"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

viernes, 9 de diciembre de 2011

David Harvey: el regreso del marxismo y del pensamiento crítico

Razmig Keucheyan, ContreTemps

Hay una paradoja David Harvey, que nos informa a la vez sobre la obra de Harvey, y sobre la situación de la crítica teórica y política contemporánea /1. David Harvey es en el momento actual uno de los teóricos críticos –era geógrafo de formación- más conocidos. Sus obras están traducidas en varias lenguas, sus teorías son discutidas por los cuatro rincones del mundo. La influencia de sus trabajos se ha hecho notar, además de en la geografía, en numerosas disciplinas, como la sociología urbana, la historia social, o también la economía política.

Sin embargo, Harvey pertenece a una corriente hoy minoritaria en el pensamiento crítico contemporáneo, es decir, el marxismo. Tras su primera obra consagrada a la epistemología de la geografía (Explanatikn in Geography, 1969), en la que defiende una perspectiva “positivista”, Harvey no ha dejado de afirmar su voluntad de proseguir, actualizándola, la “crítica de la economía política” de Marx. Da fe de ello de la forma más brillante el imponente libro titulado Limits to Capital, publicado en 1982. Por otra parte, se puede señalar que Harvey dialoga en lo esencial en su obra con el propio Marx, con el Friedrich Engels de La situación de la clase obrera en Inglaterra, pero no con la tradición marxista que vino a continuación. Lenin, Gramsci, Bujarin, Trotski… están relativamente poco presentes en su obra. Respecto a esto, la referencia a Rosa Luxemburg y a su concepción de la acumulación del capital en El nuevo imperialismo (2003), cuando Harvey elabora su teoría de la “acumulación por desposesión”, es algo excepcional.

La constatación de la que se puede partir es pues la siguiente: uno de los pensadores críticos más discutidos y celebrados en el momento actual pertenece a una corriente minoritaria del pensamiento crítico contemporáneo. ¿Cómo comprender esto?

Durante cerca de un siglo, digamos desde finales del siglo XIX al último tercio del siglo XX, el marxismo fue el principal lenguaje en el que se enunció la protesta política. Fue la “columna vertebral” del pensamiento crítico, presente en todos los sectores, desde la economía al feminismo, pasando por la teoría de la cultura o los planteamientos críticos de la cuestión racial. Por supuesto, la influencia del marxismo no fue la misma en todas partes, su profundidad fue variable según los países y movimientos. Por otra parte, el marxismo se ha caracterizado siempre por una gran diversidad, tanto que los tipos de marxismo dominantes según las regiones y las épocas no han sido los mismos. Sin embargo, esta corriente ha sido hegemónica durante cerca de un siglo, y esto no solo en el movimiento comunista (en el sentido amplio), sino también por ejemplo en la socialdemocracia, que no ha dejado de emplear las categorías del marxismo, combinándolas con las del keynesianismo.

Hoy, naturalmente, el marxismo continúa existiendo. Se puede incluso defender la idea de que en el plano de la sofisticación teórica, nunca ha sido tan interesante como en el momento actual. En el terreno del análisis económico, los trabajos de pensadores como Robert Brenner o Giovanni Arrighi –con quien Harvey ha colaborado estrechamente, y con el que ha publicado una apasionante entrevista en la New Left Review en 2009, poco antes de la muerte de Arrighi /2- no tienen equivalentes. En materia de historia de las ideas, raros son los autores que pueden rivalizar con la erudición y el sentido de los problemas de un Perry Anderson. En el terreno de la historia social y de la geografía, autores como Mike Davis y el propio Harvey son muy estimulantes. En ciencias políticas y en teoría de las relaciones interjacionales, Benedict Anderson, Robert Cox y Leo Panitch, en estilos diferentes, escriben cosas apasionantes. Habría también que evocar, para ser completo, todo el continente de los autores “postmarxista” y “paramarxistas”: Etienne Balibar, Alain Badiou, Ernesto Laclau, Jacques Rancière, que aún tomando distancias más o menos grandes con el marxismo, continúan siendo influidos por él.

Solo que, si es más apasionante que nunca, el marxismo ha perdido la hegemonía intelectual de que disponía anteriormente sobre la izquierda. No es ya el lenguaje dominante en el que se enuncia la contestación. Por primera vez en su historia, se inscribe en un modo minoritario en un conjunto más amplio de teorías que hay que llamar, a falta de algo mejor por el momento, el “pensamiento crítico”, una expresión vaga donde las haya. Lo que domina en el seno de este último (en Francia igual que en otras partes), es una forma de sincretismo “postestructuralista”, compuesto de conceptos que provienen de las obras de Foucault, Deleuze, Lacan, Baudrillard y algunos otros, y que desde los años 1980 es la nueva lingua franca teórica del pensamiento crítico a escala mundial. La obra de François Cusset French Theory propone una penetrante descripción de esta lingua franca. Este postestructuralismo es por ejemplo dominante hoy en el seno de corrientes como los estudios postcoloniales o los estudios culturales, dos corrientes en su origen marxistas, pero que han evolucionado con el tiempo.

Entonces, ¿cómo explicar que en un contexto dominado por este sincretismo postestructuralista, la obra de Harvey sea a pesar de todo una de las más reconocidas y debatidas? ¿Cómo comprender que una obra tan alejada de este sincretismo haya circulado tanto? Se pueden formular dos hipótesis. La primera es que, anclando firmemente su trabajo en la estela de Marx, Harvey se ha aventurado en el terreno de problemáticas típicamente postestructuralistas o “postmodernas". Es particularmente el caso en uno de sus libros, el más importantes, The Condition of Postmodernity (1990). A la lectura de ese libro, uno queda chocado por la proximidad temática con otras teorías de la postmodernidad (la de Jean-François Lyotard por ejemplo), pero también por el hecho de que Harvey no deja estas problemáticas intactas, las reconfigura de forma que las adapta a sus opciones teóricas marxistas. La idea de “compresiones espacio-tempkrales” (“space-time compressions”) que elabora intenta así comprender algunos de los rasgos esenciales de la cultura postmoderna. Harvey no deja sin embargo de poner estos rasgos en relación con una característica fundamental del sistema productivo capitalista, a saber, la aceleración constante de la “velocidad de circulación de las mercancías” (la expresión es de Marx) que necesita.

Una segunda hipótesis es que la atracción por los trabajos de Harvey prefigura una evolución a venir en el pensamiento crítico, que es la vuelta al marxismo. Cualesquiera que sean los méritos de Foucault, Deleuze, Derrida y de sus herederos postestructuralistas contemporáneos, la debilidad de esos autores se encuentra en al hecho de que no dicen nada, o no mucho, sobre el capitalismo como tal. Más precisamente, no dicen nada, o no mucho, sobre una característica del capitalismo que nos concierne de foria muy importante, que es su propensión recurrente a atravesar violentas crisis. Desde la crisis de las subprimes de 2007-2008, hemos entrado en una crisis profunda del sistema, que es la manifestación de una crisis larvada de larga duración aparecida en los años 1970, y de la que se puede decir que el neoliberalismo ha sido una tentativa infructuosa de resolverla. La crisis financiera se transmitió en un primer momento a la economía llamada “real” y esta crisis económica está ella misma a punto hoy de contaminar el campo político en su conjunto, como se constata por ejemplo con la crisis europea. Hemos entrado claramente en lo que Gramsci habría llamado una “crisis orgánica”, o “crisis del Estado en su conjunto”.

Sin embargo Harvey, desde los años 1970, con otros marxistas contemporáneos, no ha dejado de interrogarse precisamente sobre las crisis del capitalismo. Su concepto de “spatial fix”, desarrollado particularmente en Spaces of Capital (2001) no es otra cosa que una forma de intentar comprender cómo el capitalismo supera provisionalmente sus crisis. El capitalismo, dice Harvey!2C no puede jamás resolver verdaderamente sus crisis. Solo puede desplazarlas en el espacio, relanzando la acumulación del capital en regiones en las que las relaciones capitalistas están aún en estado embrionario –hasta la llegada de la próxima crisis. Estaríamos entonces tentados de demandar a Harvey lo que piensa de este “spatial fix” muy particular –porque se acompaña de una construcción política históricamente inédita- que es la crisis de la Unión Europea. En cualquier caso, que la obra de Harvey encierre una teoría de las crisis sofisticada es lo que la hace más actual que nunca, y se puede plantear la hipótesis de que los debates que la rodean irán profundizándose en los años que vienen, a medida que se profundice la crisis del capitalismo.

En lo que sigue, querría subrayar tres características (entre otras) del marxismo de Harvey, a fin de señalar su especificidad en relación a otras formas –pasadas y actuales- de marxismo. En primer lugar, la importancia de Harvey en la cartografía del marxismo contemporáneo da fe del cambio del centro de gravedad de los pensamientos críticos en el mundo anglosajón. A partir de los años 1980 alrededor, los pensamientos críticos se convierten en un asunto principalmente anglosajón, y particularmente estadounidense, por razones que tienen que ver a la vez con la potencia financiera y cultural de las universidades americanas, las derrotas sucesivas del movimiento obrero en Europa y evoluciones internas del marxismo. Esto no significa por supuesto que el marxismo desaparezca de Europa, y tampoco en absoluto que todos los marxistas que trabajan en los Estados Unidos son de origen estadounidense. Una de las características de las universidades americanas es haber absorbido, durante la segunda mitad del siglo XX, pensadores –particularmente críticos- venidos de los cuatro rincones del mundo. Es particularmenpe el caso en el terreno de los estudios postcoloniales, pero no solo. El hecho de que la carrera universitaria de Harvey, que es de origen británico, se haya desarrollado esencialmente en la costa este de los Estados Unidos es una muestra de este hecho.

Un segundo rasgo distintivo de los trabajos de Harvey es su fuerte contenido empírico. Una de las características del marxismo “occidental” de la segunda mitad del siglo XX (1924-1968) es su carácter relativamente abstracto. Esta abstracción es la consecuencia de las relaciones cada vez más distendidas que los marxistas de esa época mantienen con las organizaciones obreras de su tiempo. Los principales representantes del marxismo occidental que son en particular Adorno, Sartre, Colletti, Marcuse, o también Althusser, son todos filósofos, y a menudo especialistas en epistemología o estética. Las teorías postestructuralistas que he mencionado, que son la mayor parte de las veces debidas a filósofos o incluso pensadores que reivindican la apelación de “teóricos”, vienen a reforzar este “teoricismo” ambiente en los pensamientos críticos contemporáneos.

Harvey no es ciertamente hostil a la teoría. Sus razonamientos se caracterizan a veces por impulsos vertiginosos de generalización. Sin embargo, sus análisis están siempre firmemente anclados en lo empírico, ya sea histórico como en Paris, capital de la modernidad (2003), económico, geográfico o sociológico. Este apego a lo empírico es sin duda en parte una herencia de su pertenencia original al campo de las ciencias sociales, y particularmente la geocrafía. En todo caso, este punto acerca a Harvey a la generación de los fundadores del marxismo, de Marx a Gramsci, pasando por Engels, Lenin, Rosa Luxemburgo o Trotsky, que en su mayor parte eran marxistas “occidentales”, prácticos de ciencias empíricas. Es un elemento suplementario que hace singular su posición en el campo de las teorías críticas contemporáneas.

Una tercera especificidad de la obra de Harvey es la crítica de la especialización o de la división del trabajo intelectual que la subtiende. Lo que es llamativo en esta obra, y que la acerca también en eso a los clásicos del marxismo, es que ningún sector de la vida social se le escapa. La obra de Harvey incluye, entre otras cosas, una teoría del capitalismo y de sus crisis, una teoría de la cultura postmoderna, una teoría de las clases sociales en su relación con las comunidades territoriales, una teoría del imperialismo, discusiones más “normativas” sobre la justicia y el derecho a la ciudad –y no cito más. En mi opinión, el único marxista contemporáneo que hace coexistir los registros y los terrenos de esta forma, pero de un modo muy diferente a Harvey, es Perry Anderson, cosa que se ve leyendo por ejemplo su última obra consagrada a la Unión Europea. Hay pues en Harvey una negativa muy clara a la especialización en un único objeto.

Este rechazo de la especialización no es una coquetería de intelectuales que aspirarían a formular una opinión sobre todo. Desde el punto de vista marxista, hay un fundamento preciso. El capitalismo es una totalidad (contradictoria), cuya lógica se impone a todos los sectores de la vi`a social. A fin de comprenderlo y de combatirlo, es indispensable situar la crítica al nivel mismo en que opera el capital, es decir precisamente el de la totalidad. La lucha contra la fragmentación de los saberes es por ello un asunto político de primera importancia, sin embargo tanto más dibícil de llevar a cabo en la medida en que la división del trabajo intelectual se acentúa con el tiempo, como lo muestra la historia de todas las disciplinas científicas modernas, ciencias sociales incluidas. Uno de los aportes decisivos de Harvey es así mostrarnos una forma de subvertir esta especialización. La geografía, como repite a menudo el autor del Capitalisme contre le droit a la ville (traducido al francés en 2011 por las ediciones Ámsterdam), es algo demasiado importante para ser dejado solo en manos de los geógrafos. Lo mismo podría decirse de todas las formas de conocimiento.
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Notas:

1/ Este texto es la versión escrita de la introducción a una conferencia de David Harvey en la universidad de Nanterre organizada el 21 de noviembre de 2011 por la revista Justice sociale/Social Justice y el polo interdisciplinario sobre la ciudad de esta universidad.
2/ Ver Giovanni Arrighi, « The Winding Paths of Capital. Interview by David Harvey », New Left Review, n° 56, mars-avril 2009.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Es hora de derribar los mitos de Wall Street

Por Mike Mayo

STREETTener una postura negativa no le granjea a uno muchos amigos en el sector bancario. He trabajado de analista por los últimos 20 años, estudiando firmas financieras que cotizan en bolsa y decidiendo en cuál de ellas sería mejor invertir. Esta investigación se remite a inversionistas institucionales: fondos mutuos, fondos universitarios, fondos de retiro de empleados públicos, fondos de cobertura, y otras organizaciones con grandes cantidades de dinero. Pero durante la última década, especialmente en los últimos cinco años, la mayoría de los grandes bancos no han sido buenas inversiones. Es más, han sido inversiones pésimas, con pérdidas de 50%, 60%, 70% o más.

Los analistas supuestamente deben investigar el sistema financiero y deben ser capaces de desenredar los números de una compañía y decirles a los inversionistas cuál es la situación real de éstas. Hay unos 5.000 analistas financieros en Estados Unidos, de los cuales alrededor de 5% sigue el sector financiero, actuando como supervisores de compañías de ese país con un valor de mercado combinado de más de US$15 billones (millones de millones).
Desafortunadamente, algunos son poco iás que porristas, temerosos de causar problemas en sus firmas, de enajenar a las compañías que cubren y de generar la ira de sus superiores. La proporción de firmas de Wall Street con una recomendación de venta sigue por debajo de 5%, a pesar de que cualquier estudiante de primer año de MBA puede decirle que 95% de las acciones no pueden ser ganadoras.
Con el paso de los años, he señalado ciertos problemas en el sector bancario —cksas como el riesgo excesivo, la remuneración desmesurada para los banqueros, la concesión más agresiva de préstamos— y por ello me han gritado, me han ignorado de manera descarada, me han amenazado con acciones legales y ejecutivos se han burlado de mí, todo con el fin de ablandar mi postura.
Una mirada profunda al mundo de las finanzas —con sus presiones de adaptarse y guardar silencio— podría ayudar a entender por qué otros lo han eludido. Y ello puede ofrecer algunas respuestas sobre cómo crisis tras crisis han golpeado a la economía estadounidense en la última década, tomando por sorpresa a los mercados, a pesar de las abundantes señales de advertencia.
Todo empezó en 1999, cuando era director gerente (el equivalente a socio) en Credit Suisse First Boston. Entonces, lo que más me preocupaba era la sensación de que las acciones del sector bancario probablemente cayeran a la baja.
Cinco años después de que EE.UU. promulgara la ley interestatal bancaria de 1994, que permitió que los bancos operaran en un estado y otro, las ganancias fáciles por consolidación se acabaron. Cuando los bancos no pudieron mantener su ímpetu de crecimiento a través de fusiones y reducciones de costos, dieron el paso lógico siguiente: otorgaron préstamos al consumidor. La lógica dictaba que esto significaba que la calidad de dicho crédito probablemente se reduciría, y, a la vez, crearía un mayor riesgo de que algunos de ellos resultarían en pérdidas. Al mismo tiempo, los sueldos para ejecutivos se disparaban, ayudados por las opciones sobre acciones, que pueden animar a los gerentes a asumir un mayor riesgo.
Para mi inforie de 1.000 páginas sobre todo el sector bancario estadounidense, con reportes detallados de 47 bancos, no haría comentarios negativos sobre algunas acciones principales, sino todo el sector.
En las últimas décadas, la relación entre recomendaciones de compra respecto de calificaciones de venta no había sido tan desequilibrada, y en teoría, debería ser aproximadamente equivalente. Eso parece correcto, ¿no? Algunas acciones suben, otras bajan, debido a la dirección general del mercado o amenazas competitivas o cuestiones específicas de cada compañía. A finales de los años 90, empero, la relación era de 100 o más recomendaciones de compra por cada una de venta. Merrill Lynch daba calificaciones de compra a 940 acciones y de venta a solamente siete. Salomon Smith Barney: 856 recomendaciones de compra, cuatro de venta. Morgan Stanley Dean Witter: 670 compras y exactamente 0 ventas.
Mike Mayo: Cuando señaló ciertos problemas en el sector bancario, el analista cuenta que lo gritaron, ignoraron, amenazaron con acciones legales y se burlaron de él.
Los analistas casi nunca recomendaban la venta de acciones de compañías específicas, porque eso irritaría a esas firmas, que entonces se llevarían sus negocios de ventas de bonos, acuerdos bursátiles, adquisiciones, recompras u otras actividades de la firma del analista y se lo darían a otra. Si uno dice la palabra "vender" la suficiente cantidad de veces, uno se gana un largo e incómodo viaje en ascensor acompañado de quien pronto será el ex jefe de uno. Y aquí estaba, dispuesto a dar una calificación negativa a todo el sector bancario.
Cuando comenzaron los temblores de la crisis financiera en 2007, trabajaba en Deutsche Bank y fui a (la cadena de televisión por cable) CNBC en noviembre a expresar mis inquietudes. Dije que el costo total de la crisis podía acercarse a los US$400.000 millones, una cantidad que era mucho mayor a lo que cualquier otra persona calculaba en ese entonces, aun cuando esa suma resulpó ser demasiado conservadora.
Llegué a este número combinando las pérdidas no sólo de bancos sino de otras partes del sistema financiero, incluso hipotecas y valores vinculados. El proyecto había sido difícil y tedioso, e intagrantes de mi equipo se habían quedado en la oficina hasta la medianoche por varias semanas para extraer datos.
El número de US$400.000 millones era un estimado imperfecto, aun con todo ese trabajo, pero al menos podía ser más franco acerca de mi postura y ayudar a los inversionistas a sacar su dinero mientras la bolsa —y las acciones de la mayoría de los bancos de Wall Street— aún no!20reflejaban esas inquietudes.
También dije que el sector bancario tenía que dar un parte honesto acerca de la magnitud de su exposición a hipotecas y otros activos problemáticos. Al cabo de ocho años de advertencias acerca de una tormenta inminente, ahora gritaba desde la cima de la montaña, diciendo que era momento de buscar refugio.
Parte de la atención que generaron mis advertencias no fue tan positiva, incluso dentro de mi propia firma. Mis supervisores de Deutsche Bank me dijeron que debía evitar hacer esas clases de comentarios fuertes y negativos acerca del sector bancario en la prensa.
No mucho después de ello, fui conrocado a una reunión en un piso superior del banco con un alto gerente de Deutsche Bank. Me dijo que a la firma no le gustaba ser vista públicamente como negativa sobre el sector bancario de EE.UU. a pesar de que la misma institución apostaba en contra de la bolsa.
A la larga, Deutsche Bank ganó US$1.500 millones en una de sus negociaciones con patrimonio propio durante la crisis, apostando contra valores respaldados por hipotecas. La firma terminó perdiendo alrededor de US$4.500 millones en total, mucho menos que la mayoría de los grandes bancos, en parte debido a sus firmes posiciones en corto en el mercado inmobiliario de EE.UU.
Pero lo único que entendí entonces era que yo estaba en un cono de silencio. El banco no interferiría con mi análisis del sector o mis informes de investigación, pero había una nueva regla de guardar silencio en cuanto a más apariciones periodísticas. Ya no podía hablarle a la comunidad financiera o a los inversionistas en general, sólo a inversionistas institucionales que eran clientes, y, como resultado de ello, los bancos podían minimizar más fácilmente sus problemas.
Un portavoz de Deutsche Bank dice, "Respaldamos plenamente la capacidad de nuestrks analistas de publicar investicaciones independientes para beneficio de nuestros clientes".
Lo que necesitamos es una mejor versión de capitalismo. Esa versión empieza con la contabilidad: que los bancos operen con mucha latitud, pero que los de afuera puedan ver los números (los verdaderos números). También incluye la quiebra: que quienes ganan por los riesgos que asumen —acreedores, deudores y ejecutivos bancarios— también sean responsables de los errores. En cuanto a la regulación, EE.UU. podría inspirarse en Londres. En la última década, el equivalente británico de la Comisión de Bolsa y Valores de EE.UU. (llamada Autoridad de Servicios Financieros) despidió a gran parte de su personal y la reemplazó con personal de mayor calibre, con mayores salarios. Esto redujo la motivación de los reguladores de pasarse a trabajos más lucrativos del sector privado y mejoró la comprensión entre bancos y reguladores.
Una mejor versión de capitalismo también significa reducir la influencia de los grandes bancos. Todas las entidades de terceras partes que los supervisan necesitan suficiente latitud para servir de verdaderos mecanismos de control y equilibrio. Mi grupo de pares, el ejército de 5.000 analistas de Wall Street, puede ayudar a liderar la manera de brindar escrutinio sobre los mercados. Hacer esto implica un cambio de cultura para asegurar que los analistas puedan actuar con suficiente curiosidad intelectual e independencia como para analizar críticamente a compañías que cotizan en bolsa y que controlan una parte importante de la economía.
—Mayo es director gerente de Credit Agricole Securities. Adaptado de 'Exile on Wall Street: One Analyst's Fight to Save the Big Banks from Themselves' ("Exilio en Wall Street: La lucha de un analista por salvar los grandes bancos de sí mismos") (Wiley).

miércoles, 7 de diciembre de 2011

George Soros: El sistema financiero mundial está al borde del colapso


El multimillonario inversor, George Soros, ha vuelto a lanzar un mensaje de pánico sobre la situación que vive en estos momentos el planeta. Según su punto de vista, el sistema financiero mundial está al borde del colapso, en un momento en que los mercados desarrollados corren a toda velocidad hacia la desintegración.

Por su parte, aunque los países en desarrollo estén batallando contra un cúmulo de problemas propios, tales como la corrupción y la falta de infraestructura es probable que terminen avanzando mucho más que los mercados de las grandes naciones industrializadas, afirmó el inversor Soros durante un discurso en el Proyecto Internacional de Abogados Senior, celebrado en Nueva York, según informó el Wall Street Journal.

Mientras que el sistema financiero mundial se desliza hacia un proceso de "desintegración," los inversores deben prepararse para lo peor, porque "las consecuencias podrían ser bastante desastrosas... Las autoridades deben hacer todo lo posible para detener este proceso", agregó Soros.

Por su parte, según señaló el fundador del Quantum Fund, los mercados emergentes en África y en el mundo árabe, son algunos de los puntos brillantes de una economía mundial débil. "Veo a África, junto con la Primavera Árabe, como áreas de progreso. La Primavera Árabe fue un desarrollo revolucionario.. en dichas áreas "están sucediendo un montón de cosas positivas".

Otros expertos coinciden en afirmar que el dinero volverá de nuevo a fluir hacia los mercados emergentes, especialmente en el mercado de renta fija, una vez que los inversores que salieron despavoridos en medio de la crisis de deuda europea recuperen de nuevo su apetito por el riesgo.

El valor de la deuda de los mercados emergentes en el segundo trimestre de 2011 ascendió hasta los 163.000 millones de dólares, según explicó a la CNBC el economista jefe mundial de Renaissance Capital, Charles Robertson. Aunque esta cifra dista todavía del máximo registrado en el tercer trimestre de 2008, cuando la cantidad alcanzó los 212.000 millones de dólares, el número es lo suficientemente alto como para llamar la atención de los expertos.

Cerca de 100.000 millones de dólares por trimestre han ido a parar a los mercados emergentes, en los últimos 12 meses, y esto sólo puede continuar.

martes, 6 de diciembre de 2011

Wall Street expresa un cauteloso optimismo para 2012

Por Steven Russolill

Los analistas de renta variable en Wall Street están comenzando a emitir sus estimaciones para el 2012 y las proyecciones iniciales son cautelosamente optimistas a medida que las acciones estadounidenses ingresan en el tramo final del 2011.
WALLPAY
El índice Standard & Poor's 500 subió más del 7% la semana pasada y extendió sus avances el lunes, lo que le permitió ubicarse en territorio positivo para el año. A media mañana del martes, el índice subía menos de un punto a 1257. El ascenso de fines de 2011 ha sido en gran parte impulsado por las esperanzas de que los líderes europeos tomen las medidas apropiadas para frenar la crisis de la deuda soberana.
Pero las alzas de diciembre se han producido en momentos en que algunos analistas han reducido en los últimos meses sus proyecciones para los índices de acciones. A medida que el mercado ha cobrado impulso en las últimas semanas, los estrategas han expresado un modesto optimismo sobre los rendimientos del próximo año.
UBS AG, Barclays PLC y Bank of America Merrill Lynch han anunciado estimaciones que sitúan al S&P 500 en el 2012 entre 1325 y 1350. Los temas predominantes para Wall Street son: los resultados corporativos continuarán creciendo, aunque a un ritmo más lento, mientras que el crecimiento económico seguirá siendo moderado y Europa podría ingresar en una recesión.
"Esperamos una difícil negociación dentro de un rango en la primera mitad del 2012", dijo Barry Knapp, titular de estrategia de renta variable estadounidense en Barclays Capital. El banco tiene una meta de 1330 para el S&P 500 en el 2012, pero espera que el índice se negocie en alrededor de 1150 puntos durante el primer semestre del año, o cerca de un 8% por debajo de los niveles actuales.
La crisis de la deuda europea y las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos pesarán sobre las acciones en los primeros seis meses del próximo año, afirma Knapp. Pero estas amenazas se disiparán durante la segunda mitad del año, añade, lo que dejaría a su precio objetivo dentro de lo alcanzable.
Tras aumentar y reducir las estimaciones durante todo el año, los analistas de 12 firmas financieras líderes de Wall Street esperan, en promedio, que el S&P 500 finalice el 2011 en 1274, según Birinyi Associates.
Jonathan Golub, estratega jefe para el mercado de acciones estadounidenses en UBS, anticipa que las acciones subirán en el 2012. Pero las alzas podrían ser más claras a finales del año, debido a que sigue siendo escéptico sobre las perspectivas del mercado a corto plazo.
"No somos compradores en los actuales niveles y anticipamos puntos de ingreso más atractivos en el futuro", dijo Golub de UBS, quien tiene una meta de 1325 para el S&P 500 del próximo año. "El 2012 debería ser nuevamente una puja entre indicadores fundamentales más sólidos a nivel local y los riesgos macroeconómicos".
David Kostin, de Goldman Sachs Group Inc., quien tiene este año una de las predicciones más pesimistas en Wall Street, anticipa que el índice se ubicará en 1250 hacia finales del 2012, en medio de un "ambiente económico estancado".
En tanto, Binky Chadha de Deutsche Bank AG sigue siendo optimista sobre la economía. El estratega tiene la estimación más optimista para este año y espera que las alzas continúen en el 2012. Su meta para fin de año es de 1500.
"Los saludables fundamentos corporativos, las valuaciones baratas, el crecimiento de los dividendos y el sólido equilibro entre la oferta y la demanda superarán las preocupaciones sobre los riesgos", dijo.
Sin lugar a dudas, estas opiniones pueden cambiar completamente a lo largo del año. A comienzos del 2011, los analistas esperaban, en promedio, una meta para fin de año de 1365. El promedio actual está más del 6% por debajo de ese nivel inicial.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Las cadenas que liberan nuestra creatividad

[LEHRER]

Los estudios muestran que los obstáculos, desde la métrica a los videojuegos, contribuyen a mejorar el desempeño .

Por Jonah Lehrer

G.K. Chesterton señaló que "el arte consiste en la limitación. La parte más bella de todo cuadro es el marco".
El escritor se refería a la importancia de restricciones en el proceso creativo. Aun cuando tendemos a pensar que la imaginación se beneficia de la libertad total, artistas y diseñadores dependen a menudo de estrictas convenciones y requisitos formales. Las canciones pop tienen coros y estribillos; las sinfonías constan de cuatro movimientos; las pinturas obedecen las tradiciones de la retratación.
Acaso el mejor ejemplo del papel de las limitaciones creativas sea la poesía. A primera vista, el arte parece estar definido por la liberación: los poetas no necesitan seguir reglas de sintaxis y puntuación. De todos modos, la mayor parte de la poesía depende de formas con especificaciones rigurosas, como haikus y sonetos. En vez de componer en verso libre, los poetas se torturan con limitaciones. ¿Por qué?
Un nuevo estudio encabezado por Janina Marguc de la Universidad de Ámsterdam brinda una respuesta interesante e inesperada. Las frustraciones de la forma vienen acompañadas de un beneficio mental, el de permitir pensar de manera más integral y creativa.
Los investigadores comenzaron por pedir a los participantes del estudio resolver anagramas mientras una voz perturbadora hacía el papel de obstáculo. Luego administraron a los participantes pruebas sensoriales para medir la capacidad de razonar sin enredarse en los detalles, es decir, en los términos del viejo adagio, poder ver el bosque y los árboles. Las personas expuestas al primer obstáculo mostraron un mayor "alcance perceptual"; quienes no habían lidiado con la perturbación se rezagaron. Cuando buscamos soluciones creativas, con frecuencia buscamos la respuesta en el bosque. Los árboles nos retienen.
Los obstáculos también permiten que las personas consideren un mayor abanico de posibilidades e ideas. En un segundo experimento, los sujetos desafiados por una limitación demostraron una mayor flexibilidad en su uso de categorías conceptuales.
La mayoría de las personas, por lo pronto, no consideran el "teléfono" como un "mueble". En cambio, conciben los teléfonos como aparatos de comunicación. Pero quienes primero habían lidiado con una restricción mental tenían una probabilidad mucho mayor de considerar los teléfonos como algo vagamente vinculado a los muebles. Tal flexibilidad con frecuencia es necesaria cuando hay que plantear nuevas ideas, las cuales requieren traspasar los límites familiares del pensamiento.
En su estudio final, los psicólogos pidieron a los participantes que resolvieran un juego de laberintos para computadora. Para algunos, un obstáculo que lo bloqueaba hacía mucho más difícil ver la ruta de escape. Luego, todos recibieron una medida estándar de creatividad conocida como prueba de asociaciones remotas. Tras ver tres palabras en una pantalla —por ejemplo, "envidia", "golf" y "habichuelas"— los estudiantes tenían que encontrar una cuarta palabra que conectara todas (la respuesta es "verde"). Los estudiantes que primero fueron expuestos al obstáculo resolvieron 40% más de las pruebas.
La lección general es que el cerebro es una maraña neural de posibilidades casi infinitas, lo que significa que pasa mucho tiempo y energía escogiendo qué cosa no advertir. Por ello, la creatividad le cede su lugar a la eficiencia; pensamos en prosa literal, no en poesía simbolista.
Sólo cuando encontramos un obstáculo inesperado —un desafío que no podemos resolver fácilmente— se aflojan las cadenas cognitivas, dándonos nuevo acceso a las extrañas conexiones que se están gestando a ritmo pausado en la imaginación.
El beneficio de los obstáculos también se trasvasa a tareas completamente desvinculadas, por lo cual empezar el día con un crucigrama difícil o escribir un haiku puede ayudar a la gente a resolver mejor los problemas del mundo real.
Los poetas han intuido esta verdad hace mucho, y por ello adhieren a las formas poéticas. Los requisitos artificiales del soneto son tan sólo otro obstáculo cognitivo que obliga a la mente a pensar de una manera más expansiva. Como los poetas necesitan encontrar una palabra con rima con exactamente tres sílabas, o un adjetivo que se ajuste a la métrica yámbica, terminan revelando asociaciones inesperadas, escapando de la trampa de los estereotipos. Las limitaciones, en otras palabras, los liberan.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Cuba planifica su economía para 2012


La actualización del modelo económico cubano continúa como principal meta del gobierno de Raúl Castro.
La actualización del modelo económico cubano continúa como principal meta del gobierno de Raúl Castro. Archivo IPS Cuba
Se prevé el aumento de la producción cubana, aunque seguirán elevados los montos por importaciones debido a los altos precios del mercado internacional.
La actualización de las legislaciones vigentes, el aumento del control interno y a los casos de corrupción, el ahorro de recursos y el necesario incremento de la producción nacional, entre otros temas, se abordaron en la última reunión ampliada del Consejo de Ministros de Cuba, para analizar el proyecto del Plan de la Economía y el Presupuesto para el año 2012.
Realizado el 25 y 26 de noviembre, los resultados de ese pleno se hicieron públicos a través de reportes de la prensa oficial cubana el 2 de diciembre. El diario Granma precisó que la planificación para el próximo año sigue los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, documento que pauta la actualización del modelo económico cubano.
Asimismo, el rotativo reportó que el crecimiento del producto interno bruto del 2011 se estima de 2,7 por ciento, una cifra inferior al tres por ciento previsto.
Las causas fundamentales de no alcanzar dicha meta fueron incumplimientos del plan de construcción y montaje para invarsiones, y en la producción de alimentos, en especial de frijol, plátano, carne de cerdo y leche fresca, explicaron las autoridades. Por esa razón, se ampliaron las importaciones planificadas para la alimentación.
Para el 2012, se prevé el incremento de la producción nacional, aunque no se reducirá el monto de las compras en el exterior debido a los altos precios del mercado mundial, indicó el periódico oficial del Comité Central de Partido Comunista de Cuba.
A continuación, los principales aspectos abordados en la mencionada reunión, presidida por el presidente del país, Raúl Castrk:
-Elaboración de un nuevo Código del Trabajo: La nueva ley sustituirá a la vigente desde 1985. Esta incluirá los derechos y deberes también del sector privado, entre ellos, “la obligación de quienes contraten trabajadores de cumplir la legislación laboral, de protección, seguridad e higiene del trabajo”.
En el área estatal, se establecerá la concesión de licencias no retribuidas para el cuidado de familiares, y el derecho al uso de hasta 15 días de vacaciones acumuladas cuando lo requiera el trabajador que curse la Educación Superior, entre otros.
-Contraloría General de la República: Esta institución debe “desempeñar cada vez un papel más protagónico” y no se admitirá que “se engaveten las observaciones de la Contraloría en ninguna provincia ni entidad”, especificó Raúl Castro, según Granma.
-Corrupción: Las autoridades analizaron un resumen de las investigaciones sobre envíos ficticios de ajo y cebolla desde las provincias occidentales de Mayabeque, Villa Clara y Sancti Spíritus hacia La Habana. Con la pesquisa, se detectaron “cuatro cadenas delictivas que falsificaron alrededor de 54 facturaciones por 768 toneladas que originaron pagos cercanos a los 13 millones de pesos en moneda nacional”. A las personas implicadas, entre directivos, funcionarios y otros empleados, se les llevará a juicio.
-Comercio interior: El próximo año se transformará la oferta del Ministerio de Comercio Interior en el mercado paralelo y tendrá prioridad el cumplimiento de la calidad de los productos y los contratos. Ocupará un lugar importante, el apoyo a las ventas de insumos agropecuarios y materiales de construcción.
-Entrega de tierras ociosas en usufructo: Se propusieron modificaciones al Decreto Ley 259 para consolidar esta iniciativa como la ampliación del término de vigencia del usufructo para las personas naturales y jurídicas, y su prórroga. Además, se desarrollarán acciones para “estimular la incorporación, permanencia y estabilidad de la fuerza laboral del sector, así como el asentamiento familiar definitivo de los productores agropecuarios”.
-Cooperativas agropecuarias: Se analizó un diagnóstico sobre la situación actual de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (Ubpc), un tipo de cooperatira agropecuaria. Ante el limitado funcionamiento y capacidad de gestión en que se encuentran, el Consejo de Ministros acordó eliminar las trabas jurídicas que impiden una mayor producción de estas entidades.
-Ahorro de recursos: se remarcó la necesidad de economizar combustible y encontrar soluciones para mantener las producciones que requieran de este insumo, como por ejemplo, el empleo de la tracción animal en la agricultura.
-Subsidios: Se detalló el procedimiento para que el Consejo de la Administración Municipal otorgue subsidios a las personas naturales que necesiten de apoyo para reparar o ampliar sus viviendas por esfuerzo propio. Tras el análisis y aprobación de las autoridades locales, podrán recibirlo beneficiarios –o no- de la Asistencia Social. (2011)

viernes, 2 de diciembre de 2011

Repensando la economia socialista: El quinto tipo de propiedad.(Final)

Fragmento 5º: El arriendo, eslabón perdido.
Fragmento del octavo artículo “La ley olvidada de la transición y el proyecto económico socialista en el siglo XXI”
Los fundadores del marxismo habían fundamentado, sin que fueran conocidos o atendidos sus planteamientos ni siquiera por Lenin, el empleo del mecanismo de arriendo,[1] cuyo desarrollo teórico llevaría a que el contrato contemple no sólo dicho interés social, que sería estrictamente respetado, sino la inevitable diferenciación de la tasa de arriendo, derivada de la correspondiente asimetría en la rentabilidad ramal y de la necesidad de velar por la equidad social. A mi juicio, este arriendo diferenciado, cual “eslabón perdido”, representaría el paso decisivo hacia la extinción paulatina del Estado, otro tema crucial omitido del debate. El propio Lenin obvió inexplicablemente dicho mecanismo en su trascendental obra “El Estado y la Revolución”.

Nota especial del autor para esta presentación:
La fundamentación del mecanismo de arriendo se encuentra en los estudios al respecto sobre varios países de Europa, realizados por Marx, y que aparecen en el tema “Conversión de la superganancia en renta del suelo”. de El capital, Tomo III.

Fragmento 6º: José Martí y la teoría social.
Acápite final, “Actitud ante la teoría”, del artículo tres “José Martí y la propiedad sobre los medios de producción” [2]
También se debe destacar con no menos fuerza, la avidez que profesaba Martí por la teoría social de la época que estaba a su alcance y su estudio más profundo.
   Hoy, en relación con esto último y en medio de una confusión generalizada en las filas de la izquierda, tenemos que tomar el ejemplo martiano y lamentar los casos de quienes se vanaglorian de no haber perdido su tiempo leyendo a los clásicos del marxismo.
   Ello, claro está, no es obligatorio para nadie, pero la ausencia de una lectura y un debate abiertos sobre cuestiones tan complejas y cruciales como las del tratamiento de la propiedad, tuvieron un peso inestimable en la catástrofe del llamado “socialismo real”. El marxismo no es culpable de ello, mientras que las abiertas y sabias actitudes de Martí y Marx ante la difícil ciencia social, nos pueden servir de guía.
   Recordemos la deliciosa cita de un Marx preocupado por la posible impaciencia del público francés, siempre deseoso de empaparse de todo con rapidez, como el cubano, según pudiera haber dicho Jorge Mañach, y la ardua lectura, dada por el novedoso método de análisis, de los primeros capítulos de El capital: "Esa es una desventaja contra la cual nada puedo y todo lo que puedo hacer, sin embargo, es prevenir a los lectores cuidadosos de la verdad. No existe atajo para la ciencia y únicamente tienen oportunidad de escalar su cima luminosa aquellos que no temen fatigarse al trepar sus escarpados senderos".[3]
   Engels, en su oportunidad, había advertido, y cada marxista sabe que lo hacía sobre todo pensando en el procedimiento a seguir con la propiedad, que... "el socialismo, desde que se ha hecho ciencia, exige que se le trate como tal, es decir que se le estudie",[4] mientras que nuestro Martí repetía dicha actual alerta al llamarnos la atención sobre uno de los peligros que tenía la idea socialista:... "el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas".[5]
   Por oposición nos llamó, pues, a una lectura propia, clara y total. Marx también.

Fragmento 7º: A propósito de las actuales crisis europeas: rememorando a Paul C. Martin.

Fragmento del acápite “Consideraciones finales”, del primer artículo “Reexamen económico de la propiedad social ante el derrumbe del socialismo”[6].
(…) otro alemán,  el economista   y  filósofo contemporáneo Paul  C. Martin, sin proponerse ni remotamente una solución socialista, formuló a principios de  la década de 1980 lo que pudiéramos llamar una virtual ley de la quiebra del Estado,[7] fenómeno que por ser incipiente entonces, Marx no pudo revelar en su tiempo.
   El  planteamiento de Martin se basa  en  el  comportamiento tendencial  de  los ingresos impositivos  del  Estado, incluso en las naciones subdesarrolladas, y de los gastos absolutamente  necesarios  (defensa,  nóminas   de funcionarios, atenciones sociales y otros), así como el de los intereses de la deuda interna y externa contraída por el Estado.
   Ante la crónica insuficiencia de los ingresos,  por lo cual hay que  acudir  a nuevos  préstamos e impuestos  para atender los gastos,  se  establece  un   círculo  vicioso de efectos acumulativos que hace crisis a  partir del llamado "punto de no retorno", o sea, cuando el Estado comienza por no poder pagar los intereses de  los  préstamos  que le fueron otorgados.
   Así, el autor pronosticó en la primera mitad de los años 80 las fechas futuras del inicio de las quiebras en un grupo de  países desarrollados. La exactitud de su predicción  se ha confirmado  de  manera  inquietante  con  la bancarrota del llamado modelo sueco. Otros miembros de la lista son EE.UU, en  el 2030;  Japón,  en  el 2025. Suiza  sería la  última  en quebrar, a partir del 2050, pues este último Estado  no se  permite acceso al banco central.
   Ante tal situación, Martin apunta tres posibles consecuencias: permanente repetición del ciclo con dictaduras intercaladas, disolución desordenada del Estado con el surgimiento de mafias, y disolución ordenada de Estado, al estilo de la República de Génova en el siglo XIV  cuando particulares honestos se hicieron cargo del Estado.
   Según Martin, la viabilización de la tercera variante se iniciaría garantizando el equilibrio presupuestario y prohibiendo el endeudamiento  estatal, con lo que el Estado tendería a extinguirse.
   Hoy las naciones capitalistas recortan los presupuestos  y  el neoliberalismo es el costo de la ausencia de una brújula social.
   Los países capitalistas, sobre todo los altamente desarrollados, ante la realidad de la quiebra y lo  absurdo de  reiniciar  con  "recortes” el  proceso  o  entregar  la sociedad al crimen organizado, tienen ante sí una disyuntiva:  o  sus  ciudadanos al  componer la situación continúan con los  impuestos para los gastos militares y otros; con las elevadas erogaciones en seguros; con  las deudas ante el crédito por los consumos anticipados;  con  las tasas de paro y de inflación; con  los empleos intermitentes; con los gastos en sindicatos; con  la anarquía económica y ecológica  en  la  producción global, entre otros costos; o asumen el socialismo  científico, no materializado nunca, el cual sería la antítesis tanto del capitalismo, como del llamado “socialismo real”.
   Martin defiende la tesis de la inevitabilidad de la  extinción del  Estado a partir de la bancarrota generalizada que  provocará  la deuda pública, aunque discrepa con Marx que "su” socialismo lo logre,  observando  lo  que ocurre por esos años en la URSS y otros estados de dicho sistema, que después, a su forma, también quebraron.

Luis Marcelo Yera

Anexo
CONTENIDO DEL TEXTO

Prólogo por el Dr. Julio A. Díaz Vázquez
Prefacio

Propiedad socialista, mercado y planificación.
1. Reexamen económico de la propiedad social ante el derrumbe del socialismo.
¿Una ley desconocida?
Socialización de la producción y propiedad.
Modo de producción y conciencia socialista.
Lo que ocurrió en la práctica.
Consideraciones finales.
2. Mercado, planificación y socialismo.
3. José Martí y la propiedad sobre los medios de producción.
¿Marx en Martí?
Actitud ante la teoría.
Los desafíos de la gestión empresarial socialista.
4. La crisis de propiedad en las corporaciones transnacionales y sus lecciones.
5. Repensar empresarialmente a Marx.
6. El Estado socialista y sus empresas: una reflexión necesaria.
    Síntesis histórica de la evolución de la actividad productiva estatal.
           Actividad productiva del Estado hasta 1917.
           De Lenin a las privatizaciones actuales.
           Nacionalizaciones capitalistas y tercermundistas.
           Crisis similares en contextos diferentes.
   Hacia una nueva conceptualización socialista del Estado-empresario.
              Breve recapitulación teórica acerca del Estado.
                  ¿Qué es y cómo se originó el Estado?
                  El marxismo y la extinción antineoliberal del Estado socialista.
              Producción sin burocratismo.
     La planificación reinterpretada.
              Un control distinto.
              Empresas menores y socialismo.
              Los precios: monopolio que no lo es.
              Un ejemplo necesario.
  Los límites entre lo privado y lo de todos.
7. Una acertada separación: funciones estatales y empresariales.
         El contexto internacional.
La descentralización empresarial estatal en Cuba.
Una mezcla letal: funciones estatales y empresariales.
¿Cómo segregar ambas funciones?
Comentarios finales.
A modo de conclusiones.
8. La ley olvidada de la transición y el proyecto económico socialista en el siglo XXI.
    La Rusia soviética y la Ley de la transición.
    ¿Qué hacer?
         Consideraciones finales.
Bibliografía.

Luis Marcelo


Nota: Agradecemos la oportunidad de poder exponer un resumen del libro " Repensando la economía socialista: El quinto tipo de propiedad", así como   la participación de los lectores, esto es solo un primer paso. Las cinco partes publicadas pueden descargarse en un documento único aquí.




[1] Sobre el tema del arriendo, Federico Engels había sido enfático en 1873, todavía en vida de Marx, cuando escribió que “(...) hay que hacer constar que la «apropiación efectiva» de todos los instrumentos de trabajo, de toda la industria, por la población laboriosa, es precisamente lo contrario del «rescate» proudhoniano. En la segunda solución es el obrero individual el que pasa  a ser propietario de la vivienda, de la hacienda campesina, del instrumento de trabajo; en la primera, en cambio, es la «población laboriosa» la que pasa a ser propietaria colectiva de las casas, de las fábricas y de los instrumentos de trabajo, y es poco probable que su disfrute, al menos durante el período de transición, se conceda, sin indemnización de los gastos, a los individuos o a las sociedades cooperativas. Exactamente lo mismo que  la abolición de la propiedad territorial no implica la abolición de la renta del suelo, sino su transferencia a la sociedad, aunque sea con ciertas modificaciones. La apropiación efectiva de todos los instrumentos de trabajo por la población laboriosa no excluye, por tanto, en  modo alguno, el mantenimiento de la relación de alquiler”. Ver Federico Engels: “Contribución al problema de la vivienda”, en C. Marx y F. Engels, Obras escogidas en tres tomos, t. 2, Moscú, 1973, p. 391.

[2] Conferencia impartida el 12 de mayo de 1993  en la Cátedra Latinoamericana y del Caribe que presidía el ya fallecido intelectual cubano Cintio Vitier, en la Universidad de La Habana. Posteriormente fue seleccionada para formar parte de la edición especial que con motivo del centenario de la caída en combate de José Martí, preparó la Revista Cubana de Ciencias Sociales en su número 30  de 1995.

[3] Carlos Marx y Federico Engels: Cartas sobre El capital, Edit. Política, La Habana, 1983,  p. 272.
[4] Federico Engels: "Prefacio a la guerra campesina en Alemania", (2da edición 1870), en C. Marx y F. Engels, Obras Escogidas en un tomo, Edit. Progreso, Moscú, sin fecha, p. 254.
[5] José Martí: Obras Completas, tomo 3, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p. 168.
[6] Concluido en julio de 1993.
[7] Paul C. Martín: Cuando llega la bancarrota del Estado, Edit. Planeta S.A., Barcelona, 1985.

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