"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

viernes, 4 de febrero de 2011

Necesidad de ajustar los engranes del sistema economico

Por Carlos Manuel Carballo

La sociedad cubana participa en un debate que, si bien tiene precedentes, nunca como ahora se reconoce la importancia de analizar y ajustar los engranes del sistema económico, sorteando con inteligencia los retos y riesgos que tamaña obra engendra.

El reto no está simplemente en cambiar, sino en que quienes tenemos que producir estos cambios, somos los mismos que en etapas pretéritas, de forma individual, hemos contribuido de una u otra forma, a que las cosas no se hicieran, tal y como se acordaron.

Este proceso transformador que los propios lineamientos generan, no transitaran por un lecho de rosas, están enfilados a dar estocadas certeras a la burocracia y las formalidades neutralizadoras del buen hacer y dentro de estas, una de sus prácticas más paralizantes, las prohibiciones innecesarias en su espacio y tiempo, las que mostraran resistencias por su propia naturaleza rígida y superflua y es por ello que en algunos casos se impondrá el quirófano a la simple cura con mercurocromo.

Recientemente, uno de nuestros principales dirigentes de la provincia, en un escenario clave, por ser una empresa productora de alimentos, expresó: “Es el Partido el que debe liderar este proceso y para ello no debemos aferrarnos a prácticas viejas. El país está cambiando y son cambios irreversibles, se debe entender y comprender e incorporarnos rápido, sin resistirnos, esta actualización es para avanzar, para más y mejor socialismo”.

La modelación económica que se vislumbra se mueve entre dos fuerzas motrices, que con objetivos similares e intereses diferentes se complementan y no se contradicen; el sector estatal y el llamado no estatal.

Al liberar al Estado de la carga actual de actividades económicas, que le roban tiempo y espacios organizativos, y concentrarse en el eslabón básico del movimiento de la economía, que es la empresa, se podrá contar con un sistema empresarial fuerte, autónomo y competente, capaz de crear los bienes materiales y los servicios que creen la riqueza del país y en correspondencia se eleve el nivel de satisfacción de la población.
Una empresa competente exige empresarios igualmente competentes y reclama también mayores compromisos de sus trabajadores, cuyas competencias laborales o profesionales los sitúe en posición de ser siempre partes de la solución y no de los problemas.

Un aspecto esencial en la materialización de esa nueva empresa estatal socialista que reclamamos está en el hecho de que el incremento de sus facultades estará asociado a la elevación de su desempeño responsable en materia de control de los recursos financieros, materiales y humanos que manejan.

El país, en su empeño de alcanzar mejores posiciones en su economía, recaba también, que el sector no estatal opere con eficiencia y logre el propósito de situar sus productos o servicios con calidad, precios competitivos y adecuados, donde el equilibrio se logre con producciones o servicios de menores costos y por tanto precios y que la tendencia sea convertir al mercado en rehén de la oferta y la demanda.

Al evitarse la concentración de la propiedad se debe igualmente trabajar para evitar las prácticas monopolistas, cuya expresión más usual, es precios iguales para iguales productos en toda la cadena comercial, que a la larga también afectan económicamente a quienes la asumen.

Este sector no solo surge para liberar al Estado de lo superfluo en su gran misión, sino para convertirse en un ente facilitador de relaciones monetarias mercantiles con la población y honrar con disciplina y honestidad sus impuestos, con la convicción de que ese aporte, junto al que genera el sistema empresarial, es la base con la que se forma el presupuesto del Estado, quien garantiza no solo mantener las conquistas de la Revolución, sino continuar trabajando en su perfeccionamiento.

En los compromisos con la economía del país, ambos sectores tienen que demostrar a punta de lápiz que obran con eficiencia, que cuentan con una férrea disciplina tributaria, que la calidad es un atributo de toda producción o servicios que se preste, donde el respeto al pueblo sea su esencia y sobre todo tener bien presente que en la actualización del modelo económico primará la planificación y no el mercado.

miércoles, 2 de febrero de 2011

En la carrera por abrir un mercado, los primeros serán los perdedores

[MySpace]Por Sarah E. Needleman
Aunque parezca paradójico, ser el primero en lanzar un producto al mercado rara vez trae beneficios, según concluyó una nueva investigación.
Las firmas pioneras habitualmente mueren jóvenes porque los consumidores no están listos para adoptar su modelo de negocios, según los autores Stanislav Dobrev, profesor de la Escuela de Negocios David Eccles de la Universidad de Utah, y Aleksios Gotsopoulos, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Boston. Y ya que los adelantados del mercado no tienen predecesores a quienes acudir en busca de consejos, las decisiones sin precedentes que toman a menudo terminan siendo fatales.
"Si tiene una idea para un nuevo mercado, es extremadamente difícil de llevar a la práctica", afirma Dobrev.
Él y Gotsopoulos investigaron el tiempo de existencia de 2.197 automotrices que se lanzaron en EE.UU. entre 1885 y 1981. Ninguna de las primeras 25 duraron más de 15 años, y hoy sólo hay tres jugadores predominantes en la industria automotor de EE.UU.: General Motors Co., Ford Motor Co. y Chrysler Group LLC. Los descubrimientos de los profesores fueron publicados en la edición de octubre del Academy of Management Journal.
Varios ejemplos contemporáneos también ilustran las consecuencias de estar entre los primeros —si no se es el primero de todos— en penetrar un mercado no explorado. Piense, por ejemplo, en Netscape, el ahora difunto navegador web que antecedió al Internet Explorer, el Safari, el Firefox y el Chrome.
O considere el destino de fabricantes de computadoras personales como Osborne Computer Corp., Kaypro Corp. y Commodore Business Machines. Hace mucho que todos fueron reemplazados por los actuales líderes del mercado Hewlett-Packard Co., Dell Inc., Gateway Inc. y otros.
Y mientras los innovadores de medios sociales como Well, Friendster y MySpace aún existen, ninguno iguala la popularidad o el poder financiero de su sucesor, Facebook.
Si no está familiarizado con algunos de estos nombres, no es el único. Una vez que los pioneros desaparecen, a menudo son olvidados con rapidez, afirma Dobrey. "Rara vez se escucha sobre pioneros que fracasaron", explica. "No existen por mucho tiempo. No dejan muchos registros".
Aunque puede parece injusto, versiones similares pero mejoradas de pioneros fracasados suelen quedarse con el crédito de liderar la manada, agrega Dobrey. Como consecuencia, muchos emprendedores asumen equivocadamente que el éxito radica en ser el primero en adentrarse a aguas no exploradas. "Nos gusta escuchar una buena historia sobre alguien que es ingenioso y tiene una gran idea y la lleva a la práctica", afirma. "Eso no es verdad la mayor parte del tiempo".
Por supuesto, hay excepciones, como empresas pioneras como Coca-Cola Co. y eBay Inc., que aún siguen creciendo. Es más, hay por lo menos una gran ventaja de ser el primero en entrar en el mercado: una falta de competidores. Pero la soledad no es una receta garantizada para un éxito. "Se puede ser el primero en entrar en el mercado y fracasar", sostiene Dobrey. "Depende de tener una buena estrategia".
Isaac Barchas, director del incubador de tecnología de la Universidad de Texas en Austin, afirma que los emprendedores que buscan ingresar en un mercado sin probar o emergente deberían considerar adoptar una estrategia de esperar a ver qué pasa. "Si uno puede observar a otra gente y aprender de ellos, eso le da la oportunidad de darse cuenta de cómo adaptar el negocio en los márgenes para ser mejor", señala. "Se puede aprender mucho de la experiencia por la que otra persona pagó un precio".
Intentar hacer historia puede traer resultados no deseados cuando se trata de una empresa joven, agrega Barchas. "Una forma coloquial de ver esto es ser el primer soldados en el borde de la trinchera. Es una posición gloriosa y noble, pero también es peligrosa".
Scoop St., un sitio web de ofertas diarias de Salescoop LLC, fue lanzado en octubre de 2009, alrededor de un año después de que su rival Groupon Inc. despegara, y casi una década después de que debutara el sitio de descuentos en línea Goldstar. Al empezar con Scoop St., el cofundador David Ambrose afirma que él y su socio, Justin Tsang, se beneficiaron de observar el panorama competitivo previo al lanzamiento.
"Uno puede ver lo que hace el mercado enfrente suyo si no es el primero en salir de la puerta", señala Ambrose, cuya empresa hasta ahora recaudó US$1,5 millones en inversiones y proyectos para obtener ganancias en los próximos meses. "Cuando se observa a los primeros, uno reacciona".
 

martes, 1 de febrero de 2011

La UE persigue la transición del socialismo al capitalismo en Cuba

Raynier Pellón Azopardo
Investigador del centro de estudios europeos de La Habana

La Unión Europea decidió en octubre mantener su Posición Común hacia Cuba y aprobó la posibilidad de «suavizarla». ¿Tras el proceso de reformas económicas y las excarcelaciones por parte de La Habana se esperaba su derogación?

Hay que aclarar que ni el proceso de actualización ni esas liberaciones respondieron a ningún mecanismo de presión o coacción de una potencia extranjera ni al bloqueo internacional europeo, sino a posiciones soberanas del pueblo cubano.

Pero la UE no tomó en consideración esos hechos.

Ciertamente. La Unión Europea mantiene su Posición Común, que tuvo su origen en el Departamento de Estado de EEUU, promovida por sus funcionarios en el marco de la UE y finalmente, propuesta por el Gobierno de José María Aznar en 1996. No reconoce que en Cuba existe un sistema político de carácter socialista, legítimo, legal y apoyado por la amplia mayoría de su pueblo; por lo tanto, desde Cuba no se le concede a la UE potestad alguna para dictar pautas o, a través de la Posición Común, condicionar las relaciones de la UE sobre la base de que Cuba debe hacer transformaciones de tipo político y económico con el objetivo fundamental de que se dé una transición del socialismo hacia el capitalismo. Eso es lo que persigue la UE con la Posición Común, que es el mayor obstáculo para que se puedan normalizar las relaciones.

¿Por qué califica la Posición Común de discriminatoria?

La Posición Común se ha caracterizado por su carácter discriminatorio, porque Cuba es el único país de América Latina y uno de los pocos del mundo a los que se aplica esa política y el único del mundo cuyas relaciones bilaterales con el bloque no se basan en un acuerdo marco similar al que la UE establece para relacionarse con cualquier otro país. Pero la UE también utiliza un doble rasero en sus relaciones hacia Cuba, porque en su discurso político utiliza el tema de los derechos humanos en la isla y ese discurso queda deslegitimado por la propia actuación de la UE en el escenario internacional en sus relaciones con otros actores, como EEUU. Ante las campañas militares de EEUU en Irak, con cantidad de víctimas civiles, las cárceles secretas, los vuelos secretos de la CIA, el trato dado a los prisioneros en Guantánamo y otras cárceles secretas, la UE no ha adoptado una posición de condena ni una posición común que condicione sus relaciones con ese país ni otros actores que no son necesariamente un ejemplo en materia de derechos humanos.

¿En qué consiste la Posición Común? ¿Se limita a las relaciones comerciales y económicas?

La Posición Común condiciona el avance de las relaciones en el ámbito político y de la cooperación a transformaciones de tipo político. En realidad la relaciones de cooperación fueron totalmente interrumpidas a partir de 2003 con las sanciones adoptadas por la UE que lo que hacen es recrudecer su injerencia en los asuntos internos de Cuba, favoreciendo que sus embajadas en la isla tuvieran un intercambio directo con la oposición construida desde el exterior.

Pero esas sanciones fueron levantadas.

Exacto. A raíz de esas sanciones, Cuba decidió eliminar la cooperación con la UE y los países miembros. A partir de 2008, en un contexto constructivo, se eliminaron las sanciones y se reanudó la cooperación con la Comisión europea, no con la UE. Y en ese contexto, al margen de la UE y en el espacio bilateral, se ha restablecido la cooperación con algunos países sobre la base de unos principios claros: la no injerencia, el respeto a la soberanía...

¿Por qué llamarla segundo bloqueo a Cuba?

Porque se ha construido a la sombra de los intereses hegemónicos de EEUU con respecto a Cuba, se subordina a ellos y complementa la política de acoso político-económico, comercial y financiero que ha implementado EEUU desde hace más de cinco décadas.

¿Existen expectativas de un posible cambio de actitud de la Administración Obama tras el proceso iniciado en Cuba?

Si nos apoyamos exclusivamente en la ejecutoria de la Administración Obama con respecto a Cuba podemos decir que las directrices, los objetivos y el hilo conductor de la política de bloqueo impuesto hace más de cincuenta años no ha variado en esencia. Y eso dice mucho con respecto a perspectivas de cambio. Creo que los cambios de la Administración Obama con respecto a Cuba han sido fundamentalmente de apariencia. Se han eliminado algunas medidas adoptadas por Bush, pero para nada niega o elimina los pilares de la Ley Helms-Burton de 1996.

¿Confiaban en un cambio de actitud con la llegada de Obama a la Casa Blanca?

Si nos remontamos a la historia de EEUU y su proyección con respecto a Cuba, podemos ver que los intereses hegemónicos de control, de dominio de ese país con respecto al futuro político de Cuba, incluso antes de la Revolución, se mantienen. Al triunfar la revolución de carácter socialista en 1959 su política hegemónica se recrudeció, pero atendiendo a esa evolución histórica los intereses hegemónicos sobre la isla no han variado, forman parte de la doctrina norteamericana de política exterior hacia la región. Y realmente no veo las condiciones para que se dé un planteamiento diferente por parte de las élites de EEUU. Pero sí cabe destacar que en la población y en determinados círculos políticos cada vez se encuentra mayor oposición a la política de bloqueo hacia la isla, constatado por encuestas de organizaciones de prensa e internacionales radicadas en EEUU.

¿Cuál es ahora mismo la situación interna en Cuba?

Las organizaciones políticas y de masas, el pueblo en general, está abocado a la actualización de su modelo económico, al perfeccionamiento de su sistema político con la intención de consolidarlo y garantizar su desarrollo para que las nuevas generaciones puedan disfrutar de los logros de la revolución. Todo eso encierra muchas expectativas y participación alrededor del proceso y de las decisiones que se están tomando. Para bien de la revolución y de la profundización de su carácter socialista.

¿Cómo se está desarrollando el proceso de cara al VI Congreso?

Se ha favorecido mucho la participación, se está discutiendo en todos los sectores. De hecho, estos lineamientos son el resultado de un debate previo que comenzó en 2005 cuando Fidel Castro convocó a los cubanos a preguntarse en qué debíamos perfeccionar el socialismo, qué debíamos modificar, qué elementos haría falta para consolidarlo y garantizar su futuro. Desde entonces, en la población cubana hay un amplio debate, es decir, que lo que finalmente se modifique y se apruebe va a gozar de una amplia legitimidad y de un amplio consenso porque responderá a la voluntad de la amplia mayoría de la población.

¿Qué impacto han tenido sobre el pueblo cubano las reformas anunciadas por Raúl Castro?

Sobre la actualización del modelo económico hay que destacar que hay determinados logros y principios de carácter socialista que son inamovibles, a cuya consolidación van dirigidas estas modificaciones. Históricamente la revolución cubana ha defendido el principio de que ningún cubano quede desamparado, que siempre goce de la protección del sistema, y a ello se dirigen las medidas anunciadas, a tener una economía más eficiente y dinámica, que administre mejor sus recursos y haga una distribución más eficiente y equitativa de la riqueza. Es importante destacar que se mantiene el control del Estado, es decir, del pueblo, de los principales medios de producción. Al hablar de liberar algunos sectores hablamos de zapateros, barberos, taxistas... que permitirán que el Estado se concentre en cuestiones esenciales como la salud pública, la educación, la industria, los principales recursos, la distribución equitativa de la riqueza, la asistencia social...

lunes, 31 de enero de 2011

Mercado, planificación y socialismo

Por Luis Marcelo
Todo parece indicar que la discusión teórica sobre la cuestión del mercado y la planificación en el socialismo no está aún zanjada.
En los distintos encuentros científicos celebrados internacionalmente y en Cuba que incorporan esta temática se presentan con frecuencia ponencias con posiciones encontradas sobre el particular.
Contribuir a esclarecer estas cuestiones no sólo tiene un importante valor teórico, sino práctico, y en tal sentido quisiera compartir con los lectores algunos de los resultados que han arrojado mis investigaciones en las propias fuentes originales marxistas.
Para ello me concentré en aquella parte de la teoría marxista que motivó que sus correligionarios entendieran al mercado como incompatible con el socialismo, y dieran a la planificación una interpretación sui generis. Hagamos una breve incursión a los orígenes de posibles malos entendidos.
Tres elementos eran claves en el socialismo construido de Marx para negar dialécticamente al capitalismo: la propiedad social sobre todos los medios de producción, la planificación, y uno casi olvidado, la sustitución del dinero (1). La conjugación de estos tres factores haría desaparecer al capitalismo y por ende al mercado. Es decir, en correspondencia, no habría relaciones de propiedad privada, no existiría anarquía en la producción, ni compraventa.
Marx había argumentado que en una sociedad basada en el tipo de propiedad mencionado, los productores no cambian sus productos; que el trabajo invertido en estos últimos ya no se mediría a través del rodeo que significa el dinero como medida del valor, sino directamente, mediante un bono que consignaría la cantidad de horas de trabajo rendidas, después de descontar lo trabajado para el fondo común. Con dicho bono, el cual no tendría carácter circulatorio como el dinero, pues se consumiría al usarse, se extraería de los depósitos sociales de medios de consumo (no de los comercios), medidos dichos medios en su correspondiente tiempo de fabricación, la parte equivalente a la cantidad de trabajo realizado. Con ello quedaría erradicado el valor y su ley, así como el mercado, pues el dinero habría sido sustituido. También se eliminaría - deduzco - la inflación de hoy pues el desarrollo tecnológico conlleva a que los productos se fabriquen cada vez en menos tiempo, lo cual refleja el verdadero concepto marxista de productividad.
Lógicamente, el cambio mencionado de unidad de medida implicaría un sistema mundial pues el dinero como medida del valor es incompatible, considerando la unidad de la economía internacional, con el uso del tiempo de trabajo.
En el comunismo ya no haría falta el mencionado bono pues la distribución se efectuaría sobre la base de las necesidades de cada cual.
Este aspecto del marxismo sobre la sustitución del dinero fue abandonado en su desarrollo teórico posterior por los países del llamado socialismo real, sin que estén claras las causas. Tal vez haya parecido esto demasiado confuso, pero lo cierto es que la eliminación del dinero se interpretó erróneamente por algunos de estos países en cierta etapa, como la irrupción de las gratuidades. De cualquier forma, su esclarecimiento científico sigue estando pendiente (2).
Valorado esto, asombra hoy cómo los manuales soviéticos de Economía Política del Socialismo planteaban que la producción mercantil, la ley del valor y el dinero sólo desaparecerían en la fase superior del comunismo, sin explicar siquiera por qué estaban en desacuerdo con Marx el cual ya había fundamentado estos cambios para la fase socialista.
Luego entonces, baste no estar teóricamente solucionada aún por la ciencia la cuestión de la sustitución del dinero, uno de los tres mencionados elementos claves del socialismo construido, para que no deba comprenderse mal lo de la anulación del mercado. Mientras exista el dinero habrá compraventa y, por derivación, mercado, el cual tampoco tendría nada que ver con el mayor o el menor control de los precios, lo que sería motivo de otro debate.
Aquello de que el mercado es lo que se contrapone a la planificación, a mí juicio refleja una injusticia conceptual. La idea de la planificación surgió cuando Marx buscó la solución a las crisis de superproducción y por tanto comerciales de su época, resultado de la diseminación de la propiedad privada, en adecuar la oferta productiva a la demanda real de los consumidores. Planificar, pues, sería en esta lógica, tomar medidas para que todo lo que sea necesario producir se venda con rapidez. Por tanto, lo que se opondría a la planificación es la competencia y producción anárquicas producto de la extendida propiedad privada, pero no el mercado que es el ambiente de compraventa donde se justifica la producción. Planteado esto así, cabe decir que todas las economías de hoy son de mercado.
Para evitar la competencia anárquica el Plan tendría un sustento organizativo-empresarial, el cual viene dado por la unión corporativa ramal de las empresas, de acuerdo con lo fundamentado por Engels a partir de la experiencia capitalista inglesa de 1890 con la fusión de 48 grandes fábricas de álcalis en una sola gran sociedad anónima (3).
Esta nueva lectura pudiera tener aplicabilidad terminológica considerando las medidas que se han debido adoptar en la Cuba actual en materia de propiedad. Como de acuerdo con lo ya tratado es imposible hoy prescindir del dinero para medir el valor, y como debieran definirse más exactamente aquellos elementos empleados en la economía cubana llamados "de mercado", entonces pienso que sería suficiente referirnos a ellos como "espacios o áreas de propiedad privada". Tampoco la utilización de la variante "elementos de capitalismo" parece resolver felizmente la cuestión, pues debe pensarse que la mayoría de las formas de propiedad autorizadas no implican explotación de la fuerza de trabajo empleada, como sucede con los trabajadores por cuenta propia y los cooperativistas.
¿Cómo entonces denominar a las mal llamadas economías de mercado capitalistas? Pues pudieran reconceptualizarse como economías de competencia anárquica o de anarcocompetencia.
Lamentablemente, y sin pretender agotar el tema que nos ocupa, durante la práctica del llamado socialismo real se conformaron toda una serie de conceptos ajenos a la teoría elaborada por Marx los cuales deben ponerse en su lugar lo antes posible. El volver a estudiar las fuentes teóricas originales es vital para ello.

(Artículo tomado de la revista cubana "Logística aplicada", publicación de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba, correspondiente al I Semestre del año 2000).
Notas:
(1) Si bien los dos primeros factores se identifican en distintas obras de Marx y Engels, el tercer factor, la sustitución del dinero, se trata en un muy reducido número de documentos teóricos, el más importante de los cuales es la "Critica del Programa de Gotha", aunque en honor a la verdad, de forma difícil de entender allí si no se comprendían otras partes de su obra e, incluso, si no se hacía una determinada labor deductiva.
(2)La idea de Marx para resolver esta cuestión ya aparece en su obra "Contribución a la crítica de la economía política" (Ver texto de la editorial Progreso, Moscú, 1989, p. 17) y radica en "estudiar las leyes que rigen esta reducción del trabajo complejo al trabajo simple".
(3)Ver F. Engels "Del socialismo utópico al socialismo científico", en obras escogidas en un tomo, Edit. Progreso, Moscú, pp. 442-443.

Luis Marcelo. Investigador Auxiliar. Instituto Nacional de Investigaciones Económicas

viernes, 28 de enero de 2011

Tecnología básica para gestionar un negocio

Por Colleen Debaise

Los avances tecnológicos han aumentado considerablemente la facilidad con la que se puede administrar y hacer crecer una pequeña empresa. Si tan sólo la tecnología no fuera tan complicada.
Hoy en día, sobrevivir es difícil para cualquier empresario —y mucho más tener éxito— sin una fuerte dosis de tecnología. Se necesita un sitio web bien diseñado y fácil de usar (algo obvio), y además puede ser muy beneficioso usar software, aplicaciones web y equipos que le permitan gestionar inventario, hacer seguimiento a las compras de clientes, procesar facturas, administrar la nómina salarial y comunicarse con el personal. La mayoría de los empresarios quieren la libertad de dejar la oficina pero seguir conectados, lo que significa que ellos (y su personal) necesitan estar equipados con teléfonos celulares, computadoras portátiles y aparatos inalámbricos.
No hace mucho, la tecnología más reciente sólo estaba disponible para las mayores empresas con los bolsillos más llenos. Ahora, los precios han caído ya que grandes compañías como Microsoft, Oracle, IBM y SAP intentan llegar al mercado de las pequeñas empresas. Cada vez más, el software está disponible a través de la web como "software como servicio" o SaaS (por sus siglas en inglés) reemplazando a software más costoso que se debe comprar e instalar al momento. El software de fuentes abiertas, es decir, el software cuyo código fuente está disponible en Internet para poder ser modificado o usado por cualquier persona, ha hecho posible que los dueños de pequeñas empresas (a menudo con la ayuda de desarrolladores o consultores) adapten el software a sus necesidades particulares.
Aspectos básicos de la tecnología
Si usted recién empieza, es bastante posible que se sienta abrumado por la cantidad de tecnología que necesitará para administrar su negocio de forma eficiente y profesional. Le pedí a Ramon Ray, editor de SmallBizTechnology.com, que ofreciera algunos consejos. El experto afirma que cada pequeña empresa necesita los siguientes componentes básicos:
* Hardware, como computadoras de escritorio, computadoras portátiles, teléfonos y aparatos inalámbricos.
* Software, desde un simple procesador de texto a aplicaciones específicas de su industria.
* Un servidor, que es una computadora central que comparte datos, archivos y aplicaciones y le permite a usted y a sus empleados acceder a Internet o usar la misma impresora.
* Aparatos de redes, como routers, puntos de conexión e interruptores, que conectan estaciones de trabajo y brindan funciones de seguridad, como firewalls.
A menos que tenga amplia experiencia en tecnología, un consultor informático puede ser su mejor amigo, afirma Ray. Para encontrar uno, solicite referencias a otros dueños de empresas, o consulte con el grupo de su industria o asociación comercial para obtener una recomendación. Algunos consultores, muchos de los cuales son dueños de pequeñas empresas, cobran por hora o día; otros cobran una tarifa plana. Cuando contrate un consultor para instalar software o crear una red, recuerde que probablemente necesitará ayuda más adelante, cuando el sistema inevitablemente colapse o simplemente necesite mantenimiento. Vea si puede negociar un acuerdo de servicio a largo plazo como parte de su acuerdo de consultoría.
Además de los aspectos básicos ya descritos, también necesitará productos tecnológicos específicos para ayudar a que su negocio funcione mejor. Lo que necesite puede variar según la industria. Por ejemplo, si su empresa utiliza mucho papel —en el caso de una firma de de abogados o de contadores— quizás le convenga invertir en un sistema de documentación por imágenes, que le permite convertir papel en archivos electrónicos. Si usted es un minorista, probablemente necesite un sistema de puntos de venta, que es básicamente una caja registradora electrónica que le permite rastrear ventas. Casi todas las empresas se beneficiarán de un programa de base de datos, que permiten reunir, almacenar y organizar datos, como información de contacto de sus clientes, proveedores y vendedores. Antes de realizar una inversión en un producto específico, considere las opiniones de los usuarios actuales al consultar revisiones en lugares como www.cnet.com, www.zdnet.com y www.pcmag.com.
¿Aún se siente abrumado? Ray afirma que ayuda dividir su empresa en distintas funciones y luego decidir qué software o hardware (o combinación de ambos) puede ayudar en cada área. Las siguientes son cuatro funciones comunes.
Ventas y marketing
En el mercado existen muchos programas que pueden ayudarlo a cultivar relaciones con clientes. Cada vez más empresas prueban software para administrar las relaciones con los clientes, o CMR por sus siglas en inglés, que organiza la información de contacto de clientes actuales y posibles, y permite que múltiples usuarios (como un equipo entero de ventas) rastreen los hábitos de compras de los clientes. Enter los programas más populares se encuentran los sistemas de administración de contactos SaaS CRM, de Salesforce.com; Dynamics CRM, de Microsoft; Maximizer, ACT y Gold-Mine. Si quiere promover su empresa a través de boletines electrónicos, un software especial para marketing por correo electrónico fabricado por Lyris, Oracle, Unica y otros proveedores puede ayudarlo a crear e-mails dirigidos a un público específico y libres de spam para enviarlos a sus listas de distribución.
Administración de inventario y operaciones
Si usted almacena mercadería, entonces los códigos de barras, las etiquetas de identificación de radiofrecuencia, los escáneres y software relacionado pueden ayudarlo a llevar la cuenta del inventario y enviar a tiempo los pedidos de los clientes. Algunas empresas usan un sistema de planificación de recursos de empresa (ERP, por sus siglas en inglés), que utiliza elementos de programas tanto de hardware como de software para integrar varias funciones, como distribución, envíos y facturación. Un sistema ERP puede ayudar al propietario de una empresa a determinar la cantidad de inventario que necesita para evitar una exceso de mercadería, lo que puede reducir los gastos generales. Entre los principales nombres en la industria del ERP se encuentran Microsoft, NetSuite y Aplicor.
Financiación y contabilidad
Especialmente si no se le dan muy bien los números, un programa de software de contabilidad puede ayudarlo a organizar las finanzas de su negocio, controlar las facturas pendientes y determinar cuánto efectivo tiene disponible su empresa. El administrador de libros en línea que lleva la cuenta de los gastos de las empresas también le hará la vida más fácil (a usted y a su contador) cuando llegue la hora de declarar impuestos. Muchos propietarios de empresas usan QuickBooks, MYOB, Peachtree o Microsoft Office.
Gerencia general
El dueño de una empresa puede invertir en una tecnología sofisticada llamada software de inteligencia empresarial (BI, por sus siglas en inglés), que reúne datos de varias áreas —como contabilidad, administración de inventario y ventas— y entrega informes y análisis. La tecnología BI puede ayudar al empresario independiente a determinar qué factores impulsan las ganancias e determinar qué áreas de la empresa no funcionan bien. IBM Congos, Sage, SAP, MicroStrategy y SAS Institute ofrecen herramientas de BI.

jueves, 27 de enero de 2011

Detalle de la deuda pública de Estados Unidos

Marco Antonio Moreno

Hasta 1979 la deuda pública de Estados era de 826.519 millones de dólares. En 30 años esa deuda se multiplicó 17 veces hasta llegar a los 14,1 billones de dolares actuales. Al 30 de septiembre de 2010, de acuerdo a este informe de Tesoro, la deuda era de 13,5 billones de dólares. Como muestra el reloj de la deuda, la deuda de Estados Unidos crece a una velocidad superior a los 300.000 dólares por minuto. Por eso que una pregunta interesante es la que he intentado responder con la gráfica que ilustra este post: ¿de quien es la deuda pública de Estados Unidos?
Un dato relevante es que el 68,4% de la deuda pública (9,64 billones de dólares) es a las propias instituciones y personas de Estados Unidos, principalmente los fondos de pensiones y la seguridad social. El restante 31,6% (4,46 billones de dólares) está en manos de las naciones extranjeras. Este detalle es sólo la deuda pública. La deuda total de Estados Unidos, supera los 76 billones de dólares, como indica este sitio. Es decir, más que todo el PIB mundial. A continuación, el desgloce de la deuda de Estados Unidos con los países extranjeros tenedores de bonos:
  • 1. China, 906.800 millones de dólares
  • 2. Japón, 877.400 millones dólares
  • 3. Reino Unido, 477.600 millones de dólares
  • 4. Países Exportadores de Petróleo, 213.900 millones de dólares
  • 5. Brasil, 177.600 millones de dólares
  • 6. Hong Kong, 139.200 millones de dólares
  • 7. Centros de Banca del Caribe, 133.700 millones de dólares
  • 8. Rusia, 131.600 millones de dólares
  • 9. Taiwán, 131.200 millones de dólares
  • 10. Canadá, 125.200 millones de dólares
Esta lista incluye sólo los primeros diez países, pero éstos representan el 75% de los 4,46 billones de dólares en bonos de la Reserva Federal. Los países exportadores de petróleo son Ecuador, Venezuela, Indonesia, Bahrein, Irán, Irak, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Argelia, Gabón, Libia y Nigeria. Los Centros de Banca del Caribe representan a países como Bermudas y las Islas Caimán.

Comentario HHC: Se sigue confirmando que EE.UU vive por encima de sus posiblidades, esa y no otra es su "eficiencia".

miércoles, 26 de enero de 2011

LAS PALABRAS






“No me gaste las palabras
no cambie el significado
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro
si usted habla de progreso
nada más que por hablar
mire que todos sabemos
que adelante no es atrás
si está contra la violencia
pero nos apunta bien
si la violencia va y vuelve
                                no se me queje después
                                si usted pide garantías
                               sólo para su corral
                                      mire que el pueblo conoce
                                      lo que hay que garantizar
                                       no me gaste las palabras
                                      no cambie el significado
                                      mire que lo que yo quiero
                                  lo tengo bastante claro
                                        si habla de paz pero tiene
                                    costumbre de torturar
                                        mire que hay para ese vicio
                                        una cura radical
                                           si escribe reforma agraria
                                 pero sólo en el papel
                                        mire que si el pueblo avanza
                                  la tierra viene con él
                                    si está entregando el país
                              y habla de soberanía
                               quién va a dudar que usted es
                               soberana porquería
                                   no me gaste las palabras
                            no cambie el significado
                                  mire que lo que yo quiero
                                    lo tengo bastante claro
                                    no me ensucie las palabras
                                 no les quite su sabor
                                      y límpiese bien la boca
                                    si dice revolución”.

Mario Benedetti

martes, 25 de enero de 2011

Los trabajadores de EE.UU. pagan la recesión de su bolsillo

[wage]Por Sudeep Reddy

Dale Szabo, que tiene dos maestrías, perdió su empleo como gerente en 2003. Ahora trabaja como conserje en una escuela.
Maria Gregg, una ex empleada de una planta automotriz en California, estuvo sin trabajo cinco meses el año pasado antes de conseguir otro trabajo con un recorte salarial de casi 20%.
Kevin Cronan, quien a principios de 2009 perdió su empleo de US$150.000 al año como gestor de fondos, ahora prepara cafés en un local de Starbucks en Massachusetts por US$8,85 la hora.
En el estado de Wisconsin, Dale Szabo, un ex director de manufactura con dos maestrías, busca desde hace años un puesto comparable al que perdió en 2003. Ahora trabaja como conserje en una escuela.
Lo grave es que se encuentran entre los afortunados. En Estados Unidos, hay 14,5 millones de personas en las listas de desempleo, 6,4 millones de los cuales están sin trabajo desde hace más de seis meses.
Su precaria situación ilustra un desenlace característico de la prolongada recesión en el mercado laboral. Incluso en épocas de alto desempleo del pasado, los salarios solían caer con mucha lentitud. Esta vez, los salarios de una parte de la fuerza laboral han sufrido un declive pronunciado y a un ritmo que rara vez se había visto desde la Gran Depresión.
La única otra recesión desde la Depresión que registró recortes salariales similares fue la de 1981-82, pero incluso esa se está viendo eclipsada por la más reciente. El desempleo se ha mantenido por encima de 9% durante 20 meses consecutivos y es probable que siga por encima de ese nivel la mayor parte de 2011, lo que hunde aún más los salarios.
Muchos trabajadores despedidos que encontraron nuevos empleos están aceptando sustanciosos recortes salariales o conformándose con trabajos de medio tiempo; a veces aceptan puestos muy por debajo de sus niveles de destreza.
Los economistas se habían preguntado hasta dónde llegaría esta dinámica en esta recesión y ahora las cifras están comenzando a responderles: entre 2007 y 2009, más de la mitad de los trabajadores de tiempo completo que perdieron el empleo que habían tenido al menos durante tres años y que luego consiguieron otros trabajos a tiempo completo para principios del año pasado reportó caídas en sus ingresos, según el Departamento de Trabajo de EE.UU. Treinta y seis por ciento reportó que el nuevo empleo pagaba como mínimo 20% menos que el que habían perdido.
La severidad de la recesión más reciente hace que sea probable que muchos de los desempleados que vuelven a ser contratados acepten recortes salariales, y que pasen años antes de que muchos de sus sueldos recuperen sus niveles previos a la crisis, afirma el economista laboral Till von Wachter, de la Universidad de Columbia. "Cuanto más profunda sea la recesión, menor será el salario que obtendrá en el próximo empleo y menor será su calidad", sostiene.
Un país más próspero
Aunque sea difícil para los trabajadores, los sueldos más bajos pueden hacer que las industrias y empresas estadounidenses sean más competitivas, lo que a su vez les permite contratar a más trabajadores. A largo plazo, eso podría traducirse en país más próspero.
El complejo turístico South Seas Island Resort, que emplea a alrededor de 300 personas en Captiva, en el estado de Florida, eliminó empleos durante la recesión, pero ahora está retomando las contrataciones.
"Ahora considero esto como un mercado favorable a los empleadores", afirma Rick Hayduk, director gerente, quien afirma que el complejo atrae a personal con experiencia con salarios más bajos que antes. "Hemos podido reducir algunos de nuestros sueldos base".
En general, los sueldos en EE.UU. continúan creciendo, pero a un ritmo lento. Los salarios de funcionarios habían subido 1,5% antes de ser ajustados por inflación en los 12 meses que terminaron en septiembre, según el Departamento de Trabajo.Durante el mismo período, los precios al consumidor subieron 1,1%.
Gregg, de 45 años, la ex empleada de la industria automotriz, afirma que por lo menos tuvo la oportunidad de prepararse para épocas más difíciles. Tras dos décadas en New United Motor Manufacturing Inc., un proyecto conjunto de General Motors y Toyota, la empresa dio siete meses de aviso antes de cerrar, en abril. "Me estuve preparando de antemano, reduciendo costos donde pudiera", dice.
Consideró probar suerte con su sueño de lanzar una pequeña empresa, tal vez un puesto de helados, o volver a estudiar. Pero no podría haber costeado los gastos, ya que su salario de US$1.200 semanales en la planta se convirtieron en US$450 en cheques de desempleo.
Hace poco comenzó a trabajar en una firma nueva de tecnología energética. El salario es de US$28 la hora, US$6 menos que en su empleo anterior, pero lo aceptó.
Von Watchter, el economista de Columbia, estudió tres décadas de datos de la Seguridad Social en EE.UU. para rastrear los cheques de trabajadores de la recesión de 1981-82 que sufrieron despidos masivos. Esos empleados registraron caídas promedio de 30% en sus salarios, frente a los que no fueron despedidos. Incluso después de 15 a 20 años, sus sueldos seguían siendo 20% más bajos que los de sus colegas que no habían perdido sus empleos, según su investigación.
Una parte clave de la pérdida de ingresos, concluyeron von Wachter y sus colegas de la investigación, es consecuencia del hecho de que los trabajadores acumularon unas destrezas a lo largo de una década o dos que pueden quedar desfasadas después de la recesión, por lo que ya no reciben la misma remuneración. Y en vez de adquirir nuevas habilidades para lograr un empleo mejor remunerado, muchos deben conformarse con uno peor para poder seguir adelante.

jueves, 20 de enero de 2011

Mercado capitalista y mercado socialista

La descomposición de los centros imperialistas continúa agudizándose y la recesión económica se profundiza rápidamente a pesar de todos los planes de “rescate” y de las “inyecciones de liquidez en los mercados” que, nos decían hace apenas unos meses, solucionarían el problema de la crisis financiera y evitarían el contagio a la economía real de las “disfunciones de los mercados”.

Sin embargo, ahora constatamos que mientras los bancos y las grandes empresas financieras, inmobiliarias e industriales reciben enormes cantidades de dinero para sanear temporalmente sus finanzas y garantizar sus escandalosos beneficios, el aumento del desempleo en los Estados Unidos y en Europa demuestra que, una vez más, los gobiernos de los capitalistas hacen pagar los costes de su propia incompetencia, de su corrupción , de sus trampas financieras y de las gigantescas estafas piramidales, a los trabajadores que ven como se destruyen cada día miles de puestos de trabajo.

Las teorías económicas simplistas y reaccionarias que sustentaron el neoliberalismo, y la noción absurda y acientífica de que el mercado capitalista, libre del nefasto intervencionismo del Estado, resolvería todos los problemas, llevaron a la continuada reducción del nivel de ingresos de los trabajadores y a un desequilibrio, cada vez mayor, entre los beneficios de los capitalistas y la capacidad de consumo de las clases populares.

El resultado de esta política de trasvasar recursos de la clase obrera a la burguesía en los Estados Unidos y Europa, y de los países dependientes a los centros imperialistas en todo el mundo, que ha permitido amasar inmensas fortunas y mantener porcentajes de beneficios extraordinarios a la banca especuladora imperialista y a las grandes empresas multinacionales, no es otro que ¡arruinar a sus propios clientes!

Política miope, estúpida y suicida que lleva a la autodestrucción económica por la vía de restarle capacidad de compra a todos aquellos que, a través del consumo, mantienen la actividad productiva y comercial y, en definitiva, todo el ciclo de la economía generadora de empleo y de riqueza, en los ámbitos de la producción, la distribución y el consumo.

Dicen que los mentirosos terminan siempre por creerse sus propias mentiras. Los burgueses imperialistas y los políticos, economistas y hasta filósofos (incluyendo a muchos intelectuales de la “nueva izquierda”) que trabajan a su servicio directa o indirectamente, se inventaron, en su momento, aquella tontería de la “economía de libre mercado” como contrapunto a la “economía planificada” que se atribuía a los países socialistas donde, de forma absurda y antimarxista, se mantenía la “teoría” de la inexistencia del mercado y de la consiguiente inoperancia de sus leyes, descubiertas y desentrañadas precisamente por Carlos Marx y Federico Engels.

Curiosamente, de la misma manera que no puede existir una planificación económica eficaz sin el uso de las leyes del mercado (de hecho “planificar” no es, en definitiva, más que una forma de regular el mercado) tampoco es cierto que exista ni haya existido nunca un “mercado libre”.

Por el contrario, el mercado es siempre, por definición, regulado por un sinfín de normas, restricciones, reglamentos, leyes, aranceles, tributos, tasas e impuestos de todas clases. La diferencia entre el mercado capitalista y el mercado socialista no reside ni en su inexistente “libertad”, ni en la pretendida inoperancia de sus leyes objetivas.

La única diferencia esencial entre el mercado en el sistema capitalista y en el régimen socialista de transición hacia la sociedad comunista (donde el mercado no será ni libre ni regulado sino que simplemente dejará de existir), es que mientras en el primero todas las normas y regulaciones están pensadas y encaminadas a beneficiar a la clase de los capitalistas y a perpetuar e intensificar la dominación y la explotación de los trabajadores asalariados y los pequeños productores, en el sistema socialista el mercado se regula y se planifica, (planificación que, insistimos, no es más que una forma de regulación) en beneficio de los trabajadores, en un contexto político y social totalmente distinto de la sociedad capitalista.

A diferencia de cualquier Estado burgués que, independientemente de su forma más o menos democrática o dictatorial, es siempre en esencia una dictadura de la burguesía, en el Estado socialista, donde también independientemente de su forma más o menos democrática o dictatorial, impera esencialmente la dictadura del proletariado, el mercado y su regulación y planificación es un instrumento en manos de los representantes de la clase obrera para desarrollar las fuerzas productivas, recuperar el retraso técnico y científico con respecto a los países más avanzados hasta superarlos, y demostrar la superioridad de la sociedad socialista, no sólo en el aspecto ético-moral sino también en el científico-productivo.

El problema actual en los Estados que conforman los principales centros imperialistas, particularmente los Estados Unidos y la Eurozona, es que la ciega e irracional tendencia de sus clases burguesas dominantes a aumentar e intensificar la explotación de la fuerza de trabajo, tanto en sus propios países como en las colonias y naciones dependientes, les ha llevado a la situación absurda de que ya no encuentran quien compre sus productos.

Y al descenso de las ventas ¿cómo responden? ¿Aumentando el poder adquisitivo de la mayoría de la población para reactivar el consumo? ¡No! La anarquía inherente al sistema capitalista hace que cada empresario trate de resolver su propio problema ¡despidiendo a una parte (o a la totalidad) de sus trabajadores!

El resultado general de la actuación egoísta de cada capitalista provoca, en el conjunto de la economía, la contracción material y sicológica del consumo y la consiguiente agudización de la recesión, que avanza imparable hacia la catástrofe económica. Es decir que a la economía capitalista le está ocurriendo aquello tan conocido de que entre todos la mataron y ella sola se murió.

De momento parece que el sistema resiste. El barco hace agua pero no se hunde. Pero sólo se trata de la calma que precede a la tempestad. El desempleo aumenta sin parar. Cualquiera puede comprobar que las oficinas del INEM ya están desbordadas. Se duda de que se puedan pagar todas las prestaciones por desempleo y los subsidios de miseria que prolongan, no para todos, los pagos durante cierto tiempo.

Pero ¿qué va a pasar cuando se empiecen a agotar los plazos de cobro de estas prestaciones, sumado a los nuevos parados que la propia crisis genera constantemente?

Entre los lacayos del sistema empieza a cundir el pánico. Algunos están ya alarmados por las consecuencias sociales de la inminente profundización brusca de la crisis, que se espera para mediados de este año. Aunque pocos se atreven a pronunciarse públicamente, ya se oyen algunas voces atemorizadas.

Hablan de conflictos sociales, de revueltas y motines públicos. Saben que cuando el pueblo no tenga qué comer asaltará los supermercados y saqueará las tiendas. Tiemblan, y con razón, los intermedios, los socialdemócratas, los oportunistas, los izquierdosos. Temen que llegue el momento en que desaparezca su cómodo lugar de neutrales y pacifistas y se vean obligados a pronunciarse. Porque soluciones para resolver la crisis económica no tendrán, pero los “cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado”, (del Estado capitalista, se refieren) están ya preparándose para “cualquier emergencia de desafío a la paz social y al orden constitucional”.


(*) Pedro Brenes es militante del Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias (PRCC)

miércoles, 19 de enero de 2011

Mercado y socialismo del siglo XXI


Por Francisco Umpierrez

El 16 de septiembre del año en curso Rebelión publicó un artículo de Víctor Flores Olea titulado “China: ¿Socialismo de mercado?”, donde critica el socialismo de mercado, el consumismo y el mercantilismo en general; y defiende una sociedad socialista con una planificación de su economía con los siguientes rasgos: democrática, radical y abarcadora. No estoy nada de acuerdo con la concepción de Víctor Flores. De manera que expondré punto por punto esos desacuerdos.
Socialismo pobre y socialismo rico
Según parece Víctor Flores formuló a unos jóvenes chinos que trabajaban en el sector servicio la siguiente pregunta: ¿Piensan que China es un país socialista o capitalista? Y le contestaron que esa pregunta pertenecía al pasado. Respuesta que disgustó a Víctor Flores. Después les formuló una segunda pregunta: ¿viven ahora mejor que antes y más felices? Y esta fue la respuesta: “ahora lo pasamos mejor que nuestros padres, puesto que en el pasado trabajaban 12 horas diarias, tenían salarios muy reducidos, no había grandes tiendas para comprar, y la vida era demasiado modesta y tradicional”.
Aunque es tradicional en la izquierda decir que hay que escuchar a las masas, en verdad no se les escucha si lo que dicen va en contra de lo que el intelectual de turno de izquierda piensa. Está claro lo que dicen esos jóvenes. Quieren disfrutar de la vida, quieran grandes tiendas donde comprar, quieran trabajar menos horas y quieren hacer una vida más rica y moderna. Deng Xiaoping, que era ejemplar en cuanto estilo de vida asceta, comprendió que el socialismo que se había construido hasta el momento en China era un socialismo pobre. De ahí que promoviera reformas económicas para que China se convirtiera en una sociedad socialista rica.
¿Quiénes son los creadores de la riqueza? Los trabajadores. Pues en razón son ellos quienes tienen que disfrutar de la misma. ¿Qué joven proletario del mundo no ha pensado en la forma de enriquecerse para que sus padres puedan disfrutar de la vida? ¿Tiene sentido preguntarse si esto es capitalismo o socialismo? Por supuesto que no tiene sentido. El único sentido que tiene es que todo el mundo quiere ser feliz. Y para ser feliz hay que tener dinero. Y el dinero está para gastarse: para comprarse una buena casa, tener un buen coche, comer los fines de semana en un buen restaurante y disfrutar de unas buenas vacaciones. La riqueza está para disfrutarla. Y deben disfrutarla sus creadores: los trabajadores. El socialismo no es ascetismo. ¿Cómo queremos atraer a la juventud para la causa socialista si le prometemos un socialismo austero y pobre? De ningún modo.
La sociedad occidental y el consumismo
Escuchemos de nuevo los argumentos de Víctor Flores: “Las generaciones de la Nueva China ingresan atropelladamente a la sociedad del mercado, como lo hacen masiva y confusamente los jóvenes de todo el mundo, pensando en su realización presente sin mirar al pasado, ni siquiera de reojo. La presencia de occidente es imprescindible para las nuevas generaciones, con sus formas de vida y estilos, lo que en realidad significa la aproximación al capitalismo, o si se quiere la plena incorporación de China al sistema y la universo consumista”.
Si una persona pasea por las calles de París, por la cual yo nunca he paseado aunque me gustaría hacerlo, verá espectaculares edificios, grandes tiendas, bonitas prendas de vestir, y un sinfín de valores de uso más. Pero todo eso que ve no son ni más ni menos que productos del trabajo. Están producidos bajo un régimen capitalista, pero esto no quita que sigan siendo productos del trabajo. El burgués verá toda la riqueza que se pueda contemplar en las calles de París como una obra del capitalismo, pero la persona de izquierda la verá como una obra del trabajo. Es lo mismo que sucede con los grandes castillos medievales. El burgués ve al rey que lo mandó a construir, pero el socialista ve a los trabajadores que lo crearon.
Cuando Víctor Flores ve a la sociedad de consumo occidental, no ve a los trabajadores comprando la riqueza que ellos mismos han creado, sino a una masa informe, inconsciente, haciendo una vida capitalista. Y de ese modo, aunque no sea consciente de ello, Víctor Flores les hace el juego a los capitalistas, quienes al ver que un trabajador tiene un buen sueldo, una buena casa, un buen coche y una buena vestimenta, lo llama capitalista. No ven en ese hecho algo conquistado por los trabajadores, sino una concesión del capitalismo.
La cuestión clave del capitalismo está en que unas personas se apropian del trabajo de otras y no en el nivel de consumo. Quien consume el dinero que ha ganado por su trabajo, tiene todo el derecho a hacerlo y debe hacerlo con total libertad. Mientras que quienes consumen el dinero que han obtenido apropiándose del trabajo ajeno, no tienen “el derecho” a hacerlo. En el socialismo de la Vieja China había demasiada uniformidad, muy poca variedad, nada de diversidad. Y todo eso estilo de consumo generaba una vida triste y aburrida. Mientras que en el socialismo de la Nueva China hay variedad y diversidad. Y todo eso alegra la vida de las masas y las divierte. ¿Quién ha dicho que el socialismo debe ser aburrido y triste? Sólo los que tienen una concepción vieja del socialismo y lo identifican con el ascetismo.
El socialismo de mercado
Escuchemos por tercera vez a Víctor Flores: “Se ha hablado del “socialismo de mercado”: en la práctica resulta una contradicción en sus términos y la historia habría probado su fracaso. Sobre todo en relación con el supuesto “hombre nuevo”, que originaría la educación, la formación y la sociedad socialista. Todo indica que el mercado es el mayor destructor de la solidaridad humana que postula el socialismo, y el real origen de la “lucha de todos contra todos” de Hobbes, que tendría lugar sobre todo en la ineludible realidad del mercado”.
La solidaridad humana no lo postula el socialismo, al menos el socialismo obrero, en todo caso lo postula el socialismo burgués. La solidaridad, la fraternidad, la libertad y la igualdad son conceptos de la burguesía. En la solidaridad se trata de que las personas que tienen mucha riqueza entreguen una parte de la misma a las personas que tienen poca riqueza. La solidaridad es también un llamamiento a la conciencia de los pueblos ricos para que ayuden a los pueblos pobres. Pero esto no es socialismo obrero, sino socialismo burgués.
Lo que quiere el socialismo obrero es que el derecho de propiedad se base en el trabajo propio y no en la apropiación de trabajo ajeno. No se trata de que el rico le de al pobre una parte de sus excedentes, sino de que el rico devuelva al pobre el trabajo que éste ha creado y aquél se ha apropiado. Puesto que el capitalismo es aquel sistema económico que permite a unos hombres apropiarse del trabajo de otros hombres.
El mercado no es el real origen de la “lucha de todos contra todos” del que hablara Hobbes. Este supuesto lo planteaba Hobbes para demostrar la necesidad del Estado. Si no hay Estado, entonces todos lucharán contra todos. Y el mercado nunca puede ser planteado en estos términos. De todos modos el mercado actual no es un mercado de libre cambio sino un mercado monopolista. Son los pocos quienes luchan contra los pocos para repartirse el mercado mundial. Los muchos, los todos, quedan fuera de esa lucha en el mercado.
El mercado, como las mercancías y el dinero, no es una creación del capitalismo. Existía en la sociedad esclavista y en la sociedad feudal. Y al igual que no hay una contradicción en los términos en el mercado esclavista y en el mercado feudal, tampoco lo hay en el mercado socialista. Mercado socialista significa, entre otras cosas, que cada empresa es responsable de sus propias pérdidas y ganancias. Mercado socialista significa que si una empresa de propiedad estatal o propiedad colectiva produce un tractor que no sirve, el resto de las empresas tienen la libertad de decidir no comprarlo. La esencia del socialismo frente a la esencia del capitalismo no está en el mecanismo económico que se emplea, el plan o el mercado, sino en la propiedad predominante sobre los medios de producción. Socialismo de mercado supone, por lo tanto, dos esencias: una, que las empresas mayoritariamente están en manos públicas, y dos, que el mecanismo económico que se emplea para desarrollar las fuerzas productivas es el mercado.
La planificación
Escuchemos por cuarta vez a Víctor Flores: “¿Es posible el desarrollo sin mercado? O todavía: ¿cuál es el resultado del socialismo sin mercado o con planificación estricta? La historia también nos la revela en colores sombríos: sociedades sin libertad y democracia. Faltaría entonces realizar el sueño de muchos socialistas: el de la planificación plenamente democrática, radical y abarcadora”.
Víctor Flores confunde y mezcla el ámbito de la economía con el ámbito de la política. Pero aclaremos previamente algunas cuestiones básicas. La planificación no es una creación del socialismo sino de los monopolios. Son las grandes empresas transnacionales quienes lo planifican todo, lo calculan todo y lo precisan todo antes de invertir. Saben con precisión las condiciones económicas y políticas existente en el lugar donde instalan sus empresas y saben de antemano el mercado que van a abarcar y cuáles son sus competidores. El mercado donde hay una mano invisible que lo armoniza todo, del que hablara Adam Smith, no existe en el mercado mundial actual. El mercado actual es un mercado monopolista: un mercado controlado por unas pocas empresas gigantescas. Por lo tanto, ha sido y es el propio capitalismo en su fase monopolista quien demuestra la necesidad de la planificación.
En lo que respecta a la planificación en los países socialistas hay que decir la verdad y no ilusionar a la gente. Escuchemos a Xue Muquiao en su obra Problemas de la Economía Socialista China, en su primera edición de 1981: “En China, solamente unos cuantos centenares de productos, que sobrepasan un poco la mitad del PNB, son manejados directamente por la Comisión de Planificación Estatal”. Escuchen bien lo que dice Xue Muquiao: sólo se planifica un centenar de productos. ¿Por qué? Porque la planificación no lo puede abarcar todo, porque hay millones de productos con un sinfín de variedades y especificaciones. De ahí que la propuesta de Víctor Flores de promover una sociedad socialista con una planificación abarcadora sea un tremendo error. La experiencia ha demostrado con creces que esto es imposible de hacer.
Pero pongamos un ejemplo para que todo el mundo comprenda el problema. Pensemos en los productos que vende una ferretería. Pensamos sólo en la variedad de los tornillos. ¿Cómo se puede planificar todo eso? ¿Cómo saber todos los tornillos en cantidad y variedad que necesita todas las empresas y particulares del país durante un año? Imposible saberlo. Mientras que por medio del mercado este problema se resuelve fácilmente. El problema de la planificación, su falta de eficacia frente al mercado, no se debe a su carácter estricto, sino a que sólo es recomendable para algunos productos básicos y para empresas de gran envergadura.
Pasemos ahora a la propuesta de Víctor Flores de que la planificación debe ser democrática. Pongamos otro ejemplo. Supongamos que en una panadería se rompe un tren de elaboración. El técnico analiza la máquina y observa que un motor se quemó. ¿Qué se hace ahora? ¿Reunimos a todos los trabajadores en asamblea para que decidan democráticamente si se compra el motor? Yo creo que esto es un sinsentido. Se necesita un motor y hay que comprarlo y cuanto antes mejor. Hay que producir pan y la gente tiene que comer pan. Y con nada de esto tiene que ver la democracia. No puede mezclarse los mecanismos económicos y sus necesidades con el sistema de gobierno y sus necesidades.

martes, 18 de enero de 2011

El problema de los precios en la actividad por cuenta propia

Por Renato Recio

En uno de los comentarios que ha recibido el artículo Cuba 2011: la eliminación de los subsidios y la asistencia social , un lector que se firma como Eliseo Álvarez del Toro expresa su preocupación por el alza de precios que pueden decidir los trabajadores por cuenta propia en sus producciones y servicios, motivados por la eliminación de subsidios a determinados artículos, con la cual se gravaría aún más a la población, pero de forma indirecta.
Álvarez del Toro afirma que el día 3 de enero los espirituanos amanecieron con un aumento del 300 % en el pasaje de los coches tirados por caballos.
En opinión del lector, en la ciudad de Sancti Spíritus existe una dependencia muy alta de los coches para el movimiento de la población, inclusive de los trabajadores.
“Si a este aumento de los precios en los coches usted le suma los artículos de aseo personal y el alza de la tarifa eléctrica para los que convivimos en un núcleo numeroso (+ de 160 Kw), es para preocuparse.”
Me parece que las ideas que ha planteado el lector en su comentario son interesantes, capaces de inspirar el debate y el razonamiento económico, aun cuando no podamos saber hasta qué punto la información que ofrece sobre el precio de los coches se ajusta a la realidad.
Son planteamientos interesantes porque Cuba se adentra como nunca antes después de medio siglo, en las complejidades del mercado para que rija un universo significativamente grande y creciente de actividades económicas y lo hará enfrentando un sinnúmero de debilidades y no pocas barreras mentales aunque, sin dudas, con un capital humano privilegiado por una cultura superior a la media de cualquier país con un desarrollo económico similar.
Se trata, junto con buscar el beneficio de incrementar la oferta de productos y servicios, de propiciar una vía de empleo que contribuya a la ubicación de decenas de miles de trabajadores y de liberar al Estado de la responsabilidad y el patrocinio de actividades de la microeconomía en las cuales está prácticamente condenado a la ineficiencia.
Es previsible que en el camino que comienza se trate de proteger en lo posible el desarrollo natural de la ley de la oferta y la demanda en la pequeña economía privada que no tiene significaciones estratégicas, puesto que la experiencia general de las economías centralizadas y la de Cuba en particular, ha demostrado que en esas áreas el intento sistemático de regular los precios suele con frecuencia desalentar la oferta de productos y servicios, contraer la eficiencia y alimentar las acciones ilegales.
Sin embargo ni en las economías capitalistas más rancias y más neoliberales del planeta han dejado de utilizar la regulación estatal (directa o indirecta) para manejar la oferta, la demanda y los precios.
El gobierno cubano no cometería pecado alguno si ejerciera su facultad de regular en algunos casos determinados precios, sobre todo en aquellos nichos del mercado donde más difícil resulte la acción competitiva, un elemento capaz de actuar en beneficio de los precios.
Sabemos que en la Cuba actual no se encuentran todos los elementos que hacen funcionar armónicamente un sistema monetario-mercantil, pero desde ahora sería bueno tener presente que es ley del mercado, en su forma más pura e ideal, que así como el comprador busca siempre la más alta calidad al menor precio, los que ofertan necesitan, en la competencia con sus pares por prevalecer en el mercado, satisfacer la demanda en calidad y precio, sin dejar de maximizar sus ganancias por la vía de la eficiencia en la producción o el servicio.
Si los cocheros de una ciudad cubana decidieran de un día para otro triplicar los precios de los servicios que prestan a la población, no estaríamos presenciando un caso de competencia entre transportistas, sino más bien el resultado de una práctica bien ajena al comportamiento de la oferta y la demanda, algo así como que se pusieran de acuerdo para dictar un superprecio para una superganancia, aunque sacaran del mercado a montones de usuarios que no podrían afrontar semejante costo para ir al trabajo o para ir a un hospital a ver un enfermo. De esa forma, contrayendo la demanda, los cocheros trabajarían menos ganando más, pero la eficiencia de otros sectores económicos y de la vida social se lastimaría.
Yo no veo que la subida de los precios de los artículos de aseo, de las tarifas de electricidad o del combustible, incluso el aumento de los impuestos, pueda ser causa real de una supuesta y loca subida de precios en los servicios que prestan los cocheros. Esa es una actividad que no consume energía eléctrica ni combustible y no hay caballo que se bañe con jabón o se lave la boca con pasta dental.
Tampoco los impuestos, que evidentemente disminuyen el margen de ingresos netos, ni de lejos han sido elevados al nivel que según el lector habrían alcanzado en Sancti Spíritus los precios del transporte en coche.
De todas formas, si en algún territorio del país se diera un caso similar al que aquí se ha descrito, es decir, que de pronto se lleve a cabo una descomunal subida de precios sin causa económicamente fundamentada dentro de una actividad socialmente importante, siempre habrá que pensar muy detenidamente lo que se debe hacer para resolver el entuerto.
Lo primero es dialogar con los que subieron concertadamente el precio de sus producciones y servicios.
Luego quizás vendría a la mente la posibilidad de establecer un precio máximo que fuera suficientemente ganancioso y estimulante para los que ofrecen un producto o un servicio, sin que llegue a ser demasiado abusivo para los usuarios.
En definitiva situaciones como esas se resolverán del mejor modo solo cuando haya un mayor equilibrio entre la oferta y la demanda, es decir, cuando aumente la producción y/o lo servicios a un nivel significativo.
Pero eso lleva tiempo. Ya se sabe que en los primeros momentos no contará el país con los suficientes insumos que necesitan los cuentapropistas para, por ejemplo, fabricar más bicitaxis, los que puestos en servicio reforzarían una opción válida de transporte local en competencia con los coches.
Con estas notas quizás se haya visto, al menos un poquito, cómo el comentario del lector Eliseo Álvarez del Toro podía sugerir algún razonamiento, aun sin poseer todos los matices y verificaciones de la información que nos brindara.
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