"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

domingo, 21 de junio de 2020

LAS DOS VECES QUE ME CONSIDERARON “RUSO”


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Descripción generada automáticamentePor Pedro Martínez Pírez

Ser muy blanco, tener los ojos azules y en la juventud ser rubio, tuvo a lo largo de mi vida muchas alegrías, pero también algunos sinsabores.

Uno de estos últimos fue cuando en 1963, en la ciudad de Arica, adonde fui en mi condición de miembro de la embajada cubana a recibir un avión que llegaba de La Habana, y en el cual viajarían a Cuba decenas de estudiantes bolivianos, un joven correo diplomático de Cuba, al verme vestido con saco, camisa de cuello y corbata, me preguntó de sopetón si yo era “de origen burgués”.

Era evidente que el joven compatriota que hacía su primera salida de Cuba tenía en su formación política y cultural algunos esquemas propios de la época. Lo encontré cinco años después en la occidental provincia cubana de Pinar del Río y me contó que había tenido graves problemas familiares. Le recordé la pregunta que me había formulado en Arica, y aprovechó para disculparse por haber sido tan extremista.

Tres años antes de la anécdota de Arica, en la ciudad de Miami, en tránsito hacia Ecuador, un funcionario de Inmigración de los Estados Unidos, al revisar mi pasaporte diplomático cubano expedido en 1960 en La Habana, también de sopetón, me dijo que no podía salir del aeropuerto. Le pregunté la razón y sin pensarlo dos veces alegó que yo podría ser un espía ruso que trataba de infiltrarme en América del Sur con pasaporte diplomático cubano.

Quedé sorprendido por el argumento utilizado por el funcionario yanqui. Era mi primer viaje al exterior. Tenía 23 años de edad y todavía Cuba y los Estados Unidos mantenían relaciones diplomáticas, que fueron cortadas por Washington el 3 de enero del año siguiente. El pasaje aéreo más económico era Habana-Miami-Quito.

En Ecuador, donde estuve casi dos años como miembro de la Embajada de Cuba, no me confundieron con ruso, pero sí con yanqui por estudiantes que protestaban frente a la Embajada de los Estados Unidos en Quito. Afortunadamente otros estudiantes me conocían y aclararon que yo era funcionario de la Embajada cubana.

Recuerdo que en broma mi amigo Santiago Álvarez, quien estuvo en Quito a raíz del derrocamiento del presidente José María Velasco Ibarra, el 7 de noviembre de 1961, me dijo “Pedro tú, por tu físico, podrías figurar en uno de mis documentales como un agente de la CIA”.

Imagen que contiene persona, hombre, cortina, interior

Descripción generada automáticamentePhilip Agee, exagente de la Cia

En esos tiempos el oficial enviado a Ecuador por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos se nombraba Philip Agee, quien realizó un intenso trabajo para tratar de penetrar nuestra Embajada y lograr la ruptura de relaciones diplomáticas entre Cuba y Ecuador, de todo lo cual se arrepintió años después, y murió en La Habana, el 7 de enero de 2008, a los 72 años de edad, como un gran amigo de Cuba.

A Philip Agee me lo presentó en Managua, el fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional y Ministro del Interior, Tomás Borge, en octubre de 1983, en ocasión de celebrarse en la capital nicaragüense una Sesión Solemne del Tribunal Antiimperialista de Nuestra América presidida por el ex canciller guatemalteco Guillermo Toriello Garrido.

En esa reunión Philip Agee en forma pública pidió perdón por todo lo que había hecho contra Cuba durante mi misión diplomática en Ecuador, y también lo hizo con otros dos invitados a la Sesión Solemne, el puertorriqueño Rafael Cancel Miranda, fallecido este año, y el ecuatoriano Jaime Galarza Zavala, con quien el pasado año estuve en dos provincias ecuatorianas, Guayas y Esmeraldas.

Pero lo más inesperado en cuanto a confusiones sobre mi nacionalidad se produciría en Moscú el 3 de julio de 1972, en los días finales de una extensa gira del Comandante Fidel Castro, iniciada dos meses antes en Conakry, la capital de Guinea.

Ya he contado, en artículos anteriores, lo que significó para mí ser uno de los periodistas que acompañaron al Comandante en ese largo recorrido, del cual guardo recuerdos muy gratos, entre ellos haber entrevistado al dirigente húngaro János Kádár, cuando en el aeropuerto de Budapest despidió con lágrimas en los ojos a Fidel Castro el 6 de junio de 1972.

O cuando el 13 de junio de ese año, en Berlín, el veterano Walter Ulbrich, Presidente del Consejo de Estado de la República Democrática Alemana, al abrazar al Comandante, le dijo textualmente, según el traductor que nos acompañaba:  “pero que joven y fuerte es usted, Fidel”.

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Descripción generada automáticamenteNikolai Podgorny, izquierda Presidente del Presidium del Soviet Supremo de la URSS presentando la Orden de Lenin a Fidel Castro

La visita a la Unión Soviética, el último país visitado por Fidel, se realizó del 26 de junio al 5 de julio de 1972. Había un calor muy intenso en Moscú, tanto, que en el recibimiento en el aeropuerto se desmayaron dos personas, un cubano y un ruso.

Recuerdo que uno de los periodistas que cubría la llegada de Fidel a la Unión Soviética comentó en broma que el soldado ruso de la guardia de honor se había desmayado en solidaridad con el diplomático cubano. Y todo ocurrió con la mayor discreción y sin afectar la solemnidad de la bienvenida.

Recuerdo que la delegación de prensa se alojó en el ya desaparecido Hotel Rossiya. Rogelio Moré, fotógrafo que me acompañó en esa cobertura, se dio gusto registrando imágenes de la intensa visita de Fidel Castro a la ex Unión Soviética, donde le fue impuesta la Orden de Lenin, en el Palacio del Kremlim, y sostuvo conversaciones con el máximo dirigente comunista Leonid Brezhnev.

Pero para sorpresa mía no pude dar cobertura a la visita que el Comandante Fidel Castro hizo el dia lunes 3 de julio de 1972 a la Fábrica de Equipos Agrícolas Ujtomski, en Liubertzy, famosa en Cuba como fabricante de la combinada cañera KTP-2, porque un agente de la seguridad soviética encargado de atender ese día a la prensa que daría cobertura a la visita y al acto en que habló Fidel, pensó que yo era ruso.

Esto es solamente para la prensa cubana, me dijo en idioma ruso, y cuando todo se aclaró y el agente de la seguridad se dio cuenta del error que había cometido, y expresaba compungido su pesar, se había ido el transporte hacia Liubertzy.

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Descripción generada automáticamenteFidel montado en una KTP-1 cubana

Así que en Miami, en 1960, y en Moscú, en 1972, me creyeron ruso. Me quedé sin poder salir del aeropuerto de Miami y sin poder cubrir la histórica visita de Fidel Castro a la fábrica de combinadas cañeras en Liubertzy, aunque sí pude visitar la fábrica que en la provincia cubana de Holguín y con la colaboración de la Empresa de Equipos Agrícolas Ujtomski, permitieron a Fidel Castro estrenar la primera KTP-1 cubana el 27 de julio de 1977.

Y fue ese año, en el sesenta aniversario de la Revolución de Octubre, que volví a la ex Unión Soviética, como enviado de Radio Habana Cuba, para una serie de reportajes desde Moscú, Leningrado y Odessa. Y como los tiempos han cambiado, ya Leningrado, donde visité el Crucero Aurora, tiene otro nombre: San Petersburgo, y Odesa, donde están las famosas catacumbas, pertenece a Ucrania.

Y no quiero terminar este artículo sin decirle a los lectores que estuve un año en Angola, como profesor de periodismo y corresponsal de Radio Habana Cuba, y jamás sentí allí, por ser blanco, la discriminación racial. Y nadie me confundió con portugués. Todos mis alumnos, negros, mulatos y blancos, hombres y mujeres, sabían que yo era cubano, como Fidel Castro, Leopoldo Cintra Frías o Jorge Risquet, y que estaba allí cumpliendo una misión internacionalista, como lo hicieron centenares de miles de compatriotas a lo largo de los años.

La Habana, 21 de junio de 2020
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