"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí
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viernes, 10 de noviembre de 2017

Cuba.- La Revolución de Octubre y el pueblo cubano. Una visión a cien años.

Por Angelina Rojas Blaquier

Al triunfar la Revolución de Octubre en Rusia, en 1917, el pueblo cubano había concluido su larga lucha contra los colonialistas españoles e iniciado su enfrentamiento al neocolonialismo impuesto por Estados Unidos.

Tras el escamoteo de una independencia ganada en los campos de batalla por los heroicos mambises mediante la adición de la Enmienda Platt a la Constitución de 1901, los trabajadores y el resto de los sectores populares enrumbaron sus luchas contrala explotación capitalista, y contra los primeros intentos gubernamentales y reformistas por crear organizaciones obreras que les fueran afines. Así, las ideas de la Revolución de Octubre guiada por Lenin, influyeron especialmente en sus luchas, en tanto demostración de que los trabajadores podían alcanzar el poder.

El surgimiento e influencia del primer estado de obreros y campesinos en el mundo, coadyuvó al rápido avance organizativo y político de las masas trabajadoras, de una parte de los intelectuales y también entre los estudiantes. La prensa obrera y otros medios, en oposición a los órganos de la burguesía, comenzaron a divulgar su alcance, y su carácter de verdadera revolución social. Entre ellos se destacan, escritos por Carlos Baliño: En Marcha hacia la vida y la libertad, publicado en el mes de abril de 1017 en la revista Cuba y América, coincidiendo con las Tesis de Abril de Lenin, en el cual describe la situación existente tras el triunfo de la revolución de febrero en Rusia, y vislumbra los cambios que se producirían varios meses después. Otro fue el titulado La Revolución Rusa, aparecido en diciembre de 1917, que refería el alcance de la Revolución, y su carácter de verdadera revolución social.

Pero la Revolución de Octubre no sólo despertó una simpatía declarativa en el pueblo cubano. De inmediato de desplegó una solidaridad activa con el nuevo estado, al tiempo que repercutía acelerando la radicalización de sus luchas contestatarias, coadyuvando también al rápido avance de su proceso organizativo.

El líder obrero Alfredo López y otros anarquistas y anarco-sindicalistas honestos, se acercaron aceleradamente a la ideología marxista, respaldados por la tremenda labor ideopolítica realizada por Carlos Baliño, Agustín Martín Veloz, Julio Cesar Gandarilla, entre otros pensadores y luchadores revolucionarios cubanos. Ello favoreció la polarización clasista de los trabajadores frente a aquellos dirigentes que se anclaron en un reformismo ajeno a la verdadera defensa de los intereses de la clase que se suponía representaban.

Entre sus primeros respaldos se destacan las conmemoraciones del 1º de Mayo en 1918 y 1919, efectuadas en el Teatro Payret, convocadas por la Agrupación Socialista de La Habana.[i] Allí se escucharon mensajes solidarios con la nueva Rusia; vocablos como soviet y bolsheviki, y comenzaba a sustituirse la forma organizativa gremial por la sindical.

En el Congreso Nacional Obrero celebrado del 14 al 16 de abril de 1920,[ii]sus delegados aprobaron un histórico saludo de la clase obrera cubana a la Rusia soviética donde se precisaba que “la Rusia Roja era como un faro de luz, como ejemplo, guía y estímulo para las maltratadas muchedumbres ansiosas de redención y justicia…, y le enviaban “a nuestros hermanos de Rusia el testimonio de nuestra solidaridad revolucionaria. El Congreso.”[iii]

También en 1920, en respuesta a la solicitud de ayuda hecha por Lenin ante la sequía y la hambruna en su país, surgieron varios Comités de Ayuda a Rusia en las provincias hasta llegar al Comité Cubano de Ayuda a Rusia, presidido por Carlos Baliño, que centralizaba las acciones solidarias, especialmente para la recaudación de fondos, transfiriéndolos posteriormente desde La Habana a nombre de Vladimir I. Lenin.[iv]

El Octubre Rojo también influyó en el fortalecimiento de la Agrupación Socialista de La Habana desde 1918, mediante la profundización en el conocimiento del socialismo marxista.[v] Ella encabezó las campañas de solidaridad de los trabajadores cubanos con la naciente Rusia soviética y trabajó arduamente en la divulgación de la misma y su significado universal.[vi]

En Declaración de Principios del 16 de julio de 1922, la Agrupación Socialista[vii] denunció a los falsos líderes que impedían la unidad obrera y se declara marxista, identificada con los principios que caracterizan a la revolución rusa, hace oficial ruptura con la II Internacional, y declara su adhesión a la III Internacional, aceptando sus 21 condiciones, asegurando que los obreros cubanos responderían con su espíritu solidario, al clamor de los compañeros rusos.

La misma precisa entre sus objetivos, fijar en las organizaciones obreras cubanas el espíritu de la lucha de clases, y convencerlas de adherirse a la Internacional Sindical Roja, por su espíritu revolucionario.[viii]

Ya en manifiesto de apoyo a la Rusia Soviética, firmado por Baliño a finales de 1921, se expresa: “los ardientes deseos de los obreros de Cuba (…) de contribuir directamente con sus esfuerzos a consolidar la República soviet, la obra revolucionaria más trascendental que pueblo alguno haya realizado, siendo nuestros camaradas rusos, los cíclopes de esa colosal empresa de transformación social (…) Los obreros de Cuba partirán su pan con los camaradas rusos… por deber y por conciencia”.[ix]

Vale decir que Lenin tuvo temprano conocimiento de la existencia de Cuba y sus luchas: en la despedida del duelo del cubano Pablo Lafargue, yerno de Carlos Marx, dijo de él que había llegado de «una tierra cálida y heroica donde en 1898 se libró la primera guerra imperialista del mundo».[x]

La primera expresión concreta y trascendente de los avances organizativos y políticos de la clase obrera, fue la fundación por Alfredo López, en 1921, de la Federación Obrera de La Habana.

En noviembre de 1922 apareció la revista Espartaco[xi] como homenaje al quinto aniversario de la Revolución de Octubre, a fin de divulgar las ideas de la Revolución, sus líderes, sus primeros logros en la economía, la educación y la cultura, difundir las ideas más avanzadas del pensamiento social y político de la época, e incorporar análisis de diversos problemas de interés para la clase obrera cubana.

Ya el 18 de marzo de 1923 se fundó la Agrupación Comunista de La Habana, inspirada en el ideario leninista, y poco después la de Guanabacoa, otro formidable paso hacia el avance de las luchas proletarias con sentido clasista.

La publicación del periódico Lucha de clases, órgano de dicha Agrupación desde marzo de 1924, bajo la dirección de Carlos Baliño, fue otra fuente para el enriquecimiento cultural e ideológico de la población con respecto a la situación socio política del país, al quehacer de las organizaciones representativas de los intereses populares y al conocimiento de las razones y avances de la epopeya rusa.

La simpatía y respaldo a la Revolución de Octubre, germinó también entre los jóvenes, especialmente los estudiantes. Guiados por Julio Antonio Mella, comprendieron tempranamente que la movilización espontánea inherente a las clases y sectores potencialmente contestatarios, necesitaba de la preparación teórica y cultural que sustentara el respaldo. Con esa convicción crearon cuantos medios les fue posible para coadyuvar a la movilización interna y a la solidaridad internacional, entre ellos, el grupo Renovación en mayo de 1923, para el estudio de la teoría marxista y los ideales martianos.

Los participantes al Primer Congreso Nacional de Estudiantes, del 15 al 25 de octubre de 1923, presidido por Julio Antonio Mella, expresaron su respaldo a la Revolución de Octubre, se declararon contrarios a todos los imperialismos, especialmente el yanqui, y pidieron al gobierno cubano el reconocimiento de la URSS. A ello se sumó la fundación de la Universidad Popular José Martí, a fin de dotar a los trabajadores y sus familiares de los conocimientos necesarios para entender el mundo en que vivían, la necesidad de realizar una lucha verdaderamente emancipadora y promover la alianza obrero estudiantil.

Un momento importante en la solidaridad del pueblo cubano hacia el pueblo soviético y su revolución, visto como paradigma de continuidad para las luchas propias, fue el homenaje rendido al líder del proletariado mundial en esta colina que desde 1924 lleva su nombre y el acto que siguió frente al Ayuntamiento. La numerosa concurrencia manifestó su adhesión combativa al pueblo soviético y al jefe de su revolución victoriosa y esperanzadora.

Existen numerosas informaciones y testimonios de los actos realizados en distintas localidades del país, en honor a Lenin. Especialmente valioso resultó el realizado en el Centro Obrero de La Habana el 4 de febrero de 1924, organizado por la Agrupación Comunista, entre cuyos oradores se destacó Julio Antonio Mella. 

También es notable la conmemoración del 1º de Mayo de 1925 en el país, especialmente en La Habana donde se realizó el primer desfile obrero en la República, con más de 40 mil asistentes. Ya en horas de la tarde, una peregrinación desde el Ayuntamiento de Regla hasta la recién inaugurada Colina Lenin, con participación del alcalde, Antonio Bosch, portando numerosas banderas rojas.

La visita de Mella y varios compañeros al barco soviético Vatslav Vorovski en el puerto de Cárdenas, y la confraternización con los marinos soviéticos, quienes recibieron los saludos y la admiración del pueblo cubano, fue otro importante acontecimiento solidario.

Tanto crecieron esa solidaridad y muestras de simpatía, que en la negativa del Ministro de Gobernación para que Mella visitara el barco, argumentó que “…la campaña bolchevique se ha extendido tanto en Cuba que el gobierno está dispuesto a expulsar a todo extranjero que se dedique a esa propaganda y a encarcelar al nativo que la secunde”. [xii] El 10 de agosto Mella pronunció una conferencia en la, titulada Una tarde bajo la bandera Roja, impartida en la Sociedad de Torcedores.

Estos y otros actos hicieron de agosto de 1925 una suerte de colofón del accionar revolucionario que se venía radicalizando entre los distintos sectores sociales del país desde principios de la década.

Del 2 y el 7 de agosto se efectuó en La Habana el III Congreso Nacional Obrero que originó la Confederación Nacional de Obreros de Cuba, cuyo valor esencial fue la agrupación de los trabajadores en una sola organización nacional, punto de partida para la concertación de una verdadera unidad clasista.

Pocos días después, el 16 de agosto, quedó fundado el primer Partido Comunista de Cuba. Con su creación se abrió una nueva etapa en la lucha política y clasista de los trabajadores y el resto de los sectores populares. El eco del octubre ruso alcanzaba a todos, acelerando el difícil camino hacia la derrota del imperio.

Los dos objetivos aprobados por el Partido para su labor, precisaron el vínculo del ideario comunista con las tradiciones de luchas cubanas, al precisar:

“Con la enseñanza de Lenin, haremos una realidad el postulado ideológico de Martí adaptado al momento histórico: CON TODOS Y PARA EL BIEN DE TODOS”.

En el transcurso de las luchas de los trabajadores y el resto de los sectores populares en aquella trascendente coyuntura interna e internacional, quedó demostrado hasta dónde podían llegar quienes buscaban apropiarse del mundo, y simultáneamente, hasta dónde podía llegar la fuerza de los trabajadores. La Revolución de Octubre se erigió como constatación de un camino.

Cualquier acercamiento a la historia de las luchas políticas hasta hoy, evidencia con y prontitud la influencia de la Revolución de Octubre y el aporte de su conductor, Vladimir Ilich Lenin. Su experiencia, sus teorías, sus resultados, sus dirigentes y sus paradigmas, deben ser estudiados como nunca antes, toda vez que no ha cambiado la esencia opresora que la justificó entonces y la sigue exigiendo ahora.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Y la revolución de “los de abajo” conmovió al mundo.

Por Thalía Fung, Doctora en Ciencias y Profesora de Mérito de la Universidad de La Habana

De Lenin se puede escribir en muchos campos; pero si en alguno posee especial vigencia es en la historia política contemporánea, en la teoría política, en particular, en la filosofía política y en la ciencia política. En esta última disciplina, su papel en el marxismo puede calificarse de fundacional. Develó los nuevos sujetos revolucionarios, los escenarios inesperados de las siguientes revoluciones socialistas, y desde muy temprano, descubrió el camino por el que necesariamente había de transitar la revolución en Rusia.

No obstante, no hubo una contradicción de principio entre Marx y Lenin, sino el análisis contextualizado de la sociedad eurocentrista y, en consecuencia, más simplificada, racional e instrumental por ser núcleo de la revolución industrial, y la compleja sociedad euroasiática rusa en la cual su estructura clasista ofrecía un predominio de los grupos campesinos y se enmascaraba el incremento de la penetración de las relaciones capitalistas que inclusive transformaba a una parte considerable del campesinado en semiproletario.

Lenin valoró justamente al campesinado pobre como un sujeto revolucionario, y lo sorprendió el comportamiento de los campesinos medios en la Revolución de Octubre quienes probaron que también había que contar con ellos, con lo cual se mundializó la posibilidad de la revolución por cuanto la propia modernidad de la revolución política burguesa demandaba la existencia de su contrapartida, los países suministradores de materias primas y, en consecuencia, oprimidos por los más desarrollados, con lo cual la consigna de Marx sobre la unidad de los proletarios se cambió por la de “pueblos oprimidos, uníos”.

El tratamiento de la conciencia de clase había sido un asunto de la mayor importancia para los marxistas; el propio Marx consideraba que la clase solo poseía dicha condición cuando actuaba como partido político, y alrededor de dicha cuestión diferían Rosa Luxemburgo y Vladimir Ilich Lenin, discrepancia que valoramos como de certidumbre en distintos niveles. Rosa se expresaba en términos filosóficos, más próximos al pensamiento de Marx, y Lenin actuaba como un cientista de la política, al plantear que había que importar la conciencia de clase a la clase obrera. Por supuesto, que Lenin se refería a la estrategia y las tácticas políticas que solo podían ser elaboradas por un grupo profesional de la clase, aquel constituido por el partido. Con Lenin, se fundamenta la necesidad del partido o grupo que dirigiera inteligentemente el comportamiento de los revolucionarios y que, en Rusia, asumieron el nombre de bolcheviques por representar la mayoría de los participantes en el II Congreso de los socialdemócratas rusos.

La flexibilidad y la concreción táctica de Lenin se pusieron de manifiesto en la revolución burguesa de 1905, en la cual conminó a la participación de los obreros que no sentían sus objetivos como propios; pero Lenin partía del criterio de que solo se aprende a luchar en la lucha. Cuando se proclama la Duma, los bolcheviques participaron —aún en contra del criterio de la socialdemocracia europea— porque Lenin adujo que debían ingresar en dicho Parlamento, inclusive para expresar en su seno, que aquel no servía. Cuando años después, se votaron los créditos de la I Guerra Mundial, los bolcheviques y los serbios fueron los únicos socialdemócratas que se manifestaron en contra.

Los bolcheviques demostraban un conocimiento profundo de la situación internacional; pero en la toma de decisiones, solo Lenin pudo enfrentar la crisis que provocó la paz de Brest- Litovsk en los revolucionarios, y probar por qué constituía la única toma de decisión posible. Más tarde, al asumir la Nueva Política Económica (NEP), recibió múltiples críticas; pero la NEP era imprescindible para salvar la Revolución, y aunque inaceptable para la prédica de muchos dirigentes socialdemócratas, también bolcheviques, hay que recordar que ante la ofensiva de la Entente y la contrarrevolución interna, la situación había alcanzado tal grado que aún en 1928 había muertos por hambre en las calles. Inclusive, en sus tácticas concernientes al tratamiento concreto de cada problema, Lenin no rechazó los compromisos en aras de la defensa del proceso revolucionario y su objetividad analítica lo hizo valorar que dado el avance tecnológico de Alemania si la revolución se producía en dicho país, Rusia dejaría de encabezar el movimiento revolucionario.

Trabajó sin descanso en aras de defender la unidad del partido como vanguardia del proceso revolucionario y aunque difería de los criterios de algunos de sus miembros, siempre evaluó sus posibles aportes, ya que, según decía, en las revoluciones, aún los esquiroles pueden prestar servicio.

Con la I Internacional, las ideas de Marx se extienden y trascienden a los centros europeos, podría calificarse a dicha organización como la primera de la sociedad civil internacional que porta las ideas de los obreros. En América, encuentra asiento principalmente en Estados Unidos y en los grandes países del Cono Sur; pero el terremoto ideológico que significó la Revolución de Octubre, la cual estrenó la bipolaridad histórico-social a nivel mundial, no solo acentuó la formación de partidos comunistas en países con un mayor grado de organización, sino, muy temprano, aquellos cubanos que habían celebrado el 1º de Mayo, aún bajo el dominio colonial, encontraron fieles dirigentes en el comunista fundador del Partido Revolucionario Cubano, Carlos Baliño, y en aquel bravo universitario que buscó la unión de los estudiantes y los trabajadores y conquistó a la juventud, el amado Julio Antonio Mella.

Lenin había previsto que con la Revolución de Octubre se rompía la cadena imperialista por su eslabón más débil, aquel que portaba el mayor número de contradicciones; pero ello era solo el comienzo. A través de la III Internacional, Lenin expuso su análisis de los avances de los procesos revolucionarios y señaló en cuál dirección se movería la revolución socialista que indudablemente, para él, iría hacia el este. Su predicción científica se cumplió en las revoluciones de los países asiáticos, encabezadas por Mao Tse Tung, Ho Chi Minh, Kim Il Sung.

Pero, de modo impensado, pocos años después, en una isla del Caribe, que se emancipó de su metrópoli en el tránsito del siglo XIX al siglo XX, bajo la concepción unitaria y latinoamericanista de José Martí, un joven abogado logró la hazaña de política científica de probar a su pueblo que solo podría liberarse del tirano y cumplir su destino americano con una revolución de los oprimidos, y con dicha convicción convocó a la revolución socialista que transitó desde el este hacia un sur-oeste lo cual requería de una lucha en frentes ideológicos varios, y con sujetos diversos, en función de lo cual trabajó por la unidad de los revolucionarios, campesinos, obreros, estudiantes, y otros grupos sociales en la ciudad y en el campo, los cuales integraban un pueblo que había sido oprimido por siglos. Se enfrentaba entonces, como Lenin, al más grande reto histórico: crear la propia base económica de la revolución.

Como no puede tratarse a la Revolución de Octubre sin la conducción de Lenin, tampoco puede concebirse la Revolución Cubana, sin la estrategia y tácticas de Fidel Castro. En la isla donde se unen y se separan el Golfo de México y el mar Caribe o mar de las Antillas, también se encuentran y se debaten en apoyo y contradicción las ideas de la Revolución de Octubre y el sueño americano de Martí.

Según sentenciaba Mayakovski, aún la historia de Lenin está por escribir, y sucede lo mismo con el análisis teórico del sentido de Fidel para la América nuestra. Fidel hizo suyas las ideas que se habían naturalizado en el continente asiático y las trajo al suelo nutricio de la América nuestra, sureña, plural, coexistente, que había luchado por los sueños emancipadores de Bolívar, Sucre, San Martín, Juárez, Martí. En Cuba confraternizaron la Revolución de Octubre y la Revolución Cubana: Lenin y Fidel Castro. No se conocieron; pero ambos se plantearon idénticos objetivos: luchar por una revolución verdadera.&

Publicado el 5 noviembre, 2017 • 20:08 por Redacción Nacional del Periódico Trabajadores.

Centro de Investigaciones de Política Internacional

martes, 7 de noviembre de 2017

El Che Guevara frente a Lenin y la revolución bolchevique



Lenin y el Che recibieron el mismo tratamiento. Eso los unifica, pero con un matiz importante: el Che era tan polifacético que fue más manipulado que Lenin

La manipulación

Indomesticable. Indigerible. Hueso duro de roer. La sola mención de su nombre hace temblar a empresarios, banqueros, policías, militares, agentes de inteligencia. Con Lenin jamás pudieron. Les sigue generando pánico, desesperación y horror. Lo mismo sucede con muchos de sus discípulos. Después de muertos, se los pretendió tergiversar y distorsionar. Frente a varios revolucionarios se intentó esa operación. Lenin y el Che recibieron el mismo tratamiento. Eso los unifica, pero con un matiz importante: el Che era tan polifacético que fue más manipulado que Lenin. Al Che lo intentaron diluir en veinte identidades diferentes.

Si bien Lenin fue más resistente, hubo dos corrientes que intentaron manipularlo también: la primera, el estalinismo, que lo convirtió en un precursor de Stalin y generó un daño enorme que llegó incluso al culto a su personalidad. La segunda gran manipulación fue la del euro-comunismo. Si la del estalinismo quedó en el museo de las ideas como caricatura, la del eurocomunismo todavía persiste de un modo reciclado, porque detrás de ella estaban muchos intelectuales que tenían y tienen mucho prestigio en las universidades.

A partir de inicios de los setenta, después de la crisis del Mayo Francés, los Partidos Comunistas italiano, francés y español lanzan esta corriente y abandonan el proyecto de toma del poder, renuncian a la revolución a cambio de permanecer en la legalidad burguesa, en lo que representa una segunda tergiversación de Lenin. Muchos de esos intelectuales abandonan el marxismo y tienen una gran influencia en América Latina. Es tan nocivo el eurocomunismo que todavía hoy sigue reciclado (son los famosos exponentes de las metafísicas "post": posmodernismo, posestructuralismo, posmarxismo).

Antonio Gramsci, todavía peor que con Lenin y el Che, fue quien más sufrió la manipulación: fue convertido en un "virtual socialdemocráta partidario de los acuerdos electorales", mientras a Rosa Luxemburgo la transformaron en una "demócrata liberal y pacifista", Trotsky se convirtió en un "simpático e inofensivo disidente", Walter Benjamin en un inocuo "crítico literario" y así de seguido. Esa fue la manipulación histórica que se pretendió emplear y llevar a cabo con toda esta pléyade de revolucionarios. Pero Lenin resistió, quizás más que todos los demás, porque es el día de hoy que sigue siendo un indigerible. Cualquier referencia a Lenin se asocia automáticamente con la confrontación a fondo contra el aparato del Estado burgués, se lo vincula de manera indeleble con la violencia revolucionaria, y por eso está tan demonizado.

Al Che también se lo intentó manipular por diversas vías: se lo dibujó como "pacifista", como supuesto "enemigo de Fidel", algunos lo convirtieron en maoísta, otros en trotskista, algunos más -Argentina fue uno de los epicentros de esta última operación- en un vulgar "foquista" y por supuesto en un "romántico voluntarista" que pretendía hacer revoluciones sin analizar las condiciones concretas y al margen del movimiento popular. En el peor de los casos, se lo transformó en un inofensivo "mártir", proclive al suicidio (personal y político). Como síntesis, tanto Lenin como el Che fueron víctimas de la misma operación distorsiva, pero creo que en este punto Lenin tuvo mejor suerte. En general, se sigue asociando a Lenin con una izquierda no institucional, de confrontación violenta pero a su vez, le adosan cosas falsas: que el leninismo pretende "sustituir a la clase obrera", que hace culto de un pequeño grupo de conspiradores al margen del sentido común popular, que pretende inocular la conciencia "desde afuera" (no desde afuera de la lucha meramente económica-reivindicativa, sino desde afuera de los movimientos sociales, lo cual es algo completamente distinto). Como no pudieron cooptarlo, le atribuyen la imagen de un marxismo rudimentario.

A contramano de las "ortodoxias"

Tanto Lenin como el Che estructuran su pensamiento y su práctica política en polémica con el marxismo oficial de su época: Lenin contra el marxismo oficial de la II Internacional y el Che contra el de la URSS. Los dos plantean un marxismo revolucionario, ambos expresan el ala izquierda al interior del marxismo revolucionario mundial, crítico de las instituciones capitalistas. Quizás una de las principales diferencias resida en que Lenin tuvo maestros muy determinados, en cambio el Che fue mayormente autodidacta, aunque lo ayudó a estudiar El Capital un hispano-soviético poco conocido llamado Anastasio Mansilla. Con Mansilla organizaron dos grupos de lectura de El Capital, uno con Fidel, el Che y Carlos Rafael Rodríguez, y otro con el Che, Orlando Borrego (que nos ha brindado gran testimonio de esas experiencias poco conocidas, en sus libros y en entrevistas escritas y filmadas que le hemos realizado, accesibles en sitios como www.lahaine.org o www.rebelion.org, www.cipec.nuevaradio.org y en youtube bajo el sello "Brancaleone Films") y sus compañeros del Ministerio de Industrias.

Mientras que Lenin tuvo dos maestros muy eruditos, uno ruso, Jorge Plejanov, y otro alemán, Karl Kautsky. Años después, Lenin tiene una actitud "parricida" y rompe con sus dos maestros (al igual que Rosa Luxemburg, quien en este punto se anticipó incluso al líder bolchevique que tanto la admiraba y quien le rinde emocionado homenaje cuando la socialdemocracia la asesina) porque Plejanov y Kautsky arrastraban una mentalidad del siglo XIX, un socialismo evolucionista y determinista no demasiado diferente al de su "enemigo" Eduard Bernstein, abuelo del reformismo contemporáneo.

En ese sentido, Lenin y el Che son heterodoxos con respecto al marxismo de su época. El Che incluso un poco más. Sin eclecticismo, expresaba una heterodoxia muy creadora, por eso se permitía leer a Paul Sweezy de la Monthly Review, a León Trotsky y a Ernest Mandel, a los maoístas (desde Mao a Charles Bettelheim), a Simón Bolívar, estudiaba sobre la vida de los revolucionarios cubanos Antonio Guiteras y Julio Antonio Mella, leyó y estudió por su cuenta a Aníbal Ponce y a José Carlos Mariátegui. Se permitió leer de todo. Lenin fue más sistemático en sus lecturas, con saberes, si se quiere, más "organizados", de cuales primero aprende y luego rompe definitivamente con ellos, durante la primera guerra mundial.

Si los comparamos, la vida del Che fue más corta, no tuvo tanto tiempo de revisar, pero sí de cambiar su pensamiento inicial. En su juventud Guevara admiraba a Stalin y después pudo conocer a la URSS y al sistema del Este europeo de primera mano: terminó siendo radicalmente crítico.

Pero todos esos materiales escritos muy críticos se empezaron a conocer recién hace una década, gran parte de América Latina (desde la derecha más feroz a la izquierda más tradicional) no conoce el pensamiento profundo del Che porque es muy reciente la publicación de dichos escritos. Lo que quedó es la imagen del "guerrillero heroico y sacrificado", como lo enaltecieron y homenajearon los cubanos desde la isla indómita, pero se conoce poco su crítica a la economía política de los soviéticos, sus estudios sobre El Capital de Marx, su estudio pormenorizado de Lenin, sus lecturas heterodoxas de Wright Mills, György Lukács, León Trotsky, Mao Tse Tung, etc. De hecho en Argentina la izquierda eledctoralmente predominante es hasta el día de hoy profundamente anti-Che Guevara. Incluso hasta intelectuales que han pertenecido a comités centrales de partidos marxistas tradicionales, hoy en el centro de la política electoral, se han animado a afirmar en privado o en público que "el Che era un abnegado militante pero... ¡no entendía nada o muy poco de marxismo!". Curiosamente quienes afirman semejantes disparates ni siquiera han leído sus apuntes críticos de economía o sus Cuadernos teóricos de Bolivia. Muchos de esos furiosos y obsesivos anti-guevaristas no conocen ni siquiera la existencia de dichos libros, no han tenido acceso ni al índice, por no hablar de la lectura y el estudio detallado de los mismos.

Revolución y/o gestión en la transición socialista

Tanto Lenin como Guevara actuaron en países no desarrollados. A ambos les toca estar al frente del Estado revolucionario en sociedades periféricas, dependientes, donde se articulan de forma combinada relaciones sociales de avanzada con otras de lo más atrasadas.

Cuando el Che analiza las medidas económicas de Lenin posteriores a 1921 no lo condena, sino que lo comprende críticamente: entiende que no tenía más remedio que retroceder o hacer concesiones porque el país en el que triunfó la revolución bolchevique en 1917 había sido invadido por catorce ejércitos extranjeros... ¿quién puede resitir eso? Ese país, esa sociedad y ese pueblo heroico resistieron y ganaron aquella guerra civil (que duró unos tres años), pero la naciente Unión Soviética quedó exhausta, la clase obrera destruida y hambrienta, los cuadros debilitados. En ese contexto, Lenin, inigualable estratega, decide retroceder momentáneamente con la NEP [Nueva Política Económica], darle aire al mercado para recobrar fuerzas y volver a acelerar. Pero en mitad de aquello, enferma y muere y no tiene el tiempo histórico para cambiar el rumbo.

El problema fue el estalinismo, que transformó medidas transitorias y coyunturales de Lenin (obligado a adoptarlas por la debilidad de las circunstancias) en un camino estratégico y permanente. Lo que en Lenin había sido pensado como algo momentáneo, se termina de imponer con Stalin y sus continuadores hasta los tiempos de la Perestroika, pasando por Kruschov, donde se pretende una legitimación histórica del mercado como vital para una sociedad post-capitalista. Así terminaron todos esos intentos de conjugar socialismo con mercado. Una lección histórica que no deberíamos olvidar en los tiempos actuales.

Guevarismo, un leninismo latinoamericano

Según nuestro punto de vista y nuestra lectura histórica y política, el guevarismo constituye la aplicación creadora, no mecánica, del leninismo a un continente del Tercer Mundo. Si bien Lenin es un pensador universal, y no escribió sólo para Rusia, hasta hoy se escuchan algunas supuestas apologías (desde ensayos sueltos a biografías comerciales) que pretenden reducirlo a un mero "pensador ruso". Ya Antonio Gramsci, otro gran y estricto leninista, en los Cuadernos de la cárcel (principalmente en los cuadernos 11 y 13), afirma sin dudar que en Lenin nos encontramos frente a un pensador universal (no simplemente ruso). El Che Guevara opina algo análogo, pero en su leninismo el componente tercermundista está más enfatizado. Sus principales ideas y planteos están en germen en el pensamiento de Lenin: por ejemplo la teoría de que el imperialismo es un sistema mundial con un desarrollo desigual. Núcleo y semilla de la posterior teoría marxista de la dependencia (complemento de la obra de Lenin desde Nuestra América) sintetizada en la obra de sus exponentes más radicales como Ruy Mauro Marini o Theotonio Dos Santos: existen centros, semiperiferias y periferias, hay países capitalistas imperialistas, hay colonias, semicolonias, sociedades y países dependientes. El capitalismo jamás es homogéneo ni plano sino un sistema mundial con dominaciones estructurales.

Adelantándose a esta teoría inspirada en una lectura tercermundista de Lenin, el Che era un profundo leninista. Existe por ejemplo una foto del Che en su estudio personal, en su casa en La Habana, con las Obras Completas de Lenin. Otra foto de un homenaje a Lenin con un Che sonriendo y detrás suyo un gran cuadro del líder bolchevique.

De todas las facetas de Lenin, al Che le atraía más el Lenin revolucionario, el de la insurrección, el conspirador y no tanto el de la gestión, el estadista que tiene que hacer concesiones momentáneas y/o coyunturales. El guevarismo costituye un leninismo del mundo periférico y dependiente. Una actualización de las principales enseñanzas de la revolución bolchevique para el Tercer Mundo y Nuestra América.

Pero ni el Che ni Lenin son dos individuos aislados, sino integrantes de una corriente mundial (el marxismo revolucionario), que comparten con muchos otros personajes y movimientos. En nuestra opinión, el Che es la máxima expresión de esta corriente que en Nuestra América buscó apropiarse creadoramente de Lenin y el pensamiento bolchevique (sus osadías, sus irreverencias, las heterodoxias de esa "revolución contra El Capital" como afirmó, provocadoramente Gramsci) en clave latinoamericana. Sobre todo, en la línea de izquierda revolucionaria de Roque Dalton, de Miguel Enríquez, de Carlos Fonseca, de Manuel Marulanda, de Camilo Torres, de Turcios Lima, de Carlos Marighella, de Raúl Sendic, de Mario Roberto Santucho, y de tantos otros y otras.

Lenin, el Che y nuestro presente

¿Cómo actualizar y apropiarnos hoy de ese inmenso bagaje histórico? En nuestra opinión, construyendo una izquierda anti-sistémica y no institucional que intente manejar todas las formas de lucha. Una corriente en la cual el eje de su estrategia no pase exclusivamente por lo electoral, aunque circunstancialmente pueda participar en elecciones, ni exclusivamente por lo sindical, aunque también participe desde un ángulo clasista en la lucha económica reivindicativa del mundo laboral. Porque uno de los principales problemas de nuestra historia es que se construyeron organizaciones abnegadas y perseverantes, pero muchas veces unilaterales. O se armaron partidos exclusivamente electorales o se priorizó de manera unilateral la lucha armada, o se desarrollaron movimientos sociales, sindicales y barriales que no pudieron dar su salto a la política. Nos costó mucho articular los diferentes frentes de lucha al mismo tiempo. El enemigo (externo e interno) apostó a impedir la formación de esa izquierda revolucionaria leninista-guevarista que abarque todos los frentes de lucha. La actualidad de Lenin y del Che no es sólo argentina, es latinoamericana. Los dos eran internacionalistas convencidos.

Hay que pensar una izquierda continental que no opere en un sólo país. Fidel Castro, dijo alguna vez: "¡Nuestro campo de batalla abarca sencillamente todo el mundo!". Hoy en día, la opción es reconstruir una izquierda articulada a escala internacional (pues el capitalismo es un sistema mundial con un mercado mundial, monedas nacionales o regionales pero con un dinero mundial, empresas industriales, bancos y firmas que operan a escala internacional y alianzas político-militares que también son internacionales). Una izquierda que no se limite a las instituciones y que se anime y se proponga manejar todas las formas de lucha. Ese es el gran desafío.

La utilidad y pertinencia de Lenin y del Che nos pueden ayudar a instalar problemas, proyectos y tareas que no están en la agenda cotidiana de la izquierda (en sus más variadas tribus). Parece que hoy la discusión pasa por quién va de candidato. Eso explica que ni el Che ni Lenin ni la izquierda más radicalizada estén "de moda". Recordemos que la corriente leninista-guevarista ha sido muy golpeada. No perdió debates teóricos. Fue castigada y perseguida a sangre, tortura y fuego en los campos de concentración y en vuelos de la muerte, con la violencia furiosa y desatada de "los de arriba". En Argentina, de hecho, fue el enemigo número uno de la dictadura (Videla lo reconoció explícitamente antes de morir. Le puso nombre y apellido a su principal enemigo: Mario Roberto Santucho... "a confesión de parte, relevo de pruebas", sentencia el refrán popular y la fórmula jurídica que lo acompaña). Por eso fue casi aniquilada, de allí la dificultad para competir con otras izquierdas, moderadas, institucionales, con jerga radical y prácticas reformistas, que no han sido tan golpeadas. Nuestra esperanza es que surjan nuevas lecturas de Lenin. El Che puede ayudar mucho a ese marxismo heterodoxo: las irreverencias del Che pueden ser un gran aliciente para recuperar a Lenin y reconstruir una izquierda digna y sólida que se haga respetar, en lugar de mendigar "un lugarcito" dentro del sistema.

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Bibliografía

Kohan, Néstor (2003-2005): Ernesto Che Guevara: El sujeto y el poder, Buenos Aires, Editorial Nuestra América-La Rosa Blindada, 2003. Segunda edición corregida y aumentada que incluye un nuevo prólogo de Michael Löwy. Buenos Aires, Editorial Nuestra América, 2005). 
En la selva (Los estudios desconocidos del Che Guevara. A propósito de sus «Cuadernos de lectura de Bolivia»), Caracas (Venezuela), Misión Conciencia, 2011. Reeditado en Uruguay, Argentina, Chile, Colombia, León (Estado español), Galiza (traducido al gallego-portugués). 
Lenin: la pregunta del viento, Caracas, Editorial Trinchera-Ediciones Estrella Roja-Editorial Amauta Insurgente. 
[compilador] (2017): Lenin y las ciencias sociales, Buenos Aires, Ediciones Amauta Insurgente [Cuaderno Nº5 de la Cátedra "De la teoría social de Marx a la teoría crítica latinoamericana", Carrera de Sociología, UBA].


Texto completo en: https://www.lahaine.org/el-che-guevara-frente-a
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