"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

viernes, 25 de noviembre de 2016

La biodiversidad de Cuba sale de la sombra del embargo ( Bloqueo)

El reblandecimiento del embargo de EE.UU. contra Cuba está permitiendo a científicos de ambas naciones coordinar más estrechamente para estudiar la abundante flora y fauna de la isla. 



Los Jardines de la Reina, un impresionante arrecife coralino, es representado en la muestra ¡Cuba! del Museo Estadounidense de Historia Natural, en Nueva York. Crédito: ©AMNH/D. Finnin

La vibrante flora y fauna de Cuba llegan a Nueva York de la mano de una exhibición del Museo Estadounidense de Historia Natural que muestra cómo la cooperación científica entre Estados Unidos y el país comunista está viendo un apogeo gracias al deshielo del embargo.

Con la muestra bilingüe ¡Cuba!, que durará casi un año, y que abrió sus puertas el 21 de noviembre, el AMNH (como se conoce al museo por sus siglas en inglés) trae a Manhattan animales endémicos del país caribeño, como la boa cubana (Epicrates angulifer), el falso camaleón cubano (Chamaeleolis barbatus), los lagartos anolis (Anolis), y la rana de árbol cubana (Osteopilus septentrionalis).

El museo, que en el 2015 recibió unos cinco millones de visitantes, mostrará también dioramas en los que habrá recreaciones de varios ecosistemas cubanos que destacan por su espectacular flora y fauna con un alto grado de endemismo y que pocos estadounidenses han podido ver debido a las restricciones del embargo.

“Podrás caminar por los bosques de la península de Zapata. Podrás entrar en un arrecife coralino, como si estuvieras en los Jardines de la Reina, uno de los arrecifes coralinos más sanos del Caribe. Podrás explorar el parque nacional Alejandro Humboldt”, dice Ana Luz Porzecansky, la curadora de la exhibición.

Aunque el embargo no ha sido oficialmente levantado, después de que los gobiernos de Cuba y EE.UU. decidieran restablecer relaciones diplomáticas a fines de 2014, las restricciones que limitaban el intercambio comercial y de personas entre los países fueron relajadas, lo que ya permite a científicos viajar en vuelos comerciales y transportar equipos para la investigación.

De no ser por este deshielo, el AMNH hubiera enfrentado serias dificultades para organizar esta exhibición en colaboración con su contraparte en la Habana, el Museo Nacional de Historia Natural de Cuba(MNHNC).

Barreras burocráticas para obtener permisos y visas, restricciones para llevar equipos a Cuba o para sacar especímenes con los que hacer análisis genéticos, junto a la imposibilidad de obtener financiamiento del gobierno de EE.UU., son algunos de los factores que han dificultado la colaboración entre biólogos estadounidenses y sus colegas cubanos desde que el gobierno de John F. Kennedy oficializó el embargo en 1962.

“Antes, con el embargo, teníamos que conseguir permiso del Departamento de Estado para hacer investigación en Cuba. También teníamos que organizar vuelos charter y mover ciertos equipos era muy difícil. El embargo era económico, pero también afectaba a la ciencia porque lo hacía todo mucho más difícil”, dice Porzecansky.

Pero las cosas están cambiando, explica esta ornitóloga de origen uruguayo que funge como directora del centro para la biodiversidad y la conservación del AMNH: “Estamos ampliando y profundizando nuestras colaboraciones y esta exhibición es un gran ejemplo de eso. El museo hizo una pequeña exhibición sobre Cuba en 1993, pero creo que esta es una de las mayores exhibiciones sobre Cuba que jamás se han hecho en EE.UU.”.


La boa cubana (Chilabothrus angulifer) suele estar en la entrada de las cavernas donde espera a que emerjan los murciélagos para alimentarse./ ©AMNH/R. Mickens

La exhibición del AMNH es tan solo una de las muchas formas en las que los científicos estadounidenses y los cubanos están estrechando lazos.

La administración nacional oceánica y atmosférica de EE.UU. y el servicio nacional de parques firmaron en noviembre un memorando de entendimiento con el gobierno cubano para colaborar en la investigación científica, la educación y la conservación. Ese mismo mes, los gobiernos de EE.UU. y Cuba firmaron un amplio acuerdo para cooperar en la protección del medio ambiente y en la investigación científica, que fue el resultado de varios años de cabildeo por parte del Jardín Botánico de Nueva York (NYBG, por sus siglas en inglés), el Centro para la Política Internacional y varias organizaciones no gubernamentales.

Estos acuerdos son importantes porque crean un marco legal que permitirá levantar fondos del gobierno de EE.UU. con los que estudiar la biodiversidad en Cuba a través de proyectos conjuntos con biólogos de ese país, dice Brian Boom, vicepresidente para la conservación del NYBG.

“El embargo, cuando finalmente desaparezca por completo, llevará a una explosión en la colaboración entre Cuba y EE.UU. en la investigación científica y de medio ambiente porque se podrá usar el financiamiento gubernamental y eso no es posible hoy en día”, dice Boom quien ha viajado más de 20 veces a Cuba para hacer investigación.

Tras un siglo de colaboraciones con científicos cubanos, el AMNH aspira ahora a ser una de las primeras instituciones que consiga fondos estatales para hacer investigación en Cuba y ya ha solicitado financiamiento del National Science Foundation para realizar un estudio de tres años de la biodiversidad cubana junto con su contraparte en La Habana.

“Si conseguimos el financiamiento, y no está claro que así sea, pero conseguir financiamiento federal por parte del gobierno de EE.UU. sería fantástico, y eso nos permitiría construir un programa de investigación a largo plazo”, dice Chris Raxworthy, curador del departamento de herpetología del AMNH.


En Cuba se encuentran más de 190 especies de mariposas, unas 35 de ellas son endémicas de la isla. ©AMNH/R. Mickens
MÚTUO INTERÉS

Pese a la falta de recursos para hacer investigaciones de campo, lentas conexiones de Internet que les impiden bajar grandes archivos y dificultades para acceder a literatura científica, los científicos cubanos llevan décadas haciendo ciencia de primer nivel y publican regularmente sus hallazgos en revistas internacionales. De hecho, el gobierno cubano ha puesto mucho énfasis en la ciencia, lo que ha dado sus frutos en campos como la biomedicina y la investigación contra el cáncer.

Aún así, el embargo ha sido un lastre para la ciencia cubana, porque ha puesto al país al margen de EE.UU., que destaca por su sofisticado sistema público de financiamiento científico, y por ser la sede de universidades que emplean a científicos líderes.

“El embargo, que nosotros llamamos bloqueo porque es una persecución muy elaborada a toda la vida económica de Cuba, afecta todos los aspectos de la vida de nuestro país, incluyendo la ciencia, toda la investigación y la preservación de la biodiversidad”, dice Sergio Jorge Pastrana, secretario de asuntos exteriores de la Academia de Ciencias de Cuba.

Las dificultades para trabajar con colegas estadounidenses, llevaron a muchos científicos cubanos a estrechar lazos con investigadores en Europa, América Latina o la antigua Unión Soviética. Sin embargo, el mastozoólogo cubano Gilberto Silva Taboada dice que aunque el aislamiento de la isla le forzó a ser “un autodidacta”, él no hubiera logrado avanzar en su carrera de no ser por la ayuda de científicos estadounidenses.

“Más del 90% de la literatura científica sobre los mamíferos del Caribe está en inglés y ha sido (escrita) por doctores de otros países, principalmente norteamericanos y de museos de EE.UU., y eso me condujo a conectarme con esos autores por correspondencia”, dijo a Scientific American durante una reciente visita a Nueva York.

Por eso este científico cree que es necesario cooperar más estrechamente con científicos de EE.UU. “Sería bueno tener más colaboración científica con estadounidenses. Queda mucho por hacer”, apunta Taboada.


En la exhibición ¡Cuba! del Museo Estadounidense de Historia Natural, en Nueva York, se recrean varios de los ecosistemas de la isla caribeña, como el humedal Zapata. /©AMNH/D. Finnin
LLENA DE SORPRESAS

El entusiasmo de los biólogos estadounidenses por Cuba es justificado porque la evolución ha bendecido a la isla más grande del Caribe con un tesoro de más de 6.000 especies de plantas, 140 especies de reptiles, unas 1.400 especies de moluscos y 67 especies de anfibios –y la mayoría de todas esas especies son endémicas–.

Pero también porque la flora y la fauna en Cuba está bien conservada debido a la baja densidad de población, ya que hay grandes zonas vírgenes porque la mayoría de la población cubana se concentra en la costa y no ha habido grandes desarrollos industriales. Además existen 211 áreas protegidas que cubren el 20% del territorio nacional.

“El sistema de áreas protegidas en Cuba es muy bueno. Es débil en las zonas bajas que fueron convertidas en plantaciones, pero la mayor parte de las zonas montañosas están protegidas. Yo no creo que haya ningún ecosistema importante que no sea parte de algún área protegida”, dice Douglas Stotz, un ornitólogo del Field Museum de Chicago.

Entre estos ecosistemas destacan la península de Zapata, el arrecife coralino de los Jardines de la Reina y el parque Humboldt, los cuales albergan especies exóticas como el zunzuncito (Mellisuga helenae), el pájaro más pequeño del mundo, el almiquí (Solenodon cubanus), uno de los mamíferos más escurridizos del planeta, y la cartacuba (Todus multicolor), un endémico pájaro con el dorso de un intenso verde y un penacho rojo bajo el pico.

Sobre este último animal, Stotz dice que “si se les conociera mejor, todo el mundo se enamoraría de ellos. Son unos pájaros muy, muy adorables. Anidan en cooperativas, así que tienen una biología asociada a ellos que no ha sido muy bien estudiada”, dice, refiriéndose a la forma en la que estos pájaros colaboran para cuidar a sus crías.

Stotz dice estar impresionado con el profundo conocimiento que sus colegas cubanos tienen sobre la flora y fauna del país, pero se lamenta porque dice que por culpa del embargo “se están quedando atrás en cosas que ayudan a entender la diversidad mejor, especialmente las tecnologías de genética”.

Además de análisis genéticos para hacer estudios taxonómicos y evolutivos de la flora y fauna cubanas, una mayor colaboración entre biólogos estadounidenses y cubanos también puede traer frutos en áreas como la botánica y la conservación.

Por ejemplo, Boom está deseoso de seguir colaborando con sus colegas cubanos para estudiar las Melastomataceae, una familia de plantas endémica de la que se conoce poco, en parte por la falta de fondos y porque abunda en zonas remotas del extremo oriente de Cuba. De hecho, su equipo aún no ha logrado recolectar muestras ni hacer análisis genéticos.

“Parte de lo que estamos intentando hacer es crear un árbol filogenético actualizado de esta familia usando evidencia genética, por lo que estamos haciendo expediciones específicas entre el NYBG y científicos cubanos al este de Cuba, porque esta es una familia de gran importancia para Cuba, especialmente en las montañas”, dice Boom.

Los datos de este estudio que está siendo financiado con fondos privados van a ser usados por el gobierno cubano para elaborar mapas sobre la biodiversidad en Cuba, los cuales servirán para producir modelos que ayudarán a predecir cómo el calentamiento global impactará diversos hábitats, explica Boom.


El Parque Nacional Alejandro de Humboldt es hogar de al menos 21 especies distintas de lagartos anolis. La de la foto es Anolis equestris. ©AMNH/R. Mickens

FRUCTÍFERA COLABORACIÓN

La exhibición del AMNH es en parte el resultado de una expedición conjunta entre el museo neoyorquino y el MNHNC en noviembre de 2015 al Parque Nacional Alejandro de Humboldt, un bosque que es el ejemplo perfecto de las sorpresas que esconde la biodiversidad de Cuba.

Este parque entusiasma a los investigadores porque está relativamente inexplorado, y porque, al ser el más grande del Caribe, abarca muchos ecosistemas –desde una zona costera seca hasta el bosque húmedo y montañas de gran elevación–.

“Para nosotros no es tan fácil acceder al parque y todo esto, bueno, requiere recursos y ahora esta expedición propició estas condiciones y fue muy interesante para nosotros”, dice Taboada, que participó en los trabajos de campo en el parque.

Durante cuatro semanas explorando selvas vírgenes, este equipo binacional de ornitólogos, herpetólogos, mastozoólogos, aracnólogos y microbiólogos recolectó numerosos especímenes, con los cuales esperan identificar nuevas especies de insectos, arañas y caracoles desconocidas para la ciencia. Y eso no es todo.

“En cuanto a las especies que me interesan, que son los lagartos, las ranas y las serpientes, encontramos algunas muy raras que pocas veces se habían visto en Cuba. Eso fue emocionante. Es demasiado pronto para estar seguros, pero creemos que tenemos algunos candidatos para nuevas especies que nunca antes han sido descritas”, dice Raxworthy.

Y ese puede ser solo el principio. Si a través de mayor colaboración se consiguen más fondos para hacer estudios de campo, y las restricciones del embargo siguen relajándose, la comunidad científica podría identificar muchas más especies.

“Probablemente no sea una barbaridad decir que la diversidad de anfibios en Cuba, en cuanto al número de especies, podría tal vez duplicarse en los próximos 50 años gracias a nuevos descubrimientos”, concluye Raxworthy.

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