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jueves, 12 de octubre de 2017

Cristóbal Colón, el 'genocida cubano'

ristóbal Colón, el 'genocida cubano'

CC BY 2.0 / David Berkowitz / Christopher Columbus Monument - Barcelona, Spain
15:50 12.10.2017(actualizada a las 15:51 12.10.2017)


Un día como hoy, 12 de octubre, pero 525 años atrás, Cristóbal Colón arribó a una isla que no figuraba en ningún mapa conocido por él o sus coterráneos. Ello le valió, gracias a los reyes de España, el título de 'Almirante de la Mar Océana' y, siglos después, gracias a la corrección política, el de 'Opresor de los Pueblos Nativos de América'.

Esta doble notoriedad era un destino previsible en alguien cuya existencia ha estado marcada por la sospecha desde la cuna hasta la tumba.

© AFP 2017/ ANDREW ALVAREZ


Si un grupo notable de historiadores coinciden en destacar el origen genovés de Cristoforo Colombo —a pesar de que no existe ningún texto del Almirante escrito en italiano y que en sus diarios usa el castellano de sus patrocinadores— otros cronistas fijan su nacimiento en Sevilla, Galicia o en las islas Baleares. Hasta en Cataluña lo han hecho nacer los promotores de un Colón español, un asunto para la polémica si se acepta la existencia de un tal 'Joan Colom' postulada por el historiador peruano Luis de Ulloa Cisneros, y si se acepta también que los catalanes son españoles, otro asunto aún más polémico. Incluso se ha dicho que Colón era 'cubano', pues algunos historiadores han rastreado su origen hasta un poblado portugués llamado Cuba, lo que explica, dicen, los 'lusitanismos' presentes en los diarios de Colón. En cualquier caso, don Cristóbal parece ser el único 'homo sapiens' que puede estar en dos o más lugares a la vez —don de la ubicuidad, lo llaman—, pues si su cuna se presta a la controversia también lo hacen sus restos, que están en España y en República Dominicana.

La historia de Colón inicia realmente el 3 de agosto de 1492, cuando se hizo a la mar a bordo de tres carabelas y tras varios meses de navegación descubrió América. Eso, al menos, es lo que refieren brevemente la mayoría de los libros de Historia y parece difícil amontonar tantos errores en una frase nada compleja, pero suele ocurrir.



Para empezar, Colón "no se hizo a la mar". Había zarpado de Palos, un puerto fluvial, por lo que la navegación empezó en un río. Lo hizo además con solo dos carabelas: 'La Niña' y 'La Pinta', pues la 'Santa María' era una nao, embarcación de mayor calado. Por demás, Colón jamás supo que había descubierto América. Siempre creyó haber llegado a las Indias y cuatro viajes posteriores no alcanzaron a sacarlo de su error, incluso a pesar de no haber encontrado las especias que motivaron su náutico peregrinar. Cuando días después, el 28 de octubre de 1492, llegó a Cuba —isla a la que bautizó como Juana en honor a la infanta que ya crecidita apodarían 'la Loca'—, oyó hablar a los nativos de una región llamada 'Cubanacán' y pensó que se referían a 'la Cuba del Gran Khan', un sujeto cuyo nombre se repetía con frecuencia en los viajes de Marco Polo por Mongolia y China. Fueron los navegantes que le sucedieron quienes se dieron cuenta de que estaban en un nuevo mundo al que Américo Vespucio legaría su nombre por haberlo descrito en un par de textos: 'Mundus Novus' y 'Carta a Soderini'.



La historiografía refiere que hacia el 9 de octubre, Colón conjuró el eventual amotinamiento de su tripulación al pedirle tres días de gracia para encontrar "las Indias" o, de lo contrario, retornarían a España ante lo incierto del viaje. Se conjetura de ello que algo sabía el Gran Almirante de la proximidad de tierra firme, porque sería de tontos haber navegado tanto tiempo para regresarse cuando ya se había desandado la mayor parte del viaje. Colón no era nada tonto —de hecho se embolsó 10.000 maravedíes que la Corona había prometido al primero que avistara tierra—, pero no debe olvidarse que la tripulación que acompañaba a Colón estaba conformada, en su mayoría, por gente de baja ralea con la que era muy mala idea estar en desacuerdo, por lo que se presume que debió haber tenido un gran poder de convencimiento para lograr aquella prórroga salvadora; el mismo poder, por cierto, que tuvo que desplegar antes los reyes católicos para persuadirlos de que le financiaran el viaje a las Indias, si bien los comentarios de la época señalan que su intimidad con la reina fue lo que facilitó en realidad las cosas y que Colón no tuvo que usar mucho la lengua para cautivar a la soberana española, al menos no para hablar.

Hoy se conoce que, para su viaje, Colón se ayudó de unos mapas mal cartografiados que le hicieron creer que las Indias estaban más cerca de España de lo que se creía y que se podía llegar a ellas navegando hacia el oeste. Los había publicado en un libro titulado 'Geographia' un tal Claudio Ptolomeo, un individuo de ascendencia greco-egipcia que se había creado fama de sabio hacia el siglo II después de Cristo por decir que la Tierra era el centro del Universo y por haber inventado el horóscopo. No culpemos a Colón. Hoy la gente cree en muchas tonterías que se difunden en las redes sociales y el libro era la red social de aquellos tiempos.



Cada 12 de octubre, durante la conmemoración del 'Día de Colón', una estatua del navegante erigida en Nueva York recibe la visita de manifestantes que lo acusan de genocida. A la fecha, las autoridades de la ciudad debaten la posible retirada de la estatua, la cual está ahí desde los tiempos en que se podía cantar la tonadilla burlona de 'los hermanos Pinzones // eran unos mari… neros // que se fueron con Colón // que era otro mari…nero' sin que te tildaran de homofóbico. A ese paso, al rato bajarán de sus pedestales a Rodrigo de Triana, el primero que vio tierra, y a los referidos hermanos Pinzón, armadores de la empresa, por el abominable delito de 'conspiración para cometer genocidio'. No es que Christophorus sea una mansa Columbus ('paloma', según mi escaso latín), pero la acusación resulta un tanto exagerada por dondequiera que se vea. Si de algún 'genocidio' se puede culpar al navegante es, cuando más, el que tiene que ver con el grupo social de los fumadores de tabaco, un hábito que dio a conocer en Europa y que se sigue cobrando vidas sistemáticamente hasta estas fechas. O la de seis indígenas que no sobrevivieron a la travesía, de un grupo de diez que llevó a la corte española para mostrarlos como curiosidades de feria. En fin, que si se le quiere fincar a Colón algún delito grave con carácter retroactivo, el único que procede sería el de 'privación ilegal de la libertad' por ese hecho. Hay informes que hablan de que solía castigar a los ladrones cortándoles las orejas y la nariz, pero eso lo convierte en un tipo con muy mal carácter, no en un genocida.

Mark Twain no entendía cuál era el mérito de Colón. Con su ironía habitual apuntaba que navegando hacia el oeste desde España sólo era cuestión de tiempo para que cualquier persona tropezara con América. Lo extraordinario sería que no la hubiese encontrado, dijo.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

miércoles, 12 de octubre de 2016

AL.- El viaje que transformó el mundo

Por Rolando López del Amo


Un 27 de octubre, hace ya 524 años, un marino europeo llegó a la costa norte del oriente cubano, desembarcó y luego anotó sus impresiones sobre el lugar. Es la tierra más hermosa que ojos humanos han visto, escribió.

Esta afirmación sola valía tanto como todo lo que Marco Polo contó sobre la inmensa y poderosa Catay en época de la dinastía Yuan bajo el emperador Kublai.

La más hermosa, así en superlativo. Aceptemos que el navegante tenía la necesidad de impresionar a los patrocinadores de su viaje y convencerlos de que la inversión hecha bien valía la pena. De lo que sí no cabía duda alguna es de que se trataba de una tierra hermosa, toda cubierta de bosques y de un verdor atrayente. El contacto con los naturales de la zona debió parecerle una visión paradisíaca. Lo que no se podía imaginar nadie en ese momento era cuánto iba a influir en los destinos humanos aquel encuentro.

Entre la Europa de finales de la Edad Media y la buscada Asia del comercio por la Ruta de la Seda, por la que llegaban junto a sedas delicadas, porcelanas finísimas y especias deliciosas, apareció una tierra desconocida. El globo terráqueo era mayor que lo supuesto.

Puede asegurarse que hubo migraciones que cruzaron desde Asia hasta América por el estrecho de Behring, o que navegantes del Océano Pacífico llegaron desde Oceanía hasta las costas del sur de América, o que los vikingos llegaron al nordeste de América antes del viaje de Cristóbal Colón, pero nada de eso tuvo la significación del viaje de Colón. Puede afirmarse que el proceso de globalización que se incrementa cada vez más en nuestros días, comenzó entonces.

La conquista y colonización de América que España inició, seguida por otras potencias europeas: Portugal, Inglaterra, Francia, Holanda, produjo un cambio radical en la vida del planeta.

Fue un proceso lleno de violencia, brutalidad, abuso del más débil. El implantó la dominación colonialista y el vergonzoso tráfico de esclavos del Africa Subsahariana.

La América se llenó de africanos, principalmente en el nordeste del Brasil, todo el Caribe y el sudeste de la América del Norte. No importa si la colonia era española, portuguesa, francesa o inglesa, todas importaban esclavos africanos para sus plantaciones y labores duras. Esas mismas potencias se instalaron en Asia del Sur: India, Indonesia, Malasia, Indochina, Filipinas. Y, por supuesto, se repartieron entre sí el continente africano, además de la América.

El sistema colonial perduró siglos y, aún hoy, quedan remanentes como el caso de Puerto Rico.

Este proceso trajo, además de la forzada inmigración africana, migraciones chinas, indias, japonesas, europeas, árabes, que junto a los pueblos originarios americanos formaron el conglomerado que habita nuestro continente.

En Cuba, la población originaria fue muy diezmada y los mayores componentes vinieron de España y de Africa y, en tercer lugar, de China. A ellos se sumaron yucatecos, franceses e italianos, libaneses y sirios, judíos, japoneses, haitianos, jamaiquinos, rusos, en fin, gentes de geografías diversas.

Don Fernando Ortiz definió nuestra nacionalidad como un ajiaco, donde elementos diversos se cuecen e intercambian sustancias y sabores para producir un resultado nuevo a partir de todos sus ingredientes. Es la resultante de todos ellos.

Nada de esto podía haber imaginado Colón, quien solo pretendía abrir nueva ruta comercial alternativa que resolviera la situación creada por la toma de Constantinopla por los turcos, lo que cortó el comercio entre Europa y Asia. Pero el viaje de Colón –los viajes debería decir por los que siguieron al primero- marcó un punto de giro en los destinos de la humanidad. Y, las cosas de la vida, el hombre no pudo disfrutar del reconocimiento que le correspondía y cayó en desgracia, hasta el extremo de que el nuevo continente no recibió su nombre, sino el de otro italiano, Américo Vespucio, quien fue el gran divulgador de la existencia de las nuevas tierras para los ojos europeos. Ese es el poder de la comunicación, que puede ser avasallador.

Lo cierto es que si no hubiera sido Colón, otros, de alguna forma, habrían terminado en establecer vínculos intercontinentales. Pero eso forma parte de las suposiciones razonables. Lo cierto es que la nueva era de la humanidad globalizada se inició con la llegada el 12 de octubre de 1492 a la isla de Guanahaní, en las Bahamas, y quince días después a Cuba, de la que pensó Colón que podría ser tierra de Cipango, como llamaban entonces al Japón.

La tierra más hermosa, según Colón, ya recibió este año tres millones de turistas extranjeros, lo que parece apoyar lo dicho por el Almirante.

De que es Cuba hermosa, nadie lo pone en duda; que sea la más, es discutible y no vale la pena querer restar sus valores a otras tierras distintas. Lo que nadie, repito, nadie pone en duda es que el pueblo cubano es tan solidario como el que más, porque cree, con José Martí, que patria es humanidad y que la fraternidad es el primer deber humano.

Deseo terminar esta nota regresando al principio.

Aunque fuera buscando beneficio personal, lo cierto es que la aventura de Cristóbal Colón en búsqueda de un nuevo camino entre el occidente y el oriente, objetivamente traería beneficios materiales a muchos con la reanudación del comercio intercontinental suprimido. De otra parte, tendría un valor científico y teológico al confirmar la esfericidad de nuestro planeta, echando abajo la idea de una Tierra plana y ombligo del universo. La tenacidad de Colón, su persistencia en el empeño y su capacidad de convencer a la pareja real española, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón - quienes acababan de unificar a España - para que auspiciaran su aventura, fue tarea nada fácil.

En artículo publicado en el periódico Patria el 17 de abril de 1894 con el título “El tercer año del Partido Revolucionario Cubano”, Martí escribe: “Es necesario tener el valor de la grandeza: y estar a sus deberes. De frailes que le niegan a Colón la posibilidad de descubrir el paso nuevo está lleno el mundo, repleto de frailes. Lo que importa no es sentarse con los frailes, sino embarcarse en las carabelas con Colón”.
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