"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

martes, 26 de enero de 2016

En torno al apostolado tribunicio martiano

El período de preparación de la Guerra Necesaria coincide, y no por casualidad, con el de mayor producción de la oratoria martiana.



La oratoria martiana fue indispensable para organizar a la emigración y preparar la guerra necesaria por la independencia de Cuba.

Fue la palabra apostólica de José Martí la guía necesaria en el camino de la emancipación, así como la fuerza aglutinadora y movilizadora para aquellos cubanos asentados en tierra extranjera ávidos de “tener patria”. Para él, el ejercicio retórico debía comprender una función orientadora y no constituía un fin en sí mismo; de ahí que el hombre que ostentara el don de la elocuencia debía ponerla al servicio de los mejores fines, ya que, como dijera en uno de sus discursos “Las palabras están de más, cuando no fundan, cuando no esclarecen, cuando no atraen, cuando no añaden.”[1]

La primera demostración conocida que hiciera Martí de su facilidad de palabra se produjo durante el juicio en el que fuera condenado a presidio, pasaje bellamente recogido por Jorge Mañach en su biografía del Apóstol: Las frases copiosas, tersas, seguramente moduladas, cortan el aire en ceñidas parábolas y van a caer en lo hueco del asombro oficial. Fermín y sus compañeros están electrizados. El defensor se olvida por un momento de sus galones y sonríe. Tíranse nerviosamente del bigote los testigos del primero de Ligeros. Pepe continúa, impávido, desbordante, entusiasmado él mismo, como si sintiera que dentro de él se había revelado un hontanar secreto.[2]

Esa revelación de sí mismo, de sus facultades y potencialidades, que va teniendo lugar paulatinamente a lo largo de su más temprana juventud, será aprovechada con posterioridad en pos del logro de sus más altas aspiraciones en favor de su Cuba amada. Fermín Valdés Domínguez, su amigo entrañable, refiere en uno de sus testimonios que ya, a la edad de 19 años, Martí pronunciaba discursos en reuniones de los desterrados cubanos en España con fines conspirativos y de auxilio a los familiares de los encarcelados en Ceuta.[3]


En lo adelante, la palabra martiana no dejaría de estar presente en los más disímiles espacios, ya fueran culturales, académicos o políticos, siempre con un sustento ideológico en su contenido que sería la base de lo que vendría a ser el movimiento revolucionario organizado por él con posterioridad con vistas a la guerra en que se alcanzaría la victoria definitiva sobre el régimen opresor y las peligrosas tendencia políticas que coexistían con la corriente independentista.

De acuerdo con los estudios llevados a cabo por el profesor e investigador cubano Luis Álvarez Álvarez, la oratoria martiana contempla tres tipos genéricos de discurso desde el punto de vista semántico: el académico, el político o deliberativo y el demostrativo o epidíptico.[4]

La primera de estas tipologías fue desarrollada con mayor regularidad en su desempeño como profesor de oratoria en Guatemala y en sus intervenciones en debates de tema filosófico o artístico-literario como los que tenían lugar en el Liceo Hidalgo en México y el Liceo de Guanabacoa en La Habana. De ellos, no se conserva ninguno hasta el momento y su conocimiento ha llegado hasta nosotros a través de la recepción que tenían en publicaciones periódicas de la época o de los testimonios de algunos que lo presenciaron.

Las otras dos tipologías ostentan la singularidad de presentarse de manera híbrida en la mayor parte de los casos. Sin embargo, la carga semántica de uno u otro género varía de una pieza oratoria a otra. En la mayoría de los discursos que se conservan de José Martí anteriores a 1880[5] hay un predominio de la función demostrativa sobre la deliberativa. A este período pertenecen los pronunciados en honor a Alfredo Torroella, Rafael Díaz Albertini, etc. En cada una de estas composiciones, si bien el tema central es en apariencia la ponderación de dichas figuras, hay igualmente numerosas alusiones al destino de Cuba y América, conjunción que le sirve para introducir elementos de corte ideológico propiciatorios del estado vital de los ánimos patrióticos.[6]

Una vez asentado en la emigración cubana neoyorquina, Martí comienza su labor predicadora, no solo dentro de los Estados Unidos, sino también en países de la América Hispánica durante sus giras por las zonas donde se asentaban los cubanos. Es a partir de ese momento que surgen los discursos de corte específicamente político en que el predominio lo ejerce el género epidíptico. Sin embargo, como anotara el poeta y ensayista cubano Cintio Vitier, la esencia de dichas intervenciones no es la misma para todos los casos. Las comprendidas durante los primeros diez años de permanencia en territorio norteño no constituyen todavía oraciones de avivamiento, sino que están en consonancia con la necesidad de preparar el camino para la venidera contienda. “Evitar la dispersión y el desaliento, mantener vivo el fervor, articular las altivas y confusas aspiraciones en un credo republicano de profundas raíces morales: tales eran los objetivos básicos de aquellos discursos, que además tenían la virtud de despertar a muchos hombres y mujeres, humildes o pudientes, a lo mejor de su naturaleza”.[7]

Vitier ubica el cambio temático de la oratoria martiana hacia un llamado de mayor urgencia en el discurso que pronunciara en el Liceo Cubano de Tampa el 26 de noviembre de 1891, más conocido por la frase que le sirviera de cierre “Con todos, para el bien de todos”. Esta mudanza está dada por un giro en las circunstancias históricas. “La prédica entonces se contagia de una inminencia; la hora de la acción ya se aproxima; es preciso organizar rápidamente —sobre las bases echadas en años anteriores—, antes que el ejército visible, las fuerzas ideológicas y espirituales que constituyen la osatura del movimiento.”[8] Esta demarcación no debe entenderse como absoluta o concluyente, puesto que no se cuenta con la totalidad de los textos que produjo la retórica martiana de esta etapa y, por tanto, se desconoce si estas modificaciones ya venían ocurriendo con anterioridad.

Lo que sí resulta indiscutible es que en los meses finales del año 1891 se observa un vuelco en la oratoria del Apóstol, no solo desde el punto de vista estilístico, signada por una intensificación que se trasluce en el plano formal del discurso por la condensación metafórica a través de símbolos, sino también por la frecuencia con que empieza a tener lugar. Un estudio de las fuentes principales en las que se podía encontrar referencias a momentos en que Martí hiciera uso de la palabra[9] ha arrojado que solo en el lapso de los últimos cuatro años de vida del Apóstol (que coincide con la preparación e inicio de la Guerra del 95) la cifra de discursos constituyó el doble de los acontecidos previamente en un período de tiempo casi diez veces mayor que este.

Debe aclararse que las cifras que se tienen hasta el momento de la producción oral martiana están sujetas a variaciones que pueden surgir de las búsquedas sistemáticas que se siguen llevando a cabo por parte de los investigadores del Centro de Estudios Martianos en aras de atesorar, al tiempo que difundir, el legado del Maestro. Sobre estos resultados investigativos están incidiendo, a su vez, factores de otra índole, como por ejemplo la gran reputación que ya había alcanzado Martí al final de su vida por su intensa actividad política e intelectual que le hacía merecedor de la atención de no pocos medios de prensa, algo con que no contaba en su etapa juvenil en que se iniciaba en los círculos de ilustrados donde apenas era conocido y, por tanto, su recepción por parte de los medios era mucho menor.[10] De igual manera, seguramente influyó la carencia, en muchos casos, de personal capacitado para recoger taquigráficamente las intervenciones.

No obstante toda esta serie de obstáculos a que está sujeto el ejercicio investigativo, este permite al cabo dar una idea más o menos acertada de la realidad histórica que, en este caso, refleja la omnipresencia del apostolado tribunicio martiano (en sus diferentes modalidades y de acuerdo con las diferentes necesidades), en las diferentes facetas de la campaña preparatoria de la última gesta mambisa.

Notas:

[1] Martí, José, Obras Completas, tomo 4, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p. 248.

[2] Mañach, Jorge, Martí, el Apóstol, Editorial de Ciencia Sociales, La Habana, 2001, pp. 23-24.

[3] Valdés Domínguez, Fermín, “José Martí”. En Revista Cubana, p. 245.

[4] Álvarez Álvarez, Luis, “Martí, orador”. En José Martí. Valoración múltiple, compilador general Ana Cairo Ballester, Fondo Editorial Casa de las Américas, 2007, p. 360.

[5] Tomo esta fecha por ser la del arribo de Martí a Estados Unidos, a partir de la cual comienza a desarrollar en este país los preparativos para la nueva contienda a través de su oratoria, entre otros tipos de acciones.

[6] Después de esta fecha pronuncia otros de corte similar, como, por ejemplo, los dedicados a Simón Bolívar y al poeta romántico cubano José María Heredia.

[7] Vitier, Cintio, “Los discursos de Martí”. En Vitier, Cintio y Fina García Marruz, Temas martianos, Biblioteca Nacional José Martí e Instituto del Libro, La Habana, 1969, p. 79.

[8] Idem, p. 83.

[9] Se han tomado como primeras fuentes de estudio algunas de las publicaciones periódicas de la época que recogieron en sus páginas de manera inmediata las actividades desarrolladas por Martí, tales como Patria y El Porvenir, algunas publicaciones que aparecieron tras su muerte y que tuvieron como objetivo mantener viva la obra martiana, como la Revista Martiniana y La Doctrina de Martí, y compilaciones de testimonios, en lo fundamental, las elaboradas por los Gonzalo de Quesada, como, por ejemplo, la Revista Cubana dedicada al centenario del natalicio de José Martí.

[10] En este sentido es necesario acotar que el período de estancia de Martí en México que comprende desde febrero de 1875 hasta diciembre de 1877 constituye una excepción, ya que en este país alcanzó gran notoriedad en los círculos intelectuales locales a pesar de su juventud.

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