"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

lunes, 30 de septiembre de 2013

La nueva economía del deporte cubano

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Cubacontemporanea

Aunque antes de 1959 varios deportistas cubanos hicieron méritos para ser admirados alrededor del mundo, no fue hasta el triunfo de la Revolución que el deporte en la isla caribeña comenzó a tomar dimensiones insospechadas hasta entonces.
No demoró mucho el gobierno revolucionario en incluir a la actividad física entre sus prioridades y una de las principales medidas tomadas fue el destierro, por decreto, del profesionalismo en el deporte.
Establecida la alianza con los países del bloque socialista, comenzaron a llegar desde esos países numerosos entrenadores y técnicos, se fomentó el intercambio y los resultaron no tardaron en aparecer. En poco tiempo, Cuba pasó a dominar con holgura el panorama deportivo en la región centrocaribeña y a ocupar el segundo lugar continental, sólo superada por Estados Unidos.
Pero el salto más notable llegó durante los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, cuando la delegación cubana ancló en el quinto escaño del medallero, por delante de muchos países del primer mundo.
Sin embargo, la pujanza del deporte cubano comenzó a perder gas cuando se hicieron más evidentes las consecuencias de la desaparición del bloque de países socialistas y la consiguiente crisis en la economía.
Si bien es cierto que la isla siguió imponiéndose en citas centrocaribeñas y conservando su segundo lugar en el continente, las diferencias notables sobre países como Brasil, México, Venezuela o Colombia comenzaron a ser mucho más estrechas.
Según cifras conservadoras, unos 300 peloteros han salido de Cuba y se encuentran hoy participando en diferentes ligas extranjeras. Casi 40 de ellos están enrolados actualmente en equipos de las Grandes Ligas estadounidenses
La afición del país, muy conocedora y ferviente amante del deporte, empezó a ver con marcada preocupación el evidente retroceso, no sólo en el plano internacional, sino también en el nivel de competencias emblemáticas dentro de casa, como la Serie Nacional de béisbol.
Caída libre
El desmembramiento del campo socialista causó estragos en el movimiento deportivo cubano, pero estos sólo fueron visibles con el paso del tiempo. Desde ese bloque de naciones llegaban a la isla el asesoramiento técnico, las mayores posibilidades de fogueo y gran parte de los implementos e insumos necesarios para desarrollar el deporte de alto rendimiento y de base.
La crisis económica golpeó al deporte como una arista más de la sociedad. El modelo de gestión deportiva, basado en los principios del amateurismo, comenzó a hacer aguas en un entorno en el que la alta competición comenzó a ser cada vez más comercializada, con la apertura de las puertas a los deportistas profesionales en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988.
Las circunstancias financieras obligaron a disminuir el presupuesto asignado al deporte cubano, comenzó a escasear el roce competitivo y a menguar la calidad de la preparación, y ante las nuevas realidades muchos deportistas cubanos de primer nivel prefirieron, a través de diferentes vías, buscar nuevos horizontes ante la imposibilidad de probar su talento más allá de las fronteras y mejorar su situación económica.
Según cifras conservadoras, unos 300 peloteros han salido de Cuba y se encuentran hoy participando en diferentes ligas extranjeras. Casi 40 de ellos están enrolados actualmente en equipos de las Grandes Ligas estadounidenses, el mercado más exigente y tentador para este deporte.
Después del extraordinario subtítulo en el I Clásico Mundial de béisbol, pocas alegrías ha podido aportar este deporte a sus miles de seguidores en el país. En las dos siguientes ediciones el equipo cubano no ha podido incluirse entre los cuatro primeros, y no ha ganado un título importante en ninguna de sus categorías.
El éxodo ha lastrado marcadamente a otros deportes como el voleibol, obligado a renovar constantemente las filas de sus selecciones nacionales por ese motivo. También se han visto seriamente afectados el boxeo y el atletismo, y con la salida del béisbol del programa olímpico, Cuba no pudo ser representada en ningún deporte colectivo durante la cita estival celebrada en Londres el pasado año.
Movimientos ineludibles
El lugar 28 conseguido en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 fue una visible señal de que la salud del deporte cubano había empeorado. Y aunque cuatro años después en la capital inglesa se mejoró cualitativamente la cosecha, los problemas y las preocupaciones no han cambiado mucho.
Sin dudas, ha sido la falta de estímulo de los atletas el principal problema que han tenido que enfrentar las autoridades deportivas y el gobierno durante los últimos tiempos.
El tema más significativo de esta propuesta no radica en los montos monetarios, sino en el cambio de concepto, que si bien no significa un giro radical hacia el profesionalismo duro y puro, establece un cambio de mentalidad más acorde con los tiempos que corren.
Casos como el del vallista Dayron Robles, las constantes bajas solicitadas por los voleibolistas de las selecciones nacionales para poder insertarse en ligas foráneas, o el misterioso escape del estelar pelotero José Dariel Abreu, han demostrado la necesidad de reenfocar las proyecciones del deporte cubano para acercarlas a las aspiraciones de sus protagonistas.
Así, a mediados de la pasada semana se divulgaron algunos detalles sobre la aprobación por el Consejo de Ministros de una nueva política para la remuneración a los atletas, entrenadores y especialistas, que persigue mejorar las condiciones de vida y la estimulación de estos según su categoría.
A simple vista, las modificaciones son notables con respecto al anterior esquema, con el que los atletas cubanos vivían del salario de un trabajo que nunca hacían, y en el que los entrenadores cobraban lo mismo, sin importar si se desempeñaban en un área deportiva o dirigiendo una selección nacional.
Pero no todas las novedades están relacionadas con los pagos.
¿Cambio o actualización?
Sin dudas, la notable diferencia entre lo que recibían y lo que recibirán a partir del próximo año los atletas cubanos es un paso agigantado para acercar la realidad cubana a la del resto del mundo.
Es evidente que la “reforma” del viejo e inoperante esquema económico del deporte en la Mayor de las Antillas nunca podrá hacer frente al sistema de comercialización que impera en el deporte contemporáneo, donde se pagan millonarias cifras en contrataciones y patrocinios.
Por eso, el tema más significativo de esta propuesta no radica en los montos monetarios, sino en el cambio de concepto, que si bien no significa un giro radical hacia el profesionalismo duro y puro, establece un cambio de mentalidad más acorde con los tiempos que corren.
Según lo anunciado, la definición de un atleta de alto rendimiento cubano incluye en su letra que “… sus ingresos dependen de los resultados alcanzados en el deporte que practica”. También que “… tiene posibilidad de contratarse en otros equipos en el exterior…”, ambas oportunidades inexistentes a lo largo de casi cinco décadas.
Claro, que el hecho de que en estos posibles contratos el atleta tenga que estar “… protegido por el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER)”, permite a ese organismo decidir con respecto al vínculo contractual, toda vez que cada deportista tendría que firmar un contrato anual con su federación.
Y el requisito de que en cualquier caso debe estar garantizada la presencia del atleta en el país “para las competencias fundamentales del año” aparece como un elemento regulador, en medio de un mercado en el que siempre han primado los intereses de quienes pagan.
Bajo esas premisas se experimentó hace poco con la incorporación de tres peloteros en el equipo Piratas de Campeche de la Liga Profesional de México, luego de concluir su participación en la pasada Serie Nacional.
Aunque no se conocen muchos detalles, se sabe que la negociación con los Filibusteros estableció que estando bajo contrato ningún jugador podía aceptar otra oferta, que recibirían el 80% del total del contrato y se comprometían a regresar para participar con sus respectivos equipos en la siguiente temporada.
Y todo parece indicar que similares términos regirán las futuras contrataciones de todos los deportistas cubanos en el exterior, donde serían representados por sus respectivas federaciones nacionales, a las que correspondería el otro 20% del contrato.
¿Cuánto ganará un atleta cubano?
Desde hace algunos años el gobierno cubano designó el pago en pesos convertibles a medallistas olímpicos y mundiales de acuerdo con el color de su presea de mayor rango. El máximo se estableció en 300 CUC para los campeones olímpicos y esa asignación se mantiene.
Ahora, la nueva reglamentación aprobada por el Consejo de Ministro instauró seis categorías deportivas teniendo en cuenta el rendimiento y desempeño.
A partir de ellas se establecen ingresos básicos mensuales en pesos cubanos para los atletas de alto rendimiento en activo.
El rango actual se extiende entre los 1500 pesos para los medallistas olímpicos hasta los 450 para reservas de equipo de Serie Nacional de béisbol o por ser reserva de una preselección nacional, algo que competería designar a la respectiva federación.
A ello se sumarán otros montos mensuales que dependerán del resultado de mayor rango obtenido en citas multideportivas –en este caso cubre además a atletas y entrenadores retirados-, o de la cantidad de medallas conquistadas en estos certámenes. Mas, este último pago sólo será recibido mientras el atleta se encuentre activo.
De tal forma, un atleta cubano miembro de una preselección nacional o de un equipo de la Serie Nacional de béisbol cobrará un mínimo de 1000 pesos mensualmente. Y tendría la posibilidad de aumentar esa cifra hasta cerca de 15000 pesos mensuales -siempre que esté activo- de acuerdo con algunas variables.
Un ejemplo de esta última posibilidad es el estelar luchador Mijaín López, quien transita por un período de descanso en su preparación rumbo a la cita olímpica de Río de Janeiro 2016. El gladiador del estilo grecorromano devengaría 1500 pesos mensuales como remuneración básica por ser medallista olímpico, a los que sumaría 1250 por ser medallista de oro en Juegos Panamericanos.
Además, mientras se encuentre activo el vueltabajero recibiría 2500 pesos por cada uno de sus dos títulos olímpicos, 1250 pesos por cada uno de sus tres cetros mundiales, 625 por cada uno de sus tres triunfos en Juegos Panamericanos y 300 por la única corona centroamericana y caribeña que ha conquistado hasta el momento.
Todo eso sumaría una total de 13675 pesos mensuales, algo que pudiera crecer si alguna vez recibe un premio en metálico, del cual a partir de ahora le correspondería el 80%. Del resto, un 15% recibiría su entrenador y un 5% algún especialista vinculado con su preparación, algo que no sucedía con anterioridad.
Sin dudas, se trata de un cambio del día a la noche para quienes no superaban el cobro de 500 pesos mensuales de acuerdo con el trabajo en el que estaban “emplantillados”. Habrá que esperar entonces un tiempo prudencial para apreciar los frutos de una medida que se caía por su propio peso.




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