"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

lunes, 12 de noviembre de 2018

Presentación de los libros del ICH en el ICIC Juan Marinello



INSTITUTO CUBANO DE INVESTIGACIÓN CULTURAL JUAN MARINELLO

Boyeros #63 e/ Bruzón y Lugareño. Plaza de la Revolución
Correo: comunicacion@icic.cult.cu

El Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, el Instituto de Historia de Cuba y la Editorial de Ciencias Sociales invitan a todos los interesados a participar en la

MESA DE PRESENTACIÓN DE NOVEDADES
DEL INSTITUTO DE HISTORIA DE CUBA


Fecha: jueves 15 de noviembre de 2018

Hora: 2:00 p.m.

Lugar: sede del Instituto Juan Marinello

Los títulos a presentar son los siguientes:

COLEGIOS PROTESTANTES EN CUBA

Autora: Dra. Yoana Hernández Suárez

Presentador:

En la presente obra la autora aborda científicamente la historia de la educación protestante en Cuba durante las tres primeras décadas de la etapa republicana. Sin lugar a dudas, el título que ahora presentamos contribuye al rescate de una historia sin prejuicios y desde una perspectiva científica.

Yoana Hernández Suárez (Pinar del Río, 1972). Doctora en Ciencias Históricas. Actualmente trabaja como investigadora titular del Instituto de Historia de Cuba. Profesora adjunta de la Universidad de La Habana. Ha impartido cursos de religión en Cuba y otros países. Miembro de la Unión Nacional de Historiadores e Investigadores de Cuba (UNHIC), Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Sociedad de Pedagogos de Cuba. Ha publicado numerosos libros sobre temas de religión, cultura y educación en Cuba; asimismo ha colaborado de diversas obras y revistas nacionales y extranjeras. Entre sus principales publicaciones se encuentran: Nuevas voces viejos asuntos. Panorama de la más reciente historiografía cubana (Editorial de Ciencias Sociales, 2002);Protestantismo en Cuba: desarrollo y organización, 1900-1925 (Editora Historia, 2006); Máximo Gómez en perspectivas (Editorial Oriente, 2007); A la sombra del espíritu (Editora Historia, 2009); Las iglesias cristianas en Cuba entre la independencia y la intervención (Editora Historia, 2011); y Las paradojas culturales de la República (Editorial de Ciencias Sociales, 2015).

REPENSAR LA CULTURA SU INSTITUCIONALIZACIÓN (1955-1961)

Autora: M.Sc. Jorgelina Guzmán Moré

Presentador:

Esta obra es un primer acercamiento a la política cultural del Instituto Nacional de Cultura desde su fundación en 1955; no surgió como resultado de la natural evolución del asociacionismo estatal cubano, como sí ocurrió con la Dirección General de Cultura, sino por la coyuntura política originada a partir del golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 con el que Batista tomó las riendas del país.

Jorgelina Guzmán Moré: La Habana, 1961, Máster of Arts en Filosofía de la Universidad Estatal de Moscú (1985). Impartió docencia durante varios años en las asignaturas de Filosofía, Lógica y Economía Política. Ha asistido a diferentes eventos científicos nacionales e internacionales, tiene publicados los libros Crisis económica y creación artística 1988-1992, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2010 y De Dirección General a Instituto Nacional de Cultura, Editora Historia, La Habana, 2014; además es coautora de varios libros: Los caminos del Moncada, 2014; Cuadernos Cubanos de Historia, no. 6 y 7, publicados por la Editora Historia, La Habana, 2016; La cultura cubana por los caminos de una nueva sociedad, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2012, y de la misma editorial Las paradojas culturales de la República de Cuba (1902-2000), 2016.


LAS PARADOJAS CULTURALES DE LA REPÚBLICA CUBA (1902-2000)

Compilación y prólogo: Dra. Mildred de la Torre Molina
Presentadora: Dra. Mildred de la Torre Molina

En este volumen los autores transitan por el fenómeno cultural de Cuba, como parte inseparable de la historia que posibilitó los cambios de manera juiciosa e imparcial, señalando los progresos, sin olvidar los conflictos y regresiones de una nación con una arraigada identidad cultural, violentada y desdeñada no pocas veces durante el periodo que se estudió, pero jamás perdida.

Mildred de la Torre Molina: Doctora en Ciencias Históricas, miembro de los tribunales de otorgamiento del doctorado en Ciencias Históricas por la Universidad de La Habana. Profesora Universitaria. Ha publicado varios libros personales y colectivos y numerosos artículos en revistas especializadas en Cuba y en el extranjero. Ha participado en eventos nacionales e internacionales como ponente y conferencista. Ha recibido varias distinciones, entre ellas la de la Cultura Nacional y el Premio Félix Varela.

EL MUSEO NACIONAL DE BELLAS ARTES EN LA POLÍTICA CULTURAL DEL ESTADO CUBANO (1940-1961)

Autora: Lic. Hilda María Alonso González
Presentador:
Estas páginas nos adentran en la vida interna del Museo Nacional de Bellas Artes y en su historia, una institución imprescindible para la custodia y conservación de los bienes patrimoniales del país. Considerado uno de los más importantes de América Latina y el Caribe, se convierte en vital referencia para la construcción de la identidad cultural de la nación cubana.

Hilda María Alonso González. Lic. en Educación en la Especialidad de Historia y MSc. Investigadora del Instituto de Historia de Cuba, además es profesora de Historia de la Universidad de La Habana. Es asesora de varias instituciones relacionadas con el patrimonio nacional, especialidad que ha dado a conocer a través de libros, artículos y ponencias en eventos nacionales y extranjeros.


ENTRADA LIBREIcic Juan Marinello
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¿11 DE NOVIEMBRE: FIN DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL?

Por Gloria Gaitán

Decir que un 11 de noviembre de 1918 terminó la Primera Guerra Mundial es inexacto, porque, como lo afirman todos los analistas, historiadores o cronistas especializados en el tema, los hechos ocurridos en ella sentaron las bases para el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. El llamado fin de la Primera Guerra Mundial fue tan solo un entreacto.

Lo mismo deberíamos plantear con franqueza en Colombia - si no primara la voluntad de cometer MEMORICIDIO para lavarle las manos a los responsables - al referirnos a las sucesivas firmas de acuerdos de paz del gobierno colombiano con las guerrillas, que se vienen sucediendo desde el tiempo en que se firmó la paz con las guerrillas que tuvieron su origen en 1950, como consecuencia del genocidio oficial al gaitanismo desde 1946, a partir del momento en que Mariano Ospina Pérez tomó posesión de la Presidencia de la República, instaurando el gobierno llamado de Unión Nacional, que agrupaba a la oligarquía liberal y conservadora, aun cuando las semillas datan de 1945, bajo el gobierno de Alberto Lleras Camargo, para impedir el ascenso del pueblo al poder.

El tratado de paz de Versalles, firmado en 1919, impuso enormes obligaciones a Alemania para indemnizar a los vencedores, por lo que el tratado no tuvo éxito, ya que Alemania señaló que habían sido falsos pretextos los que la habían llevado a firmar el armisticio, creyendo que la paz era una “paz sin vencedores”. Las condiciones en que se sometió a Alemania para rendirse, fue sin duda la causa, años más tarde, del alzamiento de Hitler. Es por ello que un gran número de historiadores considera que jamás finalizó la primera guerra mundial, sino que solo fue un largo cese al fuego mientras comenzaba la siguiente etapa: la Segunda Guerra Mundial.

En Colombia la lucha guerrillera no ha cesado ni cesará, mientras los acuerdos de paz solo sean formalidades de parte del Estado para incumplir posteriormente lo pactado y señalar, como responsables del conflicto, al pueblo, mientras que los dirigentes políticos quedan exentos de toda culpa.

Tampoco habrá paz mientras se acuerde entre las partes “un borrón y cuenta nueva” con el pasado, porque la frustración de los acuerdos de paz deja una huella permanente, tanto factual como psicológica. Y, mientras los hechos pasados no se consideren parte integral de los sucesos presentes, seguiremos repitiendo, como noria, unas etapas de guerra y unos procesos de paz sin que el carrusel de la muerte se detenga.

Establecer como tiempo del conflicto 83, 64 o 54 años, no es un asunto trivial. Es una posición ideológica. Quien niega que el conflicto data de 83 años atrás está cometiendo – deliberada o estólidamente – una grave negación a la verdad. Mientras no nos detengamos a analizar los inicios y los subsiguientes procesos de paz, seguiremos arrastrando el lastre histórico que no permitirá vencer el conflicto. No en vano los políticos y los historiadores europeos reconocieron, como factor determinante para lograr la paz estable, que la Segunda Guerra Mundial fue la continuación de la Primera Guerra Mundial.


Nadie puede olvidar la traición a los acuerdos de paz pactados por el gobierno de Rojas Pinilla con las primeras guerrillas nacidas en el año 1950, cuyos máximos líderes, en su gran mayoría, fueron asesinados, sobreviviendo algunos combatientes y testigos de la época que, más adelante, se incorporarán a organizaciones orientadas por dirigentes marxistas. Es el caso de Manuel Marulanda, dirigente histórico, fundador de las FARC.

Se le oye decir a Manuel Marulanda Vélez, en el libro “Las vidas de Pedro Antonio Marín, Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo”, escrito por Arturo Alape que “La familia de nosotros era gaitanista. Uno les oía comentar… que con el triunfo de Gaitán – al tío se le aguaba la saliva en la boca -, se desarrollaría en el país una política de colonización para los sin tierra y los sin trabajo, que les darían muchos créditos para el derrumbe de montañas”. Marulanda concluye diciendo bellamente: “el árbol de la ilusión quedó cortado de raíz con el asesinato de Gaitán, las palabras cogieron rumbo tras la montaña” .

Toda esta historia, con raíces en el pasado, fue objeto de MEMORICIDIO cuando la Junta Militar, que asume el poder después de la caída de Rojas Pinilla, a instancias de Alberto Lleras contrata a Monseñor Guzmán para que haga una compilación de los hechos violentos de los períodos pasados, trabajo que más adelante se concretará en el famoso libro La Violencia en Colombia que, premeditadamente, silencia los orígenes de esa violencia, ocultando la culpa inexorable de los gobiernos de Alberto Lleras y Mariano Ospina Pérez.

Porque los procesos de paz, que en realidad de verdad han perpetuado soterradamente la guerra mediante la traición a los combatientes desmovilizados, utilizan como armas de lucha el MEMORICIDIO y la distorsión de los hechos. De ahí el gran combate que se libra hoy para ahogar la JEP, manipular el Centro de Memoria y convertir a los luchadores populares en “víctimas”, despojándolos de su carácter de batalladores, porque el concepto de víctima hace parte del lenguaje patriarcal, que convierte al combatiente en un ser mendicante, despojándolo de su condición de combatiente popular que exige, que reclama y que lucha por sus derechos, único camino para que renazca la esperanza y la fe, que son armas que, de mantenerse pujantes, son las más poderosas.

La Comisión de la Verdad tiene como tarea establecer, esta vez sí, los orígenes del actual conflicto, que se remontan a la década de los años 40. Solo así se hará un diagnóstico correcto del problema para curar de raíz la enfermedad.


Bogotá, 11 de noviembre de 2018

sábado, 10 de noviembre de 2018

Maceo: : "Cuando Cuba sea independiente solicitaré del gobierno que se constituya permiso para hacer la libertad de Puerto Rico; pues no me gustaría entregar la espada dejando esclava esa porción de América"

Por Pedro Martinez Pirez

Para llegar a la casa natal del Titán de Bronce Antonio Maceo en Santiago de Cuba tuvimos que desafiar un diluvio del que algunos vecinos nos protegieron invitándonos a guarecernos en sus humildes viviendas. La casa museo guarda valiosos recuerdos suyos, entre ellos la imprenta del primer periódico de los mambises en la guerra, El cubano libre, publicado por Maceo.

En una pared una contundente cita suya sobre Puerto Rico a tono con la camiseta con la efigie de Oscar López Rivera que llevé a la casa de Maceo: “Cuando Cuba sea independiente solicitaré del gobierno que se constituya permiso para hacer la libertad de Puerto Rico; pues no me gustaría entregar la espada dejando esclava esa porción de América”

No es la única sobre el tema. En su libro “Ecos de la manigua-el Maceo que yo conocí”, Guillermo Fernández Mascaró dice: “. . . muchos puertorriqueños han venido al campo insurrecto al conocer que en la base primera del Partido Revolucionario Cubano se dice: 'El Partido Revolucionario Cubano se organiza para obtener por medio de las armas la independencia de Cuba y auxiliar y fomentar la de Puerto Rico.' Entonces el General [Antonio Maceo] me dijo, en tono que demostraba profunda convicción y firmeza: 'Cuba, triunfadora en su empeño emancipador, no puede, por muchas razones, olvidar a la Isla hermana, Invadiremos a Puerto Rico y obtendremos su independencia'.”

Maceo tenía una gran intuición política. Mucho antes de que los Estados Unidos interviniera en la guerra de independencia de Cuba, Maceo previno sobre la «ayuda» que podía ofrecer Estados Unidos contra el ejército colonial español. Sobre esto, escribió al Coronel mambí Federico Pérez Carbó el 14 de junio de 1896: «De España jamás esperé nada, siempre nos ha despreciado, y sería indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos. Tampoco espero nada de los (norte) americanos; todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin su ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso (…)»

Y, por supuesto, su frase más citada: “Quien intente apoderarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha».











viernes, 9 de noviembre de 2018

Vietnam condecora a Miguel Díaz-Canel con la Orden de Ho Chi Minh (+ Fotos)

Por: Alberto Salazar Gutiérrez
9 noviembre 2018 | 24 


El galardón, uno de los dos más altos que confiere la República Socialista de Vietnam, le fue impuesto por el jefe del Gobierno de la nación indochina, Nguyen Phu Trong. Foto: Estudios Revolución.

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel fue distinguido hoy con la Orden de Ho Chi Minh en reconocimiento a sus méritos políticos y a las contribuciones a la amistad entre su país y Vietnam.

El galardón, uno de los dos más altos que confiere la República Socialista de Vietnam, le fue impuesto por el jefe del Gobierno de la nación indochina, Nguyen Phu Trong, en una solemne ceremonia celebrada en el Palacio Presidencial.

La resolución que decide la entrega resalta las aportaciones de Díaz-Canel al fortalecimiento de las relaciones entre los dos países. Instituida en 1947, la Orden de Ho Chi Minh se confiere a personas con meritorias hojas de servicio al país o en reconocimiento a sus desempeños sobresalientes en los ámbitos político, económico, social, literario, científico, tecnológico, de defensa, seguridad, diplomático o de otro tipo.

También, a ciudadanos que han prestado servicios sobresalientes al Estado y a miembros de las Fuerzas Armadas Populares de Vietnam por actos de valentía en combate frente a una fuerza enemiga.

La condecoración también puede otorgarse a ciudades, regiones, colectivos, unidades militares y barcos por las mismas razones.


Mucho que aprender de nuestros hermanos vietnamitas, vencedores de guerras, bloqueos y también de las herencias del subdesarrollo, con trabajo, creatividad y disciplina ejemplares. #SomosCuba


Al agradecer el gesto de las autoridades vietnamitas, el presidente cubano manifestó que lo interpretaba como un cubano más, en nombre de su pueblo y con la consabida humildad de los líderes cubanos.

La Orden que lleva el nombre del artífice de la independencia y la reunificación nacional es la segunda más alta de la República Socialista de Vietnam, solo antecedida por la Estrella de Oro.

Precisamente, la primera actividad que hoy cumplió el presidente cubano fue rendir homenaje a Ho Chi Minh en el mausoleo que guarda sus restos y ante el Monumento a los Héroes y Mártires de la Guerra.


Este viernes, su programa también incluye reuniones con el primer ministro Nguyen Xuan Phuc y con la titular de la Asamblea Nacional, Nguyen Thi Kim Ngan. Asistirá, asimismo, a un foro de negocios con empresarios locales.

Presidente de Cuba honra a Ho Chi Minh


La primera actividad que hoy cumplió el Presidente cubano fue rendir homenaje a Ho Chi Minh en el mausoleo que guarda sus restos y ante el Monumento a los Héroes y Mártires de la Guerra. Foto: Estudios Revolución.

En la persona de su presidente, Miguel Díaz-Canel, Cuba testimonió hoy sus sentimientos de respeto y admiración hacia Ho Chi Minh, el artífice de la independencia y la reunificación de Vietnam.

A poco de llegar aquí, la primera actividad que cumplieron el dignatario cubano y la delegación que lo acompaña en esta visita oficial y amistosa, fue depositar una ofrenda floral en el mausoleo al siempre recordado tío Ho.

Ho Chi Minh falleció el 2 de septiembre de 1969, y aunque su deseo fue que lo incineraran, el gobierno decidió embalsamarlo y exponer sus restos en esta colosal estructura cuya construcción se terminó en 1975.

Allí, ante el cuerpo exangüe pero las ideas vivas del Héroe Nacional, Díaz-Canel y su comitiva pasaron en hermético silencio como señal de respeto a quien fue un sincero amigo de la isla caribeña y su pueblo.

A unos 200 metros del mausoleo está la modesta casita de madera donde Ho Chi Minh vivió sus últimos años en preferencia al también cercano Palacio Presidencial, que con todo derecho podía habitar en razón de su cargo de jefe de Estado.

La delegación cubana también colocó flores ante el cercano Monumento a los Héroes y Mártires de la Guerra.

Todas esas instalaciones, y el precioso edificio de la Asamblea Nacional, están dentro o junto a la histórica plaza Ba Dinh, donde en 1945 Ho Chi Minh leyó la Declaración de Independencia de Vietnam frente al derrotado colonialismo francés.

Presidente de Vietnam recibe a Díaz-Canel


Recibimiento oficial de Nguyen Phu Trong a Miguel Díaz-Canel. Foto: Estudios Revolución.

Asentadas en décadas de identidad política y de solidaria cooperación, la amistad entre Cuba y Vietnam quedó renovada durante el encuentro que sostuvieron hoy en esta capital sus presidentes, Miguel Díaz-Canel y Nguyen Phu Trong.

El también secretario general del Partido Comunista de Vietnam (PCV) dispensó una cálida acogida al dignatario cubano y a los demás miembros de su delegación, que cumple una gira por Rusia y cuatro naciones socialistas de Asia.

La recepción incluyó una lucida ceremonia frente al Palacio Presidencial y después los mandatarios sostuvieron conversaciones oficiales.

Díaz-Canel, uno de los primeros dignatarios que enviaron mensajes de felicitación a Phu Trong por su elección como jefe de Estado el pasado 23 de octubre, aprovechó la ocasión para reiterarle sus congratulaciones y le deseó éxito en el desempeño de sus altas responsabilidades.

También le hizo llegar un cordial saludo del primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), Raúl Castro.

Phu Trong, a su vez, expresó su seguridad en que Cuba saldrá fortalecida de los procesos de renovación de su modelo económico-social y de discusión y aprobación de una nueva Constitución.

Los dos dirigentes recordaron el reciente viaje del secretario general del PCV a la isla y manifestaron la certeza de que los acuerdos suscritos entonces son una firme base para elevar los vínculos comerciales y de cooperación entre ambos países al mismo nivel que sus excelentes relaciones políticas.




Excelentes encuentros con las máximas autoridades vietnamitas. Ratifican voluntad de elevar el nivel de nuestras relaciones económicas al nivel de las relaciones políticas. #SomosCuba, en gira de fortalecimiento de las relaciones históricas con #Vietnam


En marzo de este año, durante la visita de Phu Trong, las dos naciones firmaron nueve acuerdos dirigidos a impulsar la cooperación en diversas esferas.

Dos de estos estuvieron referidos al fortalecimiento de los vínculos entre el PCC y el PCV, y a la conclusión de las negociaciones de un nuevo acuerdo comercial entre los dos países.

Uno de los objetivos de la visita de Díaz-Canel y su delegación es precisamente firmar hoy viernes, también en presencia del presidente vietnamita, el documento que durante los próximos años regirá las operaciones en ese terreno.

En el último lustro los intercambios comerciales bilaterales promediaron sobre los 240 millones de dólares por año, pero las partes tienen claro que las operaciones en ese ámbito aún se reservan un importante potencial y aspiran a más que duplicarlas en el corto plazo.

Díaz-Canel y Phu Trong formularon votos por el éxito de esos planes y de otros proyectos puntuales de cooperación. La isla es uno de los cinco principales receptores de inversiones vietnamitas.

Durante las conversaciones entre ambos presidentes también se corroboró el alto nivel de coincidencia entre los dos países en los principales temas de la agenda internacional y de cooperación en los foros multilaterales.

Fraternal encuentro entre Díaz-Canel y el Primer Ministro de Vietnam


El Presidente de Cuba sostuvo un fraternal encuentro con Nguyen Xuan Phuc, Primer Ministro de la República Socialista de Vietnam. Foto: @CubaMINREX/ Twitter.

Cuba y Vietnam ratificaron hoy la voluntad de catalizar sus relaciones económicas y de cooperación para equipararlas con las políticas, durante un encuentro hoy en Hanoi entre sus jefes de gobierno, Miguel Díaz-Canel y Nguyen Xuan Phuc.

En una atmósfera de visible cordialidad, los dos dirigentes se congratularon por la firma —apenas media hora antes y en presencia del presidente Nguyen Phu Trong— de un nuevo acuerdo comercial bilateral.

Ambos países trabajaron arduamente en los últimos meses para dar forma definitiva al documento que regirá sus vínculos económicos, comerciales y de cooperación en los próximos años.

En el último lustro los intercambios comerciales en uno y otro sentido estuvieron sobre los 240 millones de dólares por año, pero la intención es más que duplicarlo en el corto plazo y reafirmar a Vietnam como el segundo más importante socio de Cuba en Asia.

Díaz-Canel y Xuan Phuc coincidieron en que a la mayor sintonización de las relaciones políticas, económicas y de cooperación pueden dar un valioso aporte los intercambios de experiencias sobre los procesos de construcción socialista que tienen lugar en cada país según sus situaciones específicas.

El presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba destacó la participación del empresariado vietnamita en la dinamización de la economía de la isla a través de diversos proyectos y, consecuentemente, en el proceso de actualización de su modelo económico-social.

El primer ministro vietnamita, a su vez, manifestó la voluntad de que esa participación sea creciente y redunde en el fortalecimiento de las históricas relaciones de amistad entre las dos naciones y en beneficios tangibles para sus pueblos.

En el primer día de su visita oficial y amistosa a Vietnam, el presidente cubano se reunió antes con su par de este país y secretario general del Partido Comunista de Vietnam, Nguyen Phu Trong.

Este manifestó su convicción de que Cuba saldrá fortalecida de los procesos de renovación de su modelo económico-social y de discusión y aprobación de una nueva Constitución.

Díaz-Canel y Phu Trong pasaron revista a los vínculos bilaterales y formularon votos porque el recién suscrito acuerdo comercial se traduzca en beneficios mutuos y en un paradigma de la amistad de larga data que sembraron los líderes históricos de las dos naciones, Fidel Castro y Ho Chi Minh.

Durante el encuentro se corroboró asimismo el alto nivel de coincidencia entre los dos países en los principales temas de la agenda internacional y de cooperación en los foros multilaterales.

Díaz-Canel tiene previsto entrevistarse igualmente con el primer ministro Nguyen Xuan Phuc y con la presidenta de la Asamblea Nacional, Nguyen Thi Kim Ngan, y participar en una ronda de negocios con empresarios locales.

Mañana visitará Ciudad Ho Chi Minh (unos mil 760 kilómetros al sur de Hanoi), la urbe más populosa de Vietnam y su principal centro económico, industrial y financiero.

Vínculos parlamentarios son claves en relaciones entre Cuba y Vietnam


Díaz-Canel y Nguyen Thi Kim Ngan concordaron en que las relaciones parlamentarias son parte importante en los vínculos bilaterales. Foto: Estudios Revolución.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, y la presidenta de la Asamblea Nacional de Vietnam, Nguyen Thi Kim Ngan, coincidieron este viernes en Hanói en que los lazos parlamentarios son imprescindibles para mantener y seguir avanzando en la estrecha amistad que une a ambos países.

Díaz-Canel y la dirigente vietnamita coincidieron en que no estarían completas las relaciones bilaterales sin los sistemáticos contactos entre los respectivos legislativos.

“Los vínculos a nivel de Estado, Gobierno y partidos comunistas se redondean y fortalecen con los que mantienen de manera sostenida la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba y la Asamblea Nacional de Vietnam”, aseguró Kim Ngan.

Como ejemplo, la también miembro del Buró Político del Partido Comunista de Vietnam (PCV) citó los fructíferos resultados que en junio de 2017 dejó la visita al país asiático del presidente del Parlamento cubano, Esteban Lazo, y los intercambios sostenidos con él y su delegación.

Díaz-Canel agradeció las contribuciones de Kim Ngan a la amistad entre los dos países durante sus varios años como presidenta de la Asociación de Amistad Vietnam-Cuba, un cargo que desempeñó hasta poco después de asumir la titularidad de la Asamblea Nacional, y reconoció que ese trabajo se ha mantenido también desde su actual puesto al frente del Parlamento.

Asimismo, le hizo llegar a Kim Ngan un cordial saludo del General de Ejército Raúl Castro, primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), y compartió con la dirigente vietnamita la certeza de que los nuevos contactos parlamentarios también dejarán un notable saldo a la amistad, solidaridad y cooperación entre las dos naciones.

Díaz-Canel se reúne con diplomáticos, estudiantes y colaboradores cubanos en Vietnam


Encuentro de el Presidente Miguel Díaz-Canel con compatriotas en Vietnam. Foto: Marta Llanes/ PL.

En una jornada plagada de reuniones con los más altos dirigentes de Vietnam, y de cumplir otros deberes de acercamiento a esta heroica tierra, el Presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, sacó tiempo hoy para reunirse con sus compatriotas aquí.

Y lo mejor del caso es que se le vio contento, sonriente, bromista cuando
venía al caso, y diríase que hasta deseoso de prolongar la velada, pese a la
apretada agenda que sigue desde su partida de Cuba hace nueve días, con
paradas laboriosas en Francia, Rusia, Corea del Norte, China…¡y Vietnam!

Este Vietnam que lo recibió casi a medianoche del jueves con esos brazos abiertos que siempre tiene para los cubanos, como a estos que no cabían en sí de orgullo, contentura ni qué sé yo cuando el presidente ¡el Presidente! se les paró al lado como un vecino que no veían desde el día anterior…

Sí, porque el Presidente empezó a preguntarles si estaban estudiando duro, curando a muchos pacientes vietnamitas, avanzando en lo de las carreteras y hasta si adaptándose a la comida vietnamita, que con todo y ser muy buena,
no incluye congrí…

Porque para decirlo así, rapidito y a lo cubano, el Presidente no dejó afuera a nadie y habló cuando menos con un estudiante, con un médico, con un especialista en viales -¡Qué momento! ¿Eh, Manuel?-, con la gente de la embajada, con los hijos de los diplomáticos ¡y hasta con los periodistas de Prensa Latina, sin advertirnos “off the record” ni nada de eso!

Ahí no terminó la cosa: el Presidente tenía otra cita oficial y no para mucho después, pero sin mirar siquiera el reloj sacó tiempo y se hizo una foto grupo por grupo ¡como si cada uno fuera una delegación representando a Cuba en Vietnam! Así por lo menos nos hizo sentir. Y como vecinos que volveremos a vernos cuando regresemos allá, a la islita querida.

Por eso, Presidente, quiero decirle a nombre de todos los que estábamos allí y que quizás no tienen el privilegio de escribir para otros, que le agradecemos una pila el tiempo que nos dedicó, las bromitas inteligentes y esa su ancha sonrisa que ojalá no pierda nunca…

También queremos que cuando desembarque allá, en el “José Martí”, los resultados de su gira sean los que esperaba y aún más…

Y también, queremos que si alguna vez vuelve por Vietnam y aún estamos acá, que se acuerde de nosotros y nos vuelva a hacer sentir así: ¡como presidentes!

En fotos, visita oficial del Presidente de Cuba a Vietnam


El Presidente Díaz-Canel, su esposa Lis Cuesta y la delegación de la Isla rinden homenaje a Ho Chi Minh, el artífice de la independencia y la reunificación de Vietnam. Foto: Estudios Revolución.

Ho Chi Minh falleció el 2 de septiembre de 1969, y aunque su deseo fue que lo incineraran, el gobierno decidió embalsamarlo y exponer sus restos en esta colosal estructura cuya construcción se terminó en 1975. Foto: Estudios Revolución.

Recibimiento oficial del Presidente Nguyen Phu Trong a su homólogo cubano. Foto: Estudios Revolución.

Miguel Díaz-Canel y Nguyen Phu Trong en Vietnam. Foto: Estudios Revolución.

Nguyen Phu Trong, Presidente de Vietnam y secretario general del Partido Comunista de Vietnam (PCV). Foto: Estudios Revolución.

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel fue distinguido hoy con la Orden de Ho Chi Minh en reconocimiento a sus méritos políticos y a las contribuciones a la amistad entre su país y Vietnam. Foto: Estudios Revolución.

Miguel Díaz-Canel condecorado con la Orden de Ho Chi Minh. Foto: Estudios Revolución.

Al agradecer el gesto de las autoridades vietnamitas, el presidente cubano manifestó que lo interpretaba como un cubano más, en nombre de su pueblo y con la consabida humildad de los líderes cubanos. Foto: Estudios Revolución.

En el Palacio Presidencial, los mandatarios de Cuba y Vietnam sostuvieron conversaciones oficiales este viernes. Foto: Estudios Revolución.

Firma de un nuevo acuerdo comercial bilateral entre Cuba y Vietnam. Foto: Estudios Revolución.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, y la presidenta de la Asamblea Nacional de Vietnam, Nguyen Thi Kim Ngan. Foto: Estudios Revolución.

Díaz-Canel y Nguyen Thi Kim Ngan concordaron en que las relaciones parlamentarias son parte importante en los vínculos bilaterales. Foto: Estudios Revolución.

jueves, 8 de noviembre de 2018

República, dignidad, justicia

Publicado el 8 Noviembre, 2018 por Luis Toledo Sande en Opinión

Por LUIS TOLEDO SANDE

Atento a la marcha del mundo, y a todo lo humano, y abogado de formación, José Martí plasmó conceptos y generalizaciones sobre lo que significaba y significa una constitución, incluso alguna en concreto. Una muestra de esto último es su artículo “Los códigos nuevos”, de abril de 1877, sobre la legislación que entonces se daba Guatemala. Pero fue hijo de una colonia que, mientras lo fuera, no podría tener su propia ley de leyes, salvo la que se diese como República en Armas, y mientras él vivió hubo solo la de Guáimaro. Eso explicará que en su obra escrita usara más frecuentemente el término constitución para referirse a la estructura de un pueblo u otra zona de la realidad.

No obstante, legó también a la patria un pensamiento que pudiera llamarse constitucionalista. Pero no abrazó un constitucionalismo abstracto, de puro teoricismo, ni atenido a concepciones positivistas, pragmáticas, afines a la burguesía. Buscaba una civilidad, una democracia y un funcionamiento organizado y justiciero, todo ello cimentado en la solidaridad con los humildes.

Aspiraba a que, desde la guerra de liberación Cuba cultivase el pensamiento y los hábitos que hicieran de ella “un pueblo nuevo y de sincera democracia”.

Aspiraba a que, desde la guerra de liberación –para que pudiese lograrlo, sin estancamientos, después de alcanzar la independencia–, Cuba cultivase el pensamiento y los hábitos que hicieran de ella “un pueblo nuevo y de sincera democracia”. Así lo estampó, como programa, en las Bases del Partido Revolucionario Cubano.

La Cuba que –en el camino trazado por su historia, y señeramente por Martí– se libró de la dominación imperialista estadounidense que sustituyó al coloniaje español, abraza como blasón heráldico en el preámbulo de su constitución de 1976 –socialista y única que ha tenido después de 1959–, y la mantiene en el proyecto constitucional sometido a consulta popular, una máxima de su Apóstol. Es una aspiración concentrada en su medular discurso del 26 de noviembre de 1891, cuando avanzaba hacia la fundación del Partido: “Yo quiero que la ley primera de la república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.

Los más esclarecidos ideales antisexistas en el uso del idioma, y de lucha contra la discriminación de géneros, tienen derecho a sentir que en esa cita se habla de cubanos y cubanas y, más abarcadoramente que del hombre –también sinónimo de varón–, de los seres humanos. Esa interpretación es coherente con el pensamiento de quien, en el umbral de La Edad de Oro (1889), frente a la marginación impuesta a la población femenina adelantó despejes antiacademicistas y declaró: “Para los niños es este periódico, y para las niñas, por supuesto”.

El legado martiano representado en la cita de 1891 tiene especial alcance para hoy en función de los ideales de equidad y decoro con que está responsabilizada Cuba. Esta es una nación llamada a revertir prejuicios que vienen de una realidad en la cual el concepto mismo de república terminó cuestionado, o satanizado, por los efectos de la frustrante injerencia con que los Estados Unidos impidieron en 1898 la victoria de Cuba contra el colonialismo español. De ahí la frecuencia con que el rótulo “la República” se ha reducido a lo condenable de aquella etapa.

En el afán de hacer de Cuba una república de trabajadores y trabajadoras basada en la soberanía nacional, en la dignidad de su ciudadanía –otro concepto que reclama librarse de la costra que le viene de aquel contexto–, y en la equidad como clave de la ética y la justicia, el pensamiento de Martí tiene mucho que hacer todavía. Y no solo en su patria inmediata, aunque en los presentes apuntes se habla básicamente de este pedazo de la humanidad, en la que él caló con profundidad y abarcamiento, sin perder de vista las características impresas a Cuba por las particularidades de su formación.

Las lecciones del Maestro son tanto más luminosas en la medida en que no se fundaron sobre ilusiones irresponsables. En 1894, cuando daba pasos decisivos en la preparación de la guerra, escribió que se luchaba “por la patria, ingrata acaso, que abandonan al sacrificio de los humildes los que mañana querrán, astutos, sentarse sobre ellos”.

No lo guiaban imaginaciones desmeduladas, sino la historia de nuestra América, donde el caudillismo había causado grandes estragos, inseparables de un incumplimiento que él vio como causa de frustraciones en el proceso independentista de la región. En el ensayo “Nuestra América” señaló lo que debió haberse hecho y no se hizo: “Con los oprimidos había que hacer causa común, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores”. Lo tuvo presente hasta en su valoración de los héroes que más admiró, en primer lugar Simón Bolívar.

El magisterio que el legado del Libertador ejerció sobre él, se ha tenido en cuenta justamente. Pero acaso no se ha hecho otro tanto con el ejercido por Carlos Manuel de Céspedes.

El magisterio que el legado del Libertador ejerció sobre él, se ha tenido en cuenta justamente. Pero acaso no se ha hecho otro tanto, o no al menos en su justa medida, con el ejercido por el compatriota a quien tuvo en el centro de su admiración, Carlos Manuel de Céspedes, cuyas acciones e ideas germinaron, de manera tan devocional como implícitamente crítica, en su proyecto político, de formación temprana. Su precocidad le permitió protagonizar una trayectoria tan intensa como la suya, segada cuando contaba una edad en la que parecería imposible acumular tanta cosecha de acción y de luz.

A finales de la Guerra del 68 dio señales de intuir, o comprender, que ya esa gesta valía sobre todo como tema de estudio y ejemplo para el futuro. Indagaba sobre Céspedes, como se lee en el borrador de una carta que fundadamente se considera pensada para dirigirla a Máximo Gómez, quien se hallaba en los campos insurrectos. En el texto se lee: “Escribo un libro, y necesito saber qué cargos principales pueden hacerse a Céspedes, qué razones pueden darse en su defensa–que, puesto que escribo, es para defender.–Las glorias no se deben enterrar sino sacar a luz”.

Por la papelería de la cual formó parte, el borrador epistolar se vincula con apuntes en que se aprecian los rumbos del estudio que acometía, a tono con el modo como concibió la etapa revolucionaria que le correspondió preparar, informar y dirigir. Sin afán de agotar su contenido, vale detenerse en algunas líneas de los apuntes, sobre todo las relativas a la personalidad de Céspedes y al papel de la Cámara que se formó en la Asamblea de Guáimaro, celebrada del 10 al 12 de abril de 1869.

De la Cámara –que “hacía leyes de educación y de agricultura, cuando el único arado era el machete; la batalla, la escuela; la tinta, la sangre”–, Martí valora pretensiones que justificaban los vetos interpuestos por Céspedes. Pero no le niega la sal y el agua. Con la matización que se citará pronto, la veía como ejemplo de un propósito fundacional: institucionalizar la República en Armas, dotar de civilidad a la patria desde la contienda. No es fortuito que, para proclamar en 1892 la creación del Partido Revolucionario Cubano, Martí, en homenaje a la Asamblea de Guáimaro, escogiese el 10 de abril. Ello remite a un partido de sana vocación constitucional.

Desde sus orígenes, esa organización sería una prueba de cuánto aprendió su fundador al valorar a Céspedes. Este –de quien su continuador cita, y no es casual: “Entre los sacrificios que me ha impuesto la Revolución el más doloroso para mí ha sido el sacrificio de mi carácter”– procuró no imponerse autoritariamente sobre las tendencias que pugnaron en Guáimaro, y Martí le reconoce: “Sacrificaba su amor propio–lo que nadie sacrifica”.

Pero el peso de la personalidad de Céspedes se haría sentir con fuerza, por la entrega misional y honrada con que asumía su responsabilidad: “Yo no estoy frente a la Cámara, yo estoy frente a la Historia, frente a mi país y frente a mí mismo. Cuando yo creo que debo poner mi veto a una ley, lo pongo, y así tranquilizo mi conciencia”, apunta Martí qué pensaba el Padre de la Patria con respecto a su actitud ante determinadas iniciativas de la Cámara.

Céspedes “instituyó la forma militar”, pues “creía que la autoridad no debía estar dividida; que la unidad del mando era la salvación de la revolución; que la diversidad de jefes, en vez de acelerar, entorpecía los movimientos.–Él tenía un fin rápido, único: la independencia de la patria”, y “la Cámara tenía otro: lo que será el país después de la independencia”. Con la matización ya aludida, Martí juzga que “los dos tenían razón; pero, en medio de la contienda, la Cámara la tenía segundamente”. ¡Qué adverbio!

Céspedes, “empeñado en su objeto, rechazaba cuanto se lo detenía”, y en esa tesitura asumió un título que, viniendo de la estructura del régimen colonial impuesto a Cuba por España, crearía resquemores. Martí reflexiona: “Que se llamó Capitán General.–Temperamento revolucionario: fijó su vista en las masas de campesinos y de esclavos. ‘A ese nombre están acostumbrados a respetar; pues yo me llamaré con ese nombre’”.

El mayor homenaje, explícito o implícito, que Martí les hizo a Céspedes y a la Cámara, fue asumir lo mejor de ambos, y superarlo en junto. Y acerca de Céspedes en particular destaca lo que dijo de él en la semblanza de 1888 donde lo ponderó junto con otro extraordinario compatriota a quien también admiró en grande, Ignacio Agramonte. Del primero de ellos sostuvo: “no fue más grande cuando proclamó a su patria libre, sino cuando reunió a sus siervos, y los llamó a sus brazos como hermanos”. Céspedes fue un sembrador, y en esa brega le dio continuidad Martí.

Cuando hoy la patria está enfrascada en darse una nueva Constitución, tiene ante sí, entre otros ejemplos de la práctica y las ideas de Martí, el nombre que él escogió –cabe suponer que recordando la experiencia de Céspedes– para el máximo cargo del Partido: delegado. No por prurito de creatividad lingüística, sino por su pensamiento democrático, se distanció medularmente de rótulos habituales y característicos en la política de su tiempo.

En cuanto a contradicciones entre militarismo y civilismo –términos que requerirían otros comentarios–, y a las derivadas de priorizar lo inmediato o desorientarse por obediencias inoportunas al futuro buscado, también halló la posición justa para superarlas. En la entrevista de La Mejorana, que hasta por dolorosa sirve para tener una clara noción del proyecto que él defendía, sustentó enérgicamente sus ideas contra el cargo que algunos intentaban endilgarle, el “de defensor ciudadanesco de las trabas hostiles al movimiento militar”: “Mantengo, rudo: el Ejército, libre,–y el país, como país y con toda su dignidad representado”. No estaba dispuesto a tolerar que “la patria, […] y todos los oficios de ella, que crea y anima al ejército”, quedara “como Secretaría del Ejército”.

Es difícil leer esa página de su Diario de Campaña, la correspondiente al 5 de mayo de 1895, sin recordar los apuntes en que alrededor de 18 años antes había reflexionado sobre Céspedes. Pero lo que sostuvo en La Mejorana venía de años atrás y expresaba su concepción de la guerra. Procuraba que esta fuera hecha con la soltura de una contienda que debía ser “breve y directa como el rayo”, escribió en 1893, pensando en peligros que urgía vencer, ninguno más grave que los generados por las ambiciones de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, buscaba que tuviese los componentes y la orientación de república necesarios para que la victoria valiese la pena y no se reprodujeran los males sufridos por los territorios continentales que se habían independizado de España.

Con respecto a las transformaciones que necesitaba la sociedad cubana, escribió en 1894: “Lo que se borra de la constitución escrita, queda por algún tiempo en las relaciones sociales”.

Sabía que no bastaba la letra de una ley para vencer escollos de pensamiento, en el que se requería librar una labor de lucha y persuasión constante. Refiriéndose a transformaciones que necesitaba la sociedad cubana, marcada por la herencia de la esclavitud, y teniendo en mente a quienes se guiaban por “el plato de lentejas”, escribió en 1894: “Lo que se borra de la constitución escrita, queda por algún tiempo en las relaciones sociales”.

En su crónica estadounidense fechada 23 de mayo de 1882 –le faltaban años decisivos por recorrer– escribió: “Una Constitución es una ley viva y práctica que no puede construirse con elementos ideológicos”. Acaso apuntaba a la ideología como doctrinismo apriorístico, desorientador, y tanto las fuentes citadas como el contexto podían aproximarlo eventualmente al positivismo jurídico. Pero no se ilusionen los actuales voceros del pragmatismo: el pensamiento de Martí se oponía, desde el fondo, al positivista. Rotunda prueba de que lo rebasaba desde una raigal posición emancipadora dio al expresar, en 1891, su deseo de que la ley primera de la república buscada se guiara por el decoro humano, aspiración de significado ético e ideológico, no estrictamente práctico.

Sus concepciones, que puso una y otra vez a prueba –como en la ruptura con el plan dirigido por Gómez en 1884, algo que no cabe analizar aquí– se evidenciaron en hechos fundamentales. Fue fiel al propósito de que la autoridad revolucionaria no dependiese solamente de personas. Sin ignorar el justo peso de la autoridad y el ejemplo individuales, procuró que la revolución se institucionalizara debidamente, sin trabas burocráticas ni desconocimiento de la realidad. Cuando acomete en 1887 –fracasado el referido plan insurreccional– pasos ya decisivos hacia la fundación del Partido Revolucionario Cubano, lo hace como presidente de una Comisión Ejecutiva creada con ese fin, no a título personal.

La institucionalización central sería el Partido, cuya mayor autoridad, el delegado, era electo anualmente, como todas los cargos de esa organización, desde su base. Quienes los ocuparan, debían rendir cuenta periódica ante sus electores, y podían ser removidos en cualquier momento, como establecían los Estatutosaprobados.

Tales prácticas desbordaban los límites de la democracia conocida en su tiempo, y Martí las ratificó hasta en la selección del máximo jefe militar del Partido, un cargo que no fue otorgado por designación, sino de la manera más democrática posible tratándose de un grado militar de esa jerarquía y pensado para una contienda. Cuando en 1892 Martí viajó a República Dominicana para ofrecerle a Máximo Gómez la jefatura del ramo militar de la guerra, no solo expresó la admiración que sentía hacia él: obedeció al proceso de consultas o eleccionario hecho entre veteranos del 68.

Iniciada la gesta, el primer gran paso organizativo sería la reunión en que se constituiría la República en Armas, y esa reunión Martí la llamó, en plena campaña, Asamblea de “representantes del pueblo cubano visible, de los revolucionarios en armas”, la representación del pueblo alzado. Hasta dónde conseguiría Martí que la Asamblea cumpliese los requisitos que él concebía, no se puede precisar: tuvo lugar después de muerto él en combate.

Pero cabe preguntarse: de haberse hecho en vida suya, y con él presente, ¿a quién los combatientes reunidos le habrían confiado la máxima dirección de la República, sino a quien había logrado la unidad revolucionaria que nadie en Cuba había conseguido antes, y con cuyo liderazgo se había preparado la guerra? Desde que llegó a los campos insurrectos las tropas lo llamaban “el presidente”, y él dio testimonio de haber rechazado “el título”, pero eso no significa que declinara la misión de guiar los destinos de la patria mientras ella le confiara esa tarea. Llegado el momento, ¿no habría hallado también para esta un título original, comparable con el de delegado que escogió para el líder del Partido?

En todos sus actos se mostró consecuente con su pensamiento democrático, con la decisión –no mero lema– de echar su suerte “con los pobres de la tierra”.

En todos sus actos se mostró consecuente con su pensamiento democrático, con la decisión –no mero lema– de echar su suerte “con los pobres de la tierra”. Plasmada en Versos sencillos, esa resolución dio título, “Los pobres de la tierra”, al artículo en que previó el peligro de los oportunistas que intentarían sentarse sobre los humildes una vez que se hubiera alcanzado la independencia con el sacrificio fundamental de estos, a quienes desde su personal y honrada posición revolucionaria les asegura: “Sépanlo al menos. No trabajan para traidores”.

Para el Partido y los preparativos de la guerra recibió la contribución de cubanos ricos, cuyo aporte reconoció con gusto; pero expresó especial confianza en los más pobres. Claramente lo hizo en textos como el aludido discurso del 26 de noviembre de 1891, que, conocido por su lema final, “Con todos, y para el bien de todos”, pronunció ante un auditorio formado mayoritariamente por compatriotas obreros, entre quienes quiso dar los pasos determinantes hacia la fundación del Partido. Y en ese discurso repudió a quienes se autoexcluían del proyecto justiciero. No eran pocos.

A la convocatoria por el bien de todos daban la espalda, entre otros, quienes suponían que la revolución podía ser “la algazara de los que no gozan de una riqueza que solo se puede mantener por la complicidad con el deshonor”, y aquellos que la veían como “la amenaza de la turba obrera”. Martí los refuta: “¡Esta es la turba obrera, el arca de nuestra alianza, el tahalí, bordado de mano de mujer, donde se ha guardado la espada de Cuba, el arenal redentor donde se edifica, y se perdona, y se prevé y se ama!” Así se expresaba quien, dirigente revolucionario de un movimiento de liberación nacional, quería que la república por la cual luchaba rindiese culto a la plenitud de la dignidad humana, pero no contaba con una unidad abstracta.

Muchos peligros e intereses urgía encarar, y Martí los tenía en mente cuando murió en combate al día siguiente de haber escrito su carta inconclusa a Manuel Mercado. En ella testimonió que marchaba hacia la Asamblea en que se organizaría la República en Armas y la dotaría de una constitución que desde la contienda, cuyo desarrollo era necesario asegurar, sirviera de umbral a la república independiente, guiada por el mencionado culto a la dignidad. Contra ese ideal se revolvían los “prohombres” que, “desdeñosos de la masa pujante”, preferían tener un amo yanqui o español que les mantuviera sus privilegios.

Es innecesario, pero ha ocurrido –y a este articulista le han asegurado que incluso en clases universitarias de Derecho, de lo cual no tiene pruebas–, inventarle a Martí frases para subrayar la enorme vigencia de su pensamiento, algo que también se ha hecho con otras intenciones. La frase aludida –“Juraré ante la tumba de los muertos de la guerra del 68, con flores, que Cuba tiene que darse una nueva constitución aprobada en referéndum. Pero antes el pueblo ha de conocer en consulta popular de qué va la nueva constitución y hacia dónde va como nación”– no está donde se ha dicho que la escribió, su carta del 9 de octubre de 1885 a compatriotas emigrados en Filadelfia, ni se ha encontrado en ningún otro texto suyo, hasta donde sabe quien esto escribe. Tampoco se corresponden tales términos con la realidad cubana de su tiempo.

No es honrado ni necesario atribuirle ni una palabra de más para enaltecer su contribución. Vale, sí, volver sobre sus textos conocidos.

Vale, sí, volver sobre sus textos conocidos, como aquellos donde muestra que su lucha contra el imperialismo entonces naciente no solo obedecía a lo que ese monstruo representaba para nuestra América y el resto del mundo. También tenía en cuenta lo que significaba para el propio pueblo de los Estados Unidos, cuya opinión las fuerzas dominantes del país, capitalizando los frutos de la explotación interna y el saqueo de otros pueblos, ya se sentían autorizadas a considerarla –así escribió Martí– una “mula mansa y bellaca”, no “corcel de raza buena”.

No esperaba que de semejante realidad le viniera a Cuba algo verdaderamente beneficioso y perdurable. En la tercera y última de sus “Impresiones” sobre los Estados Unidos para la revista neoyorquina The Hour(octubre de 1880), se lee con respecto al ambiente de esa nación: “La esclavitud sería mejor que esta clase de libertad; la ignorancia mejor que esta ciencia peligrosa”.

En 1884 afirmó: “Ser culto es el único modo de ser libre”, y ya antes había deplorado la ignorancia de las clases que tienen de su lado la justicia”.

El alcance de ese juicio se comprende con saber cuán altamente valoraba en general la libertad y el conocimiento. Es sabido que en 1884 afirmó: “Ser culto es el único modo de ser libre”, y a propósito del libro Cuentos de hoy y de mañana, de Rafael de Castro Palomino, publicado el año anterior, había expresado: “De todos los problemas que pasan hoy por capitales, solo lo es uno: y de tan tremendo modo que todo tiempo y celo fueran pocos para conjurarlo: la ignorancia de las clases que tienen de su lado la justicia”.

Si de constituciones se trata, viene al tema lo que en crónica fechada 25 de marzo de 1892 –hallada gracias a Ernesto Mejía Sánchez hace ya algunas décadas entre otros artículos suyos que aún no figuraban en sus Obras completas– expresó con respecto a los Estados Unidos y la clara desventaja en que la ignorancia situaba a los más humildes: “no puede votar sobre la Constitución quien no sepa leer en ella”. Tal limitación se combinaba con las manquedades y falacias de la libertad que –mezcla de liberalismo y voracidad imperialista– él vio, y denunció, en las entrañas del monstruo.

En su discurso “Madre América” (diciembre de 1889) sostuvo que dicha libertad era como el país: “señorial y sectaria, de puño de encaje y de dosel de terciopelo, más de la localidad que de la humanidad, una libertad que bambolea, egoísta e injusta, sobre los hombros de una raza esclava”. Acerca del espejismo de la supuesta democracia asentada en la confrontación entre partidos dominantes, había dicho algo que deben analizar con atención quienes idealizan esa realidad.

En su crónica del 8 de diciembre de 1886 se lee: “El partido republicano, desacreditado con justicia por su abuso del gobierno, su intolerancia arrogante, su sistema de contribuciones excesivas, su mal reparto del sobrante del tesoro y de las tierras públicas, su falsificación sistemática del voto, su complicidad con las empresas poderosas, su desdén de los intereses de la mayoría, hubiera quedado sin duda por mucho tiempo fuera de capacidad para restablecerse en el poder, si el partido demócrata que le sucede no hubiera demostrado su confusión en los asuntos de resolución urgente, su imprevisión e indiferencia en las cuestiones esenciales que inquietan a la nación: y su afán predominante de apoderarse, a semejanza de los republicanos, de los empleos públicos”.

Tal era la claridad de quien el día antes de caer en combate escribió que todo cuanto había hecho, y haría,era para cumplir su deber “de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”. Esa luz sigue y seguirá guiando a Cuba en todos sus empeños por crecer y perfeccionarse como nación soberana al servicio de la equidad social, inseparable del decoro, de la dignidad humana. Martí vive.
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