"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

sábado, 19 de noviembre de 2011

Sobre la “inviabilidad del socialismo”, pero ¿qué tipo de socialismo? (Observaciones a los comentarios de José Luis Rodríguez en Temas)

Por  Carmelo Mesa-Lago
Economista, profesor e investigador.
cmesa@usa.net
Me pareció muy interesante y útil la controversia "El Período especial veinte años después" publicada en Temas, n. 65, enero-marzo de 2011, en la que participaron cuatro académicos cubanos bien conocidos: Mayra Espina, José Luis Rodríguez (JLR), Juan Triana y Rafael Hernández que fungió como moderador, pero también terció en la discusión, donde, además, hubo intervenciones del público asistente.
Varios de los participantes se manifiestan partidarios de descentralizar la dirección económica, la posición tomada por el presidente Raúl Castro y los acuerdos del VI Congreso del PCC, pero JLR parece discrepar de dicha postura y defender la actual planificación central. En medio de la crisis terrible de los años 90, el entonces nuevo ministro de Economía y Planificación fue uno de los arquitectos de las reformas moderadas, pero importantes, en el uso de mecanismos de mercado, así como de la descentralización, los cuales consiguieron una recuperación económica al menos parcial.1 Pero a comienzos de siglo XXI, cuando Fidel Castro lanzó la Batalla de Ideas y apoyó la recentralización, JLR fue partidario de dicha reversión.
Rodríguez parece defender el "Proceso de rectificación" (1986-1990) que, según él, ni retornó al modelo económico de los años 60 (sin especificar si se refiere al primer quinquenio de planificación central o al segundo quinquenio "idealista" en que el plan central se deterioró), ni volvió al sistema de dirección y planificación de la economía aplicado en 1976-1985. Así, él afirma: "Se trató de buscar un punto medio, en el que tanto motivaciones políticas como factores de estímulo económico impulsaran la actividad en el país" (p. 72). Agrega que "hubo creatividad en esos años, y existen documentos que lo prueban". De hecho, este período se caracterizó por un nuevo énfasis en los incentivos "morales", el igualitarismo y la movilización, y esa "creatividad" tuvo efectos nefastos en la economía (como también ocurrió en 1966-1970), lo cual debilitó al país para enfrentarse a la desaparición de la URSS y el campo socialista, agravando la crisis de los años 90. Mayra Espina discrepa de JLR: "La segunda mitad de los 80 era una etapa, para decirlo de manera leve, de pre-crisis en los indicadores económicos y sociales. Ya estaba en crisis nuestro modelo de sociedad, sostenido por un modelo de igualación […] un poco artificial, pues no estaba sustentado en un basamento económico sólido" (p. 64).
Contraria a los documentos que menciona JLR, la evidencia demuestra que en la historia de la Revolución, los ciclos "idealistas" y con centralización tuvieron efectos negativos, mientras que los "pragmáticos" con descentralización y reformas con mecanismos de mercado generaron recuperación y crecimiento económico.2
Al escribir lo que sigue me viene a la mente el duro pero civilizado y documentado debate que en 1985 y 1991 sostuvimos JLR y yo sobre la "cubanología"; ambos acordamos su publicación en revistas de Cuba y los Estados Unidos, lo cual fue un precedente pionero en el diálogo, además agradezco que a través de dicho intercambio mis trabajos fueron conocidos en el país.3 En su comentario en Temas, JLR afirma que la mayoría de los académicos que trabajan sobre Cuba en el exterior "plantean ex ante el criterio de la inviabilidad del socialismo" y cita a varios incluyéndome (p. 60). Desafortunadamente, él no define a qué tipo de socialismo se refiere.
La historia ha demostrado la inviabilidad del socialismo practicado en la URSS y los países de Europa oriental hasta fines del decenio de los 80. El socialismo aplicado en la mayoría de la historia revolucionaria cubana, también caracterizado por el riguroso plan central, la excesiva concentración en las decisiones económicas, el predominio casi exclusivo de la propiedad estatal y la carencia o uso mínimo del mercado, ha sido criticado por Raúl, con la ratificación del VI Congreso del PCC, y es ahora objeto de una "actualización" con descentralización, reducción del empleo estatal, extensión del sector cooperativo autónomo y privado, y mayor uso de mecanismos de mercado. Por otra parte considero inviable el socialismo practicado en China, Cuba (1966-1970 y 1986-1990) y Camboya, que dio enorme importancia a los incentivos morales, la creación de un hombre nuevo, el igualitarismo y las comunas agrícolas. Raúl ha criticado el igualitarismo y está poniendo mucho más énfasis en los incentivos materiales y la iniciativa individual. 3
Por el contrario, los modelos de socialismo de mercado chino y vietnamita (con un rol mayor del mercado y del sector privado) han tenido éxito por decenios, alcanzando no solo tasas de crecimiento entre las más altas del mundo, sino también eliminando las hambrunas, logrando la autosuficiencia alimentaria y la exportación de alimentos. ¿No es una paradoja que Viet Nam sea el principal exportador de arroz del mundo y el suministrador principal de ese alimento vital a Cuba? Considero viables económicamente estos socialismos, en los que el partido comunista se ha mantenido en el poder, aunque personalmente desearía que incluyesen métodos más democráticos y mayor respeto a los derechos humanos, civiles y políticos.
También creo viable el socialismo de la socialdemocracia en los países escandinavos, que además de haber tenido éxito económico ha creado un Estado de bienestar y una de las sociedades más avanzadas, democráticas y respetuosas de los derechos políticos, sociales y humanos en el mundo.
No tengo claro qué tipo de socialismo apoya JLR: el centralizado de corte soviético, el cubano o chino de las etapas idealistas o el actual socialismo de mercado chino-vietnamita (asumo que él rechaza al de la socialdemocracia), o si está de acuerdo con la "actualización" en curso del socialismo cubano.
Podría terminar aquí mi comentario, pero considero honesto dar mi opinión sobre la "actualización" del modelo socialista económico cubano que procuran los acuerdos del VI Congreso para enfrentar los problemas fundamentales del país, acumulados en más de medio siglo de socialismo. Los acuerdos mantienen la planificación central como vía fundamental para dirigir la economía, aunque transformándola y teniendo en cuenta al mercado y la gestión "no estatal" o privada (un término que no mencionan los acuerdos); ambos mecanismos quedan bajo la influencia del plan, controles financieros y administrativos, y estricta regulación. La empresa estatal sigue siendo la principal y se ratifican formas de gestión privada antiguas o introducidas por las reformas de Raúl, pero sin agregar nuevas: la inversión extranjera (en empresas mixtas pero con mayoría de acciones estatales), cooperativas (las actuales agrícolas y las recientes en producción y servicios), pequeñas granjas privadas, usufructo, trabajo por cuenta propia y arrendamiento de establecimientos. Se prescribe una mayor descentralización en la gestión de las empresas estatales las cuales habrán de ser autofinanciadas, sin subsidios fiscales; aquellas y las cooperativas que incumplan sus obligaciones y arrojen pérdidas serán liquidadas o transferidas a la gestión privada; con sus utilidades, las empresas podrán establecer fondos de inversión y estimulación a los trabajadores y directivos de empresas; también tendrán mayor "flexibilidad" para fijar los precios. También se estipula: la autonomía de gestión en las diversas cooperativas, permitir a estas negociar libremente y sin intermediarios después de cumplir sus compromisos con el Estado, establecer estímulos fiscales 4 para promover la gestión privada, y desarrollar mercados mayoristas que vendan insumos y alquilen equipos al sector privado.
Considero estos cambios positivos para hacer más viable el socialismo cubano, pero encuentro limitaciones que planteo con respeto. Los acuerdos realmente no definen un "modelo" pues no especifican el grado de participación del plan y del mercado, así como sus interrelaciones, a más que hay contradicciones entre algunos acuerdos y quedan vacíos importantes. La descentralización, el autofinanciamiento, el cierre de las empresas con pérdidas y los fondos de inversión y estimulación a trabajadores fueron intentados varias veces sin lograr éxito durante la revolución. El "perfeccionamiento empresarial" es incorporado en la actualización del modelo, a pesar de que ha sido incapaz de extenderse con éxito del sector militar al civil de la economía; no se explica cómo será integrado con el mercado y el sector privado. En la esfera privada "no se permitirá la concentración de la propiedad"; además, se prohíbe que la propiedad cooperativa sea vendida o arrendada a los sectores cooperativo y privado, tampoco puede ser usada como colateral para préstamos destinados a la inversión. Se mantiene la determinación centralizada de precios en las áreas que "interese regular", "descentralizando las restantes" (sin especificar unas y otras); la "flexibilidad" de las empresas para fijar precios se dejaba en los Lineamientos a regulaciones posteriores "que aseguren los intereses del país", pero los acuerdos suprimieron esta cláusula; se estipula "revisar integralmente el sistema de precios" sin pautas de cómo hacerlo. La inversión extranjera continúa la política previa ya que se circunscribe a "aquellas actividades de interés para el país", lo que llevó a la caída en el número de empresas con capital extranjero en 2002-2009, a pesar de la iliquidez y fuerte necesidad de capital foráneo y transferencia de tecnología en todos los sectores de la economía.
La "actualización del modelo" no se ha implementado, pero la experiencia histórica y las limitaciones citadas crean dudas sobre si se logrará. Raúl anunció que dicha actualización tomará un quinquenio y advirtió: "Lo que aprobemos en este Congreso no puede sufrir la misma suerte que los anteriores, casi todos olvidados sin haberse cumplido".4 Pavel Vidal argumenta: "Si se intenta perfeccionar lo que no ha funcionado por décadas, entonces no llegaremos a ningún lado. No veo un cambio estructural importante en […] la planificación [hay] que otorgar mayor espacio al mercado […] regulándolo con instrumentos indirectos de penalización y estímulos, no sustituirlo por un sistema centralizado que ha demostrado una y mil veces ser ineficiente en Cuba y fuera de Cuba".5
Pienso que si se tiene más en cuenta en el futuro el modelo de socialismo de mercado chino o vietnamita, que ha dado excelentes resultados por decenios, aunque obviamente adaptándolo a las características cubanas, las probabilidades de éxito serían mucho mayores.
Ojalá que JLR responda a este comentario y, teniendo en cuenta su conocimiento de la economía cubana y larga experiencia en la administración de la misma, lo exhorto a que aclare qué tipo de socialismo apoya y su visión sobre la "actualización" del modelo cubano.

Notas.
1- La mayoría de los participantes en el debate considera que el Período especial (o algunos de sus aspectos —como plantea JLR) no ha concluido, y Triana lo atribuye a que no han desaparecido sus causas.  
2-Véanse mi libro Buscando un modelo económico en América Latina: ¿Mercado, socialista o mixto? Chile, Cuba y Costa Rica (Nueva Sociedad, Caracas, 2002) y mi artículo "Historia y evaluación de medio siglo de políticas económico-sociales en Cuba socialista: 1959-2008", en Consuelo Naranjo, ed., Historia de Cuba (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 2009, pp. 507-37). Un análisis econométrico de un economista cubano, para el período 1980-2005, prueba que en los ciclos de centralización cayó la productividad de los factores y el PIB, mientras que en los ciclos de descentralización ambos aumentaron (Yaima Doimeadios, "Un modelo de crecimiento económico para Cuba: análisis de productividad de factores", Facultad de Economía, Universidad de La Habana, 2007).
3- Carmelo Mesa-Lago, "Una respuesta a ciertas críticas a la `cubanología' publicadas en Cuba", Temas de Economía Mundial, n. 15, La Habana, 1985, pp. 35-48), y su versión inglesa "On the Objectives and Objectivity of Cubanology: A Response to a Critic from Cuba", Cuban Studies, n. 16, 1986, pp. 225-34; y "Crítica a ‘Crítica a nuestros críticos’", Boletín de Información sobre Estudios Cubanos, n. 3, La Habana, julio-diciembre de 1991, pp. 1-15. Los articulos de JLR fueron publicadas en Cuban Studies, n. 16, 1986 y n. 21, 1991.
4 "Informe Central al VI Congreso del PCC", La Habana, 16-4-2011.
5 "Desarticular el monopolio de la centralización estatal" (entrevista de Lenier González), Espacio Laical, a. 6, n. 3, 2011, pp. 53-8.


viernes, 18 de noviembre de 2011

Empresas no estatales en la economía cubana: ¿construyendo el socialismo?

Por Camila Piñeiro Harnecker
Profesora, investigadora y consultora de empresas. Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC).

Uno de los cambios más significativos que se están dando en la sociedad cubana como parte del proceso de «actualización» del modelo económico, es la expansión del sector empresarial no estatal. Este término se refiere no solo a formas de propiedad privada,1 sino también a aquellas en las que interviene la propiedad colectiva como las cooperativas.2 Con este también se sugiere que una empresa administrada por personas que no sean representantes de instituciones estatales no tiene que ser, necesariamente, «privada», es decir, responder solo a intereses individuales estrechos o contradictorios con necesidades y expectativas de la sociedad en general. El asunto clave para una sociedad comprometida con la construcción socialista, donde el crecimiento económico no es un fin sino un medio al servicio de la sociedad, es precisamente cómo hacer que el sector no estatal responda a intereses sociales.
Según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), el empleo no estatal en Cuba en las tres últimas décadas ha representado como promedio 15,7% del total. Este se ha concentrado en las actividades agropecuarias, sobre todo privadas (alrededor de 7,3% del empleo lo componen campesinos independientes, la mayoría asociados a las Cooperativas de Crédito y Servicios o CCS), cooperativizadas (cerca de 5,7% en Cooperativas de Producción Agropecuaria o CPA y en Unidades Básicas de Producción Cooperativa o UBPC; aunque en decrecimiento); y, en menor medida (alrededor de 2,8%), en el autoempleo en actividades no agrícolas o «cuentapropismo».3
Al cierre de 2010, se registraban 442 000 privados no cuentapropistas (8,7% del empleo total), 217 000 cooperativistas (4,2%) y 147 400 cuentapropistas (2,9%). Según la ONE, estos datos no reflejan del todo los más de cien mil nuevos campesinos privados que habían surgido desde que comenzara el proceso de entrega de tierras en usufructo (Ley 259 de julio de 2008), ni los casi ochenta mil nuevos cuentapropistas registrados en los últimos meses de 2010. Según Idalmys Álvarez, directora de Empleo del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), al concluir enero de 2011, se habían otorgado 113 618 nuevas licencias.4
Dada la generalizada aceptación de la necesidad de optimizar el uso de los recursos en las instituciones estatales y de que el Estado se libere de la administración —no de la propiedad legal— de ciertas actividades económicas no estratégicas, se espera que el empleo no estatal aumente considerablemente en los próximos años.
De hecho, se prevé aumentar el número de licencias de trabajo por cuenta propia (incluyendo a empleadores y empleados) en más de doscientos cincuenta mil antes de 2012, y otros doscientos mil puestos de trabajo serían creados, sobre todo por nuevas cooperativas de producción de bienes y servicios.5 La titular del Ministerio de Finanzas y Precios (MFP), Lina Pedraza estima que el número de personas empleadas en el sector no estatal aumentará a 1,8 millones en 2015;6 lo que —teniendo en cuenta un incremento de 5% en la fuerza laboral como resultado de la Ley de Seguridad Social no. 105 de 2008— resultaría en más de 35 % del empleo total.
Previendo la importancia que el sector empresarial no estatal tendrá en la economía cubana, el objetivo de este trabajo es analizar su posible desarrollo. Dado que se ha reiterado el compromiso de no renunciar al socialismo, se comienza examinando los distintos criterios existentes sobre la pertinencia de formas empresariales no estatales en la construcción socialista. Se argumenta la necesidad de combinar empresas con formas de gestión democrática —autoempleo, cooperativas, cogestión y otras variantes autogestionarias— y no democrática —las tradicionales privadas basadas en el trabajo asalariado— priorizando las primeras porque son más socializadas al estar controladas por grupos no excluyentes de personas en igualdad de derechos y deberes. Se defiende, además, la necesidad de que las empresas no estatales respondan a intereses sociales más amplios y contribuyan así a una mayor socialización de esas actividades económicas. A lo largo del trabajo se sugieren algunas medidas generales imprescindibles para que la expansión del sector empresarial no estatal sea compatible con las necesidades y expectativas de los cubanos.7
Distintas posiciones sobre la pertinencia de empresas no estatales en el socialismo cubano

Aunque existen diversas posiciones entre los miembros del gobierno cubano respecto a la pertinencia de empresas no estatales dentro del proyecto de construcción socialista cubano, parece haber consenso en que son una alternativa que deberá ser experimentada. El contenido del Proyecto de lineamientos8 y las declaraciones de funcionarios públicos sugieren que la visión compartida por los hacedores de política es que la empresa administrada por el Estado no es la forma organizativa más adecuada para actividades no estratégicas o de tamaño pequeño —quizás también mediano, dependiendo del criterio de clasificación— en cuanto al número de trabajadores y su intensidad de capital, como los servicios gastronómicos, de transporte público, de reparación de equipos electrodomésticos, e incluso de manufactura e industria ligera. Se está considerando que estas unidades productivas, sus locales y quizás también sus equipos y marcas sean arrendados por cuentapropistas o cooperativas, transformándose en formas no estatales.
Sin abordar la pertinencia o no de las formas empresariales no estatales en el socialismo, el Proyecto de lineamientos propone a las empresas de capital mixto, el trabajo por cuenta propia, las cooperativas, usufructuarios, arrendatarios, etc., como componentes de un sistema económico múltiple o mixto que tiene a la «empresa estatal socialista» como «la forma principal en la economía nacional» (lineamiento 2). Sin definir exactamente en qué consisten, se sugiere que cualesquiera de las formas no estatales que permitan «contribuir a elevar la eficiencia del trabajo social» no son contradictorias con el proyecto socialista cubano.
A diferencia de la apertura a tales empresas en los años 90, la actual las promueve como modos de organización del trabajo que, lejos de ir en contra, contribuyen a «perfeccionar» el socialismo cubano, y deben ser aceptadas como permanentes.9 En las sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, de julio y diciembre de 2010, los diputados debatieron sobre las experiencias de arrendamiento y sobre los cuentapropistas, pero no aparecieron opiniones al respecto en los reportes y trasmisiones realizadas por los medios de difusión. No queda claro en qué medida las empresas no estatales son vistas como un mal necesario, ante las deficiencias de la empresa estatal, o como necesarios complementos de ella, que pueden permitir una socialización más efectiva de algunas actividades económicas.
La forma que han tomado las nuevas empresas no estatales (el arrendamiento de locales a individuos, y la contratación de fuerza de trabajo permanente por cuentapropistas), junto con las declaraciones de algunos funcionarios públicos y un balance de los artículos y cartas publicadas en el periódico Granma demuestran, en mi opinión, confusión entre hacedores de políticas públicas, académicos y población cubana en general sobre la organización del trabajo en una sociedad comprometida con un proyecto socialista. La contradicción entre los conceptos derivados de los manuales de Economía política soviéticos y la influencia de las teorías económicas liberales dificulta la definición de, por lo menos, algunos de los principios rectores que deberían guiar el actual rediseño del sistema económico cubano.
Mientras no se supere la idea de que la estatal es la forma de empresa más avanzada en el socialismo,10 aquellas que no lo son serán consideradas solo como necesarias, pero indeseables, que deben ser mantenidas en los márgenes del sistema económico y eliminadas cuando se logre fórmulas que hagan efectiva la gestión estatal de pequeñas y medianas empresas. Según esta posición, lo que hace a una empresa más o menos socialista es la medida en que es administrada y controlada directamente por el Estado, a través de sus funcionarios. Cualquier cambio que lleve a una menor intervención de este significa, por tanto, un retroceso en el camino al socialismo.
En el otro extremo de la discusión están los que defienden que las empresas privadas no simples, administradas por individuos que contratan trabajo asalariado de forma permanente —y que la teoría marxista llamaría «capitalistas»—, deben predominar, porque pueden alcanzar los mayores grados de eficiencia económica. Se desdeñan los modelos de gestión democrática que caracterizan a empresas autogestionadas, como las cooperativas, tildándolos de utópicos. Como los defensores del liberalismo económico, se considera imprescindible que no se pongan trabas a que los administradores maximicen sus beneficios materiales personales, puesto se asume que los intereses individuales son irreconciliables con los colectivos de los trabajadores y aún más con los de carácter social que podrían exigir funcionarios estatales u otros representantes de la sociedad. Según esta posición, las empresas no estatales, sobre todo las privadas que contraten trabajo asalariado, son indispensables para el funcionamiento de toda la economía. Lo importante, sugieren, es que «el gato cace ratones, no cómo los cace», o sea, «hay que dejar que algunos se hagan ricos porque así hay más para repartir».
Otra posición considera que las empresas no estatales no son necesariamente capitalistas pues existen otras alternativas entre las privadas capitalistas y las estatales. De hecho, se plantea que hoy en día, en Cuba, el modelo de gestión en estas últimas y el sistema de dirección de la economía no cumplen, en general, con los postulados marxistas en los que se define la sociedad socialista como el conjunto de trabajadores libremente asociados, unidos por un plan,11 es decir, donde la relación social predominante sea la de trabajo asociado. Para esta posición, cualquier forma empresarial,12 puede contribuir a la construcción socialista, en la medida en que su gestión sea democrática y responda a intereses sociales expresados en planes de desarrollo local y/o nacional. En algunos casos, es más efectivo socializar la actividad económica a través de formas no estatales gestionadas democráticamente y guiadas por intereses sociales.
En el Proyecto de lineamientos no queda claro si se piensa dar prioridad a que los trabajadores se organicen en cooperativas. Las medidas adoptadas y las preocupaciones resultantes de los debates parecen indicar que ha sido menos complicado aceptar la creación de pequeñas empresas privadas no simples que la creación de cooperativas. Por otro lado, es comprensible que promover y apoyar el surgimiento de cooperativas no agropecuarias es una tarea más compleja que expandir y flexibilizar el ya existente trabajo por cuenta propia.
No obstante, el titular del Ministerio de Economía y Planificación (MEP), Marino Murillo, y la del MFP, Lina Pedraza, han planteado que las cooperativas tendrán un trato preferencial porque son formas «más socializadas», y se quiere evitar la concentración de la riqueza; con lo que se reconoce que esta se obtiene fundamentalmente a través de la contratación de fuerza de trabajo. Pero el énfasis no ha estado en las diferentes relaciones de producción en una u otra forma —trabajo asalariado vs. trabajo asociado—, sino en sus capacidades de acumular riqueza. Esto refleja la preocupación redistributiva y la despreocupación por la naturaleza de las relaciones sociales de los sujetos que construyen, o no, la sociedad poscapitalista; enfoque este que ha marcado las experiencias socialistas.
Pareciera, además, que se supone que mantener la empresa estatal como la predominante evita el riesgo de que las no administradas por el Estado obstruyan la planificación o concertación de los intereses individuales con los sociales; aspecto esencial del socialismo. Aunque parece reconocerse que es necesario adoptar un sistema económico con múltiples formas empresariales, aún no se define —tarea en la que se está trabajando, según declaraciones de funcionarios del MEP— cómo las no estatales se relacionarían o en qué medidas estarían insertadas en el «sistema de planificación socialista [que] continuará siendo la vía principal para la dirección de la economía nacional» (lineamiento 1).
Lo que sí está claro en el discurso oficial es que se busca separar la administración empresarial de las funciones de control y dirección que deberá mantener el Estado; y que estas últimas —afortunadamente— no les son cedidas a las leyes del mercado. Resulta significativo que se proponga dotar a los gobiernos provinciales y municipales del control de las empresas en sus territorios. Ello permitiría avanzar en procesos de socialización sustantiva de los ciclos de producción, distribución y consumo que ocurren a nivel local, mediante la coordinación horizontal entre los actores económicos (productores, consumidores, financistas, etc.) locales.
Pero así como una mayor autonomía empresarial no es equivalente a una gestión más democrática que responda a los intereses de los trabajadores, un mayor control de los gobiernos locales tampoco garantiza una mayor socialización o control democrático de la economía por las personas que residen en esos territorios. Esto depende, en primer lugar, de la medida en que esos órganos de representación social respondan realmente a las necesidades y expectativas de sus electores, para lo que es imprescindible que los gobiernos locales puedan establecer espacios de concertación y articulación de intereses comunes, y marcos institucionales y regulatorios que orienten las actividades económicas hacia la satisfacción de esos intereses


Necesidad de dar preferencia a las empresas de gestión democrática

En el primer Seminario Nacional del PCC sobre el Proyecto de lineamientos, a mediados de noviembre de 2010, Marino Murillo expresó:
Las cooperativas tienen cabida en la pequeña industria, en el sector de los servicios [...] pues hay cosas que bajo fórmulas estatales no funcionan. Pero esto debe hacerse con orden.13
Además, manifestó que el Ministerio de Justicia estaba trabajando en una propuesta de Ley y en otros cambios legislativos que permitirían la creación de cooperativas no agropecuarias. Pero no se tiene mayor información al respecto, y hasta el momento solo es posible crear cooperativas agropecuarias, cuyas normativas, por otra parte, presentan significativas limitaciones.
Aunque después del triunfo revolucionario de 1959 se ha reconocido públicamente que las cooperativas son una forma de producción más socializada y por tanto más avanzada que las empresas privadas, no se han implementado políticas para fomentarlas después de algunos intentos en los inicios de la Revolución y con posterioridad al Primer Congreso del PCC de 1975 y al de 1992. Según datos de la ONE, el número de CPA y UBPC ha venido reduciéndose paulatinamente, después de que se incrementara durante los primeros años de la creación de esas figuras —1976 y 1993, respectivamente. Se han desintegrado cooperativas,sin haberse creado nuevas.14
No es posible analizar en este trabajo los factores que han motivado la reducción del número de cooperativas cubanas de producción agropecuaria y de sus membresías, pero es importante señalar que las facultades y obligaciones otorgadas a ellas no les han permitido diferenciarse lo suficiente de las empresas estatales.15 Además, los campesinos privados, en relación con las cooperativas, han disfrutado de mayores niveles de autonomía y menos responsabilidades sociales (compromisos de ventas al Estado, servicios y obras sociales en las comunidades), lo que les permite vender a precios más altos y reducir costos.
En Cuba, la actual ausencia de políticas que favorezcan a las cooperativas sobre las formas empresariales privadas puede ser resultado, en alguna medida, de que no se tenga en cuenta uno de los legados más importantes del marxismo: que las relaciones entre las personas durante el proceso productivo («relaciones sociales de producción») son las que —en última instancia, sin restarle a los seres humanos la capacidad de autodeterminarse y sobreponerse a sus circunstancias— generan los comportamientos y valores que nos caracterizan. De hecho, no se reconoce que la contratación de trabajadores de forma permanente —ya sea por cuentapropistas, campesinos privados e incluso por cooperativas—, establece relaciones de trabajo asalariado, y que, por tanto, es una forma de subordinación y, en general, de explotación aun cuando el empleador trabaje junto al asalariado.16 Mientras no se comprenda la diferencia substantiva entre la relación de trabajo asalariado y la de trabajo asociado, no se podrá valorar la importancia de los modelos de gestión democráticos o autogestionarios como vías institucionales para superar las barreras que el trabajo asalariado establece para el pleno desarrollo humano de los trabajadores.
Una de las razones utilizadas para desestimar la significación de cooperativas y otras formas autogestionarias, como dije antes, es la creencia de que son demasiado utópicas y por tanto ineficientes. Sin embargo, cualquier duda sobre la factibilidad de su gestión empresarial queda deshecha cuando se estudian las experiencias de las cooperativas que componen el grupo Mondragón,17 y otras más o menos grandes que existen en el mundo; así como la de la autogestión yugoslava18 y la España republicana.19 Las ventajas de los modelos de gestión democrática, como el cooperativo, han sido reconocidas no solo por teóricos socialistas20 sino también por gerentes de empresas capitalistas interesados en poner en práctica métodos efectivos para motivar a sus trabajadores a aumentar la productividad, calidad e innovación.21 Aunque hay que señalar que los capitalistas limitan la participación de los trabajadores para que no controlen realmente la toma de decisiones; y, por lo general el derecho a participar está asociado a la propiedad de acciones de la empresa (stock ownership) y no a su condición de seres humanos.
Aquellos comprometidos con la construcción socialista no ven en la gestión democrática solo una herramienta para motivar a los trabajadores a contribuir con sus capacidades, esfuerzo y conocimiento. La participación es entendida como un medio fundamental para que se desarrollen como los hombres y mujeres nuevos que necesita una sociedad de justicia plena: con competencias técnicas, gerenciales y democráticas, sentido de pertenencia y compromiso con todo el proceso de producción, confianza en sí mismos, creatividad y solidaridad. Una gestión empresarial democrática posibilita también un mayor control de los trabajadores sobre las decisiones que tienen un gran impacto sobre sus vidas, y por ello —aunque no es suficiente— contar con condiciones objetivas y subjetivas más propicias para ser solidarios.
En la medida en que el pensamiento socioeconómico cubano —como viene ocurriendo en otros países latinoamericanos— se libere de los dogmas, tanto del «socialismo estatista» como del liberalismo económico, y retome la esencia humanista del socialismo, su objetivo no será reducido a la satisfacción de necesidades materiales, sino que incluirá las de desarrollo individual y social que tiene todo ser humano. Solo entonces se pondrá atención a la naturaleza de las relaciones entre las personas que determinan sus experiencias prácticas cotidianas. Este entendimiento tendrá como corolario la preferencia por formas de gestión democráticas en las empresas; formas de organización del trabajo que permiten, como Marx y Engels previeron, establecer relaciones de trabajo libre asociado que superen la injusticia inherente a las del trabajo asalariado, sobre las que se basan las sociedades capitalistas.22
Para identificar si una forma empresarial es pertinente o compatible con una sociedad socialista, hay que tener en cuenta la medida en que las decisiones importantes de su administración son tomadas de manera democrática por los propios trabajadores, directamente en asambleas generales, o mediante representantes elegidos por ellos. La propiedad legal es separable de la gestión empresarial, y el reparto de utilidades es solo una de las tantas decisiones gerenciales que toman los que controlan la gestión. Es decir, para que una empresa sea realmente útil para la construcción socialista —en cuanto a su organización interna— lo importante es que la autoridad suprema radique en el colectivo de trabajadores: son ellos quienes participan directamente en la toma de decisiones más importantes, establecen las reglas de funcionamiento de la organización, eligen a sus representantes y controlan su desempeño.
Para promover la relación de producción socialista —aquella que Marx definió como la asociación de trabajadores libres unidos por un plan— no es necesario ni aconsejable prohibir la contratación de trabajo asalariado. Pero sí es imprescindible establecer políticas que busquen democratizar la gestión de las empresas estatales, y que promuevan de forma prioritaria, en el sector no estatal, a las autogestionarias, mediante su acceso preferencial a financiamiento, insumos, asistencia técnica y contratos gubernamentales, entre otras medidas.
El propósito debe ser crear condiciones para que las personas que tienen la ventaja de contar con recursos financieros e iniciativas emprendedoras consideren más atractivo conformar cooperativas u otras formas autogestionarias; y que las menos afortunadas prefieran incorporarse a ellas en lugar de convertirse en trabajadores asalariados. Se trata de instaurar un sistema empresarial con múltiples formas de gestión, más y menos democráticas, sin perder de vista que el objetivo es generalizar lo más posible la adopción de prácticas democráticas de administración. La idea no es por supuesto imponer o forzar su expansión, sino crear las condiciones para que ellas puedan demostrar que son vías más efectivas de organizar el trabajo, de satisfacer las necesidades materiales y espirituales de las personas.


Necesidad de que las empresas respondan a intereses sociales

Las empresas no estatales —tanto como las estatales— son útiles o pertinentes para un proyecto de construcción socialista que busque satisfacer las necesidades materiales y espirituales de las personas, en la medida en que contribuyan a ello. No basta que sean rentables y cumplan con sus obligaciones tributarias. Además de contribuir con recursos financieros mediante el pago de impuestos, sus propias actividades deben estar orientadas a satisfacer demandas reales de consumo, no fabricadas solo para vender. No menos importante es que las «externalidades», o consecuencias de su funcionamiento sobre terceras partes, deben contribuir a la satisfacción de otras necesidades o intereses sociales. Para lograr esto es necesario que las actividades económicas estén bajo «control social» o «propiedad social»; lo que, como veremos, no significa ignorar sus imprescindibles niveles de autonomía y otras exigencias de toda gestión empresarial.
Lógicamente, no es preciso que la sociedad se preocupe por asegurar la provisión eficaz de aquellas actividades relacionadas con requerimientos de consumo de bienes y servicios no básicos23 ni estratégicos, pues la demanda de un mercado competitivo para esta clase de productos lo logra en gran medida. No obstante, para todo tipo de actividad económica, sea o no básica o estratégica, siempre es recomendable promover su eficiencia social, es decir, el equilibrio entre costos y beneficios sociales que se considere más adecuado: que sus externalidades repercutan de la manera más positiva posible —o al menos, no negativamente— sobre los intereses de las comunidades en las que impacta. No solo se trata de establecer un marco regulatorio que prohíba o penalice comportamientos no deseados, sino que es necesario además motivar conductas positivas, responsables y sensibles a las necesidades de otros; y, en primer lugar, definir esas necesidades e intereses que se pretenden satisfacer.
La insistencia en lo anterior, en no confiar en la «mano invisible» del mercado para que la economía responda a nuestras necesidades, no es un empecinamiento ideológico, sino un pragmatismo basado en evidencias irrefutables sobre lo inadecuado de las relaciones de mercado o mercantiles24 para lograr esos propósitos. La experiencia en Cuba con los cuentapropistas y campesinos e intermediarios privados en espacios de «mercado libre», o de «oferta y demanda», ha confirmado el aserto de economistas marxistas de que las reglas de funcionamiento de las relaciones mercantiles promueven comportamientos cuando menos ajenos a intereses sociales.
Así, para algunos cubanos ya es evidente que un sistema de mercado no solo es inadecuado para lograr que las empresas no estatales satisfagan necesidades básicas de consumo,25 sino que atenta contra otros intereses sociales como el logro de ciertos niveles de igualdad, justicia y solidaridad. Tampoco permite que las empresas internalicen costos sociales como la contaminación medioambiental y el desempleo, y externalicen beneficios sociales como sería compartir conocimientos, tecnologías u otros recursos. En los espacios de mercado que actualmente existen en Cuba se observa que los vendedores no están interesados en satisfacer las necesidades de las personas: priorizan las producciones que más ganancias generan a costa de otras de alta necesidad; concentran la oferta en los sectores poblacionales de mayor capacidad de compra aunque no de mayores urgencias; prefieren vender pocos volúmenes a precios elevados que más a unos más bajos; se aprovechan de situaciones, como eventos meteorológicos, para subirlos, aunque los costos de producción no hayan aumentando en la misma proporción; evaden impuestos; utilizan materias primas y tecnologías más baratas que dañan la salud y el medio ambiente, etcétera. Estos comportamientos «antisociales» no son generados —aunque sí acentuados— por las imperfecciones de esos espacios de mercado (resultado de las limitaciones a la entrada de nuevos vendedores y de su segmentación por la dualidad monetaria y disparidades en la capacidad de compra), sino por la propia competencia de mercado y el escaso control social sobre ellos.
Falta reconocer que las relaciones mercantiles resultan inadecuadas para guiar a las empresas hacia los intereses sociales no porque los vendedores y compradores sean malas personas que necesiten lecciones de humanismo o inspectores más exigentes, sino que es el propio funcionamiento de las relaciones mercantiles lo que les fuerza a priorizar sus intereses estrechos sobre los de otros, y hace que parezcan «naturales» esos comportamientos. No obstante, acostumbrados a niveles de justicia y racionalidad no comunes en otras sociedades, los cubanos no nos resignamos a que los que comercialicen ganen más dinero que los que producen, que los precios de los mismos productos varíen abruptamente, que determinados productos se vendan solo en algunos barrios y a precios muy por encima de los costos de producción. La idea de que siempre habrá perdedores y ganadores no es aceptada de manera pasiva, porque se hace evidente que mediante el funcionamiento del mercado siempre pierden los desafortunados por causas ajenas a su voluntad (mujeres, ancianos, negros y grupos históricamente marginalizados). No parece justo que generalmente triunfen los insensibles y pierdan los que asumen los intereses de otros como propios.
No debemos ignorar que, bajo la competencia de mercado, cualquier intento genuino de una empresa por actuar de forma socialmente responsable por lo general implica un costo de oportunidad que afecta su posición en el mercado, pues solo se premian con seguridad los comportamientos antisociales.26 Además, los que administran las empresas no cuentan con un marco institucional que les permita construir sus intereses individuales de manera menos estrecha. El carácter bilateral y atomista de las relaciones mercantiles les impide a los actores económicos no solo tener en cuenta, sino también identificar los intereses de otros.27
Ni siquiera las empresas gestionadas democráticamente pueden escapar de los efectos corruptivos de operar a través de relaciones mercantiles; terminarán comportándose como empresas capitalistas, guiadas por la maximización de la ganancia, ignorando o quebrantando intereses sociales.28 Algunos han planteado que estas tienden a internalizar intereses sociales aun cuando operan mediante relaciones mercantiles, porque la lógica u objetivo principal de su funcionamiento es la satisfacción de las necesidades de sus trabajadores; a diferencia de las empresas capitalistas donde lo que se busca es maximizar la ganancia y los beneficios de los dueños.29 Sin embargo, aunque las empresas autogestionarias podrían estar más inclinadas a aceptar su responsabilidad social porque ello constituiría pasar de una lógica de intereses colectivos (del grupo de trabajadores) a otra de intereses sociales más amplios, estos por lo general solo pueden ser articulados mediante espacios de coordinación o «planificación democrática» donde se construyan, y además se concierten acciones para satisfacerlos.
Sin dudas, el sistema de «planificación» que ha marcado la economía cubana, aunque se ha preocupado porque todos los cubanos tengan acceso a bienes y servicios básicos, no ha sido efectivo en la satisfacción de ciertos intereses sociales, sobre todo los relacionados con el consumo individual y su hetereogenidad. El sistema de dirección en que han operado las empresas estatales cubanas, y en el cual se encuentran integradas las cooperativas agropecuarias, ha sido ineficiente en la utilización de recursos y, por tanto, no ha creado las condiciones para la sostenibilidad de las conquistas sociales alcanzadas.
En un sistema de planificación verticalista —solo formalmente democrático como el nuestro—, el control social depende de que los administradores estatales respondan de manera efectiva a las directivas que reciben de los organismos superiores, y, primero que todo, que esas orientaciones reflejen los intereses sociales. Numerosos economistas han identificado las limitaciones de un sistema de planificación autoritaria (no democrática y excesivamente centralizada) tanto para distinguir los intereses sociales, como para motivar a los administradores estatales a que ofrezcan la información necesaria para una efectiva planificación, y que después cumplan con las directivas asignadas.30
Pero esto no nos debe llevar a ver en las relaciones mercantiles la única alternativa a un sistema de planificación autoritario, verticalista, ni esperar que un mercado competitivo y bien regulado resuelva todos los problemas económicos, y, menos aún, el abastecimiento de bienes básicos. Es posible hallar síntesis superiores diversas—adaptadas a las distintas realidades—que combinen las ventajas de las actividades descentralizadas con las guiadas por intereses sociales definidos en los territorios y grupos sociales donde ellas impactan.
Así, puesto que la mayoría de las empresas no estatales, dado su tamaño y carácter no estratégico, repercutirán fundamentalmente sobre las comunidades más inmediatas, es posible ejercer el control social —necesario para garantizar que satisfagan las necesidades de estas— a través de instituciones y políticas de alcance local, dirigidas por gobiernos municipales o, en municipios muy poblados, por consejos populares. Los gobiernos locales deben asumir la responsabilidad de orientar y apoyar a las empresas en su territorio en correspondencia con los intereses sociales y las actividades que dichas empresas realicen.
Para ello sería conveniente la creación de espacios de coordinación o planificación democrática, que incluyan representantes de las empresas no estatales —organizadas en asociaciones o consejos— y de los residentes —delegados del Poder Popular, asociaciones de consumidores y otras organizaciones sociales— en esos territorios, para que, de forma consensuada, se diseñen estrategias y planes de desarrollo, se decidan presupuestos, y algo muy importante: se supervise su cumplimiento. Como lo demuestran las experiencias de algunos gobiernos locales en Cuba y otros países, los métodos de «diagnóstico participativo» y «presupuesto participativo» permitirían identificar y aprovechar de forma más efectiva las potencialidades de las empresas en el territorio, y las motivaría a contribuir en mayor medida al desarrollo local.
Una vez identificados los intereses sociales, es necesario que el marco regulatorio de la actividad empresarial en el área establezca una lógica de compromiso con la satisfacción de dichos intereses: que se premien de forma coherente los comportamientos socialmente responsables y se penalicen los que atenten contra ellos. Así, las autoridades locales deberían establecer políticas de fomento de empresas que cumplimenten necesidades insatisfechas; expresar, en las licencias de operación y en cláusulas condicionantes de los contratos (de arrendamiento, financiamiento, compraventa) aquellos comportamientos que se espera de ellas; premiar con contratos de financiamiento, compraventa o niveles de impuesto más favorables a las que satisfagan de forma más efectiva los intereses de sus comunidades. Y a aquellas empresas cuyas actividades están relacionadas con necesidades básicas, les podrían exigir criterios para definir precios a partir de costos y beneficios sociales, niveles de producción y de calidad requeridos, así como compromisos de ventas a instituciones públicas, entre otras obligaciones.
Para ejercer el control social también sobre la comercialización y consumo, los espacios de intercambio actualmente de mercado (agromercados de libre oferta y demanda e incluso mercados estatales tanto en divisa como en pesos cubanos) podrían ser socializados de modo que los que en ellos comercializan tomen en cuenta los intereses de los consumidores y las comunidades en general. Como ocurre en las cooperativas de consumo, esas tiendas podrían ser administradas por personas que respondan y rindan cuenta a los gobiernos locales—como representante de los intereses de los consumidores en sus territorios—de manera que ellos cuenten con información transparente y vías concretas para mejorar la relación precio-calidad, el surtido, etc. Sería recomendable también que los gobiernos fueran los responsables de velar por la efectiva administración de las tiendas minoristas y mayoristas donde se aprovisionarían y venderían las nuevas formas no estatales, la disponibilidad de financiamiento y de asesorías y servicios para la administración empresarial, entre otras acciones vitales para su éxito.
Es importante aclarar que el establecimiento de espacios de planificación o coordinación democráticos, y otros mecanismos de control social, no implica prohibir que las empresas no estatales establezcan relaciones horizontales de intercambio. La descentralización es clave para que ellas puedan actuar con flexibilidad y celeridad y tener una gestión que satisfaga de modo efectivo necesidades sociales. No se trata de prohibirles que intenten aumentar sus utilidades, pues evidentemente no es posible ni conveniente si se quiere que sean autofinanciadas y que sus trabajadores reciban una remuneración adecuada. El asunto es lograr, mediante la planificación democrática y un marco regulatorio, que establezcan un sistema de incentivos coherente, que la lógica de las relaciones de intercambio horizontales que guíe el funcionamiento de las empresas no sea meramente la maximización de los beneficios estrechos de sus colectivos o administradores, sino que ellos interioricen el interés social, que tengan en cuenta las necesidades materiales y espirituales de los grupos sociales sobre los que repercuten.
En la medida en que los gobiernos locales logren una genuina articulación de los intereses sociales en sus territorios, los representen fidedignamente en estrategias, planes y presupuestos, y los implementen a través de políticas e instituciones, su control sobre las empresas será más legítimo. Así, si estas saben que sus aportes serán utilizados para la satisfacción de demandas sociales o, mejor aún, si sus representantes pueden participar en las decisiones de cómo utilizarlos y controlar su uso mediante una rendición de cuentas realmente transparente, entenderán mejor las repercusiones de sus acciones y les será más engorroso evadir impuestos y otras responsabilidades sociales.


Consideraciones finales

Al centro de la dificultad para evaluar la pertinencia de empresas no estatales en la economía cubana y el papel que ellas pueden desempeñar en su relación con el Estado está la necesidad de definir los principios esenciales que deberán caracterizar al socialismo cubano. Deben responderse preguntas como las siguientes: ¿comprende la mayor justicia social inherente a todo proyecto socialista que los trabajadores tengan iguales oportunidades de desarrollarse como seres humanos plenos y no sean reducidos a insumos del proceso productivo?, ¿se requiere o no que la actividad empresarial sea guiada por intereses sociales? En otras palabras, ¿lo que le preocupa a la sociedad cubana no es solo que aumente la oferta de bienes y servicios para satisfacer demandas de consumo, sino que esa oferta sea accesible a la mayoría de las personas, que priorice las necesidades más importantes, y que sea el resultado de puestos de trabajo dignos que les permitan a los trabajadores desarrollarse a plenitud y satisfacer sus necesidades materiales y espirituales?
Si se responden afirmativamente las preguntas anteriores, la empresa no estatal es útil y conveniente para la construcción socialista sobre todo en la medida que su gestión sea controlada no solo por el colectivo de trabajadores sino también —de manera más directa o indirecta, según resulte más efectivo— por aquellos grupos sociales que reciben la influencia de sus actividades. Solo así, bajo «control social», «unidas y guiadas por un plan», por una estrategia de desarrollo local, se garantiza y se les facilita que satisfagan intereses sociales. Esto implica, básicamente, una gestión democrática de la economía local por las comunidades, mediante las instituciones y procedimientos que ellas diseñen.
Aun a nivel local, alcanzar este control social sin dudas no será sencillo, ni se podrá avanzar de forma lineal: habrá logros y errores, avances y retrocesos. Se requerirá de una fuerte voluntad política y de tiempo para que los funcionarios de los gobiernos locales, los trabajadores y los ciudadanos desarrollen las habilidades y actitudes de autogestión democrática: de toma de decisiones en consenso, de sistemicidad para implementar las acciones acordadas, de responsabilidad por las decisiones y acciones realizadas. Será preciso evitar que los funcionarios de los gobiernos locales abusen de su poder mediante un sistema de fiscalización efectivo, y sobre todo, mediante su control por los propios ciudadanos y los medios de comunicación. Pero estos hábitos y competencias no pueden ser desarrollados sino a través de la práctica. Será, sin dudas, un proceso de aprendizaje de nuevos métodos y de cambio cultural considerable.
Lo más fácil —desde la perspectiva de los que se saben entre los ganadores— sería «liberalizar» o dar rienda suelta al interés individual, en la forma de contratación de trabajo asalariado permanente y de relaciones mercantiles. Pero una parte no desestimable de los cubanos, educados en valores éticos de justicia y solidaridad, y concientes de nuestro derecho de vivir dignamente —que implica la responsabilidad de contribuir con lo mejor de nosotros a la sociedad—, estamos dispuestos a intentar hacerlo mejor: a socializar o democratizar en lugar de solo liberalizar. Defendemos la oportunidad de autogestionar nuestras empresas y gobiernos locales para que la actividad económica, y toda actividad social en general, contribuya a satisfacer nuestras necesidades de desarrollarnos plenamente como seres humanos. De lo contrario, pasaremos a ser solo instrumentos para la maximización de la ganancia de unos pocos.
El actual proceso de reducción de las plantillas estatales y de expansión de empresas no estatales representa grandes riesgos. Pero es también una oportunidad para promover la creación de nuevas formas de organización del trabajo que no solo creen empleos más productivos que satisfagan necesidades de consumo y generen ingresos tributarios para el desarrollo local. Es también, si así nos lo proponemos, una coyuntura propicia para crear espacios donde se promuevan las habilidades y actitudes democráticas, la creatividad y los valores solidarios, indispensables para la construcción de un orden social que gire alrededor de las personas y no de la abundancia material, que las nuevas generaciones sientan como suyo.
Solo democratizando o socializando la economía, materializando la propiedad social sobre ella, podremos avanzar hacia una sociedad que tenga como horizonte el desarrollo humano y no solo la redistribución de la riqueza. Si no, corremos el riesgo de que —con el pretexto de crear beneficios materiales— la lógica de la ganancia se convierta en lo natural e inevitablemente choque con el intento redistributivo, y que así, un día, lo más «racional» parezca abandonar el horizonte socialista.


Notas


1. Existen formas de propiedad privada simple (autoempleo o empleo familiar, sin contratación de fuerza de trabajo asalariado permanente) y no simple (empresas con contratación de fuerza de trabajo asalariado permanente).
2. La cooperativa es una forma de la propiedad colectiva: ni privada ni estatal. Véase Jesús Cruz Reyes y Camila Piñeiro Harnecker, «Una introducción a las cooperativas», en Camila Piñeiro Harnecker, ed., Cooperativas y socialismo: una mirada desde Cuba, Editorial Caminos, La Habana, 2011, p. 34.
3. Cuando surge la posibilidad del trabajo por cuenta propia en 1993, no se permitía la contratación de trabajadores que no fueran familiares de quien poseía la licencia. Por tanto, era —al menos formalmente— un tipo de autoempleo, de empleo individual o familiar: una forma privada simple de organización de trabajo. Con las regulaciones de octubre de 2010 (Gaceta Oficial, n. 11 y 12, La Habana, 2010), al permitirse e incluso exigirse la contratación de trabajadores de forma permanente para varias actividades, el cuentapropismo deja de representar un modo de autoempleo pues en algunos casos se convierte en formas privadas no simples.
4. José Alejandro Rodríguez, «Casi se duplican los trabajadores por cuenta propia», Juventud Rebelde, La Habana, 4 de marzo de 2011.
5. «Información sobre el reordenamiento de la fuerza de trabajo», La Habana, 2010 citado por Carmelo Mesa-Lago, «El desempleo en Cuba: de oculto a visible», Espacio Laical, a. 6, n. 4, La Habana, octubre de 2010, pp. 59-66.
6. Lina Pedraza, «Intervención en el Sexto Período Ordinario de Sesiones de la Séptima Legislatura de la Asamblea del Poder Popular», 15 de diciembre de 2010.
7. Véase Camila Piñeiro Harnecker, ed., ob. cit., pp. 26-30; «Riesgos de la expansión de empresas no estatales en la economía cubana y recomendaciones para evitarlos», disponible en Rebelión, www.rebelion.org, 11 de octubre de 2010.
8. El Proyecto de lineamientos de la política económica y social, del Partido Comunista de Cuba (PCC), aparecido en noviembre de 2010, sirvió de base para los debates en preparación para el VI Congreso del PCC que tuvo lugar en abril de 2011.
9. Leticia Martínez Hernández, «Trabajo por cuenta propia: mucho más que una alternativa», Granma, La Habana, 24 de septiembre de 2010.
10. Planteamiento expuesto en manuales de economía política soviéticos, donde se redujo la propiedad social —identificada por los clásicos del marxismo como característica esencial de la sociedad poscapitalista— a la propiedad estatal.
11. Carlos Marx, «La nacionalización de la tierra» [1872], disponible en Marxists Internet Archive, www.marxists.org, p. 308.
12. Aunque no es imposible que propietarios individuales cedan el control de su gestión mediante arrendamiento, esto dependerá de las decisiones que tomen esas personas. Por ello, resulta recomendable que sean instituciones que representen intereses sociales (ministerios o gobiernos locales, regionales) los que tengan la propiedad legal al menos de esos medios de producción estratégicos.
13. Leticia Martínez Hernández y Yaima Puig Meneses, «Sesionó reunión ampliada del Consejo de Ministros», Granma, La Habana, 1 de marzo de 2011.
14. Según Alcides López, mientras han desaparecido solo 136 CPA desde su creación (un promedio de tres anuales), se han disuelto 474 UBPC, para un promedio de veinticuatro anuales. Véase su tesis doctoral «Propuesta de un Sistema Integrado de Gestión para las UBPC», Universidad de La Habana, enero de 2011.
15. Avelino Fernández Peiso, «Notas características del marco legal del ambiente cooperativo cubano», en Camila Piñeiro Harnecker, ed., ob. cit., p. 366.
16. Esto se manifiesta en el hecho de que se proponga incluir en un mismo sindicato a trabajadores contratados y a los cuentapropistas y cooperativas que los contratan, y en planteamientos como el de Idalmys Álvarez, directora de Empleo del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social: «[En] la contratación de trabajadores, autorizada para 83 de las opciones laborales no estatales [...] no se genera una tradicional relación de subordinación entre empleador y empleado, pues al ser ambos trabajadores por cuenta propia convenian los términos de la contratación» (Véase José Alejandro Rodríguez, ob. cit.). Sin embargo, se han publicado cartas en Granma que demuestran que incluso algunas UBPC han dejado de pagar salarios a trabajadores contratados. La Central de Trabajadores de Cuba ha planteado estar velando por el respeto de los intereses de los trabajadores contratados.
17. Mondragón es una cooperativa de tercer grado, de más de cien cooperativas, cuya actividad la convierte en el séptimo grupo empresarial más importante de España. Véase www.mcc.es.
18. Jaroslav Vanek, The Labor-managed Economy: Essays by Jaroslav Vanek, Cornell University Press, Ithaca, 1977, p. 208; Pat Devine, Democracy and Economic Planning, Polity Press, Cambridge, 1988, pp. 95-6.
19. Sam Dolgoff, ed., The Anarchists Collectives: Workers’ Self-management in the Spanish Revolution 1936-1939, Free Life Editions, Nueva York, 1974.
20. Véase Camila Piñeiro Harnecker, ed., ob. cit., pp. 71-190.
21. Juan Guillermo Espinosa y Andrew Zimbalist, Economic Democracy: Workers’ Participation in Chilean Industry 1970-1973, Academic Press, Nueva York, 1978, p. 171; John Bonin y Louis Putterman, Economics of Cooperation and Labor-Managed Economy, Harwood Academic Publishers, Nueva York, 1987, p. 6; Jaroslav Vanek, ob. cit., p. 167 y Gregory Dow, Governing the Firm, Cambridge University Press, Nueva York, 2003, pp. 8-15, 95-101, 176-8, apuntan a las principales ineficiencias de la empresa capitalista, y explican cómo ellas se derivan fundamentalmente de su gestión no democrática resultado del control privado. David I. Levine y Laura D. Tyson («Participation, Productivity, and the Firm’s Environment», en Alan S. Blinder, ed., Paying for Productivity: A Look at the Evidence, The Brookings Institution, Washington, DC, 1990, pp. 183-244) demuestran empíricamente que la participación de los trabajadores en la gestión de sus empresas puede dar lugar a aumentos de productividad.
22. La injusticia de la relación de trabajo asalariado no reside realmente en la cuantía del salario, sino en el carácter no democrático de la gestión que ella establece en la que el trabajador cede su capacidad de participación substantiva. Véase Camila Piñeiro Harnecker, «Riesgos de la expansión...», ed. cit.
23. Como necesidad «básica» generalmente se incluye a la alimentación, educación, salud, higiene, transporte, vestimenta, entre otros. Sin embargo, la definición de un bien o servicio como «básico» dependerá de las aspiraciones y hábitos culturales de las personas, así como de las condiciones de acceso a ellos que se tenga.
24. Por «relaciones mercantiles» no se entiende cualquier forma de intercambio horizontal, sino aquellas donde los precios y otras decisiones del intercambio son tomadas —al menos en teoría— de forma bilateral entre el vendedor y el comprador y cada parte busca maximizar su interés individual, sin tener en cuenta el social. Es posible, mediante instituciones de coordinación o planificación democrática, lograr relaciones de intercambio horizontales que no sean mercantiles sino «socializadas».
25. Incluso la teoría económica neoclásica reconoce que las leyes de oferta y demanda no se cumplen cuando los productos son difícilmente sustituibles como los de consumo básico.
26. Camila Piñeiro Harnecker, «Principales desafíos de las cooperativas en Venezuela», Cayapa: Revista de Economía Social Venezolana, a. 8, n. 15, Caracas, enero-junio de 2008, pp. 54-5.
27. Camila Piñeiro Harnecker, «Conciencia social y planificación democrática en las cooperativas venezolanas», Temas, n. 54, La Habana, abril-junio de 2009, p. 22.
28. Véase Robin Hahnel, Economic Justice and Democracy: From Competition to Cooperation, Routledge, Nueva York, 2005, p. 355; Pat Devine, ob. cit., p. 13; Ellen T. Comisso, Workers’ Control under Plan and Market, Yale University Press, New Haven, 1979, p. 110.
29. Para comprender esta diferencia es necesario percibir que no todas las necesidades humanas pueden ser satisfechas de manera individual mediante ingresos monetarios. Existen otras, tanto materiales, de carácter colectivo o social, como espirituales, relacionadas con la realización personal y con las relaciones que se establecen con otros seres humanos.
30. Véase Pat Devine, ob. cit., pp. 73-4, 88-91, 220-1, y Robin Hahnel, ob cit., pp. 94, 97-8.

jueves, 17 de noviembre de 2011

La diferencia entre una crisis de confianza y una de ética .

Por Robert Hurley

[TRUST]Fraudes y crisis financieras infames han destruido la fe de la gente en las compañías en los últimos años, lo que ha llevado a muchas de ellas a intentar reparar el daño con un énfasis en la ética.
No obstante, no se trata de una crisis de ética sino de confianza.
No sólo porque sus clientes o empleados piensen que usted es ético (moral, honesto y justo), confiarán en usted o deberían hacerlo. La confianza se gana cuando uno cumple todos los días lo prometido, como gerente, empleado y empresa. Involucra un constante trabajo en equipo, comunicación y colaboración.
Ross MacDonald
Los estudios muestran que las empresas que generan más confianza tienen menos rotación de personal, y mayores ingresos, rentabilidad y rendimientos para accionistas. Tiene sentido. ¿Qué empleado, cliente o inversionista elegiría hacer negocios con un socio en el que confía poco cuando tiene disponible una opción altamente confiable?
A continuación, cinco principios que los líderes pueden adoptar para demostrar que son confiables y plasmarlos en sus compañías.
1. Muestre que tiene los mismos intereses. Antes de confiar en alguien, solemos preguntarnos: ¿qué tan probable es que esta persona trabaje a mi favor? Cuando los intereses están bien alineados, la confianza se da más fácil. Cuestionamos la competencia de nuestro cirujano, no sus motivos. Esto es así porque nos damos cuenta de que él también se beneficia si sobrevivimos la operación. Los líderes que generan confianza intentan alcanzar sus metas al servir los intereses de todos los que tienen algo en juego, no al favorecer a algunos mientras se perjudica o manipula a otros.
2. Demuestre interés por los demás. La gente confía en quienes se interesan por el bienestar de otros y desconfía de aquellos que parecen preocupados sólo por sí mismos. Para ganar confianza, los líderes deben demostrarles a los demás que harán lo que sea bueno para ellos incluso si eso les genera un riesgo. Un presidente ejecutivo eligió decirle a un subdirector de marketing que iba a ser despedido justo cuando la empresa debía desarrollar su plan de publicidad. El presidente ejecutivo sabía que podía ser contraproducente para la planificación de la firma, pero le avisó al ejecutivo de inmediato en lugar de esperar hasta que el plan estuviera terminado.
3. Cumpla sus promesas. Sólo seremos confiables si honramos nuestros compromisos. Las buenas intenciones, la benevolencia e incluso la conducta ética no garantizan confianza si la persona es incompetente. Si los líderes quieren ganar confianza, deben probar que pueden cumplir sus compromisos.
Este a veces es el defecto de líderes visionarios que no pueden ejecutar sus ideas. Los líderes que inspiran mucha confianza se aseguran de que hay una probabilidad y capacidad razonables de cumplir antes de hacer promesas.
4. Sea coherente y honesto. Los líderes altamente confiables suelen comportarse con coherencia e integridad. Este tipo de gerentes siempre tratan de cumplir su palabra y si fallan, se disculpan y se aseguran de que no se convierta en un hábito. Cuando Warren Buffett fue avergonzado por las revelaciones de que su mano derecha, David Sokol, tenía un conflicto de interés desconocido (una inversión personal de US$10 millones en acciones) en un importante negocio de la empresa, no se escondió detrás de abogados o dijo "sin comentarios". Admitió el error y tomó medidas para asegurarse de que no volviera a suceder. La mayoría de la gente sabe que sólo se puede aspirar a la perfección. La confianza proviene de siempre esforzarse por cumplir la palabra de uno.
5. Comuníquese con frecuencia, con claridad y de forma abierta. Debido a que la confianza implica mayormente relaciones, la comunicación es crítica. También es el vehículo a través del cual se concretan los otros cuatro elementos de la confianza. La capacidad de alinear intereses, demostrar benevolencia, comunicar con precisión las capacidades propias y poner en práctica lo que predica requieren destrezas efectivas de comunicación.
—Hurley es profesor de la Universidad de Fordham y autor de un libro sobre la confianza en las empresas

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Las Casas de Decatlón Solar 2011

Cada año se lleva a cabo en la ciudad de Washington, D.C. el Decatlón Solar, una competencia de casas sustentables que integran la energía solar, organizado por el Departamento de Energía de Estados Unidos.
Esta competencia muestra los avances tecnológicos en arquitectura sustentable y la aplicación de las energías renovables a la vida cotidiana.
Aquí te presentamos las casas con las que participaron las universidades en el Decatlón Solar 2011.
The Solar Homestead – Appalachian State University
decatlon solar homestead
perFORM[D]ance House – Florida International University
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Self-Reliance – Middlebury College
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First Light – Nueva Zealanda: Victoria University of Wellington
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encore – The Ohio State University
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Empowerhouse – Parsons The New School for Design and Stevens Institute of Technology
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INhome – Purdue University
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CHIP – The Southern California Institute of Architecture and California Institute of Technology
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E-Cube – Equipo de Bélgica: Ghent University
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TRTL – Technological Residence, Traditional Living – Canadá: University of Calgary
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Y Container – Equipo de China: Tongji University
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FLeX House – Equipo de Florida: The University of South Florida, Florida State University, The University of Central Florida, and The University of Florida
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4D Home – Equipo de Massachusetts: Massachusetts College of Art and Design and the University of Massachusetts at Lowell
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ENJOY House – Equipo de Nueva Jersey: Rutgers – The State University of New Jersey and New Jersey Institute of Technology
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Solar Roofpod – Equipo de Nueva York: The City College of New York
decatlon-solar-2011-nuevayork-solar-roofpod
Unit 6 Unplugged – Tidewater Virginia: Old Dominion University and Hampton University
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Hale Pilihonua – University of Hawaii
decatlon-solar-2011-hawaii-HalePilihonua
Re_home – University of Illinois at Urbana-Champaign
decatlon-solar-2011-illinois-rehome
WaterShed – University of Maryland
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Living Light: UT Solar Decathlon House – The University of Tennessee
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Comentario de HHC: ¿ Que estamos esperando en Cuba?

martes, 15 de noviembre de 2011

Cómo presentar un currículo estelar, sin importar su edad .

Por:Kelly Eggers

No se trata de su edad; se trata de cómo se presenta a sí mismo.
Muchas personas en busca de empleo creen que no se les considera para puestos disponibles porque son demasiado jóvenes o demasiado viejos. La verdadera razón por la que sus currículos terminan sepultados en el último lugar de la pila de solicitantes tiene que ver más con cómo se presentan a sí mismos y su conocimiento del sector, dicen reclutadores y gerentes de personal.
Quienes se presentan al día en tendencias del sector y familiarizados con las nuevas tecnologías tendrán ventaja, sin importar su edad.
Si le preocupa que sus muchos años de experiencia en el sector —o que no tiene ninguna experiencia— terminen con su probabilidad de conseguir empleo, hay cosas que puede hacer para presentarse como un candidato sólido, sin importar su edad.
Brinde la clase adecuada de información de contacto
Bienvenido a 2011: es hora de dejar de anunciar que usa una máquina de fax. Dar información de contacto por vías obsoletas o desactualizadas es una señal contundente de que uno se ha quedado en el pasado.
Con los teléfonos celulares, la necesidad de poner un número de teléfono para comunicarse de "día" y otro de "noche" ya no es una preocupación actual.
"Asegúrese de incluir su dirección de correo electrónico, y que sea profesional", dice Penny Locey, consultora senior de Keystone Associates, una firma de consultoría de gerencia con sede en Boston. Una dirección de cuenta de Gmail da una impresión marcadamente diferente a una de AOL o Hotmail, por ejemplo, al igual que un nombre de usuario que incluya su nombre e iniciales y sólo un par de números al final, o ninguno.
Escoja cuidadosamente las fechas
Cuando trate de blindar su currículum a consideraciones en materia de edad, disimular las verdaderas fechas en las que entró o salió de un cargo puede parecer una solución tentadora, por los expertos dicen que probablemente atraiga más atención negativa que positiva.
"Si las fechas en que se graduó o trabajó en una compañía no figuran, su material parece incompleto", dice Bruce Tulgan, presidente ejecutivo de Rainmaker Thinking, consultora de gerencia con sede en New Haven, Connecticut, que se concentra en integrar generaciones en el ámbito laboral.
En cambio, considere omitir experiencia de más de 15 años de antigüedad, pero sea cuidadoso en cómo lo hace. La táctica puede hacer que su trayectoria profesional parezca más corta, pero asegúrese de evitar incluir solamente posiciones jerárquicas.
"Nadie comienza su carrera como 'director' o 'investigador senior'", dice Greg Faherty, quien se dedica a escribir currículum en la zona de Nueva York.
Sea claro, simple y dedicado a los logros
Cuando escriba sobre su experiencia en su currículum, elija con cuidado las palabras.
Si bien no está mal escribir de manera breve y precisa en un currículum, una redacción que es demasiado breve y enfática probablemente delate su corta edad, especialmente si no detalla logros específicos.
Por otra parte, Jay Meschke, presidente de EFL Associates, el brazo de búsqueda ejecutiva de CBIZ, una empresa de servicios profesionales con sede en Kansas City, estado de Missouri, dice que las personas de más edad que buscan empleo son notorias por frases que detallan las diferentes tareas de las que han sido responsables en cada cargo que han ejercido.
Para buscadores de empleo más y menos experimentados, lo que está escrito en un currículum acerca de la experiencia debería estar escrito clara y simplemente y debería indicar logros verdaderos, dice Meschke.
Manténgalo actualizado
Evite ser demasiado formal en su lenguaje.
"Evite terminología desactualizada que suena a algo que leería en la invitación a una boda", dice Locey.
Sea amable y tenga tacto, pero evite frases formales y estereotípicas.
Quienes buscan empleo deberían asegurarse de usar los términos más actualizados en su sector.
Por ejemplo, use "adquisición de talento" en vez de "reclutamiento".
Los términos más viejos no necesariamente son incorrectos, dice Locey, pero si uno quiere parecer al día, tenga en cuenta la terminología más moderna.
No se exceda
Si bien no es mala idea tratar de hacer que sus materiales de postulación sean tan atemporales como sea posible, puede ser contraproducente si uno exagera.
Lo último que alguien quiere hacer es sorprender negativamente a un potencial empleador. Si la forma en que ha escrito su currículum hace que parezca que tiene 27 años cuando tiene 57, no ganará puntos.
Sea honesto en su carta de presentación diciendo, por ejemplo que si bien podría parecer un candidato mayor, de todos modos tiene una sólida comprensión de la compañía y lo que hace falta para que mejoren sus resultados.
Para candidatos menos experimentados, un poco de admisión puede ser de mucha utilidad.
"Los empleadores se frustran cuando personas más jóvenes e inexperimentadas no aprecian el concepto de que la gente trabaja desde hace 20 años, cuando el postulante estaba en jardín de infantes", dice Tulgan. "Una persona más joven será más sagaz y madura si muestra que comprende ese contexto y puede admitir que si bien la experiencia en verdad importa, aún tienen destrezas, conocimientos, sabiduría, y pueden aportar mucho".

lunes, 14 de noviembre de 2011

La actualización del modelo económico cubano: continuidad y ruptura


Ricardo Torres Pérez
Profesor. Centro de Estudios de la Economía Cubana, Universidad de La Habana

Introducción
El contexto de los Lineamientos la propuesta actual clústeres en la economía. En especial se nota la urgencia de corregir el desequilibrio externo, que si bien es un problema incuestionable, constituye en última instancia un síntoma de otras debilidades estructurales de la economía.
Teniendo en cuenta la complejidad y profundidad de los problemas de la economía y la sociedad cubana actual, sería iluso pensar que un documento pueda atender simultáneamente todas las dimensiones relevantes. Vistos desde esa perspectiva, los Lineamientos constituyen un
gran paso hacia adelante. Quizá el gran mérito de esta propuesta, destacado reiteradamente por las más altas autoridades del gobierno, es colocar en el centro del debate nacional un cuestionamiento relativamente agudo del modelo económico vigente y adelantar algunas ideas para su paulatina modificación.
En ese esfuerzo, incluye aspectos decisivos para la reconfiguración del sistema económico cubano. Un primer elemento tiene que ver con el reconocimiento de que, dado el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, la heterogeneidad en las formas de propiedad es una necesidad ineludible. Más aún, se ha concluido que la operación y desarrollo de formas no estatales es funcional al desarrollo económico y representa una oportunidad de dinamizar la actividad de sectores con alto grado de deterioro. En ese camino, se crea un espacio, desde el Estado, para otorgarles legitimidad, estableciendo un marco legal para la interacción entre entidades de distinta procedencia, a la vez que se ponen en práctica algunos mecanismos de apoyo financiero y legal.
El estímulo a entidades de pequeña y mediana dimensión (EPM), si se estructura adecuadamente con otros objetivos estratégicos puede hacer una contribución importante en tres de las dimensiones más importantes del desarrollo, como son el progreso de los territorios, la creación de empleo productivo y la mejoría del ingreso. A esto se suma que serviría para formalizar una parte no despreciable de la actividad económica que hoy transcurre en el mercado negro, mejorando los ingresos del Presupuesto.
De esta forma, se rompe con algunas de las fuentes de segmentación del mercado interno, lo que propiciaría la estructuración de cadenas más densas y complejas en la economía. Por otro lado, es indispensable resolver en el menor plazo posible la insuficiencia de los mercados de insumos y factores, los que permitirían avanzar aún más en este mismo objetivo. La capacidad de una organización de tomar decisiones relevantes sobre su actividad interna y externa decide en última instancia la viabilidad de su objeto social y los resultados esperados por la sociedad. En este aspecto se avanza notablemente, pero todavía quedan remanentes importantes relacionados con el grado de independencia efectivo de las empresas estatales.
Un ejemplo es la reiteración de controles administrativos, cuya inefectividad ha quedado sobradamente demostrada, como vía de regulación. El exceso de controles burocráticos a las empresas, junto a procedimientos de tipo indicativo, restringen injustificadamente la capacidad de la empresa de tomar decisiones operativas y estratégicas sobre sus recursos. En los Lineamientos se deja abierta la puerta a controles administrativos de forma discrecional. Creo que la opción más saludable sería disponer de reglas claras que todos observen (incluso el Gobierno), junto a instrumentos legales que permitan recurrir las violaciones de estas reglas (incluso si fuera el Gobierno), y con organismos competentes que velen porque estas se cumplan. La mayor parte de las decisiones estratégicas deben estar en la empresa (con algunas excepciones en dependencia del objeto social). Esto debería reflejarse en un adelgazamiento del aparato de Gobierno, ganando en eficiencia y reduciendo la carga económica que representa.
El otro elemento que resalta por su importancia es el impulso que se le ha dado a la necesidad de descentralizar el mecanismo de asignación de recursos, tanto a nivel de las formas productivas como territorial. Ello comporta un sesgo explícito hacia formas de regulación indirectas, que todavía coexisten con mecanismos directos. Si se construyen las necesarias capacidades de gestión en las localidades, esta política puede potenciar el establecimiento de sinergias en la actividad económica local, estrechando los vínculos dentro del territorio y revelando oportunidades de progreso que hoy permanecen ocultas por el pesado fardo de las prioridades nacionales. Ello posibilitaría crear alternativas de desarrollo viables que tomen en cuenta las condiciones particulares de una región, mejorando la utilización de los recursos a nivel microeconómico y el bienestar de sus habitantes.
A nivel sectorial, el panorama es más diverso. Dentro de las ocupaciones aprobadas para el ejercicio del trabajo por cuenta propia (TCP) predominan oficios de escaso valor agregado, que no están acordes con el nivel de calificación de la fuerza laboral del país ni de las aspiraciones de muchos profesionales y técnicos, una parte de los cuales pueden ser reubicados, en el entendido de que el plan de reordenamiento laboral continúa adelante. Excluir a priori ciertas actividades solo conduce a crear un mercado negro y niega las capacidades existentes en nuestros trabajadores, ya probadas suficientemente en otros contextos. Lo ideal sería contar con un marco legal general de actuación para las formas no estatales, y sobre esa base aplicar, como excepción, algún tipo de limitación para la operación en áreas sensibles. Si la "lista de ocupaciones autorizadas" ha de continuar, debería ampliarse sustancialmente en la forma de áreas más generales, que incluyan actividades profesionales.
Es preferible brindar oportunidades laborales dentro del país que recurrir a contratos de trabajo en terceros países como alternativa. Es necesario ampliar las opciones, no restringirlas. Lo que resulta contradictorio es que se facilite la emigración en busca de empleo, mientras se ponen cortapisas a estos mismos empleos dentro del país. Si puede haber argumentos ideológicos o políticos que justifiquen esta conducta, no existen razones económicas.
Dentro de las políticas sectoriales se establece una prioridad adecuada a ramas tradicionales vinculadas a la explotación de recursos naturales (agricultura, minería) que cuentan con grandes reservas para incrementar la producción a mediano plazo. Sin embargo, se hace un énfasis desmedido en la dimensión vertical de estas políticas (destaque de ramas específicas) por sobre los aspectos transversales, contrario a las tendencias internacionales, lo que debilita el abordaje de la formación y maduración de cadenas productivas y se requiere un mayor acento en la articulación productiva, el desarrollo de tecnologías de uso general (TIC por ejemplo), y la innovación como función fundamental del sistema económico. El impacto económico de cualquier sector depende del impulso a estos y otros factores críticos. Aunque la generación de ingresos externos es un imperativo en las condiciones actuales y lo será en el futuro, este no es el único canal para evaluar el potencial productivo de una rama. La creación de empleos, los encadenamientos y los derrames de conocimientos y habilidades son otras aristas importantes que deben ser igualmente consideradas.
Por otra parte, el tratamiento de las infraestructuras se diluye dentro del cuerpo del documento, siendo este un elemento cardinal en el soporte físico indispensable de la complementación productiva y la formación de cadenas. Su tratamiento aparece segmentado, siguiendo la lógica de la estructura ministerial del país. Esta cuestión no se puede poner al mismo nivel de los sectores productivos de empuje, que tienen otras características. La infraestructura es el soporte, una premisa para el crecimiento y el desarrollo. En todo el mundo, el Estado se involucra activamente en este aspecto, por los altos costos que comporta. En este momento se requiere una aproximación novedosa y audaz, pues los recursos necesarios son gigantescos.
De forma general, aunque se menciona a lo largo de todo el documento, el éxito de estos cambios dependerá críticamente de la capacidad de incrementar sustancialmente la inversión productiva y ello requerirá la potenciación simultánea de fuentes internas y externas. Muchas de ellas son poco ortodoxas, como la reinversión de utilidades en el sector no estatal, la concesión de créditos para capital de trabajo y compra de medios de producción, incluyendo los denominados microcréditos, y la consolidación de una política estratégica para la inversión extranjera.
El reciclaje de las ganancias como forma de financiamiento supone una ampliación de las capacidades productivas, que puede entrar en contradicción con la limitación a concentrar la propiedad en el sector no estatal. De hecho, el problema de entrada es que no queda claramente definido el concepto de "concentración de la propiedad". En el caso de las cooperativas, se admite de facto un cierto grado, pero no en el resto de las formas de propiedad no estatal. Por lo general, el crecimiento de una empresa (independientemente de su tamaño) es resultado del éxito en la gestión, por lo que limitar el desarrollo de las que mejor se desempeñen, cumpliendo siempre con lo establecido por la Ley, resultaría ilógico. Asimismo, la escala eficiente de operación varía entre sectores e incluso entre territorios, por lo que esta será una cuestión a atender en el futuro.
La normalización paulatina del sistema monetario y financiero es un aspecto clave para permitir que se revelen costos reales que sustenten la toma de decisiones en mejores condiciones. Finalmente, la propia instrumentación de los Lineamientos es un desafío gigantesco. Solo desde el punto de vista jurídico la tarea es encomiable. En el proceso, surgirán nuevos problemas que será necesario atender. Por ello, la flexibilidad es una de las claves de éxito

Mucho antes de que estallara la crisis económica de principios de los 90, Cuba había empezado a enfrentar agudos problemas derivados de su patrón de crecimiento, el cual se caracterizaba por la ineficiencia y la dependencia externa para asegurar los recursos fundamentales, tanto materiales como financieros. Desafortunadamente, el esquema de integración con la Comunidad Socialista también implicó un alto grado de dependencia tecnológica respecto a estándares que no marchaban a la vanguardia en el mundo. La pérdida de la compensación externa derivada de esas relaciones precipitó la reinserción en un esquema de relaciones internacionales complejo y para el cual el sistema económico no estaba diseñado.
La producción material, salvo unas pocas excepciones, ha marchado rezagada en el crecimiento de la productividad, competitividad en los mercados externos, volúmenes de inversión, entre otros indicadores de eficiencia. Esto ha contribuido a reforzar la tendencia hacia el deterioro permanente del equilibrio externo, por cuanto cualquier esfuerzo de crecimiento se acompaña necesariamente de un incremento más que proporcional de las importaciones, resultado lógico de la pérdida de capacidades productivas.
Por ejemplo, entre 1994 y 2010, la producción de bienes fue responsable solamente del 10,3% del crecimiento acumulado de la economía. Al mismo tiempo, este sector absorbe la tercera parte de la fuerza de trabajo, lo que deja entrever niveles de productividad muy bajos. Por otra parte, en los últimos veintes años la infraestructura física se ha deteriorado continuamente generando costos superiores de producción en muchos sectores y "cuellos de botella" que impiden al
aprovechamiento oportuno de determinadas capacidades. Es conocido que, durante los picos de cosecha en la agricultura, se generan pérdidas sustanciales, debido a la insuficiencia de transporte, envases y capacidades industriales de procesamiento.
La agricultura cubana muestra pobres rendimientos en la mayoría de los cultivos fundamentales y el porcentaje de tierras ociosas es elevado. Los rendimientos agrícolas en Cuba pueden ser catalogados de bajos, en comparación con la media mundial y otros países de su entorno geográfico. Si se tiene en cuenta el potencial científico dedicado a esta actividad, la situación es aun peor. Esta afecta no solo a los cultivos que se producen mayormente para el mercado doméstico sino que se extiende a aquellos cuyo destino principal es la exportación como la caña o el café.
Por otro lado, la inexistencia de un esquema de incentivos correctamente diseñado de acuerdo a las características del país, ha determinado un grado de subutilización extremo de la tierra en la forma de grandes extensiones que no encuentran un aprovechamiento productivo adecuado. En la práctica, una parte sustancial del fondo de tierras del país permanece inutilizado mientras que las importaciones de alimentos representan 80% del consumo doméstico y significan alrededor de la cuarta parte de las importaciones anuales, generando tensiones recurrentes en el equilibrio externo y poniendo en peligro la seguridad alimentaria de la nación. Este panorama tiene un efecto devastador sobre las comunidades rurales, pues la falta de oportunidades para conseguir un ingreso suficiente para cubrir necesidades básicas genera despoblamiento y aumento de la brecha que las separa de las zonas urbanas, con lo cual la heterogeneidad territorial aumenta.
El sector terciario en Cuba, a pesar del debate acerca de las economías de servicios, no funciona como un complemento de la actividad productiva, sino evidencia agudas desproporciones de la economía. Su expansión ha dependido casi exclusivamente del crecimiento de servicios sociales y personales prestados a partir de una gran concentración de empleo en esas ramas, cuya actividad transcurre desconectada de las cadenas productivas principales de la economía (43% del empleo en servicios sociales y personales en 2009). Incluso las exportaciones de servicios médicos, el sector exportador líder en la actualidad, genera una gran cantidad de ingresos, pero no crea suficientes derrames que estimulen la economía interna en forma de empleo y demanda intermedia.
Por otra parte, los servicios productivos (financieros, legales, técnicos, consultorías, etc.) tienen un escaso desarrollo, que evidencia el bajo nivel de especialización. Esta situación responde en parte a la propia concepción del mecanismo económico, caracterizado por una alta verticalidad y rigidez en la estructuración de las cadenas de valor en la economía.
A diferencia de economías de servicios típicas, en el caso cubano las relaciones horizontales muestran un escaso desarrollo. De forma general, la asignación de los recursos claves tiene lugar de forma centralizada con un elevado nivel de discrecionalidad. Esto determina que no exista la necesidad de contar con un sistema financiero desarrollado, capaz de canalizar al menor costo los
recursos temporalmente inmovilizados hacia nuevos proyectos productivos con probada viabilidad económica.
La efectividad del mecanismo de asignación de recursos se ve disminuida por la confluencia de varios factores. Primeramente, la existencia de dos monedas y varios mercados que operan simultáneamente y funcionan como compartimentos estancos, con numerosos mecanismos de formación de precios y muchos tipos de cambio, implican que la información que se genera a través de los precios está distorsionada por lo que la toma de decisiones no cuenta con un marco de referencia confiable.
En segundo lugar, teniendo en cuenta que los ingresos externos, factor histórico de estrangulamiento de la economía cubana, muestran un alto nivel de concentración en pocos sectores y empresas, es posible pensar que opera un fuerte canal de redistribución a lo largo de toda la economía, que implica la existencia de subsidios cruzados. Estos contribuyen a relajar las restricciones financieras en un grupo de entidades, lo que unido a la escasa autonomía termina afectando la efectividad en el uso de los recursos. A esto se añade que la propia distorsión de precios se refleja en los costos, creando empresas con resultados falseados.
Por otro lado, los mecanismos de control institucional de la actividad comercial determinan que las entidades se alejan de las tendencias del comercio internacional y las prácticas generalmente aceptadas en ese ámbito. Este fenómeno, visto de manera agregada, impide que los precios internacionales actúen como un referente complementario para la formación de precios y la realización de inversiones, función particularmente relevante para un mercado altamente distorsionado.
Otro aspecto que evoluciona de forma negativa es la articulación productiva. Entre sus causas está la negación del territorio y la localidad como espacios generadores de alternativas de desarrollo; el bajo perfil de sectores que se desempeñan como enlace entre estos y el sistema financiero, las conexiones físicas --especialmente la infraestructura de las TIC (tecnologías de la información y las comunicaciones)-- para compartir conocimientos, la existencia de múltiples elementos generadores de segmentación como la doble circulación monetaria, la estructura y funciones de los OACE (organismos de la administración central del Estado), las formas de propiedad y de gestión, la división político-administrativa, entre otras. Esto último contribuye a reducir el papel del tamaño de mercado relevante para estimular la especialización y el aumento de la productividad. La presencia de múltiples factores que imponen segmentaciones en el mercado interno, reduce artificialmente su capacidad de arrastre y debilita notablemente los derrames que se derivan de una actividad económica determinada.

Los procesos de cambio social son dilatados y en nuestro caso soportan la pesada carga de una herencia prolongada por demasiado tiempo, que ha limitado la capacidad efectiva del Estado de promover una agenda de desarrollo, en tanto las crisis recurrentes desviaron continuamente la atención hacia los aspectos coyunturales. La superación de las deformaciones estructurales de una economía es un proceso esencialmente de largo plazo, que no tiene lugar espontáneamente sino que requiere liderazgo, estrategia y capacidad de ajuste a los cambios del entorno.
Esta breve reflexión tiene como objetivo ilustrar de forma sintética, cuáles son algunos de los problemas más importantes que tiene que atender el país si aspira a enrumbarse por una ruta de desarrollo económico, y examinar la forma en que estos se recogen dentro de la propuesta actual de actualización del modelo económico cubano.

ricardo@ceec.uh.cu
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