"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

jueves, 12 de octubre de 2017

Palabras íntimas del héroe



Con sus padres a su llegada a La Habana en 1959.

Por RAÚL MEDINA ORAMA

Luego vendrían los días inciertos en que cayeron, como de un collar de trágicas cuentas, la tormenta, el salitre, el fuego y el plomo. La hostilidad de la sierra y la ayuda de los serranos. Y el hambre también, tenaz compañera. Más adelante la leyenda del rebelde implacable, que sería el héroe en la boca de los niños de todo un país, cada mañana.

A contrapelo del homenaje sincero, existiría la figura de mercadeo estampada en camisetas y en el discurso de los falsos revolucionarios. Se convertiría en un mito moderno y duradero, incombustible, ese muchacho que escribe una carta a don Ernesto Guevara Lynch y Celia de la Serna, para que no se preocuparan sus “queridos viejos”, en México, el 6 de julio de 1956, en la prisión migratoria de la calle Miguel Schultz.





Con Aleida March y sus hijos, en abril de 1965 antes de su partida para el Congo.

Quien garabatea unas hojas ha sido prendido junto a Fidel Castro y otros jóvenes que preparan un movimiento armado. En la misiva, pensada para esclarecer a la familia sobre su paradero reciente, y sobre la resolución que lo llevará a una empresa de incierto destino, dice: “…mi futuro está ligado a la liberación cubana. O triunfo con ella o muero allá”.

Es asombrosa la biografía del médico argentino desde entonces, aunque antes de salir para la Isla su vida tampoco había sido, ni de cerca, una existencia ordinaria. Ernesto Guevara había recorrido primero su país y luego América Latina entre 1950 y 1953, periplos en los que conoció la diversidad de la región, sus riquezas y miserias, y arraigó su conciencia política en posiciones de izquierda.

Tal vez por eso, poco antes de subirse al pequeño yate Granma, no consideraba la probable muerte como una frustración: “Por la vida he pasado buscando mi verdad a los tropezones y ya en el camino y con una hija que me perpetúa [se refiere a su primogénita Hildita, con la peruana Hilda Gadea] he cerrado el ciclo”. Termina el mensaje a sus padres con unos versos de su admirado poeta turco Nazim Hikmet, que ya anuncian proféticamente su insatisfecha hambre de alcanzar la justicia para todos, en todas partes: “solo llevaré a la tumba/la pesadumbre de un canto inconcluso”.

Che no volvería a ver a sus padres hasta enero de 1959, cuando se había convertido en un fuerte, aunque enjuto, comandante. Su estampa –cuya descripción pudiera parecerle al lector contradictoria– era el resultado de “una voluntad pulida con delectación de artista”, como él afirmaría. El suyo era un cuerpo maltrecho –“piernas flácidas y unos pulmones cansados”– cocido con nervios de acero.

Hacía más de seis años que el rebelde faltaba al hogar natal. El vínculo familiar se alimentaba con esquelas enviadas desde disímiles lugares. La añoranza por los suyos era tanta que al inquirir un periodista cuál había sido el momento más emocionante de su vida de guerrillero, respondió: “Cuando oí la voz de mi padre en el teléfono, que hablaba desde Buenos Aires”.

Hacia un hogar cubano

El día del reencuentro en el aeropuerto, al Che lo acompañaba una muchacha rolliza, de agraciado perfil: su ayudante Aleida March. Así don Ernesto y doña Celia conocieron a quien compartiría con su hijo el último hogar del que se despediría, para internarse en las selvas a luchar por los pobres de la tierra.

La joven maestra había subido a las montañas del Escambray en diciembre de 1958, con un cinturón de 50 000 pesos que recaudó el Movimiento 26 de Julio en las ciudades. El ya legendario comandante de la Columna 8 primero la recibió con frialdad, porque creía que aquella no era una situación para que estuviera una mujer. A ella le pareció que era un hombre mayor, a pesar de sus 30 años, con un modo particular de mirar.

La cercanía y el afecto entre Guevara y Aleida March respiraron entre el humo de los bombardeos y las balaceras, durante los combates del frente de Las Villas y la ofensiva final en los que cayeron como fichas de dominó las ciudades y poblados de la provincia.

Los gestos simples en medio de la guerra alimentaron el vínculo. Che le susurra un poema al oído cuando tomaban la localidad de Fomento; en Santa Clara, ella le da un pañuelo negro de seda para que lo use de cabestrillo en la mano herida; una tanqueta del ejército de Batista peina con plomo las calles de la capital provincial, y ambos temen por la suerte del otro; cuando maneja, el guerrillero le pide con sorna que le arregle el cuello de la camisa o que lo peine. Mientras se dirigen a La Habana a la definitiva toma del poder, le confiesa que la quiere.

El triunfo revolucionario, por fin, les permite el enlace final. Che esperó a escribirle a su primera esposa Hilda Gadea oficializando la separación, para hacerle notar a Aleida que contraerían matrimonio. La boda se celebró el 2 de junio de 1959 y aunque el argentino-cubano prefería abstenerse de una fiesta, Raúl Castro y Vilma Espín –entre otros confabulados– la organizaron en secreto. Fidel llegó bromeando con que no lo invitaron y firmó como testigo. Aquellos días fueron la felicidad.

Sin embargo, el trabajo y las tensiones no cesan, menos ahora. Che y la parte más radical del proceso maniobran constantemente para no ceder terreno a las tendencias moderadas, se reúnen en secreto para elaborar proyectos fundamentales como la Reforma Agraria.


El tierno vínculo entre el padre y su primogénita Hildita es evidente en esta imagen de 1960.

Aleida es testigo, compañera, y además funciona como un severo rompeolas para el aluvión de admiradores, personalidades y periodistas que pretenden reunirse con su marido, quien sería –luego de jefe en la fortaleza de la Cabaña y del Departamento de Industrialización del Instituto Nacional de la Reforma Agraria– presidente del Banco Nacional, Ministro de Industrias, y siempre tribuno de la Revolución en el escenario diplomático internacional.

Luego de la guerra, cuando el país se construye, la bisoña pareja que intenta levantar familia propia, anda ambulante antes de su emplazamiento definitivo en una casa de Nuevo Vedado. Hoy radica allí un centro de estudios dedicado a preservar celosamente el legado guevariano.

“[Che] había acumulado una apetencia de hogar terrible”, recuerda Aleida sobre aquellos días. En los breves años fuera del combate militar, el Guerrillero Heroico tiene una pareja de perros con la que gusta jugar: Muralla y la hembra Socorro. Se levantaba alrededor de las nueve o diez de la mañana, desayunaba un café amargo y una porción de flan de leche, de los dulces más apetecidos por él. Por último, tomaba agua gaseada en una copa verde.

Solía trabajar en su despacho, ubicado en la planta alta del inmueble. Allí disfrutaba organizar sus libros más preciados, entre estos El ciervo, que le enviara autografiado el poeta español León Felipe. También leyó, además de a Carlos Marx y Vladimir Lenin, a Goytisolo, Pío Baroja y a Papini. Entre sus anotaciones para después quedó Lezama Lima.

Muchos de sus volúmenes conservan marcas personales, acotaciones y comentarios, pues siempre tuvo fuerte vocación intelectual, verificable desde aquellos apuntes que a los 17 años realizara para escribir un diccionario filosófico, empeño que nunca abandonó. Él era el primero en asimilar la verdad que a modo de broma le escribiera a Armando Hart en 1965, al proponerle un antidogmático plan de estudios sobre el pensamiento filosófico: “[…] ya hemos hecho mucho, pero algún día tendremos también que pensar”.

Resulta pasmosa la capacidad de trabajo de Ernesto Guevara. Su intenso desempeño y falta de ambición por acrecentar el patrimonio propio, no encajan en la idea tradicional de la familia burguesa. Sin embargo, a la par de todas sus obligaciones con el nuevo Gobierno, y el compromiso por extender la lucha guerrillera y la revolución, preservó un amor profundo para su estirpe, tanto para la parte que lo había despedido en Argentina, como la fundada en Cuba.

Se puede comprobar en su profusa correspondencia. Desde los diferentes países que visitaba para lograr alianzas y compartir la experiencia de la Isla, solía enviar postales y cartas.

Una anécdota: en 1960, mientras se encontraba en China, recibió la noticia del embarazo de Aleida. Deseaban un varón y acordaron nombrar Camilo a su primogénito cubano, pero al conocer que sería hembra telegrafió desde Shanghái un chiste de los suyos: “tírala del balcón”. Cuando regresó, la esposa no quería dejarlo entrar a su habitación. Él preguntaba por su hija y ella lo mortificaba diciéndole que había seguido sus órdenes. Uno de los pocos recuerdos del Che que conserva quien fuera aquella niña –nombrada como su madre– es que todas las noches iba a darle un beso apretado en cada mejilla.

Camilo llegaría, al fin, en mayo de 1962. Luego Celia (junio de 1963) y por último Ernesto (febrero de 1965), cuando el padre andaba por Argelia. A ellos y a su primera hija, Hildita, les remitía misivas y postales que en ocasiones incluían dibujos de animales e historias inventadas por él.

Despedidas

En el año 1965 –en su carta de despedida a Fidel–, se conoce su renuncia formal a los cargos en el Gobierno revolucionario para reiniciar la lucha armada en América del Sur. Como no estaban reunidas las condiciones, de acuerdo con Fidel decide ir a África, al Congo, donde la Agencia Central de Inteligencia (CIA) había asesinado a Patricio Lumumba.

La noticia de su partida tomó por sorpresa a Aleida March, un domingo en la mañana, cuando el revolucionario no asistió al trabajo voluntario y decidió tomarse algunas fotografías con los niños. Otro legado dejó: varias cartas para sus seres queridos y cintas magnetofónicas donde grabó poemas amados que recitó a su Aleida. “Solo para ti”, escribió en el paquete.

Desde entonces, la historia íntima de ambos se tejió a través de cíclicas despedidas, porque cada mensaje o encuentro clandestino –como aquellos en Tanzania o Praga– podría ser el último contacto. El 2 diciembre de 1966, en el campamento guerrillero de Ñancahuazú, en Bolivia, Ernesto Guevara –alias Che, Tatu, Ramón…– escribió la postrera carta que recibiera su esposa.

Con sus padres a su llegada a La Habana en 1959.

“Te podría decir que te extraño hasta el punto de perder el sueño […]. Pero hay días en que la morriña avanza incontenible y se posesiona de mí. […] no sabes cómo extraño tus lágrimas rituales, bajo un cielo de estrellas nuevas que me recordaba lo poco que le he sacado a la vida en el orden personal…”, le escribió.

Cuatro meses después comenzaron los combates con el ejército boliviano. El 8 de octubre de 1967 el Guerrillero Heroico fue capturado en la Quebrada del Yuro. Al día siguiente lo asesinaron por orden de la CIA.

Se cumplía así el destino esbozado en aquella misiva que enviara a sus padres desde México. Resignados a la estatura de su hijo, don Ernesto Guevara y doña Celia de la Serna esta vez no se asombraron con su decisión de partir del hogar cubano, cuando leyeron en 1965: “Queridos viejos: Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo”.

Fuentes consultadas

Mi hijo el Che (Ernesto Guevara Lynch), Evocación (Aleida March) y Mis sueños no tendrán fronteras(compilado por María del Carmen Ariet). Entrevista a Aleida Guevara March Nunca vi a mis padres besándose, publicada el 22 de noviembre de 2011 en la web Ocean Sur.

A propósito de “daños auditivos”: verde y con puntas… ¡guanábana!

Por Giraldo Mazola*

Aparte de mi vocación frustrada de ser médico tengo una instintiva atracción por las informaciones sobre afecciones en los oídos pues cuando me torturaron en el desaparecido Buró de Investigaciones en 1958, con lo que entonces se denominaba “teléfono” que consistía en que mientras el comandante Medina te sentaba frente a él y te preguntaba por tal o cual cosa, un fornido energúmeno se acercaba por detrás y te golpeaba simultáneamente con sus manazas por ambos lados de la cara para de esa forma afectarte los oídos.

Te aturdías completamente, te caías, perdías el equilibrio, el sentido de la dimensión y la coordinación y en el suelo no atinabas a cubrirte bien de unas patadas subsiguientes y cuando tratabas de levantarte calculabas mal el lugar de la silla en la que pretendías erguirte.

Durante unas semanas después en el Vivac me supuraba el oído izquierdo. Al concluir la guerra un especialista me examinó y me vaticinó que perdería inexorablemente la audición de ese oído.

Eso me lo ratificó el dolor fortísimo que sentía en ese oído al tomar aviones cuyos sistemas de presurización no eran perfectos en esos años.

Por algo que desconozco en otro examen años después se comprobó que mi audición de ese oído era mejor que la del otro y la cicatriz que debía existir en la membrana del tímpano no era visible. Por ello me convertí en un asiduo lector de asuntos relacionados con lesiones auditivas.

Al iniciarse esta inusual campaña sobre los “daños auditivos” que se habrían producido en un grupo de diplomáticos norteamericanos en Cuba, independientemente de la obligatoriedad de seguir atentamente tales noticias debido a mis funciones como diplomático cubano, mi antecedente personal con el tema, hizo que buscara otros detalles de la referida “agresión acústica”.
Teniendo en cuenta la extensa fabricación de falsos hechos utilizados por el gobierno norteamericano para justificar su más extensa lista de agresiones, mi primera reacción fue y sigue siendo que se trata de otra nueva y sin dudas original manipulación para llevar a cabo su propósito de revertir el curso actual de las relaciones 

Teniendo en cuenta la extensa fabricación de falsos hechos utilizados por el gobierno norteamericano para justificar su más extensa lista de agresiones, mi primera reacción fue y sigue siendo que se trata de otra nueva y sin dudas original manipulación para llevar a cabo su propósito de revertir el curso actual de las relaciones entre ambos países.

Quienes volaron su acorazado Maine en la bahía de La Habana con dos tercios de sus tripulantes a bordo para iniciar la primera guerra inter imperialista o inventaron el incidente del golfo de Tonkín para desatar la agresión contra Viet Nam tal y como es objetivamente impugnable al leer los informes desclasificados de la CIA, o quienes pese a los informes de instituciones internacionales que revisaron palmo a palmo el territorio iraquí asegurando que no poseía Saddam Hussein armas de destrucción masiva, atacaron y ocuparon ese país sin que aparecieran, era de esperar que intentaran encubrir sus actuales decisiones de alterar sus relaciones con Cuba.

En su discurso ante la ONU, el Canciller Bruno Rodríguez fue enfático al declarar que Cuba ha cooperado con Estados Unidos para realizar una investigación al respecto y, sin embargo, no ha recibido datos sobre los síntomas concretos ni los cubanos han podido examinar a los diplomáticos afectados.

Luego, en la reunión sostenida, a propuesta de la parte cubana, con el secretario de Estado, Rex Tillerson, le advirtió de no tomar decisiones apresuradas que no se sustenten en evidencias ni en resultados investigativos concluyentes, lo instó a no politizar un asunto de esta naturaleza y le reiteró la solicitud de cooperación efectiva de las autoridades estadounidenses para llevar a buen término la investigación en curso sobre los alegados incidentes con diplomáticos de EE.UU. en La Habana.

Enfatizó que el Gobierno de Cuba no tiene responsabilidad alguna en los alegados hechos y cumple seria y rigurosamente sus obligaciones con la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961, en lo que respecta a la protección de la integridad de los agentes diplomáticos acreditados en el país y sus familiares, sin excepción.

Sin embargo tres días después de dicha reunión decidieron retirar aproximadamente un 60 por ciento de su personal diplomático de Cuba y advirtieron a los viajeros norteamericanos que no deben visitar la isla debido a “ataques específicos” que han lesionado a los enviados estadounidenses.

Y tras esa medida, en una escalada evidentemente política decidieron pedir el retiro de 15 diplomáticos cubanos de Washington.No es un secreto que la embajada de EE.UU. en Cuba y las de todo el planeta han sido siempre albergue de agentes de sus servicios secretos encubiertos como diplomáticos

Pareciera que la retórica anticubana vuelve a estar de moda tras la llegada a la Casa Blanca de un Gobierno republicano.

No es un secreto que la embajada de EE.UU. en Cuba y las de todo el planeta han sido siempre albergue de agentes de sus servicios secretos encubiertos como diplomáticos y por ahí pueden venir los tiros.
La causa de los incidentes o ataques acústicos parece comenzar a develarse

La causa de los incidentes o ataques acústicos parece comenzar a develarse.

Apareció una noticia en Estados Unidos donde un funcionario de la NASA, que pidió no ser identificado, informó que la agencia (así denominan a la CIA) estaba preparando una demanda contra la American Technology Corporation, fabricante de los equipos LRAD-RX que utilizan en La Habana para comunicarse con sus agentes.

La demanda está fundamentada principalmente en la afectación auditiva que dichos equipos han causado a un grupo de funcionarios y familiares de los mismos. Según el funcionario de la NASA, los equipos fueron adquiridos hace menos de un año. Los funcionarios de la American Technology Corporation entrenaron a los que se encargarían de utilizarlos pero nunca dijeron que dichos equipos podían causar problemas auditivos. La demanda incluye la compensación económica por los daños recibidos a los que operaron los equipos y los familiares afectados. (Una tentación muy grande aún para los más disciplinados agentes)
Los expeditos y locuaces voceros de la Casa Blanca o del Departamento de Estado que hablan de todo no la han comentado ni siquiera cantinfleando como muchas veces. Sin embargo en mi barrio se decía: Verde y con puntas… ¡guanábana!

En cuanto se conocieron los problemas auditivos de los operadores, la NASA ordenó no continuar utilizando el LRAD-RX pero esto implicó un cambio inmediato en los medios de comunicación con la agentura, lo cual requirió un gasto en la utilización de otras vías, que no estaba en su presupuesto. El problema se ha complicado por la penetración del mar en la Embajada estadounidense en la Habana, debido al huracán Irma, ya que una parte del equipamiento quedó bajo las aguas del mar y aunque se había planificado el viaje a Cuba de un número de técnicos y especialistas para verificar las condiciones de los equipos, ahora se considera el viaje no tiene sentido. En estos momentos se limitó el acceso del público a la Embajada para
desmontar los equipos y envíalos a Estados Unidos para que, si es posible, sean revisados. Los expeditos y locuaces voceros de la Casa Blanca o del Departamento de Estado que hablan de todo no la han comentado ni siquiera cantinfleando como muchas veces. Sin embargo en mi barrio se decía: Verde y con puntas… ¡guanábana!.

*Actualmente Embajador de Cuba en Namibia

Estados Unidos anuncia su retiro de la Unesco

El secretario de Estado, Rex Tillerson, acusó en la organización retrasos y un sesgo en contra de Israel, aliado de Estados Unidos.

Foto: Tomada de Facebook.com/MrRexTillerson

Reuters.- Estados Unidos se retirará de la Unesco, la agencia para la educación y la cultura de la ONU, a partir del 31 de diciembre, informó el jueves el Departamento de Estado estadounidense en un comunicado.

“Esta decisión no fue tomada a la ligera y refleja la preocupación de Estados Unidos con crecientes retrasos a la Unesco, la necesidad de una reforma fundamental de la organización y el continuado sesgo anti-Israel de la Unesco”, dijo del departamento.

El organismo añadió que Estados Unidos buscaría “mantener el contacto … como un observador no miembro para contribuir a las opiniones, perspectivas y conocimiento de Estados Unidos”.

La Unesco lamentó la decisión de Estados Unidos.

“Tras recibir la notificación oficial del secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, como directora general de la Unesco deseo expresar un profundo lamento por la decisión de Estados Unidos de América de retirarse de la Unesco”, dijo la directora general de la organización, Irina Bokova, en un comunicado.

Añadió que la decisión suponía una pérdida para el multilateralismo y para la familia de la ONU.

Estados Unidos canceló una parte sustancial de su presupuesto para la Unesco en 2011 como protesta por la decisión del organismo de aceptar la pertenencia de pleno derecho a los palestinos.

Cristóbal Colón, el 'genocida cubano'

ristóbal Colón, el 'genocida cubano'

CC BY 2.0 / David Berkowitz / Christopher Columbus Monument - Barcelona, Spain
15:50 12.10.2017(actualizada a las 15:51 12.10.2017)


Un día como hoy, 12 de octubre, pero 525 años atrás, Cristóbal Colón arribó a una isla que no figuraba en ningún mapa conocido por él o sus coterráneos. Ello le valió, gracias a los reyes de España, el título de 'Almirante de la Mar Océana' y, siglos después, gracias a la corrección política, el de 'Opresor de los Pueblos Nativos de América'.

Esta doble notoriedad era un destino previsible en alguien cuya existencia ha estado marcada por la sospecha desde la cuna hasta la tumba.

© AFP 2017/ ANDREW ALVAREZ


Si un grupo notable de historiadores coinciden en destacar el origen genovés de Cristoforo Colombo —a pesar de que no existe ningún texto del Almirante escrito en italiano y que en sus diarios usa el castellano de sus patrocinadores— otros cronistas fijan su nacimiento en Sevilla, Galicia o en las islas Baleares. Hasta en Cataluña lo han hecho nacer los promotores de un Colón español, un asunto para la polémica si se acepta la existencia de un tal 'Joan Colom' postulada por el historiador peruano Luis de Ulloa Cisneros, y si se acepta también que los catalanes son españoles, otro asunto aún más polémico. Incluso se ha dicho que Colón era 'cubano', pues algunos historiadores han rastreado su origen hasta un poblado portugués llamado Cuba, lo que explica, dicen, los 'lusitanismos' presentes en los diarios de Colón. En cualquier caso, don Cristóbal parece ser el único 'homo sapiens' que puede estar en dos o más lugares a la vez —don de la ubicuidad, lo llaman—, pues si su cuna se presta a la controversia también lo hacen sus restos, que están en España y en República Dominicana.

La historia de Colón inicia realmente el 3 de agosto de 1492, cuando se hizo a la mar a bordo de tres carabelas y tras varios meses de navegación descubrió América. Eso, al menos, es lo que refieren brevemente la mayoría de los libros de Historia y parece difícil amontonar tantos errores en una frase nada compleja, pero suele ocurrir.



Para empezar, Colón "no se hizo a la mar". Había zarpado de Palos, un puerto fluvial, por lo que la navegación empezó en un río. Lo hizo además con solo dos carabelas: 'La Niña' y 'La Pinta', pues la 'Santa María' era una nao, embarcación de mayor calado. Por demás, Colón jamás supo que había descubierto América. Siempre creyó haber llegado a las Indias y cuatro viajes posteriores no alcanzaron a sacarlo de su error, incluso a pesar de no haber encontrado las especias que motivaron su náutico peregrinar. Cuando días después, el 28 de octubre de 1492, llegó a Cuba —isla a la que bautizó como Juana en honor a la infanta que ya crecidita apodarían 'la Loca'—, oyó hablar a los nativos de una región llamada 'Cubanacán' y pensó que se referían a 'la Cuba del Gran Khan', un sujeto cuyo nombre se repetía con frecuencia en los viajes de Marco Polo por Mongolia y China. Fueron los navegantes que le sucedieron quienes se dieron cuenta de que estaban en un nuevo mundo al que Américo Vespucio legaría su nombre por haberlo descrito en un par de textos: 'Mundus Novus' y 'Carta a Soderini'.



La historiografía refiere que hacia el 9 de octubre, Colón conjuró el eventual amotinamiento de su tripulación al pedirle tres días de gracia para encontrar "las Indias" o, de lo contrario, retornarían a España ante lo incierto del viaje. Se conjetura de ello que algo sabía el Gran Almirante de la proximidad de tierra firme, porque sería de tontos haber navegado tanto tiempo para regresarse cuando ya se había desandado la mayor parte del viaje. Colón no era nada tonto —de hecho se embolsó 10.000 maravedíes que la Corona había prometido al primero que avistara tierra—, pero no debe olvidarse que la tripulación que acompañaba a Colón estaba conformada, en su mayoría, por gente de baja ralea con la que era muy mala idea estar en desacuerdo, por lo que se presume que debió haber tenido un gran poder de convencimiento para lograr aquella prórroga salvadora; el mismo poder, por cierto, que tuvo que desplegar antes los reyes católicos para persuadirlos de que le financiaran el viaje a las Indias, si bien los comentarios de la época señalan que su intimidad con la reina fue lo que facilitó en realidad las cosas y que Colón no tuvo que usar mucho la lengua para cautivar a la soberana española, al menos no para hablar.

Hoy se conoce que, para su viaje, Colón se ayudó de unos mapas mal cartografiados que le hicieron creer que las Indias estaban más cerca de España de lo que se creía y que se podía llegar a ellas navegando hacia el oeste. Los había publicado en un libro titulado 'Geographia' un tal Claudio Ptolomeo, un individuo de ascendencia greco-egipcia que se había creado fama de sabio hacia el siglo II después de Cristo por decir que la Tierra era el centro del Universo y por haber inventado el horóscopo. No culpemos a Colón. Hoy la gente cree en muchas tonterías que se difunden en las redes sociales y el libro era la red social de aquellos tiempos.



Cada 12 de octubre, durante la conmemoración del 'Día de Colón', una estatua del navegante erigida en Nueva York recibe la visita de manifestantes que lo acusan de genocida. A la fecha, las autoridades de la ciudad debaten la posible retirada de la estatua, la cual está ahí desde los tiempos en que se podía cantar la tonadilla burlona de 'los hermanos Pinzones // eran unos mari… neros // que se fueron con Colón // que era otro mari…nero' sin que te tildaran de homofóbico. A ese paso, al rato bajarán de sus pedestales a Rodrigo de Triana, el primero que vio tierra, y a los referidos hermanos Pinzón, armadores de la empresa, por el abominable delito de 'conspiración para cometer genocidio'. No es que Christophorus sea una mansa Columbus ('paloma', según mi escaso latín), pero la acusación resulta un tanto exagerada por dondequiera que se vea. Si de algún 'genocidio' se puede culpar al navegante es, cuando más, el que tiene que ver con el grupo social de los fumadores de tabaco, un hábito que dio a conocer en Europa y que se sigue cobrando vidas sistemáticamente hasta estas fechas. O la de seis indígenas que no sobrevivieron a la travesía, de un grupo de diez que llevó a la corte española para mostrarlos como curiosidades de feria. En fin, que si se le quiere fincar a Colón algún delito grave con carácter retroactivo, el único que procede sería el de 'privación ilegal de la libertad' por ese hecho. Hay informes que hablan de que solía castigar a los ladrones cortándoles las orejas y la nariz, pero eso lo convierte en un tipo con muy mal carácter, no en un genocida.

Mark Twain no entendía cuál era el mérito de Colón. Con su ironía habitual apuntaba que navegando hacia el oeste desde España sólo era cuestión de tiempo para que cualquier persona tropezara con América. Lo extraordinario sería que no la hubiese encontrado, dijo.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

miércoles, 11 de octubre de 2017

Discurso de Eusebio Leal en el cementerio Santa Ifigenia


El culto a la historia, a las mujeres y hombres ilustres, es oficio y deber del Estado, y el nuestro como ciudadanos de un país libre (Texto del discurso)




Foto: MIGUEL RUBIERA JUSTIZ/ACN

La Habana, 11 oct (ACN) Discurso de Eusebio Leal Spengler, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en el acto político y ceremonia militar de inhumación de los restos de Carlos Manuel de Céspedes y Mariana Grajales, en el cementerio Santa Ifigenia, Santiago de Cuba, el 10 de octubre de 2017, “Año 59 de la Revolución”. (Versiones Taquigráficas – Consejo de Estado)

General Presidente,
Santiagueros,
Orientales,
Cubanos todos:

Asistimos a un acto, por su naturaleza, trascendental; un acontecimiento de los que suelen ocurrir o podemos presenciar una vez en nuestras vidas. Quizás hemos tenido el extraño privilegio de asistir en dos oportunidades a ceremonias de grandes significaciones para Cuba, para nuestra América y también para el mundo.

Hoy, 10 de octubre, cuando apenas se desdibujaban en el cielo las nubes de la noche y se levantaba el sol por el oriente, teniendo como retablo de este camposanto de recordación las montañas de la Sierra, evocamos el día y la hora en que el Padre de la Patria dio inicio al magno movimiento, a la única y sola Revolución que ha existido en nuestra tierra, la que él comenzó y la que hoy continuamos.

Para poder comprender la magnitud del acto tendríamos que explicar antes que el cementerio ha sufrido una hermosa y bella remodelación, y lo que entonces surgió de la voluntad pública, los distintos mausoleos y panteones de los mártires y héroes de la patria, ellos y ellas, han sido hoy colocados en lugar preferente, marcando, como si fuera el dedo de la historia, un discurso comprensible para todos, al mismo tiempo que sentamos las bases para la enseñanza de la historia y del sentimiento patriótico y nacional. Y es que el culto a la historia y el culto a las mujeres y a los hombres ilustres es el oficio y el deber del Estado, y es el nuestro como ciudadanos de un país libre.

Céspedes nació en San Salvador de Bayamo el 18 de abril de 1819, en el seno de una familia opulenta. Su raíz estaba allá en una pequeña y noble localidad cerca de Sevilla: Carrión de los Céspedes. De ahí una gran parte de ellos partieron a Cuba, primero a Puerto Príncipe, el Camagüey, y luego se asentaron en Bayamo. Fue parte de esa pirámide que, formando el poder real de la tierra, desarrolló aquella latitud de Cuba y la llegó a convertir en el centro de un episodio tan importante como el que hoy recordamos, el Oriente de Cuba.

Cursó sus estudios en el seno de los monasterios que existían entonces e impartían clases, de Santo Domingo y San Francisco, en Bayamo, y más tarde en La Habana, en el Real Colegio Seminario, también abierto entonces a la formación de hombres para el siglo, y en la Real Universidad. Su vocación fue estudiar leyes, el contacto con la tierra, el ejercicio continuo de su físico.

Pequeño de estatura, fuerte e inquieto de carácter, lo cual le llevó rápidamente a tener avidez por el conocimiento, la cultura universal, las lenguas antiguas y modernas, el conocimiento de los clásicos de la literatura, de la filosofía y del pensamiento. Con esta preparación partió a Europa y se formó en la Universidad de Barcelona, donde recibió su licenciatura en Derecho, y posteriormente haría un recorrido que lo llevó hasta Constantinopla, recorriendo una parte de aquella Europa que tanto impresionó a su talento y a su ingenio inquieto, sobre todo, porque había ocurrido la gran revolución de 1848.

Ya esta última, con otras características de aquella otra a la cual Simón Bolívar consideraba el acontecimiento más grande de todos los tiempos, la gran Revolución Francesa, que partió la historia en dos: antes y después. Su eco en la América y en el Oriente fue la revolución haitiana. El pueblo haitiano realizó una epopeya notable, y esa gran revolución haitiana se expresó sobre Cuba y particularmente sobre Santiago; sirvió de acicate a la inquietud de una miríada de esclavos en toda la isla, e iluminó los primeros movimientos encabezados por aquellos, y muchos fueron los que sufrieron el martirio y la persecución por seguir las ideas de liberación que Haití había proyectado sobre el mundo americano: la primera república en esta latitud del mundo.

De regreso a su tierra, lógicamente, con tan amplia experiencia, se sintió inconforme con el estado de las cosas, participó de las ideas más avanzadas de lo que se llamaba entonces el pensamiento liberal, y de esta manera, en la medida en que ese pensamiento iba siendo radicalizado, iban tomándose contra él sucesivas represalias. Enviado a Baracoa, enviado a Manzanillo en destierro interior, retenido en Santiago a bordo de las ruinas del navío del Rey soberano que había combatido en Trafalgar y era ahora una cárcel política, y finalmente, en la conspiración que, vertebrándose ya en el centro y en el oriente de Cuba, les llevó a la ciudad de Las Tunas, a un pequeño sitio, a una finca discreta llamada San Miguel del Rompe, donde se reunieron en la convención, llamada en lenguaje masónico la Convención de Tirsán. En ella apareció su liderazgo nítidamente. Mientras que otros propugnaban por esperar una nueva zafra, reunidos allí hacendados cuyo desarrollo en las ideas políticas y revolucionarias los llevaba como clase al borde del precipicio, él proclama la necesidad de levantarse. Y también había llegado a una conclusión: no debíamos esperar más esfuerzo que el nuestro. ¡Las armas las tienen ellos!, exclamaría en otra ocasión.
De esa manera, apurados los acontecimientos, ante la inminencia del descubrimiento de la conspiración, o quizás anticipándose voluntariamente por el significado de la fecha, decidió, en la madrugada del 10 de Octubre, reunir allí a los que en Demajagua, su ingenio cerca de Manzanillo, a la vista del golfo de Guacanayabo y ante el impresionable retablo de la Sierra, le escucharon pronunciar su histórico llamado al pueblo cubano, a la nación y al mundo, ofreciendo con la libertad de Cuba una mano generosa a todos los pueblos y hombres de la Tierra, al mismo tiempo que proclamaba, en un país donde faltarían tantos años para la abolición de la esclavitud, la libertad de los suyos propios, desentendiéndose del pasado, haciendo un rompimiento con sus posesiones territoriales, con su posición privilegiada, con su condición de amo y señor, para transformarse en libertador.

El 10 de octubre fue el comienzo, y unas horas después en Yara, lanzado el guante al rostro del adversario, la causa tomó el nombre de aquel sitio y se le llamó entonces Grito de Yara.

El 20 de octubre estaban sobre Bayamo. Capitulada la ciudad que fue su cuna, se establece allí la primera capital de la revolución y el primer ayuntamiento libre, en el cual participan, a piel de igualdad, cubanos, españoles honorables y también negros libres. De esa manera va a hacerse la composición social que él quiere, lo que él tan inmensamente desea.

Bayamo no fue sostenible. Poco después, y apresurando como en una filmación la historia, deben abandonarla ante el avance de las columnas militares españolas. La decisión de dar fuego a la ciudad comienza con sus bienes propios y con los de los otros que se dispusieron a hacerlo.

El fuego de Bayamo, percibido en el horizonte por el Conde de Valmaseda, da a él el recuerdo de la voluntad numantina del pueblo cubano: ¡Libres sí, esclavos no; independientes sí, sujetos no!

Había nacido, con aquella desobediencia política, un movimiento revolucionario, y al incendio sucedió el éxodo. Había nacido el Ejército Libertador.

El ejército había probado sus armas y, al pie de las gradas de la iglesia de Bayamo, Pedro Figueredo, su compañero de infancia, general también de la revolución, dio letra al himno que poco antes había compuesto, absolutamente permeado por la letra y los acordes del más subversivo que recorría entonces la tierra: La Marsellesa.

De esa manera avanzó la revolución hasta llegar a la consolidación de la idea con el levantamiento del Camagüey y de Las Villas. Y con representación de estos tres territorios se reúnen en la ciudad de Guáimaro, donde la Asamblea Constituyente lo elige primer Presidente de la República de Cuba en Armas.

Todos cedieron, es la verdad, pero él cedió más: era del criterio de que la revolución debía ser sostenida con una mano firme y que era más importante una victoria que un discurso político, que era más importante avanzar y triunfar que cientos de miles de hombres en Oriente, si no éramos capaces de avanzar hacia los confines de Cuba.

Sabía perfectamente que a partir de ese momento quedaba sujeto administrativamente a la Cámara de Representantes y que ella podía sancionar sus propias determinaciones.

De esta manera, el hombre del 10 de Octubre, tal y como lo considera José Martí en su brillante análisis de las personalidades de Céspedes y Agramonte, enfrentará serenamente su destino, un destino que llevó a aquel gobierno peregrino a andar por los montes, mientras que el ejército combatía en los distintos puntos de los frentes abiertos por un adversario temible, un adversario que defendería como un tigre a su último cachorro.

Todo siguió así, hasta que el 27 de octubre las contradicciones estallaron, era el año 1873. Antes, el 11 de mayo, una noticia le había sorprendido y le había descorazonado. Con la muerte de Ignacio Agramonte en Jimaguayú, se derrumbaba el Sucre de esta historia, el que podía continuarlo con un avanzado pensamiento civil, moral y alta competencia militar. La muerte de Agramonte descabeza la continuidad, y de esa forma se prepara Céspedes para su propio destino.

El 27 de octubre de 1873 es depuesto en un lugar llamado Bijagual, un sitio que hoy está cubierto por las aguas de una presa realizada por la Revolución Cubana, una presa que lleva su nombre, como si las aguas de aquel inmenso lago pudiesen borrar el agravio que significó para Cuba no la pérdida de un presidente, sino el descabezamiento de un líder; la caja de Pandora se había abierto, la desunión finalmente los perdería.

Peregrino detrás de la Cámara, viviendo ya en absoluta pobreza, despojado de todo bien material, algunos que le ven en aquellos días finales de su vida lo consideran un anciano.

El “viejo Presidente” sube con sus ropas raídas el camino del monte y llega finalmente a San Lorenzo, no lejos de aquí, al final, entre aquellas montañas (Señala), está el sitio. Una traición llevó hasta aquel lugar a los que le perseguían y buscaban en él la prenda preciosa, pues jamás habría podido ser entregado vivo. “Seis balas tiene mi revólver, cinco para ellos y una para mí”.

Allí, el 27 de febrero de 1874, a media mañana, se sintió la presencia del enemigo en los montes. Poco pudo hacer el prefecto, ni tampoco los que se encontraban en el sitio, ni su hijo que había salido a realizar gestiones próximas. Pronto, cerca de la charca donde solía bañarse todas las mañanas, su caballo Telémaco, herido de muerte, cayó sobre aquel sitio. Poco después descargas y el sonido estentóreo de un arma pequeña que disparaba una y otra vez, haciéndose distantes los disparos hasta escucharse el último. Le faltaban 51 días para cumplir 55 años.

Por la independencia de Cuba murieron más de 20 miembros de su familia. El primero, su amado hijo Oscar, sacrificado por su negativa de entregarlo a cambio de la deposición de sus ideas, y por último el golpe mortal, poco antes ya de su muerte, cuando se conoce de la aprehensión de los expedicionarios del Virginius, traídos a Santiago, recluidos en el Castillo del Morro, fusilados en las paredes del matadero de esta ciudad, y entre ellos su hermano, el general Pedro Céspedes, exgobernador de Oriente, y su sobrino, hijo de Manuel de Quesada, hermano de Ana, su esposa querida.

El 25 de marzo aquí, en un día tormentoso del año 1879, cuando apenas se escuchaban los ecos de la Protesta de Baraguá, algunos patriotas, incluyendo dos exesclavos suyos y alguien que había marcado el sitio de la fosa común, abrieron el lugar y encontraron los restos inconfundibles. Uno de ellos exclamó, al ver el cráneo levantado: “¡Es él!” Llevado a un nicho anónimo, fue conservado hasta el día en que Cuba podía rendirle el tributo, y el tributo fue ofrecido por don Emilio Bacardí Moreau y por su esposa doña Elvira Cape, que tanto hicieron por Santiago de Cuba, al convocar una cuestación pública para levantar el monumento que hoy, exaltado, ha sido colocado en este sitio. Esto ocurrió en el año 1910.

Como Vidas paralelas de Plutarco, fue la historia de la gran mujer cuyos restos han sido conducidos hoy también a su digno sepulcro: Mariana Grajales Coello, nacida en julio de 1815, en el seno de una familia de libres, hija de ascendientes dominicanos, viene al mundo en Santiago de Cuba. Su educación: la que le era permitida a las muchachas de su raza y de su condición social en aquella etapa. Joven contrae matrimonio con Fructuoso Regüeiferos y pronta fue su viudez; con sus hijos de esa unión y con los de Marcos Maceo posteriormente, traerá 14 al mundo. De esos 14 hijos una murió poco después y otro murió un poco más tarde.

De esa manera, cuando se produce el alzamiento en Majaguabo, en San Luis, el 12 de octubre de 1868, en la finca de nueve caballerías que tenía allí Marcos Maceo y su familia, Mariana se va a convertir en la protagonista principal de esta escena. Habiendo criado a sus hijos en el rigor de sus costumbres, en la fiereza de sus tradiciones y el dominio que tenía de la educación y del que debía imponerse a un grupo numeroso de jóvenes varones, toma la trascendental decisión de convocarlos a todos aquel día, después de que un destacamento patriótico tocó a sus puertas pidiendo comida, armas y, desde luego, hombres. A ese llamamiento saldrían tres de sus hijos, entre ellos el primogénito de su matrimonio con Marcos: José Antonio de la Caridad Maceo y Grajales. Se dice que allí -y así está en el hermoso monumento en La Habana a Antonio Maceo, en el altorrelieve que lo preside-, tomó de la pared de la sala un crucifijo y dijo a todos: “De rodillas todos, padres e hijos, delante de Cristo, que fue el primer hombre liberal que vino al mundo, juremos libertar la patria o morir por ella”. Todos salieron a la lucha. El primero en caer en ella fue su esposo Marcos, y cuentan, si no fue de las heridas inmediatamente, otros afirman que en un hospital sus últimas palabras fueron: “He cumplido con Mariana”.

De sus hijos, en esa gran contienda de 10 años, cuatro mueren en la lucha, además de su esposo, ya citado, y cuando vuelve la demanda, más allá de la Protesta, en lo que es llamada Guerra Chiquita, tres de ellos están altamente comprometidos, esperando la llegada de Antonio, entre ellos el joven Rafael y también, desde luego, José Marcelino. Son apresados finalmente y, en altamar, incumpliendo lo pactado, trasladados prisioneros y llevados a las cárceles militares en el sur de España y finalmente al presidio de Chafarinas, donde muere Rafael, general de brigada del Ejército Libertador. Ese fallecimiento le fue ocultado a ella para no agregar a sus tantos sufrimientos uno más.

Después de la Protesta y de su salida de Cuba, vivirá en Kingston, Jamaica, y su casa se convirtió, como en Costa Rica la de Antonio y sus compañeros, en un centro de peregrinación de los cubanos. Allí la visita José Martí, por vez primera en 1892. Confiesa que la vio dos veces y que se impresionó por el carácter, la bondad, el brillo refulgente de los ojos y cómo al contársele cosas de Cuba se levantaba del sillón y vagaba por el hogar recordando los días de gloria, quizás rodeada de la memoria de todo lo que en esa lucha había perdido y por el deseo fervoroso de que se volviera una vez más a luchar y a combatir.

En esa visita de Kingston, Martí hace una hermosa semblanza de ella, semblanza que va a repetir luego de que se conozca su fallecimiento el 27 de noviembre de 1893. Cuando deposita simbólicamente una corona a nombre de Patria, el periódico unitario que él había fundado para su partido, para dirigir la revolución militar y política de Cuba, coloca en la cinta de la corona esta palabra: “Madre.” Y ese concepto y esa expresión de Madre es abarcadora. Ella tenía 78 años, era el Alma Mater, el alma de la madre; era la Mater Patria, la Madre de la Patria.

En 1923 se promoverá el regreso de sus restos a Cuba. Ya entonces quedaba en el pasado la última y gloriosa hazaña. Ella no vivió para ver la muerte de José ni tampoco la muerte de Antonio, caído en el apogeo de su gloria a los 51 años en el occidente de Cuba, a las puertas de La Habana, marcando en esa simbólica balanza, entre el sepulcro de José Martí, – nacido en el corazón de La Habana, hijo de español y española -, y allá en La Habana el sepulcro de Antonio Maceo, jamás encontrado, en el Cacahual, lugar de peregrinación de la gloria militar y combativa, junto a los del hijo de Máximo Gómez, Francisco Gómez Toro, su ayudante, sacrificado por no abandonar el cuerpo de su jefe y padrino.

De esta manera, cuando volvieron a la patria los hijos de Mariana, solo volvieron cuatro, tres varones y una hembra. Esa hembra, Dominga, será la que vaya en el buque de la república, Baire, a buscar sus restos en 1923, y son depositados entonces en este cementerio de Santa Ifigenia, velados antes en el Ayuntamiento de Santiago, en medio de una gran solemnidad y de una multitud nunca antes vista.

Esta historia nos lleva directamente a la última piedra extraída de este sitio en que testigos graníticos evocan un cataclismo de la naturaleza. Una piedra enorme fue colocada, en aquel suceso inimaginable, sobre lo alto de una prominente elevación y otras muchas quedaron en el campo. De ellas una fue escogida y fue colocada en ese sitio, y en su interior usted, General Presidente, depositó un día los restos de su amado hermano, líder y conductor de la Revolución Cubana, Fidel. En esa urna y en esa piedra de granito está la voluntad de este pueblo de continuar esta historia.

Él dijo y afirmó categóricamente en su alegato, dicho cerca de aquí, en el hospital convertido en sala de tribunal, que José Martí era el autor intelectual del asalto. Por eso allí, tras de él, en impresionante retablo, están los compañeros que se atrevieron a abrir la enorme brecha en aquel muro de una sociedad, al parecer, impenetrable. Fue su talento, su voluntad de renunciar, como Céspedes, a todos los bienes temporales. No nació precisamente de una condición de pobre, necesitado y rencoroso de una sociedad más altiva, no; nació en finca prominente, tuvo estudios distinguidos, tuvo a su vez todos los atributos del talento, la oratoria, la figura y, sin embargo, todo esto lo subordinó al ideal de continuar el camino de los padres de la Patria.
Esa piedra es la continuación de la única revolución en la que hemos vivido, la revolución iniciada por Céspedes el 10 de octubre de 1868 y que continuamos hoy, bajo su dirección (Señala a Raúl). Tres veces ha llevado usted la urna: la primera vez conteniendo las cenizas de su amada esposa Vilma, en el Segundo Frente, heroína de la Revolución, autora intelectual de la unidad de la mujer cubana.

Usted, Teresita, al depositar hoy los de Mariana, lleva en sus manos no solamente los restos de esa heroína, sino también el espíritu de Vilma que fue su mentora.

Ya en 1965, en la escalinata de la Universidad, ante especulaciones sobre las razones de los próceres, Fidel afirma categóricamente, en frases definitorias: “Nosotros entonces habríamos sido como ellos. Ellos hoy habrían sido como nosotros”. Esa conjunción dialéctica la explicará luego en tres lecciones históricas magistrales: la primera, el 10 de octubre de 1968 en Demajagua, en ese lugar conmemora el primer centenario de la lucha por la independencia. La segunda, el 11 de mayo en Jimaguayú, en 1973, en que define la forma del análisis histórico y da continuación perfecta a lo que es la perla más preciosa de su última y grande aspiración, la que tuvo Céspedes, la que tuvo Martí: la de la unidad nacional en torno a la idea. Y, finalmente, el gran discurso del 15 de marzo de 1978, bajo los Mangos de Baraguá, donde jura continuar la obra de aquel Titán que a los 33 años sorprendió a su adversario por su juventud, por su apolínea figura y por su voluntad de servicio.

El próximo año se cumplirá el 150 aniversario del 10 de Octubre; el próximo año es de gran celebración para Cuba. El llamamiento de la Academia de la Historia, del Instituto de Historia, de la Unión de Historiadores de Cuba, de los maestros cubanos, es solemne en este día: conmemorar dignamente cada acontecimiento, desempolvar cada documento, dar brillo al mármol de las tumbas y de los mausoleos que, como en Santa Ifigenia, heroína del panteón griego y cristiano, aparezca al fondo un bosque de banderas cubanas sobre la tumba de cada mártir, de cada heroína, de cada héroe, que florezcan y crezcan las palmas bellas de Cuba.

En este día tan hermoso agradecemos a todos los que han cumplido y los que han trabajado abnegadamente día y noche para que esta inolvidable mañana sea posible.

Y ahora detengámonos un momento en la tumba del iniciador y veamos allí la escultura hermosa de Cuba que en su bella figura levanta un laurel para extenderlo al pie de su retrato: Padre, un día te trajeron a Santiago con ropas raídas, ensangrentado y desecho; eras joven, pero habías envejecido en el dolor, en el sufrimiento, en la ingratitud, pero jamás te abandonó la esperanza. Tú rechazaste una vez, con palabras gentiles, a las mujeres cubanas la ofrenda de la espada que hoy se ha colocado al lado de tu urna, pero dijiste a ellas que no querías legar a tus hijos ningún bien material, sino tus ideas, tu voluntad y que ella, la espada, sería una posesión futura de la nación libre. Esto se ha cumplido.

Cuando te trajeron desecho, tus zapatos estaban cosidos con alambre. Nada podía identificar lo que latía en aquel cuerpo con los ojos grandes y abiertos como los del Che.

Muchas gracias (Aplausos).

Científicos enmudecidos ante “sordera diplomática”



Embajada de Estados Unidos en La Habana. Foto: Ernesto Mastracusa

Mientras el Gobierno de Estados Unidos sigue aduciendo una alucinante sordera de sus diplomáticos en La Habana para reforzar su política de “guerra fría” contra Cuba; los científicos de ese país enmudecen ante la novela de ciencia ficción que se ha ido tejiendo.

Hasta estas horas, y después de casi un año de que se dieran supuestamente los primeros incidentes de afección de salud de los diplomáticos estadounidenses, que por cierto la AP afirma que en su mayoría eran agentes de inteligencia y no propiamente funcionarios de relaciones exteriores, aún la Casa Blanca no ha mostrado públicamente ni la primera prueba, ni el primer exámen de salud, ni siquiera ha dado la cara la primera víctima.

El pasado 5 de octubre, el periódico The New York Times calificó de “enigma científico” el asunto. El diario entrevistó a varios científicos, expertos reconocidos en acústica, quienes dijeron perplejos que lo aducido por Washington “es una teoría más apropiada para una película de James Bond”

En un artículo de su reportero de temas científicos Carl Zimmer, se afirma que el sonido puede causar molestias e incluso serios daños; pero los científicos dudan que un arma escondida de ultrasonido pueda explicar lo que pasó en Cuba.

“Diría que es bastante inverosímil’, comentó Jurgen Altmann, físico de la Technische Universitat Dortmund en Alemania y experto en acústica. “No conozco efecto acústico alguno que pueda causar síntomas de conmoción cerebral”-dijo el Dr. Altmann. “El sonido a través del aire no puede sacudir tu cabeza”.

Zimmer también refiere en su artículo que el Pentágono ha investigado por décadas en posibles armas no letales basadas en sonidos más allá del espectro audible por los humanos. El Pentágono financió el desarrollo de altavoces para producir sonidos de largo alcance (conocido como dispositivos acústicos de largo alcance (LRAD)). La Marina los utiliza para alejar a los piratas, mientras que el Ejército los despliega en los puestos de control. Recientemente la policía estadounidense las empleó para dispersar las protestas raciales en el poblado de Ferguson.

Pero estas armas funcionan porque emiten un sonido insufrible, y serían demasiado evidentes para usarlas contra los diplomáticos.
Ni infra ni ultrasonidos


Según NYT, armas basadas en los infrasonidos -frecuencia de sonidos que no pueden ser escuchadas por los humanos- no han podido ser desarrolladas hasta ahora, como señala un reporte del National Institute of Environmental Health Sciences.

Más posibilidades de desarrollo, dice el Times, tendrían los ultrasonidos -con frecuencias superiores a los 20 000 hertz, más allá de la escucha humana.Los ultrasonidos pueden provocar daños si se producen con suficiente poder.

Los militares estadounidenses estuvieron investigando sobre armas ultrasónicas, pero que estos proyectos fueron supuestamente abandonados en la década del 90 del siglo pasado, dice el artículo del Times, y añade que aún si alguna otra parte ha tenido éxito en desarrollar armas ultrasónicas, los investigadores afirman que las leyes de la física hacen improbable que un dispositivo puedera dañar desde lejos a los diplomáticos.

“Los Ultrasonidos no pueden viajar una larga distancia”, dijo al New York Times Jun Qin, un ingeniero acústico de la Southern Illinois University. “A más distancia vaya el sonido, más debilitado llegará”. A lo que añade el Dr. Steven L. Garrett, quien enseñó acústica en la Penn State University hasta su retiro el pasado año, que la alta humedad en lugares como La Habana puede debilitar los ultrasonidos aún más.

Una tras otra, los científicos consultados por NYT descartan el uso de una gran arma sónica porque sería demasiado visible, ni un rifle de rayos ultrasónicos o artefactos ultrasónicos plantados en edificaciones, ni siquiera un pequeño emisor colocado en las almohadas, pues sería muy difícil que escapara de la atención de los afectados, dice el Dr. Quin.

Y aun cuando los ultrasonidos pueden causar varios de los síntomas reportados, afirma el artículo del Times, no existe evidencia alguna de que puedan causar lesiones cerebrales, como se ha aducido en el caso de los diplomáticos estadounidenses.

Carl Zimmer concluye su investigación afirmando que “Por todas esas razones, dicen los expertos, que las armas de ultrasonidos no deben estar en la lista de posibles explicaciones para las pérdidas auditivas, dolores de cabeza y otros síntomas que se dice han sido observados en los diplomáticos”.
Ansiedad y falta de pruebas

El Dr.Timothy Leighton, un profesor de acústica ultrasónica y subacuática en Southampton University, a la vez que considera imposible el uso de un arma sónica unidireccional que ataque sólo a determinados objetivos, no descarta que en el caso influyan la ansiedad contagiosa u otros factores sicogénicos.”Si usted crea ansiedad en las personas de que están bajo ataque de una arma ultrasónica, esos pueden convertirse en los síntomas que usted sienta”.

A la falta de explicación científica a un posible “ataque sónico” se unen las dificultades para investigarlo a estas alturas. Señala el NYT que el Dr. Garrett les dijo que si una misteriosa arma ultrasónica de alta tecnología hubiera sido usada, hubiese sido fácil obtener la evidencia cuando el ataque estaba ocurriendo. Apuntó el investigador que los teléfonos Iphone tienen comunmente un apps que permite detectar sonidos ultrasónicos a partir de la sensibilidad de su micrófono.

¿No lo sabían los superpreparados agentes de inteligencia estadounidenses que estaban destacados en La Habana?, valdría preguntarse.

Para el Dr. Garret “Ellos perdieron la aportunidad de encontrar la causa. Será como una porción de Cake”


WIRED también confirma


La reconocida publicación de temas tecnológicos WIRED también se cuestiona el tema de los “ataques sónicos” en La Habana, en un artículo publicado el propio 5 de octubre.

Tras entrevistar a varios científicos y en medio de teorías diversas sobre el probable origen de los problemas de salud de los representantes diplomáticos estadounidense, el periodista de Wired Adam Rogers señala:

Las aventuras del encuentro entre 007 y los Expedientes X en Cuba continúan. La semana pasada, el Departamento de Estado regresó a sus hogares a su personal no imprescindible y sus familias de la embajada en La Habana, alegando lesiones y enfermedades entre 21 personas- “pérdida de la audición, mareos, dolor de cabeza, fatiga, problemas cognitivos, y dificultad para dormir”, según un comunicado del secretario de estado Rex Tillerson.

Esas 21 personas no eran sólo agregados culturales. Algunas de las víctimas más afectadas eran agentes de inteligencia de Estados Unidos, de acuerdo con un artículo de la AP.

[…]La mayoría de los informes sobre esta historia hasta el momento hablan de una especie de “arma sónica” o “ataque sónico,” tal vez un efecto secundario de una tecnología de vigilancia. El problema es que los físicos y los acústicos no saben cómo ultrasonidos (alta frecuencia) o infrasonidos (baja frecuencia) podrían hacer lo que el Departamento de Estado dice que le pasó a su gente. Eso deja dos posibilidades: una nueva arma de sonido de ciencia ficción o algo más.

[…] Sólo para rebobinar un poco: Las lesiones reportadas varían, desde la pérdida auditiva (potencialmente permanente) y mareos a confusión, dolor de cabeza, e incluso un traumatismo cerebral leve. Para audiólogos y otorrinolaringólogos, sugiere daños o lesiones en el oído interno, que convierte las ondas sonoras en impulsos neuronales y regula el equilibrio, y a lo largo de caminos de los nervios que llegan al cerebro. Algunas de las personas afectadas dijeron haber escuchado ruidos extraños, a veces sólo en partes específicas de habitaciones-específicas, pero otros no lo hicieron.

Inmediatamente esto sugiere algún tipo de ataque acústico enfocado. Pero nadie va a admitir saber acerca de las tecnologías que pueden hacer todo eso. “Nada sobre esta historia tiene sentido para nosotros”, dice Robert Putnam, director de marketing de LRAD, que fabrica el dispositivo acústico de largo alcance que un buque de crucero desplegó contra los piratas en 2005. Pero el LRAD utiliza sonido audible-muy, muy audible. La mayor parte de los ataques cubanos parecen haber sido inaudibles. “Si se trata de infrasonido, en realidad no están oyendo, y tendrían que aplicar una enorme cantidad de energía en el suelo”, dice Putnam. “Si se trata de ultrasonido, se atenúa muy rápidamente, y si se aplica una gran cantidad de energía en ello, se calentaría la piel.”

Y las tecnologías que concentran un haz de sonido audible en un solo punto no tienen el tipo de rango que nuestra arma mágica de la ciencia ficción necesitaría -como en 2010 “habría que estar dentro de 5 o 10 pies del emisor para que tenga un efecto “, dice Putnam. Por supuesto, tal vez el arma mágica de sonido de ciencia ficción ha hecho un progreso tecnológico significativo desde entonces.

[…]Tal vez esto no es James Bond o Expediente X; tal vez es de los hermanos Coen. Tal vez nadie, como los malos desafortunados suelen decir, se supone que debe salir herido.

La cosa es que envenenar a la gente a distancia es muy difícil de hacer. “Uno tiene que tener una dosis constante y un mecanismo de entrega constante,” dice Edward Boyer, un toxicólogo médico en la Escuela de Medicina de Harvard. Cualquier cosa lo suficientemente ototóxico para provocar la gama de síntomas en los diplomáticos habría sido tóxico de otras maneras, también, dice. E incluso los síntomas que el Departamento de Estado ya ha hecho pública “implican una farmacocinética muy variable, lo que me dice que no sería tan útil como una toxina. Si no puedes incapacitar a todo el mundo, ¿cuál es el punto de utilizarlo en absoluto?”

[…]Por ahora, lo que sucedió a los diplomáticos y espías en Cuba sigue siendo un misterio sin suficientes pistas. Los expertos consultados hicieron hincapié en que hay que hacer algo más que especular, que tendrían que ver los resultados de laboratorio, neuropsiquiátricos, neuroimagen, historia del medio ambiente … todos los resultados que el Departamento de Estado no ha hecho público, si es que esas pruebas se realizaron. E incluso si el Departamento de Estado determina lo que afectó a su gente en Cuba, podrían no decirlo. A veces la verdad no está ahí fuera.
Ciencia desconcertada

La ciencia está desconcertada ante el escenario planteado por el Departamento de Estado. La física no puede explicar lo que los políticos y voceros de Foggy Bottom aducen. Las pruebas, las víctimas, los estudios que respalden la denuncia siguen sin aparecer.

Mientras tanto hacen zafra los opositores de una relación creciente entre los dos países, con el senador Marco Rubio a la cabeza. Como señaló el académico Richard Feinberg, investigador de la Brookings Institution y profesor de la University of California San Diego, las sospechas de ataques han brindado a la administración Trump la oportunidad de revertir los esfuerzos de la administración Obama por mejorar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

“Adicionarle a eso la salida forzoza del personal cubano de su embajada en Washington y el aviso de prevención de viaje -pasos adicionales que me lucen no son justificables y por tanto sugieren que alguna gente en la administración y en el Capitolio se han apoderado de estos incidentes para añadir más frialdad a las relaciones EE.UU-Cuba”, dijo Feinbarg.

A confesión de partes, sordera sin pruebas.

martes, 10 de octubre de 2017

Preside Raúl acto político y ceremonia militar en Santa Ifigenia

En este artículo: +, Carlos Manuel de Céspedes, Cementerio Santa Ifigenia, Historia, Historia de Cuba, Mariana Grajales, Raúl Castro Ruz
10 octubre 2017


El General de Ejército Raúl Castro en la última Guardia de Honor a los restos de Mariana y Céspedes antes de ser inhumados. Foto: ACN

El General de Ejército Raúl Castro, Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, preside el acto político y ceremonia militar de inhumación de los restos de Carlos Manuel de Céspedes y Mariana Grajales.

En el cementerio Santa Ifigenia, más de 350 invitados de las provincias orientales y Camagüey asisten al momento de gran simbolismo en que los restos de Céspedes, Padre de la Patria, y Mariana, Madre de todos los cubanos, son trasladados cuidadosamente al área patrimonial de la necrópolis.

Ubicado en la necrópolis santiaguera, el Monumento funerario de Céspedes se inauguró el siete de diciembre de 1910 en su tercer enterramiento y los restos de Mariana fueron traídos desde Jamaica y depositados en Santa Ifigenia el 23 de abril de 1923.

Al acto político y ceremonia militar asisten dirigentes del Partido Comunista de Cuba, el Gobierno, de las organizaciones de masas y de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.

Desde las nueve de la mañana y hasta las seis de la tarde, el pueblo santiaguero rendirá tributo al líder histórico de la Revolución cubana Fidel Castro, al Héroe Nacional José Martí, Carlos Manuel de Céspedes y a la Madre de todos los cubanos, Mariana Grajales.

(Con información de ACN)

Carlos Manuel de Céspedes: La virtud revolucionaria

Por: Eusebio Leal

“Aquella década magnífica, llena de épicos arranques y 
necesarios extravíos, renace con sus héroes, 
con sus hombres desnudos, con sus mujeres admirables,
con sus astutos campesinos, con sus sendas secretas,
con sus expedicionarios valerosos. 
Ya las armas están probadas, y lo inútil se desecha,
y lo aprovechable se utiliza. 
Ya no se empleará el tiempo en ensayar: se empleará en vencer”

José Martí


Al alba del 10 de octubre de 1868, a la vista del golfo de Guacanayabo y perdidas en la mirada las altas montañas del Oriente en el ingenio Demajagua, el abogado Carlos Manuel de Céspedes y López del Castillo reunió a aquella vanguardia selecta y aguerrida que juramentada previamente en la reunión celebrada en la finca San Miguel del Rompe, más allá del Río Jobabo, habían acordado secundar al primero que se viera precisado a levantarse en armas.
Aquella secreta convocatoria celebrada bajo el juramento y el sigilo masónico con el nombre críptico de Convención de Tirzán, sería la última vez en que se dilatase el acto crucial.

En medio de un puñado de hombres y esclavos que ipso facto quedarían redimidos, el iniciador daba lectura al manifiesto que selló la determinación independentista: “Cuando un pueblo llega al extremo de degradación y miseria en que nosotros nos vemos, nadie puede reprobarle que eche mano a las armas para salir de un estado tan lleno de oprobio. El ejemplo de las más grandes naciones autoriza ese último recurso. La isla de Cuba no puede estar privada de los derechos que gozan otros pueblos, y no puede consentir que se diga que no sabe más que sufrir. A los demás pueblos civilizados toca interponer su influencia para sacar de las garras de un bárbaro opresor a un pueblo inocente, ilustrado, sensible y generoso.”

Su bandera, que por primeva vez enarboló ese día, cosida por la joven lugareña Candelaria Acosta, le acompañaría hasta la Asamblea Constituyente de Guáimaro. Allí, por acuerdo de todos pasaría a ser un tesoro de la nación y sería colocada por siempre dondequiera que se reuniera y bajo cualquier circunstancia, una asamblea cubana. Para no agraviar esa precedencia acordarían asociarla a la del triángulo equilátero y la estrella solitaria que con idénticos colores: rojo, azul y blanco, habían diseñado los precursores y se convirtió luego en la bandera de Cuba.

Céspedes sería no sólo el valiente protagonista principal del diez de octubre. En los años venideros, incontables sacrificios y dilemáticos hechos se presentarían ante él como una sucesión vertiginosa que pasa necesariamente por momentos estelares:

– La refriega en el poblado de Yara que otorgaría nombre a la Revolución iniciada en el patio del ingenio.

– Su determinación de seguir adelante cuando en medio de la confusión momentánea se arremolinan junto a él sólo doce hombres.

– La toma de la ciudad de Bayamo, primera capital de la Revolución, su defensa fallida, su actitud ante la Asamblea Constituyente y su acatamiento del criterio mayoritario según el cual el presidente de la República en Armas debía someterse a una asamblea legislativa.

José Martí, Apóstol de Cuba, realizó el análisis certero de aquella utopía democrática al reconocer que Céspedes no creía en una autoridad dividida pues “la unidad del mando era la salvación de la revolución; que la diversidad de jefes, en vez de acelerar, entorpecía los movimientos. Él tenía un fin rápido, único: la independencia de la patria. La Cámara tenía otro: lo que será el país después de la independencia. Los dos tenían razón; pero en el momento de la lucha, la Cámara la tenía segundamente. Empeñado en su objeto, rechazaba cuanto se lo detenía.” (1)

– Los avatares de su gobierno itinerante, la crudeza de la guerra desencadenada en toda su magnitud.

– El sacrificio de su amado hijo Oscar, capturado por el enemigo y ante el ofrecimiento de su vida a cambio de sus ideas responderá: “Oscar no es mi único hijo; soy el padre de todos los cubanos que han muerto por la Revolución”. Y así nace el Padre de la Patria.

– Abierta la caja de Pandora, aconteció su deposición por un acto jurídico desentendido del carácter trascendental de su vida, obra y liderazgo. Hoy resultaría cuestionable bajo el principio de que la única fuente de derecho es la Revolución misma.

– Su peregrinaje ejemplar por los montes hasta arribar a un sitio entonces ignoto llamado San Lorenzo, donde el 27 de febrero de 1874 cayó serenamente sin renunciar a uno solo de sus principios.

La forja de la unidad de la nación ha sido una epopeya que jamás podrá ser soslayada o disminuida en su sentido vital. ¡Qué precio tan alto se pagó por la desunión o por tratar de anticipar los acontecimientos políticos! Así lo sintió Martí cuando realizó desde la emoción contenida su elogio de Céspedes y Agramonte: “De Céspedes el ímpetu, y de Agramonte la virtud. El uno es como el volcán, que viene, tremendo e imperfecto, de las entrañas de la tierra; y el otro es como el espacio azul que lo corona. De Céspedes el arrebato, de Agramonte la purificación. El uno desafía con autoridad como de rey; y con fuerza como de la luz, el otro vence… Aún quedará en el arranque del uno y en la dignidad del otro, asunto para la epopeya.” (2)

El presidente Céspedes fue depuesto de su magistratura en un campamento que llevaba el paradójico nombre de Bijagual de Jiguaní. Otra cosa no fue aquél sitio, un bibijagüero donde los héroes de patria chica quiebran el orden moral tratando de defender el constitucional.

La Revolución victoriosa del primero de enero de 1959, en su profundo accionar determinó que aquél sitio doloroso fuera cubierto por una presa inmensa, un lago purificador que lleva el nombre de Carlos Manuel de Céspedes. ¡Esa fue la determinación de Fidel!

¡Qué poder grande tienen los símbolos y qué papel redentor tiene la poesía para ayudarnos, sin perder un instante de objetividad, a comprender los hechos históricos! Ante la Historia sólo se puede entrar con la cabeza descubierta.

¡Pobres de los racionalistas, de los que quieren ser más jacobinos que los de la revolución francesa! Desde la insurgencia, la clandestinidad y el exilio se puede únicamente soñar. Sólo desde el poder político se pueden transformar la sociedad y la Historia. Una vez que se tiene, se adquiere una inmensa responsabilidad.

El espíritu de los revolucionarios no puede naufragar en las aguas muertas de la burocracia, el freno nefasto al movimiento enérgico y liberador que permite a todo proceso observar una dialéctica original: escuchar y tomar ejemplo de otras experiencias pero asumir la singularidad de la propia.

Era necesario el 10 de octubre de 1868, como lo fue el 24 de febrero de de 1895 y el primero de enero de 1959. La visión de la Revolución como una sola, como un devenir secular, nos da firmeza desde el sentido culto de que ella, la Revolución, no es un revolico ni una algarabía, ni un estentóreo movimiento, sino algo más profundo y serio.

Así lo vio Céspedes en la madurez de su pensamiento y en su alocución memorable al ser proclamado presidente de la República en Armas el 11 de abril de 1869, cuando “en el acto de empeñar su lucha contra el opresor”, como un compromiso ante su “propia conciencia” juró: “Cubanos: con vuestro heroísmo cuento para consumar la independencia. Con vuestra virtud para consolidar la República. Contad vosotros con mi abnegación. ”

Notas:Guillermo Tell

1- En Martí, José. “Carlos Manuel de Céspedes”. En La revolución de 1868. Centenario 1868. Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1968, pp. 197-198.
2- Martí, José. Obras Completas. Tomo 4. Editorial Ciencias Sociales. La Habana 1975, p. 359.Guillermo Tell


(Tomado de EusebioLeal)
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