"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

lunes, 23 de noviembre de 2015

¿Migración golondrina?



El panel, conformado (de izquierda a derecha) por Jesús Arboleya, Consuelo Martín, John de León y, como moderador, Rafael Hernández, caracterizó el proceso migratorio y reflexionó sobre su dinámica actual, contextos y tendencias. Foto: Harold Cárdenas.

Pocos cubanos no tienen entre sus familiares, amigos o simples conocidos a alguien que haya emigrado. En consecuencia, todos poseemos una visión particular, y en ocasiones contradictoria, sobre el asunto. Como afirma Consuelo Martín, “un emigrante es la persona que decide trasladarse de un lugar a otro, es sencillo desde el punto de vista teórico y muy complejo en lo relativo a quienes están involucrados en el proceso”.

Constituye un reto sintetizar en pocas cuartillas cuanto se dijo acerca de “Flujo (y reflujo) migratorio: los contextos” en la reciente sesión del espacio de debate Último Jueves que organiza Temas. Además de Martín —psicóloga,-psicóloga, profesora de la Universidad de La Habana, investigadora, especialista en familia, migración y vida cotidiana—, integraron el panel John de León, abogado de la firma Chávez & de León, especializada en temas migratorios y radicada en Miami; Jesús Arboleya, ensayista, profesor del Instituto de Relaciones Internacionales; y como moderador Rafael Hernández, director de la revista. El muy competente equipo no solo abordó con profundidad la temática, también logró responder, o al menos comentar, prácticamente todas las inquietudes del público.

Como siempre, la primera pregunta de Hernández apuntó hacia las definiciones: ¿En qué consiste la migración, y específicamente la circular?, ¿cuáles son sus particularidades?

Consuelo Martín: Las razones para migrar son múltiples; fundamentalmente, económicas. El flujo va de los territorios menos desarrollados a los más ricos. Sin embargo, eso se complejiza en el caso de la migración de carácter profesional, realizada por personas que no siempre tienen carencias monetarias, sino que poseen un proyecto de vida y piensan que en el otro sitio alcanzarían mejores condiciones para dedicarse a su profesión. Hablo de movimientos externos, pero el mismo proceso ocurre en los internos, ya sea en naciones pequeñas o grandes.

En cualquier caso, por un motivo o por otro, siempre la familia va a estar involucrada, pues la migración incide en la maternidad, los divorcios, nuevas dinámicas en los descendientes. Los flujos y reflujos migratorios han ido construyendo las identidades de los países a lo largo de la historia. Estos forman la denominada migración circular (de ida y vuelta), como la efectuada por los trabajadores golondrinas, que se mueven de acuerdo con los ciclos de producción.

John de León: En los Estados Unidos, un país de 318 millones de personas, la inmensa mayoría desciende de la inmigración. Durante los últimos diez años, entre quienes han llegado desde México y Centroamérica algunos han obtenido la residencia permanente, otros no pueden ir a su país, porque de hacerlo no podrían volver al territorio estadounidense; y otros van allí a trabajar por temporadas y viajan de una nación a otra de manera irregular. Son millones que emigran principalmente por motivos económicos, pero también por razones culturales: muchos van porque sus amigos y familiares ya lo han hecho antes.

Jesús Arboleya: La migración es un fenómeno social, para entenderla se debe estudiar la sociedad donde se origina. Además, posee un componente subjetivo muy fuerte: por qué la persona da ese paso, cuáles son sus objetivos, cuánta duración le quiere dar.

Para mí, el concepto más importante no es el de migración circular (solo se refiere al movimiento físico de los implicados), sino el que enfatiza el vínculo de las personas con su país de origen; lo que algunos especialistas han denominado migración transnacional. Los latinoamericanos asentados en los Estados Unidos han llegado a convertirse en un ingrediente básico para la economía de sus naciones; eso es una característica de El Salvador, Guatemala, el propio México, donde las remesas y otro tipo de relaciones económicas adquieren una importancia primordial.

Al final la persona vive y tiene intereses en los dos lugares. Así también se viene comportando la emigración cubana en los últimos años.
Perfil del emigrante


El panel discutió las aristas más complejas y polémicas del tema. Foto: Harold Cárdenas.

John de León: La mayoría de los mexicanos y centroamericanos que entran a los Estados Unidos no son de lugares urbanos, se trata sobre todo de obreros agrícolas, habitantes de zonas rurales. Y principalmente hay una emigración masculina.

Consuelo Martín: Tanto en Cuba como en Centroamérica el flujo solía ocurrir de zonas rurales a las urbanas y de ellas a la capital del país. Eso ha variado en gran medida. Un ejemplo: en España algunos niños ecuatorianos estaban siendo tratados en las escuelas como estudiantes con problemas, porque no hablaban español, sino sus lenguas autóctonas, pues jamás pasaron antes por el proceso de socialización de las ciudades. Muchos de los que han emigrado de la Isla hacia fuera del país desde los años 90, nunca han visitado La Habana. Y a diferencia de lo que sucedía hasta la década de los 80, salen más mujeres que hombres.

Jesús Arboleya: Una premisa sí se cumple en cualquier país: los sectores más desvalidos no son los que emigran. Lo hacen aquellas personas que se consideran con capacidad para enfrentar el reto migratorio.
Encajar, tarea ardua

Rafael Hernández: ¿Cuáles problemas afronta el emigrante para salir de su país, entrar en el otro, insertarse en el mercado laboral? ¿Qué factores inciden en la decisión de regresar a las naciones de origen?

John de León: Además de no dominar el idioma y tener dificultades para comunicarse, los inmigrantes que he representado en los Estados Unidos enfrentan la manera inmoral con que allí se maneja la política hacia quienes van con el deseo de trabajar para prosperar. Encuentran discriminación, encarcelamiento, penalización, separación de su familia, muchos sufren accidentes o mueren debido a que toman los trabajos más riesgosos. Miles de personas han sido deportadas y separadas de sus hijos, quienes sí son ciudadanos norteamericanos.

Consuelo Martín: En el caso de los cubanos, algunos comparten las afectaciones que menciona John: exclusión, disolución de la familia, añoranza. Aunque la conocida Ley de Ajuste privilegia, en términos de estatus migratorio, a quienes marchan a territorio estadounidense. En general, el inmigrante que llegó debido al proyecto familiar de enviarlo para que luego mande remesas está sobreexigido en su función económica, siempre tiene que aportar algo y aparentar que le va bien.

Hay quien desde el principio ha emigrado con intenciones de retornar, es decir, con el objetivo de hacer dinero y regresar. En estos dos últimos años han vuelto a Cuba, desde los Estados Unidos, más de nueve mil personas. A menudo ellas afrontan el rechazo de su familia de allá, que no quiere que regresen, porque eso significa que el proceso de adaptación no fue satisfactorio; cuando llegan también son criticados por los familiares de aquí, quienes se sacrificaron para ayudarlas a irse.

No obstante, luego de aprobarse en 2013 la nueva ley migratoria cubana, ha ocurrido una naturalización del proceso; existe la posibilidad de viajar y retornar, no hay la sensación de ruptura a nivel familiar ni con los amigos, las personas se comunican, utilizan Internet.

Por otro lado, Cuba tiene muchos profesionales trabajando como cooperantes, en misiones educativas, médicas, en numerosos países del mundo. A los efectos de las familias, de los procesos de adaptación, de las identidades, de las proyecciones culturales, son emigrantes temporales. Políticamente no los vemos de esa manera, pero en las prácticas cotidianas ellos sienten la separación.

Jesús Arboleya: Son los países receptores los que establecen las normas y por lo tanto los límites de los procesos migratorios. Durante mucho tiempo, con Cuba ha sucedido al revés: esas naciones, en especial los Estados Unidos, les abrieron las puertas a los cubanos; mientras la Isla establecía las restricciones. A partir de la reforma migratoria de 2013, a los estadounidenses les preocupa que los cubanos puedan viajar legalmente a cualquier lugar de América Latina y después intenten entrar de manera ilegal al territorio norteamericano, como el resto de los emigrantes del continente.

Por lo general, los inmigrantes cubanos en los Estados Unidos tienen un nivel de preparación relativamente alto y eso les permite insertarse con cierta facilidad en el mercado laboral de Miami. Entre los de Centroamérica abundan los trabajadores acostumbrados a las labores duras. Es un mito que los latinos trabajan mayoritariamente en la agricultura. El sector al que sobre todo van a parar, sean legales o ilegales, es el de los servicios, desde los más complejos hasta los elementales. Ahí cumplen una función importante las redes de apoyo —vinculadas con la familia, los grupos étnicos y las nacionalidades— que brindan oportunidades de inserción, aunque no pueden evitar la aplicación de menores salarios y menor protección laboral.

El problema de la integración a las comunidades receptoras es mucho más complicado. Para que un inmigrante pueda integrarse a esa sociedad, su grupo nacional tiene que ser reconocido como parte de ella. Así surgen los conceptos de cubanoamericano, mexicoamericano, italoamericano. Ese proceso no elimina la cultura de origen, sin embargo, tiene un impacto importante sobre ella. El cubano que en las condiciones de otra época emigrara (Martí, Carpentier), o el que hoy reside en China o en Italia, continúa siendo cubano, pero el que se enraíza en los Estados Unidos evoluciona de otra manera. En Miami se está desarrollando una cultura que es una variante de la existente en la Isla, lo que demanda un estudio especializado.

¿Caminos incompatibles?


Más de cien personas participaron en el debate de Último Jueves sobre “Flujos y reflujos migratorios”. Foto: Harold Cárdenas.

Rafael Hernández: Mi tercera pregunta contiene una premisa que tal vez se considere equivocada: ¿es posible armonizar la emigración con el desarrollo nacional. ¿Cómo se articulan ambos?, ¿qué factores y acciones concretas podrían contribuir a conciliarlos?

John de León: La emigración es un desastre para el desarrollo del país donde vive originalmente el emigrante. Las remesas que este envía no son suficientes para sostener la economía. Los latinoamericanos aportan un plus muy grande a los Estados Unidos. Si pudieran trabajar en sus países de la forma en que lo hacen en los otros, los mejorarían de forma increíble.

Consuelo Martín: Hasta el siglo XIX, la humanidad conoció grandes migraciones; el XX fue de asentamiento y consolidación en los lugares a los que los inmigrantes llegaron; el XXI se ha caracterizado hasta ahora por un movimiento poblacional sistémico. Es bueno que las personas conozcan el mundo. Mientras más posibilidades se tiene de conocer otro espacio, más puedo comparar y valorar el mío.

Estudiando el impacto de la reforma migratoria de 2013, he encontrado que se siente más apertura, libertad; menos trabas y burocracia. En la misma medida en que se consolide el movimiento migratorio legal y organizado, va a ser mejor para el país de origen y para el de destino. Los inmigrantes ilegales cuentan con menos oportunidades de desarrollo en el nuevo sitio, así como de establecer un vínculo saludable con su lugar de procedencia.

¿Cómo conciliar la migración con el desarrollo nacional? Eso tiene que estar organizado por el Estado. Desde el año 2000 yo estoy recomendando —y no me cansaré de hacerlo— establecer una institución, al más alto nivel de dirección nacional, que se ocupe de las dinámicas de los emigrantes cubanos, en todo sentido: sus necesidades, las leyes de los países donde radican, sus vínculos con la Isla. Tampoco olvidemos que en Cuba residen muchos inmigrantes —incluso hay pequeños asentamientos— y no les llamamos de esa manera, sino extranjeros; asimismo, existen numerosos matrimonios binacionales. Debe articularse el movimiento migratorio con diferentes alternativas asociadas a la inversión, el desarrollo, y la defensa de los intereses dentro del Estado nación.

Jesús Arboleya: ¿Cuál es la causa, digamos macro, que origina la emigración cubana? En el país se genera un capital humano que el mercado laboral no puede absorber a plenitud. Las opciones de Cuba serían dos: una política de “embrutecimiento” para disminuir la capacidad de sus ciudadanos; o impulsar el desarrollo económico. A este estamos apostando, pero como una solución a largo plazo. El problema migratorio es endémico de nuestra sociedad. Si a las limitaciones del mercado laboral sumamos la reforma migratoria de 2013, y que los países receptores abren las puertas a los cubanos prácticamente sin restricciones, estamos ante la combinación perfecta para que las personas sigan emigrando en busca de nuevas expectativas de vida.

Desde esta perspectiva, ¿en la actualidad, la emigración es negativa para Cuba? No estoy de acuerdo con John acerca de que esa práctica siempre es mala. Hoy en día significa una solución a un problema estructural de la sociedad cubana. El reto ni siquiera es lograr la emigración circular, sino articular la vida de la emigración con las necesidades de la Isla, y buscar mecanismos que faciliten una relación permanente y mutuamente beneficiosa, desde el punto de vista económico, cultural, científico, entre otros.

La presencia de una emigración poderosa y bien ubicada de cubanos en los Estados Unidos es a la larga conveniente para Cuba. La vida lo está demostrando. Uno de los factores que han determinado los cambios en la política norteamericana hacia la Isla ha sido la existencia de transformaciones sociales y políticas en la comunidad cubanoamericana.

El problema de cómo se integran políticamente los emigrados a la vida nacional, la reforma migratoria de 2013 lo resolvió de manera perspectiva. Una persona puede viajar a los Estados Unidos, acogerse a la Ley de Ajuste, obtener la residencia, regresar a Cuba y votar en las elecciones siguientes. Luego volverse a ir, y retornar si lo desea.

En resumen, hoy la emigración cubana representa pérdidas y a la vez ventajas. Es cierto que salen jóvenes profesionales, un factor dinámico de la sociedad; pero esos jóvenes encauzan un potencial que no pueden desarrollar aquí. En la medida en que avance económicamente el país y surjan nuevas posibilidades, ese problema debe mejorar. Por otro lado, ellos tienen la posibilidad de vincularse a la Isla de muchas maneras y aportar al progreso nacional.

De todo un poco: otras respuestas al auditorio


El auditorio formuló varias preguntas y expresó no pocas preocupaciones. Foto: Harold Cárdenas.


Personas de distintas nacionalidades también aportaron sus visiones al debate. Foto: Harold Cárdenas.

Entre los asistentes, una docena de intervenciones formularon preguntas y comentarios que suscitaron nuevas reacciones de los panelistas.

John de León: Escuchar lo dicho por Jesús y Consuelo me ha hecho reconsiderar matices en lo que afirmé antes respecto al impacto de la emigración en el desarrollo. No obstante, considero que en un país, sea cual sea, las personas tienen la obligación de desarrollar su potencial y a la vez el de la nación.

En los Estados Unidos existen leyes nacionales e internacionales que deben ser modificadas, pues hay una crisis mundial de emigración. La Ley de Ajuste Cubano no se debe eliminar, sino extenderla a todos los inmigrantes.

Jesús Arboleya: La nueva ley migratoria refleja las necesidades y valoraciones de la sociedad cubana. Era imposible sostener el criterio de que el emigrante es un enemigo, cuando muchas de esas personas salen del país para enviar remesas a sus familias y ayudar a que vivan mejor. En ese sentido, la emigración de los 90 cambia de modo radical en relación con la de los 60. Son dos momentos políticos distintos por completo.

La experiencia migratoria también produce resultados positivos desde el punto de vista político. Después de emigrar numerosas personas empiezan a valorar la conveniencia del sistema cubano. El conocimiento siempre es fuente de verdad, y debemos preparar a la gente para que mire, compruebe y tome sus propias decisiones.

Consuelo Martín: Cuando evaluemos nuevamente la aplicación de los Lineamientos económicos y sociales tendremos que incorporar aspectos como los que hoy debatimos aquí. ¿Qué políticas públicas vamos a implantar para que la emigración contribuya al desarrollo? Eso hay que estudiarlo, someterlo a debate e implementarlo. El restablecimiento de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos es un cambio trascendental para la organización de esas políticas. Debemos modificar, desde el punto de vista subjetivo, la representación social del emigrante. A medida que se establezcan vínculos diplomáticos, sin bloqueo económico ni leyes que en aquel país privilegian únicamente al emigrado cubano, las nociones se transformarán.

Acerca de cómo hoy en Cuba se ve al emigrante que retorna, me he preguntado: ¿cuánto se le considera similar a un turista extranjero? Un reto muy grande es la disponibilidad de empleo. Si no poseemos suficientes plazas para los profesionales que permanecen en la Isla, y vuelven otros a competir por ellas, la problemática subsistirá. Es preciso que ese aspecto lo regule el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social. De igual modo necesitaría ser legislado el acceso a los servicios de salud pública, la educación, la seguridad social. ¿Van a beneficiar también a quienes tienen una residencia permanente en otro país y vienen de visita cada cierto tiempo?

Es muy gratificante la posibilidad de reflexionar sobre estos temas. Cada una de las preguntas que surgen nos obliga a hacer nuevos estudios. Coincido plenamente con John en que cualquier cosa que cada uno de nosotros pueda hacer por el bienestar de la nación habrá valido la pena.


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