"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

jueves, 9 de diciembre de 2010

El Mercado y el Estado, dos partes que forman un todo (Parte I)

Por Dr.Armando Nova Gonzalez
El papel del mercado y la planificación estatal constituye un tema de relevante importancia y de actualidad en el actual contexto de transformación económica que se ha iniciado en la economía cubana. Tema polémico y por lo general carente de suficiente debate, aunque en el ámbito académico, en cierta medida en ocasiones ha ocupado cierto espacio, pero quizás no el necesario. A lo anterior puede que haya contribuido el hecho de que en ocasiones se haya establecido cierta identidad entre mercado y capitalismo y   esto haya dado lugar a   frenar el debate  y en ocasiones cuando aflora el tema de algún lugar o de alguien surge una voz   ¡cuidado con el mercado!

Al parecer existen tres líneas de pensamientos bastante difundidas sobre planificación y mercado: aquellas que atribuyen el papel fundamental a la planificación estatal y desconocen la existencia del mercado y su función: una segunda línea la cual atribuye el papel fundamental al mercado y desconoce el papel del Estado y la planificación y por último aquellas que plantean establecer una relación objetiva entre el papel de la planificación y el mercado.

Es probable que algunas interrogantes pudieran facilitar el camino hacia el debate, citando entre ellas las siguientes:

         ¿economía planificada es sinónimo de socialismo teniendo presente que en el capitalismo también existe planeamiento?;

         ¿es la economía de mercado sinónimo de capitalismo, cuando en el socialismo también existe el mercado?;

         ¿la planificación y el mercado no son más que mecanismos económicos?;

         ¿el que haya un poco más de planificación o un poco más de mercado, es lo que distingue esencialmente al socialismo del capitalismo?;

         ¿es la estructura de la forma de propiedad lo que determina si una sociedad es socialista o capitalista?

Indudablemente el presente análisis no pretende  en modo alguno responder a todas esas interrogantes, sino exponer algunas reflexiones al respecto.

La economía planificada centralizada vigente hasta principios de los años 90 no se correspondía con la realidad objetiva, ante las nuevas condiciones económicas y el período de crisis económica (período especial), sobre el que aún transita la economía cubana, es decir no facilitaba el desarrollo de las fuerzas productivas, requiriendo un proceso gradual de transformaciones.

Resulta obvio que aún persisten formas de control rígidas sobre las entidades económicas, privándola de la autonomía necesaria, tanto en las estatales, como en las formas de propiedad cooperativa, mixtas y el privado dificultando el desenvolvimiento de  la  ley  del  valor,  la  función  del  mercado  y  la  competencia  empresarial,  no propiciando el pleno desarrollo de las fuerzas productivas.

En realidad el mercado no es atribuible al sistema de producción capitalista ya que el mercado existe desde la propia descomposición de la comunidad primitiva, señalando que el propio Marx planteó que la mercancía  sólo logra su reconocimiento social, a través del intercambio (mercado). El mercado existe, es una realidad objetiva tanto en el sistema de producción capitalista como el socialista, mientras existan las relaciones mercantiles y el dinero.

El conjunto de las relaciones de producción (relaciones económicas), forma la estructura económica de la sociedad, la base, estas relaciones dependen de como están distribuidos en la sociedad los medios de producción, de como está resuelto el problema de la propiedad de dichos medios. La forma de propiedad (la posesión de los medios y de las decisiones de los productores respecto a la producción y los resultados), determina el carácter del  nexo, que une al productor con los medios de producción, no sólo en el proceso de producción material, sino también en las relaciones de  distribución, cambio y consumo. De la forma de propiedad depende así mismo el carácter de la distribución, forma y cuantía de los ingresos de los miembros de la sociedad.

Algunos especialistas centran la acción de la planificación en los aspectos macroeconómicos, en busca de las proporciones, el equilibrio, la equidad, el crecimiento sostenido de la economía en su conjunto, en armonía con los territorios. Mientras que consideran al mercado como el  agente, la herramienta, que facilita una mejor distribución, la eficiencia económica, formación de precio1, entre otros, pero sobre la base de un mercado no espontáneo, más bien regulado, pero no por regulaciones administrativas, sino  por  mecanismos económicas, donde  el  Estado desempeñe el papel de regulador, evitando y corrigiendo las deformaciones que el mercado pueda originar.

Un breve recorrido por las diferentes corrientes ó líneas de pensamiento   sobre el tema tratado, puede facilitar cierta actualización y esclarecimiento , de que no se trata tan sólo  de más ó menos planificación ó de mayor ó menor espacio para el mercado, más bien de lograr las decisiones  y proporciones  en el momento adecuado  y sobre todo  de las funciones y el papel que debe desempeñar el Estado como facilitador y supervisor   del crecimiento económico-social, sobre la mayor eficiencia   económica posible y con la mayor equidad posible en la  distribución de la riqueza, a partir de los resultados productivos teniendo como condición primordial estimular al que más y con mejores resultados produzca, para el alcance de una sociedad más justa.

El análisis de las potencialidades y límites del mercado y de la acción del Estado en la economía es fundamental para definir áreas y formas de la política sectorial.

Expertos consideran que existen tres paradigmas principales sobre los papeles del Estado y el Mercado en la sociedad (en cierta forma consecuente con las tres líneas de pensamiento, planificación y mercado señaladas anteriormente), la visión keynesiana, la neoclásica y la teoría del desarrollo.

La visión keynesiana de la economía y los papeles que en ella resumen el Estado y el Mercado sigue el camino  el  cual plantea que no es la oferta quien crea su propia demanda sino del lado de la demanda que garantiza la realización de los recursos. Lo anterior rompe con la teoría de los clásicos2 burgueses quienes concebían los mercados como esencialmente estables y a la economía en su conjunto como un sistema que tiende a equilibrarse al nivel del pleno empleo. Keynes coloca en primer plano  el  problema  de  la  demanda  efectiva  y  sus  componentes: consumo y acumulación (componentes básicos  de  la  renta  nacional), que  estimulando estos elevaría la ocupación y  cubriría la brecha entre la oferta global y la demanda global. Keynes  aprecio en el desempleo el problema fundamental a resolver; y en cambio encontró que la  inflación bien regulada podía ser una solución conveniente para alcanzar el “pleno empleo”. La economía política capitalista anterior a Keynes partía de que las inversiones se sitúan automáticamente al nivel del ahorro gracias al tipo de interés, de forma tal que entre ambos no pueda surgir una desproporción, sin embargo Keynes expreso la idea de que, en realidad, la magnitud de la inversión esta subordinada a una serie de factores que no permite tal automatismo, que por supuesto Keynes  no  atribuía  a  algunas  contradicciones  reales  del  modo  de  producción capitalista, en primer término a   las contradicciones   entre las condiciones de producción y la realización atribuyéndolas al carácter eterno de las leyes psicológicas (que según el rigen en el consumo individual) y a la ley de la tendencia decreciente de la productividad d. El pensamiento keynesiano expresaba: “..ahora soy algo escéptico en cuanto a las posibilidades de éxito de una política puramente  monetaria orientada a regular el tipo de interés. Yo cuento hoy con que el Estado, que esta en situación de apreciar la eficacia máxima de los bienes capitales en una larga perspectiva y sobre la base de ventajas sociales generales, tome sobre si una responsabilidad cada vez mayor en la organización directa de las inversiones3”. Y continuo añadiendo “. El Estado ha  de  ejercer una  influencia directa sobre  la  propensión al  consumo4…”. Keynes establecía límites, destacando que el Estado no asumiera la propiedad de los medios de producción y abogaba por “una cierta socialización de la inversión acabara siendo  el  único  medio  que  permita  asegurar el  acercamiento del  sistema  a  una situación de pleno empleo”5

Dentro del contexto histórico en que surgió la teoría keynesiana (la cual se extendió por un período de más de 30 años), posibilitó lograr amplios consensos, que dieron origen  a  un  sector  público  llamado a  asumir  una  participación muy  activa  en  la sociedad, donde el Estado asumía la regulación de los ciclos económicos, que no podían  ser  controlados  a  través  del  mercado.  Sin  embargo  los  especialistas consideran (aunque Keynes no se lo propuso), que esta teoría no pudo enfrentar con éxito tres problemas, en primer lugar no pudo evitar la desaceleración del crecimiento ni las presiones inflacionarias, en segundo lugar  no logró solucionar  los problemas microeconómicos relacionadas con la eficiencia en la asignación de los recursos y por último no fue capaz de conducir a la superación de la brecha existente entre los países industrializados y los subdesarrollados.

La visión neoclásica originada a mediados del siglo XIX sostuvo siempre la no la intervención  estatal  en  el  proceso  económico.  Esto  supone  que  los  individuos actuando sin intermediarios en función de sus propios intereses (uso racional del sujeto), serían capaces de alcanzar la mayor eficiencia. Este planteamiento dio lugar a  la  conocida  competencia  perfecta,  como  mecanismo  fundamental  de correspondencia   entre los  diversos agentes que  acuden al  mercado (propio del planteamiento neoclásico). La visión neoclásica cuando pasa a su segunda etapa la de competencia imperfecta (escuela austriaca), surgida a partir de la tercera década del siglo XX, como resultado de observación de situaciones y procesos no desarrollados por la primera y en algunos casos directamente contradictorio con ella. Es considerada la  presencia  y  competencia monopolista e  incluyen  el  precio  como  una  variable decisión.

Los modelos de competencia perfecta se basan en el equilibrio general (Oferta = Demanda), donde los productores maximizan sus ganancias y los consumidores sus utilidades, los bienes son homogéneos en todos los casos; existen beneficios constantes a escala, no existe poder de mercado, lo que significa que todas las empresas son formadoras de precios y todos los agentes económicos tienen pleno acceso al mercado y sin costo a la información disponible. Bajo estas condiciones se cumple el óptimo de Pareto y la maximación de las ganancias de las empresas se logra cuando los Precios (P)=Costos marginales (CM).

Los modelos de competencia imperfecta, suponen la existencia de problemas de información ya sea por carencias, o costo de acceso a la misma y conduce al proceso económico fuera del equilibrio general. Por otro lado esta teoría afirma que el mercado es el único corrector a través del juego de los precios, siendo en última instancia la estructura de precio, la que proporciona la información relevante para que los agentes tomen decisiones eficientes. Es el funcionamiento del mercado el que selecciona a los ganadores y elimina a los ineficientes. El resultado económico global resulta inferior al que se logra a partir de una situación ideal de competencia perfecta, pero esta teoría también considera que los resultados son superiores a los que se obtendrían si el Estado actuara en la corrección de las fallas del mercado.

Existen  variantes  que  se  han  desarrollado  a  partir  del  planteamiento  general neoclásico, que incorporaron al análisis el papel del Estado. Contemplándose entre ellos: la economía de la oferta, expectativas racionales, monetarismo y elección pública.

La  economía  de  la  oferta6   comparte  por  supuesto  toda  la  teoría  neoclásica,  la valoración negativa que se le atribuye a la intervención del Estado en la economía, en la medida que desestímula la inversión privada. Sostiene que los problemas de la oferta se corrigen automáticamente, sin la necesidad de la participación del Estado, ya que el objetivo de maximizar los ingresos conduce a un nivel de producción cercano a las capacidades potenciales, lográndose la mayor eficiencia posible.

Este enfoque considera necesario evitar que la acción del Estado  impida llegar a la mayor eficiencia posible. A tales efectos esta variante propone la reducción de la participación del Estado, a través de la disminución impositiva, gasto social, reducción de  la  regulación  pública  y  restricciones  monetaria  con  lo  cual  se  estimularía  la inversión, el crecimiento del empleo, la productividad y la producción. Paralelamente la disminución del gasto social obligará a los propietarios y trabajadores a asumir su propia previsión social, a la vez se concibe que la restricción monetaria conllevará a un efecto antiinflacionario, sin ir a la recesión.

El enfoque de las corrientes expectativas racionales se basa (en sentido general, ya que no es propósito del presente trabajo profundizar en cada uno de los enfoques señalados), en negar la posibilidad de que la participación del Estado, pueda tener consecuencias positivas en la actividad económica. Mientras que los agentes privados tienen  la  información  importante,  a  partir  de  la  cual,  accionan  siempre  con racionalidad, anticipándose a los acontecimientos y neutralizar la participación del Estado, para que no altere de forma significativa el funcionamiento de los mercados.

La corriente monetarista, centra el  énfasis de su análisis, en  la oferta de medios de pago sobre la actividad económica y sus consecuencias de carácter inflacionario, incorpora el examen de los componentes de la balanza de pago. Su centro radica en un estricto control de la oferta monetaria 7 para  mantener la estabilidad de los precios y un clima propicio para la inversión.

El enfoque de la elección pública (surgida en la  década de los sesenta), en que la participación del Estado conduce a actividades buscadoras de ingresos que restan recursos a la actividad productora. Estas actividades se apoyan en solidaridad que surge entre la burocracia y los beneficiarios por los ingresos recibidos. Propone reducir la acción del Estado y que sea el mercado el que defina la asignación de los recursos. Acepta que las decisiones individuales se condicionan por las decisiones del resto, incluyendo el Estado y que el contexto socioeconómico en su conjunto incide de forma significativa sobre los sujetos.

La corriente neoliberal8    encierra las coincidencias fundamentales del planteamiento global neoclásico y de sus variantes (señaladas anteriormente). La línea neoliberal destaca en primer lugar los instrumentos monetarios, que –abandonan su función tradicional como la regulación de los tipos de cambio y se concentra en el control de la oferta de medios de pago. Mientras que las herramientas fiscales que hasta el momento tenían como tarea fundamental mantener y orientar el volumen de la demanda global, pasan al servicio para estimular a la inversión privada y de ajuste a las cuentas públicas.

En el marco de la teoría señalada, la acción conjunta de la rebaja de los aranceles, de las herramientas fiscales y monetarias, plantean que contribuyen a una modificación de los precios   a favor de los productos comercializables, unido a lo anterior, los procesos  de   privatización  y   desregulación  deben  elevar  la   intensidad  de  la competencia y  el  papel  protagónico    del  mercado.  En  definitiva  los  neoliberales defiende la idea del “Estado mínimo” en su retórica, pero de hecho, practican la regulación monopolista estatal a su manera.

Sobre la base del manejo del instrumental señalado,  el cual se centra en lograr la estabilización macroeconómica, en el corto plazo y la eficiencia económica en el largo plazo, donde los objetivos   de  pleno empleo y  de  una mejor distribución de los ingresos se convierten en variable dependientes. En definitiva la corriente  neoliberal, deja pendiente una larga  e importante relación de los problemas e interrogantes sin respuesta.

En  primera  instancia,  consideran  los  especialistas  que    la  coordinación  de  los mercados  a escala macroeconómica  es sustancialmente diferente a la que opera a nivel microeconómico. En el procesos económicos en su conjunto se observan conflictos  que  conllevan    a  contradicciones entre  los  resultados  globales  de  las acciones individuales  y los objetivos de éstos. La agrupación  de los objetivos puede dejar fuera   las aspiraciones colectivas en busca de la equidad en la repartición  de la riqueza. (continua)












miércoles, 8 de diciembre de 2010

El sofisma de los mercados eficientes.

Por: Marco Antonio Moreno

En la historia de la filosofía, los sofistas eran reconocidos por utilizar un lenguaje técnico, elegante y aparentemente verdadero. Sin embargo, pronto se supo que tras la presentación retórica, muchas veces hábil para convencer a los auditorios, se encontraban graves distorsiones y transgresiones a la verdad. En otras palabras, para poder develar la verdad que hay tras los discursos era necesario detectar las distorsiones de los silogismos utilizados. Esto es justamente lo que significa un sofisma: la alteración premeditada de la verdad.
Hayek y Friedman fueron grandes sofistas. Y lograron convencer no sólo a ese nutrido grupo de intelectuales que se reunió en las faldas del Mont Peleryn en 1947, sino que de ahí a los gobiernos, a los políticos y a los dueños del capital. Para Hayek y Friedman los mercados son altamente eficientes, y es la herramienta básica que se utiliza en la teoría general del equilibrio. El modelo económico que desarrollaron, y que los llevó a ganar premios Nobel, y que hoy tiene al mundo en caída libre, ostenta contundentes sofismas. Y dado que la economía tendrá que convertirse en una ciencia humilde, bajar del pedestal y dejar de ser la palabra sagrada que era, es hora de dar a conocer algunos de estos sofismas. Esto permitirá comprender las arenas movedizas en que nos encontramos. Aquí van algunos de los postulados básicos sobre los que se levanta la teoría económica:
1. El Sofisma de la eficiencia del Mercado.
Para el neoliberalismo los mercados son eficientes por definición. Este argumento consiste en que para lograr asignar los recursos más eficientemente que en cualquier otro sistema, se requiere que exista un número ilimitado de compradores y vendedores; que la información esté perfectamente al alcance de todos y que no haya injerencia de ningún agente externo, ya sea público o privado. Y todo esto siempre y cuando el intercambio se realice entre productos homogéneos. Esto permite que los mercados lleguen al equilibrio en forma automática y con precios que optimizan la eficiencia del sistema.
Hoy se ha demostrado que estas condiciones nunca se cumplen. Joan Robinson demostró que las economías modernas tienden al monopolio y lo vemos cada vez que se anuncian las temibles fusiones de empresas, generadoras de desempleo y de polarización de la riqueza. Por su parte, Joseph Stiglitz demostró que la provisión de información es asimétrica y John Nash estableció que la eficiencia no puede alcanzarse por medio de la simple competencia a menos que todos los participantes busquen un objetivo común. Junto a eso, Hyman Minsky señaló que los mercados financieros son altamente inestables y que requieren de una regulación que evolucione a la misma velocidad que lo hacen las innovaciones financieras.
2. El Sofisma de la Soberanía del Consumidor.
Para que el juego de decisiones respecto a la asignación de recursos sea óptimo, es un requisito fundamental que las personas tomen sus decisiones sin interferencia de ninguna naturaleza, es decir el consumidor es el soberano, el consumidor es libre para elegir. Paradójicamente, en el neoliberalismo las técnicas de mercadeo constituyen un instrumento de dominio y control de las conciencias individuales, favorecidas por la noción de consumismo y endeudamiento. En este sentido, la condición básica se invierte en una soberanía de los productores y no de los consumidores, distorsionando todo el sistema de formación de los precios relativos.
3. El Sofisma de la Asignación Eficiente de los Recursos.
Del postulado uno y del postulado dos se deriva éste de la Asignación eficiente de los recursos económicos. Pero si en el funcionamiento del mercado no existe plena libertad de los consumidores; si los productores alteran la homogeneidad de los bienes en su fabricación; si la información acude asimétricamente a los agentes económicos; si la atomización de los oferentes ha sido reemplazada por el monopolio y por la competencia monopolística; si son constantes los vínculos e influencia de los empresarios con los gobiernos en las decisiones micro y macroeconómicas esenciales, es más que evidente que el mercado no puede funcionar conforme a los fundamentos epistemológicos de la teoría del mercado libre y, por tanto, no puede asignar los recursos eficientemente.
Comentario de HHC: Estos sofismas debemos tenerlos muy en cuenta en Cuba,  para no caer en la tentación del libre mercado, ya sabemos que en la actualidad las economías más eficientes desde el punto de vista económico- social son las mixtas, y estas aun no alcanzan la gran meta de eficiencia económica y justicia social al mismo tiempo; cuando esto se alcance estaremos alcanzando la primera fase, es decir el Socialismo.


martes, 7 de diciembre de 2010

EL OTRO


Por Roberto Fernández Retamar

Nosotros, los sobrevivientes,
¿A quiénes debemos la sobrevida?
¿Quién se murió por mí en la ergástula,
Quién recibió la bala mía,
La para mí, en su corazón?
¿Sobre qué muerto estoy yo vivo,
Sus huesos quedando en los míos,
Los ojos que le arrancaron, viendo
Por la mirada de mi cara,
Y la mano que no es su mano,
Que no es ya tampoco la mía,
Escribiendo palabras rotas
Donde él no está, en la sobrevida?

1 de Enero de 1959

lunes, 6 de diciembre de 2010

En la òrbita de China ¿Ahora somos los amos?

"Ahora nosotros somos los amos". Me pregunto si el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, vio esas palabras escritas en la frente de su par chino, Hu Jintao, durante la cumbre del G-20 que se celebró en noviembre en Seúl. Quizás el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, también escuchó la misma declaración cuando los chinos desestimaron su propuesta de limitar los desequilibrios en las cuentas corrientes globales. El presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, fue tratado de la misma forma cuando anunció una nueva ronda de "relajación cuantitativa" para darle un impulso a la economía estadounidense, medida descrita por un destacado comentarista chino como "irresponsable".
"Ahora nosotros somos los amos". Eso fue sin duda lo que escuchaba una y otra vez en mi cabeza durante mi reciente visita a China. No fue tanto la fastuosa fiesta a la que asistí en el Templo Tai Miao, cerca de la Ciudad Prohibida, la que me dio esta impresión. Fue la confianza en sí mismos, subestimada pero inconfundible, de los economistas con los que hablé la que me dijo que algo había cambiado en las relaciones entre China y Occidente.
Uno de ellos, Cheng Siwei, explicó durante la cena cuál es el plan de China para convertirse en un líder de la tecnología de energía verde. Entre tragos de vino de arroz, Xia Bin, un asesor del Banco Popular de China, delineó la necesidad de un amplio programa de privatización. Y en un inglés perfecto, David Li, de la Universidad de Tsinghua, confesó que no estaba satisfecho con la calidad de los doctorados chinos.
No se podría pedir gente más inteligente para debatir sobre las dos preguntas más interesantes en la historia económica actual: ¿por qué Occidente llegó a dominar no sólo a China sino al resto del mundo en los cinco siglos posteriores a la construcción de la Ciudad Prohibida? y ¿ha llegado a su fin ese período de dominio occidental?
En un brillante ensayo que aún no ha sido traducido al inglés o al español, Li y su coautor, Guan Hanhui, echan por tierra la idea de que China estaba económicamente a la par con Occidente hasta por lo menos principios del siglo XIX. El Producto Interno Bruto per cápita, señalan, se estancó en la era Ming (1402-1626) y fue significativamente más bajo que el de la Gran Bretaña preindustrial. La economía de China seguía siendo abrumadoramente agrícola, donde los cultivos de baja productividad representaban 90% del PIB. Durante un siglo después de 1520, la tasa de ahorro nacional china de hecho fue negativa.
La historia de lo que Kenneth Pomeranz, un profesor de historia de la Universidad de California, denominó "la Gran Divergencia" entre Oriente y Occidente comenzó mucho antes.
Entre 1600 y 1800, China continuó estancándose y, en el siglo XX, incluso se contrajo, mientras el mundo angloparlante, seguido de cerca por el noroeste de Europa, se abría camino. Para 1820, el PIB per cápita de EE.UU. era el doble que el de China y para 1870 era casi cinco veces mayor; para 1913, la proporción era de casi 10 a 1.
A pesar de la dolorosa interrupción de la Gran Depresión, EE.UU. no sufrió nada tan devastador como la odisea de China de mediados del siglo XX: primero una revolución, luego una guerra civil y una invasión japonesa, seguidas de más revolución, una hambruna y aún más revolución (cultural). En 1968, el estadounidense promedio era 33 veces más rico que el chino, según cifras calculadas sobre la base de paridad de poder de compra (que contempla los diferentes costos de vida en ambos países). Calculado en términos actuales de dólar, el diferencial en su momento álgido llegó a ser de 70 a 1.
Tras dos años de investigaciones para mi próximo libro, concluí que Occidente desarrolló seis "aplicaciones infalibles" que "el Resto" no tenía. Eran las siguientes:
Competencia: Europa estaba fragmentada políticamente y dentro de cada monarquía o república había múltiples entidades corporativas que competían.
La Revolución Científica: Todos los descubrimientos clave del siglo XVII en matemáticas, astronomía, física, química y biología se produjeron en Europa Occidental.
El imperio de la ley y el gobierno representativo: Este sistema óptimo de orden social y político surgió en el mundo anglosajón, basado en los derechos de propiedad y la representación de propietarios en legislaturas electas.
Medicina moderna: Todos los grandes avances en salud de los siglos XIX y XX, incluido el control de enfermedades tropicales, fueron logrados por europeos occidentales y norteamericanos.
La sociedad de consumo: La Revolución Industrial cobró fuerza donde coincidían la oferta de tecnologías que mejoraban la producción con una demanda de más y mejores productos más asequibles.
Ética laboral: Los occidentales fueron los primeros en combinar trabajo más extendido e intensivo con tasas de ahorro más altas, lo que permitió una acumulación de capital sustancial.
Esas seis "aplicaciones infalibles" fueron la clave para el ascenso de Occidente. La historia de nuestro tiempo es que "el Resto" finalmente comenzó a descargarlas, en un proceso que no fue nada fácil. Japón no tenía ni idea de cuáles eran los elementos cruciales de la cultura occidental y acabó copiándolo todo, desde la ropa a los peinados. Desafortunadamente, emprendieron la construcción de imperios en un momento en que los costos del imperialismo empezaron a superar las ventajas. Otras economías asiáticas, especialmente India, perdieron décadas sobre la premisa de que las instituciones socialistas de la Unión Soviética eran superiores a las de Occidente, basadas en el mercado libre.
A comienzos de la década de los 50, sin embargo, un grupo creciente de países del Este de Asia siguió a Japón al copiar el modelo industrial de Occidente, primero con los textiles y el acero, para luego ascender por la cadena de valor. La descarga de "aplicaciones occidentales" se volvió más selectiva. La competencia y el gobierno representativo no figuraban mucho en la receta del desarrollo asiático. Hoy, Singapur ocupa el tercer puesto en el ránking del Foro Económico Mundial de competitividad. Hong Kong es el número 11, seguido de Taiwán (13), Corea del Sur (22) y China (27). En términos generales, es el orden en el que históricamente estos países occidentalizaron sus economías.
Hoy, el PIB per cápita de China representa 19% del de EE.UU., comparado con 4% cuando comenzó la reforma económica hace más de 30 años. La revolución de la industrialización china fue la más rápida de todas. Según el Fondo Monetario Internacional, la participación de China en el PIB global (medida en precios actuales) pasará la marca de 10% en 2013. Goldman Sachs sigue pronosticando que China superará el PIB de EE.UU. en 2027, igual que superó hace poco a Japón.
Pero, en algunos aspectos, el siglo asiático ya está aquí. China está a punto de superar la participación estadounidense de manufactura global, habiendo adelantado a Alemania y Japón. Pero nada acelerará de forma más certera el traslado del poder económico global que la crisis fiscal de EE.UU., un país que tiene una proporción de ingresos-deuda de 358%, según Morgan Stanley.
Si tuviera que resumir la nueva gran estrategia de China, lo haría al estilo chino, con los cuatro "Más": consumir más, importar más, invertir más en el extranjero e innovar más. En cada caso, un cambio de la estrategia económica se traduciría en un buen dividendo geopolítico.
Lo que estamos viviendo es el fin de 500 años de supremacía occidental. Quizás los chinos no sean todavía los amos. Pero algo es seguro: ya no son los aprendices.
—Niall Ferguson es profesor de la Universidad de Harvard. Su nuevo libro, "Civilization: The West and The Rest", será publicado en EE.UU. en marzo.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Intelectuales comunistas cubanos discuten el futuro del socialismo

Escrito por Alan Woods   
El Miércoles 3 de noviembre marcó el inicio en La Habana de una conferencia de tres días sobre "El socialismo en el siglo XXI", organizado por el Taller "Cuba, teoría y sociedad", bajo los auspicios del Instituto de Filosofía de La Habana. Entre un pequeño número de invitados extranjeros estuvo el editor de Marxist.com, Alan Woods. Publicamos aquí el informe escrito por Alan a su regreso.
A la reunión, que se celebró en el Instituto Cubano de Relaciones Internacionales (ISRI), asistieron un centenar de destacados intelectuales y académicos cubanos, y militantes veteranos del Partido Comunista, entre ellos varios miembros del Comité Central. Se llevó a cabo en un momento crítico de la historia de la Revolución Cubana, cuando el futuro de la Revolución se decidirá de una u otra manera.
Durante el transcurso de la conferencia, se anunció finalmente la fecha del congreso tan esperado del Partido Comunista de Cuba. Este se llevará a cabo en abril del próximo año y debatirá una serie de propuestas relativas a la economía que figuran en el documento “Proyecto de lineamientos de la política económica y social”, cuyas copias se agotaron de inmediato frente a los puestos de los vendedores de diarios.
En este contexto, los debates sobre el significado del socialismo en el siglo XXI tuvieron un carácter muy concreto, relevante y urgente. La campaña vociferante contra el marxismo y el socialismo, que llegó a un crescendo ensordecedor después de la caída de la ex-URSS, ha sido repetida por los revisionistas que están haciendo todo lo posible para introducir las ideas burguesas en el movimiento obrero. La lucha contra la ideología burguesa es por lo tanto una tarea urgente, y en ninguna parte más urgente que en Cuba y Venezuela.
En el curso de tres días muy intensos, se dedicaron muchas horas a discutir temas como la crisis del capitalismo, el socialismo y la ciencia, la cuestión nacional (presentada por Juan Sánchez Monroe, ex-embajador cubano en Yugoslavia y Ucrania), la revolución en América Latina, el marxismo y las ideas de Bolívar y Martí (introducido por la veterana comunista cubana Olivia Miranda Francisco), y muchas otras cuestiones. Tratar cada aportación en el debate sería una tarea imposible, que ni siquiera voy a intentar hacer. Por lo tanto, limitaré mi informe a lo que fui capaz de registrar en mis anotaciones. Como tuve que reconstruir muchos puntos a partir de mi memoria, esto no debe tomarse como un informe estenográfico sino más bien como mis impresiones de la discusión.

La primera sesión

En el primer día, Juan Luis Martín Chávez aportó una acusación devastadora del capitalismo a escala mundial. Señaló que los tres hombres más ricos del mundo tienen un ingreso superior a los 48 países más pobres. La humanidad está amenazada por la degradación a gran escala del medio ambiente. La desertificación amenaza a 250 millones de personas, o un tercio de la superficie terrestre (4.000 millones de hectáreas). Se malgastan vastas sumas en armas, mientras 1.200 millones de personas viven al borde de la inanición. Dio la cifra total de gastos mundiales en armas que asciende a 1,1 billones de dólares, donde a los EE.UU. les corresponde el 48 por ciento de la producción mundial de armamento.
En los últimos años ha habido un considerable interés en Cuba por las ideas de Trotsky. En el transcurso de la conferencia, varias personas mencionaron La revolución traicionada como un libro que explicaba lo que había sucedido en la URSS - un tema que, obviamente, tiene una enorme importancia para los comunistas cubanos. El historiador Felipe de Jesús Pérez Cruz ofreció un análisis marxista muy bueno del estalinismo y de las razones del colapso de la URSS, citando el libro de dos autores cubanos, Ariel Dacal y Francisco Brown, Rusia: del socialismo real al capitalismo real (para el cual yo escribí la Introducción).
En su discurso, el compañero Felipe destacó la importancia de la revolución bolchevique ("algo que nunca se había visto antes y que cambió la historia del mundo") y que fue arruinada por "los errores y la corrupción". Éstos son algunos de los puntos que mencionó:

"Lenin había tratado de combatir el surgimiento de la burocracia, haciendo hincapié en la necesidad del control de los obreros y campesinos y los soviets. Pero después de la muerte de Lenin, se produjo un proceso de degeneración burocrática". Felipe lanzó un ataque devastador al estalinismo, que según él "fue el responsable de la liquidación física de los viejos bolcheviques."
"En teoría, era el socialismo, pero en la práctica el poder estaba en manos de una minoría de funcionarios y administradores. Los trabajadores fueron alejados de control de la producción, del Estado y del Partido. El reclutamiento de burócratas se hacía sobre la base de una lealtad incondicional al círculo gobernante, una capa de privilegiados que concentraban todas las decisiones y que eran hostiles a toda crítica. Todas las críticas se consideraban contrarrevolucionarias. Los intelectuales fueron silenciados y sometidos a la censura o la autocensura".
Explicó que bajo Stalin y sus sucesores una parte creciente de la riqueza producida por la clase obrera fue absorbida por la burocracia. Esto terminó en la crisis de la década de 1980, y en última instancia, en la restauración capitalista. "Estoy convencido de que si no queremos repetir lo sucedido en la URSS, debemos volver a las ideas de Lenin," dijo.
En su respuesta a las preguntas y a la discusión, Felipe dijo:

"En lugar de la palabra burocracia, yo prefiero usar la palabra funcionariado. Con esto me refiero al gobierno de un grupo que tiene sus propios intereses y los defiende. Cuando el funcionariado toma el poder y lo ejerce contra la sociedad civil, se convierte en una burocracia. Los funcionarios no pueden transmitir sus privilegios a sus hijos como una propiedad, por lo que lo hacen a través del poder político y la corrupción. ¿Se puede construir el socialismo así? Después de la muerte de Lenin el potencial de la revolución rusa se había perdido. Ahora tenemos que redireccionar la Revolución Cubana. En Cuba hay muchas formas de democracia directa que se pueden desarrollar, incluyendo los sindicatos."
En el segundo día la presidencia fue asumida por Juan Sánchez Monroe. El tema fue el "socialismo en el siglo XXI". La primera oradora fue Juana Rosales García, quien señaló que la revolución venezolana había abierto un debate fructífero con la participación de pensadores de diferentes países, incluyendo Noam Chomsky, Istvan Meszaros, Alan Woods y Mike Lebowitz.
A ella la siguió Olivia Miranda Francisco, quien manifestó que después de la caída de la URSS se había abierto un período de confusión, “incluso en organizaciones que se hacen llamar ‘socialistas’". Ella atacó a los detractores del marxismo y subrayó que las genuinas ideas del socialismo se remontan a Marx, Engels y Lenin. "En el debate sobre el socialismo en América Latina ha habido un silencio ensordecedor sobre las ideas de los fundadores del socialismo - incluyendo Mariátegui - y la primera revolución socialista. Mariátegui, Martí y Mella, todos tenían una estrecha vinculación a las tradiciones colectivistas indígenas de América Latina", afirmó.
Ella continuó:

"La lucha no puede ser sólo en contra del imperialismo. También debe ser contra el capitalismo. Mariátegui y Fidel Castro, ambos excluyeron a la burguesía del bloque popular revolucionario, que consiste en los obreros, los campesinos y los intelectuales progresistas, bajo la dirección del Partido. Sólo en el socialismo se puede lograr la plena independencia."

"El socialismo del siglo XXI"

Yo hablé sobre el tema: "El socialismo del siglo XXI: nada nuevo bajo el sol". Este fue un artículo que había escrito para la ocasión y que ya había sido impreso y distribuido (http://www.marxist.com/socialismo-del-siglo-xxi-nada-nuevo.htm). Lo siguiente es una transcripción aproximada de mi intervención:

"Estoy contento de ver que el título de esta sesión es ‘El socialismo en el siglo XXI ' y no el ‘socialismo del siglo XXI'. Lo último sugiere algo completamente nuevo y original, diferente a todo lo que ha pasado antes. En realidad, no hay nada nuevo aquí: sólo regurgitaciones de las viejas ideas tomadas de los socialistas utópicos en la prehistoria del movimiento.
"Esto me trae a la mente la historia de Aladino, en Las mil y una noches, cuando un viejo mago astuto pasaba por las calles gritando: «cambio lámparas nuevas por viejas”, y la novia de Aladino, que no era muy avispada, le cambió su vieja, pero valiosa lámpara, por una nueva y brillante, que era completamente inútil, y como resultado todo terminó en un desastre.
"La teoría del socialismo del siglo XXI, sin embargo, tiene una gran ventaja sobre todas las demás teorías: nadie sabe lo que es. Es una botella vacía que se puede llenar con cualquier contenido.
"Tenemos que poner esto en su contexto correcto. En el último período hemos sido testigos de una ofensiva ideológica sin precedentes de la burguesía contra el socialismo y el marxismo. Lo peor es que esta campaña ruidosa ha tenido un efecto dentro del movimiento comunista en todo el mundo. Todo tipo de ideas revisionistas están circulando, y lo más grave es que están teniendo un eco en personas que se dicen comunistas.
"La afirmación de que el "libre mercado", da mejores resultados que una economía nacionalizada y planificada puede ser contestada con un ejemplo histórico. En Gran Bretaña en 1940, cuando las cosas estaban muy graves, con los ejércitos de Hitler a punto de invadir la isla, ¿qué hizo la clase dominante británica? ¿Se orientaron hacia las políticas del ‘libre mercado’? ¿Dijeron: que cada uno se arreglara por su cuenta? No, lo que hicieron fue nacionalizar las industrias de guerra, centralizar e introducir medidas de planificación. ¿Por qué? Porque dan mejores resultados.
"La URSS derrotó a los ejércitos de Hitler porque la superioridad colosal de una economía nacionalizada y planificada les permitió producir más y mejores armas y maquinaria, y más rápidamente que los alemanes, que tenía todos los recursos productivos de Europa detrás de ellos. Las ventajas de una economía planificada se muestran también por la transformación del atrasado zarismo ruso en una economía moderna avanzada que tenía más científicos de los EE.UU., Japón, Alemania y Gran Bretaña juntos.
"Al final, la URSS se vio socavada por la burocracia. Pero la burocracia no es un resultado inherente a una economía planificada. Es un producto del atraso, como vemos en Pakistán y Nigeria, que no tienen nada que ver con el socialismo. Una economía nacionalizada y planificada necesita la democracia como el cuerpo humano necesita el oxígeno. No hablo aquí de la democracia burguesa fraudulenta que es sólo una hoja de parra que oculta la dictadura de los grandes bancos y monopolios, sino de una democracia obrera genuina 'como fue defendida por Lenin en su libro El Estado y la revolución - el control de la clase obrera abajo hacia arriba ".

Al hablar en el debate, el economista y profesor Ernesto Molina dijo que leyó un artículo de Dietrich en Rebelión, donde mencionaba la cita de Lenin sobre Rosa Luxemburgo: "a veces un águila puede volar más bajo que una gallina"; y añadió con humor: "Tengo que hacer una autocrítica. Ahora me doy cuenta que Dietrich nunca voló más alto que las gallinas."
Uno de los oradores que habló desde el auditorio, Fabio Grobart, hijo de uno de los fundadores del Partido Comunista de Cuba, hizo hincapié en la necesidad de una política internacionalista.
Otra veterana comunista de Cuba, la camarada Olivia Fernández, dijo: "Me alegro que Alan Woods haya hecho hincapié en la cuestión del marxismo. Me gustaría hacer hincapié en el punto de que todos los problemas que han surgido en el socialismo, no son culpa de la teoría marxista, sino de la interpretación [incorrecta] y la aplicación de estas ideas". Y  citó las palabras del Che Guevara: "El socialismo y el comunismo son un proceso de búsqueda y descubrimiento."
Alguien preguntó: "¿Qué hay de malo en una teoría sin terminar [refiriéndose a la "teoría”  del socialismo del siglo XXI]?” A esto yo respondí de la siguiente manera:

"Necesitamos tener un enfoque más riguroso hacia las ideas. Si esta fuera una conferencia de físicos, bastaría con imaginarnos que alguien dijera: 'Yo no he hecho ningún experimento y no tengo prueba alguna, pero esta es mi teoría’. Tal persona provocaría risas en la sala. O imagínate que vas al dentista con un dolor de muelas y el dentista te dice: " En realidad, nunca he estudiado odontología, pero abre la boca de todos modos y veré qué puedo hacer". Usted saldría corriendo de la consulta. O a un fontanero que llama a la puerta y dice: 'No sé nada de fontanería, pero déjame poner mis manos sobre tu sistema de calefacción central.' Usted lo  echaría de su casa. Pero cuando se trata del marxismo, parece que todo vale. Bueno, eso no es así. Las ideas del marxismo son esencialmente las mismas que hace 150 años. Podría modificarse este o aquel detalle, pero lo que es sorprendente es lo poco que hay que cambiar."

¿El camino de China?

El debate sobre Cuba fue inaugurado por el economista Ernesto Molina, quien comenzó haciendo una lista del despilfarro y la ineficiencia que son inseparables de los métodos burocráticos. A continuación, pasó a expresar su oposición a las subvenciones que el Estado cubano paga por los alimentos básicos y otras necesidades ("no podemos afrontarlas"):

"Mientras el mercado mundial capitalista exista, los precios deben reflejar los precios del mercado mundial. Cuba es una economía pequeña y abierta en un mundo capitalista turbulento. Siempre hemos tenido que importar bienes y debemos mantener nuestras fuerzas armadas para la defensa. Tenemos algunas grandes tareas a las que hacer frente; por ejemplo, en el ámbito de la vivienda. Algunos de los problemas pueden resolverse dentro de Cuba. Otros están fuera de nuestro control, en el mercado mundial.
"Después de la caída de la URSS tratamos de resistir. Lo principal es que el pueblo esté unido. Debemos defender nuestras conquistas. Pero el Estado no puede controlarlo todo."
En su discurso sobre el “socialismo” vietnamita y chino Gladys Hernández Pedraza señaló claramente los peligros de seguir esta línea. Si bien las cifras indican importantes avances en el crecimiento económico, esto ha sido a costa de una desigualdad social enorme y creciente. En China existe una desigualdad entre los que “tienen” y los que “no tienen”, entre la ciudad y el campo, entre el Este y el Oeste y entre las nacionalidades china y no chinas, dijo.
Oficialmente, 270 millones de chinos tienen salarios bajos. Tanto China y Vietnam se enfrentan a graves problemas ambientales. En Vietnam, los ríos, deltas y ciudades están muy afectados.
Las contradicciones en la sociedad china son "explosivas", explicó.
La actitud general hacia el "modelo chino" fue negativa. Jorge Santana dijo con franqueza: "No se puede hablar de socialismo en China." Hablando desde el auditorio me dijo que lo que estaba ocurriendo en China era una advertencia para Cuba:

"Cuando Deng Xiaoping inició sus reformas en China no tenía pensado volver al capitalismo. Pero después de 30 ó 40 años de "reformas de mercado" el movimiento hacia el capitalismo asume un carácter irresistible. Las condiciones de los trabajadores chinos en las industrias privatizadas son una reminiscencia de las condiciones descritas por Engels en La situación de la clase obrera en Inglaterra o en las novelas de Charles Dickens".

El declive de la teoría se ha visto reflejado en la terminología. Las constantes referencias al "neo-liberalismo" parecieran implicar que hay diferentes tipos de capitalismo – un capitalismo "bueno", el keynesianismo o capitalismo con rostro humano, y otro capitalismo "malo"  (el neoliberalismo). De hecho, la crisis del capitalismo hace imposible el reformismo. Los enormes déficits públicos fuerzan a la burguesía atacar los niveles de vida y las concesiones hechas en el pasado en áreas como salud, vivienda y educación. Todos los cubanos son conscientes de la importancia de estas cosas y no sería feliz verlas abolidas bajo el nombre de "socialismo de mercado".
Me pareció que la mayoría (si no todos) de los presentes eran conscientes de que al hablar del modelo chino (o vietnamita), estábamos hablando del capitalismo. Señalé que el llamado “socialismo de mercado” era una contradicción en sus términos. Se puede tener el socialismo o la economía de mercado, pero no se puede tener ambas cosas. Sin embargo, entre algunas capas hay un claro intento de confundir la cuestión, al referirse en términos ambiguos a "una economía de mercado con orientación socialista" - ¡cualquier cosa que eso pueda significar!

El control obrero

El último día, la cuestión central fue debatida finalmente: el futuro de la Revolución Cubana. La sesión fue presidida por Jorge Luis Santana Pérez, quien el primer día había citado las palabras de Rosa Luxemburgo: la única alternativa ante la humanidad son el socialismo o la barbarie.
Hablando desde el auditorio, un economista (no recuerdo su nombre), dijo: "Después de 50 años no estoy en absoluto satisfecho con la forma en que se ha dirigido la economía socialista.
Basta con mirar la agricultura. Hemos estatizado toda la tierra, pero no fuimos capaces de cultivar una gran parte de ella. Vamos a tomar el toro por los cuernos. Hemos cometido un grave error a todos los niveles al copiar el modelo de la URSS. Hemos confundido la propiedad estatal con el control del Estado. El trabajador no tiene control sobre la producción - que es lo que Marx llamó alienación. Se ha hablado mucho acerca de si producimos mercancías para exportar (commodities) o no. Pero tenemos que producir bienes cuyo valor deben reflejar los costos de producción. "
Juan Sánchez Monroe, dijo: "He visto todo esto antes. He oído las mismas discusiones. En Rusia, donde se llevó a cabo la mayor revolución de la historia, había un Partido con 20 millones de personas a la cabeza. Pero, ¿qué pasó? ¿Por qué fue derrocado? Eso ocurrió  porque no se pudo lograr la calidad en el área donde era más importante - en los bienes producidos para el consumo humano. - Para satisfacer las necesidades de la gente "
Yo estaba interesado en escuchar lo que diría Camila Piñeiro Harnecker. Puesto que el tema sobre el que ella iba a hablar era Los Riesgos de la expansión de empresas no estatales en la economía cubana y recomendaciones para evitarlos, supuse que haría un alegato en contra de las privatizaciones.
De su contribución por escrito me di cuenta de que Camila se opone a la introducción del capitalismo y del trabajo asalariado, pero encontré algunas partes de su contribución no lo suficientemente claras. Por ejemplo: "A veces es necesario admitir elementos no-públicos, pero esto debe considerarse algo temporal y que hay que superar." "Las empresas no estatales pueden ser socialistas. Un trabajo colectivo debe ser capaz de dirigir su propia fábrica. Los consumidores también.", etc. Esto se parecía mucho a la promoción de cooperativas, que fácilmente pueden ser un paso hacia la privatización total.
El lado más positivo de este discurso fue el énfasis en el control de los trabajadores: "Los trabajadores deben sentirse motivados, que forman parte del proceso de toma de decisiones."
Eso es cien por ciento correcto y va al corazón del problema. Pero esto se echó a perder, en mi opinión, por un énfasis excesivo hacia lo "horizontal" (en oposición al control "vertical"). Es una lamentable tendencia de algunos "socialistas del siglo XXI" el hacer hincapié sólo en el control, y no en la propiedad. Pero, por importante que sea la cuestión del control, la cuestión de la propiedad - es decir, las relaciones de propiedad - sigue siendo decisiva. El control obrero, a menos que conduzca a la nacionalización, sólo puede ser una fase transitoria y puede ser realizado sólo parcialmente. En ningún caso puede plantearse como una alternativa a la nacionalización.
La confusión sobre lo que se entiende por control obrero sería desastrosa para Cuba, como lo fue para Yugoslavia. La concepción leninista del control y la gestión obrera no tiene nada en común con el concepto anarcosindicalista por el cual los trabajadores ferroviarios dirigen el ferrocarril, los mineros las minas, etc. Tal noción tendría el efecto de oponer a una fábrica contra la otra, a trabajadores contra trabajadores, a los trabajadores contra los campesinos, a los productores contra los consumidores, y así sucesivamente. Causaría una gran desigualdad.
En tal sistema, los trabajadores de las fábricas más eficientes y productivas estarían mejor que los de las fábricas más antiguas y menos eficientes. Se terminaría por asumir la mentalidad de los propietarios y se actuaría como tales. Con ello se socavaría completamente la planificación central absoluta y se asestaría un golpe fatal a la economía nacionalizada y planificada. Así, este "horizontalismo", a pesar de las buenas intenciones de sus partidarios, lleva directamente al mercado capitalista. Por esta razón mantenemos la firme defensa de la planificación central y de la nacionalización, y nos oponemos implacablemente a cualquier tipo de privatización (a excepción de algunos pequeños comercios y empresas) y al "horizontalismo".
La idea leninista es completamente diferente. Somos los más fervientes defensores de la planificación centralizada, pero esto debe ir acompañado por el control democrático y la administración de la clase obrera a todos los niveles, tanto en la elaboración del plan como en su puesta en práctica. De esta manera, el centralismo y la democracia no son incompatibles, sino completamente inseparables. La voz de los trabajadores se escucharía a todos los niveles del proceso, que implica un flujo libre de información y de comentarios, de "arriba" hacia "abajo" y de "abajo" hacia "arriba".
Cuando hablamos de control obrero no tenemos en cuenta sólo a los trabajadores de una empresa en particular, sino a la clase obrera en general. Toda una serie de cuestiones como la seguridad, las condiciones de trabajo, etc., estarán directamente en manos de los trabajadores, pero el plan general debe ser decidido por el conjunto de la sociedad, lo que debe reflejar los intereses generales y las prioridades de la clase obrera en su conjunto. Eso es lo que queremos decir con la planificación central.
¿Qué pasa si hay un conflicto entre las opiniones de un lugar de trabajo particular y el interés general? En ese caso, este último debe prevalecer sobre el primero; al igual que en toda democracia la minoría debe aceptar la opinión de la mayoría. Una posibilidad sería ejecutar el trabajo sobre la base de un comité tripartito, integrado por un tercio que represente al Estado, un tercio a los sindicatos, y un tercio que sea elegido directamente por los trabajadores. Sin embargo, para que esto tenga éxito, es esencial que tanto los sindicatos como el Estado deban estar bajo el control democrático de la clase obrera.
Hablando desde el auditorio en el curso de este debate, dije:

"Dudé antes de hablar en este debate porque los problemas de la revolución cubana sólo pueden ser resueltos por el pueblo cubano y, en primer lugar, por los comunistas cubanos. Sin embargo, el destino de la Revolución Cubana es una cuestión de gran importancia, no sólo para el pueblo cubano, sino también para los trabajadores de todo el mundo. La liquidación de las conquistas de la Revolución Cubana sería un terrible revés para el movimiento obrero de América Latina e internacionalmente. Hemos visto una catástrofe en Rusia, y ahora China y Vietnam van por el mismo camino. No queremos ver una repetición de esto en Cuba.
"Vamos a hablar con claridad. Hay gente en Cuba a la que le gustaría volver al capitalismo. Ellos piensan que las cosas estarán mejor. Se equivocan. Se dice que las personas no trabajan en Cuba y en una economía de mercado los que trabajan son recompensados y los que no lo hacen son despedidos. Pero eso no es cierto. Cuando los patrones cierran una fábrica no distinguen entre un buen trabajador y uno malo.
Todos por igual son arrojados a la calle. No creo que las cosas no puedan ser peor. ¡Pueden ser mucho peor! ¡No hay que saltar de la sartén al fuego!
"Ahora, vamos al punto: sabemos que el capitalismo es un sistema injusto, inhumano y antieconómico. Por decir poco. Sin embargo, el capitalismo funciona, y ha estado funcionando durante unos doscientos años. Por cierto, no es verdad que no hay planificación en el capitalismo. Toda empresa capitalista funciona bajo un plan. El problema se presenta fuera de la empresa, en la anarquía del mercado, donde todo se decide por el juego ciego de las fuerzas del mercado, por la ley de la oferta y la demanda.
"Se puede decir que el mercado actúa con un control rudo para tratar de poner límites al despilfarro, la corrupción y la ineficiencia. Si una empresa particular, va demasiado lejos en este sentido, se tendrá que cerrar, quedará fuera del negocio por la presión de competidores más eficaces. Pero ¿qué es lo que sucede en una economía socialista planificada? Si todas las grandes empresas son nacionalizadas, ¿cómo podemos evitar la corrupción, el despilfarro, la mala gestión de la burocracia y la ineficiencia? Sólo hay una forma posible: el control consciente de los hombres y mujeres a través del control y la gestión obrera, como Lenin explicó muchas veces".
Jorge Luis Santana, citando La revolución traicionada, señaló el peligro de la restauración capitalista en Cuba:

"Yo me pregunto ¿hasta qué punto nuestras ideas son correctas y realistas? ¿Qué significan hoy el comunismo y el socialismo  para el cubano promedio, o para el mundo de hoy? Necesitamos una causa que defender y la esperanza de un futuro para un mundo que está desgarrado por las guerras y las crisis. Necesitamos un análisis profundo de nuestras viejas posiciones, una remodelación completa de las posiciones revolucionarias a escala mundial. Tenemos que innovar, como lo hizo Lenin."

Discusión en el Instituto de Filosofía

Después de que el taller hubiera terminado me invitaron a dar una conferencia a los profesores y estudiantes del Instituto de Filosofía de La Habana, sobre el tema: ¿por qué cayó la URSS?
Este fue el mismo día en que fue anunciada la convocatoria del Sexto Congreso del Partido. En sus observaciones introductorias, el compañero Jorge Santana dijo: "Cuba es hoy un crisol de ideas y nadie puede decir que Alan Woods no forme parte de esto."
Considerando que en la conferencia el tiempo disponible para las contribuciones se vio limitada por el gran número de oradores, en esta ocasión pude hablar durante una hora, donde traté de explicar las razones de la caída del estalinismo en la línea de La revolución traicionada y del libro de Ted Grant Rusia, de la revolución a la contrarrevolución.
Lo que me sorprendió positivamente fue el grado de acuerdo entre prácticamente todos los que hablaron. Nadie expresó ninguna diferencia real con el análisis que había proporcionado, incluyendo a veteranos del Partido Comunista. Hubo mucho interés y una animada sesión de preguntas y contribuciones. Éstos son algunos de los comentarios (no siempre fui capaz de obtener los nombres):

"En el PCUS se suponía que había 18 millones de comunistas. Pero no pudieron evitar lo que sucedió. Estaban esperando una dirección desde arriba, pero cuando no llegó se desorientaron"
"Sí, pero si se le preguntara a la gente de hoy, muchos dirían: las cosas eran mejores antes..."
"El gran fracaso fue la falta de libertad para discutir. Esto hizo un gran daño al arte y a la cultura. Era una cultura cerrada y no abierta a las ideas del exterior."
"Lo que ocurrió en la URSS no era inevitable. Se podría haber evitado. "
Alguien me preguntó acerca de la teoría del capitalismo de Estado, a lo que respondí:

"La llamada teoría del capitalismo de Estado es una teoría que no explica nada. Es un error en lo teórico y un desastre en la práctica. Si se caracteriza a la Unión Soviética como un régimen de capitalismo de Estado, entonces debería aplicársele la ley del movimiento del capitalismo: la existencia de auges y de recesiones en su economía, lo que no fue el caso. Si uno acepta la conclusión de que existe un sistema social llamado capitalismo de Estado, que es totalmente desconocido para el marxismo, una forma de capitalismo que es capaz de proporcionar un largo período de altas tasas de crecimiento y donde no hay desempleo; entonces sería un sistema que es históricamente progresista, ya que desarrolla las fuerzas productivas a un grado inaudito. Esto requeriría una revisión fundamental de todos los postulados básicos del marxismo. Habría que volver a escribir los tres volúmenes de El Capital.
"De hecho, no es necesaria ninguna revisión. En La revolución traicionada Trotsky dio una explicación marxista del fenómeno en las líneas de las ideas clásicas de Marx y Lenin. Este análisis ha resistido la prueba del tiempo.
"Aunque sea superficialmente atractiva, la teoría del capitalismo de Estado fue desastrosa en la práctica. Cuando se enfrentaron a la amenaza de la restauración capitalista actual en Rusia, ¿qué podrían decir los defensores de esta teoría? ¿Que no había prácticamente nada que elegir entre ambas cosas? ¿Que no había ninguna diferencia entre un régimen u otro en el momento en que la propiedad nacionalizada se privatizó? Sólo es necesario formular la pregunta concreta para ver el lío en que nos meten las teorías confusas."

Me complace señalar que mi más reciente libro Reformismo o revolución ha despertado un gran interés en Cuba. La copia que existe en la biblioteca del Instituto de Filosofía se ha leído tanto que estaba en un estado lamentable, y los pocos ejemplares que pude traer conmigo tuvieron una gran demanda. La editorial Ciencias Sociales, que anteriormente publicó la edición cubana de mi libro Razón y Revolución, ha acordado ahora la publicación de Reformismo o Revolución.

El debate ha comenzado

También hablé en la Universidad de La Habana y en otra reunión de estudiantes latinoamericanos y cubanos. Fui invitado a hablar en la Universidad de Santiago, pero tuve que cancelarla por falta de tiempo. Por la misma razón, no pude hablar en una reunión de estudiantes venezolanos que iba a ser organizada por la Embajada de Venezuela.
De mi breve visita, una cosa está clara: todo el mundo en Cuba tiene una opinión sobre los cambios económicos propuestos por el Congreso del Partido.
Si bien es posible establecer comparaciones con Rusia, también hay diferencias importantes. En 1989, la Revolución de Octubre era un recuerdo lejano para la mayoría de los rusos. Las antiguas tradiciones habían sido enterradas durante décadas por la burocracia. Pero en Cuba la revolución que se llevó a cabo permanece dentro de la memoria viva del pueblo. La mayoría de los cubanos están muy orgullosos de los logros de la Revolución y no estarán dispuestos a rendirse sin luchar. Lo mismo ocurre con los miembros del Partido Comunista, que son dolorosamente conscientes de la catástrofe que la restauración capitalista ha significado para el pueblo de la antigua Unión Soviética y de la Europa del Este.
En conversaciones privadas, muchos me expresaron su firme oposición a cualquier intento de arrastrar a Cuba por el camino capitalista. Juan Sánchez Monroe me dijo: "¿Sabe usted cuánta gente he conocido en Rusia y Europa del Este que se ha suicidado, que se ha ahorcado o que ha puesto una bala en el cerebro? No, nadie habla de esas estadísticas, pero hay muchos. Eso no debe suceder aquí".
El Congreso del Partido es esperado y las expectativas son altas. El futuro de la Revolución cubana es demasiado importante como para que sea decidido por un pequeño grupo. Debe haber un debate a fondo y democrático a todos los niveles, empezando por el Congreso. Este debate ya ha comenzado.

Londres, 21 de noviembre 2010


 

viernes, 3 de diciembre de 2010

LA PUREZA

Digo que yo no soy un hombre puro
Yo no voy a decirte que soy un hombre puro. 
Entre otras cosas 
falta saber si es que lo puro existe. 
O si es, pongamos, necesario. 
O posible. 
O si sabe bien. 
¿Acaso has tú probado el agua químicamente pura, 
el agua de laboratorio, 
sin un grano de tierra o de estiércol, 
sin el pequeño excremento de un pájaro, 
el agua hecha no más de oxígeno e hidrógeno? 
¡Puah!, qué porquería.

Yo no te digo pues que soy un hombre puro, 
yo no te digo eso, sino todo lo contrario. 
Que amo (a las mujeres, naturalmente, 
pues mi amor puede decir su nombre), 
y me gusta comer carne de puerco con papas, 
y garbanzos y chorizos, y 
huevos, pollos, carneros, pavos, 
pescados y mariscos, 
y bebo ron y cerveza y aguardiente y vino, 
y fornico (incluso con el estómago lleno). 
Soy impuro ¿qué quieres que te diga? 
Completamente impuro. 
Sin embargo, 
creo que hay muchas cosas puras en el mundo 
que no son más que pura mierda. 
Por ejemplo, la pureza del virgo nonagenario. 
La pureza de los novios que se masturban 
en vez de acostarse juntos en una posada. 
La pureza de los colegios de internado, donde 
abre sus flores de semen provisional 
la fauna pederasta. 
La pureza de los clérigos. 
La pureza de los académicos. 
La pureza de los gramáticos. 
La pureza de los que aseguran 
que hay que ser puros, puros, puros. 
La pureza de los que nunca tuvieron blenorragia. 
La pureza de la mujer que nunca lamió un glande. 
La pureza del que nunca succionó un clítoris. 
La pureza de la que nunca parió. 
La pureza del que no engendró nunca. 
La pureza del que se da golpes en el pecho, y 
dice santo, santo, santo, 
cuando es un diablo, diablo, diablo. 
En fin, la pureza 
de quien no llegó a ser lo suficientemente impuro 
para saber qué cosa es la pureza.

Punto, fecha y firma. 
Así lo dejo escrito.


Nicolás Guillén



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...