"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

martes, 6 de octubre de 2026

«¡Y cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!» (+ Video)


Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, en el acto de despedida de duelo de las víctimas del avión de Cubana destruido en pleno vuelo, el 6 de octubre, efectuado en la Plaza de la Revolución el día 15 de octubre de 1976, «Año del XX aniversario del Granma»


6 de octubre de 2026 03:10:38


(Versiones Taquigráficas-Consejo de Estado)
Fidel en el sepelio de las víctimas de Barbados Foto: Estudios Revolución

Familiares de los cubanos asesinados el 6 de octubre;

Compatriotas:

Conmovidos, luctuosos, indignados, nos reunimos hoy en esta histórica Plaza para despedir, aunque solo sea casi simbólicamente, los restos de nuestros hermanos asesinados en el brutal acto de terrorismo perpetrado contra un avión civil en pleno vuelo con 73 personas a bordo, de ellas 57 cubanos. La mayor parte de los restos yacen en las profundidades abismales del océano, sin que la tragedia haya dejado a los familiares allegados ni aun el consuelo de sus cadáveres. Solo los restos mortales de ocho cubanos han podido ser recuperados. Ellos se convierten así en símbolo de todos los caídos, el único resto material al que daremos sepultura en nuestra tierra de quienes fueron 57 saludables, vigorosos, entusiastas, abnegados y jóvenes compatriotas nuestros. Su edad promedio apenas rebasaba los 30 años aunque sus vidas eran ya, sin embargo, inmensamente ricas en su aporte al trabajo, al estudio, al deporte, al afecto de sus familiares allegados y a la Revolución.

Cuando leemos las biografías de cada uno de ellos vemos qué espléndida hoja de servicios al país constituyen sus vidas. El capitán de la nave habla sido elegido, este mismo año, Héroe Nacional del Trabajo. Muchos habían recibido la Medalla XX Aniversario. Numerosos entre los tripulantes habían prestado distintos servicios internacionalistas y los atletas acababan de escribir una brillante e insuperable página deportiva, ganando la totalidad de las medallas de oro en las competencias regionales de esgrima que acababan de efectuarse en Caracas. Muchos eran militantes de la Juventud o del Partido, todos se destacaban en sus actividades, cada uno de ellos había sido un claro ejemplo de cómo la dedicación al estudio, a la superación, al trabajo y al cumplimiento del deber es hoy la característica esencial de nuestros conciudadanos.

No eran millonarios en viaje de placer, no eran turistas que disponían de tiempo y de recursos para visitar otros países; eran humildes trabajadores o estudiantes y deportistas que cumplían con modestia y dedicación las tareas asignadas por la patria.

Entre los viajeros del avión había 11 jóvenes guyaneses, seis de ellos seleccionados para realizar estudios de medicina en Cuba, vidas que se pierden de hombres cuyo destino era salvar vidas en su país subdesarrollado y pobre. También murieron cinco abnegados ciudadanos de la República Popular Democrática de Corea, un pueblo tanto tiempo asediado por Estados Unidos, que visitaban países de América Latina en viaje de amistad.

En pleno vuelo el avión fue destruido por una carga explosiva a los pocos minutos de haber despegado del aeropuerto de Barbados. Con heroísmo indescriptible los bravos y expertos pilotos de la nave hicieron un supremo esfuerzo para hacerla regresar a tierra, pero el equipo, ardiendo y casi destruido, solo pudo permanecer en el aire unos minutos más. Contaron, sin embargo, con el tiempo y la entereza suficiente para explicar que había ocurrido una explosión a bordo, que la nave ardía e intentaban regresar a tierra. Es inimaginable el drama que tiene que haber significado para los pasajeros y los tripulantes la explosión y el incendio encerrados en una nave aérea a una altura aproximada de 6 000 metros.

Alguna agencia imperialista de inmediato habló sobre un posible fallo mecánico, pero en cinta grabada quedaron registradas todas las palabras del piloto trasmitidas al aeropuerto de Barbados. A esa evidencia se sumaron inmediatamente otras. Dos individuos con documentos que los acreditaban como venezolanos habían tomado el avión en Trinidad para descender del mismo en Barbados antes del accidente; casi inmediatamente después que la nave estallara en el aire tomaron otro avión de regreso a Trinidad, donde se alojaron sin equipaje alguno en el más lujoso hotel. A petición de las autoridades de Barbados, a quienes se les habían hecho sospechosos, fueron arrestados.

Las investigaciones iniciadas por la policía de ambos países arrojaron de inmediato indicios que hacían recaer sobre ellos la fuerte presunción de ser los autores materiales del sabotaje.

Por el carácter de la documentación, las autoridades de Venezuela tuvieron también rápido conocimiento de los hechos y acceso a la investigación. Al día siguiente, 7 de octubre, el presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, en cable de condolencia a Cuba, calificaba el hecho de abominable crimen. En términos públicos semejantes se expresó después, en la sede de Naciones Unidas, el propio Primer Ministro de Barbados. El hecho de que esos gobiernos ––cuyos funcionarios tenían acceso a las fuentes más inmediatas e importantes de información, que eran los propios arrestados, las circunstancias que rodeaban su conducta y sus documentos– calificaran el acto como terrorismo, era ya de por sí muy significativo.

Aunque desde las primeras informaciones el Gobierno de Cuba no albergaba la menor duda acerca de la causa de la tragedia, se abstuvo de hacer declaración alguna en espera de analizar cuidadosamente las noticias que se fueran recibiendo, así como los antecedentes e informes –unos públicos y otros confidenciales– que obraban en su poder.

En los primeros instantes no se conocía con exactitud la verdadera identidad de los detenidos. Se habló de la posibilidad de que la documentación fuera falsa. Se dieron a la publicidad los nombres de Freddy Lugo y José Velázquez y se dijo que este último se hacía llamar también José García, mencionándose que portaba más de un pasaporte. Se publicó también, más adelante, que la cónsul de Venezuela había conversado cinco horas con los detenidos y que el Embajador de Estados Unidos en Barbados había partido apresuradamente hacia Washington. No obstante, las noticias en torno a los arrestados y otros detalles y circunstancias de interés se guardaban bastante herméticamente.

El 9 de octubre el Gobierno de Venezuela declaró que Freddy Lugo era ciudadano venezolano y que se proseguían las pesquisas para identificar a José Velázquez o José García.

El 10 de octubre varias fuentes absolutamente fidedignas de círculos periodísticos de Venezuela, indignados por el monstruoso crimen, hicieron llegar a Cuba informes de suma importancia. Estos revelaban que un fotógrafo del periódico El Mundo, llamado Hernán Ricardo, dos semanas atrás habla sido visto en compañía de Félix Martínez Suárez, conocido enemigo de la Revolución Cubana, y dos sujetos más. Que este Hernán Ricardo era inseparable de Freddy Lugo. Que dos días después de la explosión de una bomba en las oficinas de Cubana de Aviación en Panamá, Hernán Ricardo había llegado al aeropuerto de Maiquetía procedente de ese país. Que poseían indicios ciertos de que dicho sujeto contaba con tres pasaportes, uno de ellos a nombre de José Velázquez. Se añadía que en la propia redacción del periódico El Mundo había alardeado conocer que un avión cubano sería volado en Barbados.

Pero lo más esencial e importante que nos comunicaron estas fuentes bien informadas de Venezuela, es que en amplios círculos se conocía que Hernán Ricardo era agente de la CIA, que muchas veces manejaba informes procedentes de la misma y que, devengando un sueldo relativamente modesto de 1 600 bolívares, poseía un automóvil de 40 000 y un apartamento de 100 000. Algunas personas lo habían oído también comentar con Freddy Lugo sobre cursos de explosivos que estaban recibiendo. Que por todos estos antecedentes ellos sospechaban que el otro arrestado, que se hacía pasar por José Velázquez, era Hernán Ricardo.

Dos días después, el 12 de octubre, el Gobierno de Venezuela anunció oficialmente que el segundo detenido, José Velázquez, era realmente Hernán Ricardo.

Esto lo explica todo.

A los informes procedentes de Venezuela debemos añadir que, de acuerdo con los datos que obran en nuestro poder, Félix Martínez Suárez es reputado agente de la CIA.

Noticias públicas procedentes de Venezuela hablan sobre fabulosas cantidades de dinero entregadas a los autores materiales del hecho.

El territorio de Venezuela fue incuestionablemente usado para la materialización del sabotaje en la fase final del mismo y ciudadanos de ese país, sin lugar a dudas, fueron los autores materiales del horrible crimen. Pero esto no nos conduce a confusiones de ninguna índole.

Es cierto que en Venezuela existe un grupo de connotados elementos contrarrevolucionarios cubanos, con cierto acceso a determinadas esferas políticas, que están implicados en los planes imperialistas de terrorismo contra nuestra patria y que es muy difícil que algunos de ellos no hayan tenido que ver con los hechos. Pero nosotros no albergamos la menor duda de que el Gobierno de Venezuela es absolutamente ajeno a los planes agresivos de Estados Unidos contra Cuba; que su actitud hacia nuestro país ha sido honesta; que tal como lo ha prometido el propio presidente Carlos Andrés Pérez, hará una investigación exhaustiva sobre las implicaciones que en los repugnantes hechos pueden haber tenido ciudadanos venezolanos o residentes en el país, y que exigirá responsabilidad a quien corresponda por la utilización del territorio de Venezuela como base de agresiones para actos terroristas.

El reclutamiento de ciudadanos y el empleo del territorio de otros países para realizar actos de esa naturaleza, son métodos típicos de la CIA.

Al principio teníamos dudas si la CIA había organizado directamente el sabotaje o lo elaboró cuidadosamente a través de sus organizaciones de cobertura integradas por contrarrevolucionarios cubanos; ahora nos inclinamos decididamente por la primera tesis. La CIA tuvo una participación directa en la destrucción del avión de Cubana en Barbados.

Lo más repugnante de este caso es el empleo de mercenarios que por dinero son capaces de segar en unos segundos 73 preciosas vidas de personas indefensas, con las cuales incluso viajaron en el avión minutos antes.

En los últimos meses el Gobierno de Estados Unidos, resentido por la contribución de Cuba a la derrota sufrida por los imperialistas y los racistas en África, junto a brutales amenazas de agresión, desató una serie de actividades terroristas contra Cuba. Esa campaña se ha venido intensificando por día y se ha dirigido, fundamentalmente, contra nuestras sedes diplomáticas y nuestras líneas aéreas.

El 9 de julio del presente año, en Kingston, Jamaica, solo varias semanas antes del sabotaje al avión de Barbados, una potente bomba hizo explosión en el vagón que cargaba los equipajes del vuelo de Cubana de Aviación que se dirigía hacia Cuba. El artefacto no estalló dentro de la nave en pleno vuelo, debido a que se produjo un atraso en el arribo de la misma.

El 2 de octubre de este año, cuatro días antes del sabotaje al avión en Barbados, el periodista contrarrevolucionario Llano Montes, que tiene razones para estar bien informado sobre esos menesteres, publicó en El Mundo de Caracas que una bomba de dinamita plástica había sido colocada bajo el ala de un avión de la Compañía Cubana de Aviación en Barbados y que la misma se había despegado por un pequeño derrame de gasolina cuando el avión iba por la pista para iniciar el vuelo. Añadió que un empleado de Seguridad del aeropuerto encontró la dinamita plástica en el suelo, le quitó el detonador y la llevó a las oficinas, de donde desapareció sin que diera cuenta a sus superiores.

En los actos de terrorismo perpetrados contra Cuba en todos los estados de la zona del Caribe y Centroamérica que mantienen relaciones con nuestra patria, han sido utilizados no solo los territorios de esos países: México, Panamá, Colombia, Jamaica, Barbados, Trinidad y Tobago y Venezuela, sino además los de otras naciones vecinas como Santo Domingo y Costa Rica, donde también residen, se mueven y organizan los terroristas, sin excluir, desde luego, Estados Unidos, Puerto Rico, Nicaragua y Chile donde tienen sus bases y actúan abiertamente con apoyo oficial. En el desarrollo de estas actividades el imperialismo ha violado descaradamente la soberanía y las leyes de numerosos países del área.

Los autores de estos crímenes se mueven impunemente por todas partes; cuentan con recursos financieros inagotables; utilizan pasaportes de Estados Unidos como ciudadanos naturalizados de ese país o documentos reales o falsos de otros numerosos países, y emplean los medios más sofisticados de terror y crimen.

¿Quién si no la CIA, al amparo de las condiciones de dominio e impunidad imperialistas establecidas en este hemisferio, puede realizar estos hechos?

Un aspecto importante es la estrecha asociación de la Agencia Central de Inteligencia con las tiranías de Nicaragua y Chile para llevar a cabo estos planes.

Aunque ya en los días del ataque mercenario a Girón los territorios de Nicaragua y Guatemala sirvieron de base a las agresiones armadas contra Cuba, y más adelante los ataques piratas se llevaron a cabo desde bases en Miami, Puerto Rico, Santo Domingo y Costa Rica, en la actualidad los mismos grupos de elementos contrarrevolucionarios están siendo utilizados también por Somoza y Pinochet de acuerdo con los fines específicos de cada cual, no solo contra Cuba, sino también contra Panamá, Jamaica, Guyana, el movimiento popular chileno y otros movimientos progresistas latinoamericanos.

Es bien conocido que la CIA, siempre que fraguó un plan de acción contra Cuba en los días de Girón o más adelante, para perpetrar la interminable cadena de ataques piratas, actos subversivos y desembarco de armas organizados y dirigidos por ella, en cada ocasión enmascaró siempre sus actividades bajo el manto de determinadas organizaciones contrarrevolucionarias cubanas. Es imposible recordar la cantidad de nombres y siglas que esta tenebrosa institución yanki ha creado.

El pasado mes de junio un grupo de organizaciones contrarrevolucionarias terroristas radicadas todas en Estados Unidos –las denominadas Frente de Liberación Nacional de Cuba, Acción Cubana, Movimiento Nacionalista Cubano, Brigada 2506 y F-14, integradas en su mayoría por elementos que han trabajado para la CIA durante varios años y recibieron de ella el entrenamiento–, se reunieron en Costa Rica para crear un llamado Comando de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU).

Estos grupos no solo actúan libre e impunemente desde territorio de Estados Unidos, sino que sus cabecillas principales, a través de la organización CORU, están estrechamente vinculados a las actividades de la CIA contra Cuba.

No siempre las acciones son realizadas por elementos de estos grupos de cobertura. Muchas veces la CIA realiza el sucio trabajo por otros medios, y las organizaciones creadas sirven para atribuirse la paternidad de los hechos.

En Estados Unidos estos grupos proclaman públicamente sus crímenes y anuncian nuevos actos vandálicos.

En el mes de agosto de 1976 apareció publicado en un periódico contrarrevolucionario que se edita en Miami un supuesto parte de guerra, donde después de referir cómo volaron un automóvil frente a la Embajada cubana en Colombia y destruyeron las oficinas de Air Panamá, declaran al final textualmente: «Muy pronto atacaremos aeronaves en vuelo...» Y firman las cinco organizaciones terroristas radicadas en Miami que anteriormente señalamos.

En otro periódico de Miami, el 19 de septiembre de este propio año, vemos una descripción detallada que hace el CORU de cómo fue el intento de secuestro del cónsul cubano en Mérida y el asesinato del técnico pesquero Artagnán Díaz Díaz combinado con el proyecto de dinamitar la Embajada cubana en México. Dos de los asesinos habían volado de Miami a México con pasaportes norteamericanos para realizar los hechos, y fueron arrestados en ese país después del crimen. Un tercero regresó a Estados Unidos para escapar a la acción de la justicia mexicana.

En otro de los libelos que se publica en Miami, aparece el día 9 de septiembre de 1976 una página gráfica sobre un supuesto congreso de la organización terrorista Brigada 2506 celebrado en esa ciudad. En la misma se incluye la foto del tirano Somoza haciendo el resumen del acto y junto a él un representante yanki, Claude Pepper.

En otra publicación aparece la foto de una asamblea de esos grupos contrarrevolucionarios donde se encuentran presidiendo el acto, según reza el pie de grabado, Julio Durán, embajador de Chile en Naciones Unidas; el alcalde de Miami, Maurice Ferrer; el coronel Eduardo Sepúlveda, cónsul general de Chile en Miami; y el congresista norteamericano Tom Gallager.

¿Qué tiene de extraño que ahora el CORU reivindique ante la agencia AP la repugnante hazaña de haber dinamitado en el aire un avión de pasajeros con 73 personas a bordo?

¿Qué tendría de extraño que estos mismos elementos fuesen los autores del asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier, cuya muerte indignó a la opinión latinoamericana y mundial?

Haciendo un recuento de los actos terroristas llevados a cabo contra Cuba, después que el Gobierno de Estados Unidos lanzó sus insolentes amenazas contra nuestro país, tenemos los siguientes:


Año 1976. Seis de abril. Dos barcos pesqueros, «Ferro 119» y «Ferro 123», son atacados por lanchas piratas procedentes de la Florida causando la muerte al pescador Bienvenido Mauriz y graves daños a las embarcaciones.
22 de abril. Una bomba es colocada en la Embajada cubana en Portugal ocasionando la muerte de dos compañeros y heridas graves a varios más, destruyendo totalmente el local.
5 de julio. La misión de Cuba ante la ONU es objeto de un atentado con explosivos ocasionando importantes pérdidas materiales.
9 de julio. Una bomba hace explosión en el vagón que cargaba los equipajes del vuelo de Cubana de Aviación, en el aeropuerto de Jamaica, momentos antes de ser transbordados.
10 de julio. Una bomba estalla en las oficinas de la British West Indies de Barbados, que representa los intereses de Cubana de Aviación en ese país.
23 de julio. Un técnico del Instituto Nacional de la Pesca, Artagnán Díaz Díaz, es asesinado en un intento de secuestrar al cónsul cubano en Mérida.
9 de agosto. Dos funcionarios de la Embajada cubana en Argentina son secuestrados sin que se haya vuelto a tener noticias de ellos.
18 de agosto. Una bomba hace explosión en las oficinas de Cubana de Aviación en Panamá, causando daños de consideración.
6 de octubre. Es destruido en pleno vuelo un avión de Cubana de Aviación con 73 personas a bordo.
Como se puede apreciar, en solo dos meses fueron organizados dos sabotajes de extraordinaria gravedad contra aviones cubanos en vuelos internacionales repletos de pasajeros, uno de los cuales resultó fatal.



Detrás de estos hechos está la CIA. Y casi sin excepción en todas las ocasiones, las organizaciones terroristas que radican en Estados Unidos y actúan impunemente en territorio de ese país, esencialmente las cinco que integran el conjunto llamado CORU, se atribuyeron la paternidad de los mismos.

Deseo recordar que la CIA ha sido autora de procedimientos delictivos que han estado afectando de modo creciente a la comunidad internacional en los últimos años, La CIA inventó y alentó los secuestros de aviones para aplicarlos contra Cuba en los primeros años de la Revolución; la CIA inventó los ataques piratas desde bases extranjeras en su política de agresiones contra Cuba; la CIA inventó la desestabilización de gobiernos extranjeros; la CIA reeditó en el mundo moderno la funesta política de planear e intentar el asesinato de dirigentes de otros estados; la CIA inventó ahora el tenebroso recurso de hacer estallar aviones civiles en pleno vuelo. Es necesario que la comunidad mundial tome conciencia de la gravedad que tales hechos implican.

Aun cuando el Senado de Estados Unidos investigó y reconoció públicamente los incontables planes de la CIA para asesinar a los dirigentes de la Revolución Cubana y su consagración a esa tarea durante varios años, el Gobierno de Estados Unidos no ha dado ninguna explicación de tales hechos al Gobierno de Cuba ni ha pedido siquiera la menor excusa.

Tenemos la sospecha de que el Gobierno de Estados Unidos no ha renunciado a tales prácticas. El 9 de octubre, solo tres días después del criminal sabotaje de Barbados, fue interceptado un mensaje enviado por la CIA a un agente suyo en La Habana. Dicho mensaje, trasmitido desde el centro principal de la CIA en Langley, Virginia, dice textualmente, entre otras cosas: «Favor informar primera oportunidad cualquier dato respecto asistencia Fidel ceremonia primer aniversario independencia de Angola día 11 de noviembre. Caso afirmativo, tratar de averiguar itinerario completo visita Fidel otros países mismo viaje».

Otra instrucción de fecha anterior dice así:

¿Cuál es la reacción oficial y particular sobre ataques de bombas contra oficinas cubanas en el extranjero? ¿Qué van a hacer para evitarlas y prevenirlas? ¿De quién se sospecha como responsables? ¿Habrá represalias?

Esperamos que el Gobierno de Estados Unidos no se atreva a negar la veracidad de estas instrucciones de la oficina central de la CIA y otras muchas que en flagrantes actos de espionaje ha cursado a la misma persona. Poseemos la clave, las cifras y todas las pruebas de la autenticidad de estas comunicaciones. En este caso concreto, el supuesto agente reclutado por la CIA, desde el primer instante y durante 10 años ha mantenido al Gobierno de Cuba detalladamente informado de todos sus contactos con la misma, los equipos y las instrucciones recibidas (Aplausos). La CIA suponía que el agente había logrado colocar un microtrasmisor electrónico moderno, que le fuera entregado por esta, nada menos que en el despacho del compañero Osmany Cienfuegos, Secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros. De ahí la seguridad con que presumía recibir, con la debida antelación, la información pertinente sobre cualquier viaje del Primer Ministro de Cuba al extranjero.

Los que imaginan que la CIA se ha enmendado un ápice por las denuncias que en el propio seno de la sociedad norteamericana se han producido sobre sus espeluznantes hechos, están en un profundo error. Sus métodos, en todo caso, se harán más sutiles y más pérfidos.

¿Para qué deseaba la CIA conocer el itinerario exacto del posible viaje del Primer Ministro a Angola y otros países de África con motivo del 11 de noviembre? ¿Por qué deseaba conocer qué medidas se tomarían para evitar y prevenir los actos terroristas?

Dada la importancia de este hecho y su valor esclarecedor sobre la conducta y las actividades de la CIA, hemos considerado la conveniencia de hacerlo público aunque ello implica el sacrificio de una fuente valiosa de información (Aplausos).

Hace tres años el Gobierno de Cuba suscribió un acuerdo sobre piratería aérea, marítima y otros delitos con el Gobierno de Estados Unidos, que fue por parte de nuestro país una importante contribución a la solución del grave problema mundial de los secuestros de aviones. El Gobierno de Cuba no exigió condición alguna, ni siquiera el cese del criminal bloqueo económico que el Gobierno de Estados Unidos mantenía sobre nuestro país, para suscribir ese acuerdo. Cuba, además, sin la menor obligación legal devolvió a una empresa norteamericana los 2 millones de dólares que unos secuestradores habían traído consigo y que fueron confiscados por nuestras autoridades.

En cierta ocasión las autoridades cubanas en el aeropuerto de Rancho Boyeros salvaron la vida a numerosos ciudadanos norteamericanos que, procedentes de la Florida, tuvieron que efectuar un aterrizaje de emergencia después que la policía norteamericana había destruido a tiros las gomas del avión en un intento inútil de retenerlo en tierra. Exactamente haríamos en cualquier situación similar, por razones estrictamente humanitarias.

¡Qué diferente de la brutal conducta de los que armaron las manos asesinas y alentaron la destrucción de nuestro avión en Barbados!

Cuba nunca hizo ni hará propaganda a los secuestradores de aviones, y está en disposición de colaborar realmente con cualquier gobierno responsable en la lucha contra la piratería y el terrorismo aéreo.

Pero el Gobierno de Estados Unidos ha sido incapaz de cumplir el espíritu y la letra del acuerdo suscrito con Cuba en febrero de 1973.

Después del asesinato impune de un pescador cubano y la destrucción de dos lanchas por un ataque pirata en la proximidad de la Florida, advertimos al Gobierno de Estados Unidos que si tales hechos se repetían y sus autores no eran ejemplarmente sancionados, el convenio dejaría de tener vigencia (Aplausos). No hubo respuesta. El crimen no fue investigado ni sancionado.

Los hechos ocurridos con posterioridad son mucho más graves, porque la acción terrorista desencadenada por la hostilidad y la política de Estados Unidos hacia Cuba ha culminado en la increíble barbarie de destruir aviones civiles cubanos en pleno vuelo.

El acuerdo suscrito entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba el 15 de febrero de 1973, no puede sobrevivir a este brutal crimen (Aplausos y exclamaciones de: "¡Fidel, seguro, a los yankis dales duro!")

El Gobierno de Cuba se ve en la necesidad de cancelarlo y así lo comunicará esta misma tarde al Gobierno de Estados Unidos (Aplausos). Conforme a los términos textuales de dicho acuerdo, en cualquier momento de su período de vigencia y mediante denuncia escrita, formulada con seis meses de anticipación, una de las partes podrá comunicar a la otra su decisión de dar por terminado el mismo. Ateniéndonos estrictamente a lo convenido y procediendo a la notificación de su denuncia en el día de hoy, 15 de octubre de 1976, dicho acuerdo tendrá vigencia solamente hasta el 15 de abril de 1977, y no volveremos a suscribir con Estados Unidos ningún acuerdo de esta índole (Aplausos) hasta que cese terminantemente la campaña terrorista desatada contra Cuba, se brinden garantías efectivas contra estos hechos a nuestro pueblo, y se ponga definitivamente fin a los actos de hostilidad y de agresión de Estados Unidos contra Cuba (Aplausos). No puede haber colaboración de ninguna índole entre un país agresor y un país agredido.

Si después del 15 de abril de 1977, cuando cesará la vigencia del acuerdo, cualquier avión comercial norteamericano fuese desviado a Cuba, tanto el equipo como la tripulación y los pasajeros recibirán todas las facilidades para regresar de inmediato a su país (Aplausos).

Cuba no alentará jamás los secuestros aéreos ni será tolerante con sus autores, pero no puede mantener compromisos virtualmente unilaterales de devolver o castigar a los mismos con un gobierno sobre el que recae la responsabilidad fundamental de esta infame ofensiva terrorista contra nuestro país.

Los acuerdos suscritos en este sentido con Canadá, México, Colombia y Venezuela, seguirán con plena vigencia.

Cuba está dispuesta también a colaborar con México, Panamá, Venezuela, Colombia, Jamaica, Trinidad y Tobago, Guyana, Barbados y los demás países del área del Caribe y Centroamérica que sean capaces de actuar de buena fe, en cualquier conjunto de medidas que se consideren apropiadas para combatir estos crímenes.

Cuba incluso mantiene la disposición de discutir con Estados Unidos, sea cual fuese el gobierno electo el próximo mes de noviembre, una solución a estos problemas, pero tiene que ser, repito, sobre la base del cese definitivo de todo acto de hostilidad y agresión a nuestra patria (Aplausos).

Podríamos preguntarnos qué se pretende con estos crímenes. ¿Destruir la Revolución? (Exclamaciones de: "¡No!") Es imposible. La Revolución emerge más vigorosa frente a cada golpe y cada agresión, se profundiza, se hace más consciente, se hace más fuerte (Aplausos). ¿Intimidar al pueblo? (Exclamaciones de: "¡No!") Es imposible. Frente a la cobardía y la monstruosidad de crímenes semejantes el pueblo se enardece, y cada hombre y mujer se convierte en un soldado fervoroso y heroico dispuesto a morir (Aplausos).

La Revolución nos inculcó a todos la idea de la fraternidad y la solidaridad humana. A todos nos hizo hermanos entrañables en los que la sangre de uno pertenece a todos y la sangre de todos pertenece a cada uno de los demás (Aplausos). Por eso el dolor es de todos, el luto es de todos, pero la invencible y poderosa fuerza de millones de personas es nuestra fuerza. ¡Y nuestra fuerza no es solo la fuerza de un pueblo, es la fuerza de todos los pueblos que ya se redimieron de la esclavitud y la de todos los que en el mundo luchan para erradicar del seno de la sociedad humana la explotación, la injusticia y el crimen! (Aplausos.)

Nuestra fuerza es, en fin, la fuerza del patriotismo y la fuerza del internacionalismo. Las ideas por las que luchamos son estandarte de los hombres más honestos y dignos del mundo de hoy y el emblema seguro y victorioso del mundo de mañana.

El imperialismo, el capitalismo, el fascismo, el neocolonialismo, el racismo, la brutal explotación del hombre por el hombre en todas sus formas y manifestaciones, se acercan al ocaso en la historia de la humanidad, y sus enloquecidos servidores lo saben; por eso sus reacciones son cada vez más desesperadas, más histéricas, más cínicas, más impotentes. Solo eso puede explicar crímenes tan repugnantes y absurdos como el de Barbados.

Durante más de 100 años ha sido recordado y condenado con inextinguible indignación el fusilamiento de los estudiantes de medicina en 1871. Durante miles de años nuestro pueblo recordará, condenará y aborrecerá en lo más profundo de su espíritu este horrible asesinato.

¡Nuestros atletas sacrificados en la flor de su vida y de sus facultades serán campeones eternos en nuestros corazones (Aplausos); sus medallas de oro no yacerán en el fondo del océano, se levantan ya como soles sin manchas y como símbolos en el firmamento de Cuba; no alcanzarán el honor de la olimpiada, pero han ascendido para siempre al hermoso olimpo de los mártires de la patria! (Aplausos.)

¡Nuestros tripulantes, nuestros heroicos trabajadores del aire y todos nuestros abnegados compatriotas sacrificados cobardemente ese día, vivirán eternamente en el recuerdo, en el cariño y la admiración del pueblo! (Aplausos) ¡Una patria cada vez más revolucionaria, más digna, más socialista y más internacionalista (Aplausos) será el grandioso monumento que nuestro pueblo erija a su memoria y a la de todos los que han caído o hayan de caer por la Revolución! (Aplausos.)

Hacia nuestros hermanos guyaneses y coreanos inmolados ese día, va también nuestro recuerdo más ferviente en estos instantes. Ellos nos recuerdan que los crímenes del imperialismo no tienen fronteras, que todos pertenecemos a la misma familia humana y que nuestra lucha es universal (Aplausos).

No podemos decir que el dolor se comparte. El dolor se multiplica. Millones de cubanos lloramos hoy junto a los seres queridos de las víctimas del abominable crimen. ¡Y cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

(Ovación).

domingo, 4 de octubre de 2026

Cuando los monstruos caminan entre nosotros




Henry Giroux, Counter Punch

Tenemos muchos monstruos que destruir.

–George Seferis

Pero, ¿cómo puede alguien decir la verdad sobre el fascismo si no está dispuesto a denunciarlo abiertamente, a menos que esté dispuesto a alzar la voz contra el capitalismo, que es lo que lo engendra?

–Bertolt Brecht

Hace más de cuatro décadas, el compositor e intelectual griego Manos Hadjidakis lanzó una advertencia que hoy se lee menos como una reflexión sobre el fascismo y más como una profecía de nuestro tiempo. El mayor peligro, sugirió, surge cuando nos acostumbramos al monstruo, cuando su presencia ya no escandaliza la conciencia y su violencia comienza a integrarse en la rutina diaria. La tolerancia no disminuye al monstruo; multiplica las condiciones que le permiten prosperar, fortaleciendo su presencia en la vida pública hasta que la propia monstruosidad adquiere la autoridad para gobernar. En este caso, el colapso de la conciencia es inseparable de la disociación entre «creencia y juicio, convicción y acción».

Hemos llegado a ese momento.

Los monstruos ya no se esconden en las sombras. Ocupan oficinas presidenciales y ministerios, comandan ejércitos y fuerzas policiales, controlan plataformas digitales, dominan las pantallas de televisión, administran fronteras, construyen centros de detención y transforman el sufrimiento ajeno en teatro político. Su discurso de purificación racial, deportación masiva, exterminio, venganza y descarte ya no produce la indignación que antes generaba. La crueldad se exhibe como fortaleza. La humillación se convierte en entretenimiento. El espectáculo del sufrimiento se transforma en fuente de placer político. Lo que debería ser insoportable se vuelve familiar; lo que debería provocar resistencia se integra en la rutina diaria.

El monstruo triunfa no solo cuando comete atrocidades, sino cuando su lenguaje se vuelve común, su violencia se vuelve aceptable, su instrumentalización de las divisiones raciales y de clase pasa desapercibida y su presencia ya no perturba la imaginación moral. Toni Morrison nos legó otro lenguaje para comprender cómo los monstruos se vuelven comunes. Lo llamó «lenguaje muerto», un lenguaje desprovisto de responsabilidad ética y puesto al servicio de la dominación. El lenguaje muerto de Morrison es, en sí mismo, monstruoso. Como ella escribe, el lenguaje opresivo «hace más que representar la violencia; es violencia». Es un lenguaje que «bebe sangre, se aprovecha de las vulnerabilidades, esconde sus botas fascistas bajo las crinolinas de la respetabilidad y el patriotismo mientras avanza implacablemente hacia el fondo y la mente más podrida».

La visión de Morrison trasciende la retórica. Los monstruos requieren un lenguaje que prepare el terreno para su violencia, despoje a sus víctimas de su humanidad y enseñe a la gente a aceptar lo impensable. El lenguaje muerto es una de las condiciones que permite que la monstruosidad se infiltre en la vida cotidiana disfrazada de sentido común.

Primo Levi observó en una ocasión que «los monstruos existen, pero son demasiado pocos para ser realmente peligrosos. Más peligrosos son los ciudadanos comunes, los funcionarios dispuestos a creer y actuar sin cuestionar». Levi sigue teniendo razón sobre el papel de los funcionarios irreflexivos, pero hoy en día los propios monstruos han adquirido poder institucional y legitimidad pública. Envalentonados por una desigualdad económica abrumadora, fortalecidos por la maquinaria del autoritarismo de alta tecnología y legitimados por una creciente cultura de violencia estatal, han pasado de los márgenes políticos a las altas esferas de la sociedad estadounidense.

Aquí, la advertencia de Hannah Arendt sobre el fracaso del pensamiento cobra renovada urgencia. La monstruosidad prospera cuando se renuncia al juicio, cuando la obligación de pensar se convierte en una carga y cuando la ignorancia se transforma de una simple ausencia de conocimiento en una deliberada negativa a saber. Podríamos llamar a esto la banalidad de la ignorancia: la suspensión voluntaria del juicio que permite a las personas ver el sufrimiento sin enfrentarlo y oír mentiras sin rechazarlas. El monstruo no solo exige obediencia; necesita sujetos que hayan aprendido a no pensar en las consecuencias de su obediencia.

Sin embargo, la advertencia de Hadjidakis plantea una pregunta más inquietante que si ahora nos gobiernan monstruos. ¿Qué significa que una sociedad comience a parecerse a sus monstruos? ¿Y qué fuerzas pedagógicas operan en la creación y normalización de esa semejanza? La semejanza no implica que todos se conviertan en asesinos o fascistas. Significa que los hábitos de pensamiento, las estructuras de sentimiento y las formas de indiferencia de las que depende la monstruosidad comienzan a penetrar en la vida cotidiana. La banalidad de la ignorancia se convierte en una condición social, una forma cultivada de ceguera moral en la que el desconocimiento ofrece un refugio de la responsabilidad y la negativa a pensar se convierte en una condición de pertenencia. Pero tal ignorancia no existe fuera del ámbito del deseo. Posee un registro emocional, una psicología del autoritarismo y una pedagogía del terror a través de la cual las personas aprenden no solo a convivir con la crueldad, sino a sumergirse en su carga emocional, encontrando placer y pertenencia en «patrones de dominación y sumisión [que se endurecen] hasta convertirse en un síndrome de actitudes respecto a la jerarquía, el poder, la sexualidad y la tradición».

El monstruo tiene una larga historia, nacida en las regiones más oscuras del imaginario social donde convergen el miedo, la diferencia y el poder. Como ha observado Manvir Singh, los monstruos han acechado durante mucho tiempo los límites entre lo humano y lo inhumano, lo familiar y lo aterrador, lo civilizado y aquello que se excluye de sus fronteras. Pero los monstruos nunca son meras criaturas de fantasía. Son advertencias, proyecciones, encarnaciones de miedos colectivos y, a menudo, armas para decidir quién pertenece al círculo de la humanidad y quién puede ser excluido. Lo que importa políticamente es qué sucede cuando el monstruo trasciende el mito y la fantasía, se apodera de las instituciones de poder y adquiere la autoridad para decidir quién puede vivir, quién debe sufrir y quién puede ser desechado.

Sin embargo, existe otro problema con la metáfora del monstruo. Imaginar a Donald Trump, Stephen Miller, Pete Hegseth, Itamar Ben-Gvir, Benjamin Netanyahu u otros artífices de la violencia autoritaria contemporánea simplemente como monstruos conlleva el riesgo de situarlos fuera de la historia, como si su crueldad se originara en alguna patología privada ajena a la sociedad que los produjo. El monstruo puede entonces convertirse en una coartada para la sociedad que lo creó. La indignación moral se individualiza, mientras que las instituciones, los intereses económicos, las jerarquías raciales, los aparatos culturales y las fuerzas políticas que hacen posible la crueldad organizada desaparecen. Esta es la idea crucial en el argumento de Jorge González Arocha: convertir a los perpetradores en monstruos puede convertirse en una forma de mirar hacia otro lado. Arocha argumenta que “reducir al perpetrador a nada más que un monstruo nos protege de reconocernos a nosotros mismos como potenciales perpetradores. Nos distancia del suceso y de su realidad, al tiempo que nos coloca en una posición de superioridad moral… [Es] una forma de negar que la capacidad de destruir también nos pertenece, que forma parte de la condición humana”.

El problema no radica en la inexistencia de monstruos. El problema surge cuando la monstruosidad se convierte en una explicación en lugar de una pregunta. Los monstruos no surgen de fuera de la historia. Se producen dentro de la historia, se cultivan a través de las instituciones, se protegen mediante burocracias, se legitiman por ley, se financian con poderosos intereses económicos, se amplifican por los medios de comunicación y se normalizan a través de la cultura. La importancia política de los monstruos no reside simplemente en los horrores que cometen, sino en el orden social que los hace posibles, útiles, legítimos y, finalmente, comunes. Centrarse exclusivamente en los monstruos puede ocultar la estructura más profunda del capitalismo mafioso, un sistema que «prioriza ciertas formas de poder sobre el bien común y permite la deshumanización gradual de nuestras sociedades».

Por lo tanto, la pregunta debe cambiar. Debemos pasar del monstruo a la maquinaria, de la patología del individuo a la economía política de la crueldad organizada, y de ahí a las fuerzas culturales y educativas que enseñan a la gente a vivir con el sufrimiento que produce dicha maquinaria. Los monstruos no actúan solos. Su poder se hace visible en las instituciones que los protegen, la riqueza que los sustenta, las leyes que los autorizan y la violencia que les sigue. Vemos su obra en calles manchadas de sangre, en migrantes brutalizados y abandonados a su suerte en centros de detención, en la tortura documentada en prisiones israelíes y en los cuerpos de niños y familias destrozadas por las bombas israelíes y estadounidenses en Gaza. Detrás de estas abstracciones se encuentran miembros arrancados, cuerpos desmembrados, niños rescatados de entre los escombros, familias quemadas y sepultadas bajo las ruinas de sus hogares y seres humanos reducidos a carne y hueso por sistemas en los que la crueldad se ha organizado, autorizado y repetido hasta que incluso la violencia más horrenda amenaza con perder su capacidad de conmocionar.

El horror reside en la creciente tolerancia de la sociedad hacia los monstruos, en el silencio que rodea sus crímenes y en la erosión de los límites morales y políticos que antes hacían intolerables sus actos. Tal silencio jamás es inocente. Es el rigor mortis de la decadencia ética y política, el punto en el que una política organizada en torno a la muerte empieza a hacerse pasar por vida ordinaria. La pesadilla ya no acecha en las sombras; se abre paso a la luz del día y es recibida con indiferencia, resignación o aplausos. La pregunta es cómo las personas aprenden a vivir en medio del sufrimiento colectivo y, finalmente, a apartar la mirada. ¿Qué formas de poder requieren tal silencio? ¿Qué instituciones lo cultivan? ¿Qué cultura enseña a las personas a dar la espalda a los cuerpos que quedan atrás? Y, lo más importante, ¿qué mecanismos pedagógicos enseñan a millones no solo a tolerar la crueldad, sino a identificarse con quienes la infligen, a desear el poder que encarnan y a experimentar el sufrimiento ajeno como el precio de su propia liberación imaginada?

Aquí convergen la economía política, la cultura y la pedagogía. El monstruo se vuelve inseparable del capitalismo despiadado, el terrorismo pedagógico y la cultura de la crueldad. El capitalismo despiadado no produce monstruos por casualidad; cada vez los necesita más, junto con públicos capaces de amarlos.

El concepto de mal radical de Arendt lleva este argumento más allá, pasando del fallo de juicio a la maquinaria política que convierte a los seres humanos en superfluos. En Los orígenes del totalitarismo, el mal radical surge de un orden político capaz de despojar a los seres humanos de sus derechos, su historia, su individualidad y, finalmente, su pertenencia a la comunidad humana. El campo de concentración representó la máxima expresión de esta lógica, pero su significado político trascendió el campo. El totalitarismo requería instituciones capaces de transformar a los seres humanos en materia desechable.

El posterior relato de Arendt sobre Adolf Eichmann complicó aún más la situación. Eichmann no se le presentó como una figura demoníaca poseedora de una maldad insondable. Le pareció terriblemente común: burocrático, arribista, obediente, incapaz de reflexionar seriamente sobre las consecuencias de sus actos. La banalidad del mal no significaba que sus crímenes fueran banales, sino que crímenes extraordinarios podían cometerse mediante rutinas cotidianas, lenguaje burocrático, ambición profesional, obediencia y la suspensión del juicio.

Reinhard Heydrich, uno de los principales artífices de la maquinaria nazi de terror y asesinatos en masa, representa otra configuración del monstruo político. En él convergieron el fanatismo ideológico, la inteligencia administrativa y un extraordinario poder institucional. No conviene reducir a Eichmann y Heydrich al mismo tipo psicológico, pero ambos evidencian la insuficiencia de considerar la atrocidad simplemente como obra de monstruos. Los sistemas modernos de terror requieren administradores, abogados, técnicos, policías, propagandistas, intelectuales, periodistas y funcionarios. El mal se vuelve más peligroso políticamente cuando adquiere una oficina, un presupuesto, una burocracia, un lenguaje de necesidad y una opinión pública dispuesta a aceptar sus premisas.

Primo Levi comprendió este peligro desde otra perspectiva . Rechazó la tentación, aparentemente reconfortante, de dividir el mundo simplistamente entre la humanidad inocente y los monstruos incomprensibles. Como él mismo afirmó: «Es un error estúpido ver a todos los demonios de un lado y a todos los santos del otro… Dividir en blanco y negro significa desconocer la naturaleza humana». Su concepto de zona gris otorgó a esta idea su fuerza política más inquietante. La zona gris no abolió las distinciones entre víctima y perpetrador; expuso las formas en que los sistemas de dominación corrompen la vida moral misma. La lección política resulta perturbadora precisamente porque nos niega el consuelo de creer que la atrocidad pertenece a otra especie humana. La barbarie moderna no surge al margen de la civilización. Se organiza a través de las instituciones, las tecnologías, las formas de conocimiento y las estructuras de obediencia de la civilización.

Umberto Eco hizo una observación similar sobre el fascismo . El fascismo no posee una única vestimenta inmutable. Cambia su lenguaje, símbolos, tecnologías y formas institucionales. Eco advirtió que «el fascismo primigenio puede resurgir bajo el disfraz más inocente». Buscar únicamente a las camisas negras de Mussolini o a las camisas pardas de Hitler implica, por lo tanto, el riesgo de no ver el fascismo cuando regresa vestido de traje, portando una Biblia, apareciendo en podcasts, controlando un algoritmo o invocando el lenguaje de la libertad, el renacimiento nacional, la seguridad fronteriza y la soberanía popular. El fascismo sobrevive precisamente porque aprende a adaptarse a las condiciones históricas de su tiempo.

Si el fascismo evoluciona según las condiciones históricas en las que se inserta, entonces dichas condiciones se vuelven fundamentales para comprender cómo se producen y perpetúan sus monstruos. Por lo tanto, el problema del monstruo debe situarse dentro de la economía política, la cultura, la pedagogía y la historia. Las condiciones que posibilitan la monstruosidad no son ni accidentales ni atemporales. Surgen de sociedades en las que la desigualdad extrema se considera natural, la crueldad se convierte en entretenimiento, la jerarquía racial se defiende como sentido común, el militarismo se erige como una virtud nacional y poblaciones enteras son consideradas prescindibles.

La monstruosidad del presente no surgió repentinamente con Trump. Su genealogía se remonta a la larga historia del imperio estadounidense y, con especial fuerza, a la Guerra contra el Terror . En nombre de la lucha contra el terrorismo, Estados Unidos desató guerras cuyo número de muertos directos superó los 600.000 en Afganistán, Irak, Pakistán, Siria y Yemen, mientras que las estimaciones de muertes indirectas, producidas por la destrucción de infraestructuras, las enfermedades, el desplazamiento y la desnutrición, ascienden a millones. Tal devastación no puede reducirse al lenguaje de un fracaso político catastrófico. Constituyó una vasta maquinaria de desecho racializado en la que poblaciones enteras podían ser bombardeadas, torturadas, desplazadas, encarceladas y abandonadas, mientras su sufrimiento apenas se registraba en el vocabulario moral de la vida política estadounidense.

Aimé Césaire comprendió hace mucho tiempo que la violencia imperial nunca se limita a quienes se dirigen inicialmente contra ella. La brutalidad colonial, advirtió, produce un «terrible efecto bumerán»: los hábitos de deshumanización, jerarquía racial, anarquía y violencia organizada cultivados en el extranjero acaban regresando a casa. La Guerra contra el Terrorismo ofrece una aterradora ilustración contemporánea de esta advertencia. Las cámaras de tortura de Abu Ghraib, la detención indefinida en Guantánamo, las entregas extrajudiciales, los asesinatos con drones, la vigilancia masiva y la normalización de la guerra permanente no solo devastaron otras sociedades , sino que también contribuyeron a que el público estadounidense aceptara la tortura, la vigilancia, la militarización policial, el poder ejecutivo sin ley y la designación de poblaciones enteras como amenazas. El trumpismo no inventó esta cultura política; la heredó, la intensificó y volcó sus hábitos imperiales hacia el interior. En este sentido, el monstruo regresó a casa porque la maquinaria que lo produjo llevaba décadas en funcionamiento.

Bajo el capitalismo mafioso, la maquinaria imperial de la precariedad se vuelve contra sí misma, adoptando una forma doméstica especialmente letal. La riqueza se concentra, los bienes públicos se despojan para el beneficio privado, las instituciones democráticas se subordinan al poder multimillonario y el Estado punitivo se expande mientras el Estado social se contrae. El abandono y la represión se convierten en dos caras de un mismo orden político.

La pedagogía se vuelve fundamental porque el fascismo nunca se impone simplemente desde arriba. Debe aprenderse. Hay que enseñar a la gente a quién temer, a quién odiar, qué sufrimiento importa, cuál puede ignorarse y cuál puede celebrarse su desaparición. Deben aprender a experimentar la crueldad como fortaleza, la dominación como libertad, la jerarquía racial como algo natural y la violencia como purificación nacional.

El terrorismo pedagógico da nombre a este proceso. Opera a través de escuelas e iglesias, televisión y redes sociales, podcasts, mítines políticos, plataformas digitales, publicidad y el espectáculo de la violencia estatal. Estos aparatos culturales van más allá de comunicar ideas. Organizan la atención, moldean la conciencia, movilizan el deseo y enseñan hábitos emocionales. Crean las condiciones emocionales e ideológicas que convierten la desechabilidad en sentido común.

Las ansiedades privadas se convierten en enemigos públicos. La soledad se transforma en la falsa solidaridad de la tribu, la impotencia se redirige hacia la agresión y el resentimiento se eleva a la categoría de virtud moral. El miedo se convierte en odio y la humillación en el deseo de humillar a los demás. El fascismo se nutre de esta economía emocional porque otorga al sufrimiento privado un objetivo público. Las heridas infligidas por un orden social cada vez más brutal se desvían de las estructuras que las producen y se dirigen hacia los inmigrantes, las personas negras, los palestinos, las feministas, los intelectuales, las personas queer, los disidentes y cualquier otra persona designada como enemigo.

Una cultura de barbarie se arraiga cuando la crueldad deja de limitarse al Estado o a sus líderes más fanáticos y se introduce en la vida cotidiana, moldeando la conciencia pública, el anhelo político y los límites de lo que se considera humano. La barbarie se convierte en cultura cuando un gran número de personas apoya el desplazamiento forzoso, el castigo colectivo, el hambre, la violencia exterminadora y la destrucción de la vida civil sin percibir tales políticas como una catástrofe moral.

Israel ofrece un ejemplo escalofriante. En mayo de 2025, una encuesta realizada por Tamir Sorek, profesor de la Universidad Estatal de Pensilvania, reveló que el 82% de los judíos israelíes encuestados apoyaba la expulsión de los palestinos de Gaza, y el 54% se declaraba muy a favor. Aún más inquietante, el 47% coincidió en que, cuando el ejército israelí conquista una ciudad enemiga, debería actuar como lo hicieron los israelitas en la conquista bíblica de Jericó, es decir, exterminando a todos sus habitantes. Estas cifras reflejan algo más aterrador que el simple apoyo a una política militar concreta. Revelan cómo el lenguaje de la expulsión y el exterminio puede trascender los márgenes de la vida política e integrarse en el vocabulario moral de la sociedad cotidiana. Así se manifiesta una cultura de barbarie cuando la prescindibilidad se convierte en sentido común y la destrucción de otro pueblo puede considerarse legítima, necesaria o incluso justa.

Omer Bartov ha ido más allá, argumentando que la sociedad israelí se ha vuelto cómplice tanto por sus acciones como por su silencio, y que se caracteriza cada vez más por la violencia, la vulgaridad y la indiferencia. Lo que está en juego aquí trasciende los crímenes de Netanyahu, Ben-Gvir o el ejército israelí. Apunta a la producción pedagógica de un orden social en el que el lenguaje de la eliminación se vuelve concebible, el sufrimiento masivo se vuelve tolerable y la violencia exterminadora se integra en los ritmos cotidianos de la vida nacional. Este es el objetivo final del terrorismo pedagógico: la creación de sujetos para quienes la barbarie ya no parece bárbara.

La cultura del fascismo no solo tolera a los monstruos; los convierte en celebridades, caudillos, salvadores y objetos de identificación, reproduciendo un culto al liderazgo. Sus transgresiones de las normas morales y políticas se convierten en signos de autenticidad, su crueldad en prueba de fuerza. Su desprecio por las restricciones democráticas se convierte en fuente de placer para sus seguidores, quienes experimentan cada transgresión como una liberación imaginaria de las obligaciones de igualdad, compasión y responsabilidad mutua.

Trump ofreció una escalofriante muestra de estas pasiones movilizadoras del fascismo cuando instó a sus seguidores a hacer trampa en las elecciones de noviembre. En la convención republicana de Dallas, ordenó a miles de simpatizantes que levantaran la mano derecha y repitieran un juramento de lealtad personal que incluía la declaración: «Me da igual si estoy registrado o no. Voy a intentar hacer trampa como es debido, igual que ellos». Esto fue más que un simple ataque a las normas democráticas. Fue un ritual político fascista en el que la lealtad al líder, el desprecio por la ley y la emoción de la transgresión colectiva se fusionaron en un espectáculo de masas. Sin embargo, el incidente se absorbió en el torbellino de noticias como otra actuación extravagante de Trump. Así es como el fascismo se vuelve común: lo escandaloso se informa, se consume y se olvida antes de que su significado pueda convertirse en una cuestión de juicio público sostenido. Lo que debería haber sido una emergencia política se disolvió en la cultura de la inmediatez, despojado de su significado histórico y reducido a otro espectáculo sin consecuencias.

La tarea política no puede reducirse a destituir a individuos del poder. El lenguaje de la monstruosidad se vuelve políticamente paralizante cuando individualiza lo sistémico, dirigiendo la atención hacia líderes patológicos y dejando intactas las instituciones, los intereses económicos, los ecosistemas mediáticos, las jerarquías raciales y las fuerzas educativas que generan una conciencia autoritaria.

La cuestión política fundamental de nuestro tiempo no es si los monstruos han regresado, sino qué tipo de sociedad los produce, qué formas de poder los necesitan y qué mecanismos pedagógicos enseñan a la gente a seguirlos. El monstruo no es el fin del análisis, sino su comienzo. El fascismo no puede ser derrotado eliminando a sus líderes más visibles sin alterar la maquinaria económica, política y cultural que lo generó. La lucha contra el fascismo también debe confrontar el capitalismo mafioso, la supremacía blanca, el militarismo, el Estado punitivo y las instituciones que convierten a los seres humanos en poblaciones desechables.

Pero la resistencia no puede vivir solo de indignación. Necesita un lenguaje de posibilidades y una política capaz de concretar la esperanza. La esperanza no es ni optimismo ni fe en que la historia se incline automáticamente hacia la justicia. Es una práctica que nace cuando las personas rechazan la soledad artificial de la vida neoliberal, se encuentran en la lucha y reconocen que lo que experimentan como sufrimiento privado es a menudo una herida pública producida por las estructuras de poder. Se manifiesta en sindicatos, aulas, manifestaciones, redes de ayuda mutua, movimientos abolicionistas, luchas por la libertad palestina, campañas por la justicia para los inmigrantes y organizaciones capaces de transformar la ira en poder colectivo.

Ya existen indicios de que una política de este tipo está luchando por nacer en Estados Unidos. El resurgimiento del socialismo democrático, el extraordinario crecimiento de los Socialistas Democráticos de América (DSA), las victorias electorales de candidatos socialistas y la renovada militancia obrera sugieren que cada vez más personas ya no están dispuestas a aceptar la tiranía del mercado como el horizonte de la posibilidad política. Los DSA reportaron más de 120.000 miembros para el verano de 2026, junto con un campo cada vez más amplio de victorias electorales socialistas y campañas de organización. Estos acontecimientos no deben idealizarse ni confundirse con una transformación socialista masiva. Pero son importantes porque evidencian algo que el orden dominante desea desesperadamente que se declare imposible: el capitalismo vuelve a ser señalado como un problema político, el socialismo ha regresado a la vida pública como un lenguaje de posibilidad, y la lucha colectiva está rompiendo la asfixiante afirmación de que no hay alternativa.

La esperanza es peligrosa para el fascismo porque el poder autoritario se nutre del aislamiento, la amnesia histórica, el agotamiento político y la convicción de que nada puede cambiar. La esperanza militante destruye esa convicción. Transforma el sufrimiento privado en ira pública, a los espectadores en agentes políticos y la soledad de la que se alimenta el fascismo en poder colectivo. Frente a la pedagogía del miedo, crea una pedagogía de la resistencia y el coraje cívico. Frente a la cultura de la crueldad, convierte la solidaridad en un arma y la justicia en una exigencia colectiva. Frente a una sociedad organizada en torno a la desechabilidad, insiste en que los seres humanos valen más que los mercados, las fronteras, la propiedad y el lucro, y que las instituciones que producen miseria, abandono y violencia organizada deben transformarse.

La lucha va más allá de derrotar a los monstruos que ostentan el poder. Debemos destruir las condiciones que los hacen posibles, construyendo una política democrática de masas capaz de confrontar la concentración de la riqueza, desmantelar las jerarquías raciales y económicas, defender los bienes públicos, romper el dominio del militarismo y devolver el poder económico y político a la gente común. La democracia no puede sobrevivir como la mera cáscara política del capitalismo, vacía de su esencia, mientras el poder económico concentrado gobierna desde dentro. Debe convertirse en una forma de organizar la vida social misma, fundamentada en la igualdad, el poder colectivo y la lucha por un futuro justo.

Hace más de cuatro décadas, Manos Hadjidakis advirtió : «Cuando el rostro del monstruo deje de asustarnos, entonces sí que tendremos miedo… porque eso significa que hemos empezado a parecernos a él». Su advertencia nunca ha sido tan urgente. Pero el parecido no es destino. El monstruo depende de nuestra resignación, nuestro silencio, nuestro aislamiento y, finalmente, nuestra creencia de que la resistencia es inútil. La forma más radical de esperanza comienza con el rechazo de esa mentira. Los monstruos son creados por la historia, y pueden ser deshechos por la lucha colectiva. Esa lucha debe confrontar al capitalismo mismo y construir una política socialista democrática capaz de arrebatar el poder a las élites gobernantes, devolvérselo a la gente común y transformar la esperanza en una fuerza para rehacer el mundo.


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Henry A. Giroux actualmente ostenta la Cátedra McMaster de Investigación en Interés Público en el Departamento de Inglés y Estudios Culturales y es el Profesor Distinguido Paulo Freire en Pedagogía Crítica. Entre sus libros más recientes se incluyen: El terror de lo imprevisto (Los Angeles Review of Books, 2019), Sobre pedagogía crítica, 2.ª edición (Bloomsbury, 2020); Raza, política y pedagogía pandémica: Educación en tiempos de crisis (Bloomsbury, 2021); Pedagogía de la resistencia: Contra la ignorancia fabricada (Bloomsbury, 2022) e Insurrecciones: Educación en la era de la política contrarrevolucionaria (Bloomsbury, 2023), y, en coautoría con Anthony DiMaggio, Fascismo a juicio: Educación y la posibilidad de la democracia (Bloomsbury, 2025). Giroux también es miembro de la junta directiva de Truthout.

domingo, 6 de septiembre de 2026

De Bolsonaro a Milei y Kast : el caso Cerimedo revela las redes de la extrema derecha latinoamericana


7 de septiembre por Christian Dubucq
  



Fernando Cerimedo (a la derecha), junto al presidente boliviano Rodrigo Paz durante un encuentro con el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, en Doral (Florida), el 7 de marzo de 2026. Foto: Freddie Everett / U.S. Department of State. Dominio público.

La detención en Bolivia del consultor político argentino Fernando Cerimedo, sospechoso de haber ordenado el ataque contra su expareja Nadia Beller, podría haber quedado reducido a un espectacular caso criminal. Pero los allanamientos, las investigaciones judiciales y las revelaciones que se suceden desde mediados de agosto de 2026 ponen de manifiesto una realidad mucho más amplia. Desde el Brasil de Bolsonaro hasta la Argentina de Milei, pasando por Honduras, la Bolivia de Rodrigo Paz y, ahora, el Chile de José Antonio Kast, la trayectoria de Cerimedo permite vislumbrar un ecosistema transnacional en el que circulan consultores políticos, medios militantes, influencers, capitales y tecnologías de manipulación de las redes sociales.

El 17 de agosto de 2026, frente a un hotel de Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, dos hombres que llegaron en motocicleta y vestidos como repartidores abrieron fuego contra Nadia Beller. La abogada boliviana recibió tres disparos, pero sobrevivió. Desde entonces, la policía ha identificado a los dos presuntos autores materiales del ataque. Uno de ellos es un ciudadano colombiano, Aldubar Herny Silva Peña, alias «Juancho», presentado inicialmente por los investigadores como el hombre que disparó contra Beller; el otro es Edson Vega Justiniano, alias «Don Fiti». Ambos están siendo buscados. Sin embargo, el 1 de septiembre, «Juancho» reapareció en un video difundido desde la clandestinidad: reconoce haber participado en la preparación de la operación, aunque niega haber disparado personalmente, y afirma que Beller solo debía recibir «una advertencia», mientras que el verdadero objetivo habría sido una personalidad argentina. Beller rechaza categóricamente esta versión.

El día del atentado, pocas horas después de los disparos, su expareja, Fernando Cerimedo, fue detenido en el aeropuerto internacional de Viru Viru, en Bolivia, cuando se disponía a embarcar en un vuelo de Aerolíneas Argentinas con destino a Buenos Aires. Cerimedo niega haber ordenado el ataque, pero la justicia boliviana dispuso su detención preventiva durante seis meses en el marco de la investigación por tentativa de feminicidio. Como señala Reuters, que informó de su detención desde el 18 de agosto, el personaje dista mucho de ser un desconocido: asesor del actual presidente boliviano Rodrigo Paz, fue uno de los estrategas de la campaña de Javier Milei en Argentina y anteriormente había mantenido vínculos con Jair Bolsonaro en Brasil.

El caso podría haberse quedado ahí: un ajuste de cuentas particularmente violento en el contexto de una ruptura sentimental. Pero desde la detención de Cerimedo, cada nuevo allanamiento, cada peritaje de sus teléfonos y cada testimonio hacen aparecer ramificaciones que desbordan ampliamente las fronteras bolivianas. Los acontecimientos posteriores confieren rápidamente al caso una dimensión completamente distinta: los investigadores se interesan por las finanzas y las actividades digitales de Cerimedo, mientras vuelven a salir a la luz sus relaciones con varios dirigentes de la derecha y la extrema derecha latinoamericanas.

En Argentina, las visitas de Cerimedo a la Casa Rosada incomodan al gobierno de Javier Milei; en Chile, sus vínculos con el entorno de José Antonio Kast y su eventual papel en campañas digitales han llevado ya a recurrir a la justicia y a los organismos de control del Estado, así como a un intento de creación de una comisión parlamentaria de investigación. Lo que comenzó con tres disparos frente a un hotel de Santa Cruz se convierte progresivamente en un asunto político regional.

Es precisamente este cambio de escala lo que hace que el caso Cerimedo resulte particularmente interesante. Desde el atentado, Nadia Beller ha multiplicado sus revelaciones sobre las actividades de su expareja, relativas en particular a operaciones con combustible y oro, posibles circuitos financieros clandestinos, infraestructuras digitales destinadas a intervenir masivamente en las redes sociales y las relaciones de Cerimedo con distintas personalidades políticas. Varios de estos elementos han dado lugar desde entonces a investigaciones de la justicia boliviana. Pero el caso pone sobre todo de manifiesto una realidad mucho más amplia y ya ampliamente documentada: desde hace varios años, Cerimedo se encuentra en la intersección de campañas electorales, medios de extrema derecha, empresas de comunicación política y redes digitales que operan en varios países del continente. Sin embargo, el caso está lejos de estar cerrado. Desde la detención de Fernando Cerimedo, casi cada día aporta nuevos elementos: allanamientos, peritajes de teléfonos, testimonios, procedimientos judiciales o revelaciones de la prensa en Bolivia y en otros países. Algunas informaciones publicadas hoy pueden, por tanto, ser completadas, precisadas o quedar superadas al día siguiente. Esta investigación refleja el estado del caso al 2 de septiembre de 2026 y deberá actualizarse a medida que aparezcan nuevos elementos.

De Bolsonaro a Milei, y luego a Rodrigo Paz

Cerimedo se dio a conocer inicialmente en Argentina como militante y estratega digital de la extrema derecha. A partir de 2021, adquirió un papel importante en La Derecha Diario, medio creado en Argentina en 2019 y convertido desde entonces en una plataforma influyente de la extrema derecha en varios países de América Latina. Su audiencia se basa en gran medida en las redes sociales: en junio de 2026, el medio contaba con aproximadamente 1,3 millones de seguidores acumulados en sus distintas plataformas, de los cuales más de medio millón estaban en X. Como muestra de su proximidad con el poder argentino y de su capacidad de difusión, Javier Milei compartió publicaciones de La Derecha Diario 1.539 veces en cinco meses durante 2025, según El País.

Su importancia política aumenta con el ascenso de Javier Milei. Se convierte en uno de los especialistas en comunicación digital de esta extrema derecha libertaria y desempeña un papel importante en la campaña presidencial victoriosa de 2023.

Tras su detención, Milei afirmó, sin embargo, que Cerimedo ya no tenía ningún vínculo con su movimiento desde aquel año. Los registros oficiales consultados por La Nación cuentan una historia sensiblemente diferente: Cerimedo entró al menos trece veces en la Casa Rosada entre el 11 de diciembre de 2023, al día siguiente de la investidura de Milei, y el 5 de junio de 2024. Evidentemente, estos registros no permiten conocer el contenido de sus encuentros, pero demuestran que sus relaciones con el nuevo poder argentino no se interrumpieron al finalizar la campaña electoral.

La detención de Cerimedo también hizo resurgir en Argentina la cuestión de la financiación de La Derecha Diario. El 26 de agosto, la diputada Myriam Bregman —miembro del FIT-U, Frente de Izquierda y de los Trabajadores-Unidad— interpeló al gobierno en la Cámara de Diputados para preguntar cuánto dinero había pagado YPF —empresa petrolera controlada por el Estado argentino— a La Derecha Diario en concepto de publicidad. También cuestionó la existencia de financiación procedente de Aerolíneas Argentinas y de los gobiernos provinciales de Córdoba y Tucumán. « Estas agresiones que comienzan en las redes terminan en la vida real », afirmó, estableciendo un vínculo entre las violentas campañas llevadas a cabo por La Derecha Diario contra sus adversarios políticos y el caso Cerimedo. La prensa argentina ya ha documentado pagos procedentes del gobierno de Córdoba, pero no se ha hecho público el monto de las sumas abonadas por YPF. La intervención de Bregman plantea así una cuestión más amplia: ¿qué parte del crecimiento de este medio de extrema derecha, que reivindica su hostilidad hacia el Estado y el sector público, ha sido financiada con dinero procedente de empresas o instituciones públicas?

Antes de Milei, Cerimedo ya había adquirido experiencia internacional en Brasil. Tras la derrota de Jair Bolsonaro frente a Lula en octubre de 2022, participó activamente en el cuestionamiento de la fiabilidad del sistema electoral brasileño y difundió las acusaciones de fraude formuladas por el bolsonarismo. Posteriormente intervino en Honduras junto a Nasry Asfura, candidato de la derecha respaldado por Donald Trump [1] . En cada uno de estos países encontramos la misma especialización: comunicación política digital, amplificación de contenidos en las redes sociales y construcción de medios o plataformas capaces de difundir directamente un discurso político eludiendo a los medios tradicionales.

Bolivia constituye una nueva etapa. Cerimedo participó en la campaña de Rodrigo Paz en 2025 y posteriormente siguió presente en su entorno tras su llegada a la presidencia. Paz afirma que nunca ocupó un cargo oficial, que nunca tuvo un contrato con el Estado ni estuvo autorizado a representar al gobierno. Pero varios elementos aparecidos desde su detención dibujan un papel mucho más importante. La Fiscalía allanó en La Paz una oficina alquilada por Cerimedo por 25.000 bolivianos mensuales —aproximadamente 3.100 euros— que, según el fiscal encargado de la operación, debía servir para la logística de su actividad como asesor del gobierno. Funcionarios interrogados por El Deber afirman, por otra parte, que intervenía en las estrategias de comunicación de varios ministerios. El vicepresidente Edmand Lara va mucho más lejos: asegura que Cerimedo participaba en las reuniones del Consejo de Ministros, daba instrucciones a determinados ministros e intervenía incluso en nombramientos. «Cerimedo tuvo poder y tomó decisiones en el gobierno», afirma. Detrás de la controversia sobre su estatus oficial surge así una pregunta mucho más incómoda para Rodrigo Paz: ¿qué poder real ejercía en el corazón del gobierno boliviano un consultor político extranjero desprovisto de toda función pública?

La trayectoria de Cerimedo permite así observar concretamente el funcionamiento de este ecosistema transnacional de la extrema derecha: de un país a otro circulan no solo los consultores, sino también los métodos de comunicación, los medios militantes, las redes de cuentas, las tecnologías de amplificación y los contactos políticos. Y su papel no termina necesariamente con la victoria electoral: el caso boliviano muestra cómo un estratega de campaña extranjero puede seguir gravitando en el corazón del poder e incluso, según las acusaciones del vicepresidente Lara, intervenir directamente en su funcionamiento.

La detención abre la caja negra

El atentado contra Nadia Beller cambió brutalmente la situación, ya que la detención de Cerimedo permitió a los investigadores acceder a lo que hasta entonces había permanecido en gran medida invisible: sus propiedades, sus teléfonos y computadoras, pero también una parte de sus circuitos financieros. Los primeros allanamientos realizados en La Paz tomaron rápidamente un giro inesperado. En el transcurso de cuatro allanamientos llevados a cabo en La Paz en el marco de la investigación sobre Cerimedo, la Fiscalía incautó más de 500.000 bolivianos en efectivo —aproximadamente 62.000 euros—, así como sumas en dólares y euros cuyo monto no fue precisado, documentos y diversos equipos tecnológicos. En uno de los inmuebles, el fiscal departamental de La Paz anunció el descubrimiento de lo que calificó como una «granja de bots», una infraestructura que permite gestionar simultáneamente numerosas cuentas en las redes sociales (véase el recuadro «Troles, bots, cuentas falsas: ¿cómo se fabrica una impresión de mayoría?»). El material fue incautado para ser analizado. La defensa de Cerimedo cuestiona esta calificación y afirma que los dispositivos presentados como integrantes de una granja de bots eran, entre otras cosas, teléfonos satelitales y módems de Internet.

Pero el contenido del teléfono de Cerimedo es potencialmente aún más comprometedor que el material incautado. Según el peritaje incorporado al expediente judicial y revelado por la prensa argentina, los investigadores encontraron una conversación en la que aparece esta frase: «O la eliminamos ahora o estamos jodidos», seguida de intercambios sobre la búsqueda de una persona capaz de hacer «el trabajo». La misma noche del ataque, un contacto registrado con las iniciales «ECG» informa a Cerimedo casi en tiempo real de que Nadia Beller acaba de recibir varios disparos y le transmite información y fotografías aparentemente procedentes del lugar del atentado. Tanto Beller como el expresidente Evo Morales han identificado públicamente a «ECG» como Erick Correa Gonzales, presentado como jefe de inteligencia de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN). Sin embargo, esta identificación no ha sido confirmada por la Fiscalía. Más sorprendente aún, teniendo en cuenta el contenido de los intercambios, hasta la fecha ninguna información pública da cuenta de una orden de detención o de una imputación contra Correa Gonzales en la investigación sobre el atentado. Si «ECG» es efectivamente el responsable de la FELCN señalado por Beller y Morales, la aparente ausencia de actuaciones judiciales en su contra plantea inevitablemente la cuestión de posibles protecciones dentro del aparato del Estado boliviano.

Paralelamente, la investigación se extendió a los circuitos financieros del consultor. La Fiscalía allanó varias casas de cambio de La Paz. En una de ellas, situada en el barrio de Calacoto, el fiscal Miguel Cardozo afirma que Cerimedo acudía a recibir y entregar dinero destinado posteriormente a ser distribuido en otros lugares y que las primeras investigaciones revelan aproximadamente 400.000 dólares en transacciones a su favor. El peritaje de su teléfono abrió además otra pista. Según un informe técnico de la Fiscalía revelado por La Nación, los investigadores identificaron transferencias en criptomonedas vinculadas a una importante cueva virtual, una especie de casa de cambio clandestina que opera en línea. Ahora intentan reconstruir estos circuitos financieros, identificar a las personas y estructuras por las que transitó el dinero y determinar el origen y el destino de los fondos.

Estos hallazgos llevaron a la apertura de un nuevo proceso por enriquecimiento ilícito y legitimación de ganancias ilícitas. El 29 de agosto, tras una audiencia de casi seis horas, el juez Douglas Borda ordenó una segunda detención preventiva de seis meses contra Cerimedo, esta vez en la cárcel de máxima seguridad de Chonchocoro, cerca de La Paz. Sin embargo, la decisión fue recurrida por su defensa y su traslado desde la cárcel de Palmasola, en Santa Cruz, aún no se había ejecutado a comienzos de septiembre.

La investigación abarca ahora un conjunto mucho más amplio que el caso inicial: patrimonio, importantes sumas de dinero en efectivo —la Fiscalía informó, entre otras cosas, del hallazgo de 50.000 dólares durante un allanamiento—, casas de cambio, transferencias en criptomonedas y circuitos financieros cuyo origen, beneficiarios y destino intenta establecer la justicia boliviana. El 31 de agosto, el senador Leonardo Roca se constituyó en parte dentro de este proceso y anunció que entregaría a la Fiscalía los resultados de un rastreo digital que revelaría una red de billeteras de criptomonedas vinculadas a Cerimedo e importantes movimientos de fondos.

Paralelamente, se abrió otra investigación en el departamento del Beni, esta vez por tráfico de sustancias controladas y asociación delictuosa. El 28 de agosto, el fiscal general Róger Mariaca confirmó que el proceso se había abierto a partir de distintos informes y del testimonio de Nadia Beller. La investigación se refiere a una posible protección concedida a vuelos irregulares que operaban desde Santa Ana del Yacuma, una región por la que circulan avionetas sospechosas de estar vinculadas al narcotráfico. Según la Fiscalía del Beni, algunos de estos vuelos habrían tenido como destino Brasil. La investigación intenta ahora identificar a las personas que habrían proporcionado esa cobertura y determinar si participaron funcionarios o responsables de instituciones encargadas de combatir el narcotráfico. El 1 de septiembre, el fiscal departamental Alexander Mendoza anunció que Nadia Beller sería convocada próximamente a Trinidad para prestar una declaración considerada «principal y esencial» para la continuación de la investigación.

También deberán declarar funcionarios de varias instituciones con el fin de verificar si agentes del Estado protegieron efectivamente esos vuelos y si recibieron, a cambio, beneficios económicos.

Las acusaciones de Nadia Beller van mucho más lejos. Menciona operaciones de importación de combustible en Bolivia, un intento de exportar a Dubái 189 kilos de oro, con un valor estimado de unos 25 millones de dólares, interceptados en el aeropuerto de Viru Viru antes de su salida, así como distintos circuitos financieros de los que Cerimedo habría tenido conocimiento o en los que habría participado. El 1 de septiembre, Beller también hizo pública una grabación de audio en la que el propio Cerimedo hablaría del caso de los 189 kilos de oro y de las gestiones realizadas para evitar la detención del joven que transportaba el cargamento. La grabación fue entregada a la Fiscalía para ser sometida a peritaje.

También afirma que la infraestructura digital de su expareja era mucho más importante que el material descubierto durante los primeros allanamientos. En una entrevista publicada el 31 de agosto por el medio brasileño Diário do Centro do Mundo, Beller describe una importante instalación en Santa Cruz de la Sierra, en el barrio de Equipetrol, que asegura haber visto durante videoconferencias, así como otra en Buenos Aires. Habla de numerosos teléfonos y tarjetas SIM utilizados para gestionar masivamente cuentas en las redes sociales, describiendo así una infraestructura digital capaz de intervenir a gran escala en el debate político.

El caso adquiere una dimensión aún más inquietante con la aparición de un nuevo personaje: María Argentina Rojas Roca. En mayo de 2026, había sido nombrada administradora de Aduanas del aeropuerto internacional de Viru Viru, en Santa Cruz, un puesto particularmente sensible, ya que controla uno de los principales puntos de entrada y salida del país. Su nombramiento provocó rápidamente un escándalo cuando salió a la luz su pasado en Brasil: Rojas Roca había sido condenada y encarcelada allí por tráfico de drogas, antes de ser expulsada del país. Más inquietante aún, una declaración patrimonial indicaba que ya trabajaba en la institución desde el 8 de enero de 2026. La Aduana explicó que, en el momento de su nombramiento, había presentado un certificado de antecedentes penales boliviano en el que no figuraba ninguna condena en el país; los documentos exigidos no parecen haber permitido detectar su condena en Brasil. Una vez que esta se hizo pública, su nombramiento en Viru Viru fue inmediatamente revocado.

Pero esta revocación deja intacta una pregunta: ¿quién había recomendado a Rojas Roca para un puesto tan sensible? El memorándum de nombramiento fue firmado por el presidente de la Aduana Nacional, Alberto Samuel Soto de la Vía, pero hasta ahora ninguna información pública permite identificar a la persona o las personas que habían respaldado su candidatura. Nadia Beller afirma haber interrogado personalmente a Cerimedo sobre este nombramiento y haberle preguntado cómo una persona con semejantes antecedentes podía terminar al frente de las aduanas de un aeropuerto internacional. Según su relato, Cerimedo le habría respondido que Rojas Roca contaba con un «aval político».

El episodio adquiere hoy un alcance completamente distinto. Rojas Roca aparece ahora directamente en la investigación sobre el atentado contra Nadia Beller. Esta última afirma que los elementos incorporados al expediente revelan contactos, transferencias de dinero y reuniones entre la exresponsable de Aduanas y personas sospechosas de haber participado en el ataque durante los días previos al mismo. Y, sobre todo, ya no se trata únicamente de las acusaciones de Beller: la Fiscalía de Santa Cruz emitió una orden de aprehensión contra Rojas Roca en el marco de la investigación sobre la tentativa de asesinato. Se perfila así una conexión particularmente inquietante entre el entorno de Cerimedo, una mujer que fue colocada brevemente al frente de las aduanas de un aeropuerto estratégico pese a una condena en Brasil relacionada con el narcotráfico, y los hombres sospechosos de haber participado en el ataque contra Nadia Beller.

La acumulación de estas revelaciones comienza ahora a transformar el caso judicial en una crisis política. El 1 de septiembre, el expresidente Jorge «Tuto» Quiroga, adversario de Rodrigo Paz en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2025, pidió al jefe de Estado que solicitara la creación de una comisión internacional independiente encargada de investigar el conjunto del caso Cerimedo-Beller. Para Quiroga, solo una investigación externa permitiría despejar las sospechas que pesan ahora sobre las ramificaciones políticas del expediente. Tras las revelaciones sobre el papel desempeñado por Cerimedo en el entorno presidencial, el caso comienza así a convertirse en un asunto de Estado para el gobierno de Rodrigo Paz.

En Chile, el caso se vuelve político

Es precisamente en Chile donde la detención de Cerimedo comienza a producir las consecuencias políticas más importantes. El 31 de agosto, el presidente José Antonio Kast se vio obligado a responder públicamente a las preguntas sobre sus relaciones con el consultor argentino. Negó categóricamente que Cerimedo hubiera trabajado para alguna de sus campañas o que su gobierno recurriera a sus servicios, pero reconoció conocerlo personalmente y haberse reunido con él en varias ocasiones en el marco de encuentros políticos internacionales. «Lo conozco porque ha acompañado a distintos dirigentes políticos en diversas ocasiones en las que hemos coincidido», explicó Kast en una entrevista recogida por BioBioChile.

Este reconocimiento se produce al mismo tiempo que una extensa investigación publicada ese mismo día por la unidad de investigación de BioBioChile da nueva consistencia a las interrogantes sobre las actividades de Cerimedo en Chile. Su empresa Numen ya había intervenido durante el proceso constitucional de 2020, en particular con una encuesta espectacular que terminó estando muy alejada del resultado del plebiscito. Pero la atención se centra ahora sobre todo en la campaña presidencial de 2025 y en la posible existencia de dispositivos coordinados destinados a imponer determinados temas en la conversación digital y a atacar a los adversarios de José Antonio Kast.

La investigación pone especialmente bajo los reflectores a Martín Arrau, hoy ministro de Seguridad y miembro del círculo más cercano del presidente. Varias personas que participaron en la campaña de Kast afirmaron a BioBioChile que Arrau, quien entonces dirigía el dispositivo digital de la campaña, se había jactado ante un responsable de Chile Vamos, la coalición de la derecha tradicional chilena, de la capacidad de su equipo para instalar un tema entre los asuntos más discutidos en las redes sociales y mantenerlo allí durante uno o dos días. Arrau reconoce haber dispuesto de esa capacidad de influencia, pero afirma que se basaba exclusivamente en una organización eficaz de militantes y de «personas reales». Niega cualquier utilización de bots, así como cualquier vínculo con Cerimedo.

Las interrogantes también se centran en varias cuentas anónimas particularmente activas durante la campaña. Un análisis realizado por el equipo de Chile Vamos y retomado en una denuncia presentada ante la Fiscalía chilena estimaba que alrededor del 38 % de las cuentas que participaban en los ataques contra Evelyn Matthei, candidata de la derecha tradicional en las elecciones presidenciales de 2025, apoyaban paralelamente al Partido Republicano, la formación de extrema derecha de José Antonio Kast. Varias cuentas —entre ellas @Drestrump_PL, @kasterizador y @JackedIn— habían sido identificadas como especialmente activas. Fue precisamente en ese entorno digital donde circuló el falso rumor según el cual Matthei padecía la enfermedad de Alzheimer. La cuenta @JackedIn también había publicado 84 mensajes hostiles contra Johannes Kaiser, otro candidato de la derecha radical chilena y rival de Kast, entre abril y junio de 2025.

Otras dos cuentas muy activas, Neuroc y DresTrumpi, desaparecieron de X poco después de la detención de Cerimedo en Bolivia y del descubrimiento por la Fiscalía, en un inmueble vinculado a él, de lo que presentó como una «granja de bots», una infraestructura que permite gestionar simultáneamente numerosas cuentas en las redes sociales. Su desaparición casi simultánea alimentó de inmediato en Chile las interrogantes sobre sus eventuales vínculos con las redes digitales asociadas a Cerimedo.

El caso ha superado ya un umbral político, judicial e institucional. El diputado socialista Juan Santana recurrió al Ministerio Público para que determinara si Cerimedo participó en una organización de cuentas coordinadas en Chile y si se cometieron delitos. El 1 de septiembre, el fiscal nacional Ángel Valencia anunció que la denuncia sería remitida a la Fiscalía Metropolitana Centro Norte, que deberá determinar si existen delitos informáticos, amenazas o hechos que puedan constituir asociación delictiva. Santana y el diputado comunista Luis Cuello acudieron paralelamente a la Contraloría General de la República para que investigara posibles vínculos entre Cerimedo, funcionarios públicos y las redes digitales cuestionadas.

Ese mismo día, la oposición intentó crear una comisión especial de investigación parlamentaria sobre el caso. La propuesta obtuvo 60 votos a favor, 41 en contra y dos abstenciones. Aunque reunió una clara mayoría entre los diputados presentes, no alcanzó el quórum de 62 votos necesario para la creación de la comisión: le faltaron, por tanto, dos votos. El resultado se explicaba en particular por la ausencia de varios diputados durante la votación. Sin embargo, al día siguiente, 2 de septiembre, una nueva solicitud fue sometida a votación y finalmente aprobada por 69 votos contra 43, con una abstención. La comisión especial de investigación fue así creada para examinar el eventual uso de bots, cuentas automatizadas, redes coordinadas, técnicas de desinformación y herramientas de inteligencia artificial en los procesos electorales y referendarios celebrados en Chile desde 2020.

En pocos días, el caso Cerimedo cambió así de naturaleza en Chile. La detención del consultor en Bolivia volvió a poner en primer plano sus relaciones con el entorno de José Antonio Kast, los métodos digitales utilizados durante la campaña presidencial y el papel de redes de cuentas anónimas en los ataques contra varios adversarios políticos. El presidente chileno tuvo que explicar públicamente sus vínculos con Cerimedo; uno de sus principales ministros es directamente interrogado sobre los dispositivos de influencia digital de la campaña; la Fiscalía y la Contraloría han sido requeridas; y se ha creado una comisión parlamentaria de investigación. Iniciado como una investigación criminal en Santa Cruz, el caso Cerimedo se ha convertido así en Chile en un verdadero asunto político e institucional.

De Chile a Brasil y Perú

Brasil podría constituir la siguiente etapa. Nadia Beller afirmó a Folha de S.Paulo que Cerimedo contemplaba apoyar a Flávio Bolsonaro en las elecciones presidenciales de 2026. Sin embargo, su testimonio merece ser presentado con precisión. Cuando ella le preguntó si el hijo de Jair Bolsonaro tenía posibilidades de ganar, Cerimedo le habría respondido que la situación era difícil, pero que «iban a luchar». Beller dice haber entendido que pretendía participar en el esfuerzo a favor de su candidatura, aunque reconoce no saber si se había cerrado efectivamente algún acuerdo. También afirma que Cerimedo se había reunido con Eduardo Bolsonaro en Estados Unidos a comienzos de agosto, a quien describe como «un amigo muy querido» del consultor argentino.

Estas declaraciones no prueban, por tanto, ni la existencia de un contrato ni la integración de Cerimedo en el equipo de Flávio Bolsonaro. Sin embargo, adquieren un relieve particular a la luz de las antiguas y perfectamente documentadas relaciones de Cerimedo con el bolsonarismo, en particular su intervención tras las elecciones de 2022 para poner en duda la fiabilidad del escrutinio brasileño. Esa intervención le valió, además, ser formalmente señalado en noviembre de 2024 por la Policía Federal brasileña en la investigación sobre el intento de golpe de Estado que siguió a la derrota de Bolsonaro. Los investigadores lo vinculaban al núcleo encargado de difundir informaciones falsas sobre las urnas electrónicas. Cerimedo, sin embargo, no fue incluido en febrero de 2025 en la acusación presentada por el fiscal general ante el Supremo Tribunal Federal, por falta de elementos suficientes para establecer que tuviera conocimiento del proyecto criminal en su conjunto.

Su detención en Bolivia ha reavivado ahora el interés de la justicia brasileña: el diputado Rui Falcão pidió al juez Alexandre de Moraes que obtuviera de las autoridades bolivianas los elementos recopilados sobre Cerimedo y sus infraestructuras digitales.

Otro caso reciente muestra de manera mucho más concreta cómo funciona este ecosistema transnacional. El 28 de agosto, Patrícia Campos Mello, periodista de Folha de S.Paulo, gran diario brasileño de tradición liberal, conocida por sus investigaciones sobre la desinformación y las campañas digitales, publicó una investigación basada en un análisis del Observatório Lupa, la rama de investigación de la agencia brasileña de fact-checking Lupa. El trabajo reconstruye el nacimiento y la propagación en Brasil de una campaña que presentaba la llegada de migrantes marroquíes a Santa Catarina, un Estado del Sur de Brasil fronterizo con Argentina, como una «invasión» alentada por el gobierno de Lula. El origen de esa narrativa pudo ser identificado: La Derecha Diario, el medio del que Cerimedo todavía poseía el 50 % del capital hasta la semana de su detención. El sitio había transformado un hecho real —la reciente llegada de unos cincuenta solicitantes de asilo marroquíes— en una supuesta explosión migratoria provocada por las políticas del gobierno brasileño.

Sin embargo, las cifras oficiales contaban una historia muy distinta: de las 3.059 solicitudes de asilo registradas en Santa Catarina desde comienzos de 2026, solo 57 procedían de ciudadanos marroquíes, es decir, el 1,86 % del total. Para dar consistencia a la idea de una invasión, algunas publicaciones utilizaban además fotografías que mostraban a migrantes marroquíes llegando a Ceuta, enclave español situado en el norte de África, y no a Brasil. A partir de La Derecha Diario, el relato fue retomado y adaptado por distintas cuentas ideológicamente próximas, principalmente en Argentina y después en Brasil. El Observatório Lupa contabilizó 13.400 menciones de esta narrativa entre el 21 y el 27 de agosto, mientras que algunas publicaciones alcanzaron hasta 475.000 visualizaciones.

El interés de este episodio va mucho más allá de la sola persona de Cerimedo. Para los investigadores del Observatório Lupa citados por Folha, ofrece un caso particularmente identificable de fabricación y circulación transnacional de una narrativa política: una información real pero marginal es seleccionada por un medio argentino, exagerada, asociada artificialmente a Lula, ilustrada con imágenes procedentes de otro continente y luego retomada en portugués y español por cuentas ideológicamente alineadas. En otras palabras, resulta posible observar casi en tiempo real cómo un relato elaborado en el ecosistema mediático de la derecha radical argentina termina convirtiéndose en material de campaña para las elecciones presidenciales brasileñas.

La red se extiende también a Perú, donde nuevos elementos aparecieron a comienzos de septiembre. Diario Red ya había reconstruido las actividades desarrolladas en el país por Cerimedo y Javier Negre, su antiguo socio y uno de los principales artífices del desarrollo internacional de La Derecha Diario, así como sus relaciones con Carlos Díaz-Rosillo, exresponsable de la Casa Blanca durante el primer mandato de Donald Trump y figura influyente de las redes conservadoras latinoamericanas. Pero una investigación publicada el 1 de septiembre por el diario peruano La República aporta ahora elementos mucho más concretos. Los movimientos migratorios obtenidos por el periódico confirman varias estancias de Cerimedo en Perú durante la campaña presidencial y muestran que se encontraba, en particular, en Lima los días 27 y 28 de julio de 2026, en el momento de la investidura de Keiko Fujimori. Nadia Beller entregó además al diario una fotografía que Cerimedo le habría enviado desde un hotel de Lima el 28 de julio, en la que aparece junto a una mujer a quien le habría presentado como su contacto con el entorno de Fujimori.

Los mismos datos muestran que Cerimedo se encontraba entonces simultáneamente en Lima con otros dos personajes que gravitaban alrededor de Keiko Fujimori: el cubano-estadounidense Carlos Díaz-Rosillo, exasesor de Donald Trump en la Casa Blanca y hoy director del Adam Smith Center for Economic Freedom, quien se ha presentado a sí mismo como asesor informal de la presidenta peruana; y el argentino Damián Valenzuela Mayer, abogado y empresario que permaneció durante mucho tiempo en la sombra de la campaña de Fujimori, y cuya participación en el esfuerzo electoral terminó siendo reconocida por ella misma. Ambos hombres se conocen desde hace años y mantienen una relación personal y profesional. Javier Negre también estuvo presente en la ceremonia y se hizo fotografiar con la nueva presidenta.

Estos elementos dan una nueva dimensión a las declaraciones de Beller según las cuales Cerimedo había sido solicitado para participar en la campaña peruana, pero debido a sus actividades en Bolivia solo había podido «ayudar un poco en la segunda vuelta». El propio Cerimedo había anunciado, ya en diciembre de 2025, que Perú formaría parte, junto con Colombia y Brasil, de los países en los que continuaría sus actividades políticas en 2026. (La República)

No se trata de un gran complot, sino de un ecosistema transnacional

Es probablemente ahí donde reside el verdadero interés político del caso. No es necesario imaginar un gran centro clandestino que, desde Washington, Miami, Madrid o Buenos Aires, dirija al conjunto de las derechas radicales y extremas derechas latinoamericanas. Buscar un centro de mando de ese tipo podría incluso hacer perder de vista el fenómeno mucho más concreto que aparece ante nuestros ojos: la constitución progresiva de un ecosistema transnacional en el que circulan los mismos consultores, los mismos medios militantes, los mismos influencers, las mismas técnicas de comunicación política, los mismos relatos y, a veces, los mismos capitales.

La trayectoria de Cerimedo ofrece una ilustración casi caricaturesca. Desde el bolsonarismo brasileño hasta el mileísmo argentino, pasando por el Honduras de Nasry Asfura y la Bolivia de Rodrigo Paz, su actividad cruza constantemente las fronteras. Su nombre aparece ahora en el debate político chileno. En Perú, sus estancias durante la campaña electoral y su presencia en Lima en el momento de la investidura de Keiko Fujimori están ya documentadas, mientras que varios otros actores de estas redes transnacionales se encontraban también en la capital peruana. El propio Cerimedo había anunciado, ya en diciembre de 2025, su intención de continuar sus actividades en Colombia, Perú y Brasil en 2026, y Nadia Beller afirma que ya contemplaba participar en la próxima batalla presidencial brasileña. A su alrededor aparecen empresas de marketing político, medios como La Derecha Diario, especialistas en redes sociales, infraestructuras capaces de gestionar simultáneamente numerosas cuentas y relaciones directas con responsables políticos de varios países.

El caso de los migrantes marroquíes en Brasil muestra de manera concreta cómo puede funcionar este ecosistema. Una información marginal relativa a unas pocas decenas de solicitantes de asilo se transforma, en un medio argentino, en el relato de una «invasión» atribuida a la política de Lula; imágenes grabadas en Ceuta, enclave español situado en el norte de África, le dan una apariencia de realidad; el contenido cruza fronteras, cambia de idioma y termina siendo inyectado en el debate político brasileño, donde algunas publicaciones alcanzan a cientos de miles de personas. Para ello no hace falta un estado mayor oculto que dé órdenes a todos los participantes. Actores que comparten los mismos intereses políticos, las mismas referencias ideológicas y las mismas técnicas pueden retomar los mismos relatos, movilizar las mismas infraestructuras y transferir sus conocimientos de una campaña nacional a otra.

Esta evolución plantea un problema democrático considerable. Las regulaciones electorales fueron concebidas para controlar partidos, candidatos, sus gastos y medios que operaban esencialmente dentro de las fronteras nacionales. Están mucho menos adaptadas a campañas en las que un consultor argentino puede intervenir en Bolivia o Perú, un medio puede producir desde un país contenidos destinados a influir en las elecciones de otro, y redes de cuentas anónimas pueden amplificar un tema hasta dar la impresión de que domina espontáneamente la conversación pública. ¿Quién financia estas infraestructuras? ¿Quién posee los datos recopilados? ¿Quién encarga y remunera las operaciones? ¿Cómo distinguir una movilización real de una amplificación artificial? ¿Y cómo contabilizar los gastos electorales cuando una parte de la campaña digital se diseña, financia o difunde desde el extranjero?

La ironía de la historia es que no fue ni una investigación sobre la desinformación ni una investigación sobre la financiación de las campañas electorales lo que provocó la caída de Fernando Cerimedo. Fueron tres disparos contra una mujer frente a un hotel de Santa Cruz de la Sierra. Pero su detención abrió una caja negra. Se incautaron teléfonos y equipos digitales, se allanaron propiedades, se examinaron movimientos financieros y ahora se investigan billeteras de criptomonedas y circuitos que pasan por casas de cambio. Y, sobre todo, las interrogantes también empezaron a cruzar fronteras.

En Chile, el presidente José Antonio Kast debe ahora explicar públicamente sus relaciones con Cerimedo, mientras que la justicia y los organismos de control del Estado han sido requeridos para investigar las actividades de las redes digitales que gravitan en torno a su sector político. En Brasil, donde Cerimedo ya había sido formalmente señalado por la Policía Federal en la investigación sobre el intento de golpe de Estado posterior a la derrota de Jair Bolsonaro en 2022, su detención en Bolivia reactiva las interrogantes sobre su papel en las operaciones de desinformación y sobre las infraestructuras digitales de las que disponía. En Perú, sus desplazamientos durante la campaña electoral empiezan a ser reconstruidos y su presencia en Lima en el momento de la investidura de Keiko Fujimori está ya documentada, al igual que la de varios otros personajes que gravitan en esas mismas redes.

Lo que aparece va, por tanto, mucho más allá de la trayectoria individual de un consultor político argentino. En pocos años, Cerimedo ha circulado entre varios países y ha estado en contacto con algunos de los principales dirigentes y movimientos de la extrema derecha latinoamericana. A su paso aparecen medios militantes, consultores internacionales, responsables de campaña, empresas de marketing político, influencers, redes de cuentas anónimas e infraestructuras digitales capaces de cruzar fronteras con tanta facilidad como los relatos políticos que contribuyen a difundir.

Quizás sea ahí donde el caso Cerimedo se vuelve más revelador. No demuestra la existencia de un estado mayor único que dirija a la extrema derecha latinoamericana desde una capital determinada. Muestra algo más difuso, pero quizá más eficaz: la formación de una infraestructura política transnacional en la que consultores, medios militantes, capitales, tecnologías digitales, relatos políticos y responsables de campaña circulan ahora de un país a otro. Los actores no necesitan obedecer a un mismo mando para reforzarse mutuamente. Pueden compartir los mismos métodos, retomar los mismos contenidos, utilizar los mismos canales y trasladar sus competencias de una campaña electoral a la siguiente.

Y si este universo empieza hoy a revelar algunos de sus secretos, no es porque las autoridades de un país hayan decidido de pronto investigar esas redes. Es porque Nadia Beller sobrevivió a los tres disparos efectuados contra ella en Santa Cruz de la Sierra. Cerimedo está hoy acusado de uno de los crímenes más atroces que existen: haber querido hacer asesinar a la mujer con la que había compartido su vida. Ella sobrevivió, y la investigación sobre ese intento de asesinato condujo a la policía hasta él. Si Nadia Beller no hubiera sobrevivido, quizá una parte entera de este sistema habría permanecido en la sombra.

Principales fuentes

Reuters, 18 de agosto de 2026; La Nación, 22 de agosto-1 de septiembre de 2026; EFE, 30 de agosto-2 de septiembre de 2026; Folha de S.Paulo, 26-28 de agosto de 2026; BioBioChile, 24 de agosto-1 de septiembre de 2026; Unitel, 20 de agosto-1 de septiembre de 2026; Agencia de Noticias Fides, 28 de agosto-1 de septiembre de 2026; Diário do Centro do Mundo, 31 de agosto de 2026; El País, 21-31 de agosto de 2026; La República (Perú), 27 de agosto-1 de septiembre de 2026; Diario Red, 29-31 de agosto de 2026; Observatório Lupa, 28 de agosto de 2026; Correo del Sur, 31 de agosto de 2026; Visión 360, 21 de agosto de 2026; UOL, 27 de agosto de 2026.

CLAVES — ¿Quién es quién en el caso Cerimedo?

Fernando Cerimedo — Argentina

Consultor político especializado en comunicación digital. Cercano a varias figuras de la extrema derecha latinoamericana, participó en particular en las campañas de Javier Milei en Argentina y de Rodrigo Paz en Bolivia y mantuvo estrechos vínculos con el bolsonarismo en Brasil. Fue detenido en Bolivia el 17 de agosto de 2026, pocas horas después del ataque contra su expareja Nadia Beller.

Nadia Beller — Bolivia

Abogada boliviana y expareja de Cerimedo. Sobrevivió a tres disparos efectuados contra ella en Santa Cruz de la Sierra el 17 de agosto de 2026. Su testimonio y, posteriormente, el examen del teléfono y de los bienes de Cerimedo abrieron múltiples pistas sobre sus actividades políticas, financieras y digitales en Bolivia y en varios otros países.

Aldubar Herny Silva Peña, alias «Juancho» — Colombia

Ciudadano colombiano buscado por la justicia boliviana por su presunta implicación en el ataque contra Nadia Beller. Presentado inicialmente por los investigadores como el hombre que disparó contra ella, reapareció el 1 de septiembre en un video difundido desde la clandestinidad. Reconoce haber participado en la preparación de la operación, pero niega haber disparado y afirma que Beller solo debía recibir «una advertencia».

Javier Milei — Argentina

Presidente argentino. Cerimedo desempeñó un papel importante en su campaña presidencial victoriosa de 2023. Milei afirma que sus relaciones terminaron ese mismo año, pero los registros oficiales muestran que Cerimedo entró al menos trece veces en la Casa Rosada, el palacio presidencial argentino, entre el 11 de diciembre de 2023 y el 5 de junio de 2024.

Jair Bolsonaro — Brasil

Expresidente brasileño y principal figura del bolsonarismo. Tras su derrota frente a Lula en 2022, Cerimedo participó en la difusión de acusaciones que ponían en duda la fiabilidad del escrutinio y de las urnas electrónicas. La Policía Federal brasileña lo señaló formalmente en 2024 en su investigación sobre el intento de golpe de Estado, aunque posteriormente no fue incluido en la acusación presentada ante el Supremo Tribunal Federal.

Flávio y Eduardo Bolsonaro — Brasil

Hijos de Jair Bolsonaro y figuras políticas del bolsonarismo. Nadia Beller afirma que Cerimedo contemplaba participar en el esfuerzo a favor de Flávio Bolsonaro para las elecciones presidenciales de 2026 y que había mantenido un encuentro con Eduardo Bolsonaro en Estados Unidos a comienzos de agosto.

Rodrigo Paz — Bolivia

Presidente boliviano. Cerimedo participó en su campaña presidencial de 2025 y posteriormente continuó presente en su entorno tras su elección. Paz afirma que nunca ocupó un cargo oficial en su gobierno, mientras que varios testimonios le atribuyen una influencia mucho más importante.

Edmand Lara — Bolivia

Vicepresidente de Rodrigo Paz, con quien mantiene actualmente un conflicto abierto y frente a quien se ha declarado opositor. Lara afirma haber visto a Cerimedo participar en reuniones del Consejo de Ministros, dar instrucciones a algunos ministros e intervenir en decisiones gubernamentales. El 1 de septiembre, también presentó una denuncia penal contra Cerimedo y la primera dama María Elena Urquidi, entre otros motivos por tráfico de influencias.

Jorge «Tuto» Quiroga — Bolivia

Expresidente y adversario de Rodrigo Paz en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2025. Tras las revelaciones sobre Cerimedo, solicitó la creación de una comisión internacional independiente encargada de investigar el conjunto del caso.

María Argentina Rojas Roca — Bolivia

Exresponsable de Aduanas, nombrada brevemente en 2026 al frente de las aduanas del aeropuerto internacional de Viru Viru pese a una condena en Brasil por tráfico de drogas. La justicia boliviana la busca ahora en el marco de la investigación sobre el ataque contra Nadia Beller. Los investigadores sospechan, en particular, que mantuvo contactos con los presuntos autores del atentado y realizó transferencias de dinero a su favor.

José Antonio Kast — Chile

Presidente chileno y fundador del Partido Republicano, formación de extrema derecha. Reconoce conocer personalmente a Cerimedo y haberse reunido con él durante encuentros políticos internacionales, aunque niega que el consultor haya trabajado para sus campañas. El caso reactivó en Chile las investigaciones sobre las redes digitales que intervinieron durante la campaña presidencial de 2025.

Martín Arrau — Chile

Ministro de Seguridad Pública y miembro del círculo más cercano de Kast. Antiguo dirigente de la derecha tradicional que pasó al Partido Republicano, desempeñó un papel importante en el dispositivo digital de la campaña presidencial de Kast. Hoy se encuentra en el centro de las interrogantes sobre los métodos utilizados para imponer determinados temas en las conversaciones de las redes sociales.

Keiko Fujimori — Perú

Presidenta peruana, llegada al poder en julio de 2026. Los movimientos migratorios de Cerimedo muestran que viajó en varias ocasiones a Perú durante el periodo electoral y que se encontraba en Lima en el momento de su investidura. Nadia Beller afirma que Cerimedo había sido solicitado para participar en la campaña y que le había dicho que había «ayudado un poco en la segunda vuelta».

Carlos Díaz-Rosillo — Estados Unidos / América Latina

Académico y asesor político cubano-estadounidense, exresponsable de la Casa Blanca durante el primer mandato de Donald Trump. Dirige el Adam Smith Center for Economic Freedom de la Florida International University y se ha presentado como asesor informal de Keiko Fujimori. Se encontraba en Lima, al igual que Cerimedo, en el momento de la investidura de la presidenta peruana.

Damián Valenzuela Mayer — Argentina / Perú

Abogado y empresario argentino que participó en la sombra en la campaña de Keiko Fujimori. Los datos migratorios publicados por la prensa peruana muestran numerosas estancias en Lima. Amigo de Carlos Díaz-Rosillo, se encontraba también en la capital peruana en el momento de la investidura de Fujimori.

Javier Negre — España / América Latina

Empresario de medios español y antiguo socio de Cerimedo. Desempeñó un papel central en la expansión internacional de La Derecha Diario, especialmente en América Latina. Presente en Perú durante la investidura de Keiko Fujimori, se hizo fotografiar con la nueva presidenta.

La Derecha Diario — Argentina / América Latina

Medio de extrema derecha convertido en una importante plataforma digital regional. Cerimedo ocupó allí un lugar central y todavía poseía el 50 % de su capital hasta la semana de su detención. El medio constituye uno de los principales hilos conductores para seguir la circulación transnacional de los relatos políticos analizados en esta investigación.

Numen — Argentina

Empresa de comunicación y análisis político vinculada a Cerimedo. Intervino, en particular, en Chile durante el proceso constitucional de 2020 e ilustra la actividad del consultor y de sus redes más allá de Argentina.

Troles, bots, cuentas falsas: ¿cómo se fabrica una impresión de mayoría?

Un bot no es un troll. Un bot es una cuenta cuya actividad está total o parcialmente automatizada por un programa informático: publicar un mensaje, republicarlo, seguir determinadas cuentas, responder a palabras clave o amplificar un contenido. Un troll es generalmente un ser humano que interviene deliberadamente en las conversaciones en línea, a menudo bajo una identidad falsa, para provocar, atacar a un adversario, difundir un rumor o polarizar un debate. Un mismo operador puede gestionar varias decenas de cuentas falsas; a la inversa, un programa puede controlar automáticamente cientos de cuentas. En la práctica, los dispositivos de manipulación combinan a menudo ambos recursos, a los que pueden sumarse militantes reales, influencers o medios políticamente comprometidos.

¿Para qué sirven entonces las decenas de teléfonos y tarjetas SIM que se encuentran en algunas «granjas» digitales? Las plataformas intentan detectar y eliminar las cuentas automatizadas o ficticias. Multiplicar los dispositivos, las tarjetas SIM, los números de teléfono y, a veces, las conexiones a Internet permiten crear y autenticar numerosas cuentas dándoles la apariencia de usuarios distintos. Después, programas informáticos pueden automatizar una parte de su actividad, mientras operadores humanos se encargan de las tareas que requieren mayor credibilidad o interacción.

El objetivo es generar artificialmente visibilidad. Imaginemos que un equipo quiere imponer la idea de que un candidato es corrupto. Algunas cuentas lanzan la acusación. Decenas o cientos de otras la republican, la comentan, utilizan las mismas palabras clave o atacan a quienes la cuestionan. Los usuarios reales comienzan entonces a ver el tema, algunos lo retoman a su vez, los influencers se apropian de él y los periodistas pueden terminar constatando que «la polémica crece en las redes sociales». Una operación inicialmente organizada puede adquirir así la apariencia de un movimiento espontáneo.

Es lo que a veces se denomina astroturfing: fabricar artificialmente la apariencia de un movimiento popular. El término procede de AstroTurf, una marca estadounidense de césped sintético, por oposición a grassroots, que en inglés designa un movimiento nacido realmente «desde la base». En las redes sociales se trata, por tanto, de fabricar un falso carácter «popular».

Estas técnicas ya han sido utilizadas a gran escala. En Estados Unidos, la Internet Research Agency, organización rusa vinculada al Kremlin, creó durante la campaña presidencial de 2016 falsos perfiles y falsas comunidades políticas que se presentaban como estadounidenses. El informe bipartidista del Senado estadounidense concluyó que esta operación pretendía favorecer a Donald Trump en detrimento de Hillary Clinton y, al mismo tiempo, exacerbar las fracturas ya existentes en la sociedad estadounidense. El objetivo no era únicamente difundir informaciones falsas, sino penetrar en comunidades reales, suscitar sus reacciones y transformar una operación organizada desde el extranjero en una conversación política aparentemente auténtica.

El fenómeno no se limitó a Rusia. Un estudio de la Universidad de Oxford contabilizaba ya en 2019 campañas organizadas de manipulación de las redes sociales en 70 países, frente a 28 dos años antes. En 26 de ellos, estas técnicas servían, entre otras cosas, para desacreditar a los opositores o ahogar las voces disidentes. Partidos políticos y gobiernos habían integrado así progresivamente estos métodos en sus propias estrategias de comunicación.

Brasil ofrece un ejemplo especialmente cercano al caso Cerimedo. Durante las elecciones presidenciales de 2018, Folha de S.Paulo documentó la compra de servicios de difusión masiva de mensajes anti-PT por WhatsApp por parte de empresarios favorables a Jair Bolsonaro. Dos años después, Facebook desmanteló en Brasil una red distinta de cuentas falsas y páginas que se presentaban, entre otras cosas, como medios de comunicación, y estableció vínculos entre esa red y personas asociadas al Partido Social Liberal, así como con empleados de las oficinas de Jair Bolsonaro, Eduardo Bolsonaro y Flávio Bolsonaro.

Sin embargo, no hay que imaginar que todas las «granjas» digitales funcionan de la misma manera. Algunas se basan principalmente en programas automatizados; otras emplean personas encargadas de gestionar numerosos perfiles falsos; otras combinan bots, trolls humanos, militantes, influencers y medios comprometidos. Con la inteligencia artificial generativa, además, resulta mucho más fácil producir rápidamente textos, imágenes y respuestas diferentes, lo que puede hacer que los comportamientos automatizados sean menos repetitivos y más difíciles de detectar.

El poder de estos dispositivos no reside necesariamente en su capacidad para «fabricar» desde cero la opinión pública. Consiste más bien en distorsionar la percepción del equilibrio de fuerzas: hacer parecer mayoritaria una opinión minoritaria, transformar un rumor marginal en un asunto nacional, dar la impresión de que un candidato disfruta de un entusiasmo masivo o de que un adversario es objeto de un rechazo generalizado. Una granja de bots, por tanto, no crea únicamente cuentas falsas: intenta fabricar una percepción falsa de lo que piensa la sociedad.


Notas


[1] Sobre el apoyo de Trump a Nasry Asfura, véase : « Ancien narco-président hondurien Hernández gracié, Maduro séquestré : le cynisme de Trump », de Éric Toussaint, CADTM, publicado el 17 de febrero de 2026. https://www.cadtm.org/Ancien-narco-president-hondurien-Hernandez-gracie-Maduro-sequestre-le-cynisme
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