado del petróleo es muy comprensible y predecible. El próximo año se verá una tendencia de crecimiento. Apuesto que el precio subirá hasta 70 u 80, o incluso 100 dólares por barril, aunque la volatilidad seguirá siendo muy alta", sostuvo Leonid Fedún.

No obstante, el viceministro de Finanzas de Rusia, Maksim Oreshkin, ha comentado este sábado que, en su opinión, los precios del petróleo de entre 40-60 dólares por barril permanecerán sin cambios entre los próximos cinco-siete años.

lunes, 8 de junio de 2015

La nueva geopolítica del petróleo

Ignacio Ramonet - Consejo Científico de ATTAC España


¿En qué contexto general se está dibujando la nueva geopolítica del petróleo? El país hegemónico, Estados Unidos, considera a China como la única potencia contemporánea capaz, a medio plazo (en la segunda mitad del siglo XXI), de rivalizar con él y de amenazar su hegemonía solitaria a nivel mundial. Por ello, Washington instauró secretamente, desde principio de los años 2000, una “desconfianza estratégica” con respecto a Pekín.

El presidente Barack Obama decidió reorientar la política exterior norteamericana considerando como criterio principal este parámetro. Estados Unidos no quiere encontrarse de nuevo en la humillante situación de la Guerra Fría (1948-1989), cuando tuvo que compartir su hegemonía mundial con otra “superpotencia”, la Unión Soviética. Los consejeros de Obama formulan esta teoría de la siguiente manera: “Un sólo planeta, una sola superpotencia”.

En consecuencia, Washington no deja de incrementar sus fuerzas y sus bases militares en Asia Oriental para intentar “contener” a China. Pekín constata ya el bloqueo de su capacidad de expansión marítima por los múltiples “conflictos de los islotes” con Corea del Sur, Taiwán, Japón, Vietnam, Filipinas… Y por la poderosa presencia de la VIIª flota de Estados Unidos. Paralelamente, la diplomacia norteamericana refuerza sus relaciones con todos los Estados que poseen fronteras terrestres con China (exceptuando a Rusia). Lo que explica el reciente y espectacular acercamiento de Washington con Vietnam y con Birmania.

Esta política prioritaria de atención hacia el Extremo Oriente y de contención de China sólo es posible si Estados Unidos logra poder alejarse de Oriente Próximo. En este escenario estratégico, Washington interviene tradicionalmente en tres ámbitos. En primer lugar, en el ámbito militar: Washington se encuentra inmerso en varios conflictos, especialmente en Afganistán contra los talibanes y en Irak-Siria contra la Organización del Estado Islámico. En segundo lugar, en el ámbito de la diplomacia, en particular con la República Islámica de Irán, con el objetivo de limitar su expansión ideológica e impedir el acceso de Teherán a la fuerza nuclear. Y, en tercer lugar, en el ámbito de la solidaridad, especialmente con respecto a Israel, para quien Estados Unidos sigue siendo una especie de “protector en última instancia”.
Esta “sobreimplicación” directa de Washington en la región (particularmente después de la Guerra del Golfo en 1991) ha mostrado los “límites de la potencia norteamericana”, que no ha podido ganar realmente ninguno de los conflictos en los cuales se ha implicado fuertemente (Irak, Afganistán). Conflictos que han tenido, para las arcas de Washington, un coste astronómico con consecuencias desastrosas incluso para el sistema financiero internacional.

Actualmente, Washington tiene claro que Estados Unidos no puede realizar simultáneamente dos grandes guerras de alcance mundial. Por lo tanto, la alternativa es la siguiente: o Estados Unidos continúa implicándose en el “pantanal” de Oriente Próximo en conflictos típicos del siglo XIX; o se concentra en la urgente contención de China, cuyo fulgurante impulso podría anunciar a medio plazo la decadencia de Estados Unidos.

La decisión de Barack Obama es obvia: debe hacer frente al segundo reto, pues éste será decisivo para el futuro de Estados Unidos en el siglo XXI. En consecuencia, este país debe retirarse progresivamente –pero imperativamente– de Oriente Próximo.
Aquí se plantea una pregunta: ¿por qué Estados Unidos se ha implicado tanto en Oriente Próximo, hasta el punto de descuidar al resto del mundo, desde el fin de la Guerra Fría? Para esta pregunta, la repuesta puede limitarse a una palabra: petróleo.
Desde que Estados Unidos dejó de ser autosuficiente en lo que al petróleo se refiere, a finales de los años 1940, el control de las principales zonas de producción de hidrocarburos se convirtió en una “obsesión estratégica” norteamericana. Lo cual explica parcialmente la “diplomacia de los golpes de Estado” de Washington, especialmente en Oriente Medio y en América Latina.

En Oriente Próximo, en los años 1950, a medida que el viejo Imperio Británico se retiraba y quedaba reducido a su archipiélago inicial, el Imperio estadounidense lo reemplazaba mientras colocaba a la cabeza de los países de esas regiones a sus “hombres”, sobre todo en Arabia Saudí y en Irán, principales productores de petróleo del mundo, junto con Venezuela, ya bajo control estadounidense en la época.

Hasta hace poco, la dependencia de Washington respecto al petróleo y al gas de Oriente Próximo le impidió considerar la posibilidad de retirarse de la región. ¿Qué ha cambiado entonces para que Estados Unidos piense ahora en retirarse de Oriente Próximo? El petróleo y el gas de esquisto, cuya producción por el método llamado “fracking” aumentó significativamente a comienzos de los años 2000. Eso modificó todos los parámetros. La explotación de ese tipo de hidrocarburos (cuyo coste es más elevado que el del petróleo “tradicional”) fue favorecida por el importante aumento del precio de los hidrocarburos que, en promedio, superaron los 100 dólares por barril entre 2010 y 2013.

Actualmente, Estados Unidos ha recuperado la autosuficiencia energética e incluso está convirtiéndose otra vez en un importante exportador de hidrocarburos. Por lo tanto, ya puede por fin considerar la posibilidad de retirarse de Oriente Próximo, con la condición de cauterizar rápidamente varias heridas que, en algunos casos, datan de más de un siglo.

Por esa razón, Obama retiró casi la totalidad de las tropas norteamericanas de Irak y de Afganistán. Estados Unidos participó muy discretamente en los bombardeos de Libia y se negó a intervenir contra las autoridades de Damasco, en Siria. Por otra parte, Washington busca a marchas forzadas un acuerdo con Teherán sobre el tema nuclear y presiona a Israel para que su gobierno progrese urgentemente hacia un acuerdo con los palestinos. En todos estos temas se percibe el deseo de Washington de cerrar los frentes en Oriente Próximo para pasar a otra cuestión (China) y olvidar así las pesadillas de Oriente Próximo.

Todo esto se desarrollaba perfectamente mientras los precios del petróleo seguían altos, cerca de 100 dólares el barril. El precio de explotación del barril de petróleo de esquisto es de aproximadamente 60 dólares, lo que deja a los productores un margen considerable (entre 30 y 40 dólares el barril).

Aquí es donde Arabia Saudí ha decidido intervenir. Riad se opone a que Estados Unidos se retire de Oriente Próximo. Sobre todo si Washington establece antes un acuerdo sobre el tema nuclear con Teherán, lo que los saudíes consideran demasiado favorable a Irán. Además, según la monarquía wahabita, expondría a los saudíes, y a los suníes en general, a convertirse en víctimas de lo que llaman “el expansionismo chií”. Hay que tener presente que los principales yacimientos de hidrocarburos saudíes se encuentran en zonas de población chií.

Considerando que dispone de las segundas reservas mundiales de petróleo, Arabia Saudí decidió usar el petróleo para sabotear la estrategia norteamericana. Oponiéndose a las consignas de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Riad decidió, contra toda lógica comercial aparente, aumentar considerablemente su producción y hacer de ese modo bajar los precios del petróleo, inundando el mercado de petróleo barato. La estrategia dio rápidamente resultados. En poco tiempo, los precios del petróleo bajaron un 50%. El precio del barril descendió a 40 dólares (antes de subir ligeramente hasta aproximadamente 55-60 dólares actualmente).

Esta política asestó un duro golpe al “fracking”. La mayoría de los grandes productores estadounidenses de gas de esquisto están actualmente en crisis, endeudados y corren el riesgo de quebrar (lo que implica una amenaza para el sistema bancario norteamericano que, generosamente, había ofrecido abundantes créditos a los neopetroleros). A 40 dólares el barril, el esquisto ya no resulta rentable. Ni las excavaciones profundas “off shore”. Numerosas compañías petroleras importantes ya han anunciado que cesan sus explotaciones en alta mar porque no son rentables, provocando la pérdida de decenas de miles de empleos.

Una vez más, el petróleo es menos abundante. Y los precios suben ligeramente. Pero las reservas de Arabia Saudí son suficientemente importantes para que Riad regule el flujo y ajuste su producción de manera que permita un ligero aumento del precio (hasta 60 dólares aproximadamente) pero sin que se lleguen a superar los límites que permitirían reanudar la producción mediante el “fracking” y en los yacimientos marítimos a gran profundidad. De este modo, Riad se ha convertido en el árbitro absoluto en materia de precio del petróleo (parámetro decisivo para las economías de decenas de países entre los cuales figuran Argelia, Venezuela, Nigeria, México, Indonesia, etc.).

Estas nuevas circunstancias obligan a Barack Obama a reconsiderar sus planes. La crisis del “fracking” podría representar el fin de la autosuficiencia de energía fósil en Estados Unidos. Y, por lo tanto, la vuelta a la dependencia de Oriente Próximo (y también de Venezuela, por ejemplo). Por ahora, Riad parece haber ganado su apuesta. ¿Hasta cuándo?

lunes, 1 de junio de 2015

IGNACIO RAMONET / La nueva geopolítica del petróleo


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IGNACIO RAMONET / LE MONDE DIPLOMATIQUE – ¿En qué contexto general se está dibujando la nueva geopolítica del petróleo? El país hegemónico, Estados Unidos, considera a China como la única potencia contemporánea capaz, a medio plazo (en la segunda mitad del siglo XXI), de rivalizar con él y de amenazar su hegemonía solitaria a nivel mundial. Por ello, Washington instauró secretamente, desde principio de los años 2000, una “desconfianza estratégica” con respecto a Pekín.

El presidente Barack Obama decidió reorientar la política exterior norteamericana considerando como criterio principal este parámetro. Estados Unidos no quiere encontrarse de nuevo en la humillante situación de la Guerra Fría (1948-1989), cuando tuvo que compartir su hegemonía mundial con otra “superpotencia”, la Unión Soviética. Los consejeros de Obama formulan esta teoría de la siguiente manera: “Un sólo planeta, una sola superpotencia”.

En consecuencia, Washington no deja de incrementar sus fuerzas y sus bases militares en Asia Oriental para intentar “contener” a China. Pekín constata ya el bloqueo de su capacidad de expansión marítima por los múltiples “conflictos de los islotes” con Corea del Sur, Taiwán, Japón, Vietnam, Filipinas… Y por la poderosa presencia de la VIIª flota de Estados Unidos. Paralelamente, la diplomacia norteamericana refuerza sus relaciones con todos los Estados que poseen fronteras terrestres con China (exceptuando a Rusia). Lo que explica el reciente y espectacular acercamiento de Washington con Vietnam y con Birmania.

Esta política prioritaria de atención hacia el Extremo Oriente y de contención de China sólo es posible si Estados Unidos logra poder alejarse de Oriente Próximo. En este escenario estratégico, Washington interviene tradicionalmente en tres ámbitos. En primer lugar, en el ámbito militar: Washington se encuentra inmerso en varios conflictos, especialmente en Afganistán contra los talibanes y en Irak-Siria contra la Organización del Estado Islámico. En segundo lugar, en el ámbito de la diplomacia, en particular con la República Islámica de Irán, con el objetivo de limitar su expansión ideológica e impedir el acceso de Teherán a la fuerza nuclear. Y, en tercer lugar, en el ámbito de la solidaridad, especialmente con respecto a Israel, para quien Estados Unidos sigue siendo una especie de “protector en última instancia”.

Esta “sobreimplicación” directa de Washington en la región (particularmente después de la Guerra del Golfo en 1991) ha mostrado los “límites de la potencia norteamericana”, que no ha podido ganar realmente ninguno de los conflictos en los cuales se ha implicado fuertemente (Irak, Afganistán). Conflictos que han tenido, para las arcas de Washington, un coste astronómico con consecuencias desastrosas incluso para el sistema financiero internacional.

Actualmente, Washington tiene claro que Estados Unidos no puede realizar simultáneamente dos grandes guerras de alcance mundial. Por lo tanto, la alternativa es la siguiente: o Estados Unidos continúa implicándose en el “pantanal” de Oriente Próximo en conflictos típicos del siglo XIX; o se concentra en la urgente contención de China, cuyo fulgurante impulso podría anunciar a medio plazo la decadencia de Estados Unidos.

La decisión de Barack Obama es obvia: debe hacer frente al segundo reto, pues éste será decisivo para el futuro de Estados Unidos en el siglo XXI. En consecuencia, este país debe retirarse progresivamente –pero imperativamente– de Oriente Próximo.

Aquí se plantea una pregunta: ¿por qué Estados Unidos se ha implicado tanto en Oriente Próximo, hasta el punto de descuidar al resto del mundo, desde el fin de la Guerra Fría? Para esta pregunta, la repuesta puede limitarse a una palabra: petróleo.

Desde que Estados Unidos dejó de ser autosuficiente en lo que al petróleo se refiere, a finales de los años 1940, el control de las principales zonas de producción de hidrocarburos se convirtió en una “obsesión estratégica” norteamericana. Lo cual explica parcialmente la “diplomacia de los golpes de Estado” de Washington, especialmente en Oriente Medio y en América Latina.

En Oriente Próximo, en los años 1950, a medida que el viejo Imperio Británico se retiraba y quedaba reducido a su archipiélago inicial, el Imperio estadounidense lo reemplazaba mientras colocaba a la cabeza de los países de esas regiones a sus “hombres”, sobre todo en Arabia Saudí y en Irán, principales productores de petróleo del mundo, junto con Venezuela, ya bajo control estadounidense en la época.

Hasta hace poco, la dependencia de Washington respecto al petróleo y al gas de Oriente Próximo le impidió considerar la posibilidad de retirarse de la región. ¿Qué ha cambiado entonces para que Estados Unidos piense ahora en retirarse de Oriente Próximo? El petróleo y el gas de esquisto, cuya producción por el método llamado “fracking” aumentó significativamente a comienzos de los años 2000. Eso modificó todos los parámetros. La explotación de ese tipo de hidrocarburos (cuyo coste es más elevado que el del petróleo “tradicional”) fue favorecida por el importante aumento del precio de los hidrocarburos que, en promedio, superaron los 100 dólares por barril entre 2010 y 2013.

Actualmente, Estados Unidos ha recuperado la autosuficiencia energética e incluso está convirtiéndose otra vez en un importante exportador de hidrocarburos. Por lo tanto, ya puede por fin considerar la posibilidad de retirarse de Oriente Próximo, con la condición de cauterizar rápidamente varias heridas que, en algunos casos, datan de más de un siglo.

Por esa razón, Obama retiró casi la totalidad de las tropas norteamericanas de Irak y de Afganistán. Estados Unidos participó muy discretamente en los bombardeos de Libia y se negó a intervenir contra las autoridades de Damasco, en Siria. Por otra parte, Washington busca a marchas forzadas un acuerdo con Teherán sobre el tema nuclear y presiona a Israel para que su gobierno progrese urgentemente hacia un acuerdo con los palestinos. En todos estos temas se percibe el deseo de Washington de cerrar los frentes en Oriente Próximo para pasar a otra cuestión (China) y olvidar así las pesadillas de Oriente Próximo.

Todo esto se desarrollaba perfectamente mientras los precios del petróleo seguían altos, cerca de 100 dólares el barril. El precio de explotación del barril de petróleo de esquisto es de aproximadamente 60 dólares, lo que deja a los productores un margen considerable (entre 30 y 40 dólares el barril).

Aquí es donde Arabia Saudí ha decidido intervenir. Riad se opone a que Estados Unidos se retire de Oriente Próximo. Sobre todo si Washington establece antes un acuerdo sobre el tema nuclear con Teherán, lo que los saudíes consideran demasiado favorable a Irán. Además, según la monarquía wahabita, expondría a los saudíes, y a los suníes en general, a convertirse en víctimas de lo que llaman “el expansionismo chií”. Hay que tener presente que los principales yacimientos de hidrocarburos saudíes se encuentran en zonas de población chií.

Considerando que dispone de las segundas reservas mundiales de petróleo, Arabia Saudí decidió usar el petróleo para sabotear la estrategia norteamericana. Oponiéndose a las consignas de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Riad decidió, contra toda lógica comercial aparente, aumentar considerablemente su producción y hacer de ese modo bajar los precios del petróleo, inundando el mercado de petróleo barato. La estrategia dio rápidamente resultados. En poco tiempo, los precios del petróleo bajaron un 50%. El precio del barril descendió a 40 dólares (antes de subir ligeramente hasta aproximadamente 55-60 dólares actualmente).

Esta política asestó un duro golpe al “fracking”. La mayoría de los grandes productores estadounidenses de gas de esquisto están actualmente en crisis, endeudados y corren el riesgo de quebrar (lo que implica una amenaza para el sistema bancario norteamericano que, generosamente, había ofrecido abundantes créditos a los neopetroleros). A 40 dólares el barril, el esquisto ya no resulta rentable. Ni las excavaciones profundas “off shore”. Numerosas compañías petroleras importantes ya han anunciado que cesan sus explotaciones en alta mar porque no son rentables, provocando la pérdida de decenas de miles de empleos.

Una vez más, el petróleo es menos abundante. Y los precios suben ligeramente. Pero las reservas de Arabia Saudí son suficientemente importantes para que Riad regule el flujo y ajuste su producción de manera que permita un ligero aumento del precio (hasta 60 dólares aproximadamente) pero sin que se lleguen a superar los límites que permitirían reanudar la producción mediante el “fracking” y en los yacimientos marítimos a gran profundidad. De este modo, Riad se ha convertido en el árbitro absoluto en materia de precio del petróleo (parámetro decisivo para las economías de decenas de países entre los cuales figuran Argelia, Venezuela, Nigeria, México, Indonesia, etc.).

Estas nuevas circunstancias obligan a Barack Obama a reconsiderar sus planes. La crisis del “fracking” podría representar el fin de la autosuficiencia de energía fósil en Estados Unidos. Y, por lo tanto, la vuelta a la dependencia de Oriente Próximo (y también de Venezuela, por ejemplo). Por ahora, Riad parece haber ganado su apuesta. ¿Hasta cuándo?

lunes, 4 de mayo de 2015

Gobierno de EEUU por fin admite que el fracking provoca sismos


A
lfredo Jalife-Rahme, La Jornada

Un reciente reporte del Monitoreo Geológico de EEUU (USGS, por sus siglas en inglés) de su gobierno identificó ocho estados en la región central y oriental, donde las operaciones de fracking han derivado a incrementos dramáticos de terremotos debido primordialmente a la inyección del agua de desecho en las operaciones de excavación en los pozos subterráneos al activar placas tectónicas que en algunos casos eran desconocidas (http://goo.gl/MCMd2h). Se trata del mismo hallazgo de Oklahoma extrapolado a siete estados adicionales.

El letal fracking (fracturación hidráulica) perfora rocas en profundidad para extraer petróleo/gas shale (esquisto) mediante la inyección de grandes cantidades de agua y sustancias químicas desconocidas.

William Ellsworth, geofísico del USGS, sentencia que se trata de añejas placas tectónicas que no sabemos siempre donde se encuentran. Ahora resulta que se desconocen las placas tectónicas afectadas y las misteriosas sustancias químicas inyectadas. La sismicidad consustancial al fracking ya había sido expuesta por The New York Times, específicamente en Oklahoma (http://goo.gl/jE74fl).

Lo relevante del alarmante reporte es que proviene del mismo gobierno de EU y su agencia científica USGS (http://goo.gl/YrBAZY), con funciones de investigación de hallazgo de hechos carente de responsabilidad regulatoria (léase: sin dientes) con sede en Reston (Virginia) y más de 9 mil funcionarios.

La gráfica del USGS, de 1973 a 2014, es impactante por el número acumulado de terremotos que se dispararon en forma exponencial a partir de 2009.

EcoWatch reproduce el perturbador reporte (http://goo.gl/CO3bqO) y fustiga a los negadores de los terremotos de la omnipotente industria del petróleo/gas, como el multimillonario Harold Hamm, pionero del fracking, quien ha presionado a los funcionarios de Oklahoma a ocultar los hallazgos científicos de la correlación del fracking con los sismos (http://goo.gl/evlL0U).

Entre 1973 y 2008 existió un promedio de 21 terremotos de una magnitud menor a tres grados, pero a partir de 2009 –¡el año funesto del fracking!– hasta 2013, la región analizada experimentó 99 sismos por año superiores a tres grados. Sólo en Oklahoma se escenificaron 585 sismos en 2014, mucho más que en los pasados 35 años combinados.

Son por lo menos ocho estados los afectados por el incremento exponencial de la sismicidad en regiones donde los terremotos eran raros: Oklahoma, Texas, Ohio, Alabama, Arkansas, Colorado, Kansas y Nuevo México.

Sólo Oklahoma, Texas y Ohio han acaparado la atención, mientras Texas y Nuevo México comparten frontera con México, donde el gobierno neoliberal itamita y su disfuncional Congreso –a quienes importa un bledo el ambiente y la vida de los ciudadanos– han adoptado la cómoda política del avestruz para no importunar los intereses petroleros/gaseros de BlackRock y las trasnacionales anglosajonas (http://goo.gl/bucD6J).

USGS identificó 17 zonas dentro de los ocho estados que se encuentran en peligro particular debido al número creciente de los sismos inducidos. El riesgo es mayúsculo para los habitantes que viven cerca. El modelo del USGS exhibe la “intensidad de un potencial terremoto inducido en el periodo de un año, a diferencia de sus previos estudios que operaban en un lapso mayor a 50 años (el promedio de vida de un edificio, usado para propósitos de seguros, códigos de construcción y planes de respuesta de emergencia).

EcoWatch expone que el “Escalofriante incremento de sismos por fracking obliga a Kansas a tomar medidas (http://goo.gl/ttgED0)”. Las ondas concéntricas de choque desde el epicentro de Kansas alcanzan la frontera de México, cuyo gobierno misántropo no ha tomado ninguna medida preventiva al respecto.

Según el USGS, el incremento de la sismicidad coincide con la inyección de agua de desperdicio en los yacimientos profundos de desecho en varias localidades y gran parte del agua de desperdicio, subproducto de la extracción de petróleo y gas, es utilizada en forma rutinaria por la inyección a los yacimientos.

Ante la contundencia de la evidencia científica del reporte del USGS, al día siguiente el Monitoreo Geológico de Oklahoma –agencia estatal lubricada por los intereses pecuniarios de la industria del petróleo/gas, representado por el poderoso Instituto de Petróleo Estadunidense (http://goo.gl/5WIWPF)– fue orillado a aceptar que es “muy probable que la mayoría de los recientes sismos, en particular en la parte central y norcentral de Oklahoma, es desencadenada por la inyección del agua producida en los yacimientos de desecho (http://goo.gl/hoYfuI)”.

El gobierno de Oklahoma, que preside la fundamentalista (literal) Mary Fallin, del Partido Republicano y anterior vendedora de bienes raíces, se ha fracturado como reflejo del mismo fracking, ya que las dos ramas del gobierno han optado por medidas diametralmente opuestas: el Ejecutivo admite la causal de los sismos por fracking, mientras los anticientíficos legisladores, marionetas de la omnipotente industria del petróleo/gas, han llegado, mediante dos enmiendas, a castrar y frustrar la protesta de los ciudadanos sobre su destino sísmico.

¡Cómo se parecen las dos enmiendas de los corruptos legisladores de Oklahoma a la anticientífica ley Korenfeld para privatizar el agua en México (http://goo.gl/dN8Cya)!

Heather Smith, del rotativo británico The Guardian, después de exponer que finalmente el “gobierno de EEUU acepta que el fracking provoca sismos”, pregunta por qué tardaron tanto en reconocerlo (http://goo.gl/O9wPyU). Comenta que en comparación a sus previas declaraciones, el reporte del USGS es una abrupta voltereta de sus posturas previas y considera que todavía es un documento relativamente suave, ya que aconseja mayor investigación, en lugar de tomar acciones específicas.

Hasta donde sé las universidades públicas de México y sus institutos/departamentos de geología/geofísica –UNAM (http://goo.gl/LhvTA4), IPN (http://goo.gl/pIaTjQ ) y BUAP (http://goo.gl/vYdt8c)– no se han pronunciado sobre los efectos deletéreos del fracking en la transfrontera, lo cual no se le puede exigir al ITAM: centro teológico neoliberal anticientífico que carece de un departamento de geología que confunde con el medieval financierismo antihumano.

El clan itamita de Baillères, que promueve el zoocidio de la salvaje tauromaquia, es uno de los principales beneficiados de la reforma neoliberal energética y su fracking (http://goo.gl/tCZx1L).

Lo más grave es que el gobierno neoliberal mexicano y su falsificado Pacto por México pretenden ahora itamizar a las universidades públicas –en particular a la UNAM– mediante la incrustación en sus es­tructuras estratégicas pedagógicas de topos proselitistas del ITAM, cuya terminal tarea desinformativa consistirá en desviar la atención ciudadana y científica de los sismos provocados por el fracking en la sensible zona estresada por carencia de agua del noreste mexicano.

miércoles, 22 de abril de 2015

Un estudio revela que el ‘fracking’ causa los terremotos de Texas

Un estudio geológico concluye que la técnica de extracción de gas e inyección de agua estaría detrás de los movimientos sísmicos registrados en la zona durante los dos últimos años en el territorio del Estado de Texas.

El estudio publicado en la revista 'Nature Communications' demuestra que la inyección de grandes volúmenes de aguas residuales combinada con la extracción de salmuera del subsuelo en los pozos de gas agotados son la causa más probable de los 27 terremotos ocurridos en la ciudad de Azle, EE.UU. 

Los científicos han desarrollado un complejo modelo en 3D que ayuda a concluir que las instalaciones, junto a los acuíferos recargados artificialmente, pueden hacer aflorar a la superficie cantidades significativas de agua desde las capas inferiores que presionan la roca junto con el líquido inyectado.

"El modelo indica que en una de las fallas se genera una diferencia de presiones. Cuando simulamos el funcionamiento del pozo durante 10 años con un amplio rango de parámetros, el modelo predice cambios suficientemente grandes como para desencadenar terremotos en fallas que ya tenían presiones", afirma Matthew Hornbach, autor principal del estudio.

domingo, 5 de abril de 2015

¿Cuándo el precio del petróleo tocará fondo?

El precio del WTI (West Texas Intermediate) —la marca del petróleo crudo que sirve como referencia en EE.UU.— entró en caída libre en el segundo semestre del 2014. Cuando empezó a cotizarse por debajo de 50 dólares, muchos comenzaron a hacer analogías con el año 2008, cuando de casi 150 dólares por barril llegó a 30 dólares. Es muy poco probable que esa situación se repita, sostiene el analista energético Robert Rapier.

Edward Morse, jefe de investigaciones internacionales de mercancías de Citigroup, la mayor empresa de servicios financieros del mundo, dijo que los precios del WTI caerían a 20 dólares por barril (y alrededor de 54 dólares por barril para la marca Brent). Gary Cohn, presidente de Goldman Sachs, pronosticó un precio de 30 dólares por barril. El gurú del mercado de materias primas, Dennis Gartman, fue aún más lejos y anunció que no le sorprendería si el crudo llega a caer hasta los 15 dólares por barril.

En realidad, "30 dólares por barril o menos es extremadamente improbable", opina Robert Rapier, vicepresidente ejecutivo de Merica International, una compañía de silvicultura y energía renovable. "Entre el mercado de hoy y el mercado de 2008 hay unas distinciones muy importantes", explica Rapier en su artículo para 'The Wall Street Journal'.

A pesar del mantra repetido sobre la caída de la demanda, la demanda mundial de petróleo creció en más de 5 millones de barriles diarios entre 2008 y 2014, destaca el analista. La demanda sí disminuyó durante ese tiempo en los países desarrollados, pero esta disminución ha sido más que compensada por el aumento de la demanda en las regiones en desarrollo. El Organismo Internacional de Energía pronostica que en 2015 la demanda global crecerá en otros 900.000 barriles diarios, puntualiza Rapier.

Art Berman, un consultor geológico independiente, a su vez, subraya que los precios del crudo caen no porque disminuya el consumo, sino porque la producción crece, sobre todo, la producción del caro petróleo de esquisto. Pero la cuestión del supuesto superávit petrolero no es tan simple como parece.

En el mundo de hoy a cada cuatro barriles del petróleo consumido le corresponde menos de un barril descubierto. Mientras tanto, la extracción del crudo de los yacimientos convencionales cuando empiezan a agotarse es un proceso caro. Los gigantes petroleros prefieren no llegar a la llamada 'etapa terciaria': para explotar los campos petroleros 'maduros' se necesita alta tecnología y mucha inversión. Como resultado, revenden los yacimientos baldíos a empresas menores o simplemente los abandonan.

viernes, 3 de abril de 2015

¿Cómo afectará el histórico acuerdo con Irán a los precios del petróleo?

Las potencias mundiales anunciaron haber alcanzado los "parámetros fundamentales" de un acuerdo nuclear diseñado para restringir el programa atómico de Teherán y el mercado petrolero se desplomó. ¿Permanecerá la tendencia?

Apenas el Sexteto e Irán comunicaron que lograron "encontrar soluciones" preliminares, los futuros para mayo del petróleo de la marca Brent cayeron un 5,3%. En EE.UU. cotizó a 54,06 dólares por barril, en vez de los 56,7 dólares de unas horas antes.

La mañana de este 3 de abril la situación se modificó ligeramente: el Brent sigue por debajo de 55 dólares, pero se elevó a los 54,95 dólares por barril. El WTI (West Texas Intermediate), la marca que sirve como referencia en EE.UU., cotiza a 49,14 dólares por barril, frente a los 49,74 dólares de la mañana de este jueves.

"El acuerdo nuclear con Irán es un golpe masivo para el precio del petróleo y podríamos ver caer el precio del crudo fácilmente a los 30 dólares", opinó Naeem Aslam, el analista jefe de mercado de AvaTrade en una entrevista con el portal 'Market Watch'.

Irán es uno de los mayores productores de petróleo en el mundo: le corresponde aproximadamente el 10% de las reservas globales. La suavización de las sanciones en su contra traerá millones de barriles adicionales a un mercado ya saturado.

Se trata no solo de que la República Islámica de Irán elevará la producción: se estima que tiene almacenados en sus barcos petroleros hasta 35 millones de barriles del crudo y no tardará nada en sacarlos al mercado. En caso de levantarse las sanciones, Irán podrá aumentar muy rápidamente sus exportaciones de crudo en un millón de barriles diarios, llegando a un total de 2 millones por día, adelantaba en marzo el ministro de Petróleo del país, Biyán Namdar Zangané.

Pero no todo es tan unívoco, asegura el portal ruso 'vestifinance.ru'. Según el medio, el mercado petrolero no necesariamente seguirá a la baja en los próximos días. Para los 'traders' pesarán más los detalles del acuerdo final, que debe ser estipulado para el 30 de junio.

martes, 31 de marzo de 2015

Conozca qué países generan la mayor parte de su energía a partir del petróleo

En las regiones donde la mayor parte de la energía proviene del petróleo existe una competencia directa entre este hidrocarburo y las fuentes renovables como la energía eólica y la solar. ¿Pueden los bajos precios de petróleo echar del mercado a las fuentes de energía renovables en esas zonas del planeta?

Los países que obtienen la mayor parte de su energía a partir del petróleo son los de Oriente Medio, el Caribe y América Central, informa 'Business Insider' con referencia al informe de Citi Research titulado 'Lucha por el futuro de la energía: petróleo barato contra energías renovables'. En otras partes del mundo existe una menor relación directa, porque la generación de energía proviene también de otras fuentes, como el carbón, el gas natural y los biocombustibles, entre otros.

IEA / Citi Research


Al analizar el sector de la producción de la energía mundial, los investigadores de Citi Research hallaron que el petróleo representa solo el 5% de la generación total de energía. A primera vista, el petróleo y las energías renovables raramente compiten. Sin embargo, existen estadísticas que esconden realidades duras para varias regiones donde el petróleo es una base importante para la generación de energía y representa una competencia directa para las energías renovables.

Existe la opinión de que los bajos precios del petróleo apartan del mercado cualquier rastro de los proyectos relacionados con la energía limpia, especialmente en las regiones que encabezan la lista presentada. No obstante, existe un punto de vista diferente según el cual en Oriente Medio el ritmo del crecimiento del consumo de petróleo para generar energía es tan alto que la creciente demanda podría poner en serio peligro las exportaciones de crudo en lugares como Arabia Saudita, donde en 2014 se quemaron 900.000 barriles de petróleo diariamente para producir energía.

En tales circunstancias el desarrollo de las energías renovables afectaría el suministro de petróleo a largo plazo y la disponibilidad de las exportaciones, sugiere el diario. Esta variable también es aplicable a algunas naciones de América Latina, indica. "Parece que las energías renovables podrían tener un futuro brillante en estos mercados", concluye.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Cuando se termina el súperciclo petrolero

Alejandro Nadal, La Jornada

Cada vez que un frente frío proveniente del Ártico avanza hacia el sur, mucha gente ve la prueba de que aquello del calentamiento global es un mito. Y algo parecido sucede con el desplome del precio internacional de petróleo. ¿Qué no es eso una prueba fehaciente de que aquello del cénit de la producción petrolera es otro mito?

En efecto, desde hace varios lustros se anuncia la llegada del cénit de la producción de petróleo. El fenómeno fue descrito a partir de una idea sencilla: el desarrollo de un yacimiento de petróleo sigue una curva que al principio es ascendente hasta alcanzar un máximo y después comienza a declinar a medida que la extracción de cada barril se hace más cara y la rentabilidad se anula. Si eso sucede en cualquier yacimiento, también sucederá con la producción mundial. A partir de diversos indicadores muchos análisis consideran que ya se alcanzó desde hace unos años el pico de la producción petrolera mundial.

En la idea ingenua sobre la operación de cualquier mercado, el fenómeno del cénit del petróleo debiera verse acompañado de un incremento de precios del petróleo. Sin embargo, desde el otoño de 2014 la economía mundial es testigo de un desplome del precio del petróleo. ¿No debiéramos estar presenciando al contrario, un aumento sostenido de dicho precio?

Durante el periodo 2011-2014 el precio internacional del crudo se mantuvo relativamente estable en una franja de entre 100 y 118 dólares por barril (para el petróleo tipo Brent, el referente en Europa). Muchos esperaban ver un incremento de precios que llevaría las cotizaciones por arriba de 180 dólares por barril. Pero hoy el precio se ha desplomado por debajo de los 45 dólares y se espera que permanezca en niveles cercanos durante varios meses (sino es que uno o dos años). ¿Qué es lo que está pasando?

El primer factor que es necesario considerar es que la demanda mundial de crudo ha sufrido una fuerte contracción. La economía europea permanece en un trance recesivo y eso se traduce en su débil demanda de petróleo. Las economías en Asia, especialmente Japón, han perdido dinamismo y, el gran motor de la economía china ha dejado de crecer al ritmo vertiginoso que venía mostrando desde los años noventa. De hecho, China ha inaugurado una nueva fase en la que sus tasas de crecimiento no rebasarán 7 por ciento. Aunque para la economía europea ese desempeño se antoja milagroso, para el gigante asiático es una reducción espectacular en el ritmo de expansión si lo comparamos con los últimos tres lustros.

Frente a este panorama sobresale una economía que es presentada sistemáticamente como en plena recuperación: Estados Unidos. Es cierto que su desempeño contrasta con el de la gran mayoría de las economías europeas, pero eso no es un gran signo de buen funcionamiento (sobre todo si tomamos en cuenta que Estados Unidos es una economía en la que las tasas de interés permanecen al nivel más bajo posible).

La otra parte de la historia es que existe un exceso de oferta de petróleo. Pero ¿no contradice esto el tema del cénit de la explotación petrolera? No, porque el exceso de oferta proviene de la producción de fuentes no convencionales: fractura hidráulica y arenas bituminosas (sobe todo en la provincia de Alberta, Canadá). Lo más notable en este sentido es la producción por fractura hidráulica que en Estados Unidos pasó de medio millón de barriles diarios en 2009 a 4 millones en 2014.

El exceso de oferta comenzó a afectar los precios en la segunda mitad de 2014 en buena medida porque la demanda de petróleo en Alemania y en China comenzó a debilitarse. Ante la caída del precio del crudo (de 115 dólares/barril a 80 dólares en unos meses de 2014), la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) decidió no hacer nada para detener el desplome de precios hasta su nivel actual.

Mucho se especula sobre los motivos de Arabia Saudita, principal actor en la OPEP, para mantener su nivel de producción. La razón es evidente: mantener una guerra de precios dirigida, fundamentalmente, en contra de los productores de petróleo por medio de fractura hidráulica de Estados Unidos. Por cierto, nadie pregunta por qué no recortan su producción los operadores estadunidenses. Y la respuesta es sencilla: porque no pueden hacerlo sin afectar su capacidad de pagar las altas cargas financieras que están detrás del auge del fracking.

En otras palabras, la caída en el precio del petróleo está más relacionada con una guerra de precios estándar que con una pretendida abundancia de petróleo. Conclusión: la tesis del cénit del crudo es válida, pero se aplica a la producción de los llamados yacimientos convencionales.

Por cierto, la próxima vez que llegue un agudo frente frío a las latitudes sureñas, recuerde usted que es muy probable que eso esté relacionado con un persistente aumento de temperaturas promedio en el Ártico. Así que si alguno insiste en pensar que no hay tal cosa como el calentamiento global, será bueno decírselo a los osos polares para tranquilizarlos.
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