"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

lunes, 24 de febrero de 2020

24 de febrero de 1895: A la conquista de la patria

Por: Ernesto Limia Díaz
En este artículo: Antonio Maceo, Cuba, Guerra de Independencia de Cuba, Historia, Historia de Cuba, José Martí, Máximo Gómez, Revolución
24 febrero 2020 
El 10 de febrero de 1878, en el Zanjón se tiró la espada ante los pies del general español Arsenio Martínez Campos sin que cristalizaran ninguno de los dos propósitos que llevaron a Guerra de los Diez Años: independencia y abolición de la esclavitud. Un mes más tarde, el 15 de marzo, el general Antonio Maceo encabezó la Protesta de Baraguá y preservó un hálito de esperanza.
Martí conoció del Zanjón en Guatemala. No podía creerlo. “Transido de dolor, apenas sé lo que me digo”, escribió a Manuel Mercado el 6 de julio, en vísperas de su regreso a Cuba. Carmen Zayas-Bazán estaba embarazada y no paraba de llorar, dadas las precarias condiciones en que se hallaban. Instigada por su padre le imploraba volver. Para consolarlo le decían que retornaba a su patria.
“¡Creen que vuelvo a mi patria! Mi patria está en tanta fosa abierta, en tanta gloria acabada, en tanto honor perdido y vendido. Ya yo no tengo patria: –hasta que la conquiste. –Voy a una tierra extraña, donde no me conocen; y donde, desde que me sospechen, me temerán”, añadió en la misiva (Martí, t. 5, 2009: 311-312).
¿Cuánto demoró en germinar la semilla sembrada en Baraguá? ¿Cuán difícil resultó a Martí ejercer el liderazgo en la conquista de la patria?
De las cenizas de la contienda del 68 había renacido el ya rancio reformismo. Cierta apertura política abrió espacio a la formación de partidos y a una prensa con mayor libertad, siempre que no tocara el arpa del separatismo. Los meses transcurrieron y España no cumplió ninguna promesa de fondo, más allá de la representación en Cortes. Pacificado el país poco importaban las necesidades y aspiraciones cubanas. La Corona no estaba dispuesta a remover la estructura de sujeción colonial y Martínez Campos fue llamado a Madrid. Las ansias libertarias retoñaron bajo el mando del general Calixto García Íñiguez, quien organizó una conspiración desde Nueva York extendida a varios puntos del país –con mayor fuerza en Oriente. Estalló el 24 de agosto de 1879.
Martí permaneció un año en Cuba. Tildado por el capitán general Ramón Blanco Erenas como un “loco peligroso” (Mañach, 2001: 96), el 25 de septiembre de 1879 fue deportado a España. Permaneció en Madrid cerca de tres meses, hasta que consiguió burlar la vigilancia y escapar a Francia, de donde zarpó a Estados Unidos. Llegó el 3 de enero de 1880. En Nueva York constató la falta de concordia en el esfuerzo para impulsar la Guerra Chiquita y conoció de la disputa sobre quién debía dirigir la insurrección en Oriente, pues Carlos Roloff y Pío Rosado Lorié insistían en preservar como jefe al brigadier camagüeyano Gregorio Benítez, cuadro militar de origen campesino, humilde y de valioso historial, formado bajo las órdenes de Ignacio Agramonte y Máximo Gómez, que dio un paso imperdonable para una buena parte de los orientales: aunque en un principio se opuso, se dejó arrastrar al Zanjón. Entró por la costa sur de Oriente con 17 hombres y se encontraba aislado. Ni siquiera de Camagüey recibió apoyo.
Otro problema encontró Martí en Estados Unidos: el 24 de enero de 1880, en un mitin político celebrado en el Steck Hall de Nueva York, observó agrupados en el fondo del local a los artesanos y tabaqueros humildes, negros y mulatos, víctimas de la discriminación por parte de sus compatriotas blancos. Con resentimientos, discordias y exclusiones no era posible avanzar. Habló cerca de dos horas. No le faltó ningún tema esencial: la guerra, la emigración, el asunto racial… Pronto las ovaciones entre aquel público heterogéneo empezaron a tragarse sus palabras. Y terminó con una frase que correría de boca en boca:
“¡Antes que cejar en el empeño de hacer libre y próspera a la patria, se unirá el mar del Sur al mar del Norte y nacerá una serpiente de un huevo de águila!” (Mañach, 2001: 114).
Con la llegada de Martí a Nueva York crecieron las recaudaciones y Calixto García pudo, al fin, zarpar rumbo a la Isla. Desembarcó con diecinueve compañeros por el Aserradero, cerca de la ciudad de Santiago de Cuba, el 7 de mayo de 1880. Era tarde. La falta de armas, la ausencia de los principales jefes de Oriente y Las Villas –esperados con impaciencia–, y frente a estas dificultades la labor de zapa del Partido Liberal, socavaron el espíritu insurrecto y condicionaron el fracaso. En su desenlace tuvo gran peso mantener como jefe de Oriente a Gregorio Benítez. Lejos de diseñar una respuesta que hiciera frente a la campaña dirigida a anular a Maceo –desde Baraguá con un liderazgo político por encima del color de su piel, reconocido por la mayoría de los patriotas– y divulgar las metas emancipatorias de la nueva contienda, Calixto se dejó arrastrar por los prejuicios; lo más triste es que tuvo tiempo de reparar su error y no lo hizo.
Tampoco puede minimizarse la respuesta de España: Blanco dispuso de 56 000 hombres, más de 35 000 en Oriente; los gastos alcanzaron $ 22 811 516 –como siempre cobrados a la Hacienda insular. Cuba tuvo 279 bajas (170 muertos y 109 heridos), 208 en Oriente (74,55%) –donde entre agosto de 1879 y febrero de 1880 se desarrollaron 110 acciones combativas. Un total de 5 831 combatientes se presentaron a las autoridades coloniales y 307 fueron detenidos.
Hacia 1884 Estados Unidos era un hervidero de ideas independentistas: en Nueva York, Filadelfia, Baltimore, Tampa, Cayo Hueso y Nueva Orleans miles de emigrados conspiraban. Llamado a encabezar el movimiento, Máximo Gómez elaboró un mensaje “A los Centros Revolucionarios” para someter a aprobación su programa. Solucionaba dos problemas: la unidad y el establecimiento de un mando único en la conducción de la lucha armada; mas no definía cuáles serían las bases políticas que los llevaban otra vez a la guerra. El 1.º de octubre, llegó junto a Maceo al muelle de Nueva York, donde los aguardaba una multitud.
Martí se disgustó con el sesgo personalista que tomó la ordenación de este plan. Apreció que Gómez y Maceo no lo tomaban en cuenta. Conocía las leyes de un campamento y las aprobaba, pero se trataba de movilizar a un pueblo hacia su independencia. La revolución era la semilla de la república y para que germinara vigorosa debían sembrarla con el consenso de todos, único modo de garantizar con la guerra la justicia social. De ahí su necesario carácter popular y democrático, sin distingos raciales ni de clases. El análisis de los desvaríos de la Guerra Grande y los conflictos en Hispanoamérica lo llevaron concluir que, sin desconocer el mérito individual y la autoridad de los hombres de armas, el conductor del proceso debía ser “la masa adolorida”, principal garante de las libertades públicas y único antídoto efectivo contra el caudillismo militar o político.
El hotel de madame Griffou, Nueva York.
El conflicto llegó a su clímax en la mañana del 18 de octubre. Gómez y Maceo lo recibieron en la habitación del hotel de madame Griffou, en el que se hallaban alojados. Envuelto en una toalla, el Generalísimo le indicó acompañar a Maceo en una comisión a México, país en el que Martí residió. Tenía amigos mexicanos que podían ayudarlos y fue a hacerle una sugerencia. Gómez lo interrumpió: “Vea, Martí, limítese usted a lo que digan las instrucciones y lo demás el general Maceo hará lo que deba hacerse”; y se retiró para darse un baño dejándolo con la palabra en la boca. Con tono suave, conciliatorio, Maceo opinó que debían confiar la guerra a Gómez; dejarle en exclusiva su organización. Martí lo escuchó con mezcla de asombro e irritación después del inoportuno arranque del jefe del movimiento. Contuvo la emoción y esperó hasta su regreso; se despidió de ambos de un modo afable, cortés… “Ese hombre, General, va disgustado con nosotros”, comentó Maceo. “Tal vez”, respondió Gómez lacónico. Dos días más tarde recibió una larga carta que constituye una de las mayores lecciones políticas legadas por el Apóstol a la nación, de la que reproducimos solo dos párrafos:
¿Qué somos, General?, ¿los servidores heroicos y modestos de una idea que nos calienta el corazón, los amigos leales de un pueblo en desventura, o los caudillos valientes y afortunados que con el látigo en la mano y la espuela en el tacón se disponen a llevar la guerra a un pueblo, para enseñorearse después de él? ¿La fama que ganaron Vds. en una empresa, la fama de valor, lealtad y prudencia, van a perderla en otra? […]. El dar la vida solo constituye un derecho cuando se la da desinteresadamente.
[…] Domine Vd., General, esta pena, como dominé yo el sábado el asombro y disgusto con que oí un importuno arranque de Vd. y una curiosa conversación que provocó a propósito de él el general Maceo, en la que quiso,–¡locura mayor!–darme a entender que debíamos considerar la guerra de Cuba como una propiedad exclusiva de Vd., en la que nadie puede poner pensamiento ni obra sin cometer profanación, y la cual ha de dejarse, si se la quiere ayudar, servil y ciegamente en sus manos. ¡No, no, por Dios!:–¿pretender sofocar el pensamiento, aun antes de verse, como se verán Vds. mañana, al frente de un pueblo entusiasmado y agradecido, con todos los arreos de la victoria? La patria no es de nadie: y si es de alguien, será, y esto solo en espíritu, de quien la sirva con mayor desprendimiento e inteligencia (Martí, t. I, 1975: 177).
Gómez recibió contrariado este mensaje; los conceptos no se ajustaban a sus intenciones. En sus miras no existía otro propósito que servir a la emancipación y los ideales de igualdad y justicia social, ni titubeos respecto a la defensa de las libertades públicas y la voluntad del país después que finalizara la contienda. Maceo pensaba igual; de hecho, había declarado que no disfrutaría la tranquilidad de la victoria, pues una vez conquistada la independencia marcharía a combatir a Puerto Rico. Ambos intentaban evitar la intromisión civil en los asuntos militares que tantos perjuicios causó en el 68. La diferencia estaba en los métodos.
Para Martí forma y contenido debían ajustarse desde el origen, pues con la excusa de un fin justo más de una vez se intentó preterir instituciones y libertades, lo que remitía a un principio esencial: “...el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre,–o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos” (Martí, t. 4, 1975: 270), que en su doctrina era mucho más que combatir solo por la independencia política.
A partir de ese minuto Martí debió sufrir el cuestionamiento de un segmento de los veteranos. Un traidor encubierto que mucho daño hizo en la gesta del 68: Antonio Zambrana, llegó a emplazarlo en un mitin en el Tammany Hall, de Nueva York. Quienes no secundaran el plan Gómez-Maceo debían usar sayas, dijo. Martí estaba parado a un lado de la puerta de entrada del salón y salió como un bólido hacia el escenario, abriéndose paso a empujones y codazos con el sombrero entre las manos pegado al pecho, único modo de transitar por aquel pasillo desbordado de gentes. Intentó interrumpir al orador para hacer uso de la palabra, pero Gómez le pidió esperar a que este terminase. Flor Crombet le cedió su asiento. Llegado su turno estaba más calmado. Dejó claro el motivo de su actuación: sentía un inmenso dolor ante “…el sacrificio estéril, de tanto cubano útil, de tanto cubano bueno”. Habló sin atisbo de rabia o de rencor; ni siquiera cuando mirando a los ojos de Zambrana expresó que era tan hombre que apenas cabía en sus calzones, lo que probaba allí y dondequiera (Plochet, 2012: 130–132).
Gómez no pensó que el conflicto con Martí lo afectaría; subestimó su magnetismo entre los emigrados –con particular fuerza entre los más humildes–, fascinados por aquel hombre que abogaba por la revolución social desde una prédica inclusiva. La ruptura retrasó el levantamiento; el plan tropezó con dificultades que sus dos jefes no supieron cómo resolver: Ramón Leocadio Bonachea se inmoló en una expedición que arribó por Las Coloradas, en Niquero, y el 7 de marzo de 1885 lo fusilaron en el Castillo de San Pedro de la Roca, en Santiago de Cuba. Limbano Sánchez protagonizó otro intento fallido y murió asesinado por un traidor. Ninguno de los dos se subordinaba al Generalísimo. En 1886, Gómez y Maceo terminaron distanciándose. Faltó dinero y consenso político en torno al proyecto.
Para entonces la crisis estructural de la economía y la sociedad cubanas –a la que no pudo dar solución la Guerra de los Diez Años–, demandaba una salida inaplazable. Abolida la esclavitud, el capitalismo en Cuba avanzó en la búsqueda de un tipo de organización política acorde a sus intereses, cuando en el orden internacional se abría paso el capital financiero y los círculos de poder en Estados Unidos demandaban participar en la construcción global de hegemonía.
Acechantes, y sin perder un minuto en la batalla por la opinión pública, los círculos expansionistas estadounidenses ganaban fuerza. Sus cabilderos tenían invadidos los pasillos del Capitolio con la Casa Blanca como meta. Martí estaba preocupado. Era hora de voltear la página; debía reconectarse con Gómez y Maceo. El 17 de diciembre de 1887 le escribió al primero proponiéndole intercambiar sobre el modo más rápido y certero de hacer la guerra. No anduvo con rodeos sobre el objetivo de la urgencia: “Impedir que con la propaganda de las ideas anexionistas se debilite la fuerza que vaya adquiriendo la solución revolucionaria” (Martí, t. 1, 1975: 216 y 219). Un mes más tarde, el 15 de enero de 1888, Maceo manifestó su posición al Apóstol en una misiva: “Libertad, igualdad y fraternidad, esa sublime aspiración del mártir del Gólgota (Jesús Cristo), que acaso utópica aún a pesar de dieciocho siglos de expresada, llegará a ser mañana, a no dudarlo, una hermosa realidad” (AHC, t. I, 1948: 309). Con Cuba por delante, quedó sellada la unidad entre estos tres imprescindibles; nada detendría la revolución.
En febrero de 1890, durante la discusión en el Senado del presupuesto de la Marina, William E. Chandler, exsecretario de ese Departamento, llamó a erigir una Armada superior “…a la de la nación que posea la isla de Cuba” (Mañach, 2001: 175). No podía ser más directo. Desde la conquista de California (1848) y la compra de Alaska (1868), Estados Unidos era una potencia del Pacífico y anhelaba expandirse. Intocable en el hemisferio occidental, contemplado en la Doctrina Monroe como su radio de acción, invocaba el interés nacional para lanzarse a la más vasta arena mundial con China como meta, donde Rusia, Alemania, Francia, Italia, Gran Bretaña y Japón se disputaban los espacios de influencia. Un obstáculo se interponía: sus escuadras del Pacífico y el Atlántico distaban mucho entre sí; para auxiliarse tenían que bordear Suramérica hasta el estrecho de Magallanes. Los círculos militares se habían planteado una interrogante esencial: ¿dónde dar el golpe? España, en posesión de Cuba, Puerto Rico y Filipinas (antesala de China) era todo lo que necesitaban.
Martí debió plantearse el tema de la independencia cubana como un problema universal. Solo una Cuba emancipada del coloniaje –con una república antimperialista de base social y popular–, podría impedir que Estados Unidos se extendiera sobre nuestras tierras de América y contribuir con ello al “equilibrio del mundo”. ¿Qué hacer entonces?: forjar conciencia. “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra” –escribió en su célebre ensayo “Nuestra América”, publicado el 30 de enero de 1891. Y esbozó un concepto esencial: “Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados” (Martí, t. 6, 1975: 15). Literalmente se refería a los acorazados botados al agua por los astilleros yanquis, para conquistar la supremacía de su Armada en el Atlántico y el Pacífico.
Consciente de su destino, el 11 de octubre de 1891 renunció a su condición de cónsul de Uruguay para dedicarse por entero a la obra de la revolución. Mucho le ayudó su contribución a la Sociedad Protectora de la Instrucción, La Liga, fundada por trabajadores de Cuba y Puerto Rico, negros en su mayoría, a los que impartió clases gratuitas. Cuando el 25 de noviembre llegó a Tampa, ya era identificado como el Maestro, apelativo difundido por sus entrañables alumnos.
En los centros de emigrados de la Florida se respiraba patriotismo; pero los veteranos estaban escépticos, cuestionaban a los jóvenes por la tibieza de su amor a Cuba, que les impedía imitar la proeza del 10 de Octubre; los camagüeyanos se consideraban más importantes que los habaneros por las pruebas que dieron en la gesta y se mofaban de ellos que, por el contrario, poco participaron; los fabricantes de tabacos, escogedores y tabaqueros se trataban con recelos; muchos blancos miraban con aire de superioridad a negros y mulatos. Faltaba energía, carácter para saltar por encima de las rencillas, genio para integrar los elementos dispersos, afecto para aliviar las pasiones encontradas.
“Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra” –escribió José Martí en su célebre ensayo “Nuestra América”, publicado el 30 de enero de 1891.
La prédica y actuación martianas fundieron el alma cubana en torno a los fines emancipatorios. El 5 de enero de 1892, sometió a la aprobación de los clubes de Tampa y Cayo Hueso –y se aprobaron– las bases del Partido Revolucionario Cubano (PRC), el partido político de la unidad nacional para expulsar a España de Cuba y conducir la revolución social en la república. De regreso a Nueva York, el 14 de marzo fundó Patria, periódico destinado al combate ideológico. Y el 10 de abril, en el XXIII Aniversario de la Constitución de Guáimaro, se proclamó el PRC.
Seis meses más tarde, Martí viajó a Santo Domingo para ofrecer a Gómez el cargo de general en jefe del Ejército Mambí. Llegó a su finca La Reforma el 11 de septiembre de 1892. Ocho años habían transcurrido desde la ruptura y al reencontrarse se abrazaron en largo silencio. Necesitaron de pocas palabras: “Martí ha encontrado mis brazos abiertos para él y mi corazón, como siempre, dispuesto para Cuba” –apuntó Gómez en su Diario de campaña (Gómez, 1968: 264). Faltaba el otro imprescindible: Maceo, y el 30 de junio de 1893, El Heraldo, de Costa Rica, dio la bienvenida a Martí en esa nación centroamericana. Una semana permaneció en San José. Maceo lo acompañó en todas sus actividades. La afiliación de Gómez y Maceo consolidó la autoridad del PRC entre los veteranos de la Guerra Grande y acentuó el carácter radical de la revolución.
El 8 de diciembre de 1894 se aprobó el “Plan de alzamiento para Cuba coordinado al movimiento de Fernandina”. Nathaniel B. Borden, coronel del 6.º Regimiento de Misisipi en la Guerra de Secesión, le brindaría cobertura logística. Su condición de vicecónsul de España en Fernandina lo libraba de sospecha. El armamento se depositaría en sus almacenes de madera; las armas se envasarían como utensilios agrícolas y herramientas de minería; el parque, como clavos. Tres vapores fueron contratados con la fachada de que serían destinados a trasladar medios de trabajo y hombres encargados de incorporarse a fincas de fomento del cultivo de frutas y yacimientos de manganeso: el Baracoa, con Martí, Mayía Rodríguez y Enrique Collazo recogería en República Dominicana a Gómez con entre doscientos a trescientos hombres para conducirlos a Santa Cruz del Sur; el Lagonda iría a Puerto Limón, Costa Rica, para llevar hasta la costa norte de Santiago de Cuba a los hermanos Antonio y José Maceo, Flor Crombet, un nutrido grupo de veteranos de la Guerra Grande y militares suramericanos –en total, doscientos–; el Amadís sería conducido hacia un punto cercano a Cayo Hueso, donde lo esperaban Serafín Sánchez y Carlos Roloff con una numerosa expedición. De allí navegarían a Las Villas para sublevar Cienfuegos, Matanzas y Jagüey Grande. Los desembarcos se realizarían con pocos días de diferencia.
En Cuba los generales Guillermón Moncada, Bartolomé Masó, Francisco Carrillo y Julio Sanguily, debían pronunciarse con igual sincronismo. Martí se propuso garantizar la mayor simultaneidad posible para asestar un golpe fulminante que impidiera a la Corona enviar refuerzos. Cada detalle fue minuciosamente meditado, bajo estrictas medidas de compartimentación. Dentro y fuera de la Isla solo se esperaba el mandato. El 10 de diciembre, chequeó la marcha de los preparativos con Nathaniel B. Borden en el hotel Saint Denis de Nueva York. Quedó eufórico…
Almacenes de Nathaniel Borden en Fernandina.
El 9 de enero de 1895 el Lagonda embarcó su armamento; el Amadís y el Baracoa se aproximaban a los muelles de Borden. En el último minuto, Martí fue a ultimar detalles con el coronel Fernando López de Queralta, comisionado por Serafín Sánchez y Carlos Roloff para auxiliarlo en el aseguramiento del Amadís, dada su experiencia en la organización de expediciones durante la Guerra Grande. El Apóstol estaba radiante; de pronto, López de Queralta se negó a proceder bajo las condiciones estipuladas: reveló los detalles a su alcance y el fin de los preparativos al capitán de la nave –un corredor sin escrúpulos–, y este alertó a su propietario; además, envió por ferrocarril las cajas de cápsulas descubiertas y facturó la carga como artículos militares, en franca violación de sus instrucciones.
En virtud de una nota recibida desde Nueva York, el 10 de enero la Secretaría del Tesoro orientó detener el Amadis. Fernandina se llenó de agentes federales. La prensa armó un escándalo y los dueños del Lagonda y el Baracoa notificaron que sus barcos fueron contratados en condiciones similares. Un fiscal dispuso su retención y emitió una orden de embargo contra el armamento depositado en los almacenes de Borden. Martí tuvo tiempo de pasar un aviso a Manuel Mantilla para que echaran al agua la carga del Lagonda. Cuando en la mañana del 11 de enero lo requisaron, no hallaron nada. El abogado Horatio Rubens, amigo de Martí y de la causa independentista, asumió la defensa del caso ante los tribunales.
Sobre Fernando López de Queralta pesaba un antecedente: dados su actitud e inexplicables yerros durante el plan Gómez-Maceo, el general Antonio puso en duda su lealtad, pero ni Serafín ni Roloff escucharon la alerta. Otro elemento: no se incorporó a la guerra. Algunos historiadores apuntan que colaboró desde Estados Unidos; sin embargo, nadie puede certificar que su labor no estuviese orientada a recolectar información para nuestros adversarios. Es conocida la presión del espionaje español y del estadounidense antes y a todo lo largo de la guerra del 95; de hecho, lo ocurrido en Fernandina hizo imposible la contienda relámpago proyectada por Martí, para anticiparse –con la rápida victoria de las armas mambisas– a las condiciones que preparaba el sector expansionista en Washington con la intención manifiesta de lanzarse sobre Cuba. Todo apunta a que López de Queralta era un traidor. ¿Pero era el único? ¿Fue un hecho aislado o el espionaje español estaba avisado sobre lo que se gestaba?
Dos años llevaba España observando las maniobras cubanas en Fernandina. ¿Cómo obtuvo la información? De una manera para muchos insospechada: luego de la incorporación de Gómez y Maceo al plan martiano, se unificaron los esfuerzos en la Isla. Enrique Collazo propuso a Julio Sanguily como jefe militar de Occidente y Gómez lo aprobó. Martí, en cambio, desconfiaba. El desespero de los veteranos tenía revuelto al espionaje peninsular; la vanidad y locuacidad de Julio constituían un peligro para el ordenamiento secreto de la guerra. En febrero de 1893 viajó a Cayo Hueso para recolectar dinero. Según dijo, se levantaría en marzo y recibió de los tabaqueros $1 400. La manera en que se condujo durante su estancia y a la llegada a Cuba, disparó la señal de alarma del Apóstol, quien en carta a Gómez se mostró preocupado por la incomprensible familiaridad con que se hablaba en La Habana de los detalles más íntimos después del viaje de Julio, y el trastorno causado por la publicidad e impunidad con que este actuaba.
¿Estaba paranoico Martí? ¿Podía un mayor general mambí actuar con tanta ligereza e ingenuidad? Es poco creíble. Pese a que era propietario del ingenio Azopardo, en Unión de Reyes, Julio mantenía un desproporcionado tren de vida dada su adicción al alcohol, los juegos de azar y las parrandas. Ya en la Guerra Grande, Vicente García registró en su diario que Julio comerciaba con el enemigo. En la paz, intimó con el general español Manuel Salamanca y desde 1890 cobraba una pensión asignada por el general Camilo García de Polavieja. El 20 de marzo de 1893 –un mes después de su estancia en Cayo Hueso y de la visita a Martí en Fernandina–, el capitán general Alejandro Gómez Arias notificó a Madrid:
“Tengo noticias, cuya comprobación persigo, acerca de una expedición proyectada, la que con fuerza numerosa y bien armada se supone debe partir de la isla Fernandina en un barco de vapor a cuya adquisición se destinan los fondos: la he comunicado también al consulado de Cayo Hueso con las referentes personas relacionadas con este presunto proyecto […]” (Rodríguez García, 2005, t. II: 332–333).
Lejos de producir desaliento, lo ocurrido en Fernandina agitó los ánimos de los emigrados. Estaban impresionados ante la magnitud del proyecto martiano, cuyos resultados no imaginaban siquiera los más optimistas en las filas revolucionarias. El levantamiento se fijó para el 24 de febrero, domingo de carnavales.
Fragmento del manuscrito de la orden de alzamiento emitida por José Martí al general Francisco Carrillo. Fuente: Vanguardia.
El 24 de febrero de 1895 un huracán se extendió a lo largo de Cuba. Solo en el territorio que hoy comprende la provincia de Granma, se consumaron 16 pronunciamientos bajo el mando del mayor general Bartolomé Masó Márquez, quien con la alborada estableció su cuartel general en Bayate, distrito de Manzanillo; en paralelo, Amador Guerra y Enrique Céspedes batían al destacamento de la Guardia Civil que custodiaba el fuerte de Cayo Espino, en las inmediaciones de la Sierra Maestra. Al mediodía ya lo habían tomado. Fue la primera acción combativa de toda la contienda y Guerra recibió el ascenso al grado de capitán. En Yara el coronel Juan Masó Parra se levantó con ochenta hombres; en Bayamo, los coroneles Francisco Estrada Castillo, Esteban Tamayo Tamayo y José Manuel Capote Sosa, con ciento cincuenta entre los tres; en Jiguaní, el coronel Fernando Cutiño Zamora, con un reducido número de compañeros; en Holguín, José Miró Argenter y Ricardo Sartorio, con una docena.
A las 9:00 a.m. del 24 de febrero, en Guantánamo se pronunció el coronel Pedro Agustín Pérez, Periquito, en un sincrónico levantamiento que incluyó nueve barrios rurales. En cumplimiento de una orden del general Antonio Maceo –relativa a limpiar la costa sur de Oriente para garantizar el desembarco de las expediciones–, Enrique Tudela recibió la misión de tomar el fuerte San Nicolás, en Hatibonico, barriada de Caimanera. A las 3:00 p.m. atacó el objetivo con 12 hombres y lo tomó, con saldo para el enemigo de cinco bajas: dos muertos y tres heridos. Capturaron un prisionero y se apoderaron de todas las armas. El día 25 sobre las 8:00 a.m., Enrique Brooks con su gente abrió fuego contra la sede del cuartel de la Guardia Civil en la ciudad de Guantánamo; mientras Periquito Pérez con otro grupo tomaba el fuerte de Sabana de Coba, en la costa.
En Santiago de Cuba, enfermo de tuberculosis, el mayor general Guillermón Moncada arrastró con él a veteranos de la Guerra Grande y a los pinos nuevos. Al mediodía estableció su campamento en Jarahueca, Alto Songo. Poco pudo hacer: era un hombre agonizante que en cumplimiento de su palabra marchaba a morir en la manigua a la sombra de su bandera. En la tarde, el coronel Victoriano Garzón se levantó en El Caney; en El Cobre, el coronel Alfonso Goulet, junto al delegado del PRC en Santiago de Cuba, Rafael Portuondo Tamayo, a quienes se les unió un nutrido grupo procedente de Palma Soriano; en San Luis, el teniente coronel Quintín Banderas; en Loma del Gato, el sargento Silvestre Ferrer Cuevas con veinte hombres incendió el poblado y lo dejó en ruinas.
El grito de “¡Viva Cuba libre!” se escuchó en varios puntos de la geografía oriental.
Baire escuchó el grito de guerra en la tarde. El capitán Saturnino Lora Totres, joven terrateniente de la comarca de aspecto tranquilo, congregó a su gente en la entrada del pueblo por el camino a Santiago de Cuba y en formación de caballería marchó hasta la plaza, donde efectuó seis disparos. Portaban un pabellón español atravesado por una cruz diagonal blanca (símbolo de la autonomía). Esa fue la razón de que el Diario de la Marina solo se hiciera eco de este hecho, de escasa importancia tanto por el número de sus participantes como por la envergadura de la acción –sin contar que a esa hora ya en varios puntos de la geografía oriental se había lanzado el grito de “¡Viva Cuba libre!” y los fuertes de la Guardia Civil en Cayo Espino y Hatibonico permanecían en manos insurrectas. Tres días más tarde, el 27 de febrero, Lora entregó el mando al teniente coronel Jesús Sablón, Rabí, quien asumió la jefatura de las fuerzas de Baire y Jiguaní. Todavía una semana después, un “AVISO AL PÚBLICO” en Baire negaba la independencia: “El jefe del movimiento participa al público que al “¿Quién vive?” de sus avanzadas se contestará “¡España!”. “¿Qué gente?”. “La autonomía”. Lo que se hace público para el general conocimiento. Baire, 3 de marzo de 1895. Por el coronel Jesús Rabí, el coronel Saturnino Lora” (Ubieta, t. II, 1911: 44). En sus memorias el general Enrique Loynaz del Castillo explicó las razones:
El 24 de febrero, en obediencia a la consigna dada desde La Habana, reuniéronse en la finca Veguita los hermanos Saturnino, Mariano y Alfredo Lora, José Antonio Cardet y sus amigos y Reyes Arencibia con los conjurados de Jiguaní. A esta reunión concurrieron treinticinco autonomistas que al saber la inminencia del movimiento revolucionario manifestáronse decididos a incorporarse a él. Invocando como siempre un falso amor a la libertad de Cuba […] consiguieron interporner entre la intención de aquellos patriotas candorosos y valientes, y la acción revolucionaria el puente mezquino de la sumisión.
…tan pronto sonaron los primeros disparos los mantenedores de la tesis de la sumisión se sometieron de nuevo a España; mientras Rabí, los Lora, los Cardet, los Reyes Arencibia y sus amigos arrojaron al suelo la bandera de la cruz española, y enarbolaron en su campamento la bandera de Cuba y la honraron con los triunfos de Las Yeguas, El Cacao y Los Negros (Loynaz, 2001: 139).
Julio Sanguily no encabezó la caballería mambisa occidental como a todos prometió. Lo “sorprendió” la policía en su mansión del Cerro; en Ibarra Juan Gualberto Gómez y Antonio López Coloma junto a otros 12 compañeros aguardaban esperanzados por él. Allí estaban sus ayudantes con el caballo ensillado, las armas y en la jurisdicción de Matanzas le esperaba una escolta para levantarse. “Yo sabía que él no servía para conspirar, y por eso conspiraba por él y por mí; pero yo sabía que él servía para lo que yo no servía; para al frente de la caballería criolla entrar a saco y guerra por todas partes y poner en conmoción al ejército contrario y desbaratarlo y hundirlo con su pericia y con su valor. Y por eso yo no quería más que eso: verlo a caballo”, relató Juan Gualberto Gómez (Pichardo y Portuondo, 1989: 209). En las próximas 48 horas fueron ocupados 260 kg de pólvora en dos depósitos clandestinos de la capital y detenidos los importadores de armas Eladio Larrañaga y José Velasco. Las evidencias expuestas y lo ocurrido con posterioridad apuntan a Julio como delator.
A pesar de la ausencia de los jefes principales, Juan Gualberto Gómez y Antonio López Coloma junto a sus compañeros resolvieron cumplir la palabra empeñada con Martí; entretanto, cuando intentaba abandonar La Habana era detenido en el andén del ferrocarril de Villanueva el general José María Aguirre. Otros alzamientos se produjeron en esa región: en Jaguey Grande, Matanzas, el doctor Martín Marrero se levantó con 41 hombres. Esperaron por Pedro Betancourt hasta las 3:00 p.m. del 25. Sostuvieron fuego con el enemigo en Palmar Bonito el 26. Luego se acogieron al indulto. Marrero huyó a Francia y pasó a Estados Unidos. Regresó con Calixto García, el 25 de marzo de 1896. En Sabana de los Charcones –a 17 km de Aguada de Pasajeros–, Cienfuegos, se levantó el habanero Joaquín Pedroso con nueve hombres, junto a 39 de la partida de José Álvarez Arteaga, Matagás, antiguos bandoleros de la comarca. Tuvieron el primer choque el 4 de marzo. Pedroso capituló con dos de su gente. Matagás se internó en la Ciénaga de Zapata con el resto, germen de la Brigada de Colón del Ejército Libertador.
El 24 de febrero de 1895 no llegó a la Isla el Tsunami previsto por Martí; pero otra vez tronó en Cuba el grito de ¡Independencia o muerte! Los cubanos hicieron suya la máxima cespedista de no permanecer de rodillas, y se levantaron. En República Dominicana y Costa Rica se aprestaban los tres líderes de la revolución social demandada por las bases populares del pueblo: Martí, Gómez y Maceo. Nada ni nadie podría impedir al Apóstol cumplir con la palabra que empeñó en su carta a Manuel Mercado 17 años atrás: pronto llegaría a conquistar la patria.

Manuscrito de la orden de alzamiento

Manuscrito de la orden de alzamiento emitida por José Martí al general Francisco Carrillo. Fuente: Vanguardia.
Manuscrito de la orden de alzamiento emitida por José Martí al general Francisco Carrillo. Fuente: Vanguardia.
Manuscrito de la orden de alzamiento emitida por José Martí al general Francisco Carrillo. Fuente: Vanguardia.
Manuscrito de la orden de alzamiento emitida por José Martí al general Francisco Carrillo. Fuente: Vanguardia.
Manuscrito de la orden de alzamiento emitida por José Martí al general Francisco Carrillo. Fuente: Vanguardia.

lunes, 17 de febrero de 2020

Colombia: ¿La telenovela de Aida o de la revista Semana?.


Por: Tony López R.

La edición No. 1971 del pasado 9 al 16 de febrero del año en curso, el gran titular de la portada de la Revista Semana, fue el siguiente “La telenovela de Aida”. La ex senadora colombiana Aida Merlano, que siendo muy joven se vinculó al clan de la familia Gerlein, a quien se le condenó a varios años de prisión por corrupción electoral, (compra de votos). 

Ella aprovechando que fue llevada a un centro asistencial de odontología, logró una fuga, digna de un filme hollywoodense, deslizarse por una cuerda, por una ventana de dicho centro y emprender la fuga en moto, terminando su odisea al ingresar ilegalmente a territorio venezolano donde fue detenida y está sometida a un proceso penal por tal delito.

El poder judicial venezolano, actuando en derecho y apegado a los acuerdos internacionales, escuchó las razones de la acusada de su ingreso ilegal a territorio venezolano, audiencia pública, donde hizo sus alegatos y las razones que la llevaron a ingresar furtivamente en Venezuela y denunció al régimen para-presidencial de Iván Duque y de acuerdo al derecho que le asiste, solicitó asilo político al gobierno venezolano.

Quedó claramente establecido en dicha audiencia que la ex senadora Merlano, solicitó asilo político en el país vecino y basó sus graves argumentos, en que es una perseguida política del gobierno del presidente Iván Duque. A quien acusa de intentar asesinarla.

Para desdicha de nuestra América Latina, la mayoría de los medios de prensa occidentales están al servicio y en defensa de los intereses del sistema y de los gobiernos de derecha e incluso dictatoriales como en el caso hoy de Bolivia.  

Colombia es un ejemplo vivo de esa política desinformativa, poco les interesa la gravedad de lo denunciado por la señora Merlano, al contrario, la intención es descalificar a la excongresista, defender al régimen y además aprovechar para promover electoralmente a uno de los integrantes del clan de la costa atlantica, denunciado por la exsenadora.   

Esta afirmación se aprecia claramente en la ya mencionada crónica “La Telenovela de Aida”, de la revista Semana y que demuestra el nivel de desinformación, las malévolas intenciones contra Merlano y defensor del régimen.   Convirtiéndose la revista y el autor de la crónica en fiscal, juez y parte.

Comencemos por el primer elemento no solo desinformativo, sino agresivo y ofensivo contra Venezuela, señala la crónica. “El helicoide era un proyecto de centro comercial que se convirtió en una macabra cárcel   donde el régimen venezolano tortura a sus enemigos”.

Colocar la palabra macabra, lleva la intención de que es un centro terrible, donde se cometen torturas y crímenes.  la idea e intención de la revista es manipular y sembrar en el pensamiento del lector la existencia de un régimen dictatorial que comete crímenes y viola los derechos humanos. ¿Tiene la Revista Semana pruebas concretas y documentas, de que en esa cárcel se cometen crímenes y torturas? Sí es así debe presentarlas.

Ha investigado la Revista Semana, lo que sucede en las cárceles colombianas, que hoy presenta una población de más de 125 mil ciudadanos presos en todo el país, por cierto, son famosas las de Itagüí, la Modelo, la Dorada, Combita, entre otras, resultaría interesante para el lector colombiano que Semana, haga una investigación y averigüé de porque tienen famas dichos centros penitenciarios.   

Aquí viene la otra perla, dice:  “sorprendió que supuestamente recluida en esa prisión,  Aida Merlano, apareció, peinada, maquillada y sin esposa”, al parecer para este cronista, ella debía llegar golpeada,  torturada, desmejorada, despeinada y esposada, otra fórmula de sembrar en la mente  del lector, que la ex congresista está comprada por el presidente Maduro y que los reos que salen de ese centro, cuando los llevan al tribunal aparecen con una pinta distinta a como se presentó la ex congresista.

Y aquí viene la otra pincelada malévola del local que acoge al tribunal y dice: “El escenario, un pequeño corral de madera, evocaba los juicios políticos de Cuba y China”.  Aquí sienta en el centro la época de la guerra fría, Cuba y China, esto es para evocar las falsas y grandes desinformaciones a que han sido sometido ambos países, víctima de la campaña de desinformación ordenada desde Washington, después del triunfo de la Revolución Cubana en 1959 y de la Revolución China en 1949 y hasta nuestros días.

Referir, que llevaron a la Merlano, a un tribunal cuyo escenario es un pequeño corral, la idea que se trasmite, que es como un establo o un corral de chanchos, de vacas o de aves, y acuñar sus posiciones políticas anticomunista y Macartistas, al afirmar, como los juicios en Cuba y en China. Que pruebas y que documentación tiene la Revista Semana de los juicios en Cuba y China. Esta crónica tiene toda una intención política y se involucra en un  delicado tema, de carácter diplomático con ambas naciones.

Qué vergüenza para la prensa colombiana, semejante despropósito, cargado de odio y de prejuicios, sin tener la más mínima ética y moral, para hablar de otros países.

En Cuba, señores de Semana, sí se hacían juicios y se hacen en salas   que pueden ser envidias de muchos edificios de tribunales en nuestra América y no en corrales. Constituido como manda la ley y la Constitución, por magistrados, fiscales, abogados de la defensa y testigos. 

A esos tribunales que tanto difamaron los medios de la época, fueron llevados  quienes cometieron durante la dictadura batistiana crímenes de Leza Humanidad, o a los ejecutores de actos terroristas que provocaron la muerte  de centenares de cubanos inocentes, acciones pagadas y dirigidas por la CIA y los terroristas de Miami, encabezado por  Luis Posada Carriles, agente CIA y criminal de guerra, organizó y ordenó la ejecución de la voladura de un avión de Cubana con 73 pasajeros a bordo, protegido y apoyado por Estados Unidos y otros actos de terror en centros públicos y hoteles que costó la vida a cubanos y ciudadanos extranjeros.  Y que ustedes callaron y nunca divulgaron una sola línea sobre esos criminales hechos.

Los que no tienen esa posibilidad de ver a sus victimarios en un tribunal son los más de 800 líderes y lideresas sociales asesinados en Colombia, ni los más de 175 ex guerrilleros de las FARC- EP engañados y víctima de un evidente plan de exterminio, luego de haber entregado las armas y 38 de sus familiares. O los más de 5000 colombianos miembros de la Unión Patriótica, asesinados en la década del 80, tampoco los entre 3000 y 5000 jóvenes inocentes víctima de la política de falsos-positivo, en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, y actual líder del partido de gobierno Centro Democrático. Actualmente hay muchas informaciones y acusaciones graves contra altos funcionarios del actual Gobierno, que son acalladas por los medios hegemónicos colombianos.

En su muy contradictoria crónica, que tiene los ingredientes periodísticos afines a la política estadounidense y de los centros de poder mediáticos en América Latina, de introducir verdades, con mentiras y medias verdades, señala “relató Merlano que Vargas Llera como retaliación por no haberlo apoyado habría montado con el fiscal de la época Néstor Humberto Martínez, su fiscal de bolsillo el entramado judicial para sacarla del ring”.

Y añade que: Acusó a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia que la condenaron de dejarse sobornar y le negaron el debido proceso”.

Es una acusación muy grave y muy seria, de una ex senadora de la República, para que la revista se pierda en temas banales y llevados por la intención política de defender a la oligarquía en el poder y al gobierno para- presidencial que existe en Colombia y que queda muy claro al afirmar que: “Aida Merlano involucro en su caso al presidente Duque y al expresidente Álvaro Uribe Vélez, cuando ellos no tienen nada que ver con este episodio”

Una afirmación muy atrevida, arriesgada y tomando parte, el autor de la crónica y la revista, puesto que por el momento no se conocen el contenido de las acusaciones de la Merlano, no solo contra el Presidente y contra el senador Uribe, sino contra funcionarios judiciales, gubernamentales y legislativos.

De acuerdo a lo que ha salido publico, ella declaró que fue secuestrada y la intención era asesinarla, y que detrás de ese episodio está el clan de la familia Gerlein y Char. Pero el cronista continuando con su argumento de defender a los acusados, señala, “en todo caso, como se trata de declaraciones hechas ante un régimen que Colombia no reconoce, podrán producir un gran impacto entre la opinión pública, pero no tiene efectos judiciales”.

Evidente la intención del artículo, descalificar las acusaciones de Merlano  y a Venezuela, porque se trata de un régimen que Colombia no reconoce y afirma que no tiene efectos judiciales, tremendo error y desconocimiento de la ley y del derecho internacional.

Pedirle a Juan Guaidó, la extradición de Aida Merlano,  es un craso error, Guaidó no es ni nuca fue Presidente  y ahora ni tan siquiera es  presidente de la Asamblea Nacional en desacato, porque no fue elegido.

Es un error político y diplomático del presidente Iván Duque, muy mal asesorado por la cancillería colombiana. Trump no nombra presidentes en América Latina, eso lo deben tener claro no solo en Colombia, sino en aquellos países que no reconocen al gobierno de Nicolás Maduro y que siguiendo las ordenes de Trump reconocieron al autoproclamado.  El caso de Aida Merlano es una muestra, que Guaidó no manda ni en su casa. Esa solicitud de Duque a Guaidó parece un mal chiste.

Ella puede llevar el caso a los Tribunales Internacionales y en lo que atañe a hechos y acciones contra su integridad y soberanía Venezuela, también puede llevarlo a la Corte Penal Internacional, de la cual es un país firmante al igual que Colombia.

Es realmente vergonzoso esta afirmación, al cronista lo que le importa, no es que se esclarezcan los hechos y la certeza o no de los delitos cometidos por la clase dirigente, no, lo que coloca como principio es que, al no existir relaciones diplomáticas, las denuncias no tienen efectos judiciales.

Señores, los delitos denunciados, si se cometieron o no, no se desarrollaron ni se cometieron en Venezuela, sino en Colombia y por tanto es el Estado colombiano el que debe ser el más interesado en esclarecer los hechos o lógicamente quedará más al desnudo que es un Estado Fallido, y con un gobierno para presidencial.

Según la revista eso puso nerviosos a sus jefes políticos Julio Gerlein y al clan Char, quienes la consintieron primero y la amenazaron después. Según la revista, ella declaró que estos le enviaron un abogado que planeo su escape, y que en realidad era un secuestro para asesinarla.

En su afán de la defensa de los señalados en sus acusaciones por la señora Merlano, el cronista celebra la gestión que como alcalde tuvo Alex Char y que hizo historia en Barranquilla y con gran kilometraje para ganar la presidencia en el 2022. Buena campaña desde ahora para el candidato   del uribismo y un sector de la oligarquía.  Otra forma de la revista de defender a uno de los implicados en sus denuncias de la ex senadora.

Las afirmaciones del cronista al concluir su poca  honrosa crónica, señala. “Nunca se sabrá si sus declaraciones las indujo el régimen venezolano, lo creo la propia protagonista o si hubo una combinación de los dos”.  Y añadió, “para meterse a Maduro en el bolsillo, Aida, necesitaba desprestigiar todo el establecimiento colombiano”.

Estas afirmaciones descalifican y pone en evidencia la intención del cronista y de la Revista Semana, que se ha convertido en la portavoz de la extrema derecha colombiana.

Veremos que sucederá cuando mañana lunes, cuando la periodista Vicky Dávila, para nada sospechada de castro-chavista, como señalaron algunos tuiteros uribistas, dio a conocer que le hizo una entrevista a Aida Merlano  y público en su Tuiter: “Hace pocas horas que llegué de Caracas. Logré entrevistar a la ex congresista Aida Merlano durante horas. Lo que dice es muy grave. Uds. podrán verla el lunes   a las 11.30 am en el canal Semana TV. Su relato es tan tenaz que no sé cómo la justicia de Colombia podrá no investigar”.

Esperemos que la polémica periodista Vicky Dávila, pueda salir al aire y dar a conocer las denuncia de Aida Merlano y que ella, Dávila, califica de grave y lo tenaz de sus relatos, que no sabe cómo la justicia colombiana podrá no investigar.

El ejercicio del periodismo en Colombia es muy complicado y cuando pone en peligro el sistema, son acallados.  Sobre este tema hay muchas denuncias públicas ante organizaciones nacionales e internacionales. Centenares de periodistas son víctimas de la represión y muchos han pagado con su vida el sostén de una opinión.

(*) Periodista, politólogo y analista internacional.
La Habana, Cuba,  16 de febrero del 2020.  16.30 hrs.


CONCLUYÓ LA ETAPA HABANERA DE LA FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE CUBA

Por Pedro Martínez Pírez

Este domingo concluyó la etapa habanera de la Feria Internacional del Libro de Cuba, a la cual concurrieron 300 invitados de 40 países, uno de ellos la vicepresidenta de Argentina, Cristina Fernández, quien por primera vez presentó fuera de su país su libro titulado SINCERAMENTE, en presencia del presidente de Cuba, ingeniero Miguel Díaz-Canel, y otras personalidades.

Este año la Feria, que ahora recorrerá el país para finalizar en abril próximo en la ciudad de Santiago de Cuba, tiene como país invitado a la República Socialista de Viet Nam, pues se cumplieron sesenta años del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y la nación Indochina.

Para Radio Habana Cuba, que brinda una cobertura especial a la Feria, fue un buen momento para recordar los más de dos mil quinientos programas de la Voz de Viet Nam en inglés transmitidos hacia los Estados Unidos desde enero de 1968 hasta enero de 1976 por la emisora internacional cubana, como muestra de solidaridad ante los crímenes perpretados por Washington en la nación vietnamita.

Durante la presentación de su libro la vicepresidenta argentina elogió la medicina cubana y agradeció al gobierno y a los médicos la atención que brindan a su hija Florencia Kirchner, quien se encuentra ingresada desde marzo del pasado año.

La fama de la medicina cubana y la humanidad de los médicos de Cuba la tienen muy bien ganada, enfatizó la vicepresidenta Cristina Fernández, durante la presentación de su libro, en la Fortaleza San Carlos de La Cabaña, sede principal de la Feria en La Habana.

Durante diez días fueron sedes alternativas de la Feria en La Habana, las sedes de la Casa de las Américas, el Centro de Estudios Martianos, la Biblioteca Nacional José Martí, la Universidad de La Habana, la Casa del Alba Cultural y el Centro Dulce María Loynaz. 

La Feria del Libro de este año rinde tributo a la obra de investigación de la ensayista Ana Cairo, Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas, y al legado del dramaturgo Eugenio Hernández, Premio Nacional de Teatro.

La 29 edición, que dispone de cuatro mil títulos y más de cuatro millones de libros, también celebró el centenario del nacimiento del escritor, poeta y ensayista cubano Eliseo Diego, así como el 80 cumpleaños de Miguel Barnet, presidente de Honor de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Se entregaron asimismo los Premios Nacionales de Literatura, Diseño, Edición, Historia, el de poesía Nicolás Guillén y el de novela, cuento y ensayo Alejo Carpentier.

Y todo ello a pesar del recrudecimiento del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba que provocó en los días de la Feria afectaciones en el transporte, lo cual hace todavía más meritorio el esfuerzo de Cuba por la lectura.

La Habana, 17 de febrero de 2020.

miércoles, 12 de febrero de 2020

La Comisión de Prensa de la Asociación Cubana de las Naciones Unidas le invita a celebrar




La Comisión de Prensa de la Asociación Cubana de las Naciones Unidas
le invita a celebrar

EL DÍA MUNDIAL DE LA RADIO

En un acto que efectuaremos en nuestra sede, en J y 25, en El Vedado, el jueves 13 de febrero de 2020 a las 2 y 30 de la tarde, en el cual estarán como invitados los colegas de RADIO CADENA HABANA, emisora que cumple 8 décadas de existencia este año.

El Día Mundial de la Radio fue instituido por la UNESCO, Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, y la ACNU lo celebra cada año con la participación, esta vez, de una representación de Radio Cadena Habana encabezada por su Directora General, la periodista Yolanda Paris.

Radio Cadena Habana, emisora musical y cultural, tiene el mérito histórico de que en su sede fue grabado el 15 de febrero de 1957 el Himno del 26 de Julio, de la autoría de Agustín Díaz Cartaya.

ACNU, Calle J esq. a 25, El Vedado
Teléfono 7832 0377
La Habana, Cuba

lunes, 10 de febrero de 2020

CUBA JUNTO A CHINA EN LA BATALLA CONTRA EL CORONAVIRUS

Por Pedro Martínez Pírez

La noticia de que China ha seleccionado un medicamento cubano como parte de la batalla que libra desde hace semanas contra el Coronavirus, debe haber estremecido a varias capitales de América, entre ellas Washington, Brasilia, La Paz y Quito.

Waghington, porque el gobierno de Estados Unidos desarrolla una campaña para tratar de desacreditar los avances de Cuba en la medicina, y Brasilia, La Paz y Quito, porque los gobiernos de Brasil, Bolivia y Ecuador, se han prestado a la campaña imperialista para sabotear la presencia médica cubana en América Latina.

El periódico LA JORNADA, de México, recordó este domingo que Cuba inició en 1981 investigaciones sobre el Interferón a partir de leucocitos humanos, lo cual fue una verdadera hazaña científica, pues marcó el inicio del desarrollo de la biotecnología en la Mayor de las Antillas.

Esta semana la Comisión de Salud de China seleccionó el Interferón Alfa 2B recombinante, antiviral producido originalmente por la indistria biotecnológica de Cuba para combatir el coronavirus, que ha causado ya más de ochocientas muertes, así como 37 mil casos en 26 países.

El medicamento cubano se produce en la planta mixta Changheber, ubicada en la localidad de Changchun, provincia de Jilin, gracias a la cooperación entre Cuba y China, que incluye transferencia de tecnología.

El diario mexicano La Jornada recuerda que Fidel Castro inauguró en 1982 el Centro de Investigaciones Biológicas y cuatro años después el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, que en la actualidad cuenta con mil quinientos trabajadores y desarrolla una amplia gama de fármacos de gran impacto internacional.

La complejidad de la situación epidemiológica provocada por el coronavirus llevó a la Organización Mundial de la Salud a declarar hace una semana la emergencia internacional, ante la preocupación de que se propague a países con débiles sistemas sanitarios.

Para Cuba, una pequeña nación del Caribe que padece un brutal bloqueo de Estados Unidos desde hace seis décadas, contribuir en estos momentos con China en el enfrentamiento al coronavirus, es la confirmación del camino correcto iniciado hace muchos años para apoyar a la Salud Pública mundial, algo que la medicina cubana viene practicando como parte de una política que muchos pueblos del mundo reconocen y admiran.

La Habana, 10 de febrero de 2020.

lunes, 3 de febrero de 2020

UN ACUERDO DEL SIGLO PARA FAVORECER A LOS SIONISTAS

Por Pedro Martínez Pírez

Notable impacto tuvo en Cuba la decisión del Presidente palestino, Mahmud Abaás, de cortar todo tipo de relaciones con Estados Unidos e Israel, después de la reciente presentación por Donald Trump del llamado “Acuerdo del Siglo”, que entre otras cosas establece que Jerusalén sea la capital de Israel.

Las declaraciones del líder palestino se produjeron durante una reunión extraordinaria de la Liga Árabe en El Cairo, Egipto, e inmediatamente tuvieron repercusión en varios médios de prensa cubanos, entre ellos Juventud Rebelde y Radio Habana Cuba.

En lo personal a mí me recordó la intervención del Comandante Fidel Castro en el 34 Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 12 de octubre de 1979, cuando el líder histórico de la Revolución Cubana habló también como Presidente del Movimiento de Países No Alineados.

Fidel, en uno de sus más brillantes discursos, expresó que la determinación de Israel de continuar su política de agresión, expansionismo y asentamiento colonial en los territorios que ha ocupado, con el apoyo de los Estados Unidos, constituye una seria amenaza a la paz y a la seguridad mundiales.

La cuestión de Palestina, agregó Fidel Castro, es la médula del problema en el Medio Oriente. La base de la paz justa en región comienza por la retirada total e incondicional de todos los territorios árabes ocupados y supone para el pueblo palestino la recuperación de sus derechos nacionales inalienables, incluído el derecho del retorno a su Patria, a la libre determinación y al establecimiento de un Estado independiente en Palestina, de conformidad con las resoluciones de la ONU.

En aquella histórica intervención, a la cual tuve el privilegio de dar cobertura como enviado de Radio Habana Cuba, Fidel aclaró que no era un fanático y que repudiaba desde el fondo de su alma la despiadada persecución y el genocidio que en su tiempo desató el nazismo contra el pueblo hebreo. Pero no puedo recordar nada más parecido en nuestra historia contemporánea, agregó, que el desalojo, persecución y genocidio que hoy realizan el imperialismo y el sionismo contra el pueblo palestino.

Y a continuación el líder de la Revolución Cubana dijo con palabras que podrían repetirse hoy, que “despojados de sus tierras, expulsados de su propia patria, dispersados por el mundo, perseguidos y asesinados, los heroicos palestinos constituyen un ejemplo impresionante de abnegación y patriotismo, y son un símbolo vivo del crimen más grande de nuestra época”.

En esa histórica intervención en la ONU de hace ya más de cuatro décadas, están las raíces de la solidaridad cubana de hoy con el pueblo palestino y el rechazo al llamado “Acuerdo del siglo”, enarbolado por el presidente Donald Trump para favorecer a sus amigos y cómplices sionistas de Israel.



La Habana, 3 de febrero de 2020.

lunes, 20 de enero de 2020

ESTRATEGIA CUBANA FRENTE A LA CRECIENTE HOSTILIDAD DEL IMPERIO

Por Pedro Martínez Pírez

El perfeccionamiento constante de la sociedad cubana y el proceso de normalización de los vínculos con la emigracion de Cuba en el exterior, que es, según el Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, irreversible y continuo, parecen ser líneas estratégicas de la Revolución para enfrentar con éxito los enormes desafíos que plantea la creciente hostilidad del gobierno de Estados Unidos hacia su pequeña vecina de las Antillas.

En los últimos meses se han registrado en Cuba importantes cambios, entre ellos la aprobación de una nueva Constitución, una más dinámica agenda legislativa, avances en el proceso de informatización de la sociedad, medidas para el fortalecimiento del proceso inversionista, así como del sector no estatal de la economía, y todo ello en medio de una mayor transparencia en la gestión gubernamental.

Como parte de este proceso de perfeccionamiento de la sociedad cubana debemos anotar la reciente elección de un nuevo Primer Ministro y de Gobernadores y Vicegobernadores en todas las provincias cubanas, lo cual debe redundar en el mejoramiento de la actividad del Gobierno en todo el país y la consolidación de la lucha contra el burocratismo.

Y como continuidad del visionario diálogo iniciado en 1978 por Fidel Castro con la emigración cubana, el gobierno de Cuba ha convocado a la realización en La Habana de la Cuarta Conferencia La Nación y la Emigración, en momentos en que arrecia la hostilidad de Washington con los cubanos residentes en los Estados Unidos.

La reunión se efectuará del 8 al 10 del próximo abril, un mes que está marcado en la historia de Cuba por el triunfo de la Revolución en las arenas de Playa Girón, frente a la Brigada Mercenaria 2506, entrenada, financiada y transportada a la por ellos llamada Bahía de Cochinos por la Agencia Central de Inteligencia y el Pentágono de Estados Unidos.

Y a diferencia de la época del diálogo de hace cuarenta años, en estos momentos, aunque sigue siendo mayoritaria la presecia de cubanos en los Estados Unidos, los emigrados viven en 124 paises de todos los continentes y existen 166 Asociaciones de Cubanos residentes en 79 países que mantienen fuertes vínculos con las Embajadas y Conslados en el mundo, como informó recientemente al diario Juventud Rebelde el Director General de Asuntos Consulares y de Cubanos Residentes en el Exterior, Ernesto Soberón Guzmán.

La inmensa mayoría de los cubanos residentes en el exterior, alrededor de un millón quinientos mil, mantienen fluidas relaciones con sus familiares y visitan con frecuencia su país, a pesar de los obstáculos que representa el bloqueo y otras medidas agresivas del gobierno de Estados Unidos contra Cuba.

Y el más universal de los cubanos, José Martí, hijo de españoles que residió en México, Venezuela, Guatemala, España, y muchos años en los propios Estados Unidos, es el símbolo supremo que une a La Nación cubana con su emigración en el mundo. El Apóstol de la independencia cubana, quien fue ultrajado por el gobierno de los Estados Unidos que bautizó con su nombre la radio y la televisión que agreden desde hace décadas la soberanía cubana en violación de las normas internacionales de las comunicaciones, y que últimamente, mediante mercenarios pagados por el imperio, se han dado a la innoble tarea de vandalizar bustos de Martí en el territorio cubano. José Martí, quien vivió en el monstruo y le conoció las entrañas, y luchó toda su vida por hacer posible la independencia de Cuba e impedir la dominación yanqui sobre los pueblos de Nuestra América.

La Habana, 20 de enero de 2020.

viernes, 17 de enero de 2020

Trump y la apoteosis de la barbarie

Atilio Boron




Acabo de leer una muy interesante nota de Peter Koenig sobre el renacimiento y exasperación de la barbarie en los últimos tiempos. [1] Y digo exasperación porque aquella tuvo una presencia constante en la historia, pero bajo el capitalismo adquirió nuevas y más brutales formas. Estados Unidos es sin dudas la patria de la barbarie. Su condición de mayor terrorista del planeta la alcanzó en agosto de 1945 cuando arrojó sobre dos ciudades indefensas del Japón sendas bombas atómicas que convirtieron en cenizas -o condenaron a una horrorosa muerte lenta- a varios centenares de miles de sus habitantes. Nadie nunca, ni antes ni después, llegó a perpetrar atrocidad semejante. Sin llegar a tan luctuosos límites en tiempos recientes la barbarie fue repotenciada por el gobierno de Donald Trump, un hampón de cuarta cuyos códigos morales no son mejores que los de Al Capone o Frank Nitti. Es más, me atrevería a decir que éstos poseían un mafioso sentido del honor y del respeto a la palabra empeñada que el magnate neoyorquino carece por completo.



Koenig documenta con precisión que a pedido de Trump el Primer Ministro de Irak, Adil Abdul-Mahadi, invitó al General Qassem Suleimani a que se reuniera con él en Bagdad para sugerirle, dadas sus conocidas dotes como diplomático, que procurase abrir un canal de diálogo entre Irán y Estados Unidos y entre la república islámica y Arabia Saudita. Esa fue la trampa, abyecta y cobarde, en la que cayó el general iraní. Esto fue denunciado ni bien se consumara el asesinato de Suleimani y un grupo de altos funcionarios militares iraquíes por Adil Abdul-Mahadi diciendo textualmente que “Trump me pidió que mediara con Irán y luego asesina a quien había invitado para la tarea”.

En sucesivas conferencias de prensa el Secretario de Estado Mike Pompeo, otro mentiroso serial, desmintió lo declarado por el Primer Ministro Iraquí. Lo mismo hizo la Casa Blanca, pero la credibilidad de estos hampones es nula. Pero toda la maquinaria propagandística de Estados Unidos se puso al servicio de las mentiras oficiales y Suleimani, que gozaba de inmunidad diplomática, fue presentado como un feroz terrorista que había sido “eliminado” porque tenía planeado atentar contra varias embajadas de Estados Unidos, cosa que días después desmintió el propio Secretario de Defensa de Trump. Pese a tantas mentiras se ha ido sedimentando en los sectores de la opinión pública atentos a este tipo de noticias (una minoría, desgraciadamente) la convicción de que lo ocurrido en Bagdad fue un vil asesinato que trató de justificarse estigmatizando a la víctima como terrorista.

No contento con esta criminal violación de la legalidad internacional y de las propias leyes de Estados Unidos, Trump ordenó que se le negara a Mohammad Javad Zarif, Ministro de Asuntos Extranjero de Irán, la visa de entrada para informar de lo ocurrido ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en Nueva York. O sea, cero debate, cero información: basta con la versión del imperio, reproducida impúdicamente por la prensa hegemónica. Esto constituye una violación de la Carta de las Naciones Unidas, firmada por Estados Unidos en 1947, que garantiza a los representantes de países extranjeros el irrestricto acceso a la sede de las Naciones Unidas. Para su imborrable deshonra el portugués António Guterres, Secretario General de Naciones la ONU, el guardó cómplice silencio ante el asesinato de Suleimani y también frente al ilegal veto a la llegada del ministro iraní. El hombre se preocupa por su chequera y nada más. Cobra su sueldo y no ve, no escucha, no habla. Esta es la clase de funcionarios internacionales que Estados Unidos necesita para administrar su imperio sin preguntas incómodas.

Lo anterior confirma lo que muchos venimos diciendo acerca de la ineptitud de las Naciones Unidas para garantizar la paz y la legalidad internacionales. Muchas voces se han elevado, sobre todo en países periféricos, exigiendo una reforma de esa organización. Pero Koenig da un paso más y se pregunta si no ha llegado la hora en que una votación de la Asamblea General expulse a Estados Unidos (y a Israel) de las Naciones Unidas por sus reiteradas violaciones de la Carta de la Organización y sus resoluciones fundamentales (entre ellas las que exigen a la Casa Blanca poner fin al bloqueo a Cuba o que el régimen israelí se retire de los territorios ocupados). La premeditada, sistemática y desafiante transgresión de la legalidad internacional es lo que define a los “estados canallas”. Esa clase de regímenes se colocan por sí mismos por fuera de dicha legalidad y su expulsión sería tan sólo el reconocimiento de una realidad. Tendríamos, prosigue diciendo nuestro autor, “una ONU renovada, liberada de la abultada burocracia que la paraliza y mucho más eficiente para salvaguardar la paz en el mundo.” Además hay montones de países que han sido invadidos, amenazados, sancionados por Estados Unidos y “muchos de ellos también tienen drones y dominan la tecnología de disparos de precisión.” Se trata de un planteo audaz, extravagante, pero que merece ser pensado. Muchos intereses económicos se opondrían a esta movida, reconoce Koenig, pero en el mundo actual EEUU ya no es el único que puede ofrecer interesantes oportunidades de negocios. China, India, Rusia, numerosos países asiáticos y algunos otros en África y Latinoamérica podrían redefinir un nuevo entramado de la economía mundial sin la presencia prepotente de los norteamericanos.

“Aislemos a los bárbaros de Washington y dejémoslos que se pudran en su inmundo pantano”, dice Koenig. Proyecto que hoy suena como una ingenua utopía. Pero, ¿quién podría asegurar que ante la indisimulable decadencia del poderío de EEUU aquella propuesta está eternamente condenada a ser irrealizable? Sobre todo si se recuerdan estas proféticas palabras de Oscar Wilde cuando sentenció que “Estados Unidos es el único país que pasó de la barbarie a la decadencia salteándose la civilización”. Y su decadencia podría dar nacimiento a otra Naciones Unidas. ¿Por qué no? ¿O es que alguien todavía cree que las instituciones creadas por hombres y mujeres tienen el don de la eternidad?

Nota

[1] “The West is Run by Barbarians”, en https://www.globalresearch.ca/west-run-barbarians/5700435

- Dr. Atilio A. Boron, director del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (PLED), Buenos Aires, Argentina. Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2013.

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El juicio a Trump comienza en el Senado mientras surgen nuevas revelaciones contra el presidente

El tercer 'impeachment' en la historia de Estados Unidos arranca con un juramento de imparcialidad cuestionable. Las alegaciones comienzan el martes



El Senado de Estados Unidos dio este jueves inicio formal al juicio contra Donald Trump en un clima de gran crispación política entre republicanos y demócratas, marcado por el rechazo frontal del presidente al proceso y la reciente salida a la luz de nuevos documentos relacionados con el escándalo de Ucrania, entre ellos, un duro informe oficial contra de su actuación. Trump está acusado de abuso de poder por las presiones a Kiev para que investigase a su rival político Joe Biden y de obstrucción al Congreso por boicotear las pesquisas parlamentarias sobre este escándalo.


Los senadores, este jueves durante su juramente de imparcialidad. En vídeo, se activa el impeachment contra Trump. AP | VÍDEO: ATLAS

El tercer impeachment de la historia de Estados Unidos llegó en un soleadísimo y cálido día de enero, a punto de cumplirse tres años de una Administración instalada en la tormenta y con curiosos caprichos del destino. Momentos antes de que comenzase la apertura formal del juicio en el Senado, esa misma Cámara concedía a Donald Trump una de las grandes victorias legislativas de su mandato, la aprobación por abrumadora mayoría del nuevo tratado comercial con México y Canadá. Por la mañana, sin embargo, las noticias venían mal dadas para el presidente, pues la Oficina de Control del Gobierno, una agencia independiente dentro de la Administración, presentó un informe en el que califica de ilegal la congelación de ayudas militares a Ucrania decidida el pasado verano por la Casa Blanca.

Esa decisión del Gobierno de Trump resulta clave en este caso porque la acusación lo considera una forma de presión a Kiev para forzar un anuncio negativo sobre los Biden. La oficina, que depende del Congreso, asegura que la retención del dinero —cerca de 400 millones previamente aprobados por el Congreso— tuvo carácter político, no técnico. "El cumplimiento de la ley de buena fe no permite al presidente cambiar sus prioridades políticas por aquellas que el Congreso haya convertido en ley", sostiene el texto.

Es uno de los documentos que se discutirán en las próximas semanas en el Senado, convertido desde este jueves en un tribunal. “Hear ye! Hear ye! Hear ye! Todas las personas están obligadas a permanecer en silencio, bajo pena de prisión…”, conminó el sargento de Armas, como marca la tradición.

Fue otro día de rituales en Washington. El equipo de fiscales nombrado el miércoles por la Cámara de Representantes, siete congresistas demócratas que se encargarán de argumentar la acusación, se presentó sobre el mediodía en la Cámara alta para leer en voz alta los cargos contra Trump, los llamados artículos del impeachment. Sobre las dos de la tarde (hora local) llegó el presidente del Supremo, John Roberts, que ejerce de árbitro en el pleito. “¿Jura, solemnemente, que en todas las cosas concernientes al juicio del presidente Donald John Trump, ahora pendiente, administrará justicia imparcial de acuerdo con la Constitución y las leyes, con ayuda de Dios?”. “Lo juro”. Roberts hizo su juramento ante el presidente de la Cámara y se encargó de tomarlo al centenar de senadores, ahora miembros de un jurado que ha prometido ser eso, imparcial.

¿Es posible? El líder de los republicanos en la Cámara alta, Mitch McConnell, ya advirtió hace semanas que estaba coordinando los detalles del proceso con la propia Casa Blanca y la absolución se da por segura, dada la mayoría republicana. Mientras, un hijo de Trump, Eric, pedía este jueves en las redes sociales que cualquier senador demócrata que esté compitiendo por la candidatura a las presidenciales de 2020 —hay cuatro en esta situación, como Bernie Sanders o Elizabeth Warren— se recuse por su “increíble conflicto de intereses” en este juicio.

Este será el primer impeachment de la era Twitter, también el primero que juzga a un presidente que busca la reelección y que bloqueará durante semanas a cuatro senadores que luchan en unas primarias. Resulta, a su vez, el más partidista de los llevados a cabo hasta ahora.

El primer presidente en pasar por un juicio en el Senado, Andrew Johnson, en 1868, quedó absuelto por un solo voto, y en el caso de Bill Clinton (culminado en 1999), aunque el partidismo fue mayor, los votos de los legisladores en ambas fases del juicio (la de la Cámara de Representantes y la del Senado) no se ajustaron tan milimétricamente como ahora a la línea del partido. Las reglas de juego sobre cómo desarrollar el proceso, por ejemplo, salieron adelante por unanimidad. Ese es el primer paso que afronta ahora el juicio en el Senado, aunque es posible que la declaración de testigos, uno de los grandes puntos de conflicto, se vote después de las alegaciones de las partes, que empiezan el martes, 21 de enero, a la una de la tarde.

El abogado de la Casa Blanca, Pat Cipollone, encabezará la defensa del presidente en el juicio, si bien el equipo completo no ha sido anunciado. Trump se declara víctima de una “caza de brujas”, de un “fraude” por parte de los demócratas, y sostiene que sus peticiones al propio presidente ucranio, Volodímir Zelenski, para que anunciase investigaciones que perjudicarían a los demócratas “no tenían nada de malo”, sino puro interés en contra de la corrupción.

El papel de su abogado personal, Rudy Giuliani, maniobrando con Kiev y usando una invitación a la Casa Blanca, como mecanismo de presión, cuestiona la versión del mandatario. Además, el embajador estadounidense ante la Unión Europea, Gordon Sondland, que también se vio implicado en las gestiones con Ucrania, declaró en la fase previa en la Cámara de Representantes que él mismo consideró las ayudas militares supeditadas al anuncio de esa investigación. Ese bloqueo es el que el informe oficial publicado este jueves pone en cuestión.

Y han surgido nuevos materiales inquietantes aportados por Lev Parnas, un socio de Giuliani imputado por un caso ajeno a esta trama, que revelan las maniobras del abogado. Este jueves, en una entrevista a The New York Times, Parnas aseguró que el presidente conocía las presiones de Giuliani. "Me juego toda mi vida a que Trump sabía exactamente todo lo que estaba pasando sobre lo que Rudy Giuliani estaba haciendo en Ucrania", dijo. Poco después de la sesión en el Senado, Trump se defendió con un mensaje simple, escrito en mayúsculas en su cuenta de Twitter: "Se acaba de abrir un impeachment contra mí por hacer una llamada de teléfono perfecta".
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