"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

sábado, 10 de septiembre de 2016

La falacia del campanero

Por Claudi Mans Teixidó

Catedrático emérito de Ingeniería Química por la Universidad de Barcelona. Autor de los libros de divulgación científica: La truita cremada (2005, Ed. Col·legi de Químics de Catalunya, catalán) y Tortilla quemada(2005, Ed. Col·legi de Químics de Catalunya). Els secrets de les etiquetes (2007, Ed. Mina, catalán) y Los secretos de las etiquetas (2007, Ed. Ariel).La vaca esfèrica (2008, Rubes editorial, catalán). Sferificaciones y macarrones (2010, Ed. Ariel).


Se analizan tres ejemplos históricos de comunicación de la ciencia: el mito del hierro en las espinacas, el rechazo de la Universidad de Berna a Albert Einstein y el falso descubrimiento de los rayos N. En los tres se aprecia que se da la falacia del campanero, por la que cualquier afirmación repetida muchas veces adquiere verosimilitud, independientemente de su veracidad. 

Primero ejemplo. Las espinacas y el hierro

Todos sabemos que las espinacas no tienen tanto hierro como se les atribuye, y que el origen del error fue una persona que se equivocó: transcribió el valor real de hierro en las espinacas, que es de 0,003 g/100 g por el valor 0,03 g/100 g, es decir diez veces más. La fama del hierro en las espinacas había empezado, y desde 1929 Popeye el marinero devoraba espinacas para adquirir su fortaleza. Todo esto lo sabemos, porque lo hemos leído en libros de divulgación, por ejemplo el mío "Tortilla quemada".

Pero todo esto que sabemos, resulta que es falso. Leo el libro "Monos, mitos y moléculas" del eminente divulgador Joe Schwarcz (Ediciones de Pasado&Presente, Barcelona 2015) y en su capítulo "La locura de Popeye" reconoce que él también había escrito un capítulo de divulgación con el mismo error. Lo atribuye a su fuente, el prof. A. E. Bender, en un artículo de 1977. Según Bender, von Wolff en 1870 había analizado el hierro de las espinacas. El 1937 repitió el análisis Schupan y vio que tenían mucho menos que el que von Wolff había determinado. Y Benderimaginó: "la fama de las espinacas parece venir de una coma decimal mal puesta"... ¡sin ninguna prueba de que esto fuera así! Hamblin en 1981 [+] ya lo daba por cierto en una introducción a un corto artículo sobre falacias científicas. Peor aún: el creador de Popeye E. Segar nunca atribuyó al hierro de las espinacas la fuerza del marinero: lo atribuía, en 1932, a la vitamina A, no al hierro. Pero las espinacas tampoco contienen vitamina A, sino betacaroteno, un precursor de la vitamina A, que realmente ayuda a movilizar el hierro que ya esté en el organismo. En mi caso, mi fuente de error fue el capítulo "Espinacas", de F. Féron, en un libro editado por J-F. Bouvet (1999), que cita como fuente el artículo de Hamblin, y donde afirma -añadiendo que así lo dice la leyenda- que fue la secretaria quien se equivocó al pasar el manuscrito a máquina.

Popeye y la vitamina A

El criminólogo Mike Sutton publicó en 2010 un monumental artículo en formato de conferencia [+] donde desmontaba todas estas afirmaciones. Se dedicó a reseguir las fuentes originales hasta donde le fue posible: los criminólogos realmente tienen la virtud de la minuciosidad, al menos los de las series de televisión. Parece que von Wolff se pudo equivocar al hacer el análisis inicial, porque quizá se contaminó la muestra con hierro del recipiente, y no concretó si la muestra de espinacas era normal o ya desecada, cosa que introduciría un sesgo crucial. Pero no hay ninguna datos de la leyenda de que alguien se equivocara al transcribir los datos de laboratorio a papel. Juan Revenga en su blog [+] ha tratado de forma muy competente el tema.

Y, para rematarlo, resulta que un plato de espinacas (180 g) tiene 6,43 mg de hierro, y en cambio una hamburguesa de 170 g ¡tiene 4,42 mg! Pero es cierto que el hierro de las espinacas es menos asimilable, aunque este es otro tema.

¿Por qué unos divulgadores aceptan -aceptamos- acríticamente lo que otros han escrito antes? Trataremos de responderlo al final.

Segundo ejemplo. El rechazo de la Universidad de Berna a Einstein

Por la red circula una carta que escribió el decano de la Facultad de Ciencias de Berna, Dr. Wilhelm Heinrich, rechazando la solicitud de Albert Einstein para ser profesor asociado en su facultad. El argumento era que las conclusiones de Einstein sobre la naturaleza de la luz y las relaciones espacio-tiempo eran demasiados radicales, y que eran conclusiones "more artistic than actual Physics". Esta carta se ha hecho circular para demostrar que los responsables académicos se pueden equivocar y de hecho se equivocan, y que hay que promocionar a los investigadores jóvenes, aunque defiendan ideas osadas. La carta está datada el 1907.

Cuando vi la carta, me dio mala espina, por varios motivos: está escrita en inglés, y me extraña que un decano de Berna -Suiza de habla alemana- se dirija a un estudiante alemán nacionalizado suizo en inglés. Además, el logotipo y el timbre de la universidad están también en inglés. Anecdóticamente, en la parte superior derecha parece adivinarse un sello de correos de los EE.UU., ¡con la imagen del mismo Einstein!

Una elemental busca por Internet permite constatar que se trata de una falacia. Zimmermann (2015) lo explica bien [+]: el archivero de la Universidad de Berna Niklaus Bütikofer hace notar que es una evidente y burda falsificación, por tres o cuatro detalles: la facultad en aquel momento era de Filosofía, Historia y Ciencias Naturales; nunca ha habido un decano que se llamara Wilhelm Heinrich; la lengua de correspondencia tenía que ser necesariamente el alemán; el timbre es una modificación de un escudo de armas húngaro; y la calle donde dice que estaba la universidad (Sidlerstrasse) no se llamó así hasta 1931, y en 1907 no había aún códigos postales. Sí es cierto que Einstein solicitó ser asociado de la universidad y no se lo concedieron porque no cumplía el requisito de tener una tesis homologada, pero después de un año se le dio la venia docendi.


¿Quién perpetró esta falsificación? Se supone que es la broma de un estudiante de física angloparlante y aburrido que quería hacerse un lugar en las redes sociales... Pero la pregunta es: ¿cómo puede ser que no se vea a la primera que se trata de una falsificación y se reenvíe acríticamente?

Tercer ejemplo. Los rayos N

El 1903, investigando sobre rayos X, el físico de la facultad de Ciències de Nancy, prof. René Blondlot, observó unos rayos diferentes, polarizables, a los que denominó rayos N. Se determinaron muchas de sus propiedades, especialmente la de promover la fosforescencia de ciertos compuestos, o de incrementar la luz reflejada en una superficie. Muchos investigadores se dedicaron a estudiar dichos rayos, se registraron fotográficamente, se observó su emisión por barras imantadas, por gases licuados, por metales, o en determinadas reacciones químicas. Otros investigadores reconocidos descubren irradiaciones fisiológicas de propiedades similares, y llegan a reseguir los nervios del cuerpo humano siguiendo la emisión de dichas radiaciones, que aumentan la agudeza visual, las vértebras los generan... Todo un cuerpo científico nuevo se había creado en un año.

Pero en 1904 todo se desmontó. Investigadores de otros equipos fueron incapaces de reproducir los resultados, y el 1905 ya nadie hablaba del tema. Y no fueron desconocidos investigadores quienes protagonizaron este episodio. Eran profesores de universidad o médicos de hospital.

Leí este ejemplo de Rostand (1971). Descartada la voluntad de engaño, que parece claro que no existió, al menos mayoritariamente, la pregunta es cómo se puede llegar a montar todo un campo de investigación sin ninguna base experimental real.

La falacia del campanero

Leamos a Lewis Carroll en "The Hunting of Snark". Al principio uno de los personajes, el Campanero, lanza un discurso épico a la tripulación que va a capturar el Snark, un monstruo indefinido. En su segunda estrofa dice:

"Just the place for a Snark!I I have said it twice:
That alone should encourage the crew.
Just the place for a Snark! I have said it thrice:
What I tell you three times is true."

Traduce Eduardo Stilman, Ediciones de la Flor, Buenos Aires 2010:

"¡Justo el lugar para un Snark! Lo he dicho dos veces:
esto debería bastar para animar a la tripulación.
¡Justo el lugar para un Snark! Lo he dicho tres veces:
Lo que yo digo tres veces es verdad."


Esta es la Falacia del Campanero, que Skrabanek y McCormick describieron el 1992: la repetición de una afirmación le da verosimilitud al margen de su veracidad.

Y esto es lo que nos pasa a todos. No comprobamos las fuentes, a pesar de que seamos científicos. Pero en el campo de la divulgación no actuamos como tales en muchos casos. No vamos nunca a las fuentes originales por pereza, pero sobre todo por coleguismo. Implícitamente pensamos que una persona que se dedica a una tarea tan importante como la divulgación -que uno mismo, como divulgador, cree que es importante, naturalmente- siempre dice verdades, debe haber comprobado lo que afirma, o tiene fuentes fiables. Y demasiadas veces el colega ha hecho lo mismo que uno mismo: basarse en el libro de un divulgador anterior del cual nos fiamos. tomamos algún ejemplo vistoso, lo reescribimos con nuestro estilo, quizás añadimos alguna aportación adicional no comprobada que haga el ejemplo más divertido o más llamativo, pero no necesariamente más cierto... Y la repetición por parte otros puede incrementar la credibilidad, pero no mejora la veracidad. No sé si la anécdota de la manzana que le cayó a Newton tuvo lugar o no, pero el hecho de que todo el mundo lo diga no la hace más cierta. Lo último que he leído sobre ello es que su primer biógrafo y amigo, presente a lo largo de las reflexiones del sabio, no transcribe ninguna caída de manzana -y menos a la cabeza- , pero sí que Newton hablaba de la gravedad poniendo como ejemplo la hipotética caída de una manzana del manzano bajo el que se sentaban, y que siguen mostrando en la residencia del sabio.

Por otro lado, la Wikipedia en cualquier de sus versiones -muchas entradas de la cual son simples traducciones del inglés-, y que es la primera fuente de datos complementarios, no es una fuente lo bastante fiable, y está escrita en demasiadas ocasiones por no expertos. En cuanto a datos físicos y químicos, no suele haber ningún problema, pero para otros datos que requieren alguna interpretación, puede ser errónea, y no tenemos manera de saberlo porque no sabemos quién lo ha escrito y en muchos casos no hay referencias. En temas controvertidos de nutrición, contaminación, peligrosidad de productos, enfermedades, pseudociencias y campos similares, se ve demasiado a menudo la lucha entre defensores de una postura y los de la contraria. Son temas de difícil moderación.

Todo ello pone un cierto grado de incertidumbre a la fiabilidad de nuestros artículos, libros, blogs y conferencias. Serán tan fiables como nuestras fuentes, si se trata de temas que nos son ajenos o en los que no hemos investigado. O tan fiables como nuestra experiencia y autoridad personal, si estamos tratando de un tema propio de nuestra especialidad. Y, evidentemente, siempre dependiendo del estado del conocimiento global del tema, que puede ir cambiando con el tiempo, y más en algunos campos científicos como los citados en el párrafo anterior.

El caso de los rayos N tiene unas connotaciones diferentes, porque no se trata de errores en la divulgación, sino en la creación de ciencia. En este caso había factores humanos personales como la voluntad del primer investigador de crearse una fama como la de Becquerel o Curiedescubriendo algún tipo de radiación, el seguimiento acrítico de sus discípulos, la envidia de sus colegas, el chovinismo y el estímulo de las autoridades francesas para conseguir superar a la ciencia inglesa, la no comprobación de resultados con el sesgo introducido al eliminar los experimentos que no cuadraban con aquello que se quería corroborar... Y es que los investigadores científicos son también personas humanas, con las debilidades propias de la especie. La historia está llena de situaciones similares, muchas veces con componentes políticos. Recordemos a Lysenko o el michurinismo durante la época de Stalin en la URSS. El falso descubrimiento de elementos químicos a lo largo de los siglos XIX y XX sigue las mismas pautas (Mans 2010, [+])

Anexo para profesores

Un campo donde tales problemas son muy evidentes es el de los libros de texto. En demasiadas ocasiones se copian los unos a los otros, y además, quizá quién hace las programaciones es o ha sido autor de libros de texto. He actuado como corrector externo de algunos libros de bachillerato de física y química, y puedo afirmar que con el tiempo se han corregido algunos errores mil veces constatados en ediciones anteriores (por ejemplo la "demostración" que hacía derivar la ley de acción de masas de la cinética de las dos reacciones directa e inversa, "demostración" que era sólo válida para el ejemplo concreto que se exponía) pero no hay manera de que se corrijan otros errores. Destaco especialmente el de la descripción del perfil de reacción, donde en la figura correspondiente siempre se introduce en abscisas un hipotético avance de la reacción, un tiempo de reacción, o una coordenada de reacción (concepto genuino pero no aplicable más que en el mundo atómico-molecular). Este error no es exclusivo de los textos de aquí, sino que también se encuentra en manuales internacionales de toda solvencia. He tenido ocasión de explicarlo en detalle (Mans 2012 [+]) pero ni caso...


Bibliografía 

Bouvet, J-F (coord) (1999) "Hierro en las espinacas... y otras creencias" Taurus- Santillana, Madrid. Trad. del original de Éditions du Seuil (París 1997)

Hamblin, T.J. (1981) "Fake!", British Medical Journal nº283, pp.1671-1674. 

Mans, C. (2005) "La truita cremada". Ed. del Col·legi de Químics de Catalunya, Barcelona. Trad. al castellà "Tortilla quemada" (2005)

Mans C. (2010) "Els falsos elements" Revista de la Societat Catalana de Química 9/2010, 66-81.

Mans, C. (2012) "Coordenada de reacció?" Educació Química nº 11, p.12-16 

Rostand, J. (1971) "Ciencia falsa y falsas ciencias", Biblioteca General Salvat, Barcelona. Trad. de l'original d'Ed. Gallimard (París 1958).


Zimmermann, M. (2015) "The Einstein forgery"

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