"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

jueves, 30 de julio de 2015

La batalla perdida en Toronto

Por ELSA RAMOS.

Los 36 títulos alcanzados constituyen la cosecha más discreta desde 1967

Cuba perdió la batalla de Toronto. La noticia aún martilla. Aunque las tendencias van de la conformidad a la decepción, no se digiere bien el cuarto lugar del medallero, tan impensado como posible.

No es para llorar por los portales, pero tampoco para minimizar el “mazazo”. Los 36 títulos alcanzados constituyen la cosecha más discreta desde 1967. Se dice que nos superaron tres países con economías superiores a la nuestra. Es verdad. Pero a esas mismas potencias le ganamos hace tan solo cuatro años y lo repetimos durante 44, aunque anduviésemos en “taparrabos deportivos” como en Cali 1971 o viviésemos las carencias del corazón del periodo especial como en Mar del Plata 95. ¿Qué ha pasado en un cuatrienio?

Toronto fue plaza inconquistable. Asumámoslo, lejos de la retórica triunfalista y entusiasta que alimentó los pronósticos de los máximos directivos del INDER, que erró cálculos y terminó por contaminar previsiones mediáticas. Puede que el arbitraje regalara más de una presea al país sede, algo muy típico, que no debiera sorprendernos.

Canadá no sólo nos desbancó de nuestro subtítulo histórico, sino que con sus 78 medallas de oro, duplicó nuestra cosecha áurea. Esa ventaja constituye otra prueba del terreno cedido por nuestro deporte, una señal que enseña hace rato con un pico rojo en la Olimpíada de Beijing 2008, sin contar que en Panamericanos los títulos y medallas han ido en descenso desde el 2007.

En cuatro años se han borrado las diferencias aplastantes de Cuba con el resto del continente, que ha invertido en serio en la rama o se ha agenciado patrocinios. Ahí está Canadá que se presentó con armas y dientes en todas las disciplinas, o Colombia que nos tuvo con el corazón en la garganta hasta las últimas fechas.

Por razones económicas, acá se han contraído los cuantiosos financiamientos dedicados hace unas décadas al deporte con impacto en falta de recursos, implementos, infraestructura (instalaciones), atención general y alimentación desde la base hasta el alto rendimiento. Los tiradores han entrenado sin balas y los remeros con botes prestados, por solo citar dos ejemplos.

Ello motiva, además, la inasistencia a torneos clasificatorios y falta de preparación externa, pues muchos solo contaron previamente con los Juegos Centroamericanos hace ocho meses, lo cual limita el estudio del contrario que asiste a más eventos. Ya pasaron también los tiempos en que Japón abría tatamis gratis a las chicas de Veitía o Corea hacía lo mismo con sus jaulas para los peloteros.

A todo ello se une no competir en147 de las 364 pruebas y que la efectividad esperada no se cumplió, pues a más de uno le faltó fuerza y definición para discutir títulos como en judo, lucha, boxeo y atletismo, este último con solo cinco oros, el peor desempeño de su historia. Solo el canotaje, taekwondo, tiro, gimnasia artística y clavados mejoraron su aporte dorado de hace cuatro años.

Se compitió con entrega en un evento de rigor con más de 80 récord y varias luminarias del más alto nivel mundial y olímpico, mas no todos imitaron a una Yarisley Silva, inmensa en la pértiga pese a llegar con bajos registros; o a unos taekwondocas como Yania Aguirre y José Angel Cobas, que ganaron sus medallas en los segundos finales. No todos desbancaron pronósticos como el maratonista Richer Pérez o la hectalonista Yorgelis Rodríguez.

No corren los tiempos del mítico Cerro Pelado del 66, cuando una delegación llegó a nado y conquistó a Puerto Rico o cuando sin más recursos que el corazón, Yeya Pentón desafió las pistas aunque se preparara en óvalos de tierra. La de Toronto es la generación hija del período especial con todas sus secuelas.

En cuatro años aumentaron las deserciones o el abandono de atletas que faltaron ahora en lucha, judo, atletismo, remo, béisbol y hasta el hockey, que debió terminar de competir sin la mitad del equipo. Los colectivos han sentido más la fuga, por eso, “fieles” a los pronósticos, regresaron solo con dos terceros puestos, sobre todo el béisbol en clara señal de su decadencia pues para mí acuñar que el bronce fue como un oro es seguir como el clásico avestruz.

Otra fuga tan silenciosa como corrosiva invade la fuerza técnica. Muchos entrenadores igual han desertado de sus misiones o se han marchado legalmente. Ello se suma a los que colaboran con otros países y terminan “quitándole” medallas físicas a Cuba.

Toronto enseñó, en cierta medida, debilidades de la tradicional escalera deportiva y no en un cuatrienio. La Educación Física, pilar del sistema, se resiente del éxodo de profesores para lo que se asume una formación emergente, pero de las emergencias de los cursos de habilitación y de la universalización de la Cultura Física salió parte de la fuerza técnica que labora en áreas y escuelas especializadas, en detrimento del conocimiento y la preparación.

Únale la extinción de campeonatos nacionales y provinciales en varios deportes, de torneos interbarrios, interescuelas, inter-EIDES, limitados por la falta de recursos. Desde la concepción del deporte para todos, se puede entretener con una pelota de trapo, pero no “fabricar” un pelotero, ni mucho menos aspirar a cultivar talentos si la alimentación en una edad clave, no es la más apropiada.

Otro elemento que pasa inadvertido es el espacio perdido por el deporte desde la implantación de la doble sesión en el sistema educacional que limita la práctica “intencionada” a escasas horas, caída la tarde, en las pocas áreas iluminadas en el país.

También a mi modo de ver resulta cuestionable la adopción de estrategias que por una parte catapultan disciplinas priorizadas y por otra se desentienden de algunas que pudieran sumar medallas por aquí, medallas por allá, una de las claves de Canadá para superarnos con creces.

Mas, no soñemos: con menos de 12 millones de habitantes y una economía tercermundista, Cuba no puede regresar a la época idílica del cuarto lugar de Moscú 80 o el quinto de Barcelona 92. Sin dinero no se pueden “construir deportistas” en poco tiempo. El presupuesto del INDER precisa robustecerse con las contrataciones y en tres años solo se ha logrado en pocos deportes y contados atletas (béisbol, voleibol), pero ello depende más que de la voluntad del país, del interés y las condicionantes de clubes y naciones y nada vislumbra que este contexto cambie.

Habrá que reevaluar estrategias y encontrar mejores luces en deportes multimedallistas como la natación, el atletismo. Habrá que rediseñar prioridades en las preparaciones y definir en quién y en qué invierto el dinero para reforzar el principal recurso: el hombre.

Nada quitará que vibremos por quienes ganan, obtienen una medalla o sencillamente compiten, sin el excesivo chovinismo de pensar que somos los más patriotas o los más sacrificados. Quienes vieron los Juegos me ahorran espacios para el “teque”.

No cumplimos en Toronto. Intenté advertirlo cuando escribí que podíamos no regresar en el segundo lugar, aunque algunos me tildaron de pesimista. Apenas quería preparar a la afición para lo que sobrevolaba sobre cielo canadiense. Cuba hizo lo que es capaz hoy con sus potencialidades y no remacho epítetos de su actuación porque la mayoría lo visualizó. Eso seguirá siendo lo más importante para que vibre el pecho, pero con los pies en el escenario de competencia.

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