| Plutonomía y precariado: el declive de la economía estadounidense |
| Noam Chomsky · · · · · |
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El movimiento “Ocupemos” ha experimentado un desarrollo estimulante. Hasta donde mi memoria alcanza, no ha habido nunca nada parecido. Si consigue reforzar sus lazos y las asociaciones que se han creado en estos meses a lo largo del oscuro periodo que se avecina –no habrá victoria rápida– podría protagonizar un momento decisivo en la historia de los Estados Unidos.
La singularidad de este movimiento no debería sorprender. Después de todo, vivimos una época inédita, que arranca en 1970 y que ha supuesto un auténtico punto de inflexión en la historia de los Estados Unidos. Durante siglos, desde sus inicios como país, fueron una sociedad en desarrollo. Que no lo fueran siempre en la dirección correcta es otra historia. Pero en términos generales, el progreso supuso riqueza, industrialización, desarrollo y esperanza. Existía una expectativa más o menos amplia de que esto seguiría siendo así. Y lo fue, incluso en los tiempos más oscuros.
Tengo edad suficiente para recordar la Gran Depresión. A mediados de los años 30, la situación era objetivamente más dura que la actual. El ánimo, sin embargo, era otro. Había una sensación generalizada de que saldríamos adelante. Incluso la gente sin empleo, entre los que se contaban algunos parientes míos, pensaba que las cosas mejorarían. Existía un movimiento sindical militante, especialmente en el ámbito del Congreso de Organizaciones Industriales. Y se comenzaban a producir huelgas con ocupación de fábricas que aterrorizaban al mundo empresarial –basta consultar la prensa de la época-. Una ocupación, de hecho, es el paso previo a la autogestión de las empresas. Un tema, dicho sea de paso, que está bastante presente en la agenda actual. También la legislación del New Deal comenzaba a ver la luz a resultas de la presión popular. A pesar de que los tiempos eran duros, había una sensación, como señalaba antes, de que se acabaría por “salir de la crisis”.
Hoy las cosas son diferentes. Entre buena parte de la población de los Estados Unidos reina una marcada falta de esperanza que a veces se convierte en desesperación. Diría que esta realidad es bastante nueva en la historia norteamericana. Y tiene, desde luego, una base objetiva.
La clase trabajadora
En los años 30’ del siglo pasado los trabajadores desempleados podían pensar que recuperarían sus puestos de trabajo. Actualmente, con un nivel de paro similar al existente durante la Depresión, es improbable, si la tendencia persiste, que un trabajador manufacturero vaya a recuperar el suyo. El cambio tuvo lugar hacia 1970 y obedece a muchas razones. Un factor clave, bien analizado por el historiador económico Robert Brenner, fue la caída del beneficio en el sector manufacturero. Pero también hubo otros. La reversión, por ejemplo, de varios siglos de industrialización y desarrollo. Por supuesto, la producción de manufacturas continuó del otro lado del océano, pero en perjuicio, y no en beneficio, de las personas trabajadoras. Junto a estos cambios, se produjo un desplazamiento significativo de la economía del ámbito productivo –de cosas que la gente necesitara o pudiera usar- al de la manipulación financiera. Fue entonces, en efecto, cuando la financiarización de la economía comenzó a extenderse.
Los bancos
Antes de 1970, los bancos eran bancos. Hacían lo que se espera que un banco haga en una economía capitalista: tomar fondos no utilizados de una cuenta bancaria, por ejemplo, y darles una finalidad potencialmente útil como ayudar a una familia a que se compre una casa o a que envíe a su hijo a la escuela. Esto cambió de forma dramática en los setenta. Hasta entonces, y desde la Gran Depresión, no había habido crisis financieras. Los años cincuenta y sesenta fueron un periodo de gran crecimiento, el más alto en la historia de los Estados Unidos y posiblemente en la historia económica. Y fue igualitario. Al quintil más bajo de la sociedad le fue tan bien como al más alto. Mucha gente accedió a formas de vida más razonables –de “clase media”, como se llamó aquí, de “clase trabajadora”, en otros países–. Los sesenta, por su parte, aceleraron el proceso. Tras una década un tanto sombría, el activismo de aquellos años civilizó el país de forma muchas veces duradera. Con la llegada de los setenta, se produjeron una serie de cambios abruptos y profundos: desindustrialización, deslocalización de la producción y un mayor protagonismo de las instituciones financieras, que crecieron enormemente. Yo diría que entre los años cincuenta y sesenta se produjo un fuerte desarrollo de lo que décadas después se conocería como economía de alta tecnología: computadores, Internet y revolución de las tecnologías de la información, que se desarrollaron sustancialmente en el sector estatal. Estos cambios generaron un círculo vicioso. Condujeron a una creciente concentración de riqueza en manos del sector financiero, pero no beneficiaron a la economía (más bien la perjudicaron, al igual que a la sociedad).
Política y dinero
La concentración de riqueza trajo consigo una mayor concentración de poder político. Y la concentración de poder político dio lugar a una legislación que intensificaría y aceleraría el ciclo. Esta legislación, bipartidista en lo esencial, comportó la introducción de nuevas políticas fiscales, así como de medidas desreguladoras del gobierno de las empresas. Junto a este proceso, se produjo un aumento importante del coste de las elecciones, lo que hundió aún más a los partidos políticos en los bolsillos del sector empresarial.
Los partidos, en realidad, comenzaron a degradarse por diferentes vías. Si una persona aspiraba a un puesto en el Congreso, como la presidencia de una comisión, lo normal era que lo obtuviera a partir de su experiencia y capacidad personal. En solo un par de años, tuvieron que comenzar a contribuir a los fondos del partido para lograrlo, un tema bien estudiado por gente como Tom Ferguson. Esto, como decía, aumentó la dependencia de los partidos del sector empresarial (y sobre todo, del sector financiero).
Este ciclo acabó con una tremenda concentración de riqueza, básicamente en manos del primer uno por ciento de la población. Mientras tanto, se abrió un período de estancamiento e incluso de decadencia para la mayoría de la gente. Algunos salieron adelante, pero a través de medios artificiales como la extensión de la jornada de trabajo, el recurso al crédito y al sobreendeudamiento o la apuesta por inversiones especulativas como las que condujeron a la reciente burbuja inmobiliaria. Muy pronto, la jornada laboral acabó por ser más larga en Estados Unidos que en países industrializados como Japón o que otros en Europa. Lo que se produjo, en definitiva, fue un período de estancamiento y de declive para la mayoría unido a una aguda concentración de riqueza. El sistema político comenzó así a disolverse.
Siempre ha existido una brecha entre la política institucional y la voluntad popular. Ahora, sin embargo, ha crecido de manera astronómica. Constatarlo no es difícil. Basta ver lo que está ocurriendo con el gran tema que ocupa a Washington: el déficit. El gran público, con razón, piensa que el déficit no es la cuestión principal. Y en verdad no lo es. La cuestión importante es la falta de empleo. Hay una comisión sobre el déficit pero no una sobre el desempleo. Por lo que respecta al déficit, el gran público tiene su posición. Las encuestas lo atestiguan. De forma clara, la gente apoya una mayor presión fiscal sobre los ricos, la reversión de la tendencia regresiva de estos años y la preservación de ciertas prestaciones sociales. Las conclusiones de la comisión sobre el déficit seguramente dirán lo contrario. El movimiento de ocupación podría proporcionar una base material para tratar de neutralizar este puñal que apunta al corazón del país.
Plutonomía y precariado
Para el grueso de la población –el 99%, según el movimiento Ocupemos– estos tiempos han sido especialmente duros, y la situación podría ir a peor. Podríamos asistir, de hecho, a un período de declive irreversible. Para el 1% -e incluso menos, el 0,1%- todo va bien. Son más ricos que nunca, más poderosos que nunca y controlan el sistema político, de espaldas a la mayoría. Si nada se lo impide, ¿por qué no continuar así?
Tomemos el caso de Citigroup. Durante décadas, ha sido uno de los bancos de inversión más corruptos. Sin embargo, ha sido rescatado una y otra vez con dinero de los contribuyentes. Primero con Reagan y ahora nuevamente. No incidiré aquí en el tema de la corrupción, pero es bastante alucinante. En 2005, Citigroup sacó unos folletos para inversores bajo el título: “Plutonomía: comprar lujo, explicar los desequilibrios globales”. Los folletos animaban a los inversores a colocar dinero en un “índice de plutonomía”. “El mundo –anunciaban- se está dividiendo en dos bloques: la plutonomía y el resto”.
La noción de plutonomía apela a los ricos, a los que compran bienes de lujo y todo lo que esto conlleva. Los folletos sugerían que la inclusión en el “índice de plutonomía” contribuiría a mejorar los rendimientos de los mercados financieros. El resto bien podía fastidiarse. No importaba. En realidad, no eran necesarios. Estaban allí para sostener a un Estado poderoso, que rescataría a los ricos en caso de que se metieran en problemas. Ahora, estos sectores suelen denominarse “precariado” –gente que vive una existencia precaria en la periferia de la sociedad–. Solo que cada vez es menos periférica. Se está volviendo una parte sustancial de la sociedad norteamericana y del mundo. Y los ricos no lo ven tan mal.
Por ejemplo, el ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, llegó a ir al Congreso, durante la gestión de Clinton, a explicar las maravillas del gran modelo económico que tenía el honor de supervisar. Fue poco antes del estallido del crack en el que tuvo una responsabilidad clarísima. Todavía se le llamaba “San Alan” y los economistas profesionales no dudaban en describirlo como uno de los más grandes. Dijo que gran parte del éxito económico tenía que ver con la “creciente inseguridad laboral”. Si los trabajadores carecen de seguridad, si forman parte del precariado, si viven vidas precarias, renunciarán a sus demandas. No intentarán conseguir mejores salarios o mejores prestaciones. Resultarán superfluos y será fácil librarse de ellos. Esto es lo que, técnicamente hablando, Greenspan llamaba una economía “saludable”. Y era elogiado y enormemente admirado por ello.
La cosa, pues, está así: el mundo se está dividiendo en plutonomía y precariado –el 1 y el 99 por ciento, en la imagen propagada por el movimiento Ocupemos. No se trata de números exactos, pero la imagen es correcta. Ahora, es la plutonomía quien tiene la iniciativa y podría seguir siendo así. Si ocurre, la regresión histórica que comenzó en los años setenta del siglo pasado podría resultar irreversible. Todo indica que vamos en esa dirección. El movimiento Ocupemos es la primera y más grande reacción popular a esta ofensiva. Podría neutralizarla. Pero para ello es menester asumir que la lucha será larga y difícil. No se obtendrán victorias de la noche a la mañana. Hace falta crear estructuras nuevas, sostenibles, que ayuden a atravesar estos tiempos difíciles y a obtener triunfos mayores. Hay un sinnúmero de cosas, de hecho, que podrían hacerse.
Hacia un movimiento de ocupación de los trabajadores
Ya lo mencioné antes. En los años treinta del siglo pasado, las huelgas con ocupación de los lugares de trabajo eran unas de las acciones más efectivas del movimiento obrero. La razón era sencilla: se trataba del paso previo a la toma de las fábricas. En los años setenta, cuando el nuevo clima de contrarreforma comenzaba a instalarse, todavía pasaban cosas importantes. En 1977, por ejemplo, la empresa US Steel decidió cerrar una de sus sucursales en Youngstown, Ohio. En lugar de marcharse, simplemente, los trabajadores y la comunidad se propusieron unirse y comprarla a los propietarios para luego convertirla en una empresa autogestionada. No ganaron. Pero de haber conseguido el suficiente apoyo popular, probablemente lo habrían hecho. Gar Alperovitz y Staufhton Lynd, los abogados de los trabajadores, han analizado con detalle esta cuestión. Se trató, en suma, de una victoria parcial. Perdieron, pero generaron otras iniciativas. Esto explica que hoy, a lo largo de Ohio y de muchos otros sitios, hayan surgido cientos, quizás miles de empresas de propiedad comunitaria, no siempre pequeñas, que podrían convertirse en autogestionadas. Y esta sí es una buena base para una revolución real.
Algo similar pasó en la periferia de Boston hace aproximadamente un año. Una multinacional decidió cerrar una instalación rentable que producía manufacturas con alta tecnología. Evidentemente, para ellos no era lo suficientemente rentable. Los trabajadores y los sindicatos ofrecieron comprarla y gestionarla por sí mismos. La multinacional se negó, probablemente por consciencia de clase. Creo que no les hace ninguna gracia que este tipo de cosas pueda ocurrir. Si hubiera habido suficiente apoyo popular, algo similar al actual movimiento de ocupación de las calles, posiblemente habrían tenido éxito.
Y no es el único proceso de este tipo que está teniendo lugar. De hecho, se han producido algunos con una entidad mayor. No hace mucho, el presidente Barack Obama tomó el control estatal de la industria automotriz, la propiedad de la cual estaba básicamente en manos de una miríada de accionistas. Tenía varias posibilidades. Pero escogió esta: reflotarla con el objetivo de devolverla a sus dueños, o a un tipo similar de propiedad que mantuviera su estatus tradicional. Otra posibilidad era entregarla a los trabajadores, estableciendo las bases de un sistema industrial autogestionado que produjera cosas necesarias para la gente. Son muchas, de hecho, las cosas que necesitamos. Todos saben o deberían saber que los Estados Unidos tienen un enorme atraso en materia de transporte de alta velocidad. Es una cuestión seria, que no sólo afecta la manera en que la gente vive, sino también la economía. Tengo una historia personal al respecto. Hace unos meses, tuve que dar un par de charlas en Francia. Había que tomar un tren desde Avignon, al sur, hasta el aeropuerto Charles de Gaulle, en París. La distancia es la misma que hay entre Washington DC y Boston. Tardé dos horas. No sé si han tomado el tren que va de Washington a Boston. Opera a la misma velocidad que hace sesenta años, cuando mi mujer y yo nos subimos por primera vez. Es un escándalo.
Nada impide hacer en los Estados Unidos lo que se hace en Europa. Existe la capacidad y una fuerza de trabajo cualificada. Haría falta algo más de apoyo popular, pero el impacto en la economía sería notable. El asunto, sin embargo, es aún más surrealista. Al tiempo que desechaba esta opción, la administración Obama envió a su secretario de transportes a España para conseguir contratos en materia de trenes de alta velocidad. Esto se podría haber hecho en el cinturón industrial del norte de los Estados Unidos, pero ha sido desmantelado. No son, pues, razones económicas las que impiden desarrollar un sistema ferroviario robusto. Son razones de clase, que reflejan la debilidad de la movilización popular.
Cambio climático y armas nucleares
Hasta aquí me he limitado a las cuestiones domésticas, pero hay dos desarrollos peligrosos en el ámbito internacional, una suerte de sombra que planea sobre todo lo el análisis. Por primera vez en la historia de la humanidad, hay amenazas reales a la supervivencia digna de las especies.
Una de ellas nos ha estado rondando desde 1945. Es una especie de milagro que la hayamos sorteado. Es la amenaza de la guerra nuclear, de las armas nucleares. Aunque no se habla mucho de ello, esta amenaza no ha dejado de crecer con el gobierno actual y sus aliados. Y hay que hacer algo antes de que estemos en problemas serios.
La otra amenaza, por supuesto, es la catástrofe ambiental. Prácticamente todos los países en el mundo están tratando de hacer algo al respecto, aunque sea de manera vacilante. Los Estados Unidos también, pero para acelerar la amenaza. Son el único país de los grandes que no ha hecho nada constructivo para proteger el medio ambiente, que ni siquiera se ha subido al tren. Es más, en cierta medida, lo están empujando hacia atrás. Todo esto está ligado a la existencia de un gigantesco sistema de propaganda que el mundo de los negocios despliega con orgullo y desfachatez con el objetivo de convencer a la gente de que el cambio climático es una patraña de los progres “¿Por qué hacer caso a estos científicos?”.
Estamos viviendo una auténtica regresión a tiempos muy oscuros. Y no lo digo en broma. De hecho, si se piensa que esto está pasando en el país más poderoso y rico de la historia, la catástrofe parece inevitable. En una generación o dos, cualquier otra cosa de la que hablemos carecerá de importancia. Hay que hacer algo, pues, y hacerlo pronto, con dedicación y de manera sostenible. No será sencillo. Habrá, por descontado, obstáculos, dificultades, fracasos. Es más: si el espíritu surgido el año pasado, aquí y en otros rincones del mundo, no crece y consigue convertirse en una fuerza de peso en el mundo social y político, las posibilidades de un futuro digno no serán muy grandes.
Noam Chomsky es profesor emérito del Departamento de Lingüística y Filosofía del MIT. Universalmente reconocido como renovador de la lingüística contemporánea, es el autor vivo más citado, el intelectual público más destacado de nuestro tiempo y una figura política emblemática de la resistencia antiimperialista mundial.
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lunes, 14 de mayo de 2012
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sábado, 12 de mayo de 2012
Informar no es contrarrevolucionario
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Por Joseba Macías
(**)
Dos décadas trabajando como periodista extranjero en Cuba dan para mucho. El uruguayo Fernando Ravsberg (1957), actual corresponsal de la BBC en la Isla, trata de acercar al resto del mundo la verdadera realidad de la Revolución en estos tiempos de cambios y transformaciones.
- Llevas veinte años en Cuba, Fernando, en tareas de periodista. Creo que tu primer trabajo fue con la radiotelevisión sueca- Sí, así es. Me enviaron porque entonces en todo el mundo se consideraba que la caída de Fidel Castro era inminente. Además, las expectativas de los medios de comunicación occidentales eran que ese cambio de gobierno iba a ser, sin duda, violento.
- Nos gustaría conocer tu opinión respecto al periodismo que se hace en Cuba. ¿Se informa bien en la Revolución?- Yo creo que los cubanos se informan mal. Creo que los medios de comunicación cubanos informan mal. Eso tiene que ver especialmente con todo un sistema establecido en torno a los medios. En primer lugar, hay una sola línea editorial. Y en segundo lugar, quienes dirigen esa línea editorial están bastante lejos de los medios. Se sale siempre tarde y mal. Me acuerdo que hace ya un tiempo escribí una nota titulada “Los que mandan y los que saben”.
- ¿Y las nuevas generaciones de profesionales? ¿Los jóvenes periodistas también están sujetos a este particular “control mediático”?- Yo he hablado mucho con jóvenes periodistas a lo largo de estos años. Me han invitado en diversas ocasiones pero siempre en un particular “clima de clandestinidad”. Tuve una conferencia en la Facultad de La Habana, dentro de las aulas, que después me enteré que era “clandestina”. Y tuve otra, a la que me invitaron, en la Universidad de Villa Clara. Negaron todos los locales y cuando me llamaron por teléfono para comentármelo, les propuse llevar el debate al Parque de la ciudad, sentándonos todos en el suelo. A las pocas horas ya había aparecido un local…
- Algo parecido está ocurriendo también en los últimos años en el mundo cinematográfico y audiovisual. Ahí está, por ejemplo, la labor que vienen desarrollando los jóvenes realizadores…- Sí, es cierto, pero ese fenómeno no es nuevo. El cine en Cuba siempre ha venido a cubrir el papel que la prensa no ha podido desarrollar. Yo me acuerdo que cuando llegué hice un trabajo sobre la censura y entrevisté al gran documentalista Santiago Álvarez, que vino a decirme que tanto en el capitalismo como en el socialismo el oficio de periodismo no es tarea fácil. No sé las razones últimas por las que el cine ha tenido más espacios de libertad. Fíjate que el ICAIC nunca cayó en manos del Departamento Ideológico.
Fue lo único que se les escapó. Quizá porque Fidel lo protegió... Cada vez que el Departamento Ideológico intentó hacerse con el control, el propio Fidel lo paró.
Yo creo que el gran drama de este país es el Departamento Ideológico. Si yo fuera el jefe de la CIA trataría de que se mantuviera como fuera. Es, sin duda, el mayor éxito de Estados Unidos en lo relativo a la in formación.
- ¿Y quién está detrás en este momento del Departamento Ideológico? ¿Fidel, Raúl?- No, no, el Partido. Ellos funcionan como un grupo aparte.
Mira, te voy a contar una anécdota: yo tuve una reunión con Fidel a la que asistí junto a otros catorce periodistas. Fue una cena en la que íbamos a hablar de problemas del trabajo, etc.
-¿Quieres decir que vivían mejor en el “socialismo de Fidel”?
- Claro, ellos con Fidel vivían muy bien porque él era siempre muy suave en las respuestas, muy cuidadoso… Y eso ha cambiado ahora. Primero, se está intentado construir una economía más eficiente. Cuando tú haces una economía más eficiente es difícil robar. Si tú tienes dos tasas de cambio, dos monedas, dos contabilidades… Ahí lo que puedes es robar a dos manos. Ahora, tú has una sola moneda o encamínate hacia ella y se acabó el robo. Por ejemplo, en el gobierno anterior (el cubano se enoja mucho cuando hablo del “gobierno anterior”) la persecución era contra el tipo que vendía el helado en la calle. Ahora no. Hace poco le cayeron encima a un amigo mío que vende helados y le dijeron: “Tú vendes bocadillos de helado”. “No, yo no…”. “Sí mira, esos que tienes ahí. Pero no te preocupes, que tú no nos interesas. Nos interesa el que te trae el helado”. “Pero no, porque son amigos míos”. “Tú tranquilo, tampoco nos interesan ellos, no les va a pasar nada.
- ¿Qué pasa? Lo que ya “papá” no les podía dar, se lo facilitaba la empresa extranjera. Pero a costa de “robar a dos manos”.
- Por ejemplo, el hijo de Almeida, Juan, al que yo entrevisté aquí. Él me dijo: “Si quieres yo te hago la entrevista pero vamos a hablar claro”. Y él me contó que traficaba con obras de arte, con tabacos, que sacó gen te del país pero no les cobraba nada… Claro, cobres o no cobres, el tráfico ilegal de personas está prohibido en Cuba, en México o en Estados Unidos, que era el destino final. Esa es la “actividad” de estos muchachos, que muchos de ellos ahora están presos… En estas semanas se están pasando entre los militantes del Partido unos vídeos que reflejan todo esto. Sale un hombre diciendo: “A mí no me va a pasar nada porque yo soy socio de fulanito, hijo de…” Y ese “fulanito” y el “hijo de…” están actualmente presos. Las cosas han cambiado en ese aspecto. Y así están las cosas ahora. Cuando comenzamos a hablar de esto, del poder de la burocracia, algunos dirigentes cubanos se reían. “Tú estás loco” me decían, “nadie tiene fuerza aquí para enfrentarse a ese poder porque controla todo el aparato económico…
- De ese tema hablaste en una de tus crónicas hace ya unos meses señalando que el retraso no se debía a cuestiones técnicas sino a un caso de alta corrupción…- ¿Y tú has visto que alguien haya desmentido esa información? Primero nadie me desmintió; segundo, nadie me citó en la cancillería para decirme que eso no era cierto. Y, tercero, que el cable no funciona muchos meses después. ¿Qué pasó?
-En este último tiempo ha habido intentos por parte del Gobierno de buscar nuevos mecanismos de retroalimentación en el ámbito periodístico. Uno de ellos es, por ejemplo, la nueva edición amplia da del Granma de los viernes, desde marzo de 2008, dando un espacio directo para la crítica y los comentarios de los lectores…
- A mí me parece bien, claro, pero considero que es un proceso muy filtrado. Van soltando los comentarios y las opiniones en función de que ellos saben que el Gobierno va a mover ficha en un sentido o en otro. Si saben que el gobierno va a entregar las barberías empiezan con eso… Y créeme que la gente no es tonta, no es un proceso transparente. El intento más importante que ha habido en este sentido es el de “Acuse de recibo” en el diario Juventud Rebelde. Pero a su coordinador, José Alejandro, le cortaron las alas rapidito. Dedícate al tipo que denuncia los problemas con la basura, con el bache en la esquina… Y no profundices más. Mientras la estructura sea la misma y los que dirigen sean los mismos, no puede haber ningún tipo de cambio.
- ¿Y un programa como “Hablando claro” en Radio Rebelde?
- ¿Y la revista Temas?- Está muy bien pero es una cosa local, con escasa incidencia. Yo recuerdo que estuve en uno de los Últimos Jueves que organiza la revista una vez mensualmente con un debate público y abierto. Era una discusión en torno a cuestiones económicas y
estaba presente el último ministro de economía con Fidel que defendió honestamente su modelo. Lo machacaron. Publiqué eso e inmediatamente le llegó a Temas la prohibición de grabar o mencionar nada de lo que hubiera en esos espacios. Y yo saqué una nueva nota comentando la prohibición. En fin…
-Te refieres a la creación de un “estado de opinión” entre las élites.- Exacto. Por ejemplo, mucho más cercana es la revista católica Espacio Laical. Es intelectual pero más cercana a la gente por lo que cuenta y cómo lo cuenta.
-¿Y la televisión?- Todos los medios están controlados políticamente por el Partido. O por el DOR, para ser más exactos. Ahora, depende de quién y de dónde. Por ejemplo, hablemos de Lázaro Expósito, secretario del Partido en Santiago de Cuba. Todo un personaje y, además, sumamente eficiente.
- ¿Cómo consideras la labor de los corresponsales extranjeros en Cuba?- Es una generalidad demasiado abierta. Aquí hay periodistas de medios tan diversos como la línea editorial que podía tener El País o la que tiene L´Unitá, el periódico comunista italiano.
No se puede hablar de un bloque. Ten en cuenta también que hay personas y personas, periodistas con más profesión que otros… Gente que accede incluso a que le cambien las notas que él escribió, a que le digan lo que hay que escribir desde la redacción central…Realmente aquí estamos para cosas distintas. En el caso nuestro, el de la BBC, te puedo decir que el hecho de ser un medio público nos permite tener una cierta libertad editorial que otros medios no tienen. Nuestra aportación no es sólo dar noticias, sino contextualizar y profundizar en los temas. Te pongo un ejemplo: semanas atrás estaba escribiendo una nota sobre Villas, el preso muerto en Santiago de Cuba. El Gobierno señala que es un preso común pero, a la vez, te dice que no hay presos políticos, con lo cual no hay otros espacios posibles para la diferenciación.
- Semanas atrás se celebraba la Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba. En la clausura Raúl Castro anunciaba que la Revolución continuará con un solo partido reclamando una sociedad más democrática y con una prensa profesionalmente más preparada…- Yo creo que no ha habido sorpresas y estamos también ante un proceso de adecuación a los nuevos tiempos. Se trata, en definitiva, de no cambiar las herramientas sino de mejorar su eficiencia y, en mi opinión, la reforma económica en su conjunto sale fortalecida al dificultar en el futuro la labor de los sectores” obstruccionistas”.
-Pero son muchas las voces que señalan que el peso de los militares en el proceso actual es una evidencia.- No, yo no lo creo. A corto plazo es verdad. Los cuadros vienen del Partido y de las Fuerzas Armadas. Tú no puedes tener unas fuerzas armadas que sean eficientes (y las cubanas en África demostraron que sí lo eran) siendo un ejército con jefes a los que se les dice siempre: “sí, señor”. Tienes que tener un ejército con iniciativa, con capacidad de discrepancia. De esas dos fuentes es de dónde saca Raúl sus cuadros…
-Cambiando de tema, Fernando, hay un rumor muy extendido que sitúa cambios importantes en el ámbito migratorio en los próximos meses.- Ellos tienen una verdadera obsesión por la unidad. Ten en cuenta que esa idea tiene sus razones históricas: siempre les quebraron por pelearse entre ellos. Fidel la tenía todavía más, pero Raúl mantiene esa misma actitud. La política es avanzar con todos, llevar a todo el mundo… De hecho lo que Raúl hizo fue incorporar al Gobierno a muchos de los cuadros opuestos en un primer momento a las reformas. Los que han sido capaces de llevar adelante esas tareas siguen en el Gobierno y los que no, han sido apartados. Y estamos hablando de cuadros de primer nivel.
ENTREVISTA A FERNANDO RAVSBERG (*)
Por Joseba Macías
(**)Dos décadas trabajando como periodista extranjero en Cuba dan para mucho. El uruguayo Fernando Ravsberg (1957), actual corresponsal de la BBC en la Isla, trata de acercar al resto del mundo la verdadera realidad de la Revolución en estos tiempos de cambios y transformaciones.
Admirado por unos, rechazado por otros, sus crónicas desde la
cotidianidad caribeña no dejan indiferente a nadie. Con él estuvimos una larga
tarde-noche de tertulia y café en su casa de La Habana charlando en torno a
cuestiones tan diversas como el periodismo en Cuba, la situación económica o el
futuro político inmediato de la Revolución. Ravsberg habla claro y directo:
“Aquí hay una burocracia corrupta a la que no le interesa el
socialismo”.
- Llevas veinte años en Cuba, Fernando, en tareas de periodista. Creo que tu primer trabajo fue con la radiotelevisión sueca- Sí, así es. Me enviaron porque entonces en todo el mundo se consideraba que la caída de Fidel Castro era inminente. Además, las expectativas de los medios de comunicación occidentales eran que ese cambio de gobierno iba a ser, sin duda, violento.
Yo
había vivido el final de Pinochet en Chile, había estado en Perú en los años de
Sendero Luminoso, había trabajado en Centroamérica… Tenía una cierta experiencia
y por eso me propusieron venir a la Isla. En cuanto llegué, pude ver enseguida
que lo que aquí ocurría no tenía nada que ver con la visión que nosotros
teníamos en Europa.
Recuerdo bien una conversación que tuve con mi jefe en la que él me
hablaba de la toma de las embajadas en La Habana. “Es verdad” –le dije–, “dentro
de la embajada de España hay ahora mismo veinte personas en señal de protesta… Y
a 50 metros está pasando el Carnaval en el que están participando como unos
300.000 cubanos bailando y tomando cerveza. ¿Cuál es la verdadera Cuba?” Yo,
realmente, no veía síntomas de nada de lo que imaginábamos fuera. Entonces
intentamos explicar qué es lo que estaba pasando realmente. Yo le decía a mi
jefe que no conocíamos nada de este país, ni siquiera cuál es su religión. “Cómo
que no” –me dijo–“son católicos”. “No” –le contesté–, “no son católicos”. “¿Vas
a decirme entonces que son ateos?” “No, tampoco” –le contesté–“son macumberos.
Todos son macumberos”.
Así, el
primer reportaje que hicimos se tituló precisamente “Los dioses de Cuba” y
hablamos de la santería en un momento en el que la cuestión era absolutamente
tabú. Recuerdo que un funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores me
amenazó con expulsarme si yo mostraba la imagen de un chivo degollado en un
sacrificio.
Ten en
cuenta que en aquellos días la santería era vista como una cosa vergonzosa… Ahí
empezamos a tratar de dar una visión distinta de Cuba. Era aquel tiempo en el
que corríamos de un lado para otro a la “caza y captura” de “alzamientos
populares”, tanques en las calles, golpes de estado y todo
eso.
Así,
cuando llegábamos a barrios habaneros como El Cotorro, porque nos habían dicho
que se había alzado completamente, te encontrabas con gente comiendo un helado
por la calle o haciendo cola para comprar en algún
mercado…
Nos
costó mucho, la verdad, ir a contramarcha pero, a la larga, esa actitud te da
credibilidad, que es a lo que, al fin y al cabo, todo periodista debe aspirar.
Esa ha sido nuestra política informativa.
Recuerdo que unos años atrás, por ejemplo, hice un reportaje sobre la
oposición interna que me costó prácticamente que me acusaran en muchos sitios de
“castrista”. Unos años después, Wikileaks reveló que el embajador norteamericano
en La Habana recomendaba leer ese artículo para entender cuál es la verdadera
realidad de esa oposición. Al final, las aguas se van acomodando y si dices la
verdad o tratas de acercarte lo más posible a ella, las cosas toman su
cauce.
Esa era
la idea pero realmente fueron años muy duros, incluso a nivel personal. En
aquellos tiempos –años 90, Pe río do Especial– nadie escapaba a esas
complicaciones. Pero bueno, aquí estamos”.
- Nos gustaría conocer tu opinión respecto al periodismo que se hace en Cuba. ¿Se informa bien en la Revolución?- Yo creo que los cubanos se informan mal. Creo que los medios de comunicación cubanos informan mal. Eso tiene que ver especialmente con todo un sistema establecido en torno a los medios. En primer lugar, hay una sola línea editorial. Y en segundo lugar, quienes dirigen esa línea editorial están bastante lejos de los medios. Se sale siempre tarde y mal. Me acuerdo que hace ya un tiempo escribí una nota titulada “Los que mandan y los que saben”.
En los
medios hay un amplio colectivo de profesionales que tienen una enorme capacidad.
Pero ellos no deciden. Eso no pasa únicamente en los espacios periodísticos: en
el Ministerio de Relaciones Exteriores, por ejemplo, tienen gente muy capaz, con
un verdadero conocimiento de lo que es el trabajo en y con la prensa, pero
tampoco deciden.
Así
pues, el tema viene determinado por los que deciden: un grupo de personas muy
reducido, que son fundamentalmente políticos, y que forman parte de lo que aquí
en Cuba se denomina el Departamento Ideológico (antes conocido como el
Departamento de Orientación Revolucionaria –DOR) y que son quienes marcan la
línea general de información.
En los
años 90 tuve la oportunidad de asistir a una reunión en un medio de prensa, a la
que no había sido invitado. Era el tiempo de los asaltos a las
embajadas.
Allí
estaba uno de los jefes del DOR y un periodista le preguntó en un momento
determinado: “¿Cómo es posible que nosotros, los periodistas que estamos con
la Revolución, no informemos nada de lo que está sucediendo en las Embajadas y
Radio Martí, mientras tanto, sea la fuente de in formación de la población
cubana de la Isla? Deberíamos ser nosotros” –decía el
periodista–.
La
respuesta del alto funcionario del DOR fue la siguiente: “Para un revolucionario
no hay más verdad que la del Partido y la del Gobierno. Y mientras el Partido y
el Gobierno no se expresen, esa verdad no existe”. Evidentemente eso no puede
funcionar bien. Cuando te riges por esos criterios, con una línea editorial
única, cuando los que deciden qué publicar están situados a kilómetros de la
redacción, con un aparato totalmente burocratizado para la toma de decisiones…
Fíjate ahora lo ocurrido con la muerte de Wilmar Villar en Santiago de
Cuba.
La
noticia salió tres o cuatro días después… Y no se puede alegar que el hecho les
pilló de sorpresa porque lo de este preso se veía venir… Otro ejemplo: el juicio
y la absolución de Luis Posada Carriles en Texas. Tarda ron cuatro días en
responder a ese hecho… Esa es la cuestión: hay un sistema organizado de tal
manera que no permite que funcione. Esto está haciendo aguas por todas
partes.
Que tú
tengas 33 muertos de hambre y frío en un Hospital Psiquiátrico y ningún medio de
prensa cubano envíe a un periodista para investigar el hecho, es todo un
síntoma.1 No me refiero a hablar a favor o en contra. Simplemente a investigar
qué fue lo que pasó.
- ¿Y las nuevas generaciones de profesionales? ¿Los jóvenes periodistas también están sujetos a este particular “control mediático”?- Yo he hablado mucho con jóvenes periodistas a lo largo de estos años. Me han invitado en diversas ocasiones pero siempre en un particular “clima de clandestinidad”. Tuve una conferencia en la Facultad de La Habana, dentro de las aulas, que después me enteré que era “clandestina”. Y tuve otra, a la que me invitaron, en la Universidad de Villa Clara. Negaron todos los locales y cuando me llamaron por teléfono para comentármelo, les propuse llevar el debate al Parque de la ciudad, sentándonos todos en el suelo. A las pocas horas ya había aparecido un local…
El
problema es que existe un temor en la gente a eso que podíamos llamar “pasarse
al otro lado”. O bien que les consideren que se han pasado “al otro lado”. No
podemos olvidar que aquí hay un grupo muy importan te de personas con mucho que
agradecer.
La
gente más joven tiene a su mamá que le dice: “No te olvides de dónde yo vengo” o
a la abuelita que le dice: “No sabes lo que esto era antes”… Los muchachos por
su parte piensan: “Mira, qué gano yo escribiendo una noticia si luego el
director no me la va a publicar”. Porque, ¿quiénes son los directores? Los que
mandan, pero no saben nada de periodismo.
Y
abundan los casos. Casi siempre, cuando vas a un medio, es el segundo en el
organigrama es el que verdadera mente sabe. El primero es la persona “de
confianza”. Todo eso hace que todavía sea más inoperante el proceso. Entonces,
es natural que un joven se pregunte: “¿Qué gano yo con escribir o elaborar notas
que después no se publican o no salen al aire?”
Mi
consejo personal es que aprovechen los medios digitales. Prácticamente todos los
periodistas cubanos tienen la posibilidad de tener un blog. Por eso podríamos
decir que hoy en día lo mejor que se está escribiendo en el periodismo cubano
está en los blogs. Es una tendencia mundial y, en mi opinión, aquí y ahora es el
medio más adecuado.
- Algo parecido está ocurriendo también en los últimos años en el mundo cinematográfico y audiovisual. Ahí está, por ejemplo, la labor que vienen desarrollando los jóvenes realizadores…- Sí, es cierto, pero ese fenómeno no es nuevo. El cine en Cuba siempre ha venido a cubrir el papel que la prensa no ha podido desarrollar. Yo me acuerdo que cuando llegué hice un trabajo sobre la censura y entrevisté al gran documentalista Santiago Álvarez, que vino a decirme que tanto en el capitalismo como en el socialismo el oficio de periodismo no es tarea fácil. No sé las razones últimas por las que el cine ha tenido más espacios de libertad. Fíjate que el ICAIC nunca cayó en manos del Departamento Ideológico.
Fue lo único que se les escapó. Quizá porque Fidel lo protegió... Cada vez que el Departamento Ideológico intentó hacerse con el control, el propio Fidel lo paró.
Yo creo que el gran drama de este país es el Departamento Ideológico. Si yo fuera el jefe de la CIA trataría de que se mantuviera como fuera. Es, sin duda, el mayor éxito de Estados Unidos en lo relativo a la in formación.
Son
torpes, lentos, ineficientes, están siempre a la defensiva… Lees por ejemplo el
editorial del Granma aparecido el 23 de ene ro en el que se trata de “responder”
a las acusaciones vertidas contra Cuba en torno a la muerte del preso Wilmar
Villar en la cárcel de Santiago y te das cuenta de lo que estamos hablando2. Lo
que se dice ahí es algo así como “tú que hablas, si tú también violas los
derechos humanos”, es decir, se trata prácticamente de un reconocimiento pero
además con malos argumentos, mal elaborado. Es cierto que todos los me dios en
el mundo tienen un control. No nos vamos a “pinchar la manguera entre bomberos”.
Pero esto es lo que te digo: aquí es muy estricto, un solo control y lejos,
además, de la realidad de la Cuba de hoy.
- ¿Y quién está detrás en este momento del Departamento Ideológico? ¿Fidel, Raúl?- No, no, el Partido. Ellos funcionan como un grupo aparte.
Mira, te voy a contar una anécdota: yo tuve una reunión con Fidel a la que asistí junto a otros catorce periodistas. Fue una cena en la que íbamos a hablar de problemas del trabajo, etc.
En
medio de la conversación, él dijo: “¿Pero ustedes por qué no tienen una
Asociación de Periodistas?” “Porque no nos dejan” respondimos. “Pero deberían”
–prosiguió–. “No se preocupe, Comandante, que eso se arregla rápido”, dijimos.
Al día siguiente fuimos convocados al Ministerio de Relaciones Exteriores. Allí
nos hablaron clarito: “Cuidado con lo que van a hacer”. “Pero si el Comandante
ayer nos animó a poner en marcha una asociación”, señalamos. “El que lo haga”
–terminaron–“que se atenga a las consecuencias, haya dicho lo que haya dicho el
Comandante…” Nosotros nos quedamos así, pensando en que las palabras de Fidel
habían sido claras al respecto. Y nuestros medios nos dijeron que ni un ápice de
movimiento.
En
aquellos momentos todo el mundo especulaba con la muerte de Fidel y nadie quería
perder la plaza… Lo que tequie ro decir es que se trata realmente de un ente
aparte, que funciona con muchos intereses y mucho apoyo dentro del poder porque,
en definitiva, ese es el ente que protege a los poderosos. Y, sobre todo, el que
protege a los poderosos corruptos. Ten en cuenta que una prensa activa más que
un peligro de política opositora se convierte en un peligro de
transparencia.
Tú
puedes generar un caos como el que se vivió en la Unión Soviética en los
primeros momentos del derrumbe. O, por el contrario, puedes favorecer una
apertura ordenada, civilizada, inteligente… Yo creo que hay gente preparada,
gente muy capaz… El mismo Raúl Castro ha animado continuamente a los periodistas
a realizar esa labor, pero la máquina del poder es la que es. Ese es el gran
tema. Y no sólo en el ámbito de la prensa.
Aquí
hay una burocracia corrupta a la que no le interesa el socialismo de Raúl. Sí
cualquier sistema que les permita tener ganancias.
-¿Quieres decir que vivían mejor en el “socialismo de Fidel”?
- Claro, ellos con Fidel vivían muy bien porque él era siempre muy suave en las respuestas, muy cuidadoso… Y eso ha cambiado ahora. Primero, se está intentado construir una economía más eficiente. Cuando tú haces una economía más eficiente es difícil robar. Si tú tienes dos tasas de cambio, dos monedas, dos contabilidades… Ahí lo que puedes es robar a dos manos. Ahora, tú has una sola moneda o encamínate hacia ella y se acabó el robo. Por ejemplo, en el gobierno anterior (el cubano se enoja mucho cuando hablo del “gobierno anterior”) la persecución era contra el tipo que vendía el helado en la calle. Ahora no. Hace poco le cayeron encima a un amigo mío que vende helados y le dijeron: “Tú vendes bocadillos de helado”. “No, yo no…”. “Sí mira, esos que tienes ahí. Pero no te preocupes, que tú no nos interesas. Nos interesa el que te trae el helado”. “Pero no, porque son amigos míos”. “Tú tranquilo, tampoco nos interesan ellos, no les va a pasar nada.
Queremos al jefe de la heladería que lo saca”. ¿Qué pasa? Cuando tú
metes preso al jefe de la heladería, paralizaste la red. Y además, ocupas una
sola celda. De la otra manera ocupas cien celdas y encima las llenas de
infelices porque ellos realmente se buscan la vida mientras los grandes se te
escapan y montan una nueva red. Eso es lo que se está rompiendo ahora. Cuando
Raúl Castro dijo: “ningún cubano está por encima de la ley” y a los pocos días
caen presos el hijo de fulanito y el hijo de menganito… La cadena es larga y
dicen ahora, jocosamente, que están abriendo una escuela en el campo para todos
estos “hijos de”… De todas formas, aquí hay una cosa buena a pesar de todo el
nepotismo que se dice afuera y todo eso. Salvo Fidel y Raúl que han sobrevivido
biológicamente mientras buena parte de su generación va desapareciendo (con una
historia parecida: un compromiso histórico, etc.) la mayor parte de la nueva
dirigencia joven del país no son hijos de ningún cargo político (con una
excepción: Rodrigo Malmierca, actual ministro de Comercio Exterior e hijo de un
canciller). Tampoco lo eran, por cierto, Robaina, Lage o Pérez Roque… Los “hijos
de papá” se volcaron hacia las empresas extranjeras cuando se dio la
apertura.
- ¿Qué pasa? Lo que ya “papá” no les podía dar, se lo facilitaba la empresa extranjera. Pero a costa de “robar a dos manos”.
- Por ejemplo, el hijo de Almeida, Juan, al que yo entrevisté aquí. Él me dijo: “Si quieres yo te hago la entrevista pero vamos a hablar claro”. Y él me contó que traficaba con obras de arte, con tabacos, que sacó gen te del país pero no les cobraba nada… Claro, cobres o no cobres, el tráfico ilegal de personas está prohibido en Cuba, en México o en Estados Unidos, que era el destino final. Esa es la “actividad” de estos muchachos, que muchos de ellos ahora están presos… En estas semanas se están pasando entre los militantes del Partido unos vídeos que reflejan todo esto. Sale un hombre diciendo: “A mí no me va a pasar nada porque yo soy socio de fulanito, hijo de…” Y ese “fulanito” y el “hijo de…” están actualmente presos. Las cosas han cambiado en ese aspecto. Y así están las cosas ahora. Cuando comenzamos a hablar de esto, del poder de la burocracia, algunos dirigentes cubanos se reían. “Tú estás loco” me decían, “nadie tiene fuerza aquí para enfrentarse a ese poder porque controla todo el aparato económico…
“Habían
llegado incluso, escúchame bien, a crear empresas clandestinas de aviación y
empresas clandestinas de níquel, que exportaban níquel por su cuenta. Llegaban
barcos, los cargaban de níquel y se iban. Todo el abastecimiento de habanos del
Caribe…
Imagínate el poder que tiene esa gente. Y el poder corruptor. Yo calculo
que el tema de la aviación debe haberles reportado una cantidad cercana a los
100 millones de dólares. Y te aseguro que 100 millones en Cuba es mucho dinero.
También te digo que hay mucha gente que no, que no hay dinero para comprarla, ni
aquí ni en el mundo en general.
Y esa
burocracia, la que está tratando de frenar el proceso de reformas, es a su vez
la que por supuesto es tratando de frenar a la
prensa.
Porque
imagínate una prensa desenmascarando esto… Por ejemplo, el tema del cable
telefónico que viene desde Venezuela…
- De ese tema hablaste en una de tus crónicas hace ya unos meses señalando que el retraso no se debía a cuestiones técnicas sino a un caso de alta corrupción…- ¿Y tú has visto que alguien haya desmentido esa información? Primero nadie me desmintió; segundo, nadie me citó en la cancillería para decirme que eso no era cierto. Y, tercero, que el cable no funciona muchos meses después. ¿Qué pasó?
¿Qué
cosa ha sucedido? Imagínate tú una prensa cubana investigando qué pasó con el
cable. El problema es que les hacen creer que investigar es
“contrarrevolucionario”. Pero, si yo fuera revolucionario, pensaría que
informar, investigar, contrastar, es lo más revolucionario que puedo
hacer”.
-En este último tiempo ha habido intentos por parte del Gobierno de buscar nuevos mecanismos de retroalimentación en el ámbito periodístico. Uno de ellos es, por ejemplo, la nueva edición amplia da del Granma de los viernes, desde marzo de 2008, dando un espacio directo para la crítica y los comentarios de los lectores…
- A mí me parece bien, claro, pero considero que es un proceso muy filtrado. Van soltando los comentarios y las opiniones en función de que ellos saben que el Gobierno va a mover ficha en un sentido o en otro. Si saben que el gobierno va a entregar las barberías empiezan con eso… Y créeme que la gente no es tonta, no es un proceso transparente. El intento más importante que ha habido en este sentido es el de “Acuse de recibo” en el diario Juventud Rebelde. Pero a su coordinador, José Alejandro, le cortaron las alas rapidito. Dedícate al tipo que denuncia los problemas con la basura, con el bache en la esquina… Y no profundices más. Mientras la estructura sea la misma y los que dirigen sean los mismos, no puede haber ningún tipo de cambio.
- ¿Y un programa como “Hablando claro” en Radio Rebelde?
- Me
parece muy formal. “Ahora vamos a hablar de un tema que es realmente fuerte. No
importa porque la verdad hay que decirla. En la esquina de 23 y G hay un bache…”
Es la forma, la escenificación vacía. No se tocan los problemas medulares. Estás
viviendo un cambio de orientación económica gigantesco, donde estás pasando la
mayoría de la mano de obra al sector no estatal, donde estás entregando la mayor
par te de las tierras a pequeños campesinos…
Es
prácticamente una revolución dentro de la Revolución. Y los medios de
comunicación hablando del bache…
- ¿Y la revista Temas?- Está muy bien pero es una cosa local, con escasa incidencia. Yo recuerdo que estuve en uno de los Últimos Jueves que organiza la revista una vez mensualmente con un debate público y abierto. Era una discusión en torno a cuestiones económicas y
estaba presente el último ministro de economía con Fidel que defendió honestamente su modelo. Lo machacaron. Publiqué eso e inmediatamente le llegó a Temas la prohibición de grabar o mencionar nada de lo que hubiera en esos espacios. Y yo saqué una nueva nota comentando la prohibición. En fin…
Hoy en
día lo mejor que se está escribiendo en el periodismo cubano está en los
blogs.
Además, es un espacio demasiado intelectual para el pueblo.
Además, es un espacio demasiado intelectual para el pueblo.
-Te refieres a la creación de un “estado de opinión” entre las élites.- Exacto. Por ejemplo, mucho más cercana es la revista católica Espacio Laical. Es intelectual pero más cercana a la gente por lo que cuenta y cómo lo cuenta.
Es,
además, más plural (aparecen firmas de intelectuales revolucionarios, etc.).
Temas no se lee, tienes que sentarte a estudiarla... Sin olvidar que tiene una
tirada muy limitada.
-¿Y la televisión?- Todos los medios están controlados políticamente por el Partido. O por el DOR, para ser más exactos. Ahora, depende de quién y de dónde. Por ejemplo, hablemos de Lázaro Expósito, secretario del Partido en Santiago de Cuba. Todo un personaje y, además, sumamente eficiente.
Tanto
es así que un grupo de jóvenes ha sacado una página en Facebook que se llama
“Clonemos a Expósito” y tiene como 400 seguidores… Este hombre llama a la
televisión local de Santiago a las 4 de la mañana para filmar un encuentro en la
sede del Partido. Y le dice a la cámara: “Tú empieza a filmar y no cortes, veas
lo que veas y digamos lo que digamos”. Así, llegan a una panadería y aquello es
verdaderamente lamentable: las ratas caminando por todos los lados, las
cucarachas, los kilos y kilos de masa llena de hongos, un panadero dormido
descalzo encima de la mesa donde se amasa… Y las cámaras
filmando.
Y
Expósito: “Esto no son los hombres, aquí lo que falla el sistema…” La filmación
apareció tal cual en la programación regular de la televisión de Santiago. En el
resto de Cuba circuló clandestinamente, como si fuera un vídeo de Miami. Quiero
decirte que hay un ambiente, hay espacios, que no se reflejan para nada. El
Partido controla. El DOR, para ser más precisos. Si el DOR, como en el caso de
Santiago, dice “arriba”, la televisión se abre. Si dice “no va”, la cosa no va.
Y eso es lo que dijo el Partido (el DOR) en las otras trece provincias, por lo
que mientras en Santiago se emitía por la televisión, en el resto del país
funcionó clandestinamente.
Todo
depende de eso. Es el caso del documental “Fuera de liga” que, prohibido en un
primer momento, luego fue emitido (3)… La apertura en los medios de comunicación
cubanos es muy lenta.. Y si Raúl Castro no cambia a las personas que dirigen la
prensa desde el Partido… Es lo que me decía un viejo periodista: “A mí no me
tienen que decir lo que tengo que escribir. Yo soy militante del Partido. Si yo
no sé lo que tengo que escribir que me quiten el carnet”. El tema central es
ese: en Estados Unidos tú no tienes que decirle a un periodista lo que tiene que
escribir… Tiene que romperse ese sistema creado.
No se
deciden, le tienen ganas, pero no se deciden, Raúl Castro no se decide. Yo creo
que de-ben temer un movimiento pendular, un bandazo, pero la cuestión es que no
les queda más remedio. Lo mismo ocurre con la corrupción. No la van a resolver
ni con medidas legales, como empezaron, ni con el aparato del Partido. Deben
integrar a la población (que les odia, por cierto, porque cuando un ciudadano
roba una latica de pintura lo ponen como un zapato, le putean todo lo que pueden
y después ellos
tienen cuentas en el extranjero) y, en el ámbito del que estamos hablando, deben integrar a los núcleos de periodistas. La libertad de prensa, para mí, tiene dos patas: una es que los periodistas puedan escribir libremente sobre todo lo que ocurre. Y al decir “libremente” me refiero a que mientras sea verdad, no haya cortapisas, (y eso no sólo ocurre aquí). Y la segunda pata, es que la gente pueda defenderse de lo que esos medios expresan.
tienen cuentas en el extranjero) y, en el ámbito del que estamos hablando, deben integrar a los núcleos de periodistas. La libertad de prensa, para mí, tiene dos patas: una es que los periodistas puedan escribir libremente sobre todo lo que ocurre. Y al decir “libremente” me refiero a que mientras sea verdad, no haya cortapisas, (y eso no sólo ocurre aquí). Y la segunda pata, es que la gente pueda defenderse de lo que esos medios expresan.
- ¿Cómo consideras la labor de los corresponsales extranjeros en Cuba?- Es una generalidad demasiado abierta. Aquí hay periodistas de medios tan diversos como la línea editorial que podía tener El País o la que tiene L´Unitá, el periódico comunista italiano.
No se puede hablar de un bloque. Ten en cuenta también que hay personas y personas, periodistas con más profesión que otros… Gente que accede incluso a que le cambien las notas que él escribió, a que le digan lo que hay que escribir desde la redacción central…Realmente aquí estamos para cosas distintas. En el caso nuestro, el de la BBC, te puedo decir que el hecho de ser un medio público nos permite tener una cierta libertad editorial que otros medios no tienen. Nuestra aportación no es sólo dar noticias, sino contextualizar y profundizar en los temas. Te pongo un ejemplo: semanas atrás estaba escribiendo una nota sobre Villas, el preso muerto en Santiago de Cuba. El Gobierno señala que es un preso común pero, a la vez, te dice que no hay presos políticos, con lo cual no hay otros espacios posibles para la diferenciación.
Mientras tanto, la disidencia te dice que se trata de un disidente de
larga trayectoria pero todas las referencias en este sentido ubican su posible
militancia a finales del año pasado. Y después tú dices: “Voy a hablar con la
familia, con la madre…” pero alguien me señala: “No, no, con la madre no hables
porque está ligada al Ministerio del Interior…” Es realmente muy complicado. Al
final, tú te quedas sin saber quién te está mintiendo y quién te dice la verdad.
Y no es la primera vez que me pasa… Recuerdo que en un Congreso que tuvo lugar
en 2009 en Santander, España, yo pedí en voz alta que
debíamos tener un sólo rasero cuando hablábamos de derechos humanos.
debíamos tener un sólo rasero cuando hablábamos de derechos humanos.
No
puede ser que Cuba sea una “dictadura” y Arabia Saudí una “democracia
monárquica”. Díganme ustedes, pregunté a los asistentes, cuándo se han producido
las últimas condenas a muerte en Cuba. “En el 2003”, me dijeron muchos de los
presentes “Perfecto, han pasado seis años. ¿Cuántos condenados a muerte ha
habido en este período, o en el último año, en China, en Pakistán, en Arabia
Saudí o en Estados Unidos? ¿No les parece curioso que se acuerden perfectamente
de lo que pasó hace seis años en Cuba y no supieran lo que está pasando en el
resto del mundo?
Ahí es
cuando se puso en pie un periodista de El País, Miguel Ángel Bastenier, para
decirme en voz alta: “A mí me importa más la vida de un cubano que la de cien
negros”. Ahí se acabó el debate porque yo en términos racistas no entro. Pero es
que, además de todo, si el negro fuera el presidente Obama diría otra cosa… El
contexto, como te digo, es fundamental. Tú puedes decir: “Yo no estoy de acuerdo
con que haya periodistas presos piensen lo que piensen y escriban lo que
escriban”. Pero no puedes olvidar la contextualización de lo que está pasando en
la Región. Yo no puedo ubicar a Cuba en medio de Europa o en Escandinavia. Cuan
do la contextualizo, tengo 90 muertos en Colombia, colegas de profesión. Tengo
de cenas de colegas muertos en México y en Honduras…
No
puedes decir, en ningún caso, que la peor situación de la prensa se vive en
Cuba, por favor. Es verdad que no es buena y que yo no estoy de acuerdo con
muchas cosas, Pero en absoluto es la peor. Nosotros mismos, los periodistas
extranjeros.
¿Qué es
lo más que nos puede pasar? Que nos expulsen del país. Hace poco me llegaba un
libro de una periodista española en el que contaba que cada vez que la llamaban
al Centro de Prensa Internacional (CPI) ella iba llorando y que la noche
anterior no podía dormir. Y la verdad, no sé por qué. A mí me han llamado un
montón de veces, hemos discutido un montón de cosas pero jamás nadie me ha
maltratado, nadie me ha alzado la voz… A Mauricio Vicent (el ex corresponsal de
El País) se le facilitaron todas las cosas para que se fuera: las cuestiones
legales, puede regresar cuando quiera, tiene su casa aquí, pudo vender sus
autos… Para mí, realmente, es una plaza muy segura.
¿Para
qué estamos aquí en definitiva? En mi caso, estoy tratando de informar y hablar
de lo que es Cuba más allá de la noticia puntual. Esa es la idea. Junto a esa
cuestión, no podemos olvidar que aquí hay toda una experiencia que no ha sido
reflejada. Yo estoy corriendo detrás de alguno de esos hombres y mujeres que han
estado desde mediados del siglo XX metidos en toda esta historia para que me den
una entrevista a fondo. Aquí hay que hablar del PSP, el Partido Socialista
Popular, que es la base de todo esto. Hay que hablar de las presiones
soviéticas, de un montón de cosas de las que no se ha hablado y cuyos
protagonistas se van muriendo sin que eso vaya a ninguna
parte”.
- Semanas atrás se celebraba la Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba. En la clausura Raúl Castro anunciaba que la Revolución continuará con un solo partido reclamando una sociedad más democrática y con una prensa profesionalmente más preparada…- Yo creo que no ha habido sorpresas y estamos también ante un proceso de adecuación a los nuevos tiempos. Se trata, en definitiva, de no cambiar las herramientas sino de mejorar su eficiencia y, en mi opinión, la reforma económica en su conjunto sale fortalecida al dificultar en el futuro la labor de los sectores” obstruccionistas”.
De
todos modos no ha quedado claro cuál será la fórmula para avanzar en esa
dirección: si el PCC establecerá nuevos mecanismos para relacionarse con la
sociedad civil o si va a relajar el férreo control que ejerce sobre todos los
medios de prensa nacionales, por ejemplo. Por otra parte, todo apunta a que se
está potenciando el papel de los cuadros provinciales, personas de 50-60 años…
Hay un tópico en torno al poder de los militares. Mucha gente dice que en el
Buró la mayor parte de los integrantes proviene de las
FAR.
Pero no
es cierto. Hay una camada que está ahí porque son guerrilleros, quiero decir,
guerrilleros del frente de Raúl. Son sus hombres de confianza desde que estaban
en Sierra Maestra. Ahora bien, cuando tú vas a analizar el Comité Central y
excluyes a esos hombres, ves que los militares no representan más del 14%. La
mayor parte de los integrantes de ese Comité son gente de las provincias. Y la
mayor parte de los que están ahí son personas no profesionales del Partido, ni
de la política. Han puesto muchos cuadros técnicos ligados a la producción:
ingenieros, arquitectos, agrónomos, etc.
-Pero son muchas las voces que señalan que el peso de los militares en el proceso actual es una evidencia.- No, yo no lo creo. A corto plazo es verdad. Los cuadros vienen del Partido y de las Fuerzas Armadas. Tú no puedes tener unas fuerzas armadas que sean eficientes (y las cubanas en África demostraron que sí lo eran) siendo un ejército con jefes a los que se les dice siempre: “sí, señor”. Tienes que tener un ejército con iniciativa, con capacidad de discrepancia. De esas dos fuentes es de dónde saca Raúl sus cuadros…
Ahora
bien, los que están en el Buró no son militares, son guerrilleros. Los que están
en el Comité Central sí son militares. Así pues, lo importante en este caso no
son los viejecitos que están garantizando la transición porque es un cargo para
cuatro o cinco años, cuestión biológica. El tema no está ahí. El tema está en
ese Comité Central constituido por personas de 50-60 años y que, además, van a
dirigir el país en los próximas décadas.
-Cambiando de tema, Fernando, hay un rumor muy extendido que sitúa cambios importantes en el ámbito migratorio en los próximos meses.- Ellos tienen una verdadera obsesión por la unidad. Ten en cuenta que esa idea tiene sus razones históricas: siempre les quebraron por pelearse entre ellos. Fidel la tenía todavía más, pero Raúl mantiene esa misma actitud. La política es avanzar con todos, llevar a todo el mundo… De hecho lo que Raúl hizo fue incorporar al Gobierno a muchos de los cuadros opuestos en un primer momento a las reformas. Los que han sido capaces de llevar adelante esas tareas siguen en el Gobierno y los que no, han sido apartados. Y estamos hablando de cuadros de primer nivel.
El tema
migratorio es un tema muy difícil que levanta muchas polémicas. No olvides que
aquí hay organismos que viven de este tema y sacan sus recursos (no pequeños) de
la cuestión de la migración… Hay visiones distintas. Una, por ejemplo, no
propone nada para que todo siga como hasta ahora. Hay otra, en cambio, que dice:
liberalicemos, que vamos a ganar más incluso económicamente mientras que
políticamente dejamos de pelearnos con una migración a la cual no hay que
enfrentarse.
Económicamente, al no pelearnos, vamos a ganar más porque no olvidemos
que en este momento las remesas familiares en Cuba representan la tercera parte
de lo que son en El Salvador cuando la población salvadoreña en Estados Unidos
es la tercera parte de la de Cuba.
¿Por
qué? Porque el cubano manda para ayudar a su mamá mientras que el salvadoreño
manda para ayudar a su mamá, para construirse una casa y para montar un negocio
con el cual pueda regresar a su país. De esta forma, el grueso del dinero del
salvadoreño va para allá, mientras que el grueso del dinero del cubano se queda
en Estados Unidos.
A lo
mejor el gobierno de la Isla pierde cien millones de dólares en trámites
migratorios. Pero si gana dos mil millones con las remesas familiares, ya me
dirás dónde está la duda. Es cierto que el Gobierno cubano tiene que tener como
prioridad la seguridad, un control de fronteras como el establecido por Estados
Unidos desde el 11-S. Pero hay cuestiones como la “carta de invitación” que tú
me explicarás para qué sirve. Para sacar dinero, claro. Pero ese dinero no
cambia el país.
Es
vital para el organismo que lo controla pero no para Cuba. Hay otro debate, otro
problema fundamental: qué hacer con los profesionales. Hay voces que proponen
que los médicos, sobre todo, trabajen diez años en el país y después, cuando lo
decidan, puedan irse. Pero claro, un médico, una médica, bajo esa realidad, se
podría ir así a los 35 años, el momento de madurez profesional y de mejor estado
físico…
La idea
más desarrollada actualmente es la siguiente: posibilitar que todos los cubanos
tengan lo que llamarían un “pasaporte habilitado” (ya tienen incluso un programa
informático para eso). Se trata de un tipo de pasaporte que, simplificando, te
posibilita que tú vayas a un aeropuerto, te montes en un avión y te vayas sin
que nadie te diga nada.
Hablamos de que este pasaporte podría ser extendido, más o menos, a un
80% de la población.
Después: médicos, militares, funcionarios del Ministerio de Interior,
políticos, disidentes, etc. no tendrían acceso directo a un “pasaporte
habilitado” y tendrían que hacer sus gestiones para la salida del país en las
oficinas de Inmigración. Todo parece indicar que esa va a ser la propuesta
final. Es cierto que no es una solución definitiva pero sí da salida, al menos,
a un 80% de la población. No olvides que todas las propuestas de liberalización
aplicadas hasta ahora, por el gobierno anterior, han sido para los cubanos de
afuera. Yo creo que es una cuestión que, como Raúl Castro dijo, va a venir paso
a paso. Es cierto, además, que han comenzado ya a repatriar gente pero, en
realidad, lo llevan muy discretamente.
—Hay
voces también que hablan de que, paradójicamente, Cuba vive hoy una particular y
progresiva superación de la crisis…
—Te
puedo decir que desde que yo estoy en la Isla, esta es la primera vez que hay
reserva de divisas. Hablamos de 5.500 millones de dólares. Ahí vamos al
discurso. Antes, cuando el país ganaba 10 pesos todo eran expectativas, sueños,
mensajes de optimismo en el futuro… Ahora, en cambio, no: tú tienes 5.500
millones de reserva y te dicen: “Cuidado, Hay que ahorrar, hay que trabajar
racionalmente, no se puede gastar”…
Ese es
el cambio esencial del discurso en mi opinión... Por ejemplo, ¿qué has oído tú
al respecto de la plataforma petrolífera?
¿Sabías
que los pozos del Golfo de México, situados en aguas territoriales cubanas, van
a producir tres veces la cantidad de petróleo que Cuba
necesita?
—Sí,
algo he leído. Y que la empresa española Repsol, incluso, ha hecho una enorme
inversión en la zona.
—Es
así. Repsol tiró sondas, penetró en la esponja… Ten en cuenta que ellos, cuando
hacen una apuesta de este tipo, es porque saben que las cosas están claras. Y no
olvides que están pagando 600.000 dólares diarios… Te digo más: las tuberías
para la próxima plataforma que viene, que es la de perforación permanente, ya
están en Cuba, ya las trajeron. A ese grado de seguridad llegan. Si el estudio
geológico de Estados Unidos da resultados positivos haciendo público, claro,
menos de lo que hay realmente, estamos a las puertas de una nueva
realidad.
También
te digo que esto no es nuevo: hay constancia de que existe petróleo en esa zona
desde 2004. Lo que pasa es que no es lo mismo tener a Bush en el poder que tener
a Obama, y menos en el tema del petróleo.
—
¿Estaríamos entonces ante un posible “antes” y un
“después”?
—En
América Latina, como dice Eduardo Galeano, la riqueza ha sido a veces nuestra
mayor desgracia. Pero Cuba es un país con suerte, la verdad. Al principio de la
Revolución, cuando lo aislaron, aparecieron los soviéticos; luego cayó la URSS y
cuando el mundo conjeturaba con el fin de la historia, apareció Chávez. Y Chávez
enferma de un tumor y encuentran petróleo. Hay un presidente cubano que dijo que
esta Isla es como un corcho, que siempre flota. Yo creo que sí, que estamos ante
un “antes” y un “después” siempre que lo utilicen bien. Y ahora pienso en lo mal
utilizado que lo fue en Venezuela, por ejemplo, con la esencia de corrupción y
dinero fácil que tiene esa realidad. De todos modos, es un síntoma en ese
sentido el perfil bajo que le dan al petróleo en Cuba en este momento. Se
calcula que van a tardar en sacarlo entre tres y cuatro
años.
Cuando
este hecho sea una realidad y se vea que se trata de petróleo bueno, que lo es,
ahí Cuba empieza a comercializarlo. Además, no te olvides que tú vendes ahora lo
que vas a suministrar mañana. Cuba tiene hoy una importante flota de autobuses
chinos que se compraron a cambio de las minas de níquel del futuro… Yo creo que
sí va a marcar otro tiempo.
Ahora,
no olvidemos que hay también un peligro: que empiece la pachanga y recuerda que
el cubano es “pachangoso”. Es una gente que sabe sacarle jugo a la vida. El
peligro es ese, pero también hay un peligro en tener un Mercedes Benz y es que
consume mucho… Pero tampoco se van a quejar por eso. Creo, además, que hay otro
hecho importante: todo esto llega con Raúl Castro en el poder. Raúl, a
diferencia de Fidel, es más pragmático a la hora de la solidaridad con el Tercer
Mundo. Él ha potenciado una relación “sur-sur”, que es beneficiosa para ambas
partes. Para Cuba también. Fidel funcionaba como potencia del Primer Mundo dando
ayuda a países del Tercer Mundo. Eso se ha acabado. Y no solamente con
Venezuela. Esa relación la tiene también con Angola, donde anualmente se pagan
150 millones de dólares a profesionales cubanos en
salarios.
Y no
olvides que a los angoleños les conviene realmente este intercambio, porque un
profesional portugués les cuesta el doble… En ese sentido, claramente, han
cambiado las relaciones de Cuba con el mundo. No sé si te acuerdas del debate de
James Petras con Fidel Castro sobre este tema, debate en el que por cierto yo
creo que Petras tenía razón.” Se trata de un intercambio “sur-sur” que beneficia
a las dos partes. Y ya. De todos modos, creo que el petróleo no es lo
importante. El verdadero tema es el gas. Y las reservas de gas en esa área son
mucho mayores. Y Estados Unidos está muy interesado, porque Cuba es incapaz de
consumir esa cantidad de gas. Los norteamericanos sí. Y podría abaratar el gasto
de energía en los estados del sur en un 20%.
—Entonces ¿se acabaron los apagones?
—Sí,
claro, los apagones se acabaron. Hay que ver qué se hace con eso. Pero creo que
el primer problema que hay que resolver aquí es el del salario. Los salarios no
alcanzan y de esa forma dejaron de ser el ingreso fundamental de la
gente.
Tú bus
cas un trabajo y tú nunca preguntas cuánto te pagan. Tu pregunta es qué se puede
resolver desde ahí. Yo creo que ese es el tema principal. Si hay petróleo, yo
creo que sí van a poder afrontar ese problema. De forma progresiva, claro. Ellos
van a buscar algo parecido a lo que se da entre los campesinos y los hoteles, un
cambio que sería de 7 a
1 6.
—Así
pues, y terminamos si te parece, Venezuela y Hugo Chávez dejarían de jugar un
papel de “vanguardia político-financiera”…
—En mi
opinión Chávez en este momento ya no es tan importante. Además ten en cuenta a
Brasil. Brasil se ha propuesto ser el socio comercial número uno de Cuba. El
nuevo puerto del Mariel, por ejemplo. Ahí va a crearse una zona franca de alto
nivel tecnológico (medicinas, software, etc.), van a construir un polo
petroquímico para procesar el petróleo (que no lo van a vender crudo), el
oleoducto que va de Matanzas a Cienfuegos… Ten en cuenta que este año pasado
Cuba vendió por primera vez derivado de petróleo a España por 80 millones de
dólares, a partir del polo petroquímico de Cienfuegos… Esa es la idea que el
gobierno de Brasil tiene. Y esperemos que sea así.
—Muchas
gracias, Fernando, por todo este tiempo.
—Gracias a vosotros.
Notas
1. El 15 de enero de 2010, el diario Granma informaba que 26
pacientes han fallecido en el Hospital Psiquiátrico de La Habana atribuyendo el
hecho a las bajas temperaturas y a factores de riesgo intrínsecos a este tipo de
enfermos. Doce meses después, en la edición del 31 de enero de 2011, se informa
en el mismo diario sobre la sentencia judicial que establece entre cinco y
quince años de privación de libertad para los principales responsables del
centro clínico. El editorial, con carácter oficial como todos los publicados por
la prensa cubana, señala las flagrantes condiciones en las que vivían los
internos y los niveles de robo y corrupción extendidos en el Hospital. (http://www.granma.cubaweb.cu/2011/01/31/index.html
2. http://www.granma.cubaweb.cu/2012/01/23/ nacional/ artic08.
html
3. El documental “Fuera de liga” (Ian Padrón, 2003) plantea un análisis
pormenorizado del beisbol con entrevistas a jugadores cubanos y, por primera
vez, también a los que salieron del país y juegan en las grandes ligas
norteamericanas.
4. El Centro de Prensa
Internacional (CPI) vinculado al
Ministerio de Relaciones Exteriores, es la institución encargada de atender lo
referente a la prensa extranjera acreditada de forma permanente en el país y la
que visita en tránsito para realizar trabajos
periodísticos.
6. El cambio actual es de 24 pesos (moneda nacional) por 1 CUC (peso
convertible).
La campaña de Obama carece de foco
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Por: Paul Krugman
Howard Luce dice lo que muchos de nosotros hemos estado pensando: que hay una peligrosa falta de foco en la campaña de Obama, lo cual guarda demasiada semejanza con episodios anteriores.
Luce, columnista de Financial Times, escribía el 22 de abril: “Si no arranca, Obama será vulnerable a la pregunta que Reagan planteó al electorado en 1980 cuando convirtió a Jimmy Carter en un presidente de una sola legislatura: ‘¿Estáis mejor que estabais hace cuatro años?’. Carter no tenía una verdadera réplica. Obama sigue tratando de encontrar la suya".
Por encima de todo, el presidente Obama no está siendo claro en lo que respecta a la economía.
¿Qué es lo que debería estar diciendo? Los defensores de Obama tienen de hecho un argumento claro, que es el siguiente: ha tenido que hacer frente a una economía muy deprimida y, al mismo tiempo, a una obstrucción política total, lo cual tiene su importancia, por cierto, a pesar de que los demócratas controlaran ambas cámaras del Congreso, debido al obstruccionismo. De modo que ha hecho lo que ha podido, a través de estímulos y otras medidas, y ha alejado a la economía del abismo. Si no ha hecho más, bueno, a lo mejor podría haber aplicado un estímulo algo mayor, a lo mejor podría haber hecho más para aliviar el problema de la vivienda, pero en general lo ha hecho bastante bien teniendo en cuenta el entorno político.
No entremos en la pregunta de si podría, de hecho, haber hecho mucho más. La cuestión por ahora es que esto no es lo que la Administración ha estado diciendo en ningún momento. Primero insistió en que el estímulo claramente insuficiente era justo el adecuado; luego probó diversos eslóganes anodinos de los que nadie se acuerda, todos los cuales parecen dar a entender que nos va perfectamente bien.
Suponemos que esto refleja la opinión del equipo político, que por lo visto cree que el insistir en la obstrucción da la impresión de debilidad, y que el hablar de las cosas positivas es mejor que una campaña a lo Truman de machacar a los republicanos sin iniciativa en el Congreso. Pero no he visto nada en estos últimos tres años que indique que el equipo político tenga la menor idea de cómo jugar a este juego, y los argumentos positivos les dejan totalmente desarmados cada vez que la economía no obtiene los resultados previstos.
A lo largo de los últimos meses hemos observado una clara tendencia a la complacencia, la creencia de que una sucesión de buenas cifras de empleo validarán los argumentos positivos.
Esa es una apuesta que fácilmente puede llevar a Obama a perder las elecciones.
Traducción de News Clips.
© 2012 New York Times.
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