"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí
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domingo, 29 de marzo de 2020

Murió el querido amigo Jaime Córdova,


Murió el querido amigo Jaime Córdova, el último que quedaba del grupo de amigos que también incluía a Carlos Gallisá, Tuto Marchand y Jorge (Yoryi) Segarra, todos grandes seres humanos y luchadores por la independencia de Puerto Rico. Quiero recordarl


(Comparto este valioso intercambio para que no se pierda la memoria histórica)


----- Original Message -----
From: Jaime Viqueira
To: Pedro Martinez Pirez
Sent: Sunday, March 29, 2020 3:12 AM
Subject: Re: Murió el querido amigo Jaime Córdova, el último que quedaba del grupo de amigos que también incluía a Carlos Gallisá, Tuto Marchand y Jorge (Yoryi) Segarra, todos grandes seres humanos y luchadores por la independencia de Puerto Rico. Quiero recordarlo

QDP un patriota boricua. No tuve la oportunidad de conocerlo, aunque si al ser lector de Claridad y fanatico de los deportes, sus columnas leia al igual que las de el gran Elliot Castro. Al reproducir la columna de Pedro Zervigon en este correo, hice de Jorge Cordova un amigo para mi postumamente. Su trabajo en Claridad, su contacto e intercambio con Juan Mari Bras desde la epoca de la Revolucion Cubana hasta la muerte de Juan, describe tantas facetas de nuetro compatriota mayaguezano y vecino nuestro que me hicieron remontarme a un pasado de amistad con Juan y donde tuve la oportunidad de conocer algunas de las facetas que Cordova describe en esa entrevista, siendo la nobleza, la honestidad intelectual, la bondad, su indomable lucha por nuestra independencia algunas de sus caracteristicas que lo han hecho ser uno de nuestros grandes patriota de nuestra historia. 

Mucho me dolio ver como la residencia de Juan y su gran bilioteca fue destruida perdiendose muchos de sus documentos entre los los cuales estaban todos los tomos encuaderandos del periodico Claridad. Un sobrino nieto de Juan me invito a la sellada casa de Juan y me advirtio que ivan a disponer del contenido que habia en la casa pues un nieto la vendria a ocupar en los proximos dias. Al entrar a la casa y ver todo la marvilla de cuadros y libros y efectos personales de este museo pense para mi, esto no puede ser, mas si fue. Tuve la oportunidad de haber tomado todos los tomos del periodico mas me sentia que seria ultrajar una propiedad que no me pertenecia. Por respeto a mi mismo y a la familia no lo hice. Regrese unos dias despues a su residencia, dia que estaba su hijo y me dijo que me llevara lo que quisiera. Fui en compania de mi hija Emilie y de mi yerno Roy. Para sorpresa la mayoria de los tomos de Claridad habian desaparecido, mas quedaban una docena de ellos de los ultimos anos (siglo 21) mas de los del anos 59 hasta el 2000 habian desparecido. Que pena, debi cojerlos y guardarlos. Y asi se desvanecio una rica herencia de la historia de los efectos personales de Juan Mari Bras. Si tengo una de las camas de Don Juan, ademas de algunos libros y cuadros mas al leer este articulo, esa rembranza del tragico desenlace de la bella residencia de Juan me dio una gran tristeza.

En el escritorio personal de Juan se encontraba la cartera de Santiago Mari Pesquera, cartera que portaba el dia que fue asesinado con toda su documentacion, licencia tarjeta de estudiante, etc., Procedi a decirle al hijo de Juan, mira esta es la cartera de tu hermano asesinado, la miro y gracias a Dios esa si la guardo. La cartera tenia manchas de sangre seca. El crimen de Santiago, al igual del de Carlos Muniz Varela nunca ha sido clarificado, aunque extraoficialmente se asocian a la derecha cubana que pululaba en Puerto Rico para ea epoca encabezado por Julio Labatud entre otros, incluyendo puertorriquenos.

Un querido abrazo a mi amigo Pedro

Gracias pedro por compartir. 

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Murió el querido amigo Jaime Córdova, el último que quedaba del grupo de amigos que también incluía a Carlos Gallisá, Tuto Marchand y Jorge (Yoryi) Segarra, todos grandes seres humanos y luchadores por la independencia de Puerto Rico. Quiero recordarlo con una entrevista que le hizo Marcos Pastrana hace algunos años sobre su labor en Claridad:"Claridad y los deportes: entrevista a Jaime Córdova

"En 1974 Claridad dejó de ser una publicación bisemanal para convertirse en diario. Esta nueva era en el periódico también promovió nuevos experimentos periodísticos. A pesar de ser una publicación concebida con un propósito esencialmente político, creó una sección deportiva que, de inmediato, atrajo nuevo público por la manera distinta de cubrir los temas, también por el estilo depurado, agudo y perspicaz del periodista asignado al tema. Jaime Córdova no sabe si Juan Mari Brás estuvo detrás de su contratación, piensa que no, y averiguaría tiempo después la razón por la que el dirigente del Partido Socialista Puertorriqueño respaldó que se incluyeran los deportes en el periódico.

"Raúl González y Manuel de J. González se acercaron a Córdova durante un piquete frente a la corte federal. Allí mismo le hicieron la entrevista de trabajo y él, que deseaba contribuir de manera más significativa a la lucha de independencia, aceptó la encomienda.

“Lo que no sabía en ese momento era que dirigir esa sección era dirigirme yo mismo, porque no había nadie más.”

No tiene la certeza de que Mari Brás supiera de antemano de su contratación ni cómo fue la discusión sobre la inclusión de las páginas deportivas.

“Me imagino que Raúl debió haberle preguntado a Juan, pero a lo mejor no. Lo que sí creo que apoyó Juan fue crear en Claridad una sección de deportes. No puedo decir mucho sobre eso porque en ese momento no tenía ninguna relación con él, aunque años antes nos habíamos conocido.”

Jaime trabajó durante décadas en la industria de la publicidad. En su juventud fue lanzador de béisbol e integró el único equipo en la historia de Puerto Rico que ha ganado un campeonato mundial. Pero lo que quizá influyó más en su reclutamiento al periódico no fueron sus ejecutorias beisbolísticas, sino las largas conversaciones sobre deporte que mantenía con amigos que para ese tiempo pertenecían a la dirección de Claridad y del PSP.

“Llegué a Claridad porque pensé que tenía que tomar una participación más activa en la lucha por la independencia de mi país, y concluí en ese momento que el periódico era el lugar indicado. Venía de la publicidad, que nunca me gustó. He estado prácticamente toda la vida trabajando en algo que no me llama la atención. Trabajé en eso 60 años, porque tenía unos problemas materiales que resolver, y así fue que pude solucionarlos.

“Acepté trabajar en Claridad y ni siquiera sabía escribir en maquinilla. No pensé en eso. Acepté sin vacilar, porque pensé que era la manera de ser más útil en la lucha de independencia de Puerto Rico. Comencé a trabajar el 30 de noviembre de 1974. Antes de eso, en Claridad no había una sección deportiva, solo unas colaboraciones de Manuel Álvarez.”

A Mari Brás lo conoció años antes, a mediados de la década de 1960.

“Fue en el restorán Cecilia’s Place en Isla Verde. Yo estaba preocupado con la pasividad que había en la organización independentista que yo participaba. Un grupo de compañeros, que no recuerdo ahora quiénes eran, nos reunimos con él. Yo había llamado a las oficinas del Movimiento Pro Independencia y me atendió una secretaria que unos pocos días después me dio la fecha del encuentro.

“Esa primera impresión fue extraordinariamente buena, lo que más me llamó la atención fue que había sinceridad. Con el tiempo confirmé que él no era capaz de engañar, decía la verdad sin importar lo que le costara.

“Juan había sido amigo de mi padre. Mi papá tenía un programa de radio y Juan colaboró en algunas ocasiones con ese programa. Quizá por eso me fue más fácil entablar una relación con él. Aquella primera reunión fue muy interesante. Yo estaba impresionado con los métodos de lucha del Movimiento Pro Independencia.

“Acordémonos que fue después de la revolución cubana. De ahí es que nace la inquietud nuestra por hacer actividades más dramáticas, físicas. Mari Brás nos explicó cuál era el plan de MPI para conseguir la independencia. Después de esa reunión, que fue a mediados de la década de 1960, no tuve más contactos con él hasta que trabajé en Claridad. Pero sí seguía de cerca al MPI y mantenía mi admiración por él. Es que era una figura importante, y hacía cosas importantes. Rescatan la figura de Albizu, tienen un periódico; favorecen la revolución cubana en aquel tiempo; son los primeros en hablar abiertamente de marxismo, hacen alianzas con distintos países, tienen misiones –siempre me pareció interesante ese nombre, era gente que tenía una misión– en Estados Unidos. Son, a la vez, un grupo homogéneo y de gran amplitud. Era mucho lo que se hacía, y con poca gente. Eso hablaba de sacrificio y de compromiso.

“Cuando llego a Claridad veo que hay mucho que hacer. El director del periódico es Raúl González, que falleció solo días después de yo comenzar. Entonces traen a Ramón Arbona de Estados Unidos a dirigir. Juan iba al periódico dos o tres veces a la semana a escribir el Comentario Político. Como había problemas de espacio, la sección deportiva no tenía oficina –después tuve una en un rincón– y, por lo general, yo usaba la oficina de Juan. Cuando él llegaba yo me levantaba para irme, pero él insistía en que me quedara. Ahí hablábamos sobre distintos temas. Pero no de deportes. Nunca. Aunque, fíjate, sí, en una ocasión. El Nuevo Día publicó una portada con la noticia de que un lanzador en Estados Unidos había alcanzado un número de victorias. También nosotros publicamos la misma noticia, pero resaltando que ese lanzador era el puertorriqueño Eduardo Figueroa. Esa conversación, aunque estaba relacionada con el deporte, era en realidad periodística y política. Sin embargo Juan, aunque a mi entender no sabía mucho ni le interesaba ningún deporte, leía todo el periódico. Todo, incluyendo nuestra sección.

“Aunque no sé cuánta fue su participación en la decisión de incluir una sección de deportes en el periódico, no me cabe duda de que Juan reconocía la importancia de esa sección. Claro que él sabía que el deporte es una manifestación cultural que, además, era del interés de buena parte de los puertorriqueños. También sabía que atraeríamos a nuevos lectores, Juan sabía que el deporte era parte importante de la cultura, igual que la poesía, que la literatura, que las artes. De eso no me cabe duda.

Quizá alguna vez hablamos de algún pelotero de su pueblo, pero en realidad hablaba más de esos temas con Domingo Vega que con Juan.

¿Alguna vez hizo señalamientos sobre tu trabajo?

“En una ocasión. Como estaba solo, casi escribía una columna diaria y tenía que rellenar las otras dos páginas, a veces se me agotaban los temas. Escribía sobre billar, dómino, porque no tenía nada de deportes. Un día escribí una columna que titulé “La barbería de Toño”, que estaba en la calle Loíza, cerca de mi casa, donde me recortaba. Era un sitio interesante. Frente a mí, un retrato de Roosevelt, había conversaciones de todo tipo entre los clientes. Cuando la envío para la sección de deportes, hubo alguna resistencia, como es natural. Se preguntaban qué hace esto aquí. Entonces le llevan a Mari Brás la columna para que decida. Su contestación fue: ‘que escriba de lo que quiera, pero que escriba. Vamos a hacer la prueba’.

¿Mari Brás decidía todo lo que se iba a publicar en Claridad?

“No era necesariamente que él tomara todas las decisiones del periódico, la dirección de Claridad actuaba con mucha libertad, pero le consultaban, y su opinión muchas veces era la definitiva. Él no estaba pendiente de todos los detalles. Un ejemplo de que él no decidía de antemano lo que salía en el periódico es cuando me llamó la atención por algo que escribí y ya estaba publicado. Allí hablaba no muy bien de un personaje de la radio. Juan se me acercó con el periódico en la mano y me dijo: ‘¿Qué es esto? Es un ataque innecesario’. Aunque el señalamiento fue con un tono grave, no dejó de ser amable. Él era firme y honrado cuando debía indicar algún asunto. En mi caso, en aquella ocasión, fue más bien una invitación a discutir el tema. Ese fue el Juan que conocí, él escuchaba y después emitía su opinión.”

Para Córdova, uno de los proyectos más importantes impulsados por Mari Brás fue Claridad (1959). Tanta importancia tuvo que el periódico va en camino a celebrar 60 años de existencia y es, posiblemente, el más antiguo y único sobreviviente –junto a Granma (1965) y Brecha (1985), de Uruguay–, de los periódicos de izquierda en América Latina.

“Antes de Claridad, la prensa en Puerto Rico, no es que fuera un órgano del gobierno, pero se acercaba bastante. Por ejemplo, recuerdo que en uno de sus primeros editoriales, The San Juan Star explica su simpatía con el Partido Popular. Defendía la línea política de ese partido. Ese periódico llegó a Puerto Rico con pretensiones de enseñarnos periodismo. Esos son los que dijeron que la trayectoria del huracán Flora, que regresó sobre Cuba, fue un designio del Señor para castigar la Revolución. No era muy distinto con El Mundo y El Imparcial, y aunque ambos tenían columnistas críticos del partido de gobierno, casi todos eran desde la perspectiva anexionista, como la columna escrita por Eliseo Combas Guerra.

“Claridad inauguró otro tipo de periodismo. En él denunció, por ejemplo, la casa de torturas que tenía la policía en El Yunque, y con nombres de torturadores y torturados. Eso no es poca cosa. Se denunció el espionaje político que realizaba la compañía telefónica, Se destaparon muchos casos de corrupción, como el del doctor (Yamil) Kourí.”

Claridad fue concebido para ser un diario, y lo fue por alrededor de dos años. Pero mantenerlo era una empresa colosal. Córdova explica a qué se debió fin del sueño.

“La vida del diario fue más bien breve. Pienso que fue así por dificultades económicas. No se podía financiar. En una ocasión le pregunté a Mari Brás cuál pensaba él fue su principal error como líder del movimiento independentista y me dijo, inmediatamente, el gigantismo. Y cuál es el mejor ejemplo de ese gigantismo, pues para mí, el diario”.

Jaime Córdova también entrevistó a Mari Brás en un par de ocasiones, pocos como él para realizar esa tarea porque, además de conocedor de los deportes, cuanta con una pluma admirable.

“Juan ya estaba retirado, solo daba un curso en la Escuela de Leyes de Mayagüez. Fui a una de sus clases y fue inolvidable. La entrevista fue en su casa, en El Rosario, en Mayagüez. Recuerdo que le dije: Juan, usted debe pasarlo bien aquí. Se ve rejuvenecido, descansado. Y con esta vista magnífica del Canal de La Mona. Y como él era un maestro, me aclaró: ‘El Mar de las Antillas, así lo llamó (Eugenio María de) Hostos’. Y completó la historia: ‘En su lecho de enfermo, Hostos le pide a su amigo, el dominicano Pedro Henríquez Ureña, que lo lleve hasta la ventana para ver ese mar’. Yo voy a entrevistar a Juan y él me regala esa historia que jamás se te va a olvidar. Era un placer entrevistarlo, porque a veces se salía del tema y contaba anécdotas más interesantes que las que uno llevaba en mente preguntarle.

“Le hice dos entrevistas, una en Claridad y esa en su casa, con años de diferencia. De las cosas que más me llamó la atención fue la respuesta a una pregunta sobre sus escritos. Le dije: Juan, hay dos columnas suyas que me han llamado la atención, una se titula “Aterrizaje” y la otra “Habló el poeta”. La lectura de esas dos columnas me dice que usted tiene una vena literaria fuerte y ahí brota esa inclinación. ¿Por qué no escribe más de esta manera? Me dijo: ‘Es que yo dirijo un partido, mi prioridad está en función de la lucha de independencia y no puedo distraerme mucho con estas cosas’. Él era un gran escritor. Si uno se pregunta: ¿quién era el mejor escritor en el periódico?, no podía pensar en nadie más. Era Juan.”

Además de la sinceridad, que ya mencionaste como una de sus cualidades, ¿hay alguna otra que pienses es importante?

Claro, ese desprendimiento que solo es característico de personas excepcionales. Al perder a su hijo demuestra su calidad humana cuando dice que la venganza es un sentimiento bajo y mezquino. Es poca gente la que puede reaccionar así.

¿Alguna vez diferiste de Mari Brás sobre un tema político?

“Sí. Le digo en una ocasión, cuando ya teníamos más confianza: Juan, yo vengo al Partido Socialista porque en la organización en la que militaba prácticamente todas las actividades giraban alrededor de los asuntos electorales. Acabo de llegar aquí y usted me dice que el PSP va a participar en las elecciones. Estoy confundido.”

¿Y qué dijo?
Se echó a reír..."










David Albarran Pedro me lo presento el

sábado, 2 de noviembre de 2019

Muñoz Marín y Cuba en tiempos de la vitrina

Por Manuel de J. González 

“¿Quién abrirá mis cajones?, ¿quién leerá mis canciones con morboso placer?” Así dice una canción de Joan Manuel Serrat (Si la muerte pisa mi huerto) y el verso que de ella trascribo viene al caso cuando se piensa en la labor de los historiadores. A ellos les toca abrir los “cajones” que guardan (u ocultan) eventos de otros tiempos y supongo, como dice el cantor catalán, que lo que en ellos encuentran a veces les provoca “morboso placer”. Porque a diferencia de las personas que escribieron o provocaron lo que está en los cajones, los historiadores tienen la enorme ventaja que les da el tiempo. ¿Acaso no nos causa un cierto placer morboso leer ahora –en tiempos de la Ley PROMESA, y de tantas cosas más– que, según Luis Muñoz Marín, la ruta de los cubanos que pelearon en Sierra Maestra y la suya, la que él buscó para Puerto Rico en 1952, conducían a una misma “libertad política”? 

Más placer causa conocer, gracias a libros como este, que cuando Muñoz se sintió obligado a excarcelar a Pedro Albizu Campos, le escribió a su amigo José Figueres para que fuera él quien le solicitara el indulto. Así podía decir que lo hacía porque un colega de la llamada “izquierda democrática” se lo había solicitado por razones humanitarias y no por los reclamos que recibía desde todo el mundo, sobre todo desde América Latina.

Los historiadores no hacen su trabajo buscando ese placer oculto de que hablaba Serrat, pero supongo que no está de más sentirlo cuando se hurga en el período de la historia puertorriqueña al que se refiere este libro y del que surgieron tantos mitos. En medio de esa mitología nació y creció la generación a la que pertenezco y las fantasías fueron tantas, y tan grandes, que, aún después de todo lo que ha ocurrido en las primeras dos décadas del nuevo siglo, todavía hay un sector grande del pueblo puertorriqueño que sigue inmerso en ellas, como si aún existiera la “vitrina” de la que tanto se habló.

Ahora ya se habla más de “vitrina rota” que de “vitrina de la democracia”, y se mira con cierta sorna a quienes insisten en seguir promoviendo aquella fantasía, pero en 1959 estaba tan enraizada y era tan creída por sus protagonistas que, según nos cuenta este libro, Muñoz Marín gestionó en múltiples ocasiones una reunión con Fidel Castro para explicarle al joven líder cubano las particularidades del “exitoso” modelo puertorriqueño. Mientras Muñoz recurría a distintos intermediarios para tratar de reunirse con Fidel, entre ellos el Presidente de la firma Bacardí, no sabía que el entonces vicepresidente de Estados Unidos, Richard Nixon, se le había adelantado. Tan temprano como abril de 1959, apenas tres meses después de que el líder revolucionario entrara victorioso a La Habana, Nixon “trató de insinuarle” que enviara a Puerto Rico a alguno de “sus principales asesores económicos para que conversara con Muñoz Marín” sobre sus programas para atraer “capital privado”. Dice Nixon en la minuta que preparó sobre la reunión que tuvo con Fidel Castro: “Esta sugerencia no lo entusiasmó mucho y señaló que el pueblo cubano era ‘muy nacionalista’ y sospecharía de cualquier programa iniciado en un país considerado una ‘colonia’ de Estados Unidos.” Cuando Nixon le aclaró que Muñoz había sido uno de sus defensores mientras estaba en Sierra Maestra, reconoció que ese había sido el caso “pero dejó claro que no quería tener nada con él, al menos públicamente.”

Dentro de su insularismo y en medio de su todavía muy viva euforia “vitrinera”, Muñoz y su gobierno fueron incapaces de ver que para la mayoría de los latinoamericanos, aun tras las reformas de lo que llamaron “Estado Libre Asociado”, Puerto Rico seguía viéndose como la colonia que era. A quien visualizaban como verdadero representante de Puerto Rico era a Pedro Albizu Campos, de quien Muñoz en aquel momento era, precisamente, el carcelero.

En muchas páginas de este libro vemos cómo el fantasma de aquel encarcelado, junto con la realidad de la continuidad del coloniaje, aparecen todo el tiempo en el camino del grupo de dirigentes puertorriqueños que, con Muñoz a la cabeza, afanosamente buscaban darle legitimidad al ELA. Esa búsqueda de legitimidad se basó en el mercadeo de dos elementos que consideraban definitorios y hasta “pilares” del “nuevo” estatus, a saber, el “éxito” económico de Puerto Rico y la posibilidad de servir como intermediarios ante Estados Unidos.

Kennedy y Luis Muñoz Marín

El “éxito” económico podía efectivamente actuar como “vitrina” en los últimos años de la década del ’50 y del ’60, frente a una América Latina plagada de dictaduras retrógradas donde la omnipresente oligarquía impedía cualquier asomo de progreso, perpetuando la pobreza. En esos años, las medidas implantadas desde la administración de Rexford Tugwell, continuadas y ampliadas por Muñoz, (junto a la enorme ola migratoria de la posguerra que expulsó parte de la pobreza) habían logrado modernizar la economía puertorriqueña. Para Muñoz y su grupo la clave de aquel proceso fue la atracción de capital industrial estadounidense. Por otro lado, las reformas políticas implantadas entre 1948 y 1952, cuando Estados Unidos autorizó la elección del gobernador y la adopción de una constitución que rigiera sobre asuntos internos, le dieron al gobierno puertorriqueño un aire de país autónomo. Muñoz hizo todo lo posible por “estirar” al máximo ese aire tratando de proyectarse como un verdadero jefe de estado, un verdadero “colega” de sus amigos, el costarricense José Figueres y el venezolano Rómulo Betancourt.

Además, tanto frente a los dos mencionados como ante otros dirigentes latinoamericanos promotores del liberalismo democrático, el liderato puertorriqueño podía jugar entonces con cierta efectividad el papel de intermediario con Estados Unidos. Casi todos esos dirigentes se enfrentaban a dictaduras propias o vecinas que se mantenían gracias al apoyo constante que venía desde Washington. Puerto Rico y Muñoz podían considerarse útiles para tratar de influenciar a Estados Unidos a que cambiara el énfasis de su política de los dictadores a los nuevos líderes liberales.

Como se explica con mucho detalle en los últimos capítulos de este libro, esa posible labor intermediaria creció exponencialmente con la llegada de John F. Kennedy a la presidencia de Estados Unidos. Contrario a los Republicanos, que se decantaban por las dictaduras rancias y la promoción descarnada del capital invasor, Kennedy creyó que podía detener con mayor efectividad el comunismo haciendo un esfuerzo por reducir la pobreza (o, al menos, proyectando ese esfuerzo) y limitando el apoyo del Norte a las dictaduras oligárquicas que subsistían en la región. Esa estrategia de la nueva administración Demócrata contó con el liderato gubernamental puertorriqueño que más que aceptar colaborar, adoptó como propia la tarea y puso todo su entusiasmo en ella.

Para ganar una idea de hasta dónde llegó aquella estrategia, alimentada tanto por Muñoz como por Estados Unidos, comparemos por un momento la imagen que proyecta el Gobernador de Puerto Rico en estos momentos, en la segunda década del siglo XXI, con la que se quiso proyectar en los primeros dos años de la década de 1960. El de ahora no es visto más que como el simple administrador de un “territorio”, que sólo mira hacia el Norte, a donde acude en todo momento a buscar “ayudas” y “fondos”, o a implorar cambios en las leyes que nos aplican y sobre las que no tiene ningún control. En cambio, el gobernador del año ’59 o ’61 era parte de la “izquierda democrática” latinoamericana, que desde su país mandaba emisarios o delegados a los cónclaves que se celebraban en el continente, mientras simultáneamente trataba de influenciar la política estadounidense hacia la región. Sin duda, el liderato de Muñoz, comparado con el que ahora proyectan personas como Ricardo Rosselló y Alejandro García Padilla, hace una gran diferencia. Pero también lo hace la creencia muy enraizada que tenía aquel grupo del pasado de que en realidad era “autónomo” y que podían actuar como verdaderos jefes de estado. Ese elemento subjetivo, unido a la sensación de éxito que les permitía el crecimiento económico que entonces se experimentaba, hace una gran diferencia entre uno y otro gobierno.

Sin embargo, en el fondo de todo había una misma realidad objetiva que tarde o temprano terminaría cortando los aires de potencia regional, o de jefatura de estado, que quiso jugar el liderato puertorriqueño de aquellos años. Muñoz intentó cumplir la función de mediador o puente, tratando a la misma vez de mantener al gobierno de Puerto Rico como una entidad separada, que sólo servía de enlace entre los latinoamericanos y Estados Unidos, pero esa tarea no era posible, o no podía ser “sostenible” porque independientemente de lo que soñaba el liderato puertorriqueño de aquellos años, la realidad colonial no había cambiado. Por eso la pretendida función de ente autónomo desaparecería muy pronto, convirtiéndose el liderato puertorriqueño en un mero instrumento, bastante patético, de la política exterior de Estados Unidos.

Lo que sucedió con dos “hombres de Muñoz” de aquellos años –Arturo Morales Carrión y Teodoro Moscoso– dramatiza ese camino azaroso que los llevó de la pretendida mediación autónoma al burdo instrumento. Morales comenzó siendo enlace o delegado de su gobernador con otros “colegas” de la izquierda democrática y terminó siendo un oficial más del “State Department” donde llegó a ocupar el cargo de secretario adjunto para América Latina. El camino de Moscoso fue un poco más tortuoso y algo dramático porque un día, como embajador de Estados Unidos en Venezuela, cometió la torpeza de querer visitar la Universidad de Caracas donde estuvo a punto de ser linchado por estudiantes que denunciaban la reciente invasión militar a Cuba en Playa Girón. Mientras literalmente se refugiaba en la Facultad de Arquitectura, donde eventualmente fue rescatado por fuerzas policiales venezolanas, perdió importantes documentos que evidenciaban los planes de su gobierno (el de Estados Unidos) en América Latina que fueron a parar a manos de la verdadera izquierda venezolana. 

La escena de un Moscoso rescatado del cerco tendido por estudiantes venezolanos, quienes lo veían como un personero del imperialismo que combatían, dramatiza el fracaso de la labor de “intermediario” que pretendió jugar Muñoz Marín amparándose en el llamado Estado Libre Asociado. Jamás quiso ver que las reformas que logró obtener entre 1948 y 1952, obviamente positivas, nunca cambiaron la esencia del coloniaje. La oportunidad de elegir el gobernador con poderes recortados y la redacción de una Constitución, no terminaron con los “poderes plenarios” que el Congreso estadounidense siguió ejerciendo, como quedó demostrado cuando esa misma constitución, ya votada por los puertorriqueños, fue enmendada unilateralmente por dicho cuerpo. Esa realidad tarde o temprano terminó imponiéndose y por eso, en abril de 1959, cuando el nuevo gobierno cubano apenas empezaba, Fidel Castro le dijo con toda claridad a Nixon que su pueblo no aprobaría que él se reuniera en público con el portavoz de una colonia.

Por aquellos años era muy conocido en Cuba el poema Canción puertorriqueña de Nicolás Guillén, incluido en un libro publicado en 1958, que empieza así: 

“¿Cómo estás Puerto Rico,

tú de socio asociado en sociedad?” 

Y luego, teniendo presente aquel cuento de la “vitrina”, tan de boga entonces, dice el poema:

“Juran los que te matan

que eres feliz… ¿Será verdad?

….

de un empujón te hundieron en Corea,

sin que supieras por quién ibas a pelear,

si en yes,

si en sí, 

si en bien,

si en well, 

si en mal,

si en bad, si en very bad!”

Obviamente, el “socio asociado en sociedad” personificado en Luis Muñoz Marín no podía servir de interlocutor o intermediario entre Cuba, cuyo nuevo liderato trataba de reafirmar su independencia, y Estados Unidos el país que José Martí había descrito como el “Norte revuelto y brutal que nos desprecia”.

Nota final

Este libro representa una buena aportación al conocimiento de un importante periodo de la historia puertorriqueña todavía poco explorado. Aquí el lector descubrirá muchas situaciones interesantes porque, al sacar a la luz del sol situaciones cuidadosamente ocultadas, los historiadores sirven como “delatores” y esa labor casi siempre ayuda a derrumbar mitos. Eso, de por sí, es una gran aportación. Además de esa labor de “delación”, la investigación histórica también nos da los instrumentos necesarios para ayudarnos a entender el presente que, en el caso de Puerto Rico, sigue siendo azaroso. Gracias al autor por invitarme a prologarlo.


sábado, 10 de noviembre de 2018

Maceo: : "Cuando Cuba sea independiente solicitaré del gobierno que se constituya permiso para hacer la libertad de Puerto Rico; pues no me gustaría entregar la espada dejando esclava esa porción de América"

Por Pedro Martinez Pirez

Para llegar a la casa natal del Titán de Bronce Antonio Maceo en Santiago de Cuba tuvimos que desafiar un diluvio del que algunos vecinos nos protegieron invitándonos a guarecernos en sus humildes viviendas. La casa museo guarda valiosos recuerdos suyos, entre ellos la imprenta del primer periódico de los mambises en la guerra, El cubano libre, publicado por Maceo.

En una pared una contundente cita suya sobre Puerto Rico a tono con la camiseta con la efigie de Oscar López Rivera que llevé a la casa de Maceo: “Cuando Cuba sea independiente solicitaré del gobierno que se constituya permiso para hacer la libertad de Puerto Rico; pues no me gustaría entregar la espada dejando esclava esa porción de América”

No es la única sobre el tema. En su libro “Ecos de la manigua-el Maceo que yo conocí”, Guillermo Fernández Mascaró dice: “. . . muchos puertorriqueños han venido al campo insurrecto al conocer que en la base primera del Partido Revolucionario Cubano se dice: 'El Partido Revolucionario Cubano se organiza para obtener por medio de las armas la independencia de Cuba y auxiliar y fomentar la de Puerto Rico.' Entonces el General [Antonio Maceo] me dijo, en tono que demostraba profunda convicción y firmeza: 'Cuba, triunfadora en su empeño emancipador, no puede, por muchas razones, olvidar a la Isla hermana, Invadiremos a Puerto Rico y obtendremos su independencia'.”

Maceo tenía una gran intuición política. Mucho antes de que los Estados Unidos interviniera en la guerra de independencia de Cuba, Maceo previno sobre la «ayuda» que podía ofrecer Estados Unidos contra el ejército colonial español. Sobre esto, escribió al Coronel mambí Federico Pérez Carbó el 14 de junio de 1896: «De España jamás esperé nada, siempre nos ha despreciado, y sería indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos. Tampoco espero nada de los (norte) americanos; todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin su ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso (…)»

Y, por supuesto, su frase más citada: “Quien intente apoderarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha».











viernes, 19 de enero de 2018

Puerto Rico: Frente al naufragio, la alternativa

18/01/2018

La gran prensa estadunidense y hasta la Casa Blanca y el Congreso de Washington ahora admiten que en Puerto Rico ‑‑en la isla y entre su pueblo‑‑ hay un desastre tan grande que es difícil calificarlo. Lo aceptan después de la flagrante devastación que en septiembre de 2017 dejaron los huracanes Irma y María, mucho después de que esa tragedia empezó a incubarse. Pero la anterior displicencia de esos medios y autoridades sobre una tragedia tan largamente incubada no fue inocente.

Se disimulan responsabilidades destacando la inusual potencia de ambos meteoros, pero se elude mentar por qué se acumularon tantos años de deterioro de la infraestructura física, y de los servicios de atención a la gente, hasta que la otrora vitrina del Caribe se volvió tan vulnerable. Los ciclones son peligrosos pero no inesperados: por allí cruzan desde tiempos inmemoriales; si Irma y María fueron peores que otros esto no justifica la magnitud de la hecatombe ni la complicación de sus consecuencias. Hace una década, Puerto Rico resistía los grandes huracanes mejor que los demás territorios caribeños y se reponía con mayor rapidez. Ahora sucede lo contrario; la isla se ha vuelto un país discapacitado.

¿Por qué? Obviamente, porque el problema no es meteorológico. Estos dos huracanes cruzaron Borinquen al cabo de 10 años de una creciente crisis económica y un deterioro físico de los cuales los puertorriqueños no son responsables. Son víctimas de una bochornosa incapacidad del régimen imperante para atender el problema y concretarle soluciones. La naturaleza genera fenómenos, a veces violentos, pero estos dos meteoros no causaron esa catástrofe; antes bien la hicieron visible... e ineludible. La imprevisión, la crisis fiscal, la debilidad política, la insensibilidad, la incapacidad para decidir, la soledad internacional que agravan el problema no vienen de una maldad natural sino política.

Vienen de que en Puerto Rico las decisiones importantes no se toman en esa nación sino en Washington DC. Tres huracanes mayores golpearon islas y costas del Caribe y el Golfo de México en esta temporada ciclónica. Harvey, que afectó a Texas en agosto; y en septiembre Irma, que además de cruzar Puerto Rico atacó Florida, y María que luego de arrasar Borinquen se fue al Atlántico. Texas y Florida recibieron rápido y abundante auxilio federal estadunidense aun antes del arribo de estos las tormentas y hasta completar la restauración. Pero en ambos casos, Puerto Rico recibió escasa, tardía y regateada ayuda y, cuatro meses después, aún padece daños que siguen complicándose. Nadie sabe a ciencia cierta cuántas víctimas mortales sufrió: si se pregunta a las autoridades pueden ser unas decenas; si se inquiere en las funerarias, los sepelios pasan de mil.

Porque, tras tan prolongado deterioro de la economía, la infraestructura y el gobierno, lo peor no es el impacto directo de los meteoros sino las secuelas mal atendidas: la falta de agua potable y alimentos, de energía eléctrica y combustibles, de vivienda habitable, de asistencia sanitaria y medicamentos, y de seguridad ciudadana, más la quiebra de negocios y el desempleo masivo, matan más que cualquier fenómeno natural.

Ya antes de la pasada temporada ciclónica Puerto Rico tenía 10 años hundiéndose en la crisis económica, y decenas de miles de boricuas emigraban escapando de la situación. Antaño la isla le interesó al gobierno de Washington por la que fue su estratégica ubicación militar; ello bastó para arrebatársela a España negándole la independencia a su pueblo, al que se le impuso la ciudadanía estadunidense. Enseguida fue tomada como territorio de monocultivo para la industria azucarera norteamericana, arrasando toda la demás agricultura boricua. Y, tras devaluarse el mercado azucarero, como zona de exenciones fiscales para la industria química y electrónica, lo que desde la firma de los TLC’s con México y Centroamérica dejó de interesar, dado que en la isla los costos son mayores, porque las conexiones marítimas son exclusivas de la marina de cabotaje estadunidense.

Desde entonces los gobiernos coloniales boricuas apelaron a endeudarse para mantener la ficción de un modo de vida de oropel. Hasta que al cabo la deuda se hizo astronómica e impagable, y todo crédito desapareció. Wall Street sabe sobradamente que el gobierno federal norteamericano nunca se hará cargo de ese débito ‑‑sobre el cual además gravitan demasiadas sospechas‑‑, una vez que hace mucho la isla dejó de serle útil a Estados Unidos. Mucho antes de los huracanes de septiembre pasado, el único modo de cobrar esa deuda es cortar todo gasto en Puerto Rico y sacarle hasta sus últimas reservas a su pueblo: esto es, agravar su situación.

La potestad colonial de emigrar a Estados Unidos siempre fue en la isla una válvula de escape, la válvula que explica por qué 10 años consecutivos de empeoramiento de las condiciones de vida no han derivado en otro gran estallido de violencia sociopolítica, como la Masacre de Ponce en 1937 y el Grito de Jujuya, en 1950. Al extremo de que antes de la temporada ciclónica de 2017 ya más de la mitad de los puertorriqueños residía en Estados Unidos. Tras el derrumbe con que estos huracanes remataron una infraestructura y una institucionalidad públicas ya tan carcomidas, la tasa de emigración saltó a convertirse en desastre demográfico. De enero a octubre del año pasado 193 mil boricuas habían abandonado su patria. Luego de los dos huracanes, otros 270 mil. En octubre pasado la masa emigrante duplicó la del año anterior: dejaron su tierra natal 85 mil personas.

Este sacrificio genocida solo puede detenerse eliminando la raíz del mal. Puerto Rico ‑‑país que la ONU reconoce como una “nación latinoamericana y caribeña”‑‑ debe tener el mismo derecho que sus vecinos a ser miembro de la comunidad internacional, tener relaciones políticas y económicas independientes con los demás países y ser parte de los organismos internacionales y regionales, con quienes negociar y decidir sus propios proyectos de intercambio, desarrollo y colaboración. Es haciendo uso soberano de estos mecanismos como República Dominicana, Cuba y los países del Caricom ‑‑incluso las pequeñas naciones del Caribe Oriental‑‑ pueden construir confianza en sí mismas y hacerle frente a ese género de problemas.

¿Tiene sentido ser una colonia, incluso de la metrópoli más poderosa? La experiencia puertorriqueña prueba lo contrario. Ante esta tragedia, el pueblo puertorriqueño quedó atrapado entre la falta de atribuciones ‑‑y la incompetencia‑‑ de los funcionarios locales y la indolencia de las autoridades federales. A diferencia de Cuba o República Dominicana, Puerto Rico padece más obstáculos, demoras y problemas subsiguientes para poder reponerse de cada desafío.

No tuvo sentido durante la administración Obama y menos con Trump. El primero deportó a tantos inmigrantes como pudo y el segundo enardece las barreras migratorias; pero mientras centenas de miles de centroamericanos y mexicanos son expulsados, mayor número de puertorriqueños continúa ingresando. En el último período, en Washington, el Congreso ‑‑el órgano que ejerce los poderes soberanos sobre la isla-- rechazó considerar a Puerto Rico como una jurisdicción doméstica; esto es, le reconfirmó su condición de territorio extranjero. Con ello enterró el último sueño de los apátridas que alguna vez pretendieron hacer de Borinquen otro estado de la Unión, a contrapelo del deseo de la mayoría de los políticos estadunidenses.

Las interminables secuelas de estos huracanes imposibilitan seguir eludiendo una realidad de a puño: el actual estatus político de la isla ‑‑la supuesta autonomía del Estado Libre Asociado‑‑ es ineficaz e insostenible; solo genera mayor deuda, desempleo y vulnerabilidad. Como a su vez la opción de integrarse a Estados Unidos, aparte de ser una indigna abjuración de la cultura propia, es inaceptable para los norteamericanos. Las realidades cambiaron; ningún pasado espejismo es ya sostenible, ni siquiera como ficción. Solo constituirse como república independiente puede sacar a Puerto Rico de su naufragio. Solo esto puede darle viabilidad y desarrollo sustentable a su pueblo.

Como solo esto, además, le ofrece a Estados Unidos la forma de deshacerse de un problema que se vuelve cada día más enfadoso. Para esto Washington tendrá que pagar los costos de una transición cuyos términos y plazos deberá negociar con los independentistas puertorriqueños. Nada inaudito: eso es tan factible en Puerto Rico como antes lo fue en Panamá, donde la espinosa cuestión del Canal interoceánico así se resolvió. Pero lo primero es convertir el problema en un asunto cuya trascendencia reclame solución, como hizo Torrijos. Es hora de que todos los independentistas y soberanistas, tanto en su isla como en la vida política estadunidense, presionen al Congreso para dimensiona esta necesidad en su agenda.

Como igualmente es hora de que los demás latinoamericanos y caribeños hagamos lo que nos corresponde, porque ese también es nuestro problema.
Panamá, enero de 2018.

- Nils Castro es escritor y catedrático panameño. 

viernes, 22 de diciembre de 2017

Ana Belén Montes culmina su año dieciséis tras las rejas

Escrito por Miriam Montes Mock 

Una noticia devastadora: cáncer del seno derecho. Una mastectomía. El trauma físico y emocional. La soledad. Las visitas al hospital, encadenada, adolorida. El descubrimiento de la solidaridad en sus compañeras de celda. La incertidumbre. Otra vez el dolor. La añoranza de su familia. Y recientemente, la noticia que le sacó lágrimas cada vez que advirtió, a través de la cadena CNN en español que transmite la prisión Carswell, el destrozo de Puerto Rico tras el paso del huracán María.

Así entiendo que fue el año 2017 para mi prima.

Se llama Ana Belén Montes. Es una prisionera puertorriqueña que extingue una condena de veinticinco años por obedecer su conciencia y solidarizarse con el pueblo cubano ante las políticas de agresión del gobierno estadounidense.

Este año, Ana Belén cumplió dieciséis años encarcelada.

Aún está sujeta a las medidas administrativas especiales, las cuales limitan su acceso al mundo fuera de la prisión. Lleva dieciséis años silenciada y aislada. Sólo se le permite comunicarse con un puñado de familiares y amigos que la hayan conocido antes de su arresto. Nadie puede citar las palabras que Ana ha hablado a partir de su encarcelamiento. Nadie puede hacerse eco de su dolor, ése que experimenta cualquier mujer ante la mutilación de su cuerpo y la incertidumbre de su futuro. Nadie. Sólo imaginarlo.

El cáncer es una enfermedad debilitante para todo ser humano, mucho más cuando se sufre dentro de una prisión. Me duele pensar que Ana enfrenta esa condición de salud sin el apoyo de sus seres queridos, sin la posibilidad de escoger un médico de su confianza, tratamientos alternos o paliativos, una dieta rica en vegetales y frutas frescas, o al menos alguien con quien desahogarse. Por el contrario, a Ana le ha tocado enfrentarse al cáncer en un ambiente de constante vigilia. En un lugar donde impera el ruido, la violencia, la hostilidad emocional...y la soledad. En medio de ese caos, Ana convaleció de su cirugía.

Los carceleros la llevaban de la prisión al hospital, encadenada de manos y pies, con una cadena gruesa amarrada a la cintura, de la cual cuelga un grillete pesado donde se unen las cadenas de la cintura con las de los pies. Y una herida en el pecho.

Durante este año tormentoso, Ana se dedicó a recuperar sus fuerzas.

Su meta a corto plazo: estar viva y libre de cáncer por los próximos cinco años. A pesar de las condiciones en las cuales vive.

Su meta a largo plazo: regresar a la libre comunidad, si no antes, al menos el primero de julio de 2023.

Ana es fuerte. Al menos, eso es lo que pienso. Durante casi cuatro meses estuvo imposibilitada de escribir cartas. Luego comenzó de a poco: media página, una página, dos… mientras soportaba la punzada que le provocaba un nervio pinchado en su brazo derecho. Le volvieron los dolores de espalda. Sus compañeras en la prisión la cuidaron. Fue, tal vez, un abrazo del cielo.

Reinició sus lecturas. “Conoció” a Pedro Albizu Campos y su sacrificio a favor de la independencia de Puerto Rico. Se acercó a las gestas nacionalistas puertorriqueñas. “Viajó por el mundo” con el Papa Francisco y se dejó impregnar de su espíritu compasivo. Sonrió al “escuchar” los diálogos entre el Dalai Lama y el Arzobispo Desmond Tutu. Se ha interesado en estudiar, con su usual minucia, la Carta Autonómica del 1897, el Tratado de París, y otros documentos que evidencian la trayectoria política de la Isla. Pero a Ana tampoco se le permite articular públicamente sus reflexiones sobre el trayecto político de Puerto Rico; ni sobre las corrientes ideológicas a nivel mundial; ni sobre filosofías o religiones.

Hoy día, Ana Belén resiste la muerte, ésa que muestra sus rostros de fealdad dentro de cualquier prisión. Día a día. Con la mente alerta. Con el corazón sensible ante el mundo que ella percibe desde sus rejas. Con la esperanza viva.

Imagino a Ana Belén durante estos últimos tres meses, mientras contemplaba, a través de las transmisiones televisivas, los destrozos perpetrados por los huracanes Irma y María. Me la imagino con el pesar que produce advertir una fatalidad y no poder hacer nada para remediarlo. No, el pueblo puertorriqueño nunca escuchará sus palabras de aliento y solidaridad luego de la devastación que experimenta el país.

De seguro, si estuviera en tierra boricua, Ana Belén trabajaría sin descanso para ayudar al que sufre. Es lo que le nace hacer. Como si estuviera entre nosotros, la Mesa de trabajo por Ana Belén Montes en Puerto Rico ha hecho un paréntesis en su labor educativa para ofrecer su solidaridad a los damnificados del país. Como si ella lo hiciera. En el nombre de Ana Belén. (Claridad)

domingo, 12 de noviembre de 2017

Mañana visitará Cuba por primera vez el combatiente puertorriqueño Oscar López Rivera

Escrito por PL

Cuando el combatiente puertorriqueño Oscar López Rivera arribe mañana por primera vez a Cuba, lo primero que hará es expresar su agradecimiento al pueblo por el apoyo que brindó a su campaña de excarcelación.

"Nunca he estado en Cuba, me hubiese gustado haber conocido y hablar con Fidel", afirmó en entrevista con Prensa Latina en San Juan sobre el histórico Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, por cuya genialidad política no disimula su admiración.

López Rivera, quien pasó casi 36 años encarcelado en Estados Unidos por su lucha por la independencia de Puerto Rico, manifestó que "Fidel era un hombre de una visión contraria a aquellos que solo buscan dinero para ellos, lo que respondía a su inmenso nivel de profundidad", como cuando advirtió a los países latinoamericanos que no pagaran la deuda pública porque empobrecerían más a sus pueblos.

"Lo primero que quiero hacer es expresar mi agradecimiento al pueblo cubano porque apoyó la campaña favor de mi excarcelación y también porque ha sido solidario con la lucha nuestra y de todos los países latinoamericanos; verdaderamente siempre ha estado ahí apoyándonos", indicó.

Igualmente, el luchador independentista que cumplió su condena el pasado 17 de mayo, después que a mediados de enero le fuera conmutada por el entonces presidente Barack Obama, espera compartir con Los Cinco Héroes cubanos que estuvieron encarcelados en Estados Unidos, entre estos Fernando González Llort, con el cual compartió celda cuatro años en la prisión de Terre Haute, en Indiana.

Afirmó que salió muy beneficiado de compartir con González Llort porque si alguien me da de su tiempo yo lo voy a aprovechar, y sé que me dio más tiempo que yo a él.

"Espero por lo menos estar con Los Cinco y con personas que he estado anteriormente y saludarlas; escuchar lo que está pasando en el gobierno y con la juventud", expresó al recordar que recientemente tuvo una buena experiencia con jóvenes cubanos en sus visitas a Nicaragua y a Sochi, en Rusia.

Invitado por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), que actualmente preside González Llort, el combatiente boricua nacido en el montañoso pueblo de San Sebastián desea que el tiempo le dé para visitar la mayor cantidad de lugares, ver algunas de las cosas que están haciendo, como los huertos urbanos.

Un lugar que no faltará en su agenda es Santiago Cuba, donde López Rivera presentará sus respetos al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, en el cementerio Santa Ifigenia, donde se levanta el monolito que acoge sus restos en diciembre de 2016.

"Me hubiera gustado conocerlo y conversar con él por lo menos dos horas", reitera con cierta tristeza, quien además espera ir a la mayoría de las 13 provincias cubanas.

También desea conocer cómo avanza la economía cubana bajo la dirección del presidente Raúl Castro Ruz.

jueves, 19 de octubre de 2017

1 millón de personas sin agua; 3 millones, sin luz. Así es la vida un mes después del huracán María en Puerto Rico


Por John D. Sutter, CNN 16:31 ET (20:31 GMT) 19 octubre, 2017

Después de que el huracán María destruyera el puente que lo conecta al resto de la civilización y arrancara el techo y las paredes de su casa, aquí en las montañas centrales de Puerto Rico, Ramón Sostre izó una bandera de Estados Unidos sobre los escombros.

Su mensaje para el mundo era: "Estoy vivo, soy estadounidense".

Funcionó temporalmente. Llegaron helicópteros. También llegó una lona, algo de comida y agua embotellada.


Sin embargo, poco más ha cambiado. Su casa sigue sin techo y sin algunas paredes. Él y su gato, Tipo, duermen en la cocina. Cuando el viento sopla por la noche, la lluvia los empapa. No tiene energía eléctrica, que es lo mismo que le pasa a casi 3 millones de puertorriqueños; es decir, más del 80% de los habitantes de la isla.

Más de un tercio de los hogares en este territorio de Estados Unidos, incluyendo a la mayoría de la comunidad de Sostre, no tienen agua potable fiable en casa: aproximadamente 1 millón de ciudadanos estadounidenses.

Un mes después del devastador paso del huracán María, estas realidades comienzan a sentirse menos como una emergencia y más como la nueva forma de vida: una pesadilla que vuelve a comenzar cada día, cuando el sol sale.

“Te despiertas y ves este desastre, hasta donde alcanza la vista", me dijo Sostre.



Un habitante trata de poner algo de orden en medio de los escombros dejados por el huracán en San Isidro, Puerto Rico.

El gobierno de Estados Unidos dice que está decidido a ayudar a Puerto Rico, pero se enfrenta a circunstancias desafiantes, incluyendo algunas vías que son estrechas, están enlodadas y son intransitables para vehículos grandes que llevan ayuda.

La isla también tenía problemas preexistentes con sus sistemas de electricidad y alcantarillado y acueducto. Puerto Rico “es una isla ubicada en medio de un océano... un océano realmente grande”, dijo el presidente Donald Trump el 26 de septiembre, haciendo que el huracán María sea más lejano que los otros dos huracanes que golpearon al territorio continental de Estados Unidos recientemente: Harvey e Irma.


Después de viajar por la isla durante tres días y de entrevistar a habitantes y autoridades federales y expertos, queda claro que el nivel de sufrimiento supera el nivel de alivio.

Buena parte de la isla parece que hubiera sido golpeada por el huracán ayer, no hace un mes.

Las montañas están cubiertas de árboles sin ramas. Las líneas eléctricas están enredadas. Las láminas de metal de los tejados y las vallas se han convertido en tiras blandas de goma de mascar, esparcidas en las colinas. Y no solo personas como Sostre están expuestas a esos elementos: tristemente, los suministros de agua limpia y potable son inadecuados y los expertos en salud ambiental temen una emergencia de salud pública.

¿Por qué Puerto Rico tarda tanto en restablecer la electricidad tras María? 

Este martes, la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés), dijo que tiene a 1.700 de sus empleados desplegados en Puerto Rico y las Islas Vírgenes estadounidenses, que también resultaron devastadas por el huracán María. Sin embargo, unos 2.600 empleados –900 más– siguen desplegados en respuesta al huracán Harvey, casi dos meses después de que ese ciclón golpeara a la Costa del Golfo, en territorio continental de Estados Unidos.

En su defensa, los funcionarios de la agencia señalan que otros 20.000 empleados federales y militares fueron desplegados para responder a la emergencia causada por María.

“Por favor, entiendan que cada desastre es diferente geográfica y demográficamente, y que no hay punto de comparación entre uno y otro (...) es como comparar manzanas con naranjas”, dijo FEMA en una declaración enviada por correo electrónico. “Por favor, tengan en cuenta que los números no salvan o mejoran vidas, las misiones y el progreso sí ; por ejemplo, (Texas) puede necesitar a más personas para apoyar la vivienda, mientras que Puerto Rico puede necesitar más generadores y polos para soportar la red eléctrica”.

Pero otros piensan muy distinto.

“Creo que aprendimos la lección después del huracán Katrina, cuando la respuesta fue horrible, tan lenta como incompetente”, dice John Mutter, profesor de la Universidad de Columbia y experto en ayuda internacional en caso de desastres. “En Puerto Rico, no parece que hayamos aprendido nada, o simplemente no nos importa”.



Casi 1 millón de personas no tienen agua en Puerto Rico, un mes después del huracán María.

‘Si no tomo agua voy a morir’

La situación es especialmente grave con el agua.

Puerto Rico tiene 3,4 millones de habitantes y cerca del 35% de los hogares no tienen acceso a agua potable segura en este momento, según los cálculos del gobierno. La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que una persona necesita al menos 2,5 litros de agua al día, solo para beber, y que la asignación diaria recomendada para cocinar lo básico y la higiene es de 15 litros.

FEMA ha suministrado 23,6 millones de litros –6,2 millones de galones– de agua embotellada y agua en tanques desde que el huracán golpeó a la isla el pasado 20 de septiembre, según Justo Hernandez, coordinador federal encargado de la FEMA. Eso incluye, aseguró el funcionario, el agua que se ha entregado a hospitales y centros de diálisis.

Eso significa solo el 9% de las necesidades de agua potable que tiene todo el territorio.

Y el número se reduce aún más si se tiene en cuenta el agua necesaria para cocinar y para la higiene.

“El potencial de (contraer) cólera y enfermedades diarreicas es muy alto” sin agua embotellada, dice Mutter.

Grupos de voluntarios y organizaciones sin ánimo de lucro también están ayudando con suministros y FEMA dice que ha distribuido tabletas para purificar el agua y asegura que desplegó seis sistemas de filtros móviles.

Pero muchos residentes siguen desesperados, semana tras semanas, por beber agua.



Muchos residentes dicen que la entrega de agua de la FEMA no han sido adecuada.

Las filas para conseguir agua –potable o no– son largas en muchas partes de la isla. Los rumores de contaminación son desenfrenados. Aunque ya varios grifos volvieron a funcionar, a los residentes les preocupa beber directamente de ellos, pues algunos surten un líquido turbio. La Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, empresa pública encargada del servicio en Puerto Rico, recomienda hervir el agua y agregarle blanqueador incluso después de que el servicio se haya restaurado por completo.

La situación es tan desesperada, que en Dorado, cerca de San Juan, CNN ha informado que la gente está rompiendo una cerca marcada con la palabra “peligro” para sacar agua de un pozo en un área conocida por estar contaminada con químicos industriales vinculados con el cáncer. FEMA está haciendo pruebas en el agua del pozo de la zona.

“Si no bebo agua, voy a morir. Entonces podría beber de esta agua”, dijo un residente.



Soldados estadounidenses entregan comida y agua de la FEMA en San Isidro, Puerto Rico.

‘Salgo de mi cama y hay agua’

Hernández, de FEMA, dice que los esfuerzos para ayudar a la isla son una “maratón”, no una carrera de corta distancia.

Pero Trump ya ha hecho énfasis en la naturaleza finita de la ayuda federal.

“No podemos dejar a FEMA, al Ejército y a los equipos de primera respuesta, que han estado increíbles (bajo las más circunstancias más difíciles), para siempre en Puerto Rico”, tuiteó Trump el pasado 12 de octubre.


Carmen Rivera Rodríguez, de 55 años, no vio el tuit. No ha escuchado casi nada sobre Trump o la respuesta federal al huracán. Cuando nos conocimos afuera de un supermercado en Comerío, unos 32 kilómetros al sureste de Sostre y su bandera de Estados Unidos, me dijo que ni siquiera ha podido hablar con su hijo en el territorio continental de Estados Unidos porque prácticamente no hay servicio de celular –el 75% de la antenas quedaron averiadas– y no tiene automóvil.

Rivera tenía un yeso en su brazo izquierdo. Se cayó mientras trataba de sacar el agua de la sala de su casa.

Eso fue el 11 de octubre, 21 días después del huracán.

Me invitó a su casa, que está en una vía despejada y accesible en el lado de una montaña. Cuando entras, tus pies se sumergen en agua. Eso era lo que estaba tratando de limpiar cuando se resbaló y se cayó.

Su hogar se quedó sin techo, salvo en la cocina y en un pequeño garaje, donde duerme. Y últimamente llueve casi todas las tardes. “Imagina. Salgo de mi casa y hay agua. Voy al baño y tengo que llevar una sombrilla”, dice.


La misma semana que Trump visitó Puerto Rico, lanzando rollos de toallas de papel a las víctimas del huracán, el 3 de octubre, Rivera me dijo que oyó a un camión acercarse con altoparlantes, lanzando lo que parecía una buena noticia: empleados del gobierno de Estados Unidos estarían en la ciudad al día siguiente.

A la mañana siguiente, se despertó a las 4 de mañana y fue hasta el lugar donde debía postularse para recibir una lona que la cubra de la lluvia en su casa. Esperó durante horas en una fila y llenó el formulario del gobierno, cuenta.

El 15 de octubre, 25 días después del paso del huracán, la lona no había llegado a la casa.

Hernández afirma que la FEMA ha distribuido 38.000 lonas en la isla y que cerca de 60.000 casas necesitan ayuda con sus techos.


Soldados de la Reserva del Ejército de EE.UU. en Puerto Rico ponen una bandera de EE.UU. en sus vehículos en Yauco, Puerto Rico.

‘Soy estadounidense’

Puerto Rico es parte de Estados Unidos y, sin embargo, no lo es.

Es un territorio de la nación más rica de la Tierra, un país fundado en oposición al colonialismo. Es un lugar donde el gobierno federal supervisa una crisis financiera y controla ciertos aspectos del comercio y los envíos de mercancía, pero donde los estadounidenses no pueden votar para elegir presidente en las elecciones generales, y cuyo único representante en el Congreso tampoco tiene voto.

Sostre, el hombre que quedó atrapado del otro lado del puente destruido, tenía razón en izar la bandera de EE.UU. sobre su hogar y decir “soy estadounidense”.

Rivera, en cambio no piensa mucho en la política. Solo quiere estar a salvo... y seca.

Las noches son las más difíciles. Y Rivera cuenta que le reza a Dios pidiéndole que si llega otro huracán, ella no sobreviva. “No estoy lista para vivir algo así de nuevo”, dice, llorando.

La verdad es que todavía lo está viviendo.

Claudia Morales, Madeleine Stix, Cristian Arroyo y Lorraine Martínez contribuyeron con este reportaje.

Acerca del autorJohn D. Sutter

Columnista de CNN.
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