"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí
Mostrando entradas con la etiqueta Palestina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Palestina. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de febrero de 2020

UN ACUERDO DEL SIGLO PARA FAVORECER A LOS SIONISTAS

Por Pedro Martínez Pírez

Notable impacto tuvo en Cuba la decisión del Presidente palestino, Mahmud Abaás, de cortar todo tipo de relaciones con Estados Unidos e Israel, después de la reciente presentación por Donald Trump del llamado “Acuerdo del Siglo”, que entre otras cosas establece que Jerusalén sea la capital de Israel.

Las declaraciones del líder palestino se produjeron durante una reunión extraordinaria de la Liga Árabe en El Cairo, Egipto, e inmediatamente tuvieron repercusión en varios médios de prensa cubanos, entre ellos Juventud Rebelde y Radio Habana Cuba.

En lo personal a mí me recordó la intervención del Comandante Fidel Castro en el 34 Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 12 de octubre de 1979, cuando el líder histórico de la Revolución Cubana habló también como Presidente del Movimiento de Países No Alineados.

Fidel, en uno de sus más brillantes discursos, expresó que la determinación de Israel de continuar su política de agresión, expansionismo y asentamiento colonial en los territorios que ha ocupado, con el apoyo de los Estados Unidos, constituye una seria amenaza a la paz y a la seguridad mundiales.

La cuestión de Palestina, agregó Fidel Castro, es la médula del problema en el Medio Oriente. La base de la paz justa en región comienza por la retirada total e incondicional de todos los territorios árabes ocupados y supone para el pueblo palestino la recuperación de sus derechos nacionales inalienables, incluído el derecho del retorno a su Patria, a la libre determinación y al establecimiento de un Estado independiente en Palestina, de conformidad con las resoluciones de la ONU.

En aquella histórica intervención, a la cual tuve el privilegio de dar cobertura como enviado de Radio Habana Cuba, Fidel aclaró que no era un fanático y que repudiaba desde el fondo de su alma la despiadada persecución y el genocidio que en su tiempo desató el nazismo contra el pueblo hebreo. Pero no puedo recordar nada más parecido en nuestra historia contemporánea, agregó, que el desalojo, persecución y genocidio que hoy realizan el imperialismo y el sionismo contra el pueblo palestino.

Y a continuación el líder de la Revolución Cubana dijo con palabras que podrían repetirse hoy, que “despojados de sus tierras, expulsados de su propia patria, dispersados por el mundo, perseguidos y asesinados, los heroicos palestinos constituyen un ejemplo impresionante de abnegación y patriotismo, y son un símbolo vivo del crimen más grande de nuestra época”.

En esa histórica intervención en la ONU de hace ya más de cuatro décadas, están las raíces de la solidaridad cubana de hoy con el pueblo palestino y el rechazo al llamado “Acuerdo del siglo”, enarbolado por el presidente Donald Trump para favorecer a sus amigos y cómplices sionistas de Israel.



La Habana, 3 de febrero de 2020.

lunes, 10 de septiembre de 2018

REBELIÓN EN EL TRASPATIO

Por Pedro Martínez Pírez

Desde Cuba, el primer país de América en reconocer a la República Popular China, expreso como periodista mi rechazo a las presiones yanquis sobre los gobiernos de tres naciones vecinas que decidieron romper sus relaciones diplomáticas con Taiwán y establecer los vínculos con China popular.

Con la prepotencia que caracteriza al gobierno de los Estados Unidos, vemos como desde Washington han llamado a consulta a sus diplomáticos acreditados en Panamá, El Salvador y República Dominicana, países que decidieron en los últimos meses reconocer a la República Popular China, convertida hoy en una gran potencia mundial.

Hasta el día de hoy –dijo el 12 de junio del pasado año el presidente Juan Carlos Varela— la República de Panamá carecía de relaciones diplomáticas con la República Popular de China, un Estado que por si sólo representa el 20 por ciento de la población mundial y constituye la segunda economía más grande del mundo.

Esta es una situación --agregó el Presidente de Panamá en una cadena nacional de radio y televisión-- que un mandatario responsable no podía seguir perpetuando.

Menos de un año después, el pasado mes de mayo, el gobierno de República Dominicana reconoció también a la República Popular China.
Y el 21 de agosto lo hizo la república de El Salvador a través de un anuncio de su Presidente, Salvador Sánchez Cerén.

El jefe de Estado salvadoreño dijo que, con este paso, su país se suma a otras 177 naciones del mundo que han aprobadola Resolución 2758 de la Asamblea General de la ONU, que reconoce la existencia de una sola China, y que Taiwán forma parte inalienable de China.

Y las tribulaciones yanquis también se hicieron sentir en días pasados cuando el nuevo Presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez, decidió dar marcha atrás a lo acordado por su predecesor, Horacio Carles, y anunció que volvería a radicar en Tel Aviv la embajada paraguaya en Israel.

Son síntomas de rebelión en lo que los yanquis consideran su traspatio en América Latina.

Y Cuba, que apoya firmemente al pueblo Palestino y repudia las acciones genocidas del régimen sionista de Israel, aliado de Estados Unidos, recuerda con orgullo en estos días haber establecido relaciones diplomáticas con la República PopularChina hace 58 años, el 28 de septiembre de 1960, con lo cual ejerció su derecho a la soberanía nacional.

La Habana, 10 de septiembre de 2018.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Comité Internacional Paz, Justicia y Dignidad a los Pueblos . Brindamos por ustedes, nuestros compañeros



Photo: Bill Hackwell

Queridos Compañeros

El 2017 ha sido un año sumamente difícil para nuestros pueblos. La protesta social ha sido criminalizada, encarcelada y asesinada. Los grandes medios cercenan la posibilidad de opinión, los asesinatos a periodistas como en México constituyen los más altos de los últimos años.

El intento del imperialismo por devorar nuestras economías, imponer gobiernos títeres, destruir la Revolución Bolivariana de Venezuela, recrudecer el criminal bloqueo contra Cuba, llevar las incipientes relaciones entre ambos países a un enorme retroceso, con el claro objetivo de aniquilar la Revolución cubana, arremeten cada día.

Dos ex presidentes como Lula y Cristina Fernández se encuentran bajo amenaza de cárcel en amañados procesos judiciales. El desprecio de Washington hacia la región tuvo una demostración feroz en Puerto Rico, azotado por el huracán de la colonización y los desastres naturales. Honduras muestra el espejo fascista en el que podría mirarse cualquier otra nación latinoamericana. La agresión a los pueblos mapuches evidencia el odio racista y ancestral hacia los pueblos originiarios.

No cesan las maniobras por atentar contra el ALBA, la CELAC y minar los acuerdos de Paz entre la FARC y el gobierno de Colombia.

La última provocación imperial para cerrar el año ha sido declarar unilateral y arbitrariamente a la ciudad de Jerusalén como Capital del Estado sionista de Israel, provocando una enorme desestabilización en todo el mundo árabe, mayor represión y sufrimiento al heroico pueblo palestino.

Pero los pueblos resisten y en esa resistencia está nuestra esperanza. Seguirán existiendo hombres y mujeres con la dignidad, el coraje y la valentía de Bertica Cáceres, Santiago Maldonado, Oscar López Rivera, los Cinco Patriotas cubanos, los presos políticos de América Latina, EE.UU y los palestinos en cárceles de Israel. Seguiremos encontrando nietas y nietos y exigiendo el juicio y castigo a los genocidas. Seguirá existiendo el bravo pueblo de Chávez y Maduro.

Y la Revolución cubana cumplirá con la estrella de Fidel en lo más alto, este 1ro de Enero, 59 heroicos años de victoria y resistencia en las narices del imperio.

Seguiremos denunciando, resistiendo y batallando en las calles, desde la información alternativa con nuestras armas de combate, que son las de la verdad y la dignidad. Seguiremos resistiendo este orden inmoral, injusto, destructivo que amenaza a toda la humanidad.

Brindamos junto a cada uno de ustedes, por los que luchan y resisten, por la pronta recuperación de los que afrontan con valentía serios problemas de salud, incluso desde la cárcel. Brindamos por la unidad imprescindible en todos los espacios de lucha y acción emancipadora.

Brindamos por ustedes, nuestros compañeros, en la esperanza y la alegría de comprobar cada día que No nos han vencido y No podrán vencernos jamás.

Feliz Año Nuevo, Feliz 2018!

Comité Internacional Paz, Justicia y Dignidad a los Pueblos

Equipo Resumen Latinoamericano - Cuba y Estados Unidos

sábado, 23 de agosto de 2014

Declaración de Cuba ante la Organización de Naciones Unidas, efectuada por el Sr. Ernesto Dihigo el 28 de noviembre de 1947.

De modo muy breve deseamos exponer las razones por las cuales la delegación cubana se ve obligada a votar en contra del Plan de la partición de Palestina, recomendado por la Comisión ad hoc.

Hemos seguido con interés los debates; analizados los argumentos de unos y otros, a fin de llegar a la conclusión que nos pareciera más justa.

Cuba ha demostrado su simpatías hacia los hebreos y aprecio por sus cualidades, pues ha admitido en su territorio a miles de ellos, que hoy viven entre nosotros libres y tranquilamente, sin discriminaciones,ni prejuicios, pero no podemos votar aquí conforme a sus deseos, porque consideramos que la partición de Palestina es contraria al derecho y la justicia.

En primer, la base inicial de toda su reclamación es la declaración Balfour, causante de todo el problema que hoy tenemos ante nosotros.

Pero la Declaración Balfour, a juicio nuestro, carece por completo de valor jurídico, pues el Gobierno Británico ofreció en ella una cosa de la cual no tenía derecho a disponer, porque no era suya. Mas, aceptando su validez, lo que ahora quiere hacerse va mucho más allá de sus términos, pues la misma prometió a los hebreos un "hogar" nacional en Palestina, dejando a salvo los derechos civiles de la población árabe; pero no un estado libre, cuya creación forzosamente representaría una violación de esos derechos que se trato de salvaguardar.

Es también contraria al derecho la Partición, si nos atenemos al mandato contenido por la Sociedad de Naciones Unidas. Cabría preguntar si la Sociedad de Naciones podría, en justicia, hacer lo que hizo, o sea, ordenar el establecimiento de un hogar nacional judío con las grandes consecuencias demográficas y políticas que ha tenido, en una tierra ajena, sin el consentimiento de sus habitantes.

Pero, admitiendo el hecho, la partición que estudiamos va contra los términos de ese mandato, que un articulo ordeno no fueran afectados los derechos y la posición de la población hebrea de Palestina. Y mal puede sostenerse que esos derechos no resultan perjudicados, cuando va a arrebatárseles a los nativos más de la mitad de sus territorios, y varios cientos de miles de árabes quedaran sometidos al gobierno hebreo, y colocados en una situación subordinada, allí, donde antes eran los dueños.

En tercer lugar, el proyecto es también contrario al derecho, porque va contra la libre determinación de los pueblos, que era principio esencial del Parto de la Sociedad de Naciones, pues aquí se está disponiendo de la suerte de una nación, privándola de la mitad de su suelo nacional, el suelo que ha tenido durante muchos siglos, sin que se haya consultado para conocer su opinión.

Y si del Pacto de la Sociedad pasamos a la Carta de las Naciones Unidas, encontramos que va a cometerse idéntica violación, porque el principio de la libre determinación de los pueblos se encuentra reconocido en el párrafo 2 del artículo primero, con carácter general, y reiterado en el párrafo 8 del artículo 76 para los pueblos no autónomos, al decir que "el régimen de administración fiduciaria (equivalente al Mandato de la Sociedad) deberá tener en cuenta los deberes libremente expresados de los pueblos interesados"

No nos convence el argumento, dicho por algunos de que Palestina es un Estado , y por tanto, no tiene el carácter de sujeto de derecho internacional, pues en todo caso, esos preceptos no hablan de estados, sino de pueblos, y no cabe dudas de que el de Palestina lo es.

Hemos proclamado solemnemente el principio de la libre determinación de los pueblos; pero, con gran, alarma vemos que, cuando ha llegado el momento de aplicarlo, nos olvidamos de él. Tal sistema nos parece funesto.

La Delegación de Cuba está firmemente convencida de que la paz verdadera y el mundo de justicia de que tanto hablaron los Grandes Líderes de la Segunda Guerra Mundial no depende de que ciertos principios fundamentales se inscriban en las convenciones y tratados, y allí queden como letra muerta; sino de que, llegado el momento oportuno, se cumplan por todos y para todos; grandes y pequeños; débiles y fuertes.

¿Por qué no se ha procedido de un modo democrático en este caso, consultando la voluntad de todo el Pueblo de Palestina? ¿Es que se ha temido que el resultado de la consulta fuera contrario a lo que de todos modos se quería hacer? Y, si esto es así, ¿Dónde están los principios, y donde está la democracia que continuamente invocamos?

No terminan ahí nuestras dudas legales. En el curso del debate, se han impugnado las facultades de las Asambleas para acordar la Partición.

Se ha acordado que, conforme a los artículos 10 y 11 de la Carta, la Asamblea puede hacer recomendaciones sobre todo problema que este dentro de los límites de la misma, que se relacionan con el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales.

Sin discutir ahora si el problema de Palestina esta dentro de esos límites, o si constituye una amenaza para la paz internacional, no debemos dejar de advertir que una cosa es hacer recomendaciones, y otra cosa muy distinta es adoptar un plan que afecta la integridad internacional de un pueblo y suposición jurídica; y recomendar la ejecución de un proyecto a una comisión de la propia Asamblea.

Tampoco me parece que pueda sostenerse el que ese proyecto sea una mera recomendación, pues toda recomendación lleva implícita la posibilidad de que no sea aceptada, y el plan aprobado tiene, sin duda alguna, carácter coactivo, como lo prueba el hecho de que por una de sus disposiciones, será considerado como una amenaza o violación de la paz y un acto de agresión, conforme al artículo 39 de la Carta, cualquier tentativa de alterar por la fuerza el arreglo contemplado en la Resolución. Se trata, pues, de algo que se impone a la fuerza, no de una mera recomendación. Y como esto, a juicio nuestro, infringe la Carta, no podemos votar a favor del proyecto.

Porque teníamos todas esas dudas legales, votamos en la Comisión a favor de que previamente se consultara con la Corte Internacional de Justicia, para que pudiéramos avanzar sobre terreno firme.

La consulta fue rechazada por mayoría, lo que consideramos un error no justificado por la demora que ello hubiera causado, pues más valía haber esperado unos pocos meses que lanzarnos a una acción que tantas dudas ofrece. Aparte de que la negativa de acudir a la Corte pudiera dar la impresión de que la Asamblea rehúye buscar soluciones conforme al derecho.

Por otro lado, consideramos que el proyecto es, además injusto. "El pueblo árabe ha tenido ininterrumpidamente, durante muchos siglos, el territorio de Palestina, y por los datos oficiales que se nos han presentado, al terminar la Primera Guerra Mundial constituía casi el 90% de la población total del país.

Mas, por medio del Reino Unido, como Potencia Mandataria, en cumplimiento por lo resuelto por la Sociedad de las Naciones, se abrió  las puertas de una inmigración extranjera, ofreciéndole un lugar en que pudiera vivir y desenvolver su existencia conforme a sus deseos, de libertad religiosa y sin discriminaciones humillantes, Hemos dicho inmigración extranjera, de modo consciente, pues, con todo respeto hacia la opinión de los hebreos, ellos son, a juicio nuestro extranjeros en la tierra Palestina.

En efecto, durante los debates de la Comisión se produjeron datos para probar que los antepasados de un gran número de los hebreos que han dicho ya que aún quieren ir a Palestina, jamás estuvieron en esa región. Pero, aun el caso de que los remotos antecesores de todos ellos hubieran vivido allí, es indudable que abandonaron dicha tierra hace tanto tiempo, al establecerse en otros países, que sus descendientes han dejado de pertenecer a Palestina, del mismo modo que nosotros, hombres de América nacidos de emigrantes, que vinieron de todos los rincones de la tierra, no debemos considerarnos con derecho a la tierra de nuestros padres en el Viejo Continente.

El intimo y ferviente anhelo de los hebreos de volver a Palestina, tal vez por tradición, tal vez por razones místicas u obsesión religiosa, es algo que puede tener toda nuestra consideración y simpatía sentimental, pero que no constituye en opinión nuestra un título para que se les entregue lo que no les pertenece; y mucho menos, si para ello hay que despojar por la fuerza a otro con mas derecho.

Así mismo consideramos injusto el proyecto, porque es la impresión del criterio de una minoría sobre una mayoría enorme, en contra de un principio cardinal de la democracia. En el caso actual, esa minoría, no queriendo someterse al criterio de los demás pretende poner casa aparte, pero llevándose una porción del territorio del pueblo que lo admitió en su seno.

Hay otro aspecto que quiero mencionar dejando para el futuro los resultados: el Plan de Partición de Palestina implica el establecimiento por esta Asamblea del principio de que toda minoría racial, o de otra índole, puede pedir su separación de la comunidad política de la cual forma parte.

Como ya expresó el jefe de nuestra Delegación de la Comisión, Cuba, no hace muchos años, corrió el peligro de perder una parte de su territorio como consecuencia de una inmigración norteamericana en la Isla de Pinos. Por fortuna nuestra, y para honor del Gobierno de los Estados Unidos de América, aquella tentativa fracasó, porque los dirigentes de este país reconocieron noblemente nuestros derechos.

Pero no podemos olvidar lo que ese peligro fue para nosotros, y pensando en lo que hubiéramos sentido los cubanos si se nos hubiera quitado una parte de nuestro suelo, no es fácil imaginar lo que sentirían los árabes de Palestina si aprobara el plan de partición. Y no podemos contribuir con nuestro voto a que se haga con ellos lo que estaba dispuesto a aceptar que se hiciera con nosotros.

Que no se diga que a veces hay que aceptar una solución política aunque sea injusta, pues sobre la injusticia no se podrá nunca asentarse la paz y la cordialidad entre los pueblos.

Respecto de los refugiados, judíos, o no judíos, que hoy se encuentran en campos de concentración - problema por el cual tanto se ha insistido por los partidarios del proyecto, - Cuba expresó que debía resolverse con un criterio de buena voluntad por parte de todas las Naciones Unidas, aceptándolos proporcionalmente, según las condiciones peculiares de cada país; pero entiende que no puede imponerse a Palestina que ella lo resuelva, sobre todo si se tiene en cuenta que es ajena por completo a las causas que han determinado el desplazamiento de todas esas personas .

Por esas razones, tendremos que votar en contra del plan de partición, como ya lo hicimos en la Comisión, y una vez que lleguemos a formar nuestro criterio, nos consideramos en deber de manifestarlo por medio de nuestro voto, manteniéndolo con firmeza, a pesar de las gestiones y presiones que se han hecho en torno nuestro.


28 de noviembre de 1947
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...