"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí
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jueves, 6 de mayo de 2021

El primer retrato que Guayasamín hizo a Fidel cumple 60 años


Por Pedro Martínez Pírez

La teoría de que el cuadro aparecería cuando falleciera el pintor, no se cumplió, pues Oswaldo Guayasamín murió el 10 de marzo de 1999. Y la otra teoría de que el cuadro aparecería cuando nos abandonara físicamente el Comandante, tampoco se hizo realidad, pues Fidel Castro falleció el 25 de noviembre de 2016.

Y sigue sin encontrarse el primero de los cuatro retratos que el gran pintor ecuatoriano hizo al Líder Histórico de la Revolución Cubana, aunque el pintor cubano Agustín Bejarano lo recreó hace diez años a partir de la fotografía en que se puede apreciar la obra del Maestro Guayasamín.

El 6 de mayo de 1961, cuando el Comandante Fidel Castro posó por primera vez para el pintor Oswaldo Guayasamín, estaba yo en Quito, cumpliendo una misión diplomática en esa nación andina, y me correspondió el honor de invitar a Cuba al gran artista ecuatoriano, quien me pidió en los días de la agresión imperialista por Playa Girón viajar a La Habana y pintar al líder histórico de la Revolución Cubana.

"Tú eres el causante maravilloso de mi primer viaje a Cuba", me dijo el pintor a su retorno a Quito. Y agregó: "Inmediatamente que fui a Cuba en este primer viaje, conocí a Fidel, y le hice el primer retrato. Fue una alegría inmensa para mí, porque yo habría podido ir a Cuba antes de la Revolución, pero nunca fui porque todo lo que pasaba allá, esa invasión norteamericana de cabarets, y de jugadores y de hoteles exclusivos, era para mí desastroso."

En esa entrevista a Guayasamín, cuyo audio guardo con celo, me comentó en su lenguaje característico el pintor: "Tú me metiste entre montones de gente en un avión horriblemente viejo, y de repente fui a parar en La Habana, y ahí se concertó el encuentro e hice el primer retrato de Fidel".

Aquel primer retrato se hizo en la sede del ICAP, Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, que dirigía Giraldo Mazola Collazo, y fue Celia Sánchez Manduley, ayudante muy eficiente de Fidel, quien coordinó con el Comandante para que el pintor ecuatoriano pudiera hacerle el retrato.

Según narró Giraldo Mazola, quien mantiene el rango de Embajador y es en la actualidad el Director de la Oficina de Atención a la Población del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, el encuentro entre Fidel y Guayasamín se efectuó en horas de la noche del sábado 6 de mayo de 1961, en la terraza del ICAP.

Oswaldo Guayasamín, como otros notables intelectuales ecuatorianos se había personado en nuestra Embajada en los días de abril para patentizar su solidaridad con la Revolución Cubana y repudiar la criminal invasión por Playa Girón.

El pintor ecuatoriano y el Comandante Fidel Castro forjaron a partir de entonces una sólida relación amistosa que se consolidó a lo largo de los años. Fidel Castro jamás posó para otro pintor, y sin embargo lo hizo en cuatro ocasiones con su hermano Guayasamín, en 1981, 1986 y en noviembre de 1995.

Nunca olvidaré que fue Guayasamín el organizador, con su familia, del acto de celebración del 62 cumpleaños de Fidel, quien en agosto de 1988 viajó por primera vez a Quito a la toma de posesión del presidente Rodrigo Borja, visita que yo tuve el honor de reportar para Radio Habana Cuba y también para la Televisión Cubana.

Muchos años después y ya fallecido Guayasamín, Fidel, entonces Presidente de Cuba, habló en la inauguración en Quito de La Capilla del Hombre, el 29 de noviembre de 2002. El Comandante viajó con su entrañable amigo Hugo Chávez, jefe de Estado de Venezuela, y evocó con estas palabras su primer encuentro con el pintor: "Recuerdo aquella vez, muy al principio de la Revolución Cubana, cuando en medio de agitados días un hombre de rostro indígena, tenaz e inquieto, ya conocido y admirado por muchos de nuestros intelectuales, quiso hacerme un retrato. Por primera vez me vi sometido a la torturante tarea. Tenía que estar de pie y quieto, tal como me indicara. No sabía si duraría una hora o un siglo."

En una de las muchas entrevistas que le hice a Guayasamín el pintor precisó que "el retrato tiene un metro veinte centímetros de alto por un metro de ancho, y lo hizo "en quince minutos, cosa que cuando le dije a Fidel que ya estaba el retrato, se da una vuelta y empezó a retroceder hasta una banca al fondo, se sentó, verdaderamente sorprendido de que pudiera haberlo hecho en tan poco tiempo. Y el retrato es una belleza, porque hay fotografías de la entrega en la Embajada, con el Canciller Raúl Roa."

Efectivamente, en la fotografía que ilustra este artículo, y que fue publicada en varios medios cubanos de la época, se pueden observar, de izquierda a derecha, al pintor Oswaldo Guayasamín, el Canciller Raúl Roa, José Abrantes, Fidel Castro, Emilio Aragonés, el embajador de Ecuador en Cuba, Virgilio Chirigoga, y el poeta Nicolás Guillén.

Según Guayasamín con Fidel entraron al ICAP, la noche del sábado 6 de mayo de 1961, unas ocho personas que le pedían autógrafos y conversaban, lo cual hacía más difícil la realización del retrato.

Sobre ese momento y en sus palabras en la Capilla del Hombre, Fidel Castro comentó: "Nunca vi a alguien moverse a tal velocidad. mezclar pinturas que venían en tubos de aluminio como pastas de dientes, revolver, añadir líquidos, mirar persistente con ojos de águila, dar brochazos a diestra y siniestra, sobre un lienzo en lo que dura un relámpago, y volver sus ojos sobre el asombrado objeto viviente de su febril actividad".


Con su visita a Quito a la inauguración de la obra magna del pintor, tres años después del fallecimiento de Guayasamín, Fidel confirmó su gran admiración por el artista ecuatoriano, quien fue siempre muy solidario con Cuba.

Yo pude asistir como invitado a la Casa de Protocolo de La Habana donde Guayasamín hizo el cuarto y último retrato a Fidel. Además de Guayasamín y su familia, recuerdo entre los asistentes a Antonio Núñez Jiménez y Eusebio Leal, amigos del pintor ecuatoriano y de Fidel, así como a la colega catalana Monserrat Ponsa i Tarrés, Miembro de Honor, quien, como yo, fue honrada con el título de Miembro de Honor de la Fundación Guayasamín.

Nunca olvidaré que fue en ese encuentro, a finales de noviembre de 1995, cuando Fidel le preguntó a Núñez Jiménez cómo Cuba podría ayudar a financiar la Capilla del Hombre. La respuesta fue certera y breve: "muy fácil, Comandante, con tabacos cubanos". Y el primer humidor, construido en Ecuador y con las firmas de Fidel y Guayasamín, fue subastado en el famoso Cabaret "Tropicana", por el propio Comandante, en presencia de Guayasamín.

Mucho antes, el 29 de noviembre de 1986, había estado yo como invitado de Guayasamín cuando el gran artista ecuatoriano hizo un retrato a Silvio Rodríguez, como regalo por el cuarenta cumpleaños del cantautor cubano. Recuerdo que Silvio, en grabación que conservamos en Radio Habana Cuba, me dijo que había sido "bendecido por la mano de los Andes" y se sentía "como si lo hubieran vuelto a parir".

En esos días Guayasamín pintó también a José Ramón Fernández, héroe de Playa Girón y ex Ministro de Educación, quien según el artista ecuatoriano en declaraciones a Radio Habana Cuba lo calificó como "un hombre azul".

Con Oswaldo Guayasamín mantuve siempre un fuerte vínculo de amistad con raíces en los días de abril de 1961. Me invitó a su 75 cumpleaños en julio de 1994, y alojado en su casa, pude compartir con algunos de sus invitados, entre ellos el geógrafo, arqueólogo y espeleólogo cubano Antonio Núñez Jiménez y el escritor y político Juan Bosch, ex presidente de República Dominicana, quien viajó con su esposa cubana Carmen Quidiello y su hijo Patricio.

Todos los invitados, entre los cuales también había españoles, chilenos, costarricenses y ecuatorianos, estuvimos en Sangolquí, a unos 30 kilómetros de Quito, donde Guayasamín instaló una gran escultura del líder indígena Rumiñahui, réplica de la cual, aunque mucho más pequeña, trajo a Cuba a instaló en un parquecito de La Habana Vieja, muy cerca de la Casa Museo Guayasamín, inaugurada el 8 de enero de 1993, un acto al que asistieron Fidel y Eusebio Leal Spengler, Historiador de La Habana.

Recuerdo la última visita de Guayasamín a Cuba. Fue en el cuarenta aniversario del triunfo de la Revolución, en enero de 1999. Vino a participar en un encuentro organizado por el Ministerio cubano de Cultura y la Casa de las Américas, y lo hizo acompañado por otros dos entrañables amigos e intelectuales ecuatorianos: Jorge Enrique Adoum y Pedro Jorge Vera.

Al Taller Cultura y Revolución, que se efectuó en la ciudad de Santiago de Cuba los días 4 y 5 de enero asistieron también los Premios Nobel de Literatura Gabriel García Marquez (1982) y José Saramago (1998).



Guayasamín viajó con Fidel y con García Márquez a ese foro, en el cual el pintor ecuatoriano reveló que la idea de la Capilla del Hombre en Quito surgió en su primer viaje a Cuba, donde además de pintar a Fidel había podido comprobar los crímenes cometidos por la dictadura de Fulgencio Batista y por el imperialismo yanqui en Playa Girón.

El 6 de enero de 1999, en la sede del ICAP, donde cuatro décadas antes había hecho el primer retrato a Fidel. Guayasamín asistió al acto de condecoración a su hijo Pablito, quien recibió la Orden de la Amistad que otorga el Consejo de Estado de Cuba. Y allí le hice a Guayasamín la última de mis entrevistas. El Maestro estaba emocionado por haber viajado junto al Comandante a Santiago de Cuba y después retornar con él a La Habana, y por el homenaje a su hijo Pablito. y en ese diálogo, además de reafirmar su amor por Cuba y por Fidel, me contó que en La Habana le habían hecho un chequeo médico del cual salió muy bien, salvo la confirmación de que se mantenía la pérdida de visión en uno de sus ojos, algo que le obsesionó hasta el día de su muerte, ocurrida dos meses después, el 10 de marzo de 1999.

Diez años antes de su fallecimiento el pintor ecuatoriano había recibido en La Habana dos importantes distinciones cubanas: la Medalla Haydée Santamaría y el máximo reconocimiento del Consejo de Estado de Cuba, la Orden Félix Varela. Y cinco años después, en noviembre de 1994, el título de Doctor Honoris Causa, otorgado a Guayasamín por el Instituto Superior de Arte de Cuba.

Ocho meses después de su fallecimiento, el 16 de noviembre de 1999, durante la IX Cumbre Iberoamericana celebrada en La Habana, Guayasamín fue proclamado Pintor de Iberoamérica y Fidel, con voz entrecortada por la emoción, lo reconoció como el hombre más noble, generoso y humano que había conocido en su vida.

Pero algo que 60 años después sigue constituyendo un misterio o un enigma es saber dónde está el primer retrato que Guayasamín hizo a Fidel el 6 de mayo de 1961 y que unos días después fue presentado en un acto efectuado en la sede de la Embajada de Ecuador en La Habana.

Los originales del segundo y cuarto retratos están en la Casa Museo Oswaldo Guayasamín de la capital cubana, y el tercero en la sede de la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre, también en La Habana.

A la valiosa e histórica colección de originales le falta el primero, que solamente se conoce por fotografías y por la magnífica recreación que hace diez años, realizó el pintor camagüeyano Agustín Bejarano, quien junto a una treintena de artistas cubanos de la plástica, acompañó a Fidel Castro a la inauguración en Quito de la Capilla del Hombre, en horas del mediodía del viernes 29 de noviembre de 2002, acto memorable al que pude asistir como invitado de Guayasamín con mi esposa Esperanza Álvarez, también periodista de Radio Habana Cuba.

Los cuatro retratos de Fidel han sido editados en Madrid como calendarios de bolsillo de Radio Habana Cuba, por el amigo Gabriel Navarrete Martínez, Presidente de la Asociación Cultura y Cooperación Internacional de España, quien financió también las lienzografías de la recreación de Bejarano del primer retrato, para obsequiarla a los Cinco Héroes: Gerardo Hernández, René González, Antonio Guerrero, Ramón Labañino y Fernando González, así como otras personalidades cubanas.

Y en esos calendarios de bolsillo, que son pequeñas obras de arte, también han sido ilustrados con retratos de Guayasamín a Silvio Rodríguez, Antonio Núñez Jiménez, Armando Hart, José Ramón Fernández, José Martí, y el de este año 2021, ilustrado con el retrato que el Pintor de Iberoamérica hizo en su casa de Quito al Historiador de La Habana Eusebio Leal Spengler.

En el almanaque están marcadas las fechas del nacimiento el 11 de septiembre, y la del fallecimiento, el 31 de julio, del inolvidable Historiador de la Ciudad de La Habana, amigo entrañable de Fidel y de Guayasamín.

La Habana, 6 de mayo de 2021.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Calendario de bolsillo de Radio Habana Cuba del 2018



Radio Habana Cuba, la Fundación Guayasamín de Ecuador, la Asociación Cultura y Cooperación Internacional de España y la Oficina del Historiador de La Habana,


Le invitan a la presentación del calendario de bolsillo de Radio Habana Cuba de 2018 ilustrado con el retrato que el pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín hizo en La Habana a José Ramón Fernández, en el 35 aniversario de la victoria cubana en Playa Girón.

El acto se efectuará en la sede de la Casa Museo Oswaldo Guayasamín, en la Calle Obrapía 111, entre Oficios y Mercaderes, a las 11 de la mañana del viernes 3 de noviembre de 2017.

La Asociación Cultura y Cooperación Internacional entregará en el acto a José Ramón Fernández, Presidente del Comité Olímpico Cubano, una lienzografía con la imagen del retrato del Maestro Guayasamín, para ser colocada en las oficinas del COC.

Todos los asistentes al acto recibirán como recuerdo un ejemplar del calendario de bolsillo, pequeña obra de arte impresa en Madrid, y podrán visitar las salas del Museo, que fue inaugurado el 8 de enero de 1993 con la presencia de Fidel Castro, Oswaldo Guayasamín y Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad.

El acto se efectuará en la víspera del 94 cumpleaños de José Ramón Fernández, asesor del Presidente Raúl Castro y uno de los héroes de la histórica victoria en las arenas de Playa Girón.

viernes, 10 de marzo de 2017

Una luz para que 18 años después vuelva Guayasamí­n

Por Pedro Martínez Pírez

 El miércoles 6 de enero de 1999 entrevisté en La Habana por última vez al notable pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, a quien había conocido en Quito en 1960.

Fue en la sede del ICAP, el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos donde ese día le entregaban la Orden de la Amistad a su hijo Pablo, en el mismo escenario en que Oswaldo pintó al Comandante Fidel Castro en el primero de los cuatro retratos que a lo largo de su vida hizo al líder histórico de la Revolución Cubana.

La distinción a Pablo Guayasamín en el ICAP fue un acto de justicia porque el hijo del Maestro, como sus hermanos Cristóbal, Saskia y Verenice, han desarrollado siempre una gran solidaridad con Cuba, y Pablito ha sido también Presidente del Instituto Cultural ecuatoriano-cubano José Martí y desde hace algunos años integra el Consejo JOSE MARTÍ de Solidaridad Mundial.

Y tanto él como su esposa Patricia Madriñán habían viajado con Oswaldo Guayasamín en el mismo avión en que Fidel Castro viajó a Santiago de Cuba a la celebración del acto por el aniversario 40 de la Revolución Cubana. 

Fueron dí­as de mucha emoción porque el lunes 4 y martes 5 de enero Oswaldo Guayasamín, junto a otros dos grandes intelectuales ecuatorianos, Jorge Enrique Adoum y Pedro Jorge Vera, habí­a participado en el Taller Cultura y Revolución, convocado por el Ministerio de Cultura de Cuba y la Casa de las Américas.

En esa inolvidable entrevista Guayasamín me habló de su viaje de ida y vuelta en avión con Fidel, de los actos en Santiago de Cuba y de su intervención en el Taller, donde había anunciado la próxima inauguración de la Capilla del Hombre en Quito, un gran sueño nacido en 1961, durante su primer viaje a Cuba, donde conoció los crí­menes de la tiraní­a de Fulgencio Batista, y los graves daños materiales y humanos provocados por la acción imperialista en Playa Girón, así como el cerco diplomático que Washington impulsaba contra Cuba en aquella época.

En abril de 1961, en los días de la agresión imperialista por Playa Girón, Guayasamín visitó la sede de la embajada cubana en Quito y como muestra de solidaridad expresó su deseo de viajar a Cuba para patentizar su apoyo a la Revolución, y su ilusión de pintar al Comandante Fidel Castro.

Desde la Embajada de Cuba en Quito trasladamos la solicitud del pintor ecuatoriano al ICAP, dirigido entonces por Giraldo Mazola -actualmente nuestro embajador en Namibia- quien tuvo la sabia iniciativa de trasladar el pedido a la inolvidable Celia Sánchez Manduley, quien con la eficiencia que siempre la caracterizó hizo posible el encuentro de Fidel con Guayasamín en la hermosa casona del Instituto la noche del sábado 6 de mayo de 1961.

Oswaldo Guayasamí­n es el único pintor para el cual posó en cuatro ocasiones el líder histórico de la Revolución Cubana. Al primer retrato, del cual solamente se conservan fotografí­as, se agregaron otros en 1981 y 1986, y el último, entregado en un acto público realizado en 1996 en La Habana, a propósito del setenta cumpleaños de Fidel.

Fui invitado por Guayasamí­n cuando realizó el cuarto y último retrato a Fidel y también el 29 de noviembre de 1986, cuando en La Habana pintó al cantautor cubano Silvio Rodríguez, quien ese dí­a cumplí­a 40 años de edad. "€œHe sido bendecido por las manos de los Andes€ , siento que me han vuelto a parir", me dijo Silvio, en una entrevista que conservo con celo por su simbolismo, y porque la fecha del cumpleaños de Silvio coincide con el día de la inauguracin de la Capilla del Hombre, el 29 de noviembre de 2002, en una mañana memorable en la que ya no estaba Oswaldo, pero sí sus amigos Fidel Castro y Hugo Chávez.

Guardo muchos y muy gratos recuerdos de Guayasamí­n, a quien entrevisté también en varias ocasiones para la televisión cubana, una de ellas cuando la inauguración en agosto de 1988 de su mural en la sede del Asamblea Nacional, en Quito, en los días de la visita de Fidel Castro a los actos de toma de posesión del presidente de Ecuador Rodrigo Borja. En ese mural el pintor denuncia mediante una imagen y por su nombre a la CIA, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, de triste recordación en Ecuador, en Cuba y en todo el mundo.

Y recuerdo por esos días que fue Guayasamín y su familia quienes celebraron el 62 cumpleaños de Fidel, lo cual se convirtió después en una práctica que el pintor repitió en La Habana 8 años después, y la Fundación continuó luego del fallecimiento de Oswaldo, y hasta la desaparición física de Fidel, el 25 de noviembre de 2016.

Y es que Guayasamí­n, quien fue reconocido como Pintor de Iberoamérica en la IX Conferencia Cumbre de ese grupo de países, celebrada el 16 de noviembre de 1999 en La Habana, nunca ocultó su firme postura antiimperialista, de apoyo irrestricto a la Revolución Cubana, a la lucha de los sandinistas en Nicaragua y del FMLN en El Salvador.

Condenó las agresiones de Estados Unidos a República Dominicana, Chile, Granada, Panamá; se solidarizó con los negros, los indios, las mujeres y los niños, y condenó los dos genocidios: el de los aborí­genes en América y el de los negros que fueron arrancados del Africa.

En su hermoso y ya histórico mensaje titulado "Por la unidad latinoamericana en el corazón del sol", presentado en el Taller "Cultura y Revolución a Cuarenta Años de 1959", Guayasamin denunció que en un siglo y medio la Conquista mató alrededor de setenta millones de indios, y a la mitad de los cincuenta millones de negros que los europeos trajeron como esclavos a América.

De su vastí­sima obra baste recordar la colección pintada entre 1964 y 1984, titulada "La Edad de la Ira", en la cual denuncia las crueldades de la Guerra Civil española, las invasiones nazis y los campos de concentración, las bombas sobre Hiroshima y Vietnam, las dictaduras en América del Sur, las agresiones yanquis, la discriminación y el abuso contra mujeres y niños.

"Como mejor me expreso es con formas y colores", dijo en su última visita a Cuba, donde siempre se reconoció su grandeza como pintor y escultor y le fueron conferidas la Medalla Haydée Santamarí­a y la Orden Félix Varela, la mas alta distinción que concede el Consejo de Estado de Cuba a personalidades de la Ciencia, la Cultura y las Artes.

Guardo en mi memoria la visita que Guayasamin hizo a Cuba cuando mercenarios centroamericanos fueron contratados por los terroristas de Miami para colocar bombas en hoteles de La Habana, una de las cuales provocó la muerte del joven italiano Fabio Di Celmo.

El pintor ecuatoriano decidió venir a La Habana acompañado de un equipo de la televisión ecuatoriana y alojarse en un hotel para demostrar que sí se podí­a venir a la capital cubana, ví­ctima entonces de una campaña destinada a atemorizar a turistas y contribuir así al criminal bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba.

Y recuerdo también con emoción cuando fui invitado por el Maestro a la celebración de su 75 cumpleaños, el 6 de julio de 1994, y en esos dí­as decidió otorgarme la honrosa condición de Miembro de Honor de la Fundación Guayasamí­n, que ya poseían Fidel Castro, Antonio Núñez Jiménez, Eusebio Leal, José Ramón Fernández y Abel Prieto Jiménez.

Este viernes, cuando se cumplen 18 años de la muerte de Oswaldo, vienen a mi mente las palabras de Fidel Castro en el acto de inauguración de la Capilla del Hombre en Quito, cuando al evocar a Guayasamí­n lo identifica como a su hermano entrañable, y la persona mas noble, transparente y humana que había conocido, cuyo legado dejado al mundo perdurará en la conciencia y el corazón de las presentes y futuras generaciones. Y recuerdo también las palabras del propio pintor, quien siempre nos pidió que dejáramos encendida una luz porque él iba a volver.

Y esa luz la proyectan las 24 obras que conforman la exposición titulada CARIBE ALUCINANTE, que trajo desde República Dominicana el pintor cubano Ángel Urrely, quien este diez de marzo realizará el sueño de ver expuesta su obra durante un mes en la Casa Museo Oswaldo Guayasamín, ubicada en el Centro Histórico de La Habana, Patrimonio Cultural de la Humanidad.

jueves, 10 de marzo de 2016

A 17 años, una luz para que vuelva Guayasamí­n

Por Pedro Martínez Pírez

El miércoles 6 de enero de 1999, en la sede del ICAP, Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, en La Habana, entrevisté por última vez al notable pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, a quien había conocido en Quito en 1960.

Guayasamín estaba feliz porque en el ICAP le entregaban ese día la Orden de la Amistad a su hijo Pablo, en el mismo escenario en que el Comandante Fidel Castro posó para él 38 años antes, en el primero de los cuatro retratos que a lo largo de su vida hizo al líder histórico de la Revolución Cubana.

La distinción a Pablo Guayasamín en el ICAP fue un acto de justicia porque el hijo del Maestro, como sus hermanos Cristóbal, Saskia y Verenice, han desarrollado siempre una gran solidaridad con Cuba, y Pablito ha sido Presidente del Instituto Cultural ecuatoriano-cubano José Martí y desde hace algunos años integra el Consejo JOSE MARTÍ de Solidaridad Mundial.

Y tanto él como su esposa Patricia Madriñán habían viajado con Oswaldo Guayasamín en el mismo avión en que Fidel Castro retornaba desde Santiago de Cuba a Habana luego de la celebración del acto por el aniversario 40 de la Revolución Cubana.

Fueron dí­as de mucha emoción porque el lunes 4 y martes 5 de enero Oswaldo Guayasamín, junto a otros dos grandes intelectuales ecuatorianos, Jorge Enrique Adoum y Pedro Jorge Vera, habí­a participado en el Taller Cultura y Revolución, convocado por el Ministerio de Cultura de Cuba y la Casa de las Américas.

Poco más de 16 minutos duró la entrevista grabada para Radio Habana Cuba con Guayasamín en el ICAP. Me habló de su viaje de ida y vuelta en avión con Fidel, de los actos en Santiago de Cuba y de su intervención en el Taller, donde había anunciado la próxima inauguración de la Capilla del Hombre en Quito, un gran sueño nacido en 1961, durante su primer viaje a Cuba, donde conoció los crí­menes de la tiraní­a de Fulgencio Batista, y los graves daños materiales y humanos provocados por la acción imperialista en Playa Girón, así como el cerco diplomático que Washington impulsaba contra Cuba en aquella época.

Y es que Oswaldo Guayasamí­n, cuando yo cumplía una misión diplomática en Ecuador, visitó la Embajada cubana en Quito en los días de Playa Girón, en abril de 1961, y como muestra de solidaridad con Cuba e indignación por la agresión mercenaria e imperialista, expresó su deseo de viajar a Cuba para patentizar su solidaridad con la Revolución, y pintar al Comandante Fidel Castro.

Desde la Embajada de Cuba en Quito, trasladamos la solicitud del pintor ecuatoriano al ICAP, presidido entonces por Giraldo Mazola -actualmente nuestro embajador en Namibia- quien tuvo la sabia iniciativa de trasladar el pedido a la inolvidable Celia Sánchez Manduley, quien con la eficiencia que siempre la caracterizó hizo posible el encuentro de Fidel con Guayasamín en la hermosa casona del Instituto la noche del sábado 6 de mayo de 1961.

"Tú eres el causante maravilloso de mi primer viaje a Cuba", me dijo Guayasamín en una de las numerosas entrevistas que le hice a lo largo de su vida en La Habana, en Quito, en Barcelona o en Managua.

"Inmediatamente que voy a Cuba en este primer viaje ya conozco a Fidel y hago el primer retrato", agregó el pintor, y en su estilo característico de hablar, con afecto y amor hacia Cuba, precisó que yo "lo habí­a metido entre montones de gente en un avión horriblemente viejo y de repente fui a parar a La Habana, donde se concertó y realicé el primer retrato a Fidel"

Oswaldo Guayasamí­n es el único pintor para el cual posó en cuatro ocasiones el líder histórico de la Revolución Cubana. Al primer retrato, del cual solamente se conservan fotografí­as, se agregaron otros en 1981 y 1986, y el último, entregado en un acto público realizado en diciembre de 1996 en La Habana, a propósito del setenta cumpleaños de Fidel.

Fui invitado por Guayasamí­n cuando realizó el cuarto y último retrato a Fidel y también el 29 de noviembre de 1986, cuando en La Habana pintó al cantautor cubano Silvio Rodríguez, quien ese dí­a cumplí­a 40 años de edad. "He sido bendecido por las manos de los Andes, siento que me han vuelto a parir", me dijo Silvio, en una entrevista que conservo con celo por su simbolismo, y porque la fecha del cumpleaños de Silvio coincide con el día de la inauguración de la Capilla del Hombre, el 29 de noviembre de 2002, en una mañana memorable en la que ya no estaba Oswaldo, pero sí sus amigos Fidel Castro y Hugo Chávez.

Y yo tuve el privilegio también de ser testigo como diplomático y fotógrafo aficionado del retrato que Guayasamí­n hizo en su casa de Quito, el 7 de septiembre de 1961, al inolvidable cantautor cubano Carlos Puebla, quien estuvo en Ecuador con los Tradicionales, músicos que siempre le acompañaban: Pedro, Rafael y Santiago.

Guardo muchos y muy gratos recuerdos de Guayasamí­n, a quien entrevisté también en varias ocasiones para la televisión cubana, una de ellas cuando la inauguración en agosto de 1988 de su mural en la sede del Asamblea Nacional, en Quito, en los días de la visita de Fidel Castro a los actos de toma de posesión del presidente de Ecuador Rodrigo Borja. En ese mural el pintor denuncia mediante una imagen y por su nombre a la CIA, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, de triste recordación en Ecuador, en Cuba y en todo el mundo. Y recuerdo por esos días que fue Guayasamín y su familia quienes celebraron el 62 cumpleaños de Fidel, lo cual se convirtió después en una práctica que el pintor repitió en La Habana 8 años después, y la Fundación continuó luego del fallecimiento de Oswaldo, y hasta hoy, cuando nos acercamos al 90 cumpleaños del Comandante cubano.

Y es que Guayasamí­n, quien fue reconocido como Pintor de Iberoamérica en la IX Conferencia Cumbre de ese grupo de países, celebrada el 16 de noviembre de 1999 en La Habana, nunca ocultó su firme postura antiimperialista, de apoyo irrestricto a la Revolución Cubana, a la lucha de los sandinistas en Nicaragua y del FMLN en El Salvador.

Condenó las agresiones de Estados Unidos a República Dominicana, Chile, Granada, Panamá; se solidarizó con los negros, los indios, las mujeres y los niños, y condenó los dos genocidios: el de los aborí­genes en América y el de los negros que fueron arrancados del África.

En su hermoso y ya histórico mensaje titulado "Por la unidad latinoamericana en el corazón del sol", presentado en el Taller Cultura y Revolución a Cuarenta Años de 1959, Guayasamín denunció que en un siglo y medio la Conquista mató alrededor de setenta millones de indios, y a la mitad de los cincuenta millones de negros que los europeos trajeron como esclavos a América.

De su vastí­sima obra baste recordar la colección pintada entre 1964 y 1984, titulada "La Edad de la Ira", en la cual denuncia las crueldades de la Guerra Civil española, las invasiones nazis y los campos de concentración, las bombas sobre Hiroshima y Vietnam, las dictaduras en América del Sur, las agresiones yanquis, la discriminación y el abuso contra mujeres y niños.

"Como mejor me expreso es con formas y colores", dijo en su última visita a Cuba, donde siempre se reconoció su grandeza como pintor y escultor y le fueron conferidas la Medalla Haydée Santamarí­a y la Orden Félix Varela, la más alta distinción que concede el Consejo de Estado de Cuba a personalidades de la Ciencia, la Cultura y las Artes.

Guardo en mi memoria la visita que Guayasamín hizo a Cuba cuando mercenarios centroamericanos fueron contratados por los terroristas de Miami para colocar bombas en hoteles de La Habana, una de las cuales provocó la muerte del joven italiano Fabio Di Celmo.

El pintor ecuatoriano decidió venir a La Habana acompañado de un equipo de la televisión ecuatoriana y alojarse en un hotel para demostrar que sí se podí­a venir a la capital cubana, ví­ctima entonces de una campaña destinada a atemorizar a turistas y contribuir así al criminal bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba.

Y recuerdo también con emoción cuando fui invitado por el Maestro a la celebración de su 75 cumpleaños, el 6 de julio de 1994, y en esos dí­as decidió otorgarme la honrosa condición de Miembro de Honor de la Fundación Guayasamí­n. Y recuerdo también, agradecido, el apoyo del pintor y su familia a la edición de los calendarios de bolsillo de Radio Habana Cuba a partir de la crisis económica de los años noventa. 

Este jueves diez de marzo, cuando se cumplen 17 años de la muerte de Oswaldo, vienen a mi mente las palabras de Fidel Castro en el acto de inauguración de la Capilla del Hombre en Quito, cuando al evocar a Guayasamí­n lo identifica como a su hermano entrañable, y la persona más noble, transparente y humana que había conocido, cuyo legado dejado al mundo perdurará en la conciencia y el corazón de las presentes y futuras generaciones. Y recuerdo también las palabras del propio pintor, quien siempre nos pidió que dejáramos encendida una luz porque él iba a volver.


La Habana, 10 de marzo de 2016
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