"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

miércoles, 27 de mayo de 2026

Los medios de comunicación van a la guerra



Los medios van a la guerra, la preparan, la justifican y se la venden a su público. Medios cómplices, confabulados con el gran capital en contra de los pueblos.


Por José Ernesto Nováez Guerrero, Al Mayadeen

La guerra es un negocio muy lucrativo para algunos, incluyendo los grandes medios de comunicación. Sumamente famosa es la anécdota del magnate y padre de la prensa amarillista, William Randolph Hearst, el cual ante las quejas de su corresponsal en Cuba durante la Guerra Hispano-cubana de 1895-1895, respondió con un sucinto cable que decía: “Usted ponga las fotos que yo pongo la guerra”. Hearst quería que Estados Unidos interviniera en la guerra contra una muy debilitada España y asegurara el control de Cuba y otras posesiones estratégicas en el Caribe y el Pacífico. Adicionalmente, las noticias sobre la guerra vendían muchos periódicos.

Desde los orígenes del modelo mediático corporativo en Estados Unidos, los medios son una prolongación de la agenda imperialista del país. Históricamente su influencia ha sido usada para manufacturar el consenso en torno a guerras, invasiones y bombardeos. Ellos han fabricado y normalizado la imagen de Estados Unidos como “policía global”, con la potestad de intervenir en cualquier parte en cualquier momento, aunque siempre “en defensa de la democracia”, desde luego. Los medios dan la justificación moral al imperio y también la justificación material imprescindible para sus acciones.

En estos días de hostilidad recrudecida contra Cuba, cuando el cerco económico, militar y político parece estarse cerrando sobre la isla y la posibilidad cada vez más real de una agresión se dibuja en el horizonte cercano, los medios corporativos están jugando el mismo papel que han desempeñado históricamente: alentar el conflicto, falsear la realidad del adversario y justificar el imperio. En este contexto, puede resultar útil apuntar y someter a crítica algunas de sus narrativas contra la isla.

"Cuba es un estado fallido”

Muchos de estos medios en sus visiones sobre Cuba minimizan o desconocen el impacto real sobre la economía de un país pequeño como Cuba de décadas de bloqueo, recrudecido con saña desde la anterior administración Trump y particularmente en este segundo período con las Órdenes Ejecutivas del 29 de enero y el 1ro de mayo de 2026, las cuales han detenido totalmente el suministro de combustible externo a la isla y llevado a que varias empresas con una relación de larga data comiencen a retirarse del país por miedo a nuevas sanciones. En lugar de esto, el foco de esta narrativa es presentar la agobiante situación material por la cual atraviesa la isla como resultado únicamente de la ineficiencia del sistema comunista.

Se invisibilizan las acciones que está tomando el gobierno cubano para evitar, precisamente, el colapso de la sociedad. Desde la acelerada reconversión de la matriz de generación energética, pasando en apenas un año de generar solo el 3 por ciento de la energía con base solar a más de un 10 por ciento en la actualidad, hasta un mejor aprovechamiento de los limitados recursos naturales del país y medidas que permitan un mínimo de funcionamiento de los servicios básicos.

El ataque, tergiversación y caricaturización de los líderes cubanos forma parte de esta estrategia. El objetivo final es presentar todo el dolor del pueblo cubano como responsabilidad exclusiva de un gobierno ineficiente. En última instancia, el pueblo merece sufrir así por haber decidido apoyar un proyecto nacional contrario a los intereses de Estados Unidos.

“Cuba es una amenaza para Estados Unidos”

Al mismo tiempo que un “estado fallido”, Cuba es presentada como una grave amenaza a la seguridad nacional del gigante vecino norteño. Para demostrar cuán peligrosa es la isla, los medios corporativos no han dudado en apelar a todos los recursos en su arsenal. Se han reiterado viejas excusas, como las supuestas bases espías rusas y chinas en la isla, aunque ningún medio presenta la menor prueba al respecto. Se ha afirmado que Cuba forma parte de un entramado narcocriminal en la región y que usa precisamente el tráfico de drogas como arma contra los Estados Unidos.

El medio Axios, en una de las más creativas salidas de estos días, publicaba un artículo sensacionalista afirmando que la isla cuenta con “más de 300 drones de combate” y que planea usarlos contra la Base Naval de Guantánamo, la Base de Key West y embarcaciones norteamericanas. Las únicas pruebas de esto son supuestas “filtraciones” de fuentes de inteligencia norteamericanas. Los drones, para mayor peligro, son de origen ruso e iraní y Cuba ha estado recibiendo entrenamiento iraní en este tema.

Estas narrativas sirven para poner en un mismo saco a todos los enemigos de Estados Unidos, configurando en sus lectores la imagen de un “eje del mal” cuyos tentáculos se articulan en todas partes contra la “ciudad en la colina”, por usar la imagen reaganiana de Estados Unidos. Faltan en todas estas narrativas pruebas. Vistas incluso desde el punto de vista lógico no se sostienen. Pero al igual que otras muchas excusas fabricadas para agresiones del pasado, como las armas de destrucción masivas en Iraq o el Cartel de los Soles en Venezuela, basta con repetirlas hasta el cansancio para que una parte de la sociedad norteamericana crea en ellas y las élites las puedan invocar como justificación de sus acciones.

“La Revolución ya ha muerto”

Esta narrativa apunta a vaciar por completo de sentido la actual resistencia del pueblo cubano. Tampoco es nueva. Esta visión se hizo muy fuerte en espacios de ideología centrista durante los años de Obama y ahora ha vuelto a resurgir con mucha fuerza. La esencia es presentar la difícil situación material del país como prueba irrefutable del fin de la Revolución. Esta perspectiva desconoce los poderosos determinantes externos de la situación económica en el país y las conquistas que aún persisten y se han protegido con los escasos recursos disponibles. Desconoce las numerosas políticas de inclusión y derechos populares ganados en estos años.

Al pretender vaciar de sentido el proyecto, vacían de sentido también la defensa de la Patria y la soberanía. Así, presentan como provocaciones a los Estados Unidos afirmaciones tan elementales como la declaración de la voluntad de defendernos si somos agredidos o la reafirmación de nuestra soberanía exclusiva sobre nuestro espacio aéreo.

La mayor refutación de esta narrativa del fin de la Revolución la da el apoyo masivo del pueblo cubano. Apoyo que se ha reafirmado en numerosas oportunidades desde el 3 de enero de 2026. El pueblo acudió masivamente a despedir a los 32 combatientes cubanos caídos en Venezuela, asistió al acto en homenaje de estos héroes, asistió multitudinariamente a las celebraciones por el primero de mayo y al acto en apoyo al General de Ejército luego de la farsa del proceso judicial iniciado en su contra. Un pueblo que no crea en un proyecto no sale a las calles a defenderlo. Y si un pueblo cree en su proyecto ese proyecto está vivo, aunque los medios corporativos insistan en enterrarlo.

Por supuesto, estos apuntes no agotan la pluralidad de narrativas mediáticas contra Cuba. Pero sirven como un buen botón de muestra de cómo los medios van a la guerra, la preparan, la justifican y se la venden a su público. Medios cómplices, confabulados con el gran capital en contra de los pueblos.

domingo, 24 de mayo de 2026

Las avionetas de Castro, las lanchas de Trump y una repugnante doble vara de medir

 


Por Juan Torres, Catedrático español

Publicado en La Voz del Sur el 22 de mayo de 2026


El pasado 20 de mayo, el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó cargos contra Raúl Castro por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996. Una fecha, el día en que se conmemora la independencia de Cuba y cuando se está hablando de una intervención inminente en la isla, que cuesta creer que se eligiera por casualidad.

No voy a defender a Castro. Él mismo reconoció haber dado la orden del ataque que provocó la muerte de cuatro civiles, según todos los indicios, sobre aguas internacionales. Lo que quiero señalar en este artículo es que quien acusa también ha matado; a muchas más personas, con mayor impunidad y con menos pruebas que pudieran justificarlo.

Insisto, no trato de absolver a Castro. Simplemente me limito a poner de manifiesto que la acusación que ahora hace Estados Unidos no es un acto de justicia, sino político. Y convertir a la justicia en acción política es la forma más efectiva de desnaturalizarla y destruirla.

Lo que pasó y lo que no con las avionetas

El 24 de febrero de 1996, tres avionetas Cessna de la organización Hermanos al Rescate despegaron desde Florida, supuestamente, con su misión habitual de búsqueda de balseros cubanos sobre el mar. Alrededor de las 15,30 horas dos de las tres avionetas fueron derribadas por cazas cubanos, muriendo cuatro personas, como he dicho.

Cuba argumentó entonces, y sigue argumentando, que las avionetas habían violado su espacio aéreo y que actuó en legítima defensa. Sin embargo, la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) determinó que los dos aviones fueron derribados entre nueve y diez millas náuticas fuera del espacio aéreo territorial cubano, y que Cuba no intentó comunicarse por radio con ellas antes de abrir fuego. Todo indicó que la orden de derribo fue dada por Raúl Castro, entonces ministro de las Fuerzas Armadas, pero también que nada de esto ocurrió en el vacío.

Cuba llevaba meses denunciando ante el Departamento de Estado y la OACI las constantes incursiones de estas avionetas en su espacio aéreo (más de veinticinco entre 1994 y 1996). Nadie actuó y las advertencias quedaron sin respuesta. Desde luego, esto no justifica el derribo de civiles desarmados en espacio internacional, pero forma parte de los hechos que debieran tenerse en cuenta.

Lo que ha ocurrido ahora con las lanchas

A partir del 2 de septiembre de 2025, la administración Trump inició una campaña de ataques militares contra embarcaciones en aguas internacionales del Caribe y el Pacífico oriental argumentando que hacía frente al narcotráfico.

Según el seguimiento realizado por The New York Times, hasta el 20 de mayo de 2026 se habían llevado a cabo 57 ataques que han producido 193 muertes.

En ninguno de esos de esos ataques se han presentado pruebas de la presencia de drogas o armas a bordo. Incluso exfuncionarios antinarcóticos de Estados Unidos han señalado que las lanchas de los traficantes suelen llevar dos o tres personas y no once, para optimizar el espacio de la carga. Por esas razones, entre otras, diversas organizaciones internacionales, como Human Rights Watch, han calificado esos ataques de ejecuciones extrajudiciales ilegales, según lo establecido en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, ratificado por Estados Unidos. Y diversos juristas han puesto igualmente de relieve que los ataques son ilegales según la propia legislación de ese país.

Los antecedentes de Estados Unidos

Las ejecuciones ilegales ordenadas por Trump no son las primeras que lleva a cabo Estados Unidos.

El 3 de julio de 1988, un crucero lanzamisiles estadounidense derribó un avión comercial de Iran Air en aguas territoriales iraníes. En él viajaban 274 pasajeros y 16 tripulantes, entre ellos 66 niños. El avión estaba claramente identificado como aeronave civil y volaba dentro de un corredor aéreo internacional comercial como tal. Estados Unidos no pidió disculpas. El vicepresidente George H. W. Bush declaró ante el Consejo de Seguridad de la ONU que su país no tenía nada de que arrepentirse y que nunca lo haría. El comandante del buque que derribó el avión de pasajeros no sólo no fue procesado por ello, sino que incluso recibió una medalla.

El 7 de mayo de 1999, aviones estadounidenses lanzaron cinco bombas de precisión sobre la embajada de China en Belgrado. Murieron tres periodistas chinos y veinte personas resultaron heridas. Como explicación oficial se dijo que fue un error, algo que China no creyó entonces y que todavía hoy se cuestiona.

A partir de 2001, Estados Unidos desarrolló un programa sistemático de ataques con drones sobre objetivos civiles en Pakistán, Yemen, Somalia y Libia. En todos los casos, sin que existiera una guerra formalmente declarada.

Desde que Obama asumió el poder, el 20 de enero de 2009, hasta que lo dejó, el 31 de diciembre de 2015, hubo 473 ataques selectivos "fuera de áreas con hostilidades activas". Todos ellos provocaron entre 2.372 y 2.581 muertes de "combatientes" y entre 64 y 116 muertes de "no combatientes", definidos por la inteligencia estadounidense como "individuos que no pueden ser el objetivo de ataques bajo la ley internacional". Sin embargo, la organización New America Foundation calcula que los drones estadounidenses mataron a unos 250 civiles en ese periodo, la Oficina de Periodismo de Investigación estimó que hasta 358 civiles murieron en esas operaciones y otras investigaciones elevan la cifra de bajas a cerca de 1.000 (Fuente de los datos aquí).

El 3 de octubre de 2015, un avión de combate de la Fuerza Aérea estadounidense bombardeó el hospital de Médicos Sin Fronteras (MsF) en Kunduz (Afganistán). Durante casi media hora, el edificio principal del hospital -que albergaba la unidad de cuidados intensivos, las salas de emergencia, el laboratorio, los rayos X, el departamento de pacientes ambulatorios, la sala de salud mental y fisioterapia- fue golpeado con precisión y repetidamente. Murieron 24 pacientes, 14 empleados de la organización y 4 cuidadores de pacientes. Según Médicos Sin Fronteras el ataque se produjo a pesar de que se habían compartido las coordenadas GPS del hospital con el Departamento de Defensa de Estados Unidos, el Ministerio del Interior y Defensa afgano y el Ejército de Estados Unidos en Kabul. A pesar de esto último, Estados Unidos afirmó que se trató de un error y ni un solo militar fue procesado.

El 3 de enero de 2020, un dron estadounidense mató en Bagdad al general iraní Qasem Soleimani, comandante de la Guardia de la Revolución. La relatora especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, Agnès Callamard, concluyó que el ataque fue ilegal y arbitrario según el derecho internacional. Aunque Estados invocó legítima defensa, lo cierto es que nunca aportó prueba alguna que pudiera demostrar que el ataque era necesario para detener alguna amenaza.

Un balance desigual

Estados Unidos acusa a Castro por cuatro muertes en 1996 que no son poca cosa, desde luego.

Desconozco si es legal hacerlo después de 30 años. Lo que sí creo es que la Administración de Estados Unidos carece de legitimidad moral para acusar a Castro por la muerte de esas cuatro personas, cuando sobre ella pesa la responsabilidad de 190 ejecuciones ilegales, sólo en el último año y contando únicamente las producidas en los ataques a las lanchas. Ejecuciones que ha llevado a cabo sin juicio previo, sin pruebas, sin identificación de la mayoría de las víctimas, sin supervivientes que puedan testificar y destruyendo las embarcaciones para que nadie pudiera inspeccionarlas.

La diferencia entre ambos casos no es jurídica. Es de poder, porque se permite que la potencia imperial mate más sin que nadie pueda poner en cuestión lo que hace. Es política disfrazada de justicia, la forma más directa y efectiva de acabar con esta última.

La acusación de Trump y de su fiscalía es deleznable no porque Castro sea inocente, sino porque acusa quien aplica a otros una vara de medir que no está dispuesto a aplicarse a sí mismo. Es un doble rasero moralmente repugnante porque destruye la legitimidad del derecho y las normas, el único parapeto desde el que se puede frenar la barbarie y evitar que el crimen de los más fuertes quede impune.

No se trata de proteger a Castro o defender a Trump, ni al revés. Se trata de aplicar a todos la misma regla. La paz comienza cuando todos los estados se someten a la jurisdicción de tribunales internacionales independientes para los actos de violencia fuera de sus fronteras y cuando el derecho internacional deja de ser un arma que los poderosos usan contra los débiles para convertirse en un límite efectivo del poder de cualquiera -sea quien sea- que lo use ilegítimamente.

Sólo con principios se puede lograr que el mundo sea menos violento y complicado. Pero los principios que sólo se aplican a los enemigos son puro engaño y simple propaganda que tenemos la obligación de denunciar y combatir.

sábado, 23 de mayo de 2026

La historia detrás del derribo de las avionetas de «Hermanos al Rescate» por Cuba





Las aeronaves pertenecían a un grupo liderado por José Basulto, un veterano agente de la CIA involucrado en muchas acciones paramilitares desde 1959, incluida la invasión de Bahía de Cochinos y una serie de intentos de asesinato a Fidel Castro. Foto Razones de Cuba

20 de mayo de 2026 12:25

El derribo del 24 de febrero de 1996. Ese día, la Fuerza Aérea Cubana derribó dos aviones (modelo Cessna 337 –conocido como O-2 en su versión militar–, utilizado por la Fuerza Aérea de Estados Unidos durante la guerra en Vietnam y después en El Salvador, como era concretamente el caso con estos dos). Eran pilotados por miembros de un violento grupo anticubano. Las avionetas estaban dentro del espacio aéreo cubano.

Las avionetas y sus pilotos

Las aeronaves pertenecían a un grupo liderado por José Basulto, un veterano agente de la CIA involucrado en muchas acciones paramilitares desde 1959, incluida la invasión de Bahía de Cochinos y una serie de intentos de asesinato a Fidel Castro. En los 20 meses que precedieron al incidente, este grupo había penetrado el espacio aéreo cubano en 25 ocasiones, cada una de ellas denunciada por el gobierno cubano.

Gestiones diplomáticas previas de Cuba

Después de muchas gestiones diplomáticas, el gobierno de Estados Unidos quiso parecer receptivo. Inició una investigación acerca de esos vuelos, solicitando la ayuda de Cuba en la entrega de detalles de provocaciones previas, acusando recibo de los mismos y agradeciéndole por ello. El 24 de febrero de 1996 tales procedimientos administrativos no habían sido completados, pero más tarde a Basulto le fue retirada su licencia de piloto por parte de la Administración Federal de Aviación (FAA) y no puede volar más (al menos legalmente).

Provocaciones antes del derribo

Los provocadores habían anunciado descaradamente que iban a continuar realizando vuelos ilegales dentro del espacio aéreo cubano e incluso proclamaron que la Isla —que estaba en ese momento sufriendo su peor crisis (peor, en términos económicos, que la Gran Depresión, de acuerdo a un informe de Naciones Unidas)— no era capaz de responder a sus incursiones ilegales. En enero de 1996, Basulto llevó con él un equipo de televisión de la NBC desde Miami que filmó y transmitió cómo ellos sobrevolaban el centro de la ciudad de La Habana lanzando propaganda y otros materiales.

Advertencia de Cuba

Cuba hizo pública su decisión de no tolerar más tales provocaciones, envió las notificaciones apropiadas a quienes correspondía, incluyendo el gobierno de Estados Unidos, el Departamento de Estado y la FAA, que a su vez advirtió a Basulto y su grupo que debían abstenerse de tales vuelos.

Negación de una conspiración cubana para provocar una guerra

La supuesta "conspiración" fue en sí misma una estupidez monumental, incomprensible para cualquier mente racional. La hipótesis de que el Gobierno cubano había decidido provocar una guerra total con Estados Unidos, una confrontación militar que hubiera resultado en un terrible golpe para toda la nación y su pueblo, carece de motivación lógica. ¿Cuál podría haber sido la motivación de Cuba para provocar un evento de ese tipo precisamente en 1996, el momento de más riesgo para la supervivencia del país, sin aliados ni amigos en un mundo y un hemisferio bajo el control total de Estados Unidos?

La verdadera actuación de Cuba

Cuba hizo exactamente lo contrario. Denunció una y otra vez cada provocación a la FAA y a la Organización Internacional de Aviación Civil (OACI) —la institución vinculada a Naciones Unidas que se encarga de estos asuntos— y envió decenas de notas diplomáticas al Departamento de Estado. Pero Cuba fue más allá. Hizo su mayor esfuerzo para llegar al más alto nivel de la administración norteamericana, la Casa Blanca, tratando de prevenir más incidentes.

Fuente mencionada

El número de enero de 1998 de la revista The New Yorker dedicado a Cuba con motivo de la visita del Papa incluyó un artículo serio en el que se puede encontrar un recuento bastante objetivo de esos esfuerzos de Cuba. (Carl Nagin, "Annals of Diplomacy: Backfire", The New Yorker, January 26, 1998)

Conclusión sobre la verdadera conspiración

Sí, hubo una conspiración para provocar la tragedia del 24 de febrero de 1996. Pero fue un trabajo total y exclusivo de los mismos grupos de Miami que han desencadenado una campaña terrorista de medio siglo contra Cuba, la misma cuadrilla que más tarde secuestraría a Elián González, un niño de seis años. Hechos de los cuales ellos siempre han salido impunes.

(Texto original de Ricardo Alarcón de Quesada, adaptado para su publicación en Razones de Cuba)

*Ricardo Alarcón de Quesada (1937-2022) fue un escritor, diplomático y político cubano, doctor en Filosofía y Letras. Entre 1993 y 2013 fue presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba, máximo órgano legislativo del país. Fue una de las principales figuras de la política y la diplomacia cubana siendo ministro de Relaciones Exteriores entre 1992 y 1993, Presidente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en febrero de 1990 y julio de 1991, fue además Vicepresidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas así como Presidente del Consejo de Administración del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Cuba: meditando sobre el derribo de las aeronaves de Hermanos al Rescate

 Por Manuel David Orrio del Rosario

La Habana, 26/05/25.- Cualquiera diría que el modelo de propaganda de la agenda del Partido Comunista y el gobierno cubanos está en estado de alerta, tras conocerse que el general de ejército Raúl Castro Ruz fue acusado en Estados Unidos de ser el máximo responsable del derribo sobre el mar, un 24 de febrero de 1996, de dos avionetas de la organización miamense Hermanos al Rescate (HAR). Murieron cuatro personas. Junto al general, fueron acusados   ex - pilotos de caza que participaron en los hechos.

De inicio, solidarias declaraciones; acto en la habanera Tribuna Antimperialista "José Martí" - en apoyo al  general -,  se reportó que con asistencia de 250 mil personas; la prensa criolla, ni se diga, muy activa promoviendo al discurso oficial, incluyendo artículos y presencia de los Héroes de la República de Cuba Gerardo Hernández Curbelo y René González Sehwerert en el programa televisivo Mesa Redonda, casi el órgano oficial; pero ¿dando espacio a la diversidad ciudadana? 

Además, aparecen agentes de opinión en las redes sociales, verdadero campo de batalla de lo que podría llamarse opinión pública, en este complejo escenario criollo, signado por una crisis casi humanitaria. Crisis que, en buena medida, es  a causa de las medidas coercitivas unilaterales de Estados Unidos contra Cuba -vulgo bloqueo -, cuyo severo daño ni se discute.

 No obstante, ¿dónde queda el tan denostado inmovilismo en emprender reformas económicas de  profundidad al estilo chino o vietnamita? ¿No está ese estancamiento en la picota de los mejores economistas del país?

"Discrepancia no es oposición", dijo Raúl Castro en un lejano 1994; por tanto, ¿discrepar es "pecado"? ¿Buscar la verdad - ajena a ciertas propagandas - es "herejía"? "La verdad es siempre revolucionaria", dijo Antonio Gramsci. José Martí, por su parte, apuntó que "la prensa no es aprobación bondadosa ni ira insultante; es examen, estudio, proposición, consejo".

 Por ello, se pregunta este periodista: ¿será posible emprender un análisis desprejuiciado de lo que significó ese 24 de febrero para Cuba, ahora que alrededor de un 70% de los cubanos residentes se conecta a Internet, en mayor o menor medida ?; ¿ahora  que el llamado acceso a las corrientes de información  no tiene precedentes en este "hervorio caribeño de las ninfas de telúricas caderas y efluvios afrodisíacos"?

 Si la denominada prensa oficialista parece no tomar en cuenta esas realidades, allá con su credibilidad. No este periodista; por tanto, manos a la obra, en este intento de esclarecer.

Hechos y normas internacionales

Diatribas aparte entre partidarios y opositores del proyecto socialista cubano - matices incluidos -, lo primero a observar es que las polémicas sobre los derribos se centran, en mayoría, no a partir de informaciones contrastadas,  ni de consultar informes y evidencias hallables en Internet, cuyo reporte más importante parece que sólo fue publicado por el diario digital opositor El Toque. Las polémicas de marras se ensarzan en lo que pudiera llamarse una "controversia territorial". A tales efectos , puede hacerse abstracción de las graves culpas de HAR en que se produjera el incidente, lo cual fue reconocido por los gobiernos de Estados Unidos y Cuba, en mayor o menor medida, en los más importantes informes. De suyo se desprenden esas graves culpas..

Tras los derribos, se privó de su licencia de piloto a José Basulto, presidente de HAR, lo cual significó, si no la desaparición del grupo, sí la pérdida de su capacidad operativa. No vale desde Cuba lo de "nunca es tarde, si la dicha es buena", porque cuatro cadáveres fueron a dar al fondo del mar, y se verá que "no hubo dicha". Pero  por el lado de Washington, sí es importante señalar una grave responsabilidad por haber actuado burocráticamente - para ser benigno - ante las fundadas protestas del gobierno criollo, por las que en su momento fueron reiteradas violaciones del espacio aéreo cubano;  ello fue debidamente registrado por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI). O sea, es algo que, a estas alturas, no admite discusión. Tanto la Administración Federal de Aviación (FAA) como otras entidades estadounidenses, fueron también responsables de la tragedia, dada su burocrática o intencionada pasividad.

¿Cuál es la "controversia territorial"?  Por un lado, los partidarios del socialismo "a la cubana" sostienen y aportan datos y argumentos respecto a que los derribos de las aeronaves estarían justificados como respuesta a lo ocurrido el 24 de febrero, muertos incluidos, por cuanto los abatimientos habrían sido sobre aguas cubanas; o sea, "respuesta viril y erecta" a las violaciones. Sus opuestos afirman que tales derribos se produjeron en aguas internacionales y que, por tanto, se cometió un "asesinato en los aires".

Según parece, "ni tirios ni troyanos" se han tomado la molestia de consultar el informe de la OACI que sirvió de base a la Resolución 1067/1996  del Consejo de Seguridad de la ONU, y menos dicha providencia, de texto condenatorio para Cuba; fue votada a favor por 13 de los 15 miembros del órgano, con las abstenciones de Rusia y China. Tomar nota: dos cercanos aliados de Cuba prefirieron abstenerse ¿Por qué?

Dicha Resolución expresó, entre otros acápites, que "Condena el uso de armas contra las aeronaves civiles en vuelo, que es incompatible con las consideraciones elementales de humanidad, con las reglas del derecho internacional consuetudinario codificadas en el artículo 3 bis del Convenio de Chicago y con las normas y prácticas recomendadas enunciadas en los anexos del Convenio, e insta a Cuba a unirse a los demás Estados respetando las obligaciones que se derivan de estas disposiciones". Si bien Cuba no fue sancionada, sí fue condenada.

El artículo 3 bis

. Más claro, ni el agua: el  nudo del problema no es si las aeronaves fueron derribadas en cielo cubano o internacional, sino  que se emplearon armas contra "aeronaves civiles en vuelo", lo que provocó la condena del Consejo de Seguridad de la ONU.

Merece explicación el artículo 3 bis del Convenio de Chicago, que es la "Constitución" de la aviación civil mundial. Aquel estipula que  todo Estado debe abstenerse de recurrir al uso de las armas en contra de aeronaves civiles en vuelo; establece un procedimiento de seguridad, el cual norma que  durante una interceptación, no debe ponerse en peligro la vida de los ocupantes ni la seguridad de la aeronave. Asimismo, toda aeronave civil que sobrevuele ilegalmente un territorio debe acatar la orden de aterrizar en un aeropuerto designado.

 Dicho artículo tuvo por origen el derribo por un caza soviético de una aeronave surcoreana que volaba de Nueva York a Seúl, el 1 de septiembre de 1983. La tragedia se desencadenó por un error de navegación. Por razones que se atribuyeron a un fallo en la programación del piloto automático, el avión se desvió más de 500 km de su ruta y penetró en un espacio aéreo soviético altamente restringido sobre la península de Kamchatka y la isla de Sajalín. En ese momento, Estados Unidos tenía un avión espía RC-135 en la misma zona, lo que llevó a los controladores soviéticos a confundir el Boeing 747 comercial con el avión norteamericano. A pesar de que un piloto soviético reportó haber visto luces de navegación propias de un avión civil, la orden fue tajante. Murieron 269 personas.

El Informe de la OACI  y  la Resolución del Consejo de Seguridad fueron rechazados por el entonces Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ricardo Alarcón de Quesada, y por  Bruno Rodríguez Parrilla, entonces Embajador de Cuba en Naciones Unidas; ambos adujeron presiones norteamericanas para lograr la condena de Cuba, pero el hecho cierto es que el empleo de armas contra aeronaves civiles está prohibido; se deben respetar los procedimientos de seguridad e interceptación previstos, lo cual no consta que hayan hecho  los Migs actuantes ese día, de acuerdo con el mencionado informe, ni de que se haya ordenado a las aeronaves derribadas seguir  instrucciones de abandonar el espacio aéreo o aterrizar en un aeropuerto criollo. El Informe de la  OACI abunda en esos  tópicos, con evidencias tanto de Estados Unidos como de Cuba, como son las transcripciones de los diálogos de los pilotos cubanos con su base aérea.

El Informe  sobre el 24 de febrero apuntó en una de sus conclusiones que "La regla del derecho internacional consuetudinario de que los Estados deben abstenerse de recurrir al uso de las armas en contra de las aeronaves civiles en vuelo, codificada en el Artículo 3 bis del Convenio de Chicago, y las disposiciones de la OACI relativas a la interceptación de aeronaves civiles, se aplican independientemente de que la aeronave en cuestión esté o no dentro del espacio aéreo territorial del Estado de que se trate".

Apunte marginal: el artículo 3 bis del Convenio de Chicago entró en vigor el 1 de octubre de 1998, tras un proceso de ratificaciones, que a la altura del 24 de febrero de 1996 ya tenía un buen número de países ratificantes, pero no Estados Unidos ni Cuba, la cual lo ratificó el 28 de septiembre de 1998, dos días antes de entrar en vigor el artículo. Por éso, la Resolución 1067/1996 se refirió al derecho internacional consuetudinario como norma para la evaluación y condena de los derribos. Por tanto, sería irrelevante si derribar las aeronaves ocurrió en espacio cubano o internacional; el punto es que se emplearon armas, con resultados mortales.

Sin embargo, no se pierda de vista que la discusión sobre dónde se produjeron los derribos, pudiera contener elementos de  distracción: desviar la atención sobre el prohibido uso de armas - Cuba condenada -, o sobre las reiteradas violaciones de HAR del espacio aéreo criollo.

Por la pasión con que en Cuba se defiende al general de ejército Raúl Castro, y considerando que fue acusado de ser el máximo responsable de derribos y muertes, no hará juicios este periodista, más en un escenario de creciente agresividad de las políticas estadounidenses contra Cuba. El Informe de la OACI señala que en determinado momento, el entonces jefe de la Defensa Antiaérea y Fuerza Aérea Revolucionaria (DAAFAR) recibió instrucciones de impedir las violaciones y, de ser necesario, derribar. Pero como ese informe fue cuestionado por Alarcón y Rodríguez Parrilla, mejor sea Fidel Castro quien haga las aclaraciones pertinentes, en la revista Time : " Lo discutimos con Raúl (hermano de Castro y jefe de las Fuerzas de Defensa Aérea) y el Estado Mayor Conjunto. Acordamos que lo que sucedió el 9 y 13 de enero no podía volver a ocurrir. Dimos la orden al jefe de la Fuerza Aérea. El sábado, (los aviones de Hermanos al Rescate) vinieron dos veces. La base aérea de San Antonio estaba en alerta máxima. En la tercera pasada, despegaron e hicieron su trabajo. Derribaron los aviones. Son profesionales. Hicieron lo que creen que es correcto. Son personas en quienes confiamos, pero yo asumo la responsabilidad por lo sucedido" (1).

A falta de Fidel, por ley de la vida, se infiere la decisión estadounidense de acusar a Raúl Castro y a los pilotos que participaron en los derribos, como parte de una política que no excluiría una acción militar contra Cuba, o contra el general de ejército, al estilo secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores.

Sí, el riesgo es real, aunque el Senado norteamericano, de mayoría republicana, no es partidario de esas acciones; para éste, mientras no se solucione la crisis en Irán - que se observa estancada -, emprender una aventura en  Cuba compromete las capacidades del ejército de aquel país, si bien  se sabe que de Donald Trump se puede esperar lo peor, más si el Congreso le dejó manos libres para actuar sin información previa o autorización de ese órgano para una operación contra Cuba, del tipo que sea; más si el presidente está presionado por una eventual derrota republicana en las elecciones de medio término de noviembre, lo cual le obligaría a gobernar sin   mayoría congresual en sus dos últimos años de mandato. Trump necesita actuar, necesita un escenario en que los votantes le apoyen, como ha sido  tradicional cuando la nación está en guerra, aunque no en el caso de Irán, en que encuestas realizadas en mayo de 2026 revelan que 60% de los votantes se oponen a esa guerra, lo cual también pudiera ser válido para el caso de Cuba. No obstante, al presente momento, es evidente el despliegue de una preparación mediática que busca justificar ante la opinión pública estadounidense una acción militar contra la mayor de las Antillas, lo cual  ha ocurrido como práctica estadounidense para lograr apoyo interno a  operaciones bélicas, desde la guerra hispano - cubano - americana de 1898.

De las consecuencias

¿Por qué no se siguieron los procedimientos de aviso e interceptación de las aeronaves derribadas -  consta en el informe de la OACI -,  y que en medida extrema incluyen disparos de advertencia, pero no derribos? ¿Qué consecuencias hubo para Cuba? Pues la aprobación de la Ley Helms-Burton y el consiguiente agravamiento del bloqueo estadounidense, incluyendo la activación por Trump del título III de dicha ley, que permite  a ciudadanos y empresas de Estados Unidos demandar en tribunales estadounidenses a cualquier persona o entidad que se beneficie de propiedades expropiadas por el gobierno cubano tras la Revolución de 1959. O sea, ese título  busca disuadir la inversión extranjera en Cuba, creando un riesgo legal concreto para las empresas, ya que las penalizaciones pueden ser muy severas, lo cual implica lo que pudiera llamarse "miedo a invertir", con lógicas consecuencias: un serio agravamiento de la situación económica criolla, cuyo extremo es el cerco energético decretado por Trump contra Cuba.

No ha observado este periodista que la prensa cubana haya establecido una relación causa - efecto entre el derribo de las avionetas y la aprobación de la Helms-Burton; si lo ha hecho, no le consta. Pero es indudable que dicha relación existe; se sabe que el entonces presidente Clinton se opuso a ese proyecto de ley, incluyendo su decisión de vetar, caso de aprobarse, además de tener ese proyecto pocas posibilidades de ser aprobado; fue el derribo de las aeronaves lo que forzó su votación favorable, conversión en ley y firma por Clinton el 12 de marzo de 1996, si bien éste logró que la activación del título III estuviera a reserva de una decisión presidencial cada seis meses; dicha activación fue pospuesta por sucesivas administraciones...hasta Trump. Tales son los hechos, y los hechos son tercos.

¿Se evaluó en su momento por el gobierno cubano que el derribo de las aeronaves podía provocar la aprobación de la ley y traer relevantes consecuencias, que un gesto "viril y erecto" como los abatimientos podía significar algo grave para Cuba? Es incógnita de archivos, y es no investigar por la prensa criolla, se supone que "perro guardián" del sagrado principio de rendición de cuentas de elegidos a electores. Entretanto, Cuba sufre...

Imagen de portada: Cessna 337, el modelo de aeronave que fue derribado el 24-2-1996. Aviapage

Notas y enlaces

1.- Traducción del autor.  Entrevista a Fidel Castro por la revista Time

https://time.com/archive/6728689/interview-fidels-defense/


Informe especial de PL: La verdad sobre Cuba




Una de las avionetas empleadas por la organización Hermanos al Rescate para violar el espacio aéreo soberano de Cuba.

21 de mayo de 2026 Hora: 10:10

 
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El Archivo Nacional de Seguridad publicó varios registros sobre el escenario que llevó en 1996 al derribo por Cuba de dos avionetas que violaron su espacio aéreo en apego a la defensa de su soberanía tras múltiples advertencias a Estados Unidos.

No es casual que la historia reflote en tiempos en que la escalada de tensiones acrecentada entre Estados Unidos y Cuba busca el chivo expiatorio, el pretexto de encontrar culpables para llevar a cabo una agresión militar contra el país caribeño, distante a unos 145 kilómetros de sus costas.

Uno de los archivos desclasificados contiene un correo electrónico de la Administración Federal de Aviación (FAA) en el cual uno de sus funcionarios hizo referencia a las “continuas provocaciones al Gobierno cubano” por parte de los violatorios sobrevuelos de la organización Hermanos al Rescate (BTTR), con base en Miami. Hablaba de la preocupación ante un “escenario de peor caso” y en el que “más vale que la FAA tenga todo en perfecto orden”.

Correos electrónicos, memorandos y comunicaciones de la FAA dejaron constancia de las inquietudes entre funcionarios de alto perfil de la Administración del entonces presidente William Clinton en relación con las repetidas incursiones en el espacio aéreo cubano, que podrían terminar en los derribos de las dos avionetas de BTTR el 24 de febrero de 1996, un suceso que pudo evitarse de haberse atendido las alertas de Cuba.

Justo entre 1994 y 1996, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba y las autoridades de aviación civil documentaron más de 25 violaciones graves y deliberadas del espacio aéreo cubano por la organización Hermanos al Rescate.

Cada una de estas violaciones fue denunciada formalmente y por escrito ante el Departamento de Estado de los Estados Unidos, la FAA y la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI).

Constancia de violaciones

Entre las violaciones documentadas y denunciadas por La Habana se relacionan la del 13 de julio de 1995, cuando dos avionetas entraron en zona prohibida al norte de la capital, sobrevolaron la ciudad a muy baja altura y lanzaron propaganda en apoyo a una flotilla de barcos anticubanos que había salido de Miami y penetrado aguas jurisdiccionales del país caribeño.

Menos de dos meses después, el 2 de septiembre, cinco aeronaves Cessna y cinco helicópteros volaron en apoyo a otra flotilla frente a Varadero (Matanzas); los días 9 y 13 de enero de 1996 fueron tres avionetas las que violaron el espacio aéreo al norte de las playas de Guanabo y Santa María del Mar y lanzaron propaganda subversiva en varios puntos del litoral.

Por los canales pertinentes, según la información de fuentes diplomáticas, se exigió repetidamente que el Gobierno estadounidense revocara las licencias de vuelo de estos pilotos, decomisara las aeronaves y pusiera fin a las actividades ilegales que partían desde su territorio, pero todas estas gestiones fueron ignoradas.

En el periódico Trabajadores, el 15 de enero de 1996, Cuba publicó una ‘Información a la población’, en la que realizaba una advertencia pública y oficial: cualquier aeronave que volara sobre su espacio aéreo sin autorización sería interceptada y, de ser necesario, neutralizada.

Al día siguiente (16 de enero), se envió esa información en la Nota Diplomática No. 45 al Gobierno de Estados Unidos, precisaron las fuentes.

Según consta, el día del incidente, el Gobierno de los Estados Unidos tenía conocimiento previo de los vuelos, incluso instruyó a sus centros de control para documentarlos desde el 23 de febrero.

El Centro de Control de Tráfico Aéreo de La Habana advirtió formalmente a las avionetas sobre las zonas de peligro activadas al norte de la capital; sin embargo, los pilotos respondieron que, aun siendo conscientes de la prohibición, continuarían su ruta.

Las aeronaves con matrículas N2456S y N5485S fueron interceptadas y derribadas entre cinco y ocho millas náuticas al norte de Playa Baracoa, situándose plenamente dentro de sus aguas territoriales y espacio aéreo soberano, lo cual fue respaldado por la recuperación de restos (maletines y cartas náuticas) a 9,3 millas de la costa el día 25 de febrero, de acuerdo con una recopilación de datos públicos y reportes periodísticos compartido con Prensa Latina.

Fundamentos legales de respuesta cubana

El Artículo 51 de la Carta de la ONU plantea que todo Estado tiene el derecho inherente a defender su integridad territorial y la seguridad de su población ante un ataque armado. Las incursiones aéreas no autorizadas y hostiles constituyen un ataque armado en forma de acto de fuerza.

El Convenio de Chicago sobre Aviación Civil Internacional en su Artículo 3, aunque prohíbe el uso de armas contra aeronaves civiles, establece una excepción crucial y es cuando un aparato civil se utiliza para fines incompatibles con su estatus, como espionaje, sabotaje o agresión, lo cual le hace perder tal protección.

Las avionetas Cessna de Hermanos al Rescate, empleadas para violaciones al espacio aéreo, lanzamiento de propaganda, espionaje y preparación de sabotajes; habían perdido todo carácter de “aeronave civil” al momento que violaron el espacio aéreo nacional y distribuyeron propaganda con la finalidad de incitar a la subversión interna.

Por otra parte, la soberanía aérea es un principio indiscutible del derecho internacional. Cuba, como Estado soberano, tiene el derecho pleno de regular y controlar su espacio aéreo y de tomar las medidas necesarias para defenderlo, incluyendo la intercepción y neutralización de intrusos hostiles.

Las autoridades cubanas advirtieron en su momento que las avionetas ingresaron a un espacio y no se trataba de simples “errores de navegación”, sino de la última de una larga serie de agresiones premeditadas que ponían en riesgo vidas humanas y la seguridad nacional.

Pudo evitarse

Investigadores de I-TEAM del canal CBS4 de Miami, en un reportaje divulgado en noviembre de 2009, mostraron documentos clasificados que evidencian que esta tragedia podría haberse evitado si alguien en el gobierno de Estados Unidos hubiese tomado medidas concretas.

Funcionarios de alto rango en la Administración estadounidense sabían que un derribo no solo era posible, sino probable, por ejemplo, uno de los entrevistados, el asesor principal sobre Cuba para el presidente Clinton, Richard Nuccio, admitió que después de la implementación de la política migratoria, las acciones de Hermanos al Rescate se tornaron más provocadoras y más políticas.

Sin embargo, las autoridades estadounidenses aprobaron los planes de vuelo y permitieron la salida de Hermanos al Rescate, a pesar de saber que esos planes de vuelo eran falsos.

No ocuparon las aeronaves, como podían haberlo hecho según sus propias leyes, por estas violaciones reconocidas por el Departamento de Estado y por la FAA, ni buscaron una orden de la corte contra aquellos vuelos, en correspondencia con sus propios procedimientos para haberlos abortado desde julio de 1995.

Tampoco establecieron procesos criminales contra los involucrados en estas transgresiones; solo tres meses después del incidente del 24 de febrero se dignaron a adoptar una limitación de la licencia como piloto por varios meses.

El 18 de abril de 1998, el presidente Fidel Castro Ruz al referirse a los sucesos de 1996, señaló haber redactado y hecho llegar un mensaje confidencial a Clinton a través del escritor Gabriel García Márquez.

Su intención era ponerlo al tanto de una serie de planes terroristas organizados y financiados desde territorio estadounidense por la desaparecida Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA).

El texto detallaba el uso de mercenarios centroamericanos para colocar explosivos en centros turísticos y, de manera más alarmante, la existencia de planes diabólicos para hacer estallar aviones de líneas aéreas cubanas o de otros países mediante dispositivos programables de difícil detección.

Las agencias de inteligencia de Estados Unidos poseían información fidedigna para abortar estas operaciones.

Proceso ante la ONU

Cuba presentó ante la ONU y la OACI datos de radar, transcripciones de las comunicaciones y coordenadas precisas que demostraban que el derribo ocurrió dentro de sus aguas territoriales. La versión estadounidense, que alegaba aguas internacionales, se basó en datos contradictorios y estuvo influenciada políticamente.

La estación de radar de la Marina en Cayo Hueso, la más cercana y vinculada al incidente, borró sus registros apenas 15 días después del suceso, coincidiendo con el inicio de la investigación internacional, indican las reseñas.

Cuba entregó sus grabaciones originales y equipos de grabación a la OACI el 30 de marzo. En contraste, Estados Unidos solo permitió a los investigadores “escuchar” una cinta en mayo que presentaba una omisión de los seis minutos iniciales respecto a la transcripción autorizada que la propia misión de Washington había distribuido a la prensa en febrero.

Esos minutos borrados contenían datos cruciales sobre la ubicación inicial de las avionetas y su penetración en el espacio cubano.

Al propio tiempo, la reconstrucción oficial de la OACI se apoyó en testimonios del barco Majesty of the Seas y de un supuesto pesquero llamado Tri-Liner. Sin embargo, el jefe del equipo de investigación admitió que nunca entrevistaron a la tripulación del Tri-Liner ni visitaron esa embarcación, cuya existencia misma quedó en duda para la delegación cubana.

La resolución, aprobada por consenso de todos los miembros de la OACI, reafirmó que cada país debe tomar las medidas apropiadas para evitar el uso de naves civiles registradas en su territorio en actividades incompatibles con las reglas de la aviación civil internacional.

Por estos días el odio anda suelto. El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, ha sido claro: Estados Unidos “construye, día tras día, un expediente fraudulento para justificar la eventual agresión militar” a su país.



Autor: teleSUR - PL

Fuente: Prensa Latina
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