"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Las cuatro elecciones más reñidas de la historia reciente de EE UU




Plató del primer debate entre Hillary Clinton y Donald Trump en la Universidad Hofstra en Hempstead, Nueva York (Paul J. Richards/AFP/Getty Images)

Hillary Clinton ya no lo tiene tan fácil. Se ha pasado de la victoria segura que casi todos le pronosticaban a un empate técnico. Desde la elección de George Washington en 1788, Estados Unidos ha celebrado 56 elecciones presidenciales y muchas se han decidido por un puñado de votos. Como puede que las de 2016 también acaben así, analicemos las cuatro elecciones más reñidas de la historia moderna del país.


El ya vencedor Harry Truman con el ‘Chicago Tribune’ cuyo titular reza “Dewey vence a Truman” (Mike Nelson/AFP/Getty Images)

Truman vs Dewey, 1948: la gran ‘upset’ (sorpresa)

Nadie daba un centavo por Harry Truman en 1948 y era normal. Había llegado a la Casa Blanca a la muerte de un coloso como Franklin D. Roosevelt, una figura difícil de reemplazar que había sacado al país de la Gran Depresión y lo había guiado a través de la Segunda Guerra Mundial. Truman se hizo cargo de una nación todavía en lucha y en su primera cita con las urnas, las legislativas de 1946, vio cómo su partido perdía el control de las dos cámaras del Congreso por primera vez en los últimos 18 años.

El candidato Truman era tratado con cierta condescendencia por las élites estadounidenses. Aún hoy es el último presidente que no se graduó en la Universidad y muchos se preguntaban: “¿qué puede hacer un vendedor de trajes de Missouri contra Thomas Dewey: gobernador de Nueva York, icono antimafia, el republicano favorito de todos los demócratas?”. Su partido además se presentaba dividido, con una candidatura alternativa en los estados segregacionistas del Sur y otra con un candidato más progresista que Truman. En resumen: tras 15 años con un demócrata dirigiendo el país, parecía que EE UU estaba listo para un cambio.

A todos los argumentos se sumaban además las encuestas. Los sondeos de Gallup, Roper y Crossby daban como ganador a Dewey con una cómoda ventaja de entre cinco y 15 puntos. Todos fallaron. Truman se impuso a Dewey por más de dos millones de votos y dejó una de las imágenes más icónicas de la historia de EE UU. La del presidente, pletórico, sosteniendo entre las manos un ejemplar del Chicago Tribune que anunciaba erróneamente su derrota. El titular ha pasado a la historia: “Dewey Defeats Truman”.

Es difícil no ver el paralelismo con Hillary Clinton y Donald Trump. La que llega con el cartel de segura ganadora y el candidato que viene pisándole los talones, con una campaña más audaz porque tiene menos que perder. Si Trump vence el 8 de noviembre será un choque a la altura del de 1948.


Fotos de John F. Kennedy y Richard Nixon. (Keystone/Getty Images)

Nixon vs. Kennedy, 1960: voto a voto

En el año 1960, eran los republicanos los que trataban de conservar la Casa Blanca después de ocho años de Gobierno de Dwight D. Eisenhower. Su joven vicepresidente, Richard Nixon, tenía por delante la siempre difícil tarea de oponerse al cambio. Al otro lado, el joven senador John F. Kennedy quería ser el primer presidente católico de un país fundado por protestantes. Ahora parece un detalle sin importancia pero el único que lo había intentado antes, Al Smith, había sufrido una de las peores derrotas de la historia de Estados Unidos.

La del 60 fue una campaña en la que se enfrentaron dos candidatos excepcionalmente capaces y además lo hicieron en un medio completamente nuevo: Kennedy y Nixon protagonizaron el primer debate televisado de la historia. La mínima ventaja que llevaba el demócrata se diluyó en los últimos cuando el muy popular presidente Eisenhower se involucró en la campaña, así que desde primera hora del día de las elecciones las dos campañas se prepararon para una noche larga.

En el cuartel general de los Kennedy en Hyannis Port se temieron lo peor durante buena parte de la noche pero finalmente, nada menos que en la tarde del día siguiente, el candidato demócrata pudo respirar tranquilo después de que Nixon reconociera su derrota. Había vencido por poco más de 110.000 votos entre 67 millones de papeletas, una ventaja de menos del 0,2%. Para la historia quedan serias acusaciones de fraude electoral en Texas e Illinois. Si Nixon hubiera ganado esos dos estados, Kennedy no habría sido presidente. 

Hillary Clinton se encuentra en esta campaña con muchas de las dificultades que hundieron a Nixon en 1960. Obama es inmensamente popular como lo era Eisenhower, de modo que no puede desmarcarse mucho de su antiguo jefe. A la vez, se enfrenta a un candidato claramente rupturista en un momento en el que representar al establishment no es la mejor carta de presentación ante los votantes. Esta dicotomía le costó a Nixon las elecciones, veremos si Clinton es capaz de conciliar esas dos realidades.


Jimmy Carter en una rueda de prensa tras ser elegido presidente de EE UU. (Gene Forte/AFP/Getty Images)

Ford vs. Carter, 1976: el paseo que no fue

La elección presidencial de 1976 tenía que haber sido un paseo para Jimmy Carter. Era difícil no verlo así: el país estaba aún horrorizado por el Watergate, la dimisión de Nixon y el nivel de marrullería alcanzado por su gobierno. Su sucesor, Gerald Ford, era un tipo agradable que había llegado al puesto de rebote pero que se había ganado la antipatía de una gran cantidad de votantes dándole un indulto a Nixon “por cualquier crimen que hubiera podido cometer”.

Nixon fue una gran peso en la espalda de Ford durante toda la campaña, sobre todo por las sospechas de que el indulto pudiera haber sido parte de un acuerdo para que el presidente, acosado, dimitiera. Aunque ayudó al país a superar por fin el trauma del caso Watergate, los medios fueron inmisericordes con Ford y los demócratas se lo hicieron pagar, convirtiéndolo en el primer presidente desde Abraham Lincoln en ir al Capitolio a dar explicaciones ante un comité.

Ford redondeó su desgracia con una de las peores meteduras de pata en la historia de los debates presidenciales, cuando dijo la famosa frase “no hay dominación soviética en la Europa del Este” y además trató de defenderla. Sin embargo, y a pesar de todo esto, Carter no conseguía quitárselo de encima y Ford tuvo un resultado bastante aceptable. Perdió, pero habría ganado sólo con vencer en Texas y Mississippi, dos estados que nunca han vuelto a votar por un demócrata. 

Es difícil saber, exactamente, qué impacto tuvo aquel error garrafal en el debate, lo que está claro es que muchos de los presidentes que vinieron después aprendieron del error de Ford. En lugar de negar la evidencia, muchos han preferido reconocer abiertamente cuando la han pifiado en un debate. Obama, sin ir más lejos, se refirió hace cuatro años a la “siestecita” que se había echado durante el primer debate en que Mitt Romney le pasó por encima.


El candidato republicano George W. Bush y el demócrata Al Gore durante un debate en la University of Massachusetts-Boston. (Stan Honda/AFP/Getty Images)

Bush vs. Gore, 2000: el más votado pierde

Sólo tres veces había sucedido que el candidato más votado perdiera la presidencia y la última había sido 112 años antes, pero el vicepresidente Al Gore entró en la historia tras sacar medio millón de votos más que George W. Bush y ver cómo éste se convertía en presidente. Tras ocho años de Bill Clinton, los demócratas estuvieron muy cerca de lograrlo pero chocaron con un escollo, Florida.

En la noche electoral más absurda de la historia del país, varias televisiones dieron la presidencia a Al Gore para luego echarse atrás. Al rato, el propio Gore llamó a Bush para felicitarle por su victoria pero más tarde le contactó de nuevo para retractarse. Todo mientras un ejército de abogados de ambos partido llegaba a Florida para influir en la batalla legal que iba a acabar decidiendo la presidencia. 

36 días después de que los estadounidenses votaran, la Corte Suprema decidió, en una apretadísima votación, detener el recuento en Florida y declarar como vencedor a George W. Bush. En un doloroso acto de lealtad institucional, tanto Gore como el resto de los líderes demócratas aceptaron la derrota. Los 25 votos electorales del estado empujaban a Bush a la cifra mágica de 271, sólo uno más de los necesarios para ser presidente.

En estas elecciones Florida volverá a ser clave y regresarán al estado los equipos legales de ambos partidos, listos para pelear si el resultado es tan ajustado como en 2000. Con su equilibrio entre la abundantísima población hispana y la gran cantidad de blancos que llegan desde el norte a pasar su retiro al sol, el estado del amanecer es un inmenso laboratorio del futuro político del país. De momento Trump y Clinton están empatados allí y harían bien en no olvidar las lecciones de la que hasta el día de hoy es la elección más reñida de la historia de EE UU.

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