"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

martes, 7 de noviembre de 2017

Puigdemont anuncia que llevará al Ejecutivo español “a los tribunales internacionales”

Publicado en noviembre 7, 2017  ESPAÑA 


El presidente catalán cesado, Carles Puigdemont, envió este martes un mensaje al Ejecutivo español, al que avisó de que acabará en los tribunales internacionales.

“Todo esto acabará en los tribunales internacionales”, asegura Puigdemont en una entrevista con el diario La Vanguardia, en la primera entrevista a un medio catalán desde su cese.

El líder independentista advirtió que “no será la primera vez que España pasa vergüenza en los tribunales internacionales”.

Por primera vez, el expresidente admitió la posibilidad de acabar en prisión en España si se concede la extradición, algo para lo que dice estar preparado, pese a estar “cesado por un golpe ilegal del Estado español”.

El expresidente mandó también un mensaje a Europa, a quien reclamó que reaccione ante “una causa de derechos humanos”, porque “se están violando los derechos humanos con los compañeros que están encarcelados” y “Europa no puede tener a todo un gobierno en la prisión o en el exilio”.

Puigdemont advirtió que “España no se puede cargar la carta de los derechos fundamentales de la UE” y en el marco internacional también ha arremetido contra la “absoluta indiferencia” que viene practicando frente al interés a nivel mundial que ha generado la cuestión catalana.

“Europa se ha cansado de decir que esta es una cuestión interna”, afirmó, insistiendo en que, sin embargo, “el planeta entero informa de lo que pasa en Cataluña y en las instituciones europeas”.

Sputnik Novosti

Eduardo del Llano comenta sobre la censura en la TV cubana


noviembre 7, 2017 | Imprimir

Por Eduardo del Llano* 



Eduardo del Llano. Foto: alongthemalecon.blogspot.com

HAVANA TIMES – Durante los tres últimos años varios miembros del equipo de Vivir del cuento, incluidos el director y los actores más conocidos, me habían pedido que escribiera para el programa.

Les dije que sí desde la primera vez, pero luego no nos veíamos por un tiempo, no me contactaban, hasta que en julio de este año nos encontramos nuevamente, volvieron a pedírmelo y acepté igualmente, pero en esa ocasión sí me llamaron apenas tres días más tarde.

Mira, le dije al director, mi experiencia con la televisión no ha sido buena, pero Vivir del cuento me gusta y los actores son mis socios, así que voy a empezar enseguida. Eso sí, antes debo advertirte que otro director de cine y TV (llamémoslo C) me entrevistó en junio de 2015 para una transmisión veraniega que tenía, y nada más salir le quitaron el programa -es decir, no solo esa emisión concreta, sino que le cancelaron el espacio- y le advirtieron que yo estaba prohibido en la televisión. Te lo digo, porque no quisiera escribir por gusto. El director del popular humorístico (llamémoslo N) me dijo que ná, que eso ya no era así, que no me preocupara y que empezara a trabajar.

Un mes y pico más tarde, en septiembre, el director N y otro escritor del programa me llamaron entusiasmados para hacerme saber cuánto les había gustado un episodio que les presenté, y que lo iban a filmar en octubre, junto a otros tres de diferentes autores. Aquello me alegró, porque no es fácil adaptarse a un medio con el cual no estás familiarizado, y el equipo es exigente, como Dios manda, así que evidentemente yo estaba justificando la confianza con que me premiaban.

A mediados de octubre se puso malo el dado. N me contó, entristecido y apenadísimo, que yo tenía razón desde el principio: de arriba habían aceptado los otros tres programas, pero no el mío. Sin explicar por qué. Me sugirió que no escribiera más hasta que aquello se aclarase.

De todas formas, le envié otro trabajo que recién había terminado.

Quiero aclarar que con los episodios entregados no intenté de ninguna manera ser más agresivo que nadie: mantenía el tono habitual de sátira social, pero no trataba de ser particularmente duro.

El director N, y otros de su equipo con quienes hablé más tarde, están convencidos de que la cosa es conmigo, que lo que se censura no es un trabajo concreto, sino a mí persona. No se trata, por tanto, de que se desautorice un contenido específico -lo que también sería discutible- sino que se decide excluir a un creador a partir de un argumento ad hominem. O sea, que las Altas Esferas Televisivas seguirán censurándome aunque escriba Tía Tata cuenta cuentos.

Hoy volví a encontrarme con el director C, y conversamos que las cosas no solo son así, sino que han ocurrido de esa manera históricamente, vaya, de que excomulgar artistas es toda una noble tradición de la cultura cubana, en especial de la pequeñísima pantalla.

Ahora mismo, me dijo, hay cierto crítico de cine que conducía un espacio habitual que hace poco se enfrentó en un debate a alguien de arriba; como resultado, no puede volver a salir en la televisión, y no solo eso, sino que una docena de programas ya grabados con él no se exhibirán, lo que significa, entre otras cosas, dinero tirado a la basura. (Y el dinero no le sobra a la TV, pensé; para comprobarlo no hay ni siquiera que entrar a los estudios, basta con andar por los pasillos y mirar los techos). También hablamos de Virgilio Piñera, Juan Carlos Cremata, y otros muchos.

Lo mío, hasta el momento, se circunscribe a la TV, pues mis relaciones con el Instituto del Libro, el Centro Promotor del Humor, incluso el ICAIC son razonables y de mutuo respeto.

Vaya, que la censura ni siquiera es coherente. Ahora bien, la excomunión, el ucase en mi contra se emitió en tiempos del anterior presidente del ICRT, y sigue en vigor a pesar de que el organismo luzca presidente nuevo.

Por circunstancias familiares que no detallaré, ese tipo de trabajo, escribir artículos y programas desde mi casa, es casi lo único que puedo hacer ahora… lo que no significa que aceptaría cualquier cosa, pero como dije antes, Vivir del cuento me gusta, es un reto interesante y muchos en el equipo son amigos míos.

El punto es, sin embargo, que de un plumazo los de arriba me lo quitan, contra el deseo expreso de los artistas y técnicos que me llamaron a trabajar con ellos, sin importarles cómo quedo, sin explicaciones al equipo o a mí, sin que nadie dé la cara y me diga por qué me condenaron en primer lugar.

Claro que, sin mucha dificultad, puedo imaginar a algún funcionario de esa casta de infelices que cree que los artistas deben ser mansitos e incondicionales (como diría mi socio Frank Delgado, otro veterano en estas lides) reuniendo a los directores o pasándoles un mensaje para advertirles quiénes son los apestados que se llevan en esta temporada.

¿Querrán dejarme sin opciones, forzarme a emigrar? Ni pinga. Que se vayan ellos.


*Tomado de la revista Cine Cubano

Se desvanece proyecto anticubano “#Otro 18”.

Posted by heraldocubano

Por Arthur González.

Estados Unidos vuelve a malgastar cientos de miles de dólares en proyectos contra Cuba, y el más reciente fue la creación del llamado “#Otro 18”, con la tonta ilusión de sabotear el proceso eleccionario que se lleva a cabo en la Isla, con miras a las próximas elecciones de febrero del 2018, donde el actual presidente de los Consejos de Estado y Ministros, General de Ejército, Raúl Castro Ruz, dejará su cargo, dándole paso al relevo generacional.

Ante el nuevo escenario que se presenta en Cuba, el gobierno yanqui y sus servicios de inteligencia, se frotaron las manos con la idea de aprovechar dichas elecciones para promover a sus asalariados, sin tomar en consideración la falta de prestigio y ausencia de liderazgo, de quienes solo se mueven por el afán del dinero.

Para lograr sus objetivos, en Estados Unido se dieron a la tarea en agosto del 2015, de conformar la llamada “Mesa de Unidad de Acción Democrática (MUAD)” con la pretensión de impulsar un supuesto movimiento ciudadano para encaminar una “transición democrática” en Cuba y para ello cometieron el grave error de apoyarse en el asalariado Manuel Cuesta Morúa, quien jamás ha logrado unir a una docena de personas, por carecer de prestigio y liderazgo.

Inicialmente otros grupúsculos financiados por los yanquis, como la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), encabezada por José Daniel Ferrer, el Frente Anti totalitario Unido, por Guillermo Fariñas, y la plataforma #CubaDecide, conformada por la mafia terrorista anticubana de Miami, con Rosa María Payá, se sumaron al proyecto, pero rápidamente la división se produjo al percatarse que el dinero iba solamente a los bolsillos de Cuesta Morua y sus amantes.

Cuesta está contratado por la Fundación Nacional para la Democracia (NED), para desarrollar proyectos subversivos en Cuba, para lo cual firmó un documento que establece que la mencionada Fundación, pantalla de la CIA, le paga 14 mil 400 dólares por sus actividades contrarrevolucionarias. La USAID también ha financiado la preparación de los supuestos candidatos que se presentarían a las elecciones, y así como los viajes al exterior para asistir a eventos preparados por la NED.

Entre las acciones llevadas a cabo, estuvo su participación en conferencia brindada por la venezolana María Corina Machado, opositora venezolana, con vistas a brindarle apoyo.

Las promesas realizadas por Morua a la NED, de que tenía más de 170 candidatos independientes, fue falsa y nunca brindó nombres ni provincias, solo se limitó a argumentar que eran “hostigados y amenazados” por la policía, algo risible por no existir personas a quien reprimir.

Entre las mentiras trasladadas a sus financistas yanquis, estuvo la de que “una docena de sus candidatos serían vencedores seguros en las elecciones”, lo que se convirtió en sal y agua, pues ni existieron, ni tuvieron quienes los propusieran en las reuniones de los barrios cubanos, demostrándose como engañó a sus patrocinadores que se creyeron sus historias y por las que recibió, fácilmente, cientos de miles de dólares.

Ese pícaro cubano en estos tres últimos años ha viajado al exterior en 31 oportunidades, con todos los gastos sufragados por instituciones de Estados Unidos. Entre los países visitados están Colombia, Argentina, Costa Rica, Perú, Guatemala, Honduras, República Checa, Puerto Rico y Estados Unidos. Durante el proceso de elección de candidatos se fue a Praga, para una “reunión”.

Muchos viajes y dinero, pero sin resultados.

Ante tanto aprovechamiento en beneficio propio, en julio del 2016, la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) de José Daniel Ferrer y el Frente Anti totalitario Unido (FANTU) de Guillermo Coco Fariñas, decidieron separarse de Cuesta Morua y de su inventado proyecto.

Para demostrar la ausencia de apoyo a esa farsa, el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, con sede en Madrid, también ha decidido suspender su participación en la coalición “hasta tanto no se abra un debate plural en sus filas”, situación que debe ser analizada por los funcionarios de la NED que le dieron credibilidad y apoyo financiero, haciendo el ridículo una vez más.

Fariñas argumentó su separación afirmando que, en su opinión, “los supuestos miembros de la MUAD son de mucho renombre mediático, pero con unos pocos miembros en sus filas, a veces de una sola persona, y actúan solamente hacia el exterior de Cuba”, y añadió:

“Cuesta Morua utiliza métodos para comprar y comprometer voluntades, así como votos de opositores, que consisten en facilitar viajes al exterior”.

Duras palabras que retratan una realidad que los yanquis no quieren reconocer, y es la causa histórica de tantos fiascos, con esos llamados “opositores cubanos”.

En ese sentido, se conoce que varias de las amantes de Morua, entre ellas Lisbetys Darías y Lilianne Ruiz, pudieron viajar a los Estados Unidos, porque este les solicitó a los funcionarios yanquis las visas, ante una presunta preparación; lo mismo que ejecutó por Boris Stuart Morua, quienes no regresaron a Cuba.

Ninguno de los proyectos que presentó ante la NED, el Instituto Nacional Demócrata y el Instituto Interamericano de Derechos Humanos, se materializaron, siempre con la manida justificación de “la represión del gobierno cubanos”.

En el 2017, se sumaron a la separación de la MUAD, llamada “Plataforma de Derechos Humanos”, integrada por cinco organizaciones contrarrevolucionarias: la Coordinadora Nacional de Presos y Ex presos Políticos, la Asociación Pro Arte Libre, el Proyecto Derechos del Pueblo, la Red Juvenil y la Coordinadora Obrera Cubana.

En un texto realizado, todas acusaron a Cuesta Morúa de: “inflexibilidad y soberbia, ambicioso y con excesos de nepotismo”.

Los yanquis no aprenden de sus fracasos porque la soberbia y el odio a la Revolución, no les permite analizar ni ver la realidad.

Razón tenía José Martí cuando afirmó:

“Cree el soberbio que la tierra fue hecha para servirle de pedestal”

El Che Guevara frente a Lenin y la revolución bolchevique



Lenin y el Che recibieron el mismo tratamiento. Eso los unifica, pero con un matiz importante: el Che era tan polifacético que fue más manipulado que Lenin

La manipulación

Indomesticable. Indigerible. Hueso duro de roer. La sola mención de su nombre hace temblar a empresarios, banqueros, policías, militares, agentes de inteligencia. Con Lenin jamás pudieron. Les sigue generando pánico, desesperación y horror. Lo mismo sucede con muchos de sus discípulos. Después de muertos, se los pretendió tergiversar y distorsionar. Frente a varios revolucionarios se intentó esa operación. Lenin y el Che recibieron el mismo tratamiento. Eso los unifica, pero con un matiz importante: el Che era tan polifacético que fue más manipulado que Lenin. Al Che lo intentaron diluir en veinte identidades diferentes.

Si bien Lenin fue más resistente, hubo dos corrientes que intentaron manipularlo también: la primera, el estalinismo, que lo convirtió en un precursor de Stalin y generó un daño enorme que llegó incluso al culto a su personalidad. La segunda gran manipulación fue la del euro-comunismo. Si la del estalinismo quedó en el museo de las ideas como caricatura, la del eurocomunismo todavía persiste de un modo reciclado, porque detrás de ella estaban muchos intelectuales que tenían y tienen mucho prestigio en las universidades.

A partir de inicios de los setenta, después de la crisis del Mayo Francés, los Partidos Comunistas italiano, francés y español lanzan esta corriente y abandonan el proyecto de toma del poder, renuncian a la revolución a cambio de permanecer en la legalidad burguesa, en lo que representa una segunda tergiversación de Lenin. Muchos de esos intelectuales abandonan el marxismo y tienen una gran influencia en América Latina. Es tan nocivo el eurocomunismo que todavía hoy sigue reciclado (son los famosos exponentes de las metafísicas "post": posmodernismo, posestructuralismo, posmarxismo).

Antonio Gramsci, todavía peor que con Lenin y el Che, fue quien más sufrió la manipulación: fue convertido en un "virtual socialdemocráta partidario de los acuerdos electorales", mientras a Rosa Luxemburgo la transformaron en una "demócrata liberal y pacifista", Trotsky se convirtió en un "simpático e inofensivo disidente", Walter Benjamin en un inocuo "crítico literario" y así de seguido. Esa fue la manipulación histórica que se pretendió emplear y llevar a cabo con toda esta pléyade de revolucionarios. Pero Lenin resistió, quizás más que todos los demás, porque es el día de hoy que sigue siendo un indigerible. Cualquier referencia a Lenin se asocia automáticamente con la confrontación a fondo contra el aparato del Estado burgués, se lo vincula de manera indeleble con la violencia revolucionaria, y por eso está tan demonizado.

Al Che también se lo intentó manipular por diversas vías: se lo dibujó como "pacifista", como supuesto "enemigo de Fidel", algunos lo convirtieron en maoísta, otros en trotskista, algunos más -Argentina fue uno de los epicentros de esta última operación- en un vulgar "foquista" y por supuesto en un "romántico voluntarista" que pretendía hacer revoluciones sin analizar las condiciones concretas y al margen del movimiento popular. En el peor de los casos, se lo transformó en un inofensivo "mártir", proclive al suicidio (personal y político). Como síntesis, tanto Lenin como el Che fueron víctimas de la misma operación distorsiva, pero creo que en este punto Lenin tuvo mejor suerte. En general, se sigue asociando a Lenin con una izquierda no institucional, de confrontación violenta pero a su vez, le adosan cosas falsas: que el leninismo pretende "sustituir a la clase obrera", que hace culto de un pequeño grupo de conspiradores al margen del sentido común popular, que pretende inocular la conciencia "desde afuera" (no desde afuera de la lucha meramente económica-reivindicativa, sino desde afuera de los movimientos sociales, lo cual es algo completamente distinto). Como no pudieron cooptarlo, le atribuyen la imagen de un marxismo rudimentario.

A contramano de las "ortodoxias"

Tanto Lenin como el Che estructuran su pensamiento y su práctica política en polémica con el marxismo oficial de su época: Lenin contra el marxismo oficial de la II Internacional y el Che contra el de la URSS. Los dos plantean un marxismo revolucionario, ambos expresan el ala izquierda al interior del marxismo revolucionario mundial, crítico de las instituciones capitalistas. Quizás una de las principales diferencias resida en que Lenin tuvo maestros muy determinados, en cambio el Che fue mayormente autodidacta, aunque lo ayudó a estudiar El Capital un hispano-soviético poco conocido llamado Anastasio Mansilla. Con Mansilla organizaron dos grupos de lectura de El Capital, uno con Fidel, el Che y Carlos Rafael Rodríguez, y otro con el Che, Orlando Borrego (que nos ha brindado gran testimonio de esas experiencias poco conocidas, en sus libros y en entrevistas escritas y filmadas que le hemos realizado, accesibles en sitios como www.lahaine.org o www.rebelion.org, www.cipec.nuevaradio.org y en youtube bajo el sello "Brancaleone Films") y sus compañeros del Ministerio de Industrias.

Mientras que Lenin tuvo dos maestros muy eruditos, uno ruso, Jorge Plejanov, y otro alemán, Karl Kautsky. Años después, Lenin tiene una actitud "parricida" y rompe con sus dos maestros (al igual que Rosa Luxemburg, quien en este punto se anticipó incluso al líder bolchevique que tanto la admiraba y quien le rinde emocionado homenaje cuando la socialdemocracia la asesina) porque Plejanov y Kautsky arrastraban una mentalidad del siglo XIX, un socialismo evolucionista y determinista no demasiado diferente al de su "enemigo" Eduard Bernstein, abuelo del reformismo contemporáneo.

En ese sentido, Lenin y el Che son heterodoxos con respecto al marxismo de su época. El Che incluso un poco más. Sin eclecticismo, expresaba una heterodoxia muy creadora, por eso se permitía leer a Paul Sweezy de la Monthly Review, a León Trotsky y a Ernest Mandel, a los maoístas (desde Mao a Charles Bettelheim), a Simón Bolívar, estudiaba sobre la vida de los revolucionarios cubanos Antonio Guiteras y Julio Antonio Mella, leyó y estudió por su cuenta a Aníbal Ponce y a José Carlos Mariátegui. Se permitió leer de todo. Lenin fue más sistemático en sus lecturas, con saberes, si se quiere, más "organizados", de cuales primero aprende y luego rompe definitivamente con ellos, durante la primera guerra mundial.

Si los comparamos, la vida del Che fue más corta, no tuvo tanto tiempo de revisar, pero sí de cambiar su pensamiento inicial. En su juventud Guevara admiraba a Stalin y después pudo conocer a la URSS y al sistema del Este europeo de primera mano: terminó siendo radicalmente crítico.

Pero todos esos materiales escritos muy críticos se empezaron a conocer recién hace una década, gran parte de América Latina (desde la derecha más feroz a la izquierda más tradicional) no conoce el pensamiento profundo del Che porque es muy reciente la publicación de dichos escritos. Lo que quedó es la imagen del "guerrillero heroico y sacrificado", como lo enaltecieron y homenajearon los cubanos desde la isla indómita, pero se conoce poco su crítica a la economía política de los soviéticos, sus estudios sobre El Capital de Marx, su estudio pormenorizado de Lenin, sus lecturas heterodoxas de Wright Mills, György Lukács, León Trotsky, Mao Tse Tung, etc. De hecho en Argentina la izquierda eledctoralmente predominante es hasta el día de hoy profundamente anti-Che Guevara. Incluso hasta intelectuales que han pertenecido a comités centrales de partidos marxistas tradicionales, hoy en el centro de la política electoral, se han animado a afirmar en privado o en público que "el Che era un abnegado militante pero... ¡no entendía nada o muy poco de marxismo!". Curiosamente quienes afirman semejantes disparates ni siquiera han leído sus apuntes críticos de economía o sus Cuadernos teóricos de Bolivia. Muchos de esos furiosos y obsesivos anti-guevaristas no conocen ni siquiera la existencia de dichos libros, no han tenido acceso ni al índice, por no hablar de la lectura y el estudio detallado de los mismos.

Revolución y/o gestión en la transición socialista

Tanto Lenin como Guevara actuaron en países no desarrollados. A ambos les toca estar al frente del Estado revolucionario en sociedades periféricas, dependientes, donde se articulan de forma combinada relaciones sociales de avanzada con otras de lo más atrasadas.

Cuando el Che analiza las medidas económicas de Lenin posteriores a 1921 no lo condena, sino que lo comprende críticamente: entiende que no tenía más remedio que retroceder o hacer concesiones porque el país en el que triunfó la revolución bolchevique en 1917 había sido invadido por catorce ejércitos extranjeros... ¿quién puede resitir eso? Ese país, esa sociedad y ese pueblo heroico resistieron y ganaron aquella guerra civil (que duró unos tres años), pero la naciente Unión Soviética quedó exhausta, la clase obrera destruida y hambrienta, los cuadros debilitados. En ese contexto, Lenin, inigualable estratega, decide retroceder momentáneamente con la NEP [Nueva Política Económica], darle aire al mercado para recobrar fuerzas y volver a acelerar. Pero en mitad de aquello, enferma y muere y no tiene el tiempo histórico para cambiar el rumbo.

El problema fue el estalinismo, que transformó medidas transitorias y coyunturales de Lenin (obligado a adoptarlas por la debilidad de las circunstancias) en un camino estratégico y permanente. Lo que en Lenin había sido pensado como algo momentáneo, se termina de imponer con Stalin y sus continuadores hasta los tiempos de la Perestroika, pasando por Kruschov, donde se pretende una legitimación histórica del mercado como vital para una sociedad post-capitalista. Así terminaron todos esos intentos de conjugar socialismo con mercado. Una lección histórica que no deberíamos olvidar en los tiempos actuales.

Guevarismo, un leninismo latinoamericano

Según nuestro punto de vista y nuestra lectura histórica y política, el guevarismo constituye la aplicación creadora, no mecánica, del leninismo a un continente del Tercer Mundo. Si bien Lenin es un pensador universal, y no escribió sólo para Rusia, hasta hoy se escuchan algunas supuestas apologías (desde ensayos sueltos a biografías comerciales) que pretenden reducirlo a un mero "pensador ruso". Ya Antonio Gramsci, otro gran y estricto leninista, en los Cuadernos de la cárcel (principalmente en los cuadernos 11 y 13), afirma sin dudar que en Lenin nos encontramos frente a un pensador universal (no simplemente ruso). El Che Guevara opina algo análogo, pero en su leninismo el componente tercermundista está más enfatizado. Sus principales ideas y planteos están en germen en el pensamiento de Lenin: por ejemplo la teoría de que el imperialismo es un sistema mundial con un desarrollo desigual. Núcleo y semilla de la posterior teoría marxista de la dependencia (complemento de la obra de Lenin desde Nuestra América) sintetizada en la obra de sus exponentes más radicales como Ruy Mauro Marini o Theotonio Dos Santos: existen centros, semiperiferias y periferias, hay países capitalistas imperialistas, hay colonias, semicolonias, sociedades y países dependientes. El capitalismo jamás es homogéneo ni plano sino un sistema mundial con dominaciones estructurales.

Adelantándose a esta teoría inspirada en una lectura tercermundista de Lenin, el Che era un profundo leninista. Existe por ejemplo una foto del Che en su estudio personal, en su casa en La Habana, con las Obras Completas de Lenin. Otra foto de un homenaje a Lenin con un Che sonriendo y detrás suyo un gran cuadro del líder bolchevique.

De todas las facetas de Lenin, al Che le atraía más el Lenin revolucionario, el de la insurrección, el conspirador y no tanto el de la gestión, el estadista que tiene que hacer concesiones momentáneas y/o coyunturales. El guevarismo costituye un leninismo del mundo periférico y dependiente. Una actualización de las principales enseñanzas de la revolución bolchevique para el Tercer Mundo y Nuestra América.

Pero ni el Che ni Lenin son dos individuos aislados, sino integrantes de una corriente mundial (el marxismo revolucionario), que comparten con muchos otros personajes y movimientos. En nuestra opinión, el Che es la máxima expresión de esta corriente que en Nuestra América buscó apropiarse creadoramente de Lenin y el pensamiento bolchevique (sus osadías, sus irreverencias, las heterodoxias de esa "revolución contra El Capital" como afirmó, provocadoramente Gramsci) en clave latinoamericana. Sobre todo, en la línea de izquierda revolucionaria de Roque Dalton, de Miguel Enríquez, de Carlos Fonseca, de Manuel Marulanda, de Camilo Torres, de Turcios Lima, de Carlos Marighella, de Raúl Sendic, de Mario Roberto Santucho, y de tantos otros y otras.

Lenin, el Che y nuestro presente

¿Cómo actualizar y apropiarnos hoy de ese inmenso bagaje histórico? En nuestra opinión, construyendo una izquierda anti-sistémica y no institucional que intente manejar todas las formas de lucha. Una corriente en la cual el eje de su estrategia no pase exclusivamente por lo electoral, aunque circunstancialmente pueda participar en elecciones, ni exclusivamente por lo sindical, aunque también participe desde un ángulo clasista en la lucha económica reivindicativa del mundo laboral. Porque uno de los principales problemas de nuestra historia es que se construyeron organizaciones abnegadas y perseverantes, pero muchas veces unilaterales. O se armaron partidos exclusivamente electorales o se priorizó de manera unilateral la lucha armada, o se desarrollaron movimientos sociales, sindicales y barriales que no pudieron dar su salto a la política. Nos costó mucho articular los diferentes frentes de lucha al mismo tiempo. El enemigo (externo e interno) apostó a impedir la formación de esa izquierda revolucionaria leninista-guevarista que abarque todos los frentes de lucha. La actualidad de Lenin y del Che no es sólo argentina, es latinoamericana. Los dos eran internacionalistas convencidos.

Hay que pensar una izquierda continental que no opere en un sólo país. Fidel Castro, dijo alguna vez: "¡Nuestro campo de batalla abarca sencillamente todo el mundo!". Hoy en día, la opción es reconstruir una izquierda articulada a escala internacional (pues el capitalismo es un sistema mundial con un mercado mundial, monedas nacionales o regionales pero con un dinero mundial, empresas industriales, bancos y firmas que operan a escala internacional y alianzas político-militares que también son internacionales). Una izquierda que no se limite a las instituciones y que se anime y se proponga manejar todas las formas de lucha. Ese es el gran desafío.

La utilidad y pertinencia de Lenin y del Che nos pueden ayudar a instalar problemas, proyectos y tareas que no están en la agenda cotidiana de la izquierda (en sus más variadas tribus). Parece que hoy la discusión pasa por quién va de candidato. Eso explica que ni el Che ni Lenin ni la izquierda más radicalizada estén "de moda". Recordemos que la corriente leninista-guevarista ha sido muy golpeada. No perdió debates teóricos. Fue castigada y perseguida a sangre, tortura y fuego en los campos de concentración y en vuelos de la muerte, con la violencia furiosa y desatada de "los de arriba". En Argentina, de hecho, fue el enemigo número uno de la dictadura (Videla lo reconoció explícitamente antes de morir. Le puso nombre y apellido a su principal enemigo: Mario Roberto Santucho... "a confesión de parte, relevo de pruebas", sentencia el refrán popular y la fórmula jurídica que lo acompaña). Por eso fue casi aniquilada, de allí la dificultad para competir con otras izquierdas, moderadas, institucionales, con jerga radical y prácticas reformistas, que no han sido tan golpeadas. Nuestra esperanza es que surjan nuevas lecturas de Lenin. El Che puede ayudar mucho a ese marxismo heterodoxo: las irreverencias del Che pueden ser un gran aliciente para recuperar a Lenin y reconstruir una izquierda digna y sólida que se haga respetar, en lugar de mendigar "un lugarcito" dentro del sistema.

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Bibliografía

Kohan, Néstor (2003-2005): Ernesto Che Guevara: El sujeto y el poder, Buenos Aires, Editorial Nuestra América-La Rosa Blindada, 2003. Segunda edición corregida y aumentada que incluye un nuevo prólogo de Michael Löwy. Buenos Aires, Editorial Nuestra América, 2005). 
En la selva (Los estudios desconocidos del Che Guevara. A propósito de sus «Cuadernos de lectura de Bolivia»), Caracas (Venezuela), Misión Conciencia, 2011. Reeditado en Uruguay, Argentina, Chile, Colombia, León (Estado español), Galiza (traducido al gallego-portugués). 
Lenin: la pregunta del viento, Caracas, Editorial Trinchera-Ediciones Estrella Roja-Editorial Amauta Insurgente. 
[compilador] (2017): Lenin y las ciencias sociales, Buenos Aires, Ediciones Amauta Insurgente [Cuaderno Nº5 de la Cátedra "De la teoría social de Marx a la teoría crítica latinoamericana", Carrera de Sociología, UBA].


Texto completo en: https://www.lahaine.org/el-che-guevara-frente-a

Televisión digital disponible en el 60 por ciento del territorio cubano

7 noviembre 2017 |

La señal de la televisión digital alcanza hoy el 60 por ciento del territorio nacional y se localiza en los principales centros urbanos.Por ello, está disponible para el 70 por ciento de la población, según trascendió este lunes en la apertura del 5to. Foro de Televisión Digital, que sesionará hasta el próximo miércoles en La Habana con casi un centenar de participantes.

El ingeniero Hugo Andrés Fernández, del Grupo Empresarial de la Informática y las Comunicaciones, explicó en conferencia magistral que esta cobertura televisiva es posible gracias a 108 transmisores instalados desde que comenzó a desplegarse la señal digital en 2013.

De los mencionados transmisores, 98 emiten la señal estándar, y otros diez lo hacen en alta definición. Fernández detalló, además, cuánto se ha avanzado en los cuatro años de implementación del proyecto, pues se comenzó con 28 transmisores y unas 40 000 cajas decodificadoras en los hogares cubanos.

Hasta el pasado septiembre, dijo, se contabilizaban más de 1,5 millones de cajas decodificadoras comercializadas a la población, así como más de 230 000 televisores híbridos, capaces de captar la señal digital.

Sin embargo, la sumatoria de estas cifras todavía es inferior a los más de 3,5 millones de televisores que se habían registrado en Cuba en 2012, según datos citados por el especialista.

Asimismo, Fernández apuntó que el futuro de la televisión digital en Cuba dependerá de superar limitaciones físicas en los centros de transmisión; de eliminar la saturación del espectro radioeléctrico —ocupado hoy, entre otros factores, por la transmisión simultánea de las señales digital y analógica—; de mejorar la programación de los canales de alta definición, hoy semivacíos, así como la radiodifusión de datos, y superar las escaseces registradas en el mercado en cuanto a cajas decodificadoras y componentes para la instalación de las mismas se refiere.

Actualmente Cuba se encuentra en la primera fase del proceso de transición a la televisión digital, en la cual cohabita esta señal con la analógica. Fernández explicó que el siguiente paso es transitar de forma paulatina al apagón de esta última forma de transmisión.

Ello comenzaría por zonas específicas, indicó, por su parte, la viceministra de Comunicaciones, Ana Julia Marine, quien oficializó la apertura del Foro.

Durante esta primera jornada científica se presentaron, además, diez ponencias realizadas por especialistas de centros vinculados al desarrollo de esta tecnología en Cuba, las cuales versaron sobre temas como el mejoramiento de la guía televisiva a la que tienen acceso los usuarios desde las cajas decodificadoras, el desarrollo de software para modificar los subtítulos en la TV digital y la incorporación de interactividad al servicio de datos que podría ofrecer esta plataforma.

Al Foro asisten, además de instituciones cubanas, autoridades de empresas chinas como Haier, Compunicate, Huawei y Kitking. Cuba y China firmaron acuerdos para el desarrollo de la televisión digital en la Isla hace un cuatrienio, la cual incluye la adopción de la norma DMTB, creada por el país asiático.

(Con información de Juventud Rebelde)

lunes, 6 de noviembre de 2017

Nieto de Trotski a RT: "La tergiversación estalinista mutiló y falsificó la historia"


Publicado: 6 nov 2017 11:39 GMT | Última actualización: 6 nov 2017 12:13 GMT

Mientras que Rusia se prepara para celebrar el centenario de la Revolución de Octubre, Esteban Vólkov ha contado a RT qué hubo detrás de la muerte de su abuelo, el prominente revolucionario León Trotski.



"Un revolucionario genuino, auténtico, entregado en cuerpo y alma a los ideales del marxismo y la revolución". Así ha calificado a León Trotski su nieto, Esteban Vólkov, en la entrevista concedida a RT en vísperas de la celebración del centenario de la Revolución de Octubre (7 de noviembre según el calendario gregoriano).

Trotski "no buscaba el poder"

Vólkov, quien se desempeña como director del Museo Casa de León Trotski en Ciudad de México, ha aseverado que su abuelo fue asesinado por llevar a cabo la lucha por la causa revolucionaria contra "la dictadura sanguinaria espuria" de Iósif Stalin. Ha afirmado que a pesar de que se cree que hubo una competencia entre Stalin y Trotski, su abuelo "no buscaba el poder". "Trotski buscaba restablecer los principios, los valores de la revolución en el partido, que estaba tomando totalmente otra dirección, otro camino bajo el eje de Stalin", ha remarcado Vólkov.

Además, Vólkov ha resaltado que Trotski fue un hombre de gran confianza de Lenin. Ha dicho que "tan grande era la confianza de Lenin en Trotski que en los archivos de Harvard hay hojas en blanco con la firma de Lenin". Ha explicado que estas hojas eran "para que Trotski en caso en que tuviera que dar una orden inmediata y no pudiera localizar a Lenin contara con su total apoyo".
Tan grande era la confianza de Lenin en Trotski que en los archivos de Harvard hay hojas en blanco con la firma de LeninEsteban Vólkov, nieto de León Trotski

Voluntarios en guardia del revolucionario

Como nieto, Vólkov ha observado que Trotski "era bastante estricto en cuanto a la disciplina, el orden, pero era una persona afectuosa, cordial sobre todo con el entorno de sus colaboradores, jóvenes que seguían sus ideas".

Vólkov recordó que los guardias que protegían al revolucionario ruso "no eran profesionales". "Eran jóvenes, obreros, profesores que en su vida no habían manejado una pistola", ha aclarado. Según su opinión, "era gente bastante ingenua y bastante inapropiada para la seguridad del abuelo". Ha resaltado que "era gente leal, que no recibía sueldo: eran voluntarios que venían a colaborar con el abuelo y aprender".

Cuando relataba sus memorias del 21 de agosto de 1940, el día del asesinato de Trotski, ha recordado que en la casa vio a su abuelo "en el suelo todo bañado en sangre con Natalia [de apellido Sedova, la segunda esposa de Trotski] y otras personas cuidándolo". Ha destacado que le conmovió que, ya moribundo, su abuelo al oír sus pasos le dijo a los guardias que mantuvieran a Vólkov alejado, para que no lo viera en esa condición.

Cambiar la versión de muerte

El entonces embajador de la Unión Soviética en México, Konstantín Umanski, "recibió la consigna de Stalin, desde Moscú, que debía hacer lo imposible para que la Justicia mexicana aceptara la versión falsa de que había sido un pleito cara a cara y no un asesinato", ha revelado el nieto de Trotski, al anotar que la Justicia mexicana "no se prestó" a esta maniobra.

Concerniente al museo, Vólkov ha sostenido que "grupos estalinistas de México por órdenes de Moscú también tenían la consigna de borrar este lugar histórico, hacerlo desaparecer", cosa que no consiguieron hacer.

Entre tanto, el nieto del revolucionario ruso ha vertido fuertes críticas contra Stalin. Ha mantenido que la "tergiversación y falsificación estalinista mutiló y falsificó la historia". Ha apuntalado que "destruir la memoria histórica de la humanidad es uno de los peores crímenes" y este fue "uno de los grandes crímenes de Stalin".

Rompiendo la tradición: Trump no se inclinó ante el emperador de Japón

Publicado: 6 nov 2017 10:53 GMT

La inclinación ante una persona es una señal importante de respeto en ese país asiático.


El presidente de EE.UU., Donald Trump, saluda al emperador Akihito.
Eugene Hoshiko / Reuters

El presidente estadounidense, Donald Trump, no se inclinó ante el emperador japonés Akihito al encontrarse con él este lunes en el marco de su visita al país asiático. En vez de ello, Trump asintió ligeramente con la cabeza y le apretó la mano al monarca, informa AFP.

La inclinación ante una persona es una señal importante de respeto en Japón. Sin embargo, los presidentes estadounidenses han sido criticados por sus conciudadanos políticos por realizar este gesto ante el emperador japonés. Ya que muchos opinan que una inclinación puede interpretarse como señal de menor poderío.

Al mismo tiempo, es importante respetar las costumbres y tradiciones locales para mantener el equilibrio diplomático con los países asiáticos.


Barack Obama se inclina ante el emperador Akihito. Tokio, el 14 de noviembre de 2009. / Jim Young / Reuters

El encargado de informar al presidente y al personal del Gobierno sobre estos asuntos es el jefe de protocolo de EE.UU. Sin embargo, este cargo aún no se ha cubierto en la administración Trump, lo que podría causar problemas en Asia, donde mostrar respeto con gestos específicos es increíblemente importante, indica la agencia.

En 1994, el entonces presidente de EE.UU., Bill Clinton, se inclinó juntando las manos antes de reunirse con el emperador japonés en la Casa Blanca. También George H.W. Bush se inclinó ante el emperador nipón en 1989 en el funeral del anterior monarca. Mientras que Barack Obama realizó una inclinación 'ejemplar' al visitar Japón 20 años después.

A cien años de la Revolución de Octubre. El impacto de las revoluciones en las relaciones internacionales

One Hundred Years after the October Revolution. Impact of Revolutions on International Relations

Por Dr. Leyde E. Rodríguez Hernández


Vicerrector de Investigación y Postgrado. Instituto Superior de Relaciones 
Internacionales Raúl Roa García, La Habana, Cuba. Correo electrónico: 

RESUMEN

Se expone la importancia del estudio de las revoluciones y el impacto que han tenido en la evolución y la dinámica de las relaciones internacionales, desde su aspecto teórico- conceptual y su significación para las relaciones internacionales. Se argumenta que el concepto de Revolución ha sido abordado con relativa sistematización por la teoría social y que existen diferentes visiones del término, según las diversas interpretaciones ideológicas, clasistas e históricas. El autor considera que, a cien años de la Revolución de Octubre, esta cobra vital importancia para los pueblos, en una época caracterizada por la crisis sistémica de la economía capitalista contemporánea, la cual genera graves problemas globales: crisis climáticas, crisis alimentarias y crisis políticas. 

En una interesante reflexión titulada "La suerte de Mubarak está echada" Fidel Castro Ruz, el líder de la Revolución cubana, analizó que el mundo se enfrentaba simultáneamente y, por primera vez, a tres problemas: crisis climáticas, crisis alimenticias y crisis políticas (Castro, 2011b). Pero en otra un poco anterior, referida a "La grave crisis alimentaria", se preguntaba: "¿Podrá Estados Unidos detener la ola revolucionaria que sacude al Tercer Mundo?" (Castro, 2011a).

La racionalidad indica que en esas condiciones globales de crisis climáticas, crisis alimenticias y crisis políticas, los Estados Unidos no tendrían muchas posibilidades ni capacidad para resistir o detener una permanente ola revolucionaria que sacuda al Tercer Mundo. Sus poderosas armas nucleares, sus satélites y su poder mediático resultarían impotentes e inservibles frente al fervor revolucionario de los pueblos, independientemente de los colores de sus revoluciones y el contenido de sus reivindicaciones.

A inicios del siglo XXI, a los Estados Unidos también le resultaba complejo contener el derrumbe de su imperio, causante, en su condición de primera potencia imperialista, de guerras catastróficas para la humanidad y, por supuesto, de las tres problemáticas esenciales enunciadas por Fidel en su reflexión.

Ante el empuje de una situación revolucionaria mundial desencadenada por la crisis global del capitalismo, la revolución, y su impacto en la transformación de las relaciones internacionales, cobra vital importancia para los pueblos. Se espera que los nuevos procesos revolucionarios que surjan a lo largo del siglo xxi contribuyan al cambio radical de las relaciones internacionales actuales, todavía bajo el control de un puñado de potencias que se autoproclaman la Comunidad Internacional para mantener en jaque a los países del sur, sea mediante el control del capital, del Consejo de Seguridad de la ONU o con el poder mediático o militar.

De ahí la importancia de estudiar la Revolución, desde su aspecto teórico- conceptual y su significación para transformar -más que nunca- las relaciones internacionales. El concepto de revolución ha sido abordado con relativa sistematización por la teoría social y existen diferentes visiones del término, según las diversas interpretaciones ideológicas, clasistas e históricas.

Desde la antigüedad los teóricos de la política estuvieron interesados en los problemas asociados al cambio cíclico de poder, los esfuerzos individuales y colectivos por derrocar un gobierno por medio de la violencia, así como en la comprensión de las justificaciones morales y económicas de la revolución. Por lo general, le atribuían los sentimientos revolucionarios que aparecían dentro de un Estado a una discrepancia entre los deseos del pueblo y su situación perceptible, divergencia esta que daba lugar a un determinado desacuerdo político acerca de las bases sobre las cuales la sociedad debería organizarse y funcionar.

La teoría política contemporánea se encargó de distinguir entre las revoluciones genuinas y otros fenómenos que con frecuencia fueron llamados con el mismo nombre, por ejemplo: golpes de Estado de carácter militar o apoyados por los militares, la prolongación ilegal del periodo de gobierno de un líder o mandatario, y otros actos de toma del poder relativamente súbitos por pequeños grupos de individuos de alto nivel; diversas formas de revueltas o rebeliones populares, campesinas, urbanas, religiosas y hasta los procesos de desintegración o ruptura política, conocidos en sus diversas formas: estatal, regional, colonial, étnica o religiosa. Sin embargo, ninguno de estos fenómenos tiene una necesaria u obligada relación directa con el cambio revolucionario verdadero de la sociedad.

En el siglo xx los enfoques teóricos burgueses de la política internacional analizaron la revolución como una forma de conflicto violento en las relaciones internacionales. La escuela del realismo político enfatizó que las revoluciones forman parte de la dinámica conflictiva de los Estados y de la inevitable lucha por el poder entre los principales protagonistas de la política internacional. 

La visión, evidentemente realista, de Mark N. Hagopian (1974) definió la revolución como una prolongada crisis en uno o más de los sistemas tradicionales de estratificación (clase, condición social, poder) de una comunidad política. Implica una acción deliberada y dirigida por una élite para abolir o reconstruir uno o más de dichos sistemas por medio de una intensificación del poder político y el recurso a la violencia (p. 323).

En esa misma línea de pensamiento, para Crane Brinton (1938) y otros teóricos anteriores a la Segunda Guerra Mundial, las revoluciones tenían lugar cuando la brecha entre el poder político distribuido y el poder social distribuido dentro de una sociedad se volvía intolerable.

En circunstancias de ese tipo, las clases sociales que están experimentando algunos de los beneficios del progreso desean desarrollarse de forma más rápida que mediante las posibilidades concedidas por el sistema y, por ello, se sienten frustradas y paralizadas. El descontento por el reparto de los resultados económicos, el prestigio social y el poder político se extiende, los valores tradicionales son abiertamente cuestionados y un nuevo mito social desafía al viejo. Los intelectuales se alienan de la vida política y gradualmente pasan de nuevas críticas a retirar la lealtad al sistema político. Las élites gobernantes empiezan a perder confianza en sí mismas, en sus creencias y en su capacidad para dirigir y resolver los problemas sociales; las viejas élites devienen demasiado rígidas para atraer a las élites emergentes en sus filas y aceleran la polarización.

La revolución también se produce cuando hay una profunda contradicción entre quienes quieren lograr un cambio rápido y aquellos opuestos al cambio. Según algunos autores, el punto de ruptura es alcanzado cuando los instrumentos de control social caen, especialmente el ejército y la policía, estableciendo alianzas con los elementos descontentos; o el gobierno, en ejercicio, demuestra ser inepto para usar esos instrumentos de control social (Edward, 1927; Brinton, 1938; Pettee, 1938).

Por su parte, los enfoques liberales o institucionalistas también perciben en las revoluciones hechos de naturaleza violenta que perturban la evolución gradual y ordenada de la sociedad. Estas nociones, orientadas por las teorías del funcionalismo, tuvieron preminencia en la obra del sociólogo norteamericano Talcott Parsons, quien enfatizaba la necesidad del consenso y el equilibrio en la sociedad, observando en el conflicto algo más bien anormal, que rompe precisamente con el ordenamiento social. Parsons estaba más interesado en el orden social que en el cambio social, en la estática social que en la dinámica de los procesos, porque para su escuela, el conflicto genera consecuencias perturbadoras y disfuncionales para la sociedad.

En Europa otra vertiente de esta corriente, que intentaba conciliar el estudio del equilibrio y el consenso social con el conflicto, tuvo marcada influencia a través de la obra de los sociólogos Max Weber, Ralf Dahrendorf y Emile Durkheim. Aún con sus reconocidas contribuciones teóricas sobre el comportamiento colectivo, las creencias sociales, el liderazgo político y los procesos de integración, el pensamiento funcionalista no se caracterizó por su carácter revolucionario, sino por sus finalidades pragmáticas encaminadas a la solución de los problemas inmediatos de la sociedad, para lograr la preservación del orden social capitalista.

De una forma u otra, la mayoría de los sociólogos influidos por las ideas de Carlos Marx han considerado que el conflicto puede servir para fines sociales positivos o progresistas. El conflicto revolucionario ha sido catalogado un medio útil para la resolución de disputas al interior de una sociedad y entre los Estados-naciones en el escenario internacional. Así, muchos politólogos de este tiempo aceptan el conflicto en calidad de una categoría explicativa central para el análisis del cambio social o el avance, a partir de una teorización completa de la sociedad en sus aspectos de continuidad y cambio, que analiza en los condicionamientos clasistas y económicos la base de toda contradicción social y del conflicto revolucionario mundial.

Esa concepción científica fundamental sobre la revolución social está expuesta en la obra de Marx, Engels y Lenin. Una premisa fundamental del marxismo ha sido que la agudización de las contradicciones del capitalismo crea las condiciones para la revolución que habrá de derrotarlo y abre cause a una sociedad más justa y solidaria, para ello la abolición de la propiedad privada era un objetivo esencial, atendiendo a la propuesta contenida en El Manifiesto del Partido Comunista (Marx y Engels, 1982, p. 31).

Mediante el análisis de la situación de las relaciones internacionales de mediados del siglo xix, Marx y Engels diagnosticaron que la revolución sería protagonizada por el proletariado de los países industrializados de Europa y, años más tarde, Engels previó cómo el desarrollo de Europa occidental operaba contra la lucha violenta y a favor de la acción parlamentaria de la clase obrera. Posteriormente, Lenin condujo al Partido Bolchevique a romper "el eslabón más débil de la cadena imperialista", con la idea de que sería una contribución a la revolución mundial que tendría su centro en Alemania, según la lógica del pensamiento de Marx (Lenin, 1961a, p. 689).

Las revoluciones sociales están determinadas por las leyes objetivas del desarrollo social y, en la contemporaneidad, tienen su origen en las contradicciones económicas, sociales, políticas del sistema capitalista. Lenin estaba convencido de que "las revoluciones no se hacen por encargo, no se pueden hacer coincidir con tal o cual momento, sino que van madurando en el proceso del desarrollo histórico y estallan en un momento condicionado por causas internas y externas" (Lenin, 1961b, p. 23).

De esta manera, la interpretación leninista sobre las revoluciones indica que, desde el siglo xix y hasta la actualidad, la filosofía de Marx constituye una teoría general válida para estudiar el movimiento revolucionario de las sociedades mediante el empleo de cierto número de instrumentos específicos, categorías o variables básicas, entre los cuales resultan fundamentales los conceptos de modo de producción y lucha de clases entre explotados y explotadores. La influencia de Marx trascendió mucho más allá de los teóricos o historiadores que interpretaron los ámbitos nacionales e internacionales inspirados en sus ideas, ya que su obra ofrece una visión metodológica integral y coherente para el análisis de la dinámica de los procesos sociales en la época del modo de producción capitalista.

Curiosamente, el historiador marxista británico Eric Hobsbawm (2006) señaló que el mundo capitalista globalizado que emergió en la década de los noventa del siglo xx, resultó, en muchas cosas, enigmáticamente parecido al que había pronosticado Marx en 1848 en El Manifiesto Comunista, pero ahora, sin dudas, con más complejidad debido a los conflictos y problemas globales derivados de la interacción de múltiples fenómenos de carácter económico, financiero, militar, tecnológico y transnacional acumulados por el propio sistema capitalista que los engendra sin una perspectiva o posibilidad real de solución. Por eso la importancia de acudir a Marx y el justo elogio a su inevitable regreso en la coyuntura internacional actual (Cassidy, 1997; Valdés, 1998).

Las condiciones que son fuente del potencial conflicto humano, es decir los problemas socioeconómicos, los impulsos violentos y agresivos originados de la frustración al medir lo concreto frente al ideal, la retirada y la alienación de las estructuras sociales existentes, más otros factores similares en la época de Marx, están volviéndose más comunes a escala planetaria.

En casi todas las latitudes del sistema mundial, por el influjo expansivo de las tecnologías de la información y las comunicaciones, la brecha entre el cumplimiento esperado de las necesidades y la consumación concreta de las necesidades (aspiraciones o deseos) está ensanchándose entre muchas naciones, pueblos e individuos, especialmente en el Tercer Mundo: Medio Oriente, Asia, África y América Latina, escenarios regionales en los que el proceso de desarrollo social, económico y político pocas veces es capaz de suministrar satisfacciones al ritmo creciente de las aspiraciones de los pueblos. En conjunto, en esas regiones geográficas (con dos terceras partes de la humanidad en el subdesarrollo, la pobreza y la marginación), aumenta la desigualdad respecto al norte desarrollado, así como la posibilidad real de una ola revolucionaria.

La era actual ofrece un sistema capitalista globalizado y de avances impresionantes en temas de renovación científico-tecnológica, los problemas clasistas y económicos sintetizados en el conflicto o contradicción Norte-Sur ocupan un plano sobresaliente en la dinámica de las relaciones internacionales.

Dicho conflicto representa una tendencia que se acrecentó después de la desaparición de la confrontación Este-Oeste, la que dominó el contexto internacional durante la prolongada Guerra Fría. La brecha entre ricos y pobres o entre el Norte y el Sur tiende a incrementarse a una velocidad sin precedentes, porque los países capitalistas desarrollados, donde reside poco más del 20 % de la población mundial, se apropian o benefician del 80 % de las riquezas productivas o naturales del planeta. En las últimas décadas del siglo xx y en la primera del xxi, las políticas económicas neoliberales, ahondaron el abismo y el saqueo que alejaba a los países subdesarrollados de las potencias centrales del capitalismo mundial.

Relacionado con el conflicto Norte-Sur aparecen graves problemáticas globales, como el crecimiento demográfico exponencial en las regiones tercermundistas y la escasez de alimentos, precisamente cuando el planeta entra en una fase crítica por el agotamiento de los recursos naturales no renovables. Además, la crisis ecológica por el deterioro del medio ambiente, la contaminación de los mares, ríos, la reducción de los bosques, la afectación de la capa de ozono de la atmósfera superior y las evidencias del cambio climático con el paulatino derretimiento de las grandes masas de hielo concentradas en los casquetes polares y el consecuente calentamiento global, que amenaza con una terrible catástrofe de imprevisibles consecuencias para la supervivencia de la especie humana. 

Esos problemas que aquejan al planeta son consecuencia directa de la desenfrenada explotación y barbarie capitalista. La máxima responsabilidad por ese estado de cosas recae en los países más desarrollados del sistema, que alcanzaron altos niveles de expansión económica sobre la base de un modelo de vida y una economía altamente consumista y derrochadora.

Ante el panorama desolador del sistema capitalista, en particular de su periferia pobre y subdesarrollada, los científicos sociales vuelven al pensamiento de Marx para adoptar nuevos modelos socioeconómicos que aprovechen más eficientemente los recursos humanos y naturales y contribuyan a conservarlos o renovarlos con políticas sustentables de desarrollo en beneficio de la humanidad. 

Amplios sectores populares de los Estados Unidos y la Unión Europea sufren las desigualdades económicas y las injusticias propias de las sociedades capitalistas en la llamada fase tecnotrónica o posindustrial, dividida en clases sociales antagónicas. Aún en los tiempos de la globalización económica, el proceso de desarrollo capitalista siempre produce efectos perversos y asimétricos en relación con los beneficios que obtienen los pueblos. La ruptura o desconexión con los mecanismos tradicionales de dominación capitalista juega un papel crucial en el crecimiento del potencial de conflicto revolucionario engendrado por las contradicciones entre ricos y pobres, o entre una privilegiada minoría y las mayorías sometidas a la dictadura del capital.

La revolución será inevitable en el sistema-mundo del siglo XXI, pues a través de la historia el conflicto de clase ha sido el motor del cambio social. Las revoluciones constituyen la única vía posible para resolver la contradicción antagónica entre ricos y pobres al interior de las sociedades y en la transformación de las relaciones internacionales, hacia un sistema verdaderamente democrático, justo y humano.

En el marxismo y las ideas de Lenin reposa la teoría y estrategia de la revolución, porque, como señalara el Che: "en definitiva, hay que tener en cuenta que el imperialismo es un sistema mundial, última etapa del capitalismo, y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial. La finalidad estratégica de esta lucha debe ser la destrucción del imperialismo [...] El elemento fundamental de esa finalidad estratégica será, entonces, la liberación real de los pueblos" (Guevara, 1977, p. 397). En el pensamiento del Che solo mediante la revolución se podía llegar a un orden social más solidario, a la abolición del capitalismo y a la formación de un "hombre nuevo" (Guevara, 1965, p. 256).

A la luz de los acontecimientos actuales en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, El Salvador, y otros países de América Latina, e incluso, de los procesos transformadores por las vías no tradicionales de los revolucionarios latinoamericanos del siglo xx, podría decirse que la toma del poder político por los explotados no necesariamente entraña violencia o la guerra revolucionaria. Marx era consciente del papel de la violencia en la historia, pero la estimaba menos importante que las contradicciones inherentes a la vieja sociedad para el logro del último fin de los proletarios y explotados: la derrota del capitalismo.

El filósofo alemán previó una serie de choques de creciente intensidad entre el proletariado y la burguesía (explotados y explotadores) hasta la erupción de una revolución que finalmente desembocaría en el derrocamiento de la burguesía y la edificación de una sociedad socialista. Con su propia dinámica y especificidad, en distintas regiones y países del sistema internacional, la colisión inevitable entre clases sociales antagónicas sería una variable del cambio y de la emancipación humana en el siglo XXI.

Las revoluciones y el sistema de relaciones internacionales

Los teóricos marxistas no han ofrecido un estudio amplio y sistemático sobre la repercusión de las revoluciones en el sistema de relaciones internacionales de esta época. Algunos politólogos coinciden en que el sistema-mundo moderno ha sido conformado en gran medida por las revoluciones, los conflictos y las guerras (Arendt, 1965; Halliday, 1994).

Los últimos cuatro siglos transcurridos estuvieron marcados por grandes e históricas revoluciones de carácter burgués, socialistas y/o de liberación nacional. Para los teóricos marxistas las revoluciones son las locomotoras de la historia porque aceleran los procesos de desarrollo y progreso humano. Desde el siglo xvii las revoluciones hicieron importantes aportes al desarrollo de la modernidad. No solo han impulsado las transformaciones políticas y sociales al interior de las naciones, sino también la dinámica misma de las relaciones internacionales.

El actual sistema internacional es el resultado de la expansión geográfica y la complejización del sistema de Estados que emergió en Europa en el siglo XVII, después de un largo proceso histórico iniciado, aproximadamente, en los siglos XIV y xv y que convulsionaría ese continente.

En suma, el sistema internacional es consecuencia del surgimiento del capitalismo, el cual estableció nuevas estructuras políticas y creó los modernos Estados-nacionales-territoriales, que concretaron en la práctica las aspiraciones políticas de los intelectuales del Renacimiento y de la burguesía ascendente como clase dominante. Los siglos xvii, xviii y xix fueron el escenario de la expansión de ese sistema hasta abarcar los cinco continentes.

El triunfante capitalismo europeo, con tecnología, ciencia e instituciones políticas más consolidadas sometieron a su dominación colonial a los territorios "descubiertos" y conquistados por la fuerza de las armas en América, Asia y África. Las históricas revoluciones que impactaron esos siglos e influyeron en la evolución y conformación de un sistema de relaciones internacionales fueron las siguientes:

Siglo XVII: revoluciones holandesa e inglesa.

En el siglo XVII: revoluciones norteamericana, francesa, haitiana y su secuela en las revoluciones de independencia en Latinoamérica, a inicios del XIX.

Siglo XIX: revoluciones europeas de 1848 y la Comuna de París en 1871.(1)

La expansión del capitalismo creó el mercado mundial y puso en contacto a las regiones más lejanas del planeta sobre la base de la más brutal explotación, saqueo, genocidio de las poblaciones autóctonas y la imposición de la cultura europea. En ese periodo histórico surgieron nuevos Estados en los continentes sometidos, con el consentimiento de Europa o por la lucha de los pueblos por su independencia. La inclusión de las repúblicas americanas al sistema internacional europeo, que les extendió su reconocimiento de derecho, constituyó la primera gran expansión del sistema que, hasta entrado el siglo xx, mantendría su centro hegemónico en la Europa burguesa dominadora.

A fines del siglo xix, en pleno desarrollo del capitalismo monopolista en su fase imperialista, dos nuevas potencias, una en América (Estados Unidos) y otra en Asia (Japón), desafiaron a Europa su supremacía internacional. El sistema internacional a las puertas del siglo xx comenzó a devenir global y el centro hegemónico inició un desplazamiento hacia otros continentes.

En ese contexto, la revolución que tuvo lugar en Rusia el 25 de octubre de 1917, según el calendario juliano (7 de noviembre en el gregoriano), se distingue de otras revoluciones por su carácter mundial, fue el acontecimiento político más importante del siglo xx: representó un viraje radical en la historia de la humanidad, un viraje del viejo sistema capitalista al socialismo; fue la primera vez que el proletariado triunfaba y se hacía con el poder. Esto elevó a la escala de objetivo fundamental no el que una forma de explotación sustituyera a otra o que un grupo de explotadores reemplazara a otro grupo de explotadores, sino la supresión de toda clase de explotación del hombre por el hombre, la supresión de todos y cada uno de los grupos explotadores, la organización de una nueva sociedad, de la sociedad socialista sin clases. La Gran Revolución Socialista de Octubre abrió para la humanidad una nueva era de posibilidades hacia la construcción del socialismo.

Su impacto fue palpable tanto en América como en Europa. Aunque la revolución no hizo expandir el socialismo como un efecto inmediato, le dio a otros países convulsos del Tercer Mundo un ejemplo a seguir. Para poder entender la evolución de las relaciones internacionales del siglo XX y XXI es imprescindible analizar cómo contribuyó la Revolución de Octubre a la liberación nacional y a la construcción de democracias populares de otros pueblos, como Cuba, China, Vietnam o Guyana. Las heroicas jornadas de octubre -como las describió el periodista norteamericano John Reed- estremecieron al mundo. Ningún hecho posterior ha podido disminuir la proeza de los bolcheviques rusos, que supieron conjugar lo más alto de la intelectualidad política europea con el espíritu revolucionario de la clase obrera rusa y la lucha de los campesinos por la tierra y sus derechos. Aquellas acciones constituyeron un ejemplo imperecedero en la disputa de los pueblos por la conquista de la libertad.

Por la trascendencia de las revoluciones que sacudieron al mundo -la de Octubre o soviética en 1917, la china en 1949 y la cubana en 1959, entre otras de liberación nacional en el Tercer Mundo- el siglo xx inauguró una nueva era en la política internacional. El poderoso movimiento anticolonialista y antimperialista que se desarrolló, particularmente después del año 1945, dio el golpe definitivo al viejo sistema colonial de las principales metrópolis capitalistas. Ese proceso histórico condujo a la formación de nuevos Estados independientes en casi todos los continentes, principalmente en el Tercer Mundo. Por primera vez, en la historia de las relaciones internacionales, el sistema internacional alcanzó una dimensión efectivamente global o planetaria.

Las revoluciones tienen una inmediata influencia más allá de las fronteras nacionales de los estados, introducen saltos históricos y conmociones sociales que determinan o condicionan la política exterior de los países mediante una cinemática de continuidad y cambio, que repercute en el ámbito global de las relaciones internacionales y contribuye a la evolución y formación del sistema internacional. En la actualidad es un sistema integrado por más de 190 Estados en interacción, a los que se añade una multiplicidad de entidades transnacionales, no directamente estatales, con influencia política, en algunos casos mayor que la política exterior individual de muchos Estados.

El sistema internacional continuó básicamente heterogéneo pese al colapso o la renuncia estratégica de la Unión Soviética y el bloque socialista europeo, lo cual determinó el fin de la confrontación Este-Oeste y un cambio coyuntural en la correlación de fuerzas, favorable al sistema capitalista y a Estados Unidos embriagado en su liderazgo unipolar. Esas modificaciones abruptas del mapa geoestratégico mundial colocaron a la formación económico-social capitalista en una supremacía incuestionable durante un determinado periodo histórico. 

Sin embargo, el sistema internacional prosigue en una época de tránsito del capitalismo al socialismo, dado que en él coexisten todavía, en un dilema de cooperación y hostilidad, Estados capitalistas, imperialistas, socialistas, desarrollados y subdesarrollados, con regímenes de diversos tipos: reaccionarios y revolucionarios.

Debe tenerse en cuenta que, desde la aparición del mercado capitalista que dio origen al imperialismo, la dinámica de la política internacional dejó de desarrollarse solamente entre los Estados, pues la solidaridad internacionalista entre los pueblos, las sociedades y sectores sociales disímiles, que luchan por un mundo mejor y posible, ha comenzado a desbordar los marcos nacionales para convertirse en una fuerza esencial de la transformación revolucionaria de las relaciones internacionales. A la vez, estos hechos se imbrican a partir del enfrentamiento de las transnacionales capitalistas independientes de sus Estados. 

Con las crisis múltiples que atraviesa la humanidad, el escenario internacional podría estar signado por nuevos procesos revolucionarios a los que Lenin denominó los eslabones más débiles de la cadena imperialista. Las características específicas de esos cambios pudieran aportar elementos cualitativamente nuevos para la construcción de un sistema internacional pluripolar, en alternativa a la recomposición multipolar de las relaciones internacionales por iniciativa de los Estados Unidos y la Unión Europea, potencias interesadas en la consecución de un equilibrio de poder mundial, que sirva para perpetuar la dominación sobre los Estados más débiles del sistema y la práctica de una política coordinada hacia la contención o el retroceso del fenómeno revolucionario global. 

En ese escenario, las revoluciones en Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador representan la concertación de una avanzada del polo de Sudamérica hacia la construcción de polos de poder plural e ideales. Estas revoluciones diversas, pero profundamente antimperialistas, favorecen un genuino proceso de construcción del socialismo en el siglo XXI, cuando todavía el imperialismo supone la antesala de la revolución social, como lo advirtió Lenin en el año 1917. Pero ahora en una proporción más globalizada del conflicto Norte-Sur en las relaciones internacionales. 

La intervención militar en Libia, el creciente intervencionismo militar en Siria y las amenazas contra Irán, han sido parte de las respuestas oportunistas de los Estados Unidos y de la Unión Europea al colapso de su sistema de dominación y saqueo en el norte de África y Medio Oriente, al surgir en Túnez, Egipto y otros países movimientos genuinamente populares. Todo ello estuvo también interrelacionado con la estrategia de las potencias imperialistas para apoderarse de grandes reservas de petróleo, agua y confiscar activos financieros en tiempos de grave crisis económica y social del sistema capitalista. Los más recientes ejemplos de insurrecciones populares en Túnez y Egipto atestiguan la rebelión de los pueblos contra la dominación capitalista. Y es solamente un avance, o una avanzadilla, como quiera llamársele (Rodríguez, 2011a; 2011b).

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Rodríguez Hernández, Leyde E. (2011a): "Nexos entre las operaciones "Odisea del amanecer", "Harmattan" y el ejercicio "Southern Mistral" contra Libia", Cubadebate,<http://www.cubadebate.cu/especiales/2011/03/23/nexos-entre-las-operaciones-odisea-del-amanecer-harmattan-y-el-ejercicio-southern-mistral-contra-libia/#.V_viQFKJr9o> [15/3/2016].
Rodríguez Hernández, Leyde E. (2011b): "La perspectiva geopolítica en la guerra contra Libia", <http://leyderodriguez.blogspot.com/2011/11/la-perspectiva-geopolitica-en-la-guerra_25.html> [23/3/2016].
Valdés Vivó, Raúl (1998): Efectivamente, Marx está regresando: un artículo en la prensa norteamericana y precisiones indispensables, Editora Política, La Habana.

NOTAS ACLARATORIAS

1. La historia de Europa de 1789 a 1848 es la historia de las grandes transformaciones económicas, sociales y políticas que asentaron, de forma definitiva, el capitalismo industrial (Hobsbawn, 1982).

Marx y Engels utilizaron ampliamente la experiencia del movimiento revolucionario durante el último tercio del siglo XIX para desarrollar su teoría de la "dictadura del proletariado". Durante ese periodo de la vida de Marx y Engels aparecieron obras clásicas como: La guerra civil en Francia (1850) y Crítica del programa de Gotha (1891), de Marx; los tomos II y III de El Capital (1885 y 1894, respectivamente), obra finalizada por Engels después de la muerte de Marx; Anti-Duhring (1878), Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884) y Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana (1888), de Engels. Ambos filósofos acompañaron su obra teórica de una intensa actividad revolucionaria práctica.
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