"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

viernes, 7 de enero de 2011

En busca de un modelo económico post-crisis

Tras una recesión que no lograron predecir, los economistas se replantean las bases intelectuales sobre las que se construyen

Por Mark Whitehouse
El físico Doyne Farmer piensa que deberíamos analizar la economía igual que estudiamos las epidemias y el tráfico. El psicoanalista David Tuckett cree que la clave para los vaivenes del mercado está en las obras de Sigmund Freud. A su vez, el economista Roman Frydman cree que nunca podremos pronosticar con exactitud lo que pasará con la economía.
Pese a que sus ideas pueden parecer divergentes, estos tres expertos tratan de resolver un acertijo con el que esperan catalizar una revolución en la economía: ¿cómo entender un mundo que ha demostrado ser mucho más complejo que lo que asumían los modelos más avanzados?
La pregunta dista de ser académica. Durante décadas, la mayoría de los economistas, incluyendo los presidentes de los bancos centrales más poderosos del mundo, han dado por sentado que la gente es lo suficientemente racional y que el funcionamiento de los mercados es lo suficientemente fluido, como para que el conjunto de la economía pueda ser reducida a un puñado de ecuaciones. Luego transforman estas fórmulas en modelos matemáticos con los que intentan imitar la conducta de la economía. Desde Washington a Fráncfort, pasando por Tokio, los modelos son utilizados a la hora de tomar decisiones cruciales para todo, desde el nivel adecuado de las tasas de interés hasta la regulación de los bancos.
Luego de la crisis financiera y una dura recesión que los modelos no lograron predecir, un creciente número de economistas está comenzando a cuestionar las bases intelectuales sobre las que se construyen. Investigadores están comenzando a ofrecer una serie de ideas con las que esperan formar los bloques para construir un nuevo paradigma.
[Farmer] Rick Scibelli, Jr.
J. Doyne Farmer
Algunas de las voces más reconocidas del mundo académico aseguran que las nuevas ideas están fuera de la corriente principal de pensamiento por una buena razón: están todavía muy lejos de producir un modelo que haya probado ser mejor que el status quo.
"Me parece que esperaré hasta ver lo que pueden y no pueden hacer estos modelos", dice Robert Lucas, un economista de la Universidad de Chicago que ganó el premio Nobel por su trabajo sobre las "expectativas racionales", el concepto en tela de juicio por la ortodoxia moderna.
Los modelos de hoy emergieron de su propia revolución. En la década de los 70, los economistas querían entender la forma en que las decisiones de política económica, como subir los impuestos o recortar las tasas de interés, podían cambiar el comportamiento de la gente. También estaban ansiosos por someter sus propios razonamientos a la implacable lógica económica.
Así que poblaron sus modelos con gente racional que pudiera calcular el valor de varias opciones y optar por el mejor camino.
Al traducir las preferencias de las personas en ecuaciones, y determinar el punto en que coinciden con las de empresas y otros implicados, los modelos predecían una trayectoria exacta para la economía. Esto los convierte en una herramienta atractiva para los economistas, que pueden limitarse a introducir una modificación en los tipos de interés y ver exactamente cómo afectaba toda la producción de un país para los próximos años.
El problema, dice Farmer, es que los modelos tienen poca relación con la realidad. La gente no es tan racional como asumen los modelos, señala. Farmer apunta a un defecto quizás mayor en la estructura matemática de los modelos. Un modelo típico como el de "equilibrio general dinámico estocástico" —así llamado porque incorpora los elementos de tiempo y cambios al azar— consiste en unas cuantas, a veces decenas, de ecuaciones relacionadas entre sí, que deben concordar antes de que el modelo pueda ofrecer una solución. Si las ecuaciones se vuelven demasiado complejas, los modelos tienen dificultades para encontrar el punto en el cual todas las preferencias de los actores de la economía se encuentran.
[Tuckett] Global Economic Symposium
David Tuckett
Para mantener las cosas simples, los economistas suelen dejar fuera partes importantes de la realidad. Antes de la crisis, la mayoría de los modelos no incluía bancos, cesaciones de pago ni mercados de capital, un hecho que resultó problemático cuando golpeó la crisis financiera. Normalmente incluyen solamente familias, empresas, bancos centrales y el gobierno.
La propuesta de Farmer consiste en crear una simulación compleja por computadora como las que utilizan los científicos para modelar los patrones climáticos, las epidemias y el tráfico. Con suficiente respaldo de las computadoras, estos modelos basados en los distintos agentes económicos pueden incluir a millones de actores individuales, que no tienen por qué ser racionales o estar de acuerdo unos con otros.
La parte difícil es crear reglas que tengan relación con la realidad. Con ese objetivo, Farmer y tres economistas (Robert Axtell, de la Universidad George Mason; John Geanakoplos, de la Universidad de Yale, y Peter Howitt, de la Universidad Brown) tienen la esperanza de incluir a decenas de expertos en conducta de los consumidores, inversionistas y empresas, en un proyecto masivo de construcción de un modelo.
Idear mejores reglas que expliquen la conducta humana requerirá que los investigadores caven más profundo en la psique humana, dice Tuckett, profesor de la University College de Londres. En concreto, está investigando cómo las necesidades inconscientes y los miedos pueden causar grandes altibajos en los mercados financieros. Extensas entrevistas con gestores de dinero lo han llevado a afirmar que dado que algunos instrumentos financieros son tan volátiles y difíciles de valorar, disparan la tendencia humana a fantasear. Valiéndose de la jerga de Freud, llama a esos activos financieros "objetos fantásticos", que la gente ve alternativamente como capaces de cumplir sus sueños de riqueza y poder o totalmente repulsivos e inútiles.
Los modelos económicos necesitan tener en cuenta la forma en que los cambios de la conducta de la gente varían con el contexto psicológico. Cuando la gente está fantasiosa, es capaz de concederle un valor astronómico a lo que sea, desde tulipanes holandeses hasta complicados valores vinculados a las hipotecas. Tuckett quiere crear una encuesta de cómo piensan distintos inversionistas, con la que construir un modelo basado en agentes, parecido al que está desarrollando Farmer.
[Frydman] Roman Frydman
Roman Frydman
Por su parte, Frydman, profesor de la Universidad de Nueva York, no ofrece una manera mejor de hacer predicciones. En su lugar, cree que los economistas y autoridades deben asumir los límites de su conocimiento. A su juicio, lo mejor que pueden hacer es limitar las fluctuaciones extremas. Un banco central podría, por ejemplo, establecer parámetros indicativos para los precios de activos como las acciones, los bonos y las casas. Si los precios superan esos parámetros, los compradores potenciales habrán sido advertidos que están tomando un riesgo agregado y podrían pensárselo dos veces.
Farmer cree que los modelos tradicionales siempre serán útiles para ciertos tipos de análisis, pero no es optimista respecto a que vayan a proveer la solución completa.
 
Fuente: WJS

jueves, 6 de enero de 2011

LA ACTIVIDAD ECONÓMICA Y SOCIAL POR CUENTA PROPIA SERÍA EL BATACAZO FINAL AL DAÑINO PATERNALISMO SOCIALISTA DEL SUBEMPLEO

"El susto de este minuto no es el susto ante el desempleo; es el susto ante el imperativo del trabajo"

La Revoluciòn cubana se mueve criticamente sobre si misma. Frei Betto.

Por Rufo Caballero:
No hay política sin coyuntura, sin movilidad de la circunstancia, pero tampoco hay política sin luz larga, sin la capacidad de ver más allá de la bodega. En las últimas semanas, he leído varios textos de enfoque trágico sobre los “despidos” (palabra que suena a terror social, de ese que no encuentra consuelo ni en el chicuelo de Chaplin) y la tendencia a la reducción de plantillas en el ámbito laboral cubano. Algunos viven la tragedia como necesidad histórica (haga lo que haga Cuba, eso está mal: Cuba es la nube negra; ergo, palo porque boga y palo porque no boga); otros, emiten sus juicios de buena fe, preocupados por el abandono de que será objeto el cubano sin-techo; ahora sin techo laboral.
Durante muchos años, algunos intelectuales hemos insistido en que tiene que existir la manera de conciliar Revolución y economía, emancipación e instrumentalidad, soberanía y sociedad civil, socialismo y movimiento del soporte material de la vida social. Para los que están en los extremos, resulta fácil: hacen parte de la línea dura, según la cual la menor apertura significa una brecha por donde se iría todo, todo cambio carenaría en la glasnost tropical, en una perestroika más caótica aún en tierras de la maraca y el cocotero (para estos, está bien pagar el precio del inmovilismo y que la gente no respire); o pasan de cualquier opción que se aviste en el horizonte cubano, si esta es encauzada por la Revolución. Entre unos y otros, existe una franja intermedia, de gente interesada en hacer ver que Revolución quiere decir que la gente viva, que la gente respire, que el salario valga, que el dinero contribuya a robustecer valores espirituales, que calidad de emociones significa calidad de vida, y que el sacrificio no es una finalidad sino un medio. Gente interesada en recordar cómo ha sido la debacle económica la que ha determinado que se resienta todo un mundo de valores caros a esta sociedad. ¿Cómo le explicamos a los jóvenes que se venden de lunes a viernes, alrededor de los hoteles, para el fin de semana poder llevar a la novia a una discoteca, que nada hay más importante en la vida que ser un hombre íntegro, honesto, capaz de poner la cabeza en la almohada y dormir plácidamente? Esos jóvenes, que no son ni todos ni ninguno, pero que están ahí, pudieran replicar que “basta de muela, puro”. También: “pudo ser fácil, en los años ochenta, crecer como hombres íntegros y honestos. Pudo ser fácil, cuando los problemas materiales elementales estaban resueltos, cuando el dinero cubano era el único y valía, y la gente, con su sueldo, podía comprar cakes de nata, zapatos de calidad y discos de Madonna”.
Para esos que no tenemos respuestas muchas veces ante la voz de los jóvenes más desafiantes, resulta imperiosa la renovación económica de la sociedad cubana. No se puede seguir hablando de valores sin obviar la economía; ya ha sido suficiente error la pretensión de que un país se sostiene y se alimenta de ideales, de utopías, de consignas; porque, a la postre, sin sostén económico, se quiebran los ideales, las consignas, las utopías. Habría que ver la actual circunstancia de los “despidos” con otra perspectiva, que sobrevuele los anecdotarios lacrimógenos, y se percate de que, a no tan largo plazo, esta puede ser la posibilidad de la entrada de la pequeña propiedad en Cuba, que llegará a dinamizar la vida social. Parece que hemos aprendido que si se pretende controlar la industria pesada y la fiambre, al final se van de las manos la industria pesada y la fiambre. El exceso de control y de centralización condujo a un estado famélico de lo social, a un flagelo que nos detuvo demasiado tiempo. Si el Estado no puede resolver los problemas de transporte, como, durante décadas, se ha evidenciado que no puede, el botero no puede constituir un problema nacional. ¿Que ese botero se echa, al final de la noche, en el bolsillo, bastante más que cuanto gana un “trabajador normal”? ¿Y? En cualquier caso, ese botero timoneó su dinero, dobló el lomo durante doce horas, para llevarse a casa un poco de más dinero para pagar la gasolina o hacer la vida menos difícil. No le puso a nadie una pistola en la frente para que subiera a su almendrón; más bien, la gente se la puso al botero, para que los tirara hasta la Víbora… ¿Qué riesgo hay en eso? ¿Que instancia mayor peligra con eso? ¿No aceptamos por fin que el igualitarismo nos hizo daño, nos enfermó de idealidad y nos separó de la vida?
La pequeña propiedad, la pequeña empresa, la posibilidad del negocio privado, sería la ocasión de probar que la soberanía puede establecerse sobre la base del movimiento social y no de la verticalidad asfixiante. No es fácil, para nada; pero peor es que la olla siga cogiendo presión, y presión, a punto de implosionar. Una violenta implosión sería peor que una terrible explosión. Hay que crear válvulas de escape, válvulas de salida, alternativas urgentes. Así como se las ingeniaba Fidel para trocar las crisis políticas (el Mariel como paradigma) en coyunturas para la removilización del consenso, es este un momento para probar que la Revolución es mucho más que la clonación patrimonial de los valores históricos, o que un par de palabras que intentan preservar cuanto se ha conseguido hasta aquí. Con los años, la palabra revolución se ha hecho sinónimo de preservación, y ha extraviado su natural capacidad de crecimiento, de desarrollo, de virarse al revés en cada ocasión que sea preciso. Una palabra de asentimiento ha sustituido a un proceso de cambio.
La actividad económica y social por cuenta propia sería, además, el batacazo final al dañino paternalismo socialista del subempleo. Tememos, dramáticamente, a los despidos, y reclamamos, en el fondo, la clonación de la engañosa política del subempleo. El sujeto se sienta todos los días en su oficina, de ocho a cinco, o, ya hoy, tal vez de nueve a cuatro, hace nada, o muy poco, y al final de mes, tendrá en el bolsillo trescientos pesos, con lo cual puede vivir un día de los próximos treinta. Cuando vaya al agromercado, y compre un poco de viandas, dos libras de carne de puerco, y algo de frutas, a bolina el sueldo de todo un mes. El resto del próximo periodo, 29 días, con sus noches, el sujeto tiene que inventar, tiene que janéarsela durísimo, para llevar la comida a su casa, para resolver el transporte. Tiene que inventar 29 días al mes para poder sobrevivir. Fue así que el mercado negro se convirtió en “el mercado”, los márgenes se hicieron centro, y la venta de pacotilla se convirtió en un oficio de supervivencia: los cubanos nos quitamos el dinero los unos a los otros, y así nos entretenemos hasta el año que viene. La vida es lo que está pasando mientras nos contentamos con vender un pitusa y una lavadora vieja, porque así podremos comer la semana entrante. La política del remiendo, de la salida desesperada, de la conformidad con la falta de expectativa económica y social nos ha abotargado durante demasiado tiempo. Nos ha detenido.
El subempleo fue haciendo que este país se volviera definitivamente holgazán, que muy poca gente trabajara de verdad, porque, total, pa’ qué voy a doblar el lomo, si con lo que me pagan a fin de mes, no voy a resolver nada. Ahora mismo Cuba es un país de la suspensión, donde la gente se inventa toda clase de excusas para no trabajar. Si en la panadería la señora que despacha no te atiende, y reclamas, prepárate a escuchar que ella tiene una situación muy difícil, dos niños chiquitos, y cuando lleguen las seis de la tarde, tiene que ir a fajarse con un P-no-sé-cuanto, para luego tener que inventar la comida. Si vas a una óptica, no puedes pasar porque están barnizando las maderas. Si te acercas a una notaría, el horario de almuerzo es de once a dos, y además, falta la tinta para enjugar los cuños. Si la maestra trató mal a tu hijo, y le reclamas, ella se lleva las manos a la cabeza y te dice: “pero mulato, ¿tú no sabes to’ lo que yo he pasa’o? Yo me di candela en el 2000, luego fui trabajadora social, y ahora soy maestra emergente, que lo mismo enseño Química que Historia de Cuba?, ¿qué más se le puede pedir a la vida? ¡Tu niño –tu niño no, tu monstrico- es un malcria’o y bien! ¿Cómo e’?”. No puede haber rigor, no puede haber ética, si no existe una solvencia mínima; si la gente no siente que trabaja por placer, como por una recompensa final menos frágil, y que al llegar a la casa no tendrá que ponerse a generar actos de prestidigitación para resolver la comida. Cuando llega la noche, cuando llega la mañana, el sujeto es pura obstinación: ¿cómo pudiera atendernos bien en la panadería?
¿Qué reclamamos cuando exigimos que ese “trabajador normal” sea recolocado en su “puesto de trabajo”? Estamos pidiendo el regreso de la inercia, el desorden económico, el país de la abulia que llegó hasta aquí. Para los humanos, todo tiempo pasado fue mejor. Nos vemos primorosos, sentados en la oficina, de ocho a cinco, o de nueve a cuatro, mirándonos las narices, haciendo cuentos de Pepito, o esos de un cubano, un ruso y un norteamericano, hasta que podamos salir a luchar un camello. ¿Por qué tiene que seguir siendo esa nuestra vida? Nuestra vida gris, que come ideales y merienda hamburguesas de rectitud ideológica. Y conste que lo escribe alguien que ha sido feliz, que ha vivido la vida que ha querido, y que ha podido o sabido encontrar razones importantes para evitar que la vida se vuelva un calvario. Pero que no tiene los ojos vendados.
Claro que será difícil. No hay capital. ¿A partir de qué se van a poder montar los pequeños negocios? Otra vez hay que inventar: pero más vale inventar unos meses, y generar la solvencia mínima, para que en los próximos años, ese negocio abra el camino económico, y la gente pueda respirar. Más vale inventar la posibilidad de invertir que confinarse a la inercia del no-pasa-nada, del inmovilismo, de la falta de expectativas de vida. Unos meses atrás, como parte de un debate, una exponente de las ciencias sociales decía, compungida, que le preocupaba que ciertos documentales críticos pudieran suscitar motines. A lo que respondí: ¿y el inmovilismo, la presión de la olla, no puede suscitar motines? ¿Cómo evitar que se nos venga encima la acumulación de impotencia y de frustración que tantos años de no-economía han ido depositando en la gente? Abriendo puertas; abriendo caminos. No hay de otra. Revolución no es mutilación; Revolución es cambio y sacudimiento. Ahora el reto consiste en que la apertura inevitable no renuncie a conquistas sociales importantes; pero, a fuerza de apostar a ese sostenimiento, hasta esas conquistas se han vuelto vulnerables, sin un soporte material que las facilite mínimamente. Durante años hemos clamado porque la letra oficial, la cartilla legal, abra espacios a la iniciativa privada, en el sentido de que un puesto de fritas no tumba un gobierno. Lo hemos logrado, lo estamos consiguiendo: el camino se aclara, se hace menos áspero, y entonces sobreviene la farsa de siempre cara al cubano. La tragedia. Despido es una palabra demasiado dura, una acción que nada tiene que ver con el socialismo. Invocamos el paternalismo socialista como el modo de regresar a ese momento en que éramos resguardados por la nebulosa del país, que nos acariciaba con el ventilador de la oficina y nos hacía inventar 29 días. Ahora, tendremos que inventar 29 meses, para invertir (no hay cubano sin invento), pero, se supone que, a la postre, llegará el oxígeno. ¿Qué preferimos: recrearnos en el melodrama del desempleo con tal de retomar el subempleo complaciente, o entender que se acabó el abuso, que al fin la gente va a tener que trabajar, que doblar el lomo, para salir adelante, y que se va a terminar el país del mango bajito? El temor a la empresa privada y los pequeños negocios es el temor al trabajo de verdad, a que se acabe el teatro, el simulacro, la burrocracia (he escrito burrocracia y no burocracia). Quedaremos expuestos a nuestra suerte, es cierto. Cada cubano tiene que labrarse el camino en la medida justa de su empeño, está claro. Y hasta hoy, ¿cuál ha sido nuestra suerte económica? Ahora, que tenemos la letra para desbrozar el camino; ahora, las lamentaciones. Es curioso que quienes llevamos muchos años doblando el lomo, cada quien en lo suyo, abracemos la posibilidad de la cuenta propia como una apertura natural. Para nosotros, no entraña peligro alguno, sino eso: una posibilidad. No creemos que sea panacea de nada, estado de albricias súbito y confortante. No. Pero constituye al menos una posibilidad para la sociedad cubana.
Dejémonos de tragedia, cubanos, que tragedia era vivir dormitando en la oficina, oyendo a Luis Miguel, y contándole al colega los últimos sucesos del barrio. Ahora nos damos cuenta de que la vida era lo que estaba pasando mientras el chisme y el brete nos consumían. Si perdimos la juventud con los boleros de Luis Miguel, o la retransmisión de las telenovelas, vueltas a ver en los televisores Panda, es esta la hora de suponer que mañana puede ser un día provechoso. Más que todo, productivo. Hay que ponerse pilas, hay que echar a andar los motores, hay que movilizar la imaginación, que el Estado no estará más para amparar a quien, enternecido, olvida que mientras entona o desentona Luis Miguel, afuera aguarda una cola de cuarenta personas. Preciso es romper la dependencia edípica al Estado. Si el Estado se cansó, más cansados debemos estar nosotros, y más deberíamos aprovechar la circunstancia de la opción de inventar para vivir y no para sobrevivir. Claro, hay un problema, un solo y enorme problema: hay que trabajar. ¿Cómo hacemos, en Cuba, para que trabajar vuelva a ser una virtud, un bien público y privado, y no un complejo de “trabajadores normales” que se sienten pillos cuando consiguen burlar al jefe? El susto de este minuto no es el susto ante el desempleo; es el susto ante el imperativo del trabajo, cuando vagar nos ha encantado. Al niño le han quitado la mochila, la merienda, la jabita de aseo y le han dicho: vamos, echa a andar. Primero aparece la incertidumbre, la protesta, el desconcierto. Después, se supone que, con el trabajo, la oportunidad de despegar.

Tomado de http://www.uneac.org.cu/index.php?module=opinion&act=opinion&id=72

lunes, 3 de enero de 2011

Entrevista de Ricardo Alarcon. TeleSur

El presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, Ricardo Alarcón, expresó que Cuba debe adecuar su modelo económico a la situación mundial actual, para de esa manera garantizar una profundización de la Revolución.
En entrevista concedida a teleSUR, Alarcón indicó que los cambios en el mundo obligan a Cuba a “adecuar, actualizar el modelo social, de manera que la Revolución continúe, se profundice, para construir un futuro mejor”.
Con respecto a ese proyecto de adecuación de la economía de Cuba, el líder del Parlamento del país antillano indicó que “no se van a privatizar la educación, ni la salud pública, ni se va a desmantelar el sistema de seguridad y asistencia social del que disponen y disfrutan todos los cubanos”.
En ese sentido explicó que “la etapa que vive Cuba y la realidad que vive el mundo obliga a los cubanos precisamente a salvar recursos, a ahorrar, a administrar mejor lo que tenemos, para poder seguir garantizando a todos el mínimo que nadie más fuera de esta Isla puede contar por seguro”.
Recordó que, en la actualidad, Cuba es objeto de un bloqueo económico impuesto unilateralmente por Estados Unidos en la década de 1960, lo cual también motiva al Gobierno cubano a modificar el modelo económico.
“Cuba es el único país de la tierra que es víctima de una guerra económica que cumple más de 50 años ya. Es en esas condiciones que tenemos que ajustar nuestro modelo”, dijo Alarcón en su diálogo con teleSUR.
A continuación, teleSUR ofrece el texto de la entrevista a Ricardo Alarcón:
P: ¿En qué momento se encuentra actualmente la Revolución?, ¿a dónde va?

R: Estamos en una fase muy importante en la que nuestro país trata de ajustar su proyecto económico y social tomando en cuenta los factores del mundo que la rodea, sobre la base de 50 años de experiencia y, hay que decirlo, de muchas realizaciones pero al mismo tiempo en un mundo que ha cambiado mucho y que nos obliga a adecuar, a actualizar -decimos nosotros- el modelo económico social nuestro, de manera de que la Revolución continúe, se profundice, no se trata de un regreso al pasado, eso es imposible, sino de construir un futuro mejor.

Raúl ha dicho que en estos momentos se trata de transformar conceptos erróneos en el socialismo y acerca del socialismo y dijo que tenía plena conciencia de los errores cometidos, ¿En qué falló la Revolución?

Los revolucionarios son, después de todo, seres humanos, y el socialismo es una aventura, es como un viaje hacia lo desconocido, hacia lo inexplorado. El capitalismo tiene una historia mucho más larga que el socialismo y nadie puede poner en duda que ha acumulado una cantidad de fracasos que lo sufren, lo sienten, centenares de personas en todo el mundo.
La aventura del socialismo es mucho más breve históricamente hablando, y además no nos olvidemos de que el socialismo cubano se ha tenido que realizar o intentar realizar durante medio siglo en condiciones de hostilidad extrema. Hoy Cuba es el único país de la tierra que es víctima de una guerra económica que cumple más de 50 años ya. Es en esas condiciones que tenemos que ajustar nuestro modelo. 
Alarcón, hay quienes ven una contradicción entre la política de justicia social que el Estado siempre ha tratado de garantizar en Cuba y algunas medidas de carácter social que tienen que ver con la eliminación de subsidios. ¿Qué opina sobre eso?

Nosotros estamos obligados a adoptar con el consentimiento de la gente mediante discusión paciente y pondedara con todos, la eliminación de algunas cosas que nos parecen excesivas en términos de gratuidad y ventajas para nuestra población, a las que nos hemos acostumbrado demasiado durante medio siglo, pero la idea precisamente es salvar las grandes conquistas que esa población ha alcanzado.
Aquí no se va a privatizar la educación, ni la salud pública, ni se va a desmantelar el sistema de seguridad y asistencia social del que disponen y disfrutan todos los cubanos, sin excepción. Ahora bien, la etapa que vive Cuba y la realidad que vive el mundo nos obliga a los cubanos precisamente a salvar recursos, a ahorrar, a administrar mejor lo que tenemos, para poder seguir garantizando a todos el mínimo que nadie más fuera de esta isla puede contar por seguro. 
Alarcón, las palabras de clausura del presidente Raúl Castro en la Asamblea Nacional fueron calificadas de apocalípticas por los enemigos de la Revolución y de esperanzadoras por los amigos de la Revolución. ¿Cuál es su valoración del discurso de Raúl en un momento como éste, cuáles son las principales ideas que pudieran estar en ese discurso?

Fue un discurso profundo, necesario, y además posiblemente uno de los dicursos de la historia de Cuba en los que el orador ha estado más identificado con el público, con la gente. Te puedo decir que he recibido hasta llamadas telefónicas de viejos amigos, que hacía años que no hablaba con ellos, para expresarme su sentimiento, su emoción, su identifiación plena con esas palabras.
Fue un discurso muy crítico, no fue autocomplaciento en absoluto, y por supuesto que la Revolución Cubana tiene muchas cosas de las cuales deberá estar siempre orgullosa, y los cubanos estaremos siempre orgullosos de lo que hemos alcanzado, pero no se trata de eso.
Para superar las deficiencias, para vencer los errores, para mejorar, hay que concentrar la atención en los defectos, en lo que anda mal, en lo que podemos y debemos superar con el concurso de todos y todas, y como se trata de eso, era muy importante, y creo que Raúl lo logró brillantemente, identificarse plenamente con lo que nuestra gente siente, con las preocupaciones de la gente y creo que ese es el gran mérito fundamental del discurso de Raúl, valiente, honesto, íntegro y sobre todo representativo del sentimiento común de la población cubana.

Ya comenzaron los debates, en el pueblo, sobre estos lineamientos a la política económica y social del país. Usted como presidente de la Asamblea Nacional del poder popular en Cuba, ¿qué información tiene sobre lo que más le preocupa al pueblo cubano en este momento?

En realidad se trata de un debate, de una discusión muy abierta, en la que muchas veces están presentes preocupaciones puntuales de problemas, dificultades, obstáculos en un lugar en concreto donde tiene lugar la discusión; y junto a eso los grandes temas generales, las preocupaciones más universales.
Yo creo que por una parte estos temas concretos de cada lugar son preocupaciones legítimas, comprensibles de nuestra gente o de algunos sectores de la población que tienen que preguntarse cómo va a ser la vida, las condiciones de su trabajo, su desenvolvimiento en la sociedad en condiciones que en muchos aspectos van a ser muy nuevas, sobre todo para la gente más joven. Los que tenemos ya cierta edad recordamos que Cuba no siempre tuvo este tipo de modelo económico.
El "cuentapropismo" en nuestro país existió siempre en un sector muy importante en nuestra economía y lo fue hasta el año 1968, ya bien entrada la revolución y ahora va regresar, regresa como un factor importante en la economía cubana pero con una gran diferencia: no serán trabajadores "informales", como les dicen en latinoamérica, serán trabajadores que tendrán salud, asistencia médica y seguridad social; incluso, jubilación y licencia por maternidad garantizada. ¡Es una gran diferencia!
Por primera vez va a haber una Conferencia Nacional del Partido Comunista Cubano en 2011, después del Congreso del partido, ¿qué se espera que se trate en esa reunión?

Decidimos separar en dos momentos dos cuestiones claves de la sociedad cubana. En primer lugar el Congreso se va a concentrar en los problemas de la economía y en los ajustes del modelo económico social cubano, y la conferencia del partido se va a concentrar sobretodo en la cuestión del papel del partido en la sociedad cubana, de su organización, de sus métodos y estilos de trabajo, área en la cual -el propio Raúl lo ha dicho con mucha claridad- también tenemos que hacer muchos ajustes.
Es decir, ver cómo se desarrolla en este mundo de hoy el trabajo político, ideológico, que es la función fundamental del partido, en condiciones nuevas y diferentes, y también que permita erradicar, eliminar, ciertas rutinas, esquemas, modos de hacer las cosas en las que tambien hacen falta cambios de concepto y de enfoques, que nuestra militancia seguramente lo manifestará. 
El VI Congreso del partido debe ser "por Ley de la vida", dijo Raúl, el último en los que estará la mayoría de los que integraron la generación histórica de la Revolución, Raúl también llamó a recuperar las ideas de Fidel. ¿Cuál es el principal desafió al que se enfrenta la Revolución en este 2011?

El principal desafío es la batalla económica, es cómo lograr perfeccionar una sociedad bloqueada, hostigada, la única del planeta en este momento que enfrenta una guerra económica. Luego, el desafío que tiene todo ser humano, todo ser viviente, que es precisamente la vida, que plantea unas limitaciónes biológicas y que plantea una renovación constante.
Es cierto que la generación histórica, la que participó en la lucha que condujo al derrocamiento de Batista y a la instauración del poder revolucionario, se va agotando, va terminando, pero no nos olvidemos que a esa generación le ha sucedido otra que también ha combatido, los jóvenes que pelearon en Angola, en playa Girón, los jóvenes que hoy mismo están cumpliendo misiones, internacinalistas que cumplen misiones muy delicadas en América Latina, en África, en Asia, en cualquier parte del mundo.
Es decir, ha habido una continuidad en el espíritu revolucionario inicial, por supuesto, con los cambios inevitables que implica la evolución generacional. Nadie puede pensar o imaginar que los hijos y nietos tengan los mismos gustos o estilos que los padres o abuelos, pero que tengan el mismo patriotismo y convicciones básicas, por supuesto que apostamos por eso.
Alarcón, ¿En qué momento se encuentra el proceso de los Cinco jóvenes presos en Estados Unidos?

Este año, 2011, va a ser crucial en este sentido porque en primer lugar el año comienza con un momento decisivo en el proceso extraordinario llamado habeas corpus que deberá dilucidarse sobre el caso del compañero Gerardo Hernández Nordelo.
El gobierno de Estados Unidos tiene como plazo el 31 de enero para responder a la petición que se presentó para que sea declarado inocente y se elimine todo cargo contra él, después habrá la respuesta de la defensa y en algún momento del año 2011 deberá producirse la decisión final, la última, no hay otra posibilidad en el sistema estadounidense, incluso ésta es la que llaman "proceso extraordinario", por eso nos parece muy decisivo este momento para él, el principal acusado de los Cinco, porque tiene la condena mucho más severa.
Los demás seguirán su proceso legal también, tienen secuencias distintas en el tiempo, de manera que será un año muy importante en la batalla legal, final en la práctica. Pero más importante que eso es que será el año en el que se pueda quebrar la muralla de silencio que ha cubierto este proceso y que es la única razón por la cual se sigue cometiendo esta injustica.
El gobierno del presidente Obama que prometió cambios tiene este año y el próximo, los que le quedan como presidente, ojalá sea reelegido, vamos a ver qué pasa. Él tiene que tomar la decisión, la única que puede hacer, y sabe perfectamente que la soluicón es que retire la acusación contra los cinco compañeros
Dos acusaciones, conspiración para cometer espionaje, que el tribunal desestimó pues saben que no existió, y el otro cargo contra Gerardo es conspiración para cometer asesinato en primer grado. El señor Obama lo único que tiene que hacer es solicitar la petición de emergencia que presentó el gobierno de Bush en mayo del 2001 donde dijeron por escrito que no tenían pruebas para sustentar esa acusación ¿Qué más le hace falta?.
Lo único que falta es voluntad política y ésa hay que generarla con la opinión pública y para eso hace falta que otros medios de información imiten a teleSUR y dejen de ocultar la verdad, dejen de ocultar las cosas importantes y permitan al pueblo de Estados Unidos conocer la verdad de este caso.

Muchas gracias, Alarcón, por sus palabras a teleSUR

sábado, 1 de enero de 2011

SOCIALISMO Y MERCADO EN LA ETAPA ACTUAL (PARTE III Y FINAL)

Por Alredo Gonzalez Gutierrez

III. REFLEXIONES FINALES

133. ¿Puede haber una sociedad solidaria a un bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas? Según Marx, la respuesta a esta pregunta era negativa. En La Ideología Alemana él expresa: "...este desarrollo de las fuerzas productivas constituye también una premisa práctica absolutamente necesaria, porque sin ella sólo se generalizaría la escasez y, por tanto, con la pobreza, comenzaría de nuevo, a la par, la lucha por lo indispensable y se recaería necesariamente en toda la miseria anterior."7  Marx también consideraba que la nueva sociedad vendría a partir de una contradicción irresistible a nivel mundial, y que sin la misma "...toda ampliación del intercambio acabaría con el comunismo local"8. La historia, siempre más rica que cualquier prefiguración de los hombres, ha abierto en nuestra época una compleja etapa de transición, donde la contradicción prevista por Marx está presente, pero aun no como una contradicción irresistible. Significa entonces que el desafío del socialismo en estos tiempos es mayor y que la necesidad de acertar en cuanto a una concepción adecuada a las circunstancias es más vital.
134. Para Marx la principal diferencia entre su concepción de la nueva sociedad y los socialistas utópicos era el carácter inevitable de esta nueva formación económico social. "Para nosotros el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que haya de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual."9
135. De algún modo, esta concepción progresista de que el capitalismo no era eterno y de que su existencia, al igual que la de cualquier otra formación era históricamente condicionada, se transformó en gran medida en una visión teleológica de la inevitabilidad del socialismo y de las etapas de la nueva sociedad comunista. Así para muchos, el avance hacia la justicia social implicaba la socialización de la propiedad a marcha forzada, a contrapelo del atraso y heterogeneidad de la base productiva. Esta visión fue en parte rectificada por Lenin, quien planteó la posibilidad de que el socialismo surgiera, no en los países más industrializados y ricos, sino en aquellos que constituían los eslabones más débiles en la cadena de países capitalistas. En su fecunda pero corta ejecutoria en la construcción socialista la enseñanza más incontrovertible que nos legó Lenin fue la necesidad de establecer una adecuada correlación respecto a las relaciones de producción y formas de propiedad, según la coyuntura histórica concreta.
136. En la actualidad la contradicción respecto a dicha visión teleológica de la sociedad socialista es aparentemente mayor, pues países que fueron durante décadas socialistas, realizan una transición inversa hacia el capitalismo, en tanto que el socialismo subsiste precisamente en países de un nivel bajo de desarrollo económico.
137. El capitalismo como sistema conduce a insuperables contradicciones, con una creciente alienación en que conviven un enorme derroche de recursos propio de las sociedades de consumo, junto con carencias extremas que afectan la salud y cobran la vida de millones de seres humanos. Adicionalmente, se avanza en el deterioro acelerado de la capacidad de sustentación del planeta, que amenaza la propia existencia humana. Frente a esta falta de viabilidad del capitalismo y a sus efectos nefastos en las condiciones de existencia material y espiritual del ser humano, la experiencia socialista cobra una dimensión universal como alternativa a la globalización neoliberal.


7 Carlos Marx y Federico Engels, La ideología alemana, Edición Revolucionaria, La Habana, 1966, p 35.
8Ibidem, p 35
9Ibidem, p 36.


138. A partir del poder político, el socialismo en la actual etapa histórica busca acelerar el desarrollo y establecer condiciones de solidaridad y justicia social en la sociedad. La relación con los países capitalistas se ha hecho más compleja, pues es necesario mantener en la esfera económica vínculos de complementariedad y beneficio mutuo de un determinado alcance; a la par que mantener una emulación que demuestre la posibilidad de un sistema más solidario —a cualquier nivel de desarrollo económico de que se trate— no sólo como posibilidad futura, sino también como ejemplo actual.
139. El atraso y heterogeneidad de la base productiva es un hecho que resulta necesario reconocer y que impone determinadas condiciones respecto a la propiedad y formas de distribución en la esfera de la producción. Un socialismo sin resultados económicos acordes a las aspiraciones de la población corre el riesgo de perder su poder de atracción y de inclinar la balanza hacia la búsqueda de estrategias personales. Por otra parte, las transformaciones en este eje de las relaciones de producción sólo podrán lograrse en una escala de tiempo histórico, cuando menos medible en décadas. Sin embargo, existen un
gran número de posibilidades en la propia esfera de la producción y en otras esferas que pueden dar expresión a los principios de solidaridad y de justicia social de forma creativa y con no poca efectividad. No se trata de avanzar de forma lineal hacia una sociedad idealizada, que en su expresión convencional en los manuales tiene aspectos bastante esquemáticos; ni tampoco tener que esperar a que el desarrollo secular y la abundancia eliminen por sí solos las contradicciones en la sociedad.
140. A mi juicio, cada proyecto socialista tiene posibilidades infinitas de avanzar dentro de su marco histórico hacia una sociedad más humana y solidaria, con tal de que se lo proponga y se reconozcan con objetividad las contradicciones que se enfrentan. Esto último, indispensable para no caer en los excesos del voluntarismo a que en ocasiones hemos sido proclives. Cabe cuestionarse, ¿por qué la solidaridad no puede ser expresada con tanta o más fuerza en la adversidad, que en la abundancia? Los nuevos programas sociales que buscan llegar a los miembros más desfavorecidos de la sociedad, las medidas adoptadas frente a los desastres naturales u otras encaminadas a atenuar los desniveles territoriales son algunos ejemplos de las posibilidades de expresar la solidaridad aun en condiciones austeras.
141. El planteamiento de considerar el socialismo como una alternativa contemporánea exige un examen más detenido de su atractivo en el campo de la batalla de ideas.
142. En el plano ideológico el liberalismo muestra fortalezas que no deben ser ignoradas, al igual que debe reconocerse que el socialismo ha tenido insuficiencias que han limitado la capacidad de convocatoria de sus ideas.
143. En primer término, el liberalismo es una doctrina que ha sido desarrollada y se ofrece con un enfoque inclusivo y hasta progresista, según la cual todos pueden llegar a ser millonarios o a adquirir los productos que se exhiben en las vidrieras. En la Cuba prerrevolucionaria ello se ejemplificaba en un lema comercial que alcanzó gran difusión:
¡Ud. sí puede tener un Buick!.
144. Aunque estadísticamente sea una certidumbre que tales oportunidades no se van a materializar para la inmensa mayoría de las personas a partir de un sistema cuya esencia es la polarización de la riqueza; desde el punto de vista de la experiencia personal las limitaciones al desarrollo individual que imponen dichas reglas de funcionamiento no son directamente apreciadas. Si una persona no logra sus objetivos en la vida, la tendencia es a considerar que se debe a una incapacidad personal y no a culpar al sistema.
145. Por otra parte, en el liberalismo la inequidad, los privilegios y otros abusos del sistema no son justificados en sí mismos, sino por medio de principios que puedan tener una mejor aceptación como la supuesta defensa de la libertad individual, la protección de la propiedad y otros.
146. En las sociedades socialistas ha ocurrido en una significativa medida lo contrario. La preocupación por asegurar las oportunidades para todos, premiar los comportamientos más meritorios y evitar la acumulación de riqueza privada, se ha expresado con frecuencia por medio de normas y prohibiciones explícitas. Lo que ofrece de forma universal la sociedad socialista tiende a ser descontado como un derecho natural, en tanto que no poder alcanzar determinadas aspiraciones individuales se aprecia en no pocas ocasiones como barreras impuestas por el sistema.
147. Por otra parte, también ocurre que tales prohibiciones, originadas en diversas consideraciones de índole política, social, de racionalidad del consumo, política energética u otras adquieren un efecto acumulativo, lo cual termina por configurar un entorno de restricciones excesivas; en no pocos casos insuficientemente explicadas, interna y externamente. A ello se agrega que la racionalidad de este tipo de medidas no está en el ámbito de lo personal, sino en su efecto social tomado de conjunto, lo que supone un proceso de asimilación más elaborado y mediato.
148. El hecho de que en el socialismo se gobierne por todos y para el bien de todos crea un importante potencial de participación de la población, como ciudadanos y como trabajadores, en la toma de decisiones. Sin embargo, este potencial, que brinda una diferencia cualitativa extraordinaria respecto a cualquier sociedad anterior, en la experiencia histórica muchas veces no se materializa; a lo que quizás contribuye la propia centralización de las decisiones económicas y los aparatos de dirección estatal que las implementan, que terminan por imponer una racionalidad global, sin margen para una participación activa de los niveles de base y de la distinta racionalidad asociada a las diversas situaciones locales.
149. Este aspecto del engarce del individuo con la sociedad en el socialismo, es esencial para el perfeccionamiento de la propia sociedad socialista, pero en condiciones de emulación con el capitalismo adquiere una acrecentada urgencia histórica.
150. No debe olvidarse que el capitalismo es el primer régimen económico social en que se logra que la explotación y la exclusión económica se presenten bajo la forma de relaciones contractuales voluntarias. Se puede consumir o no consumir, trabajar o no trabajar, caer o no en la indigencia, pero todo ello a partir de una supuesta soberanía de las decisiones
individuales. Ello ofrece una aparente flexibilidad a las personas que no debe permitirse sea utilizada como punto de contraste, cuando por el contrario es en el socialismo, con el desarrollo de todos, que el individuo puede encontrar su más plena libertad y sentido de realización.
151. En las condiciones actuales, debe además tomarse en cuenta que el capitalismo en países de alto nivel de desarrollo puede brindar cierto tipo de oportunidades que no están presentes en un país socialista de aun bajo desarrollo económico, lo cual facilita la confusión en algunas comparaciones. Establecer la correlación para niveles de desarrollo equivalentes y para la generalidad de las personas, y no para casos minoritarios, requiere de una cadena de razonamiento más compleja de lo que en ocasiones brinda la experiencia inmediata.
152. La experiencia muestra que las dificultades para mantener una dinámica de avance social en condiciones de bajo desarrollo económico y de influencia del capitalismo internacional no son pocas, y que en esas circunstancias se hace necesario un proceso acelerado de perfeccionamiento de la sociedad socialista, así como un elevado y activo papel de la política en el mantenimiento y desarrollo de una orientación socialista. En el plano ideológico se hace evidente que la construcción del socialismo requiere de un ciudadano más culto y de más elevada formación política, y que esto no es un lujo sino una necesidad imprescindible en las actuales condiciones históricas.
153. Por otra parte, aunque puede existir una relativa independencia entre lo ideológico y lo económico, y entre lo social y lo individual, para lograr una viabilidad a largo plazo, estos aspectos tienen que encontrar una adecuada complementación. En especial, resulta esencial lograr en el socialismo no sólo que se alcancen los efectos sociales positivos de carácter más general, sino también una adecuada apertura de posibilidades para el desarrollo individual.
154. Reconocer las exigencias del atraso en la base económica, y continuar avanzando de forma creativa en el perfeccionamiento de nuestra sociedad socialista; potenciar el desarrollo cultural, educacional y político; y vincular la experiencia socialista a su dimensión universal en este mundo en que nos corresponde vivir, son enseñanzas reales que nos ha legado el período especial; tal vez muy inmediatas para conceptualizarlas adecuadamente, pero demasiado trascendentes para ignorarlas. Sin dudas, un nuevo eje de desplazamiento que tendrá importancia creciente en los próximos años, y que nos devuelve una visión más realista y creativa de lo que significa desarrollar una alternativa socialista en la etapa actual. Sirvan las presentes notas para destacar algunas de estas enseñanzas, así como contribuir al debate en torno a cuestiones tan trascendentes para el futuro de nuestro país.




Anexo 1

1) SOCIALISMO, MERCADO Y ECONOMÍA NEOCLÁSICA CONVENCIONAL

La discusión sobre el modelo de funcionamiento económico en el socialismo tiene más de sesenta años. Pareto y Barone mostraron que las condiciones de equilibrio para una economía socialista podía expresarse por medio de un sistema de ecuaciones simultáneas y que los precios resultantes de tales ecuaciones podían utilizarse como base para una contabilidad económica racional. Hayek y Robbins plantearon la imposibilidad práctica de resolver un conjunto tan grande de ecuaciones y, por tanto, la inviabilidad económica de un sistema de planificación socialista. Como colofón a dicha polémica, Oskar Lange sugirió como solución un mecanismo de mercado en el marco de una economía socialista, que por un proceso empírico de prueba y error permitiera una convergencia hacia los precios de equilibrio. Si la demanda excedía la oferta, la autoridad de planificación elevaba los precios de dichos productos, y cuando ocurría lo contrario, se bajaban; con lo cual se eliminaba la imposibilidad técnica planteada.
Más adelante, la realidad histórica del socialismo desplazó la discusión hacia otros temas más vinculada a la práctica real. La proporcionalidad basada en los balances materiales resultó una especie de dual del problema de los precios. Fue una alternativa exitosa hasta cierto punto, pero que por lo mismo contribuyó a que se relegaran las categorías de valor; pérdida de información que a la larga resultó decisiva.
La economía neoclásica convencional tuvo poca cosa trascendente que decir en el plano académico sobre el tema de los sistemas económicos alternativos hasta que el teorema de Lange Lerner Taylor brindó el sorprendente resultado de que en un sistema basado en la propiedad estatal de los medios de producción, pero que utilizara los precios para la asignación de los recursos en forma similar a una economía de mercado, se obtenía un óptimo similar al considerado en los teoremas Arrow Debreu, expresivos del paradigma central de la economía neoclásica. Este resultado teórico sobre la prescindencia de la clase capitalista —anclado en las propias premisas de la economía neoclásica— ha causado no pocos quebraderos de cabeza a los teóricos del neoliberalismo.
Posteriormente la economía neoclásica convencional sufrió fuertes embates provenientes de los desarrollos teóricos relacionados con la llamada economía institucional y los nuevos paradigmas teóricos asociados a la información. Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, realizó una valoración del aporte de estos nuevos conceptos al debate sobre la efectividad de los sistemas económicos alternativos, para lo cual estructuró su análisis sobre la base de las virtudes y fallas que a la luz de los mismos, presentan el mercado y el Estado en su función económica.
En sus conclusiones, Stiglitz no va más mucho más allá de apartarse de las posiciones neoliberales sobre un Estado minimalista. Sin embargo, debe reconocerse que en el plano teórico conceptual su análisis destaca una serie de aspectos altamente pertinentes para el funcionamiento de un sistema socialista, como son los relacionados con los incentivos, la innovación, la separación de la administración y la propiedad, la competencia, los precios y la descentralización.

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