"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí
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viernes, 16 de febrero de 2018

DECLARACIÓN DE LA CASA DE LAS AMÉRICAS: LA VENEZUELA DE HOY NO SERÁ EL CHILE DE 1973

Viernes, 16 de Febrero del 2018 en La Casa, Pensamiento Social.


Casa de las Américas, La Habana, Cuba

Las amenazas del siniestro Donald Trump de intervenir en Venezuela por la vía de las armas, con el propósito de eliminar de una vez el proyecto social iniciado por Hugo Chávez, han puesto en marcha una maquinaria planeada para desplegarse en los dos meses que nos separan de la VIII Cumbre de las Américas, convocada para el 13 de abril en Lima. ¿Culminará finalmente en intervención o no? ¿Esperarán confiados los que, a partir de la renacida Doctrina Monroe, se creen amos de América a justificar una agresión desde la Cumbre? ¿Obtener una resolución espuria que pretenda deslegitimar las elecciones de finales de ese mes? ¿Precipitarán ecuaciones militares si sus cálculos muestran inseguridad en lograr respaldo regional? El primer eslabón ha sido constituir un grupo con doce gobiernos genuflexos, bautizado «de Lima», para «obligar» a que el presidente de Perú reconsidere la invitación al mandatario de Venezuela.

No pueden desestimarse las amenazas como pura retórica, pero el curso de los acontecimientos estará determinado por las variantes que se logre desplegar en esta puja de resistencia. Lo primero a consignar es la capacidad mostrada por Nicolás Maduro para mantener la soberanía que reclama el seguimiento del modelo bolivariano frente a estrategias de asfixia al interior de Venezuela, y los avances de la ofensiva restauradora neoliberal seguida en el Continente.

La insistencia del canciller estadunidense, el magnate petrolero Tillerson, y del senador seudocubano Marcos Rubio con sus llamados al fraccionamiento de las fuerzas armadas venezolanas revela, precisamente, que no han encontrado brechas que lo permitan, y se ven por ello en la necesidad de inducirlo criminalmente, para hacer de la Venezuela de hoy lo que.el imperio (conducido entonces por los delincuentes Nixon y Kissinger) logró en el martirizado Chile de 1973.Lo vocean, a la vez, para dar confianza a la oligarquía e intimidar al pueblo venezolano. Y para concitar desde ahora, sin ningún recato, la disposición de sus títeres en la región a jugar como aliados en las abyectas tareas que les impongan. Por tal motivo, la alianza cívico-militar constituye en Venezuela el puntal para el mantenimiento de la independencia, la democracia y los intereses de la sociedad en el sentido más pleno.

El ingenio macabro del imperio ha alcanzado en nuestros días, los días luctuosos de Trump, un nivel de desvergüenza y de impunidad que convierte al nazismo en un precursor opaco, inmaduro e imperfecto. Sería ingenuo, por tanto, creer que cualquier victoria popular será, por si sola, definitiva. Se ha de estar preparado para defender con la vida lo alcanzado y lo que se revela posible alcanzar para el pueblo. Aunque la mejor victoria de un país pacífico ante la realidad de la agresión y ocupación a sangre y fuego es la de conseguir evitarla sin concesiones de principio: la de la paz cuando se logra por la fuerza de la resistencia. Porque la claudicación no es la paz, es el camino de regreso al desamparo. Sortear la amenaza inmediata va a significar, siempre, ganar el terreno para nuevos desafíos.

Esto es, sin embargo, tan importante que el enemigo imperial lo teme, y por eso pone mucho énfasis en cumplir sus propósitos en el plazo más corto. La permanencia y la vitalidad del proyecto bolivariano son la espina más dolorosa en su garganta, tanto por lo que significa bilateralmente para el coloniaje energético, como también –y en no menor escala– por ser la piedra angular de una alternativa latinoamericana y caribeña que Wáshington había imaginado neutralizar aislando a Cuba.

Como se recordará, la frustración más cercana del dominio de los Estados Unidos en la región se alcanzó en la Cumbre de Mar del Plata en 2005. Las políticas de Lula, en sintonía con las de Chávez y las del anfitrión argentino, Néstor Kirshner, bloquearon la imposición del Tratado de Libre Comerció (ALCA), gracias al cual se generalizaría una norma de sometimiento económico que hubiera resultado imposible modificar en la práctica, cuando se quisiera rescatar la soberanía perdida. Junto a aquella IV Cumbre de los jefes de Estado tuvo lugar allí, con un protagonismo muy activo, la III Cumbre de los Pueblos, que alertaba en torno a la postura de los gobiernos vacilantes: o votaban contra el ALCA o lo hacían contra sus pueblos. La mayoría votó contra el ALCA. Se pudo evitar así una salida trágica para los países de la América Latina y el Caribe.

¿Van los pueblos latinoamericanos y caribeños a permitir sin una movilización como la de entonces que una mesnada de gobiernos sometidos a las demandas de la Casa Blanca, impuestos en muchos casos contra la voluntad popular, por caminos ilegítimos, atente desde Lima contra la libertad, la soberanía, y la solidaridad consagradas por el proyecto bolivariano y chavista representado hoy por Nicolás Maduro? 

Casa de las Américas 
La Habana, 16 de febrero de 2018

sábado, 27 de enero de 2018

Entregados en La Habana los Premios Casa de las Américas de Literatura

Publicado en: Unidad de Nuestra América
En este artículo: Casa de las Américas, Cuba, Cultura, Fotografía, Literatura, Premio Casa de las Américas



El escritor cubano Rafael Águila (D), obtuvo el Premio Casa de Las Américas, en la categoría de cuento, en acto realizado en la sede de esa institución cultural, en La Habana, Cuba, el 25 de enero de 2018. Foto: Abel Padrón Padilla / ACN

El escritor cubano Rafael de Águila ganó el Premio Literario Casa de las Américas 2018 en la manifestación de cuento con su obra Todas las patas en el aire, anunciaron hoy los organizadores del certamen.

“Un libro del deseo y el desasosiego, cuyos personajes se sitúan entre el desconcierto y la lucidez, la desesperación y momentos de una alegría tan precaria como intensa”, señala el acta del jurado dada a conocer en ceremonia efectuada en la Sala Che Guevara de la institución cultural.

Escritos “con una prosa densa y envolvente, el autor desarrolla historias cautivantes enmarcadas en diferentes épocas y geografías”, los relatos de Todas las patas… también “presentan capas de miradas y voces en contrapunto que interpelan la realidad desde diversas perspectivas y reflejan la incertidumbre propia de nuestro tiempo”.

El resto de los premios fueron para los textos Paraje Luna, del argentino Fernando José Crespi, en la especialidad de teatro; y la novela Tracing JaJa, del barbadense Anthony Kellman, en literatura caribeña en inglés o creol.

Las palmas en la sección ensayo de tema artístico-literario, fueron para la argentina Ana Forcinito por el texto “yeme con los ojos: Cine, mujeres, visiones y voces; mientras que literatura brasileña se impuso Carlos Cortez Minchillo con el estudio Erico Veríssimo, escritor do mundo.

El premio de estudios sobre la mujer correspondió a la cubana Yanetsy Pino Reina por su acercamiento multidisciplinario a la poesía femenina insular de fines del siglo XX y principios del XXI mediante el título Hilando y deshilando la resistencia (pactos no catastróficos entre identidad femenina y poesía).

Además de las seis manifestaciones en concurso, durante la ceremonia fueron dados a conocer las obras y autores ganadores de los premios de Poseía José Lezama Lima, de Narrativa José María Arguedas, y de Ensayo Ezequiel Martínez Estrada

(Información de Prensa Latina)




La escritora cubana, Yanetsy Pino Reina, obtuvo el Premio Casa de Las Américas, en la categoría de estudios sobre la mujer, en acto realizado en la sede de esa institución cutural, en La Habana, Cuba, el 25 de enero de 2018. Foto: Abel Padrón Padilla / ACN


Abel Prieto (segundo, izq.), ministro de Cultura de Cuba, durante el acto de entrega del premio Casa de Las Américas, en la sede de esa institución cultural, en La Habana, el 25 de enero de 2018. Foto: Abel Padrón Padilla / ACN

lunes, 15 de enero de 2018

Palabras del cantautor cubano Silvio Rodríguez durante la inauguración de la edición 59 del Premio Literario Casa de las Américas

La Habana, 15 de enero de 2018

Hermanos que convoca esta Casa:

Si a un siglo de su nacimiento José Martí fue identificado como responsable de los hechos revolucionarios que inauguraron nuestra etapa libertaria de 1953, también pudiera decirse que esta Casa de las Américas fue fundada por nuestro Apóstol, por su compromiso con los próceres que empezaron las guerras de emancipacióncontinental contra el colonialismo. Para colmo, una joven de la generación del centenario del nacimiento de Martí, protagonista de aquella jornada terrible y simbólicamente hermosa fue, a su vez,quien fundó y animó a esta institución, que ha reunido escritorescomo haciendo un ensayo hogareño de aquel ideal llamado Nuestra América.

Otro imprescindible de esta Casa, mi amigo poeta y pensador Roberto Fernández Retamar, el año pasado me pidió estas palabras de inauguración al Premio número 59. Y es que Roberto sabe que, aunque este entrañable evento aún no ha incluido la modalidad de canción, es incuestionable que aquí se ha cantado mucho, tanto con lírica como con guitárrica.

Por ejemplo, el mes que viene hará medio siglo de que varios trovadores de mi generación estuvimos por primera vez en este mismo salón. Aún no se llamaba Che Guevara, aunque ese fue un nombre que nos sobrevoló aquella noche. Lo que era yo, estaba bastante azorado, casi no me lo creía, porque en febrero de 1968 Casa de las Américas era ya un lugar honroso y querido, liderado por una heroína y respaldado por brillantes artistas y escritores.

Faltaban por llegar muchas novelas, narraciones, piezas de teatro; faltaban inolvidables libros de poesía. Y faltaban por ausentarse, o por sernos arrebatados, varios hermanos queridos. Porque esta Casa y este Premio siempre tuvieron la virtud de reunir a mujeres y a hombres más interesados en la suerte de sus pueblos que en la de sus palabras; gente entregada en el ingenio, pero mucho también en carne y hueso. Así que faltaban por ocurrir sorpresas en muchos escenarios, noticias esperadas o inconcebibles, esperanzas y angustias de diversas honduras.

También faltaban iluminaciones, torpezas, aprendizajes; faltaba tiempo, partícula a partícula, haciendo lo que la brisa y el agua cuando corren. Faltaba, después de la espuma, el sedimento revelador que nos hace reconocer y desafiar, entre las miserias del mundo, lo triste de nuestra propia naturaleza.

A algunos incluso nos faltaba más de la mitad de nuestras vidas, aunque no lo sabíamos. Y todos éramos aprendices de todo: de la historia escrita, de la que pensábamos que faltaba por hacer y escribir y, por supuesto, la de la hormiga cotidiana: la historia real que, entre acorralado y desafiante, ha escrito este pequeño país, capaz de proyectar las enormes luces de sus sueños.

Algunos sueños acaso no los llegaremos a tocar, al menos del todo, porque el acoso constante sin dudas nos limita. Estamos donde una larga, compleja y desigual batalla nos permite. Esto nos ha hecho desarrollar un arte de defensa que nos sostiene. Y aunque el que se defiende bien a veces logra sobrevivir, verse obligado a basar la existencia bajo esa premisa no es lo más saludable.

Quienes hemos sido parte de esta Casa de las Américas durante 59 años tenemos pruebas, en primer lugar, de que el bien es posible, y de que el arte y la cultura son parte de su sustancia. También sabemos que algunas inconveniencias pueden durar más de lo proclamado y que el bien es aún perfectible.

Por esas razones aquí estamos, con la voluntad de ser mejores, de avanzar. Por eso aquí seguimos. Por supuesto que no eternamente y mucho menos por costumbre, sino porque aún somos capaces de estremecernos cuando llegamos a un lugar como esta Casa.

Es como si de pronto se fuera abrir una puerta y entrara una señora con una sonrisa entre pícara y materna, con una mirada entre nostálgica y escrutadora, con una voz de flauta y unos brazos menudos que te rodean, te sostienen y hasta te enderezan, y te hacen pensar que estás a salvo, que realmente puedes decir todo lo que te parece —y hasta lo que imaginas—; extraordinario abrazo que te hace sentir que estás creciendo, o que te hace creer que cuando dices es que creces, y que sólo por eso vale la pena estar vivo.

Gracias a esa y a otras nítidas presencias ahora mismo en esta sala, es que logro decir bienvenidos, hermanos, al Premio Casa de las Américas de 2018.

Muchas gracias
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