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jueves, 14 de enero de 2021

La segunda Guerra Fría está llegando



Este es un artículo de opinión de Roberto Savio, fundador y presidente emérito de IPS, y editor de Other News.



La nueva Ruta de la Seda y otros canales de expansión comercial y económica que tienen como epicentro a China. Imagen: iStock

ROMA, 8 ene 2021 (IPS) - Mientras que el coronavirus ha concentrado, con toda razón, gran parte de nuestra atención, un reajuste geopolítico fundamental ha estado cobrando forma en el mundo y se hará más claro en este 2021. El reajuste es el comienzo de una segunda Guerra Fría, que esperamos no se convierta en una guerra «caliente».

La nueva Guerra Fría se producirá entre China y Occidente, pero debe ser muy diferente a la que tuvo lugar con la Unión Soviética. El mundo ha cambiado significativamente desde 1989, el año de la caída del Muro de Berlín.

La brecha entre los dos campos opuestos es ahora mucho más pequeña. La extinta Unión Soviética, un gigante militar con escaso desarrollo industrial, tenía la ventaja de presentarse a sí misma como la líder de una ideología internacional. De cierta manera, esta también era una bandera de Occidente, que convertía en su propia identidad el llamado a la libertad y la democracia.

En la actualidad, China no enarbola una verdadera bandera internacional y Occidente está asediado por contradicciones internas, desde la batalla de las democracias antiliberales, como la de Hungría bajo Viktor Orbán, hasta las olas nacionalistas, xenófobas y populistas que recorren todos los países y el dramático aumento de la desigualdad social y la degradación de los puestos de trabajo, la calidad de vida y las perspectivas sobre el futuro.

Todo esto hace que el estandarte occidental sea mucho menos fuerte que después de la Segunda Guerra Mundial. Hoy en día, por la actual fragmentación del mundo, sería probablemente imposible crear las Naciones Unidas o adoptar la Declaración de los Derechos Humanos.

Mientras tanto, China está experimentando un desarrollo industrial, científico y tecnológico que nunca estuvo al alcance de la Unión Soviética. Por último, añadamos el factor demográfico: China, con sus 1.4 mil millones de habitantes, tiene una fuerza muy diferente a los 291 millones con que contaba la URSS en 1989. Rusia se ha reducido ahora a 147 millones: mucho menos que los 208 millones de Nigeria, sin mencionar los 220 millones de Pakistán.

Esta nueva alianza occidental está teniendo lugar sin que muchos se den cuenta. La OTAN ya no se ocupa del Atlántico Norte, como se estableció en su constitución, y el poderío militar soviético ya no es tan significativo en la actual Federación Rusa.

El autor, Roberto Savio

En su poco sofisticado intento de hacer que Estados Unidos no dependa de ningún otro país, aunque sea un aliado histórico, el saliente presidente Donald Trump se distanció de la OTAN. El presidente francés Emmanuel Macron ha dicho que la OTAN está en «muerte cerebral». Y Europa ha descubierto que vivir bajo el escudo americano podría ser una percepción ilusoria.

Entonces, la actual Comisión Europea (el órgano ejecutivo de la Unión Europea) se ha embarcado en una fuerte política para hacer de Europa un actor internacional competitivo, dando prioridad en las inversiones a la tecnología verde, la inteligencia artificial, el desarrollo digital, el refuerzo de las patentes europeas, así como para frenar el poder desenfrenado de la gran tecnología americana.

Y ahora que Reino Unido ha abandonado la Unión Europea, han desaparecido de las fuentes de división de los 28 (ahora 27), como aquella de la defensa europea. Hay, incluso, una asignación de 8000 millones de dólares para el embrión de un ejército europeo que, por supuesto, palidece en comparación con los 732 000 millones de Estados Unidos.

Sin embargo, pocos se dieron cuenta de que en noviembre el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, presidió un grupo de expertos que recomendó, sin oposición, que la primera tarea de la Alianza debería ser responder a la amenaza proveniente de los «rivales sistemáticos» de Rusia y China.

Incluir a China en el centro de la agenda de la OTAN es un cambio tal que significa reinventar completamente la alianza transatlántica.

Los viejos términos de la Guerra Fría están de regreso, como viejos barriles con un nuevo contenido.

El documento final llama a la «coexistencia», a la necesidad de mantener la superioridad militar y tecnológica, a establecer nuevos tratados de control de armamentos y a la no proliferación de las armas avanzadas. También subraya que hay campos de cooperación, desde el comercio hasta el control climático.

El período de Trump ha sido un bono inesperado para China. Barack Obama hizo grandes esfuerzos para crear un acuerdo comercial asiático —la Asociación Transpacífica (TPP)—, que excluiría a China e incluiría a Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Estados Unidos, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. Se firmó el 4 de febrero de 2016.

En enero de 2017, Trump asumió la presidencia y se retiró rápidamente del tratado. En parte esto tuvo que ver con su obsesión por deshacer cualquier cosa que Obama hubiera hecho, pero también fue debido a su fuerte creencia de que Washington no debería entrar en ningún tratado que pudiera condicionarlo y que se beneficiaría más de las relaciones bilaterales, en las que Estados Unidos siempre sería el chico grande de la sala. «América primero» significaba, de hecho, «América sola».

El resultado es que, durante cuatro años, China ha sido capaz de actuar como el campeón del multilateralismo y del control climático, mientras que para Estados Unidos era simplemente una cuestión de aranceles con su política centrada en las exportaciones chinas.

China ha sido capaz básicamente de esquivar este asunto y la balanza comercial entre Beijing y Washington está más desequilibrada a favor de China que nunca. Trump se involucró en una pelea contra la 5G y Huawei, pero no ocultó su admiración por los hombres fuertes, desde Kim Jong-un, hasta Vladimir Putin y Xi Jinping.

Y, durante esos cuatro años, China ha sido capaz de continuar su programa de expansión global. No solo con su famoso proyecto —la Ruta de la Seda— con conexiones abiertas para su comercio con el mundo, sino también con el establecimiento del mayor bloque comercial de la historia: la Asociación Económica Regional Integral (AER) que destruyó todo rastro del TPP, que había excluido a China.

La nueva Asociación Económica Integral Regional (RCEP en inglés) tiene su base en China y Estados Unidos está fuera. El tratado se firmó en noviembre de 2020 y Trump estaba tan obsesionado con su teoría sobre el fraude en las elecciones presidenciales en su país que ni siquiera le dedicó un comentario.

Pero la RCEP tiene 15 países miembros: Australia, Brunéi, Camboya, China, Indonesia, Japón, Laos, Malasia, Myanmar (Birmania), Nueva Zelanda, Filipinas, Singapur, Corea del Sur, Tailandia y Vietnam. El bloque tiene el 30 por ciento de la población mundial (2200 millones), y 30 por ciento del PIB mundial (26, 2 billones, millones de millones).

Solo la India, que está bajo el liderazgo autoritario y xenófobo de Narendra Modi, se mantuvo fuera, quejándose de que sería invadida por productos chinos baratos. Pero en realidad, la India se ve a sí misma como la alternativa regional a China, a pesar de estar muy atrasada en términos económicos y tecnológicos. Pero es un país joven, con 50 por ciento de su población menor de 25 años, mientras que en China es solo el 31 por ciento.

Los pronósticos indican que Asia se convertirá, con mucho, en la zona geopolítica y económica más importante del mundo. Según la empresa consultora McKinsey, en 2040 acumulará 50 % del comercio mundial y 40 % del consumo total de bienes y servicios.

Europa, y también Estados Unidos, están convencidos de que pueden competir con China y evitar que se convierta en una potencia mundial. Pero esto significa un reajuste total de las relaciones internacionales, en particular una nueva alianza entre Europa y Estados Unidos, y una política dirigida a formar un grupo de países que estén dispuestos a ponerse del lado de Occidente, como sucedió durante la Guerra Fría.

China llevará a cabo la misma política y, seguramente, veremos un nuevo grupo de países no alineados como reacción al conflicto. Por ejemplo, en este momento, un influyente grupo de académicos y diplomáticos está haciendo campaña en América Latina para que la región permanezca no alineada ante el próximo conflicto.

El número de diciembre de Foreign Affairs (Asuntos Exteriores), el espacio más influyente para el debate estadounidense sobre cuestiones internacionales, ha publicado un ensayo titulado «La competencia con China podría ser corta y aguda», que habla abiertamente de un posible conflicto armado en los próximos diez años.

Los autores visualizan una fuerte aceleración de la competencia en un futuro próximo y varias desventajas para China. La primera que va a aislar a China es la ausencia de democracia (en un momento en que resulta dudoso que Estados Unidos, con Trump como modelo y ejemplo, sean creíbles). Luego, más sustancialmente, es que la ventana de oportunidad de China se está cerrando rápidamente.

Desde 2007, la tasa de crecimiento económico anual de China se ha reducido en más de la mitad y la productividad ha disminuido en 10 %. Mientras tanto, la deuda se ha multiplicado por ocho y está en camino de alcanzar 335 % del PIB para fines de año. China tiene pocas esperanzas de revertir estas tendencias, porque perderá 200 millones de personas en edad laboral y ganará 300 millones de adultos mayores en 30 años. Asimismo, los sentimientos globales contra China se han disparado a niveles nunca vistos desde la masacre de la plaza de Tiananmen en 1989. Casi una docena de países han suspendido o cancelado su participación en el proyecto de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, en inglés). Otros 16 países, incluidas ocho de las 10 economías más grandes del mundo, han prohibido o restringido severamente el uso de productos de Huawei en sus redes 5G. India se ha puesto dura contra China desde que, en junio, un enfrentamiento en la frontera común mató a 20 soldados. Japón ha incrementado el gasto militar, ha convertido buques anfibios en portaaviones y ha encadenado lanzamisiles a lo largo de las Islas Ryukyu, cerca de Taiwán. La Unión Europea ha calificado a China de «rival sistémico», y Reino Unido, Francia y Alemania están enviando patrullas navales para contrarrestar la expansión de Beijing en el mar de China Meridional y en el océano Índico. En múltiples frentes, China se enfrenta al retroceso creado por su propio comportamiento.

Es interesante ver cómo la inteligencia americana es prisionera de su sentido de superioridad. China, también gracias a Trump, ha sido capaz de adquirir, al menos, un punto de apoyo en todas partes. Por supuesto, no tienen las 1176 bases militares que Washington posee alrededor de todo el mundo, pero están trabajando para lograrlo.

De todos modos, el ensayo de Foreign Affairs recomienda aumentar urgentemente las defensas de Taiwán que, después de Hong Kong, es la última pieza de China que no está controlada por Beijing. Y señalan que una guerra es muy posible en un corto plazo, posiblemente en diez años.

Sin embargo, con el tiempo, «la posibilidad de una guerra podría desvanecerse en la medida en que Estados Unidos demuestre que Beijing no puede revocar el orden existente por la fuerza, y en que Washington se vuelva poco a poco más confiado en su capacidad para superar a una China en desaceleración».

Es difícil seguir la convicción estadounidense de que el mundo es suyo y que la pax americana es inmutable. De hecho, cuando en el siglo XVI Estados Unidos aún no existía, China representaba el 50 por ciento del PIB mundial, según la mayoría de los economistas.

Ahora, el desarrollo tecnológico chino está a punto de superar al de los Estados Unidos. Según el Banco Mundial, en términos de poder adquisitivo, China superó a Estados Unidos el año pasado. La moneda china y las reservas de oro duplican las de la nación norteamericana.

Lo que sí es cierto es que dentro de 10 años tendremos un enorme desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) y, por el momento, Estados Unidos parece tener la ventaja. Pero los últimos desarrollos en la IA apuntan a sistemas de autoaprendizaje. En ese sentido, la cantidad de datos marca la diferencia, y China tiene el doble de personas que Estados Unidos y Europa juntos.

¿Pero por qué China estaría tentada a empezar una guerra contra Estados Unidos? Desestabilizaría un sistema basado en el comercio, en el que China es de lejos el mayor ganador. Sería una guerra extremadamente difícil de ganar porque la escala de operaciones empequeñecería al ejército chino.

¿Y cómo podría Estados Unidos iniciar una guerra contra China? Una vez que el bombardeo aéreo se ejecuta, (a menos que sea atómico, que es la receta segura para la destrucción del planeta), hay que poner, como dice la jerga militar, botas en tierra. ¿Se puede pensar en una invasión a China?

Por lo tanto, sería importante desalentar cualquier escalada, y no solo durante los próximos 10 años. La guerra es siempre un peligro porque la estupidez humana, como dijo Einstein, es tan ilimitada como el universo. Los mismos autores del ensayo de Foreign Affairs recuerdan la Primera Guerra Mundial, como algo que nunca debió haber sucedido.

Pero las señales de una escalada continúan. A fines de diciembre, el ex secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, afirmó en una entrevista que la OTAN debe ganar la batalla tecnológica contra China.

Y el Consejero de Seguridad Nacional designado por la administración del presidente electo Joe Biden, Jake Sullivan, acaba de hacer un llamamiento a la Unión Europea, buscando la solidaridad con Estados Unidos a través de la no suscripción de un acuerdo comercial con China.

La segunda Guerra Fría está llegando….

Periodista italo-argentino, Roberto Savio fue cofundador y director general de Inter Press Service (IPS), de la que ahora es presidente emérito. En los últimos años también fundó Other News, un servicio que proporciona “información que los mercados eliminan”.

lunes, 18 de febrero de 2019

Trump se da un baño de anticomunismo en Miami

Por: Sergio Alejandro Gómez


Trump dio un discurso agresivo y ofensivo contra América Latina y los gobiernos progresistas. Foto: AFP

“Socialismo” y “comunismo” estuvieron entre las palabras más repetidas por el presidente Donald Trump en su discurso de este lunes en Miami, lugar que utilizó de plataforma para incitar la sublevación de los militares en Venezuela y demostrar el supuesto fracaso de las ideas progresistas en el mundo entero.

En total el presidente mencionó “socialismo” en 29 ocasiones y “comunismo” seis veces, en una intervención de menos de cerca de 30 minutos, lo que resulta inusual desde el fin de la Guerra Fría.

Antes de dirigirse al auditorio, Trump saludó especialmente a los senadores por la Florida Marco Rubio y Rick Scott, al representante Mario Díaz-Balart, al Embajador en la OEA Carlos Trujillos y su asesor de Seguridad Nacional, John Bolton.

Durante los últimos meses, ese grupo ha convencido al presidente de asumir una postura más agresiva hacia América Latina, en particular contra Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Al parecer, lograron instalar en la mente de Trump la idea de que poner fin a la oleada de transformaciones progresistas y de izquierda en América Latina luciría bien en el currículum de política exterior de un presidente señalado por su falta de experiencia e incapacidad para conducir los asuntos globales.

Trump fue a Miami a darse un baño de retórica anticomunista y antisocialista que recuerda mucho las posiciones reaccionarias de Bolton y de Rubio, dos republicanos que han hecho carrera en Washington con una política de línea dura contra la Revolución Cubana y todos los gobiernos que se oponen al dominio estadounidense.


Trump incorpora el macartismo a la Doctrina Monroe. Confirma que contra #Venezuela "todas las opciones son posibles". El golpe de #EEUU no funcionó, el peligro de agresión militar es real. La historia de #NuestraAmérica lo demuestra. | #Cuba

Trump repitió varias de las tesis que defiende Bolton desde hace años, como que la Revolución Bolivariana se sostiene exclusivamente por el apoyo de Cuba y no por el respaldo de millones de personas que fueron beneficiadas por los cambios introducidos desde el ascenso del Comandante Hugo Chávez al poder en 1999.

También dijo que Maduro, quien obtuvo más de seis millones de votos en las pasadas elecciones presidenciales, era una “marioneta cubana” y no un “patriota venezolano”, categoría que reservó para militares traidores que incumplieron su deber constitucional y atentaron contra la población civil.

Trump presentó en medio del discurso a Aminta Pérez, la madre del policía sublevado Óscar Pérez, quien fue ultimado junto a otros seis integrantes del grupo Resistencia en El Junquito, a 40 minutos de Caracas, donde hizo una fuerte resistencia armada y se negó a entregarse.

Aprovechó también para hacer un nuevo llamado a los militares que se mantienen leales al gobierno constitucional para que se subleven.

“Hoy tengo un mensaje para todos los funcionarios que están ayudando a mantener a (el presidente Nicolás) Maduro en el cargo. Los ojos del mundo están sobre ustedes”, dijo.

“Pueden elegir entre aceptar la generosa oferta de amnistía del (autoproclamado) presidente Guaidó y vivir su vida en paz con sus familias y sus compatriotas, o pueden elegir el segundo camino: seguir apoyando a Maduro. Si eligen este camino no encontrarán un refugio, no habrá una salida fácil. Lo perderán todo”.

Como parte de las amenazas, dijo que prefería “una transición pacífica”, pero no descartó la posibilidad de emplear una opción militar contra Venezuela.


Ofensivo discurso del Presidente de #EEUU en Miami confirma la amenaza de una agresión militar contra #Venezuela. Es la hora de pronunciarse, por encima de diferencias políticas, en defensa de la #Paz. La ayuda humanitaria es un pretexto para una guerra de despojo del petróleo.

Reportes de fuentes públicas y medios de prensa confirman que Estados Unidos despliega fuerzas militares en puntos fronterizos con Venezuela, bajo el supuesto paraguas de una acción de envío de “ayuda humanitaria”, a pesar de que es Washington quien mantiene bloqueado los ingresos venezolanos para comprar medicinas y alimentos esenciales para la mayoría de la población.

Prometió que “se avecina un nuevo día para América Latina” y arremetió contra lo que llama “el eje del mal”: Caracas, Managua y La Habana.

Aprovechando su presencia en Florida, uno de los Estados clave para las elecciones presidenciales del 2020, Trump asoció el supuesto desastre económico en los países socialistas de América Latina con las ideas que defiende un sector del partido Demócrata y aseguró una vez más que “Estados Unidos nunca será socialista”.


Trump habló en Doral, Miami. Foto: AP

domingo, 21 de febrero de 2016

Clima de guerra fría

John Saxe-Fernández, La Jornada

Provocar a Rusia en sus fronteras para luego presentar sus respuestas defensivas como agresiones en papel de amenaza global aumenta la probabilidad de guerra nuclear accidental o intencional entre Estados Unidos y Moscú, irracionalidad mayor entre potencias que controlan 95 por ciento del armamento nuclear y balístico, con capacidad de reducir a cenizas ambas naciones (y al mundo). Así lo indica el aumento del presupuesto para que el Pentágono (DoD) despliegue más equipo y ejercicios bélicos en el vecindario de Rusia. El monto pasó de 789 millones de dólares (mdd) en 2016 a 3 mil 400 mdd en 2017 para disuadir a Rusia de más agresión en Europa, calificándola de principal amenaza a la seguridad de Estados Unidos (NYT 1/2/16). ¿Extraña entonces que ante tal campaña el primer ministro ruso Dimitry Medvedev preguntara en la Conferencia de Seguridad de Munich ¿estamos en 2016 o en 1962?, cuando estalló la crisis de los cohetes, uno de los peores episodios de la guerra fría?

Y no es para menos. Vivimos en una nueva guerra fría, más peligrosa que la anterior, con bases militares y el Sistema Nacional Anti-Balístico de Estados Unidos (SNA) desplegados en países vecinos rodeando a Rusia. Desde Europa en 2014, año del putsch de febrero en Ucrania contra el gobierno legítimo de Victor Yanukovich articulado por la CIA y la USAID, Obama dijo que la OTAN estaría en Estonia, Latvia y Lituania. Estados Unidos entró a Kiev con todo: DoD, FMI y Banco Mundial. El resultado fue la instauración de un régimen títere de corte nazi-fascista lanzado a una guerra de agresión contra sus propios ciudadanos en Donbass.

Stephen F. Cohen, profesor emérito de política y estudios rusos en Princeton y la Universidad de Nueva York, entre los más destacados estudiosos de Estados Unidos de la historia rusa, desde los años 90 advirtió sobre el tipo de crisis de guerra fría que finalmente estalló con el golpe contra Yanukovich. En entrevista con Patrick L Smith (Salon, 16/4/15) advirtió que lo ocurrido en Ucrania “claramente nos lanzó no sólo a una nueva o renovada guerra fría, sino a una situación que probablemente va a ser más peligrosa que lo ocurrido en el pasado”. Ello por tres razones de peso: primero, dice Cohen, porque el epicentro de la crisis no está en Berlín, sino en Ucrania, en la frontera con Rusia, dentro de su civilización: eso es peligroso. Segundo porque a lo largo de 40 años de guerra fría se establecieron reglas de comportamiento, reconociéndose de manera explícita o implícita límites (líneas rojas) y líneas telefónicas rojas (red hotline) en caso de emergencias nucleares. Ahora no hay reglas. Lo vemos a diario, no hay reglas en lado alguno. Y tercero, algo que irrita a Cohen: que esta vez en Estados Unidos “no existe una oposición significativa ante esta nueva guerra fría, mientras que en el pasado siempre existió; aún en la Casa Blanca uno siempre podía encontrar alguien con una opinión distinta, y ciertamente en el Departamento de Estado o en el Congreso”. “Los medios estaban abiertos al debate, el New York Times, el Washington Post. No más. Todos aplauden al unísono, toda la prensa, todas las cadenas” (Ibid).

Y eso es peligroso: en el clima de guerra una de las primeras víctimas es el ejercicio profesional del periodismo, cuando más se necesita: por ejemplo en momentos en que debe debatirse lo que Viktor Kremeniuk del Instituto sobre Estados Unidos y Canadá de la Academia de Ciencias de Rusia llama la revitalización del complejo militar-industrial de Estados Unidos, tratándose de una “restauración del modelo de desarrollo social, económico, político existente en Estados Unidos después de la segunda guerra mundial y a lo largo de la guerra fría”, un modelo afectado luego del colapso de la URSS por su falta de enemigo externo, a lo que es necesario agregar su enorme consumo de petróleo y del resto de recursos renovables y no-renovables.

Con las respuestas rusas al golpe en Ucrania, al despliegue del SNA, de bases y todavía de más equipo y tropa en su frontera, presentadas por la propaganda al público como agresiones que colocan a Moscú en papel de amenaza global, la OTAN realizará ejercicios bélicos que asumen una invasión rusa a Polonia o las naciones bálticas. ¿Cómo reaccionaría Estados Unidos si Rusia hiciera igual en Chihuahua o Alberta?

El Japan Times en su edición del 7 de febrero informa que el ministro de defensa de Lituania (J. Olekas) abiertamente describe a Rusia como una amenaza mientras muchos países de la OTAN se preocupan de no provocar a su principal fuente de energía. En todo caso, como dijo Putin al Corriere della Sera en julio pasado, un ataque ruso a la OTAN sería una locura: pienso que sólo una persona enferma y sólo en un sueño puede imaginar que de pronto Rusia atacaría a la OTAN. Algunos países sólo toman ventaja de temores sobre Rusia. Piensan en alguna ventaja militar, económica, financiera u otra ayuda. Agregó que Estados Unidos parece estar en busca de una amenaza externa hipotética para mantener su liderato en la comunidad de la OTAN.
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