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jueves, 31 de mayo de 2018
sábado, 11 de febrero de 2017
Rechazos envidiables
Alejandro Armengol, Miami | Cubaencuentro
Tengo en un pequeño librero junto a la cama una colección de libros que no son enciclopedias, diccionarios o textos de consulta. Se trata de pequeños tomos, que de forma anecdótica cuentan la disparatada y a veces terrible relación entre escritores y editores. Con frecuencia imagino, lleno de envidia, la vida de un poeta como Rilke; escribiendo en bibliotecas y castillos maravillosos, eterno invitado de damas acaudaladas. Pienso en el destino de un Lezama solitario, recreando mil universos y el mismo universo; alejado del ruido y el sol perenne de La Habana Vieja por la intimidad de una casa modesta y el humo de su sempiterno habano. Recuerdo algo leído sobre Marx en Londres, quien mataba de hambre a su familia mientras escribía sobre el capital y el dinero. Sin embargo, por largo tiempo lo más cercano a mi vida fue el escritor que miraba con súplica, odio y desprecio al editor que se negaba a publicarme un libro; el jefe de sección que demoraba la salida de un artículo; la editorial que posponía por años la salida en una antología en que aparecía uno de mis cuentos o poemas. De aquella época guardo estas palabras, esa especie de rencor de entonces ahora ablandado, esa suerte de reverencia por el inédito y de envidia por los rechazos meritorios.
Desde hace décadas pertenezco al gremio de los que se ganan la vida con los textos más diversos, impresos antes y además ahora en cualquier medio que es todos los medios que se llaman Internet o la “red” o WWW, a cambio de una definición mejor: escribiendo, titulando, traduciendo y editando. Colocando miles de vocablos, de los cuales solo guardo orgullo por unos pocos. Quizá por eso el tema de la contradicción, yuxtaposición y afinidad entre el valor económico y el valor literario de la palabra no cesa de atraerme.
También es por ello que simpatizo con Erle Stanley Gardner, quien en su apogeo como escritor de cuentos y novelas policíacas, cuando escribía cientos de miles de palabras cada mes —y minuciosamente cobraba por cada una de ellas—, practicaba la sana costumbre de no matar a los bandidos de sus novelas hasta el preciso momento en que al héroe le quedara una sola bala.
Recuerdo haber leído que, al ser interrogado por su editor que le reprochaba la mala puntería de sus personajes, Stanley Gardner replicó: “Si usted me paga tres centavos la palabra, cada vez que digo ‘bang’ gano tres centavos más, y está loco si piensa que voy a finalizar un tiroteo cuando a mi héroe aún le quedan 15 centavos en municiones por gastar”.
Otra anécdota similar tiene por protagonista a Mark Twain, que decía: “Nunca escribo ‘metrópolis’ por siete centavos porque gano lo mismo poniendo ‘ciudad’, igual que nunca escribo ‘policía’ cuando obtengo el mismo dinero por ‘cop’”.
Sin embargo, lo que leo y releo con obsesión, en esos pequeños volúmenes junto a mi cama, son las anécdotas de manuscritos rechazados, que luego se convirtieron en obras famosas. No se trata de la tontería del mal alumno de matemáticas, que se consuela pensando en las calificaciones escolares de Einstein, o de dejarme seducir por la industria editorial norteamericana, que produce libros aprovechándose hasta de sus errores. Lo que disfruto es la ironía del hecho, no su torpeza. No compadezco a los autores, no me pongo a su lado. Simplemente los envidio. Tampoco justifico la estupidez de quienes se opusieron, por miopía o prejuicio, a la publicación de los textos. Lo que me entusiasma en todo este asunto es el sin sentido que encierra suponer que hubo otros rechazos, de obras mucho mejores que aquellas despreciadas en un primer momento y que ahora gozan de fama y fortuna, pero que han sido borradas por unos predecesores que nunca las conocieron, conservadas para siempre en el olvido.
Cyril Connolly, un autor cuya agudeza lleva a otros a citarlo solo por sus comentarios irónicos —de forma similar a lo que ocurre con el pianista Oscar Levant, de quien no se escuchan las grabaciones y únicamente se reproducen sus chistes— escribió que al igual que los sadistas reprimidos estaban supuestos a convertirse en carniceros y policías, quienes tienen un temor irracional a la vida terminan siendo editores. Bernard Shaw, que era vegetariano, fue menos crudo: dijo que los editores combinaban la rapacidad comercial con un toque artístico, sin ser buenos empresarios ni críticos literarios de gran sensibilidad.
Muchos rechazos de obras hoy consideradas maestras parecen confirmar el dictamen de Shaw. Poe tuvo que pagarse la edición de Tamerlane, y vendió solo 40 ejemplares, recibiendo menos de un dólar de ganancia. Cien años más tarde, uno de los ejemplares se vendió por $11.000. Hoy cualquiera de ellos que salga a subasta pública alcanzaría varias veces más ese valor.
Hasta hace pocos años, la mayoría de los rechazos obedecía a dos motivos. Uno era que el libro atentaba contra el orden moral, social y político establecido. Considerar el estilo de la obra contrario a las normas literarias imperantes era el otro. En 1928 un editor devolvió el manuscrito de Lady Chatterley’s Lover con este consejo para D. H. Lawrence: “Por su propio bien, no publique este libro”. La carta de rechazo de Lolita, de Vladimir Nabokov, escrita en 1955, es más explícita. “Esto debe, y probablemente ha sido, dicho a un sicoanalista, y ha sido convertido en una novela que tiene algunas cosas estupendamente bien escritas, pero es tremendamente nauseabunda, incluso para un conocedor de la teoría de Freud. Para el público, resultará repulsiva. No se venderá, y afectará enormemente una reputación en aumento (…) Se trata de una mezcla insegura entre una realidad repulsiva y una fantasía improbable”.
El segundo motivo clásico para el rechazo, la incomprensión de una obra novedosa, la sufrió Flaubert en 1856, cuando el manuscrito de Madame Bovary fue enviado de vuelta con una nota que decía: “La novela está sepultada bajo tan gran cantidad de detalles, que si puede considerarse están bien narrados resultan completamente superfluos”. Faulkner también recibió muestras similares de incomprensión, cuando en 1929 Sartoris fue caracterizada como una obra que carecía de trama y estructura, al extremo que el editor no se atrevía a sugerir una revisión, “porque su principal objeción era que el autor no tenía una historia que contar”.
No todos los responsables de rechazos literarios han sido tan malos lectores como el que pensó que los poemas de Emily Dickinson “carecían de rima”. En 1911 las primeras 800 páginas de lo que sería A la recherche du temps perdu, de Marcel Proust, fueron rechazadas nada menos que por André Gide, en la Nouvelle Revue Française. Gide posteriormente leyó la novela, cuya edición tuvo que pagar Proust, y escribió una nota al autor disculpándose por su juicio erróneo, al que consideró el “más grave error de la N.R.F. (...) uno de mis más lacerantes remordimientos, algo de lo que me arrepentiré toda la vida”.
Entre los escritores que con mayor fuerza lograron atraer tanto razones morales y sociales como literarias para el repudio de su obra se encuentra James Joyce. Al Portrait of the Artist as a Young Man se le consideró “una obra más bien discursiva, cuyo punto de vista no es atractivo”. Dubliners tuvo peor suerte. Fue rechazado por 22 editores antes de ser publicado. Cuando al fin fue impreso, un irlandés irritado compró la primera edición completa y la quemó en Dublín. El Ulysses sufrió una odisea peor. Los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña no solo prohibieron su publicación. También mandaron a confiscar y echar al fuego las copias entradas de contrabando de la edición francesa de Shakespeare Press, de Sylvia Beach. El regreso de París con un ejemplar del Ulysses, para ser entrado de contrabando en Estados Unidos, se convirtió en algo común hasta que en 1933 se levantó la prohibición.
Sin embargo, uno de los motivos de rechazo más común en nuestros días es lo difícil que resulta para un nuevo autor el darse a conocer. En 1960, la novela Steps, de Jersy Kosinski, ganó en Estados Unidos el Premio Nacional del Libro. Seis años más tarde, un escritor freelance mecanografió las primeras veintidós páginas del libro. Las envió a cuatro editores, como si fuera la obra de un escritor griego llamado “Erik Demos”. Fueron devueltas sin despertar interés alguno. Dos años más tarde mecanografió la totalidad de la novela y la mandó, bajo el mismo nombre falso, a más editoriales —entre ellas Random House, quien publicó el original—, con un resultado similar: rechazo total. Cuando se trata de negativas, el cartero siempre llama dos veces o más. James M. Cain lo sabía muy bien.
Un escritor freelance lo sabe mejor. El término freelance data de la época de las Cruzadas. En el siglo XII los caballeros andantes se aliaban a un señor feudal, a cambio de tierra, dinero y un escudo de armas. Pero en ocasiones caían en desgracia o moría su protector. Entonces, sin tierra y sin escudo, se alquilaban como mercenarios: a lance for hire, a free lance. Casi siempre terminaban con la lanza rota u oxidada.
Siempre un editor tiene a mano dos formas socorridas, a la hora de rechazar ese bulto de páginas que tocan a su puerta. Con el tiempo estas formas se han convertido en fórmulas. La primera fue empleada por Samuel Johnson, quien escribió: “Su manuscrito tiene dos cualidades: es bueno y original. Pero la parte que es buena no es original y la parte que es original no es buena”. La segunda está ejemplificada en una carta enviada a un autor por una revista china: “Hemos leído su manuscrito con un placer sin límites. Pero si fuéramos a publicar su trabajo, sería imposible para nosotros publicar posteriormente textos de una calidad inferior al suyo. Y como resulta inimaginable que en los próximos mil años podamos encontrar nada igual, nos vemos obligados —a nuestro pesar— a rechazar su divino trabajo. Y a rogarle una y mil veces el que nos perdone por lo limitado de nuestros intereses y objetivos”.
Para mayor calamidad de los escritores, en la actualidad ambas fórmulas se reducen a un modelo convencional, impreso en abundancia por las editoriales, en el mejor de los casos. O al silencio impune que protege una guardia carente de imaginación.
Una primera versión de este texto fue escrita el 15 de agosto de 1995. Luego, ligeramente modificado, apareció en Catálogo de Letras ese mismo año. En esta ocasión se han introducido algunos detalles personales para tratar de evitar, sin duda inútilmente, su envejecimiento.
martes, 26 de enero de 2016
Cubaencuentro me cancela por tercera vez y ademas explica el por qué ? Los pretextos de la pluralidad que no quieren.
Comentario de HHC: En secuencia Cubaencuentro, días atrás dijeron ( ver reglas al final) que se iba a prohibir que se dijeran ataques personales entre lectores y a los autores ( aunque estos hacían alusión constantemente a los que opinamos). Uno de los autores la supuestamente Dra Marlene Azor, a mi exposición individual sobre Venezuela, opinó a titulo personal y me llama " Esbirro Cotorra" y le respondí de manera respetuosa para no caer en careos.Emplacé al Moderador para que borrara la ofensa para ver cuan creíbles eran sus reglas , porque si respondía o no respondía como estaba haciendo, pues las ofensas continuaban y si respondía tal cual, era una ofensa mía únicamente, como ha ocurrido en varias ocasiones.
En el fondo están desesperados porque han perdido por todo lo que apostaban que Cuba no fuera a la Cumbre de las Américas, que Obama no restableciera relaciones diplomáticas, y si lo hacia primero debia oir a los disidentes, que no se sacara a Cuba de la lista de países terroristas, etc.
Pero la parcialidad de Cubaencuentro es infinita, y la hipocresía mayor. Era cuestión de tiempo que me borraran de opinar. Todo lo demás son pretextos.
A continuación la secuencia:
Marlene Azor Hernández • hace un día
Humberto, ¿de cuál guerra económica hablas? en este comentario tuyo repites tu vestuario de "esbirro cotorra", no hay ningún elemento que digas que no sea la propaganda misma del gobierno venezolano.No será la contradicción entre ¿propiedad estatal controlada por el partido y propiedad privada? ¿la misma de Cuba?
Humberto Herrera Carles Marlene Azor Hernández • hace 18 horas
Moderador estoy esperando que elimine el anterior comentario ofensivo, porque me vere en la necesidad de responderlo.
aarmengol Moderador Humberto Herrera Carles • hace 11 horas
Por tercera ocasión se ha excluido a Humberto Herrera Carlés de participar como comentarista en este sitio. Aunque Cubaencuentro no discute en este espacio su política sobre la moderación de comentarios (cualquiera que quiera expresar cualquier idea al respecto puede enviar un email al respecto a Cubaencuentro, que será atendido), en su caso específico creo necesaria una aclaración pública, para tratar de evitar malos entendidos. Herrera no se excluye por su reiterada, podría añadir que abusiva, posición en favor del Gobierno cubano o del Gobierno venezolano o de cualquier gobierno que él defienda con igual tesón. Si esos fueran los motivos, se hubiera suprimido desde hace tiempo o no se le hubiera admitido de nuevo. Herrera tampoco ha sido excluido por su aparente defensa a cualquier comentarista
Bajo ese criterio se hubieran excluidos a otros que lo han hecho, y no ha sido así. El acto de leer o participar en los comentarios a los artículos de Cubaencuentro es algo completamente gratuito y voluntario, que no implica compromiso alguno salvo cumplir las reglas, de este sitio o de cualquier sitio en internet. Herrera ha sido excluido por pretender iniciar una vía completamente ajena al interés de esta publicación. Su comentario de arriba y otros más publicados el lunes son el ejemplo de ello. Herrera se ha caracterizado por una conducta reiterada, y repito que abusiva, de llenar estas páginas con comentarios propios, y de publicaciones del Gobierno cubano, que resultan irritantes para muchos participantes, y por lo tanto han producido respuestas irritantes, que Cubaencuentro igualmente considera no adecuadas al sitio. Como es la naturaleza de Herrera Carlés el no poder inhibirse de tal conducta, algo a lo que tiene derecho pero no en este sitio, aunque hasta ahora se le había permitido, al parecer a partir del lunes Cubaencuentro iba a tener que dedicarse a analizar todas y cada una de las quejas suyas, que iba a producir ante determinadas respuestas, y donde, al parecer por el comentario de arriba, de pronto su sensibilidad se había agudizado, y determinar si suprimir o no las respuestas o el comentario de Herrera Carlés.
Además que la supresión de un comentario suyo o de otro desencadena la supresión de todas las respuestas relacionadas, lo que no es el interés de Cubaencuentro, que desea que todo aquello vinculado a los comentarios se encamine por los cauces normales, que implica “comentar” sobre la noticia o artículo, porque dicho espacio no es un “foro”, como muchas veces ya se ha aclarado, ni un club social. a todo esto se añade que Cubaencuentro se ha limitado a puntualizar una política existente desde hace años sobre los comentarios y no a establecer una nueva, lo que hace más innecesaria esta insistencia surgida de pronto en Herrera Carlés, donde dejaba en claro que una respuesta que él no consideraba adecuada a su aparente queja se iba a traducir en una especie de patente de corso para él actuar según creyera más conveniente, y lo cual Cubaencuentro consideró que se acercaba a una forma de chantaje.
Creo que Herrera Carlés debería estar agradecido a la tolerancia ejercida por Cubaencuentro y la mayoría de los comentarista hacia su interés en divulgar los puntos de vista del Gobierno cubano, el cual por otra parte tiene medios de sobra para hacerlo. pero ese agradecimiento es algo que, en particular, Cubaencuentro no solicita ni requiere.
Solo resta agradecerle a Humberto Herrera Carlés su participación fiel, cotidiana, y a veces abrumadora, en este sitio y desearle lo mejor para él y su familia.
Comentario de HHC: Observen ahora las reglas
aarmengol Moderador • hace 3 días
Los comentarios que no se refieran al tema del artículo serán eliminados. Los comentarios que entren en un careo, discusión personal o ataque entre dos comentaristas serán eliminados. Los comentaristas que se limiten a decir que determinado artículo, crónica, reportaje o noticia es “porquería”, o al ataque personal del autor del artículo, serán excluidos. En el caso de comentaristas que utilicen varios seudónimos o nicknames para hacer valer sus puntos de vistas: a estos seudónimos múltiples, cuando se detecte que provienen del mismo servidor, o sepamos por otros medios a nuestro alcance que solo cumplen la función de multiplicar las participaciones, tampoco se les les permitirá abusar de los mismos. Cuando los moderadores consideren que un comentario no aporta nada a la discusión, es ajeno al tema o solo pretende crear una especie de “pelea de perros” sin sentido entre los participantes, tienen la potestad de ejercer su derecho de eliminarlos. Los comentarios excesivamente largos, una norma de sentido común dada la capacidad del espacio disponible al uso de esta función y para evitar que la lectura en general de los comentarios se convierta en una tarea fatigosa, serán también eliminados a criterio de los moderadores (algo que, por otra parte, se viene practicando desde hace años). En el caso de que los comentarios incluyan fotografías, deben estar relacionadas con el tema a discusión. Cubaencuentro no mantiene correspondencia sobre comentarios rechazados o eliminados. La política sobre los comentarios aparece resumida en el sitio y, al igual que en otras publicaciones, no está sujeta a discusión. Cubaencuentro mantiene su criterio de buscar la mayor diversidad posible de opiniones, tanto en los textos y fotografías que publica como en los comentarios, pero recuerda que es un sitio de discusión y análisis, donde debe imperar la racionalidad y no el irracionalismo o “apasionamiento”, por muy meritorio que sea, y que entre sus propósitos nunca ha estado el ejercicio de un periodismo de barricada, que queda para otros sitios. Gracias.

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la mas mínima ética, hay dos ejemplos recientes de traición Temer en Brasil con Dilma que se presto para un golpe de estado y Lenin Moreno de Ecuador que traiciono a Correa y la revolución Ciudadana una vez que lo apoyaron para que fuera Presidente y hoy esta alineado a los corruptos de siempre y a espaldas del pueblo.