"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí
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lunes, 15 de junio de 2015

Las Ciencias Sociales Cubanas: algunos de sus desafíos

Esteban Morales
UNEAC

No pude asistir al Debate sobre las Ciencias Sociales, convocado en la Casa del ALBA, que tanto me habría gustado, porque tenía programada una conferencia que no debía cambiar.

Me gustó mucho lo que me informaron, dijo mi querido amigo Valdés Paz. Pero no pude estar.

Tal vez este sea mi muy modesto aporte al debate, que considero debe continuar infinitamente. Y por cuya iniciativa felicito a mi viejo amigo Bell Lara de FLACSO.

Quiero hablarles de algunos asuntos que me habría gustado plantear en la discusión. Los resumo, han sido estos un continuo “caballo de batalla” de mi modestas incursiones en ese campo durante los últimos 30años. Cuando me percaté de que no valía la pena quedar siempre atrapados por el análisis coyuntural, que realmente no permitía hacer ciencia. Son a continuación algunos de ellos.

1 .- Hemos tenido una gran tendencia de dogmatismo al absolutizar, como si solo el marxismo fuera la única ciencia. Negando los aportes de la ciencias burguesas. Lo cual es como negar al propio Marx, que muchos amamos y al que tanto respeto le debemos.

2 .- Creo que olvidamos que la ciencia es ciencia, venga del contexto ideológico de donde venga; lo demás es dogmatismo, o en el mejor de los casos, ideologización de la ciencia. El resto es también apología, en la cual no poco hemos caído; o simplemente en aportarle bases de justificación al quehacer de la política. Muchos políticos, aunque no lo piensen así, frecuentemente son impulsores de ese dogmatismo .La ciencia no se mide por de donde viene, sino los objetivos con que se le utiliza.

3.- No es posible despreciar y no apropiarse de los aportes de la ciencia burguesa. Porque en definitiva así también se niega a Marx. Que su Crítica de la Economía Política, fue extraída de la evaluación de todo lo que le precedió. Apropiándose de aquello que le era consustancial a sus propósitos científicos. Su obra cumbre “El Capital”, es una muestra palpable de ello.

4.- La ciencia, a su vez, tiene que ser predictiva. Ciencia que no predice no es ciencia. Y tratándose de nosotros, predecir, es cuestión de vida o muerte. Esto es muy difícil, siendo lo que llevo tratando de hacer en los últimos 30 años de mi vida; actitud con la que he logrado, al menos, la claridad de que no vale la pena recrear el conocimiento científico sino te sirve para proyectarte en el futuro No es simple futurología, ni actitud de “Notre Damus”, sino construir las herramientas que hacen falta para adelantarse a lo que va podría ocurrir, y tenerlo agarrado antes de que ocurra. Para lo cual no basta con el análisis de la coyuntura, sino que es necesario modelar la realidad, para lograr pronosticar su posible comportamiento.

5.- Otro asunto que me habría gustado discutir, es lo referente a que nuestras ciencias sociales no avanzan más por su falta de integralidad; que para mí es lograr la capacidad de apropiarse de los instrumentos de análisis que se desarrollan en otras ciencias. Ejemplo, muy importante, las Ciencias Matemáticas. Las ciencias sociales nuestras solo ganaran en integralidad, cuando sean capaces de apropiarse del instrumental que desarrollan otras ciencias y ponerlo a su servicio. En lo cual, en particular nuestras ciencias sociales están muy atrasadas, excepción tal vez de la Economía. Es hacer avanzar la dialéctica como método; que esta deje de ser un Espíritu Santo que un “Día de Pentecostés” le bajo a Marx, Engels a Lenin y a nadie más.

6.- Lo que nos lleva al análisis del papel de lo cuantitativo y lo cualitativo en el trabajo científico. Al papel, en particular, de las Ciencias Matemáticas; a la capacidad de definir variables, constantes y potenciales ecuaciones de comportamiento. Dentro de lo cual, en particular, nuestras ciencias políticas están muy atrasadas. Por eso nuestros análisis de las relaciones internacionales, complejas relaciones secundarias, son solo coyunturales, aferrados a un contexto, desde el cual no se pueden salir ni proyectar. Por eso a veces nuestros análisis, en tal campo, se limitan a la acumulación de “noticias” y extraer conclusiones. Lo cual plantea la sustancial diferencia entre el simple analista y un científico. Pues este último siempre está en capacidad de “tirar del hilo de la historia”; mientras que el otro por lo general, queda solo atrapado por el momento de ocurrencia de los fenómenos.

7.- Lo anterior tiene que ver con un mal endémico, cubano, tal vez no solo, que ha afectado a nuestras ciencias. La gente por lo general selecciona como campo de estudio a las Ciencias Sociales, porque las consideran las más fáciles, lo cual es un craso error. Además, porque lo hacen huyéndole a las Ciencias Matemáticas y a las Ciencias de la Información y otras. Lo cual es otro tremendo error. La ciencia es, en última instancia, una sola. Los demás no son más que planos de análisis de la realidad, el pensamiento y la naturaleza. Que además no son posibles de separar, más que como un convenio metodológico. Esa separación de las ciencias en compartimentos estancos, es una de las cosas que más nos ha afectado a nuestras Ciencias Sociales y a la preparación educacional y académica en Cuba. Por lo cual tenemos tantos graduados de Ciencias Sociales mediocres y mal preparados, que no logran desempeñar un papel en la investigación de los problemas. Y que apenas sirven para tratar de enseñar en la escuela secundaria.

8.- En resumen, hay que modelar, porque en definitiva, lo más importante que puede hacer la ciencia, en cualquier campo del conocimiento, es aportar algoritmos, leyes, métodos de comprensión de la realidad. Porque es lo único que nos permitiría ser predictivos, cuando te mueves en el campo de las ciencias sociales, en las que el factor subjetivo tiene tanta importancia. Ese factor subjetivo tan difícil de aprehender .Pero que desempeña un papel vital en estas ciencias. Las Ciencias Sociales en realidad son las más difíciles, por el papel del factor subjetivo en ellas, porque su laboratorio es la propia sociedad y porque este último solo puede ser construido a escala y de manera artificial, para lo cual hacen falta la selección de muestra, la Estadística Matemática y otros métodos. Razón por la cual, las ciencias sociales son las más complejas, difíciles y además, nuevas.

9.- Lo último a lo que me quiero referir es a la relación “incestuosa” de las Ciencias Sociales con la política y de los científicos sociales con los políticos. Lo que tanto nos ha abrumado y retrasado en estos años. Ha provocado tantas equivocaciones y tanto sufrimiento nos ha traído aparejado. Recordemos el Caso del Departamento de Filosofía y la desaparición del Departamento-escuela de Sociología. Ambos de la Universidad de La Habana. O la “Historia del Cubano logo sin Carnet”, cuando fueron desmembrados los Centros de Estudios de América y el Centro de Estudios Europeos. Lo que sin dudas provoco un retraso de más de 10 años en el desarrollo de nuestras Ciencias Sociales.[1]

10.- Hay políticos que creen que nos pueden ordenar, pedirnos nuestra opinión para justificar las políticas, monopolizar lo que hacemos, teniéndolo en una gaveta todo el tiempo que deseen; olvidándose continuamente de que la producción de la ciencia es también y en primer lugar para la sociedad. Criticándonos cuando no decimos lo que les gusta, o “sancionándonos” cuando decimos lo que no les gusta. Ese control de la Ciencias Sociales, heredado de los ex países socialistas y que tanto daño nos hizo en estos años. Porque en realidad la ciencia solo produce de verdad para hacer avanzar la política y todo lo demás, cuando lo hace dentro de un ambiente de confianza, libertad y democracia.

11.- Esa relación incestuosa tiene que terminar. Eso de que la ciencia sirve solo si soluciona algún problema práctico tiene que acabar. Las ciencias Sociales tienen que trabajar también para sí mismas .De lo contario como se van a desarrollar. Prestándole atención solo a las investigaciones para la práctica social. ¿Y las investigaciones fundamentales dónde quedan? Esto ha terminado entendiéndose bastante para el resto de las ciencias, pero en las Ciencias Sociales, aun es un problema, sin resolver, que compromete el desarrollo de nuestras ciencias.

12.- Tal vez se piensa por algunos, que manteniendo un férreo control sobre la producción científica de las Ciencias Sociales es como más se avanza. Lo cual es un absurdo. Si el científico social no tiene la libertad de producir y está siempre acosado por el miedo de decir algo que no sea del agrado de algunos políticos, o que contradiga la política, sus resultados no servirán para nada.

Me parece observar cierta superación de estos problemas planteados, pero aun a niveles insuficientes. Un ejemplo de lo cual es nuestra propia prensa, en la que la crítica está bastante ausente. No aprovechando para nada, el amplio y atractivo caudal de análisis crítico que posee nuestra intelectualidad revolucionaria.

La prensa nacional sigue sin publicarle a la inmensa mayoría de los intelectuales cubanos, desaprovechando también un extraordinario potencial para su propio mejoramiento y ampliación del interés de nuestra población por ella.

Adjunto algunos trabajos míos, para que sepan mejor del marco de mis preocupaciones en este campo.

Creo que solo para discutir estas últimas cosas, valdría la pena volver a convocar la reunión y cientos de reuniones más. Porque me parece que son vitales, si queremos que nuestras ciencias sociales avancen.


La Habana, Junio 13 del 2015




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[1] Lo de los 10 años, viene de haber comprobado en nuestra experiencia del CESEU, que solo después de ese periodo de preparación, es que un investigador adquiere la experiencia necesaria para comenzar a producir intelectualmente. ( Nota del Autor )




Bibliografía del Autor:


- Un modelo para el análisis del conflicto Cuba -Estados Unidos en los umbrales del siglo XXI.


- Algunos desafíos de las Ciencias Sociales cubanas. Página Moncada: (http://moncadalectores.blogspot.com/2011/09/algunos-desafios-de-las-ciencias.html)


- Ciencia y Política: un dúo complejo .Revista de la Sociedad económica de Amigos del País No.27 


- Un modelo para el análisis de la problemática racial cubana contemporánea. Revista Catauro No. 6. Fundación Fernando Ortiz, 2002.


- Un Modelo para el análisis del proceso electoral presidencial en los Estados Unidos. Revista Cuaderno de Trabajo No.5.CESEU, Universidad de La Habana.

miércoles, 1 de abril de 2015

Un nuevo Estado, meta del neoliberalismo

Alejandro Nadal, La Jornada

¿Por qué el neoliberalismo surge más fuerte que nunca después de siete años de crisis? Buena pregunta. Y no existe hoy una respuesta satisfactoria por una razón fundamental. Es que la crítica al neoliberalismo descansa en un postulado equivocado: es la idea de que el capital busca reducir el ámbito de influencia del Estado, de quitarlo del camino y hasta de eliminarlo. Muchos encuentran prueba de lo anterior en la ola de privatizaciones y en la eliminación de controles regulatorios para todo tipo de actividades.

Ese postulado proviene de la idea de que el mercado y el Estado son antitéticos. Pero desde hace mucho la historia y la antropología revelaron que las economías de mercado nacieron a través de una fuerte intervención del Estado y sus agencias. Sólo la mitología de los economistas sigue afirmando que primero fue el trueque y después, espontáneamente, nació el mercado.

Es necesario criticar esta premisa y reemplazarla con una nueva perspectiva: el capital financiero no está destruyendo el Estado, sino que lo está reconfigurando y reorganizando para que responda a sus necesidades e intereses. Esta idea proporciona una matriz analítica más rica y se acerca más a lo que está aconteciendo en el mundo.

Hoy tenemos muchas señales indicando cómo el neoliberalismo está construyendo un nuevo Estado. La primera, quizás la más obvia, es la degradación de la vida política. Aquí el síntoma más claro es el predominio del dinero sobre los votos. Las campañas electorales están sometidas a una circulación monetaria que va de los intereses corporativos más descarados a las grandes cadenas de los medios masivos, pasando por la compraventa de candidatos. Las instancias encargadas de organizar y supervisar elecciones están desbordadas o simplemente forman parte de este gran teatro. El ‘mercado electoral’ dejó de ser, hace mucho, una simple metáfora.

Lo anterior marca el deterioro del llamado ‘poder’ legislativo. Los congresos y parlamentos han dejado de funcionar con la meta de defender y cultivar el interés público. Pero eso no quiere decir que han dejado de funcionar. Al contrario, de manera activa los miembros del poder legislativo desempeñan una función de agencias del capital financiero y del neoliberalismo: votan sus leyes contrarias al interés público, erigen nuevas barreras regulatorias en contra de competidores no deseados y, sobre todo, bloquean cualquier iniciativa que pudiera acrecentar el poder ciudadano.

La segunda señal es la concentración de poder económico y la desigualdad. Las grandes corporaciones, nacionales e internacionales, tienen hoy una capacidad nunca antes vista para organizar espacios económicos alrededor de sus intereses y estrategias de expansión. Su tamaño, grado de diversificación y de integración les da acceso a muy fuertes economías de escala y de alcance. Eso les permite adoptar todo tipo de comportamientos estratégicos, desde la segmentación de mercados hasta la manipulación de precios para transferir rentabilidad a lo largo de la cadena de valor. Todo eso conduce a la enorme concentración de poder en todas las ramas de la producción a escala mundial.

Frente a las grandes corporaciones las comisiones regulatorias de los gobiernos no desaparecen. Simplemente se refuncionalizan y adoptan la misión de servir a estas gigantescas empresas para legitimizarlas. El síndrome de las puertas revolventes es una expresión de todo esto. Y cualquiera que se haya escandalizado frente a los abusos del sector financiero o que haya participado en la lucha contra los organismos genéticamente modificados puede dar testimonio de lo anterior.

La desigualdad económica y la concentración del ingreso son el telón de fondo de la acumulación bajo el neoliberalismo. Y eso necesita una nueva y más potente capacidad represora. Por eso tenemos la tercera señal: el extraordinario crecimiento del aparato de seguridad del Estado. Las funciones de represión directa y de espionaje se han reorganizado y hoy se encuentran en el corazón de múltiples agencias a nivel nacional o regional, muchas veces con fuertes vínculos con la delincuencia organizada.

Todo lo anterior se acompaña de un hecho fundamental: la desmovilización de la ciudadanía. Si el voto no es respetado y si el parlamento es corrompido, carece de sentido ir a las urnas el día de las elecciones. Por eso el abstencionismo es el partido mayoritario en todo el mundo y parece confirmar la idea de que es inútil tratar de recuperar el control sobre la vida política. Los abusos de los bancos o de los fabricantes de comida chatarra se convierten en una fatalidad que hay que sufrir cotidianamente. Al final del camino los ciudadanos se transforman en consumidores (de todo tamaño) o en átomos de una materia prima llamada fuerza de trabajo.

El bloqueo y ataque en contra de la democracia no debe ser confundido con la reducción del tamaño del Estado. La izquierda debe tomar nota: estamos frente a un esfuerzo concertado para erigir un nuevo sistema en el que la democracia no tiene cabida.

domingo, 29 de marzo de 2015

El Jefe se infiltra en su propia empresa, Programa 1 (Completo) en Español



Comentario HHC: Es evidente que esto es genial, se puede ver por qué algunos países capitalistas producen mas y mejor, que nosotros en Cuba. 

Puede verse paradojicamente el lado humano, incluso de los dueños, a pesar de que "explotan" a sus trabajadores. Todo esto lleva a la reflexión de como hacemos las cosas en Cuba, en el día a día.

jueves, 26 de marzo de 2015

¿Qué dice, qué demuestra y qué propone Piketty?

Miguel Angel Ferrer
El fenómeno Thomas Piketty está aquí, frente a nosotros. Y por las más diversas razones se hace necesario saber qué dice el joven economista francés que tanto revuelo ha causado. Pues bien: dice que vivimos en el reino de la desigualdad. Un puñado de ricos y un océano de individuos viviendo en medio de relativas penurias y escaseces. 

Esto que dice Piketty no es, ciertamente, una novedad. Así ha sido el mundo casi desde siempre. Y la única excepción que se puede encontrar a esta regla histórica sería aquel estadio de la humanidad -que Luis H. Morgan y Federico Engels llamaron la comunidad primitiva- en el que todos los miembros de la sociedad eran pobres. Ese antiquísimo periodo de la historia humana en que, como decía el Quijote, no se habían inventado esas feas palabras “tuyo” y “mío”. Ese lapso de la historia en que no habían nacido ni el concepto ni la palabra riqueza. En el que todo eran penurias para todos.

A cazar, pescar y recolectar frutos e insectos para apenas sobrevivir no se le puede llamar riqueza. Pero con la aparición del pastoreo, hace 15 mil años, y de la agricultura, hace 10 mil, empezaron a aparecer la riqueza y la acumulación de ella. Y donde hay riqueza hay ricos; y donde hay ricos hay pobres. Y, como todos sabemos desde siempre, la clave está en la propiedad. De la tierra, de los animales, de las máquinas. Ser propietario es ser rico; y ser un gran propietario es ser muy rico.

Eso que ya sabíamos lo repite Piketty. Pero el joven economista lo documenta estadísticamente para los últimos 250 años. Y ahí está el mérito de su última y ya muy comentada obra: El capital en el siglo XXI. Con un exhaustivo estudio histórico-estadístico, demuestra irrefutablemente que vivimos en el reino de la desigualdad. 

Hasta aquí no caben las etiquetas: ni keynesiano ni marxista. Sólo científico social. Llamarlo marxista o keynesiano por su apabullante demostración de la desigualdad social no es certero ni pertinente. Pero Thomas Piketty dice algo más. Propone un remedio para situación tan injusta, tan dolorosa, tan potencialmente peligrosa y sangrienta. La historia de la humanidad está llena de ejemplos de rebeliones, revueltas y revoluciones populares como fruto de una desigualdad insoportable. Digamos que, como se dice popularmente, Piketty propone no estar jalándole más los bigotes al tigre. 

Esa solución que propone consiste en el establecimiento de un impuesto universal a la riqueza y a las herencias. Y por esto tampoco cabe llamarlo keynesiano o marxista. A John Maynard Keynes no le preocupaba la desigualdad, sino el mantenimiento de la actividad económica para paliar el desempleo, fruto del estancamiento de la producción en la fase descendente del ciclo económico.

Y por esto tampoco procede llamarlo marxista. Porque los marxistas proponen la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, origen real de la desigualdad a lo largo de milenios. Abolir la propiedad privada de los medios de producción significa abolir las desigualdades. Al menos las desigualdades mayores y más potencialmente peligrosas. Platón decía que el hombre más rico sólo podría poseer cinco veces más que el individuo más pobre. Una desigualdad, digamos, razonable. 

¿Pero cabe, entonces, adherirle una etiqueta a Piketty? ¿Le quedaría bien la de utopista? ¿O tal vez la de socialdemócrata? ¿Un moderno reformista? ¿Un nuevo edulcorador del capitalismo? ¿Un contrarrevolucionario? En todo caso, y sin duda alguna, una de esas personas inteligentes, cultas y sabias que piensan, contra toda evidencia histórica, que por las vías fiscal y reformista se pueden atemperar los rasgos más injustos, perversos y abominables del capitalismo. La desigualdad entre ellos.

viernes, 6 de marzo de 2015

La Economía Social y Solidaria y la actualización del modelo económico cubano

Por: Rafael Betancourt

Profesor del Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana y consultor de Havanada Consulting Inc.

rbetancourt@havanada.com
(ENGLISH VERSION)


Introducción

El 1º de Mayo de 2013, Día Internacional de los Trabajadores, miles de cubanos —incluyendo grupos de trabajadores privados o “cuentapropistas”— desfilaron por decenas de ciudades y pueblos de Cuba, bajo la novedosa consigna lanzada por el gobierno, “Por un socialismo próspero y sostenible”. Los convocó la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), que aspira a organizarlos y representarlos como hace con los trabajadores del sector estatal.

El mensaje implícito es que los trabajadores privados cubanos son aliados de los estatales y cooperativos en la construcción del nuevo modelo de economía socialista. Implícito, también, es que los ciudadanos que construimos ese socialismo compartimos los valores de solidaridad y responsabilidad social y ambiental, consustanciales al socialismo.

Pero ¿qué socialismo se supone que estamos construyendo? Según Marino Murillo, vicepresidente del Consejo de Ministros: “Socialismo es propiedad social sobre los medios fundamentales de producción. Prosperidad se refiere al estado de satisfacción de las personas. Sostenible es la capacidad de mantenerse esa sociedad por sí misma en lo económico y también en lo social, medioambiental, y equivale además a desarrollo, porque lo que no se desarrolla, no se sostiene”.[1]

En términos económicos, supone que desarrollamos una (macro) economía que en su esencia es social y solidaria, compuesta de un conjunto de actores económicos —empresas estatales, cooperativas, trabajadores privados— que asumen como parte de su gestión (micro)económica de producción, distribución y consumo de bienes y servicios, principios de responsabilidad con la sociedad (con la familia,trabajadores, clientes y otros involucrados en el emprendimiento, y la comunidad) y con el medioambiente natural y construido.

Sin embargo, muchos consideran que la sociedad cubana en realidad evoluciona hacia la deconstrucción de la economía social y solidaria, y que los actores económicos sentimos cada vez menos responsabilidad con la sociedad y el entorno. ¿Será cierto que corremos el riesgo de que la codicia y el mezquino interés personal arrebaten valores sociales como bondad, generosidad, compasión, cooperación, empatía y comunidad?

En este trabajo analizamos el concepto de Economía Social y Solidaria (ESS) aplicados a la realidad cubana, partiendo de una caracterización de su sistema económico basada el modelo de economía mixta, o tres economías. Concluimos que la ESS cubana es, potencialmente la unión de las tres esferas —pública, empresarial y privada— compuesta de un conjunto de actores económicos —estatales, asociativos y autónomos— que asuman los principios de responsabilidad con la sociedad y medioambiente.

La economía socialista en Cuba: conceptos implícitos y cambiantes
En Cuba, la responsabilidad social y la solidaridad constituyen —teóricamente— la razón de ser de la actividad económica, promovidas desde el gobierno central, “de arriba hacia abajo” y en una economía con fuerte predominio del sector estatal. El término empleado en Cuba para caracterizar su modelo es “economía socialista”, no “economía social y solidaria”, a pesar de sus coincidencias. Dicho modelo se creó por el Estado a través del sistema socioeconómico y político, la planificación central y las empresas estatales. Estas empresas tienen objetivos solidarios implícitos, pero raramente son explícitos o trazados por sus directores y trabajadores. Tampoco gozan —hasta el momento— de autonomía financiera como para destinar una parte de sus ingresos a acciones sociales o ambientales, que no sean explícitamente contempladas en el Plan de la Economía nacional.

Los Lineamientos de la Política Económica y Social,el más importante proyecto de “actualización” del modelo socialista cubano desde 1976, estipulan que el sistema económico que prevalecerá continuará basándose en la propiedad socialista sobre los medios fundamentalesde producción, y que en la distribución de bienes y servicios primará la planificación y no el mercado. Proponen mayor independencia de las empresas estatales y el desarrollo de formas de gestión no estatal en la producción y los servicios, “para lograr una mayor liberación de las fuerzas productivas, incrementar los niveles de producción y elevar el nivel de vida de la población.” Afirmando el carácter social de la economía, ratifica “el principio de que en la sociedad socialista cubana nadie quedará desprotegido,” y establece que “las entidades económicas en todas las formas de gestión contarán con el marco regulatorio […] teniendo en cuenta las normas de responsabilidad social y medioambiental establecidas”.[2]

Se trata de una Responsabilidad Social Empresarial (RSE) basada en normas y regulaciones externas, establecidas por el estado, no como iniciativa de la empresa, voluntaria, discrecional, gestionada como compromiso de sus accionistas y públicos interesados (“stakeholders”).

Como parte de este proceso de renovación del modelo económico cubano, el gobierno explora formas de fortalecer y brindar mayor autonomía a la empresa estatal socialista en sectores clave, a la vez de transferir una gran cantidad de empleos del sector público al creciente sector cooperativo y privado y descentralizar gran parte de la actividad económica.
Las tres economías en América Latina

¿Cómo caracterizar la economía cubana? Partimos del enfoque de José Luis Coraggio, de que las economías realmente existentes son siempre economías mixtas —o plurales— resultante de la articulación de tres esferas o dominios de la economía: la pública, la empresarial y la popular.[3]

La economía pública es la esfera donde los gobiernos, a diferentes escalas —nacional, regional y local—, suministran bienes y servicios a la ciudadanía, generalmente gratuitos o a precios subsidiados, incluyendo educación, salud, defensa y orden interior, seguridad y asistencia social, viviendas y servicios comunales, cultura y arte, deportes, ciencia y técnica, espacios públicos, agua y saneamiento, viales, servicios ambientales y muchos más. Es orientada a partir de una dirigencia política que sustituye la decisión ciudadana, o la encabeza mediante un proceso democrático que construye consensos o amplias mayorías.

La economía empresarial puede ser de carácter capitalista, orientada por el lucro y la dinámica de acumulación del capital, o socialista, encaminada al cumplimiento de planes sectoriales y la generación de ingresos para el estado. Puede ser de capital cien por ciento privado, estatal o mixto; nacional, extranjero o mixto; o alguna combinación de estos. En cualquier caso hay límites externos a las decisiones de propietarios y/o gerentes, impuestos por las casas matrices, la competencia del mercado, la política regulatoria, los planes económicos, la dirigencia política y el poder social.

La economía popular está compuesta por individuos, familias, comunidades y colectivos diversos que actúan en función de la utilidad material pero también inspirados en valores de solidaridad y cooperación. En su base está la economía doméstica familiar,orientada a la producción de condiciones de vida, de valores de uso capaces de satisfacer necesidades sin pasar por el mercado (huerto familiar, crianza de animales, servicios domésticos). Pero también incluye la economía popular mercantil, basada en combinaciones variables de venta de trabajo asalariado y de trabajo productor de bienes y servicios, por cuenta propia o cooperativa, en microempresas privadas o en el sector informal, actividades dirigidas a obtener ingresos para procurar en el mercado, bienes y servicios para el consumo.

Entre los tres sectores hay intercambios mercantiles y transferencias unilaterales, monetarias o no (subsidios, impuestos, donaciones, bienes públicos, remesas, etcétera).[4]

En la intersección de las tres esferas aparece “otra” economía, laEconomía Solidaria, en la que coinciden: de la economía pública, los servicios a la población, la planificación del desarrollo y los presupuestos y gestión participativos; de la empresarial, las empresas público-privadas; y de la popular, las cooperativas y otras organizaciones de la sociedad civil con actividades económicas. Según Coraggio, se trata de la constitución de nuevas relaciones sociales que construyen una economía alternativa cuyo eje no es la reproducción del capital, sino la centralidad del trabajo en la reproducción de la vida. Según Paul Singer, economista y sociólogo brasileño, es una economía sin patrones a través del trabajo autogestionado por los trabajadores. Para Singer, la autogestión generalizada de la economía y la sociedad es el principal papel de la economía solidaria en la lucha por el socialismo.[5]

Las tres economías en Cuba
¿Cómo se puede aplicar este modelo, concebido para caracterizar economías de mercado como las de América Latina, a la economía cubana? Partimos de la caracterización de la economía cubana a partir del modelo de la economía mixta.

En el sistema socialista cubano, la economía pública o sistema presupuestado constituye una esfera de importancia y peso, pues el Estado asume, de manera exclusiva, la provisión de los servicios básicos. En 2012, las actividades presupuestadas representaron las dos terceras partes de los gastos corrientes del presupuesto del país, y 40,8% del Producto Interno Bruto (PIB). Del total de ocupados en 2012 (4,9 millones de trabajadores), 40% (1,9 millones) trabajaba en la actividad de Servicios comunales, sociales y personales. En 2012, la Oficina Nacional de Estadística (ONE) contabilizó 2 382 unidades presupuestadas, de un total de 10 556 entidades en el país.[6]

Otros bienes y servicios, como la vivienda, comercio, gastronomía, transporte y determinados servicios comunales, sociales y personales, que en la mayoría de los países son privados, en Cuba constituyen parte de la economía pública, si bien una parte (no cuantificada) es suministrada por la economía popular.

Sin embargo, a partir de la implementación de losLineamientos,comenzó una reducción significativa de la esfera de la economía pública a favor de las esferas empresarial y popular. Un número importante de las actuales unidades presupuestadas nacionales y locales, que producen bienes o prestan servicios personales y productivos, pasarán al sector privado o a cooperativas, por lo cual debe reducirse significativamente el peso del sistema presupuestado en la economía cubana y, en consecuencia, el gasto público en este sector de la economía.

En Cuba, la economía empresarial es estatal, pues no existen empresas privadas y las mixtas son resultado de inversiones entre empresas extranjeras y el Estado cubano. En 2013, la ONE contabilizó un total de 2 472 empresas estatales, 30% menos que en 2006. Una fotografía del sistema empresarial estatal cubano mostraría a la cabeza unas treinta nuevas Organizaciones Superiores de Dirección Empresarial (OSDE), especie de casa matriz de los grupos empresariales del Estado, atendidos de forma atomizada por el ministro o la ministra del ramo, con muchos grupos y uniones de empresas en cada una, suerte de corporaciones, y en la base cerca de dos mil Unidades Básicas Empresariales (UEB) sin ninguna autonomía, atadas por vínculos verticales.[7]

En 2014 se emitieron decretos y resoluciones ministeriales que proponen un conjunto de cambios para las empresas de propiedad estatal.[8] Entre ellos está que las empresas podrán vender, a precios acordados, el excedente de su producción, una vez cumplidos sus contratos con entidades del Estado, así como comercializar sus inventarios ociosos y de lento movimiento con otras empresas y directamente en el mercado mayorista. La empresa no tendrá que aportar al presupuesto del Estado la depreciación y la amortización, solo 50% de la utilidad después de impuestos. Las empresas podrán crear reservas voluntarias a partir de las utilidades netas, si están debidamente autorizadas. Sin embargo, los posibles destinos no incluyen inversiones sociales.

Estas reformas del sistema empresarial cubano llevarán a las empresas estatales a mayor autogestión —tomar internamente las principales decisiones estratégicas y operativas— y a operar en base a la lógica del mercado —maximizar sus utilidades y acumular capital, acercándolas al comportamiento de las corporaciones y empresas capitalistas.

La empresa estatal socialista cubana siempre ha tenido objetivos solidarios implícitos, pero rara vez han sido explícitos o trazados por sus directores y trabajadores. En tanto se mantenga la facultad de los organismos estatales de determinar el uso de sus reservas, poco podrán hacer aun cuando exista voluntad interna. Las transformaciones en proceso pueden contribuir a que la empresa estatal definitivamente deseche su vocación responsable y solidaria, en aras de priorizar sus utilidades y capitalización, o constituir una oportunidad de asumirla consciente y explícitamente, de manera democrática.

Un trabajador de una de las empresas estatales cubanas más exitosas del momento escribe:

Toda empresa socialista, al fundarse,[9] debiera responder las siguientes preguntas básicas: ¿cuál será su aporte a la sociedad?, ¿qué beneficios ofrecerá a sus trabajadores y cuáles de las necesidades de estos serán satisfechas (a través del salario u otras vías)?, ¿cómo garantizará su crecimiento continuo, el máximo nivel de eficiencia y ganancias?[10]

En cuanto a la economía popular en Cuba, a los efectos de este trabajo la definimos como igual al sector no estatal, integrado por las cooperativas y los trabajadores privados: campesinos individuales, artistas y artesanos, y trabajadores por cuenta propia (TCP).

En su base está igualmente la economía doméstica familiar, orientada a la producción de valores de uso capaces de satisfacer necesidades sin pasar por el mercado, así como la economía popular mercantil,basada en combinaciones variables de venta de trabajo asalariado y de trabajo productor de bienes y servicios, dirigidas a obtener ingresos para procurar en el mercado bienes y servicios de consumo.

En 2013, los trabajadores privados ascendían a 1 064 200 (21,6 % de los ocupados) entre campesinos y otros privados (60%) y TCP (40%). Se estima que la cifra puede llegar a dos millones, o 40% de los ocupados, en 2015. Los TCP, que en septiembre de 2010 eran unos 157 000 en 178 actividades, en julio de 2014 llegaban a casi 467 000 en 206 actividades.[11]

Como el principal recurso de un trabajador es su capacidad de trabajar, y el trabajo puede ser vendido a cambio de un salario, los límites entre la economía popular y economías pública y empresarial se confunden, y estas se entrelazan por vínculos formales e informales. Como los salarios reales no alcanzan para cubrir las necesidades materiales de las personas y sus familias, muchos trabajadores de la economía estatal —pública y empresarial— dedican parte de su capacidad de trabajo a la economía popular, para aumentar sus ingresos monetarios o en especie. El doble y triple empleo es una característica de la actualidad cubana.

Según el investigador Richard Feinberg, si sumamos los 575 000 campesinos y trabajadores agrícolas, los informales que desempeñan actividades privadas no autorizadas, y los estatales que tienen también empleos en el sector privado, el total de trabajadores privados puede llegar a dos millones, o 40% de la fuerza laboral.[12]

Esto coincide con el pronóstico para 2015 de trabajadores no estatales ocupados solo en la economía formal. De hecho, los ocupados en la economía estatal disminuyeron de 83,7% del total en 2009 a 73,8% en 2013, mientras que el porciento de trabajadores privados se duplicó.[13]

La ley cubana no reconoce la empresa privada como persona jurídica, sin embargo, entre los TCP se entremezclan la propiedad privada individual, donde el dueño y trabajador coinciden en una sola persona, y la propiedad privada capitalista, compuesto por micro, pequeñas y medianas empresas, propiedad de un TCP que contrata habitualmente mano de obra asalariada.[14]

De los 456 000 TCP, 20% son contratados por otros cuentapropistas. Si asumimos que las empresas existentes tienen un promedio de cuatro empleados, se puede estimar que actualmente existen unas 23 000 empresas no agropecuarias en Cuba. Si aplicamos un índice similar a los 575 000 campesinos y trabajadores agrícolas, existen otras 32 000 empresas o fincas agropecuarias. Ninguna de ellas tiene personalidad jurídica como empresa mercantil privada, por lo que no pueden abrir cuentas bancarias o firmar contratos; solo tiene potestad el TCP o campesino titular, como persona natural.

Las cooperativas son consideradas “una forma socialista de propiedad colectiva […] que constituyen una organización económica con personalidad jurídica y patrimonio propio, integradas por personas que se asocian aportando bienes o trabajo, con la finalidad de producir y prestar servicios útiles a la sociedad y asumen todos sus gastos con sus ingresos”.[15] Por tanto, se diferencia tanto de la propiedad estatal como de la privada, y puede calificarse como una propiedad social o asociativa.

Desde el triunfo de la Revolución hasta 2013, las únicas cooperativas autorizadas fueron las agropecuarias. A partir de ese año, el Consejo de Ministros comenzó a aprobar la constitución experimental de las primeras cooperativas en otros sectores de la producción y los servicios. Hasta marzo de 2014 se han aprobado 498, en los sectores de comercio y gastronomía, construcción, servicios técnicos y personales, recuperación de materias primas, industria ligera, transporte público y energía. Del total de cooperativas aprobadas, 77% surge del desprendimiento de actividades estatales entregadas a sus trabajadores, y 23% del sector no estatal, a solicitud de TCP interesados en asociarse.[16] La ausencia de las profesiones universitarias entre las 206 actividades por cuenta propia autorizadas, limita grandemente el número de cooperativas no estatales, a pesar de las muchas solicitudes recibidas por las autoridades.

Es significativo que los Lineamientos solo contemplan a la empresa estatal como forma de propiedad socialista, y a la cooperativa como forma de propiedad social. El término “sociedad civil” ni siquiera aparece mencionado, por lo que se desprende que la estrategia de actualización económica no contempla que asociaciones, fundaciones, sociedades civiles y religiosas, sindicatos, organizaciones de masas y asociaciones comunitarias y de base (como consejos de vecinos, consejos de padres de las escuelas, Talleres de Transformación del Barrio, etc.) pudieran ser actores económicos que produzcan y comercialicen bienes y servicios sin fines de lucro. Sin embargo, en la práctica lo son y lo hacen: las organizaciones no gubernamentales (ONG) cubanas comercializan publicaciones de sellos editoriales propios, cobran entrada a sus museos, reciben turismo internacional, ofrecen cursos y alojamiento a estudiantes pagos, poseen fincas y talleres que comercializan sus producciones, y desarrollan otras actividades para generar ingresos que ayuden a cubrir sus gastos.

La economía social y solidaria en Cuba: potencial y aspiración

En la concepción de economía mixta en América Latina de Coraggio, la economía solidaria es descrita como la intersección de las tres esferas, integrada por un subconjunto de actividades y actores solidarios de cada una. Es imposible concebir que una economía capitalista, no importa cuán progresista, sea en su esencia, social y solidaria. Al menos la mayoría de las corporaciones responderán mayoritariamente a la lógica de la reproducción del capital. Solo una economía verdaderamente socialista, “con” y no “de” mercado, puede aspirar, en palabras de Coraggio, a la constitución de nuevas relaciones sociales que construyan una economía alternativa cuyo eje sea la centralidad del trabajo en la reproducción de la vida.[17]

Por tanto, la economía social y solidaria cubana es, potencialmente launión de las tres esferas. Es posible desarrollar una (macro)economía que en su esencia sea social y solidaria, compuesta por un conjunto de actores económicos, estatales, asociativos y privados, que asuman como parte de su gestión (micro)económica de producción, distribución y consumo de bienes y servicios, los principios deresponsabilidad con la sociedad y medioambiental.
Diagrama de la economía mixta y (potencialmente) social y solidaria en Cuba

La clave para construir una economía verdaderamente social y solidaria en Cuba el asumir conscientemente la Responsabilidad social/medioambiental empresarial desde el modelo macroeconómico hasta el comportamiento de todos sus actores, pasando por las políticas públicas que lo faciliten. La RSE debe complementar el marco regulatorio establecido por el gobierno, no relevar al Estado de su deber cívico de servir el interés público. Se trata de forjar una “ciudadanía empresarial” capaz de contribuir al “socialismo próspero y sostenible” que seguimos comprometidos en construir.

Citas

[1] Marino Murillo, Congreso Internacional sobre Gestión Económica y Desarrollo de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba, noviembre 2013, reportado en El Economista, ANEC, octubre 2013.

[2] Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, Partido Comunista de Cuba, 2011.

[3] José Luis Coraggio, “Los caminos de la economía social y solidaria”, Íconos, n. 33, Quito, enero de 2009, pp. 29. Según la Constitución de Bolivia, “La economía plural está conformada por las formas de organización económica comunitaria, estatal, privada y social cooperativa.

[4] José Luis Coraggio, “Tres corrientes en la ESS”, Temas, n. 75, julio-septiembre de 2013, pp. 4-11.

[5] Citados por Susana Hintze, “Políticas públicas para la ESS en América Latina”, ponencia presentada en el Seminario “LA ESS: enfoques para su inserción en la Economía Internacional”, Mayabeque, Cuba, 15 al 18 de setiembre de 2013.

[6] ONEI. Anuario Estadístico de Cuba2013. Edición 2014.

[7] Luis Marcelo Yera, “Tipos de propiedad económica y transición socialista en Cuba”. Instituto Nacional de Investigaciones Económicas (INIE), 2014

[8]José Luis Rodríguez, “Cuba y la compleja transformación de la empresa estatal (I)”, Cubadebate, 15 de julio de 2014, www.cubadebate.cu/opinion/2014/07/15/cuba-y-la-compleja-transformacion-de-la-empresa-estatal-i/

[9] O redimensionarse, en el caso que nos ocupa.

[10] Adolfo Castillo Vitlloch, “¿Revolución en la Revolución? Hacia un nuevo modelo de empresa estatal socialista”, Temas, n. 75, julio-septiembre de 2013, La Habana, pp. 82-89.

[11] O. Fonticoba y Susana Lee, “Recuperar ritmos de avance que aseguren el desarrollo socialista sobre bases sostenibles”, Granma, 7 de julio de 2014, La Habana, p. 4.

[12] Richard E. Feinberg. “Soft Landing in Cuba? Emerging Entrepreneurs and Middle Classes”, LatinAmerica Initiative at Brookings Institution, noviembre de 2013.

[13] ONEI, ob. cit.

[14] Luis Marcelo Yera, ob. cit.

[15] Lineamiento nº 25, Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, ob. cit.

[16] Camila Piñeiro Harnecker, “Diagnóstico preliminar de las cooperativas no agropecuarias en La Habana, Cuba”. Centro de Estudios de la Economía Cubana, Universidad de La Habana, mayo de 2014

[17] Citado por Susana Hintze, ob. cit.

martes, 3 de marzo de 2015

TRABAJO, DESIGUALDAD Y POBREZA


Por Enric Llopis

Hace tiempo que el crecimiento económico y el empleo actúan como fetiche para gran parte de la ciencia económica y los gobiernos. En el caso de la creación de nuevos puestos de trabajo, se desprecia que muchos de ellos sean temporales y no impidan salir de situaciones de pobreza. Según el Informe “Pobreza y trabajadores pobres en España” (octubre de 2014) de la Fundación Primero de Mayo de Comisiones Obreras, sólo el 44% de la población española en edad de trabajar está actualmente ocupada, 5,6 millones de personas en edad de trabajar no pueden hacerlo y sólo un 32% de la población en desempleo recibe alguna prestación. El informe presta atención además a la categoría de “trabajadores pobres”. España es el tercer país de la UE en pobreza de su población ocupada (12%). Además, un 33% de asalariados cobran un salario igual o inferior al SMI (Salario Mínimo Interprofesional), estipulado en 648,60 euros mensuales para 2015.

Sobre la temporalidad en el trabajo, la categoría de “trabajador pobre”, las últimas reformas laborales y el origen del modelo de relaciones en el ámbito de la empresa (si es anterior o nace con la crisis) han debatido varios especialistas en el Seminari Crític de Ciencies Socials de la Universitat de València. En el estado español, el derecho laboral “democrático” nace en el contexto de una gran crisis económica (a finales de los años 70) y política, a la que siguieron los Pactos de la Moncloa (octubre de 1977) y la “concertación social”.

Según el catedrático de Derecho del Trabajo de la Universidad de Castilla-La Mancha, Antonio Baylos, “se tenía claro que una crisis que afectara al empleo sólo podía abordarse facilitando y abaratando el despido”. Sin embargo, matiza, hacer más barato el despido a finales de los 70 y primeros 80 suponía casi un tabú, por lo que se prefirió actuar sobre la contratación temporal “sin causa”. Llegó entonces la “edad dorada” (una década) de la precariedad en los contratos.

Aunque la economía española se fundamente en las pequeñas y medianas empresas, con sectores estacionales muy fuertes, Baylos considera que se dio un giro decisivo: permitir al empresario emplear “a término” a la mano de obra, con lo que a la finalización del contrato se producía, de hecho, el despido gratuito. Además, aunque el juez fallara la “improcedencia” del despido, la indemnización iba a ser pequeña por el corto plazo de la contratación. A ello se agregó, en la década de los 90, una acentuada precarización del empleo público. Según el catedrático de Derecho del Trabajo, todas las reformas legislativas a partir de los años 90 que intentaran “recausalizar” la contratación temporal (limitarla a determinadas causas), “quedaron muy limitadas por una jurisprudencia para la que casi todas las causas y motivos son correctos”. “La temporalidad en el trabajo es un elemento consustancial al sistema español”, resume.

¿Qué ha cambiado con la actual recesión? Antonio Baylos afirma que ahora se interviene también sobre el despido, con lo que se logra la “flexibilidad” de entrada y de salida en el mercado laboral. Algunos discursos se refieren a la “flexibilidad” dentro de la empresa, de manera que el empresario puede reorganizar a la plantilla según la coyuntura, pero el catedrático sostiene que ningún empresario hará uso de la “flexibilidad” interna mientras pueda hacerlo de la externa. “En España hay una cultura de usar y tirar a los trabajadores; en el momento en que a un empresario se le presenta una disfunción, procede a despedir”, explica el docente. Desde el año 2008 (inicio de la crisis) se han producido cinco millones de despidos “individuales” en el estado español.

La “cultura de la temporalidad” es un hecho irrebatible, que la recesión ha acentuado. “Aunque los empresarios puedan despedir gratis y libremente durante el primer año en el contrato de fomento de los emprendedores, no han utilizado tanto esta modalidad”, asegura Antonio Baylos, ya que “prefieren firmar un contrato temporal por horas o días”. Otro cambio respecto al periodo anterior a 2008, afecta a la mediación de los representantes de los trabajadores en los despidos colectivos, y a la necesidad de alcancar un acuerdo. “Esto hoy ha desaparecido”, asegura el docente. Además, el convenio colectivo no sólo ha perdido su función vinculante, sino que puede ser “inaplicado” continuamente de acuerdo con los planteamientos empresariales. El resultado es hacer “funcionales” el sindicato y el convenio a las necesidades de gestión de la empresa.

El profesor de Derecho del Trabajo en la Universidad de Almería, Juan Escribano, dibuja un planteo más general: la crisis comienza en 2007 con el “robo masivo” por parte de las entidades financieras, lo que tiene, entre otras consecuencias, la ruptura del equilibrio entre capital y trabajo que hizo posible el “Estado del Bienestar”. Pero el punto de partida de todos los males no es la crisis. El historiador Josep Fontana señala, citando a Krugman, que en la década de los 80 la relación entre capital y trabajo en términos de distribución de renta, muestra un vuelco fundamental.

El 1% de la población en Estados Unidos controlaba el 9% de la renta total en 1980, mientras que en 2007 el porcentaje se eleva al 23,5%. En el año 2016 el 1% de la población mundial (70 millones de personas) tendrá más del 50% de toda la riqueza del planeta, según el informe “Riqueza: tenerlo todo y querer más” que Intermón-Oxfam hizo público en enero de 2015. El mismo estudio apunta que España es el segundo país más desigual de Europa, tras Letonia, como demuestra el hecho de que el 1% más rico de la población española concentre más riqueza que el 70% más pobre.

“Los procesos de concentración de capital son cada vez más intensos, y no tienen su origen en la crisis de 2007”, reitera Escribano. Estos procesos tendrán una traducción inmediata en el derecho del trabajo. Un estudio de Cáritas publicado en 2006 alertaba de que el paradigma de “pobre” estaba cambiando. Ya no se limitaba a la persona sin empleo o “sin techo”, sino que podía tratarse de un trabajador precarizado. Así, entre los 1,3 millones de personas que Cáritas consideraba en 2006 en estado de pobreza “severa”, se incluían “miles de trabajadores que no consiguen estabilidad en el empleo y las personas que dependen de ellos”.

El actual modelo de relaciones laborales también se resiente de la derrota ideológica del mundo del trabajo. “Incluso cambiamos el nombre del ministerio, que ya no se llama Ministerio de Trabajo, sino de Empleo; también se aprueban normas que afectan a los trabajadores, pero sin citarlos, como en la ley de fomento y apoyo a emprendedores”, explica Escribano. Tienen lugar procesos muy intensos de temporalidad y parcialidad (no deseada) en la contratación, que se encuentran en muchos casos detrás de los “trabajadores pobres”. Además, se produce una pérdida de capacidad de lucha y negociación colectiva por parte de los sindicatos. Todo ello, con el desempleo como gran cuestión de fondo. En enero la OIT subrayó que el paro en el estado español superará el 21% al menos hasta 2019. De cumplirse el diagnóstico, el desempleo se habría mantenido durante una década por encima del 20%.

El catedrático de Derecho del Trabajo y la Seguridad Social en la Universidad de Valencia, y miembro del Consejo Económico y Social (CES), José María Goerlich, coincide en que para analizar las relaciones laborales no es conveniente trazar un rígido punto de ruptura en 2008. “La precariedad en la contratación es mucho más antigua”, sostiene. “Si se analizan las estadísticas de contratación, se observará que la tasa de temporalidad se situaba en el 33% en 2006, mientras que hoy permanece en el 24%; la precariedad en la contratación proviene de la década de los 80, y está fuertemente enraizada en nuestro sistema”.

Respecto a la creación de nuevos puestos de trabajo, Goerlich destaca que se crea en el estado español el mismo empleo estable que hace 15 años, el 9%. Ahora bien, “la devaluación interna y la precariedad en las condiciones laborales sí que son un fenómeno más reciente, que se abre paso a partir de 2008”. La respuesta a la recesión consistió en la “devaluación interna”, con la idea de que “las condiciones laborales han de empeorar o flexibilizarse para evitar más despidos”, explica Goerlich, quien sitúa el origen de este principio rector en la reforma laboral de 2010 (gobierno de Rodríguez Zapatero), que “estiró al máximo” la reforma laboral del PP (2012).

Una reciente sentencia del Tribunal Constitucional (febrero de 2015) ha avalado la reforma de la legislación laboral impulsada por el PP, contra los recursos presentados por el PSOE y la Izquierda Plural. Según informaciones de Europa Press, el TC considera constitucional la reforma del artículo 41 del Estatuto de los Trabajadores, por la que se atribuye al empresario la facultad de modificar de manera unilateral las condiciones laborales pactadas en el convenio.

Esta reforma, según el alto tribunal, “procura el mantenimiento del puesto de trabajo en lugar de su destrucción”. El alto tribunal defiende, asimismo, la legalidad a la hora de primar los convenios de empresa, al considerar que la constitución no reserva en exclusiva a los sindicatos un papel en la negociación colectiva. Por último, el TC considera que la eliminación de la autorización administrativa en los despidos colectivos, tampoco vulnera los derechos constitucionales.
Fuente: Rebelión


domingo, 1 de marzo de 2015

El CEO de Goldman Sachs: "No hay capitalismo puro en ninguna parte del mundo"


El director ejecutivo del banco estadounidense Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, opina que el modelo económico en los países de todo el mundo es un híbrido y que el capitalismo puro no existe en ninguna parte del planeta.

"Todos los modelos económicos con el tiempo se convierten en híbridos. EE.UU. hoy en día no representa el capitalismo puro. De hecho, en ninguna parte del mundo hay lugar para el capitalismo puro, no regulado", expresó Blankfein en una entrevista con CNN.

Por eso es que el ejecutivo de Goldman Sachs cree que hay demasiado "paralelismo" entre los sistemas estadounidense y chino, el que les permite encontrar lugares para trabajar juntos a través de la inversión y el comercio bilateral.

Por otra parte, una vez más afirmó que la economía de China en su volumen será mayor que la estadounidense y que el siglo XXI podría convertirse en "el siglo de China". Diferentes países, incluido EE.UU., tendrán que tener en cuenta el ascenso de China y cooperar con el país asiático a pesar de las posibles contradicciones.

Redefinir la prosperidad: Una economía verde y prosocial será una mejor economía

Por Yaiza Martínez.

Ya se sabía que la felicidad de la población no depende del PIB de los países (o que la macroeconomía no tiene por qué redundar en el bienestar de los ciudadanos). Ahora, investigadores del Reino Unido han medido lo contrario: cómo afecta al PIB el malestar de la población. Sus resultados señalan que la infelicidad y la enfermedad que generan los estilos de vida actuales cuestan mucho dinero a los países ricos. En consecuencia, proponen “redefinir la prosperidad”: buscar el bienestar de los ciudadanos para asegurar que la sociedad y la economía funcionen. 

Por Yaiza Martínez.

Fomentar un estilo de vida sostenible en la población puede beneficiar tanto a la salud de las personas como a la economía de los países. Esta es una de las conclusiones de un estudio realizado por especialistas de la Universidad de Essex, de la Escuela de Medicina de Exeter y de la NHS Sustainable Development Unit, todas ellas en el Reino Unido. 

Los investigadores enfocaron su análisis en la comprensión de por qué, en un país en el que cada año se incrementa el Producto Interior Bruto (PIB) no aumenta al mismo tiempo el bienestar de los ciudadanos. En otras palabras, por qué una magnitud macroeconómica sobre la situación de un país no está relacionada con la felicidad y la salud de sus habitantes. 

Concluyen, según un comunicado difundido por AlphaGalileo, que la causa está en que “nuestros estilos de vida modernos y materiales no nos están haciendo más felices, sino dañando nuestra salud”. Además, “ya no son sostenibles y cuestan a la economía nacional decenas de miles de millones de libras cada año”. 

Redefinir la “prosperidad” 

La solución a esta situación, proponen los autores del estudio, pasa por redefinir el concepto de “prosperidad”. En este nuevo marco, se debe impulsar el desarrollo de comunidades más robustas, el aumento de espacios verdes, una alimentación saludable, la promoción del consumo de bienes y servicios ecológicos y el turismo activo. 

Porque, según los investigadores, fomentar estilos de vida y comportamientos sostenibles beneficiaría tanto a las personas como a la economía. "Una economía más verde y prosocial es una mejor economía. Y además podría ayudar a salvar al planeta", aseguran. 

Seis factores críticos 

Los especialistas británicos señalan que existen seis factores esenciales para la mejora de la salud y el bienestar de la población. Estos factores son: el consumo de alimentos saludables; la actividad física, una buena salud mental; los vínculos con la comunidad humana (amigos, vecinos, familiares); el contacto con la naturaleza, y el apego a posesiones que resulten significativas. 

En países ricos como el Reino Unido, sin embargo, estos factores son a menudo erosionados (se come mal, se llevan vidas sedentarias, hay poco tiempo para compartir, etc), lo que está generando demencia, obesidad, diabetes, soledad, enfermedades cardiovasculares… en un gran número de personas. 

Pero estos problemas también afectan a la economía. Según los cálculos realizados sobre el Reino Unido por este equipo de investigación, solo los costes de salud derivados de los estilos de vida modernos alcanzan los 82 mil millones de euros al año. En total, se ha calculado que dichos estilos de vida cuestan al país unos 247.000 millones de euros anuales, lo que supone el 18,6% del PIB. 

El coautor de la investigación, el profesor Michael Depledge, de la Universidad de Exeter, concluye a partir de estos datos que: "Creemos que existe una oportunidad real de mejorar la salud y la economía: El movimiento hacia un crecimiento económico sostenible con el medio ambiente que priorice, además, los beneficios para el bienestar de los individuos. Eso nos ayudará a todos a vivir vidas más largas y saludables; y a proteger y a conservar el medio ambiente natural".

La Paradoja de la Felicidad 

Otros estudios recientes han demostrado que, en muchos países desarrollados, entre ellos Japón o EEUU (que ha incrementado en tres veces su PIB per cápita desde 1960 sin modificar el bienestar de sus ciudadanos), la felicidad no es proporcional a la riqueza económica. 

Este fenómeno, bautizado como la “Paradoja de la felicidad o Paradoja de Easterlin”, ha dado lugar a un debate internacional en los últimos años sobre cómo aumentar el bienestar de los individuos a través de políticas gubernamentales. 

Incluso ha llegado a crearse un concepto “paralelo” al del PIB, que ha sido bautizado como “Índice nacional bruto de felicidad”, centrado en la creencia de que el bienestar de un país puede y debe medirse más allá de ciertos indicadores tradicionales, como la productividad económica. 

A mediados de 2012, cientos de representantes de distintos gobiernos, investigadores y organizaciones de la sociedad civil se reunieron en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York para hablar de este otro índice. 

También de aquellos factores sociales que ayudan al bienestar de la población independientemente de la riqueza de las naciones: fortaleza del apoyo social, la ausencia de corrupción o el grado de libertad personal son algunos de ellos. 

Como posibles medidas a tomar por los políticos se mencionaron las siguientes: cubrir las necesidades básicas de la población, reforzar los sistemas sociales, implementar las políticas activas de trabajo, mejorar los servicios de salud mental; promover la compasión, el altruismo y la honestidad o ayudar a la gente a resistir el exceso de mercantilismo. 

Ejemplos prácticos: Bután, Costa Rica, Dinamarca 

El Índice nacional bruto de felicidad o de Felicidad Nacional Bruta se ha convertido en un criterio central en el reino de Bután, situado en el tramo oriental de la cordillera del Himalaya, entre India y Tibet. 

Este país, situado en el octavo lugar en el ranking mundial de bienestar subjetivo, ha sido el primero del mundo en implementar en un 100% la agricultura ecológica y en el que, desde 2004, está prohibida la venta de tabaco. Por otra parte, su Carta Magna ordena que el 60% del territorio nacional sea dedicado a bosques, si bien llega al 72% la superficie forestal del territorio. 

Aunque su renta per cápita es muy baja, no hay paro, y tanto la sanidad como la educación son gratuitas. Bután, además, es un país que ha sabido compaginar la modernidad con la preservación de su cultura, ha explicado recientemente sobre él el Doctor en Medicina, investigador y profesor universitario Vicente Goyanes Villaescusa en un artículo de Tendencias21

Otro de los países actualmente considerado entre los más felices del mundo es Costa Rica. Este honor se ha conseguido gracias a la “construcción de una nación basada en la democracia, la solidaridad , la libertad, el culto a la paz y el respeto a la naturaleza”, explicó en el encuentro de la ONU en 2012 la presidenta del país, Laura Chinchilla. 

Por último, en 2013, una segunda edición del Informe Mundial sobre la Felicidad -que intenta mostrar qué factores influyen en el bienestar de las personas y cuáles son los países donde los ciudadanos disfrutan más de la vida- seleccionó a Dinamarca como “país más feliz de la Tierra”. El informe también destacó la relación entre economía y bienestar: las personas felices viven más tiempo, son más productivas y, por tanto, generan más riqueza.


Referencia bibliográfica: 

Jules Pretty, Jo Barton, Zareen Pervez Bharucha, Rachel Bragg, David Pencheon, Carly Wood, Michael H. Depledge. Improving health and well-being independently of GDP: dividends of greener and prosocial economies.International Journal of Environmental Health Research (2015). DOI: 10.1080/09603123.2015.1007841. 

domingo, 22 de febrero de 2015

Políticas macroeconómicas sostenibles e igualdad de género


Por Stephanie Seguino


Las vastas diferencias en cuanto a ingresos y bienestar, es decir, la desigualdad económica entre individuos, hogares y grupos sociales, están en conflicto con el objetivo de una prosperidad económica ampliamente compartida. Por ejemplo, la desigualdad de género está vinculada a la que afecta a las mujeres en cuanto al poder de negociación en el hogar y en los puestos remunerados que ocupan. Esto tiene efectos negativos en su capacidad de actuación y en el bienestar de los niños. Tal desigualdad irradia y produce daños a nivel de toda la economía. Además, las políticas macroeconómicas que dan por resultado incrementos en el empleo de las mujeres a expensas del de los hombres pueden provocar un conflicto de género que también socava el bienestar de la sociedad.

El presente trabajo explora los más notables resultados, en cuanto al bienestar, del conjunto de políticas macroeconómicas puestas en funcionamiento desde principios de los 70, hoy llamadas neoliberalismo.

Las raíces de la desigualdad actual y el estancamiento económico global

A menudo las personas se refieren con nostalgia a los años que median entre 1945 y 1973 como la «era dorada del capitalismo». Fue un período de bajos niveles de desempleo, combinados con ciclos apacibles en los negocios, que brindaron ingresos relativamente estables. Existían entonces programas de seguridad social y seguros que se erigieron en respuesta al caos económico que indujera la Gran depresión. Por lo general, los gobiernos se mostraban dispuestos a reglamentar los mercados —sobre todo el sector financiero—con vistas a brindar, a todo lo ancho de la sociedad, condiciones para la estabilidad y la generación de empleos. Parecía, en verdad, que las políticas que permitían una redistribución de los ingresos en beneficio de los hogares de bajos niveles de ingresos también estimulaban el crecimiento económico, al menos en los países industrializados. A esta relación en la que todos ganan se le puede nombrar «crecimiento guiado por la equidad». Sin embargo, dicho período no fue significativo en cuanto a un mayor grado de igualdad intraclasista en lo relativo a los salarios entre mujeres y hombres o —en los Estados Unidos— entre negros y blancos.

También existe evidencia de un crecimiento económico relativamente rápido en países recién independizados, con incrementos en la calidad de vida, debidos en parte a los gastos públicos en infraestructura social y física que mejoraron la salud y la educación.

Si bien en las últimas décadas los gobiernos habían tomado medidas para promover la seguridad económica y calmar la volatilidad de unos mercados que de otro modo habrían sido erráticos, su papel estaba siendo impugnado cuando la crisis petrolera de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). A partir de entonces, comenzó a surgir un cambio en la política macroeconómica, que ponía énfasis en la eliminación de las reglamentaciones de los mercados. El neoliberalismo tenía como objetivo central la reducción del papel y el alcance del gobierno, arguyendo que un sector privado no reglamentado es más eficiente. Los dogmas centrales de las políticas neoliberales han incluido la liberalización en varias esferas (el comercio, la inversión, las finanzas y las tasas de cambio) y la disciplina fiscal; es decir, las restricciones a los gastos deficitarios del gobierno, incluso en tiempos de crisis económica.

El aumento de la desigualdad ha permitido a las élites económicas utilizar su fuerza política para incrementar aún más su riqueza, la cual, a su vez, las ha ayudado a garantizar influencia política. Ello tuvo como resultado que los gobiernos encaminasen las rentas económicas (ganancias no ganadas) en dirección a ellas. Dos muestras evidencian la influencia del poder económico sobre el Estado para que este actúe a favor de las élites. Una de ellas es la mayor porción de los ingresos que van a parar a manos del 1% más rico de la población, desde los 70.[1] A pesar de la extensa devastación que han sufrido las familias con la crisis financiera, los poderes económicos han bloqueado la aprobación de reformas significativas que evitarían, o al menos reducirían, dichas crisis en el futuro.[2]

El segundo ejemplo es el poder ampliado de las corporaciones, como consecuencia de la firma del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio (ADPIC) en 1994. Antes, las empresas farmacéuticas en cierto número de países poseían patentes sobre medicamentos, como los antirretrovirales para el VIH-SIDA, por un período de diez años. El control de la patente confiere en esencia los derechos monopólicos para la venta de un producto, lo que induce una subida de los precios y de los beneficios corporativos. ADPIC extendió los derechos sobre las patentes a veinte años para una variedad de productos, incluidos medicamentos esenciales. Aunque presumiblemente su intención era estimular la investigación, este Acuerdo convirtió en ley un mayor poder monopólico, contrario al argumento neoliberal de que se requiere la liberalización para promover la competencia y la eficiencia. El creciente poder de las élites económicas se refleja en la capacidad de cabildeo de las corporaciones multinacionales. El incremento de su habilidad para extraer beneficios ha operado a expensas de los pobres en los países en desarrollo. El acceso a medicamentos esenciales para salvar vidas se ha vuelto cada vez más caro, sobre todo para los pobres y los carentes de seguro médico.[3]

Tendencias en la desigualdad y el bienestar

Los partidarios del neoliberalismo arguyen que el incremento de los ingresos per cápita proveerá los medios para un mejoramiento de los niveles de vida y un crecimiento de los ingresos que los gobiernos podrán dedicar a las inversiones sociales. Sin embargo, el «cambio de régimen» neoliberal ha fracasado en cuanto a conseguir las mejoras que predecía. En lugar de ello, la nueva agenda macroeconómica trajo consigo la Era Plúmbea, un período de crecimiento económico más lento, ampliamente difundido —una de cuyas excepciones es el número de economías asiáticas que se negaron a adoptar en su totalidad el paquete de las políticas neoliberales—, de presión a la baja en los salarios y un dramático incremento de la desigualdad.

Por su parte, el Producto Interno Bruto (PIB) y otras mediciones de ingresos son a veces criticados con el argumento de que para comprender mejor las tendencias en el bienestar deberíamos medir los objetivos mismos y no los ingresos. Existen dos mediciones de bienestar útiles para dibujar un cuadro sobre el progreso global: 1) los índices de mortalidad infantil y 2) la correlación de las hembras respecto a los varones en la población. Las tendencias respecto al primer punto brindan alguna información sobre el nivel de las inversiones públicas en la infraestructura social (salud, educación, servicios de cuidado de menores, etc.); los efectos secundarios (positivos o negativos) del crecimiento económico sobre la salud; y, de manera más general, la distribución del poder político y, por ende, de los recursos.

El segundo punto es un buen indicador sustituto de tendencias en cuanto al grado de igualdad de género. Refleja cómo la sociedad valora a las hembras. La correlación puede estar por debajo de las esperadas desde el punto de vista biológico (a grandes rasgos, 102,5 hembras por cada 100 varones en los países en desarrollo y 105 por cada 100 en los industrializados) como resultado de inversiones diferenciadas en la nutrición y la salud de las niñas y los niños, el poder de negociación de las mujeres en el hogar y los abortos selectivos según el sexo, que favorecen un género en detrimento del otro.

Si analizamos el descenso anual promedio de los índices de mortalidad infantil para los períodos 1961-1980 (a grandes rasgos, el anterior a la globalización); 1981-2005 (el de esta en vías de expansión) y 2006-2013 (la globalización tardía y la crisis financiera), concluiríamos que, para todos los grupos de ingresos del mundo, el mejoramiento se desaceleró en el período neoliberal 1981-2005; en algunos casos dramáticamente, aunque permaneció estancado en los países de bajos niveles de ingresos. En naciones con niveles medios, por ejemplo, la cifra descendió de 2,9 en el primer período, a 1,5 en el siguiente.[4]

Los índices de mortalidad infantil continuaron descendiendo entre 2006 y 2013, salvo en los países de bajos ingresos, donde la disminución es apenas modesta en relación con el primer período. No obstante, los países pobres altamente endeudados han acusado una reducción anual promedio mayor en esos índices en la etapa más reciente. El optimismo que esto pudiera generar resulta contrarrestado por la continua desaceleración en la reducción de ello en naciones de ingresos medios que han sido testigos de un crecimiento impresionante a lo largo de los últimos veinticinco años.

También el avance en dirección a la igualdad de género parece haberse afectado durante el período neoliberal si se mide la cantidad de hembras con respecto a los varones. En sentido general, el número de mujeres, en comparación con los hombres, ha descendido en la mayoría de los países y regiones del mundo. Excepciones de esa tendencia son los países de ingresos medios y medio superiores. Sin embargo, estos han experimentado el más rápido crecimiento, y por ende el incremento de la población femenina con respecto a la masculina para este período es sorprendentemente mínimo.

No obstante, el período de globalización ha conducido a ampliar el acceso relativo de las mujeres al empleo, medido por las correlaciones de este indicador en ambos géneros con respecto a la población. Debe observarse que esta es una medida incompleta de bienestar, puesto que nada dice sobre la remuneración, la calidad del empleo, los beneficios asociados y la estabilidad de ingresos que se ofrecen. Aun así, se puede explorar tendencias a lo largo de dicho período. Como era de esperar, la razón empleo femenino/masculino ha ascendido desde 1991 (el año más temprano para el cual los datos están disponibles en un conjunto de estadísticas internacionalmente comparables). Esto se debe a que el proceso de globalización eleva tanto la movilidad del producto como la de la empresa y por ende la competencia de precios. Las empresas se hallan bajo presión para procurarse fuerza de trabajo de menor costo y la encuentran en forma de trabajadoras. Además, en ciertas regiones, la competencia global ha conducido a un descenso de puestos de trabajo en sectores tradicionalmente dominados por los hombres —como la manufactura—, y mujeres y hombres han ido a apretujarse en el sector de los servicios. Esta es un área amplia y heterogénea, y no puede decirse que muchos trabajadores registrados como empleados del sector ocupen un empleo bien retribuido, sino que se encuentran más bien residualmente desempleados. De ahí que el índice de empleo sea insuficiente por sí solo como medidor de bienestar.

Según las estadísticas sobre las correlaciones de empleo para hembras y varones (M/H) con respecto a población, en 177 países, para los años 1991 y 2010, las brechas de género se están cerrando. La más baja en 1990 fue de un mero 9,8%, en Jordania, mientras que, en 2010, era de 14,8%, en Siria. En la abrumadora mayoría de los países, esa razón seguía estando, en 2010, muy por debajo de la paridad. Solo cuatro países la habían alcanzado para entonces: Malawi, Ruanda, Burundi y Mozambique. La mayoría de los avances se han conseguido en Estados que comenzaron a partir de correlaciones muy bajas, lo cual sugiere que el progreso se ha atascado en aquellos que ya tenían mayor igualdad de género en el empleo en 1991.[5]

Resulta útil conocer si los avances en la correspondencia M/H han sobrevenido a expensas del empleo masculino; un desenlace que puede ser conflictivo en el terreno del género a nivel del hogar y de la sociedad. En 70% de los ciento cuarenta países en los que tal relación ha ascendido entre 1991 y 2010, los índices de empleo masculino se han desplomado.[6]

Existen importantes razones para preocuparse por este fenómeno, como impedimento a la igualdad de género. Las investigaciones indican que, en las recesiones, la pérdida de empleos masculinos desencadena un incremento de la violencia doméstica.[7] Nata Duvvury y sus colaboradores han demostrado el costo nada banal de esta en Viet Nam, tanto para los individuos como respecto al PIB. En 2010, los gastos reembolsables —como ingresos y costos médicos y legales— sumaron 1,4% del PIB, al tiempo que las pérdidas de productividad —las mujeres que son objeto de abusos ganan 35% menos que las demás— significaron 1,78% del PIB.[8] Por lo tanto, sería difícil caracterizar las correlaciones M/H más altas en los países en los que los índices de empleo masculino han descendido como un éxito o un movimiento en dirección a la igualdad de género. En la medida en que dichas tendencias son de hecho conflictivas en el terreno del género, resultan insostenibles, al menos en el mediano plazo y hasta que las normas de masculinidad referidas a los papeles del varón mantenedor de la familia cambien y se adapten.

Liberalización financiera vs. igualdad de género y bienestar
 

Debido a su papel central en la expansión de la desigualdad y del deterioro concomitante del avance en el mejoramiento del bienestar, el impacto de la liberalización financiera merece más atención en lo que contribuye al retraso del logro de un bienestar ampliamente compartido. Sus implicaciones de género son importantes, puesto que las mujeres y los hombres a menudo resultan afectados de modos distintos por la sacudida macroeconómica. En promedio, las mujeres tienen menos ahorros y posesiones con los cuales hacer frente a la crisis económica, y mayor probabilidad de hallarse en empleos inseguros y carentes de beneficios o protección social.

Muchos años atrás, el economista John Maynard Keynes advirtió sobre las crisis y la inestabilidad creadas por la liberalización económica, y subrayó la tendencia a la irracionalidad en la toma de decisiones y los incentivos contumaces que contribuyen a la manipulación por parte de los controladores de la economía. El desplome en 1929 de la bolsa de valores y la Gran depresión fueron dolorosos ejemplos de ello. Los gobiernos aplicaron una serie de reglamentaciones financieras a raíz de esa catástrofe, incluidos los controles sobre el capital y la adopción de tasas de cambio fijas. Tales medidas tenían por objetivo mantener la salud del sector financiero y prevenirse contra los excesivos riesgos de sus instituciones. También permitieron a los países utilizar la política fiscal y monetaria para manejar el nivel de la actividad económica e impedir la excesiva volatilidad de los precios, incluidas las tasas de cambio.

Tras un período relativamente largo de estabilidad después de la Segunda guerra mundial, la década de los 70 fue testigo del comienzo de la desreglamentación financiera en el norte del globo terráqueo. En los Estados Unidos, sus raíces se vinculaban a la ruptura del acuerdo de Bretton Woods, lo que resultó en el paso de tasas de cambio fijas a flexibles, y ello exacerbó las fluctuaciones de precios. La inflación hizo descender las tasas de interés reales (ajustadas según la situación), y esto indujo a las empresas financieras a hallar formas de burlar las regulaciones que limitaran sus oportunidades de conseguir ganancias.

Los reglamentadores gubernamentales y los que trazaban las políticas parecían listos para ratificar los deseos del sector financiero. Los Estados Unidos desempeñaron un papel de liderazgo en ese cambio, puesto que sus políticas respecto a este sector son a menudo utilizadas como modelo por otros países. A la altura de 1999, un elemento de envergadura de la legislación norteamericana, la Ley Glass-Steagall, de 1933, había sido destrozado, gracias al intenso cabildeo del sector financiero. Como consecuencia, se facilitó la participación de los bancos comerciales en actividades especulativas, con lo que se expuso el sector financiero a un mayor grado de volatilidad y riesgo, de efectos potencialmente desastrosos para la economía real, es decir, el sustento, los empleos y los ingresos de las personas.

Marchando al mismo paso que el surgimiento de las políticas y tendencias económicas neoliberales dirigidas a la desreglamentación en los Estados Unidos, países de todo el planeta fueron eliminando cada vez más las restricciones a la movilidad del capital, lo que facilitó que los poseedores de riquezas movieran dinero allende las fronteras. Estos se hallan ahora relativamente libres para «ir de compras» por el mundo en busca de los más altos índices de ganancias para sus inversiones, con poco o ningún control sobre su comportamiento especulativo. Los neoliberales justifican lo anterior con el argumento de que liberar el sector financiero permitirá que los capitales fluyan a las inversiones que rindan las más altas ganancias; consideran, además, que ello equivale a la eficiencia de la inversión. Es decir, el capital será atraído, como a un imán, hacia los ganadores, lo que se medirá en elevadas utilidades para las inversiones, y rehuirá los proyectos nada lucrativos de bajo rendimiento.

Un defecto en este análisis es la incapacidad de sus defensores para diferenciar las inversiones especulativas de las productivas que inducen innovaciones. Las primeras son desestabilizadoras y costosas para quienes no obtienen una tajada de las ganancias; las últimas producen efectos beneficiosos de derrame al resto de la economía por la vía de elevar potencialmente el crecimiento de la productividad y, por ende, de los ingresos.

En la misma medida preocupa y resulta perjudicial el incremento del poder de negociación de los detentores de riqueza frente a los gobiernos. Libres para merodear por el planeta, juegan a oponer a un país hambriento de capital a otro, con frecuencia exigiendo concesiones tales como recortes de los impuestos que aumenten sus ganancias. Pero su comportamiento impone enormes costos sociales. En primer lugar, los detentores de la riqueza prefieren índices bajos de inflación, pues estos garantizan que las ganancias de las inversiones ajustadas a ella sean elevadas, lo cual equivale a decir que crecen las derivadas de la posesión de dinero.

Cuando se desreglamentan las finanzas, los países que compiten para atraer al consorcio de capital global se ven obligados a calmar los temores de inflación, aunque estos sean irracionales. Para ello, los bancos centrales han adoptado políticas de fijar objetivos de inflación, en muchos casos intentando mantenerla cerca de cero. Esa meta forzosamente reduce la flexibilidad de los bancos centrales para utilizar la política monetaria con vistas a garantizar niveles adecuados de empleo, en vez de aumentar las ganancias de los detentores de riqueza.

Con el fin de disminuir la inflación, dichas instituciones elevan las tasas de interés, con lo cual causan un alza en el costo de los préstamos. De ahí resulta que a los negocios —en especial las empresas pequeñas— y a los hogares se les hace más costoso obtener préstamos. El efecto neto de tasas de interés más altas es causar que se desacelere o se vuelva negativo el incremento de los empleos y del crecimiento económico.

En términos de sus efectos sobre el empleo, los economistas denominan al costo de cortar la inflación «correlación del sacrificio», entendido este último como el sustento de las familias de niveles bajos y medios de ingreso para beneficio de los detentores de riqueza. En resumen, los costos de reducir las presiones inflacionarias mediante la política monetaria son los empleos y los sustentos de las personas corrientes, lo cual empeora la distribución de la riqueza y de los ingresos.

Este escenario tiene efectos perjudiciales sobre la habilidad de una familia de proveer para sus miembros. La viabilidad de las pequeñas empresas, incluidas las firmas de autoempleo del sector informal, sufre igualmente, porque cuando existe penuria laboral, pocas personas tienen ingresos para gastar en bienes y servicios.

En cierto número de países, las mujeres padecen, de manera desproporcionada, escasez de empleo, en parte porque las normas de género designan a los hombres como los legítimos «sostenedores de la familia». De hecho, los datos correspondientes a 2005-2008 del World Values Survey, para una muestra de sesenta y cinco países, descubrieron que 36,2% de los encuestados concuerda con la frase manida de que «cuando escasea el empleo, los hombres tienen más derecho que las mujeres a este».[9] Ellas, además, se encuentran concentradas, desproporcionadamente, en trabajos contingentes, por lo cual son más vulnerables a la pérdida de empleo durante las desaceleraciones económicas.

Por otra parte, la liberalización tiene un impacto negativo sobre los gastos gubernamentales, y por ende sobre la política fiscal. Para incrementar su credibilidad ante los detentores de riqueza, muchos gobiernos se han visto obligados a reducir los déficits de sus presupuestos, vinculados a la inflación potencial por los dueños de la riqueza. De nuevo, el lazo puede ser real o imaginario. En efecto, debido a la liberalización financiera, los detentores de poder han ganado potestad de veto (antidemocrático) sobre la política fiscal y monetaria de un país y, por extensión, sobre las posibilidades de crecimiento a largo plazo.

Al margen del efecto sobre el acceso al empleo remunerado, las consecuencias de las crisis sobre las mujeres —y la actual no es una excepción— son particularmente evidentes en el trabajo no remunerado. En la medida en que se desploman los ingresos familiares y se cortan los servicios públicos, las familias tienen que movilizarse para brindar servicios de cuidados que antes se compraban en el mercado —comidas preparadas— o las brindaba el gobierno —ayudas de atención a la salud en el hogar. Esas tareas tienen marca de género: debido a que las mujeres, en su mayoría, se ocupan de ello, la carga de su labor ascenderá de manera desproporcionada en tiempos de crisis económica.

Tal como observa la economista Sharmika Sirimane:

Cuando las sociedades se hallan en peligro de desplome, por ejemplo, durante desórdenes económicos severos como los sufridos por algunos países asiáticos en 1997, hay evidencia de alzas significativas en las tasas de suicidio y de criminalidad, en el abuso y la violencia contra las mujeres y en las tensiones étnicas [...] Las mujeres acarrean lo peor de las consecuencias sociales.[10]

Este resumen de los efectos de las políticas neoliberales en la distribución de los ingresos de los ciudadanos corrientes subraya que limitarse a apretar el botón para volver a arrancar la economía no dará resultados. Eso está claro. Pero ¿qué viene después? Los rasgos claves de una agenda de políticas para rectificar los efectos negativos de la crisis económica global son: poner el foco de la mira en las políticas de pleno empleo; aumentar la disponibilidad de crédito a los que se hallan en desventaja para crecer, incluidos los agricultores, las mujeres y las minorías étnicas; y tratar de resolver el problema de la distribución desigual de los ingresos que ha conducido a una insuficiente demanda.

Estrategias alternativas

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