"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

viernes, 3 de mayo de 2013

Donde la gente quiere vivir

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Hay en marcha un interesante debate sobre si el aumento de la población conduce necesariamente a un aumento de los precios del suelo con el paso del tiempo. Bill McBride, que escribe el blog Calculated Risk [Riesgo calculado], dice que sí: “Una de las razones fundamentales del incremento de los precios inmobiliarios es que algunas zonas tienen un suelo limitado, y al incrementarse la población, el valor del suelo aumenta más rápido que la inflación”.
Noah Smith, que es analista y profesor de economía, disentía en una reciente entrada en su blog porque, escribía, el suelo no es especialmente escaso, y cuando vemos unos precios elevados del suelo en algunas zonas metropolitanas, se deben a los efectos de la aglomeración, que podría seguir distintas direcciones con el paso del tiempo.
Lubbock
Mi reacción inicial ante el comentario de Smith fue que podría no tener mucha importancia porque las nuevas zonas metropolitanas son muy difíciles de crear: puede que haya mucho suelo alrededor de Lubbock, Tejas, pero nadie va a mudarse allí, por lo que la población más numerosa tiene que apiñarse en las zonas metropolitanas que ya existen. Pero luego me di cuenta de que la cosa tampoco podría quedar ahí. Incluso si la gente quisiese quedarse en las zonas metropolitanas existentes, podría irse a “ciudades limítrofes” situadas en los, valga la redundancia, límites de estas zonas metropolitanas, de tal manera que la densidad de población relevante –la densidad que hace que el suelo en las aglomeraciones urbanas o cerca de ellas sea caro– podría no aumentar cuando la población total de la zona metropolitana crece.
Y tenemos nuevos datos. Un nuevo informe de la Oficina del Censo publicado el año pasado, titulado Pautas del Cambio de la Población Metropolitana y Micropolitana: de 2000 a 2010, calcula “la densidad ponderada en función de la población”, que es una media ponderada de la densidad en las secciones censales, en las que las secciones no están ponderadas por zona territorial sino por población; esto nos da una idea mucho mejor de cómo vive la persona media.
Como señalaba Richard Florida, un director de The Atlantic, en el blog The Atlantic Cities en octubre, la nueva medición permite apreciar mucho mejor cómo difieren las zonas metropolitanas. Por ejemplo, según la medición estándar de la densidad, Los Ángeles tiene en realidad una densidad mayor que Nueva York, básicamente porque Los Ángeles está rodeado de montañas, lo que limita el tamaño que puede alcanzar las zonas en expansión y de cercanías. Pero Nueva York tiene un núcleo urbano que, en cierta manera, Los Ángeles no tiene, y no cabe duda de que tiene una densidad ponderada en función de la población muchísimo más elevada.
Los Angeles

Lo que quería, sin embargo, eran tendencias, y el censo ha calculado esta medida tanto para las zonas metropolitanas como para los conjuntos nacionales en 2000 y en 2010. Aportaré un par de datos. En primer lugar, aunque EE UU es un país enorme y poco poblado, con menos de 90 personas por milla cuadrada (2,59 kilómetros cuadrados), el estadounidense medio vive en un barrio bastante densamente poblado, con más de 5.000 personas por milla cuadrada. La próxima vez que alguien diga que las localidades pequeñas son los “EE UU verdaderos”, tengan en cuenta que los verdaderos EE UU verdaderos –los EE UU en los que viven la mayoría de los estadounidenses– se parecen más o menos al área metropolitana de Baltimore.
En segundo lugar, sin embargo, aunque la población estadounidense y, por tanto, la densidad de población, aumentó cerca de un 10% a lo largo de la última década, el estadounidense medio estaba viviendo en un barrio un poco menos denso en 2010 que en 2000, ya que la población se ha extendido dentro de las zonas metropolitanas.
Si lo prefieren, empezamos a ser menos un país de Bostones y más un país de Houstones.
Esta es, creo, la situación actual de la geografía urbana en la que es probable que, en el mejor de los casos, la relación entre el incremento del conjunto de la población y los precios del suelo sea difusa. Por eso, creo que el argumento de Smith se impone, aunque el argumento de McBride de que parece que los precios inmobiliarios reales tienen tendencia a aumentar sigue siendo importante y tiene que explicarse.
© 2013 New York Times
Traducción de News Clips.
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