"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí
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domingo, 23 de julio de 2017

La eficiencia de Urbano González




Esos ojos que te miran.
Leonardo Padura

Su mirada hacía presumir una clara inteligencia para conectar hacia cualquier ángulo del terreno. Se concentraba, después de pasar revista a la ubicación de los jugadores y entonces resolvía conectar entre ellos, a como diera lugar. Ha sido uno de los más inteligentes, a pesar del origen campesino. Le llamaron Guajiro. Y se sentía orgulloso.

Urbano González Basanta, nació el 25 de mayo de 1939, en la finca Aguirre, Catalina de Güines, La Habana. En su mejor momento exhibió 5’ 8 de estatura y alrededor de las 175 libras de peso. Como tantos otros, desde muchacho aprendió a tirar con la derecha y batear a la zurda, lo que le traería excelentes dividendos para su carrera. Su entrenador principal fue Regino González, el padre, quien mucho le ayudó para forjar una vista de águila, y le agradece.

Trabajábamos duro, por la mañana y por la tarde, pero después del almuerzo, en vez de reposar un rato, el viejo para complacerme, porque sabía cómo me gustaba la pelota, me tiraba unas bolas para que yo bateara (…) El viejo me tiraba como ochenta pelotas todos los días, y a todas tenía que darle en el centro. Creo que ahí está el secreto.[1]

Los datos calzan las palabras, pues en trece Serie Nacionales y 2 864 veces al bate, solo se ponchó en 67 ocasiones, con una frecuencia de 0,23. En el exterior no se quedó atrás: en 276 turnos, abanicó la brisa en 10 oportunidades (0,36). Sin lugar a dudas, ha sido un portento del contacto con la esférica.

Urbano fue el estelar industrialista, integrante durante casi una década de las selecciones nacionales. Foto: Archivo

Urbano es el pelotero cubano que acumula más veces consecutivas al bate sin poncharse (190). También posee la mayor cantidad de comparecencias al cajón de bateo (217) sin abanicar la brisa, y jugó 50 partidos de pegueta sin llegar al tercer strike. Todas estas hazañas las realizó de un golpe. Comenzó esta epopeya el 24 de marzo de 1968, cuando vestía la chamarreta azul de los Industriales y la terminó con el uniforme marrón del Habana, el 8 de febrero de 1969. Inició la cadena contra el lanzador Pedro Pérez, de Pinar del Río y la finalizó contra Manuel Hurtado.[2]

Salvando las distancias, pues no se me ocurriría comparar las huellas de estos jugadores, la hazaña de Urbano quizás solo se acerque a la de Joe DiMaggio en las Mayores, ya que el Yankee Clipper, en 6 821 turnos al home play, se ponchó 369 veces (0,05). Hablamos de un inmarcesible universal.

Hay cosas inexplicables, o al menos el hombre no les ha llegado, pero se imponen. El siguiente ejemplo actúa como sentencia. Ya sabemos que el pelotero de mejor vista en nuestras series es Urbano. Puede usted buscar con lupa otro superior y no lo encon­trará, pero tuvo su verdugo. El zurdo vueltabajero Ciprián Padrón, Tati para sus compañeros y amigos, hubo días de propinarle hasta tres ponchetes; lo sacaba de juego.

Como decimos en buen cubano, le cogió la baja. El estelar industrialista, integrante durante casi una década de las selecciones nacionales, sucumbía ante aquellos ortodoxos lanzamientos. El propio Ciprián no se lo explica. Me ha comentado que Urbano llegó a tenerle miedo, que nunca lo quería en contra, ni siquiera en los entrenamientos, porque le perturbaba los entendimientos, la psiquis le trabajaba duro.

Cuando me invitaron, en el mes de abril de 2002, al Juego de las Estrellas, en la bella ciudad de Holguín, para presentar El Niño Linares, fuimos juntos en el ómnibus. Aproveché la ocasión y le espeté a boca de jarro una pregunta, cuya respuesta conocía, pero la quería oír en su propia voz:

–¿A quién le bateabas mejor?

–A Manuel Alarcón.

–¿Y quién te fue más difícil?

–Ciprián Padrón.

Urbano González Basanta constituye un ícono del béisbol cubano. Foto: Archivo

Lo mismo sucedía en la pelota profesional. Cuentan que Minnie Miñoso era un verdugo contra Camilo Pascual y caía rendido ante las ofertas de Orlando (El Guajiro) Peña. Al parecer, “cada cuello lleva su corbata…”, decía el abuelo Pancho. He ahí un asunto para la psicología beisbolera.

Urbano se había destacado con su natal Güines, en la Liga Nacional Amateur, adscripta a la Unión Atlética de Amateurs de Cuba (UAAC), donde se instaló como tercer bate, alternando entre segunda y tercera base. En el juego decisivo del torneo de 1959, frente al Artemisa que resultaría campeón, Urbano fue el mejor a la ofensiva por los derrotados, anotándose la única carrera impulsada. Compitió en la matancera Liga de Pedro Betancourt, en la Liga de Quivicán y La Salud, donde coincidió con Pedro Chávez, uno de sus mejores amigos en la vida y el terreno.

Según propia confesión en el citado libro de Leonardo Padura, p. 78: “Mi vida como pelotero empieza en el año 1956. Antes había jugado dos o tres años con la Conserva La Caridad, de Jaruco, pero ese año fui cargabates del equipo Unión de Catalina…” Allí, con mucho interés, aprendió a jugar la segunda almohadilla, al extremo de adueñarse de la posición, un año después.

Quiso abarcar el béisbol todo y un buen día se subió al box, donde en corto tiempo se lastimó el brazo. Prefería la tercera, porque se avenía mejor a su destreza. Es un hombre humilde, sencillo, que no ha olvidado los orígenes. Por eso también es un hombre sincero.

¿Quieres que te diga otro secreto?… Tuve la suerte de jugar siempre con excelentes torpederos, que cubrían su posición y la mitad de la mía. Eso me salvó como segunda base.[3]

En la primera Serie Nacional, inaugurada en enero de 1962, Urbano apareció con el traje de Occidentales, a las órdenes de Fermín Guerra, otrora receptor profesional. Y se coronó campeón. A partir de ahí obtendría muchos títulos con los Azules del Industriales.

Amigo de un imprescindible, Manuel (El Cobrero) Alarcón, se constituyó en su verdugo, al extremo de preferirlo sobre el box, contra el 90% de los demás jugadores. Tan bien se llevaban, que Alarcón trató de jugarle una mala pasada con tragos de más y al otro día le conectó de 4-3.

Algunos exigentes lo quisieron jonronero e impulsor de carreras, por aquello de desempeñarse en la antesala. No era ese su fuerte, solo conectó 18 en el país y 2 en el exterior. Eso sí, de las 377 que impulsó intra y extrafronteras, una buena parte resultaron decisivas, porque tenía el don de traer al hombre en posición anotadora.

Se desenvolvió con la fuerza de un miura en el terreno y todo un caballero fuera del mismo. Conserva recuerdos imborrables, como sus batazos al Cobrero, a Modesto Verdura y aquella ocasión, en los Panamericanos de Brasil, donde respondió con un importante doble a petición de José Llanusa, entonces Presidente del Inder, en un partido decisivo. Sin embargo, tiene fijo en su memoria otra ocasión donde se entregó sin límites:

Estaba lesionado de la pierna derecha y en el banco mismo me quitaron el yeso para que bateara contra Alarcón. Mi función era poner la bola en juego, aunque yo fuera out. Pero resulta que di hit por encima de segunda y se me olvidó la pierna y salí corriendo para primera. Bueno, hubo que enyesarme otra vez y antes que terminara el juego tuve que salir al terreno a saludar al público.[4]

Fue integrante de la Selección Nacional por primera ocasión en 1959, en los III Juegos Panamericanos de Chicago, donde pegó 4 hits en 11 turnos, en medio de un evento adverso para el equipo cubano. Asistió al Mundial de 1961 en Costa Rica, donde fue regular, pero no pudo destacarse, al promediar solo .250 (28-7).

Urbano es el pelotero cubano que acumula más veces consecutivas al bate sin poncharse (190). Foto: Archivo

Se coronó en cuatro Campeonatos Mundiales: Costa Rica 1961, Colombia 1970, Cuba 1971 y Nicaragua 1972. También estuvo en los Panamericanos de Sao Paulo 1963, donde nuestro país se tituló, y plata en los de Winnipeg 1967, así como oro de nuevo en Cali, Colombia 1971. Además, nos representó en los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe, en San Juan de Puerto Rico 1966, Panamá 1970 y República Dominicana 1974.

Los directores lo querían, por la entrega al terreno, la disciplina y su versatilidad. Comenzó como camarero, pero cuando apareció el legendario Félix Isasi, continuó en la alineación como antesalista. Es que Urbano está entre los mejores comodines después de 1962. Era eficiente en ambas posiciones, no un extraclase, pero resolvía las situaciones. Además, su papel a la ofensiva fue determinante.

Urbano González Basanta constituye un ícono, no solo del béisbol capitalino; de la patria toda. Su número 19 debía retirarse de los Azules.
Veamos algunos de sus números:




[1] Leonardo Padura Fuentes: El alma en el terreno. Estrellas del Béisbol. Ediciones Extramuros, La Habana, 2014, pp. 76-77.

[2] Tomado de EcuRed: Enciclopedia Cubana. Ficha de Urbano González.

[3] Leonardo Padura: Ob. Cit., p. 78.

[4] Leonardo Padura: Ob. Cit., p. 79.

martes, 4 de julio de 2017

Récords imposibles de ser borrados (final)

Granma aborda las marcas establecidas en el área del pitcheo acontecidas en el béisbol cubano


4 de julio de 2017 21:07:42



El derecho pinero Carlos Yanez se mantuvo 28 años en el montículo. Foto: Ricardo López Hevia

Si recientemente pudimos comprobar lo difícil que resulta borrar muchos de los récords en el béisbol cubano correspondientes al área de bateo, ahora hablaremos de las marcas reinantes en el pitcheo, que a mi modo de ver son mucho más complicadas a la hora de dejarlas atrás.

Ante todo el béisbol moderno, el que se juega en nuestros días, es más ofensivo, debido al empleo de una pelota de mayor bote, terrenos menos espaciosos, bateadores de gran talla y peso protegidos por cascos, tobilleras y guantillas.

A principios del siglo XX era común ver a un lanzador mantenerse las nueve entradas en el montículo. Así, Cy Young, un miembro del Salón de la Fama, trabajó más de 400 innings cinco veces en su carrera y más de 300 entradas en otras 11 campañas, lanzando más de 50 juegos en una temporada. Algo impensable en nuestros tiempos, con relevistas, acomodadores y cerradores que limitan la actuación de un abridor a seis o siete capítulos como máximo.

A esto hay que sumarle la limitación de lanzamientos existente desde tiempo atrás en la pelota cubana, con 100 o 120 envíos por salida, en aras de cuidar el brazo de los serpentineros. Todo esto conspira contra el establecimiento de marcas y hace que las vigentes perduren.

AQUINO ABREU, EMILIO SALGADO

Ha transcurrido más de medio siglo desde aquel 16 de junio de 1966 cuando el derecho de Loma Grande en San Fernando de Camarones, Aquino Abreu, dejó sin jits ni carreras a Occidentales y nueve días después hizo lo mismo ante 
Industriales. Solo otro lanzador, Johnny Vander Meer, de los Rojos de Cincinatti, tiene en su haber semejante hazaña, en 1938. Lo sobresaliente, según declaró el propio Aquino, es el haber tirado ambos partidos con dolores en el brazo.

¡Increíble!

Un tirador de gran velocidad, el estadounidense Nolan Ryan, consiguió siete cero jits, cero carreras en su vida deportiva… pero ninguno de forma consecutiva. Puede Aquino Abreu dormir tranquilo, nadie lo va a igualar.

De la misma forma, un pitcher ya fallecido, el pinareño Emilio Salgado, trabajó en 230,1 entradas en una época muy lejana, 1969, en la octava Serie Nacional de 99 juegos. Eran otros tiempos, de tal manera que en las últimas cuatro temporadas nadie ha pasado de los 156 capítulos y estoy seguro que la plusmarca de Salgado llegará al medio siglo de vida. Salgado comparte también con el santiaguero Roberto Valdés otro récord imborrable, el de 20 juegos completos. Ni soñar con igualarlo, en las últimas cuatro temporadas nadie ha pasado de los seis.

OTROS HITOS

Meritoria fue la faena del reglano Manuel Hurtado allá por el año 1970 frente a un conjunto matancero, al retirar a diez bateadores consecutivos por la vía de los strikes. El rival número 11 elevó al cuadro y, acto seguido, el capitalino estrucó a otros dos bateadores. Doce ponches en 13 oportunidades, otra de las marcas a punto de cumplir 50 años de vida.

Pero si de ponches se trata existen otros dos registros casi imborrables. Los 263 estrucados propinados por el espirituano Maels Rodríguez en la Serie 40 con 178,1 entradas lanzadas, a 1,48 por inning, quien también tiene en su haber el único juego perfecto en Series Nacionales, el 22 de diciembre de 1999 ante Las Tunas. También se cuentan los 22 outs por la vía de los strikes propinados por el vueltabajero Faustino Corrales, el 20 de diciembre del 2000 a los holguineros. Solo cinco outs les dejó el zurdo de Mantua a sus compañeros, en una fría noche en el Capitán San Luis donde, al decir de los rivales «tenía la curva endemoniada».

¿Se imagina usted a un lanzador promediando 0,37 en 72,1 entradas? Eso consiguió Ihosvany Gallegos en la XI Serie (1972) al permitir solo tres carreras limpias vistiendo la franela de Industriales, algo inigualable en esta era de ofensiva desenfrenada y bola viva. 
En el capítulo de victorias hay mucha tela por donde cortar. En la xxxvII Serie un lanzador del equipo Habana nacido en La Maya, José Ibar, estableció una marca al ganar 20 juegos, dejando atrás los 19 conseguidos por Braudilio Vinent en 1973. Al año siguiente Ibar obtuvo 18 triunfos más para implantar otro récord, 38 victorias en dos campañas consecutivas. Y no olvidemos las 257 victorias de Pedro Luis Lazo, inalcanzables por un buen tiempo pues el lanzador activo más ganador es Jonder Martínez, con 159 después de 20 Series y con 38 años.

También defendiendo los colores del desaparecido Habana, un zurdo oriundo de Alquízar dejó boquiabierta a toda la afición al ganar juego tras juego hasta sumar 15 sin la sombra de un revés en la 47 Serie Nacional. Yulieski González puede estar tranquilo pues no se vislumbra el tirador capaz de echar abajo su impresionante marca, ayudado por la ofensiva de sus compañeros.



Pedro Luis Lazo: sus 257 victorias constituyen un hito en el béisbol cubano. Foto: Ricardo López Hevia

No podía faltar un astro como José Antonio Huelga. En sus 871 y un tercio de inning lanzados el Héroe de Cartagena promedió 1,50 de PCL y solo permitió nueve jonrones, un envidiable promedio de 0,09 por encuentro, algo sencillamente de otra galaxia. Y en estos tiempos donde el descontrol de nuestros lanzadores provoca más de un comentario, sirva de buen ejemplo el camagüeyano Luis Campillo, pues en sus 16 años de carrera Campillo solo regaló 260 transferencias en 1 707 entradas de labor, a un promedio de 1,37 bases por cada partido. No era una buena táctica salir a esperarle lanzamientos al derecho agramontino.

BRAZOS DE HIERRO

No impresionaba por su físico —1,73 de estatura y 70 kilogramos de peso—, ni poseía una recta supersónica ni una curva de 12 a seis (como las manecillas de un reloj) pero suplía esas carencias con un amor por el béisbol y por la camiseta de su equipo, los Piratas de la Isla de la Juventud.

Carlos Alberto Yanez es el hombre de hierro de la pelota cubana. Solo con decir que jugó en 28 temporadas consecutivas basta y sobra. Yanez finalizó su carrera a los 45 años con unos cuantos lideratos de por vida, a saber: juegos lanzados (714), iniciados (504), entradas (3,836.1), además de ser segundo en victorias con 235. Todas esas son marcas virtualmente imborrables; necesitan de mucha fuerza de voluntad pues mantenerse lanzando durante cuatro décadas (Yanez debutó en 1983 y dijo adiós en el 2011) resulta algo verdaderamente extraordinario.

Yanez no ha sido el único con lideratos históricos impresionantes. Uno de los mejores serpentineros cubanos de todos los tiempos, Braudilio Vinent, el Meteoro de La Maya, completó 265 juegos en su carrera de 20 años y, de ellos, 63 fueron por la vía de las lechadas. Puede estar seguro el estelar derecho santiaguero de que ambos logros perdurarán en el tiempo.

Como verán, si difícil es el superar una marca de bateo, mucho más complicado resulta echar abajo un récord en el área de pitcheo. El béisbol ha cambiado mucho en los últimos 50 años.

viernes, 30 de junio de 2017

Récords imposibles de ser borrados

En el béisbol prácticamente todo se puede medir, por algo es el deporte con mayor cantidad de marcas entre todos los existentes


29 de junio de 2017 21:06:10


Osmani Urrutia, seis títulos de bateo en siete temporadas. Foto: Ricardo López Hevia

Hablar de récords en cualquier béisbol del mundo resulta siempre apasionante porque, entre otros factores, este es el deporte de mayor cantidad de marcas entre los existentes. Prácticamente todo se puede medir, desde cómo se juega en césped o en terreno sintético, de día o de noche, hasta cómo batea mejor un jugador, con tres bolas sin strike o con dos strikes sin bolas.

Más controvertido resulta cuando de la pelota cubana se trata. Muchos han sido los cambios de estructura: desde los originales cuatro equipos y 27 juegos de la primera Serie, pasando por las dos superseries de 99 partidos en 1968 y 1969, los 15 años con el formato de 90 partidos, 16 conjuntos, dos zonas y cuatro grupos; el de 97 desafíos de la 51 Serie (único con número impar de participantes) hasta el día de hoy, con equipos reforzados desde la mitad de la temporada. Casi en 20 ocasiones nuestro béisbol ha variado su rostro.

A esto hay que sumarle una muy importante introducción. Desde 1977 se cambió el tradicional bate de madera por el de aluminio, una decisión de la Federación Internacional de Béisbol acatada por todo el mundo amateur. Según la mayoría de los especialistas de este deporte, el metálico instrumento aumentaba la ofensiva en un 25 % aproximadamente, dándoles a los bateadores una extraordinaria ventaja sobre los lanzadores. Desapareció en 1999, pero dejó su impronta en la mayoría de los récords vigentes.

Cuando se comenta sobre cuál de todos es el récord más impresionante, las opiniones son tantas como participantes en la discusión. A mí particularmente me llama la atención el establecido por el tunero Osmani Urrutia: cinco campeonatos de bateo consecutivos, cuatro de ellos promediando sobre los 400. Hubieran sido seis en línea, sin embargo, en el 2006 a pesar de promediar 425 el pinero Michel Enríquez lo superó con un 447 de leyenda. Un año más tarde Urrutia volvió a ganar el campeonato de bateo. Seis de siete del 2001 al 2007. Muy difícil repetir esta hazaña.

El hecho de haber decaído la forma de jugar al béisbol en función de la ofensiva es la principal responsable de que la marca de 55 bases robadas de Enrique Díaz, establecida en 1993, parezca algo irreal, pues hoy no se vislumbra alguien capaz ni siquiera de conseguir 40 estafas. Permanecerá imborrable por mucho tiempo. 

CUATRO CUADRANGULARES EN UN JUEGO

Desde 1894, cuando un jugador llamado Bobby Lowe sacó cuatro pelotas más allá de los límites, otros 17 hombres lo han conseguido en las Grandes Ligas. En Cuba son tres: Leonel Moa, Alberto Díaz y Omar Linares en ese orden. Pueden descansar tranquilos, porque en ninguna liga alguien ha pegado cinco bambinazos.

Y si de jonrones se trata, los dos cuadrangulares con las bases llenas en una misma entrada del santiaguero Alexei Bell, el 3 de noviembre del 2009, se me antojan imposibles de romper. La entrada tendría que durar casi una eternidad para ver a la alineación dar la vuelta tres veces. El dominicano Fernando Tatis es el único en

Grandes Ligas con ese mérito. Y, aunque usted no lo crea, un bateador llamado Gene Rye conectó tres en una entrada -no con bases llenas-, en 1930 jugando para los Cachorros de Waco, de la Liga de Texas. 

EL MÁS AÑEJO 

Cuando en 1969 una temporada cubana de 99 partidos llegó a su fin dejaba, entre otras hazañas, una al parecer susceptible de ser mejorada. Pero el tiempo pasó y ya está al cumplir medio siglo la marca de 13 triples implantada por el matancero Wilfredo Sánchez. Tres bateadores han llegado a la docena. ¿Quizá sea el maleficio atribuido al número 13?

La marca de jits conectados en una campaña fue ascendiendo año por año desde 1962 hasta el estirón que le dio el propio Wilfredo en 1969, con 140 imparables. Tuvieron que transcurrir 30 años para ver a Michel Enríquez conectar 152 jits en la 38 Serie Nacional. Sin darnos cuenta, ya está al cumplir dos décadas. Contamos con bateadores de tacto como Yoelkis Céspedes, Roel Santos, Víctor Víctor…, pero hasta el momento ninguno se decide a caerle atrás a la cifra del llamado Súper 12 de la Isla de la Juventud.

Desde los modestos tres jonrones conectados por Rolando «Gallego» Valdés en la primera Serie, pasando por los 22 de Armando Capiró en 1973, los 28 de Pedro José Rodríguez cinco años más tarde y los 30 de Orestes Kindelán en la XII Selectiva (1986), el último estirón se lo dio el granmense Alfredo Despaigne cuando despachó 36 pelotas más allá de los límites en el 2012.

No es fuerza lo que les sobra a los bateadores cubanos del presente y, por consiguiente, no se vislumbra a un nuevo recordista en cuadrangulares para nuestro béisbol. Únicamente el propio Despaigne estaría en condiciones de hacerlo, pero su compromiso con la Liga Profesional Japonesa -con un calendario de larga duración, más de 140 partidos-, le impedirá intentar romper su propio logro.

Como tampoco veo por el momento el candidato a dejar atrás la cifra de carreras impulsadas, un casillero que experimentó un alza importante en una de las dos Series de 99 partidos, la de 1998, cuando el camagüeyano Miguel Cuevas la elevó hasta las 86. En el 2008, en medio de una temporada fabulosa donde pegó 31 bambinazos, Alexei Bell remolcó 111 carreras hacia el plato. En la pasada campaña el líder fue Yordanis Samón con 76, nadie llegó siquiera a las 80.

Anotar carreras es uno de los aspectos más importantes del juego. Imposible ganar si no se pisa el home en más ocasiones que el contrario. Enrique Díaz llevó la voz cantante en una Serie Nacional que ya nos parece lejana en el tiempo, la número 42 en el 2003, al cristalizar exactamente 100 carreras, un guarismo al cual nadie se acerca en los últimos años. Solo 73 marcó Stayler Hernández en la 55 Serie y 65 Samón en la pasada campaña. 

UNA MARCA OLVIDADA

No se menciona con frecuencia y, digámoslo sin rodeos, al parecer ha caído en el olvido. Para mí es una de las más notables acciones, por la cuota de entrega y sacrificio que conllevó: los 1 112 partidos consecutivos jugados por el camarero pinero Alexander Ramos constituyen una de las conquistas más difíciles de igualar y mucho menos de romper. Por una razón muy sencilla: no abundan en ningún lugar peloteros con ese espíritu de sacrificio, dispuestos a salir al terreno día a día sin tener en cuenta molestias o problemas personales.

Junto a esa cadena hay otra muy notable, los 37 juegos consecutivos bateando de jit del palmero Rey Isaac en la Serie 1994-1995, dejando atrás los 31 del capitalino Lázaro Vargas y elevando esa marca en especial a un nivel más alto, tanto que ya cumplió 20 años y continúa vigente.

Hasta aquí los considerados «imborrables». Y fíjense si el béisbol es rico en récords que no he podido ni siquiera mencionar alguno de pitcheo. Será para otra ocasión.

lunes, 22 de mayo de 2017

Carmona: "Yo no puedo resolver gasolina y otras cosas...eso pasa solo con Víctor"



Las últimas semanas habían sido para Carmona un eterno calvario, que aceptaba, pero que no comprendía, a la espera de un puesto como manager que no llegó Foto: Jhonah Díaz

Por Jhonah Díaz González.

La Habana, 4:20 pm, sábado 20 de mayo. Sentado en la sala de su casa, Guillermo Carmona manosea un largo tabaco con los dedos de su mano derecha y recuerda que hace 72 horas debió estar vestido de frac en una de las oficinas de la Dirección Provincial de Deportes. Su barrio, en las cercanías del Hospital Ortopédico Frank País, tenía preparada una fiesta para celebrar la noticia que traería consigo, como si se tratase de la actividad del Comité de Defensa de la Revolución que organizan sagradamente cada mes de septiembre. Y su hermano, rebozado de orgullo, esperaba su regreso con dos botellas de ron Havana Club.

Las últimas semanas habían sido para Carmona un eterno calvario, que aceptaba, pero que no comprendía, al punto de que cuando las autoridades le informaron que Víctor Mesa había sido el seleccionado como nuevo mánager de Industriales sintió que una corbata le apretaba la garganta y lo ahogaba. «¡Creí que estaban jugando conmigo! Estuve a punto a decirles: ¿Ustedes están hablando en serio o esto es un bonche? Luego de eso, me levanté y les dije que todo estaba bien si al final creían que él era el más idóneo, perfecto, y me fui tranquilo», relata, ahora molesto.

¿Y por qué esa molestia, si alegan que usted era tan solo una de las tantas propuestas que existieron?

«Ahí es donde está el problema. Si era únicamente una propuesta, entonces por qué en la inauguración y en la clausura de la Serie Provincial estuve junto a Javier Méndez, como el mánager que entra y el que sale. Ayer Javier estuvo por aquí, en este mismo espacio, y lo hablamos, que incluso a él lo presentaron como una Gloria Deportiva y no como director de Industriales. Esa fue una evidencia de que ya yo era el mánager de Industriales.

Por tal motivo, me sentí muy indignado cuando leí en el periódico Granma las declaraciones de José Martínez Cedeño, director provincial de Deportes en La Habana refiriendo que «no se había hecho ningún compromiso con Carmona». No, no, no. Menos sobre la base de un viaje.

El mentado viaje sale por una conversación que tuve con William, un amigo mío al que le comenté sobre la posibilidad de un contrato en Italia, pero eso yo nunca se lo dije a ellos. No es cierto — como dice Martínez Cedeño — que ellos no habían hecho ningún compromiso conmigo.

¿Pero quiénes exactamente le habían dado el visto bueno para regresar a dirigir?

«Todos. El comisionado Provincial de Béisbol, Arley Zamora; el propio Cedeño; Ángel, el director de actividades deportivas. Ahora quieren hacer ver que ellos fueron los que tomaron la decisión; eso es mentira. No decidieron nada y tengo que hablarlo así. Y estoy disgustado, pero tengo que hablar porque hay que decir la verdad. Ellos no decidieron nada, porque siempre me dijeron que el elegido era yo. El comisionado me lo dijo a mí de esa manera, que si no era Javier era yo. Entrevístenlo a él, que es una gente de honor. Que te diga si es verdad lo que estoy diciendo o no. Y entrevisten a todo el mundo en la provincia.

» Además… ¿Por qué fui yo quien chequeó la provincial?. Dale para acá, dale para allá, Santa María del Rosario, Regla, Guanabacoa… Si era tan solo una propuesta, como se dice ahí… ¿Por qué el trabajo no lo hicimos todos?

No fue así. Quien estaba encargado del total de las labores era Guillermo Carmona. Inclusive, me dijeron que preparara el cuerpo de dirección y a Javier Dreke, quien era mi preparador físico, lo llamaron y le dijeron oficialmente que desempeñaría esta labor en los Industriales

¿Cree que jugaron con su persona, que fue una especie de carnada mediática para atraer al público?

«Sí, creo que sí. Y eso no se hace. Cuando salió la entrevista de Héctor Villar, ahí la cosa empezó a cambiar, y cuando Pavel Otero mencionó en la televisión el nombre de la otra propuesta, definitivamente comenzó el cambalache, el truco. Entonces de qué estamos hablando. Lo correcto era decirme que esta situación se podía dar porque a ellos se les iba de las manos, pero a mí me estuvieron mintiendo hasta el último día. Decían que iban a hacer una cosa para hacer otra al final. Todo el mundo, incluidos los jugadores, manejaban mi nombre. Es feo lo que se hizo. Y siempre lo dije con transparencia, lo importante es que acaben de decidir, porque estamos en la incertidumbre. Ahora estoy relajado porque decidieron; pero muy disgustado por lo que dijeron, no por la elección. Víctor es el más idóneo».

¿Víctor es el más idóneo?

«Hasta yo creo que Víctor es quien debe dirigir ese equipo. Yo, Carmona, digo que el más idóneo para dirigir Industriales es Mesa, por las condiciones que tiene él y las existentes aquí en La Habana, pero no así como se hicieron las cosas. Ningún entrenador de Cuba ha terminado de dirigir un grupo y ha dicho que va a dirigir otro y pasa a hacerlo en el mismo año. No. ¿Quién hace eso? Víctor. ¿Quién puede eso? Víctor.

»Por ejemplo, hace muy poco tiempo, Yordanis Samón vino con la idea de jugar por la capital y le dijeron rotundamente que no, pues no querían “extranjeros”. Y ahora en la preselección de Industriales aparece Samón, y hoy en la transmisión del juego entre Matanzas y Villa Clara del Sub-23 dijeron que él y Alexander Rodríguez pidieron la baja del equipo yumurino después de que se dio a conocer que Víctor era el mánager de Industriales, y eso pasa con Víctor nada más.

»Ese poder solo lo tiene él, por eso lo admiro, pues su poder viene de su historia, de las amistades que tiene, que lo ayudan. Él va a resolver los problemas que no puedo resolver yo, un poco de gasolina y otras cosas. Yo no puedo resolverle gasolina a nadie. Lo único que puedo resolver está en el terreno de pelota: batear, fildear, traspasar la experiencia que tengo.

Entonces es Víctor quien debe dirigir Industriales porque puede resolverles las dificultades y es el que puede quedar campeón, porque le va a conseguir a esos muchachos todo lo que necesitan; eso que no le dieron a Javier, a Anglada, que no le han dado a nadie».

¿Algún sentimiento encontrado hacia Víctor?

«No, por el contrario, yo lo que lo admiro. Lo admiro por su dedicación al deporte, siempre fue un gran jugador, por el don que tiene, uno que no tiene nadie en este país, por ejemplo, decir que quiere dirigir un equipo y lo dirige. Eso no lo podemos hacer ninguno de nosotros. Estoy diciendo que lo que siento por Víctor es regocijo, afecto. ¡Víctor no tiene culpa de nada! La culpa es de las otras personas y contra ellas tampoco tengo nada. Yo no estoy en contra de nadie, excepto de la mentira, de que no digan la verdad.

»Mira, según tengo entendido ya se están resolviendo un saco de problemas, unos porque ya hay director y otros porque sabemos que tiene buenas influencias. Ahora, si Víctor decide tener una enemistad conmigo, es un problema de él, incluso, si lo veo por la calle, lo saludo. Le deseo que gane el campeonato y que resuelva todos los problemas. Como dije, el más idóneo para resolver los problemas es Víctor Mesa».

¿Ha hablado con Víctor en estos últimos días? ¿Lo ha felicitado?

«No, es que simplemente me desaparecí. La gente se desaparece y de todas maneras siguen vivos, entonces desaparezco también. No he ido más a la Ciudad Deportiva ni a ningún otro lugar de esos, solo a la provincia porque me llamaron para darme el tiro de gracia. Lo que hago es estar en el barrio, dar vueltas por aquí y sentir a las personas cuando me dicen: “Oye, acabaron”».

Y después de la decisión, ha tenido algún contacto con el comisionado Zamora, quien, según me dice, fue de los que lo acercó al banquillo nuevamente.

«Déjame decirte algo, el comisionado es una víctima de todo esto. Es un hombre sincero y de honor, como dije antes. Y no he podido hablarle porque está enfrascado ahora mismo en el torneo Sub-23, pero en la reunión se veía que quería decirme algunas cosas, e incluso me hizo una propuesta de trabajo dentro de la Comisión o algo así, que no entendí. Yo, en ese instante, no creía lo que estaba pasando, así que no lograba entender nada a mí alrededor, estaba ofuscado. Hasta ahora es y no me he despertado de aquel laberinto donde estábamos.

»Es como ver que de pronto comienza un terremoto y la casa se te está cayendo encima. Esto no lo entiende nadie, ni siquiera ellos mismos entienden lo que pasó. Que no me dieron la propuesta, que no me prometieron nada… eso no lo voy a entender nunca. Si alguien quiere dibujar el tema por beneficio propio, que lo haga, pero yo no. Y sigo sin entenderlo. Fíjate, que un día me dijeron: “Carmona, hasta hace quince días aquí no se podía mencionar el nombre de Víctor, y de hace quince días para acá ha cogido tremenda fuerza”».

¿Cómo quedas ahora sin contrato en Italia y sin Industriales en La Habana?

«No sé lo que voy a hacer. Estoy un poco desorientado. Mi idea era dirigir, ahora no sé. Debo buscar la forma de trabajar, porque lo que yo siempre he hecho es trabajar. Para ser revolucionario no hay que decirlo todos los días, porque si vamos a aplicar el concepto de Revolución, hay que cambiar todo lo que deba ser cambiado y hay que luchar contra fuerzas externas e internas, así lo dijo nuestro eterno Comandante».

Carmona, el mundo no para de girar, qué pasaría si dentro de un tiempo llega una nueva propuesta para dirigir Industriales.

«No pocos amigos me han dicho mira a ver lo que tú dices, para que después no te caigan ladrillos de tu tejado. Habría que ver quién dirige, quién lo propone y cómo están las cosas. Seguramente, si es con esta dirección yo le voy a decir que no porque me engañaron. Pero lo de personas como este servidor es jugar pelota y dirigirla, y vivir en este país».

¿Se imagina un Industriales campeón en la próxima Serie Nacional?

«Creo que desde ya Industriales viene siendo uno de los favoritos para ganar, porque sin refuerzos salía un buen equipo este año. Ahora tiene a varios de afuera y eso es una ayuda. Yo soy de los que piensa que la selección debe estar formada por peloteros de La Habana, incluido Víctor Víctor, quien también es de La Habana.

»Pienso que es la novena con mejor línea central del país y esa es otra gran ventaja, además, tiene jugadores de experiencia que no están acabados, que solo necesitan una buena preparación. Sin embargo, ganar el campeonato es otra cosa, influyen los plays off, los otros refuerzos, entre muchos detalles. Eso que él [Víctor] está prometiendo lo puede cumplir fácilmente y yo lo hubiera cumplido también si me dan a mí esas condiciones. Yo también lleno el estadio y clasifico».

lunes, 2 de mayo de 2016

Confirman cambios en estructura de la Serie Nacional del béisbol cubano


En declaraciones al canal Tele Rebelde, el Director Nacional de Béisbol, Heriberto Súarez, confirmó este sábado el inicio a principios de agosto de la 56 Serie Nacional, que tendrá ligeros cambios en el número de equipos para la segunda fase y en el sistema de clasificación para la misma.

Suárez anunció que la primera etapa tendrá fecha tentativa de inicio el 7 de agosto, justo en medio de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, que se efectuarán entre los días 5 y 21. Además, aseguró que cada territorio seguirá contando con un equipo, por lo que se mantendrán los 16 elencos en la primera parte de la temporada.

Sin embargo, tras los 45 juegos iniciales aparecería el primer cambio sustancial, pues solo seis conjuntos continuarían en la carrera por el título, dos menos que en las últimas campañas. Así, los cuatro mejor ubicados avanzarán automáticamente a la segunda etapa, mientras que los ocupantes de los puestos del cinco al ocho lucharían por los dos boletos restantes.

De acuerdo con Suárez, se aplicaría el sistema “Comodín”, que por años ha existido en las Grandes Ligas estadounidenses. Solo que en la Liga Cubana se enfrentarían quinto contra octavo y el sexto ante el séptimo, en play off de tres juegos a ganar dos.

A partir de ahí, con los seis mejores equipos reforzados por cinco jugadores de los otros 10 ya eliminados, se definiría el título de la 56 Serie Nacional. La temporada concluiría a finales de enero, justo a tiempo para que el recién coronado represente a Cuba en la Serie del Caribe.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Asistirá presidente Obama a juego de béisbol en Cuba

ACN 02 Marzo 2016 07:32 | Jorge Legañoa Alonso


La Habana, 2 mar (ACN) El presidente estadounidense Barack Obama asistirá a un juego de exhibición entre una selección cubana de béisbol y el equipo de las Grandes Ligas Tampa Bay Rays, el venidero 22 de marzo en el estadio Latinoamericano de La Habana.

El mandatario escribió en su cuenta oficial @POTUS –Presidente de Estados Unidos– en Twitter, donde tiene seis millones y medio de seguidores: “Play Ball” y compartió un enlace a la web de las Grandes Ligas donde se anuncia el juego.

En tanto Ben Rhodes, asesor de Seguridad Nacional de Obama y uno de sus funcionarios más cercanos, confirmó la noticia a través de esa red social:

“@POTUS asistirá a un juego de exhibición entre @MLB de @RaysBaseball y el equipo cubano de béisbol en Cuba”.

Destacó el asesor de la Casa Blanca que “estamos muy contentos de fortalecer los lazos entre nuestros países a través del amor y la pasión por el béisbol".

“Trazando nueva política hacia Cuba”, señaló Rhodes al referirse al juego de pelota.

Barack Obama asistirá al partido como parte de la visita oficial que realizará a Cuba los días 21 y 22 de este mes –la primera en más de ocho décadas de un presidente de EE.UU en funciones– y luego del restablecimiento de relaciones diplomáticas el 20 de julio de 2015 y la reapertura de las respectivas embajadas en La Habana y Washington.



Estadio Latinoamericano de la Habana. Foto internet

En el camino hacia la normalización de vínculos, Cuba y EE.UU. tienen pendientes asuntos claves como el bloqueo económico, comercial y financiero contra la Isla y la devolución del territorio ocupado por la ilegal base naval norteamericana en Guantánamo.

Esta visita del Tampa Bay Rays será la segunda de un equipo de Grandes Ligas a la mayor de las Antillas desde 1999, cuando los Orioles de Baltimore enfrentaron en el mismo estadio Latinoamericano al equipo nacional en un partido de exhibición.

La Federación Cubana de Béisbol informó ayer que el próximo día 22 de marzo una selección de Cuba y el equipo de las Grandes Ligas estadounidenses Tampa Bay Rays jugarán un partido amistoso en el Coloso del Cerro en La Habana.

Fruto de un serio proceso de conversaciones entre ambas entidades, el partido es muestra del interés por incrementar relaciones mutuamente provechosas y consolidar al deporte como puente del intercambio entre los pueblos en el actual contexto de los vínculos entre las dos naciones.

Carlos Lois, jefe técnico de la Comisión Nacional de Béisbol, precisó en declaraciones a la ACN este lunes que de cara al desafío con la escuadra estadounidense serán convocados entre 24 y 28 jugadores con buen desempeño en la Serie Nacional, quienes comenzarán la preparación el próximo nueve de marzo en doble sesión diaria para lograr una dinámica de grupo.

martes, 1 de marzo de 2016

Pasión y prejuicio o el drama del béisbol cubano

El último huracán del Caribe.



La edición 58 de la Serie del Caribe, celebrada en República Dominicana, ha dejado una tormenta en la mayor de las Antillas, un huracán de opiniones en torno al deporte nacional, expandido en un epílogo después de finalizado el torneo. Y si discutir de pelota siempre fue aquí una marca de identidad, ahora –en realidad desde hace mucho tiempo– esas polémicas rebasan el ámbito deportivo.

Pocos han quedado sin opinar sobre la derrota del equipo cubano, representado por Ciego de Ávila, sobre la actuación de los peloteros, las estrategias y decisiones del director, y de todos los avatares alrededor de la serie, incluyendo el último suceso: la fuga de los hermanos Gurriel.

Cabría preguntarse si hay algo diferente en la repercusión de esta nueva derrota de un conjunto cubano en lides beisboleras internacionales. La respuesta depende de hacia donde se mire, de quiénes emiten los criterios. En el sector de la prensa especializada el tono se elevó como nunca antes, pero entre los aficionados más conocedores era una jugada cantada, nada de qué alarmarse.

Como es conocido, la Serie del Caribe tuvo su arranque en el estadio del Cerro en 1949, y el club Almendares, de Cuba, obtuvo la primera corona, en disputa con Cervecería Caracas (Venezuela), Indios de Mayagüez (Puerto Rico), y Spur Cola (Panamá). Durante once años, los ganadores de la liga cubana (Cienfuegos, Marianao, Habana, o Almendares) dejaron muy escaso margen de triunfo al resto de los clubes vencedores en sus ligas porque, en ese tiempo, la jerarquía del béisbol cubano fue indiscutible en Centroamérica y El Caribe.

Tal era la pujanza de nuestro béisbol que cuando los Cubans Sugar Kings ganaron la Pequeña Serie Mundial de las Ligas Menores, en octubre de 1959, estaban “a un paso” (según la consigna) de ingresar a las Mayores.

Pero la liga profesional cubana solo sobrevivió un año: en 1961 comenzaron las series nacionales con peloteros amateurs y un gran reto que enfrentar. Como la calidad del béisbol amateur local también era elevada, la transición no fue traumática, la pelota llegó a todas las provincias, y se propició un mayor desarrollo.

En competencias fuera de casa, las selecciones cubanas fueron asentando su dominio, sobre todo a partir de los setenta, y pocos títulos se les escaparon. Solo los conjuntos de Estados Unidos (integrados por peloteros universitarios) les hacían verdadera oposición.

Dos cosas cambiarían ese panorama: la crisis de los noventa y la llegada de los peloteros profesionales a los torneos internacionales: Juegos Olímpicos, campeonatos mundiales, y otros.

La crisis de la economía cubana de los noventa no podía dejar incólume al deporte, desde la base hasta el alto rendimiento. Las carencias materiales comenzaron a abrir una brecha en el mismo. En el béisbol en particular se produjo un hecho lamentable, errático: el retiro masivo de peloteros que aún estaban en plenitud de facultades. Esa fue una herida profunda, que tuvo secuela, y se ha olvidado.

Otra consecuencia de ese panorama de carencias fue el comienzo de una diáspora que no cesa. La constante pérdida de talentos, de los mejores talentos, ha dejado prácticamente desvalidas a las últimas selecciones cubanas.

La diáspora en el deporte no es muy diferente a la de otras disciplinas (del arte, de la literatura, de la ciencia, de la tecnología): tiene una causa fundamentalmente económica (aunque no sea la única). Solo que aquí, desde su inicio temprano, el tema se politizó en extremo, y aunque a estas alturas el proceder ha cambiado bastante, en los predios deportivos no ha sido totalmente desterrado, porque no se modifica, de la noche a la mañana, una práctica de varias décadas que justamente, en ese ámbito, se instrumentó y arraigó con gran fuerza.

La ideologización del deporte no es solo visible en el tratamiento a los atletas de la diáspora, porque forma parte de un discurso que incluye acciones (los abanderamientos, las proclamas) y consignas. Toda esa práctica se revierte en estrés y presión extradeportiva. No entendemos el asombro de los comentaristas al observar ¬–y expresar– la presión con que juegan nuestros peloteros si ellos mismos han contribuido a fomentarla. Los atletas cubanos sienten sobre sí demasiado peso encima. Esa carga adicional, en lugar de inyectarles energía, merma su rendimiento.

La dirección del béisbol en la Isla sabe que tendrá que seguir lidiando con la fuga de atletas, porque, aunque con marcas locales, forma parte de una práctica global: los deportistas de mayor talento son absorbidos por las ligas más poderosas, las de mayor capital. Solo que aquí debieran revertir el enfoque: en lugar de verlo como pérdida, asimilarlo como ganancia de capital simbólico para el deporte nacional, pero también como emisores de capital financiero que igualmente son (o pueden ser). Y en un futuro –cercano o lejano, no se sabe bien, pero ocurrirá– muchos de esos peloteros integrarán la selección nacional.

Lo que está en manos de las instituciones deportivas es potenciar el desarrollo del deporte desde la base, algo que se ha descuidado bastante en el béisbol; aprovechar la sabiduría de muchos exjugadores y técnicos que se han ido olvidando; y repensar la estructura de la serie nacional, porque no hay peloteros para 16 equipos, pero tampoco directores, técnicos y árbitros, ni estadios adecuados en todas las provincias.

A estas alturas la representatividad provincial se ha desteñido bastante y conjuntos como el de Matanzas son multiprovinciales, por tanto habrá que volver al pasado, cuando eran menos conjuntos en la lid, pero sin descuidar el desarrollo de los que aún no están aptos para jugar en ese nivel.

El béisbol, en tanto deporte nacional, se merece un mayor espacio en la programación televisiva, donde enfrenta la competencia desleal del fútbol. La venidera temporada de la MLB debiera cobrar un mayor protagonismo siempre que sea posible. Eso también forma parte del aprendizaje, del desarrollo, y del disfrute. No parece lógico que en un país de béisbol, los ídolos de adolescentes y jóvenes provengan del fútbol.

La sociedad cubana está en un proceso de cambios y el deporte es parte de ese proceso, así como la interrogación ciudadana sobre la naturaleza, justicia y velocidad con que tengan lugar esos cambios. Analizarlos y dialogar sobre ellos, sin apasionamiento y prejuicio, sería lo indicado

viernes, 26 de febrero de 2016

Victor Mesa involucrado en un episodio de violencia (Nota Oficial)


El pasado domingo 21 de febrero se originó un lamentable incidente, que implicó al Director del equipo de béisbol de Matanzas.

Cuando el compañero Víctor Mesa salió del Hotel Pinar del Río, para trasladarse en su carro hacia el estadio Capitán San Luis, un joven que se encontraba en las afueras de la instalación le profesó ofensas verbales.

La reacción de Víctor no se hizo esperar y agredió físicamente, con golpes en el rostro, a dos estudiantes que pasaban en ese momento, y nada tenían que ver con lo sucedido. Investigaciones realizadas, confirman que venían de un repaso para las pruebas de ingreso a la Universidad.

Familiares de uno de los agredidos se personaron en la Unidad de la Policía Nacional Revolucionaria y realizaron la denuncia. Oficiales del Ministerio del Interior, iniciaron de inmediato el proceso de esclarecimiento de los hechos.

Quedó mostrado, mediante testigos presenciales, que el compañero Víctor Mesa agredió al joven de 18 años. Junto al director se encontraba un integrante del equipo. En ningún momento su hijo Víctor Víctor fue agredido.

De acuerdo con la legislación vigente la Policía Nacional Revolucionaria le aplicó una medida administrativa.

Este lamentable incidente es repudiado por el pueblo pinareño, y constituye un hecho aislado, en una afición que se caracteriza por su disciplina y respeto al contrario.

Justo reconocimiento a los combatientes del Ministerio del Interior, que garantizaron el orden para el buen desarrollo de la subserie entre los equipos de Pinar del Río y Matanzas. Cualquier otro criterio, no se corresponde con la verdad.

Nota oficial emitida por la Dirección Provincial de Deportes en Pinar del Río, Tomada de Radio Guamá 


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martes, 15 de diciembre de 2015

La MLB aterriza en Cuba con Puig, Abreu, Ramírez y Peña



Tony Castro y Yasiel Puig / Foto: Roberto Ruiz

Por:  Abraham Jiménez Enoa

La Major League Baseball (MLB) y su Asociación de Jugadores acaban de aterrizar en La Habana, dos días de cumplirse el primer año del histórico 17-D. Se cumple así el inicio de la gira de buena voluntad que la entidad norteamericana pretende realizar durante tres días en Cuba con el objetivo de establecer principios de acuerdos concretos e intentar normalizar los lazos con la Isla.

La visita confirma las intenciones de ambas partes para un futuro entendimiento oficial que permita el libre flujo de peloteros cubanos hacia esa liga de béisbol, aunque cualquier negociación esté sujeta, todavía, a la aplicación de alguna licencia específica que pueda otorgar la OFAC (Oficina de Control Activos y Extranjeros del Departamento del Tesoro) pues el bloqueo económico y comercial que mantiene impuesto Estados Unidos a Cuba impide tales términos.


José Dariel Abreu saluda al equipo de OnCuba / Foto: Roberto Ruiz

El grupo que llega a Cuba en representación de la MLB está compuesto por Joe Torre, director de operaciones deportivas de la MLB y Dave Winfield, consultor especial de la MLBPA, además de las estrellas Miguel Cabrera, Nelson Cruz y Clayton Kershaw. Pero la visita se hace aún más trascendental por la presencia en el grupo de los peloteros cubanos emigrados José D. Abreu, Alexei Ramírez, Yasiel Puig y Brayan Peña.


Alexei Ramírez / Foto: Roberto Ruiz

OnCuba pudo conocer de primera mano que el gobierno cubano no les ha impuesto ningún tipo de restricciones a los jugadores cubanos durante esta estancia en su país. Al respecto, Tony Castro, ex vicepresidente de la IBAF (Federación Internacional de Béisbol Amateurs) y, al parecer, uno de los principales artífices de la negociación de la parte cubana, nos declaró que “ellos cumplirán con el programa que tiene previsto y en su tiempo libre podrán ver a sus familias y disfrutar de su patria.”


Bryan Peña / Foto: Roberto Ruiz

A la entrada del Hotel Nacional de Cuba, José D. Abreu, quien salió de Cuba por vía marítima ilegal en 2013, nos expresó: “Todo está bien, esto es una bendición, hay sorpresas parece que ha llegado el momento de entendernos, nos han dicho que no habrá problemas con nada y que este es el momento para limar todo.” Abreu bajó del autobús que los transportó desde el Aeropuerto Internacional José Martí con un enorme estuche lleno de juguetes. “Esto es para el niño”, nos dijo.


Yasiel Puig abraza a su primer entrenador / Foto: Roberto Ruiz

Yasiel Puig abraza a su primer entrenador / Foto: Roberto Ruiz



Yasiel Puig junto a su primer entrenador / Foto: Roberto Ruiz

Por su parte, Alexei Ramírez, que según la ley migratoria cubana ya podía ingresar al país de manera legal, nos señaló que “esto va bien, hemos hablado a la llegada con algunas autoridades y nos han dicho que estemos tranquilos que está es nuestra tierra, que vinimos para cambiar los errores.”

Mientras, Yasiel Puig, que abandonó el país por mar después de varios intentos, aclaró: “Si nos trajeron es para algo, no me creo estar pisando esta Isla de nuevo”. Con Brayan Peña, OnCuba no pudo conversar, pues desde su entrada al hotel estuvo rodeado de toda su familia.


Bryan Peña junto a su familia / Foto: Roberto Ruiz

Después de la conferencia de prensa oficial, el grupo realizará dos clínicas para niños, una en el estadio Latinoamericano y otra en el Victoria de Girón, de Matanzas, durante la jornada de mañana. Además conocimos que la comitiva de la MLB hará donaciones a algunas instalaciones deportivas.
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