"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

jueves, 20 de enero de 2011

Mercado capitalista y mercado socialista

La descomposición de los centros imperialistas continúa agudizándose y la recesión económica se profundiza rápidamente a pesar de todos los planes de “rescate” y de las “inyecciones de liquidez en los mercados” que, nos decían hace apenas unos meses, solucionarían el problema de la crisis financiera y evitarían el contagio a la economía real de las “disfunciones de los mercados”.

Sin embargo, ahora constatamos que mientras los bancos y las grandes empresas financieras, inmobiliarias e industriales reciben enormes cantidades de dinero para sanear temporalmente sus finanzas y garantizar sus escandalosos beneficios, el aumento del desempleo en los Estados Unidos y en Europa demuestra que, una vez más, los gobiernos de los capitalistas hacen pagar los costes de su propia incompetencia, de su corrupción , de sus trampas financieras y de las gigantescas estafas piramidales, a los trabajadores que ven como se destruyen cada día miles de puestos de trabajo.

Las teorías económicas simplistas y reaccionarias que sustentaron el neoliberalismo, y la noción absurda y acientífica de que el mercado capitalista, libre del nefasto intervencionismo del Estado, resolvería todos los problemas, llevaron a la continuada reducción del nivel de ingresos de los trabajadores y a un desequilibrio, cada vez mayor, entre los beneficios de los capitalistas y la capacidad de consumo de las clases populares.

El resultado de esta política de trasvasar recursos de la clase obrera a la burguesía en los Estados Unidos y Europa, y de los países dependientes a los centros imperialistas en todo el mundo, que ha permitido amasar inmensas fortunas y mantener porcentajes de beneficios extraordinarios a la banca especuladora imperialista y a las grandes empresas multinacionales, no es otro que ¡arruinar a sus propios clientes!

Política miope, estúpida y suicida que lleva a la autodestrucción económica por la vía de restarle capacidad de compra a todos aquellos que, a través del consumo, mantienen la actividad productiva y comercial y, en definitiva, todo el ciclo de la economía generadora de empleo y de riqueza, en los ámbitos de la producción, la distribución y el consumo.

Dicen que los mentirosos terminan siempre por creerse sus propias mentiras. Los burgueses imperialistas y los políticos, economistas y hasta filósofos (incluyendo a muchos intelectuales de la “nueva izquierda”) que trabajan a su servicio directa o indirectamente, se inventaron, en su momento, aquella tontería de la “economía de libre mercado” como contrapunto a la “economía planificada” que se atribuía a los países socialistas donde, de forma absurda y antimarxista, se mantenía la “teoría” de la inexistencia del mercado y de la consiguiente inoperancia de sus leyes, descubiertas y desentrañadas precisamente por Carlos Marx y Federico Engels.

Curiosamente, de la misma manera que no puede existir una planificación económica eficaz sin el uso de las leyes del mercado (de hecho “planificar” no es, en definitiva, más que una forma de regular el mercado) tampoco es cierto que exista ni haya existido nunca un “mercado libre”.

Por el contrario, el mercado es siempre, por definición, regulado por un sinfín de normas, restricciones, reglamentos, leyes, aranceles, tributos, tasas e impuestos de todas clases. La diferencia entre el mercado capitalista y el mercado socialista no reside ni en su inexistente “libertad”, ni en la pretendida inoperancia de sus leyes objetivas.

La única diferencia esencial entre el mercado en el sistema capitalista y en el régimen socialista de transición hacia la sociedad comunista (donde el mercado no será ni libre ni regulado sino que simplemente dejará de existir), es que mientras en el primero todas las normas y regulaciones están pensadas y encaminadas a beneficiar a la clase de los capitalistas y a perpetuar e intensificar la dominación y la explotación de los trabajadores asalariados y los pequeños productores, en el sistema socialista el mercado se regula y se planifica, (planificación que, insistimos, no es más que una forma de regulación) en beneficio de los trabajadores, en un contexto político y social totalmente distinto de la sociedad capitalista.

A diferencia de cualquier Estado burgués que, independientemente de su forma más o menos democrática o dictatorial, es siempre en esencia una dictadura de la burguesía, en el Estado socialista, donde también independientemente de su forma más o menos democrática o dictatorial, impera esencialmente la dictadura del proletariado, el mercado y su regulación y planificación es un instrumento en manos de los representantes de la clase obrera para desarrollar las fuerzas productivas, recuperar el retraso técnico y científico con respecto a los países más avanzados hasta superarlos, y demostrar la superioridad de la sociedad socialista, no sólo en el aspecto ético-moral sino también en el científico-productivo.

El problema actual en los Estados que conforman los principales centros imperialistas, particularmente los Estados Unidos y la Eurozona, es que la ciega e irracional tendencia de sus clases burguesas dominantes a aumentar e intensificar la explotación de la fuerza de trabajo, tanto en sus propios países como en las colonias y naciones dependientes, les ha llevado a la situación absurda de que ya no encuentran quien compre sus productos.

Y al descenso de las ventas ¿cómo responden? ¿Aumentando el poder adquisitivo de la mayoría de la población para reactivar el consumo? ¡No! La anarquía inherente al sistema capitalista hace que cada empresario trate de resolver su propio problema ¡despidiendo a una parte (o a la totalidad) de sus trabajadores!

El resultado general de la actuación egoísta de cada capitalista provoca, en el conjunto de la economía, la contracción material y sicológica del consumo y la consiguiente agudización de la recesión, que avanza imparable hacia la catástrofe económica. Es decir que a la economía capitalista le está ocurriendo aquello tan conocido de que entre todos la mataron y ella sola se murió.

De momento parece que el sistema resiste. El barco hace agua pero no se hunde. Pero sólo se trata de la calma que precede a la tempestad. El desempleo aumenta sin parar. Cualquiera puede comprobar que las oficinas del INEM ya están desbordadas. Se duda de que se puedan pagar todas las prestaciones por desempleo y los subsidios de miseria que prolongan, no para todos, los pagos durante cierto tiempo.

Pero ¿qué va a pasar cuando se empiecen a agotar los plazos de cobro de estas prestaciones, sumado a los nuevos parados que la propia crisis genera constantemente?

Entre los lacayos del sistema empieza a cundir el pánico. Algunos están ya alarmados por las consecuencias sociales de la inminente profundización brusca de la crisis, que se espera para mediados de este año. Aunque pocos se atreven a pronunciarse públicamente, ya se oyen algunas voces atemorizadas.

Hablan de conflictos sociales, de revueltas y motines públicos. Saben que cuando el pueblo no tenga qué comer asaltará los supermercados y saqueará las tiendas. Tiemblan, y con razón, los intermedios, los socialdemócratas, los oportunistas, los izquierdosos. Temen que llegue el momento en que desaparezca su cómodo lugar de neutrales y pacifistas y se vean obligados a pronunciarse. Porque soluciones para resolver la crisis económica no tendrán, pero los “cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado”, (del Estado capitalista, se refieren) están ya preparándose para “cualquier emergencia de desafío a la paz social y al orden constitucional”.


(*) Pedro Brenes es militante del Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias (PRCC)

miércoles, 19 de enero de 2011

Mercado y socialismo del siglo XXI


Por Francisco Umpierrez

El 16 de septiembre del año en curso Rebelión publicó un artículo de Víctor Flores Olea titulado “China: ¿Socialismo de mercado?”, donde critica el socialismo de mercado, el consumismo y el mercantilismo en general; y defiende una sociedad socialista con una planificación de su economía con los siguientes rasgos: democrática, radical y abarcadora. No estoy nada de acuerdo con la concepción de Víctor Flores. De manera que expondré punto por punto esos desacuerdos.
Socialismo pobre y socialismo rico
Según parece Víctor Flores formuló a unos jóvenes chinos que trabajaban en el sector servicio la siguiente pregunta: ¿Piensan que China es un país socialista o capitalista? Y le contestaron que esa pregunta pertenecía al pasado. Respuesta que disgustó a Víctor Flores. Después les formuló una segunda pregunta: ¿viven ahora mejor que antes y más felices? Y esta fue la respuesta: “ahora lo pasamos mejor que nuestros padres, puesto que en el pasado trabajaban 12 horas diarias, tenían salarios muy reducidos, no había grandes tiendas para comprar, y la vida era demasiado modesta y tradicional”.
Aunque es tradicional en la izquierda decir que hay que escuchar a las masas, en verdad no se les escucha si lo que dicen va en contra de lo que el intelectual de turno de izquierda piensa. Está claro lo que dicen esos jóvenes. Quieren disfrutar de la vida, quieran grandes tiendas donde comprar, quieran trabajar menos horas y quieren hacer una vida más rica y moderna. Deng Xiaoping, que era ejemplar en cuanto estilo de vida asceta, comprendió que el socialismo que se había construido hasta el momento en China era un socialismo pobre. De ahí que promoviera reformas económicas para que China se convirtiera en una sociedad socialista rica.
¿Quiénes son los creadores de la riqueza? Los trabajadores. Pues en razón son ellos quienes tienen que disfrutar de la misma. ¿Qué joven proletario del mundo no ha pensado en la forma de enriquecerse para que sus padres puedan disfrutar de la vida? ¿Tiene sentido preguntarse si esto es capitalismo o socialismo? Por supuesto que no tiene sentido. El único sentido que tiene es que todo el mundo quiere ser feliz. Y para ser feliz hay que tener dinero. Y el dinero está para gastarse: para comprarse una buena casa, tener un buen coche, comer los fines de semana en un buen restaurante y disfrutar de unas buenas vacaciones. La riqueza está para disfrutarla. Y deben disfrutarla sus creadores: los trabajadores. El socialismo no es ascetismo. ¿Cómo queremos atraer a la juventud para la causa socialista si le prometemos un socialismo austero y pobre? De ningún modo.
La sociedad occidental y el consumismo
Escuchemos de nuevo los argumentos de Víctor Flores: “Las generaciones de la Nueva China ingresan atropelladamente a la sociedad del mercado, como lo hacen masiva y confusamente los jóvenes de todo el mundo, pensando en su realización presente sin mirar al pasado, ni siquiera de reojo. La presencia de occidente es imprescindible para las nuevas generaciones, con sus formas de vida y estilos, lo que en realidad significa la aproximación al capitalismo, o si se quiere la plena incorporación de China al sistema y la universo consumista”.
Si una persona pasea por las calles de París, por la cual yo nunca he paseado aunque me gustaría hacerlo, verá espectaculares edificios, grandes tiendas, bonitas prendas de vestir, y un sinfín de valores de uso más. Pero todo eso que ve no son ni más ni menos que productos del trabajo. Están producidos bajo un régimen capitalista, pero esto no quita que sigan siendo productos del trabajo. El burgués verá toda la riqueza que se pueda contemplar en las calles de París como una obra del capitalismo, pero la persona de izquierda la verá como una obra del trabajo. Es lo mismo que sucede con los grandes castillos medievales. El burgués ve al rey que lo mandó a construir, pero el socialista ve a los trabajadores que lo crearon.
Cuando Víctor Flores ve a la sociedad de consumo occidental, no ve a los trabajadores comprando la riqueza que ellos mismos han creado, sino a una masa informe, inconsciente, haciendo una vida capitalista. Y de ese modo, aunque no sea consciente de ello, Víctor Flores les hace el juego a los capitalistas, quienes al ver que un trabajador tiene un buen sueldo, una buena casa, un buen coche y una buena vestimenta, lo llama capitalista. No ven en ese hecho algo conquistado por los trabajadores, sino una concesión del capitalismo.
La cuestión clave del capitalismo está en que unas personas se apropian del trabajo de otras y no en el nivel de consumo. Quien consume el dinero que ha ganado por su trabajo, tiene todo el derecho a hacerlo y debe hacerlo con total libertad. Mientras que quienes consumen el dinero que han obtenido apropiándose del trabajo ajeno, no tienen “el derecho” a hacerlo. En el socialismo de la Vieja China había demasiada uniformidad, muy poca variedad, nada de diversidad. Y todo eso estilo de consumo generaba una vida triste y aburrida. Mientras que en el socialismo de la Nueva China hay variedad y diversidad. Y todo eso alegra la vida de las masas y las divierte. ¿Quién ha dicho que el socialismo debe ser aburrido y triste? Sólo los que tienen una concepción vieja del socialismo y lo identifican con el ascetismo.
El socialismo de mercado
Escuchemos por tercera vez a Víctor Flores: “Se ha hablado del “socialismo de mercado”: en la práctica resulta una contradicción en sus términos y la historia habría probado su fracaso. Sobre todo en relación con el supuesto “hombre nuevo”, que originaría la educación, la formación y la sociedad socialista. Todo indica que el mercado es el mayor destructor de la solidaridad humana que postula el socialismo, y el real origen de la “lucha de todos contra todos” de Hobbes, que tendría lugar sobre todo en la ineludible realidad del mercado”.
La solidaridad humana no lo postula el socialismo, al menos el socialismo obrero, en todo caso lo postula el socialismo burgués. La solidaridad, la fraternidad, la libertad y la igualdad son conceptos de la burguesía. En la solidaridad se trata de que las personas que tienen mucha riqueza entreguen una parte de la misma a las personas que tienen poca riqueza. La solidaridad es también un llamamiento a la conciencia de los pueblos ricos para que ayuden a los pueblos pobres. Pero esto no es socialismo obrero, sino socialismo burgués.
Lo que quiere el socialismo obrero es que el derecho de propiedad se base en el trabajo propio y no en la apropiación de trabajo ajeno. No se trata de que el rico le de al pobre una parte de sus excedentes, sino de que el rico devuelva al pobre el trabajo que éste ha creado y aquél se ha apropiado. Puesto que el capitalismo es aquel sistema económico que permite a unos hombres apropiarse del trabajo de otros hombres.
El mercado no es el real origen de la “lucha de todos contra todos” del que hablara Hobbes. Este supuesto lo planteaba Hobbes para demostrar la necesidad del Estado. Si no hay Estado, entonces todos lucharán contra todos. Y el mercado nunca puede ser planteado en estos términos. De todos modos el mercado actual no es un mercado de libre cambio sino un mercado monopolista. Son los pocos quienes luchan contra los pocos para repartirse el mercado mundial. Los muchos, los todos, quedan fuera de esa lucha en el mercado.
El mercado, como las mercancías y el dinero, no es una creación del capitalismo. Existía en la sociedad esclavista y en la sociedad feudal. Y al igual que no hay una contradicción en los términos en el mercado esclavista y en el mercado feudal, tampoco lo hay en el mercado socialista. Mercado socialista significa, entre otras cosas, que cada empresa es responsable de sus propias pérdidas y ganancias. Mercado socialista significa que si una empresa de propiedad estatal o propiedad colectiva produce un tractor que no sirve, el resto de las empresas tienen la libertad de decidir no comprarlo. La esencia del socialismo frente a la esencia del capitalismo no está en el mecanismo económico que se emplea, el plan o el mercado, sino en la propiedad predominante sobre los medios de producción. Socialismo de mercado supone, por lo tanto, dos esencias: una, que las empresas mayoritariamente están en manos públicas, y dos, que el mecanismo económico que se emplea para desarrollar las fuerzas productivas es el mercado.
La planificación
Escuchemos por cuarta vez a Víctor Flores: “¿Es posible el desarrollo sin mercado? O todavía: ¿cuál es el resultado del socialismo sin mercado o con planificación estricta? La historia también nos la revela en colores sombríos: sociedades sin libertad y democracia. Faltaría entonces realizar el sueño de muchos socialistas: el de la planificación plenamente democrática, radical y abarcadora”.
Víctor Flores confunde y mezcla el ámbito de la economía con el ámbito de la política. Pero aclaremos previamente algunas cuestiones básicas. La planificación no es una creación del socialismo sino de los monopolios. Son las grandes empresas transnacionales quienes lo planifican todo, lo calculan todo y lo precisan todo antes de invertir. Saben con precisión las condiciones económicas y políticas existente en el lugar donde instalan sus empresas y saben de antemano el mercado que van a abarcar y cuáles son sus competidores. El mercado donde hay una mano invisible que lo armoniza todo, del que hablara Adam Smith, no existe en el mercado mundial actual. El mercado actual es un mercado monopolista: un mercado controlado por unas pocas empresas gigantescas. Por lo tanto, ha sido y es el propio capitalismo en su fase monopolista quien demuestra la necesidad de la planificación.
En lo que respecta a la planificación en los países socialistas hay que decir la verdad y no ilusionar a la gente. Escuchemos a Xue Muquiao en su obra Problemas de la Economía Socialista China, en su primera edición de 1981: “En China, solamente unos cuantos centenares de productos, que sobrepasan un poco la mitad del PNB, son manejados directamente por la Comisión de Planificación Estatal”. Escuchen bien lo que dice Xue Muquiao: sólo se planifica un centenar de productos. ¿Por qué? Porque la planificación no lo puede abarcar todo, porque hay millones de productos con un sinfín de variedades y especificaciones. De ahí que la propuesta de Víctor Flores de promover una sociedad socialista con una planificación abarcadora sea un tremendo error. La experiencia ha demostrado con creces que esto es imposible de hacer.
Pero pongamos un ejemplo para que todo el mundo comprenda el problema. Pensemos en los productos que vende una ferretería. Pensamos sólo en la variedad de los tornillos. ¿Cómo se puede planificar todo eso? ¿Cómo saber todos los tornillos en cantidad y variedad que necesita todas las empresas y particulares del país durante un año? Imposible saberlo. Mientras que por medio del mercado este problema se resuelve fácilmente. El problema de la planificación, su falta de eficacia frente al mercado, no se debe a su carácter estricto, sino a que sólo es recomendable para algunos productos básicos y para empresas de gran envergadura.
Pasemos ahora a la propuesta de Víctor Flores de que la planificación debe ser democrática. Pongamos otro ejemplo. Supongamos que en una panadería se rompe un tren de elaboración. El técnico analiza la máquina y observa que un motor se quemó. ¿Qué se hace ahora? ¿Reunimos a todos los trabajadores en asamblea para que decidan democráticamente si se compra el motor? Yo creo que esto es un sinsentido. Se necesita un motor y hay que comprarlo y cuanto antes mejor. Hay que producir pan y la gente tiene que comer pan. Y con nada de esto tiene que ver la democracia. No puede mezclarse los mecanismos económicos y sus necesidades con el sistema de gobierno y sus necesidades.

martes, 18 de enero de 2011

El problema de los precios en la actividad por cuenta propia

Por Renato Recio

En uno de los comentarios que ha recibido el artículo Cuba 2011: la eliminación de los subsidios y la asistencia social , un lector que se firma como Eliseo Álvarez del Toro expresa su preocupación por el alza de precios que pueden decidir los trabajadores por cuenta propia en sus producciones y servicios, motivados por la eliminación de subsidios a determinados artículos, con la cual se gravaría aún más a la población, pero de forma indirecta.
Álvarez del Toro afirma que el día 3 de enero los espirituanos amanecieron con un aumento del 300 % en el pasaje de los coches tirados por caballos.
En opinión del lector, en la ciudad de Sancti Spíritus existe una dependencia muy alta de los coches para el movimiento de la población, inclusive de los trabajadores.
“Si a este aumento de los precios en los coches usted le suma los artículos de aseo personal y el alza de la tarifa eléctrica para los que convivimos en un núcleo numeroso (+ de 160 Kw), es para preocuparse.”
Me parece que las ideas que ha planteado el lector en su comentario son interesantes, capaces de inspirar el debate y el razonamiento económico, aun cuando no podamos saber hasta qué punto la información que ofrece sobre el precio de los coches se ajusta a la realidad.
Son planteamientos interesantes porque Cuba se adentra como nunca antes después de medio siglo, en las complejidades del mercado para que rija un universo significativamente grande y creciente de actividades económicas y lo hará enfrentando un sinnúmero de debilidades y no pocas barreras mentales aunque, sin dudas, con un capital humano privilegiado por una cultura superior a la media de cualquier país con un desarrollo económico similar.
Se trata, junto con buscar el beneficio de incrementar la oferta de productos y servicios, de propiciar una vía de empleo que contribuya a la ubicación de decenas de miles de trabajadores y de liberar al Estado de la responsabilidad y el patrocinio de actividades de la microeconomía en las cuales está prácticamente condenado a la ineficiencia.
Es previsible que en el camino que comienza se trate de proteger en lo posible el desarrollo natural de la ley de la oferta y la demanda en la pequeña economía privada que no tiene significaciones estratégicas, puesto que la experiencia general de las economías centralizadas y la de Cuba en particular, ha demostrado que en esas áreas el intento sistemático de regular los precios suele con frecuencia desalentar la oferta de productos y servicios, contraer la eficiencia y alimentar las acciones ilegales.
Sin embargo ni en las economías capitalistas más rancias y más neoliberales del planeta han dejado de utilizar la regulación estatal (directa o indirecta) para manejar la oferta, la demanda y los precios.
El gobierno cubano no cometería pecado alguno si ejerciera su facultad de regular en algunos casos determinados precios, sobre todo en aquellos nichos del mercado donde más difícil resulte la acción competitiva, un elemento capaz de actuar en beneficio de los precios.
Sabemos que en la Cuba actual no se encuentran todos los elementos que hacen funcionar armónicamente un sistema monetario-mercantil, pero desde ahora sería bueno tener presente que es ley del mercado, en su forma más pura e ideal, que así como el comprador busca siempre la más alta calidad al menor precio, los que ofertan necesitan, en la competencia con sus pares por prevalecer en el mercado, satisfacer la demanda en calidad y precio, sin dejar de maximizar sus ganancias por la vía de la eficiencia en la producción o el servicio.
Si los cocheros de una ciudad cubana decidieran de un día para otro triplicar los precios de los servicios que prestan a la población, no estaríamos presenciando un caso de competencia entre transportistas, sino más bien el resultado de una práctica bien ajena al comportamiento de la oferta y la demanda, algo así como que se pusieran de acuerdo para dictar un superprecio para una superganancia, aunque sacaran del mercado a montones de usuarios que no podrían afrontar semejante costo para ir al trabajo o para ir a un hospital a ver un enfermo. De esa forma, contrayendo la demanda, los cocheros trabajarían menos ganando más, pero la eficiencia de otros sectores económicos y de la vida social se lastimaría.
Yo no veo que la subida de los precios de los artículos de aseo, de las tarifas de electricidad o del combustible, incluso el aumento de los impuestos, pueda ser causa real de una supuesta y loca subida de precios en los servicios que prestan los cocheros. Esa es una actividad que no consume energía eléctrica ni combustible y no hay caballo que se bañe con jabón o se lave la boca con pasta dental.
Tampoco los impuestos, que evidentemente disminuyen el margen de ingresos netos, ni de lejos han sido elevados al nivel que según el lector habrían alcanzado en Sancti Spíritus los precios del transporte en coche.
De todas formas, si en algún territorio del país se diera un caso similar al que aquí se ha descrito, es decir, que de pronto se lleve a cabo una descomunal subida de precios sin causa económicamente fundamentada dentro de una actividad socialmente importante, siempre habrá que pensar muy detenidamente lo que se debe hacer para resolver el entuerto.
Lo primero es dialogar con los que subieron concertadamente el precio de sus producciones y servicios.
Luego quizás vendría a la mente la posibilidad de establecer un precio máximo que fuera suficientemente ganancioso y estimulante para los que ofrecen un producto o un servicio, sin que llegue a ser demasiado abusivo para los usuarios.
En definitiva situaciones como esas se resolverán del mejor modo solo cuando haya un mayor equilibrio entre la oferta y la demanda, es decir, cuando aumente la producción y/o lo servicios a un nivel significativo.
Pero eso lleva tiempo. Ya se sabe que en los primeros momentos no contará el país con los suficientes insumos que necesitan los cuentapropistas para, por ejemplo, fabricar más bicitaxis, los que puestos en servicio reforzarían una opción válida de transporte local en competencia con los coches.
Con estas notas quizás se haya visto, al menos un poquito, cómo el comentario del lector Eliseo Álvarez del Toro podía sugerir algún razonamiento, aun sin poseer todos los matices y verificaciones de la información que nos brindara.

domingo, 16 de enero de 2011

Haz tu propuesta: ¿Qué hacer si Google nos censura?

 
no-mas-censura-restablezcan-a-cd
¡No más censura en Youtube. Restablezcan Cubadebate!
Cubadebate ha recibido decenas de comentarios y propuestas solidarias para responder a la agresión de Youtube, que eliminó el canal con nuestros videos el pasado miércoles 13 de enero. Nos parece que no solo son válidas para nosotros, sino para cualquier medio alternativo e internauta que pueda ser víctima también de la censura de Google. Aquí van algunas ideas que han llegado a nuestra redacción y los invitamos a hagan sus propuestas, para compartirlas.
ENTRE TODOS SOMOS MÁS FUERTES.

Yoko Vidal Carril

Director/Producer
Neuquén, Argentina
Produce Visual Arts events.

Vean el Acta de derechos de copia de USA 1976:
http://www.copyright.gov/title17/
Aquí se establece la cláusula de “uso justo”, sin pagar derechos, siempre que no sea con fines comerciales:
http://www.copyright.gov/title17/92chap1.html#107
Vean artículo 107.
Teniendo en cuenta esta Clausula, lo hecho por Youtube es ilegal según las leyes de USA. Cubadebate puede usar imágenes libres, siempre que no sea con fines comerciales, como es el caso.

sábado, 15 de enero de 2011

Por qué las madres chinas son superiores

Por Amy Chua
[Chua]
Amy Chua con sus hijas, Louisa y Sophia, en su casa en Connecticut.
Mucha gente se pregunta cómo los padres chinos crían niños tan estereotípicamente exitosos. Se preguntan qué hacen esos padres para producir tantos genios matemáticos y prodigios musicales, cómo funciona la familia por dentro y si es un modelo imitable. Bueno, yo les puedo responder porque lo hice. Estas son algunas de las cosas que mis hijas, Sophia y Louisa, nunca tuvieron permiso para hacer:
- Ir a dormir a la casa de amigas.
- Quedar con los amigos para jugar.
- Participar en una obra de la escuela.
- Quejarse por no poder participar en la obra de la escuela.
- Mirar televisión y jugar con videojuegos.
- Elegir por sí mismas sus actividades extracurriculares.
- Tener una calificación inferior a excelente.
- No ser las número 1 en todas las asignaturas con la excepción de gimnasia y teatro.
- Tocar un instrumento que no sea piano o violín.
- No tocar el piano y el violín.
Estoy utilizando el término "madre china" con flexibilidad. Conozco algunas madres coreanas, indias, jamaiquinas, irlandesas y ghanesas que también entran en la categoría. A la inversa, conozco a algunas madres de origen chino, casi siempre nacidas en Occidente, que no son "madres chinas". También utilizo el término "padres occidentales" con holgura. Los padres occidentales vienen en todas las variedades.
En cualquier caso, incluso cuando los padres occidentales piensan que están siendo estrictos, normalmente no están ni cerca de ser una "madre china". Por ejemplo, mis amigos occidentales que se consideran severos hacen que sus hijos practiquen sus instrumentos 30 minutos al día. Una hora como mucho. Para una madre china, la primera hora es la parte fácil. Son la segunda y la tercera hora las que se ponen difíciles.
A pesar de nuestra aprensión a los estereotipos culturales, hay muchísimos estudios que evidencian diferencias marcadas y cuantificables entre los chinos y los occidentales a la hora de criar a sus hijos. En un estudio de 50 madres occidentales estadounidenses y 48 madres chinas inmigrantes, casi 70% de las estadounidenses dijo que "enfatizar el éxito académico no es bueno para los niños" o que "los padres tienen que alimentar la idea de que aprender es divertido". En contraste, aproximadamente 0% de las madres chinas opinaba lo mismo. En cambio, la gran mayoría de las madres chinas respondió que creían que sus hijos podían ser "los mejores" estudiantes, que "los logros académicos reflejan que están siendo buenos padres" y que si los niños no brillaban en la escuela había "un problema" y sus padres "no estaban haciendo su trabajo". Otros estudios indican que en comparación con los padres occidentales, los chinos dedican aproximadamente 10 veces más tiempo a repasar actividades académicas con sus hijos. En contraste, es más probable que los niños occidentales participen en deportes de equipo.
Lo que los padres chinos entienden es que nada es divertido hasta que uno logra ser bueno en algo. Para eso, hay que trabajar y por iniciativa propia los niños nunca quieren trabajar, por lo cual es crucial ignorar sus preferencias. Esto frecuentemente requiere entereza por parte de los padres porque el niño se resistirá; las cosas siempre son más difíciles al comienzo, motivo por el que los padres occidentales tienden a darse por vencidos rápidamente. Pero si es aplicada correctamente, la estrategia china produce un círculo virtuoso. La práctica tenaz es fundamental para la excelencia; la repetición está subvalorada en Estados Unidos. Una vez que un niño comienza a destacarse en algo (ya sea matemáticas, piano o el ballet), recibe elogios, admiración y satisfacción. Esto alimenta su confianza y hace que la actividad que no era tan divertida lo sea.
Una vez cuando era joven, cuando me mostré extremadamente irrespetuosa con mi madre, mi padre enojado me llamó "basura" en nuestro dialecto nativo Hokkien. Me sentí terrible y profundamente avergonzada por lo que había hecho. Pero no dañó mi autoestima ni nada por el estilo. Yo sabía bien el alto concepto que tenía de mí.
Ya de adulta, una vez hice lo mismo con Sophia, llamándola "basura" en inglés cuando fue muy impertinente conmigo. Cuando mencioné durante una cena lo que le había dicho, fui inmediatamente marginada. Una asistente quedó tan afectada que comenzó a llorar y se fue temprano. Susan, la anfitriona, trató de reintegrarme al grupo de las demás invitadas.
El hecho es que los padres chinos pueden hacer cosas que serían inimaginables —incluso legalmente cuestionables— a ojos de los occidentales. Las madres chinas pueden decirles a sus hijas: "Eh, gordita, debes perder un poco de peso". Al contrario, los occidentales tienen que andar con los pies de plomo, hablando en términos de "salud" para que, al final, sus hijos terminen necesitando terapia igualmente por sufrir desórdenes alimenticios y con una autoestima por los suelos.
Tres diferencias
He dedicado mucho tiempo a pensar en cómo pueden salirse con la suya los padres chinos. Pienso que hay tres grandes diferencias entre las mentalidades de los padres chinos y los occidentales.
La primera es que he notado que los occidentales están muy ansiosos por la autoestima de sus hijos. Les preocupa cómo se sienten si fracasan en algo y constantemente intentan reafirmar a los niños sobre lo buenos que son en algo, aunque su desempeño en una prueba o un recital haya sido mediocre. En pocas palabras, a los padres occidentales les preocupa la psiquis de sus hijos. A los chinos, no. Asumen que son fuertes, no frágiles y, como resultado, se comportan de manera muy diferente.
Los padres chinos exigen notas perfectas porque creen que sus hijos pueden sacarlas. Si el niño no las saca, el padre chino asume que es porque el hijo no trabajó lo suficiente. Es por eso que la solución a un desempeño por debajo de la norma sea siempre reprobarlos, castigarlos y avergonzarlos. El padre chino está convencido de que su hijo es lo suficientemente fuerte como para aceptar la vergüenza y mejorar a partir de ella. A su vez, cuando los niños chinos se destacan, los padres se explayan con generosidad en halagos y elogios.
La segunda diferencia es que los padres chinos creen que sus hijos les deben todo. Se asume que los niños chinos deben pasar su vida pagando a sus padres, obedeciéndolos y haciendo que se sientan orgullosos. Por el contrario, no creo que la mayoría de los occidentales tenga la misma opinión respecto a que los niños tienen una deuda permanente con sus padres. Mi marido, Jed, en realidad tiene la opinión contraria. "Los niños no eligen a sus padres", me dijo una vez. "Ni siquiera eligen venir al mundo. Es la responsabilidad de los padres cuidarlos. Los hijos no les deben nada a los padres. Su deber será para con sus propios hijos". A mí, eso me parece un mal negocio para cualquier padre occidental.
La tercera es que los padres chinos creen que saben lo que es mejor para sus hijos y por lo tanto ignoran sus deseos y preferencias. Esa es la razón por la que las hijas chinas no pueden tener novios en la secundaria y por la que los niños chinos no se van de campamento.
Los padres occidentales tratan de respetar la individualidad de sus hijos, alentándolos a seguir sus verdaderas pasiones, respaldando sus opciones, reforzándolos positivamente y proporcionándoles un entorno enriquecedor. Por el contrario, los chinos creen que la mejor forma de proteger a sus hijos es preparándolos para el futuro, haciéndoles ver de lo que son capaces, armándolos con habilidades, disciplina de trabajo y confianza que nadie les podrá arrebatar.
—Amy Chua es catedrática de la Facultad de Derecho de Yale y autora de "El mundo en llamas". Este ensayo es un extracto de "Battle Hymn of the Tiger Mother" (algo así como 'El himno de batalla de la madre tigresa') de Amy Chua.

jueves, 13 de enero de 2011

Bernanke ve una recuperación, pero la condiciona a la prosperidad de las pymes

Por Luca Di Leo y Alan Zibel
WASHINGTON (Dow Jones)--La economía de Estados Unidos parece estar mejorando, pero sólo se logrará una recuperación total cuando las firmas pequeñas comiencen a prosperar, señaló el jueves el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke.
Bernanke indicó que la economía debería expandirse este año a un saludable ritmo de entre un 3% y un 4%, pero eso no será suficiente para reducir el alto nivel de desempleo.
En un panel con líderes políticos y del sector empresarial, Bernanke instó a los bancos a alcanzar el equilibrio correcto, asegurándose de no otorgar más préstamos incobrables y otorgar financiamiento a aquellas compañías que lo merecen.
"Queremos empresas que son viables y que tienen buenos planes de negocios y mucha experiencia que les sirva de ayuda para obtener créditos", dijo Bernanke a un pequeño foro empresarial.
[Bernanke]
Los problemas de crédito que resultaron en la peor crisis financiera desde el desplome de Wall Street en 1929, están disminuyendo, pero están lejos de haber desaparecido. Los bancos comenzaron a relajar algunos estándares para otorgar créditos a mediados de 2010, un año después del fin de la recesión, pero los préstamos siguen siendo difíciles de obtener bajo los estándares históricos. Eso es particularmente perjudicial para las firmas pequeñas, que dependen de créditos bancarios para una gran parte de su financiamiento.
Bernanke indicó que el 2011 será "un mejor año para los préstamos a empresas pequeñas" y destacó que las "cosas dejaron de empeorar y están mejorando un poco".
Aunque muchas grandes compañías han repuntado, generando fuertes ganancias, las firmas pequeñas siguen siendo el punto débil de la recuperación. Las firmas pequeñas representan alrededor de la mitad de la economía del sector privado.

miércoles, 12 de enero de 2011

Sobre los cambios en Cuba

Por Humberto Herrera Carles
Los cambios que se realizan en Cuba, se hacen con cierto retraso, pero son bienvenidos por el pueblo cubano, que pedía a gritos una oportunidad más amplia de participación en su proceso social socialista. Este es el inicio de transformaciones que abarcaran la vida toda de la mayor de la Antillas.
Las reacciones internacionales, sobre todo de la prensa más conservadora, va dirigida en tres direcciones: uno, en apostar que los cambios serán un fracaso, dos, que los cambios no son socialistas y  tres, que tienen que existir cambios en lo político para que Cuba elimine sus problemas.
Con todas las insuficiencias que podamos tener, el hecho mismo de sobrevivir mas de veinte años a la demolición del campo socialista, en condiciones de bloqueo, de crisis globales  y cierto aislamiento relativo al no contar con los otrora aliados del CAME, demuestra que el proyecto tiene saldo favorable, y por encima de cualquier otra consideración tiene capacidad para autodefinirse, renovarse y perfeccionarse.
Un aspecto importante constituye la base social del proyecto socialista cubano, el pueblo en tanto que ente mas critico, es al mismo tiempo la garantía de cualquier transformación. Las opiniones y el debate que se hacen, son dentro del Socialismo, sin embargo, hay un punto débil, por absurdo que parezca, que hay que aterrizar, no hay una definición integral de que es socialismo y qué socialismo es el que queremos los cubanos; de cierta forma se ha simplificado en la práctica su concepto a justicia social, salud y educación gratis, emancipación de la mujer, razas y aceptar pasivamente el tutelaje estatal en toda la vida cotidiana del cubano como dueño de la propiedad social sobre los medios de producción.
El socialismo no es deseo divino, ni  voluntad caprichosa, es ante todo una formación económica social que tiene necesariamente que ser superior en lo económico, político y social al capitalismo y que este fundamentado su desempeño con pruebas científicas y demostraciones prácticas. De nada vale que diseñemos un paraíso teórico, sino sabemos como alcanzarlo o que hay que hacer y en que plazos para sí obtenerlo.
Los lineamientos, que son solo eso y no una formulación exacta de todas y cada una de las cosas que hay que hacer, tienen la virtud de ser perfectibles y están enmarcados en la situación concreta que vive el país, es una guía, por lo que no es algo acabado y tendrá que actualizarse constantemente, y al parecer  reformularse cada cinco años con los Congresos del PCC.
Es importante conocer que la teoría marxista del Socialismo o mejor la concepción materialista de la historia y la plusvalía  surgió como proceso del desarrollo del capitalismo, como el modo de producción que iba a canalizar y estructurar de manera consciente y planificada  las incongruencias del modo precedente. La vida ha demostrado que las cosas no ocurrieron así, incluso siguiendo el hilo del pensamiento pudiéramos decir que los países capitalistas desarrollados con fuerte carga social  e intervención del Estado como Suecia, están más cerca del pronostico marxista, que otros países llamados socialistas.
¿Cual es el derrotero a seguir en los países subdesarrollados como Cuba, en la construcción del socialismo sino hemos alcanzado los niveles de vida de los países capitalistas desarrollados? La respuesta a esta pregunta tiene muchas aristas, incluida aquella que deberíamos desarrollar relaciones capitalistas para que fuera “necesario” el Socialismo.
Robert Owen, socialista utópico,  mantuvo durante 29 años su empresa-comuna donde al final terminó siendo más eficiente que sus similares capitalistas, pero era un nicho que al exportarse, fracasó, demostrándose que la voluntad de los individuos puede hacer mucho, pero al final de cuenta, la economía las rigen leyes objetivas de la producción material y hay que respetarlas, y para respetarlas hay que conocer su funcionamiento.
Cuba, con deformaciones económicas y sociales por su periodo de neocolonia de los Estados Unidos hasta 1959, en un breve periodo como 50 años, ha tenido experimentos que han funcionado y otros que han sido un fracaso; el saldo es positivo, pero no suficiente para que declaremos victoria, esta aun muy lejos ese día, hay que perfeccionar mucho nuestra economía y  apenas estos lineamientos representan, más que todo, la voluntad para encontrar definitivamente el camino.

martes, 11 de enero de 2011

¿Qué nos depara el 2011?

Por : Joseph E.Stiglitz

EconomíaLa economía global termina el 2010 más dividida que a comienzos del año. Por un lado, los países con mercados emergentes como India, China y las economías del Sudeste Asiático están experimentando un crecimiento fuerte. Por otro lado, Europa y Estados Unidos afrontan un estancamiento -de hecho, un malestar al estilo japonés- y un desempleo tenazmente altos. El problema en los países avanzados no es una recuperación sin empleo, sino una recuperación anémica. O peor, la posibilidad de una recesión de doble caída.
Este mundo de dos pistas plantea algunos riesgos inusuales. Mientras que la producción económica de Asia es demasiado pequeña para impulsar el crecimiento en el resto del mundo, puede bastar para hacer subir los precios de las materias primas.
Mientras tanto, los esfuerzos de parte de Estados Unidos por estimular su economía a través de la política de “alivio cuantitativo” pueden fracasar. Después de todo, en los mercados financieros globalizados, el dinero busca las mejores perspectivas en todo el mundo, y estas perspectivas están en Asia, no en Estados Unidos. De manera que el dinero no irá adonde se lo necesita, y gran parte de ese dinero terminará donde no se lo quiere, causando mayores incrementos en los precios de los activos y las materias primas, especialmente en los mercados emergentes.
Dados los altos niveles de desempleo en Europa y en Estados Unidos, es poco probable que el “alivio cuantitativo” suponga un brote de inflación. Podría, en cambio, aumentar las ansiedades sobre la futura inflación, derivando en tasas de interés más altas a largo plazo, precisamente lo contrario del objetivo de la Reserva Federal.
Este no es el único riesgo de impacto negativo, ni siquiera el más importante, que afronta la economía global. La mayor amenaza surge de la ola de austeridad que arrasa al mundo, mientras los gobiernos, particularmente en Europa, afrontan los grandes déficits originados por la Gran Recesión y mientras la ansiedad sobre la capacidad de algunos países para cumplir con sus pagos de la deuda contribuye a la inestabilidad de los mercados financieros.
El resultado de una consolidación fiscal prematura está casi anunciado: el crecimiento se desacelerará, los ingresos impositivos disminuirán y la reducción de los déficits será decepcionante. Y, en nuestro mundo globalmente integrado, la desaceleración en Europa exacerbará la desaceleración en Estados Unidos, y viceversa.
En una situación en la que Estados Unidos puede pedir prestado a tipos de interés bajos sin precedentes, y frente a la promesa de altos beneficios por las inversiones públicas después de una década de negligencia, resulta claro lo que se debería hacer. Un programa de inversión pública a gran escala estimularía el empleo a corto plazo, y el crecimiento a largo plazo, lo que al final redundaría en una deuda nacional menor. Pero los mercados financieros demostraron su miopía en los años que precedieron a la crisis, y lo están volviendo a hacer, al ejercer presión para que se realicen recortes del gasto, incluso si eso implica reducir marcadamente las inversiones públicas necesarias.
Es más, el atasco político asegurará que sea poco lo que se haga respecto de los otros problemas acuciantes que tiene ante sí la economía estadounidense: las ejecuciones hipotecarias probablemente sigan con toda su furia (dejando de lado las complicaciones legales); es probable que las pequeñas y medianas empresas sigan privadas de fondos, y es posible que los bancos pequeños y medianos que tradicionalmente les ofrecen créditos sigan luchando para sobrevivir.
En Europa, mientras tanto, es poco probable que las cosas vayan mejor. Europa finalmente logró salir al rescate de Grecia e Irlanda. En las vísperas de la crisis, ambos países estaban regidos por gobiernos de derecha marcados por un capitalismo de connivencia o peor, lo que demostraba una vez más que la economía de libre mercado no funcionaba en Europa mejor de lo que lo hacía en Estados Unidos.
En Grecia, como en Estados Unidos, la tarea de limpiar el desorden recayó sobre un nuevo gobierno. Tal vez como era de esperar, el Gobierno irlandés que alentó un préstamo bancario imprudente y la creación de una burbuja inmobiliaria no fue más apto para manejar la economía después de la crisis que antes.
Dejando la política de lado, las burbujas inmobiliarias dejan tras de sí un legado de deuda y de sobrecapacidad productiva en el mercado de bienes raíces que no se puede rectificar fácilmente, sobre todo cuando bancos políticamente conectados rechazan reestructurar las hipotecas.
En mi opinión, intentar discernir las perspectivas económicas para el 2011 no es una cuestión particularmente interesante: la respuesta es sombría, con escaso potencial alcista y mucho riesgo bajista. Más importante es: ¿cuánto tiempo les llevará a Europa y a Estados Unidos recuperarse y pueden las economías de Asia aparentemente dependientes de las exportaciones seguir creciendo si sus mercados históricos languidecen?
Mi mejor apuesta es que estos países mantendrán un crecimiento rápido en la medida en que viren su foco económico hacia sus mercados internos, vastos e inexplorados. Esto exigirá una reestructuración considerable de sus economías, pero tanto China como India son dinámicas y dieron pruebas de resiliencia en su respuesta a la Gran Recesión.
No soy tan optimista respecto de Europa y EE.UU. En ambos casos, el problema subyacente es una demanda total insuficiente. La máxima ironía es que existen simultáneamente una capacidad productiva excesiva, vastas necesidades insatisfechas y políticas que podrían restaurar el crecimiento si usaran esa capacidad para satisfacer las necesidades.
Tanto Estados Unidos como Europa, por ejemplo, deben adaptar sus economías para encarar los desafíos del calentamiento global. Hay políticas factibles que funcionarían en el contexto de limitaciones presupuestarias de largo plazo. El problema es la política: en Estados Unidos, el Partido Republicano preferiría ver fracasar al presidente Barack Obama antes que ser testigo de un éxito económico. En Europa, 27 países con diferentes intereses y perspectivas tiran en direcciones diferentes, sin suficiente solidaridad para compensar. Los paquetes de rescate son, desde esta perspectiva, logros impresionantes.
Tanto en Europa como en Estados Unidos, la ideología de libre mercado que permitió que crecieran las burbujas de activos de manera descontrolada -los mercados siempre saben más, así que el gobierno no debe intervenir- ahora les ata las manos a los responsables de formular las políticas a la hora de articular respuestas efectivas a la crisis. Uno podría haber pensado que la crisis en sí misma socavaría la confianza en esa ideología. Por el contrario, ha vuelto a salir a la superficie para arrastrar a gobiernos y economías por el sumidero de la austeridad.
Si la política es el problema en Europa y Estados Unidos, sólo cambios políticos probablemente los vuelvan a colocar en el sendero del crecimiento. De lo contrario, pueden esperar hasta que la amenaza de sobrecapacidad productiva disminuya, los bienes de capital se vuelvan obsoletos y las fuerzas restauradoras internas de la economía pongan a funcionar su mágica gradual. En cualquiera de los casos, la victoria no está a la vuelta de la esquina

lunes, 10 de enero de 2011

China prepara "operación de rescate" para Europa

El viceprimer ministro chino, Wang Qishan, ha declarado su respaldo a los esfuerzos que realiza la Unión Europea en apoyar a los países de la eurozona que atraviesan dificultades. “Son esfuerzos que tarde o temprano provocarán el efecto deseado”, aseguró. Y cómo no: si tiene bajo la manga una solución real de alivio para la deuda europea, con más de 900.000 millones de dólares en efectivo, disponibles para adquirir los bonos de deuda soberana que causan tantos dolores de cabeza a Bill Gross y Mohamed El-Erian, los ejecutivos de Pimco que el lunes abogaron por la salida del euro de Grecia, Irlanda y Portugal.
Las declaraciones de Wang Qishan, realizadas ayer en la tercera edición del Foro Económico China-UE, se suman a las que hizo Hu Jintao en Portugal hace dos semanas, y a las que hizo hace un mes en Grecia el Primer Ministro Wen Jiabao. Como fue reconocido por el comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, Oli Rehn: “Apreciamos el apoyo de China en este gran esfuerzo que busca salvaguardar la estabilidad financiera de Europa”. .

Si bien este año ha sido titubeante para China, las altas tasas de crecimiento y al auge que ha tomado la demanda agregada, le ha obligado a poner un freno de cautela a su economía para evitar la creación y propagación de burbujas. Con este objetivo el mes pasado elevó la tasa de reservas bancarias al 18,5 por ciento. Un dato que marca una gran diferencia con los países occidentales en los que la tasa bancaria está en el 2% (lo que significa que los bancos multiplican 50 veces la base monetaria real).
Nadie desconoce a estas alturas que la estabilidad lograda por China durante la crisis se debe al plan de estímulo por 585 mil millones de dólares impulsado en noviembre de 2008, tras la G-20 de Washington. La diferencia crucial con Europa y Estados Unidos fue que mientras estos países se dedicaron a rescatar a instituciones financieras, China se dedicó a apoyar a empresas sólidas y creadoras de empleo. Por eso China puede ahora tender una mano a Europa con su problema de los bonos de deuda soberana.
La actitud protagónica que ahora toma China con los países europeos, la realizó a lo largo del siglo XX Estados Unidos, principalmente tras las dos guerras mundiales. Al término de ambos conflictos, siempre fue Estados Unidos el que tendió la mano, cobrando, por cierto, su libra de carne. De hecho, Gran Bretaña terminó de pagar su parte de los comprimisos a Estados Unidos hace apenas una década. Y los bancos estadounidenses se beneficiaron mediante la financiación de ambos lados de la campaña, como lo dio a conocer el investigador inglés Antony Sutton en 1980. Esta vez, y en tiempo de paz, China ofrece su ayuda financiera a Europa, y quita a Europa un gran problema de encima. Es probable que también exija su libra de carne en base a acuerdos comerciales. Pero en las actuales circunstancias, Europa está dispuesta a todo con tal de aliviar la presión que se cierne sobre su deuda. Además, es una clara demostración de que la hegemonía global va desplazándose hacia oriente, donde China tomará las riendas.
Esta auténtica operación de rescate, no deja de ser relevante en una Europa convulsionada por los ataques especulativos y sitiada por los anuncios de las agencias de calificación de riesgo. Justo en los momentos en que Moody y Fitch han degradado nuevamente la calidad de la deuda de España y Portugal, China hace oídos sordos a esos anuncios demostrando que son informaciones ridículas e interesadas. Tan interesadas como los turbios arreglos que involucraron a Lehman Brothers con Ernst & Young, para engañar a la gente.
Como he señalado en otros artículos, las agencias de calificación han desempeñado un rol patético: No fueron capaces de advertir la enorme crisis de los créditos basura, y luego, en vez de aliviarla, le agregan más combustible castigando a los países que cometieron el error de creer sus dichos como un dogma… Mientras más pronto se decidan los gobiernos a terminar con esta farsa, mejor será para la humanidad.
Por eso que la operación de rescate de China, con sus 900 mil millones de dólares en efectivo, será es un golpe lo suficientemente potente como para adormecer la propuesta lanzada el lunes por Pimco de que Grecia, Irlanda y Portugal deben abandonar el euro. El fondo del gobierno chino, China Investment Corporation, tiene un arsenal muy poderoso para ganar la batalla especulativa que encabezan Bill Gross y Mohamed El-Erian.
Y aunque Estados Unidos ha sido y es el mayor cliente de China, esta vez es Europa la que se lleva el premio. Con esta operación, China proclama su salida de las inversiones en deuda pública de Estados Unidos, que le permitieron el gran despilfarro. El gigante asiático ha sido el gran financista de la primera economía del planeta. Pero las debilidades que acusa esta economía han quedado al descubierto: Estados Unidos se asfixia por deudas que se reproducen día a día, y que no tiene como pagar, dando comienzo a un proceso de largo y continuo deterioro imposible de revertir.

Marco Antonio Moreno

viernes, 7 de enero de 2011

En busca de un modelo económico post-crisis

Tras una recesión que no lograron predecir, los economistas se replantean las bases intelectuales sobre las que se construyen

Por Mark Whitehouse
El físico Doyne Farmer piensa que deberíamos analizar la economía igual que estudiamos las epidemias y el tráfico. El psicoanalista David Tuckett cree que la clave para los vaivenes del mercado está en las obras de Sigmund Freud. A su vez, el economista Roman Frydman cree que nunca podremos pronosticar con exactitud lo que pasará con la economía.
Pese a que sus ideas pueden parecer divergentes, estos tres expertos tratan de resolver un acertijo con el que esperan catalizar una revolución en la economía: ¿cómo entender un mundo que ha demostrado ser mucho más complejo que lo que asumían los modelos más avanzados?
La pregunta dista de ser académica. Durante décadas, la mayoría de los economistas, incluyendo los presidentes de los bancos centrales más poderosos del mundo, han dado por sentado que la gente es lo suficientemente racional y que el funcionamiento de los mercados es lo suficientemente fluido, como para que el conjunto de la economía pueda ser reducida a un puñado de ecuaciones. Luego transforman estas fórmulas en modelos matemáticos con los que intentan imitar la conducta de la economía. Desde Washington a Fráncfort, pasando por Tokio, los modelos son utilizados a la hora de tomar decisiones cruciales para todo, desde el nivel adecuado de las tasas de interés hasta la regulación de los bancos.
Luego de la crisis financiera y una dura recesión que los modelos no lograron predecir, un creciente número de economistas está comenzando a cuestionar las bases intelectuales sobre las que se construyen. Investigadores están comenzando a ofrecer una serie de ideas con las que esperan formar los bloques para construir un nuevo paradigma.
[Farmer] Rick Scibelli, Jr.
J. Doyne Farmer
Algunas de las voces más reconocidas del mundo académico aseguran que las nuevas ideas están fuera de la corriente principal de pensamiento por una buena razón: están todavía muy lejos de producir un modelo que haya probado ser mejor que el status quo.
"Me parece que esperaré hasta ver lo que pueden y no pueden hacer estos modelos", dice Robert Lucas, un economista de la Universidad de Chicago que ganó el premio Nobel por su trabajo sobre las "expectativas racionales", el concepto en tela de juicio por la ortodoxia moderna.
Los modelos de hoy emergieron de su propia revolución. En la década de los 70, los economistas querían entender la forma en que las decisiones de política económica, como subir los impuestos o recortar las tasas de interés, podían cambiar el comportamiento de la gente. También estaban ansiosos por someter sus propios razonamientos a la implacable lógica económica.
Así que poblaron sus modelos con gente racional que pudiera calcular el valor de varias opciones y optar por el mejor camino.
Al traducir las preferencias de las personas en ecuaciones, y determinar el punto en que coinciden con las de empresas y otros implicados, los modelos predecían una trayectoria exacta para la economía. Esto los convierte en una herramienta atractiva para los economistas, que pueden limitarse a introducir una modificación en los tipos de interés y ver exactamente cómo afectaba toda la producción de un país para los próximos años.
El problema, dice Farmer, es que los modelos tienen poca relación con la realidad. La gente no es tan racional como asumen los modelos, señala. Farmer apunta a un defecto quizás mayor en la estructura matemática de los modelos. Un modelo típico como el de "equilibrio general dinámico estocástico" —así llamado porque incorpora los elementos de tiempo y cambios al azar— consiste en unas cuantas, a veces decenas, de ecuaciones relacionadas entre sí, que deben concordar antes de que el modelo pueda ofrecer una solución. Si las ecuaciones se vuelven demasiado complejas, los modelos tienen dificultades para encontrar el punto en el cual todas las preferencias de los actores de la economía se encuentran.
[Tuckett] Global Economic Symposium
David Tuckett
Para mantener las cosas simples, los economistas suelen dejar fuera partes importantes de la realidad. Antes de la crisis, la mayoría de los modelos no incluía bancos, cesaciones de pago ni mercados de capital, un hecho que resultó problemático cuando golpeó la crisis financiera. Normalmente incluyen solamente familias, empresas, bancos centrales y el gobierno.
La propuesta de Farmer consiste en crear una simulación compleja por computadora como las que utilizan los científicos para modelar los patrones climáticos, las epidemias y el tráfico. Con suficiente respaldo de las computadoras, estos modelos basados en los distintos agentes económicos pueden incluir a millones de actores individuales, que no tienen por qué ser racionales o estar de acuerdo unos con otros.
La parte difícil es crear reglas que tengan relación con la realidad. Con ese objetivo, Farmer y tres economistas (Robert Axtell, de la Universidad George Mason; John Geanakoplos, de la Universidad de Yale, y Peter Howitt, de la Universidad Brown) tienen la esperanza de incluir a decenas de expertos en conducta de los consumidores, inversionistas y empresas, en un proyecto masivo de construcción de un modelo.
Idear mejores reglas que expliquen la conducta humana requerirá que los investigadores caven más profundo en la psique humana, dice Tuckett, profesor de la University College de Londres. En concreto, está investigando cómo las necesidades inconscientes y los miedos pueden causar grandes altibajos en los mercados financieros. Extensas entrevistas con gestores de dinero lo han llevado a afirmar que dado que algunos instrumentos financieros son tan volátiles y difíciles de valorar, disparan la tendencia humana a fantasear. Valiéndose de la jerga de Freud, llama a esos activos financieros "objetos fantásticos", que la gente ve alternativamente como capaces de cumplir sus sueños de riqueza y poder o totalmente repulsivos e inútiles.
Los modelos económicos necesitan tener en cuenta la forma en que los cambios de la conducta de la gente varían con el contexto psicológico. Cuando la gente está fantasiosa, es capaz de concederle un valor astronómico a lo que sea, desde tulipanes holandeses hasta complicados valores vinculados a las hipotecas. Tuckett quiere crear una encuesta de cómo piensan distintos inversionistas, con la que construir un modelo basado en agentes, parecido al que está desarrollando Farmer.
[Frydman] Roman Frydman
Roman Frydman
Por su parte, Frydman, profesor de la Universidad de Nueva York, no ofrece una manera mejor de hacer predicciones. En su lugar, cree que los economistas y autoridades deben asumir los límites de su conocimiento. A su juicio, lo mejor que pueden hacer es limitar las fluctuaciones extremas. Un banco central podría, por ejemplo, establecer parámetros indicativos para los precios de activos como las acciones, los bonos y las casas. Si los precios superan esos parámetros, los compradores potenciales habrán sido advertidos que están tomando un riesgo agregado y podrían pensárselo dos veces.
Farmer cree que los modelos tradicionales siempre serán útiles para ciertos tipos de análisis, pero no es optimista respecto a que vayan a proveer la solución completa.
 
Fuente: WJS

jueves, 6 de enero de 2011

LA ACTIVIDAD ECONÓMICA Y SOCIAL POR CUENTA PROPIA SERÍA EL BATACAZO FINAL AL DAÑINO PATERNALISMO SOCIALISTA DEL SUBEMPLEO

"El susto de este minuto no es el susto ante el desempleo; es el susto ante el imperativo del trabajo"

La Revoluciòn cubana se mueve criticamente sobre si misma. Frei Betto.

Por Rufo Caballero:
No hay política sin coyuntura, sin movilidad de la circunstancia, pero tampoco hay política sin luz larga, sin la capacidad de ver más allá de la bodega. En las últimas semanas, he leído varios textos de enfoque trágico sobre los “despidos” (palabra que suena a terror social, de ese que no encuentra consuelo ni en el chicuelo de Chaplin) y la tendencia a la reducción de plantillas en el ámbito laboral cubano. Algunos viven la tragedia como necesidad histórica (haga lo que haga Cuba, eso está mal: Cuba es la nube negra; ergo, palo porque boga y palo porque no boga); otros, emiten sus juicios de buena fe, preocupados por el abandono de que será objeto el cubano sin-techo; ahora sin techo laboral.
Durante muchos años, algunos intelectuales hemos insistido en que tiene que existir la manera de conciliar Revolución y economía, emancipación e instrumentalidad, soberanía y sociedad civil, socialismo y movimiento del soporte material de la vida social. Para los que están en los extremos, resulta fácil: hacen parte de la línea dura, según la cual la menor apertura significa una brecha por donde se iría todo, todo cambio carenaría en la glasnost tropical, en una perestroika más caótica aún en tierras de la maraca y el cocotero (para estos, está bien pagar el precio del inmovilismo y que la gente no respire); o pasan de cualquier opción que se aviste en el horizonte cubano, si esta es encauzada por la Revolución. Entre unos y otros, existe una franja intermedia, de gente interesada en hacer ver que Revolución quiere decir que la gente viva, que la gente respire, que el salario valga, que el dinero contribuya a robustecer valores espirituales, que calidad de emociones significa calidad de vida, y que el sacrificio no es una finalidad sino un medio. Gente interesada en recordar cómo ha sido la debacle económica la que ha determinado que se resienta todo un mundo de valores caros a esta sociedad. ¿Cómo le explicamos a los jóvenes que se venden de lunes a viernes, alrededor de los hoteles, para el fin de semana poder llevar a la novia a una discoteca, que nada hay más importante en la vida que ser un hombre íntegro, honesto, capaz de poner la cabeza en la almohada y dormir plácidamente? Esos jóvenes, que no son ni todos ni ninguno, pero que están ahí, pudieran replicar que “basta de muela, puro”. También: “pudo ser fácil, en los años ochenta, crecer como hombres íntegros y honestos. Pudo ser fácil, cuando los problemas materiales elementales estaban resueltos, cuando el dinero cubano era el único y valía, y la gente, con su sueldo, podía comprar cakes de nata, zapatos de calidad y discos de Madonna”.
Para esos que no tenemos respuestas muchas veces ante la voz de los jóvenes más desafiantes, resulta imperiosa la renovación económica de la sociedad cubana. No se puede seguir hablando de valores sin obviar la economía; ya ha sido suficiente error la pretensión de que un país se sostiene y se alimenta de ideales, de utopías, de consignas; porque, a la postre, sin sostén económico, se quiebran los ideales, las consignas, las utopías. Habría que ver la actual circunstancia de los “despidos” con otra perspectiva, que sobrevuele los anecdotarios lacrimógenos, y se percate de que, a no tan largo plazo, esta puede ser la posibilidad de la entrada de la pequeña propiedad en Cuba, que llegará a dinamizar la vida social. Parece que hemos aprendido que si se pretende controlar la industria pesada y la fiambre, al final se van de las manos la industria pesada y la fiambre. El exceso de control y de centralización condujo a un estado famélico de lo social, a un flagelo que nos detuvo demasiado tiempo. Si el Estado no puede resolver los problemas de transporte, como, durante décadas, se ha evidenciado que no puede, el botero no puede constituir un problema nacional. ¿Que ese botero se echa, al final de la noche, en el bolsillo, bastante más que cuanto gana un “trabajador normal”? ¿Y? En cualquier caso, ese botero timoneó su dinero, dobló el lomo durante doce horas, para llevarse a casa un poco de más dinero para pagar la gasolina o hacer la vida menos difícil. No le puso a nadie una pistola en la frente para que subiera a su almendrón; más bien, la gente se la puso al botero, para que los tirara hasta la Víbora… ¿Qué riesgo hay en eso? ¿Que instancia mayor peligra con eso? ¿No aceptamos por fin que el igualitarismo nos hizo daño, nos enfermó de idealidad y nos separó de la vida?
La pequeña propiedad, la pequeña empresa, la posibilidad del negocio privado, sería la ocasión de probar que la soberanía puede establecerse sobre la base del movimiento social y no de la verticalidad asfixiante. No es fácil, para nada; pero peor es que la olla siga cogiendo presión, y presión, a punto de implosionar. Una violenta implosión sería peor que una terrible explosión. Hay que crear válvulas de escape, válvulas de salida, alternativas urgentes. Así como se las ingeniaba Fidel para trocar las crisis políticas (el Mariel como paradigma) en coyunturas para la removilización del consenso, es este un momento para probar que la Revolución es mucho más que la clonación patrimonial de los valores históricos, o que un par de palabras que intentan preservar cuanto se ha conseguido hasta aquí. Con los años, la palabra revolución se ha hecho sinónimo de preservación, y ha extraviado su natural capacidad de crecimiento, de desarrollo, de virarse al revés en cada ocasión que sea preciso. Una palabra de asentimiento ha sustituido a un proceso de cambio.
La actividad económica y social por cuenta propia sería, además, el batacazo final al dañino paternalismo socialista del subempleo. Tememos, dramáticamente, a los despidos, y reclamamos, en el fondo, la clonación de la engañosa política del subempleo. El sujeto se sienta todos los días en su oficina, de ocho a cinco, o, ya hoy, tal vez de nueve a cuatro, hace nada, o muy poco, y al final de mes, tendrá en el bolsillo trescientos pesos, con lo cual puede vivir un día de los próximos treinta. Cuando vaya al agromercado, y compre un poco de viandas, dos libras de carne de puerco, y algo de frutas, a bolina el sueldo de todo un mes. El resto del próximo periodo, 29 días, con sus noches, el sujeto tiene que inventar, tiene que janéarsela durísimo, para llevar la comida a su casa, para resolver el transporte. Tiene que inventar 29 días al mes para poder sobrevivir. Fue así que el mercado negro se convirtió en “el mercado”, los márgenes se hicieron centro, y la venta de pacotilla se convirtió en un oficio de supervivencia: los cubanos nos quitamos el dinero los unos a los otros, y así nos entretenemos hasta el año que viene. La vida es lo que está pasando mientras nos contentamos con vender un pitusa y una lavadora vieja, porque así podremos comer la semana entrante. La política del remiendo, de la salida desesperada, de la conformidad con la falta de expectativa económica y social nos ha abotargado durante demasiado tiempo. Nos ha detenido.
El subempleo fue haciendo que este país se volviera definitivamente holgazán, que muy poca gente trabajara de verdad, porque, total, pa’ qué voy a doblar el lomo, si con lo que me pagan a fin de mes, no voy a resolver nada. Ahora mismo Cuba es un país de la suspensión, donde la gente se inventa toda clase de excusas para no trabajar. Si en la panadería la señora que despacha no te atiende, y reclamas, prepárate a escuchar que ella tiene una situación muy difícil, dos niños chiquitos, y cuando lleguen las seis de la tarde, tiene que ir a fajarse con un P-no-sé-cuanto, para luego tener que inventar la comida. Si vas a una óptica, no puedes pasar porque están barnizando las maderas. Si te acercas a una notaría, el horario de almuerzo es de once a dos, y además, falta la tinta para enjugar los cuños. Si la maestra trató mal a tu hijo, y le reclamas, ella se lleva las manos a la cabeza y te dice: “pero mulato, ¿tú no sabes to’ lo que yo he pasa’o? Yo me di candela en el 2000, luego fui trabajadora social, y ahora soy maestra emergente, que lo mismo enseño Química que Historia de Cuba?, ¿qué más se le puede pedir a la vida? ¡Tu niño –tu niño no, tu monstrico- es un malcria’o y bien! ¿Cómo e’?”. No puede haber rigor, no puede haber ética, si no existe una solvencia mínima; si la gente no siente que trabaja por placer, como por una recompensa final menos frágil, y que al llegar a la casa no tendrá que ponerse a generar actos de prestidigitación para resolver la comida. Cuando llega la noche, cuando llega la mañana, el sujeto es pura obstinación: ¿cómo pudiera atendernos bien en la panadería?
¿Qué reclamamos cuando exigimos que ese “trabajador normal” sea recolocado en su “puesto de trabajo”? Estamos pidiendo el regreso de la inercia, el desorden económico, el país de la abulia que llegó hasta aquí. Para los humanos, todo tiempo pasado fue mejor. Nos vemos primorosos, sentados en la oficina, de ocho a cinco, o de nueve a cuatro, mirándonos las narices, haciendo cuentos de Pepito, o esos de un cubano, un ruso y un norteamericano, hasta que podamos salir a luchar un camello. ¿Por qué tiene que seguir siendo esa nuestra vida? Nuestra vida gris, que come ideales y merienda hamburguesas de rectitud ideológica. Y conste que lo escribe alguien que ha sido feliz, que ha vivido la vida que ha querido, y que ha podido o sabido encontrar razones importantes para evitar que la vida se vuelva un calvario. Pero que no tiene los ojos vendados.
Claro que será difícil. No hay capital. ¿A partir de qué se van a poder montar los pequeños negocios? Otra vez hay que inventar: pero más vale inventar unos meses, y generar la solvencia mínima, para que en los próximos años, ese negocio abra el camino económico, y la gente pueda respirar. Más vale inventar la posibilidad de invertir que confinarse a la inercia del no-pasa-nada, del inmovilismo, de la falta de expectativas de vida. Unos meses atrás, como parte de un debate, una exponente de las ciencias sociales decía, compungida, que le preocupaba que ciertos documentales críticos pudieran suscitar motines. A lo que respondí: ¿y el inmovilismo, la presión de la olla, no puede suscitar motines? ¿Cómo evitar que se nos venga encima la acumulación de impotencia y de frustración que tantos años de no-economía han ido depositando en la gente? Abriendo puertas; abriendo caminos. No hay de otra. Revolución no es mutilación; Revolución es cambio y sacudimiento. Ahora el reto consiste en que la apertura inevitable no renuncie a conquistas sociales importantes; pero, a fuerza de apostar a ese sostenimiento, hasta esas conquistas se han vuelto vulnerables, sin un soporte material que las facilite mínimamente. Durante años hemos clamado porque la letra oficial, la cartilla legal, abra espacios a la iniciativa privada, en el sentido de que un puesto de fritas no tumba un gobierno. Lo hemos logrado, lo estamos consiguiendo: el camino se aclara, se hace menos áspero, y entonces sobreviene la farsa de siempre cara al cubano. La tragedia. Despido es una palabra demasiado dura, una acción que nada tiene que ver con el socialismo. Invocamos el paternalismo socialista como el modo de regresar a ese momento en que éramos resguardados por la nebulosa del país, que nos acariciaba con el ventilador de la oficina y nos hacía inventar 29 días. Ahora, tendremos que inventar 29 meses, para invertir (no hay cubano sin invento), pero, se supone que, a la postre, llegará el oxígeno. ¿Qué preferimos: recrearnos en el melodrama del desempleo con tal de retomar el subempleo complaciente, o entender que se acabó el abuso, que al fin la gente va a tener que trabajar, que doblar el lomo, para salir adelante, y que se va a terminar el país del mango bajito? El temor a la empresa privada y los pequeños negocios es el temor al trabajo de verdad, a que se acabe el teatro, el simulacro, la burrocracia (he escrito burrocracia y no burocracia). Quedaremos expuestos a nuestra suerte, es cierto. Cada cubano tiene que labrarse el camino en la medida justa de su empeño, está claro. Y hasta hoy, ¿cuál ha sido nuestra suerte económica? Ahora, que tenemos la letra para desbrozar el camino; ahora, las lamentaciones. Es curioso que quienes llevamos muchos años doblando el lomo, cada quien en lo suyo, abracemos la posibilidad de la cuenta propia como una apertura natural. Para nosotros, no entraña peligro alguno, sino eso: una posibilidad. No creemos que sea panacea de nada, estado de albricias súbito y confortante. No. Pero constituye al menos una posibilidad para la sociedad cubana.
Dejémonos de tragedia, cubanos, que tragedia era vivir dormitando en la oficina, oyendo a Luis Miguel, y contándole al colega los últimos sucesos del barrio. Ahora nos damos cuenta de que la vida era lo que estaba pasando mientras el chisme y el brete nos consumían. Si perdimos la juventud con los boleros de Luis Miguel, o la retransmisión de las telenovelas, vueltas a ver en los televisores Panda, es esta la hora de suponer que mañana puede ser un día provechoso. Más que todo, productivo. Hay que ponerse pilas, hay que echar a andar los motores, hay que movilizar la imaginación, que el Estado no estará más para amparar a quien, enternecido, olvida que mientras entona o desentona Luis Miguel, afuera aguarda una cola de cuarenta personas. Preciso es romper la dependencia edípica al Estado. Si el Estado se cansó, más cansados debemos estar nosotros, y más deberíamos aprovechar la circunstancia de la opción de inventar para vivir y no para sobrevivir. Claro, hay un problema, un solo y enorme problema: hay que trabajar. ¿Cómo hacemos, en Cuba, para que trabajar vuelva a ser una virtud, un bien público y privado, y no un complejo de “trabajadores normales” que se sienten pillos cuando consiguen burlar al jefe? El susto de este minuto no es el susto ante el desempleo; es el susto ante el imperativo del trabajo, cuando vagar nos ha encantado. Al niño le han quitado la mochila, la merienda, la jabita de aseo y le han dicho: vamos, echa a andar. Primero aparece la incertidumbre, la protesta, el desconcierto. Después, se supone que, con el trabajo, la oportunidad de despegar.

Tomado de http://www.uneac.org.cu/index.php?module=opinion&act=opinion&id=72
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