"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

domingo, 3 de julio de 2016

CUBA Y SU HISTORIA.- Revolución y cultura en sus primeros tres años: 1959-61

Por Rolando López del Amo

El 55 aniversario de las Palabras a los intelectuales pronunciadas por Fidel en reunión con escritores y artistas en la Biblioteca Nacional, mereció la atención de una Mesa Redonda y un largo artículo de Fernando Martínez, entre otras conmemoraciones.

Ambas presentaciones me motivaron a visitar mis recuerdos y ordenar puntos de vista en torno a aquel momento, pues me tocó participar en aquellas actividades en mi condición de miembro de la Comisión para el trabajo intelectual del Partido Socialista Popular y de Presidente del Consejo Provincial de Cultura de la Habana.

Fernando afirma que desde las ORI se trató de imponer la línea del llamado realismo socialista de la era de Stalin en la URSS. Esa afirmación es incorrecta.

En quienes atendían el trabajo cultural no había intención de importar semejante modelo.

Las ORI, que fueron precedidas por la integración del movimiento juvenil cubano en la Asociación de Jóvenes Rebeldes, eran una necesidad política del proceso revolucionario que no podía tener tres direcciones distintas. . El máximo dirigente de la organización era, por supuesto, el compañero Fidel.

El Secretariado, su máximo cuerpo dirigente, lo integraban, además de Fidel, Raúl, el Che, Osvaldo Dorticós, Blas Roca y Emilio Aragonés. El Secretario de Organización de las ORI, Aníbal Escalante, a quien Fidel había elogiado públicamente por sus méritos revolucionarios, lamentablemente incurrió en errores en el manejo de la vida interna de la organización y en política de cuadros. Fueron errores de sectarismo y de magnificación de su papel personal en la conducción de la revolución. Ello obligó a la denuncia pública que hizo Fidel el 26 de marzo de 1962. Esto condujo a la destitución de Aníbal y otros dirigentes como el Secretario de las ORI en La Habana, Silvio Quintana Valiente, a quien se le asignaron otras tareas en la producción. Fidel planteó una nueva línea para el crecimiento del Partido, una línea de masas que partía de las asambleas en los centros de trabajo para elegir obreros ejemplares como cantera del Partido, el que tomó el nombre de Partido Unido de la revolución socialista de Cuba, PURSC por sus siglas. 

Los principales dirigentes del antiguo Partido Socialista Popular, del que provenía Aníbal, Blas Roca, Juan Marinello, Carlos Rafael Rodríguez. Lázaro Peña, César Escalante –hermano menor de Aníbal- siguieron desempeñando un muy importante papel en la máxima dirección del país hasta su fallecimiento. César estuvo al frente de la Comisión de Orientación Revolucionaria que dirigía el trabajo en la esfera ideológica. Y el primer presidente de la UNEAC –y lo fue hasta su muerte- fue el militante del Partido Socialista Popular y Poeta Nacional, Nicolás Guillén. Quien que vivió aquel momento terrible de la muerte del Che no recuerda la tarde de octubre en que, bajo una pertinaz llovizna, colmamos la Plaza de la Revolución y su entorno en una velada solemne en la que, tras el toque de silencio, irrumpió, por previa petición de Fidel, la voz grave de Nicolás leyendo su poemaChe Comandante. Le tocó a Nicolás ser también el primero en cantarle al Che, justo al triunfo de la revolución, desde su exilio en Argentina: Como si San Martín la mano pura a Martí, familiar, tendido hubiera, decía el poema.

Las ORI tuvieron corta duración y en su trabajo hubo logros importantes como el cambio de la moneda que se realizó impecablemente. En materia de la política general seguía la línea de la revolución indicada por Fidel. Además de mi condición de Presidente del Consejo Provincial de Cultura de la antigua provincia de La Habana, formé parte del Comité Provincial de las ORI a cargo del trabajo cultural junto con María Ruiz Bravo, quien dirigía el sector de educación en la provincia, justo en el año de la alfabetización en que el pueblo de Melena del Sur, en nuestra provincia, fue el primer territorio libre de analfabetismo en el país.. En el trabajo cultural fue un período de florecimiento, creación y popularización de lo mejor de la cultura nacional y universal. 

Cuando se produjo el tránsito de las ORI al PURSC en la provincia de La Habana su Primer Secretario fue Joel Doménech y el Secretario de Organización fue Isidoro Malmierca, ambos habían sido dirigentes de la Juventud Socialista. Otro miembro del secretariado fue José A. Naranjo, quien presidía el gobierno de la provincia, la JUCEI por sus siglas. La presentación de esos compañeros la hizo Fidel ante el Comité Provincial de las ORI después de referirse a los males del sectarismo. El secretariado lo completamos dos antiguos miembros del Comité Provincial de las ORI, Armando Interián, Secretario de Educación y el que suscribe como Secretario de la Comisión de Orientación Revolucionaria, apenas por un año, pues pasé a trabajar como Sub Director de la Editora Política que se creó en abril de 1963 con Ladislao Gonzáles Carvajal como director.

La principal preocupación del compañero Fidel era que se aplicara una línea correcta. No ser tolerante ni implacable y siempre dispuesto a ofrecer a los revolucionarios la posibilidad de rectificar errores.

Pero regresando al trabajo cultural trataré de dar una imagen de aquel período inicial.

En 1959 se crearon el ICAIC, la Casa de las Américas, el Departamento de Cultura del Ejército Rebelde. Después la Imprenta Nacional localizada en el edificio de los antiguos diarios El País y Excelsior. Dentro del Ministerio de Educación existía una Dirección General de Cultura que dirigía Vicentina Antuña. También se creó el Teatro Nacional de Cuba con Isabel Monal al frente.

En 1961 se creó el Consejo Nacional de Cultura con Vicentina Antuña como presidenta y Edith García Buchaca como secretaria, José Ardévol al frente de Música, Mirta Aguirre en Teatro y Danza, Marta Arjona en Artes Plásticas. La Imprenta Nacional se transformó en Editorial Nacional de Cuba con Alejo Carpentier al frente. La Biblioteca Nacional también pasó al Consejo Nacional de Cultura con María Teresa Freyre de Andrade en su dirección. El Ballet Nacional con Fernando y Alicia Alonso fue atendido también por el Consejo. Se creó la Orquesta Sinfónica Nacional que tenía a Enrique González Mantici como Director. También se creó el Coro Nacional, dirigido por Serafín Pro y el Conjunto Dramático Nacional. Ya funcionaban en el Teatro Nacional el Conjunto de Danza Moderna dirigido por Ramiro Guerra y el Conjunto Folklórico Nacional. Se fundaron la Escuela Nacional de Arte y la de Instructores de Arte con sede en el Hotel Comodoro esta última. Otra creación fue el Instituto de Etnología y Folklore con Argeliers León y su esposa María Teresa Linares. El Consejo Nacional de Cultura estableció los Consejos Provinciales de Cultura en cada una de las seis provincias existentes entonces.

En la antigua provincia de La Habana se reformaron los estudios del conservatorio municipal de la ciudad con Isaac Nicola de Director. Al conservatorio se le puso el nombre de Amadeo Roldán. Se construyó en 1960 por el Municipio de Marianao el conservatorio Alejandro García Catarla con Nilo Rodríguez al frente. También se creó el conservatorio de Guanabacoa. El grupo Teatro Estudio se estableció en Marianao y el hemiciclo del ayuntamiento se transformó en sala teatro del grupo y el vestíbulo en galería de arte. Se construyó en 1961 la escuela de ballet de L y 19, con semi-internado y combinación de la enseñanza general y la especializada. La directora fue la maestra Ana Leontieva, rusa emigrada, y contó entre sus profesores al matrimonio Gurev, bailarines del Bolshoi. La escuela tuvo 12 alumnos varones becados procedentes de la Casa de Beneficencia. De ahí salió Jorge Esquivel.

En la capital había una Academia de Artes Dramáticas que dirigía Modesto Centeno.

El teatro de títeres contó con la dirección de Beba Farías en Marianao y en La Habana los hermanos Camejo, quienes mantenían funciones dominicales en el antiguo Jardín Botánico de la avenida 26 los domingos por la mañana y se les construyó un trailer para teatro ambulante que daba funciones en los parques de la ciudad, en las tardes, al terminar el horario escolar.

Se crearon las brigadas provinciales de teatro Covarrubias, tres grupos, que daban funciones en pueblos, granjas, unidades militares. Cada brigada contaba con un camión para transportar el escenario, la simple escenografía y utilería y una planta eléctrica y luces y una camioneta para los actores. Su primer director fue un uruguayo del teatro El Galpón, Amanecer Dota, y su estreno fue en el campamento miliciano Patricio Lumumba, de la Isla de Pinos, con la obra de Brecht Arroz para el Octavo Ejército. El jefe militar de la Isla era el Comandante William Gálvez. Al estreno asistió Mirta Aguirre y el Consejero Cultural de la embajada china.

A los Camejo se les entregó la sala Ciro Redondo en el cuartel de bomberos de la calle Corrales para funciones, las primeras, de teatro de títeres para adultos. Se inauguró con Lila la mariposa.

El director de teatro Francisco Morín, que sostuvo a base de sacrificio personal la sala Prometeo en los años cincuenta, accedió a montar Edipo Rey, con Pedro Álvarez como protagonista, nada menos que en el teatro Auditórium, a lleno total. Allí Beba Farías montó con Teatro Estudio El retablo de maese Pedro.

Se contaba con varios equipos de cine móvil que luego fueron traspasados al ICAIC por solicitud de Alfredo Guevara. Los domingos, en la mañana, se hacían cine- debates con Mario Rodríguez Alemán en el Campoamor, José Manuel Valdés Rodríguez en el Gran Cine de Marianao, frente al anfiteatro, y en el cine Modelo, después llamado Mara, en Santos Suárez, el debate lo dirigía Walfrido Piñera.

Se hicieron en 1961 una temporada de zarzuelas y otra de óperas. La primera fue en el teatro Payret. Se creó entonces una orquesta de algo más de 30 profesores dirigida por Félix Guerrero. Fue el origen del Teatro Lírico. La temporada se inició con un programa doble: La Verbena de la Paloma y La revoltosa, ambas con Rosita Fornés. El animador principal era Antonio Palacios. El segundo programa fue Doña Francisquita, con María Remolá. Se cerró con Cecilia Valdés dirigida por el autor, el maestro Gonzalo Roig, quien dirigía la Banda de Conciertos de La Habana que ofrecía funciones los jueves por la noche en el Parque Central. Para la puesta deCecilia, protagonizada por Gladys Puig, Roig le añadió, para el tenor, una romanza titulada Dulce quimera. En la parte masculina Armando Pico era el tenor y Ramón Calzadilla el barítono.

La temporada de ópera se hizo en el teatro Auditórium y con el acompañamiento de la Sinfónica Nacional –que era bastante internacional pues no había suficientes músicos cubanos. Las obras escogidas fueron Traviata,Rigoletto y Fausto. En las dos primeras la orquesta fue dirigida por Roberto Sánchez Ferrer.

En ambas la soprano fue Ana Menéndez, el tenor Armando Pico y los barítonos eran Humberto Diez, Angel Menéndez y Calzadilla. El Fausto lo dirigió el cellista de la orquesta, un catalán de apellido Xancó. El Ballet Nacional de Cuba montó la coreografía para Las noches de Walpurgis. El tenor fue Orestes Lois y la soprano Gladys Puig. El Mefistófeles lo interpretó el bajo José Le Matt.

Tanto las zarzuelas como las óperas se representaron a teatro lleno y hubo que colmar los pasillos de todos los pisos con sillas de tijera.

También en el Payret se presentó un ballet de cámara titulado Juana en Rouan, dedicado a Juana de Arco, interpretado por Menia Martínez. La escenografía fue de René Portocarrero, quien pintó personalmente los grandes lienzos.

En materia de Artes Plásticas se creó el taller de litografía de la Plaza de la Catedral y todos los domingos por la mañana, en la plaza, había una feria de arte a la que acudían pintores, escultores, ceramistas a vender sus originales. . Se inauguraron las galerías de San Rafael –donde hoy está el boulevard- y otra en Galiano, cerca de la iglesia de Monserrat.

Además de la Banda de Conciertos de La Habana había otra banda en Marianao y se fomentó otra en Guanabacoa.

La programación cultural llegaba a todos los barrios de la capital. Los graduados de la Academia de Artes Dramáticas montaron, como ejercicio final de curso, once obras en un acto, las que se presentaron, rotativamente, en once barrios. Se organizaban para los barrios recitales de música cubana con figuras emblemáticas como Las Hermanas Martí, Las Hermanas Lago, María Teresa Vera –a la que se le rindió homenaje en el Anfiteatro de La Habana y se le entregó una medalla de la Ciudad.

La atención a la actividad folklórica la realizaba Odilio Urfé, con sede en la iglesia de Paula. Allí creó un grupo llamado Zarabanda Mañunga .

A los barrios iban también cantantes líricos, guitarristas, grupos de música de cámara, pianistas, grupos folklóricos y de música popular la recitadora Olga Rodríguez Colón.

Se atendía también la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana a cargo del Doctor Emilio Roig de Leuchsenring. Se aumentaron los fondos para sus excelentes publicaciones.

Fue un período muy creativo y activo. El núcleo de dirección del trabajo cultural en La Habana lo integraban Mario Rodríguez Alemán en cine, José Antonio Ecarpenter en teatro y danza, Jesús Ortega en música, Orlando Suárez en artes plásticas, Marisol Trujillo y Jorge Hart en la Cooperativa Popular de Arte, Gabriel Pérez Tarrau, José Antonio Hidalgo 

Carlos del Toro y Ángel Vázquez Millares al frente del trabajo en La Habana, Guanabacoa, Marianao y Santiago de las Vegas respectivamente.

Entre las tareas del Consejo Nacional de Cultura estuvo el trabajo para la creación de la UNEAC. El antecedente de la creación de la UNEAC puede encontrarse en una declaración de escritores y artistas firmada por más de 250 creadores, incluidos arquitectos, publicada en el periódico Hoy el 19 de noviembre de 1960. Esta fue promovida por la Comisión para el trabajo intelectual del Partido Socialista Popular a cuyo frente se encontraba Edith García Buchaca y la integraban Mirta Aguirre, Marta Arjona, Antonieta Henríquez y en 1960 fui incorporado a ella. Muy vinculados a su trabajo estaban Marinello, Guillén y Carlos Rafael. En el proceso hacia las ORI, la comisión se amplió con Graziella Pogolottí, Isabel Monal y Vicentina Antuña. Desde ese núcleo se inició un trabajo en el que participaron muchos otros compañeros.

Los firmantes de aquel llamamiento de noviembre fueron, tal como apareció en el periódico:

Escritores

Mirta Aguirre, Carlos Franqui, Dora Alonso, Pablo Armando Fernández, Luis Agüero, Roberto Fernández Retamar, Vicentina Antuña, Rolando Leopoldo Horrego, Walterio Carbonell, Onelio Jorge Cardoso, Alejo Carpentier, Rolando López del Amo, Calver Casey, Jose A. Caiñas Sierra, Enrique Labrador Ruiz, Dora Carvajal, José Lezama Lima, Arístides Calderín, Rine Leal, César Leante, Guillermo Cabrera Infante, Luis Marré, Esther Díaz Llanillo, Juan Marinello, Honorio Muñoz, Manuel Díaz Martínez, Manuel Navarro Luna, Edmundo Desnoes, Rosario Novoa, René Depestre, Lisandro Otero, Pedro de Oraá, Jesús Orta (Naborí), Gregorio Ortega, Carilda Oliver Labra, Fernando Ortiz, Felix Pita Rodríguez, Fernando Pazos, Virgilio Piñera, Heberto Padilla, Esther Pozo de Massip, Regino Pedroso, Graciella Pogolotti, José Antonio Portuondo, Emilio Roig de Leuchesring, Francisco Rivera, Frank Rivera, Humberto Rodríguez Tomeu, Manuel Reguera Saumell, Carlos Rafael Rodríguez, José Rodríguez Feo, Julia Rodríguez Tomeu, Lionel Soto, Jaime Sarusky, Severo Sarduy, Marcelo Salinas, José Triana, Nivaria Tejera, Loló de la Torriente, Raúl Valdés Vivó, José M. Valdés Rodríguez, Rosa Hilda Zell, Sara Hernández Catá.

Cineastas

Néstor Almendros, Olga Andreu, Jesús de Armas, Santiago Álvarez, Fausto Canel, Selma Díaz, Roberto Fandiño, Jorge Fraga, Julio García Espinosa, Tomás Gutierrez Alea, Alfredo Guevara, Héctor García, Luis García Mesa, Manuel Octavio Gómez, Amaro Gómez, Araceli Herrero, Eduardo Manet, José Massip, Eduardo Miñoz, Raúl Taladrid, Aurora Velazco, Juan Vilar, Fernando Villaverde, Dulce María Villalón, Saúl Yelín.

Músicos y bailarines

Alicia Alonso, Alberto Alonso, Fernando Alonso, José Ardevol, Juan Blanco, Pedro Barrios, Leo Brower, Esther Borja, Iris Burguet, Adolfo, Celina, Augusto Cirer, Manuel Duchesne Cuzán, Osvaldo Cañizares, Ricardo Díaz, Carlos Fariñas, Ramiro Guerra, Adolfo Guzmán, Julio Gutierrez, Natalio Galán, Harold Gramatges, Hilario González, Luis González Rojas, Felix Guerrero, Enrique González Mantici, Guido González del Valle, Carmen Valdés de Guerra, Ivette Hernández, Antonieta Henriquez, Raúl Iglesias, Juan J. Junco, Argeliers León, Edmmé Lasa Parlá, Edmundo López, María Teresa Linares, Deogracias Moncada, Obdulio Morales, Edgardo Martín, Ciro, Cueto y Miguel Matamoros, Menia Martínez, Isaac Nicola, Serafín Pro, Carlos Puebla, Nilo Rodríguez, José A. Sánchez, Roberto Sánchez Ferrer, Electo Silva, Luis Trápaga, Odilio Urfé, Roberto Valdés Arnau, Gonzalo Valledor, Gilberto Valdés.

Artistas

Miriam Acevedo, Julia Astoviza, Pedro Álvarez, Paco Alfonso, Roberto Blanco, Bellita Borges. Luis Brunet, Esther Borja, Luis Carbonell, Elvira Cervera, Sergio Corrieri, Dora Carvajal, Modesto Centeno, José A. Caíñas Milanés, Violeta Casal, Idalberto Delgado, Ricardo Damtés, María Ofelia Díaz, Dumé, Adela Escartín, Ángel Espasande, José A. Escarpenter, Zoe Fernández, Rosa Felipe, Andrés García, Roberto Garriga, Helmo Hernández, Antonio Hernández, Gilda Hernández, Fela Jar, Marta Jménez Oropesa, Julio Lot, Adolfo de Luis, Ernestina Linares, Lilliam Llerena, Julio Matas, Elio Martín, Eduardo Moure, Isabel Monal, José Nodal, Gisela Nogueiras, Luis Otaño, Cuqui Ponce de León, Bernabé Perez, Francisco Pazos, Vicente Revuelta, Maritza Rosales, Raquel Revuelta, José Antonio Rivero, Leonardo Robles, Mario Rodríguez, Parmenia Silva, Henry Santana, Leticia Sánchez, Ana Saínz, Rubén Vigón.

Arquitectos

Sergio Amor, Mercedes Álvarez, Samuel Biniakonsky Cherson, René Calvache, Roberto Carranza, Angel Crespo, Modesto Campos, Gonzalo Dean, Hugo D'Acosta Calheiros, Iván Espín, Enrique Enríquez, Reynaldo Estévez, Hilda Fernández, Mario Girona, H. González Mateo, Rosa L. Galleda, Eduardo Granados, Mario González, René González Romero, J. M. Hevia, M. Lavandero, Francisco Martínez, Nujim Nepomechie, G. Pérez Gabancho, Arquímides Poveda, Vasilio Piasecki, Ricardo Porro, Manuel A. Rubio, Ivilio Rubio, Alberto Robaina, Fernándo Salinas, Ana Vega.

Artistas Plásticos

Angel Acosta León, Antonio Alejo, Marta Arjona, Esteban Ayala, Adigio Benítez, Julio Berestein, Arturo Huergo, Sabá Cabrera Infante, Servando Cabrera Moreno, Agustín Cárdenas, Hugo Consuegra, Salvador Corratge, Manuel Cruceiro, Sandú Darié, Calos M. Díaz Gómez, Antonia Eiriz, Roberto Estopiñán, Armando Fernández Jan, Salvador Fernández, Antonio Ferrer Cabello, Ambrosio Fornét, Enrique Fuentes, Julio Fuentes Pino, Carmelo González, Ana Rosa Gutiérrez, Rolando Gutiérrez, Julio Herrera Zapata, Fayad Jamís, Wilfredo Lam, Rolando López Duribe, Ramón Loy, Guido Llinás, Olga Maidique, Enrique Marañón, Luis Martínez Pedro, Alberto Menchaca, José Mijares, Raúl Milián, Enrique Moret, Raúl Martínez, César Mazola, Nuez, Raúl Oliva, Tomás Oliva, Mario Pérez Roig, Amelia Peláez, Luis Peñalver, Fernando Pérez O'Reilly, Marcelo Pogolotti, Pablo Porras, René Portocarrero, Armando Rosse, Jorge Rigol. Eugenio Rodríguez, Mariano Rodríguez, Lorenzo Romero Arciaga, José Rosabal, Zilia Sánchez, Orlando Suárez, Antonio Vidal, Daniel Serra Badué, Helena Serrano, Carlos Sobrino, Jaime Soteras, Juan Tapia Ruano, Juan Torres, René Valdés Cedeño, Lesbia Vent Dumois, José Manuel Villa.

Como puede apreciarse por los nombres de los firmantes, estos representaban distintas tendencias y posiciones en las artes y la literatura.

Después de ese llamamiento, en la noche del 11 de abril de 1961 se celebró una reunión en la sede actual de la UNEAC en 17 y H, de más de un centenar de intelectuales para iniciar los trabajos preparatorios del Congreso de Escritores y Artistas, tentativamente previsto para fines de junio de ese año. La reunión la presidió Nicolás Guillén y lo acompañaron en la presidencia María Teresa Freyre de Andrade, Edith García Buchaca, Pablo Amando Fernández y José Lezama Lima.

La reunión acordó considerar como integrantes del Comité Gestor del Congreso a los firmantes del Manifiesto del 19 de noviembre y designar un Comité Nacional y de su seno, una Mesa Ejecutiva que tendría a su cargo la organización del Congreso. La Mesa quedó integrada por: Presidente, Nicolás Guillén; Vices, Alejo Carpentier y Roberto Fernández Retamar; Secretario de Organización, Pablo Armando Fernández; Vice, Marta Arjona; Secretario de Propaganda, José A. Baragaño; Vice, Labrador Ruiz; Secretario de Relaciones Exteriores, Adrián García Hernández; Vice, Fayad Jamís; Secretario de Finanzas, Selma Díaz; Vice, Hugo Consuegra.

Para mayores precisiones recomiendo acudir a dos excelentes artículos publicados hace cinco años por Angelina Rojas con el título Hacia el 50 aniversario de la fundación de la UNEAC de los que he tomado datos que aquí expongo, pues aunque participé en trabajos preparatorios y la posterior reunión de junio con Fidel sólo conservo recuerdos generales y no documentos.

La convocatoria para la reunión con Fidel y la dirección del gobierno revolucionario se hizo a través de la Mesa organizadora del Congreso que trabajaba muy ligada al Consejo Nacional de Cultura.

El incidente con el documental PM de Sabás Cabrera Infante, hermano de Guillermo, daba una visión de La Habana de madrugada con todas las características decadentes heredadas de la Cuba neocolonial. Eran momentos muy difíciles, de fuerte actividad enemiga y los compañeros del Cine entendieron que este film propendía a debilitar la extrema alerta necesaria en aquellos momentos. Y se suspendió su exhibición. De ahí las preocupaciones de algunos escritores y artistas. También la jerarquía católica de la época le hacía el juego a la contrarrevolución y al imperialismo. Baste recordar la operación Peter Pan. Por eso en la reunión con Fidel el escritor católico Mario Parajón expresó sus dudas sobre lo que podría pasar. Por cierto que Parajón estaba casado con una hija de Carlos Rafael Rodríguez y Edith García Buchaca.

Otro elemento era que al declararse el carácter socialista de la revolución algunos se atemorizaron.

La intervención de Fidel en la Biblioteca Nacional que apareció con el nombre de Palabras a los intelectuales se publicó como folleto por el Consejo Nacional de Cultura y con una presentación de Edith García Buchaca si no recuerdo mal.

Finalmente, el Congreso de la UNEAC pudo celebrarse en agosto de ese año.

Cuando se hable del Consejo Nacional de Cultura hay que diferenciar bien su etapa constitutiva con Vicentina Antuña como presidenta y lo que vino después. Ahí influyeron otras circunstancias políticas graves, especialmente con Edith García Buchaca.

Hacia 1967 se designó a José Llanusa como Ministro de Educación –entonces había un solo Ministerio y no dos como ahora. Cuadros muy cercanos a Llanusa pasaron a dirigir Salud Pública, Turismo, el INDER, el provincial del Partido en la antigua Habana y el Consejo Nacional de Cultura también pasó bajo su área de control. Llanusa, buen deportista y quien hizo un gran trabajo en el INDER, no contaba con la preparación necesaria para ser Ministro de Educación.

Vicentina Antuña,, Mirta Aguirre,, Graziella Pogolotti e Isabel Monal se reagruparon en la Escuela de Letras de la Universidad de La Habana, con Carlos Amat como Decano de la Facultad de Humanidades y José M. Miyar como Rector, donde hicieron un excelente trabajo y de esa Escuela nacieron las de Lenguas Modernas, Periodismo y Bibliotecología, que se transformó en Información Científico-técnica.

Lo que deseo reiterar es que en ese difícil y glorioso año de 1961, el trabajo cultural del país floreció y abrió el camino que tantos frutos ha dado a la nación.

Felizmente, dentro de la Comisión para el trabajo intelectual del Partido Socialista Popular no primó el sectarismo ni se trató de imponer modelos extraños ni copiar formas ajenas. La calidad intelectual y revolucionaria de sus integrantes estaba por encima de esas limitaciones. Lo que sí existía era el compromiso con la revolución libertadora, con el pueblo.

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