"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

viernes, 13 de junio de 2014

¿Socialismo a la cubana o Cuba sin socialismo?


Una contradicción fundamental a la que se enfrenta Cuba, y por la que pasaron la desaparecida Unión Soviética y los países de Europa del Este

Alejandro Armengol, Miami 

El problema fundamental que encara el gobierno cubano y sus economistas, ante la necesidad de llevar a cabo reformas que alivien la crítica situación del país, es la respuesta a una pregunta: ¿puede permitirse la actividad privada, aunque sea en una escala reducida, sin poner en peligro la sociedad socialista? O dicho con las palabras del economista húngaro János Kornai: ¿es reformable el socialismo?

Kornai encontró que la interrogante solo admitía una respuesta negativa. Llegó a esta conclusión a partir de los principios más elementales del marxismo-leninismo, y cuando la formuló en 1990 no estaba abogando por el mantenimiento de ese sistema, sino simplemente evaluando los hechos. Al utilizar los términos de la economía marxista-leninista, se refirió a la conclusión clásica de que la pequeña propiedad mercantil engendra capitalismo, de forma constante y sin detenerse. “Lenin tenía toda la razón. Si una sociedad permite que haya un gran número de pequeños productores de mercancía, y los deja acumular y crecer con el tiempo, tarde o temprano surgirá un genuino grupo de capitalistas”, afirmó Kornai.

En el caso cubano, tampoco se pueden eludir otras dos interrogantes. La primera lleva a cuestionarse si realmente existe el socialismo en la Isla y la segunda es aún más concreta: ¿Qué hacer entonces?

Un análisis de los factores económicos debe dejar a un lado los aspectos políticos del tema, en lo referente a las implicaciones y preferencias que encierra cualquier ideología, así como todo lo relacionado con la democracia, los derechos humanos y el Estado de derecho.

La respuesta a la pregunta de si hay socialismo en Cuba es negativa desde una perspectiva económica, a partir del hecho de que desde hace años subsisten dos modelos en el país: uno fundamentado en la propiedad privada y otro tradicional, que tiene su base en los medios de producción estatales.

Con bastante éxito, el régimen de La Habana ha logrado mantener separados estos dos modelos. Su estrategia ha estado dirigida tanto a reducir la esfera de producción privada nacional —autorizada durante el llamado “Período Especial”— como a concentrar la inversión extranjera y las empresas conjuntas con capital privado (foráneo) en un número reducido de grandes corporaciones, y en sectores que siendo fundamentales a la hora de obtener ingresos, pueden ser “aislados” de la población. La minería y el turismo son dos buenos ejemplos.

Las principales víctimas de esta estrategia han sido los cuentapropistas cubanos y los pequeños empresarios extranjeros. Por otra parte, la estrecha colaboración con el gobierno venezolano ha resultado un factor clave en lograr este objetivo.

Una contradicción fundamental a la que se enfrenta Cuba, y por la que pasaron la desaparecida Unión Soviética y los países de Europa del Este, es que al igual que el sector privado crece de forma “espontánea” y más allá de lo previsto, cuando se posibilita la menor reforma, también la burocracia crece a pesar de los esfuerzos por reducirla.

Lo que ocurre en la práctica —y está sucediendo en Cuba en estos momentos— es la existencia de dos modelos que compiten por la supervivencia.

Las economías socialistas clásicas (pre reformistas) combinaban la propiedad estatal con la coordinación burocrática, mientras las economías capitalistas clásicas combinan la propiedad privada con coordinación de mercado.

“Estos dos casos simples pueden considerarse modelos históricos de referencia”, de acuerdo a Kornai.

Uno de los aspectos negativos de la mezcla de ambos sistemas, en una misma nación, es el aumento del desperdicio de recursos.

Mientras que un sector privado vive constantemente amenazado en un sistema socialista, al mismo tiempo se beneficia de un aumento relativo de ingresos, al poder fácilmente satisfacer necesidades que el sector estatal no cubre. Sin embargo, estos artesanos o propietarios de restaurantes ―para poner dos ejemplos clásicos— no tienen un mayor interés en cultivar a sus clientes, y tampoco en acumular riqueza y darles un uso productivo. Y como el destino de sus empresas es bastante incierto, en la mayoría de los casos emplean sus ingresos en mejorar sus niveles de vida mediante un consumo exagerado.

Esta actitud y conducta no difiere de la del burócrata, que sabe que sus privilegios y acceso a bienes y servicios escasos dependen de su cargo.

Es por ello que el economista húngaro destaca que, si bien “la propiedad estatal y privada pueden coexistir dentro de la misma sociedad. Sin embargo, en los ambientes político, social e ideológico de los países de socialismo reformista, ésta es una simbiosis incómoda plagada de aspectos imprácticos”.

A este problema se enfrenta el presidente Raúl Castro, al tratar de buscar una mayor eficiencia en la economía. Al mismo tiempo, su gobierno está tomando medidas destinadas a evitar fenómenos que van del lavado de dinero —no de fondos provenientes del narcotráfico sino de actividades ilícitas, como el tráfico de divisas— a la evasión fiscal, la corrupción y el robo en las empresas estatales.

Sin embargo, tanto el limitado sector privado, como el amplio sector de economía estatal, están en manos de personas que conspiran contra esa eficiencia por razones de supervivencia.

La fragilidad de un socialismo de mercado es que su sector privado, si bien en parte está regulado por ese mismo mercado, en igual o mayor medida obedece a un control burocrático. Al mismo tiempo, este control burocrático lleva a cabo muchas de sus decisiones a partir de factores extraeconómicos: políticos e ideológicos.

Una solución parcial a este dilema sería aumentar el papel del mercado y concederle mayor espacio a las actividades privadas, de forma legal y dejando la vía abierta a la competencia y la iniciativa individual. Solo que entonces el éxito en el mercado tendría un valor superior a la burocracia.

Esto es lo que algunos temen en la Isla y otros ansían.


Comentario HHC:


Muy interesante pero vale la pena en otra momento hablar de otro autor(es) que no sea Kornai, hay muchos que dicen lo contrario por ej: el Argentino Claudio Kats y hasta el norteamericano David Harvey.

Mi criterio es que en Cuba igualmente en lo económico no ha existido el Socialismo, hay una confusión muy frecuente de igualar propiedad estatal con socializacion de la producción y de la propiedad que es lo que caracteriza al Socialismo, tener propiedad estatal sobre los medios fundamentales de producción es condición necesaria pero no suficiente por lo apuntado, y ese proceso de socializacion no se ha realizado en Cuba. y cómo hacerlo, hay mucha discusión en ello.

Por otra parte, el trabajo privado en Cuba no llega al 15 % del PIB en estos momentos, pero la perspectiva que se quiere es que este ronde del 40 al 50 % del PIB.

La empresa estatal cubana se esta reformulando, ya se tomaron las primeras medidas descentralizando autoridades y funciones, que antes tenían los organismos centrales, porque no se necesita un Estado Administrador sino Regulador, y ese es el reto, las Reformas impulsadas por Raul. Su éxito depende de la eficiencia de la empresa estatal que seguirá siendo mayoritaria.

En cuanto al Libre Mercado no hay un economista serio en el mundo que sostenga la tesis que el libre mercado se autorregula y por tanto corrige las deformaciones del mismo. Pero soy de los que aboga por un mercado regulado por el estado con las herramientas que hoy existen ya en la ciencia de la economía capitalista para todos los entes económicos privados, cooperativos y estatales. En las sociedades donde predomina la propiedad estatal, es mas fácil la regulación del mercado por razones obvias.

Otro problema fundamental y decisivo es el tema de la productividad, tenemos que ver si nuestra competencia y nuestras necesidades a satisfacer, en relación a qué parámetro nos medimos, nos evaluamos, nos proponemos como meta, ¿queremos una economía de consumo? ¿ Esta es la que satisface las necesidades de todos los seres humanos en lo fundamental? la respuesta es NO. pero la productividad es lo decisivo para el sostén de cualquier sociedad.

Otro problema que crea el LIBRE Mercado es la desigualdad galopante incompatible con los postulados socialistas ¿ Esto es lo eficiente para todos? Hay ejemplos en el modelo nórdico que conjugan las dos cosas, alto nivel de vida e igualdad, pero con altas tasas impositivas, para realizar la función de redistribución entre todos los miembros de la sociedad. ¿ Este camino conduce al socialismo? en mi opinión si, mas no es el único.

Las sociedades todas tienen reglas tanto para la reproducion simple y ampliada que ningún modo de producción puede eludir y es en la economía, en la base material, donde se decide el futuro del modelo o modo de producción que adopte cada país

A Cuba podemos caracterizarla como que se encuentra en periodo de transito al Socialismo, donde la ley que funciona es quien vence a quien, aunque tengamos en lo político un Estado consolidado, no es así en la economía, de la evolución de esta en los próximos años dependerá la solución a la pregunta de ¿ quien vence a quien? Para lograr vencer es que se hacen muchos esfuerzos.

Hoy por ejemplo esta la Noticia que un Premio Nobel de Economía va dirigir el diseño de una propuesta de un modelo económico de bienestar para Cuba, que se presentara en la Universidad de la Habana a principios del 2015, amen de las reformas actuales que se realizan con la actualización.

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