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martes, 20 de octubre de 2020

Colombia. Las mentiras de la senadora Paloma Valencia. (2da parte)

 Por: Tony López R.

Luego de demostrar en la primera parte de este artí
culo, que ni el comunismo internacional, ni el joven dirigente estudiantil Fidel Castro Ruz, tuvo que ver con el asesinato del líder revolucionario y antimperialista Jorge Eliecer Gaitán, en esta segunda parte abordaré lo que considero la esencia de este crimen y sus razones.

Por el contrario a la campaña de atribuir a los comunistas  el asesinato de Gaitán, él fue la primera víctima latinoamericana, con la que se inició la política anticomunista y la “guerra fría” en la región y se tomó a    Colombia como sede para desencadenar dicha política, teniendo como cómplice al reaccionario gobierno del conservador Mariano Ospina Pérez.

Esa política anticomunista y de “guerra fría” deja claro los cimientos estratégicos presentados por la delegación colombiana ante los delegados en marzo de 1948 en la reunión fundacional de la OEA y en dicha Carta Constitutiva aprobadas por los delegados, que estableció el siguiente principio:

 “Que por su tendencia antidemocrática e intervencionista, la actividad política del comunismo internacional o cualquier doctrina totalitaria es incompatible con el concepto de libertad americana”

Queda muy claro el principio anticomunista en los objetivos de la OEA, en esos años y hasta la fecha, la imposición de una política Mac-artista y de subordinación a la política imperial y monroista de Estados Unidos se afirma en otro de sus principios:

 “De cada país del Continente se debe erradicar o impedir actividades comunistas o de movimientos y organizaciones contrarias a los valores democráticos representativos de la OEA, que tiendan a derrocar   sus instituciones por la fuerza o fomenten desorden en su vida política” 

Aquí tienen el fundamento de porque había que impedir que un líder antimperialista, que defendía los intereses nacionales y de la gran masa campesina y trabajadora colombiana, con gran prestigio y apoyo nacional como Gaitán, había que eliminarlo y no podía acceder a la presidencia, cuya candidatura a la primera magistratura estaba ampliamente apoyada.

Era al imperialismo y a  la oligarquía liberal-conservadora a quienes les interesaba, no solo apoyar la aprobación de una organización continental que tuviera tal afinidad política con ellos, como la OEA y aprovechar para con la muerte de Gaitán, salir de un líder, que de  ser elegido Presidente pondría en peligro, no solo sus intereses, sino que desenmascararía a  los autores intelectuales y materiales de las horribles masacres que desde 1946 se venían cometiendo contra las masas campesinas y trabajadores, en su mayoría de militancia gaitanistas, política de exterminio puesta en práctica, desde el mismo comienzo del gobierno del conservador Mariano Ospina Pérez. Nada diferente a lo que está sucediendo actualmente en el gobierno de Iván Duque.

Era preciso buscar un chivo expiatorio a quien culpar y desde un primer momento montado sobre las declaraciones del jefe de la delegación de EE:UU el general George Marshall, de que “había que impedir la conspiración comunista que amenazaba a las Américas”,  los noticieros y especialmente  el diario El Siglo, comenzaron a culpar al comunismo internacional, a Moscú y al joven dirigente estudiantil Fidel Castro, a quien le endilgaban una militancia comunista que no tenía y culparlo del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, para darle fuerza a esa calumniosa mentira, el gobierno de Ospina Pérez rompió relaciones diplomática con la Unión Soviética.

Los espacios radiales y la prensa recogiendo lo publicado por el oficialista diario el Siglo, llenaron los comentarios de una conspiración comunista y sembraron cantidad de noticias falsas, entre otras que el Congreso Estudiantil del que se hablaba no existía, la idea con esa negación, era fortalecer la imagen de tal conspiración y borrar cualquier opinión que señalara a los verdaderos criminales.

El Congreso Estudiantil Latinoamericano sí estaba en proyecto y se concebía realizarlo en Buenos Aires, Argentina, en homenaje al XXX Aniversario de la Reforma Universitaria de 1918 de Córdoba, Argentina.  La idea se modificó, cuando se conoció que se había convocado a la IX Conferencia Panamericana, a partir de marzo y hasta mayo de 1948 y cuyo objetivo era constituir la Organización de Estados Americanos (OEA).

Tanto la organización estudiantil argentina, como otras organizaciones latinoamericanas, incluida la FEU de Cuba, estuvieron de acuerdo en realizar el Congreso en Bogotá, Colombia y denunciar la política neocolonial de Estados Unidos, el caso de Puerto Rico, la devolución de las Islas Malvinas, el Canal de Panamá y el apoyo de EE. UU a la dictadura de Trujillo, era alguno de los temas que se tratarían en dicho evento y dejar  constituida la Confederación  Estudiantil Latinoamericana.

El dirigente estudiantil argentino de militancia peronista Antonio Cafiero, con la aprobación del presidente Perón, viajó a varios países suramericanos y encontró apoyo de las organizaciones estudiantiles de Chile, Perú, Panamá y de Puerto Rico y llegó a La Habana el 19 de marzo, no solo para invitar a la FEU de Cuba, también para solicitarle apoyo y contacto con organizaciones Centroamericanas y México.

En Cuba, Cafiero se entrevista con el senador argentino Diego Luis Molinari, quien había llegado a La Habana para participar en la Conferencia de ONU sobre Comercio y Empleo, pero traía instrucciones directamente de Perón, de cambiar la sede de la Conferencia Estudiantil Latinoamericana y realizarla en Bogotá, cuyo objetivo era denunciar al gobierno de Washington, en el marco de la IX Conferencia Panamericana, sobre los temas arriba mencionados. El propio Molinari en La Habana, había tenido un fuerte enfrentamiento con la delegación estadounidenses que participaban en la Conferencia sobre Comercio.

Cafiero entró en contacto con el líder estudiantil Fidel Castro, el 20 de marzo, quien, si bien, no formaba parte de la dirección de la FEU, sí mantenía estrechas relaciones con su dirigencia y él presidia el Comité Prodemocracia Dominicana en la Universidad de La Habana. En ese periodo Fidel desarrollaba sus actividades estudiantiles y políticas en el ámbito universitario, en su condición de estudiante a distancia o “por la libre” como se conocía entonces.

Ambos coincidieron en que era necesario conformar una Confederación Estudiantil Latinoamericana y a esa tarea se dedicaron entre el 20 y 22 de marzo, teniendo como sede el Hotel Nacional, con ellos también se reunieron el senador Diego Luis Molinari e Iglesia Mónica, quienes apoyaron los planes para la ejecución del Congreso Estudiantil Latinoamericano presentados por Fidel y Cafiero. De La Habana parten para, Centroamérica y México un grupo de dirigentes estudiantiles cubanos, pues había que apresurar la inauguración para el 15 de abril el Congreso Estudiantil en Bogotá, Colombia.  

Los dirigentes estudiantiles cubanos que viajaron, fueron el Chino Esquivel y Aramis Taboada, a México, Guatemala y El Salvador, Pablo Acosta y Carlos Moreno, a Honduras, Nicaragua y Costa Rica; Fidel Castro a Venezuela, Panamá y Colombia, en este último país, se unieron a Fidel, Enrique Ovares y Alfredo Guevara. Mientras que, desde Argentina, viajaron los dirigentes estudiantiles peronistas, Crocco, Vailati, Caraballo y Rubio, a Uruguay, Bolivia, Brasil y Paraguay. Recibiendo de las directivas estudiantiles de esos países el acuerdo de ir a Bogotá, al Congreso Estudiantil que se convocaba para el 15 de abril.

Fidel y Rafael del Pino quien le acompañaba, fue recibido en el aeropuerto de Bogotá, por el dirigente estudiantil colombiano Felipe Abisambra, fue este colombiano quien le acompañó y lo llevó a hospedarse al hotel Claridge. Acompañado por Abisambra   visitó la Universidad Nacional y dialogo con un grupo de estudiantes, de ellos partió la idea de que visitará a Gaitán, y lo invitará a la clausura del Congreso, esto estudiantes eran liberales gaitanistas.

El 7 de abril, Fidel acompañado por Del Pino, Felipe Abisambra,y un estudiante venezolano, cuyo nombre no tengo, visitaron a Jorge Eliecer Gaitán, luego de informarle el motivo de la visita, del Congreso y el objetivo del mismo, él le agradeció y le pareció muy bien el objetivo del evento estudiantil y aceptó hacer el discurso de clausura, pero les pidió un breve resumen de los intereses y la composición de los participantes, y quedaron citados para el 9 de abril entre las 2 y 2.15 de esa tarde.

Por esa fecha ya se había constituido el Comité Organizador que estaban organizados en comisiones y habían recibido a estudiantes panameños, venezolanos, dominicanos, mexicanos y argentinos, con los cuales hubo una reunión y se ratificó a Fidel como presidente de dicho Comité Organizador, reunió que se realizó en la Universidad Nacional.

En la entrevista que Fidel le  concede a la periodista cubana Katiuska Blanco y  abordado sobre el tema del Bogotazo, Fidel le comenta, “por aquellos días fui arrestado porque en medio de la preparación del evento, con gran imprudencia, se nos ocurrió repartir una proclamas donde se ponían las causas de nuestra  lucha” ….”era como una proclama bolivariana, esa proclama la lanzamos del último piso del teatro Colon donde tenía lugar un solemne acto en honor a los cancilleres, que asistían a la IX Conferencia Panamericana”. Cuando volvimos al hotel fuimos detenido Rafael del Pino y yo”.

De acuerdo a lo sucedido y narrado por Fidel, puede deducirse de donde sacaron lo de que eran comunistas, Fidel dice: “nos llevaron a unas instalaciones denominadas Oficinas de Detectivismos, debe haber sido un cuerpo represivo para detectar actividades comunistas”. “Nos interrogaron y expliqué lo del Congreso, ellos creyeron que éramos comunistas, pero al parecer le caí simpático al oficial, le agrado de alguna manera conocer nuestra causa y luego de mi declaración nos dejó en libertad” (1).

En el momento del asesinato de Gaitán, en un cafetín cercano, con Fidel Castro se encontraban además de Ovares y Alfredo Guevara, unos dirigentes estudiantiles colombianos, entre los cuales se encontraba Felipe Abisambra, así se lo comentó este dirigente estudiantil a nuestro embajador Fernando Ravelo (QEPD) en presencia del Secretario de Prensa de nuestra embajada en Bogotá, Alberto Cabrera en 1976.

Como bien se puede apreciar la organización y la participación de dirigentes estudiantiles latinoamericanos, en el Congreso Estudiantil Latinoamericano, convocado para el 15 de abril de 1948, no es ni falso, ni una mentira, he ofrecido suficientes datos y elementos que así lo demuestran.

La versión de la no existencia de ese evento, es para distraer la atención y ocultar a los autores intelectuales y máximo responsables del asesinato del prestigioso líder popular colombiano Jorge Eliecer Gaitán y que sin duda todo apunta a una conspiración de la oligarquía liberal-conservadora, en complicidad con los Estados Unidos en aquella época. 

En la tercera parte que tendrá este análisis, les entregaré otras informaciones y datos que develan, la similitud que existe hoy en Colombia, con la época de la violencia y quienes son hoy sus instigadores entre ellos la actual senadora Paloma Valencia.

 

(*) Periodista, politólogo y analista internacional.

La Habana, Cuba 20 de abril de 2020. 

(1)  Fidel Castro Ruz. Guerrillero del Tiempo. Edt. Casa Abril. Pág. 444 y 445.

Autora. Katiuska Blanco Castiñeira.

sábado, 28 de abril de 2018

Los Plinios


Cuando yo era niña y luego adolescente, siempre escuché a mi madre calificar de "Plinio" a los Judas, ya que Plinio Mendoza Neira (padre de Plinio Apuleyo Mendoza) sacó a mi padre del brazo para que el asesino identificara a quién debía dispararle. 

Después de eso su hijo confiesa que el papá siempre ocultó la verdad del asesinato dando una versión falsa en sus declaraciones en el expediente. Aquí relata que fue un crimen de Estado que su padre ocultó y no por casualidad.

Aquí se lee que Francisco José Chaux (que se negó a ser el investigador del crimen alegando que era gaitanista, pero que traicionó al gaitanismo en muchas formas) sabía que un agente del Estado era el asesino. Un tal Potes que, según relata Plinio Apuleyo su padre conocía.

Este relato es un grave señalamiento de la culpabilidad de los encubridores jefes liberales, cómplices de Mariano Ospina Pérez.

Es un punto clave en la denuncia que ante la Fiscalía General de la República han presentado, a nombre de la familia Gaitán, los compañeros Jorge Ignacio Salcedo Galán, Mábel Giraldo y Jeritza Merchán.

Un día, más temprano que tarde, se cumplirá la sentencia de mi padre cuando dijo que "serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia".

Yo maté a Gaitán

Plinio Apuleyo Mendoza

Por Plinio Apuleyo Mendoza

La primera de ellas, sustentada desde siempre por la extrema izquierda, afirma que este crimen fue urdido por la oligarquía y el gobierno de Mariano Ospina Pérez. La segunda, refrendada incluso por cercanos amigos a quienes suele ubicárseles en la derecha, acusa al comunismo internacional, cuyo propósito esencial habría sido el de sabotear la Novena Conferencia Panamericana, reunida en aquel momento en Bogotá. Fidel Castro, entonces presente en la ciudad, habría sido uno de los agentes comprometidos en este siniestro complot.

Pues bien, siempre fui depositario de una explicación totalmente ajena a estas dos versiones y digna de ser tomada en cuenta. Se la escuché muchas veces a mi padre, Plinio Mendoza Neira, el testigo más cercano del crimen que segó la vida de Gaitán.

Siempre la guardé en mi mente como una confidencia familiar. Pero sólo ahora un hecho todavía desconocido por el país parece confirmarla.

Recordemos lo sucedido aquel 9 de abril a la 1 y 5 de la tarde. Mi padre salía con Gaitán del edificio donde este tenía sus oficinas. Se proponía llevarlo a almorzar en un restaurante cercano, junto con otros amigos que se encontraban con él. A Gaitán y mi padre, cercanos amigos desde muy jóvenes, la política los había vuelto a reunir; gracias a este último, Gaitán había sido reconocido como jefe único del partido liberal. Mi padre fue designado miembro de su junta asesora. Como tal, se veían casi todos los días. Sus oficinas estaban situadas a media cuadra de distancia. Yo, que era entonces un muchacho de apenas 16 años, por cierto fervoroso partidario de Gaitán, junto con mis condiscípulos del Liceo de Cervantes Camilo Torres y Luis Villar Borda, le solía llevar textos y transcripciones de sus discursos que registrábamos en nuestra oficina.


La turba arrastra el cadáver de Roa Sierra

Aparece el asesino. Apenas habían traspuesto la puerta del edificio Agustín Nieto, seguidos por otros amigos, mi padre tomó del brazo a Gaitán y antes de pisar la carrera séptima alcanzó a decirle: “Tengo que hablarte de un proyecto que nos conviene poner en marcha”. Se refería a la creación de un instituto llamado Benjamín Herrera, destinado a formar líderes sindicales para el partido liberal. Pero no pudo decir más, porque en aquel momento, viniendo de la acera de enfrente, vieron avanzar hacia ellos a un hombre con un revólver en la mano. Pequeño, mal trajeado, con una barba de tres días ensombreciéndole el rostro y una mirada llena de odio, alzó el arma e hizo tres disparos.

Gaitán, al verlo, había dado una brusca media vuelta intentando regresar al edificio, de ahí que los disparos lo alcanzaran en la cabeza y la espalda. Cayó sobre el andén. El asesino, posteriormente identificado como Juan Roa Sierra, había bajado el arma como si quisiera disparar un tiro de gracia. Mi padre, entonces, alargó su brazo como buscando arrebatarle el arma.

Roa Sierra la levantó velozmente hacía él e hizo un cuarto disparo que por milagro no lo mató. La bala perforó su sombrero y se clavó en una pared del edificio. Ese sombrero, con la huella del impacto, se guardó en casa por muchos años.

Roa Sierra retrocedía lentamente, siempre con el arma en la mano, cuando ocurrió algo inesperado. Del café Gato Negro, que estaba a sus espaldas, salió un hombre corpulento, con sombrero y abrigo negros, que se acercó sin prisa a él y tranquilamente le quitó el revólver. Luego le hizo señas a dos policías que estaban en la esquina y les entregó a Roa, quien parecía obedecerle con docilidad.

Aquel enigmático personaje dejó a mi padre muy sorprendido. No sabía si en su acción había un frío coraje o más bien complicidad con el asesino. Le extrañó mucho que no se diera a conocer en la prensa como el hombre que lo había desarmado.

Los dos policías que tenían a Roa, rodeados de pronto por enfurecidos testigos del crimen, decidieron empujarlo al interior de la farmacia Nueva Granada, que estaba detrás suyo. El farmaceuta cerró rápidamente la reja para evitar que la multitud penetrara en su establecimiento. Empleado o propietario de la farmacia, a este hombre lo entrevisté dos días después. Fue mi primer trabajo como precoz jefe de redacción de la revista Reconquista, editada por mi padre. “Era un hombre muy pequeño y estaba muerto de miedo -me contó el boticario refiriéndose a Roa-. Como la multitud se había agolpado al otro lado de la reja, buscaba escaparse corriendo hasta el fondo del establecimiento sin hallar salida alguna. Temiendo por mi farmacia, yo abrí la reja justo para darle cabida solo a él y lo lancé fuera. Allí lo mataron a golpes”.

El misterio del hombre que logró desarmar a Roa Sierra con suma tranquilidad lo despejaría mi padre pocos meses después. Miembro de la dirección liberal, se encontraba una mañana en la sede del partido, en la calle 16 con carrera 9a., cuando se empezaron a escuchar afuera los gritos de protesta de una inesperada muchedumbre. Llamaban traidores a los dirigentes liberales, encabezados por Carlos Lleras Restrepo, por haber aceptado, en aras de la paz, participar desde la madrugada del 10 de abril en el gobierno de Ospina Pérez. El ministro de Gobierno era el propio Darío Echandía. Pese a ello, en muchas regiones del país seguían produciéndose actos de violencia contra los liberales a cargo de policías conocidos como chulavitas y de conservadores rasos interesados en conservar el poder en las elecciones presidenciales previstas para el año 50.

Con sumo valor, mi padre decidió salir al balcón para hablarles a los manifestantes. Al lado suyo, apareció de pronto su amigo y miembro de la dirección liberal José Francisco Chaux, quien sin abrir diálogo alguno le gritó a la multitud: “¡No se dejen engañar! El hombre que está allí abajo, azuzándolos contra nosotros, es un detective cuya placa de identificación aquí tengo. Se llama Pablo Emilio Potes y ha organizado a los pájaros del Valle”. Diciendo esto, señalaba a un hombre grande y corpulento con sombrero y traje oscuro que al oírlo intentaba escabullirse. Mi padre lo reconoció de inmediato. Era el mismo personaje que había desarmado a Roa Sierra.

‘Yo maté a Gaitán’. A partir de aquel momento, y hasta el final de su vida, mi padre siempre tuvo la convicción de que Gaitán había

Cadáver de Jorge Eliécer Gaitán

sido asesinado con la complicidad de aquel Potes y de otros miembros del bajo mundo del detectivismo de la época que buscaban, valiéndose de pájaros y chulavitas, impedir el triunfo de los liberales. No hay que olvidar que desde 1947 se había desatado contra el liberalismo en todas las regiones del país (mi padre lo había verificado en Boyacá, su departamento) una feroz ola de violencia. Gaitán la había visto muy de cerca. De ahí su famosa Manifestación del Silencio del 7 de febrero -2 meses antes de su muerte-, poblada de féretros vacíos y banderas negras. Yo la contemplé desde un balcón de la plaza de Bolívar, al lado de mi padre.

Por cierto, nunca creyó él que el presidente Ospina Pérez y su alto gobierno estuviesen implicados en el asesinato de Gaitán.

Tampoco que fuese obra del comunismo internacional, con participación de Fidel Castro. A propósito de este, siempre nos contó que dos días después del 9 de abril había tenido que ir a la Quinta División de la Policía, en la Perseverancia, para calmar y desarmar a un grupo de insurrectos que aún permanecían allí. “En vez de emborracharse, ustedes se han debido organizar como un grupo armado y colocarse al frente de una insurrección popular -les dijo-. Ahora es demasiado tarde, están rodeados por el ejército.

He conseguido que los dejen salir sin que nada les ocurra”.

También nos dijo: “dos muchachos cubanos, que allí se encontraban, se acercaron a mí y me dieron la razón. -Quisimos ayudarlos pero no fue posible -me dijeron-. Uno de esos muchachos tenía puesta una chaqueta de cuero”.

Años después, hallándonos con Gabo en Caracas, entrevistamos a Emma Castro, hermana de Fidel. Había llegado para solicitar apoyo a los revolucionarios que se hallaban en la Sierra Maestra. Cuando supo que éramos colombianos, nos regaló una foto que Fidel y Rafael del Pino, un compañero suyo, se habían tomado en el parque Santander. Llevaba la fecha del 3 de abril de 1948.

Apenas se la enseñamos a mi padre, reconoció en ella a los dos muchachos cubanos que había encontrado en el cuartel de la Policía, en la Perseverancia.

Nunca llegué a imaginar que 65 años después de aquel 9 de abril de 1948, surgiera de manera casi milagrosa, un testimonio capaz de darle vigencia a lo que mi padre se llevó a la tumba como convicción suya.

En efecto, revisando en días pasados viejos mensajes electrónicos no abiertos, encontré uno que me estremeció. En un texto titulado “¿Quién mató a Gaitán?”, (Ver: http://www.periodismosinfronteras.org/quien-mato-a-gaitan.html) escrito por el coronel Luis Arturo Mera Castro, se mencionaba por primera vez a Potes, al famoso Pablo Emilio Potes, el mismo personaje tantas veces citado por mi padre. En dicho artículo, el coronel Mera revelaba que el tío de un amigo suyo había sido llamado de urgencia por Potes quien, moribundo, abandonado en una pocilga de la calle 63 de Bogotá, había sentido la necesidad de hacerle una extraña confesión.

Textualmente le había dicho: “Por el aprecio que le tengo y para descanso de mi alma lo mandé llamar. Yo estoy pudriéndome en vida y estoy pagando mi pecado por el mal tan grande que le hice al país: yo maté a Gaitán”.

Nada de esto ha tenido difusión en la prensa. Pero, para mí, fue un informe estremecedor que no me deja en paz. Confirma lo que mi padre siempre me aseguró.
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