"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

domingo, 18 de noviembre de 2012

"Halcones" e Hipocritas

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Por Paul Krugman

Los intransigentes del déficit siguen advirtiendo de una inminente crisis fiscal que sigue sin llegar
Allá por 2010, los que se autodenominaban halcones del déficit —mejor descritos como cascarrabias del déficit— se apropiaron de gran parte de nuestro discurso político. En una época de desempleo masivo y costes de financiación en un mínimo histórico, un tiempo en el que la teoría económica sostenía que necesitábamos más gasto deficitario, no menos, estos cascarrabias convencieron a la mayoría de nuestra clase política de que los déficits, y no los puestos de trabajo, debían ser nuestra principal prioridad económica. Y ahora que han pasado las elecciones, intentan retomarlo donde lo dejaron.
Habría que decirles que se vayan.
No es solo el hecho de que los cascarrabias del déficit hayan estado equivocados respecto a todo hasta el momento. Los últimos acontecimientos también han demostrado claramente lo que ya era evidente para los observadores escrupulosos: el movimiento de intransigencia con el déficit nunca tuvo nada que ver con el déficit, sino que, más bien, trataba de utilizar el temor al déficit para destruir el colchón de la Seguridad Social. Y permitir que eso pase no solo sería una mala política; sería una traición a los estadounidenses que acaban de reelegir a un presidente que ha reformado la sanidad y que han dado su voto a algunos de los senadores más progresistas de la historia.
Respecto a la hipocresía de los halcones: como he dicho, ha sido evidente durante años. Pensemos en el premio a la “responsabilidad fiscal” que tres de las principales organizaciones de los cascarrabias del déficit concedieron a principios de 2011 nada menos que a Paul Ryan. Entonces, como ahora, los supuestos planes de Ryan para reducir el déficit eran una pura patraña, ya que lo que proponía eran unas enormes rebajas fiscales para los ricos y las corporaciones, aunque se negaba a especificar cómo se compensarían esos recortes. Pero, en opinión de los intransigentes del déficit, su plan para desmantelar Medicare y sus brutales recortes de Medicaid por lo visto le acreditaban como gurú fiscal.
¿Y cómo reaccionaron estos cascarrabias del déficit cuando Mitt Romney nos contaba patrañas similares, con Ryan como candidato a vicepresidente? Pues bien, la Fundación Peter G. Peterson es la central de la intransigencia con el déficit; la financiación de Peterson está detrás de gran parte del movimiento. Y cómo no, David Walker, el ex consejero delegado de la fundación y posiblemente el cascarrabias del déficit más notorio en Estados Unidos, apoyó la candidatura de Romney y Ryan.
Y luego está la cuestión del “abismo fiscal”.
Contrariamente a como se la suele definir, la amenazadora perspectiva de recortes del gasto y aumentos de impuestos no es una crisis fiscal, sino más bien una crisis política originada por el intento del partido republicano de tomar a la economía como rehén. Y para que quede claro, el peligro para el próximo año no es que el déficit sea demasiado grande, sino que sea demasiado pequeño y, por consiguiente, vuelva a hundir a Estados Unidos en la recesión.
Los cascarrabias del déficit están pasando un mal trago con esta cuestión. ¿Cómo pueden aconsejarnos que no caigamos en el abismo fiscal sin que parezca que están contradiciendo su propia retórica sobre los males de los déficits?
Esto no sería tan difícil si hubieran presentado argumentos más sinceros sobre el presupuesto: lo cierto es que los déficits son de hecho una cosa buena cuando la economía está muy deprimida, de modo que la reducción del déficit debería esperar hasta que la economía recupere fuerza. Como dijo John Maynard Keynes hace tres cuartos de siglo, “la expansión, no la recesión, es el momento idóneo para la austeridad”. Pero puesto que los cascarrabias del déficit han estado de hecho exigiendo que convirtamos los déficits en la prioridad aunque la economía esté deprimida, no pueden tocar el tema.
De modo que lo que nos dan en lugar de eso, por ejemplo en un libro blanco sobre el precipicio fiscal elaborado por el Comité para un Presupuesto Federal Responsable, es una enrevesada serie de quejas: el ajuste es demasiado rápido (¿por qué?), o es la clase equivocada de reducción del déficit, por razones que no aclaran. O a lo mejor sí las aclaran después de todo. Porque, a pesar de despotricar contra los déficits, el libro blanco se opone a una subida de los tipos impositivos e incluso sugiere que se reduzcan.
De modo que los cascarrabias del déficit, al tiempo que se hacen pasar por nobles defensores fiscales de la nación, han demostrado en la práctica que, además de hipócritas, son incoherentes. No merecen desempeñar una función central en la discusión política; la verdad es que ni siquiera merecen un sitio en la mesa. Y desde luego no merecen que uno de los suyos sea nombrado secretario del Tesoro.
No sé hasta qué punto tomarme en serio los rumores sobre el nombramiento de Erskine Bowles como sustituto de Timothy Geithner. Pero en caso de que haya algo de verdad en ellos, repasemos sus antecedentes. Bowles, como otros en la comunidad de los intransigentes del déficit, ha recurrido arbitrariamente a las tácticas del miedo, advirtiéndonos de una inminente crisis fiscal que sigue sin llegar. Por otro lado, el informe que contribuyó a redactar supuestamente iba a centrarse en la reducción del déficit, pero, fiel a la costumbre, exigía unos tipos impositivos más bajos en vez de más altos, convirtiendo esto nada menos que en “principio rector”. Nombrarle a él, o a cualquiera de su calaña, sería una mala idea y un bofetón en la cara para los ciudadanos que revalidaron al presidente Obama en el cargo.
Miren, deberíamos estar teniendo una discusión seria respecto al futuro fiscal de Estados Unidos. Pero una discusión seria es precisamente lo que no hemos tenido en estos dos últimos años, porque el discurso ha estado secuestrado por la gente equivocada, con el programa equivocado. Mostrémosles la puerta.
Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de 2008.
© New York Times Service 2012

La mejor forma de despedir a alguien

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Un rotundo "está despedido" no es siempre el mejor método cuando un jefe quiere deshacerse de un empleado, dicen profesionales de recursos humanos. Los expertos recomiendan mantener la calma, proporcionar una explicación de la medida y permitir que el empleado mantenga un poco de dignidad llevándolo a un lugar privado.
A continuación, otros consejos para hacer la notificación un poco menos traumática.
Getty Images
Dígalo usted mismo... El principal portador de malas noticias debería ser el jefe directo del empleado. De lo contrario, este podría preguntarse si su supervisor apoyó la decisión y podría aumentar las preocupaciones sobre el mérito del despido, dice Maurice Fitzgerald, abogado laboral y socio de la firma Strazulo Fitzgerald LLP.
... Pero lleve un testigo: Contar con otro supervisor o representante de recursos humanos ayuda a evitar el juego de "él dijo, ella dijo" si el empleado entabla una acción legal. Un tercero también puede asegurar que la conversación no se desvíe y se mantenga profesional.
Póngalo por escrito: Los momentos posteriores a recibir una mala noticia tienden a ser borrosos y el empleado podría no recordar detalles como la forma de obtener su último salario o cómo proceder con beneficios, como el seguro de salud. Entregue una lista de la información por escrito para que el empleado pueda procesarla más tarde.
Hágalo rápido... "Se trata menos de una conversación y más de una notificación", dice Halley Bock, presidenta de la firma de desarrollo del liderazgo Fierce Inc. Muchos expertos de recursos humanos sugieren limitar la reunión a entre 15 y 20 minutos.
... Pero sea específico: Nuestras imaginaciones pueden ser nuestros peores enemigos, por lo que cuanto más sepa el empleado sobre la razón de su despedido, menos probable será que sospeche otros motivos, como discriminación por género o edad. Es un buen momento para recordar algunos de los errores cometidos por el empleado, como la falta de eficiencia o el caso omiso a las advertencias sobre conductas poco profesionales, dice Rebecca Regard, asesora de recursos humanos en G&A Partners.
No se disculpe. Decir que lo siente sugiere que el jefe está decepcionado con la decisión, lo que podría dejar al empleado preguntándose si el despido es realmente justo. Fitzgerald opina que comentarios como "esto es en realidad algo bueno para ti" tampoco son apropiados, ya a que el supervisor que ofrece tales perogrulladas tiene todavía un empleo remunerado.
Hágalo el viernes, o el lunes, o el miércoles: No hay consenso sobre el mejor día para despedir a alguien. Viernes hace que la partida sea menos dramática, pero podría dejar al empleado sufriendo todo el fin de semana. Los lunes permiten una reacción rápida con búsqueda de empleo, pero resaltan que el calendario del empleado queda liberado para el resto de la semana. ¿La respuesta? No pierda tiempo. Haga la notificación tan pronto como tome la decisión.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Ricos y obcecados

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El problema de fondo, la implosión económica que está ocurriendo en varios países, desde Grecia a Portugal, pasando por España e Italia, que afecta a decenas de millones de personas que han perdido el empleo, a veces el alojamiento, que estudiaron y no tendrán empleo ni medios para vivir, y que están perdiendo las esperanzas de volver a tener una vida normal, ese problema sigue entero y de él no se discute en los grandes medios de comunicación.
Aleluya, el semanario The Economist, admite que la desigualdad alcanzó un nivel que puede entrabar el crecimiento (1), una conclusión a la que muchos llegaron hace largo tiempo, como señala la columnista canadiense Carol Goar (Venerable Economist sounds alarm over growing inequality, Toronto Star del 18 de octubre).
Pero esa Biblia del capitalismo desde 1843 afirma, sin sonrojarse, que la historia no provee respuestas a las actuales disparidades de riquezas entre ese 1.0 por ciento y el 99 por ciento de la población, una advertencia destinada a justificar “cambios” que permitan mantener el estatus quo.
Las “respuestas” que el informe de The Economist provee son una ensalada de medidas de sentido común -reclamadas sin ningún éxito por economistas que
tienen algún sentido de la historia y saben cual fue el remedio a la Gran Depresión-, como reducir la talla de los grandes bancos de depósito e inversiones para evitar que tengan que ser rescatados a cualquier precio en caso de crisis financiera, pero en el contexto la continuación de las políticas de ajustes estructurales, o sea las políticas de austeridad que la oligarquía rentista hace aplicar en prácticamente todos los países del
“capitalismo avanzado”.
Y también, por el instinto de clase que le lleva a querer destruir cualquier organización de los trabajadores, The Economist propone desmantelar los sindicatos de maestros para poder “diversificar” la educación, y de paso aumentar fuertemente la edad de retiro, lo que me recuerda al ex Secretario general de la OCDE Donald Johnston, quien a comienzos de este siglo y en un seminario en la Conferencia de Montreal proponía elevar a 70 años la edad de retiro de todos los trabajadores, incluyendo a los que trabajan en la construcción o la minería, algo que en ese instante parecía una exageración y que hoy está convirtiéndose en realidad en los países del capitalismo avanzado.
Cierto, The Economist reconoce que los gobiernos deberían hacer algo más por los jóvenes y los pobres, y también aumentar los programas de capacitación para los desempleados, así como eliminar algunas ventajas fiscales que benefician a los ricos, o sea “dar atole con el dedo” como dicen los mexicanos, ya que estas “recomendaciones” parten del supuesto de que los gobiernos actuales no tienen los recursos para una intervención económica masiva ni para desmantelar los monopolios globales que causan la situación actual, y que por lo tanto deben aparecer como que están haciendo algo, lo que no quiere decir que estén haciendo algo, y más importante, algo que valga realmente la pena para los pueblos.
Cambiar las cosas para que todo siga igual. Así va el mundo del capitalismo avanzado. Después de la reunión de los jefes de gobierno y de Estado de la Unión Europea (UE), esta semana que termina, en la UE asistimos a una nueva ola de optimismo porque parecería que se decidió avanzar hacia la creación de la unión bancaria que permitirá controlar y recapitalizar los bancos, al menos los de la zona euro (ZE).
El problema de fondo, la implosión económica que está ocurriendo en varios países, desde Grecia a Portugal, pasando por España e Italia, que afecta a decenas de millones de personas que han perdido el empleo, a veces el alojamiento, que estudiaron y no tendrán empleo ni medios para vivir, y que están perdiendo las esperanzas de volver a tener una vida normal, ese problema sigue entero y de él no se discute en los grandes medios de comunicación. Como tampoco se le da importancia al rápido aumento del separatismo o independentismo en España, Bélgica e Italia, que en buena medida revela la profundidad de esta crisis económica, política y social.
En otros países, como Francia, Bélgica y hasta Alemania, el proceso de desmantelar todas las conquistas salariales y laborales, por ejemplo, es más lento pero sigue adelante, y se manifiesta en el crecimiento del desempleo, del subempleo, y en el empobrecimiento de amplios sectores de la población.
Lo que me lleva a un texto de Norman Pollack, escritor y profesor de historia en la Universidad estatal de Michigan (2), quien afirma que en el caso de Estados Unidos ya se puede hablar de fascismo porque existe una interpenetración entre el gobierno y los grandes capitales, la cual ha creado un jerarquizado sistema de clases sociales, con enormes diferencias de riqueza y poder; porque este sistema militarizó los valores sociales y la estrategia geopolítica; porque pretexta la falsa ideología de una sociedad sin clases para inculcar la lealtad al orden social entre el pueblo trabajador..
Los ricos se ofuscan mucho y no quieren escuchar ninguna razón cuando se trata de que el gobierno se inmiscuya en los negocios, aunque esa intervención para crear el pleno empleo favorezca a la clase capitalista, como bien decía en 1942 el economista polaco Michal Kalecki (3).
Al señalar las contradicciones y las verdaderas razones de clase por las cuales los capitalistas, industriales y financieros, se niegan a que los gobiernos intervengan en situaciones de crisis, en esa conferencia sobre “Aspectos políticos del pleno empleo”, Kalecki se refiere al fascismo: Una de las importantes funciones del fascismo, como tipifica el sistema nazi, fue la de eliminar las objeciones capitalistas al pleno empleo. En tanto que tal, bajo el fascismo el rechazo a las políticas del gasto de gobierno son superadas por el hecho de que la maquinaria del Estado está bajo el control directo de una asociación de las grandes empresas con los negocios de los fascistas. Así se elimina la necesidad del mito de la “finanza responsable”, que sirvió para prevenir que los gobiernos combatan las crisis de confianza mediante el gasto. En la democracia uno no puede saber de que tipo será el próximo gobierno. Bajo el fascismo no hay próximo gobierno (4).
En Estados Unidos, según Pollack, no importa quien salga electo de los comicios del 6 de noviembre, Romney u Obama, porque en el fondo nada cambiará, porque la oligarquía seguirá en el gobierno.
El titulo del último libro del economista Michael Hudson define muy bien la evolución del capitalismo y la situación actual: “The Road from Industrial
Capitalism to Finance Capitalism and Debt Peonage “. O sea “el camino desde el capitalismo industrial al capitalismo financiero y a la esclavitud por la deuda” (5).
No solo hay mucho para pensar, sino cantidades industriales de motivos para actuar, como diría Mafalda.

La Vèrdiere, Francia.
- Alberto Rabilotta es periodista argentino - canadiense.
1.- http://www.economist.com/node/21564414
2.- Norman Pollock, es autor de “The Populist Response to Industrial America” y “The Just Polity”. Ver “Under the Cloak of Liberalism America on the Cusp of Fascism”: http://www.counterpunch.org/2012/10/12/america-on-the-cusp-of-fascism/
3.- http://alainet.org/active/58244&lang=es
4.- Michal Kalecki, Political Aspects of Full Employment (1942) http://mrzine.monthlyreview.org/2010/kalecki220510.html
5.- Michael Hudson, http://michael-hudson.com
Agencia Latinoamericana de Información
http://alainet.org

jueves, 15 de noviembre de 2012

La mala decisión de Wall Street

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Por:

Ahora circulan muchas listas de los principales ganadores y perdedores en estas elecciones; pero, curiosamente, ninguna de las listas que he visto menciona lo malo que es este resultado para los Amos del Universo de Wall Street.
Como quizá recordarán, la historia es que el sector financiero –tras haberse arrastrado él mismo y al resto del mundo al borde del desastre- fue rescatado por los contribuyentes.
Pero en lugar de estarle agradecidos, los peces gordos de las finanzas estaban indignados con el presidente Obama por haber insinuado en ocasiones que algunos de ellos quizás se hayan portado un poquito mal. Y los banqueros de inversión -que normalmente se inclinan por los demócratas- se pasaron mayoritariamente al otro bando y llenaron de efectivo las arcas de Mitt Romney con la expectativa, sin duda correcta, de que un Gobierno de Romney desmantelaría la reforma financiera y trataría su riqueza con la adulación que ellos creen que es su derecho de nacimiento.

Mitt Romney

Pero Romney ha perdido y Obama ha vencido. Los límites de su poder han quedado cruelmente a la vista, y el presidente reelegido ahora no les debe nada.

¿He mencionado que Elizabeth Warren, que ayudó a crear la Oficina de Protección Financiera del Consumidor, irá al Senado, un Senado que será considerablemente más progresista y menos amable con Wall Street que antes?

Mala jugada, chicos.
© 2012 The New York Times

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Las tiendas de Apple siguen siendo las más rentables en EE.UU. .

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US$6.050. Esa es la cantidad que las tiendas minoristas de Apple ganan por pie cuadrado (US$65.121 por metro cuadrado), de acuerdo con las medidas más recientes de Retail Sails, una firma que hace seguimiento a la productividad de las tiendas en cadena en Estados Unidos.
Es una suma impresionante y una lo suficientemente alta para hacer que Apple se convierta en el minorista más valioso por pie cuadrado en EE.UU. por segundo año consecutivo. En comparación, Tiffany TIF -1.52%& Co., el segundo minorista estadounidense más rentable bajo la misma medida, ganó US$3.017 (US$32.475 por metro cuadrado), menos de la mitad de lo registrado por Apple.
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Apple planea abrir unas 33 tiendas adicionales el próximo año.

En términos de las ventas en general más altas por local, Apple se ubicó un poco más abajo en la clasificación de Retail Sails. La empresa quedó de novena después de las cadenas de hipermercados y supermercados Costco, COST -0.99%Sam's Club y Walmart WMT -0.70%. Pero el hecho que haya incluso llegado a los 10 primeros lugares dominados por cadenas mayoristas es de destacar.
Apple ha construido un imperio minorista por si solo en 11 años desde que abrió su primer local en medio de un gran escepticismo. Como David Goldstein, presidente de investigación de Channel Marketing, dijo entonces: "Les doy dos años antes de que tengan que cerrar y apagar las luces sobre un error muy doloroso y costoso".
Goldstein no pudo estar más equivocado. Hoy, Apple tiene cerca de 390 locales minoristas alrededor del mundo y planea abrir otros 33 el próximo año. Y la empresa está recibiendo dinero por montones.
Como dijo Carl Howe, vicepresidente de Yankee Group, sobre el desempeño de las tiendas de la empresa de tecnología: "Las cifras de ventas minoristas de Apple son de dimensión astronómica. En un mundo donde Tiffany vende diamantes y maneja ingresos anuales de casi US$3.017 por pie cuadrado de acuerdo con RetailSails.com, las tiendas minoristas de Apple promedian el doble de eso. Dicho de otra forma, los productos de Apple son más valiosos que los diamantes… al menos para el sector minorista".
Puede que esto sea un poco exagerado, pero el fundamento del comentario de Howe es acertado. Tenga en cuenta que US$6.050 por pie cuadrado es un promedio y que la tienda bandera de Apple genera muchísimo más. "Alrededor de 2010, se estimaba que el local sobre la Quinta Avenida en Nueva York registraba US$350 millones en ingresos por año, y solo es un local de 10.000 pies cuadrados (930 metros cuadrados)", dijo Howe a AllThingsD. "Si se hace el cálculo, descubre que la tasa de ventas era de US$35.000 por pie cuadrado (US$376.736 por metro cuadrado), aunque Apple nunca ha confirmado esas cifras".

martes, 13 de noviembre de 2012

Cuando su superior es simplemente un mal jefe .

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Existen muchas formas en las que un jefe puede ser malo. "Se podría hacer una lista interminable", dice Scot Melland, presidente ejecutivo de Dice Holdings, un proveedor de sitios de carreras especializado con sede en Nueva York. A algunos jefes les gusta intimidar u otros no ayudan a sus subordinados a desarrollar sus habilidades. Un arquetipo particularmente molesto de jefe es el que no tiene vida personal y asume que sus empleados tampoco.
"Es el que se aparece por la oficina a las seis de la tarde y empieza a asignarle una tarea o se pone a hablar", dice Melland. "Esto se filtra en su vida personal y si uno no tiene cuidado, termina perdiendo el contacto con la familia y los amigos".image

De acuerdo con nuevos datos de la experta Michelle McQuaid, más de seis de cada 10 trabajadores dicen que estarían más contentos con un jefe mejor. En comparación, apenas cuatro de cada 10 preferirían un aumento de sueldo. Los resultados se basan en una encuesta realizada en agosto a 1.000 personas en Estados Unidos.
Para muchos empleados, tener un jefe problemático es la parte más estresante de un trabajo: "Socava el rendimiento y mina su salud", dice McQuaid.
Los jefes deficientes no desaparecerán muy pronto. Muchos empleadores han hecho recortes en la capacitación gerencial que ayuda a los altos cargos a mejorar. Además, conforme las empresas se vuelven "más horizontales", con una línea menos clara de separación entre directivos y subordinados, hay menos oportunidad para que los empleados aprendan a ser buenos gerentes.
Los jefes sin sus propias vidas personales no son los únicos malos. A continuación, otros cuatro tipos.
El que no sabe comunicar
Los jefes con expectativas poco claras dificultan que sus subordinados alcancen metas profesionales. Los malos comunicadores también pueden tener problemas para ofrecer comentarios o críticas. "Emitir un mensaje duro es tal vez el elemento más importante para cualquier persona en una posición de liderazgo", dice Tish Squillaro, presidenta ejecutiva de Candor Consulting, una firma asesora de liderazgo y desarrollo organizacional. "Dar un mensaje contundente puede ser doloroso", añade, pero en el largo plazo, "uno está haciendo más efectivo a esa persona o a ese grupo".
Cuando los jefes que no son buenos comunicadores toman decisiones sobre el personal, pueden parecer arbitrarios. Y la comunicación inadecuada puede conducir a la insatisfacción de los empleados, haciendo que los trabajadores sientan que su opinión no importa y que los jefes no entienden lo que hacen regularmente, dice Chad Richter, abogado de derecho laboral en la firma Jackson Lewis.
Los correos electrónicos y otras tecnologías sociales pueden de hecho empeorar la mala comunicación. "Uno de los componentes del buen liderazgo es la visibilidad", dice Jarrett Shalhoop, consultor de Hogan Assessment System, una firma de asesoría y evaluación de la personalidad con sede en Tulsa, Oklahoma. "La tecnología permite que las personas se retraigan cuando más se les necesita, proporciona una sensación falsa de disponibilidad", añade.
El microgerente
Los jefes que se encargan hasta del más mínimo detalle tienen problemas para delegar, lo que conduce a ineficiencias. "Quienes tienen que reportarse a ellos directamente no tienen una función significativa", dice Shalhoop. "El jefe muchas veces los hace dar vueltas sin sentido".
Un microgerente tiende a ser muy crítico. "No ofrece comentarios positivos y no confía en sus subalternos para hacer el trabajo", señala Shalhoop.
Los trabajadores quieren líderes que les proporcionen oportunidades para dominar una tarea o habilidad, dice Kathie Pelletier, profesora del College of Business & Public Administration, de la Universidad del Estado de California, en San Bernardino. "Quieren un propósito en sus vidas y en sus trabajos, y quieren algo de autonomía", dice Pelletier.
La microgestión, en contraste, puede conducir a los trabajadores a robotizarse. "La gente deja de pensar. Con el tiempo, pierden su energía", dice Squillaro. "La microgestión hace muy difícil que los empleados puedan destacarse".
El que evita los riesgos
Los jefes que son muy reacios al riesgo y no pueden tomar decisiones son problemáticos. "Una cosa es ser conservador y aún así producir, pero otra cosa es negarse a tomar una decisión porque hay una posibilidad de que algo no funcione a la perfección", dice Shalhoop. "El equipo de este tipo de jefe no puede hacer nada. El trabajo se paraliza".
Estos jefes son frustrantes para los trabajadores que necesitan aprobación para completar sus tareas. "Cada vez que tiene que hablar con su jefe, se convierte en una odisea de tres días…", dice Shalhoop.
El que es un desastre emocional
Todo el mundo tiene sentimientos, pero los jefes deben evitar conductas emocionalmente volátiles. Trabajar para un jefe que no puede manejar las emociones puede ser desconcertante.
"Las pequeñas frustraciones cotidianas llevan a esta gente emocionalmente volátil a explotar", dice Shalhoop. "Hay demostraciones de emoción fuera de lugar: gritos, rabietas, golpes de cosas sobre el escritorio. Es frustrante cuando uno no sabe a qué se enfrenta cuando ve a su jefe".
Los líderes emocionalmente destructivos pueden promover una cultura de la división. Pelletier trabajó una vez en una empresa en la que había un "muro de la vergüenza" que mostraba el trabajo que el jefe consideraba inferior. "Se podría pensar que ese anuncio era educativo, pero ciertamente cualquier persona cuyo trabajo terminaba en el muro no sentía que era una forma de proceder positiva", dice Pelletier.
Por supuesto, hay cosas peores que un muro de la vergüenza. En un estudio llevado a cabo por Pelletier, una participante informó que su jefe le arrojó una grapadora. "Hay un lado oscuro para el que algunas veces tenemos que prepararnos como empleados", dice Pelletier.

lunes, 12 de noviembre de 2012

La Pasión por Cuba, que no hemos perdido

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Presentación de Por un consenso para la democraciaPor Mayra Espina
Presentación de Por un consenso para la democracia Archivo IPS Cuba
Agradezco a los organizadores de Espacio Laical la invitación a formar parte del panel de presentación de la colección de textos Por un consenso para la democracia [1]. Ha sido una tarea interesante y agradable, pues me ha permitido valorar de conjunto, en su diálogo y polémica, trabajos que coinciden en su serio escrutinio de la realidad cubana y en su voluntad de encontrar caminos de mejoramiento nacional; por eso en mi lectura me rondaba, insistente, la idea de la pasión por Cuba que permanece, que no hemos perdido, que compartimos, aun desde circunstancias de vida y posiciones muy diferentes y en un contexto global y nacional donde el descomprometimiento con proyectos colectivos ha sido un signo de época. Es también un placer compartir la mesa con los colegas Hiram y Alzugaray, pues creo que nuestros criterios se complementan y cada cual ha destacado aristas disímiles, lo que contribuye a la valoración de este material desde diferentes ángulos.
Haré una presentación breve y mi mirada no se detendrá en cada texto, pues esa valoración particular me haría manifestar mis propias cercanías y disensos, lo que no creo que corresponda hoy. Por otra parte, posicionarse con seriedad y respeto ante cada artículo exige lecturas y relecturas mucho más detenidas y mesuradas que la que he tenido tiempo de hacer. Opto entonces por valorar el conjunto y su significado, desde las primeras y gratas impresiones que me ha causado.
Considero que el folleto, y el proceso de creación que le dio origen, se une a una corriente en curso en el país, cuyo foco es ampliar los puntos de observación de la realidad cubana y crear escenarios de confluencia de actores diversos (académicos, políticos, decisores, la sociedad civil) y con ello poner en contacto la multiplicidad de imaginarios y argumentos sobre opciones de cambio posibles de la sociedad cubana, de “mejoramiento humano” me gustaría decir, que esas atalayas diversas permiten avizorar. Me refiero a espacios como la revista Temas y su Último Jueves, Martes de Debate del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), el Centro Criterios, sus discusiones y su labor de diseminación de ideas, el Balcón de la Casa del Alba coordinado por FLACSO, el Foro de OAR, la Cofradía de la Negritud y otros, que permiten dar cauce a un movimiento de ideas que cada vez se hace más potente y que está marcado por la multicriterialidad.
Tales espacios son expresión del proceso de intensa transformación en que se encuentra la sociedad cubana, cuyas fuentes provienen de la reforma organizada y planificada que lideran las autoridades del país, de la heterogenización social en curso desde los 90s, del recambio generacional natural, así como de disímiles canales de la vida cotidiana (estrategias familiares de sobrevivencia, redes informales, relaciones con la emigración, diversificación de sujetos económicos, proyectos de transformación comunitaria y local, etc.). Son hijos también de una conciencia que se va expandiendo de que tal heterogeneidad porta potenciales de complementación- tensión entre una disimilitud de expectativas, aspiraciones y modelos de sociedad deseados. Estos potenciales, para ser aprovechados positivamente, necesitan hacerse visibles en escenarios compartidos de expresión, contrastación y, eventualmente, cooperación, lo que ha proyectado el tema de la participación social como uno de los centros de atención de las ciencias sociales y la opinión pública.
La colección de textos que hoy se presenta nutre esta corriente con su propio sello y marca un hito que será valorado en su justa medida cuando pase el tiempo. En este sentido me referiré, apretadamente, a tres aspectos que me interesa resaltar: a) la diversidad de posiciones que muestra y la relevancia del diálogo en la diferencia; b) el énfasis en el debate de cara a la praxis y la intención propositiva y c) los peligros epistemológicos que se ciernen ante estos debates.
En relación con el primer aspecto, percibo la singularidad del folleto en que muestra una diversidad de posiciones (no toda la posible, es obvio) más amplia que la que usualmente recorren nuestras publicaciones y, por ello, ilustra mejor las contradicciones. En la presentación a los textos se clasifica el espectro que recogió la colección en tres posturas (liberalismo, catolicismo y marxismo) y, aunque se entiende esta clasificación como convención, percibo una interrelación mucho más complicada entre las posiciones teóricas y políticas que dialogan, que rompen ese molde estrecho, lo desbordan, entregando un panorama “contaminado”, cuya virtud es permitir visualizar un horizonte con mayores opciones.
A pesar de sus diferencias, los autores coinciden en su preocupación sobre el futuro de Cuba y se aprecia un consenso, no siempre explícito, sobre la necesidad de lo que, en rasgos generales, podríamos llamar la modernización del proyecto socioeconómico y político cubano, como parte de su propia viabilidad como nación, en una soberanía irrenunciable. Considero que el tema de la ciudadanía en su plenitud, desde sus aristas económicas, sociales, culturales, jurídicas y políticas, se presenta como un terreno de confluencia y polémica de calidad para dar continuidad a este debate sobre democracia-participación, desconcentración de poder en la sociedad cubana y encauzar nuevas propuestas.
Me parece relevante y alentador que autores con diferencias irreconciliables o con propuestas difícilmente armonizables, aceptan “mostrarse juntos”, polemizar sin descalificar, entender al otro y sus argumentos, para oponer un argumento que se considera mejor, más elaborado de cara al contexto y la historia. Dialogar tiene verdadero sentido cuando se hace desde la diferencia y es precisamente el respeto por la diferencia lo que permite el diálogo. Practicado con consecuencia, es un ejercicio que exige oír lo que no queremos, concederle una razón al otro, imaginar una posible conexión empática, aceptar el conflicto y la necesidad de dilucidarlo públicamente. Leída de conjunto, la colección es una contribución al fin de la era “de ángeles y demonios” [2] y a la multicriterialidad: la elección de caminos es mucho más rica cuando se parte de un repertorio múltiple que no descalifica a priori lo diferente y permite ponderar los méritos e inconvenientes de cada propuesta, las consecuencias de elegir una ruta de cambio u otra, la responsabilidad moral por la decisión.
No es desdeñable la diversidad generacional. Junto a analistas de larga data y reconocida obra, se abre un espacio para el pensamiento joven (de 14 autores, 8 nacieron después de 1973). De igual modo, se opina desde dentro y fuera de Cuba. Así, el tiempo en que se ha vivido y las experiencias y lugares desde los cuales se mira y se siente el país nutren la multiplicidad de perspectivas críticas.
Lamento la ausencia de mujeres en el conjunto. Supongo que es un hecho fortuito, pero nos privó de oír (leer) las voces de mujeres que han producido una obra afín a estos temas y que, sin pretender legitimar una sociología del punto de vista femenino, me atrevo a decir que suelen aportar al río de ideas énfasis particulares (como llamar la atención sobre las asimetrías de género en la distribución de poder y recursos, la sociopolítica de la vida cotidiana, la democracia en los microespacios, la cultura de paz, entre otros).
Coincido con el diagnóstico que hace uno de los autores, sobre el fracaso del socialismo real y del capitalismo en la construcción de una democracia profunda y, a mi juicio, no se trata de un diagnóstico desalentador, sino de una buena noticia: se abre ante nosotros la exigencia histórica, que es a la vez una oportunidad, de innovar, de desmarcarnos de la fuerza de la inercia y de los modelos preestablecidos, del normativismo.
En lo que respecta al segundo tema que deseo destacar, el énfasis en el debate de cara a la praxis, se aprecia en las ciencias sociales cubanas un interés cada vez mayor por el compromiso de intervenir en la práctica, en la vida pública, con los riesgos que esto entraña, sin purismos, asumiendo el derecho de colocar su voz y sus propuestas y de debatir con políticos y con la sociedad sobre los rumbos necesarios y posibles de la sociedad cubana. La creación de foros de debate y blogs que abren oportunidades al intercambio y la polémica, el involucramiento en temas de la política social y relacionados con las desigualdades (muy especialmente en las inequidades raciales, de género y territoriales), en comisiones organizadas por las autoridades para asesorar la implementación de la reforma, en proyectos de desarrollo local, de capacitación y acompañamiento a las sociedades civiles y gobiernos municipales, por colocar solo algunos pocos ejemplos, son indicadores de este interés
Ello da cuenta de un proceso de autoconstitución del espacio académico como espacio de ciudadanía y de configuración de un sujeto intelectual público colectivo cubano [3] (en el que no solo se incluyen los y las que producen y viven en el país), en cuyo interior se amalgaman y tensionan el necesario pragmatismo económico con la imprescindible racionalidad ética, uno de cuyos signos más alentadores es la asunción de los valores como instrumentos para la definición de los problemas sociales relevantes y el conocimiento como acto de construcción de realidad comprometido con la transformación social [4].
Encuentro en Pierre Bourdieu y en Edward Said (que no pretendo imponer como referentes para todos) inspiraciones para el momento de compromiso que vivimos. Tomando sus reflexiones sobre el modelo de “intelectual colectivo” [5] y acerca del papel de los intelectuales en la esfera pública [6] respectivamente, me he armado una especie de decálogo que quiero compartir:
  1. La intervención pública de los intelectuales está simultáneamente regida por el compromiso y por la objetividad: debe fundamentar una política de intervención que observe las reglas del campo científico.
  2. Capacidad autocrítica como supuesto de partida para toda acción política.
  3. Superación de la “ceguera escolástica”: del revolucionarismo intelectual y de la radicalidad abstracta sin objeto directo y efecto visible.
  4. Contribución a la renovación política, a la producción colectiva de utopías realistas. Apoyo a grupos socialmente activos, portadores de nuevas utopías emancipadoras.
  5. Oponer al universalismo superficial -contenido en el dogma del cosmopolitismo de la globalización neoliberal, que preserva el orden existente- un nuevo internacionalismo, que supera la frontera entre el microcosmos académico y el mundo exterior.
  6. Aprovechar el potencial emancipador de las plataformas de comunicación disponibles para implicarse en discusiones con públicos cada vez más amplios y presentar puntos de vista alternativos.
  7. Intervenir desde una visión no lineal de la historia: asumir la ausencia de toda teleología utópica y contribuir a la invención de metas sobre la base de la hipótesis de una situación mejor a partir de hechos históricos y sociales conocidos.
  8. Discernir las posibilidades para la intervención activa, considerando que siempre es posible identificar dialécticamente un problema que no es exclusivo de un grupo, sino comprender que otros grupos tienen algo similar en juego y pueden trabajar en un proyecto común.
  9. Construir campos de coexistencia y no campos de batalla, como resultado del trabajo intelectual.
  10. Mantener un compromiso que sustente el imperativo teórico de oponerse a la acumulación de poder y capital, que demuestre la necesidad de redistribución de recursos y el valor intelectual de que la paz no puede existir sin igualdad.
Finalmente, y solo a manera de titulares y con el ánimo de alentar nuevos debates, me referiré a los peligros epistemológicos que me parece acechan a las tres posturas o, dicho de otra forma, a interrogantes que estas posiciones deberían considerar para mejorar sus propuestas hacia la sociedad cubana:
Concentrarse en las diferencias en detrimento de descubrir-construir afinidades y consensos posibles. Identificar las diferencias es un ejercicio imprescindible, polemizar, criticar, pero hay que entrenarse en las cercanías, aunque sean difíciles y aunque a primera vista parezca imposible encontrarlas o que tan solo pueden distinguirse afinidades superficiales, no muy útiles para la acción conjunta. Me explico: considero útil visibilizar aunque sea un primer nivel muy general de coincidencias, a sabiendas de que una vuelta de tuerca más develaría las diferencias ideológicas. Pero solo así se construye verdadero diálogo. Por ejemplo, de esta colección se extraen cuatro coincidencias de posible utilidad práctica para la ampliación de los márgenes democráticos: la visión compartida de que el rescate económico es necesario, pero insuficiente, y en cualquier caso debería estar atravesado por un criterio de justicia social y equidad; la soberanía nacional como elemento innegociable; la centralidad de una renovación de la ciudadanía y su ejercicio; la necesidad de un rediseño institucional de mayor cobertura para la participación popular directa en la toma de decisiones y como garantía de derechos, especialmente en lo que se refiere a instrumentos jurídicos. Cada una de estas afinidades en el qué, entraña un mundo de profundos disensos en el cómo, pero es un comienzo.
Repetir la elección dicotomizada en la realización de la justicia social. Los aportes de la experiencia vivida por Cuba (tanto los éxitos como los errores), puestos a la luz de la contemporaneidad, tienen la riqueza de permitirnos evadir respuestas que obligan a elegir entre dos caminos supuestamente excluyentes, que a veces intuyo en algunas posiciones encontradas que se recogen en esta colección, del tipo: pluripartidismo o partido único (como si la esfera política solo fuera la de los partidos); colectivismo o individualismo, derechos sociales o políticos, libertad individual o responsabilidad social (como si la realización de un valor impidiera inexorablemente la expresión del otro); mercado o estado, centralización o descentralización, políticas sociales universales o focalizadas (como si cada una de estas estructuras e instrumento no tuvieran ámbitos de aplicación y pertinencia propios). No estamos obligados a encontrar soluciones radicalmente excluyentes, ni caminos únicos, ni respuestas permanentes y eternas. Obviamente, estos pares expresan una relación conflictiva, no se resuelve de manera natural su coexistencia, pero dentro de esa dialéctica hay también complementariedad, combinaciones posibles que flexibilizan y amplían el repertorio de acción y su adaptación a circunstancias y contextos disímiles, que no se ajustan a recetas cerradas ni a soluciones definitivas.
Reproducir propuestas de nueva institucionalidad con un diseño vertical y jerárquico y que imagina la sociedad como conjunto estandarizado. La idea de una organización social con arriba y abajo, niveles centrales y de base, escalas de decisión, aun cuando se matice con mecanismos para “construir desde abajo”, generar dispositivos de intercambio entre los niveles de dirección, de control ciudadano de los resultados de las políticas y para dar mayor protagonismo a las bases (¿quién se lo da?, ¿es una concesión de quién?), reproduce de contrabando una institucionalidad con dispositivos de concentración de poder. Es difícil cambiar este modelo político y organizativo conocido y experimentado, donde el punto–momento y el sujeto de la decisión final es claro, y lanzarse a correr el riesgo de la horizontalidad, la deliberación, la agregación de demandas no por superioridad de niveles, sino por consensos y alianzas, pero los avances en la concepción de redes, en la organización y educación popular y las herramientas de gobierno electrónico, están abriendo caminos de articulación diferentes, que permiten una distribución de poder y de capacidad de disposición de recursos desconcentrada y donde eso que hasta hoy llamamos “las bases”, “el ciudadano de a pie”, “lo microcomunitario”, puede autorrepresentarse e intervenir en todo el proceso de gestión hasta la decisión final. Adicionalmente, y no menos relevante, es la necesidad de asumir un diseño de nueva institucionalidad democrática que no repita el error de tomar la sociedad como un todo homogéneo e ignorar las diferentes condiciones de partida y la asimétrica distribución de recursos de que disponen los diferentes grupos sociales (en Cuba especialmente debe considerarse las desventajas socioeconómicas y culturales asociadas a la racialidad, el género, los territorios y las comunidades). Eliminar tales asimetrías y ampliar márgenes democráticos supone una institucionalidad que genere, no oportunidades iguales para todos, que serían aprovechadas por los aventajados de siempre, sino que incorpore un criterio de acceso a bienes, servicios y toma de decisiones basado en un enfoque de políticas públicas de reparación de injusticias históricas y de carácter afirmativo hacia los grupos en desventaja.
Dictar normas y construir modelos completos inapelables. Dialogar y someterse a la polémica exige propuestas teóricas y prácticas que se construyen como sistemas abiertos, no como posturas definitivas y mucho menos como conjunto de normas, como modelo cerrado. Las ciencias sociales clásicas y precomplejas se han legitimado como un centro de poder basado en un conocimiento pretendidamente superior, al que debería subordinarse cualquier otro tipo de saber. Esta es una forma de autoritarismo que un conocimiento comprometido con la transformación social debe superar por la vía de la transdisciplina que conecta diferentes disciplinas con el conocimiento popular, la creación artística y otras formas de saber, y saber hacer.
Termino aquí mis comentarios y animo a la lectura.

Notas
[1] Originalmente este no fue un texto escrito, sino solo apuntes para ser dichos. A solicitud de Espacio Laical convierto, aprisa, los apuntes en párrafos hilados, más o menos coherentes. Me disculpo de antemano con los lectores y las lectoras posibles por la involuntariamente descuidada escritura y la insuficiente argumentación de afirmaciones que, en rigor, merecen una explicación más fina.
[2] Tomo esta idea de Fernando Martínez Heredia, quien, en una entrevista realizada por Julio César Guanche e Hilario Rosete, y refiriéndose a la conveniencia de conocer la obra de Jorge Mañach, señala la necesidad de “(…) combatir con el uso de nuestras mentes la funesta tendencia a imponer un mundo en blanco y negro, en el que se reparten premios y castigos, un mundo de ángeles y demonios”, en Guanche, J. C. 200. La imaginación contra la norma. Ocho enfoques sobre la República de 1902, Ed. La Memoria, La Habana, p. p.74-75. Creo que esta postura es válida no solo para el pasado, sino también para el debate de ideas en el presente.
[3] Quizás mejor decir reconfiguración, porque no se trata de un proceso nuevo, sino revitalizado, en el que lo diferente con respecto a momentos anteriores de la relación entre ciencias sociales y política, es (según mi apreciación) el tránsito desde la concentración en la reflexión crítica a la propuesta de política pública; un mayor protagonismo de los y las cientistas sociales jóvenes; una relación no tan formal con la institucionalidad establecida que anteriormente fue el vehículo exclusivo del diálogo pensamiento social- decisores; una mayor preocupación por incluir a la sociedad civil en los debates y mayores vínculos entre ciencias sociales y otras zonas de la producción de ideas (el arte, la literatura, el activismo social).
[4] Esta postura acerca del conocimiento como acto de construcción de realidad comprometido con la transformación social la argumenta Hugo Zemelman en “Conocimiento y conciencia. Verdad y elección” en Osorio, J. y Westein, L. (editores) El corazón del Arco Iris: Lecturas sobre Nuevos Paradigmas en Educación y Desarrollo, CEAAL, Santiago de Chile, 1993
[5] Ver Bourdieu, P. 2003 “La internacional de los intelectuales: la ciencia como profesión, la política como compromiso: por una nueva división del trabajo político”, en Criterios, La Habana. No. 34, pp. 161-166.
[6] Said, E. 2003 “El papel público de los escritores y los intelectuales”, en Criterios, Idem, pp. 161-166.
Publicado por cortesía de Espacio Laical

domingo, 11 de noviembre de 2012

¿Por qué la economía mundial no se recupera? Un mundo sin el Minotauro Global

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Yanis Varoufakis, Sin Permiso

Han pasado dos años desde que se escribió la primera edición de El Minotauro Global. El pronóstico hecho allí no auguraba nada bueno para la bestia. ¿Ha confirmado lo ocurrido desde entonces que las heridas del Minotauro Global eran demasiado profundas como para permitirle seguir con su milagroso reciclaje del excedente global? ¿Sigue siendo esa la mejor explicación disponible para entender por qué la economía norteamericana, la europea y aun el conjunto de la economía mundial se tambalean? ¿Para entender por qué la inseguridad generalizada se ha convertido en la "nueva normalidad"? Esas son las cuestiones que me planteo en la segunda edición del libro.

Para ser digna de una estimación seria, una teoría sobre lo que funcionó mal en la economía global no sólo debe ofrecer una explicación lógica del pasado; está también obligada a describir los desarrollos futuros que podrían refutarla. A la vista de lo ocurrido durante estos dos últimos años, ¿pasa la prueba el argumento central de este libro? Antes de responder a esta cuestión, será útil reformular con claridad (y con ayuda de un diagrama) la "Hipótesis del Minotauro Global" que subyace al libro. Tras recordar al lector la hipótesis, pasaremos revista a una serie de "hechos" que habrían refutado la hipótesis, caso de suceder. Como espero mostrar luego, el sentido explicativo originario, la Hipótesis del Minotauro Global, sobrevive muy bien a la prueba de refutación. Y al pasar esa prueba, arroja una útil luz sobre los debates políticos actuales en el drama que se desarrolla ante nuestros ojos por tres vías paralelas: Norteamérica, Europa, China.

La Hipótesis del Minotauro Global: un sumario


A partir de los años 70 los EEUU comenzaron a absorber una gran porción del excedente de productos industriales del resto del mundo. Las importaciones netas norteamericanas eran, naturalmente, las exportaciones netas de países excedentarios como Alemania, Japón y China; su principal fuente de demanda. A su vez, los beneficios obtenidos por los empresarios de las naciones excedentarias regresaban diariamente a Wall Street en busca de mayores retornos. Wall Street, entonces, se servía de esos aflujos de capital extranjero para tres cosas: a) proporcionar crédito a los consumidores norteamericanos; b) invertir directamente en las grandes corporaciones empresariales norteamericanas; y por supuesto, c) comprar bonos del Tesoro estadounidense (es decir, financiar los déficits del gobierno norteamericano).

Central en este Mecanismo de Reciclaje del Exdedente Global al que he llamado Minotauro Global eran los dos déficits gargantuescos de los EEUU: el déficit comercial y el déficit presupuestario del gobierno federal. Sin ellos, sostenía en mi libro, el flujo circular global de bienes y capital (véase, más abajo, el diagrama) no habría "cerrado", lo que habría traído consigo la desestabilización de la economía global.

Este sistema de reciclaje quebró, porque Wall Street se aprovechó de su posición central en él para construir colosales pirámides de dinero privado a partir de los beneficios netos que afluían a los EEUU procedentes del resto del mundo. El proceso de creación de dinero privado por parte de los bancos de Wall Street, también conocido como financiarización, inyectó mucha energía en el esquema de reciclaje, en la medida en que rezumaba vitalidad financiera permanentemente renovada, lo que alimentaba un nivel de demanda más y más acelerado en los EEUU, en Europa (cuyos bancos no tardaron en subirse al carro de la creación privada de dinero) y Asia. Pero eso fue lo que trajo consigo su quiebra.

DIAGRAMA:

Cuando, en otoño de 2008, las pirámides de dinero privado erigidas por Wall Street se autoconsumieron convirtiéndose en ceniza, se desvaneció también la capacidad de Wall Street para seguir "cerrando" el círculo del reciclaje global. El sector bancario norteamericano ya no podía seguir utilizando los dos déficits gemelos de los EEUU (comercial y presupuestario), a fin de financiar una demanda norteamericana suficiente para mantener a flote las exportaciones netas del resto del mundo (un proceso de financiación que, hasta el otoño de 2008, aprovechaba los beneficios excedentarios del resto del mundo generados por esas exportaciones netas). A partir de ese negro momento, la resultaría imposible a la economía mundial recuperar posición: y no podrá hacerlo en lo venidero, sin un Mecanismo de Reciclaje del Excedente Global (MREG) que venga a reemplazar al Minotauro Global herido de muerte.

Tal era, en substancia, la hipótesis central de la primera edición del libro. ¿Pasó la prueba de la historia?

El Minotauro ha muerto, ¡larga vida a los déficits norteamericanos!


Si la economía global hubiera conseguido hacer pie y recuperar posición sin algún MREG que viniera a reemplazar al Minotauro, no habría habido segunda edición de este libro; habrían bastado unas disculpas por haber publicado la primera. Análogamente, si la Eurozona se hubiera recuperado mínimamente cabalgando a lomos de sus drásticas políticas de austeridad, o si China hubiera descubierto alguna fuerza interna con que frenar la declinante tasa de consumo de su población, el pilar central del libro habría quedado irremediablemente arruinado. Desgraciadamente, nada de eso ha ocurrido: el mundo sigue su travesía por las aguas sin cartografiar de un renegrido océano inclementemente azotado por los malignos vientos del terror y el pavor.

Huelga decirlo: el hecho de que los aires de la recuperación no nos hayan bendecido no prueba que la Hipótesis del Minotauro Global sea correcta. Para llegar a la conclusión de que los dos últimos años han mantenido esa hipótesis con vida haciéndola potencialmente iluminadora, necesitamos formular cuidadosamente con cierto detalle sus predicciones y compararlas con los hechos sucedidos. Comencemos, pues: ¿qué tendríamos que haber observado en los dos últimos años para poder concluir que la Hipótesis del Minotauro Global era falsa?

Supongamos que, a pesar de la Crisis, los déficits norteamericanos siguieran siendo altos, pero siguieran absorbiendo las exportaciones netas de bienes y capital procedente del resto del mundo, y a un ritmo no demasiado distinto del de la era anterior a 2008. Si eso es lo que observáramos en 2009 y luego, entonces la Hipótesis del Minotauro Global habría sido refutada: porque sería imposible sostener a) que el Minotauro Global está liquidado, y b) que los estropicios de la economía mundial son atribuibles a los achaques de la bestia.

Bien, pues vayamos a los hechos. La primera observación digna de nota es que los déficits gemelos de Norteamérica siguen vivitos y coleando. En el momento culminante del reinado de Minotauro, en 2005, el gobierno federal de los EEUU reveló un déficit de 574 mil millones de dólares. Ese mismo año, los consumidores y las empresas norteamericanos absorbieron la imponente cantidad de 781 mil millones de importaciones netas procedentes del resto del mundo. Casi el 70% de los beneficios realizados por los productores no norteamericanos de esos bienes regresaron a Wall Street. Una vez en manos de los banqueros, eran turbocargados (a través de la llamada "ingeniería financiera") y, por esa vía, usados para financiar los déficits de EEUU, destinándose los remanentes a exportación de restantes a las cuatro esquinas del globo (en donde contribuían a hinchar distintas burbujas).

Tras la catástrofe de 2008, los déficits de Norteamérica divergieron enormemente. Puesto que todos los tipos de ingresos (del trabajo, del capital y de las rentas) colapsaron y los valores de los activos cayeron a ras de suelo, puesto que se dispararon los desahucios y subió desorbitadamente el desempleo, resultaba inevitable que los norteamericanos redujeran drásticamente su consumo de bienes importados. En efecto, en 2009, el déficit comercial cayó de 281 mil millones en 2005 a 506 mil millones de dólares. Sin embargo, en el mismo año, el déficit federal estadounidense se disparó (de 574 mil millones en 2005) hasta 1,4 billones de dólares, resultado del intento del gobierno de sostener Wall Street sin dejar de estimular Main Street [la economía productiva real; T.]. Hacia 2011, el déficit comercial había recuperado, sobre poco más o menos, su nivel de 2005 (llegando a 738 mil millones], mientras que el déficit presupuestario se estabilizó en la marca históricamente ciclópea de 1,228 billones de dólares.

Dado que la Crisis no mermó los déficits norteamericanos (más bien disparó su suma), la cuestión pertinente es esta: ¿lograron los EEUU post-2008 seguir reciclando los excedentes de bienes y beneficios de terceros a un ritmo que, comparado con el anterior a 2008, resultara necesario para mantener boyante la demanda total mundial de bienes producidos? La respuesta que salta a la vista en las estadísticas oficiales es inequívocamente negativa. En suma: los hechos confirman la hipótesis de que el Minotauro Global ha fallecido. Dos tipos de datos lo confirman.

Primero, Norteamérica ha perdido su capaciadd para reciclar las exportaciones netas del resto del mundo a un ritmo equivalente al anterior a 2008. Más precisamente, en 2011 Norteamérica generaba una demanda de las exportaciones netas del resto del mundo un 23,7% menor de lo que habría sido el caso sin el desplome de 2008. (Véase la Figura 1, en donde resulta evidente que en 2011 los EEUU absorbían casi un 24% menos de las exportaciones netas de los principales exportadores en relación con el valor de la tendencia subyacente.)

FIGURA 1:

Segundo, y simultáneamente: Norteamérica no conseguía atraer (a través de Wall Street) el nivel de flujos de capital necesarios para mantener el ritmo pre-2008 de inversión en su sector privado. En particular, hacia 2011, los EEUU habrían perdido el 28,6% de los activos en manos de tenedores extranjeros en relación con el nivel (tendencial) que se habría alcanzado de no haber ocurrido el desplome de 2008 (véase la Figura 2).

FIGURA 2:

Además, y esto es crucial, los flujos netos de capital exterior que terminaban como préstamos a empresas norteamericanas cayeron drásticamente, desde una cifra en torno a los 500 mil millones de dólares en 2006, hasta los 50 mil millones de 2001 (véase Figura 3).

FIGURA 3:

Así pues, en resolución, tenemos ante nuestros ojos una imagen inequívocamente clara: la Crisis no alteró la posición deficitaria de los EEUU. El déficit presupuestario federal se multiplicó por dos, mientras que el déficit comercial norteamericano, tras una caída inicial, se estabilizó al mismo nivel. Sin embargo, los déficits de los EEUU ya no son capaces de sostener el mecanismo que mantiene equilibrados a escala planetaria los flujos de bienes y beneficios. Mientras que, hasta 2008, Norteamérica era capaz de atraer al país montañas de bienes e importaciones netas y un similar volumen de flujos de capital (de modo que ambas cosas se equilibraban), eso ya no ocurre después de 2008. Los mercados norteamericanos absorben un 24% menos de importaciones netas (con lo que sólo generan un 66% de la demanda a la que el resto del mundo se acostumbró antes del desplome de 2008) y atraen hacia el sector privado norteamericano un 29% menos de capital de lo que atraerían, si Wall Street no hubiera colapsado en 2008.

En suma: el único remanente del poderoso Minotauro Global son los flujos –todavía en aceleración— de capital exterior hacia la deuda pública norteamericana (véase la Figura 4), prueba inconfundible de que el mundo anda revuelto y el dinero busca desesperadamente refugio en el regazo de la moneda de reserva en estos tiempos convulsos.

FIGURA 4:

Pero en la medida en que el resto del mundo está reduciendo sus inyecciones de capital en el sector empresarial y en los bienes raíces norteamericanos, al tiempo que Norteamérica está reduciendo sus importaciones de sus exportaciones netas, podemos estar seguros de que la bestia está muerta y nada ha ocupado su lugar en punto a capacidad para reinstaurar el esencial proceso del reciclaje de excedente. De aquí la desconsolada llantina: El Minotauro ha muerto, ¡larga vida a los déficits norteamericanos!

sábado, 10 de noviembre de 2012

El nuevo Windows Phone trae agradables sorpresas

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Como si no fuera suficiente una nueva versión de Windows y la primera computadora de marca propia, Microsoft presentó hace poco Windows Phone 8, una versión revisada de su sistema operativo para celulares.
Windows Phone, que fue lanzado hace dos años, fue el adelanto de cómo el sistema táctil de Windows 8 luciría en las computadoras personales. En lugar de íconos estáticos que representan aplicaciones o programas, tanto Windows Phone como Windows 8 usan lo que Microsoft llama "Live Tiles", algo así como "mosaicos vivos". Se trata de íconos que se transforman para mostrar actualizaciones automáticas de su actividad en línea.
Una gran queja inicial acerca de Windows Phone era que sus Live Tiles no eran realmente vivos. Algunos íconos cambiaban para mostrar información diferente, pero no todos y no todo el tiempo. Algunos de los datos no resultaban muy informativos ni útiles. Además de eso, los mosaicos estaban apilados unos sobre otros en la pantalla de inicio, obligando al usuario a desplazarse por una enorme lista de mosaicos para hallar lo que buscaba.
image
Probé Windows 8 por una semana y puedo decir que los mosaicos de esta versión son más "vivos" que en el pasado. La pantalla de inicio, donde aparecen estos pequeños cuadrados, se ha rediseñado para mostrar más, de izquierda a derecha. Y los mosaicos pueden hacerse más pequeños, permitiendo a los usuarios ver más con menos desplazamiento.
El único problema: los pequeños Live Tiles no pueden mostrar tanta información como los medianos o grandes, y algunas versiones de mosaicos pequeños no son para nada vivos.
En general, usar Windows Phone 8 es un placer. Lo probé con el 8X de HTC, un teléfono inteligente elegante y con estilo. Me gustó especialmente usar las aplicaciones, muchas de las cuales están diseñadas para imitar la apariencia general del software de Windows Phone, mostrando menús y funciones adicionales a medida que uno se desplaza horizontalmente.
Utilicé las aplicaciones Kindle, Facebook, FB -3.90%Twitter, ESPN ScoreCenter y otras más incluidas varias de noticias como the Guardian, BBC News y USA Today. Aunque sólo hay 120.000 aplicaciones en la tienda de Windows Phone Store, frente a las más de 700.000 en las de Apple y Google, GOOG +1.65%estas versiones se veían elegantes y refrescantemente diferentes.
Una nueva función de Windows Phone 8, llamada Rincón infantil, permite a los padres prestarle su teléfono a sus hijos sin temor a que el niño envíe accidentalmente 200 e-mails. Rincón infantil se inicia con un desplazamiento de derecha a izquierda desde la pantalla de bloqueo del teléfono, para activar juegos, videos, música o aplicaciones que los padres han marcado como accesibles para el niño. Si el niño presiona el botón de encendido, el teléfono vuelve a su pantalla de bloqueo, que puede ser protegida con una clave.
Esta versión de Windows Phone cuenta también con la función Salas, que puede ser configurada para compartir en privado con determinados grupos de amigos calendarios, notas, chats y fotos.
Algunas de las funciones y aplicaciones tienen cualidades extrañas. Cuando abrí Hub de contactos y leí la última actualización de estatus de mi hermana en Facebook, no podía ver los nombres de las personas que le habían dado "Me gusta". En Twitter, opté por recibir una notificación cuando alguien retuiteaba mis tuits, pero sólo aparecían en las notificaciones en la parte superior de la pantalla de mi teléfono, y no en la aplicación de Twitter.
La duración de la batería en el teléfono que hice la prueba, el 8X de HTC, fue realmente buena. No utilicé el teléfono para hacer llamadas o enviar textos, dado que estaba probando una versión de 8X que no tiene tarjeta SIM, así que eso afectó mis resultados. Pero incluso después de tocar la pantalla de 4,3 pulgadas y usar Wi-Fi todo el día —revisando el e-mail, navegando por la web, tomando fotos y jugando con las aplicaciones—, aún tenía un cuarto de mi batería hacia la medianoche.
Windows Phone 8 anima a que uno utilice sus herramientas de personalización. Por ejemplo, una pantalla decía: "Utilice las fotos de Facebook en su pantalla de bloqueo", y toqué para configurarlo. A partir de entonces, diferentes fotos de Facebook aparecían en mi pantalla de bloqueo, lo que resultaba una grata sorpresa.
La interfaz de Windows 8 combina buen aspecto, características funcionales y un nuevo y sexy hardware que convierten un teléfono inteligente en un ganador

¿Está China haciendo trampa?

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Joseph E. Stiglitz

Joseph E. Stiglitz, a Nobel laureate in economics and University Professor at Columbia University, was Chairman of President Bill Clinton’s Council of Economic Advisers and served as Senior Vice Pr…

Portrait of Joseph E. Stiglitz ¡Trampa! De otra manera, dicen los EU, ¿cómo podría China ofrecer precios más bajos que los productores estadounidenses en tantos sectores?

Durante décadas, Estados Unidos parecía dominar las manufacturas, así que los funcionarios de ese país se concentraron en liberalizar el comercio de bienes manufacturados. Hicieron pocos esfuerzos a fin de nivelar las condiciones para los granjeros, pues sabían que Estados Unidos no podía competir en agricultura.
Ahora, China le está ganando la competencia a todo el mundo, y está acumulando enormes superávits comerciales con los EU. Por ello, el Secretario del Tesoro de Estados Unidos acusa a China de mantener bajo su tipo de cambio de manera deliberada y pide que deje que las fuerzas del mercado determinen el valor del reminbi. El economista en jefe saliente del FMI, Ken Rogoff, advierte que los superávits ponen en riesgo la estabilidad global.
Para quienes recuerdan la crisis en el Este de Asia de hace cinco años, gran parte de esto parece ir en contra de lo que se decía entonces. A China se le instó a no poner a flotar su moneda. Hasta que el peso argentino implotó, las tasas de cambio fijas eran aceptables. La Tesorería de los EU aplaudía la intervención de los gobiernos en los mercados de divisas, y alentaba al FMI a apoyar dichas intervenciones con préstamos de miles de millones de dólares a países en crisis. Si China hubiera dejado que su divisa flotara en ese entonces, su valor se habría depreciado, y habría acentuado la crisis.
Se le advirtió a los países que evitaran los déficits comerciales y que aumentaran sus reservas, ya que constituye la primera línea de defensa. Los países del Este de Asia siguieron esos consejos porque tenían buenos motivos para hacerlo: habían visto las consecuencias de una falta de reservas.
Los gobiernos del Este de Asia sabían entonces que las políticas del FMI agravarían sus desaceleraciones económicas, pero fueron incapaces de resistirse a ellas. El FMI tenía el dinero que necesitaban. China y Malasia, lo suficientemente afortunadas para no tener que recurrir al FMI, o lo suficientemente valientes para emprender su propio camino, hicieron lo que dicen lo libros de texto que había que hacer: siguieron políticas monetarias y fiscales expansivas. La economía de China siguió creciendo al 7%. Malasia tuvo la desaceleración económica más corta y menos profunda.
Para entender lo que está en juego, hay que explicar unos cuantos elementos económicos básicos. Primero, el comercio internacional se basa en el principio de las ventajas comparativas: los países exportan bienes en los que tienen una ventaja relativa e importan bienes en los que tienen una desventaja relativa. Con mucho, Estados Unidos tiene actualmente una desventaja relativa en las manufacturas, mientras que China tiene una ventaja relativa. China debe exportar bienes manufacturados a los EU.
Segundo, si un país invierte más de los que ahorra, va a tener que pedir prestado, y lo malo de eso son los déficits comerciales. El creciente déficit comercial de Estados Unidos es resultado de la inaudita mala administración del gobierno de Bush. Los recortes a los impuestos, que Estados Unidos no se podía dar el lujo de aplicar, convirtieron un enorme superávit fiscal en un gigantesco déficit. En lugar de ahorrar, Estados Unidos está pidiendo préstamos, muchos de ellos en el extranjero. A eso, y no a la política de tipo de cambio de China, es a lo que hay que achacarle la culpa.
De hecho, el superávit comercial total de China es en realidad pequeño, de alrededor del 1% de su PIB. Por supuesto, la administración Bush quiere echarle la culpa, pero ni China ni nadie más debe dejarse engañar. Esto recuerda lo que sucedió hace veinte años, cuando el presidente Reagan urdió enormes recortes a los impuestos que supuestamente se pagarían solos, pero que generaron grandes déficits fiscales que, a su vez, condujeron a déficits comerciales importantes. En esa época se culpó a Japón.
La dura realidad es que ni el FMI ni la administración Bush creen realmente en los mercados libres. Interfieren con ellos cuando les conviene. La administración Bush apoyó rescates para las aerolíneas, subsidios sin precedentes para la agricultura y protección tarifaria para el acero.
El FMI tiene razón: hay un riesgo real de inestabilidad global, pero la causa subyacente son los enormes préstamos del extranjero a los EU, que comenzaron bajo el presidente Reagan. Esto convirtió a los EU en un gran deudor. Si algún día los acreedores deciden que quieren conservar menos dólares, ello podría desencadenar importantes movimientos en los tipos de cambio, lo que generaría inestabilidad global.
¿Por qué el FMI no ha condenado con severidad esos déficits? ¿Por qué los países más ricos del mundo pueden vivir con más de lo que tienen mientras que el FMI regaña a los países más pobres por transgresiones menores?
El problema se complica por el sistema global de reservas, en el que la mayoría de los países demandan dólares para enterrarlos. El sistema exige que el país con la divisa de reserva (los EU) sea un gran deudor, hasta el punto en que otros pierden la confianza. Pero para resolver los problemas de fondo del sistema financiero global, necesitamos ir más allá de la autocomplacencia que ha caracterizado desde hace mucho al G-7 y del unilateralismo que define a la actual administración de los EU.
China tuvo razón al ignorar las exigencias de Estados Unidos. Poner a flotar el tipo de cambio habría expuesto al país a inestabilidades que habrían conducido a una serie de problemas adicionales, sobre todo en su delicado sistema bancario. Una tasa de cambio más elevada debilitaría la creación de empleos y contribuiría a la deflación, que China está combatiendo con éxito.
China es afortunada al tener la libertad para aplicar sus propios puntos de vista. Sus enormes reservas extranjeras le permiten ignorar al FMI y a la Tesorería de los EU. A fin de cuentas, esta podría ser la razón más convincente por la que China debe seguir acumulando superávits comerciales. Una vez más, China ha demostrado su dominio de los principios económicos básicos. Otros en la región desearían haber actuado en forma similar.

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