"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

sábado, 26 de noviembre de 2011

¿Y las cooperativas, cuándo?

Camila Piñeiro Harnecker
Palabra Nueva No. 211


Cuando se me pidió que escribiera sobre las cooperativas para los lectores de Palabra Nueva , no me extrañó el interés en el tema. La Iglesia Católica ha sido una de las instituciones que más ha apostado por esas formas de organización socioeconómica en Latinoamérica. Algunos estudiosos plantean que en los años sesenta y setenta esto no fue más que una estrategia para contrarrestar el trabajo de movimientos sociales que buscaban acceder al poder político para realizar cambios más radicales. Pero esto no significa que personas dentro de la Iglesia, sobre todo la orden franciscana, sí hayan visto en las cooperativas una forma de acercar el cielo a la tierra.
Siendo consecuentes con el deseo de fraternidad entre los hombres y las mujeres, muchos cristianos reconocen que en las cooperativas las personas pueden liberarse de aquellos pecados a los que nos empuja la manera en que generalmente nos relacionamos unos con otros en nuestras sociedades, y en particular en los lugares de trabajo. Sugieren, incluso, que si se impulsa la formación de cooperativas en comunidades con siglos de marginación y bajos niveles de e ducación formal y autoestima, puede revelarse la capacidad de esas personas para aprender a administrar una empresa. De hecho, líderes religiosos han promovido la idea de la empresa cooperativa como una escuela no sólo de conocimientos técnicos, también de valores y habilidades ciudadanas para vivir en armonía con los demás.
Pero la utilidad de las cooperativas también es reconocida por otras personas menos idealistas que defienden la posibilidad de articular intereses (necesidades y aspiraciones) individuales con colectivos y sociales. La Organización de Naciones Unidas (ONU) declaró el 2012 como Año de las Cooperativas, con el objetivo de “subrayar la contribución de las cooperativas al desarrollo socioeconómico, en particular para reconocer su impacto en la reducción de la pobreza, la generación de empleo y la integración social” e instando a los Estados a que promuevan la formación y expansión de esas organizaciones. i
¿Qué es una cooperativa?
Una cooperativa no es más que un grupo de personas que se unen voluntariamente para satisfacer necesidades y aspiraciones comunes por medio de una empresa que les pertenece a todos por igual y que debe ser administrada o controlada democráticamente por sus socios o “asociados”. Se le llama “cooperativa de producción” o “de trabajo”, cuando es creada para que sus asociados produzcan colectivamente bienes y servicios, por ejemplo, las Cooperativas de Producción Agropecuarias (CPA) en Cuba. También existe la modalidad de “cooperativas de consumo”, la cual permite que sus asociados consuman bienes y servicios en mejores condiciones que las ofrecidas por el mercado para el consumo individual. Son las que conocemos en nuestro país como Cooperativas de Créditos y Servicios (CSS). Existen también cooperativas “mixtas”, donde los socios además de producir de forma colectiva se encargan de abastecer a sus miembros de algunos productos.
Por tanto, una cooperativa es una asociación de personas y una empresa a la vez. Pero es una empresa donde lo asociativo, lo social, es lo que guía el funcionamiento de lo empresarial. Cada persona, independientemente de lo que haya aportado al capital, tiene el mismo poder de toma de decisiones. Por eso, el órgano supremo de la cooperativa –donde se toman las decisiones más importantes (las normas de funcionamiento, la elección de directivos, los planes, la distribución de excedentes, etc.)– es la asamblea de todos los asociados: todos tienen voz y voto en igualdad de condiciones.
El órgano ejecutivo principal, generalmente conocido como “junta directiva”, “consejo de dirección” o –bajo una visión menos verticalista– “órgano de coordinación”, está subordinado a la asamblea general, y sus integrantes son elegidos por ella. Generalmente, este órgano ejecutivo principal, en lugar de asumir la administración directamente, propone o asigna un administrador o consejo de administración, que sería el órgano ejecutivo de una empresa convencional, el cual puede contar con personas externas a la cooperativa contratadas para realizar algunas de esas funciones. Resulta recomendable también que la cooperativa establezca un órgano dedicado a la fiscalización o control interno, que sea elegido por la asamblea y, como los otros órganos ejecutivos, le rinda cuentas a ella. Dependiendo de los intereses de los miembros de la cooperativa, pueden crear comisiones permanentes o temporales para atender asuntos importantes como la educación de los asociados, su vivienda, entre otros.
Es importante resaltar que la diferencia fundamental entre una cooperativa de producción y una empresa convencional (capitalista o estatal, administrada de manera autoritaria) no es si la propiedad legal de los medios de producción (local, tierra, equipos, cuentas bancarias) está en manos del colectivo de trabajadores. Aunque sí es recomendable que aporten la misma cantidad de dinero –definido por ellos, y que puede descontarse gradualmente de sus ingresos– a un fondo de reserva colectivo o “patrimonio social”, no todas las cooperativas exigen que sus nuevos miembros aporten medios de producción como ocurrió con las CPA. Muchas arriendan los medios de producción, aunque generalmente han preferido comprarlos para asegurar su acceso a ellos y evitar que el arrendador decida dejar de arrendárselos.
Lo definitorio, lo que caracteriza a una cooperativa, es que ella sea gestionada democráticamente por sus trabajadores, es decir, que las decisiones sean tomadas directamente por todos en asamblea o por los representantes elegidos por ellos para los órganos ejecutivos, y bajo las normas que ellos hayan aprobado. Mientras que, en la empresa convencional, los trabajadores, a cambio de un salario, ceden a los dueños del capital sus capacidades de participar en la administración; las relaciones de los trabajadores con los administradores son de subordinación. Como veremos, el hecho de que en las cooperativas los directivos hayan sido elegidos o aprobados, no quiere decir que no tengan autoridad o que no existan reglas de funcionamiento que todos deban cumplir, pues ello sin dudas resultaría en una organización inefectiva e ingobernable.
Así, puesto que son dirigidas democráticamente, el objetivo que busca una cooperativa es la satisfacción de las necesidades de sus asociados, identificadas por ellos mismos; y no la mera maximización de la ganancia. Los cooperativistas buscan tener ganancias o “excedentes” pero solo en la medida que eso les permita satisfacer sus necesidades materiales y espirituales, pues no todas se satisfacen con dinero o el consumo individual. Dentro de lo posible, buscan que el imperativo de ser rentables no se realice a costa de sus necesidades como seres humanos creativos, miembros de familias, seres sociales, profesionales…; es decir, de las otras dimensiones de sus individualidades.
Las primeras cooperativas que se reconocieron como tales, como organizaciones alternativas a las empresas capitalistas, caracterizadas por la subordinación de los trabajadores a los dueños del capital, surgieron con la consolidación del capitalismo en Europa a finales del siglo XVIII. Pero organizaciones socioeconómicas esencialmente iguales a las cooperativas han existido desde los orígenes del hombre. La cooperativa es la figura legal más común que han utilizado organizaciones autogestionarias para registrarse y obtener personalidad jurídica, pero existen otras empresas autogestionarias como las mutuales, los partnerships y distintas variantes de co-gestión que utilizan otras figuras legales.

LAS COOPERATIVAS EN EL MUNDO
En la actualidad, según la Alianza de Cooperativas Internacional (ACI) ii , más de una décima parte de la población mundial (800 millones) forma parte de algún tipo de “cooperativa”. iii En países como Canadá o Francia, es más de una tercera parte. Debe tenerse en cuenta que las cooperativas más comunes y con mayor cantidad de socios son de consumo de servicios como la comercialización (empresas que se unen sólo para comercializar y no producen de forma colectiva) y el ahorro y crédito (bancos o cajas de ahorro).
Solo algunos datos evidencian la importancia económica de las cooperativas: ellas controlan más de la mitad del mercado de productos agrícolas en Europa, más del 90 por ciento de los lácteos en Finlandia y Uruguay, más del 40 por ciento de la producción de alimentos, agrícolas y no agrícolas en Francia. En 2009, esas organizaciones contribuyeron el 5. 4 por ciento del PIB total brasileño (37. 2 por ciento del PIB agrícola) y cerca del 5 por ciento del colombiano (ACI, 2010).
Las cooperativas con membresías más grandes son las de consumo. Las actividades productivas más comunes que realizan son los servicios profesionales. Pero existen algunas que producen incluso complejas máquinas herramientas (industria pesada) con miles de asociados. Aunque no hay límites para la complejidad del proceso productivo que puedan realizar estas organizaciones empresariales ni para su tamaño, a medida que aumenta el número de asociados resulta más difícil una participación substantiva de ellos. Las grandes cooperativas de producción son en realidad la unión de varias cooperativas más pequeñas en cooperativas de segundo o tercer grado.
Sin embargo, debe tenerse en cuenta que un número c onsiderable de empresas que se identifican como “cooperativas” en realidad no practican los principios de cooperativismo y sólo se denominan como tales para acceder a beneficios que el Estados les otorga y no son supervisados efectivamente. Otras sí se preocupan por mantener su esencia en medio de un contexto para nada propicio, como es la competencia de mercado que inevitablemente lleva a la reducción de costos a toda costa. Pero algunas, montadas en la lógica que les impone el mercado, han terminado más preocupadas por lo económico que por lo social, distinguiéndose poco de las empresas capitalistas.
El nuevo cooperativismo transformador
Es por esto que en los últimos años han surgido nuevas organizaciones socioeconómicas que, rechazando el comportamiento de las cooperativas más conocidas (contratación de trabajo asalariado de forma permanente; poca participación de los asociados en la gestión más allá de elegir a sus directivos y aprobar planes de gestión anuales sin mucha información; poca responsabilidad social manifestada en despreocupación por la situación fuera de las cooperativas) se han dado el apellido de “revolucionarias”, “socialistas”, “solidarias” o “sociales”, y algunas han preferido autodenominarse empresas o “empre ndimientos” con esos apellidos.
Pero así como el socialismo o la democracia no pueden rechazarse por lo acontecido en países que se declaran “socialistas” o “democracias”, el cooperativismo –o en sentido más amplio la autogestión empresarial– tiene plena vigencia. De hecho, los principios que guían el funcionamiento de estas organizaciones más emancipadoras coinciden totalmente con los que deberían guiar a una genui na cooperativa :
1) Membresía voluntaria y abierta.
2) Gestión democrática (un voto por asociado, para tomar decisiones como elegir su directiva, normas de funcionamiento, planes, distribución de excedentes, etc.).
3) Participación económica de los asociados (deben contribuir al menos su trabajo, y se benefician de los excedentes que genere la cooperativa).
4) Autonomía e independencia.
5) Educación, formación e información.
6) Cooperación entre cooperativas.
7) Compromiso con la comunidad. iv
Las organizaciones empresariales que se han autotitulado “solidarias”, “revolucionarias” o “socialistas”, sí se empeñan por materializar en la práctica estos principios identificativos del modelo de gestión de las cooperativas. Ellas intentan crear las condiciones para que la participación de los asociados no sea solo formal, y organizan los procesos productivos y de gestión de manera que exista realmente un ambiente de igualdad de derechos y deberes. También enfatizan y concretan en acciones su responsabilidad con las comunidades aledañas y aquellas más distantes que se ven afectadas por su actividad económica o necesitan su cooperación.

POTENCIALIDADES DE LAS COOPERATIVAS PARA CONTRIBUIR AL DESARROLLO SOCIOECONÓMICO
A continuación se mencionan algunos de los resultados más importantes que se tienen en toda cooperativa genuina –cuya organización y funcionamiento es consecuente con los principios del modelo de gestión cooperativo anteriormente mencionado s– y que evidencian su superioridad respecto a la empresa privada, e incluso la empresa estatal convencional, para lograr un desarrollo económico más humano y justo:
1. Tiene sus propias fuentes de motivación para el desempeño empresarial: La participación en la gestión verdadera, de forma substantiva y no mera formalidad, es una fuente importante de motivación para elevar el desempeño de la empresa autogestionada como la cooperativa. Ello incentiva a los trabajadores a aumentar su productividad, la calidad y la innovación, porque ellos se sienten –y lo son realmente– dueños o en control de todo lo que ocurre en ella.
a. Ingresos y beneficios de acuerdo a desempeño individual y colectivo: Entre las decisiones más importantes que toman los trabajadores en las empresas autogestionadas, está cómo distribuir los excedentes de la manera más justa, según criterios establecidos democráticamente.
b. Motivación para prevenir el acomodamiento y desvío de recursos: En las cooperativas la igualdad de derechos viene acompañada de la igualdad de deberes. Los comportamientos parasitarios o delictivos son evitados mediante mecanismos de autocontrol o supervisión colectiva que aseguran que cada cual cumpla con sus responsabilidades y sancionar a los que no lo hagan.
c. Se superan las contradicciones que afectan la productividad, calidad e innovación en empresas convencionales: Cuando los dueños de los medios de producción, administradores y trabajadores de la cooperativa son también miembros de ella y por tanto con iguales condiciones, se superan las contradicciones que surgen entre los dueños y los administradores y entre los administradores y los trabajadores (conocidos como problemas principal-agente).
2. Mayor productividad sin concentración de la riqueza: El hecho de que los medios de producción que administra una cooperativa estén bajo control (con propiedad legal o no) colectivo y no de una sola persona o un grupo reducido, permite que se realicen actividades económicas de escala mediana o grande al mismo tiempo que se evitan los riesgos sociales asociados a la concentración de la riqueza.
a. Mayores escalas de producción manteniendo la flexibilidad: Más aún, la tendencia de las cooperativas, siguiendo su sexto principio de intercooperación, a la integración horizontal con organizaciones similares permite combinar las ventajas de mayores escalas que generan más productividad y eficiencia en el uso de recursos, junto con las de actividades descentralizadas que permiten una mayor adaptabilidad.
b. Integración vertical con distribución más justa del valor agregado: Las cooperativas están también mejor preparadas para organizarse en cadenas de valor donde aquellas que comercializan o realizan las actividades mejor remuneradas por el mercado no se queden con la mayor parte del valor agregado.
3. Permiten satisfacción de necesidades de las personas: La administración o gestión democrática que debe ocurrir en las cooperativas –y en otras empresas autogestionadas– es imprescindible para que las personas puedan desarrollarse como seres humanos plenos, satisfaciendo no sólo sus necesidades materiales, sino también sus necesidades espirituales.
a. Conocimientos y habilidades técnicos y gerenciales: En empresas autogestionadas como las cooperativas, los trabajadores saben que su desempeño –y por tanto sus ingresos– depende de las decisiones que tome la asamblea o sus representantes, por lo que tienen especial interés en comprender cómo funciona la empresa y cómo podría funcionar mejor.
b. Habilidades y actitudes democráticas: En particular, la participación en la toma de decisiones en un ambiente de igualdad de derechos y deberes que experimentan los miembros de una cooperativa facilita que ellos desplieguen habilidades y actitudes democráticas como la consideración de los intereses de otros, la construcción de consensos que articulan intereses individuales con colectivos, la solidaridad, el respeto a los otros, la responsabilidad por las decisiones tomadas, etcétera.
c. Protagonismo en lugar de apatía: Saberse en control de procesos que inciden sobre sus vidas, y con capacidades o habilidades para ello, promueve que las personas asuman una posición proactiva y creativa ante los asuntos que les afectan en lugar de esperar que los resuelvan otros.
4. Promueve un nuevo paradigma de riqueza: El desarrollo o mejoramiento humano que favorecen las instituciones gestionadas democráticamente promueve que las personas redefinan su concepción de la “riqueza”, de manera que no se limite a la acumulación de bienes materiales o su consumo por él o un grupo reducido de personas.
a. Responsabilidad hacia otros y hacia la naturaleza: En la medida que las personas descubran sus otras dimensiones humanas, además del instinto de supervivencia, y conozcan sus interrelaciones con otros, buscarán la felicidad en relaciones más armónicas con otros seres humanos y la naturaleza.
5. Contribuye a la equidad y justicia distributiva: El reparto de los excedentes de las cooperativas según los criterios definidos por sus asociados v resulta en una distribución del ingreso más equitativa y justa, al interior de ellas. Siguiendo su principio de compromiso social, y lo que generalmente establece la legislación cooperativa, esas organizaciones también favorecen una mayor equidad y justicia fuera de ellas mediante la utilización que hacen de sus fondos sociales contribuyendo a satisfacer las necesidades de las comunidades que les rodean.
6. Proporciona un empleo más estable: Son una fuente más estable de empleo porque las cooperativas no pueden separar a un asociado por razones que sean ajenas a su comportamiento. En situaciones en que se ven obligadas a reducir sus niveles de operación, ellas buscan distribuir equitativamente entre todos los miembros las consecuencias negativas en lugar de despedir a unos asociados.
a. Capital o patrimonio menos vulnerable: Mientras que las empresas donde el capital pertenece a más de un accionista son vulnerables a la retirada de sus socios, la cooperativa puede protegerse para exigir que al retirarse un miembro debe buscar un reemplazo o que no puede llevarse sus aportes al patrimonio si no cumple con ciertas condiciones.
7. Mejor equipadas para contribuir al desarrollo local: Las cooperativas son propensas a ser socialmente más responsables que las empresas privadas. Pueden internalizar intereses sociales más amplios que los intereses grupales del colectivo de asociados, pues su lógica de funcionamiento no es la maximización de la ganancia sino la satisfacción de sus necesidades.
8. Claves para establecer relaciones sociales más humanas: Las relaciones de trabajo asociado que se establecen en empresas gestionadas democráticamente son un punto de partida imprescindible para generalizar relaciones de asociación o cooperación a nivel social. Si, además de cumplir con sus principios autogestionarios y obligaciones tributarias, las cooperativas participaran en espacios de coordinación o planificación democrática con las comunidades que impacta con su actividad, ello les permitiría responder a intereses sociales más amplios y por tanto ser verdaderas empresas socialistas.
a. Se evita la explotación del hombre por el hombre: Aunque en las cooperativas puede sin dudas ocurrir la autoexplotación, los trabajadores no son subordinados de los directivos elegidos por ellos, y ellos mismos son los que definen sus ritmos de trabajo, ingresos y otros beneficios.

VENTAJAS DE LAS COOPERATIVAS PARA CUBA
En Cuba, la existencia de una figura legal para las cooperativas, no limitadas al sector agropecuario, tendría ventajas adicionales. Ello permitiría que personas afines se juntaran para realizar actividades como las que hoy realizan los cuentapropistas, pero con niveles de productividad más altos y sin tener que recurrir a la concentración de la riqueza ni a relaciones de explotación. Para ello, sería recomendable crear cooperativas tanto de producción (tipo CPA) como de consumo de bienes y servicios (tipo CCS). Las primeras facilitarían lo que ya viene ocurriendo de manera no legal entre algunos productores de zapatos y de ropa, e incluso oficios de la construcción, que producen colectivamente para poder disfrutar las ventajas de la especialización y las de mayores escalas de producción. La existencia del segundo tipo permitiría que productores aislados se asociaran para disfrutar algunas de las ventajas de escalas mayores y de la cooperación; lo que ya viene ocurriendo en alguna medida entre vendedores ambulantes y transportistas que compran juntos para reducir costos, fijan precios y se distribuyen territorios o rutas de manera informal.
Es cierto que estas formas de cooperación van a ocurrir de forma espontánea –aun sin figuras legales para cooperativas fuera del sector agropecuario -, pero su existencia permitiría consolidar las relaciones de cooperación que ya vienen ocurriendo y facilitaría que otros grupos de personas que se tienen menos confianza (como para confiar en contratos verbales y/o en el manejo de fondos comunes en una cuenta bancaria a nombre de una sola persona) se decidan a hacerlo. Además, la existencia de asociaciones de productores individuales, o incluso de cuentapropistas que contratan trabajo de forma permanente, facilitaría la coordinación entre sus intereses y los intereses sociales representados en órganos de gobierno municipales; papel que no le corresponde a los sindicatos.
Es importante notar que, en la medida que la oferta de empleos en instituciones estatales disminuya como se tiene previsto, la ausencia de la figura legal de cooperativas de producción para actividades no agropecuarias resultará en que muchas personas se verán obligadas a aceptar las condiciones que pongan los cuentapropistas interesados en contratar su fuerza de trabajo. Si bien es cierto que en muchos casos la relación entre un cuentapropista y sus trabajadores contratados tiene componentes de asociación –y no solo de subordinación–, esto se debe a que los trabajadores contratados pueden exigir ciertas condiciones y beneficios bajo la amenaza de buscar trabajo en el sector estatal.
Por otro lado, la posibilidad de crear cooperativas en el sector de los servicios –o incluso en el de la industria ligera–, le permitiría al Estado “deshacerse” de la manera más socializada posible de aquellas actividades no estratégicas hoy administradas por instituciones estatales (ministerios, gobiernos provinciales y municipales) y que, dada su naturaleza, requieren de una gestión descentralizada y con altos niveles de autonomía para ser efectivas y resultar en mayores beneficios sociales al brindar productos de mejor calidad y precio y contribuir al presupuesto estatal. El Estado podría transferir la gestión a aquellos colectivos de trabajadores que estén dispuestos –de forma voluntaria y conscientes de las responsabilidades y derechos que adquieren– a crear cooperativas que arrienden o compren los medios de producción (locales, equipos, herramientas), en dependencia de lo que resulte conveniente para ambas partes e intereses sociales a largo plazo.
En una sociedad comprometida con la equidad y la justicia social, en aquellos casos donde existan las condiciones requeridas, esto sería más adecuado que transferir la gestión a una empresa privada, como ha sido propuesto por instituciones estatales que alegan la ausencia de una figura legal cooperativa y de voluntad política para comenzar a experimentar con esas formas empresariales. Si los trabajadores de una unidad empresarial estatal –u otras personas, pero dando prioridad a los que ya trabajan en ella– están dispuestos a formar una cooperativa, no tendría sentido dividirles y crear relaciones de subordinación entre ellos, como pareciera que se está proponiendo. La transferencia de gestión a una cooperativa parece, incluso, una solución más pragmática para el Estado, porque permitiría una relación contractual más estable que con un empresario privado.
Esto resultaría en una situación “ganar-ganar” tanto para el Estado como para los trabajadores hoy estatales, y potencialmente –en la medida que se logre orientar las actividades no estatales hacia intereses sociales– también para los consumidores y las comunidades donde operen. Los únicos perdedores serían los burócratas y administradores que prefieren liderazgos autoritarios a participativos, o los que utilizan esas posiciones para beneficiarse individualmente a costa del Estado y, realmente, de todos los cubanos y cubanas.

¿Y ENTONCES, QUÉ ESPERAMOS PARA PROMOVER LA CREACIÓN DE COOPERATIVAS DE TODO TIPO?
¿Por qué entonces no ha sido ni es política del Estado cubano promover las cooperativas más allá del sector agropecuario, y esas han tomado formas tan desvirtuadas por la excesiva intervención estatal? Sin dudas, esto se debe a la visión estatista de socialismo que ha predominado en nuestro país, y a que muchos no ven cómo los intereses grupales de las cooperativas se pueden articular con intereses sociales más amplios sin la intervención directa del Estado.
Sin embargo, la forma en que internamente están organizadas las cooperativas las hace no solo compatibles con un socialismo democrático, sino que imprescindibles, aunque por supuesto no son suficientes, ni la mejor manera de organizar todas las actividades económicas. Estaremos avanzando en la construcción de un nuevo orden económico y social en nuestro país en la medida en que, por un lado, aumente el número de cooperativas genuinas y las empresas estatales y privadas democraticen su gestión, y, por otro lado, todas las empresas “internalicen” intereses sociales mediante mecanismos de regulación –sobre todo indirecta–, pero acompañados de espacios de coordinación. De hecho, para Marx el modo de producción socialista se caracterizaba por “productores libremente asociados unidos por un plan”, mientras que para Lenin el socialismo era esencialmente una sociedad de “cooperativistas cultos”.
Otra razón por la que pareciera que los cambios actuales favorecen a las empresas privadas sobre las cooperativas, puede ser que la intención de privilegiar a las últimas (por ejemplo, con exención de impuestos y créditos con intereses más bajos, contratación prioritaria, programas de educación e información sobre ellas) requiere de una institución que vele porque aquellas empresas que se registran como tales sean realmente cooperativas. Aunque la tarea de esa institución sería sencilla, pues es suficiente revisar las actas de las asambleas y asegurar mediante campañas publicitarias y educacionales que todos los miembros de cooperativas sepan sus derechos, ello requiere de funcionarios fiscalizadores en dependencia del número de cooperativas que surjan. Idealmente, ese órgano de supervisión de las cooperativas podría ser financiado por ellas mismas (una contribución obligatoria) y administrado en coordinación con los órganos de representación que creen las propias cooperativas (consejos o federaciones).
Es cierto también que si el Estado asume el compromiso de promover las cooperativas, debería apoyar los procesos de educación que ellas requieren, debido a las particularidades éticas y organizativas de su dimensión social, ausente en empresas privadas. Pero los costos requeridos inicialmente –que después pasarían a ser financiados por las propias cooperativas– serían menores que los costos sociales resultantes de relaciones de explotación, y serían recuperables mediante los resultados de las potencialidades de las cooperativas vistas anteriormente.
No debemos ignorar que el rechazo a las cooperativas en nuestro país se debe también a la penetración del pensamiento neoliberal hegemónico en el mundo, un paradigma invalidado por los resultados que ha tenido su aplicación, y cuya debilidad científica o falta de objetividad ha sido demostrada por pensadores reconocidos mundialmente como Stiglitz, Ostrom, entre otros. Sin embargo, desde el Estado y los medios de comunicación parece estarse trasmitiendo la idea de que la empresa privada que contrata fuerza de trabajo es la única forma de gestión eficiente. Ese planteamiento pareciera corroborarse con los resultados que han obtenido las cooperativas agropecuarias en nuestro país. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que si bien ellas han sido menos exitosas que los campesinos individuales que contratan fuerza de trabajo, esto se debe en gran medida a que realmente no han sido cooperativas, pues no han contado con la autonomía elemental para ejecutar compras, decidir producciones y ventas, e incurren, además, en gastos considerables para satisfacer necesidades de las comunidades como generar electricidad, bombera agua, abastecer comedores de escuelas).
Bajo análisis superficiales e influenciados por lo anterior, muchos en Cuba consideran las cooperativas como una utopía irrealizable. Se asume que las personas prefieren trabajar solas o con trabajadores contratados antes que en colectivo. Se piensa que no ocurre explotación cuando un cuentapropista contrata a otras personas como trabajadores contratados. Aunque en el discurso oficial de varios ministros se siguen mencionando a las cooperativas como “formas más socializadas”, y que por tanto merecen un tratamiento preferencial por el Estado, esta visión está ausente en los Lineamientos y no se ha visto plasmado en ninguna política pública hasta el momento.
Sin embargo, el trabajo en colectivo ha sido la mejor opción para aquellas actividades que es menos factible realizar de forma individual y cuando las personas se reconocen como iguales (en derechos y deberes). Más aún, las cooperativas han sido la única opción para los que, aún sin esa ética igualitaria y solidaria, no cuentan con recursos para contratar la fuerza de trabajo de otros. Son las reglas de funcionamiento de nuestras sociedades las que provocan que los comportamientos individualistas aparezcan como lo racional o natural, aunque después a muchos nos deje el peso de saber que fuimos injustos y que deberían existir mejores alternativas.
Cuba tiene condiciones que otros países no han tenido para promover las cooperativas y otras formas autogestionarias. Precisamente porque los cubanos y cubanas hemos sido expuestos a una práctica cotidiana relativamente más solidaria e igualitaria que en otros países –aunque sin dudas disminuida considerablemente desde los años noventa–, es probable que la organización en cooperativas (reales, y por tanto autónomas) sea más atractiva. Además, en Cuba ya la mayoría de las personas está relativamente bien calificada profesionalmente. Sin dudas, hay grandes vacíos en materia de gestión empresarial, pero esas habilidades pueden ser aprendidas rápidamente y suplidas en el intertanto por servicios de consultoría y administración. Otra ventaja importantísima con que contamos son los niveles de confianza y transparencia o extroversión que nos distinguen de otros pueblos, lo que nos adelanta en un requerimiento ineludible a la hora de crear una cooperativa: las personas deben tenerse ciertos niveles de confianza y empatía. Más aún, en algunas empresas estatales y en algunas empresas “informales”, ya vienen dándose procesos, en gran medida autogestionarios, que verían en la cooperativa la forma más deseable de organización.
Por eso, algunos de nosotros no perdemos la fe en que, una vez que se permita en nuestro país la creación de cooperativas de forma espontánea como se ha permitido a los cuentapropistas, muchos grupos de personas van a estar listos para crear sus cooperativas y poner en práctica los valores de solidaridad e igualdad que tan enraizados tienen. El éxito será mayor si el Estado cubano decide que prefiere un desarrollo más social y, consecuentemente, implementa políticas para privilegiar a las empresas que sean gestionadas democráticamente por sus trabajadores y que coordinen sus actividades con representantes de intereses sociales más amplios.

Medidas para promover las cooperativas
1. Realizar una campaña de educación e información sobre las características principales de las cooperativas y cómo pueden ser creadas, sus derechos y responsabilidades.
a. Explicar de forma clara por qué la cooperativa es una forma “más socializada” y por tanto preferible, en algunos casos, a la empresa privada.
b. La alta dirección del país debería hacer pública su decisión de promover o al menos permitir la creación de cooperativas, de manera que aquellos que hoy lo obstaculizan no tengan pretextos para ello.
2. Pasar una ley general de cooperativas, y su reglamento.
a. Debería ser precedido por un proceso de consulta, al menos con las cooperativas agropecuarias, pero idealmente lo más abierto posible, para que la nueva legislación supere las limitaciones de la ley de cooperativas agropecuarias vigente y sea lo más efectiva posible.
b. Los funcionarios de instituciones estatales a cargo de la implementación de las nuevas políticas públicas relativas a las cooperativas, y en particular los gobiernos locales, deberían ser capacitados sobre las especificidades y ventajas de esas organizaciones empresariales.
c. Mientras tanto, debería pasarse un decreto ley o algún instrumento legal que permita la creación de cooperativas, y establezca sus derechos y deberes. Se podría utilizar quizás alguna de las figuras legales establecidas en el Código de Comercio vigente.
3. Establecer una institución que supervise y apoye a las cooperativas existentes, así como que facilite su creación y registro, provea información sobre ellas, y les sirva de puente entre ellas y con otras instituciones o empresas estatales.
a. Trabajar junto con las universidades para que los profesores y estudiantes asesoren a las nuevas empresas en materia de gestión, contabilidad, estrategia y especificidades de las cooperativas; así como para que promuevan la creación de nuevas cooperativas en los territorios de mayores necesidades y grupos de personas con condiciones propicias.
b. En la medida que aumente el número de cooperativas, esta institución debería ser financiada por las propias cooperativas y su ejecutivo debería estar compuesto en gran medida por representantes elegidos por ellas.
4. Establecer políticas tributarias y de contratación de instituciones estatales que prioricen a las cooperativas sobre las otras empresas no estatales, sin que esto signifique que no deban pagar impuestos ni que los bienes y servicios que se les contraten sean de menor calidad.
5. Promover que los gobiernos locales establezcan espacios de coordinación con cooperativas y otras empresas no estatales en su territorio, de manera que estas contribuyan al logro de sus objetivos estratégicos.

Camila Piñeiro Harnecker es Investigadora y consultora de empresas. Compiladora del libro Cooperativas y Socialismo: Una Mirada desde Cuba. Ed. Caminos, La Habana, 2011.
Notas
i United Nations General Assembly Resolution   A/RES/64/136  on the Proclamation of 2010 as International Year of Cooperatives. Ver http://social.un.org/coopsyear .
ii La ACI es la organización que desde el año 1895 aglutina y promueve el movimiento cooperativo en el mundo . Ver http://www.ica.coop
iiiACI. 2010. “Statistical Information on the Co-operative Movement” http://www.ica.coop/coop/statistics.html.
iv Para un análisis del significado práctico de cada uno de estos principios, ver “¿Qué es una cooperativa?” en Camila Piñeiro Harnecker (comp.) Cooperativas y Socialismo… , pp. 31-54.
v  Las cooperativas generalmente distribuyen parte de los excedentes entre los asociados teniendo como criterios –generalmente aprobados en asamblea– el trabajo aportado medido en horas de trabajo y las características de las labores realizadas. Hay casos en que se distribuye por igual asegurando que todos contribuyan al máximo de sus capacidades y realicen tareas semejantes. También en algunas cooperativas se tienen en cuenta las necesidades particulares de los asociados: número de hijos menores, si es madre sola, etcétera.

viernes, 25 de noviembre de 2011

El contagio de la eurozona se propaga a China .

Por Nicholas Hasting

111111cecon2jpMientras la eurozona intenta resolver sus problemas, China está comenzando a arder.
Eso podría ser un poco exagerado, pero no demasiado.
Ahora hay evidencia de que la crisis de deuda de la eurozona no sólo se está propagando a los bancos, al deteriorar su capacidad de autofinanciarse, sino también a los principales socios comerciales de la región.
En este caso, a China.
Y lo que es malo para China, definitivamente es malo para la economía mundial.
 De hecho, las noticias de una desaceleración en China probablemente opacarán cualquier buena noticia que surja en Estados Unidos.
Puede que el crecimiento de Estados Unidos finalmente esté ganando fuerza, pero dado que su economía es tan cerrada, el impacto positivo en la economía mundial tardará más en transmitirse.
Del mismo modo, cualquier impacto negativo de la crisis de la eurozona sobre la economía estadounidense tardaría más en manifestarse, aun cuando los bancos estadounidenses podrían comenzar pronto a enfrentar presiones de financiación debido a su exposición.
Sin embargo, como han venido mostrado las cifras económicas recientes, la crisis de la zona del euro está comenzando a tener repercusiones en China.
Los analistas proyectan que el crecimiento, que superaba el 10% hace no mucho tiempo, caerá por debajo del 9% en los próximos meses.
Ante la desaceleración del crecimiento de las exportaciones y la posibilidad de que el superávit comercial del país siga disminuyendo, Li Dakoui, miembro del comité de política monetaria del Banco Popular de China, ya advirtió que el superávit podría llegar a cero dentro de dos años.
Esto ayuda a explicar la reticencia del banco central a permitir que el yuan continúe apreciándose al mismo ritmo que lo hizo anteriormente en el año.
El banco central ciertamente intentará mantener la competitividad de las exportaciones chinas durante el mayor tiempo posible, especialmente ante los temores de que la burbuja inmobiliaria que enfrenta el país pueda estallar.
Las cifras más recientes, que se sumaron a abruptas caídas en las condiciones empresariales y en los nuevos pedidos, muestran que los precios de las viviendas descendieron en 33 de 70 ciudades, el peor desempeño del año.
Una desaceleración en la apreciación del yuan no sólo aumentará las tensiones con Estados Unidos, que ha exigido a Beijing que disminuya la manipulación de la moneda, si no que probablemente reducirá el apetito por el riesgo en los mercados de inversión internacionales.
El retroceso probable como resultado de la búsqueda de activos seguros podría favorecer al dólar estadounidense y al yen, pero perjudicaría a las monedas vinculadas a los bienes básicos, incluido el dólar australiano, a medida que las proyecciones de la demanda mundial son revisadas a la baja.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Fantasma de la recesión golpea nuevamente a las bolsas mundiales

Por Marco Antonio Moreno


Las bolsas mundiales no detienen su caída y al miedo crónico sobre la propagación de la crisis de la deuda en el viejo continente, se suman ahora los renovados temores sobre la salud de la economía mundial. A la fuerte caída en el PMI industrial de los países europeos, se ha sumado ahora el decepcionante dato sobre la industria manufacturera de China, anticipando la temida contracción para el cuarto trimestre del año.

Estos datos se conocen luego que ayer Estados Unidos revelara que creció sólo un 2% en el tercer trimestre, por debajo del 2,5% estimado inicialmente, lo que confirma la débil recuperación de la mayor economía del mundo. En este contexto, el descenso más potente lo vivió hoy la bolsa de Milán, que cayó 2,59%, seguido muy de cerca por la bolsa de Madrid, cuyo índice bajó un 2,09%. El FTSE de Londres cayó 1,29%, mientras que las bolsas de París y Frankfurt sufrieron pérdidas que llegaron a 1,68% y 1,44% respectivamente.

Estos retrocesos se produjeron pese al anuncio que hizo ayer el FMI de abrir una millonaria línea de crédito para evitar que la crisis de deuda se expanda entre los países del euro. Pese a estos esfuerzos, la desconfianza es total. Al cierre de las operaciones de hoy, quedó de manifiesto que el ánimo de los inversionistas fue socavado por la pobre demanda que tuvo la subasta de bonos alemanes, la economía más sólida de Europa. Alemania no está tan firme como Angela Merkel ha hecho creer al resto del mundo.

Por otra parte, hoy se difundió en China el sondeo preliminar realizado por HSBC para conocer el dato de la industria manufacturera. La estimación anticipa que el índice podría haberse contraído en noviembre hasta los 50,1 puntos, desde los 51 puntos del mes anterior, es decir, al borde de los 50 puntos que separan el crecimiento de la contracción. El informe golpeó fuertemente a las bolsas asiáticas, con excepción de Tokio que estuvo cerrada por feriado. El indicador regional MSCI de Asia Pacifico se desplomó un 2,1%. En Hong Kong las acciones bajaron 2,12%, mientras que el Kospi de Corea del Sur bajó casi 2%. La Bolsa de Shangai aguantó mejor el dato y bajó sólo 0,7%

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Opciones en espera de una ley ( de Cooperativas). Cuba

Las cooperativas han sido menos exitosas que los campesinos individuales que contratan fuerza de trabajo debido a la falta de autonomía en su gestión.Por Patricia Grogg

Las cooperativas han sido menos exitosas que los campesinos individuales que contratan fuerza de trabajo debido a la falta de autonomía en su gestión.
La existencia de una figura legal en el sector cooperativo representaría ventajas adicionales para la economía cubana, afirman especialistas.
La creación de cooperativas figura en el programa de actualización de la economía de Cuba, pero aún no hay novedades oficiales sobre la extensión de esa forma de gestión empresarial que ya probó sus bondades y desaciertos en el sector agropecuario.
En medios académicos, el tema no es nuevo. "Hace años hice un trabajo de investigación en el cual, como apreciación personal, proponía crear cooperativas para que se encargaran de acopio, transporte y comercialización de los productos del campo", comentó la economista Blanca Rosa Pampín, en una reciente entrevista con IPS.

En su opinión, ese tipo de autogestión podría solucionar el problema de la compraventa y distribución de alimentos agrícolas, basado hasta ahora en un sistema estatal de acopio que resta agilidad a todo el proceso, desestimula a los productores, causa pérdidas por demoras en la transportación y encarece la oferta, entre otras dificultades.

"En los lineamientos no se habla de esto", añadió la experta en temas agropecuarios, en referencia al documento que, aprobado en abril durante el sexto congreso del gobernante Partido Comunista, pauta la agenda para la modernización del modelo económico y social que lanzó el gobierno de Raúl Castro.

Pero el texto sí anuncia que se crearán las cooperativas de primer grado (las que sus integrantes son personas físicas o jurídicas) como una forma socialista de propiedad colectiva, en diferentes sectores, con la finalidad de producir y prestar servicios útiles a la sociedad y en la que sus asociados asumen, con sus ingresos, todos los gastos.

También prevé cooperativas de segundo grado, integradas por las de primer grado, con el objetivo de organizar actividades complementarias afines o que agreguen valor a los productos y servicios de sus socios, o realizar compras y ventas conjuntas con vistas a lograr mayor eficiencia.

Una norma jurídica, que se supone en preparación, deberá garantizar que las cooperativas, como propiedad social, no sean vendidas ni transmitida su posesión a otras cooperativas, a formas de gestión no estatal o a personas naturales. A la vez, servirá de base para determinar los ingresos "de los trabajadores y la distribución de las utilidades".

Para algunos analistas, la demora para que estas iniciativas se concreten podría obedecer a que se trata de cambios que el gobierno no desea apresurar para evitar errores o posteriores retrocesos.

"No por cumplir un cronograma vamos a precipitarnos", dijo Castro al defender el ritmo de las reformas en una reunión gubernamental de septiembre.

Hasta ahora, las autoridades parecen concentradas en afianzar el trabajo por cuenta propia como alternativa de empleo para quienes pierdan sus plazas en el Estado y a los nuevos aparceros surgidos con la entrega en usufructo de tierras ociosas según un decreto de 2008. Pero especialistas alertan que para hacer crecer la economía hacen falta más medidas.

En un artículo publicado por la revista católica Palabra Nueva, la investigadora Camila Piñeiro, del Centro de Estudios de la Economía Cubana, defendió las ventajas adicionales que representaría para el país la existencia de una figura legal para las cooperativas, no limitadas al sector agropecuario.

"Ello permitiría que personas afines se juntaran para realizar actividades como las que hoy realizan los cuentapropistas (autónomos), pero con niveles de productividad más altos y sin tener que recurrir a la concentración de la riqueza ni a relaciones de explotación", dijo la experta.

Piñeiro opinó que en este país se avanzará en la construcción de un nuevo orden económico y social en la medida en que "aumente el número de cooperativas genuinas y las empresas estatales y privadas democraticen su gestión", entre otras condiciones.

"La forma en que internamente están organizadas las cooperativas las hace no solo compatibles con un socialismo democrático, sino que imprescindibles, aunque por supuesto no son suficientes ni la mejor manera de organizar todas las actividades económicas", consideró.

En Cuba existen las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS), integradas voluntariamente en los años 60 por campesinos dueños de sus predios para recibir crédito, tecnología y favorecer gestiones de mercadeo, entre otros beneficios.

Una década después surgieron las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA), formadas por campesinos que de propietarios individuales se convirtieron en dueños colectivos, al vender sus tierras y medios de producción a la nueva entidad empresarial.

Según el economista Armando Nova, experto en asuntos agropecuarios, la trayectoria positiva de las CPA en más de dos décadas sirvió de modelo para la proyección y constitución, en 1993, de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC).

Sin embargo, en el transcurso del tiempo las UBPC derivaron "en una forma transfigurada de la empresa estatal, con resultados no satisfactorios", comentó Nova en un artículo sobre el tema. De todos modos, el área agrícola cultivada por formas cooperativas pasó de 15 por ciento del total en 1989 a 70 por ciento en 1999.

Según los datos aportados por este investigador, las CCS y los campesinos privados presentan como promedio mejores resultados que las CPA y hacia 2009 acumulaban 57 por ciento de la producción total de alimentos, pese a contar solo con 24,4 por ciento de las tierras cultivables.

A juicio de Piñeiro, si las cooperativas han sido menos exitosas que los campesinos individuales que contratan fuerza de trabajo, se debe en gran medida a que no han contado con la autonomía elemental para ejecutar compras, decidir producciones y ventas, entre otras dificultades.

Estas entidades se "desvirtuaron debido a la visión estatista de socialismo que ha predominado" y a que muchos no ven cómo los intereses grupales de las cooperativas se pueden articular con los intereses sociales más amplios sin la intervención directa del Estado, aseveró.

martes, 22 de noviembre de 2011

Las virtudes de la represión financiera

Por Eric Toussaint
 
En Estados Unidos, con el objetivo de salir de la crisis nacida con el crash de Wall Street de 1929, se recortó la libertad total de la que gozaban los medios financieros y bancarios. En el transcurso de los treinta años que siguieron a la segunda guerra mundial, el número de crisis bancarias fue mínimo. Según Rogoff y Reinhart, dos economistas que no son para nada proclives a un cuestionamiento del capitalismo, la reducida cantidad de crisis bancarias se explica principalmente «por la represión de los mercados financieros interiores (en diversos grados), y luego por un recurso masivo a los controles de capitales durante muchos años después de la segunda guerra mundial».
En Estados Unidos, durante los años treinta del siglo pasado, el gobierno de Frankin D. Roosevelt, con el objetivo de salir de la crisis nacida con el crash de Wall Street de 1929, recortó la libertad total de la que gozaban los medios financieros y bancarios. Siguiendo esta orientación y bajo la presión de las movilizaciones populares en Europa durante y después de la Liberación, los gobiernos del viejo continente impusieron una serie de límites de maniobra al capital. Por consiguiente, en el transcurso de los treinta años que siguieron a la segunda guerra mundial, el número de crisis bancarias fue mínimo. Es lo que demuestran dos economistas neoliberales estadounidenses Carmen M. Reinhart y Kemmeth S. Rogoff, en un libro publicado en español en 2011, intitulado Esta vez es distinto: ocho siglos de necedad financiera.
Kenneth Rogoff fue economista jefe del FMI y Carmen Reinhart, profesora universitaria, es asesora del FMI y del Banco Mundial. Según estos dos economistas que no son para nada proclives a un cuestionamiento del capitalismo, la reducida cantidad de crisis bancarias se explica principalmente «por la represión de los mercados financieros interiores (en diversos grados), y luego por un recurso masivo a los controles de capitales durante muchos años después de la segunda guerra mundial». (1)
No es banal que estos autores, que por principio se oponen a estrictas reglamentaciones financieras, empleen la expresión peyorativa «represión financiera» para designar una política pública que quiere limitar la libertad del capital de hacer lo que le viene en gana en los ámbitos financieros y bancarios. No obstante, Reinhart y Rogoff se sienten tan perturbados por los efectos de las desreglamentaciones que, lejos de rechazar de cuajo la represión financiera, emiten una opinión matizada: «Lo que no significa necesariamente que esta represión y esos controles constituyan, según nuestra opinión, la vía correcta frente al riesgo de crisis financiera». En su libro de más de 400 páginas no hacen ninguna propuesta alternativa.
Efectivamente, durante los «treinta gloriosos», los gobiernos de la mayoría de los países más industrializados aplicaron políticas que reglamentaban los movimientos de capitales que entraban o salían del país. También obligaron a los bancos a adoptar un comportamiento prudente y pasaron al sector público una parte del sector financiero. Según Reinhart y Rogoff, con el fin de evitar el riesgo de quiebras bancarias, los gobiernos impusieron «a los bancos un nivel elevado de reservas obligatorias, sin hablar de otros dispositivos como el crédito dirigido o la obligación para las cajas de pensiones o para los bancos comerciales de mantener un cierto nivel de créditos del Estado.»
Para estos autores, la situación se modificó «desde el comienzo de los años setenta», ya que «la liberalización de las cuentas de los capitales financieros e internacionales —la reducción o la supresión de barreras a la inversión en el interior o en el exterior de un país— se extiende por el mundo. Las crisis bancarias han hecho lo mismo. Después de un largo intervalo, la proporción de países afectados por dificultades bancarias ha comenzado a aumentar en los años setenta.»
 En cambio, el control público ejercido en la India y en China sobre los bancos les permitió resguardarse del contagio de la crisis financiera que comenzó en 2007. Reinhart y Rogoff consideran que lo que hacen actualmente las autoridades chinas e indias recuerda la situación que prevalecía en los treinta gloriosos: «Semejante represión financiera no es nueva: se extendía particularmente en los países avanzados, como en los países emergentes en el momento más fuerte de control de capitales internacionales, desde de la segunda guerra mundial hasta los años ochenta»
En su época, Adam Smith recomendaba a los gobiernos limitar drásticamente la libertad de los banqueros: «… pero el ejercicio de esta que llaman libertad en un corto número de individuos, cuando es dañoso a la seguridad común de la sociedad, es y debe ser coartado por las leyes de toda especie de Gobierno, no sólo de los más libres, sino aun de los que quieran llamarse despóticos.» Y continuaba «La obligación de construir muros y paredes que impidan la comunicación de un incendio, sería también una violación de la libertad natural, de la misma especie que la restricción de que acabamos de hablar, y en cambio no habrá hombre sensato que deje de aprobarla.» (2)
Contrariamente, los períodos marcados por el abandono de reglamentaciones estrictas concernientes al capital en general y a las sociedades financieras en particular se caracterizan por la multiplicación de las crisis bancarias que desembocan en crisis económicas generales.
Sin embargo, la experiencia del período 2007-2008 no llevó a los gobiernos a imponer ninguna clase de reglas de estricta prudencia. Algunos apóstoles del capitalismo como Alan Greenspan, ex director de la Reserva Federal de Estados Unidos, no pierden la ocasión de abogar en contra de la más mínima medida de prudencia. En un artículo de opinión publicado en el Financial Times compara el terremoto que sufrió Japón en marzo de 2011 con los «tsunamis» financieros que sacudieron el mundo de las finanzas en estos últimos años. No duda en afirmar que, de la misma manera que no podemos pedirle a las autoridades japonesas que tomen todas las medidas posibles de precaución para proteger a la población de un fenómeno natural que sólo afecta al país una vez cada siglo, no se puede exigir a los banqueros que pongan a resguardo reservas líquidas suficientes para hacer frente a crisis bancarias que se producen sólo dos o tres veces cada cien años. (3) Greenspan se opone, por supuesto, a las tímidas medidas de prudencia propuestas en el marco de los acuerdos de Basilea III. (4) En general, si los acuerdos fueran aplicados, los bancos deberían tener a su disposición el equivalente al 7% de sus compromisos, que continúa siendo totalmente insuficiente. El Instituto Internacional de Finanzas que reúne a los principales bancos privados europeos afectados por la gestión de la «crisis griega» presiona a las autoridades públicas para relajar las normas en discusión. Quieren mantener el «laissez-faire, laissez-aller». (5)
Pero de lo que se trata es de tomar medidas para impedir que las instituciones financieras, bancos, aseguradoras, fondos de pensión y otros hedge funds puedan seguir haciendo daño. Es necesario llevar ante los tribunales a las autoridades públicas y a los patrones de empresas responsables directos o cómplices activos de los desastres bursátiles y bancarios. En interés de una mayoría aplastante de la población, es urgente expropiar los bancos y ponerlos al servicio del bien común, nacionalizándolos y poniéndolos bajo el control de los trabajadores y ciudadanos. No sólo hay que rechazar cualquier indemnización para los grandes accionistas, sino que además conviene recuperar de su patrimonio global el coste del saneamiento del sistema financiero. Se trata también de repudiar las acreencias ilegítimas que los bancos privados reclaman a los poderes públicos. Por supuesto, es necesario adoptar una serie de medidas complementarias: control de los movimientos de capitales, prohibición de la especulación, prohibición de transacciones con paraísos fiscales y judiciales, implantación de una fiscalidad que tenga por objetivo el establecimiento de la justicia social… En el caso de la Unión Europea, conviene derogar algunos tratados como el de Maastricht y el de Lisboa. También se debe modificar radicalmente los estatutos del Banco Central Europeo. La crisis todavía no llegó a su punto culminante, por lo tanto es el gran momento de dar un vuelco radical a la orientación seguida, para lograr una salida anticapitalista a las convulsiones de la banca y de la bolsa.  Eric

Toussaint -Traducido por Griselda Piñero - http://www.cadtm.org/
Notas:
(1) Carmen M. Reinhart y Kemmeth S. Rogoff, Esta vez es distinto: ocho siglos de necedad financiera, Fondo de Cultura Económica de España, S. L., 2011.
(2) Adam Smith, La riqueza de las naciones, Libro II De la naturaleza, acumulación y empleo de los fondos o capitales, capítulo 2, sección V, Ediciones Orbis, 1983. (traducción original 1794, revisada y adaptada)
(3) Alan Greenspan, Financial Times, 27 de julio de 2011.
(4) Los Acuerdos de Basilea III publicados el 16 de diciembre de 2010 son propuestas de reglamentaciones bancarias cuyos efectos deberían entrar en vigencia definitivamente en 2019. Estos acuerdos ignoran lo que está fuera de balance, uno de los factores que está en el origen de la crisis de las subprime. La reevaluación del umbral de prudencia por los representantes de los 27 bancos centrales debería traducirse en el hecho de que los bancos privados deberían ser obligados a aumentar su liquidez, que deben conservar de manera permanente para hacer frente a la crisis. Véase el texto de los acuerdos Basilea III http://www.bis.org/bcbs/basel3_es.html
(5) Financial Times, «Tougher supervision could be pernicious, IIF warns», 13 juillet 2011

lunes, 21 de noviembre de 2011

A propósito de la controversia sobre la “inviabilidad del socialismo”

Omar Álvarez Dueñas
Profesor. Sede Universitaria de Sagua la Grande, Villa Clara.
omarad@capiro.vcl.sld.cu

Leí con mucho interés el debate en Temas # 65 sobre el Período especial, y la controversia generada entre el profesor Carmelo Mesa-Lago, del cual he leído otros trabajos recientes, y el economista José Luís Rodríguez, ministro de Economía en aquellos años, y quisiera ofrecer mi modesta opinión al respecto.
Un primer tema de controversia está referido a la planificación central, la descentralización o centralización, y el mercado. En una economía como la cubana, con una historia de dependencia de España como colonia, de los Estados Unidos como neocolonia, y atada a la URSS y al campo socialista (para bien y para mal) en los primeros treinta años de la Revolución, y como consecuencia de ello una economía deformada, subdesarrollada y atrasada tecnológicamente y que en enero de 1959 recibe una deuda económica y social como la descrita por Fidel en La Historia me absolverá y conocida por todos, ¿cómo se resuelve ese problema?, ¿quién en la historia reciente de la humanidad lo ha resuelto sin la planificación?
Mucho se han criticado la dirección y la economía socialista de la Revolución basada en la planificación; poco se ha hablado del gran mérito de haber sacado a millones de cubanos de la pobreza y exhibir los indicadores sociales actuales de Cuba, gracias a la planificación centralizada, pese a todos los errores que se han cometido.
Por lo tanto, para un país pobre, atrasado y bloqueado como Cuba la planificación centralizada de sus principales recursos y actividades económicas es vital para lograr la supervivencia como nación y para avanzar por la senda del desarrollo. Coincido entonces con los Lineamientos aprobados en el VI Congreso del PCC que mantienen la vitalidad de la Planificación en la dirección económica.
Ahora bien, otro tema de debate es cuánto de planificación y cuánto de mercado. Está claro que en las actuales circunstancias históricas las relaciones monetario-mercantiles, y por ende el mercado, tienen un papel importante que desempeñar en el desarrollo económico del país. Soy partidario de que debemos utilizar el mercado en nuestro socialismo siempre que este constituya un estímulo al desarrollo de las fuerzas productivas, a la productividad y a la eficiencia en el trabajo, pero hay que tenerlo estrictamente regulado por los peligros que este encierra y que pueden dar al traste con la Revolución misma.
En cuanto a centralización y descentralización, la esencia está en lograr el justo medio de qué debe ser centralizado y qué descentralizado. En las condiciones históricas actuales, hay importantes decisiones en política económica que deben ser centralizadas, y el Plan de la Economía debe ser el eje alrededor del cual se aglutinen todas las formas económicas. La verdadera y ardua tarea para quienes dirigen el país está en lograr la armonía entre el plan y el mercado; entre la centralización y la descentralización, de modo que se complementen en pos del desarrollo del país.
Considero que se debe fortalecer la participación de los territorios en la dirección económica, especialmente los municipios, es allí donde viven los actores económicos, donde se materializa la economía del país, y en estos años han estado atados de pies y manos en muchos aspectos, esperando decisiones “de arriba” para mejorar las condiciones de vida de sus pobladores y para impulsar la economía. La actualización del modelo debe tener presente esta premisa si se quiere conducir con éxito la etapa en que entra la Revolución en estos momentos.
Otro punto en la controversia es el tipo de socialismo. El profesor Mesa-Lago comienza planteando: “La historia ha demostrado la inviabilidad del socialismo practicado en la URSS y los países de Europa oriental hasta fines del decenio de los 80”. Lo que olvida el profesor Mesa-Lago, lo olvidan otros también dentro y fuera de Cuba: ese socialismo llegó a ser la segunda potencia económica mundial, derrotó la agresión fascista, y tuvo una importancia decisiva en el movimiento revolucionario mundial en Asia, África e inclusive en América Latina.
Ese socialismo tiene también muchos puntos de crítica en lo económico, en lo político y en lo social, pero lo que no podemos olvidar que lo que fracasó no fue el socialismo como sistema social, sino los hombres que lo construían, que se fueron apartando cada vez más de los ideales fundacionales del socialismo y fueron incapaces de sobre la crítica de los errores reencausar las construcción socialista, aspecto que era perfectamente posible y hubiera traído mejores resultados que el regreso al capitalismo salvaje que ha hecho descender a la antigua URSS y a los países de Europa Oriental a niveles inferiores a los de la época socialistas. Por supuesto, el socialismo que fracasó en la antigua URSS y Europa Occidental no es al que aspiramos en Cuba.
Prosigue el profesor Mesa-Lago: “Considero viable económicamente este socialismo”, refiriéndose al chino y al vietnamita. Quien lea la frase aislada, quizás no se dé cuenta de la suspicacia de la frase “viable económicamente”, cuando dice más adelante: “aunque personalmente desearía que incluyeran métodos más democráticos y mayor respeto a los derechos humanos, civiles y políticos”. ¿Eso significa que, desde el punto de vista político, civil y respecto a los derechos humanos, los socialismos de China y Viet Nam no son viables? ¿No necesita un tipo de sociedad ser viable en todos los aspectos? ¿Qué considera viable del capitalismo el profesor Mesa-Lago? ¿Considera viable el capitalismo del llamado Tercer mundo y dentro de él, el de los países más pobres del mundo?
Las experiencias china y vietnamita son dignas de tener en cuenta y aplicar lo que se pueda aplicar. En Cuba se han hecho importantes estudios al respecto, pero las condiciones económicas, sociales y políticas de esos países son totalmente diferentes a las de la Isla. Además, ya en nuestra historia revolucionaria pecamos de copiar las experiencias europeas y no nos fue bien. Tengamos en cuenta las experiencias foráneas, pero sin copiar.
Coincido con José Luís Rodríguez cuando plantea: “En el socialismo se aspira a una transformación política que permita al hombre alcanzar un desarrollo más pleno donde la justicia y solidaridad social son rasgos inmanentes de la sociedad que se trata de crear”. Y hago ese énfasis, ya que el socialismo es una sociedad nueva, que muchas veces se avanza por el método de ensayo y error, con retrocesos, donde la sociedad capitalista en crisis —espero que esto esté claro para todos—, pero no derrotada, y con mucha fuerza económica, política, militar, con los medios de difusión en sus manos y los efectos de la globalización usados en su beneficio, conspira contra el afianzamiento del nuevo régimen social. No se debe olvidar que lo mismo le pasó al capitalismo naciente, con importantes retrocesos y restauraciones monárquicas, hasta que el nuevo y revolucionario régimen se impuso al ya caduco feudalismo.
Coincido, en esa aspiración de sociedad, con José Luis Rodríguez y estoy convencido de la necesidad de la actualización del modelo económico para preservar y perfeccionar nuestro socialismo, pero todo cambio que se introduzca donde el mercado y la actividad económica privada tienen un papel más activo, trae aparejado costos y peligros en lo político y en lo social y es tarea de los investigadores profundizar en las causas, las consecuencias y contribuir a las soluciones, y el país debe trazar estrategias para enfrentarlos o minimizarlos en correspondencia con la sociedad a que aspiramos.
Es evidente que se está produciendo una polarización en la sociedad cubana, que comenzó en los 90. Está emergiendo una pequeña burguesía que, en lo ideológico, siempre tuvo sus manifestaciones, pero ahora se fortalece en lo económico con los cambios en marcha. Existen actividades por cuenta propia que generan importantes ingresos como la gastronomía, el arrendamiento de habitaciones y casas, y el transporte —ahora favorecidos con la compraventa de vehículos y la autorización para tener varios en propiedad. También existe un reducido sector de profesionales en firmas extranjeras, mixtas o en áreas con importantes “derrames” —como el turismo—, que ingresan a esta naciente pequeña burguesía.
La etapa actual de nuestro socialismo no es incompatible del todo con este sector social, siempre y cuando responda a los intereses vitales de la nación por encima de los individuales. Lo mismo sucede con los campesinos adinerados, necesarios por el nivel de eficiencia que representan. Por encima de todo, hoy el país necesita eficiencia, productividad y producción, y estos sectores pueden contribuir al desarrollo económico del país. Debe entonces cambiar nuestra mentalidad y asumir que la Cuba del futuro inmediato no será igual a la que por más de cincuenta años edificamos, pero tampoco se debe perder de vista el objetivo final: la construcción del socialismo como única vía para vivir en un mundo mejor.
Los retos de la Cuba socialista a corto plazo están asociados al incremento de la pobreza,1 la marginalidad y la delincuencia, a la corrupción administrativa2 como consecuencia del papel de las relaciones monetario-mercantiles y de los efectos de la propia crisis económica. Además, se reformulan los valores personales y sociales con énfasis en lo material y el dinero, lo que hace necesario fortalecer el trabajo educativo de todos los factores sociales en aras de afianzar aquellos que son consustanciales con la sociedad socialista.
Por último, considero viable el socialismo que se aspira a construir en Cuba. En mi opinión, las opciones de Cuba de sobrevivir como nación y de alcanzar el tan deseado desarrollo están dentro del socialismo, pero uno despojado de dogmas, flexible y no voluntarista en la dirección económica, uno que ponga al hombre y a su desarrollo integral en el centro de su acción, uno que se adapte a las condiciones históricas de cada momento, donde se equilibren lo económico, lo político y lo social.

Notas

1 Es aceptado por investigadores cubanos que la pobreza y la vulnerabilidad se acentúa a inicios de la década de los 90 del pasado siglo como consecuencia del recrudecimiento del bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba, los cambios políticos y económicos ocurridos en la antigua URSS y Europa del Este y la propia crisis del modelo económico cubano. Por ejemplo, Lia Añe plantea: “La pobreza en la capital se caracteriza por la insuficiencia de ingresos monetarios, que limita el consumo de alimentos y otros bienes y servicios esenciales, manifestándose también en privación de vivienda o en el deterioro de la misma o de su equipamiento y en el transporte público y se estima conservadoramente en un 20% de la población”. Lia Añe Aguiloche, “Contribución a los estudios de pobreza en Cuba. Una caracterización de la capital”, en www.focal.ca.
2 Ramón de la Cruz Ochoa reconoce acerca de la corrupción: “Los revolucionarios cubanos sabemos que es una realidad grave que enfrenta nuestro país, que es un fenómeno bien extendido en nuestra sociedad y que no solo es un problema de los funcionarios y jefes corruptos”. Véase “Acotaciones al texto del Dr. Fernando Barral sobre la corrupción en Cuba  

domingo, 20 de noviembre de 2011

A propósito del socialismo, ¿de qué inviabilidad se habla? Respuesta a Mesa -Lago

José Luis Rodríguez
Economista. Asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM). Ex- Ministro de Economia en Cuba.
joseluis@ciem.cu

A partir de la publicación en Temas n. 65 de los resultados del debate "El Período especial veinte años después", el Dr. Carmelo Mesa-Lago realizó un grupo de comentarios sobre mi participación en el referido debate.
Como él mismo expresa, no es la primera ocasión que polemizamos en torno a diferentes aspectos de la economía cubana y creo que resulta oportuno entrar en la liza nuevamente para exponer mis opiniones, que tampoco por vez primera resultan discrepantes con varias de las apreciaciones del profesor Mesa-Lago.
Pienso en primer lugar, que no es posible calificar las diferentes etapas de la política económica de la Revolución sin ubicar adecuadamente el contexto histórico en que han implementado, considerando no solo los factores económicos, sino también los elementos políticos que actúan en nuestra sociedad.
En este sentido debo decir que el socialismo no es simplemente un menú de opciones para escoger un modelo económico donde tenga lugar una mayor o menor presencia de los mecanismos mercantiles, o un proceso de toma de decisiones más o menos centralizado o descentralizado, entre otras decisiones. En el socialismo se aspira a una transformación política que permita al hombre alcanzar un desarrollo más pleno donde la justicia y la solidaridad social son rasgos inmanentes de la sociedad que se trata de crear.
La combinación adecuada de los componentes económicos y políticos en un modelo socialista no resulta tarea sencilla y la historia muestra como el sobredimensionamiento de uno de estos factores puede conducir al fracaso. Ahí está la triste experiencia de lo ocurrido con los modelos del socialismo de mercado en Europa oriental y el supuesto perfeccionamiento del socialismo con la perestroika de la era de Gorbachov en la URSS, que apostaron al mercado y se olvidaron de los factores de movilización política consustanciales a todo proyecto socialista, para acabar sometidos al neoliberalismo más ortodoxo en lo que son hoy países capitalistas de segunda categoría.
Con ese modelo de "socialismo" no estoy de acuerdo. No obstante, cabe apuntar que a la hora de valorarlo mucho se critican sus múltiples deficiencias propias del hipercentralismo, la burocracia y la falta de participación de los trabajadores en la toma de decisiones que padeció, pero se olvida que el socialismo de mercado pretendió enmendar esos errores con un remedio peor que la enfermedad.
Cuba no cometió esos errores y por eso sobrevivimos al momento más difícil del Período especial y estamos hoy aquí valorando nuestras opciones para continuar avanzando.
En la historia económica más reciente, el Proceso de rectificación de errores y tendencias negativas desempeñó su papel al rescatar los factores de movilización política seriamente erosionados a mediados de los años 80. Si no avanzó mucho para concretar un modelo económico más eficiente —además de las insuficiencias internas que incidieron en ello—, no es posible olvidar que tuvo que enfrentarse al cierre de los créditos en moneda convertible y a la gradual desintegración del modelo de colaboración socialista existente entonces, única posibilidad de obtener los recursos que un desarrollo intensivo requería para enfrentar el agotamiento que el crecimiento extensivo ya planteaba.
Desde luego que no todo ha sido perfecto en el proyecto socialista cubano, pero tampoco se trata de hacer tabla rasa con lo hecho anteriormente y, sobre todo, ignorar realidades como las que en general enfrenta cualquier país subdesarrollado en el mundo actual, a lo que se suma la hostilidad y la agresión económica permanentes del bloqueo norteamericano contra nuestro país, que no solo tiene un costo económico en recursos, sino que obliga muchas veces a tomar decisiones bajo presión, dejando a un lado las opciones más eficientes.
En cada momento histórico de la Revolución creo que se ha hecho lo posible por avanzar en el desarrollo económico y social del país, a tono con las circunstancias presentes en cada uno de ellos.
Precisamente de eso se trata en estos momentos.
Los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aprobados en el VI Congreso del PCC el pasado mes de abril, constituyen un proyecto para perfeccionar el socialismo, no para transitar al capitalismo. De ahí que no sea necesario definir un nuevo modelo — que sigue siendo el socialista—, sino que se hable de la actualización del modelo económico basado en la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción, primando en ese proceso la planificación, que ciertamente deberá tener en cuenta las tendencias del mercado.
No creo que haya motivo para la confusión. El mercado y las reglas que le son inherentes, si bien se les reconoce un espacio más amplio para su actuación, no serán preponderantes. Debe ser por tanto comprensible que no se permita la concentración de la propiedad privada; que se regule la inversión extranjera y se mantenga la determinación centralizada de los precios que interese regular, entre los elementos que deciden aspectos medulares del funcionamiento del sistema de dirección económica cubano.
Tampoco se trata de transformaciones intrascendentes.
Llamo la atención del profesor Mesa-Lago acerca de que la estrategia económica del país está cambiando. De una concentrada en el enfrentamiento a la crisis del Período especial al menor costo social posible y de la reinserción de la economía cubana en las nuevas condiciones del mercado mundial, se está transitando a la creación de las premisas para un desarrollo sostenible del país, mediante una política económica que potencie la propiedad estatal junto a formas no estatales de propiedad para superar los dos obstáculos fundamentales de la economía cubana durante muchos años: el desbalance financiero externo y la baja eficiencia de la gestión económica.
Remontar los obstáculos que enfrenta la economía cubana es posible sin renunciar al socialismo. En primer lugar, la política económica diseñada en los Lineamientos supone un mayor espacio a la utilización de mecanismos mercantiles dentro un contexto estratégico que asegure —a través de la planificación— las proporciones macroeconómicas fundamentales para el crecimiento de la economía.
En segundo lugar, la descentralización de la gestión económica estatal a empresas y territorios, con la participación de los trabajadores en la toma de decisiones, es factible con la definición racional de los recursos que la planificación prevea para ello. Una planificación centralizada no implica necesariamente una gestión centralizada, pero sí es necesario prever el nivel de recursos que se destinará globalmente para que se decida su uso por otros actores económicos, según diferentes alternativas.
En tercer lugar, en el socialismo la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción es lo decisivo, pero ello no excluye espacios para otras variantes de propiedad social como la cooperativa, u otras formas de propiedad no estatal como la pequeña propiedad campesina, la pequeña propiedad privada del trabajador por cuenta propia y la propiedad mixta con capital extranjero.
Por último, las experiencias de otros países socialistas como China y Viet Nam se han tenido en cuenta, pero eso no significa que deban copiarse. En tal sentido, no es ocioso recordar que nos unen a estos pueblos aspiraciones políticas comunes, pero también nos diferencian nuestros antecedentes históricos y culturales. Adicionalmente los distintos niveles de desarrollo relativo, así como la dotación de recursos naturales y humanos, establecen diferencias, entre ellos y Cuba, que no es posible obviar, a lo que habría que añadir que la inserción de China y Viet Nam en la economía mundial —en los últimos veinte años al menos— se produce sin que hayan sufrido la guerra económica que Cuba padece actualmente.
Para Cuba, los cambios que se llevan a cabo en el presente no resultan un proceso fácil ni de corto plazo. Por eso creo que es correcto hablar de "creación de las premisas para un desarrollo económico sostenible", ya que probablemente nos tomará más allá de las proyecciones del actual quinquenio para culminarlas, pero estoy seguro de que será un proceso exitoso.
En tal sentido, no comparto la idea de inviabilidad del socialismo que muestra el profesor Mesa-Lago en sus comentarios. Al mismo tiempo, estoy convencido que el modelo socialista cubano, tal y como lo entendemos la mayoría de los cubanos hoy, es nuestra única alternativa para desarrollarnos.
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